Para Ustedes, los de mi casa "grande"
Tamara Sujú Roa
Enalteciendo el exilio:
El tiempo que estuve en el centro para refugiados, paso obligatorio previo para obtener el asilo político en República Checa, me sirvió para repensarme cada hora de esos días, sobre lo que fue mi vida los últimos 15 años. Las acciones, los momentos difíciles, los momentos de recompensa que me han dejado estos años de lucha incansable, me pasaban como una película, hora tras hora. Así, me llenaba de valor.
Mi cita con el Ministerio del Interior fue a los 2 días de estar en el lugar, y la historia de mi vida, tal como me la pidieron, duró casi 9 horas. El momento más difícil, el que nunca olvidaré, fue cuando al terminar, me pidieron mis documentos de identidad venezolanos. Mi pasaporte. Aquello que dice: Nacionalidad: “Venezolana”. Se que he contado en alguna oportunidad esto, pero quiero hoy, en homenaje a quienes como yo, han tenido que salir de Venezuela por persecución, por seguridad personal o simplemente buscando mejores oportunidades de vida que en 17 años de terror gubernamental, el régimen no ha podido darles, decirles que al estirar mi mano, con esa libretica vino tinto, con el escudo y sus letras doradas, al señor que observaba apenado mis lágrimas, fue lo más difícil que he hecho, después de tomar la decisión de salir en aquel avión, sin saber cuando volvería a ver aquellas costas venezolanas.
En mi peregrinaje por el mundo he conseguido a esa diáspora inmensa que son hoy nuestros compatriotas en el exilio. Venezolanos que cuando me buscan en la estación del tren, o en el aeropuerto, se le agüan los ojos, y el abrazo es fuerte, es sincero, es ese que me dice “aquí estoy, en que puedo ayudar a mi país”. Pocos conocen las penurias que muchísimos de ellos están pasando por el mundo, como han tenido que reinventarse para sobrevivir, y para hacer de cualquier trabajo que les de comer, su refugio. Los he visto contar cada centavo. caminar y caminar, porque sale mas barato que tomar el metro. Pero ahí están, dispuestos a ceder su tiempo, para ayudar a organizar cualquier cosa que tenga que ver con la denuncia de lo que sucede en nuestro país.
A las reuniones, foros, exposiciones, concentraciones llegan con sus banderas y sus franelas, y sus hijos, muchos de los cuales han nacido en otro país, también llevan a Venezuela en su pecho. Parte de lo que hoy se conoce en el mundo, sobre la situación venezolana, es gracias al trabajo de hormiguita de esa gran diáspora. Un documento en la cancillería, una reunión en el parlamento o el senado, una puerta abierta en un programa de radio, de televisión, con algún conocido periodista de prensa, es la plataforma de experiencia que a mi en particular, me han brindado quienes llegaron antes que yo.
Por eso, hoy quiero enaltecer a los exiliados venezolanos. Profesionales, quizás entre los mejores preparados del mundo en muchos casos, jóvenes que salieron para asegurarse un mejor futuro, porque su patria ni siquiera les podía garantizar su integridad física o su vida. Mujeres, hombres, familias completas que han huido del horror que significa vivir hoy en día en un país donde la instigación al odio constante, la intimidación, la represión y el encarcelamiento, por parte del régimen venezolano hacia quienes no les son fieles, es el método usado para tratar de someter a la población.
No son pantuflas cómodas ni tiempo libre en la computadora lo que caracteriza a quienes vivimos en el exilio. Es mucho trabajo y esfuerzo para salir adelante. Son sueños rotos, hijos enterrados, perseguidos o torturados, gente que lo perdió todo, o que prefirió perderlo, antes de ser una victima mas de la violencia que se vive en nuestro país o un nuevo preso político. Venezuela amigos lectores, se lleva muy adentro en el corazón. Nadie puede juzgarnos.
Fuente: https://www.facebook.com/tsroa?fref=nf
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miércoles, 5 de octubre de 2016
domingo, 7 de septiembre de 2014
PASAJEROS SOMOS (5)

EL NACIONAL - Jueves 08 de Enero de 2009 Nación/9
El fantasma de Diógenes
Ramón Piñango
Con la publicación de El pasajero de Truman, novela de
Francisco Suniaga, por fin el caso de Diógenes Escalante entra en la literatura
venezolana. Sorprende que haya pasado tanto tiempo para que tan insólito
episodio fuese trabajado por un escritor, a pesar de que constituye un drama,
perfectamente shakesperiano, fascinante, que dice muchas cosas sobre un país.
El excelente libro del novelista margariteño obliga al lector a reflexionar
sobre asuntos complejos y apasionantes de la vida individual y los procesos
sociales. Uno en especial parece particularmente insoslayable: la fragilidad de
una sociedad cuando carece de instituciones; es decir, de patrones de
comportamiento tan profundamente enraizados que ninguna persona o grupo puede
actuar arbitrariamente, sea cual fuere el argumento que se utilice, para justificar
su conducta.
En 1945, Venezuela vivía un proceso de cambio social
intenso. Nuevos actores buscaban una mayor democratización de las estructuras
de poder. La conflictividad política se agudizaba y ello alimentó en algunos la
idea de la conveniencia de contar con un candidato que representase un amplio
acuerdo, para así conjurar temores y la desconfianza. Así, emergió la idea de
la candidatura de Escalante, un venezolano con una destacada carrera
diplomática desde hace largos años residenciado en el exterior. Rápidamente se
logró la convergencia de voluntades políticas alrededor de esta idea. Escalante
regresó al país en agosto de aquel año, pero en corto tiempo se hizo patente su
desquiciamiento. De repente, como un viento que inesperadamente cambia de
dirección, pocas semanas después de que el avión enviado por el presidente
Truman se llevase como a un fantasma al trastornado Diógenes Escalante, ocurrió
el golpe de Estado contra el gobierno de Medina Angarita.
Para muchos ese golpe alteró una evolución positiva de la
sociedad venezolana; para otros, significó, más bien, la aceleración de un
proceso de cambio necesario que estaba siendo frenado por fuerzas retrógradas,
restos del gomecismo. Aunque todavía se debata sobre este asunto, la verdad es
que nunca se podrá llegar a una conclusión que a todos satisfaga. En esta
discusión con frecuencia emerge la pregunta sobre qué hubiera pasado si
Escalante no se hubiera desquiciado. Hay quienes creen que el país habría
tenido una mejor suerte; otros que, de todas maneras, un poco más tarde tal
vez, hubiese ocurrido el golpe de Estado o una convulsión política de similares
consecuencias.
De nuevo es imposible llegar a conclusión definitiva sobre
tan complejo asunto.
Lo que sí demuestra con claridad meridiana el caso de
Diógenes Escalante es la gelatinosa debilidad de una sociedad cuyo destino
depende de una persona, por muy sabia, ilustrada, iluminada o carismática que
sea. A 63 años del incidente histórico marcado por la inesperada locura de un
hombre que parecía ser providencial, parece que nuestras élites no han
comprendido esto. El chavismo está perdido en una fe ciega en su líder, la
cuarta república se ocupó más de ganar elecciones que de fortalecer
instituciones clave como el poder judicial y la educación pública. Y hoy la
oposición anda buscando un líder que compita con Chávez, antes que de armar una
propuesta programática suficientemente convincente para buena parte de la
población, sea cual fuere el líder que aspire a la Presidencia.
Cualquier persona puede desaparecer por locura, por
asesinato o porque se hartó de la política. Por eso es incomprensible que
hagamos depender el futuro de una nación de un ser humano, de un simple mortal,
por muy eterno y poderoso que parezca. Aunque parezca increíble, eso es lo que
estamos haciendo: buscando afanosamente un fantasma como el de Diógenes
Escalante.
NOTA LB: 1) Trata de Diógenes Escalante, desde la perspectiva inevitable
de Ramón J. Velásquez que aparece, innecesariamente, protagonizando la
novela bajo otro nombre. Al respecto, si mal no recordamos, suscribimostiempo atrás un artículo. Por lo pronto, diríamos dos cosas: la una, nos
parece un largo reportaje que mereció un mayor ejercicio literario
teniendo en cuenta la profusión noticiosa de la época. Por otra,
recordamos, un dirigente político tachirense de estos años recomendaba
mucho leer la obra a sus colaboradores inmediatos, quizá para ratificar
la identidad regional a la vez de enterarlos de sucesos que desconocían.
Empero, por más reparos que puedan hacerse al libro, no cabe duda de su
importancia en la bibliografía Venezuela que ha enflaquecido demasiado. 2) Escribía Antonio Arráiz en la edición de El Nacional del 7
de septiembre de 1945: "Confieso que me ha impresionado profundamente el
drama de Escalante: es sin duda uno de los episodios más singulares
en la historia contemporánea de Venezuela. Un hombre que ya pisa con
seguro pie el peldaño de la silla presidencial y que siente, en torno
suyo, compacta y firme a toda la nación que lo eleva a esa silla, ve
desvanecerse de repente tan positiva esperanza". 3) Maye Primera Garcés publicó la biografía de
Escalante, bajo el sello de El Nacional, por 2007. Gracias a un tío,
pisó Caracas, desde su lejana Queniquea y, al conversar con Cipriano
Castro, partió a Europa como cónsul. Prestó un prolongado servicio
en el exterior, aunque con la tenaz delicadeza de no pisar callos con
Castro, Gómez, López Contreras o Medina Angarita, ni con sus más
cercanos colaboradores. La autora privilegia el contexto social y
político de la Venezuela de entonces, quedándonos con las ganas de un
examen a fondo: ¡cuánta documentación escalanteana estará por ahí
esperando!
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jueves, 4 de septiembre de 2014
SENTIDO HALLADO
EL NACIONAL - Miércoles 11 de Septiembre de 2013 Opinión/6
La Virgen del Valle
FRANCISCO SUNIAGA
Para el margariteño, la Virgen del Valle es la virgen de sus padres, abuelos y de toda la gente que rodeó su infancia.
Su imagen lo ha acompañado desde el primer día en que tuvo conciencia y, por haberla invocado a lo largo de toda la vida, es también la virgen de sus hijos, aunque no hayan nacido en Margarita. En lo personal, su presencia ha sido importante no sólo en mi intimidad afectiva y emocional sino también en mi esfera cognitiva; la religiosidad me resultaría un fenómeno humano extraño y desconocido de no ser por ella.
Es gracias a ella que he encontrado sentido a la fe católica y, como ocurre también en el caso de la percepción del paso del tiempo, es en la fe de los otros donde mejor he percibido la propia; resulta conmovedor compartir con tanta gente la devoción por su imagen.
