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viernes, 24 de julio de 2020

BOLÍVAR

Fernando Falcón: “Los bolivarianos le han hecho mucho daño a la imagen del Libertador”
Cuando se cumplen 237 años del natalicio de Simón Bolívar, el historiador militar y doctor en Ciencias Políticas destaca la importancia de la formación castrense del Libertador, frente al antibolivarianismo que impera en las redes sociales y a la revaloración de los héroes civiles, producto de los avatares políticos del presente. ¿Por qué Bolívar ya no es cool? ¿El madurismo está haciendo a un lado la imagen de Bolívar?
Jesús Piñero
 
El 31 de marzo de 1830 se difundió en Caracas el número 27 de El Fanal, el periódico editado por Tomás Lander y que se perfilaba como uno de los medios opositores a Colombia. Una nota en la última página, firmada por los editores, es suficiente para entender los ánimos del momento: “Bolívar es un déspota, un malvado, un ambicioso que pretendía elevarse sobre la ruina de los pueblos”.

El Libertador no era persona grata en los meses previos a su deceso. La separación fue un hecho y los tiempos tampoco auguraron buenas nuevas para su proyecto. Sin embargo, del difunto no se puede decir lo mismo: en menos de una década, después de la tormenta en su contra, se gestó la religión política más grande del país: el culto a Bolívar.

La historia no se repite, pero rima. A 190 años de aquella publicación, los ánimos parecen volver a ser los mismos, pero con sustanciales diferencias: ya no se escriben notas en libelos ni pasquines, ahora los 280 caracteres de Twitter bastan para descargar la histeria contra el Libertador y todo lo que huela a militares. Pero una cosa es Bolívar y otra muy distinta el bolivarianismo, que, para Fernando Falcón, profesor y director de los doctorados de Ciencias Políticas y de Historia en la Universidad Central de Venezuela (UCV), tiene tres grandes vertientes: adoración, aprovechamiento y revisionismo. Aunque distintas, coinciden en algo: todas, para alabarlo o desprestigiarlo, le hacen daño a la figura del prócer.

Falcón es militar de carrera, politólogo de profesión e historiador de oficio. Después de graduarse de la Academia Militar de Venezuela en 1977, hizo una Maestría en Derecho Internacional Económico, luego una Especialidad en Derecho y Política Internacional y, finalmente, el Doctorado en Ciencias Políticas que oferta la Facultad de Ciencias Políticas y Jurídicas de la UCV, sitio donde cursó toda esta trayectoria académica. Allí también conoció a su maestro Luis Castro Leiva, a quien sirvió como último asistente y tutorado doctoral. Hoy, Falcón, junto a otros académicos, procura mantener el legado de Castro Leiva.

El cadete de los Valles de Aragua, el concepto de política y guerra en Simón Bolívar, fue la investigación con la que obtuvo el grado de doctor en la UCV y con la que continuó la línea de investigación dejada por su tutor. Con ese y otros trabajos, como La campaña libertadora de 1816 y varios artículos y capítulos de libros y diccionarios dentro y fuera de Venezuela, adquirió credenciales no solo para hablar de la actuación y formación militar de Bolívar, sino también de la utilización de su figura como justificación de los gobiernos posteriores. Destaca que tanta parafernalia sobre Bolívar tuvo reacción: ahora se intenta desacreditar su figura por las circunstancias políticas del presente, despreciando su herencia y buscándole sustitutos.

—El bolivarianismo tiene tres grandes vertientes y creo que todas le hacen daño a la figura de Bolívar. En primer lugar, ya Germán Carrera Damas y Castro Leiva lo habían planteado, están los adoradores de Bolívar, que lo ven como “El Cristo Redentor de América”, el hombre que fue capaz de tejer desde la ecología, pasando por las relaciones internacionales hasta el equipo de infantería-tanque de la Segunda Guerra Mundial. Todas esas cosas se han dicho. En segundo lugar, están aquellos que se han aprovechado de Bolívar para propósitos políticos. Ejemplo claro, nuestro régimen actual, que no halla cómo hacer para mezclar marxismo con bolivarianismo, cuando uno conoce tanto el artículo sobre Bolívar de la enciclopedia redactado por Carlos Marx, como las cartas que Marx le mandaba a Federico Engels, donde le hablaba horrores del Libertador. Y los terceros son esa especie de revisionistas de la historia pero que son incapaces de consultar un archivo, gente que quiere 5 minutos de fama hablando de Bolívar como “genocida”, cuando el genocidio como concepto no existía.

—Bolívar ya no es cool. Hay gente, intelectuales incluso, que hablan pestes sobre él, dicen estar cansados del culto, ¿hasta qué punto esa revisión de su figura es válida?

—Ellos y los bolivarianos le han hecho mucho daño a la imagen del Libertador, que yo creo que tenemos que dejarla descansar, estudiarla en su justa dimensión. Él fue un político notable, un militar notable y, así me caigan encima, el venezolano más universal que hemos tenido, por encima de Francisco de Miranda. Más universal por la influencia que tuvo y que tiene. Por ejemplo, yo estudié en la École de guerre y allí se estudia la campaña de Boyacá, en textos de teoría política uno se encuentra con Bolívar. Miranda es nuestro hombre de la farándula y Bolívar es el tipo duro, pero como hemos abusado tanto de él, no lo hemos colocado en su justa dimensión: él es El Libertador, el forjador de una nacionalidad, no la venezolana, sino la colombiana, pero otros lo ven como el caudillo separatista de América.

—Ese grupo antibolivariano agarró fuerza en la actualidad, ¿se puede decir que es una reacción ante el uso de Bolívar hecho por los gobiernos chavista y madurista?

—Absolutamente, pero ojo: una de las cosas que a mí me llamó la atención de mi maestro Luis Castro Leiva es que él decía: “Mira, va a llegar un momento en el que alguien se va a tomar esta cosa de Bolívar en serio y va a gobernar en nombre de eso”. Nadie le creía y sucedió. Bolívar para cualquier marramuncia, para cualquier bajeza. Y eso es de lado y lado. Yo no digo que hay que matar a Bolívar. Bolívar está muerto. Pero hay que ubicarlo como lo que fue: El Libertador. Yo no lo llamo ni siquiera “padre de la patria”, porque su patria fue Colombia siempre, esa fue su gran ilusión: un Estado grande, fuerte y poderoso, pero también un Estado improbable desde el principio. Cuando él dejó de ser una figura política, porque él murió políticamente en el año 1829 después de la Convención de Ocaña al asumir la dictadura, en ese momento Colombia desapareció. Es más, Colombia desapareció primero que él y fue hasta allí.

