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domingo, 6 de septiembre de 2015

MATERIAS FAMILIARES

EL NACIONAL, 6 de septiembre de 2015. Papel Literario.
Guzmán, elipse de una ambición de poder. Un monumento a la ruindad
Ramón Díaz Sánchez escribió una biografía cuyas páginas bien podrían ser recorridas con la emoción que despierta una novela: aunque su protagonista sea un personaje de la historia venezolana; aunque los hechos que en ella se narran son absolutamente reales; y aunque todos los movimientos del personaje –que discurren en el entorno de una vida política y cotidiana– son relatados con un “preciosismo cinematográfico”, que apunta a establecer un pacto de credibilidad con el lector
Milagros Socorro 

“Los pueblos suelen comportarse como niños cuando en las horas de escoger rumbos se entregan a la tutela de un hombre providencial. El de Venezuela es un niño díscolo que añora la férula de Páez…”.
¿Por qué nos resultan tan familiares estas palabras? ¿Qué siniestra actualidad cobra por estos días tan radical afirmación? ¿Y por qué insólitos caminos nos llega tan claramente una voz emitida en 1950, fecha en que se publicó Guzmán, Elipse de una ambición de poder, biografía de Antonio Leocadio Guzmán, imponente obra de Ramón Díaz Sánchez (1903-1968).
La respuesta a estas interrogantes se encuentra en el proyecto que inspirara la monumental biografía del viejo Guzmán, escrita por Díaz Sánchez pocos años después de que los sucesos de 1945 torcieran para siempre la historia moderna de Venezuela. Con su personaje como coartada, el autor acometió un minucioso dibujo de los sucesos producidos en el país a partir de la consumación de la Independencia y la reciente fundación de las naciones soberanas, en el siglo XIX. Puesta la peripecia de Antonio Leocadio Guzmán en primer plano, se ofrecen como escenario los retortijones de la naciente república, una sucesión de convulsiones, desfile de montoneras, amagos de legalidad y una férrea vocación caótica que probablemente le sirvieron a Díaz Sánchez para esbozar la metáfora de lo que –tal como él temía desde su conservadurismo– le sobrevendría a Venezuela tras el derrocamiento de Medina Angarita y el ascenso al poder de las masas soliviantadas que venían a por lo suyo blandiendo la bandera de Acción Democrática y otras organizaciones recientemente creadas para servir de cauce a las antiguas aspiraciones de un pueblo que, según Díaz Sánchez, vive permanentemente en una “bárbara infancia”.
La sospecha de que la intención profunda que movió la concepción de Guzmán, Elipse de una ambición de poder fuera la de replicar –de manera soterrada– a los sucesos de 1945 proviene del hábito oblicuo de los historiadores venezolanos de la primera mitad del siglo XX de usar personajes y eventos del pasado como parábola para ilustrar hechos recientes, sin aludir a ellos de manera directa. Y proviene también de la evidente voluntad del texto de dialogar con el presente al punto de que aún hoy, a casi cincuenta años de su redacción, conserva intacta su inquietante capacidad de hacer actuales unos procesos correspondientes a la época en que la nación apenas despertaba de su sueño colonial. Al entrarle a esta biografía por alguno de los múltiples y variados accesos que permite, no se puede más que concluir que nuestra historia es cíclica y que a lo largo de los siglos vemos a los mismos personajes cruzar el proscenio con distintos nombres y leves matices que signan sus idénticas compulsiones.
¿Historia o novela? Interpretación
Guzmán, Elipse de una ambición de poder es un libro imprescindible para el lector local. Y lo es, sobre todo, porque es un libro estupendo; lleno de lances apasionantes, de grandes gestos y episodios miserables; también de situaciones de opereta, de intensos ridículos, de espantosas matanzas y solemnes actos de gallardía. Destila, pues, la vivencia venezolana; esa que hemos visto palpitar a lo largo de nuestras vidas y tememos ver reproducidas en el futuro si el destino se encrespa y desembrida.
En medio de un amasijo de ocurrencias decimonónicas destaca la figura de Antonio Leocadio Guzmán, retratado por Díaz Sánchez en casi 700 páginas (Editorial Edime, segunda edición, 1952), como un pícaro, oportunista, traidor, incansable criatura sibilina, capaz de echar a cualquiera a las llamas con tal de salvar su propio pellejo. Si al principio de su carrera lo encontramos llegando, casi a pie, hasta Panamá con el objeto de tomar un barco que lo llevara hasta Lima, donde se encontraba El Libertador, ya después lo veremos convertido en secretario del héroe, en su segunda consciencia casi; para luego ser testigos de su sigilosa manipulación de la confianza que Bolívar depositara en él y, posteriormente, de su abierta traición.
El país avanza a tumbos por todo el siglo XIX y en ese espacio zigzaguea hábilmente el formidable intrigante que terminaría su vida como la gran figura del liberalismo. Asistido por la ferretería de la novela, Díaz Sánchez arma su personaje sin abandonar ni un instante su manifiesta determinación historiadora: “Mi propósito al emprender esta obra”, dice en el prólogo, “no fue hacer una historia más de nuestro país, sino intentar una interpretación espiritual y moral de la vida de nuestro pueblo. Para esto nada mejor, pensé, que la utilización de un personaje señero, una figura viva capaz de tipificar las virtudes y los vicios de su tiempo”.
Lo que se termina tipificando allí es el hondo foso en el que se precipita la nación una vez desaparecido el noble procerato de la Independencia. Dejadas a su aire, las masas capitaneadas por una dirigencia de tres al cuarto marchan hacia el abismo. Y en el vocerío, en la confusión de la República temprana, las cosas están maduras para que la picaresca fragüe en su emanación cimera: este Antonio Leocadio que su biógrafo describe “silencioso, leve como una sombra pero con el oído atento a todas las voces y con la pupila fija en todos los ademanes” (p. 187). Cada uno de sus actos contendrá en su envés la intriga, el cálculo, la bocanada de aire que le dé impulso para una nueva voltereta política.
Antihéroe fascinante, llega a tal refinamiento su perfidia que hasta su casamiento con una pariente del Libertador y protegida de su hermana María Antonia, es una carta que el bribón se juega en su eterna apuesta por una posición más elevada. Así, señala el autor: “La verdad es que Guzmán no anduvo errado cuando se casó con Carlota Blanco. Esta unión, en medio de las angustias y alternativas de aquellas horas. Puede considerarse como uno de sus mayores aciertos políticos. El aprendiz es ya un maestro. La política femenina (o feminista, como la llamará después un agudo escritor venezolano) no carece del todo de eficacia en la Venezuela bolivariana. Igual que esas pedrezuelas que los supersticiosos usan como amuletos, la mujer venezolana comunica sus virtudes al hombre… Y no se equivocó este último (Guzmán), pues apenas casado, le fue ofrecido el empleo que antes solicitara sin éxito –la secretaría del Cuerpo de Policía recién creado–…” (p. 132-133).
De fundador de periódicos –y de paso, prominente pionero de cierto vituperante periodismo político en Venezuela– el protagonista deviene policía y meloso recién casado que, en cuanto ve caído a Bolívar, suspende sus requiebros a la desposada y le confiere “…un nuevo trato que impulsará a Guzmán, en más de una ocasión, a maltratar de hecho a su mujer. Dícese que en un rapto de ira la golpea brutalmente y que para evitar que salga a la calle durante su ausencia, aprisiona su cabellera entre las hojas de un escaparate cuya llave se lleva en el bolsillo…” (p. 140).
Preciocismo cinematográfico
Todos estos movimientos del personaje discurren en el entorno de una vida política y cotidiana que el texto capta con preciosismo cinematográfico. Es como si el detalle visual apuntara a establecer con total firmeza un pacto de credibilidad con un lector que, sin embargo, recorrerá muchas de estas páginas con la emoción que despierta la novela. Es historia: es la biografía de una persona real, que desencadenó hechos en la realidad; pero la tersura de la prosa, la tentación de abarcarlo todo –incluso los pensamientos del biografiado–, el volumen que adoptan las molduras más nimias del paisaje sugieren, en muchas ocasiones, la presencia de una gran fabulación centrada alrededor de un arquetipo florentino. El balance –reconoce Díaz Sánchez– “nunca es decisivo, pues siempre queda en la mente de quien juzga a Guzmán esta inquietante interrogación: ¿hasta qué punto es sincero este hombre? Guzmán es para el Libertador un enigma que no logrará resolver en el resto de su existencia. ¿Pero es que tiene interés en estos momentos en aparecer enigmático? No es presumible. Por el contrario, todos sus actos revelan el deseo de mostrarse como el más adicto de los amigos de Bolívar. No ignora que solo por este camino podrá llegar al destino que ansía” (p. 120-121).
Es posible que Guzmán no haya llegado nunca al destino que ansiaba. Pero solo posible –no probable–; por un lado, porque pudo ver a su hijo investido con las galas de presidente de la República; y por el otro, porque con todas las fluctuaciones que mellaron su vida de escalador social, llevándolo de los grandes salones a la cárcel, de esta al exilio y del destierro a un despacho de ministro; hizo casi siempre de poder detrás del trono, vio pasar el féretro de sus enemigos, estuvo ahí para atestiguar la caída de la vieja oligarquía, azuzó las masas cuanto quiso y vivió conforme a esa desmesurada idea que tenía de sí mismo. Eso, sin contar que hizo de la vileza una de las bellas artes: “En medio de la decadencia moral que revelan sus actos por esta época (1856), hay en ellos, no obstante, una capacidad de sufrimiento y una perseverancia para la humillación que resultan verdaderamente admirables. Aquí asistimos a una sorda apoteosis de la pequeñez y a un inconcebible heroísmo de la ruindad. Pocos hombres han sido tratados con tal desprecio pero asimismo pocos han sabido asimilar el desdén con semejante abnegación” (p. 402).
Es más de lo que se puede decir de muchos.
Sentimental y “surrealista”
*Fragmentos de su diario.
“Ahora mismo, cuando me veo prácticamente asediado por las manifestaciones de aprecio e incluso de admiración que me proporciona mi obra de escritor, me asaltan los recuerdos de la juventud cuando yo soñaba en este día lejano. Soñaba yo, en la penumbra de mi pueblo –Puerto Cabello– con llegar a ser algún día un escritor, en saberme leído y estimado por ello. Contaba apenas diecisiete años, cuando, en el estrecho pasadizo de nuestra casita solariega me entregué con verdadera pasión a escribir una novela. En mis correteos por las calles de la pequeña ciudad iba recogiendo cuanto programa o volante impreso cayese en mis manos. Aquellas eran mis cuartillas. Con ellas en mis manos volvía a mi casa muy ufano y me entregaba febrilmente a la escritura. En el pasadizo había instalado una mesita de caoba, resto de pasados desahogos de mis padres y era allí donde escribía mientras mi madre aplanchaba en la sala, la ropa blanca de unos comerciantes alemanes”.
“Ignorante como un primitivo, yo era en mi rincón un espontáneo caso surrealista. Mi novela interminable, incoherente, arbitraria, auténtico producto del subconciente. Sus protagonistas iban de un lado a otro sin concierto, porque sí. Tan pronto estaban en los suburbios de Puerto Cabello como se les veía correr en la noche tenebrosa por las calles de Maracaibo, o de Caracas. Describía estas ciudades sin conocerlas, guiado solo por la fascinación que sus nombres y sus leyendas producían en mí…”.
“¿Por qué no ensayar de una vez mi propia definición? Soy un sentimental que nada contra la corriente de sus sentimientos... Soy un hombre del pasado que se romperá la cabeza buscando los caminos del futuro”.