Este 8 de septiembre, como tantos otros, he tenido el privilegio de acompañar a miles de personas, margariteños, "navegaos" y visitantes, a la celebración de la Virgen (ahora prefiero la misa de las 5:00 de la mañana y quedarme a desayunar en las ventas de comida, cosas de la tercera edad). Pero este solía ser el gran día de nuestra infancia, por allá en los comienzos de los sesenta, la gran fiesta antes de que comenzaran las clases, que en ese tiempo, más pobre pero mucho más ordenado, comenzaban alrededor del 15 de este mes. Era la única ocasión en todo el año en la que podíamos los muchachos montarnos en un carrusel, carros chocones, aviones, sillas voladoras, ir a una función de circo y ver al "Gran Almeidini" un colombiano costeño, encarnación de Blacamán el Bueno, que se disfrazaba de mago árabe y nos hacía creer que la magia existía, comer perros calientes, ver a los saltimbanquis y vendedores de baratijas venidos de costa firme, tomarse fotos vestidos de charros o tener la suerte de que un periquito, por tan sólo medio real, le escogiera el papelito donde estaba escrito un brillante futuro.
Mucho han cambiado las cosas desde entonces, la fiesta del Valle, como le decíamos con mayor significación, ha perdido ese aire de feria caribeña que recreó García Márquez, en la que se tocaba y bailaba desde vallenato hasta steel band y en la que los niños, adultos y ancianos tenían su espacio. Las atracciones infantiles desaparecieron o se han reducido a un nivel mínimo y la inseguridad se encargó de limitar y enrarecer la atmósfera otrora tranquila de los bailes, que eran la gran diversión para los adultos y una escuela invalorable para los adolescentes.
Otro fenómeno ha ido tornándose cada vez más masivo: las celebraciones de la Virgen en las localidades costeras. La gente de mar celebra en la isla y toda la costa oriental el día de la Virgen Marinera con alegres procesiones de peñeros, tres puños y lanchas. Los marineros adornan su imagen y decenas de embarcaciones, atiborradas de gente, pasean a la Virgen en medio de la algarabía, cohetones, cervezas y palos de ron. Regatas que, basta verlas, ponen a prueba el poder milagroso de la Virgen porque no recuerdo que en ellas, a pesar del imprudente y etílico fervor de algunos devotos, se hayan reportado accidentes mortales.
Producto de su proyección nacional, el culto a la Virgen del Valle, patrimonio religioso y cultural margariteño, es uno de esos puntos donde la modernidad y la tradición chocan en la isla. Los paisanos, afectados por décadas por la primera, hasta sentir que algunas de sus identidades han sido destruidas, se aferran a la Virgen con uñas y dientes para tratar de seguir gobernando de manera exclusiva la forma en que se le rinde culto.
A tales fines, Pablo Ramírez, ex decano de la UDO en Margarita, y Verny Salazar, cronista de San Juan, en aras de mantener el culto a la Virgen dentro de ciertos cauces y con el apoyo del movimiento de cronistas y la academia insular, están organizando un evento para debatir ciertas cuestiones históricas y difundir algunas informaciones que confunden a la feligresía. Por ejemplo, decir que se celebran 102 años de la Virgen, cuando el culto de los margariteños por ella se remonta al siglo XVI. El cumpleaños aludido se refiere a su coronación canónica por parte de Roma como patrona de la Iglesia Católica. El reconocimiento del Vaticano vino precisamente por la fortaleza de la devoción de siglos del pueblo insular.
Otra gestión para encauzar el culto a la Virgen del Valle que pretenden librar estos cruzados de la margariteñidad es evitar que su proyección nacional venga aparejada con el cognomento de "vallita", que ha ganado terreno en estos últimos años al amparo de los medios de comunicación. A la mayoría de los ñeros no les gusta el "vallita", lo sienten foráneo, ajeno y no quieren que a su Virgen se le llame así.
La Virgen del Valle
FRANCISCO SUNIAGA
Para el margariteño, la Virgen del Valle es la virgen de sus padres, abuelos y de toda la gente que rodeó su infancia.
Su imagen lo ha acompañado desde el primer día en que tuvo conciencia y, por haberla invocado a lo largo de toda la vida, es también la virgen de sus hijos, aunque no hayan nacido en Margarita. En lo personal, su presencia ha sido importante no sólo en mi intimidad afectiva y emocional sino también en mi esfera cognitiva; la religiosidad me resultaría un fenómeno humano extraño y desconocido de no ser por ella.
Es gracias a ella que he encontrado sentido a la fe católica y, como ocurre también en el caso de la percepción del paso del tiempo, es en la fe de los otros donde mejor he percibido la propia; resulta conmovedor compartir con tanta gente la devoción por su imagen.
Este 8 de septiembre, como tantos otros, he tenido el privilegio de acompañar a miles de personas, margariteños, "navegaos" y visitantes, a la celebración de la Virgen (ahora prefiero la misa de las 5:00 de la mañana y quedarme a desayunar en las ventas de comida, cosas de la tercera edad). Pero este solía ser el gran día de nuestra infancia, por allá en los comienzos de los sesenta, la gran fiesta antes de que comenzaran las clases, que en ese tiempo, más pobre pero mucho más ordenado, comenzaban alrededor del 15 de este mes. Era la única ocasión en todo el año en la que podíamos los muchachos montarnos en un carrusel, carros chocones, aviones, sillas voladoras, ir a una función de circo y ver al "Gran Almeidini" un colombiano costeño, encarnación de Blacamán el Bueno, que se disfrazaba de mago árabe y nos hacía creer que la magia existía, comer perros calientes, ver a los saltimbanquis y vendedores de baratijas venidos de costa firme, tomarse fotos vestidos de charros o tener la suerte de que un periquito, por tan sólo medio real, le escogiera el papelito donde estaba escrito un brillante futuro.
Mucho han cambiado las cosas desde entonces, la fiesta del Valle, como le decíamos con mayor significación, ha perdido ese aire de feria caribeña que recreó García Márquez, en la que se tocaba y bailaba desde vallenato hasta steel band y en la que los niños, adultos y ancianos tenían su espacio. Las atracciones infantiles desaparecieron o se han reducido a un nivel mínimo y la inseguridad se encargó de limitar y enrarecer la atmósfera otrora tranquila de los bailes, que eran la gran diversión para los adultos y una escuela invalorable para los adolescentes.
Otro fenómeno ha ido tornándose cada vez más masivo: las celebraciones de la Virgen en las localidades costeras. La gente de mar celebra en la isla y toda la costa oriental el día de la Virgen Marinera con alegres procesiones de peñeros, tres puños y lanchas. Los marineros adornan su imagen y decenas de embarcaciones, atiborradas de gente, pasean a la Virgen en medio de la algarabía, cohetones, cervezas y palos de ron. Regatas que, basta verlas, ponen a prueba el poder milagroso de la Virgen porque no recuerdo que en ellas, a pesar del imprudente y etílico fervor de algunos devotos, se hayan reportado accidentes mortales.
Producto de su proyección nacional, el culto a la Virgen del Valle, patrimonio religioso y cultural margariteño, es uno de esos puntos donde la modernidad y la tradición chocan en la isla. Los paisanos, afectados por décadas por la primera, hasta sentir que algunas de sus identidades han sido destruidas, se aferran a la Virgen con uñas y dientes para tratar de seguir gobernando de manera exclusiva la forma en que se le rinde culto.
A tales fines, Pablo Ramírez, ex decano de la UDO en Margarita, y Verny Salazar, cronista de San Juan, en aras de mantener el culto a la Virgen dentro de ciertos cauces y con el apoyo del movimiento de cronistas y la academia insular, están organizando un evento para debatir ciertas cuestiones históricas y difundir algunas informaciones que confunden a la feligresía. Por ejemplo, decir que se celebran 102 años de la Virgen, cuando el culto de los margariteños por ella se remonta al siglo XVI. El cumpleaños aludido se refiere a su coronación canónica por parte de Roma como patrona de la Iglesia Católica. El reconocimiento del Vaticano vino precisamente por la fortaleza de la devoción de siglos del pueblo insular.
Otra gestión para encauzar el culto a la Virgen del Valle que pretenden librar estos cruzados de la margariteñidad es evitar que su proyección nacional venga aparejada con el cognomento de "vallita", que ha ganado terreno en estos últimos años al amparo de los medios de comunicación. A la mayoría de los ñeros no les gusta el "vallita", lo sienten foráneo, ajeno y no quieren que a su Virgen se le llame así.
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sábado, 15 de diciembre de 2012
UNA Y OTRA CRISIS
SOL DE MARGARITA, 15 de Diciembre de 2012
Las crisis sucesorales
Sea como fuere y bajo la unción de la palabra presidencial se ha designado un sucesor, en circunstancias por lo menos inéditas en Venezuela desde la época del general Juan Vicente Gómez.
Walter Castro Salerno
La grave enfermedad padecida por el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez y la secuela que la acompaña ha sumido al país, al subcontinente americano y en cierto modo a otras áreas del planeta en situación de pesar, crisis e incertidumbre. Pero además la singular forma en que se originó, tomó cuerpo y desarrolló el liderazgo presidencial, a lo largo de una década y media de ejercicio del poder, hace compleja o riesgosa para los politólogos la determinación del futuro. En los experimentos, avatares e indagaciones, en los ejercicios de fuerte imaginación que supone la actividad de esa extraña ciencia como lo es, en política, la adivinación del porvenir, nada está escrito ni sabido. Si ignoramos lo que ocurrirá en hipótesis cortoplacistas, fíjense como será entonces la situación a largo plazo. Y, como dijese el gran economista Lord Keynes, el largo plazo siempre es el corto plazo.
En economía, pero también, o incluso más, en política. Sea como fuere y bajo la unción de la palabra presidencial se ha designado un sucesor, en circunstancias por lo menos inéditas en Venezuela desde la época del general Juan Vicente Gómez. Cuando este dictador fallece el 17 de diciembre de 1935, en Maracay, nada se ha dispuesto sobre su sucesión. A punto de estallar una lucha armada entre el clan familiar de los Gómez, acaudillados por Eustoquio Gómez, secundado por Tarazona, y los estamentos cercanos al ministro de Guerra y Marina, general López Contreras, es este último quien se acomoda de prisa en el poder tras ser designado por el Consejo de Ministros como presidente para el mandato del sexenio 1936-1941. Suerte distinta correrá, en 1945, el designado sucesor del general Medina Angarita, Dr. Diógenes Escalante, embajador en Washington, avalado por AD, y quien al sufrir colapso mental, su reemplazo por Biaggini precipitará al régimen en su perdición con el golpe de estado de octubre del 45.