Ahora, ¿qué ha ocurrido? Algunos han querido tratar a Bolívar de genocida, porque, por ejemplo, se mataron a 800 españoles en La Guaira, pero no han revisado el manifiesto que le dice al mundo cada una de las cosas que hicieron Monteverde, Morales y Boves. Las matanzas fueron espantosas. Uno revisa los expedientes y se da cuenta de que fue una masacre. Pero entonces ven un solo lado de la historia para atacar a Bolívar y tener fama. Hubo una orden que dio Bolívar de matar a toda la gente de La Grita, el documento existe, pero hay dos detalles: no está firmado por él y no mataron a nadie. Es muy fácil sacar el documento y decirle a Bolívar sanguinario y no investigar lo que sucedió realmente. Entonces, si nosotros no somos cuidadosos con nuestra propia historia porque estamos pensando en el hoy, estamos pensando en lo que está sucediendo, corremos el riesgo de simple y llanamente perder el rumbo. No se trata de hacer una épica, se trata de ser objetivo.

—La visión de esos revisionistas parece sustituir a esos llamados héroes por otros, por ejemplo: ya no es Bolívar, ni los militares, ahora son Roscio y los civiles. ¿Eso está vinculado con el desprecio a todo lo castrense que impera hoy entre los venezolanos?

—Claro, pero es como te repito: son 15 minutos de fama sin revisar archivo. Hay una carta de Juan Germán Roscio, un hombre absolutamente meritorio, en la que se lamenta que tenga la edad que tiene para poder agarrar un fusil. Francisco Javier Yanes –para mí el pensador político más profundo que tuvimos en la independencia, por encima de Roscio incluso– fue lancero en El Yagual, comandó un escuadrón de caballería con Páez. Fernando Peñalver era intendente del ejército. Entonces, ¿de qué civiles y de qué militares estamos hablando si esa noción no existe en la república? En la república todos eran soldados. Pedro Briceño Méndez, que luego es general, ascendió al grado de coronel de una sola vez y siempre fue civil. Cuando uno revisa a los próceres, uno a uno, se encuentra con que no hay próceres civiles y tampoco militares. Esa es una falsa dicotomía, porque simple y llanamente no revisan, porque no van a las profundidades de la historia, por no entender lo que es el republicanismo clásico.

—En 1819, Roscio fue un profundo bolivariano, de hecho, echó por tierra todo lo que fue el ensayo de la llamada “primera república” de la que él fue artífice y apoyó la idea antifederalista de Bolívar, un aspecto del que se habla muy poco acerca de Roscio.

—Es que mira, como parte de todo este drama que estamos viviendo han querido hacer catarsis con la historia, y la historia no es para hacer catarsis. ¿Hasta dónde colocamos a Roscio? Hasta su justa dimensión, claro, ¿pero lo colocamos al lado de Bolívar? No, simplemente no. ¿Lo colocamos al lado de Santiago Mariño que fue otro de nuestros jefes de Estado? No. Lamentablemente aquí hubo una guerra de independencia, una guerra larga: duró desde el primer plomazo que fue el 7 de julio de 1811, dos días después de la Declaración de Independencia, hasta el año 1831, cuando se rinde José Dionisio Cisneros. Diez años después de Carabobo todavía había realistas peleando en Venezuela. Esos veinte años de guerra fueron librados por los que tenían las armas, llámenlos civiles o llámenlos militares. ¿Quién eligió a los diputados de Angostura? El ejército, existen las actas y hay trabajos sobre eso, y allí está claramente quiénes eligieron a los diputados. Entonces, ¿hasta dónde es lo civil y hasta dónde es lo militar? Pienso que tenemos que reflexionar sobre ese punto, la historia no es para hacer catarsis. Lo mismo pasa con las heroínas femeninas, que en el siglo XIX fueron mucho más honradas que hoy en día: Luisa Cáceres, Eulalia Chamberlain, Ana María Campos, Juana Ramírez, pero en el siglo XX desaparecieron. En esta época del bicentenario hemos olvidado la tragedia de una guerra de veinte años.

—A pesar de todo este antibolivarianismo exacerbado, paralelamente existe también un esfuerzo por reactualizar el culto a Bolívar: dos películas, una serie para Netflix, en las que también hay omisiones no sólo exigidas por el formato, sino también ideológicas.

—Hay un punto en común a todas las películas históricas y es que no consultan a historiadores ni para el vestuario ni para las actitudes, por eso terminan haciendo una enorme mamarrachada. Lamento que el Bolívar de Edgar Ramírez –para mí la mejor producción y caracterización que se ha hecho– se hiciera con una película tan mala. Las batallas son de una horda desarrapada que contribuye con otro gran mito, el que dice que esto fue una guerra popular. No, este era un ejército organizado, no sólo en 1821, sino también en 1813 y 1814. Hay un famoso mito de lo popular que se expresa en personajes como Pedro Camejo, quien fue un lancero que le cayó en gracia a Páez pero que ni siquiera formaba parte de su Estado Mayor. Hemos estado buscando lobbies modernos en la historia y terminamos deformando las cosas, por eso te digo que tan perjudicial son los adoradores extremos de Bolívar, así como aquellos que se han dado a la tarea de buscar en él cualquier cantidad de defectos, solo porque hubo un gobierno que no nos caía bien y que se denominaba bolivariano. Y digo hubo porque el actual dista muchísimo, y, si revisas bien, Bolívar ya está casi borrado del santuario oficial.

—¿En qué dista el gobierno actual con las ideas de Bolívar?

—Pero es que las ideas de Bolívar sólo fueron aplicables para la sociedad que teníamos en el siglo XIX, no para la modernidad. Ninguna de ellas, tan simple como eso. Las ideas de Bolívar son originales y él no fue un filósofo como muchos han querido verlo. Fue un hombre de acción que buscó lo mejor de la teoría política disponible en el momento para aplicarla a una realidad concreta, pero hoy en día no son aplicables, en lo absoluto. Por eso digo que hay que ubicar a Bolívar en su exacta dimensión, en lo que hizo. No traerlo al presente, que es un anacronismo. Bolívar sirve para todo, sus famosos pensamientos los sacan de contexto y sirven, además, para que tirios y troyanos hagan cualquier trastada y busquen en mil cartas escritas por él cualquier cosa que les acomode. Lo que sí es claro es que, con la muerte de Hugo Chávez, su sucesor ha ido arrinconando a Bolívar, ahora quedó nuevamente para las efemérides patrias y militares. Con Chávez hubo una exacerbación de lo bolivariano, muy traída por los cabellos, pero eso ya ha desaparecido; y hasta el mismo Chávez está desapareciendo.