(http://www.el-nacional.com/papel_literario/Guzman-elipse-ambicion-monumento-ruindad_0_696530357.html)
Ilustración: Último retrato de Antonio Leocadio Guzmán (https://commons.wikimedia.org/wiki/File:%C3%9Altimo_retrato_del_Sr._Antonio_Leocadio_Guzm%C3%A1n.jpg)

viernes, 10 de enero de 2014

EL OTRO TERRORISMO DE ESTADO

EL CARABOBEÑO, Valencia, 08 de enero de 2014
La mirada del cameraman
Milagros Socorro

De pronto, da la impresión de que la cámara se desliza con el ritmo de la piedad. Se detiene en unos pobres muchachos, que emplean un domingo de sus vidas en acudir a la Asamblea Nacional para gritar mientras hablen los diputados de oposición, esto es, para caracterizar la canalla.
En la primera sesión de 2014, la diputada María Corina Machado hace una intervención muy concisa, muy pertinente y de una valentía verdaderamente asombrosa, dado que allí, muy cerca, en los palcos y galerías se encuentra en gran número lo que el diputado Luis Barragán ha denominado “el relleno parlamentario”: una pobre gente “exclusivamente administrados y manipulados por el oficialismo”, como dice Barragán, que están allí para “gritar, amenazar y vituperar al diputado opositor con la venia y el regocijo de la dirección de debates”.
La grabación en video de este domingo 5 de enero lo muestra en todo detalle. La diputada Machado afirma: “Estamos constatando cómo se pretende aniquilar la democracia y demoler la república. Hemos visto cómo se está designando esta directiva y esta secretaría, que nos han negado el derecho de palabra, apagando la voz de un pueblo al que quieren callar”.
El lente capta los palcos y galerías. Los asistentes están tranquilos. Algunos lucen, incluso, absortos en la exposición de la parlamentaria, que exhibe una notable capacidad expresiva y pulcra dicción.
Machado testifica con voz firme y sin excesos histriónicos los atropellos de la secretaría de la Asamblea contra el derecho de expresión de los diputados democráticos y el derecho a la información de la sociedad, vulnerado por la prohibición de entrada de los medios al hemiciclo, así como el uso del canal de televisión de la AN “para atacar la dignidad humana de los diputados” de oposición.
La visita sigue callada, expectante. La cámara los recoge con lentitud para mostrarnos su humildad.
“Esta directiva completamente cómplice del gobierno más corrupto de la historia de Venezuela”, dice Machado. Y entonces empiezan los gritos. Es como si esa gente de tan precaria condición no soportara escuchar la más mínima mención al latrocinio que se produce ante sus ojos y con su venia.
“Cientos de planteamientos, cientos de denuncias hemos formulado”, sigue la diputada Machado sin alterarse, con el tono de quien está cumpliendo con su deber y no habrá morralla que le impida hacerlo. “Y ni uno solo ha sido investigado ni sancionado”.
La bulla aumenta. “La indolencia que hemos visto...”.
El cameraman se demora en unos muchachos de estampa proletaria que sobreactúan su diversión.
“...ante denuncias como la de la Refinería de Amuay. El horror de las fronteras, donde la guerrilla está asesinando a niños venezolanos y que aquí se han negado a investigar. El año pasado, cada 20 minutos asesinaron a un compatriota venezolano y aquí se han negado a atender los planteamientos que hemos hecho para discutir y corregir esta situación. Lo mismo con la humillación de la escasez y la inflación. Es una Asamblea absolutamente sumisa al poder, que ha entregado una Ley Habilitante...”.
En este punto, los militantes del alboroto se exacerban. Empiezan a gritar: “Chávez vive...” como si reconocieran que el muerto se prolonga en los crímenes que Machado señala. El cameraman se concentra en ellos, a quienes vemos mientras la diputada persiste en sus graves acusaciones. Los gritones son la ilustración viva de aquella frase de Bolívar: instrumento ciego de su propia destrucción.
Diosdado Cabello se suma a los chillidos y aplausos. El camarógrafo parece tener presente lo que dijera Hermann Escarrá en 2009: “... las acciones tumultuarias que permanentemente observamos y los atentados contra la libertad de expresión”.
O lo que pronosticara el mismo Escarrá en 2007, sobre la Reserva: “...al final su movilización será frente a la resistencia, frente a la disidencia ciudadana en Venezuela, frente a la oposición en Venezuela”.
La intervención de María Corina Machado, lección de responsabilidad y coraje, tuvo lugar menos de 48 horas antes del asesinato de Mónica Spear, que ha conmocionado al país. Y cuando aludió a las muertes por violencia, el relleno parlamentario, con Diosdado Cabello a la cabeza, intentó acallarla.
Cómo no mirarlos con lástima. Cómo no observarlos con la desolada dilación que les dedicó el anónimo cameraman.
http://www.analitica.com/va/politica/opinion/7200466.asp

viernes, 27 de diciembre de 2013

CUADERNO DE BITÁCORA

Los líderes políticos, empresariales, sindicales, científicos, etc., por lo menos en este rincón del mundo, frecuentemente lo abandonan sin dejar el tesimonio personal de lo que hicieron o deshicieron, inventariando los acuerdos y desacuerdos suscistado, lugarizando el tiempo. Son numerosos los archivos personales que se diluyen y las instituciones capaces de recibirlos, ordenarlos y ponderarlos hasta publicarlos. Se dirá, con sobrada razón, sobre las flaquezas de nuestro mercado editorial, pero hay testimonios necesarios de preservar y de avaluar en un urgente ejercicio histórico, sobre todo cuando el poder establecido tiene también por prioridad la de reversionar el pasado.

Días atrás, aparecieron los volúmenes iniciales de las memorias de Américo Martín, los cuales adquiriremos pronto, procurando equilibrar el presupuesto en casa, porque se trata de un protagonista ineludible del acontecer político que, según la naturaleza de los eventos, jamás se agota excepto la desaparición biológica. Y hasta esto tiene sus excepciones, pues, por algo vivimos la era antes inimaginable de la necropolítica.

Martín cuenta con sus amigos y enemigos, como luce natural en toda polémica cívica.  Hubo aciertos y desaciertos en su trayectoria que irritaba a viejos compañeros de causa, pero muy pocos son capaces de cuestionar una dimensión del obrar que lo caracterizó: la tinta. Pudo llevar y llevó sus posturas a la página impresa, como acaecía con una contrastante frecuencia antes, prestas al debate.  Que sepamos, desde el ensayo en torno a Marcuse y el aburguesamiento de la clase obrera, pasando por títulos incendiarios como "Los peces gordos", hasta sus indagaciones sobre el futuro cubano, el que más recientemente le leímos un lustro atrás, fuera y dentro de la tribuna parlamentaria, ha sido un disparador de planteamientos. Y no pretendemos ahora hacer un balance de sus inquietudes intelectuales, las que se asomaron en las más remotas contribuciones de la prensa, con o sin Haya de La Torre, acarreándole sanciones partidistas, sino acentuar el hecho por siempre inédito en este siglo XXI de la pluma que inquieta y del editor que se atreve a auspiciar inquietudes. Además, mejor nos introduce Manuel Felipe Sierra en su entrega de hoy:

"EL NACIONAL - Viernes 27 de Diciembre de 2013     Opinión/6
Al compás de los días
Memorias de Américo
MANUEL FELIPE SIERRA

Américo Martín ha escrito los primeros dos volúmenes de sus memorias: Ahora es cuando (1945 -1960) y La terrible década de los sesenta (1960-1969). Con tan solo 15 años se incorporó a las luchas estudiantiles contra el perezjimenismo y se inscribió en Acción Democrática en plena clandestinidad, enfrentado a la furia represiva del régimen.

Conoció las cárceles y fue sometido a brutales torturas en la Seguridad Nacional hasta la misma madrugada del 23 de enero de 1958, cuando desde una claraboya de la Cárcel Modelo de Caracas pudo observar el estallido de gritos y banderas que celebraban la huida del dictador. Después vendría la difícil etapa de la provisionalidad de Wolfgang Larrazábal y Edgar Sanabria, que culminó con el triunfo presidencial de Rómulo Betancourt, el cual logró después de vencer la resistencia (incluso de sectores de su propio partido) y de interminables negociaciones. Martín, testigo de aquellos años, pone en claro circunstancias y episodios generalmente desconocidos, pero que permiten una interpretación más certera de los hechos que marcarían los verdaderamente terribles y difíciles años siguientes.
Las memorias, que para los políticos con una vida entregada a los sobresaltos de la lucha son una suerte de rendición de cuentas, de recapitulación de vivencias ya juzgadas por el público, permiten también reforzar las visiones y posiciones políticas del autor.
Ambos elementos están presentes en los trabajos de Américo.
Pero a ello se añade (y allí radica un mayor interés e importancia de estos testimonios) un sabroso relato de vida, un repaso autobiográfico que escapa de lo puramente político para describir la vida cotidiana de la Caracas de la época, las hazañas del béisbol, las transmisiones radiales, los fastuosos Carnavales y los cambios urbanísticos que dan cuenta de una ciudad rutilante gracias a los milagros del "cemento armado" y la riqueza petrolera.
El segundo volumen, La terrible década de los 60, aborda de manera prolija los antecedentes de la lucha armada de la cual Martín fue protagonista como comandante guerrillero y, desde luego, sus relaciones con Fidel Castro durante su permanencia en Cuba, cuando el líder cubano se convirtió en factótum de la fracasada aventura armada. A través de anécdotas y recuerdos describe una etapa de nuestra reciente historia, cuyo conocimiento y valoración resultan indispensables para una mejor comprensión de los años, también terribles y difíciles, que el país ha vivido en las últimas décadas. Sin duda, se trata de un valioso aporte de Martín y la editorial Libros Marcados, en la tarea de ahondar con rigor en las claves del proceso histórico venezolano".

Texto que puede complementarse con una entrevista realizada por Milagros Socorro: http://milagrossocorro.com/2013/07/americo-martin-se-ha-echado-a-las-montanas-de-la-evocacion/. Por cierto, debimos fotografiar los dos tomos que tuvimos a la mano en Tecni-Ciencia (ya parecen no existir las librerías donde hay un librero a la mano, con sus comentarios), pues, la red de redes, no dispensa las portadas grandes y nítidas como es de esperarse, por lo que debmos recurrir a la fotografía que exhibe su hija, Marialejandra Martín, en las redes sociales, adecuándola (https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10152113950979124&set=t.536520808&type=3&theater).