El escritor margariteño Francisco Suniaga ha descrito la interesante tragicomedia política en “El pasajero de Truman”. Tenemos ahora, con la deplorable enfermedad presidencial y lo que pudiese desembocar en una falta temporal o absoluta en el ejercicio del cargo, con una crisis política. Pero no en stricto sensu, una crisis sucesoral, por lo menos en lo que respecta a las fuerzas del chavismo, especial o únicamente del PSUV, por cuanto estas ya cuentan para el futuro, sea cual él fuese, con un heredero del caudillo.
Fotografía: La Esfera, sábado 25/06/60.
Nota LB: Momentáneo dilema, entr e una fotografía de Diógenes Escalante, visitante de Caracas hacia 1943 o 1944, o la que ofecemos. Optamos por el de la recia serenidad de una reunión de gabinete, en la que destaca Ramón J. Velásquez, secretario general de la Presidencia de la República, hacia 1960. El medio, al ofrecerla, subraya la ausencia del presidente Betancourt. ¿Qué había ocurrido? Simplemente, el día anterior, un bombazo trató de sacarlo del camino.
LLama poderosamente la atención, el sensato y corajudo manejo de la crisis. Recordemos, la conspiración de los extremos estuvo permanentemente en la agenda de esos difíciles y complejos años. Esa bomba, por encargo del trujillato, no era muy distinta a los continuos afanes subversivos que adquieron toda su franqueza en los meses siguientes, cuando estaba vigente la Constitución de 1953 a la espera de otra, estrenada - no por casualidad - bajo el decreto de un Estado de Excepción, el 23/01/61. No eran - precisamente - juegos florales, como señaló en sus memorias Pompeyo Márquez.
Sobrevivió Betancourt al magnicidio intentado, y con las manos quemadas volvió a palacio. En el orden institucional, no tenía un vicepresidente ejecutivo. Sin embargo, funcionaron plenamente los mecanismos o dispositivos jurídicos y políticos del caso, probando el básico consenso: no otro que el de Punto Fijo.
Luce inevitable una mínima comparación: allá no hubo esa suerte de inescrupuloso dramatismo, en clave de telenovela, que caracteriza al poder hoy en Venezuela, dando lugar a absurdas confusiones. Por lo pronto, por una parte, hay quienes reclaman un inequívoco respeto a la humanidad de Chávez Frías, propiciando el diálogo, como si estuviese en duda. El problema es que ese necesarísimo diálogo ( y su consecuente reconciliación nacional), no puede fundarse en la unilateral y manipulada versión oficial que irrespeta - precisamente - la humanidad presidencial, agotando el inaceptable e interesado culto en un país que - ahora - se vanagloria por orbitar un par de satélites artificiales. Esto es, que dice saludar al siglo XXI. De modo, que no basta una respuesta política silenciando la insinceridad de una de las partes, la que induce a ese diálogo como medida de precaución.
Por lo demás, una legítima solución requiere de autoridad moral. O, por lo menos, siendo realistas, hasta dónde sea posible. Todos lamentamos la situación personal de Chávez Frías y, sí, con una honestidad que contrasta con la de los fanáticos opositores del cómodo y seguro cafetín digital, deseamos que sobreviva (existen los muy piadosos cristianos que desean los contrario, por citar un caso entre varios), pero también importa señalar lo que ocurrió con Franklin Brito, lo que ocurre con Simonovis y el resto de los prisioneros políticos, la indecible experiencia carcelaria de Afiuni, a los caídos y familiares del 11- A (http://www.marthacolmenares.com/2012/04/07/lista-de-las-victimas-del-11-de-abril-2002-a-10-anos/) que esperan justicia, mientras que todavía los pistoleros de LLaguno son glorificados, después de la caprichosa amnistía de la que gozaron. Empero, convengamos, no es un problema enteramente político ni enteramente moral, los otros extremos en juego, sino - ciertamente - el de conciliar lo político y lo moral para una distinta realidad con un dferente sentido del realismo que tenga como fundamento la dignidad de la persona humana.
Finalmente, se dirá , los venezolanos no merecemos una coyuntura como la actual. Y no porque seamos un fiel testimonio de perfecciones, sino porque la compulsión autoritaria y totalitaria no debe tener tan elevadísimo costo. O, también se dirá, lo merecemos por carecer de un profundo e insobornable convencimiento ético tan necesario de alcanzar. En otras palabras, ese arraigado rentismo sociológico apunta al verdadero drama de una disyuntiva.
Las crisis sucesorales
Sea como fuere y bajo la unción de la palabra presidencial se ha designado un sucesor, en circunstancias por lo menos inéditas en Venezuela desde la época del general Juan Vicente Gómez.
Walter Castro Salerno
La grave enfermedad padecida por el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez y la secuela que la acompaña ha sumido al país, al subcontinente americano y en cierto modo a otras áreas del planeta en situación de pesar, crisis e incertidumbre. Pero además la singular forma en que se originó, tomó cuerpo y desarrolló el liderazgo presidencial, a lo largo de una década y media de ejercicio del poder, hace compleja o riesgosa para los politólogos la determinación del futuro. En los experimentos, avatares e indagaciones, en los ejercicios de fuerte imaginación que supone la actividad de esa extraña ciencia como lo es, en política, la adivinación del porvenir, nada está escrito ni sabido. Si ignoramos lo que ocurrirá en hipótesis cortoplacistas, fíjense como será entonces la situación a largo plazo. Y, como dijese el gran economista Lord Keynes, el largo plazo siempre es el corto plazo.
En economía, pero también, o incluso más, en política. Sea como fuere y bajo la unción de la palabra presidencial se ha designado un sucesor, en circunstancias por lo menos inéditas en Venezuela desde la época del general Juan Vicente Gómez. Cuando este dictador fallece el 17 de diciembre de 1935, en Maracay, nada se ha dispuesto sobre su sucesión. A punto de estallar una lucha armada entre el clan familiar de los Gómez, acaudillados por Eustoquio Gómez, secundado por Tarazona, y los estamentos cercanos al ministro de Guerra y Marina, general López Contreras, es este último quien se acomoda de prisa en el poder tras ser designado por el Consejo de Ministros como presidente para el mandato del sexenio 1936-1941. Suerte distinta correrá, en 1945, el designado sucesor del general Medina Angarita, Dr. Diógenes Escalante, embajador en Washington, avalado por AD, y quien al sufrir colapso mental, su reemplazo por Biaggini precipitará al régimen en su perdición con el golpe de estado de octubre del 45.
El escritor margariteño Francisco Suniaga ha descrito la interesante tragicomedia política en “El pasajero de Truman”. Tenemos ahora, con la deplorable enfermedad presidencial y lo que pudiese desembocar en una falta temporal o absoluta en el ejercicio del cargo, con una crisis política. Pero no en stricto sensu, una crisis sucesoral, por lo menos en lo que respecta a las fuerzas del chavismo, especial o únicamente del PSUV, por cuanto estas ya cuentan para el futuro, sea cual él fuese, con un heredero del caudillo.
Fotografía: La Esfera, sábado 25/06/60.
Nota LB: Momentáneo dilema, entr e una fotografía de Diógenes Escalante, visitante de Caracas hacia 1943 o 1944, o la que ofecemos. Optamos por el de la recia serenidad de una reunión de gabinete, en la que destaca Ramón J. Velásquez, secretario general de la Presidencia de la República, hacia 1960. El medio, al ofrecerla, subraya la ausencia del presidente Betancourt. ¿Qué había ocurrido? Simplemente, el día anterior, un bombazo trató de sacarlo del camino.
LLama poderosamente la atención, el sensato y corajudo manejo de la crisis. Recordemos, la conspiración de los extremos estuvo permanentemente en la agenda de esos difíciles y complejos años. Esa bomba, por encargo del trujillato, no era muy distinta a los continuos afanes subversivos que adquieron toda su franqueza en los meses siguientes, cuando estaba vigente la Constitución de 1953 a la espera de otra, estrenada - no por casualidad - bajo el decreto de un Estado de Excepción, el 23/01/61. No eran - precisamente - juegos florales, como señaló en sus memorias Pompeyo Márquez.
Sobrevivió Betancourt al magnicidio intentado, y con las manos quemadas volvió a palacio. En el orden institucional, no tenía un vicepresidente ejecutivo. Sin embargo, funcionaron plenamente los mecanismos o dispositivos jurídicos y políticos del caso, probando el básico consenso: no otro que el de Punto Fijo.
Luce inevitable una mínima comparación: allá no hubo esa suerte de inescrupuloso dramatismo, en clave de telenovela, que caracteriza al poder hoy en Venezuela, dando lugar a absurdas confusiones. Por lo pronto, por una parte, hay quienes reclaman un inequívoco respeto a la humanidad de Chávez Frías, propiciando el diálogo, como si estuviese en duda. El problema es que ese necesarísimo diálogo ( y su consecuente reconciliación nacional), no puede fundarse en la unilateral y manipulada versión oficial que irrespeta - precisamente - la humanidad presidencial, agotando el inaceptable e interesado culto en un país que - ahora - se vanagloria por orbitar un par de satélites artificiales. Esto es, que dice saludar al siglo XXI. De modo, que no basta una respuesta política silenciando la insinceridad de una de las partes, la que induce a ese diálogo como medida de precaución.
Por lo demás, una legítima solución requiere de autoridad moral. O, por lo menos, siendo realistas, hasta dónde sea posible. Todos lamentamos la situación personal de Chávez Frías y, sí, con una honestidad que contrasta con la de los fanáticos opositores del cómodo y seguro cafetín digital, deseamos que sobreviva (existen los muy piadosos cristianos que desean los contrario, por citar un caso entre varios), pero también importa señalar lo que ocurrió con Franklin Brito, lo que ocurre con Simonovis y el resto de los prisioneros políticos, la indecible experiencia carcelaria de Afiuni, a los caídos y familiares del 11- A (http://www.marthacolmenares.com/2012/04/07/lista-de-las-victimas-del-11-de-abril-2002-a-10-anos/) que esperan justicia, mientras que todavía los pistoleros de LLaguno son glorificados, después de la caprichosa amnistía de la que gozaron. Empero, convengamos, no es un problema enteramente político ni enteramente moral, los otros extremos en juego, sino - ciertamente - el de conciliar lo político y lo moral para una distinta realidad con un dferente sentido del realismo que tenga como fundamento la dignidad de la persona humana.