—¿Por qué arrinconan a Bolívar? ¿Porque Bolívar ya no es cool?

—Es lisa y llanamente incompatible. El himno clásico del pensamiento republicano dice: para el republicanismo lo fundamental es la patria, entendida como el lugar donde se ejerce la libertad y están enterrados los huesos de mis padres, para el marxismo no es la patria sino la clase social, por encima de cualquier cosa está la hermandad de los pueblos del mundo, por ahí va la cosa. Y como el gobierno se ha ido radicalizando cada vez más, también se ha ido alejando de Bolívar. Si se logra atenuar este antibolivarianismo reactivo producto de la ola, yo creo que van a terminar, sin proponérselo, colocando a Bolívar en su dimensión real: como un constructor de naciones, como El Libertador que fue. Esa es su dimensión, su grandeza, su figura histórica, allí es a donde debe ir.

—¿Cómo es eso de que Chávez está desapareciendo en el madurismo?

—El marxismo no se lleva bien con el bolivarianismo. ¿Cómo hacer con un hombre como Chávez que se proclamaba bolivariano? El marxismo bolivariano es un oxímoron, no es posible ser bolivariano y ser marxista a la vez, eso está plenamente comprobado. Frente a un proyecto socialista la mejor solución simplemente es olvidar a Bolívar, ¿y por qué no también a Chávez?

24/07/2020:
Fotografías: Daniel Hernández.

viernes, 27 de julio de 2018

MÁGICO-RELIGIOSO

Del bolivarianismo, sin Bolívar
Luis Barragán


Huelga comentar el perfeccionado culto a la personalidad de Bolívar, cuya exacerbada falsificación, lo ha hecho desconfiable.  Existe una vasta literatura al respecto (remitiéndonos al problema de la identidad nacional), simplemente relegada por la propaganda y publicidad oficial en su incansable estrategia de versionarlo, incluso,  iconográfica e iconológicamente.

Próximos a su aniversario natal, saturados de tantos y graves problemas, ya pasa por debajo de la mesa el bolivarianismo que, muy poco o nada, tiene de Bolívar.  Una somera revisión de los discursos de Chávez Frías, con más años de entrenada devoción por el caraqueño, en las aulas militares, respecto a su ágrafo sucesor, nos impone de las numerosas, repetitivas y descontextualizadas citas que empañan toda verdad por una diabólica espiral de la manipulación descarada.

República adjetivada aparte, aquélla poderosa intuición política de bolivarianizar al extremo la conspiración que desembocó en el 4-F, hoy ha se ha concretado en una enfermiza fórmula a la que seguramente contribuyeron los psicólogos sociales de ocasión.  Casi veinte años después, ya no se trata de la prédica de un Vinicio Romero y sus escolares detalles, sino de la esmerada conciliación de los estudios de opinión con los rudimentos del pensamiento mágico-religioso.  No obstante, se trata de una deidad compartida.

José Martí afianzó al castrismo, como Bolívar a Chávez Frías, imposibilitado Maduro Moros, al igual que Díaz.Canel: no hay tanto espacio en el imaginario social para un trío litúrgico. Excepto, incurra en el parricidio que tiene -  asimismo  -impredecibles consecuencias simbólicas.

Valga acotar, tan bolivariano fue Juan Vicente Gómez como estos muchachones del siglo XXI, que coincidió en las fechas de natalidad y muerte con el héroe rel. Además del bigotazo, Maduro Moros tiene por coincidencia con el brujo de La Mulera: una vocación de carceleros. Y todo, en nombre del Bolívar desenfadadamente desconocido.

Reproducción: Portada. Billiken, Caracas, 1945.
23/07/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/33151-barragan-l

lunes, 22 de agosto de 2016

EL CURSO COMPARATIVO DE LAS COSAS

El guzmancismo del actual régimen
Luis Barragán


Siendo distinto el culto en otros países, el bolivarianismo gubernamental venezolano  sabe de tres aportes innovadores y decisivos: el de Antonio Guzmán Blanco, el de Eleazar López Contreras y el de Hugo Chávez Frías.  El de éste, por cierto, coincide con la perspectiva del positivismo que, tratando de legitimar el centralismo autoritario, también vociferó incansablemente sobre el “lúgubre panorama del pasado inmediato”, según la expresión de  Elías Pino Iturrieta en su “El divino Bolívar” (Los Libros de la Catarata, Madrid, 2003: 149); además, vociferación que recala en el “paroxismo  [de] la obsesiva presencia de Bolívar en el discurso tanto cotidiano como oficial”, entroncándolo con el fascismo mussoliniano, de acuerdo con la sentencia de Manuel Caballero en su “Por qué no soy bolivariano” (Alfadil, Caracas, 2006: 85).

El culto del siglo XXI tiene más del XIX que del XX, tratando de escamotear la situación real en la que coinciden, salvando – obviamente – las distancias. Oscar Battagini en su “De la Guerra Federal al Gomecismo (1859-1935)” (Galac, Caracas, 2012: 146-188), entre otras, advierte tres características de la gestión bolivariana de Guzmán Blanco: la autocracia continuista, la falsa modernización y el delictivo endeudamiento.

Primus inter pares, el mandatario nacional logró y sostuvo una alianza de caudillos regionales que garantizó el perfeccionamiento del régimen surgido del Pacto de Coche que, cierto, no tiene equivalencia en la presente centuria, pues, muy a lo contrario, arrollando el liderazgo que emergió de la consabida descentralización, Chávez Frías inició y  delegó en sus agentes o procónsules el ahogo sistemático de las realidades locales; empero, el resultado ha sido más o menos semejante, si de dictadura hablamos.  Lo poco o mucho que consiguió el hijo de Caracas, le permitió un espléndido maquillaje de la ciudad capital, legando una ilusión de modernidad con retoques muy modestos para un Estado que tardó todavía en hacerse efectivamente nacional, mientras que el hijo de Sabaneta, propietario de los fabulosos ingresos petroleros, remendó nuestras metrópolis, encaminándolas a su “ruralización”, agigantando al Estado que, a la postre, ha dejado de serlo en función exclusiva de su dirección política.

Observamos, hay matices que no ocultan una esencial coincidencia: la profesión de fe bolivariana harto utilitaria, y el endeudamiento ilimitado. Al respecto, apartando el asunto de las concesiones ferrocarrileras que guarda alguna familiaridad con la otra Apertura Petrolera y el Arco Minero de estos días, Guzmán Blanco destacó como  artífice de los interminables y urgidos, como inflados, empréstitos, gestionados y contratados en el exterior, siéndoles personalmente tan rentables así ahorcaran la economía nacional afincada en los puertos, redundando en nuestras precariedades.

