Mostrando entradas con la etiqueta Revolución de Octubre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Revolución de Octubre. Mostrar todas las entradas

viernes, 27 de julio de 2018

MÁGICO-RELIGIOSO

Del bolivarianismo, sin Bolívar
Luis Barragán


Huelga comentar el perfeccionado culto a la personalidad de Bolívar, cuya exacerbada falsificación, lo ha hecho desconfiable.  Existe una vasta literatura al respecto (remitiéndonos al problema de la identidad nacional), simplemente relegada por la propaganda y publicidad oficial en su incansable estrategia de versionarlo, incluso,  iconográfica e iconológicamente.

Próximos a su aniversario natal, saturados de tantos y graves problemas, ya pasa por debajo de la mesa el bolivarianismo que, muy poco o nada, tiene de Bolívar.  Una somera revisión de los discursos de Chávez Frías, con más años de entrenada devoción por el caraqueño, en las aulas militares, respecto a su ágrafo sucesor, nos impone de las numerosas, repetitivas y descontextualizadas citas que empañan toda verdad por una diabólica espiral de la manipulación descarada.

República adjetivada aparte, aquélla poderosa intuición política de bolivarianizar al extremo la conspiración que desembocó en el 4-F, hoy ha se ha concretado en una enfermiza fórmula a la que seguramente contribuyeron los psicólogos sociales de ocasión.  Casi veinte años después, ya no se trata de la prédica de un Vinicio Romero y sus escolares detalles, sino de la esmerada conciliación de los estudios de opinión con los rudimentos del pensamiento mágico-religioso.  No obstante, se trata de una deidad compartida.

José Martí afianzó al castrismo, como Bolívar a Chávez Frías, imposibilitado Maduro Moros, al igual que Díaz.Canel: no hay tanto espacio en el imaginario social para un trío litúrgico. Excepto, incurra en el parricidio que tiene -  asimismo  -impredecibles consecuencias simbólicas.

Valga acotar, tan bolivariano fue Juan Vicente Gómez como estos muchachones del siglo XXI, que coincidió en las fechas de natalidad y muerte con el héroe rel. Además del bigotazo, Maduro Moros tiene por coincidencia con el brujo de La Mulera: una vocación de carceleros. Y todo, en nombre del Bolívar desenfadadamente desconocido.

Reproducción: Portada. Billiken, Caracas, 1945.
23/07/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/33151-barragan-l

domingo, 15 de octubre de 2017

LA ASTRONÓMICA DISTANCIA

De un breve saldo cultural: 1945 y 1999
Luis Barragán

Arribando a su 72º aniversario, la llamada Revolución de Octubre de 1945 sigue gravitando entre nosotros. Inicialmente creído como un golpe de Estado encabezado por López Contreras, resultó algo más allá que una escaramuza exitosa de las tantas que tejieron al país.

Hechos definitivamente históricos, añadida la tal Revolución Bolivariana, aunque insistan en darles una actualidad política que  no tienen, excepto se trate de la búsqueda de una identidad perdida, surgieron bajo el pretexto de – por lo menos – tres circunstancias:  la de atender la emergencia social y la de evitar una guerra civil, celebrando una Asamblea Nacional Constituyente.

El más modesto ejercicio, nos lleva a un dramático contraste: por una parte,  a partir de 1945, el relevante aumento de los ingresos   fiscales se tradujo en una mejoría de las realidades sociales, mientras que, comenzando en 1999, con el crecimiento fabuloso de los ingresos petroleros, esas realidades que muy poco alivio tuvieron,  a la postre se agravaron haciendose dramáticamente crónicas; por otra, la radicalización de las pugnas partidistas, pretendiendo Acción Democrática abusar de su hegemonía, produjo el golpe de 1948, y en todo el siglo XXI la pugnacidad y la hegemonía se han prolongado, con traición de la propia alternancia democrática del poder; luego, ambas experiencias pasaron por sendas asambleas constituyentes, la una de significativa dinámica que trascendió el propio ámbito político,   y  la otra, asfixiantemente dominada por el oficialismo, ya sabe del propio constituyente que violenta la Constitución que promovió. Sin embargo, colocamos nuestro acento en la faceta cultural de ambos regímenes.

En efecto, Venezuela empezó a encontrarse consigo misma y sus tradiciones, gracias al esfuerzo de Juan Liscano y su celebérrimo festival, por  lo demás, contando con élites políticas de una sentida inquietud intelectual, como la de los años ’40 del ‘XX. Esforzados en superar el positivismo dominante, convertido en activa ideología, se hizo muy vivo el debate plural en torno a nuestros valores y sus manifestaciones, añadida la vanguardia o las pretensiones de vanguardia artística que surgieron durante el Trienio.

Comparativamente, la presente centuria desmiente toda búsqueda y discusión de esos valores y sus expresiones, trastocados en una obscena propaganda ideológica que sortea el desastre burocrático-cultural generado, apelando al enfermizo populismo que caricaturiza los logros de los años ’40 que, en el fondo, permanecen como si fuesen una promesa incumplida después de más de medio siglo.  Una larga e inauditable gestión caracteriza a un siglo que se dijo prometedor, prevaleciendo la censura y ahogada toda creación artística, pues, ni siquiera hubo esbozo de un distinto fenómeno cultural como abundaron en décadas muy anteriores.

Dependiendo todo de la  maquinaria publicitaria de esta franca dictadura que nos orienta definitivamente hacia una sociedad ágrafa y conformista, extremando el culto a la personalidad, no existe nada equivalente – por lo  menos – a la Nueva Trova Cubana. Ese “hombre nuevo” que la consigna proclama, lo vimos con la injusta represión delatada también por la rapiña sistemática o desesperada de sus agresores, en el presente año.

Pendiente una mejor aproximación al país de mediados del ‘XX, por ejemplo, se extendió el joropo y “Doña Bárbara”  nutrió el imaginario social que ya había logrado impactar, bajo otros regímenes anteriores, radicalizado artificialmente durante la dictadura posterior, la de Pérez Jiménez, quien – Semanas de la Patria, aparte – trató de compensar la influencia de Gallegos con la contratación de “La catira” de Cela. No percibimos todavía que, por decisiva que fuese la presencia militar en la Junta Revolucionaria de Gobierno, la sociedad fuese espiritualmente militarizada: apenas, rindiendo tributo al 18 de Octubre,  hallamos marchas como la de Horacio Corredor Z. (Revista de las Fuerzas Armadas, Caracas, nr. 12 de 06/1947), cuyas partituras – puede decirse – son inéditas, pues, hay – en más de setenta años – incontables generaciones de venezolanos que las desconocen.