Parecido a aquella anécdota de Jaimito sobre el eefante y la hormiga, al hallarse en medio de un examen escolar, referirse a Américo Martín es hacerlo con el MIR y, así, nos permitimos consignar las dos imperfectas reproducciones de portada de sendos encartados que están todavía en nuestros archivos: una, campaña electoral de 1978 y la magnífica consigna que empleó, "Manos limpias al poder", descubierta por el candidato presidencial mismo, según le escuchamos en una oportunidad; y, la otra,  constando el apoyo del partido a la opción de Teodoro Petkoff en los comicios de 1983, antes de fusionar la organización con el MAS.

LB

sábado, 21 de diciembre de 2013

AÑO CARTELÚO (1)

EL NACIONAL - Domingo 15 de Diciembre de 2013     Opinión/9
Apuntes sobre la calle
MILAGROS SOCORRO

La inmensa y flagrante cadena de abusos perpetrada por el gobierno, antes y durante las elecciones del 8D, está a la vista del mundo.
Todo está disponible en Internet, palpitante en su bajeza, denuncia viva ante los ojos de quien quiera verlo. Y, sin embargo, hay quien, incluso haciendo el inventario de las evidentes irregularidades, concluye que la culpa de la tragedia venezolana es de una oposición que no ha querido desalojar al régimen destructor, básicamente por su cobardía y su negativa a mandar a la gente a tomar las calles.
Veamos un análisis típico. Allí se enumera que: 1) el TSJ y todo el sistema judicial fueron transformados por Chávez en un apéndice del PSUV, con oficiales activos del ejército elegidos como jueces, "algo que ni siquiera los peores dictadores latinoamericanos osaron hacer"; 2) todos los medios masivos de comunicación, salvo pocos diarios impresos, han sido estatizados o vendidos a testaferros del gobierno, incluidas 300 estaciones de radio expropiadas en los dos últimos años, "con lo cual durante la campaña para el 8-D, la oposición fue prácticamente invisibles en los medios".
3) Líderes sindicales han sido encarcelados, exiliados o apaleados por hordas chavistas; 4)los directores de campaña de Henrique Capriles son acosados, atacados por matones del PSUV, destruidos moralmente sesiones de la AN y torturados por las fuerzas represivas del Estado; 5) los empresarios no se atreven a hacer contribuciones a las campañas por miedo a ser perseguidos o a que sus negocios sean mandados a saquear; 6) las conversaciones privadas de los líderes de oposición son grabadas y divulgadas por altos funcionarios en ruedas de prensa convocadas con ese fin.
7) A Capriles le hicieron atentados impunes en varios lugares del país; y el gobierno le impidió usar transporte aéreo; 8) el uso de los recursos del Estado para las campañas oficialistas fue grotesco, así como el comportamiento del CNE, ciego ante las infinitas violaciones de la ley.
9) el pueblo opositor debe enfrentarse con fuerzas hostiles de orden legal (policías y fuerzas armadas) e ilegal (turbas de motorizados enviados por el Gobierno); 10) cada vez se descubren más nexos de los gobiernos de Chávez y de Maduro con el narcotráfico y mafias de todo pelaje.
Esta semana el ABC, de España, publicó informó de que cuando Maduro era canciller medió para que el FMLN mejorara su acceso al tráfico de drogas, naturalmente usando para ello el territorio de Venezuela.
La mayoría de los observadores admiten este contexto parcialmente o en bloque y, sin embargo, muchos de ellos siguen ese camino para concluir que "los líderes de la oposición continúan comportándose como si Venezuela fuera Suiza y la victoria a través de las urnas fuera una posibilidad real". Repiten la mentira según la cual la oposición "ha llamado a sus seguidores a no transformar su enojo y frustración en actividad en las calles".
Y no falta quien reclame que Venezuela no haya seguido el camino de Siria o Egipto, como si esos dos castigados pueblos vivieran hoy algo distinto a una guerra civil o a la apropiación del poder por los militares. Da la impresión de que a Venezuela se le reprocha no haberse sumido en una guerra civil, negando con ello las muy sexy tomas de un huracán de sangre en el Caribe.
La verdad es que la Unidad Democrática está amarrada, por diseño de esa coalición de organizaciones políticas, a los métodos democráticos para enfrentar un gobierno que no lo es. Eso implica, naturalmente, un camino largo, que exige mucha paciencia y estaciones para reflexionar y afinar estrategias.
Venezolano opositor que no esté dispuesto a seguir la tediosa senda democrática, puede irse por la más rápida. El verdadero radical, que no está hablando paja, es como el caballo viejo de Simón Díaz: "No le obedece al freno ni lo paran falsas riendas". Hasta el momento, no hemos visto ninguno que le eche pichón.
La verdad es que la oposición siempre ha estado en la calle, en esas miles de protestas, huelgas, paros cívicos y tomas pacíficas que diariamente se producen en todos los confines de la república.
La verdad es que la única ocasión en que Capriles disuadió a sus seguidores de salir a la calle fue el 17 de abril de 2013, después de varios días de manifestaciones (por las que el régimen lo tildó de asesino), atendiendo informaciones de aliados que en el interior de los cuerpos represivos según las cuales el régimen estaba listo para reprimir con violencia.
La verdad es que el camino a la democracia de Venezuela no empieza en Miami ni mucho menos en las barras de los conspiradores. Aún así, largo y tortuoso, ya tenemos mucho avanzado. Y seguimos.

domingo, 15 de diciembre de 2013

IMPRESCINDIBLE

EL NACIONAL, Caracas, 12 de julio de 1998
Sí: Padre de la Patria
Jesús Sanoja Hernández

La bibliografía sobre Bolívar es tan grande como su proyección histórica. No fue hombre para morir con su época, y donde se hurgue, en su acción infatigable como en sus ideas, expresadas en cartas, manifiestos y discursos, se encontrará riquísima cantera. No se olvide aquel artículo cabrujiano donde se deslizó el término "loquito" para calificarlo (como antes lo había hecho don Pepe Izquierdo) y la polémica que, por semanas, se desató. Ni los bolivarianos a ultranza, como el fidelísimo Villalba Villalba, ni los radicales revisionistas de nuestro proceso histórico y sus héroes, nadie en fin que no perteneciera a cierta logia en formación, presentía entonces que el 4F estremecería al país con un movimiento cuyas siglas envolvían su nombre en un golpe de Estado.
Bolívar ha desatado pasiones, casi siempre no tan auténticas o legítimas como las que él puso por la libertad de su patria, la creación de otras y la fusión de tres en la Gran Colombia como parte del ambicioso e irrealizable proyecto de unidad latinoamericana. "La patria es América", decía, y por esos mismos días Monroe bautizaba fatal doctrina donde el continente aparecería, como legado para el fin de siglo y comienzos del actual, con una América partida en dos: al norte la gran potencia que irrumpió en el Caribe y Centroamérica para segregar a Panamá de Colombia, imponer la enmienda Platt en Cuba, intervenir a gusto y disgusto en República Dominicana, Haití y Nicaragua, y posesionarse de Puerto Rico; y al sur del Río Bravo aquella que podía ser invadida o, más piadosamente, sometida a la política de Washington.
En los países grancolombianos la cantidad de obras sobre Bolívar es inmensa, sobre todo en Venezuela y Colombia. Entre nosotros, y en su momento, abundaron paecistas y piaristas enfrentados a los bolivarianos, y en Colombia a éstos se les opusieron no pocos santanderistas, pero en general, luego de Felipe Larrazábal y Blanco Fombona, "el culto a Bolívar" ha sido la norma, cuestionada parcialmente por algunos historiadores de excelente formación académica.
Para tener idea de la repercusión de Bolívar en Europa bastaría consultar los tres gruesos volúmenes editados por la Presidencia de la República donde Alberto Fillipi ha recogido innumerables testimonios cuya lectura demostraría al más escéptico la proyección del pensamiento y acción del Libertador. Bolívar ha sobrevivido fácilmente a las críticas de Boussingault y Madariaga y hasta a la visión doctrinaria de Marx, al menos si le damos crédito al juicio de Jorge Abelardo Ramos en El marxismo de Indias. En la ex Unión Soviética la revista América Latina dedicó una edición especial a Bolívar y un muy conocido historiador, Lavretsky, que estudió obra y vida de Ernesto Guevara y Salvador Allende, en la parte final de su biografía Simón Bolívar citó, a propósito del artículo de Marx, aquella inobjetable advertencia del Libertador: "Para juzgar de las revoluciones y de sus actores, es menester observarlos muy de cerca y juzgarlos muy de lejos".
Bien hizo la Biblioteca Ayacucho al escoger como título primero de su colección a Doctrina del Libertador y cederle el prólogo a Augusto Mijares y la compilación, notas y cronología a Pérez Vila. Mijares, en su ejemplar libro El Libertador había incursionado en el misterio o enredo de "las supuestas cartas de Bolívar para Fanny Du Villars", terreno tocado antes por Marcos Falcón Briceño. Pudo aclararse entonces, que la verdadera destinataria no era Fanny sino Teresa de Laisney, casada con Mariano de Tristán. Y de paso que la famosísima Flora Tristán no era hija de Bolívar.
Ni nieto Paul Gauguin, el de la pintura atrapada en Tahití. Bolívar no dejó hijos. Bastante tenía con haber sido Padre de la Patria.