Maduro Moros ha continuado con la pauta marcada por su predecesor y, aunque no halla a alguien que temerariamente le preste, persiste en la diligencia pagando puntual e íntegramente el servicio de la deuda que alcanza cifras inéditas y colosales para Venezuela. Contradicho el discurso del sector político e ideológico que representa, a juzgar por las postrimerías del siglo pasado, hay especialistas que advierten la necesidad de proteger los intereses de una poderosa boliburguesía financiera, la que lo sostiene, entre otros escasos factores, amparada por una contratación continua de la que, a estas alturas, muy poco se sabe, bajo condiciones peores que paradójicamente reivindican al FMI.
22/08/2016:
http://guayoyoenletras.net/2016/08/21/histrionismos-del-poder

martes, 28 de junio de 2016

ECHARLOS

La salida
Gabriel Albiac

Pasé la jornada electoral releyendo la Técnica del Golpe de Estado de Curzio Malaparte, ese manifiesto de inteligencia y de misantropía. En este día de resultado difícil de gestionar, Malaparte parece estar hablando de nosotros. Aunque esté escribiendo en la Italia de 1930. Su envite es el nuestro: «La historia política de estos últimos diez años es la historia de la lucha entablada entre los defensores del principio de la libertad y de la democracia, es decir, los defensores del Estado parlamentario, y sus adversarios». Este domingo, España asistió al segundo asalto del combate que enfrenta a los defensores de esta aburrida democracia parlamentaria nuestra con los de un exaltador golpismo populista. En el 1930 de Malaparte, la exaltación había venido de una escisión del Partido Socialista que se dio nombre de fascista. En el 2016 español, su nombre y modos son bolivarianos. Ambos, «idólatras del Estado, partidarios del absolutismo estatal».

La ofensiva quedó cortada. Los populistas están debilitados, pero al acecho de erosionar el territorio del PSOE. Desde su endeble posición, habrán de remodelar un asalto al poder que sólo la unidad de los aburridos demócratas puede frenar. No es un modelo que se ajuste a la cuadrícula derecha/izquierda. Quienes pretendan reducirlo a ella, habrán perdido ya la batalla. Es una tentación mortal, en especial para el PSOE: cualquier pacto que se diga «de izquierdas» con los populistas sellaría su suicidio. Pero es un riesgo que va mucho más allá: en el acceso de ese nuevo fascismo a zonas de poder, se juega la supervivencia de la democracia parlamentaria, en lo inmediato; y, a medio plazo, la supervivencia de la nación. Sánchez hubiera debido, en el insomnio de anoche, leer a Malaparte: «No hay que olvidar que los camisas negras provienen, en general, de los partidos de extrema izquierda». Y sacar la conclusión lógica: urge echar a los populistas de los ayuntamientos. Urge.

¿Es posible exorcizar el riesgo populista? Sí. No sería difícil en un país con tradición garantista. Un gobierno de unidad nacional, que proceda a las reformas constitucionales sobre cuya ausencia se alzó la amenaza de Podemos, estaría en condiciones de tomar el timón para esta nueva singladura, sin la cual España sigue arriesgándose al colapso. ¿Es tan difícil entender que, sin un gobierno de concentración entre PP, PSOE y Ciudadanos, la democracia entrará en un callejón sin salida? El nombre de quien presida ese gobierno, poco importa.

Hemos sido gobernados por gentes repugnantes, es cierto. Pero, entre ladrón y asesino, debemos distinguir. Los discípulos de Irán y Chávez son más que los simples ladrones que sugiere su financiación. La cual no es tan distinta, por cierto, a la de los partidos de la transición. Lo distinto ahora es que Teherán y Caracas son regímenes homicidas. Y ello abre un horizonte ciego. Si los partidos constitucionalistas no son capaces de unirse frente a eso, merecerán la destrucción que les acecha. Nosotros, no.

Fuente:
http://www.abc.es/opinion/abci-salida-201606281626_noticia.html

martes, 30 de junio de 2015

CAZA DE CITAS



“No es sencilla la tarea de determinar los rasgos del discurso bolivariano que se corresponden directamente con los rasgos del discurso romántico o de la época (…) Valdría advertir que por el hecho de que se manejen conceptos y autores de preferencia romántica, un discurso no es necesariamente romántico. Si se presta cuidadosa atención se puede observar que la retórica discursiva bolivariana es un tanto conservadora y que la escritura está estilísticamente sujeta a profundos hábitos lecturales y procesos de detenida elaboración mental (…) Hay dos rasgos que revelan la peculiaridad del discurso político bolivariano: el hecho de que este discurso no fuera masivo (a la manera del discurso político contemporáneo) y el hecho de que la praxis argumentativa no fuera refutatoria. El discurso ideológico del Libertador no es para multitudes”

Iraset Páez

(“El discurso político del Libertador”, en:  Revista del IUPC, Caracas, nr. 11 de 1983: 238, 250)


Fotografías: LB, mural cercano a la estación del Metro (Caracas, 08/04/2015). Nótese el empleo del rostro tradicional, clásico convencional de Bolívar para un mensaje evidentemente oficialista.

EXACTITUDES SOSPECHOSAS



Sobran los comentarios sobre las exactitudes sospechosas, perfeccionado el 17 de diciembre de 1935 – fecha oficializada del fallecimiento de Gómez – con el 17 de diciembre de  1830.  Al historiador no le cabe otra opción que la de probar que el hijo de La Mulera no murió efectivamente ese día de 1935, si existiere algún documento irrefutable y confiable. Al literato, le queda especular creadoramente y, en este sentido, “Junto al lecho del caudillo” de Domingo Alberto Rangel (1981), es un buen ejercicio. Al politólogo, psicólogo social o antropólogo, indagar sobre la razón y conveniencia de tamaña coincidencia. E, incluso, al comunicador social o comunicólogo, le compete dictaminar sobre la reiterada noticia de ambos natalicios y obituarios, ocupando la primera plana de la prensa a la vez que son silenciados otros hechos que significaron un enorme riesgo para aquellos que se atrevieran a su publicación.