Huelga comentar sobre la militarización que hoy nos agobia, volviendo a sus orígenes marciales “Patria querida” que compuso Heriberto Maluenga para el batallón blindado “Bravos de Apure” en los ’70 del ‘XX.  Cantada públicamente por Chávez Frías, luego de 2012 se convirtió en un motivo regular de las movilizaciones electorales (http://www.correodelorinoco.gob.ve/hace-73-anos-nacio-compositor-%E2%80%9Cpatria-querida%E2%80%9D-heriberto-maluenga), gozando ahora  de una mayor divulgación como marcha militar.

Breve saldo cultural, una revolución de vocación civilista, con fortísimo componente militar,  y una revolución de vocación militarista que atrapó a incautos en el mundo civil, ofrecen un magnífico filón para la investigación en términos de política y realización cultural. Por supuesto, media una distancia astronómica entre Liscano y Farruco Sesto, emblemas irrefutables de lo que aconteció después de 1945 y de 1999.

16/10/2017:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/31060-1945-1999


Revista de las Fuerzas Armadas, Caracas, nr. 12 de 06/1947.

domingo, 16 de octubre de 2016

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Marconi Villamizar. "!Qué piensan y cómo viven los asesinos en Venezuela!". Élite, Caracas, Nr. 1535 del 05/03/1955.
- Luis Herrera Campíns. "Fue un camino nuevo (18-O)". El Nacional, Caracas, 19/10/65.
- Rubén Carpio Castillo. "Reconocimiento al Pedagógico". El Nacional, 10/07/86.
- Rafael Angel Insausti. "El Ávila en versos". Revista Shell, Caracas, Nr. 18 de 04/56.

Fotografía: Pedro Estrada, tomada de la red.

EL FOSO Y EL CAMINO

Presupuestógeno (y una nota octubrista entre el camino y el foso)
Luis Barragán


El presupuesto público, como la violencia, suscita la inmediata y vital unidad de los distintos grupos que, en el poder, pugnan por su exclusiva dirección. Además, es la promesa estelar hecha a una vasta clientela, tan maltrecha como el resto del país, que no encuentra otro horizonte para preservar sus niveles de vida y rezar porque el hampa no le dé alcance.

De expropiados ingresos petroleros y de confiscados tributos ciudadanos, la suerte presupuestaria del país retrata fielmente al socialismo mercantilista, radicalmente improductivo, que no permite siquiera que cada quien experimente o ensaye libremente otra fórmula de supervivencia. Las ubres del petróleo, cuya renta no alcanza, están acaparadas por los administradores de sendos fondos que escapan de todo legítimo y racional control, por lo que queda la condena tributaria que no tiene, como contraprestación, una cárcel más segura, limpia e iluminada.

Los adictos incorregibles del presupuesto público, monopolizadores del poder político, celebran que haya disminuido dramáticamente las exportaciones no tradicionales, prácticamente inexistentes. Nadie está autorizado en el país para intentar la más humilde o sofisticada actividad económica y productiva que le conceda independencia y, a lo sumo,  la ilusión está en que muchos de los que puedan lograrlo, lo hagan fuera del país para  - así - recibir las grandes remesas a bolivarizar, como ocurre en Cuba con los coterráneos.

La decisión inconstitucional del TSJ, apunta sociológicamente a la gran familia del presupuesto público nacional: la de sus acaparadores y la de esos parientes ideológicos pobres que esperan que les llovizne. El exabrupto jurídico apela a remoquetes grandilocuentes (como “soberano”),  pero no advierte una indigestión peligrosa que sincerará aún más el conflicto interno del poder.

UNA NOTA  OCTUBRISTA

Cercanos al 71° aniversario de la llamada Revolución de Octubre, recordamos un artículo de Arturo Uslar Pietri (“El foso y el camino”: El Nacional, Caracas, 18/10/1965), inclinado  por dejar atrás los odios y rencores que caracterizaron las distintas etapas de un país que merece zanjar sus diferencias civilizadamente. Y, aunque se diga que treinta y tantos años después el escritor  pasará la factura, lo cierto es que en 1958 dejamos testimonio del aprendizaje hecho respecto a los años cuarenta y cincuenta.
17/10/2016:
http://www.noticierodigital.com/2016/10/presupuestogeno-y-una-nota-octubrista-entre-el-camino-y-el-foso
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=47737
http://noticiasvenezuela.info/2016/10/presupuestogeno-y-una-nota-octubrista-entre-el-camino-y-el-foso

INCINERACIÓN A LA VISTA

Presupuestíveros (y una marcial nota octubrista)
Luis Barragán


Los más altos ingresos provenientes del petróleo, hacen del XXI un siglo muy particular, pues, sufrimos una terrible crisis humanitaria en los extremos de una paradoja antes – sencillamente – inimaginable. El régimen los devoró inclementemente, so pretexto de cancelar una deuda social que, tamaño detalle, ha agravado hasta lo indecible.

Por más de tres lustros, apartando la instancia constituyente, controló la Asamblea Nacional y no hubo proyecto de presupuesto que dócil y obedientemente no sancionara, por más razonables y hasta irrefutables que fuesen los argumentos de la oposición, dentro o fuera del hemiciclo. Añadiendo los innumerables créditos adicionales autorizados y un endeudamiento colosal, los parlamentarios oficialistas aceptaron y aplaudieron la ruptura de la unidad del tesoro y la ausencia de todo control sobre los fondos creados o sobrevenidos, según el antojo y la voracidad presidencial: hoy están de plácemes los augustos presupuestívoros de turno.

Algún día se abrirán las arcas documentales de los organismos contralores, a menos que logren incinerar todos los miles de expedientes, para constatar algo más que una hipótesis: el problema social se convirtió en un camino expedito para los más jugosos negocios de todo nivel. Vale decir, al no crear tampoco las condiciones y capacidades de las que habla Amartya Sen, las dádivas rindieron un excelente dividendo comercial para contratistas, subcontratistas, empleados y asomados que subastaron los recursos aún más modestos, dizque para superar la pobreza. Y esto, por no versar sobre las distorsiones y dislocaciones macroeconómicas de un presupuesto que expropió a todos de la generosa renta petrolera y confiscó a los venezolanos condenados al pago de los impuestos  sin la menor contraprestación.

UNA MARCIAL NOTA OCTUBRISTA

A pocas horas de cumplirse el 71° aniversario de la llamada Revolución de Octubre, creemos que hay un consenso historiográfico sobre la ocupación de los militares y la de los civiles. El celebérrimo trienio registra como oficio esencial de las otrora Fuerzas Armadas, los asuntos concernientes a la defensa nacional, con sus matices, mientras que el del liderazgo civil exclusivamente atiende y se entiende en el oficio de gobernar. Luego, sigue firme la voluntad de encaminar las relaciones civiles y militares por una senda distinta a la tradicional, con los inconvenientes y obstáculos del caso.

