El Universal, Caracas, 20/07/1944.
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sábado, 9 de noviembre de 2019
jueves, 28 de marzo de 2019
UNA MIRADA DESACOSTUMBRADA
Arquitectura de prisión
Siul Nagarrab
Obligados, los venezolanos nos habituamos a vivir enrejados en casas y apartamentos. La más humilde ventana, añadida la sala de baño, requiere de una máscara de hierro para evitar el escalamiento insólito de un decidido hampón, como ocurre también con la terraza que la supuso la más elemental previsión del ocupante al tratarse de un piso alto del edificio.
Décadas atrás, prosperó el negocio de las rejas en sus más variados formatos, por momentos competidas por las puertas de seguridad y las múltiples barras secretas de un costo enorme. Cualesquiera motivos y ornamentos, adquirida la pieza sin consultar al condominio, el enrejado derivó en un rompecabezas del gusto arbitrario en las comunidades residenciales que no pocos conflictos produjeron en calles cerradas, tratándose de las casas, o en elevados inmuebles de ocupantes que todavía se juran propietarios verticales y no horizontales.
Frecuentemente, como refiere el venezolanismo, el más avispado picaba adelante e imponía al resto un estilo que no tardaba en conseguir otras rivalidades al pasear la vista por la vereda, los balcones y pasillos. Después, pudiendo apreciarse desde que culminó el salvaje derribamiento de los portones con la masiva represión de 2017, cualquier cosa que pueda soldarse es útil para la defensa de un hábitat de difícil mantenimiento, incluyendo la madera de antigua reputación, aunque algunos tuvieron tiempo de contratar sendas láminas de acero, como – bueno mencionarlo – los kiosqueros.
Testimonios, como el de una amiga cercana, muestra el riesgo de la más elemental reparación de los accesos al lugar donde – al menos – se duerme, pues, obra la presunción de un adineramiento imprevisto para ensayar algún hurto, asalto a mano armada o secuestro. Atorada y rota la puerta metálica del garaje de una casa nada llamativa, heredada de padres laboriosos, incurrió en el error de ordenar una soldadura y tres manos de pintura a pagar poco a poco, pero estuvo asediada por quienes de un modo u otro, ajenos al sitio, tomaron nota de la novedad y procedieron para celebrar tan peculiar negocio que, por fortuna, frustró el convencimiento de unas cuentas bancarias raquíticas de la médico que ya ni automóvil propio tiene.
Por muy serializada que sea la Caracas de pequeñas, medianas o grandes torres, hay muestras de inmuebles de una grata y, a veces, muy elaborada arquitectura que las rejas, muros altos, alambradas eléctricas, ocultan. Muy pocos, se ofrecen tales como vinieron al mundo para asombrarnos por ángulos, espacios y materiales que tienen la osadía de esculpir al viento.
Disculpándonos por una nueva alusión personal, tras varias décadas de visitar el estado Táchira, nunca se nos ocurrió aprovechar la oportunidad de visitar la otrora rumbosa, insegura y también horripilante ciudad colombiana de Cúcuta. Lo hicimos hacia el 2013 para almorzar en un restaurante de extraordinaria cocina y nos sorprendió que el local tuviese grandes vidrieras y puertas desprovistas de rejas, como el resto de un vecindario con casas y edificios de útiles terrazas para airearse y asolearse despreocupadamente.
Estamos lejos de imaginar a las principales ciudades venezolanas, con inmuebles desprovistos del artefacto de seguridad. Sin dudas, ya condicionados por los muchos años de infortunios, al apreciar un modesto edificio de la vieja capital (El Universal, Caracas, 08/08/1953), la impresión inicial es que está desnudo, pues, no pertenece al género indeseado de la arquitectura de prisión que significa toda una costumbre de la mirada empobrecida: una estética petrolera que es la del derrumbe, en contraste con otras latitudes orientales en las que el crudo permite cotizar y muy bien a los más osados arquitectos,
Reproducción: El Universal, Caracas,08/08/1953.
31/03/2019:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/34628-nagarrab-s
Siul Nagarrab
Obligados, los venezolanos nos habituamos a vivir enrejados en casas y apartamentos. La más humilde ventana, añadida la sala de baño, requiere de una máscara de hierro para evitar el escalamiento insólito de un decidido hampón, como ocurre también con la terraza que la supuso la más elemental previsión del ocupante al tratarse de un piso alto del edificio.
Décadas atrás, prosperó el negocio de las rejas en sus más variados formatos, por momentos competidas por las puertas de seguridad y las múltiples barras secretas de un costo enorme. Cualesquiera motivos y ornamentos, adquirida la pieza sin consultar al condominio, el enrejado derivó en un rompecabezas del gusto arbitrario en las comunidades residenciales que no pocos conflictos produjeron en calles cerradas, tratándose de las casas, o en elevados inmuebles de ocupantes que todavía se juran propietarios verticales y no horizontales.
Frecuentemente, como refiere el venezolanismo, el más avispado picaba adelante e imponía al resto un estilo que no tardaba en conseguir otras rivalidades al pasear la vista por la vereda, los balcones y pasillos. Después, pudiendo apreciarse desde que culminó el salvaje derribamiento de los portones con la masiva represión de 2017, cualquier cosa que pueda soldarse es útil para la defensa de un hábitat de difícil mantenimiento, incluyendo la madera de antigua reputación, aunque algunos tuvieron tiempo de contratar sendas láminas de acero, como – bueno mencionarlo – los kiosqueros.
Testimonios, como el de una amiga cercana, muestra el riesgo de la más elemental reparación de los accesos al lugar donde – al menos – se duerme, pues, obra la presunción de un adineramiento imprevisto para ensayar algún hurto, asalto a mano armada o secuestro. Atorada y rota la puerta metálica del garaje de una casa nada llamativa, heredada de padres laboriosos, incurrió en el error de ordenar una soldadura y tres manos de pintura a pagar poco a poco, pero estuvo asediada por quienes de un modo u otro, ajenos al sitio, tomaron nota de la novedad y procedieron para celebrar tan peculiar negocio que, por fortuna, frustró el convencimiento de unas cuentas bancarias raquíticas de la médico que ya ni automóvil propio tiene.
Por muy serializada que sea la Caracas de pequeñas, medianas o grandes torres, hay muestras de inmuebles de una grata y, a veces, muy elaborada arquitectura que las rejas, muros altos, alambradas eléctricas, ocultan. Muy pocos, se ofrecen tales como vinieron al mundo para asombrarnos por ángulos, espacios y materiales que tienen la osadía de esculpir al viento.
Disculpándonos por una nueva alusión personal, tras varias décadas de visitar el estado Táchira, nunca se nos ocurrió aprovechar la oportunidad de visitar la otrora rumbosa, insegura y también horripilante ciudad colombiana de Cúcuta. Lo hicimos hacia el 2013 para almorzar en un restaurante de extraordinaria cocina y nos sorprendió que el local tuviese grandes vidrieras y puertas desprovistas de rejas, como el resto de un vecindario con casas y edificios de útiles terrazas para airearse y asolearse despreocupadamente.
Estamos lejos de imaginar a las principales ciudades venezolanas, con inmuebles desprovistos del artefacto de seguridad. Sin dudas, ya condicionados por los muchos años de infortunios, al apreciar un modesto edificio de la vieja capital (El Universal, Caracas, 08/08/1953), la impresión inicial es que está desnudo, pues, no pertenece al género indeseado de la arquitectura de prisión que significa toda una costumbre de la mirada empobrecida: una estética petrolera que es la del derrumbe, en contraste con otras latitudes orientales en las que el crudo permite cotizar y muy bien a los más osados arquitectos,
Reproducción: El Universal, Caracas,08/08/1953.
31/03/2019:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/34628-nagarrab-s
sábado, 26 de mayo de 2018
DRAMÁTICA VIVENCIA DEL ESTADO FALLIDO
El testimonio de Nashla Báez:
He estado alejada de las RRSS porque el jueves en la mañana fui víctima de un atraco. Entrando a la estación del metro de Los Dos Caminos, dos hombres me abordaron uno me apuntó con una pistola en el estómago y otro me requisó hasta que consiguió mi teléfono celular.
Ahí comenzó la odisea, lo reporté en el metro, después de la odiosa respuesta de la chica de información: "Seguro lo cargabas en la mano" No, y si así fuese NO FUE MI CULPA QUE ME ATRACARAN.
Llamó a la guardia nacional, esa que está destacada en todas las estaciones y se demoró 15 minutos en llegar. Llegó me volvió a preguntar si yo tenía el teléfono en las manos 🙄 Describí más o menos al tipo que me apuntó, el que me abordó por detrás no lo vi y salieron en cambote a buscarlo como si hubiese posibilidad de encontrarlo. No levantaron el reporte, la denuncia o algo por el estilo.
Le digo a la chica de información que si no hay manera de ver los videos de seguridad, quiero ver quienes me atracaron. Me dice que sí hasta que se da cuenta que la cámara de puerta 1 (la que está al lado del Millenium) está dañada y no tiene el video ¡Qué casualidad! digo entre sollozos.
Llego a la oficina y empiezo todo el trámite de cambio de claves de las cuentas que manejo, llamo a movistar para bloquear la línea. Después de varios vasos de agua con azúcar voy a la casa a buscar la caja del celular, hay que poner la denuncia.
Después del mediodía consigo la caja, Murphy siempre haciendo de las suyas, no estaba en donde debía estar. Almuerzo y voy al CICPC a cumplir con mi deber de denunciar que mi vida corrió peligro en un país donde la impunidad ronda el 98.9% Me dicen que debo llevar el documento de asignación, pues el teléfono era de la empresa.