Por una parte, huelga comentar en torno al sobrepeso de Bolívar en nuestra historia. Empero, principiando su obra, el antropólogo Miguel Ángel Perera  hace útil la distinción del bolivarianismo de Gómez que, junto al de Pérez Jiménez, “no era otra cosa que un acto de veneración al Héroe y fundador de la patria, a su memoria y actos”, sin que necesariamente abonara a una “ideología bolivariana” (“Venezuela ¿nación o tribu? La herencia de Chávez”, UCV, Caracas, 2012: 78). Y, por otra, las fechas mágicas de Gómez, nos remite a la utilidad de sus invocaciones. Para el natalicio, es evidente a los fines de la legitimación del poder, algo que no ocurrirá con la de su muerte. Pudo ocurrir, si el continuismo hubiese sido el signo después de ocurrida gracias a la posible herencia que beneficiase a Eustoquio Gómez o a otro al que también le corriera su sangre por las venas, hábil y corajudo.

LB

sábado, 21 de junio de 2014

BOLIVARIANIDAD

EL PAÍS, Madrid, 21 de junio de 2014
TRIBUNA
El demonio bolivariano
Las descalificaciones que ha sufrido el líder de Podemos, más que de él, hablan de España
Jordi Soler 

La pantalla del teléfono, de la tableta o del ordenador, nos ofrece una imagen del mundo tan especializada que ya se parece muy poco al mundo. En la pantalla los temas, las noticias, las anécdotas se organizan por parcelas y se van interrelacionando hasta formar un enjambre del que el espectador tiene que sacar una idea clara, si es que puede hacerlo. El lector del siglo XXI, ese que ve pasar un torrente de información por la pantalla de su tableta, más que reflexionar va de una noticia a otra, de un dato a una opinión y el caudal es tan vasto que no hay tiempo para detenerse a digerir lo que acaba de leerse.
Se trata de una experiencia que no se parece en nada a la del lector de periódico de papel del siglo XX, que iba pasando las hojas, leyendo lo que le interesaba o llamaba su atención, y en cuanto se acababan las páginas se iba a hacer otra cosa, y probablemente no volvía a enterarse de las noticias hasta el telediario de la noche, o hasta el día siguiente, cuando volvía a sentarse a leer el periódico. En cambio el lector de periódicos en tableta puede pasarse el día leyendo noticias y columnas de opinión, tiene a su alcance decenas de periódicos que se están renovando todo el tiempo en un flujo permanente e ininterrumpido que mantiene al lector, a base de links o de tuits, rigurosamente informado pero, también, condenado a interpretar la realidad a partir de lo que se le explica, de lo que permanentemente se le dice, sin espacio o mejor, sin el silencio imprescindible para sacar sus propias conclusiones. El exceso de información acaba desinformando.
El lector de noticias en pantalla se llena de información pero va perdiendo la perspectiva, se queda sin el horizonte, que es demasiado grande para ser contenido por una pantalla.
El lector de noticias en pantalla se llena de información pero va perdiendo la perspectiva
En estas condiciones, atiborrados todo el tiempo de información, es muy difícil hacerse una idea clara de la debacle europea, de la crisis española con sus ya incontables ramificaciones, y de la nueva configuración política que han dejado las últimas elecciones. Michel de Montaigne hacía ver que “el verdadero campo y objeto de la impostura son las cosas desconocidas”, porque al desconocerlas, no podemos aplicarles “razonamientos comunes” y por esto mismo “nos privan del medio de combatirlas”. Más adelante, en el mismo ensayo, Montaigne añade: “nada se cree tan firmemente como aquello que menos se sabe”.
Habría que buscar en la polvareda que ha levantado el derrumbe de las instituciones europeas no solo la composición química de ese polvo sino, y me va a perdonar usted la cursilería, el rayo de luz que hay más allá, el horizonte.
En medio de la polvareda que ha levantado el colapso, ha surgido, diría que de la nada pero es claramente producto de este polvo, el partido político Podemos, cuyo líder ha sufrido una serie de descalificaciones que, más que de él, hablan de España. Es verdad que lo mínimo que puede esperar un partido político que irrumpe con esta fuerza es una catarata de descalificaciones de los que, a causa de esta irrupción, ven peligrar su posición en el mapa político, pero, de todas formas llama la atención que entre la catarata de insultos y descalificaciones, la derecha mediática, y también algunos que suponíamos de izquierda, acusen a Pablo Iglesias de estar inspirado, e incluso asociado, con líderes latinoamericanos como Evo Morales o, en su momento, el Comandante Chávez, es decir, con ese concepto que en España lleva cuernos y cola de flecha y huele a azufre, que es lo bolivariano. Al margen del porcentaje de bolivarianismo que este partido político pueda tener, resulta sintomático que al líder de Podemos se le quiera desprestigiar asociándolo con estos líderes de los que en España, y en Europa en general, no se conoce más que la caricatura que la prensa ha hecho, durante años, de ellos.
De los líderes bolivarianos no se conoce en España más que la caricatura que la prensa ha hecho de ellos
Descalificar a Iglesias por la relación que pueda tener con estos líderes, es la parte visible de un problema mayor, que es la profunda ignorancia de Latinoamérica que existe en España, una ignorancia que, en estos momentos críticos, es francamente suicida. Estos líderes tan caricaturizados, además de los horrores que aquí se nos cuentan, han hecho un montón de cosas positivas para sus países que en España interesan poco porque es más fácil, y sobre todo más útil, encasillarlos en su papel de líderes populistas, otro término que aquí tiene proporciones diabólicas y, sobre todo, parece que el populismo es un mal que viene de fuera, que se trata exclusivamente de una plaga latinoamericana, cuando la verdad es que aquí, cada día, oímos declaraciones rigurosamente populistas de algún líder político, con énfasis en los que lideran el proceso soberanista catalán.
Antes de criticar otros regímenes políticos, con esa frivolidad y ese desparpajo, deberíamos mirarnos con seriedad al espejo, pero no al espejo deformante, que proponía el cada vez más vigente Valle-Inclán, y que refleja una realidad distorsionada, esperpéntica, sino un espejo que nos regrese un reflejo veraz, útil, aplicable en acciones concretas que nos permitan remontar la crisis, la económica, pero también la que genera el desprestigio de las instituciones y de los líderes políticos.
Porque decir “esperpéntico” es tan inútil como decir “populista”, o “bolivariano”, son términos muy frondosos con los que, de forma parcial y simplona, pero muy efectiva, puede atacarse al enemigo. La idea de Montaigne que he citado más arriba, “nada se cree tan firmemente como aquello que menos se sabe”, se aplica perfectamente a la reacción que provoca en España lo bolivariano, un concepto que se ha fijado en el discurso nacional, en su versión más nefasta, con una firmeza que es producto de lo poco que se sabe del bolivarianismo.
Parece mentira que con los niveles de corrupción que hay aquí, se tenga el descaro de mofarse de los líderes de otros países
La catarata de descalificaciones, por su filón bolivariano, al líder de Podemos es, por otra parte, una curiosidad: parece mentira que desde un país con los niveles de corrupción y paro que tiene España, con la creciente desconfianza que generan los políticos, los banqueros, la monarquía, la iglesia, alguien tenga el descaro de mofarse de los líderes de otros países. Más que una curiosidad se trata de otro síntoma, la imagen esperpéntica que regresa el espejo de Valle-Inclán, no permite hacer una valoración sensata y equilibrada de lo que está sucediendo aquí. Mucho más grave que el populismo y el bolivarianismo de Podemos, es lo que este partido político ha venido a poner en evidencia, lo que hay debajo del terror a lo bolivariano, que es una mezcla de la ignorancia de lo que ocurre en aquellos países, esa ignorancia que produce una idea en la que se cree firmemente, más, en el caso de Evo Morales, un componente de discriminación racial, que le ha granjeado el título de “líder exótico” y lo ha hecho protagonista de aquel episodio bochornoso, en el que el gobierno español se desentendió de la hermandad hispana cuando el avión del presidente Morales, bajo la sospecha de que Edward Snowden iba a bordo, fue inmovilizado en el aeropuerto de Viena.