Cartas y discursos del Libertador
Tanto puño como letra
Milagros Socorro


Como esos niños rusos, pálidos y excéntricos, célebres por mantener a la vez docenas de pujas en multiplicados tableros de ajedrez, es fama que Bolívar era capaz de dictar varias cartas al mismo tiempo mientras se paseaba por la habitación sosteniendo un libro en la mano, que cada tanto se detenía a revisar. Y otras veces, tal como ha quedado registrado en los testimonios de quienes tenían acceso a él mientras hacía estos dictados, lo hacía meciéndose en una hamaca y silbando un aire republicano francés cuyo compás llevaba golpeándose los pies uno contra otro.
"Bolívar -escribió Rufino Blanco Fombona en el prólogo de su recopilación titulada Discursos y proclamas- dedica todos los días, horas enteras a su correspondencia, según consta de O'Leary de otros contemporáneos... Con los escribientes desfoga a veces su mal humor. 'Martel está más torpe que nunca', le dicta al propio Martel comunicándose con un corresponsal. En otra ocasión, el 8 de abril de 1825, expone, desde Lima, al general Urdaneta: `no tengo quién me escriba y yo no sé escribir. Cada instante tengo que buscar nuevo amanuense y que sufrir con ellos las más furiosas rabietas, por lo que me es imposible tener correspondencia con nadie".
A este ritmo, el de la fiera que salva la cuadrícula de su confín con zancadas de desasosiego e incontinencia verbal, Bolívar va acumulando esa descomunal escritura que nunca fue concebida como los diversos originales de libros diferentes -de etapas recortadas por los extremos en un proceso de producción intelectual- sino como un aluvión de ideas, gestos, afanes, sentimientos, rencores y proyectos que otro apunta -dejando en ello el aliento- con trazos de tinta fresca sobre papel como (imposible eludir la metáfora, obvia) rastros de sangre que fundaran un mapa sobre el territorio iletrado donde habrá de erigirse una nación, la nueva nación americana.
La escritura bolivariana, siguiendo el inventario de Manuel Pérez Vila, se mueve en un temario de amplio concernimiento que incluye: "los mensajes donde expone sus proyectos constitucionales; su concepto de la independencia y de la democracia; sus iniciativas en pro de la igualdad social; su lucha contra el peculado y la corrupción administrativa; sus ideas sobre el poder moral; su decidida promoción de la educación y la cultura; su visión americanista y universal; su repudio de la esclavitud y de la mita; su preservación del patrimonio minero, forestal, y de los recursos naturales no renovables, en general; sus medidas en pro de la infancia abandonada; su defensa de la soberanía nacional; su protección a la agricultura y a la industria".
Sentir las voces
Con excepción de aquellas primeras cartas que escribiera siendo un jovencito -originales, por cierto, que no destacan por su prolijidad ortográfica y que Mariano Picón Salas justifica en De la Conquista a la Independencia, diciendo que: "La ortografía en que el futuro Libertador escribe sus cartas es aún deficiente, pero todo lo compensa con la audacia y la energía de lo que ya hace y dice"-; el resto de la escritura de Bolívar precisa de la mediación de un secretario para aflorar en el folio. Su redacción no es, pues, ese ejercicio de cálculo y precisión donde se miden las destrezas de cualquier escritor (ese ejercicio de reescritura que gobierna en toda escritura) sino la respuesta, presurosa y radical, que imponían las circunstancias.
"Hay que admitir con Salcedo Bastardo", ha propuesto Domingo Miliani en País de lotófagos, "que Bolívar fue predominantemente un hombre de acción, un militar infatigable en el combate, un legislador afanoso, un constructor de nacionalidades constitutivas de una gran nacionalidad americana, proyectada aunque no lograda completamente por él. La intención dominante de su escritura es política".
Lo que implica que si la escritura de Bolívar reclama en ocasiones una lectura cargada de estremecimientos estéticos y emotivos, es decir, literarios, es porque ha logrado pactar con el lector y apelar de éste sensaciones que no parecieron estar planificadas en el momento de la redacción. Es lo que evidencia la interpretación de Arturo Uslar Pietri, quien en Letras y hombres de Venezuela, dejó apuntado que Bolívar: "Tenía en grado excelso el don de expresión de los grandes escritores. Lo que hacía correspondía a un pensamiento luminoso y se manifestaba en una expresión viva y hermosa. Sentía las voces. Pero, aún por encima de todo esto, es una de las almas más cargadas de sed trágica que hayan conocido los hombres. Nadie se ha parecido más a un mundo, y nunca un mundo tan extenso, complejo y arduo, se ha expresado con más plenitud en un alma.
No poca sensualidad
"Su gusto literario", afirma Uslar "se había formado en el neoclasicismo. Cuando con tanta donosura hace la crítica del poema de Olmedo, cita sin vacilaciones a Horario, a Boileau y a Pope. Pero cuando se pone a escribir se olvida de esa preceptiva tiesa y artificial, y no guarda de ella sino la invitación a la claridad. Su prosa tiene un vigor, una flexibilidad, un ritmo vital, que no se encuentra en ningún prosista castellano de su tiempo. Sus cartas y sus discursos revelan un excepcional don de expresión. Puede Bolívar tomarse por el primer prosista hispanoamericano de su hora".
No está demás destacar que, a pesar del notable -y nada común- entusiasmo puesto por Uslar para encomiar la obra de Bolívar, sus expresiones son, sin embargo, contenidas, si se las compara con otros exégetas que han encumbrado el pensamiento bolivariano al punto de ponerlas fuera del campo visual del lector, como esos globos que al elevarse se pierden en las nubes.
Por suerte, el sentido común ha comenzado a campear en las praderas de la crítica bolivariana y los vientos se aligeran con la circulación de puntos de vista como el de Elías Pino Iturrieta, quien propone una lectura menos retórica -menos neurótica- de la historia, en general, y de Bolívar, en particular. Por mi parte, humildemente, auspiciaría el saqueo intensivo de los muchos tomos de don Simón, embadurnar sus páginas de mostaza y arrancarle pedazos para insertarlos en ciertos relatos y novelas, de manera de dotarlos del artificio de la literaturidad.
Por lo pronto, traigo aquí una cita de mi preferencia (con la que concluye una carta a Manuela Sáenz, fechada en Ibarra, el 6 de octubre de 1826): "...No puedo más con la mano. No sé escribir". Por algún motivo, moviliza en mí gran ternura y -la Academia me perdone- no poca sensualidad.
Una bibliografía póstuma
Aunque escribía sin parar -podría afirmarse con solvencia que Bolívar dividió su vida entre la refriega y la escritura- el Libertador no era considerado, a la hora de su muerte, un hombre de letras. Se sabía, claro está, que su temperamento y las muchas urgencias de su pasión habían encontrado cauce idóneo en la expresión escrita pero muy pocos estaban conscientes del enorme volumen de sus textos, inéditos en su mayoría a la fecha de su deceso, el 17 de diciembre de 1830.
De la abundancia de la producción intelectual de Bolívar ha dado fe Manuel Pérez Vila, autor de la recopilación publicada por Biblioteca Ayacucho con el título de Doctrina del Libertador: "Se ha calculado en no menos de diez mil el número de documentos emanados del Libertador, entre cartas, oficios, decretos, mensajes, manifiestos, proclamas, proyectos constitucionales, discursos, artículos periodísticos, etc., desde el primero que se conoce -de 14 de octubre de 1795- hasta la carta que le escribió al General Justo Briceño, el 11 de diciembre de 1830, seis días antes de morir. Que este cálculo no es exagerado lo demuestra el hecho de que la Comisión Editora de los Escritos del Libertador, de la Sociedad Bolivariana de Venezuela, haya publicado hasta hoy once volúmenes con un total de 2.290 documentos, que llegan sólo al 31 de octubre de 1817".
Tan copiosa elaboración es comentada por Domingo Miliani, quien subraya el carácter inédito de la mayor parte de su escritura, en vida del autor: "Como productor de signos su obra madura comienza desde 1812. Tiene tres vertientes: a) la escritura para ser leída (proclamas y alocuciones a los pueblos en proceso de liberación); b) la escritura para ser oída (oratoria), formada por discursos cuidadosamente escritos, como el de Angostura, o dictados sobre la marcha de sus campañas; c) la escritura para ser guardada en confidencia (epistolario) o transmitida a título público de comunicación con sus oficiales o personalidades de alta relevancia política".
Sólo la oratoria -continúa Miliani- que agrupa las dos primeras vertientes (proclamas y discursos) alcanzó difusión contemporánea con su autor. El propio Bolívar se preocupaba de que sus textos políticos fueran difundidos como instrumentos de combate al adversario y de persuasión a los pueblos por los cuales empeñaba su esfuerzo libertador. En cuanto a las cartas, es sabido que ya en sus últimos años pedía la incineración de sus documentos, para evitar que cayeran en manos de adversarios o detractores y fueran instrumentos para empañar su imagen ante la posteridad.

Reproducción: Portada.  Ilustración, Donoso Torres. Revista de las Fuerzas Armadas, Caracas,  12/1946, nr. 06.

domingo, 14 de julio de 2013

CA-BRUJEADOS

EL NACIONAL - Domingo 14 de Julio de 2013     Opinión/10
Pío Miranda a Beyoncé
MILAGROS SOCORRO

El día que me quieras, la pieza más popular de José Ignacio Cabrujas, se ha vuelto a representar en Caracas. Este fin de semana comienza una nueva temporada en el Teatro de Chacao, con el mismo montaje que Juan Carlos Gené dirigiera para el Grupo Actoral 80. Todo es igual, la escenografía, el vestuario, los movimientos de los actores, el ritmo... todo, menos la interpretación de Héctor Manrique en el papel de Pío Miranda, el fracasado comunista que, a falta de un proyecto de vida, se pasa los años haciendo el relato de la épica soviética con el aire embelesado de los fans de las estrellas de Hollywood.
En esta ocasión, el Pío Miranda de Héctor Manrique está muy lejano del que en su momento encarnaran Fausto Verdial y el propio Cabrujas, quienes entregaron un personaje idealista, siempre en la mercurial línea entre lo trágico y lo cómico. Pero incluso el Pío Miranda del anterior Manrique es distinto de este que respirará en el Centro Cultural Chacao hasta el 21 de julio. El de ahora es menos llorón que el de antes, pero más desgarrado, más desesperado. La evolución del trabajo de Manrique, en contraste con el del resto del elenco, que conserva el registro tenso pero amable, dulcemente provinciano, lo hace aparecer anticlimático, un huracán de angustia en medio del salón de las hermanas Ancízar, donde la brisa filtrada por los helechos parece morigerar las frustraciones.
Este Pío Miranda no tiene el pantalón sobre el ombligo (como lo usaba Raúl Rodríguez Bauza, tío de Manrique, militante del Partido Comunista como Héctor, su padre). Todas esas marcas son insustanciales ahora, cuando el actor no quiere rozar la comicidad sino entregar con toda crudeza el dolor y la vergüenza de todos los Píos Miranda de Venezuela, malogrados pero honestos, fallidos pero dignos en su austeridad de hombres humildes, que no han trocado su oscuro empleo en una escuela nocturna por una jugosa canonjía en la dictadura de turno.
Este Pío Miranda está impregnado la consternación del venezolano decente, abrumado y perplejo, entre el descampado moral a que ha descendido el país. Tal es su perturbación por el hedor a corrupción que entra por las ventanas de las Ancízar, que parece un Dorian Gray, afeado y avejentado al tiempo que se deteriora el cuadro circundante.
Hay, sin embargo, un momento en que ese Pío Miranda parece recomponerse de su trastorno.
Es cuando se dirige a Gardel (en insólita visita a la casa de las caraqueñas, durante su visita a esta ciudad antes de hacer una parada en Medellín con rumbo a la eternidad). Miranda le dice al Zorzal: "Su presencia en esta casa es un gesto afortunado propio de un gran artista popular". De pronto ha adoptado el tono de un adulto, de alguien que se ha puesto al frente de su destino y ya no habla como un admirador de los embelecos del Hollywood estalinista, sino como un hombre que ha cobrado súbita conciencia de que su país es Venezuela, su realidad está aquí y no en un koljosz en Ucrania ni en el balcón de la zarina. De repente parece caer en cuenta de que su peripecia no merodea por los alrededores del Terrible sino que está amarrada a la tiranía del Bagre. Y, con desolada serenidad, se dirige a Gardel para advertirle a qué erial de la justicia ha traído su arte.