Llamo para que me den el documento de asignación y no hay luz. Desisto por ese día de poner la denuncia.
Al día siguiente ya con todo lo que tenía que tener, la caja, fotocopia de la caja, documento de asignación y copia. Después del mediodía voy a lo mío primero paso por el CICPC de El Llanito y de ahí me rebotan porque el atraco fue en Leoncio Martínez y eso le corresponde al CICPC de Chacao, ilusa yo al creer que ese cuerpo tenía competencias a nivel nacional.
Llego al CICPC de Chacao y tras esperar mi turno les repito el cuento e insisto en que quiero poner una denuncia y me dicen que eso no es con ellos, el robo de un celular es con la policía municipal. Me voy rezongando que no entiendo cómo pueden tener una impunidad del 99% si ni siquiera dejan meter las denuncias.
Llego a Polisucre, en el Coliseo y el policía que me atiende antes de entrar me dice que ahí no es que es en el CICPC, le dije que me dejara pasar y que me rebotaran arriba. Subo digo que quiero poner la denuncia y justo cuando me iban a rebotar salió quien me acompañaba en mi periplo y les dijo: "antes que nos reboten, ten en cuenta que ya hemos pasado por el CICPC de El Llanito y de Chacao" y la respuesta de la mujer policía fue: "bueno, seguro piensan que es un delito menor" el viernes aprendí, que el hecho de que mi vida dependa de la puntada de culo de un malandro es un delito menor"
Después de esperar un par de horas en el Coliseo (así se le conoce comunmente a la sede de la Polícia Municipal) metomaron la denuncia y salí casi a las 6pm.
Fuente:
https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=10156880501116062&id=636571061
He estado alejada de las RRSS porque el jueves en la mañana fui víctima de un atraco. Entrando a la estación del metro de Los Dos Caminos, dos hombres me abordaron uno me apuntó con una pistola en el estómago y otro me requisó hasta que consiguió mi teléfono celular.
Ahí comenzó la odisea, lo reporté en el metro, después de la odiosa respuesta de la chica de información: "Seguro lo cargabas en la mano" No, y si así fuese NO FUE MI CULPA QUE ME ATRACARAN.
Llamó a la guardia nacional, esa que está destacada en todas las estaciones y se demoró 15 minutos en llegar. Llegó me volvió a preguntar si yo tenía el teléfono en las manos 🙄 Describí más o menos al tipo que me apuntó, el que me abordó por detrás no lo vi y salieron en cambote a buscarlo como si hubiese posibilidad de encontrarlo. No levantaron el reporte, la denuncia o algo por el estilo.
Le digo a la chica de información que si no hay manera de ver los videos de seguridad, quiero ver quienes me atracaron. Me dice que sí hasta que se da cuenta que la cámara de puerta 1 (la que está al lado del Millenium) está dañada y no tiene el video ¡Qué casualidad! digo entre sollozos.
Llego a la oficina y empiezo todo el trámite de cambio de claves de las cuentas que manejo, llamo a movistar para bloquear la línea. Después de varios vasos de agua con azúcar voy a la casa a buscar la caja del celular, hay que poner la denuncia.
Después del mediodía consigo la caja, Murphy siempre haciendo de las suyas, no estaba en donde debía estar. Almuerzo y voy al CICPC a cumplir con mi deber de denunciar que mi vida corrió peligro en un país donde la impunidad ronda el 98.9% Me dicen que debo llevar el documento de asignación, pues el teléfono era de la empresa.
Llamo para que me den el documento de asignación y no hay luz. Desisto por ese día de poner la denuncia.
Al día siguiente ya con todo lo que tenía que tener, la caja, fotocopia de la caja, documento de asignación y copia. Después del mediodía voy a lo mío primero paso por el CICPC de El Llanito y de ahí me rebotan porque el atraco fue en Leoncio Martínez y eso le corresponde al CICPC de Chacao, ilusa yo al creer que ese cuerpo tenía competencias a nivel nacional.
Llego al CICPC de Chacao y tras esperar mi turno les repito el cuento e insisto en que quiero poner una denuncia y me dicen que eso no es con ellos, el robo de un celular es con la policía municipal. Me voy rezongando que no entiendo cómo pueden tener una impunidad del 99% si ni siquiera dejan meter las denuncias.
Llego a Polisucre, en el Coliseo y el policía que me atiende antes de entrar me dice que ahí no es que es en el CICPC, le dije que me dejara pasar y que me rebotaran arriba. Subo digo que quiero poner la denuncia y justo cuando me iban a rebotar salió quien me acompañaba en mi periplo y les dijo: "antes que nos reboten, ten en cuenta que ya hemos pasado por el CICPC de El Llanito y de Chacao" y la respuesta de la mujer policía fue: "bueno, seguro piensan que es un delito menor" el viernes aprendí, que el hecho de que mi vida dependa de la puntada de culo de un malandro es un delito menor"
Después de esperar un par de horas en el Coliseo (así se le conoce comunmente a la sede de la Polícia Municipal) metomaron la denuncia y salí casi a las 6pm.
Fuente:
https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=10156880501116062&id=636571061
Etiquetas:
Desidia,
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Robo
domingo, 14 de enero de 2018
EL BISTURÍ SOBRE EL IMAGINARIO
La maldición del pasado
Luis Barragán
Cierto, no era el país que todavía soñamos, aunque – sin lugar a dudas – incomparablemente fue mejor respecto al que hoy tenemos. Valga el ejemplo del profundamente conmovido por los sucesos del Caracazo que ha manipulado hasta la saciedad el único gobierno que ha tenido la nueva centuria, pues, bajo las expectativas del aumento de la gasolina en apenas pocos céntimos, abastecidos – faltando poco – con distintas marcas de un insumo básico, repuesto a los pocos días el que faltaba, y con una inflación que ascendió luego a 100%, viva la exigencia múltiple del respeto del Estado de Derecho, vigente la división de los órganos del Poder Público y reconocido el costo político de la violación de los derechos humanos, el más desavisado de nuestros amables lectores puede realizar el rápido contraste de sus asombros.
Los celebérrimos 40 años quedaron reducidos a una burda y facilona consigna que rápidamente contaminó el lenguaje cotidiano, embutiéndole toda la maldad posible que desembocó en la Venezuela que todavía exhibía la tercera transnacional petrolera más importante del mundo, demasiado lejos de subastar las ahora escasas bolsas de basura – las unas y la otra – que sintetizan la profundidad de nuestros dramas. Operó una maldición de tan extraordinarias quilates que, ahora, obliga a recuperar nociones y hasta términos tan elementales, como libertad, democracia, paz, convivencia, equidad, desarrollo, antes de uso corriente para toda polémica, por doméstica que fuese.
Otro ejemplo, encontramos por casualidad un reportaje de Euro Fuenmayor, cuyo título es revelador: “Ni un solo muerto en Caracas el 31 y el primero y apenas 33 ingresos en todos los hospitales” (El Nacional, Caracas, 02/01/1968). Y, si bien es cierto que contábamos con una menor cantidad de población, no menos lo es que un escolar ejercicio aritmético no ofrece siquiera una aproximación a la actual y escandalosamente desproporcionada cantidad de muertes injustas, prematuras y violentas que el Estado cuida de no publicar con un celo semejante al silencio de los números que dibujan la hiperinflación; valga la coletilla, sobrando los comentarios, después Víctor Manuel Reinoso publica otro reportaje, en el mismo diario, que versa sobre “los 13 mil hombres que cuidan (a la) Caracas” de un millón 800 mil habitantes, gracias a a los servicios de seis entidades policiales y ocho empresas privadas (Ibidem: 04/01/1968).
Se dirá que era la situación de un largo medio siglo atrás, pero coincide con ese período denostado de los 40 de nuestros tormentos que sirvió para legitimar el ascenso de quienes superlativamente elevaron las cifras de muertes por encima de 26 mil en 2017, según el Observatorio Venezolano de la Violencia, cuando despedimos el siglo anterior tan justamente escandalizados por un promedio de cuatro o cinco mil muertes.
Purgando nuestros prejuicios, ese cada vez más remoto pasado que fue tan útil para la demagogia socialista, debe ocupar su adecuado lugar para atender a un presente cada vez más pavoroso. Muy lejos de justificarlo, a pesar de todos los pesares, e, incluso, juzgando por la novelística de Guillermo Cabrera Infante y hasta por una obra postrera de John Dos Passos, sobre la vida cotidiana de la Cuba de entonces, si Fulgencio Batista representó un mal, los Castro Ruz resultaron endiabladamente peores. No obstante, el sargento que llegó a general, por cierto, homenajeado por el Partido Comunista de Venezuela, en la Caracas que visitó por los años ’40 del XX, ha sido la mejor excusa - junto al imperialismo yanqui - para sostener la dictadura que tozudamente aterroriza a sus víctimas con un regreso ya imposible al batistato, como única fórmula de superación.
Referencia:
Fotografía: https://www.lapatilla.com/site/2015/04/24/la-impunidad-impuso-un-toque-de-queda-en-venezuela
Ilustración: Fulgencio Batista, según Raúl Arzubi Borda. El Nacional, Caracas, 02/01/1959.
14/01/2018: http://guayoyoenletras.net/2018/01/14/la-maldicion-del-pasado/
14/01/2018: http://guayoyoenletras.net/2018/01/14/la-maldicion-del-pasado/
sábado, 28 de enero de 2017
ESTRUCTURACIÓN DE LA INSEGURIDAD PERSONAL
EL UNIVERSAL, Caracas, 25 de enero de 2017
23 planes de seguridad. El gran fracaso
Eldes J. Rojas L.