España tiene en Latinoamérica a su gran aliado y de momento, a pesar del discurso oficial que habla todo el tiempo de la hermandad con aquellos pueblos, no se ha puesto, de verdad, a cultivarlo. Basta ver como se trata a los inmigrantes ecuatorianos o bolivianos en las ciudades españolas, la forma en que los acosa, sin más motivo que su aspecto, la policía; o esa idea excéntrica y sumamente imperial, que merecería más reflexión y mucho más autocrítica, de llevar al rey de España a las cumbres latinoamericanas, a esos países donde los reyes son cosa del pasado remoto, o de los cuentos para niños y, en todo caso, parte de una época oscura de la que tuvieron a bien independizarse. O esa descortesía de un Ministro de defensa español invitando a gritar ¡viva Honduras! a un contingente de soldados salvadoreños, por no hablar de ese error que se repite todos los días en las casas, en las oficinas, en los periódicos, en la radio y en la televisión, de llamar Sudamérica a todos los países que están debajo de Estados Unidos. Si en España no se sabe a ciencia cierta ni dónde empieza Sudamérica ¿qué podemos entender de los líderes bolivarianos?

Ilustraciones:
http://humoristech.blogspot.com/2012/09/caricatura-de-almarzaale-bolivar-3d.html
http://robertolomje.blogspot.com/2012/05/espana-caricaturas-que-hablan-espagne_15.html

lunes, 30 de diciembre de 2013

TRASFONDO

Venezuela ¿nación o tribu?
Luis Barragán


Faltando una más acertada denominación, el fenómeno chavista no fue tan circunstancial como algunos lo pronosticaron en las postrimerías del siglo pasado.  Ha sintetizado a la Venezuela profunda, manipulándola, aunque no sorprenderá que naufrague al dar con otros hallazgos involuntarios e insospechados.

Un consumado académico, Miguel Ángel Perera, ha entregado “Venezuela ¿nación o tribu? La herencia de Chávez” (UCV, Caracas, 2012), dando cuenta del mito político, los fundacionales y patrióticos, el héroe y la sociopatología, las innovaciones y la tribalidad, perfilando la doctrina del barinés, la tribu que somos y la república inconclusa. Abanicando la especialización, nos permite subsumir los más variados aspectos en un adecuado y especifico marco teórico que atisbó, demandándolo, Ana Teresa Torres en un anterior esfuerzo.

Es otro el imaginario, propio de la deliberada polarización que canaliza y organiza las inevitables expectativas, experiencias y explicaciones (204), construido también sobre la insurgencia de los sesenta que, al forzar la épica, incurre en la “impostura de presentar la lucha armada como ejemplo de heroicidades” (110). Disciplinas como la sociología, la antropología cultural y la psicología  social concurren para contextualizar hechos y políticas concretas, agotando responsablemente  la bibliografía disponible.

Subrayemos la intensidad del estilo cuartelario y el harto decisivo lenguaje militar  (147) que, amén de darle soporte a la agresividad y la violencia anegadas,  le conceden una identidad a los elencos del poder que administran exclusivamente todo ascenso social, generando una boliburguesía y toda una nomenklatura (231), aunque el autor debe actualizarnos con la aparición de un sector que se ha dado en llamar “pranes”, pues, al publicarse el libro, todavía no contaba con la actual y angustiosa visibilidad.

Está en lo cierto Perera al reiterar que Chávez Frías fue un “prestidigitador de la palabra” (118), colocando en la acera opuesta a una oposición que redescubrió la “ciudadanía con ánimo deportivo aeróbico, espíritu de boy scout y un remarcable voluntarismo cristiano” manifiesto en sus marchas y actividades relacionadas (206).  Acá queda pendiente una aproximación critica, porque igualmente – sostenemos – se dieron eventos significativos, aunque prontamente olvidados, como como los llamados “Petarazo” y “Catiazo”.

La obra en cuestión, amerita de una serena consideración de los que, dentro o fuera del poder, adivinan otra etapa política y quién sabe si histórica, con el madurato y la resuelta desaparición de matices.  Acentúemos, existen especialidades que aún pueden aportar y mucho, distintas a la simple encuestología.
http://www.analitica.com/va/politica/opinion/5184250.asp

sábado, 21 de diciembre de 2013

... Y PRINCIPIOS DEL SIGUIENTE

EL NACIONAL - VIERNES 19 DE NOVIEMBRE DE 1999 / OPINION
Bolívar fin de siglo
Jesús Sanoja Hernández