--Permítame decirle ­es Pío Miranda levantando la mirada a Gardel­ que hemos soportado durante veintisiete años una brutal dictadura, y que las cárceles de este país están llenas de gente decente. Que nuestro pueblo se muere de hambre y de paludismo mientras los jerarcas del régimen derrochan el dinero a manos llenas. Pero que en todas partes hay un espíritu combativo que en poco tiempo logrará imponerse (...). Cuando esto ocurra, y ocurrirá, téngalo por seguro, el gobierno popular lo invitará (...) para que su arte pueda ser escuchado por el pueblo y no por la banda de criminales que mayoritariamente llenó hoy el teatro Principal.
En estos días, un ministro célebre por sus carcajadas frente a las cifras de homicidios en Venezuela, mostró como logro del régimen la venta hasta el agotamiento de las entradas para el espectáculo de Beyoncé. Bienvenida sea la talentosa beldad norteamericana.
Un día, algún Pío Miranda reunirá redaños para decirle que cantó, monumental y broncínea, no lejos de donde gemía Iván Simonovis su abominable presidio.

domingo, 26 de agosto de 2012

PUENTAJE (3)

EL NACIONAL - Domingo 26 de Agosto de 2012     Opinión/9
Un crimen flota sobre el lago de Maracaibo
MILAGROS SOCORRO

A eso de las 11:00 de la mañana del 24 de agosto de 1962, el entonces presidente de la República, Rómulo Betancourt, inauguró el puente sobre el lago de Maracaibo, Rafael Urdaneta, cuyo "elevado costo", como dijo el jefe del Estado, quedaba a su juicio "plenamente justificado por la magnitud de la obra y su trascendencia socioeconómica, que asciende a 350 millones de bolívares, totalmente cubiertos con los recursos ordinarios de los presupuestos generales de ingresos y gastos públicos del régimen constitucional". Los trabajos de construcción habían comenzado el 24 de abril de 1959, a 2 meses de la juramentación del guatireño ante el Congreso Nacional; y quedaron concluidos dentro de los 40 meses que constituían el plazo previsto.
Venezuela asistía a la epifanía de una hazaña de infraestructura con una longitud de 8.678,60 metros y un ancho de 17,40 metros, de la que entonces era la obra de concreto armado más grande del mundo. Era, sobre todo, la puesta en escena de la profunda vocación de modernidad que entonces movilizaba al país y muy específicamente al Zulia, proclive siempre, por su conformación portuaria y por su condición de enclave petrolero, a lo nuevo y a la prosperidad. Medio siglo después, el puente sobre el lago es muestra vil de los destrozos obrados por el autoritarismo, el centralismo y la improvisación.
Al cumplirse 50 años de su inauguración, es doloroso constatar que el puente está en el peor estado de deterioro y que incluso se encuentra en peligro, no de "caerse", sino de llegar a una postración tal que deba interrumpirse el paso por tramos lo que causaría graves molestias a los usuarios, un colectivo en el que destacan, por cierto, los trabajadores de la industria petrolera.
El punto de inflexión se produjo en 2009, cuando el Gobierno nacional dio un zarpazo y le quitó la administración del puente a la Gobernación del Zulia para que lo engullera el monstruo central. La operación se hizo según la pauta de este gobierno: una horda de violentos monta un teatro de calle, supuestamente en protesta, y entonces el Ejecutivo secuestra la entidad asediada en nombre de la revolución. Exactamente lo mismo ocurrió con el puente, y se completó así una confiscación a contravía de lo establecido en la Constitución Nacional. Se trató, pues, de una invasión más. Y ahora el puente, antiguo blasón de dinamismo, es muestra de abandono y cruel evidencia de castigo al Zulia.
La operación de secuestro comenzó con la exclusión de la Universidad del Zulia, que entre 1995 y 2000 había establecido los protocolos de mantenimiento de la obra y ofrecido una minuciosa asesoría a través del Centro de Estudios de Corrosión de la Facultad de Ingeniería. Estamos hablando de un equipo de más de 30 expertos en corrosión, estructuras, comportamiento geodésico, materiales y mecánica, que conocen la estructura como si la hubieran parido. Todo ese saber, esa experiencia y esa pasión se echaron a un lado como quien desecha un incordio. Si esto fuera poco, el ministro de Comunicaciones, Francisco Garcés, se presentó en Maracaibo el 25 de octubre de 2011 (dos años después de la recentralización) y declaró que en el puente se habían hecho "trabajos de baja calidad y piratería".
La verdad es que se suspendieron las labores que desempeñaba el Servicio Autónomo Puente sobre el Lago, dependiente de la Gobernación, que contemplaba, entre otras, la tensión periódica de las guayas, en convenio con LUZ; un centro de operaciones con monitoreo las 24 horas; vigilancia con unidades de radiopatrullas; 7 cámaras a lo largo del puente y otras colocadas en los costados de las cabeceras; teléfonos de emergencia distribuidos en toda la plataforma; una ambulancia dispuesta las 24 horas, con apoyo de unidades del 171; y el Centro Cultural y Recreacional Conoce tu Puente, hoy fuera de funcionamiento.
Al sondear al gobernador Pablo Pérez acerca de su estado de ánimo en los 50 años del puente, éste no ocultó su desazón. "Me encuentro ­dice­ en el puesto que ocupaba Luis Vera Gómez, cuando Betancourt vino a cortar la cinta. A Luis Vera le tocó celebrar. A mí me ha tocado ser objeto de la falta de respeto de Garcés y ver insultada nuestra centenaria Universidad del Zulia. El Gobierno central nos arrebató el puente y puedo asegurar que no le han invertido un centavo. El 21 de agosto lo crucé para ir a Tía Juana y tuve que contener las lágrimas al comprobar su calamitoso estado. Pero le juro al Zulia y al país que el 8 de octubre el puente comenzará su camino de retorno a la esperanza".

domingo, 29 de julio de 2012

MIL ROSTROS (4)

EL NACIONAL - Domingo 29 de Julio de 2012     Opinión/10
Bolívar contra el país
MILAGROS SOCORRO

La búsqueda de las facciones auténticas de algún personaje histórico no es nueva. Cada cierto tiempo se anuncia una pesquisa, generalmente auspiciada por un canal de televisión, que ha dado con el verdadero rostro de Cristo.
Es una obvia manipulación a audiencias necesitadas de una efigie concreta para adorar.
El caso del Bolívar que Chávez se mandó a hacer no es muy distinto. Es un ardid propagandístico concebido con la idea de atizar un culto cuya cosecha no beneficiará al caraqueño sino, supuestamente, al barinés. Pero a diferencia de Cristo, la figura del Libertador concita cada vez menos interés.
Aparte de una minúscula comunidad de historiadores, a quién puede concernir el hecho de que la iconografía ya asentada de Bolívar difiera en milímetros de la que hubiera tenido en las diversas etapas de su vida. A nadie... excepto a Chávez cuyo gobierno empleó tiempo y dinero en reclutar a expertos anatomopatólogos para que acuñaran una versión según la cual Bolívar era negroide (y, casualmente, muy parecido a él). Un experto del IDEA le comentó a una fuente confiable que lo estaban presionando para que derivara esta versión de la manipulación de los restos de Bolívar.
Acaso fuera este empeño el verdadero móvil de la exhumación de la secuela física de Bolívar (y no la disipación de la sospecha de envenenamiento por parte de los antepasados de Álvaro Uribe).
Finalmente, tras mucho dispendio y horas de cadena audiovisual, tenemos que el Bolívar del régimen se diferencia de los retratos ya conocidos en que tiene una mandíbula lombrosiana y una nariz más ancha de lo que cabe esperar en un hombre blanco como lo fue Simón Bolívar. Ya este punto lo había establecido Tomás Polanco Alcántara en su biografía: "Si bien Bolívar no tuvo en sus venas sangre de personas étnicamente negras, recibió de los pechos de las mujeres negras el alimento primario de la vida".Y quedó confirmado hace poco, con el trabajo de su más reciente biógrafo, el inglés John Lynch: "Su linaje familiar ha sido rastreado en repetidas ocasiones en búsqueda de indicios de mestizaje racial, sin embargo, a pesar de testimonios dudosos que se remontan a 1673, los Bolívar siempre fueron blancos".
Pero el punto no es la estampa racial de Bolívar, sino el uso que el régimen hace de la historia de Venezuela, un relato torcido cotidianamente para que el devenir del país no sea sino el preludio de Chávez. No por nada en periodo electoral el candidato a la reelección permanente atiza el nacionalismo, fuerza corruptora, como escribió la ensayista María Luz Cárdenas (Revista Bigott, Nº 53.
2000). "Los nacionalismos parten", dice Cárdenas, "de un principio universal según el cual todo aquello que exalta heroicamente las formas estereotipadas de tradición nacional ­ídolos, semidioses políticos, reformulaciones míticas de la historia, anecdotarios costumbristas- será moralmente bueno y útil para la nación, mientras que todo aquello que pretenda desafiar tales líneas de autoridad o se mueva más allá de las fronteras, es malo, perjudicial y debe ser exterminado del mapa histórico y cultural".
Esto es, quien no acepte semidioses políticos y los considere nefastos para la república debe ser borrado del panorama. Es la nada y a la nada debe condenarse.
En el mismo texto, María Luz Cárdenas hace suyas las palabras de Marta Traba, quien dejó dicho que el nacionalismo estrecha los límites de la visión, "estableciendo una especie de mundo absolutorio y benévolo para con todo aquello que obedezca a los cánones de la cultura nacional, siempre opuesta a la confrontación, siempre mediocre, siempre parecida a sí misma y negada a establecer diálogos y puentes con la diferencia".
Muy grave es esta certeza en el contexto venezolano, donde la diferencia se traza, precisamente, entre un modelo totalitario, atrasador, anulador de las libertades individuales, violador de los derechos humanos y otro que se postula como promotor del progreso y de la apertura al debate con otros culturas y lo que de estas puede servir a la conveniencia del pueblo venezolano.
Frívolo y estulto, el show de la nueva cara de Bolívar es, sin embargo, reflejo de la celada que la autocracia le ha tendido a la república. Y retrato, este sí cabal, del intento de secuestrar el futuro de la república y arrojarlo al pudridero donde se deleznan héroes militares que cada vez tienen menos que decirnos
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domingo, 22 de julio de 2012

AUTORÍA EN MEDIO DEL TIROTEO

EL NACIONAL - Domingo 22 de Julio de 2012     Opinión/9
Tocar no es entrar
MILAGROS SOCORRO