Uno de los trucos de los comunismos, socialismos, populismos o como se les quiera llamar a esas cómicas destructoras de sociedades, es el lanzamiento de sucesivos planes, uno encima del otro, cuando el anterior ya ha verificado el fracaso completo. De hecho es muy seguro que en el caso del chavismo tengan planes diseñados de antemano para cada año de gobierno. Siempre saben que fracasarán, pero en el camino muchos de los integrantes de la cúpula se ganarán unos reales. Eso es lo que importa. Lo demás es cuento, cadenas, habladera y buscar culpables. Siempre los encuentran. Y los meten presos sin juicios o con pruebas falsas. No importa. Como en Cuba.
En Venezuela, que es como Cuba, hay varios problemas que están destruyendo a la sociedad y serán irrecuperables en el corto plazo. La economía, la inflación, la seguridad jurídica, la educación, la infraestructura, la producción, la agricultura. Mucho más. Pero es la seguridad la reina de las posturas terrenales del chavismo. Por eso medio país huyó y otro tanto está con las maletas listas solo esperando llegar al llegadero. No falta mucho. Total, ya hay suficiente familia afuera, y sólidamente establecida, con las camas bien tendidas y a la espera. Pero hay que llegar al llegadero. Mientras tanto, pues, no. De eso trata esta nota. De la estafa del chavismo en materia de seguridad para los súbditos. Y eso que son chavistas, humanistas, socialistas. Si fueran capitalistas nos matan a todos, según su verborrea televisiva y de bar fino. De bar para chavistas de la izquierda ilustrada y con un pie fuera del país. Pues, ahí es donde hay más.
Veamos qué han hecho estos ilusionistas desde los tiempos del comandante fallecido hasta el mandato de los herederos a juro.
Planes es lo que sobra desde 1999, cuando comenzó la pesadilla roja. En el 99 se registraron en Venezuela unas 5 mil 900 personas fallecidas a manos de la delincuencia, de acuerdo con el Observatorio Venezolano de la Violencia. El 2016 cerró con cerca de 30 mil muertes violentas. Como se ve, estos comunistas y sus militares de apoyo son de lo más eficientes. Casi perfectos. ¿Y los planes? Muchos y de variada especie. Con mucha plata de por medio y, claro, eso genera vínculos de militancia amorosa y muchos nuevos ricos. Especialmente de verde. Veamos. Casi siempre con expertos militares metidos en la candela y, naturalmente, en las compras de armas y aparatos para reprimir. Ese es el meollo. No los resultados.
La lista del fracaso: Plan Nacional de Desarme Carcelario (1999). Plan Nacional de Seguridad Ciudadana (1999). Plan Bratton, Alcaldía Metropolitana de Caracas (2000). Plan Estratégico de Prevención de la Violencia (2001), Plan Confianza (2001). Plan Nacional de Control de Armas (2002). Plan Piloto de Seguridad (2003). Plan Integral de Seguridad Misión Caracas (2003). Plan Estratégico Nacional de Convivencia y Seguridad Ciudadana (2006). Plan Caracas Segura (2008). Plan Ruta Segura, Distrito Capital (2008). Plan Noche Segura (2009). Plan Autopista Segura, Distrito Capital (2009). Dispositivo Bicentenario de Seguridad (2009). Operación Cangrejo (2009). Madrugonazo al Hampa (2009). Guardia del Pueblo (2009). Misión A Toda Vida Venezuela (2012). Operativo Madriguera, Distrito Capital (2013). Plan Patria Segura (2013). Plan Nacional de Desarme (2014). Creación de las OLP (Operación de la Liberación del Pueblo) (2015). Campaña Carabobo 2021 (2017).
Como pueden ver son 23 planes de seguridad que lleva el chavismo. Cada uno más fracasado que el anterior. Como debe ser.
En la presentación del último embarque Maduro dijo que activó seis líneas estratégicas para el Plan Campaña Carabobo 2021, comprendidas en: la primera línea se encargará de la expansión de todos los planes deportivos y culturales del Movimiento por la Paz y la Vida. Como segunda línea la reactivación del Plan Patria Segura. La tercera línea contempla la instalación en todo el país de los Cuadrantes de Paz. La cuarta línea el fortalecimiento del Sistema Popular de Protección para la Paz, que tendrá la finalidad ejecutar el trabajo de inteligencia, anunciando las alertas y previniendo las amenazas en lo económico, político cultural y social. La quinta línea tiene que ver con la reformación de las Operaciones de Liberación del Pueblo. La sexta y última, estará representada por las casas para la resolución de conflicto, “para la justicia temprana, para combatir la impunidad, para llevar la Ley y el orden a la comunidad”.
Lean bien y no se desmayen ante el tamaño del cerro de gamelote. Es lo usual. Ya deberíamos estar acostumbrados.
Cuídense. El país los necesita vivos.
Fuente:
http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/planes-seguridad-gran-fracaso_636516
Fotografía: http://runrun.es/opinion/impacto/99182/se-incendia-la-pradera-por-armando-duran.html/attachment/inseguridad-venezuela
23 planes de seguridad. El gran fracaso
Eldes J. Rojas L.
Uno de los trucos de los comunismos, socialismos, populismos o como se les quiera llamar a esas cómicas destructoras de sociedades, es el lanzamiento de sucesivos planes, uno encima del otro, cuando el anterior ya ha verificado el fracaso completo. De hecho es muy seguro que en el caso del chavismo tengan planes diseñados de antemano para cada año de gobierno. Siempre saben que fracasarán, pero en el camino muchos de los integrantes de la cúpula se ganarán unos reales. Eso es lo que importa. Lo demás es cuento, cadenas, habladera y buscar culpables. Siempre los encuentran. Y los meten presos sin juicios o con pruebas falsas. No importa. Como en Cuba.
En Venezuela, que es como Cuba, hay varios problemas que están destruyendo a la sociedad y serán irrecuperables en el corto plazo. La economía, la inflación, la seguridad jurídica, la educación, la infraestructura, la producción, la agricultura. Mucho más. Pero es la seguridad la reina de las posturas terrenales del chavismo. Por eso medio país huyó y otro tanto está con las maletas listas solo esperando llegar al llegadero. No falta mucho. Total, ya hay suficiente familia afuera, y sólidamente establecida, con las camas bien tendidas y a la espera. Pero hay que llegar al llegadero. Mientras tanto, pues, no. De eso trata esta nota. De la estafa del chavismo en materia de seguridad para los súbditos. Y eso que son chavistas, humanistas, socialistas. Si fueran capitalistas nos matan a todos, según su verborrea televisiva y de bar fino. De bar para chavistas de la izquierda ilustrada y con un pie fuera del país. Pues, ahí es donde hay más.
Veamos qué han hecho estos ilusionistas desde los tiempos del comandante fallecido hasta el mandato de los herederos a juro.
Planes es lo que sobra desde 1999, cuando comenzó la pesadilla roja. En el 99 se registraron en Venezuela unas 5 mil 900 personas fallecidas a manos de la delincuencia, de acuerdo con el Observatorio Venezolano de la Violencia. El 2016 cerró con cerca de 30 mil muertes violentas. Como se ve, estos comunistas y sus militares de apoyo son de lo más eficientes. Casi perfectos. ¿Y los planes? Muchos y de variada especie. Con mucha plata de por medio y, claro, eso genera vínculos de militancia amorosa y muchos nuevos ricos. Especialmente de verde. Veamos. Casi siempre con expertos militares metidos en la candela y, naturalmente, en las compras de armas y aparatos para reprimir. Ese es el meollo. No los resultados.
La lista del fracaso: Plan Nacional de Desarme Carcelario (1999). Plan Nacional de Seguridad Ciudadana (1999). Plan Bratton, Alcaldía Metropolitana de Caracas (2000). Plan Estratégico de Prevención de la Violencia (2001), Plan Confianza (2001). Plan Nacional de Control de Armas (2002). Plan Piloto de Seguridad (2003). Plan Integral de Seguridad Misión Caracas (2003). Plan Estratégico Nacional de Convivencia y Seguridad Ciudadana (2006). Plan Caracas Segura (2008). Plan Ruta Segura, Distrito Capital (2008). Plan Noche Segura (2009). Plan Autopista Segura, Distrito Capital (2009). Dispositivo Bicentenario de Seguridad (2009). Operación Cangrejo (2009). Madrugonazo al Hampa (2009). Guardia del Pueblo (2009). Misión A Toda Vida Venezuela (2012). Operativo Madriguera, Distrito Capital (2013). Plan Patria Segura (2013). Plan Nacional de Desarme (2014). Creación de las OLP (Operación de la Liberación del Pueblo) (2015). Campaña Carabobo 2021 (2017).
Como pueden ver son 23 planes de seguridad que lleva el chavismo. Cada uno más fracasado que el anterior. Como debe ser.
En la presentación del último embarque Maduro dijo que activó seis líneas estratégicas para el Plan Campaña Carabobo 2021, comprendidas en: la primera línea se encargará de la expansión de todos los planes deportivos y culturales del Movimiento por la Paz y la Vida. Como segunda línea la reactivación del Plan Patria Segura. La tercera línea contempla la instalación en todo el país de los Cuadrantes de Paz. La cuarta línea el fortalecimiento del Sistema Popular de Protección para la Paz, que tendrá la finalidad ejecutar el trabajo de inteligencia, anunciando las alertas y previniendo las amenazas en lo económico, político cultural y social. La quinta línea tiene que ver con la reformación de las Operaciones de Liberación del Pueblo. La sexta y última, estará representada por las casas para la resolución de conflicto, “para la justicia temprana, para combatir la impunidad, para llevar la Ley y el orden a la comunidad”.