Excelente columnista, con intensa obra en El Heraldo, fue Angel Corao, lamentablemente seducido por la figura y el papel de López Contreras en vísperas de la elección presidencial de 1941. Como otros partidarios del lopecismo, Corao escribió acerca del Movimiento (por cierto "bolivariano") que encabezaba el hombre de Queniquea, para él y para "el pueblo" encarnación del Guía: "Por entre las emboscadas aviesas que le tienden los desacreditados personeros del gomecismo y del comunismo criollo, continúa el Movimiento democrático-bolivariano vigorizándose en la conciencia nacional. Identificadas las mayorías con la política de principios de su Guía, porque ven en ella el reflejo de sus anhelos, han hecho del Movimiento una consigna de estabilidad democrática".
Eso lo escribió el 7 de enero de 1940. Antes (9 de noviembre de 1939), había rebatido a Enrique Bernardo Núñez por identificar éste los términos Guía y Movimiento con Duce (o Führer) y fascio de combatimento (o célula nacional-socialista). Desde luego, López estaba muy lejos de ser fascista o nazi, así como sus Cívicas Bolivarianas de representar el doble de los fascios. Pero también era evidente que el Movimiento Bolivariano por él auspiciado carecía de futuro y que su intento de reelección en 1946 terminó truncado por la alianza militar-civil de la logia UPM y la cúpula de AD.
El bolivarianismo ha sido visto como una variante del nacionalismo y como una fórmula astuta de endiosamiento de presidentes o tiranos, según el caso, como Guzmán Blanco, Castro y Gómez. Más que con ningún otro, con Pérez Jiménez el nacionalismo reapareció cubierto de militarismo, con rituales como el de la Semana de la Patria. Sostiene el historiador Avendaño Lugo que "la tesis del `gendarme necesario' de Vallenilla Lanz (padre) está presente en el `nacionalismo' analizado: Pérez Jiménez es el gran líder, sólo que para dirigir al pueblo en lugar de una clase social, Vallenilla Lanz (hijo), coloca a los tecnócratas".
Ese rescate del bolivarianismo a través del nacionalismo y el militarismo también fracasó. A diferencia de López Contreras y a semejanza de Castro y Gómez, intentó Pérez Jiménez la reelección inmediata con el plebiscito (además fraudulento) del 15 de diciembre de 1957. De ese modo, en este siglo tres andinos con grados militares (uno de ellos logrado en la academia) apelaron a la reelección. A Castro más de un poeta lo comparó con Bolívar. Gómez nació y murió (dicen y acaso sea cierto) el mismo día en que nació y murió Bolívar. Y Pérez Jiménez buscó identificar su régimen con "el concepto de patria".
Por otra vía, luego de un golpe ("rebelión militar") rápidamente conjurado y de una campaña electoral que se extendió a lo largo de un sexenio, el teniente coronel Chávez Frías obtuvo limpiamente y en contra de una maniobra tripartidista sorpresiva y vana, la Presidencia de la República. Y más que todos sus antecesores aquí mencionados, antes y después de la conquista del poder ha levantado un inmenso aparato militar e ideológico bolivariano. Nunca la mitología y la heroificación habían llegado a tanto, y prueba de ello es que la eliminación que los constituyentes habían hecho del término bolivariana para identificar a la ya muy conocida República de Venezuela, tornó a aparecer en el texto constitucional por voluntad del Guía. Constituyente que así actúa, es todo menos soberana. Como diría alguien, la soberanía no se discute. Tampoco puede imponerse desde afuera. Fue Chávez quien actuó soberanamente.
Las ideas de Bolívar (ciertas ideas básicas) pueden figurar en la constitución del nuevo milenio (dudo que subsista más de una década) sin necesidad de que la República sea adjetivada como bolivariana. Asimismo, no puede llamarse bolivariana en su totalidad por cuanto va contra ciertas realidades institucionales que el Libertador repudiaba, y vaya como primera la del peligro de la permanencia en el poder por mucho tiempo. La reelección inmediata sexenal no tiene que ver con lo que Bolívar predicaba. Tampoco los ascensos militares que no pasaran antes por el Senado, como lo recordé en artículo de hace seis o siete meses, citando un breve trabajo de Santiago Gerardo Suárez.
El voto militar, ahora consagrado pero con la exclusión de que los miembros de la Fuerza Armada Nacional (en singular desde el 15 de diciembre, si los dioses no se oponen) opten a cargos de elección popular, significa un avance en "la civilización" castrense. Sin embargo, la experiencia dirá si tal concesión acelerará lo que parece ser un proyecto de consolidación militar y si todavía funcionará el Plan República iniciado en 1963. Hay que evitar que la FAN convierta su presencia en omnipresencia y que el Presidente concentre tanto poderes como los que se avizoran. Por ejemplo, que legisle y que disuelva a la Asamblea Nacional.
Ilustración: http://la-cultura-en-la-batalla.blogspot.com/2010/07/mitos-y-manias-3-teologia-bolivariana.html

miércoles, 18 de diciembre de 2013

CUADERNO DE BITÁCORA

Hay un instrumental de Estado para referirse a Bolívar, una tarea obligada de la agenda presidencial en cada significativo aniversario. Ayer, con la presencia de varios mandatarios del continente, se hizo mención. Y, en otro lado de la ciudad, con la rueda de prensa de La Movida Parlamentaria, hubo una distinta invocación, pues, estamos entregados a potencias extranjeras y, detrás del pretendido aumento de la gasolina, abulta demasiado.

Dos ideas nos marcan angustiosamente. Por una parte, la contrastante propuesta de aumentar la gasolina a finales de los ochenta del XX, que desató las iras y temores inflamadas también y con más ahínco, brindando otra perspectiva a la subversión improvisada,  desde la parcela política e ideológica que hoy gobierna. Por lo menos, hubo un propósito de rectificación, por entonces, sintetizado en el programa de ajuste y reforma estructural de la economía venezolana.

Por otra, en los días que corren, hay una enorme emboscada, pues, bajo la promesa del gas del bueno, sin temblarle el pulso a la hora de la represion inmediata que luego teatralizarán para victimizarse, ese aumento es para favorecer e intentar perpetuar el actual orden de cosas, con la complicidad de la dinastía de los Castro que, es así, nos gobierna. Luego, no hay un aumento, si es que se produce y no es un globo de ensayo parecido al último  apagón caraqueño, es para sustentar la cleptocracia, sin el contexto de una voluntad y un proyecto de rectificación y rebrujulamiento.

Así arribamos a otro aniversario de la muerte de Bolívar, en una república que lleva su nombre y que, por cierto, luce pertinente recordar: "Identificar oficialmente a la república con el nombre de Libertador significa la creación de una clarificación errónea, falaz y perjudicial de los hechos sucedidos dentro  de nuestros contornos desde el Descubrimiento, por lo menos", afirmó Elías Pino Iturrieta ("El divino Bolívar", Catarata, Madrid,2003: 234).

Una ilustración, es de Ugo en tiempos de un exaltado bicentenario (El Diario de Caracas,  20/07/1983). Y, la otra, pertenece a Eneko, retratando aquellos tempestuosos tiempos (Economía Hoy, Caracas, 26/05/1990).