Finalmente, se dirá , los venezolanos no merecemos una coyuntura como la actual. Y no porque seamos un fiel testimonio de perfecciones, sino porque la compulsión autoritaria y totalitaria no debe tener tan elevadísimo costo. O, también se dirá, lo merecemos por carecer de un profundo e insobornable convencimiento ético tan necesario de alcanzar. En otras palabras, ese arraigado rentismo sociológico apunta al verdadero drama de una disyuntiva.
viernes, 14 de septiembre de 2012
Y DE GUMERSINDO
EL NACIONAL - Miércoles 12 de Septiembre de 2012 Opinión/
Betancourt y la siembra del petróleo
FRANCISCO SUNIAGA
A veces la anécdota personal es insustituible para explicar las complejidades de cualquier proceso político.
Pertenezco a una generación que tuvo la suerte de comenzar o estar en la escuela para 1959, el primer año escolar de la experiencia democrática inaugurada apenas unos meses antes.
Era una escuela construida de manera magnífica aún hoy, bastante deteriorada, es la principal escuela pública de La Asunción de la que recuerdo, entre otras muchas, dos cosas que eran lo supimos luego la expresión de los nuevos tiempos: una dolorosa campaña de vacunación que nos protegió de enfermedades y un comedor escolar que proporcionaba un almuerzo completo.
El liceo Francisco Antonio Rísquez, donde cursamos la secundaria, era una institución extraordinaria que contaba, además del comedor, con transporte y unos laboratorios de biología, física y química como nunca vi otros. Después vino la universidad, gratuita y muy buena, con extraordinarios profesores, bibliotecas actualizadas, una extensión cultural muy rica y un comedor que visto con la óptica de hoy sería increíble. Un ejemplo de todo aquello: la beca de estudio de la UCV para estudiantes del interior era de seiscientos bolívares de entonces. Tan buena que se podía alquilar un apartamento en cuatrocientos en sus cercanías y aún quedaba algo para la comida. Las posibilidades de estudiar posgrados en el exterior eran muchas y luego se hicieron infinitas a partir de 1974, con el plan de becas Mariscal de Ayacucho.
Virtud de esas condiciones creadas por la democracia, cientos de miles de venezolanos tuvimos una educación con la que nuestros padres, que apenas completaron la primaria, jamás siquiera soñaron en nuestro barrio, El Mamey, como seguramente pasó en tantas otras barriadas venezolanas, sólo una persona en toda su historia se había graduado antes en la universidad.
¿Cómo fue posible que este país diera ese salto en tan pocos años? Lo fue en buena medida gracias a la visión y perseverancia de un político extraordinario: Rómulo Betancourt, quien se empeñó en hacer de Venezuela una gran democracia de tipo occidental, propósito para el que la educación pública de calidad era prioritaria. Fuimos, sin saberlo entonces, semillas de la siembra del petróleo, no como frase feliz sino como materialización de un proyecto político puesto en práctica, en la escala necesaria, con el advenimiento de la democracia.
La historia de ese proyecto político, sustentada en documentos y data económica serios, ha sido recogida en un libro que hace poco vio la luz: Rómulo Betancourt y la siembra del petróleo, de Gumersindo Rodríguez. Se trata de un trabajo enjundioso donde está plasmado con gran claridad el pensamiento políticoeconómico del gran estadista venezolano.
Al leer Rómulo Betancourt y la siembra del petróleo la primera conclusión a la que se llega es que lo de Betancourt no fue casualidad ni suerte. A su conocimiento empírico de Venezuela y la venezolanidad, sumaba una comprensión profunda de su historia y una sólida formación autodidacta de teoría económica y de la economía política marxista. Su discurso y, cuando le correspondieron, sus decisiones de estadista tenían ciertamente las mejores fuentes en esa materia.
En el libro de Gumersindo Rodríguez se repasan los dilemas de economía política que enfrentaron Betancourt y otros ilustres venezolanos que lo sucedieron para que el petróleo fuese propiedad absoluta de los venezolanos. Se explica cómo, sin retórica patriotera, se logró el rescate de nuestra principal riqueza y cómo se avanzó por la senda de la construcción de una Venezuela democrática.
Sembrar el petróleo devino en una ideología autóctona que se fue desgranando a lo largo de décadas y que se materializó en programas de desarrollo reales, centrados en el desarrollo del recurso humano, que transformaron el país atrasado de la primera mitad del siglo XX en uno moderno con cotas de bienestar elevadas.
Rómulo Betancourt y la siembra del petróleo constituye también una invalorable fuente argumental contra la desolación política del presente. Es muy útil para que sepan los venezolanos más jóvenes, ahora cuando la única opción que este régimen les ofrece es la supervivencia, que no siempre las cosas fueron como hoy se presentan. Que no siempre Venezuela marchó al garete, deslizándose por el tobogán del desgobierno y la anarquía.
Que hubo un sueño de una Venezuela grande y de todos, en buena medida hecho realidad. Y, lo más importante, que estén persuadidos de que retomar ese sueño es perfectamente posible.
Betancourt y la siembra del petróleo
FRANCISCO SUNIAGA
A veces la anécdota personal es insustituible para explicar las complejidades de cualquier proceso político.
Pertenezco a una generación que tuvo la suerte de comenzar o estar en la escuela para 1959, el primer año escolar de la experiencia democrática inaugurada apenas unos meses antes.
Era una escuela construida de manera magnífica aún hoy, bastante deteriorada, es la principal escuela pública de La Asunción de la que recuerdo, entre otras muchas, dos cosas que eran lo supimos luego la expresión de los nuevos tiempos: una dolorosa campaña de vacunación que nos protegió de enfermedades y un comedor escolar que proporcionaba un almuerzo completo.
El liceo Francisco Antonio Rísquez, donde cursamos la secundaria, era una institución extraordinaria que contaba, además del comedor, con transporte y unos laboratorios de biología, física y química como nunca vi otros. Después vino la universidad, gratuita y muy buena, con extraordinarios profesores, bibliotecas actualizadas, una extensión cultural muy rica y un comedor que visto con la óptica de hoy sería increíble. Un ejemplo de todo aquello: la beca de estudio de la UCV para estudiantes del interior era de seiscientos bolívares de entonces. Tan buena que se podía alquilar un apartamento en cuatrocientos en sus cercanías y aún quedaba algo para la comida. Las posibilidades de estudiar posgrados en el exterior eran muchas y luego se hicieron infinitas a partir de 1974, con el plan de becas Mariscal de Ayacucho.
Virtud de esas condiciones creadas por la democracia, cientos de miles de venezolanos tuvimos una educación con la que nuestros padres, que apenas completaron la primaria, jamás siquiera soñaron en nuestro barrio, El Mamey, como seguramente pasó en tantas otras barriadas venezolanas, sólo una persona en toda su historia se había graduado antes en la universidad.
¿Cómo fue posible que este país diera ese salto en tan pocos años? Lo fue en buena medida gracias a la visión y perseverancia de un político extraordinario: Rómulo Betancourt, quien se empeñó en hacer de Venezuela una gran democracia de tipo occidental, propósito para el que la educación pública de calidad era prioritaria. Fuimos, sin saberlo entonces, semillas de la siembra del petróleo, no como frase feliz sino como materialización de un proyecto político puesto en práctica, en la escala necesaria, con el advenimiento de la democracia.
La historia de ese proyecto político, sustentada en documentos y data económica serios, ha sido recogida en un libro que hace poco vio la luz: Rómulo Betancourt y la siembra del petróleo, de Gumersindo Rodríguez. Se trata de un trabajo enjundioso donde está plasmado con gran claridad el pensamiento políticoeconómico del gran estadista venezolano.
Al leer Rómulo Betancourt y la siembra del petróleo la primera conclusión a la que se llega es que lo de Betancourt no fue casualidad ni suerte. A su conocimiento empírico de Venezuela y la venezolanidad, sumaba una comprensión profunda de su historia y una sólida formación autodidacta de teoría económica y de la economía política marxista. Su discurso y, cuando le correspondieron, sus decisiones de estadista tenían ciertamente las mejores fuentes en esa materia.
En el libro de Gumersindo Rodríguez se repasan los dilemas de economía política que enfrentaron Betancourt y otros ilustres venezolanos que lo sucedieron para que el petróleo fuese propiedad absoluta de los venezolanos. Se explica cómo, sin retórica patriotera, se logró el rescate de nuestra principal riqueza y cómo se avanzó por la senda de la construcción de una Venezuela democrática.
Sembrar el petróleo devino en una ideología autóctona que se fue desgranando a lo largo de décadas y que se materializó en programas de desarrollo reales, centrados en el desarrollo del recurso humano, que transformaron el país atrasado de la primera mitad del siglo XX en uno moderno con cotas de bienestar elevadas.
Rómulo Betancourt y la siembra del petróleo constituye también una invalorable fuente argumental contra la desolación política del presente. Es muy útil para que sepan los venezolanos más jóvenes, ahora cuando la única opción que este régimen les ofrece es la supervivencia, que no siempre las cosas fueron como hoy se presentan. Que no siempre Venezuela marchó al garete, deslizándose por el tobogán del desgobierno y la anarquía.
Que hubo un sueño de una Venezuela grande y de todos, en buena medida hecho realidad. Y, lo más importante, que estén persuadidos de que retomar ese sueño es perfectamente posible.
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domingo, 1 de julio de 2012
JUSTICIA (2)
EL NACIONAL - Sábado 23 de Junio de 2012 Opinión/7
A propósito de Econoinvest
FRANCISCO SUNIAGA
El caso Econoinvest es la historia de una conspiración cuya urdimbre fue tendida por el más alto poder político del Estado y luego tramada por las más representativas autoridades del Poder Judicial. Los rostros de los responsables de esta infamia que perdurará en la memoria de la decencia de este país son conocidos. Pero no son esos rostros ni esos personajes quienes motivan estas líneas. Son los de las víctimas: Herman Sifontes, Ernesto Rangel, Miguel Osío y Juan Carlos Carvallo, los directivos de Econoinvest Casa de Bolsa. No sólo por su propia condición de presos políticos, sino porque representan, además, los casos de otros muchos venezolanos cuyos derechos humanos han sido violados en forma brutal.
El 24 de mayo de 2010 fueron encarcelados sin que mediara una denuncia ni investigación previa por parte de los organismos competentes del Estado. Una acción violatoria del ordenamiento legal, que se fundamentó en esa regulación punitiva caprichosa, no escrita en instrumento legal alguno, que siguió un guión conocido ya por los venezolanos: a la declaración de un funcionario o líder del partido sobre una presunta amenaza desestabillizadora sigue la acusación presidencial desde la televisión encadenada, y culmina con la actuación inmediata de la Fiscalía. Aunque sean perversas, todas estas acciones están vinculadas a una racionalidad política: mantener el poder absoluto que se ha acumulado a lo largo de trece años.