Lean bien y no se desmayen ante el tamaño del cerro de gamelote. Es lo usual. Ya deberíamos estar acostumbrados.
Cuídense. El país los necesita vivos.
Fuente:
http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/planes-seguridad-gran-fracaso_636516
Fotografía: http://runrun.es/opinion/impacto/99182/se-incendia-la-pradera-por-armando-duran.html/attachment/inseguridad-venezuela
lunes, 22 de agosto de 2016
POR "ONDAS UNIVERSITARIAS"
Las colas peligrosas
El
diputado Luis Barragán (Vente Venezuela) se refirió al empobrecimiento cada vez
más radical de los venezolanos en la emisión sabatina del programa “Ondas
Universitarias” que transmite Radio Capital, entrevistado por el Lic. William
Anseume, presidente de la Asociación de Profesores de la Universidad Simón
Bolívar.
“”Tratándose
de una crisis humanitaria que cada día se agrava más, ha transcurrido demasiado
tiempo sin que el régimen la resuelva, a pesar de contar con la
inconstitucional renovación de un Estado de Excepción, cuyas medidas, algo
suficientemente advertido, tenga un resultado distinto al despido de Pérez Abad
y a la improvisación de otras que agudizan el problema”.
Añadió
el jefe de la fracción parlamentaria de Vente Venezuela ante la Asamblea
Nacional: “Encima de las enormes colas que debemos hacer los venezolanos,
excepto los altos burócratas del Estado que gozan de insólitos privilegios,
también debemos lidiar con el hampa. No hay cola, por inútil que sea cuando
tampoco existe la certeza de ograr los alimentos, en las que no corramos el
peligro de un atraco o de un hurto, porque – por lo general – hay que pagar en
efectivo, deambulando y arriesgándoos con un fajo de billetes que a duras penas
alcanzan por una inflación que los especialistas estiman en 500%, aunque
también el gobierno oculta las cifras como nunca antes ocurrió en Veneuela”.
“Los
venezolanos nos rebelamos cívicamente y el primero de septiembre se convertirá
en una irresistible y masiva jornada de protesta en defensa de la constitucionalidad,
con la vocación pacífica que siempre nos ha asistido”, finalizó.
21/08/2016:
http://www.opinionynoticias.com/noticiasnacional-/27311-barragan-qestamos-sometidos-al-hampa-al-hacer-las-inciertas-colasq#.V7oUj8mEqdE.twitter
http://www.opinionynoticias.com/noticiasnacional-/27311-barragan-qestamos-sometidos-al-hampa-al-hacer-las-inciertas-colasq
http://www.opinionynoticias.com/noticiasnacional-/27311-barragan-qestamos-sometidos-al-hampa-al-hacer-las-inciertas-colasq
Bodeguería
El
diputado Luis Barragán (Vente Venezuela) se refirió al empobrecimiento cada vez
más radical de los venezolanos en la emisión sabatina del programa “Ondas
Universitarias” que transmite Radio Capital, entrevistado por el Lic. William
Anseume, presidente de la Asociación de Profesores de la Universidad Simón
Bolívar.
Señaló
el parlamentario: “El ministro de la Defensa ha asumido una misión que no ha
sido de abastecimiento ni está encaminada a recuperar la soberanía y seguridad
alimentaria de la nación que ha vulnerado impunemente el régimen. El remedio ha
sido peor que la enfermedad, pues, en lugar de una rectificación con el
realismo que reclama la población desesperada por los alimentos, medicamentos y
productos para la propia higiene personal, harta de las mafias que trafican con
sus penurias, el gobierno insiste con el modelo socialista no deja en pie a
ningún venezolano sano”.
Prosiguió:
“El general Vladimir Padrino López
fungido de principal bodeguero de la República y, evidentemente, lo ha hecho
mal, por los resultados que todos conocemos. Preocupa que tan elevado
funcionario del Estado atienda y se entienda con responsabilidades que no
conciernan específicamente al sector defensa, justificando el profesionalismo y
la especialidad de la institución castrense, encarando aquellas que atañen
intransferible y directamente a Maduro
Moros y a sus equipos responsables de la inédita crisis humanitaria que
padecemos”.
Finalmente,
acotó el diputado Barragán, jefe de la fracción parlamentaria de su partido ante
la Asamblea Nacional: “Con la complicidad del TSJ, Maduro Moros ha tenido todo
el poder en la mano para solucionar el problema del desabastecimiento,
incluyendo el peligro mismo de hacer las colas sometidas al hampa. Ha podido aplicar todas las medidas que
anunció en sus declaratorias de Estado de Excepción que ha renovado
inconstitucionalmente, pero – advertido por la oposición – absolutamente
ninguna ha tenido resultado. Lo peor, se llena la boca literal y políticamente,
comiendo completo cada día y financiando el cumpleaños de dictadores que lo
hacen correr a La Habana, con su muy soberana irresponsabilidad. Ya pasó
demasiado tiempo y no se ve el queso a la tostada”.
21/08/16:
martes, 31 de mayo de 2016
LA ADVERTIDA PERSPECTIVA DE UN MEDIO OFICIAL
En el país hay una subcultura de malandros para quienes matar da prestigio y poder
Vanessa Davies / 19 enero 2014
El psicólogo, director del Centro de Investigaciones
Populares, teme que esos grupos de muchachos entren en conexión unos con
otros y se conviertan en un poder. Asegura que no se puede intentar
explicar la violencia criminal solo con el argumento de la pobreza y la
exclusiónMoreno alerta que las bandas de muchachos de no más de 25 años de edad se han convertido en una subcultura de hombres dispuestos a matar porque matar es poder y es un acto placentero para ellos.
Aun cuando considera que se puede hablar de crímenes atroces, señala que el asesinato de la actriz Mónica Spear y de su esposo, Thomas Berry, que ha levantado una polvareda nacional e internacional, “no es de lo más atroces; más bien es casi común”, porque los delincuentes “interfieren el desplazamiento de un vehículo y disparan”. Eso “está sucediendo abundantemente”, y según sus estimaciones, se volvió cotidiano desde hace cuatro o cinco años; el año 2013 “ha sido muy abundante en esto, lo que me hace temer que 2014 puede ser peor”.
Su preocupación es evidente al analizar que “hemos entrado en una espiral de lo que yo llamo los crímenes sin suficiente motivación. Hay crímenes con motivación banal: le dieron un pisotón, sacó la pistola y disparó”. Es “una motivación banal y perversa, porque por supuesto que ninguna motivación es justa en este caso, pero hay los que no tienen motivación, y lo que estamos descubriendo es que disparan y matan por matar”.
Con base en su conocimiento, advierte que se está formando “un grupo humano, con su propio mundo de vida, al margen de la forma de vida y del mundo de vida de la sociedad”, ya que “desarrolla sus propios valores, desarrolla sus propia manera de entender la realidad y de reaccionar ante ella, de buscarse los bienes”. Maneras que están “completamente fuera de lo aceptado en la convivencia social de la gente”.
Moreno ya lo había enunciado en la investigación Y salimos a matar gente: “El delincuente estructural ha convertido la violencia en su forma de vida, en una forma de vida”. Pero en ese momento lo había analizado como un fenómeno de los sujetos: “No se nos había presentado todavía como un fenómeno grupal”.
Moreno precisa que estos delincuentes violentos no son enfermos ni tienen daño cerebral o psicológico de por sí, pero sí están en una subcultura y tienen libertad de decisión. Va aún más allá: Esas personas “saben lo que hacen, quieren lo que hacen y lo comparten todos. Todos tienen el mismo punto de vista”. Por ahora, analiza, “son grupos aislados”, pero “en el futuro pueden conectarse y se pueden convertir en un poder”.
A fuego lento
El investigador sostiene que esa subcultura “se ha ido formando lentamente”, debido -entre otras razones- a la práctica de la violencia sin consecuencias “o con consecuencias banales”. Toma el ejemplo de la banda que asesinó a Spear y a su esposo: cuerpos de seguridad dijeron que la habían desintegrado varias veces, lo que Moreno critica porque “una banda se la desintegra una sola vez si eres policía y si eres el Estado”. El desorden “favorece que actúes libremente, jugando con los distintos desórdenes”, reprocha.
“Cuando un acontecimiento social como este se deja a su libre desarrollo, se desarrolla y se amplía”, advierte, “y va captando a otros. Por eso es peligrosísimo”.
Todo empieza por las prácticas: “atracas, en pequeños grupos o en conexión con otros compinches y no tiene consecuencias. Entonces te afirmas en lo que estás haciendo y te afirmas en la manera de entender y de pensar. Empiezas a pensar que las cosas son así, que hay una forma natural de hacer las cosas así; que es lícito, que es normal hacerlo”. Así se forma “una mentalidad, una manera de ver que acaba por convertirse en una subcultura. ‘Yo soy así’. De unos años para acá han empezado a jactarse. Es más: pertenecer a esa cultura se convierte en un logro, se convierte en motivo de orgullo”. Ahora es, no una postura individual, sino una posición de grupo.