LB

lunes, 16 de diciembre de 2013

RESULTADOS EXISTEN CUANDO HAY DEBATE

Bolívar,  breve balance parlamentario (y coletilla)
Luis Barragán


“Y, claro, como es natural en estas
historias,  las cosas que no se sabían
se sabían demasiado”
Ernesto Mestre (*)


Un nuevo aniversario de su muerte, lo convierte en un insólito tropiezo y no sólo porque, independientemente de su valor arquitectónico,  surgió en Caracas -  arbitrario y arrogante -  el Mausoleo (¿nombre definitivo?), sino por el utilitario, abusivo, oportunista y agobiador uso que se hace de su nombre.  Y es que, en lugar de fluir con los tiempos, actualizándose, con Bolívar se permiten devolvernos a todos al siglo XIX, exacta y sólo exactamente donde arrancó el despotismo que lo capturó como pretexto.
Además, idearon una distinta iconografía incapaz de confrontar el trazo supuestamente científico con la más amplia historiografía en la materia, ya que el interés fundamental estuvo y está en una insólita segregación retrospectiva, saturada de las veleidades políticas del presente. Inútiles fueron los esfuerzos de legos y especialistas por debatir la tan inédita decisión presidencial de versionarlo: “El manejo es ideológico y sobre todo divisionista, perpetuando las viejas categorías de las guerras civiles de independencia”, refiere Miguel Angel Perera (“Venezuela ¿nación o tribu? La herencia de Chávez”, UCV, Caracas, 2012: 100).
El Bolívar de la puerta franca, dinámico y transparente,  se ha convertido en una espesa y alta muralla que escuda – aunque no protege suficientemente – a sus especuladores. Prófugos del siglo XXI, todavía no logramos la reflexión compartida que es necesaria para derrumbar toda la parafernalia oficial que se agota en la consigna y en el ceremonial de ocasión.
UN BREVE BALANCE PARLAMENTARIO
Resulta difícil incorporar todas y cada de las circunstancias que hicieron la legislatura de este año,  la que aparentemente no ha culminado cuando escribimos estas notas. Unas, apuntan a la debilidad de un importantísimo órgano del Poder Público, y, la otra, a una inevitable referencia personal.
Por una parte, la bancada democrática de la oposición dio un cabal testimonio de  resistencia y  empuje, frente a la sistemática agresión gubernamental que incluyó la literal  golpiza de sus miembros en el desarrollo de sendas sesiones plenarias, añadido el micrófono convertido en certero proyectil frente al orador que los incomodó.  Nunca antes, por más dura que fuese la faena política, había pasado algo semejante, emblematizando el extravío ético y político de un gobierno que desea vehementemente a la Asamblea Nacional como una burda sucursal de sus caprichos.
Presuntos herederos del marxismo de décadas anteriores que tanto reclamaba por la independencia parlamentaria, el respeto a las inmunidades y una ineficacia que la perspectiva histórica revela como falsa de realizar el debido contraste, hoy son los capitanes de una demolición que anteriormente imputaban a otros. La vieja prensa que la desean deteriorada y desaparecida, ofrece sobrados testimonios que apuntan a la vigente y confesa inmoralidad del oficialismo actual, el que vela obstinadamente por el silenciamiento de toda diferencia que golpeé los tímpanos del poder establecido.
Por otra,  la inmunidad parlamentaria como institución indispensable, recibió una artera y extravagante puñalada, no sólo por el allanamiento de Richard Mardo y María Aranguren, sino por la severa amenaza que todavía  pesa sobre la disidencia. Consabido, también el allanamiento sirvió para la habilitación legislativa de Nicolás Maduro, so pretexto de su presunta cruzada anticorrupción, por no mencionar la imposición inconstitucional de un Plan de la Patria en sí mismo inconstitucional, pues,  el pleonasmo habla de un rango legal con ausencia del correspondiente procedimiento, igualmente sin precedentes en nuestra trayectoria republicana.
Aguas abajo,  el inmovilismo de las Comisiones Permanentes, excepto las llamadas Especiales que acatan la táctica gubernamental de persecución rondando la ridiculez, como aconteció con la citación de un popular cantante, las confina como oficinas pendientes de no molestar o irritar a los altos funcionarios del Estado que desatienden hasta la llamada telefónica de los diputados oficialistas. A mediados de agosto del presente año, la Gaceta Oficial reportó una profunda  transformación administrativa de la Asamblea Nacional que, desapercibida,  consagra un monopolio presupuestario, funcional y funcionarial merecedor de una mayor atención.
Finalmente, emergió una inédita iniciativa como La Movida Parlamentaria para la coincidencia de las curules de un diverso cuño político e ideológico,  recuperando la confianza del electorado propenso a la desilusión.  La tragedia de Amuay, la doble nacionalidad de Maduro, la defensa del Esequibo, la identificación con las luchas de los trabajadores de Guayana, el colapso eléctrico, el retiro de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y  la campaña municipal, entre otros aspectos, supieron de una activa presencia en la calle como escenario natural de las denuncias y propuestas.
Mencionemos inelegantemente, nos correspondió ocupar la curul de Mardo en los instantes que emergía el Proyecto de Ley Orgánica de Cultura, trabajada intensamente en la Comisión Permanente, entre otras iniciativas que esperan.  Modestamente, proseguimos la labor que realizábamos, desmintiendo – incluso – una repentina campaña  twittera de descalificación, como si fuésemos epígonos del oficialismo, que los hechos sencillamente derrumbaron.
COLETILLA INEVITABLE
No hay resultados, sin un análisis; no hay análisis, sin el debate realmente compartido; luego, para que lo sean, los resultados necesitan discutirse. E, integrantes de La Movida Parlamentaria, ya dimos una larga y fructífera discusión respecto a los aludidos comicios, enunciando importantes tareas en el marco de la ineludible crisis que vendrá.
Únicamente observamos que, con más habilidad que franqueza, el poder central se plebiscitó como no logró hacerlo una oposición que, a pesar de encarnar las grandes mayorías, optó por el surtido de los problemas locales.  Además, para aquellos que partidístamente claman por el número de plazas conquistadas, olvidando el compromiso unitario, deben reparar entre el número real de postulaciones y el efectivo triunfo de las toldas: ahora, alcaldes y concejales afrontarán un inmenso desafío, pues saben inconstitucionales el Plan llamado de la Patria, los gobiernos paralelos y la negación de los recursos por Miraflores o La Planicie.
(*) “La rumba de Lázaro”, Tusquets Editores, Barcelona, 2001: 37.

http://www.noticierodigital.com/2013/12/bolivar-breve-balance-parlamentario-y-coletilla/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1005429
Reproducción: Fantonches, Caracas, 24/12/1937, nr. 610.