Los altos ingresos petroleros y la capacidad de disponer de ellos sin restricciones no han podido ocultar los devastadores efectos que las políticas gubernamentales han provocado en la economía.
Las muestras más cotidianas de esa devastación son los altos precios, entre ellos, los de las divisas y la inflación. Para el momento del ataque a Econoinvest, mayo de 2010, el Gobierno estaba acorralado por sus propios demonios y el valor del dólar se había disparado. Necesitaba recurrir a la habitual maniobra salvadora, buscar un culpable, y aquí mismo había uno perfecto: Econoinvest, la principal casa de bolsa del país y el más importante vehículo para la transacción de divisas. A los ojos del Gobierno, una suerte de nave insignia del capitalismo burgués que es el causante de todos los males de la humanidad.
¿Qué puede ser más conveniente para justificar la devaluación de facto del dólar que la imagen de cuatro "banqueros" encarcelados, a quienes como en efecto hicieron se puede acusar de cualquier cosa? En un contexto mundial de rechazo a los dueños y ejecutivos de bancos y otras empresas financieras, nada más apetecible para arrojar a la canalla que unos banqueros despojados incluso del beneficio de la presunción de inocencia. Esa fue la urdimbre colocada en el telar por el poder político y sus instrumentos burocráticos.
Y entonces vino la peor fibra del tejido de esta conspiración: la trama a cargo del Poder Judicial.
Tejida de manera grotesca por quien ocupó la presidencia de la Sala Penal del Tribunal Supremo de Justicia, el símbolo de la justicia de este infausto período: el magistrado Eladio Aponte Aponte.
Cuando el lapso de dos años privados de libertad sin que se les inicie la causa incluso ha vencido, el atropello es inocultable y el clamor porque se restituya la justicia y se ponga en libertad a estas víctimas es atronador. Visto el comportamiento de los verdugos, nada garantiza que se les restituyan sus derechos, ahora. Pero, aunque tarde en llegar de una u otra manera, un día la justicia aparecerá y dará a cada quien lo que le corresponda.
A propósito de Econoinvest
FRANCISCO SUNIAGA
El caso Econoinvest es la historia de una conspiración cuya urdimbre fue tendida por el más alto poder político del Estado y luego tramada por las más representativas autoridades del Poder Judicial. Los rostros de los responsables de esta infamia que perdurará en la memoria de la decencia de este país son conocidos. Pero no son esos rostros ni esos personajes quienes motivan estas líneas. Son los de las víctimas: Herman Sifontes, Ernesto Rangel, Miguel Osío y Juan Carlos Carvallo, los directivos de Econoinvest Casa de Bolsa. No sólo por su propia condición de presos políticos, sino porque representan, además, los casos de otros muchos venezolanos cuyos derechos humanos han sido violados en forma brutal.
El 24 de mayo de 2010 fueron encarcelados sin que mediara una denuncia ni investigación previa por parte de los organismos competentes del Estado. Una acción violatoria del ordenamiento legal, que se fundamentó en esa regulación punitiva caprichosa, no escrita en instrumento legal alguno, que siguió un guión conocido ya por los venezolanos: a la declaración de un funcionario o líder del partido sobre una presunta amenaza desestabillizadora sigue la acusación presidencial desde la televisión encadenada, y culmina con la actuación inmediata de la Fiscalía. Aunque sean perversas, todas estas acciones están vinculadas a una racionalidad política: mantener el poder absoluto que se ha acumulado a lo largo de trece años.
Los altos ingresos petroleros y la capacidad de disponer de ellos sin restricciones no han podido ocultar los devastadores efectos que las políticas gubernamentales han provocado en la economía.
Las muestras más cotidianas de esa devastación son los altos precios, entre ellos, los de las divisas y la inflación. Para el momento del ataque a Econoinvest, mayo de 2010, el Gobierno estaba acorralado por sus propios demonios y el valor del dólar se había disparado. Necesitaba recurrir a la habitual maniobra salvadora, buscar un culpable, y aquí mismo había uno perfecto: Econoinvest, la principal casa de bolsa del país y el más importante vehículo para la transacción de divisas. A los ojos del Gobierno, una suerte de nave insignia del capitalismo burgués que es el causante de todos los males de la humanidad.
¿Qué puede ser más conveniente para justificar la devaluación de facto del dólar que la imagen de cuatro "banqueros" encarcelados, a quienes como en efecto hicieron se puede acusar de cualquier cosa? En un contexto mundial de rechazo a los dueños y ejecutivos de bancos y otras empresas financieras, nada más apetecible para arrojar a la canalla que unos banqueros despojados incluso del beneficio de la presunción de inocencia. Esa fue la urdimbre colocada en el telar por el poder político y sus instrumentos burocráticos.
Y entonces vino la peor fibra del tejido de esta conspiración: la trama a cargo del Poder Judicial.
Tejida de manera grotesca por quien ocupó la presidencia de la Sala Penal del Tribunal Supremo de Justicia, el símbolo de la justicia de este infausto período: el magistrado Eladio Aponte Aponte.
Cuando el lapso de dos años privados de libertad sin que se les inicie la causa incluso ha vencido, el atropello es inocultable y el clamor porque se restituya la justicia y se ponga en libertad a estas víctimas es atronador. Visto el comportamiento de los verdugos, nada garantiza que se les restituyan sus derechos, ahora. Pero, aunque tarde en llegar de una u otra manera, un día la justicia aparecerá y dará a cada quien lo que le corresponda.
miércoles, 2 de mayo de 2012
LA BALSA DE PIEDRA
EL NACIONAL - Miércoles 02 de Mayo de 2012 Cultura/3LITERATURA Hanna Grzimek la tradujo
Francisco Suniaga lleva La otra isla a Alemania
El también autor de El pasajero de Truman hablará mañana en el Instituto Cervantes de Berlín sobre la obra que lleva nueve ediciones
MICHELLE ROCHE
La historia del inmigrante alemán que se queda en la isla de Margarita seducido por la vida apacible del mar y que pronto se ve envuelto en la vorágine brutal de las peleas de gallo que acaba matándolo es la anécdota que construye La otra isla (Todtmann Editores, 2005), la novela más exitosa del neoespartano Francisco Suniaga que se discutirá mañana en la noche en la Biblioteca Mario Vargas Llosa del Instituto Cervantes de Berlín.
La otra isla, que muestra una visión descarnada y a la vez onírica de Margarita, presenta también la historia del abogado que quiere investigar la extraña muerte del alemán, la madre que lo llora (y que viene directamente desde Europa para conocer los detalles de su defunción), así como de la novia que el extranjero había dejado atrás.
La novela, que en alemán se titula Die Andere Insel y que hasta ahora lleva nueve ediciones en Venezuela, fue traducida por Hanna Grzimek, quien moderará la lectura y charla del también autor de El pasajero de Truman (Random House Mondadori, 2009) en el país teutón.
Estos días traerán recuerdos al escritor y abogado, que además es catedrático de Politología y Relaciones Internacionales, pues hace varios años vivió en Frankfurt, donde impartió clases en la Universidad Goethe.
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lunes, 28 de febrero de 2011
LA LINTERNA DE DIÓGENES

EL NACIONAL - Domingo 27 de Febrero de 2011 Al Dia/2
Ping Pong
FRANCISCO SUNIAGA. ESCRITOR
"Algunos nacen para ser locos y se vuelven presidentes"
JOLGUER RODRÍGUEZ COSTA
¿Qué hubiera pasado en Venezuela si Diógenes Escalante no se vuelve loco? Nada distinto. No creo que Escalante hubiera podido cambiar las cosas para que Venezuela fuera hoy un país distinto.
¿Y si el soberano hubiese sido más perceptivo en diciembre de 1998? (Carcajadas) Chávez no es ninguna casualidad. Los procesos que escogen los pueblos se deben vivir.
¿El título para una adaptación actualizada de El pasa- jero de Truman? ¿Te parece que falta actualizarla? ¿Destinista? No, pero sí (risas). Es parte de nuestra cultura.
¿Nos alcanzó el futuro? No. Aunque suene ilusorio, creo que tenemos un mejor futuro por delante.
¿Imagina si adecos y copeyanos no hubieran gobernado? Eso es impensable, ya que los adecos, incluso hoy, están en el poder.
¿Qué ha ganado la narrativa venezolana en los últimos 12 años? De todo menos dinero, aunque el material que brinda la quinta república a un escritor es abrumador.
¿Qué sale de un político escritor? (Carcajadas) Nada. Todos debemos ser políticos.
¿Su autor revolucionario preferido? ¿Revolucionario en qué?
¿El Escalante más cercano al proceso? (Carcajadas) Tú lo que quieres es que me metan preso.
¿Imagina una ley resorte para la literatura? Sí, por la capacidad del Gobierno de coartar la libertad.
¿Ha roto algunos originales? No. Nunca me he arrepentido de lo que he escrito.
¿Qué tal una novela militar? Sería como Pantaleón y las visitadoras.
¿Otra sobre un Bolívar reaccionando ante la manipulación oficialista? Precisamente, yo a Bolívar lo dejaría descansar en paz.
¿Y si el Gobierno le ordena una en la que los pobres se apoderan de las propiedades de los ricos? Lamentablemente, Camilo José Cela ya murió.
¿Lo más notable de la literatura revolucionaria desde 1999? Largo silencio.
¿Y antes? Otro largo silencio.
Como margariteño, ¿haría una versión de La otra isla: cuando ésta era una perla? Definitivamente. Ahora es un artificio de modernidad.
¿Quedará el país como la otra isla comunista? (Carcajadas) Esto es más un régimen personalista.
¿Qué hace un escritor en el comunismo? Exilarse.
¿Qué país escogería? Colombia, por ser el más cercano, para regresar tan pronto pueda.
¿El cuento nacional más triste? El de Diógenes Escalante.
¿El más alegre? La primera victoria del Magallanes en la serie del Caribe, en 1970.
¿El cuento más cuento? Que Darío Vivas se haya leído dos veces El capital, de Carlos Marx. Más difícil, imposible.
¿Un género para los últimos acontecimientos en el Parlamento? Teatro bufo, de comedia.
¿Qué tipo de personaje son los venezolanos? Somos únicos.
¿Una personalidad y a la vez personaje? Carlos Andrés y Chávez.
¿Supera la realidad a la ficción? En Venezuela, siempre.