La reflexión viene a la mesa, porque esa voluntad nunca se expresó y testimonió en el siglo XXI, aunque contradijera el antiguo criterio de algunos de sus personeros, como José Vicente Rangel, por ejemplo: “No queremos unas Fuerzas Armadas socialistas, ni socialdemócratas ni copeyanas, sino institucionales en el sentido real del término, no en abstracto” y, faltando poco, “profesionales, al servicio del país, de la Constitución, respetuosas del orden democrático, pero que participen en el proceso político, económico y social” (Alfredo Peña, “Conversaciones con José Vicente Rangel”, Ateneo de Caracas, 1978: 130). He acá un contraste excesivamente evidente, entre una gesta del XX y la que se dijo tal en la centuria siguiente.

Fotografía: http://www.elcambur.com.ve/identidades/el-golpe-a-medina-angarita-o-la-revolucion-truncada-en-5-puntos
17/10/2016:
http://www.lapatilla.com/site/2016/10/17/luis-barragan-presupuestiveros-y-una-marcial-nota-octubrista/
http://www.scoopnest.com/es/user/la_patilla/787987558068285440
http://www.entornointeligente.com/articulo/9102464/Luis-Barragaacute;n-Presupuestiacute;veros-y-una-marcial-nota-octubrista-rss-17102016
http://reporte24.org/2016/10/luis-barragan-presupuestiveros-y-una-marcial-nota-octubrista/
http://www.hoyenvenezuela.com/2016/10/17/luis-barragan-presupuestiveros-y-una-marcial-nota-octubrista

ULTRAJE Y VILIPENDIO

De la genuina susceptibilidad (y una nota octubrista)
Luis Barragán


Días atrás, nos encontramos casualmente con un viejo condiscípulo que, por cierto, por vocación, quiso alguna vez hacer carrera judicial. Empero, desde que se inició el actual régimen, renunció a su modesto juzgado con la clara intuición de lo que vendría después.

Traspapelada entre otras noticias, la denuncia interpuesta por la canciller Delcy Rodríguez contra el diputado Henry Ramos Allup, responde a una genuina susceptibilidad de los ocupantes de un poder arbitrario que no logran distinguir entre el ámbito personal y el político. Éste, está llamado siempre al duro y lógico cuestionamiento democrático, porque se trata del decisor de un destino inevitablemente compartido, exponiéndose como un exabrupto cualesquiera acciones de orden penal o civil y tratándose, para más señas, de un parlamentario que tiene responsabilidades y prerrogativas muy bien definidas por la Constitución y la tradición republicana.

Ejercitando algunas nociones con nuestro amigo, es necesario distinguir entre el ultraje contra las personas investidas de autoridad pública (básico, con violencia o amenaza) y el vilipendio: el ofendido no es tal,  cuando versamos sobre sus funciones; el vilipendiado no es tal, cuando no peligra ni se menosprecia las bases misma del Poder Público, según la pacífica doctrina de varias décadas. De modo tal, que constituye la denuncia una maniobra más, un momento adicional a la confabulación de un órgano del Poder Público – el Ejecutivo – contra otro – el Legislativo – encaminado a derrumbar, esta vez, las bases mismas de una adecuada y deseada coexistencia de los poderes en Venezuela, por decir lo menos.

UNA NOTA OCTUBRISTA: TENSIONES

Cercano el 71° aniversario de la llamada Revolución de Octubre, añadimos a los apuntes alguna vez consignados (http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/17055-tres-notas-importantes-sobre-el-18-o),  dos instantes de  la acción política y militar. En un caso, fraguada la conspiración, Rómulo Betancourt  no comprometió a toda la dirección de Acción Democrática y un día antes del evento, escenificó un extraordinario mitín en el Nuevo Circo de Caracas, sin que levantase la menor sospecha; y, en el otro, asumió su responsabilidad en el curso de un golpe de Estado que, de no haber resultado, lo hubiese confinado, irrecuperable, al degredo político.

Dos momentos personalmente de una inmensa tensión que, por el solo registro fotográfico, revelan una fuerte y decidida personalidad capaz de afrontar con serenidad las circunstancias. En el coso taurino, sabiéndose cercano a la hora de todos los peligros, hace sus planteamientos con una habilidad poco común que, al considerar el acto, Manuel Caballero estima que le hubiese servido de alegato ante un tribunal de haber fracasado (“Rómulo Betancourt, político de nación”, Alfadil – FCE, Caracas, 2004: 232); y, a las puertas de Miraflores, rodeado de sus más cercanos colaboradores, según una imagen de la época, hora poco conocida, enciende literalmente un cigarrillo, completamente resteado en tan dramática coyuntura. Queda esto para la reflexión, a favor y en contra, claro está.


Reproducciones: Élite, Caracas, Nr. 1047 del 27/ 10/1945; y Resumen, Caracas, Nr. 103 del 26/10/1975 ("Rómulo Betancourt dirigiéndose a un multitudinario auditorio en la noche del 17 de octubre").
17/10/2016:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/27862-luis-barragan

CERRAR LOS OJOS ANTE LO INCOMPRENSIBLE

Presupuestívoros, presupuestógenos, presupuesticidas
Luis Barragán


Pronto arribará a su 71° aniversario la llamada Revolución de Octubre o, como sugiere la cómoda fórmula de Manuel Caballero, el pronunciamiento o golpe de Estado que la propició.  Y, aunque la tentación fuese la de referirnos in extenso sobre tan significativo fenómeno, lo que inicialmente  deseamos es dejar por sentado un hecho de sólida importancia histórica: Rómulo Betancourt, al entrar y salir del poder, hizo no sólo su declaración jurada de bienes, sino que la difundió con los números bien redondos de sus haberes, activos y pasivos.

Algo más que un gesto, con todas las fallas del trienio adeco y, después, del puntofijismo, empleando la jerga corriente, lo cierto es que el manejo del erario público, con sus uso y abusos, jamás llegó al escándalo que todavía falta por saberse, del chavismo. En el peor de los casos, hubo la posibilidad cierta de denunciar y de exigir respuestas de los organismos contralores, del  parlamento, o de los tribunales, cobrando una extraordinaria relevancia el modesto caso de una lejana municipalidad, porque también existió una tribuna, una institución, un recurso formidable que tarde o temprano facturaba: la opinión pública. Obviamente, el siglo XXI venezolano no sabe aún de todo esto.

El detalle que faltaba, el régimen ahora se autopresupuesta y, no porque de un modo u otro no  lo hubiese hecho, controlando la Asamblea Nacional en casi veinte años, sino porque hoy  siquiera debe tomarse la molestia de  saludar al diputado del PSUV o del PCV para que apruebe y dé rienda suelta a sus afanes presupuestívoros. Antes pudo hacer lo que le vino en gana, atentando contra la unidad del tesoro, ocultando las realidades macroeconómicas, endeudándonos  y dando una presupuestógena respuesta al clientelismo que lo explica, y, ahora, el TSJ – presupuesticida – le regala a Maduro y a quienes pugnan por sucederlo, el mayor trofeo esperado que, antes del arribo de la barbarie roja, era sencillamente inimaginable.