La vida humana merece, para la sociedad, un gran respeto. No así para los integrantes de esta subcultura. Ser malandro es “tener poder, y tener poder quiere decir tener todas las jevas que yo quiera, tener todo el dinero que yo quiera, tener el dominio de todos los que yo quiera”, describe. Los estudios de Moreno revelan que la gran motivación de estos delincuentes es imponer el ser respetados. “¿Cómo ven la vida? La vida como poder”.
-¿Y cómo ven la vida del otro, a quien se la quitan?
-Si tienes poder, la vida del otro está sometida a tu poder. En sentir que tienes poder. Eso lo decía Alfredo, uno de los sujetos nuestros, y en los otros también se nota eso como gran motivación: el tener poder.
-¿Eso los lleva a matar?
-Claro. ¿Qué mayor poder que ser dueño de la vida y de la muerte de otro? A uno le cuesta mucho pensar que haya gente de esta manera, pero cuando se convierte en una manera común de entender, y compartida, pues parece normal. Y ni siquiera se plantean la pregunta.
-¿No hay conflicto ético?
-No. Quizá al principio. Uno de los sujetos con los que trabajamos nos dijo: “La primera noche, con el primero que yo maté, no dormí”. Pero más que conflicto ético, es miedo, por la superstición de que “me va a salir el muerto”.
Matar se convierte, para ellos, en algo normal. Moreno cuenta que en la carretera vieja Petare-Guarenas, en diciembre pasado, personas que esperaban el autobús fueron ametralladas. “Es matar a cualquiera, es matar por matar. Es tremendamente preocupante y se está convirtiendo en un valor en esa subcultura, porque da prestigio, porque da poder y produce placer”.
Las causas El investigador es muy crítico de la actuación del Gobierno y del Estado para atender este fenómeno. Cita a uno de los muchachos que analizó en sus trabajos: “Tenía 17 años (con cinco o seis asesinatos), cae preso con otro de 21 que tenía 13 muertos. A este lo llevan al Rodeo, a los tres meses sale. El muchacho de 17 años se escapa del centro juvenil donde estaba recluido y dice, tan tranquilo: ‘Seguimos matando gente”.
Hay, acusa, “una impunidad que viene de la justicia”, hasta el punto de que “los malandros han aprendido a tener un fondo de dinero para cuando caigan presos”.
Su experiencia con algunos cuerpos policiales cuando detienen a un malandro dista mucho de ser buena: “A una persona le dan vuelta y vuelta hasta que pague. Los primeros que inventaron, a mi parecer, el secuestro exprés son los policías, con el ruleteo para que les paguen”.
A su juicio, “en todos los gobiernos hubo lenidad y no hubo compromiso, pero en este gobierno no ha habido ninguno. En estos años ha sido desastroso, por unas razones supuestamente teóricas: Porque dicen que son víctimas de la sociedad, son pobrecitos, son del pueblo. Pero yo creo que hay que saber distinguir; no se puede analizar una realidad como esta con ligereza y sin una profundidad de análisis”. No se trata de tener “una ideología de catecismo”, resume.
-¿No son víctimas de la sociedad?
-También, pero eso es un factor más. Lo que hemos encontrado en nuestras investigaciones es que no tiene nada que ver la pobreza de origen con su conducta criminal, lo cual no quiere decir que la pobreza no sea un ambiente en el cual se pueden fomentar ciertas cosas, porque establece límites, cierra posibilidades; más que la pobreza personal, la pobreza ambiental. Pero no hay una relación directa, porque si no, todos los pobres serían malandros. Y desde el punto de vista ideológico, si tú eres de izquierda y estás diciendo que es por la pobreza, estás acusando a todos los pobres. La ideología ahí a veces juega al revés.
El modelaje
-¿Y la violencia de la exclusión?
-Las masas, que no son dirigentes o élites de los países, siempre han estado excluidas, y en Venezuela han estado excluidas siempre, marginadas, pero no había habido esta violencia. La exclusión hay que eliminarla por justicia, por derechos humanos y por dignidad humana, pero si vas a verla como fuente, como ambiente donde se da la violencia, puede ser, pero no es así en todos los lugares. La India, por ejemplo, y el mismo Haití, son ejemplo de ello. No se puede decir que haya una relación directa; hay otros factores que son más determinantes.
Moreno recuerda que en los años 80 del siglo XX “teníamos la tasa de homicidios común, el promedio mundial”, pero ahora, según cifras oficiales, el país cerró 2013 con una tasa oficial de 39 homicidios por cada 100 mil habitantes.
-¿Hay un punto de inflexión?
-Los puntos de inflexión son los momentos de desorden social, político y ético. Primer momento: 1989, con El Caracazo. Después de El Caracazo inmediatamente subió la tasa y se estabilizó. Otro momento: 1992, dos intentos de golpe. Hay un desorden institucional en sentido general: institución militar, institución política. Sube la tasa y se queda. Y luego, en 1998: ahí también hay un cambio completo, y sube.
El investigador habla, también, de la “imposibilidad de las instituciones”, y recalca que los jueces no tienen cómo atender tantos expedientes. “Es como una culebra que se muerde la cola, es un círculo vicioso”. Estima, además, que no hay una clara disposición del Gobierno “de tomar medidas en serio”.
Es verdad, añade, que la violencia “implica a toda la sociedad”, pero “cada uno hace lo que puede. La iglesia hace lo que puede con educación”, pero hace falta “un Gobierno que establezca los controles”. A su juicio, los planes implementados han fracasado. “¿Y voy a creer yo en otro plan?”, se pregunta.
Propuesta -¿Qué haría usted ya?
-La base para esto es algo que no se quiere hacer: distribuir el poder. No a las comunas, que no son poder autónomo, ni los Consejos Comunales, que no son poder. Me refiero a poder de la comunidad, poder autónomo de la comunidad.
Asegura: “Si yo tengo una especie de alcalde en mi barrio, con nombramiento y participación de toda la comunidad, con conexión con el Estado y con apoyo del Estado” será una forma de prevenir.
Un barrio “es una trama de relaciones”; allí el malandro tiene una mujer, los primos, los hermanos, los amigos. Esos vínculos sirven, por un lado, para ocultar, lo que “favorece la impunidad del malandro”, pero por otro lado sirve para influir y cambiar su personalidad, o encontrar formas “de neutralizar su acción”. La distribución del poder, argumenta, hace más manejable esa trama. Moreno cita los casos de Lima y de Bogotá, donde se crearon más municipios y “bajó la violencia”. Esa, aclara, “no es la solución total”, pero contribuye.
Igualmente incide la educación, que es eficaz como herramienta preventiva pero que hay personas a quienes no las cambiará. Se deben emprender acciones policiales, institucionales, pero “lo más importante sería la reforma completa de la justicia”.
¿Cómo desarticular la subcultura? “Eso requiere tiempo, y ahí es donde entra la difusión de valores, pero valores no solamente enseñados, sino practicados”, con la muestra de lo que es la otra sociedad. El problema, acota, es que “la otra sociedad” debe ser apetecible para ellos. “Debe ser apetecible para desarticular esa otra microsociedad, para que no tenga éxito y se muera por sí misma”. Pero también se debe garantizar que esa subcultura no tenga acceso a armas ni a drogas. “Es un trabajo completo, pero no ejercido por los ciudadanos comunes y corrientes, sino por el Estado”.
El rol de los medios
El crimen Spear-Berry puso en el tapete de nuevo la relación entre delincuencia y medios de comunicación. Sobre este tema, Moreno subraya que “algo tiene que influir”, pero precisa que una película violenta es vista como una película por la población. “Cuando procesas la violencia, no en el marco de la verdad, sino en el marco de la fantasía, se queda como fantasía en la mayoría de la gente. Cuando algunos tienen tendencias, les influye indudablemente. Uno sabe del malandro que ha ido a ver tres o cuatro veces la misma película para ver cómo se dispara”.
Como investigador, acota que se han hecho mucho estudios “y no se ha llegado a ninguna conclusión clara”, aun cuando “siempre hay una sospecha”.
No son tantos pero su capacidad de muerte "es asombrosa"
“Los malandros realmente activos en un barrio generalmente no pasan de 5 o 6, 10 cuando mucho. En un barrio de 8 mil habitantes 10 personas no es mucho. Es que la gente se cree que nosotros en Venezuela tenemos infinidad de malandros. No es verdad. No son tantos los malandros. Lo que pasa es que tienen una capacidad de muerte que es asombrosa. Tienen las armas que quieren, no tienen consecuencias negativas porque hay completa impunidad, tienen cómo moverse de un lado para otro. Tienen todas las facilidades. El porcentaje de delincuentes asesinos que nosotros tenemos no pasa del porcentaje de potenciales delincuentes de este tipo que pueda haber en cualquier sociedad. Lo que pasa es que en esas sociedades están controlados”.
"La pena de muerte no resulve nada"
Alejandro Moreno está en contra de la pena de muerte pero sabe que esos vientos soplan fuerte en una parte de la sociedad venezolana.
“Desgraciadamente cuando suceden hechos como el de Mónica Spear y su esposo, si preguntas si hay que poner la pena de muerte, más de 50% de los venezolanos te va a responder que sí”.
-¿Por qué usted les diría que no?
-La muerte de alguien nunca será justa. Además, no es necesario,
para evitar el daño que cause una persona, matarla. Las instituciones y
las sociedades modernas pueden tener medios para controlarlos. Si la
persona está convertida en un criminal que se formó como tal, eso
requiere un control especial, que puede ser la cárcel pero realmente
cárceles. Nuestras cárceles son el mundo donde la violencia tiene su
asiento, su difusión, su producción y su expansión.