¿Cuáles son los fantasmas de la revolución? ¿Cuál revolución?
¿Y los de la oposición? Los mismos. Al final constituimos esta cosa que llamamos Venezuela.
¿Por qué los Ni Ni se hacen los Escalantes? (Carcajadas) A estas alturas son esquizofrénicos.
¿A qué edad comenzó a escribir? A los cinco años.
¿Su mayor influencia literaria? Mi mujer.
¿Y el "analfabeto" de Mario Vargas Llosa? Conversación en la catedral fue mi gran referente.
¿Es verdad que el hambre estimula la musa? (Carcajadas) Lo único que estimula el hambre son los jugos gástricos.
¿Qué lee? Periódicos. Sobre todo la edición de El Nacional los domingos.
¿Los políticos se hacen los locos? No, tengo una buena opinión de ellos.
Como educador, ¿qué opina de las buenas relaciones entre el Gobierno y un sector estudiantil? No tendrían que ser malas, pero tampoco genuflexas.
Estudiante gobiernero huele mal.
¿Algún presidente parecido a Diógenes Escalante? En Venezuela hay quienes nacen para ser presidentes y se vuelven locos, como Escalante; y hay quienes nacen para ser locos y se vuelven presidentes.
Escalante era el candidato demócrata de la época. ¿Algún temor para el presente? Si hay alguna señal de locura los electores lo notarían.
¿Quién podría terminar como El pasajero de Truman? (Carcajadas) Sugiéreme varios nombres para escoger.
Entre Gadafi, Ahmadinejad, Castro, Mugabe y Carlos Ilich Ramírez, ¿cuál será el próximo pasajero del comandante presidente? Por los vientos que soplan van a tener que contratar un 747.
¿Cuántos capítulos faltan para finalizar la tragicomedia? Espero que lo que quede de este año y el próximo.
¿Un posible epílogo? Una costosa reconstrucción económica, institucional, política y social.
¿Un prólogo para el porvenir? Como te dije antes, el futuro siempre será mejor.
¿Qué pasaría en Venezuela si el pasajero vitalicio quiere volar más allá de 2012? (Carcajadas) Lo mismo que pasó cuando Pepeganga dejó de existir.
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sábado, 4 de diciembre de 2010
entrevista a un infante

EL NACIONAL - Sábado 04 de Diciembre de 2010 Papel Literario/3
"Narrar es una compulsión que no tiene explicación"
Los relatos que integran Margarita Infanta, el nuevo libro de Francisco Suniaga, fueron escritos antes que sus célebres novelas La otra isla (2005) y El pasajero de Truman (2008). De hecho, en su mayoría fueron terminados entre finales de los setenta y mediados de los ochenta
ENTREVISTA
MILAGROS SOCORRO
En la presentación de Margarita Infanta, usted dice que escribió estos relatos para conservar los últimos vestigios de un mundo en disolución: "la modernidad poco a poco comenzaba a demoler el mundo margariteño en el que fuimos niños y felices. Sentíamos que algo debíamos hacer para preservar parte de él...". ¿No siempre es así? ¿No están nuestros mundos siempre a punto de deshacerse en la nada? Ocurre que en el caso de Margarita, ese mundo que me tocó vivir y al que me refiero en este libro, es un mundo premoderno. Donde no había televisión.
Viajar fuera de la isla era para muy poca gente por los costos; por lo difícil del transporte, piensa que en el ferry cabían 25 o 30 carros.
Lo que hacía el resto de los venezolanos no lo hacíamos nosotros. El mar siempre comporta un riesgo.
En esa época no se viajaba por placer. Los traslados en lancha se hacían por necesidad, porque un viaje en una pequeña embarcación es peligroso y largo. Y el primer ferry llega en el año 59.
De manera que se trataba de una época premoderna que se había preservado en Margarita, producto de su aislamiento. Por si fuera poco, no se escuchaban las emisoras de radio y la televisión no llega hasta el año 66. Yo tuve la oportunidad de vivir en un mundo anterior al que me correspondía por mi edad, por la insularidad de mi pueblo.
Los patrones culturales y de consumo modernos no llegaban a la isla. Uno recibía una cultura tradicional, con visiones ancestrales de las cosas. Estamos hablando de los primeros años sesenta, cuando yo era niño.
A finales de esa década, ese mundo es asaltado masivamente por la zona franca y el puerto libre. La percepción natural que tiene el escritor de habitar un mundo en disolución para mi generación fue brutal. De allí el empeño, seguramente fallido, de preservar aquello con un librito como el mío y con los extraordinarios dibujos de Alberto Yáñez.
¿Es un libro autobiográfico? Sin duda, hay muchos elementos de mi propia vida y de mi entorno familiar, así como de mis amigos de infancia.
Claro que una vez que devienen sujetos de una narración, es inevitable que la ficción alcance a esas personas y los cobije, convertidos ya en personajes.
En el relato que habla de Cachón el fabulador, usted recoge con mucha nitidez el deseo de las audiencias de ser fascinadas. A veces, quién sabe, engatusadas. La audiencia del narrador o del cineasta va en busca de la seducción que produce una historia. La verdad, en esos casos, tiene otra condición: pasar a ser la consistencia del relato. Y la gente sale contenta por la coherencia de la trama, aún si se trata de una gran mentira. Nosotros sabíamos que Cachón mentía, pero no podíamos dejar de valorar la gran lógica de sus fabulaciones, que nos permitían soñar. Los embustes de Cachón se correspondían con nuestra necesidad de mitos porque, sobre todo, apelaban a nuestra inmensa inocencia de niños. Mi cuento termina cuando Cachón cuenta, ante una hipnotizada audiencia infantil: "Yo fui testigo presencial de ese momento imperecedero y culminante la historia venezolana en el que mi general Simón Bolívar y el almirante Cristóbal Colón se dieron un abrazo en el muelle de Juangriego". Pero en la realidad, la cosa continuó. Uno de mis amigos llegó a su casa y le contó a su madre la prodigiosa condición de testigo de Cachón. Y entonces su madre, que era maestra, le pregunto al niño: "¿En qué año llegó Colón a lo que hoy es América? En 1492, ¿verdad? ¿Y en qué año nació Simón Bolívar? En 1783, ¿no es cierto? Bueno, saca la cuenta.
En el contexto político, también se puede dar el engaño, sólo que en ese ámbito hay, o debe haber, competencia, debate: como hay otros relatos políticos que coliden con el tuyo, se produce la divergencia. Y, no menos importante, hay un grupo que debe asumir el rol de la maestra, la que hizo reflexionar al niño mostrándoles hechos y haciendo que viera por sí mismo el engaño. Ese grupo, en lo político, son los intelectuales.
En el relato titulado "Tirano" usted hace una referencia fugaz a quienes les encantan los déspotas mientras los tengan bien lejos. Así lo dice: "Con esa carta, que algunos bien intencionados, que no sufrieron sus crueldades, han considerado la manifestación libertaria primigenia por la independencia de este Nuevo Mundo". ¿Cómo se explica esto? No podría explicarlo, porque yo nunca la he sentido. Puedo suponer que se trata de carencias, de tener patrones referenciales familiares, será, no sé, del entorno en el que la gente ha crecido y se ha desarrollado... Quizá por tener ese tipo de figuras, autoritarias y crueles, demasiado presentes en su vida. Los intelectuales venezolanos siempre han señalado esa tendencia de ciertos sectores a seguir "al hombre a caballo", como decía Andrés Eloy Blanco, a la figura autoritaria.
Hay también la fascinación de cierta izquierda europea y de campus universitarios norteamericanos por desalmados con aura mítica. Es una fascinación que opera a distancia, siempre y cuando no sean ellos los que tengan que sufrirlo. Creo que la gente, muy particularmente los líderes y las figuras históricas, debe evaluarse a partir de su cotidianidad de hombre común y no por un gesto aislado, por heroico que sea. Qué es más heroico, participar en un intento de golpe de Estado o llevar a tus hijos puntualmente al colegio durante diez años. Normalmente, los héroes épicos han tenido una vida familiar desastrosa, porque no construyen nada, no son capaces siquiera de convocar los esfuerzos básicos que son naturales para el hombre más simple. Quienes no padecen la crueldad de estos líderes, su capacidad de hacer daño, se pueden permitir ser tolerantes e indulgentes con ellos.
La carta de Aguirre remata con una referencia a las "gratificaciones" que deben ser tributadas a las masas. "No puedes llevar con título de Rey justo", dice el Tirano Aguirre a Felipe II, "ningún interés de estas partes, donde no aventuraste nada, sin que primero los que aquí trabajaron sean gratificados". Más adelante, usted hace un guiño al apuntar que Lope de Aguirre "dio nacimiento al populismo latinoamericano (por lo de la gratificación)". Ese es el mismo reclamo que los legionarios centuriones hacían a Roma... detrás de eso no hay sino la visión de que hay un botín que deber ser repartido y que a quienes participan en su conquista le corresponde una buena tajada.
¿De qué diría usted que se trata el cuento "Los trajes negros del profesor Subero"? Creo que de la amistad. La relación entre el sastre y sus clientes era básicamente de cómplices, de respeto mutuo, y del conocimiento del otro y de sus necesidades. El profesor Subero sabía que mi padre, el sastre, no andaba sobrante de dinero y por eso hace lo que hace en el cuento.
"Pedro Leonét contaba películas", así comienza uno de los cuentos, que trata de la necesidad de narrar. Eso arranca conmigo mismo. Yo estudié primer grado, cuando tenía 5 años, en la escuela de El Maco, cuyo nombre oficial era Caserío Bolívar.
Era, pues, no más que un caserío. El Maco eran dos hileras de casas, con calles de tierra.
Desde luego, no había cine (en La Asunción sí). Cuando yo llegaba el lunes al Maco, después de haber pasado el fin de semana en La Asunción donde vivía, les contaba a mis compañeros, con lujo de detalles, la película que había visto en el matiné del domingo. Había veces en que, por alguna circunstancia no iba al cine, y cuando llegaba a la escuela encontraba el corrillo de compañeros para que les contara su película. No me quedaba más remedio que contarles una historia de mi cosecha, una película propia, digamos. Aunque nunca alcancé en tan elevado arte la maestría de Pedro Leonét, el personaje de mi cuento. Desde entonces estoy metiendo embustes por la vida.
¿Y sí son embustes lo que nutren la narrativa de los escritores? Son mentiras... sólo en el pequeño sentido de que quizá no han ocurrido en la realidad los hechos que uno narra. Es muy posible que lo que uno cuenta como episodios propios no le han ocurrido a uno, pero muy bien podrían haberle pasado a otros, en otros lugares y en otros tiempos.