Peor  todavía, Pedro Carreño propone que el TSJ asuma todas las funciones de la AN y, por supuesto, tratándose de un vocero calificado, no queda otra cosa que agradecerle la franqueza de su exigencia. Entonces, ¿para que los “dialoguistas” de estilo, los que rasgaban sus vestiduras porque María Corina Machado caracterizaba al régimen como una dictadura, pueden sorprenderse?
16/10/2016:
http://guayoyoenletras.net/2016/10/16/presupuestivoros-presupuestogenos-presupuesticidas

lunes, 12 de septiembre de 2016

CAZA DE CITAS

"... Sobre la empresa partidista pre-18 de octubre (...) fue  una empresa que hacía exigencias personales extremas de disciplina, dedicación y honestidad y, al mismo tiempo, solicitaba algún cultivo intelectual de parte de sus seguidores"

Humberto Njaim

(En. "La Revolución de Octubre", PDVSA-CELARG, Caracas, 1998: 64)

miércoles, 22 de junio de 2016

HOY ES QUE NOS PERCATAMOS DE LA NOTA EN RED...

Tres notas importantes sobre el 18-O
Recopilación: Dip. Luis Barragán   
Viernes, 18 de Octubre de 2013 00:42

alt 
Tres aproximaciones al 18 de octubre de 1945: "Historia de un golpe que sembró tempestades" (2000), "Un proceso revolucionario" (2000) y "¿Héroes o traidores?" (2000)
EL NACIONAL - DOMINGO 15 DE OCTUBRE DE 2000 / SIETE DIAS
Historia de un golpe que sembró tempestades
El día en que Rómulo Betancourt se autoexpulsó de Acción Democrática
Esta historia se ha contado muchas veces. Es un cuento en el que no hace falta inventar nada, de tan rico y fantástico. Tiene encrucijadas en las que el pánico de un individuo, una arteria que se cierra o un disparo que se escapa desencadenan sucesos de alcance gigantesco. ¿Qué hubiera pasado si Diógenes Escalante no hubiera perdido la razón? ¿Cuál habría sido la historia del segundo medio siglo XX venezolano, si la aviación militar no se hubiera sublevado en la madrugada del 19 de octubre de 1945? Eso nunca se sabrá. Sólo queda recordar, y aprender.
La generación soliviantada
José Antonio Giacopini Zárraga siempre quiso ser militar. Su familia lo convenció para que estudiara Derecho, pero siempre permaneció cerca del ambiente castrense, sobre todo porque practicaba tiro y equitación, y así hizo muchos amigos en los cuarteles. "Me veían como un oficial sin uniforme'". Fue así como terminó involucrado: por amistad.
Giacopini, un experto en historia militar de Venezuela y actual asesor de Seconade, habla de un sustrato en las nuevas generaciones de oficiales que favoreció una actitud conspirativa. Primero, porque los oficiales de mediados del siglo XX eran producto de una institucionalización de la carrera militar, que terminó con los ejércitos caudillescos y autodidactas del siglo XIX y creó una fuerza armada bien educada, profesional, subordinada a los poderes nacionales. Luego, porque muchos de ellos habían viajado a Perú, Colombia o Estados Unidos a hacer cursos de especialización, y habían tenido ocasión de comparar la situación de los uniformados en Venezuela con la de sus vecinos. "Un teniente ganaba 16 bolívares diarios, igual que la cocinera de una quinta".
Así, muchos jóvenes oficiales comenzaron a plantearse la necesidad de mejorar su estatus, así como la de actualizar las condiciones del Ejército para enfrentar un eventual conflicto externo. Los militares que ocupaban los rangos medios, en los años 40, se habían criado en una Venezuela muy agitada, con intentonas golpistas, huelgas inéditas y rebeliones estudiantiles como la de 1928, en un clima muy crítico hacia el poder establecido y los herederos del gomecismo: Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita. Cuando entraron a la Escuela Militar, desde el campo civil, llevaban en sí la semilla, digamos, de la conspiración. Y algunos de ellos, como un tal Marcos Pérez Jiménez, habían sentido desde niños el inaplazable llamado del mando.