--No, no, disculpe. Usted está equivocada.
Estoy al teléfono y apenas si entiendo lo que me dice la bibliotecóloga Anny Mejías, encargada del Archivo de la Cadena Capriles.
Me habla desde el asiento trasero del carro. Su voz revela inquietud y premura.
--Esas fotos no son de Héctor Rondón-- dice.
Con un gesto desecho la información. He visto las fotos y no me queda duda de que se trata de las imágenes tomadas en el sector La Alcantarilla de Puerto Cabello, el 9 de junio de 1962. Ahí está el párroco Luis María Padilla sosteniendo al subteniente Luis Antonio Rivero Sanoja en trance de muerte. Detrás está la carnicería, en primer plano el sacerdote mirando a los lados a ver de dónde vendrá la bala. O la tregua piadosa. Son, por tanto, las imágenes de Héctor Rondón.
--No-- insiste Anny Mejías--.
Las fotos que usted tiene fueron tomadas por José Luis Blasco, que era reportero gráfico de la Cadena.
Esa mañana del Porteñazo llegaron muchos periodistas al lugar de los hechos. Desde el día anterior, el Gobierno conocía los detalles de la inminente rebelión de la Base Naval de Puerto Cabello. De manera que los muchachos de la prensa llegaron pisándole los talones a las fuerzas leales.
El Porteñazo, ha escrito Manuel Felipe Sierra, fue "la operación más sangrienta y prolongada que se registra en la historia militar de esos años. Cálculos conservadores estiman las víctimas fatales entre 400 y 700". Al clarear el alba ya había allí un estruendo de plomo. Los periodistas se emplazaron en el comando de operaciones establecido por el Ejército en espera de la ocasión de meterse en la candela.
Enrique Aristiguieta era entonces diputado por Carabobo al Congreso Nacional. Oriundo de Puerto Cabello, consideró un deber apersonarse en las arenas de la tragedia. Allí vio al Batallón Carabobo distribuirse en pelotones de 30 hombres, cada uno de los cuales debía esconderse detrás de los trece tanques que entrarían al Puerto. Medio siglo después de los hechos, Aristiguieta me cuenta que vio a un fotógrafo colarse entre los uniformados.
"Vi cuando un hombre vestido de civil y llevando una cámara se pegó a un pelotón. Recuerdo haber pensado: `Hay que ver ese tipo sí tiene riñones".
Por la descripción de Aristiguieta, el hombre era José Luis Blasco, quien tenía estampa europea (había emigrado a Venezuela desde España y había sido testigo de la II Guerra Mundial) y mayor que Rondón, de 28 años en ese momento. Sin detenerse a considerar los riesgos, y contra las advertencias de los militares, Héctor Rondón hizo lo que solemos hacer en este oficio, donde los novatos imitan a los veteranos: secundó la acción de Blasco, ya una leyenda del periodismo.
Héctor Rondón había sido enviado por el diario La República.
El 10 de junio de 1962, transcurrida una semana de los hechos, La República publicó un suplemento especial sobre El Porteñazo. Allí puede leerse el testimonio de Héctor Rondón: "Era como un cuarto para las siete. Junto a mí iba otro fotógrafo, Blasco. Cuando el último tanque, donde yo iba junto al otro fotógrafo, llegó a la esquina de La Alcantarilla, empezaron los disparos... Disparaban hasta granadas. Los tanques se fueron, finalmente, dejando a los muertos. Entonces fue cuando vimos que venía un cura por la acera derecha... El cura trató de socorrerlo, lo levantó, trató de cargarlo. Yo tomé la foto. Era una escena horrorosa y a la vez tan humana. Blasco y yo le gritamos que saliera de ahí porque lo iban a matar".
Cuando Héctor Rondón da estas declaraciones, ignora que van a lloverle los más altos reconocimientos reservados a los fotógrafos en todo el mundo. Sabe que ha tomado una foto excepcional y sus colegas lo han colmado de felicitaciones. Pero no tiene idea del vuelco que va a dar su vida.
Como puede verse, todo el tiempo menciona a Blasco y deja ver la circunstancia de que estaban hombro con hombro en el instante de fotografiar al cura y al soldado agonizante. Pero fue la foto de Rondón la que sería distribuida por la Associated Press.
Los dos tocaron la puerta de la gloria. Y esta sólo se abrió para Rondón, quien, en 1962, obtuvo los premios a la Mejor Fotografía de Prensa del Año y al Reportaje Fotográfico del Año, otorgados por la organización Word Press Photo, con sede en Holanda. Y un año después se convirtió en el primer latinoamericano ­y único venezolano hasta la fecha­ en obtener el Premio Pulitzer.

Ilustración: Ugo

domingo, 15 de julio de 2012

CUADERNO DE BITÁCORA

EL NACIONAL - Domingo 15 de Julio de 2012     Opinión/
"Un delirante ignorantísimo"
MILAGROS SOCORRO

En el alud de generalidades barbulladas por el Presidente de la República para no responder ninguna de las preguntas formuladas en la "rueda de prensa" de este lunes, 9 de julio, se refirió a Arturo Uslar Pietri (1906-2001) como si fueran compadres.
Partiendo de las palabras de Chávez, lo visitó al salir de prisión (marzo de 1994), después de que Uslar había enviudado (cosa que ocurrió en 1996), y hablaron "largo, largo". Tanto, que el agudo animador de las fiestas patronales de Elorza detectó que Uslar era buen conversador, muy inteligente, nacionalista y hombre que amó a Venezuela. "Porque solo quien ame un país como él lo amó", sentenció Chávez, "pudo haber escrito Cantaclaro"... obra de Rómulo Gallegos, que, por otra parte, no evidencia más afectividad con el país de la que pueda rezumar la obra literaria de cualquier autor en cualquier latitud.
De manera que esta observación sobre Cantaclaro es, con todo respeto, una babiecada.
El punto es que, según el individuo que más disparates ha aportado a la historia del bochorno nacional, él le preguntó a Uslar por qué había dejado de escribir... Un momento. Cómo pudo hacer Chávez semejante afirmación si Uslar publicó su columna Pizarrón en este diario hasta 1998.
Pero, además, pocos años antes, en 1990, había aparecido su novela La visita en el tiempo y en 1994 había salido de la imprenta su ensayo Del Cerro de Plata al camino extraviado. En suma, hasta 1998, un año después de haberse producido la reunión de marras, Uslar estuvo plenamente activo en la escritura.
Pero donde radica la mentira más flagrante es en el tono que, según Chávez, empleó Uslar para dirigirse a él. Según el Presidente, Uslar lo miró y le dijo, en clave de consejo: "Yo lo vi entrar a usted con una boina roja un día, ve a ver, comandante, cómo va a salir ahora de la escena".
La verdad es que Uslar tenía una opinión no muy favorable de Chávez. En 1998, antes de las elecciones, cuando ya era evidente el ascenso del héroe del Museo Militar, el escritor me dio la siguiente declaración: "Chávez es un oportunista. Es un hombre que hizo un gesto poco maduro, una tentativa de alzamiento fracasada, que en el desierto político y cultural de Venezuela le dio popularidad. No creo que tenga ninguna propuesta seria que hacerle al país ni que esté en condiciones de dirigir una transformación positiva de Venezuela. Creo que tiene otros méritos, pero esos no. ¿Cuáles? Los de ser un hombre resuelto, que corre riesgos...
Tiene una formación incompleta y fragmentaria, en la cual une cosas muy difíciles de conciliar, como las figuras de Bolívar con la de Ezequiel Zamora, personajes completamente inacoplables".
Al preguntarle si no estaría actuando una especie de calco fantasioso de la imagen de Chávez sobre la de su personaje Presentación Campos (de Las lanzas coloradas), contestó: "Esa es una vieja tradición venezolana desde los orígenes de la República... de los hombres mágicos, los caudillos. Venezuela siempre ha sido un país de caudillos y el caudillo es, básicamente, el hombre que va a hacer lo que no podemos hacer. Nuestro primer caudillo no era venezolano, era Boves; y acabó con la República movilizando una masa inmensa de llaneros con quienes hubiera cambiado la historia de la independencia si no hubiera muerto muy temprano, en el año 14".
Un par de años después su percepción se hizo aún peor. Esto quedó comprobado en la última entrevista de Uslar Pietri, que fue concedida a Rafael Arráiz Lucca para un libro titulado Ajuste de cuentas (Los Libros de El Nacional, Caracas, 2001). "¿Chávez? Un delirante, ignorantísimo. (...) Se le han pegado algunas frases que ha oído, como esa del liberalismo salvaje, eso lo llena de felicidad. No puede haber liberalismo salvaje, el liberalismo es la flor de la civilización, el tolerar la divergencia.
El liberalismo está fundado sobre el respeto al individuo, el respeto al otro. (...) Ahora hablamos de revolución. La idea de revolución desapareció del mapa. No queda ningún poder revolucionario en el mundo, menos en Venezuela, claro, y Cuba. Lo trágico es el nivel de la gente que nos gobierna.
Yo oía a Chávez el domingo, qué cantidad de disparates dijo y con qué arrogancia. Este es un país muy infortunado".
Desde luego, lo relevante en todo esto es el hecho de que Chávez está pensando con cierta serenidad cómo salir de escena.



domingo, 24 de junio de 2012

HORROR

EL NACIONAL - Domingo 24 de Junio de 2012     Opinión/9
Contra mitos y risitas
MILAGROS SOCORRO