Narrar es una compulsión que no tiene explicación.
Por lo menos, yo no la tengo para la mía. Quizá se funde en la narración oral de los margariteños en la que crecí y me nutrí. Lo cierto es que hay un deseo de agradar, de entretener a quien nos escucha (a quien nos lee). Cuando escribo intento que los lectores disfruten lo que les estoy contando.
¿En qué está trabajando ahora? Estoy investigando para una novela sobre una bella mujer madura que se va a vivir a Margarita y se tropieza con una dura realidad. Espero escribirla el próximo año.
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viernes, 29 de octubre de 2010
de un infante de margarita

EL NACIONAL - Miércoles 27 de Octubre de 2010 Cultura/5
LITERATURA Margarita infanta es la publicación más reciente de Francisco Suniaga
Memorias de una niñez sin televisión son referidas en 17 relatos cortos
El autor recuerda su infancia en La Asunción en un libro que escribió antes de La otra isla (2005)
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ
Un lugar común de la literatura es pensar que "la patria es la infancia". La frase que los críticos e historiadores de las letras le adjudican al poeta francés Charles Baudelaire pertenece, palabras más palabras menos, a muchos escritores, entre ellos J. M. Barrie, Gabriela Mistral, Rainer Maria Rilke o Antoine de Saint-Exupéry. Ahora le toca el turno a Francisco Suniaga trazar paralelismos entre las dimensiones del tiempo y el espacio en las que habita un hombre en sus primeros años, como se lee en su más reciente libro, Margarita infanta (Random House Mondadori).
El escritor, que nació en La Asunción en 1954, presenta 17 cuentos en 120 páginas que tienen la belleza nostálgica de la niñez. En uno recuerda que así echándose cuentos, en el cine, oyendo a sus padres hablar y jugando en las calles del pueblo se divertían los muchachos antes de que existiera la televisión, en una isla que apenas comenzaba a asomarse al progreso con el primer ferry.
"Son escritos referidos a una situación que nos pareció (...) que requería tratamiento urgente: la modernidad poco a poco comenzaba a demoler el mundo margariteño en el que fuimos felices", señala en el prólogo, al que le sigue una breve viñeta en la que reflexiona sobre la capital del estado Nueva Esparta y que titula "La ciudad". En ella sienta las bases de la añoranza que atraviesa todo el tomo: "La Asunción hace ya mucho tiempo siguió su camino con ese andar incierto y pesado de las viejas capitales coloniales, pero mi infancia, en cambio, no se ha movido de lugar".
El autor de El pasajero de Truman (2009) indica que la publicación trata de darle respuesta a la gente que quería saber qué había escrito él antes de La otra isla (2005): "Son relatos muy margariteños, de La Asunción, que de alguna manera están proyectados en mi primera novela".
Un ánimo parecido se lee en "Tirano", una postal en la que relata la leyenda de Lope de Aguirre alias el Loco, el Traidor, el Tirano y del fantasma que, antes de la electricidad, asustaba a los niños del pueblo.
Allí se queja de la inseguridad que hoy se vive en su terruño: "Algunos margariteños, a pesar de que cuando niños vivieron bajo el temor constante de su amenaza, se preguntan si no habrá manera de hacerlo regresar, que vuelva a tomar su lugar en las noches margariteñas, porque el miedo sin fantasmas de ahora es otra cosa".
Los personajes de Margarita infanta se fueron de los pueblos venezolanos con la modernidad. El profesor regañón, la abuela dicharachera o el cuentacuentos que relataba películas quedaron para las páginas.
"Margarita es el paraíso de la literatura oral, allá todo el mundo es un literato de la oralidad. Si se sentaran a escribir, la isla estaría por encima de cualquier capital literaria en cuanto a las estadísticas de producción de escritores en el mundo. La necesidad de narrar cuentos influye mucho en uno", afirma el escritor que ahora se dedica a afinar los detalles de su próxima novela, en la que una mujer se muda a Margarita para reencontrarse consigo misma.
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sábado, 16 de octubre de 2010
neoespartana infancia

EL NACIONAL - Sábado 16 de Octubre de 2010 Opinión/7
El país de la infancia
SERGIO DAHBAR
A finales de los años ochenta del siglo pasado la figura de Sam Shepard, el intelectual, ya era un ícono de la cultura estadounidense. Se había convertido en dramaturgo de enorme trascendencia, narrador de poderosas imágenes y dramas amorosos incendiados, actor notable y una de esas estrellas que pasaban como un meteoro por Hollywood.
Recuerdo una entrevista que le hicieron en la revista Rolling Stone, en la cual desplegó su particular mirada sobre la mitología del oeste americano.
Allí se refería a la ya olvidada tradición del caballo, no tanto como medio de transporte, sino como forma de conocimiento del ambiente que nos rodea. Repetía entonces que nunca miramos el horizonte igual si andamos a pie o encima del lomo de un animal bronco.
En esa larga conversación se refirió al país de la infancia, territorio inexistente ya, pero al que volvía a través de la literatura como si por esa puerta de la narración pudiera regresar a un lugar mágico en el que el asomo de felicidad (como diría el fantasma de Emil Ajar, Román Gary) no siempre se cumplía en la adultez.
He recordado estas palabras con una claridad insistente a partir de la lectura del más reciente libro del escritor venezolano Francisco Suniaga, Margarita infanta (Mondadori, 2010), que acaba de aparecer en las librerías con una sugerente tapa en la que se reproduce una foto del autor en la infancia, de la mano de su hermano.
Uno podría preguntarse qué sentido tiene ilustrar un libro de cuentos con una imagen familiar. Pero esa pregunta resulta retórica, salvo que no se conozca la obra de este margariteño que ha trasmutado el cuento popular en gran literatura, con una materia prima muy personal.
Margarita infanta reúne 16 cuentos sobre una época desaparecida ya para el autor, un momento de gracia de la isla de Margarita. No habían llegado aún los constructores a modernizar autopistas, centros comerciales, supermercados y urbanizaciones, ni los restauradores de la cocina típica a fundar fogones sofisticados. Ni se habían bajado de los ferrys las hemorragias de turistas.
Margarita era otro lugar muy distinto del que todos disfrutamos hoy, siempre rodeado de agua por todas partes, pero menos globalizado y contemporáneo. Era una isla donde el tiempo pasaba de una manera singular por la vida de sus pobladores.
Como ya había ocurrido con La otra isla y El pasajero de Truman, Suniaga regresa a ese territorio que pareciera ser suyo y encontrarse absolutamente encadenado a su naturaleza más esencial: contar buenos cuentos de sobremesa. Todos guardamos historias acumuladas a lo largo de la vida, pero Suniaga sabe narrarlas como pocos.
Por su libro más reciente, pero en realidad por su memoria, aparecen y desaparecen contrabandistas, turcos que fotografiaban familias, sastres que recogían la crónica pequeña y sabrosa de la comunidad, maestros que castigaban la ignorancia con reglazos, circos que llegaban de incógnito en una noche y poblaban de fantasía una rutina a veces triste y adormecida.
Descendiente de los fabuladores más genuinos y desopilantes de la isla, Suniaga registra con particular afecto seres que parecen inventos maravillosos. Ahí está para una muestra Cachón, un hombre que odiaba Estados Unidos por razones sanitarias y metafísicas, que son las que valen la pena.
Suponía este margariteño que el programa espacial del imperio perturbaba la paz de los muertos.
Cachón convenció a su audiencia cautiva de que tenía un carro ultraliviano y resistente con el que volaba por el planeta a sus anchas. Había sobrevolado Egipto, la muralla China, las tierras pobladas de animales exuberantes de África, la estepa siberiana y los rascacielos de Nueva York.
Como escribe Suniaga, con especial afecto sobre su héroe de infancia, "escucharlo era como leer a Julio Verne pero mejor porque decía mentiras tan descomunales y tan hermosas que era intolerable pensar que no fueran verdades". Cabe preguntarse si esa enfermedad era nada más de Cachón, o si ya no contagió irremediablemente al mismo Suniaga.
Cada lector encontrará un texto que será su preferido en esta colección emotiva de una infancia que no volverá. Mi preferido es sin duda el que refiere la foto de tapa: "El retrato". Como en todos los cuentos de Suniaga, hay que dejar que sea él quien lo narre, porque en ese terreno resulta insustituible.
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martes, 11 de mayo de 2010
La actual narrativa venezolana (II)


EL NACIONAL - Sábado 01 de Mayo de 2010 Papel Literario/6
Percepciones acerca de la novela en nuestra narrativa
ILDEMARO TORRES
Qué estás leyendo? Pregunta frecuente entre amigos, contertulios en una mesa de café, o parejas en medio de un naciente romance; y la respuesta, como festivo inicio de gratas conversaciones, va del título de una novela a la mención de su autor, y si es bueno y conocido, a la mención de otras obras suyas ya leídas. La novela como género siempre ha tenido consecuentes seguidores, dados fielmente a su búsqueda y degustación. Ha sido objeto de estudio, en su evolución con el tiempo y sus cambios temáticos, siendo ella en sí misma un tema que apasiona.
Puede hacerse un recorrido por los títulos publicados en determinado período, por su grado de aceptación, sus méritos y trascendencia; y es perfectamente complementaria de ese recuento, la secuencia cronológica y de variada procedencia, de juicios valorativos emitidos con conocimiento y objetividad por tantos escritores de renombre.
En entrevista a José Balza, publicada en El Nacional el 6 de febrero de 2010, se le consultó si podía reconocer talentos en la generación de autores contemporáneos, el escritor respondió: "Hablar de contemporáneos no significa referirse a una década sino, por lo menos, a 50 años", y citó como ejemplos la poesía de Guillermo Sucre o la de Luis García Morales, las novelas de Carlos Noguera, Vagas desapariciones de Ana Teresa Torres y La otra isla de Francisco Suniaga, el trabajo de Rubi Guerra o de Rafael Arráiz, los libros de Krina Ber y Silda Cordoliani, los ensayos de Tomás Straka e Inés Quintero, la obra admirable de Octavio Armand, "y de tantos otros".
Por su parte, en el N° 7 de la revista Pulso Médico, del Centro Médico de Caracas, el Dr. Ricardo Tobío Martell encargado de la sección "Pulso literario", dice en su entrevista a Oscar Marcano: "Es reconfortante que en la Venezuela de estos tiempos, tan fragmentada, tan ideologizada, encontremos un grupo de escritores de tanta calidad y oficio, y tan alejados del poder. Nombres como Alberto Barrera Tyszka, Oscar Marcano, Eduardo Liendo, Francisco Suniaga, Federico Vegas, Ana Teresa Torres, Fedosy Santaella, Victoria De Stefano, Inés Quintero, están en las manos de más y más lectores todos los días".