Eran tiempos en que la guerra civil en España y la Segunda Guerra Mundial hacían que se hablara mucho de temas militares. Una Era de botas, quepis y charreteras. Y en Venezuela contribuyó a sembrar tempestades. Al principio no pasaba de una murmuración entre amigos. Pero el zumbido no sólo subió de tono, sino que se organizó: en 1944, el entonces capitán Marcos Pérez Jiménez congregó a su alrededor a los oficiales formados en Perú, y luego a los otros "murmuradores", y armó la Unión Militar Patriótica, con cúpula de mando, exposición de motivos, juramentaciones (sin Samán de Güere) y hasta programa.
La cautela de Betancourt
En este punto del cuento empieza a gestarse el golpe. "A principios de junio de 1945, Pérez Jiménez fue a mi oficina y me preguntó si yo conocía a 'esa gente de Acción Democrática'. Le dije que sólo los conocía de oídas, pero que tenía la impresión de que eran activistas nacionalistas que hacían oposición y querían formas de gobierno más modernas. Pérez Jiménez me informó que habían hecho contacto con los adecos y se iban a reunir. Yo no quería un compromiso político, pero triunfó la mayoría".
Los oficiales Mario Vargas y Horacio López Conde promovieron el enlace con AD. La esposa de éste último conocía al médico independiente Edmundo Fernández, quien ofreció su casa en Campo Alegre para el encuentro entre la Unión Militar Patriótica y AD. Opinaba que AD podía ayudar con apoyo de calle a la hora de la asonada y a gobernar si ésta triunfaba. Finalmente, fueron Rómulo Betancourt y Raúl Leoni a conversar con Pérez Jiménez y algunos de sus compañeros. Edmundo Fernández no participaba; los dejaba siempre a solas. Hubo una segunda reunión que incluyó, además, a Luis Beltrán Prieto y Gonzalo Barrios. "Los cuatro adecos resolvieron congelar el conocimiento de lo que estaban haciendo; si el golpe fracasaba, asumían ellos sus responsabilidades personales y salvaban al partido. Ni Rómulo Gallegos ni Andrés Eloy Blanco sabían nada, ni la base. Incluso hubo adecos que el 18 de octubre salieron en defensa de Medina, como Octavio Lepage en la UCV, hasta que sus jefes le informaron de la verdad". Betancourt quería evitarle a AD "la raya histórica de participar en un golpe".
El episodio Escalante
En pos de un sucesor, Medina lanzó a mediados de 1945 la candidatura de Diógenes Escalante, tachirense también y embajador en Washington. Los cuatro jerarcas adecos propusieron a la Unión Militar Patriótica que abortaran la conspiración, pues con Escalante de Presidente no sería difícil conseguir las reivindicaciones que querían los inquietos militares. El problema fue que Escalante rechazó la candidatura, alegando razones de salud. Los adecos tuvieron que ir a Washington, y convencieron a Escalante con el argumento de que era el hombre-consenso, no sin antes aceptar la condición del embajador: ejercer la Presidencia sólo por dos años, durante los cuales hubiera una reforma electoral hacia el sufragio universal. Iba a mandar sólo para calmar las aguas, puesto que se temía que López Contreras recuperara el poder.
Escalante volvió al país y se aisló en el hotel Avila, con un círculo de amigos y parientes íntimos. El único que logró entrevistarlo fue Ramón J. Velásquez, reportero entonces de Ultimas Noticias, pero no sacó mayor cosa, así que lo que hizo fue investigar y hacer un retrato del pensamiento del candidato. Este quedó tan complacido que lo contrató como secretario privado. Así, Velásquez ocupó la primera fila como testigo del momento en que Diógenes Escalante perdió la razón.
A Escalante no le interesaba el fragor de la política. Una tarde, cansado del encierro en el antiguo hospedaje de San Bernardino, invitó a su secretario a pasear por Los Chorros. Le confesó, nostálgico, que quería visitar el Táchira. Velásquez celebró la idea y propuso inclusive armar un comando de campaña en el terruño común. Escalante le dijo que sólo quería ver a su gente y sus montañas, y le aconsejó nunca mezclar la política con los afectos.
Aquí se interrumpe el relato de Giacopini y entra la versión oficial. Esta dice que una mañana el presidente Medina se extrañó de que el puntual Escalante no hubiera llegado a un desayuno pautado, e hizo llamar a Velásquez. El periodista-secretario llamó al candidato, y éste, desde el hotel, dijo que no podía ir, sin más explicaciones. Medina intuyó que algo raro pasaba, y Velásquez también, así que se fue al hotel y halló a Diógenes Escalante, el candidato del gobierno y de la oposición, el hombre que evitaría un pronunciamiento militar, desesperado porque creía que le habían robado su ropa y su carro. Y todo estaba allí. Horas después, una junta médica determinaba que Escalante había sufrido un ataque de demencia y quedaba incapacitado para la candidatura.
Se reanudan los fuegos
El PDV de Medina precisaba llenar con urgencia el vacío y lanzó a su ministro de Agricultura, Angel Biaggini. Según Giacopini, Venezuela "no estaba preparada para un presidente civil; el mejor candidato era el general merideño Juan de Dios Celis Paredes". Pero lanzaron a Biaggini. Gente del PDV que se sentía desplazada le hizo la guerra sucia; aumentó el temor a que López Contreras tomara el poder. Los conspiradores incorporaron al jefe de estudios de la Escuela Militar, Carlos Delgado Chalbaud. Pese a que algunos se oponían a derrocar a Medina, planeaban actuar a finales de noviembre. No podían esperar a los ascensos de enero, mucho menos a las elecciones de 1946. En la madrugada del 15 de octubre, alguien cuyo nombre Giacopini se niega a revelar, los delató a Medina. Un oficial cercano al Presidente les susurró que habían sido descubiertos. Así que Pérez Jiménez y los suyos, incluyendo a los conjurados de Maracay y de la Armada, acordaron el martes 16 la consigna: "A la primera detención de uno de nosotros, los demás lanzan el golpe de Estado".
Comenzó la cuenta regresiva. Los futuros golpistas reanudaron el contacto con Betancourt, en casa de la madre de Delgado Chalbaud. No le dijeron que el movimiento estaba descubierto, sino que era difícil controlar la impaciencia de algunos de los implicados, y quisieron saber cómo podía su gente ayudar cuando la cosa estallara. Betancourt no se atrevió a comprometer a la base, pero en la noche del 17, en un mítin en el Nuevo Circo, el líder adeco dio un anuncio indirecto del golpe. "Sabía que estaba parado sobre un barril de pólvora, y ante la sorpresa de todos, anunció que AD estaba preparada para asumir el poder por la puerta grande".
Ese día hubo un intento "bastante disparatado" de detener a Delgado Chalbaud. El general Ruperto Velasco, director de Guerra, fue el encargado. Hombre más dado a declamar que a empuñar un arma, improvisó una cena de gala, a lo Judas, a la que asistieron Delgado Chalbaud y los conspiradores de la Escuela, con la mayor cautela. Velasco se embriagó; los conjurados, sin embargo, se cuidaron de la copa, y rehusaron luego prolongar la parranda en la Caracas nocturna, con lo que se salvaron de la detención.
Quien no se salvó fue el mayor Pérez Jiménez. Lo detuvieron en la mañana del 18 de octubre, junto con Julio César Vargas, y lo llevaron al cuartel Ambrosio Plaza. Velasco, amanecido, regresó a la Escuela para volver a intentarlo con Delgado Chalbaud, con tan mala suerte que lo encontró muy bien apertrechado. Delgado Chalbaud, cerrando filas con varios oficiales rebeldes y Edito Ramírez (a quien Giacopini considera el cerebro de todo, junto con Pérez Jiménez), detuvo al director de Guerra y levantó toda la Escuela.
Entonces, Mario Vargas avisó a Celestino Velasco, y éste tomó Miraflores y sus adyacencias, el ministerio de Guerra y Marina y la Radio Militar. Hizo 145 prisioneros, entre ellos monseñor Jesús María Pellín, Eleazar López Contreras, Arturo Uslar Pietri, Mario Briceño Irragorry y Jóvito Villalba. Maracay, donde estaban la aviación y el grueso de las fuerzas, se unió al golpe. Fue la señal para el plomo grueso.
El sitio de Miraflores
Giacopini se asomó a la esquina de Pineda y creyó que el golpe era el de López Contreras, pues sólo veía a lopecistas y medinistas correr hacia Miraflores. Pero cuando se acercó al palacio comprobó que su gente estaba dentro, y se les unió. Allí había armas y municiones suficientes para pelear por muchos días. Los rebeldes dispusieron su armamento y organizaron la defensa.