Si en vez de rebajarse a sostener conversaciones con los caciques de las prisiones, los llamados pranes, el Presidente de la República mantuviera contacto con las universidades nacionales, tendría información de calidad y no diría tantos disparates.
En estos días, el jefe del Estado volvió a sacar de paseo sus estrafalarios criterios acerca de la inseguridad ciudadana, farallón donde se ha estrellado sistemáticamente. Dislates y mentiras quedaron en el acto desenmascarados puesto que en las mismas fechas había aparecido el libro Violencia e institucionalidad-Informe del Observatorio de Violencia 2012, de Roberto Briceño-León, Olga Ávila y Alberto Camadiel, editado por Editorial Alfa.
El Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), que surgió como respuesta a la decisión del Gobierno nacional, en 2004, de prohibir la difusión de información sobre delito y violencia, está integrado en la actualidad por grupos de investigación de 7 universidades.
La publicación, un minucioso inventario de la criminalidad en nuestro país, propone una tesis distinta de la que ha dominado en Venezuela y en América Latina, ya que, exponen sus autores, no es la pobreza lo que ocasiona la violencia, sino la debilidad institucional.
No es el desempleo, sino la impunidad. No es la desigualdad, sino el elogio de la violencia por los líderes. No es el capitalismo, sino el quiebre de las normas que regulan el pacto social.
También se refuta la tesis según la cual la violencia ha sido igual en toda la historia del país. Rebate la propaganda que apunta a que la magnitud del problema en Venezuela es similar a la de otros países, como Brasil y Colombia, o inferior a la de México. Y, desde luego, echa por tierra "la idea de que es un problema menor o que simplemente se trata de invenciones que provocan risa".
Para desmontar el embuste de que siempre hemos tenido la misma violencia, el libro explica, por ejemplo, que el año 2011 fue el más violento de la historia venezolana: 19.459 homicidios. "Por cualquiera de las formas que se mida, con cualquiera de las fuentes que se utilice, se encontrarán más homicidios, más muertos en las cárceles, más secuestros, más robos a mano armada, más heridos". Significa que en Venezuela se cometieron, en promedio, 1.621 homicidios cada mes, 53 asesinatos cada día. Dado que en la Batalla de Carabobo hubo 200 bajas, según lo confirmó el Libertador en un parte de guerra, en 2011 cada 4 días tuvimos la misma cantidad de fallecidos que en Carabobo.
Venezuela tiene hoy una tasa de 67 homicidios por cada 100.000 habitantes, una de las más altas del planeta. Esto no siempre fue así. En 1998 se cometieron en Venezuela 4.550 homicidios (era una tasa de 19 homicidios por cada 100.000 h). 13 años más tarde, en 2011, hubo 19.366 asesinatos y la tasa subió a 67 homicidios por cada 100.000 h. Un incremento superior a 4 veces en la cifra de víctimas y de tres y media en la tasa en muy breve periodo. (Tómese en cuenta que Francia tiene una media de 1 homicidio por cada 100.000 h; y Japón e Inglaterra, incluso menos. La de Estados Unidos es de 6 por cada 100.000 h, mientras la de Canadá es de 1,4).
En Colombia, para el año 2001 hubo 27.840 homicidios, y en 2011 la cifra fue de 13.520 casos. Es decir, que disminuyeron a menos de la mitad, se contabilizaron 14.320 víctimas menos que 10 años antes. En contraste, en Venezuela, en 2001 se registraron en el archivo oficial 7.960 homicidios, y en 2011, 18.850 víctimas. Hubo, pues, 10.890 asesinatos más que hace 10 años. En Colombia se redujeron a la mitad, mientras que en Venezuela, en el mismo periodo, se duplicaron los homicidios.
El OVV calcula, de manera conservadora, que entre 2001 y 2011 hubo en el país 141.487 asesinatos, una explosión de violencia que coincidió con un aumento sin precedentes del ingreso nacional y la aplicación de políticas redistributivas que, según la publicidad oficial, han disminuido la pobreza.
Este libro demuestra que los argumentos del Gobierno no se sostienen: es falso que "el problema siempre ha sido así", los mismos datos oficiales muestran que las tasas de homicidios antes de 1999 eran varias veces menores. Es falso que "en otros países es peor", Venezuela tiene más homicidios que la mayoría de países en el mundo.
La verdadera explicación para el horror de violencia que hemos vivido se encuentra en una política equivocada. No se puede desarmar a la población si la consigna es "el pueblo en armas".
No se puede fomentar la vida y la paz, cuando se elogia la muerte, la guerra y a los violentos.


Fotografía: http://noticiaaldia.com/2011/02/gis-xxi-medios-de-comunicacion-de-la-derecha-incitan-a-una-percepcion-irreal-de-inseguridad/ . Lo curioso es que se trata de una nota de AVN y la imagen, responde a la marcha-protesta que se hizo dos o cuatro años antes contra el gobierno, por la inseguridad personal: "Acostados por la vida", en Caracas (LB).

domingo, 13 de mayo de 2012

LLAMADO AL PARLAMENTARIO DE OPOSICIÓN



EL NACIONAL - Domingo 13 de Mayo de 2012     Opinión/9
La campaña debe ser admirable
MILAGROS SOCORRO

Una certeza de entrada: el chavismo no contempla la posibilidad de salir del poder por elecciones. En su panorama de perspectivas no aparece la opción de derrota el próximo 7 de octubre. Esto se debe, en buena medida, al hecho de que subestima al contendor, también a esa inclinación supersticiosa a no nombrar el avatar adverso para no llamarlo, no auspiciarlo ni siquiera en el lenguaje (que tiene, sin duda, un gran poder de fundación); pero, sobre todo, obedece a que con sus métodos, muchas veces perversos, el chavismo está trabajando día y noche, y en todos los tableros, para no perder en las próximas elecciones para presidente de la República.

No puede decirse lo mismo de la oposición. Factores como el desgaste del régimen, la enfermedad terminal del presidente Chávez, el éxito de las primarias de la unidad democrática, parecen haber fomentado un hálito triunfalista en la coalición opositora, que ha descuidado espacios y relajado sus maneras. Esto se evidencia en el resultado de la plenaria de este martes en la Asamblea Nacional, donde se aprobó la propuesta del Gobierno de evaluar la salida de Venezuela de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH: 91 votos a favor y 22 en contra.

El oficialismo tiene 98 diputados, y la oposición, 65. Esto significa que a esa sesión asistió 93% de la bancada que apoya al régimen y 34% de la que dice adversarlo. Las excusas son varias: "Para qué vamos a asistir si la mayoría chavista, en sumisión acrítica, impone la aplanadora y hace colar lo que Chávez ordene"; "no nos avisan con tiempo el orden del día, mientras que a los chavistas, sí"; "estamos dedicados a la campaña, que es la prioridad". Hay muchas razones para no asistir. Y una sola para hacerlo: es su deber. Tienen el mandato de sus representados.

Ninguno de los diputados opositores ignoraba las dificultades que iba a afrontar en este periodo legislativo, ni los "arreglos" hechos por el Gobierno en los circuitos electorales para obtener más diputados con menor votación popular. Lo importante, para unas fuerzas opositoras disminuidas, era ganar terreno y reivindicar el espacio legislativo, degradado por el chavismo a trascocina de Miraflores. Esto lo entendió muy bien el electorado, que apoyó a los candidatos opositores con 52% de la votación.

Pero, ahora, cuando deben hacer presencia en el hemiciclo, no concurren ni mandan a sus suplentes. Desde ningún punto de vista se justifica que el retiro de Venezuela de la CIDH haya sido rechazado por 22 de los 65 diputados que estaban obligados a hacerlo. Si no tienen claridad con respecto al papel que desempeña la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, lean sus informes anuales. Ahí encontrarán la razón por la que el régimen quiere zafarse de su membresía: todos los crímenes del Estado venezolano, su ilegalidad, su crueldad, sus trampas, están allí documentados minuciosamente. No hay delito del Gobierno que no esté consignado ahí con fechas, nombres y lujo de detalles.

He aquí una pequeña muestra sacada del Informe Anual de 2008: "La Comisión conoció que en el marco de la contienda electoral de noviembre de 2008, el Presidente de la República habría realizado pronunciamientos en términos que no contribuyen al diálogo democrático y que pueden incentivar el uso de la violencia. Algunos de los pronunciamientos dicen: `Si ustedes permiten que la oligarquía (...) regrese a la gobernación, a lo mejor voy a terminar sacando los tanques de la brigada blindada para defender al Gobierno revolucionario y para defender al pueblo de Carabobo’; `El Presidente venezolano recordó a los partidos de la oposición que compiten en las elecciones regionales del 23 de noviembre que la suya `es una revolución que está armada’; `Ramón Martínez no sólo va a perder la gobernación sino que va terminar en la cárcel, él verá, te vamos a barrer, asqueroso traidor, el 23 de noviembre te va a sacar de aquí la moral del pueblo de Sucre". Sí, lo que se ha olvidado está ahí.

Solamente por reconocimiento a la CIDH, que se ha ocupado de Venezuela con tal celo, era perentorio estar allí. Pero lo más importante es que la campaña electoral de las fuerzas democráticas no puede admitir conductas de reposeros. Debe sostenerse en la unidad, el estoicismo, la probidad y el compromiso con todos los venezolanos. Es la hora del sacrificio y la hazaña moral.


NOTA DE LB:


A veces, por un profundo sentimiento anti-parlamentario; otras, por una necesaria prudencia: lo cierto es que, sentimos, no se ha hecho bien en la Asamblea Nacional respecto a la oposición, sin que genere un debate ni siquiera a su interior....

domingo, 22 de abril de 2012

LA CACERÍA DEL PATIO (1)

EL NACIONAL - Domingo 22 de Abril de 2012     Opinión/10
Dejarse penetrar
MILAGROS SOCORRO

Hace unos días el canciller Nicolás Maduro quiso provocar a Henrique Capriles Radonski refiriéndose a él con el epíteto de "mariconsón". Como es su costumbre, el candidato de la Unidad Democrática ni se sintió aludido ni se distrajo de su campaña, con lo que el antiguo conductor de autobuses quedó solo, lanzando puñetazos a su sombra. Pero el asunto no paró allí. Una parte del país tomó nota del hecho de que el léxico de Maduro ha sido penetrado por el ocupante cubano, que es quien usa la palabra "mariconsón", ausente en el dialecto de Venezuela donde el machismo tiene su propia jerga.

Al echar mano de un término completamente ajeno al habla local, Nicolás Maduro ofreció una demostración patética de la dependencia del régimen chavista frente a Cuba y del grado de sumisión de los funcionarios venezolanos a las instrucciones de La Habana. Una entrega tan absoluta y acrítica que es comparable a la rendición erótica. Pero este no es el punto. Podríamos dedicar decenas de párrafos a la pasión de Chávez hacia Castro; podríamos detenernos en aquella velada de agosto de 2006, cuando el tirano cumplió 80 años y su adorador corrió a verlo con regalos y requiebros en el hospital donde a la sazón se reponía de un patatús. "Fidel esperó a Chávez en el lecho", cotilleó el Granma, órgano de prensa oficial. Y se incluía una foto donde aparecían los dos comandantes uniendo sus manos en el mango de la daga de Bolívar, de tal guisa que parecían una pareja del mismo género en trance de contemplar un falo. "Esta es la mejor de todas las visitas que he hecho en mi vida", diría Chávez.

"¿Qué ser humano es este? ¿De qué material está hecho?".Pero dejemos esto para la llamada prensa del corazón. Nuestra perspectiva es otra.

En la citada intervención, Nicolás Maduro se refirió a la entrada de Capriles Radonski en la embajada de Cuba en Caracas, en abril de 2002. Y estableció que una acción de esa naturaleza "ni siquiera se atrevió a hacerlo la derecha en Chile" (tras el golpe de Estado de Pinochet en 1973). Naturalmente, Maduro no tiene idea de lo que ocurrió en Chile ni entonces ni nunca. Es evidente que está repitiendo un comentario de Fidel Castro, con lo que se hace visible que no sólo se deja penetrar en el lenguaje sino también en la apreciación de los hechos.

Si Maduro tuviera la más mínima noción de lo que está diciendo, sabría que cuando Fidel Castro quiere expresar su desprecio por los izquierdistas que llegan al poder por vía distinta a la lucha armada, los tacha de homosexuales. Su blasón es haber tomado el poder en Cuba por las armas y no por ningún otro procedimiento institucional. Todo aquel que conciba una vía distinta a la del castrismo es acusado de cobarde, de "falta de cojones", como mil veces echaron en cara a los comunistas chilenos porque la Unidad Popular accedió a la Presidencia de Chile con votos y porque luego no fueron capaces de impedir el golpe de Estado ni de derrocar a Pinochet, aún con la cuantiosa ayuda, en financiamiento, armas y efectivos, que recibieron de la isla para ese fin.