La pena de muerte, insiste, “es injusta, porque no hay derecho a matar a nadie, sobre todo cuando se lo puede controlar”. Además, “la pena de muerte no resuelve nada; de hecho, en los países donde hay pena de muerte no ha disminuido la violencia, ni el eliminar la pena de muerte la ha aumentado, de manera que la pena de muerte no es eficiente”.
Moreno enfatiza que, por el contrario, la pena de muerte “puede servir para algo muy malo”, que es “el descargar la venganza no solamente de aquellos que son víctimas sino de la sociedad misma. La sociedad aprende que vengarse es lo que tiene que hacer, que vengarse es lo bueno, y eso difunde más violencia en el ánimo de la gran población, de la gran masa. La pena de muerte es dañina para la sociedad”.
El investigador entiende que esa sea la reacción, pero remarca que la pena de muerte no es lo justo. Por el contrario, subraya que se necesita control por parte del Estado.
Fotografías: Avelino Rodríguez.
Fuente:
http://www.correodelorinoco.gob.ve/tema-dia/pais-hay-una-subcultura-malandros-para-quienes-matar-da-prestigio-y-poder/
EL ESTADO DE FACTO
La entrevista es con el Psicólogo, Teólogo y Doctor en Ciencias Sociales Alejandro Moreno, un hombre internado por décadas en los barrios de Caracas, quien asegura que la delincuencia es el nuevo Estado en Venezuela. Moreno ve con pesimismo el futuro del país, y vaticina, si no hay correctivos pronto, la ruptura de la sociedad venezolana. Lea la entrevista que le hicieran Leo Felipe Campos y Hector Bujanda para el portal Contrapunto
La impunidad, la expansión de las
redes delincuenciales, el discurso violento y la incomunicación entre
las élites y los sectores populares han creado un escenario que amenaza
con destruir el sentido de convivencia
Desde hace años sus perfiles del delincuente, sus investigaciones cualitativas sobre la violencia en estado de expansión, le han otorgado cierta fama de “oráculo de lo peor”. Una fama parcial, casi mediática, que no se corresponde con los tantos años de inmersión en la vida popular. Él ha desarrollado una sensibilidad única alrededor de la gente pobre y humilde, de quienes tiene siempre palabras generosas asociadas con valores como la vida y la convivencia.
Que el Seguro Social en Venezuela, un país con un tremendo sentido de la solidaridad, sean la familia y los amigos; que no esté de acuerdo con la palabra “marginal”; que sostenga que ha disminuido la edad de los asesinos y eso los hace más peligrosos; y que reconozca no saber cómo puede ganarse esta batalla contra la delincuencia, describen claramente la complejidad del padre Alejandro Moreno.
Dice eso y más: que no hay Estado o, peor, que actualmente el Estado efectivo es el que han ido imponiendo los grupos criminales.
Hay personas que se definen por sus formas, su atuendo o su entorno inmediato. A este cura salesiano lo describe mejor la investigación continuada sobre los modos de vida barrial y lo que ha sabido recoger y volcar, a partir de allí, en libros, ensayos, conversatorios y conferencias. Por ejemplo, la conclusión de que hay dos sectores de la sociedad que nunca se han comunicado, el que representa el cerro y el de los edificios.
Nació en España, pero desde hace más de 50 años vive en un barrio caraqueño, del que siempre ha preferido esconder exactitudes. Entrado hoy en los ochenta años y desde su modesta oficina arropada por libros, la mirada y la voz de Alejandro Moreno, psicólogo, teólogo, filósofo y doctor en ciencias sociales, se han vuelto como las aspas de ese pequeño ventilador que lo escolta detrás de su escritorio: casi anónimas para la dinámica turbia de la política y del juego de poder en Venezuela.
No es de extrañar, por eso, que mientras más habla en los medios menos lo buscan las instituciones y los actores políticos encargados de producir alguna solución sostenible a esta guerra nuestra, que ha empezado a devorarse al país. A chavistas y antichavistas por igual.
Los criminales imponen el Estado efectivo
–Comencemos con un diagnóstico, ¿en qué estatus estamos con respecto a la violencia criminal?
–El contexto de la violencia no es nuevo. Desde los años ochenta, la violencia en Venezuela ha tenido momentos críticos, el primero fue el Caracazo. Teníamos una tasa de homicidios que, más o menos, correspondía al promedio mundial, estábamos dentro de la normalidad, entre comillas, pero con el Caracazo esa cifra dio un salto y no bajó de ahí, se estabilizó.
El segundo momento crítico fueron los intentos de golpe de Estado de 1992, y ya tenemos implicados a los militares, a Chávez y a sus intenciones de transformación social. Pasó lo mismo, esa tasa subió y se estabilizó. Durante el período de Caldera, subió y bajó, pero no drásticamente. En 1998 y 1999, con el cambio de gobierno, dio otro salto y esa cifra se convirtió en una espiral ascendente.
En el año 1987, por ejemplo, estábamos en 8 asesinatos por cada 100 mil habitantes, más o menos. Hoy estamos en 83 y la población no se ha multiplicado por diez. Ese es el estado en el que estamos.
–¿Y cualitativamente, cuál es el estado de la delincuencia, especialmente la que se origina en los sectores populares?
–Quiero aclarar que en otros sectores sociales también hay crímenes, pero no tienen tanta publicidad. Ahora, hablando de lo popular, que es lo que estudiamos, lo primero –y gravísimo– es la drástica disminución de la edad de víctimas y victimarios. Quienes trabajamos en esta organización, que se deriva de la preocupación por entender el estilo de vida popular venezolano, vivimos en sectores populares desde hace años y lo vemos a diario.
Si en algún momento el promedio de edad del delincuente estuvo alrededor de los 18 o 20 años, ahora debe andar en torno a los 15 o 16 años, pero con una gran incidencia en edades menores. En nuestras investigaciones hemos encontrado que todos los sujetos dicen que su inclusión en la delincuencia violenta comienza, más o menos, a los 14 años. Se puede decir que hoy el inicio de muchos de los delincuentes está en torno a los 12. Hemos visto cosas tremendas.
–¿Qué consecuencias tiene esto?
–Muy graves, porque el preadolescente y el adolescente no tienen ni la experiencia ni la capacidad de procesar la realidad racionalmente, como pudiera tenerla un adulto. El adulto, aunque sea un delincuente, calcula peligros para él, circunstancias de riesgo, y hay un cierto control interno, aparte del control externo que pueda haber desde la comunidad o la familia.
Los preadolescentes no es que sean la irracionalidad pura, pero no tienen el razonamiento, la observación objetiva de la realidad en la cual se están moviendo. Predomina en ellos la impulsividad emocional y afectiva, de tal manera que por cualquier situación que les produzca rabia o un disgusto de cualquier tipo, es muy fácil que pasen del sentimiento a la acción, sin razonar ni calcular las consecuencias. Son mucho más peligrosos.
–¿Ha visto diferencias con lo que viene después del disparo entre un preadolescente y un adulto?
–El adolescente se libra de culpas fácilmente. Según nuestra experiencia, por el primer asesinato puede que no duerma esa noche. Quizás. Pero a las 24 horas ya ha entrado en un estado de indiferencia en relación con lo que hizo y eso se va a mantener, a menos que el joven tenga un acopio de experiencia ética, de familia establecida que le haya dado experiencias positivas. Esos casos también los hay, por supuesto, pero no son la mayoría. El adulto ya está avezado de por sí y lo que va a tener en cuenta es lo que le pueda producir peligro.
¿Cuáles son esos peligros? Caer en manos de la policía, aunque hay 94% de impunidad, de modo que no es gran problema, o provocar la reacción de otros –eso sí– las culebras. Al que está marcado, lo esperan y lo matan, el tiempo no cuenta, pueden pasar cuatro, cinco o diez años. De ahí que vengan los grandes enfrentamientos entre grupos. Yo no diría bandas.
–¿Por qué no?
–Porque una banda es algo organizado, donde hay un centro de poder y unos dependientes de ese centro de poder. Hay una organización muy rígida, como en las mafias de la droga, por ejemplo. En el caso de los muchachos, que son cada vez más jóvenes, ellos no están entrenados, se van entrenando. No son bandas organizadas de por sí; a veces son panas, que es algo muy venezolano, el “tú a tú” afectivo. Estos grupos son inestables, pierden a unos, vienen otros, o hay enfrentamientos internos y se matan. Pero lo grave y peligroso es cuando se comienzan a conectar. Siempre lo estuvieron, más o menos, pero en estos momentos se están conectando más y se están formando redes: los de un barrio con los de otros barrios. Y si siguen como van, en cualquier momento, van a dominar la sociedad.
–Pero una red implica un flujo de algo.
–Flujo de información. Flujo de armas, de técnicas, de ideas.
–¿Cree usted que está naciendo una red de pequeños ejércitos?
–Se está formando un Estado efectivo por debajo del Estado formal, inefectivo y vacío.
–¿Un paraestado?
–No, un Estado. ¿Qué es lo que hace el Estado? Rige la conducta y la manera de vivir de las personas. Estos grupos están rigiendo eso en casi cualquier barrio. A las seis de la tarde, la gente ya no está en la calle y cuando sale debe mirar a todos lados para ver qué pasa. No puedes vivir en tal sitio, tienes que mudarte. Incluso de afectividad: no puedo relacionarme con cierta muchacha… No sé si me explico. Y estos grupos, a medida que se vayan relacionando y tejiendo redes, van a construir un Estado completo. El Estado efectivo.
Los círculos de la violencia
–¿Hay criminales que tienen más poder que otros?