A todas estas, el presidente de la República creía que las detenciones marchaban con éxito. En la Escuela Militar, Delgado Chalbaud ordenó al capitán Simón Arenas Revenga ir a confirmarle la toma a Celestino Velasco en Miraflores, pero Arenas, en cambio, acudió a informar de la rebelión a Medina. Este creyó que Miraflores no había caído, puesto que tenía consigo al emisario que debía dar la señal en palacio. Sólo con su chofer y dos edecanes, el Presidente llegó a Miraflores y encontró su puerta cerrada. El capitán Nucete, quien se había unido al golpe, le dijo a Medina que estaban sublevados y que mejor huyera, para evitar "un acontecimiento desagradable". No se capturó a Medina, como tampoco a su hermana, que vivía enfrente de Miraflores y a quien los rebeldes protegieron en todo momento, cuenta Giacopini.
Medina recorrió rápidamente la ciudad y evaluó el estado de la asonada. Hizo del cuartel Ambrosio Plaza -donde estaba prisionero Pérez Jiménez- su base de operaciones. Envió a la Policía de Caracas, formada por reservistas y ex militares, a recuperar Miraflores, que según Giacopini era de todos modos "un baluarte intomable", e hizo desplazar varias compañías para sitiar la Escuela Militar.
Cayó la noche y los combates no disminuían. Por la Radio Militar se distorsionaban las órdenes de Medina y se informaba a los golpistas dónde debían concentrar el fuego. Mientras tanto, el cuartel San Carlos iba derecho al caos. En su interior había gente de ambos bandos; Medina comisionó a dos coroneles para apresar al capitán rebelde Evelio Rojas Castro antes de que levantara el cuartel, cosa que consiguieron, mas cuando salían del San Carlos los enfrentó la guardia de prevención, en un intercambio en el que nadie sobrevivió. Dos compañías leales llegaron a hacerse del viejo fuerte y hubo una "carnicería, una matazón". Justo cuando se calmaron los ánimos, a un prisionero se le escapó un disparo y volvió la locura: los soldados disparaban a ciegas y mucha gente cayó sin necesidad.
Cuando en la mañana del 19 llegó la aviación militar, desde Maracay, para auxiliar a los rebeldes, según las órdenes que recibían los pilotos por la Radio Militar, sus efectivos no tuvieron más que sobrevolar el San Carlos, así como el cuartel Ambrosio Plaza. Los sobrevivientes del San Carlos temieron por un bombardeo que encendiera el repleto polvorín del cuartel, y huyeron. Fue la señal que esperaba el Destino, que no era medinista. Una poblada civil saqueó las armas del arsenal y se encaminó a Miraflores, donde, sin que nadie se lo pidiera, se enfrentó a la Policía, a la que la gente, incluso en 1945, siempre ha visto como el enemigo. Hasta entonces, la Policía había mantenido muy ocupados a los tomistas de Miraflores. Bajo el fuego doble de militares y civiles, optó por rendirse.
En ese instante, ya Isaías Medina Angarita había escuchado los aviones sobre el Ambrosio Plaza. Entendió que había perdido Maracay y capituló, al mediodía del 19 de octubre.
Abrazos en la humareda
En Miraflores, Giacopini presenció la honrosa rendición de la Policía y la llegada de sus amigos Rafael Caldera, Juan José Mendoza y Lorenzo Fernández, quienes le pidieron que les informara de todo cuanto había pasado. Agotado por dos días de combate, Giacopini quedó con los socialcristianos en hacerlo en otro momento. Esa noche, en la quinta Punto Fijo de Caldera, éste le preguntó a Giacopini cuál de los golpistas ganaría el liderazgo. Cuenta Giacopini que su apuesta fue muy clara: Marcos Pérez Jiménez.
¿Dónde estaban los adecos? Hay que recordar que los verdaderos implicados eran sólo cuatro. Hubo un momento en que Carlos Delgado Chalbaud, ante el baño de sangre que se estaba desarrollando, propuso interrumpir la asonada. Mario Vargas lo impidió, pero la posibilidad de claudicar llegó a oídos de Rómulo Betancourt, quien rápidamente escribió una carta de expulsión de Acción Democrática contra él mismo, por haberse involucrado en el golpe que creyó fallido. Luego se enteró de la verdadera situación y convocó al CEN para diseñar un plan, con miras a conformar la Junta Revolucionaria de Gobierno que se constituyó en la noche del 19.
Según Giacopini, lo que ocurrió el 18 de octubre de 1945 no fue una revolución. Fue un golpe dado por jóvenes militares que querían una Fuerza Armada más fuerte y moderna. El sesgo ideológico vino después, con la participación de los socialdemócratas en la Junta Revolucionaria de Gobierno. Pero pronto se hicieron insoslayables las brechas entre adecos y uniformados y llegó un día en que la historia volvió a sacudirse, el 24 de noviembre de 1948, en el que José Antonio Giacopini Zárraga tuvo una importante participación. Pero, como dice Michael Ende, ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.
Tres balances
Para Jesús Sanoja Hernández, la a veces llamada Revolución de Octubre no fue un acontecimiento del todo estéril. "Apenas tomó el poder la Junta Revolucionaria de Gobierno, vino el impuesto especial a las petroleras y se inició un proyecto constituyente, que en octubre de 1946 ya tenía una Asamblea para redactar una nueva constitución (la de 1947), con representación obrera, femenina y eclesiástica, y mayoría de AD, que junto con los sindicatos se fortaleció mucho en esos años". Recuerda el veterano periodista y profesor universitario que la Junta permitió el nacimiento de Copei y URD, inició una reforma agraria de impronta comunista, creó la Flota Grancolombiana de navegación y organizó el estudio de Guayana que años más tarde permitiría la explotación hidroeléctrica.
Pedro Pablo Aguilar coincide en señalar que el 18 de octubre abrió para las mayorías la posibilidad de participar en la política venezolana, además de que creó los partidos modernos, y que entonces los cambios generaban mucho entusiasmo. Pero visto desde hoy, "la balanza tiende más bien a inclinarse hacia el lado negativo, puesto que dio a las Fuerzas Armadas un peligroso poder de decisión sobre la vida nacional, que incluso determinó los sucesos del 23 de enero de 1958".
Que las consignas del movimiento fueron cumplidas en su integridad es la opinión de alguien tan vinculado a Acción Democrática como lo es Simón Alberto Consalvi. "La constitución de 1947 abrió el juego democrático; se reivindicaron los derechos venezolanos sobre el petróleo venezolano; hubo una reforma educacional profunda que, es cierto, ponderó la cantidad por sobre la calidad, según las prioridades de entonces; y se repartieron muchas tierras a los campesinos". Consalvi señala errores que, dice, hay que revisar para no volver a cometerlos. "El camino de la reforma agraria no es simplemente dar más y más hectáreas; además, los partidos se anquilosaron, creyendo que con haber logrado los objetivos de ese momento podían durar para siempre, sin crear nuevos proyectos".
Las milicias rojas
Uno de los tantos aguerridos sitiadores de Miraflores durante la noche del 18 de octubre de 1945 fue Luis Miquilena. Entonces cacique del sindicalismo de transporte, con influencia en los agricultores de Aragua, Miquilena comandaba junto con Gustavo Machado una de las dos alas en que se había divido el PCV, legalizado ocho días antes del golpe. Los comunistas apoyaban a Medina, así que cuando reventó la asonada, se unieron de inmediato a la defensa del Presidente. Dice la leyenda que Miquilena trató, en vano, de coordinar con unos republicanos españoles un acto que tal vez hubiera alterado el desenlace: lanzar calle abajo, hacia el palacio, dos camiones en llamas repletos de gasolina.
Según Giacopini Zárraga, años después del episodio Gustavo Machado le contó que en pleno combate había llamado al presidente Medina para ofrecerle 8.000 hombres del PCV, dispuestos a dar la vida "contra la reacción"; es decir, contra los golpistas de derecha. En la versión del extinto líder comunista, Medina Angarita le respondió: "Machado, le habla un hombre en el momento tal vez más trascendental de su vida: quédese tranquilo''.