Castro se cansó de humillar a Allende, a quien despreciaba por considerarlo un político burgués, un civil de centroizquierda. Y tuvo una intervención tan flagrante en su gobierno que, invitado por Allende para una estancia de una semana, se quedó un mes en el que intrigó a sus anchas y enredó más un estado de cosas ya de por sí complejas. ¿Por qué pensar que la idea que Castro tiene de Chávez, fracasado en la opción armada, sería distinta a la que tenía de Allende? Ignora también Maduro que a la hora del golpe de Pinochet no solo la derecha se abstuvo de irrumpir en la sede diplomática de Cuba, sino que la dirigencia de la UP, que había vociferado que si los sacaban del gobierno incendiarían el país, huyó sin resistir. Por eso, tal como recuerda Roberto Ampuero, en su novela autobiográfica Nuestros años verde oliva, hay una frase denigrante que los chilenos tuvieron que calarse con mucha frecuencia en esa época: "Les faltó un Fidel y les faltaron cojones". Ya se sabe quién era el autor del sonsonete.

Para el machismo-leninismo, las elecciones, la prensa libre, la separación de poderes, en suma, la democracia, son veleidades de efebos. Para esta mentalidad, es de varones, por ejemplo, rodearse de generales conocidos en el mundo como los zares de la droga


Ilustración: Ugo, para el artículo de Mario Vargas LLosa (El Nacional, Caracas, 15/04/12)


EL NACIONAL - Domingo 22 de Abril de 2012     Siete Días/7
Los autoritarios los prefieren machos
TULIO HERNÁNDEZ

Algo quedó claro la semana pasada.

Quedó claro que el ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno rojo, es decir, el canciller de Venezuela, un funcionario de apellido Maduro, siente una gran repulsión por los homosexuales. Y no la oculta.

Para decirlo en venezolano, a Maduro los gays le sacan la piedra. Le parecen de lo peorcito. Tan es así que para descalificar en público al candidato presidencial de la Unidad Democrática no encontró mejor recurso que decirle "mariconsón".

Maduro no aplicó ninguno de los adjetivos ya clásicos del manual de escupitajos chavistas. No le dijo agente de la CIA, apátrida, oligarca, lacayo del imperio, explotador, derechista, vendepatria, consumista, burgués, grandísimo hijo de. Ninguno de esos. No utilizó el catálogo oficial. El canciller se fue por su vía propia y le dijo "mariconsón".

Y, como si fueran sinónimos, agregó "fascista". "Fascista mariconsón". "Eres un candidato presidencial fascista y mariconsón", le dijo. Olvidó este canciller que fascista, o nazi, son términos que históricamente no pueden ir juntos con mariconsón, porque si algunos modelos políticos ­además del comunismo cubano­ se ensañaron severamente contra la condición homosexual fueron los engendros de Hitler en Alemania y de Mussolini en Italia.

Lo dijo Hitler claramente: ni un judío ni un comunista ni un homosexual son personas.

Claro, es muy posible que el canciller Maduro ­un hombre de bigotes largos e ideas cortas, que debe haber pasado mucho tiempo dedicado a la "revolución"­ no haya visto nunca Una giornata particolare, el film de Ettore Scola, magistralmente escenificado por Sophia Loren y Marcello Mastroianni, en el que se hace más que evidente la persecución nazi-fascista contra la condición homosexual.

Tampoco creo que haya visto Antes de que anochezca, la película en la que actúa Javier Bardem, que cuenta la desproporcionada persecución que vivió, a manos del régimen de Fidel, el escritor cubano Reinaldo Arenas por su condición homosexual antes de suicidarse. La misma que con menos visibilidad había padecido, en la década de los setenta, ese hombre tan humilde como grande en calidad literaria llamado Virgilio Piñera, el autor de Cuentos fríos.

No debemos olvidar en este análisis que la condición homosexual no es fácil de digerir por las personas. Que, efectivamente, su presencia no siempre es grata ni bien recibida de manera automática por la familia o la comunidad a la que se pertenece. Pero tampoco podemos soslayar que uno de los grandes avances de la humanidad está asociado con el respeto a la diversidad, ya sea religiosa, ideológica o de preferencias sexuales. Y que entre los logros de las sociedades más avanzadas está el reconocimiento, incluso legal, a la opción sexual que elija cada quien.

En ese contexto, quiero diferenciar la reacción de una persona común a la de un gobernante. Un gobernante es alguien que encarna a toda la comunidad y, por tanto, debe respetar las opciones diversas de la colectividad que representa. No comparto la tesis ­en el fondo homofóbica­ de quienes sostienen que quien condena a los homosexuales tiene uno reprimido en su clóset. Los autoritarismos ­ya sean comunismo, nazismo, franquismo o chavismo­ detestan a los homosexuales, no porque sus dirigentes estén en el clóset, sino porque su presencia les recuerda que los seres humanos somos diversos y no ovejas. Y esas dos cosas, la diversidad y la diferencia, son la peor amenaza a los regímenes políticos que les encanta ver a multitudes uniformadas. Unas de rojo, otras de negro.

Lo de Maduro no es un caso aislado. Hace meses, en esta misma columna reseñamos una frase del vicepresidente Jaua, designado por el jefe único para ser candidato a gobernador en Miranda. El candidato Jaua declaró: "Miranda se merece un gobernador que tenga muchos hijos". Y el autor de estas líneas, impactado, escribió: "Mire usted, se puede ser al mismo tiempo franquista y chavista". Maduro es el mejor ejemplo. Ojalá y los herederos del generalísimo le manden, en gesto de apoyo, uno de esos manuales de educación familiar que promovían las reglas del peor conservadurismo católico. Se les parece.


Ilustración: Fernando Vicente, para el artículo de Mario Vargas LLosa (El País, Madrid, 04/04/12)



NOTA LB:

Tema difícil y complejo. No obstante, quienes ejercen del poder deben cuidar muchísimo al respecto. No hay evidencia que ocurra en Venezuela...Por lo demás, las ilustraciones sobre el texto de Vargas LLosa resultan interesantes por el contraste de estilo y de interpretación.

domingo, 15 de abril de 2012

DE VAINA, ALGUNAS CURACIONES


EL PAÍS, Madrid, 13 de Abril de 2012
Entrevista | ANDRÉS TORRES QUIRUGA
“Los teólogos actualizados no creemos en milagros”
Considerado hereje por el Santo Oficio, cree que la censura de su obra no tiene fundamento
El gallego Torres Queiruga, nuevo hereje del catolicismo español
Daniel Salgado Santiago de Compostela

El teólogo Andrés Torres Queiruga (Ribeira, A Coruña, 1940) ya estaba avisado. En 2009, la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe —el antiguo Santo Oficio— había filtrado que iba a condenar la obra del pensador gallego. Tardó tres años, pero lo hizo a conciencia en un documento publicado el pasado 30 de marzo. “Fue una pena que la Conferencia Episcopal diese un paso tan innecesario y sin fundamento objetivo”, declara a este periódico vía correo electrónico. Exige conversar por escrito para que nadie "malinterprete un tema tan delicado".

Pregunta. Entre las críticas que la Conferencia Episcopal dedica a su trabajo, ¿hay alguna que merezca la pena refutar?

Respuesta. Puede parecer orgullo, pero creo que ninguna. Todas esas críticas están hechas sin entrar de verdad en el dinamismo vivo de mi propuesta y se limita a una lectura limitada de mis obras, con mentalidad más bien escolástica. Hermenéuticamente, el documento es un pequeño desastre. Creo que una lectura atenta y perspicaz del texto, con las citas literales de mi obra, constituye la mejor defensa.

P. ¿Qué cree que quieren decir los obispos cuando afirman que usted reduce la fe cristiana "a las categorías de la cultura dominante"?

R. Ese sería el caso si se interpreta "actualizar" como "reducir". Pero una de mis preocupaciones fundamentales es siempre la de un cuidado exquisito en la diferenciación de los planos de pensamiento. Lo indican los títulos de mis obras: repensar los conceptos desde la cultura actual para recuperar la experiencia originaria y fundante.

Los que me acusan deberían salir a la luz del diálogo público”

P. ¿El cristianismo ha perdido esa experiencia originaria y fundante?

R. No se ha perdido. Pero la experiencia solo se tiene como ya siempre interpretada. Mantener la misma interpretación cuando cambia la cultura tiende a hacer incomprensible la experiencia y matar su vitalidad. Por ejemplo, Jesús habló en arameo y desde la cultura bíblica, pero los evangelios los tenemos en griego y desde la cultura helénica. Sin esta reinterpretación, sería ininteligible para aquel mundo y ni siquiera llegaría a nosotros. Pues bien, nosotros vivimos después de la modernidad y si no logramos repensar la experiencia originaria en ese nuevo paradigma cultural, corre el riesgo de no ser verdaderamente comprendida.

P. La jerarquía católica ataca su idea del “pluralismo asimétrico” de religiones. El catolicismo ¿niega la diversidad de religiones?

R. La teología todavía no dispone de categorías adecuadas para enfrentarse al diálogo de religiones, que se presenta con una trascendencia impensable antes de la globalización. Yo intenté buscar alguna categoría y “pluralismo asimétrico”, junto a otras, me parece la más acertada. Tanto la teología actualizada como la realidad viva de muchísimos hombres y mujeres creyentes practica ese diálogo e intenta una nueva y fraterna convivencia.

P. Usted rechaza “los milagros e incluso la resurrección de Jesucristo como milagro susceptible de pruebas empíricas”. ¿Su pensamiento continúa dentro del cristianismo?

El diálogo entre religiones cobra trascendencia con la globalización”

R. Sin duda. Como yo piensan hoy la mayoría de los teólogos actualizados. La crítica bíblica demuestra que de los llamados milagros de los evangelios apenas quedan algunas curaciones. Y la nueva visión del funcionamiento autónomo del mundo, proclamado solemnemente por el Vaticano II, Dios es presencia activa y promueve el mundo desde dentro. Igual que sucede con la existencia de Dios, pedir pruebas empíricas para poder aceptarla es tan absurdo como negarse a admitir la existencia de un sonido si no se demuestra su peso en kilos.

P. Tras la condena episcopal, usted afirmó que “en ninguna otra nación europea con seria tradición teológica” se cuestionaría su obra.

R. No hablo de la jerarquía católica española, sino de un grupo muy concreto y de unos teólogos afines. Aclarado esto, esa afirmación es cierta.

P. ¿Quién forma ese grupo?

R. No quiero entrar en un juego tan oscuro e irresponsable, cuando mi pensamiento ya ha sido suficientemente calumniado. Por espíritu eclesial y honestidad, deberían ser esas personas las que saliesen a la luz del diálogo público, se abriesen a la empatía de la comprensión y buscasen la fuerza de las razones.

P. El catolicismo español ¿permite la libertad individual?

R. Dentro del catolicismo, a pesar de este episodio, hay mucha libertad, más de la que el ambiente creado por las manifestaciones oficiales parece indicar. La vida de los grupos activos en la comunidad eclesial no le tiene miedo a la libertad. Mi ordenador echa humo con mensajes individuales y colectivos que me llegan de todas partes, animados de libertad evangélica.