–Vamos ahora a ese aspecto. Yo estoy hablando de los muchachos o adultos jóvenes, porque normalmente el delincuente popular no pasa de los 25 años, al 70% los matan antes. Ellos consiguen lo que quieren y no tienen castigo o consecuencias negativas.
–¿Y qué quieren?
–Lo que los motiva, fundamentalmente, no es tener dinero, que también, sino el respeto de todos. Cartel, prestigio, importancia. Producir miedo, dominar un grupo.
–¿Mujeres?
–Claro, también, pero las chicas por el prestigio, no por las chicas. Tienen buenas motos porque producen respeto. Tienen buenas ropas de marca, las llevan muy mal, pero las tienen, y eso significa prestigio. Por ejemplo, cuando matan a alguien por un par de zapatos no es por el par de zapatos, sino por la marca.
Ahora, hay grupos de delito común que se van organizando y aquí ya se mezcla ese delito a partir del prestigio con el delito organizado, como el de las bandas de la droga, que están en estos momentos regidas por los pranes de las cárceles. Hay ciudades en Venezuela, enteras, gobernadas por los pranes de la cárcel que está en esa ciudad. Ellos allí son el gobierno efectivo. Tienen distribuidas las zonas, unas para usted y otras para usted, y no solo tienen ahí el lugar para sus controles delictivos, sino para el control sobre la gente.
–Hay especulaciones sobre el control que tiene el Picure en varias ciudades del estado Guárico, por ejemplo.
–Yo hablo de los pranes de la cárcel. El Picure está afuera y hasta donde sé, actúa en el campo, fundamentalmente.
–Volvamos a la edad de estos delincuentes cada vez más jóvenes, ¿es un fenómeno venezolano o una tendencia mundial?
–En América Latina es general, pero en Venezuela es crítico. Los motivos son varios, en primer lugar, por la impunidad, y con ella el modelaje. Uno reproduce las conductas exitosas que los modelos exhiben. En las comunidades y los barrios, los más exitosos son los malandros. Los malandros mayores, quiero decir, de 18 o 20 años, son los más exitosos: en jevas, en motos, en fiestas, en prestigio, en respeto. Incluso, algunos, tienen buenas relaciones con los policías.
–Pero mueren temprano.–¿Y cómo mueren? Se matan entre ellos, los matan en las cárceles o los matan en un enfrentamiento con la policía. Las culebras son muy variadas, por una muchacha, porque me dijiste esto, porque me miraste mal. En un barrio, la violencia de origen se desarrolla en tres círculos más o menos definidos.
–¿Cómo son esos tres círculos?
–Primero, el de los profesionales. Siete u ocho mayores, entre 18 y 25 años, que han convertido el delito en su forma de vida. Tienen una manera de pensar, de concebir la realidad, de establecer las relaciones con la comunidad. Generalmente, en ese grupo hay un malandro mayor. Esto quiere decir, un muchacho que ha pasado los 25 años o es más inteligente, más cauto, y controla al grupito por prestigio y no por imposición propiamente. Alguien que es capaz de organizarlos para que planifiquen sus acciones fuera de la comunidad. Dentro de la comunidad protegen a los habitantes, no permiten el ingreso de otros grupos, son la auténtica policía, pero cuando matan al malandro mayor en un barrio, estalla un período de anarquía peligrosísimo, que puede durar dos o tres años hasta que otro crece y por algún motivo se logra imponer.
–¿Y los otros dos?
–En torno a este primer círculo hay otro de adolescentes entre 14 y 18 años, las edades, por supuesto, no son fijas sino referenciales. Este grupo puede estar integrado por una decena o más. Los del primer círculo le encargan a estos muchachos alguna acción. Son más seguros para el delito porque aún no son mayores de edad, así que no pagan cárcel o si acaso van a parar a algún centro correccional.
Estos del segundo círculo van entrando en la actividad, pero esto no quiere decir que todos vayan a acabar en el círculo de los profesionales. Aprenden a usar las armas, aunque normalmente no tienen mucha puntería, pero es porque se drogan, también. Y en torno a este segundo círculo está el tercero, más numeroso, de niños que tienen 10, 12, 14 años. Si el primero es el de los profesionales y el segundo es el de los aprendices, el tercero es el de los observadores.
–¿Qué observan?
–Estos niños oyen constantemente todas las hazañas que los del primer círculo le cuentan a los del segundo. Por supuesto, muchas veces son como los cuentos de los pescadores o los cazadores, que tienen mucho de invención, pero despiertan la atención de los más niños, porque son narraciones sugestivas, sugieren a los más pequeños que ellos pueden llegar allí. Les despiertan la fantasía y la imaginación. Por eso, hemos visto que algunos investigadores preguntan en las escuelas: ¿qué es lo que tú quieres ser cuando crezcas? Y un buen porcentaje de los niños responde: quiero ser malandro. Hay un modelaje amplio, si el modelo fuera castigado no produciría ese efecto, no se imitaría. Pero si es exitoso, se convierte en una conducta imitable, que yo puedo reproducir. Y aquí hay una impunidad casi absoluta.
–¿Qué otros modelos hay en el barrio que permiten salir de estos círculos?
–En Venezuela la figura que puede dar normas de vida es la madre, no el padre, porque normalmente no existe, es una figura inestable, viene y va, tiene poca influencia. La madre, normalmente, se preocupa y trata de aconsejar al hijo, pero la madre venezolana necesita al hijo varón, necesita que no se le vaya, eso es ancestral, ¿por qué? Porque no tiene esposo. Incluso, teniendo una pareja transitoria o estable en la casa, esa figura masculina suele ser marginal. Hay que conocer a la familia popular venezolana para darse cuenta de esto. Ella entra en complicidad con el hijo para no perderlo. Le puede reclamar, darle consejos, pero si él llega con algo robado a la casa, se lo esconde. Se traza una norma ambigua.
He encontrado casos en los que la madre ha tomado tan mal que su hijo sea un delincuente, que se enferma. Existe esa expresión: “estás matando a tu mamá”, y eso sí hace reaccionar al muchacho, siempre y cuando no sea un malandro estructural, que tiene una personalidad que se ha hecho de violencia y no puede entender otra cosa en la vida.
–¿Y eso que usted llama los malandros estructurales, entonces, cómo se recuperan?
–Normalmente no se recuperan.
La razones de matar a un policía
–¿Qué puede hacer el Estado en las circunstancias actuales para revertir esta violencia?
–El Estado tiene que querer, y este Estado no quiere.
–¿Por qué no quiere?
–Se pueden elaborar muchas hipótesis.
–¿Por ejemplo?–Por ejemplo, ideológicamente este Estado dice que el delincuente es una víctima de la sociedad capitalista, y mientras no exista la sociedad socialista no vale la pena hacer nada.
–En un modelo como el cubano, un asalto con una navaja puede generar un estado de asombro entre quienes presencian el hecho.
–Imagínate que el asaltante, en vez de tener una navaja, tuviera una pistola. Esa es la diferencia. En Venezuela las armas se consiguen con mucha facilidad, y se sabe de dónde vienen: de alguna institución del Estado, porque las armas, internacionalmente, se las venden las empresas fabricantes a los estados, salvo un 5% o por ahí, que circula ilegalmente, como parte del contrabando.
–¿Usted dice que el Estado tiene como política trasvasar esas armas?
–Cuando me dices que “tiene como política” yo no lo sé, porque no tengo datos para decir eso. Pero de que hay gran parte de miembros en instituciones del Estado que lo hacen, sí. Ellos mismos lo han dicho. Todos los casquillos de proyectiles son de Cavim.
–¿Y el policía qué papel juega?
–No lo sé, pero hay una gran parte de funcionarios que trasvasan esas armas, así no sea por motivos políticos. Por ahí tiene que haber algo, pero no me hagan ponerme mal con los policías.
–¿Los mismos policías no suben las armas y la droga a los barrios?
–Sí, pero tampoco es que tienen que subir las armas o las drogas, basta con indicar el sitio donde hay que ir a buscarlas.
–¿Y no ha habido un considerable número de asesinatos de policías en los últimos meses?
–Parece que ha habido un cierto control de armas, deduzco, que ya no circulan con tanta facilidad como circulaban antes, y por eso hay tantos policías que mueren o los matan para quitarles el arma.
–¿Puede tratarse de un rito de iniciación?
–Allí es donde está el problema, uno no sabe si los matan por la disminución de las armas o es por otra cosa. Una de las razones de matar a un policía es que te da prestigio, e incluso puede ser un rito de iniciación, que siempre se trata de un asesinato. Alguien le indicará al nuevo de la banda que debe matar a un policía. Le da el arma y le dice “mátalo”.
No se puede ganar esta guerra –¿El modelo dominante que se ha arraigado en el barrio, por tanto, es el bandidaje?
–No, hay otros modelos. Lo popular es muy amplio. Hay gente que tiene valores delincuenciales: el malandro. Eso no es un antivalor. El valor es algo que tu valorizas. Si el malandro da valor a matar a otro, ése es su valor. Y eso rige su conducta. Por otro lado, la madre intenta inculcar valores a sus hijos y lo logra en un 90% de los casos. Esa gran porción de la población popular no está dañada, lo que pasa es que el otro grupito, esos círculos de los que hablamos, tienen una gran capacidad de destrucción porque no hay quien los controle y por eso parece que dominaran absolutamente todo. De hecho dominan a la gente en el sentido de que infunden pavor y la obligan a encerrarse, pero no dominan sus mentes, su manera de pensar y su sistema de valores.