EL NACIONAL - DOMINGO 15 DE OCTUBRE DE 2000
El 18 de octubre de 1945
Un proceso revolucionario

El miércoles se cumplen 55 años del derrocamiento del gobierno del general Isaías Medina Angarita. Sobre la fecha, que levanta aún ronchas y pasiones, debaten hoy el ex presidente Carlos Andrés Pérez, uno de los actores del movimiento, y Santiago Ochoa Briceño, jefe de la Policía de Caracas en ese entonces, que defendió con las armas el gobierno de Medina
Carlos Andrés Pérez

Los detractores de este proceso revolucionario no han cejado en su empeño de presentarlo como un cuartelazo más en la historia venezolana. La "revolución" chavista se regodea en señalar la fecha como la más nefasta para el país y a sus actores como los responsables de todos los males que nos aquejan.
La muerte del tirano Juan Vicente Gómez, significó la aparición de nuevos tiempos para Venezuela. La fotografía que publicó la prensa del sepelio del déspota, nos muestra claramente el orden sucesorio. Detrás del féretro estaban, en ese orden, el general López Contreras seguido por el general Isaías Medina Angarita.
Durante el gobierno del primero se inicia, a medias, un proceso de respecto a los derechos humanos. Hubo expulsión de ciudadanos por razones políticas. Se promulgó la Ley Lara para disolver por la fuerza manifestaciones populares. Se inventó el "bolivarianismo" como instrumento de lucha política, con la organización de las Cívicas Bolivarianas, reencauchadas ahora en la "ideología" y el "movimiento bolivariano" del chavismo.
Viene el proceso de relevo presidencial. Se niega el voto, directo y secreto para elegirlo. Se mantiene la designación del Presidente por el Congreso. Se autorizó el regreso a los exiliados.
Todo parecía indicar que el país se orientaba a la democracia plena. La Ley Lara fue derogada. Era del conocimiento público el distanciamiento entre López Contreras y Medina Angarita. Se había iniciado en el país el debate sobre la elección directa y secreta del nuevo Presidente. Acción Democrática es legalizada.
El general Medina, apremiado por los reclamos de la opinión pública para abrir el debate democrático, ordena crear un partido que llama Partido Democrático Venezolano (PDV). Y sobre esta estructura monta la candidatura de su embajador en Washington, Diógenes Escalante. Pero se niega a reformar la Constitución para elegir al Presidente por elecciones universales y directas.
Entre tanto, Rómulo Betancourt recibe a Edmundo Fernández, quien le comunica que un grupo de oficiales de las Fuerzas Armadas desean hablarle. Ellas quieren insurgir para establecer un gobierno provisorio que convoque a elecciones universales, ante la negativa del gobierno para hacerlo. Betancourt promueve una reunión con otros dirigentes del partido. Y se acepta el planteamiento de fondo de los militares pero se les plantea la posibilidad de lograrlo sin la ruptura del orden constitucional.
Un grupo de dirigentes adecos propone entonces un acuerdo con Escalante, si éste se compromete desde el gobierno, en plazo perentorio, a convocar para elegir al Presidente de la República por elecciones universales y directas. Escalante acepta y regresan con la buena nueva. No habrá ruptura del orden constitucional.
Sucede entonces lo impredecible. El candidato enfermó y es sustituido por Angel Biaggini.
Cerradas todas las posibilidades de un acuerdo político, el próximo Presidente será el designado por el Congreso, y andino y tachirense. La intervención militar se hacía inevitable para abrir al país a la democracia, a la participación del pueblo, a la ruptura con la dictadura gomecista.
El general Medina no había llenado las aspiraciones populares, su débil candidato se enfrentaba a la decisión del general López Contreras de volver a la Presidencia apoyado por otro sector de las Fuerzas Armadas.
En estas circunstancias se reanudan las conversaciones entre los dirigentes de la conspiración y los líderes de Acción Democrática. No había todavía un acuerdo concreto sobre la integración del gobierno provisorio, cuando la prisión de dos de los comprometidos produjo la insurrección, en la mañana del 18 de Octubre de 1945.
Lo que sucedió ya lo sabemos. Se inicio el proceso democrático que incorporó a las masas a la conducción del país. En unas elecciones democráticas se eligió a Rómulo Gallegos Presidente de Venezuela, luego de tres años del gobierno provisorio que presidió Rómulo Betancourt para echar las bases de la Venezuela democrática. Se legalizaron los partidos políticos, se convocó a elecciones, se adoptó la política de no más concesiones petroleras y se impuso un impuesto de excepción a las compañías petroleras.
Lo que ha sucedido ahora, desastroso y lamentable, es la destrucción de aquel proceso iniciado con tan buen pie y frustrado a posteriori por el clientelismo que socavó las bases morales de los grandes partidos que pervirtieron y hundieron el proceso democrático. La historia dictará su veredicto.


EL NACIONAL - DOMINGO 15 DE OCTUBRE DE 2000
El 18 de octubre de 1945
¿Héroes o traidores?

El miércoles se cumplen 55 años del derrocamiento del gobierno del general Isaías Medina Angarita. Sobre la fecha, que levanta aún ronchas y pasiones, debaten hoy el ex presidente Carlos Andrés Pérez, uno de los actores del movimiento, y Santiago Ochoa Briceño, jefe de la Policía de Caracas en ese entonces, que defendió con las armas el gobierno de Medina
Santiago Ochoa Briceño