Hemos sido afortunados de ser acompañados y muchas veces guiados por la visión inteligente y el buen decir de creadores como Adriano González León, Orlando Araujo o Salvador Garmendia; y tener con nosotros a nuestra Elisa Lerner, con su magnífica obra y su disposición a trazar caminos nuevos y luminosos. Está Jorge García Tamayo, en cuya novela Escribir en La Habana nos reveló que más que el mérito de la no evasión de una realidad, está el de ir al encuentro de la misma y desde su seno percibirla y permitirse objetarla; una novela en la que van de la mano realidad y ficción, en uso eficiente de una técnica narrativa a su vez equilibrada entre el rigor de un escritor serio y el juego festivo de un narrador con sentido del humor; de su prosa dijo Eduardo Liendo que es "verdaderamente espléndida".
En su artículo "La novela en la historia" del 23 de diciembre de 1990, a propósito de su entonces recién aparecida novela La visita en el tiempo, el escritor Arturo Uslar Pietri señaló: "Con todo lo que ha pasado con la novela en este siglo, desde Proust, Joyce, Kafka y Thomas Mann, hasta Faulkner, Herman Broch, Italo Calvino o Kundera, resulta casi imposible hoy hallar una definición apropiada para esa cosa múltiple, variable e ilimitada que ha llegado a ser la novela. De sus antiguas fronteras, de ficción narrativa lineal, ha pasado a saltar muchas vallas, a incorporarse lo que parecía propio de otros géneros. Por ello es el género más abierto, universal y vario que la literatura haya conocido. En verdad, ha dejado de ser un género para convertirse en un lenguaje, en un medio de expresión, y casi en otra dimensión de lo humano".
En una entrevista que le hiciera a comienzos de 2010 la periodista Michelle Roche Rodríguez, el escritor Ednodio Quintero, al hablar del estado de las letras nacionales, marcó una diferencia entre literatura y venta de libros; él asegura que aunque hoy se venden más obras, la literatura venezolana siempre tuvo lo suyo y señala que fue la más vigorosa del continente desde 1924, cuando se editó Ifigenia de Teresa de la Parra, y la década siguiente, cuando Rómulo Gallegos publicó Cantaclaro.
Hace varios años Sergio Ramírez manifestó esta apreciación en entrevista concedida a Rubén Wisotzki: "La narrativa latinoamericana se ha alejado muchísimo del boom. En estos días es una referencia histórica, lo que presenta una situación bastante interesante. Algunos de los escritores del boom están escribiendo con mucha vitalidad, están buscando cómo renovarse o cómo volver sobre sus propios temas. Y eso es algo que llega también a la generación del posboom.
No estamos, por lo tanto, hablando de escritores de museo. Y luego están los escritores más jóvenes que ya no tienen la ambición de escribir esa novela ecuménica a la que hacía referencia Carlos Fuentes, esa novela escrita por capítulos en cada país de América Latina. Ahora hay una amplia diversidad de temas". También dijo: "Imaginar es más fácil que escribir.
Escribir es una traducción de la imaginación. Es difícil calzar en palabras lo que uno se imagina".
A juicio del escritor Oscar Marcano, "la novela desde los años ochenta para acá retoma el dolor en cualquiera de sus facetas (físico, espiritual, como pérdida...) como la causal del nudo; es decir, hay una iniciación, una trama o nudo y un desenlace, es una novela más eficiente, y es una fórmula que utiliza con mucho éxito el cine en Hollywood".
Miguel Gomes en el Papel Literario del 20 de febrero de 2010, al referirse a la novela Bajo tierra (2009) de Gustavo Valle, comenta: "Tal vez los mejores retratos de la estructura de sentimiento con que se organiza la vida venezolana de los últimos tiempos los están ofreciendo sus narradores (...) En esta novela, que escarba en los abismos, se esboza una arqueología moral tanto de la Venezuela más remota como de la que todavía tenemos ante nosotros: enigma para la sensibilidad, el entendimiento y la memoria".
En esa misma edición Paula Vásquez Lezama afirma que en la novela de Francisco Suniaga El pasajero de Truman (2009), Diógenes Escalante "es un hombre brillante pero dominado por una pasión", y esa observación la lleva a opinar que "quizás sea eso lo que nos toque hacer a los venezolanos de hoy, ahogados por las emociones y el acontecer: pensar en el fundamento de nuestros compromisos antes de sentarnos a escribir nuestra propia locura".
Y con miras a futuro vale citar lo dicho por Ernesto Pérez Zúñiga a propósito de la aparición de Combates, primer volumen de los cuentos completos de Ednodio Quintero: "Desde el primer cuento, sorprende una prosa poética que exhibe una actualización del simbolismo para el siglo XXI, un desarrollo narrativo de los hallazgos de Ramos Sucre y de Poe, una galería hacia la más pura de las matrices literarias, donde se funden la conciencia y el sueño".
Años atrás, en texto leído en el Ateneo de Caracas me permití este comentario: cuando se plantean "los desafíos de la literatura ante la realidad latinoamericana", se infiere una toma de posición por parte de los escritores, y ello se define en términos de compromiso o de indiferencia. La conciencia del compromiso puede ser teórica o vivencial; a este último caso se ha llegado entre nosotros a través --por ejemplo-- de circunstancias tales como el padecimiento por parte de muchos de nuestros pueblos, de crueles dictaduras militares.
Los escritores se ven afectados en unos casos por medidas de franco hostigamiento, y en otros por una suerte de operación de seducción que les aplica el sistema por vía de halagarles la vanidad y con un propósito específico de neutralización.
El escritor latinoamericano de hoy enfrenta la certeza de que ya nadie está exento de riesgos ni goza de seguridad, porque a los ojos de la barbarie los creadores no conforman un núcleo humano a ser reconocido y respetado en su integridad. El presente de América Latina pone igualmente ante el narrador un elemento adicional, representado por un lector que es diferente en cuanto a que rechaza la condición tradicional de marginal de la literatura y se percibe a sí mismo como tema, con derecho a una participación activa; un lector con el que no se puede mantener una relación emisor-receptor o dador-beneficiario, sobre todo en circunstancias en que al escritor aún le toca inventar las claves y crear las referencias, así como marchar con el lector al encuentro de lo que para ambos es nuevo.
En su obra El insomnio de Bolívar (2009), el escritor Jorge Volpi hace esta afirmación: "La novela del siglo XX y principios del XXI se ha convertido en una de las artes más conservadoras e inmóviles de nuestro tiempo. Mientras la música, el teatro y las artes plásticas han logrado asimilar la herencia de las vanguardias históricas y la experimentación formal del medio siglo, integrándolas de manera indisoluble en su discurso aun si emplean recursos más o menos tradicionales --la vuelta a la tonalidad, a la acción dramática o a lo figurativo--, en cambio la novela ha retrocedido casi por completo a las convenciones narrativas del siglo XIX".
El crítico Roberto J. Lovera De-Sola en la revista Conciencia Activa (N°21) comenta El crepúsculo del hebraísta de Atanasio Alegre; considera que "estamos ante una novela bien singular en nuestras letras", asimismo que ella es "una de las pocas novelas venezolanas que tocan asuntos universales" y que en este sentido hay que colocarla junto a La visita en el tiempo de Uslar Pietri; La ilusión del miedo perenne (1992) de Antonio García Ponce, acerca de la segunda esposa de Stalin; Pessoa, la respuesta de la palabra (1992) de Teódulo López Meléndez, acerca del pensamiento político del poeta; Nunca más Lili Marleen (2008) de David Alizo, sobre un asesino nazi; y El último fantasma (2008) de Eduardo Liendo, en torno a Lenin.
Llama también la atención sobre "un hecho literario que está sucediendo entre nosotros"; y lo detalla: "En lo que a literatura se refiere, dentro del vigoroso panorama creador que el país está viviendo, también están apareciendo algunos escritores que han esperado la madurez plena para publicar, han impreso sus libros después de los cincuenta años: Francisco Suniaga, Elisa Arraiz Lucca, Gisela Cappellin y el propio Atanasio Alegre".
Me permito sumar a dicha observación una personal: la constatación de la presencia numerosa y entusiasta de artistas, escritores y otros intelectuales en las presentaciones de libros. Un manifiesto aumento del número y frecuencia de dichos eventos, siempre cálidos, que aviva nuestra convicción de que Venezuela es un país firme en la decisión de ir siempre adelante, aún enfrentando circunstancias tan absurdas y adversas como las actuales. Parecería incluso que esa asistencia tiene una motivación adicional en lo político, equivalente a decir ante tanta ordinariez, tanta vulgaridad agresiva, "aquí está el país pensante, creativo, el de apego a valores éticos y culturales esenciales".
El escritor Javier Marías, en el discurso que pronunciara al serle otorgado el IX Premio Internacional de Novela "Rómulo Gallegos" (1995), formuló y respondió bellamente esta pregunta: "¿Por qué seguimos leyendo novelas y apreciándolas y tomándolas en serio y hasta premiándolas, en un mundo cada vez menos ingenuo? Parece cierto que el hombre tiene necesidad de algunas dosis de ficción, esto es, necesita lo imaginario además de lo acaecido y real. No me atrevería a asegurar que el ser humano necesita ’soñar’ o ’evadirse’; prefiero decir más bien que necesita conocer lo posible además de lo cierto, las conjeturas y las hipótesis y los fracasos además de los hechos, lo descartado y lo que pudo ser además de lo que fue. Las personas tal vez consistimos, en suma, tanto en lo que somos como en lo que no hemos sido, quizás estamos hechos en igual medida de lo que fue y de lo que pudo ser. Y todavía es hoy la novela la forma más elaborada de la ficción, o así lo creo. De ahí que acaso no sea justo lo que dije de que la novela relata lo que no ha sucedido. Quizás ocurra más bien que las novelas suceden por el hecho de existir y ser leídas".
Y Ángeles Mastretta al recibir dicho galardón dijo en su discurso, al que tituló "El mundo iluminado":
"Considero un privilegio el oficio de escribir como lo hicieron tantas mujeres y tantos hombres a quienes sólo rigió el deseo de contar una historia para consolar o hacer felices a quienes se reconocen en ella. Aún menos certeros que los geólogos, más empeñados en la magia que los médicos, los escritores trabajamos para soñar con los otros, para mejorar nuestro destino, para vivir todas las vidas que no sería posible vivir siendo sólo nosotros".
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