El sistema de valores del venezolano permanece, hay que tomar en cuenta que la delincuencia es un sector. ¿Va creciendo? Sí, porque si dejas un fenómeno social libre, a su propio arbitrio, se desarrolla, va captando y reclutando gente. El modelaje va influyendo y por eso tenemos más delincuentes de los que deberíamos tener.
–¿Con esos otros valores se puede ganar la batalla contra el Estado efectivo que se ha venido instaurando?
–Todos queremos que se gane esa batalla. Ahora, yo no veo por dónde se va a ganar. Eso que quede muy claro: no veo por dónde ganar esa batalla en muchos años. Todo eso pasa porque en Venezuela no tenemos Estado.
–¿Cuáles son esos otros grandes valores de lo popular? ¿El músico, el deportista?
–No, no, son valores mucho más de fondo. El valor de la vida, del respeto al prójimo, el de la solidaridad, que es tremendo. En Venezuela el Seguro Social no existe, el Seguro Social de un venezolano es su familia. La familia venezolana es muy grande, porque no es una familia nuclear. Y todos entran para ayudar o cooperar en una enfermedad que el seguro no puede cubrir.
El sentido de la solidaridad, que es un sentido muy cristiano, creo que se le metió adentro al venezolano y predomina. Está el valor de entenderse, el valor de conversar, de comunicarse. La convivencia. El venezolano es un hombre convivial, el europeo es un hombre económico. Ahora, lo que pasa es que la gente del barrio ha dejado de salir de casa, habla bajito, porque no sabe quién puede oír. Eso está dañando toda la convivencia y no sé a dónde vamos a ir a parar. Eso está desnaturalizando al venezolano.
–¿Estamos al borde del fracaso como sociedad?
–De seguir como seguimos, Venezuela desaparece como sociedad. No sé que va a venir, vendrá la anarquía, nos vamos a matar, no sé. Pero de seguir como seguimos, la sociedad como una integración, desaparecerá.
–Usted ha dicho que la violencia se contagia. ¿Estamos imposibilitados para la reconciliación?
–Esa es la reacción que consigues en Facebook, por ejemplo, cuando matan a un malandro. Lean los comentarios. Ya es normal que a alguien se le ocurra pensar “vamos a matar a esas mierdas, a esa basura”. Es normal que a uno se le ocurra una solución así, pero en el acto entran los valores, entran las convicciones éticas que te exigen buscar otra solución. Esa es, digamos, una reacción espontánea. Todo el mundo está en condiciones de someter esos hechos a la reflexión, en base a los valores y principios éticos. Pero hay gente que no. Hay gente que incluso puede justificar ese pensamiento como una autodefensa, como una legítima defensa: “si ellos están preparados para matarme, pues yo los mato primero”. No es una justificación adecuada, pero se consigue justificar. El año pasado teníamos una tasa de homicidios de 79 por cada cien mil, ahora la tenemos en 83. ¿Cuánto vamos a tener el año que viene?
Lo popular y las élites, dos mundos incomunicados
–¿Cuál es la responsabilidad de la sociedad en general, en particular de las élites y la clase media profesional?
–Eso es bien complejo y nos llevaría tiempo responder. Para decir algo: la gente de los sectores populares ve a la gente de la que ustedes hablan, que tiene carros, que vive en zonas residenciales, las ve como “otros tipos”. No las ve como propias.
En Venezuela hay dos mundos que no se comunican: el mundo de la vida popular y el mundo de vida de las élites. Las élites no se acercan al mundo popular, y los sectores populares se acercan a las élites porque tienen que trabajar e intercambiar con ellas, pero consideran que pertenecen a otro mundo. Normalmente no se meten con ellas. Lo que existe son ciertas relaciones de familiaridad.
En Venezuela siempre ha habido esa cosa de tomar en consideración la parte personal, humana, de los otros, pero estableciendo diferencias. El mundo de las élites es el mundo moderno y para ciertos venezolanos ese mundo no es suyo en absoluto, de ninguna manera. Así que tenemos dos sectores, dos mundos, que no se encuentran y que en este momento están más separados que antes, porque le han infundido a los sectores populares ya no una distinción sino una voluntad de enfrentamiento.
Eso es propio de las revoluciones, extremar la lucha de clases, intensificar las contradicciones de clase para que se produzca la revolución.
¿Qué ha hecho la sociedad? Cuando digo sociedad me refiero a quienes la dominan: ha seguido con su rol, haciendo sus propios programas donde suponen que los otros deberían cumplir un papel determinado. Sólo piensan en lo que deberían hacer como propio y suponen lo que deberían hacer los demás. Ahí está la televisión, proyecta modelos de clase media, cuando eso no es lo que se desea en lo popular. En los sectores populares se desea lo que los otros tienen, pero no el sistema de relaciones, ni el sistema de pensamiento o valores que tienen las élites.
–Parte de esas élites también ha decidido irse del país.
–Y también se está yendo el pueblo, para que lo sepan.
–¿Para dónde?
–Para España, por ejemplo. Podría decir que en mi barrio hay gente que se ha ido para España, para Panamá, para Colombia.
–¿Y de parte de la élite no ha habido también un lenguaje y una violencia contra lo popular?
–Sí, claro, pero la estigmatización sigue produciéndose desde los altos niveles del Gobierno, desde el primer momento. Los que elaboran sus discursos son los que se formaron en la misma estructura de las clase media venezolana. Lo dicen de otra manera, pero es el mismo contenido, el mismo significado. Ése es el problema. Yo creí que era otra cosa y voté por Chávez la primera vez, pero esto es peor. Y los significados son los mismos de exclusión, pero, además, hipócritas. Y perdonen que diga lo que pienso al respecto.
–¿Cuál es el plan de Alejandro Moreno para destrabar el cuadro de violencia?
–Hablamos de barrios y modelos, no lo hemos dicho todo. En todos los barrios hay gente que cuida a los niños, espontáneamente, y pone dinero de su propio bolsillo para hacer grupos de deporte, grupos de danza para muchachos y muchachas. La iglesia tiene presencia y tiene modelos muy importantes para la convivencia, pero, ¿en qué porcentaje? ¿Hasta dónde puede llegar eso, si cualquier delincuente muestra sus éxitos y no le pasa nada?
Hay modelos, repito, hay instituciones que se mantienen, que son efectivas, como la escuela. Y hay modelos espontáneos de gente que trabaja con la comunidad: personas que son referencias, que hablan, que consiguen soluciones, que negocian y saben entenderse con los malandros. Ese modelo funciona y es respetado, incluso entre los malandros. Pero si no hay una intervención del Estado, poco se podrá hacer efectivamente, un Estado que haga cumplir su papel de defensor de la libertad y de la posibilidad de actuación de la gente.
–¿Cómo sería esa intervención? Desde los ochenta, Venezuela es una sociedad con diversos ensayos fallidos.
–La delincuencia hasta Chávez estuvo más o menos controlada. Teníamos una delincuencia inferior a la colombiana, a la brasileña, a la mexicana, a la salvadoreña. A partir de Chávez esto crece indefinidamente. Debe haber, entonces, un factor que lo favorece, no es que antes no hubiese un fracaso, pero no estábamos dentro de los países más violentos.
–¿Usted ha participado en algún proyecto gubernamental para ayudar a resolver el problema de la violencia?
–No, no, yo he sido invitado dos veces por el Ministerio del Interior, Justicia y Paz a participar en un foro, donde expuse algo y los otros invitados también. No han sido sesiones de trabajo. Si me invitan voy, para que no digan que uno no colabora. Yo he ido una sola vez a una sesión de trabajo y fue con el comando de campaña de Leopoldo López para las primarias de la oposición. La única vez. Me llaman, más bien, para pedirme información, solo eso.
–Con su edad y su experiencia, con lo que ha vivido en Caracas, ¿usted es optimista o pesimista?
–Sobre el venezolano soy muy optimista. Pero soy muy pesimista con las instituciones que generan las élites, que están divorciadas del sentido profundo de los verdaderos significados del venezolano. El venezolano me parece fenomenal, se ha formado de una manera distinta. Las élites de todo tipo, de izquierda, de derecha, cuando llegan a espacios de poder funcionan de una manera incompatible. Hubo un tiempo de la llamada Cuarta República en que parecía que caminábamos hacia una cada vez mejor organización del Estado, más comprensiva, más democrática. Esta situación interrumpió eso y, bueno…
–Pero este ha sido un período del arraigo a lo popular, de identificación y representación de los sectores populares con la política y la gestión de Gobierno.
–Los discursos del Gobierno son violentos. Son agresivos. Modelan violencia. Eso no es popular. Si ustedes creen que lo popular son las formas, el folclor, déjenme recordarles que también lo había antes. Pero el espíritu, el contenido, los significados, las emociones representadas por este gobierno no son populares.
–¿Ah, no? ¿Que serían entonces?
–Violentos, revolucionarios. Marxistas. Son discursos de enfrentamiento.
Fotografías: Wil Riera / Gil Montano, tomada de: http://www.la-croix.com/Religion/Actualite/Le-P.-Alejandro-Moreno-dans-les-barrios-de-Caracas-2014-01-07-1085659 / http://www.laverdad.com/politica/94739-hrw-denuncia-abusos-policiales-durante-olp-venezuela.html / http://www.noticierodigital.com/2015/07/el-nacional-familiares-de-4-muertos-en-cota-905-niegan-que-hubo-enfrentamiento/
Fuente:
http://www.lapatilla.com/site/2015/04/22/alejandro-moreno-de-seguir-como-vamos-venezuela-desaparecera-como-sociedad/
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