El 18 de octubre interrumpió una transición política dirigida por los generales Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita, que hubiera consolidado, sin sobresaltos ni angustias, un régimen democrático de amplias libertades públicas y nacionalismo militante.
Tuve el honor de servir al lado de los ex presidentes López y Medina por casi 20 años. Esa cercanía me permitió valorar sus extraordinarias condiciones de estadistas. El día del alzamiento militar me desempeñaba como comandante de la Policía de Caracas. Al frente de un grupo de valerosos agentes de esa Institución defendí, con las armas en la mano, hasta el último momento al régimen del general Medina. Esa actuación será para mí siempre timbre de orgullo.
La polémica sobre si el 18 de octubre fue una revolución o una asonada militar surgió de inmediato. Acción Democrática la denominó "la Gloriosa Revolución de Octubre", y a los militares que se insurreccionaron los presentaron como héroes. El golpe militar del 24 de noviembre rompió la ilusión. A partir de ese momento se transformaron en traidores. Analicemos las causas que provocaron el 18 de octubre para entender las circunstancias que condujeron a la alianza antihistórica de un partido socialdemócrata y un grupo de oficiales de tendencia militarista.
Dos graves errores políticos complicaron el final del período del presidente Medina: no incluir el sufragio universal y directo en la reforma de la Constitución de 1943 y limitar una importante transformación profesional en las Fuerzas Armadas. Al mantenerse la elección del Presidente de la República por el Congreso Nacional, se fortaleció la posibilidad de la ya manifiesta aspiración del general López de regresar a la Presidencia de la República. La enfermedad de Diógenes Escalante y la débil candidatura de çngel Biaggini abrieron la posibilidad de que el general López derrotara al candidato del gobierno en la elección presidencial. Esa certeza desesperó a la dirigencia de Acción Democrática, que consideró un grave retroceso regresar a las condiciones de represión del gobierno del presidente López Contreras. De allí a comprometerse en la asonada fue sólo un paso. Sin duda, una grave inconsecuencia con los principios que inspiraban a ese partido.
La política militar del presidente Medina fue totalmente desacertada. No entendió que la base fundamental de su prestigio se sustentaba en su ascendiente sobre los oficiales jóvenes. Los decepcionó al no producir la necesaria renovación en los mandos y agilizar sus ascensos. Además, su afán por democratizar al país le hizo olvidar la regla de oro del régimen andino: mantener al frente de las Fuerzas Armadas a un oficial prestigioso. Apenas observó que el general Juan de Dios Celis Paredes fortalecía su ascendiente militar lo transfirió al Ministerio de Fomento. Algo de eso también pasó conmigo, pues al observar que como jefe de Servicios en el Ministerio de Guerra y Marina tenía buen ambiente con los oficiales jóvenes, en vez de designarme director de Guerra, me transfirió a la Comandancia de la Policía de Caracas. Mantener al frente del Ministerio de Guerra y Marina, por varios años, al general Manuel Morán y su equivocado reemplazo por el coronel Delfín Becerra, dos oficiales sin mayor prestigio, favorecieron la conspiración. También incidió en el alzamiento la certeza del triunfo de la candidatura del general López. Era volver a los tiempos de los oficiales de campaña.
La "Juventud Patriótica Militar" necesitaba de Acción Democrática. Carecían del peso nacional para constituir un gobierno. Su alianza fue circunstancial. No había ninguna cercanía ideológica. Los jóvenes oficiales querían una modernización apresurada de Venezuela, pero los aspectos sociales no sólo no les importaban sino que miraban con recelo la movilización de masas.
Es verdad que Acción Democrática produjo importantes cambios políticos durante el trienio revolucionario, pero el golpe del 24 de noviembre comprometió totalmente esas reformas, dando paso al quinquenio pérezjimenista. De un gobierno democrático, honesto, nacionalista y respetuoso de las libertades públicas como era el régimen medinista terminamos en una dictadura corrupta, al servicio de intereses no nacionales. El 18 de octubre fue una más de nuestras tantas asonadas militares y la mejor demostración es observar que Acción Democrática y el propio Rómulo Betancourt dejaron de glorificar lo que en conclusión constituyó un tiempo oscuro para Venezuela.

Fotografía: Portada de una famosa edición de la revista "Resumen" (Caracas, 1975), en la que Jorge Olavarría escudriñó a fondo la fecha con Rómulo Betancourt. Este ejemplar es bien cotizado entre los entendidos.

Fuente: http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/17055-tres-notas-importantes-sobre-el-18-o

lunes, 22 de febrero de 2016

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Ramón Hernández. "El país como oficio: Juan Nuño". El Nacional, Caracas, 30/09/1984.
- Antonio Arellano. "Traslado de la capital o de los poderes públicos". El Nacional, 20/12/77.
- Miguel Acosta Saignes. "¿Hubo una revolución en 1945?". Cantaclaro, Caracas, nr. 25 de 10/86.
- Escribe Guillermo García Ponce sobre Pedro Duno. Tribuna Popular, Caracas, 10/06/69.

Reproducción: La ilustración de P.L. Zapata revela las tensiones en la crisis de la coalición de gobierno hacia 1966.

jueves, 7 de enero de 2016

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Luis Herrera Campins. "El mérito de una revolución traicionada". El Gráfico, Caracas, 01/11/1948.
- Ramón Hernández. "El país como oficio: Rodolfo Quintero". El Nacional, 25/08/80.
- Gonzalo Barrios y la polarización. El Nacional, Caracas, 07/04/73.
- Pedro R. Tinoco. "Petróleo (XII): Las restricciones". El Nacional, 31/10/67.

Reproducción: Jorge Olavarría habla a la cámara (Resumen, Caracas, 1984).
-

lunes, 5 de octubre de 2015

EL OTRO ANIVERSARIO



Cercana la fecha aniversaria, el 18-O ha adquirido la relevancia académica que merece. Y no lo decimos solamente por el trabajo de Sócrates Ramírez al asumirlo como un fenómeno revolucionario, publicado alrededor de un año atrás, sino por algunas de las tesis de grado que lo enfocan, de acuerdo a varios docentes amigos que tienen la ocasión – a veces penosa – de evaluarlas o, simplemente, leerlas, con resultado irregulares.

Debate (Mondadori, Bogotá, 2007), tuvo a bien publicar en 2007 a Jesús Sanoja Hernández, convertida a edición en tributo al incansable trajinador de la prensa diaria. El primer tomo tiene por capítulos: Primeras revelaciones, ¿Contragolpe o contrarrevolución?, El destino manifiesto, Extraño interludio; el segundo, 23 de enero y Cuarta República, La alternativa democrática, La Vía Apia de la estabilidad, Insurrectos y pacificados, La difícil transición, 1945-1999: ¿dos revoluciones?; el tercero, Viaje a la prehistoria, La guerra y la paz, Gómez único, Entre el pasado y el futuro, Comienzo y fin: 19 de abril y 11 de abril, Tiempo de balances; el cuarto tomo, es de fotografías.

El autor se refiere a una materia controversial o nada pacífica, teniendo por fondo los hechos de 1945, hasta abordar la más reciente contemporaneidad.  Un especialista en historia, celoso de sus perspectivas epistemológicas y metodológicas, las que – por cierto, entendemos – cuesta conquistar, seguramente lo cuestionaría. Quizá, por ello, Sanoja Hernández insistió siempre en su condición de cronista. Y si bien es cierto que lo fue, extrañándolo muchísimo en la prensa – ahora – digital en boga, huérfana generalmente de memoria, no menos cierto es que buena parte de sus aportes tienen el valor de un testimonio personal  que le concede una mejor jerarquía digna de los investigadores de la hora para calibrarla.

Leídos los tomos hacia 2007, conservamos una inicial impresión: ha podido ahondar, detallar, extenderse en varios y disímiles asuntos, pero – si mal no recordamos – se tratan de trabajos que no pretendieron una entrega postrera, por lo que sus archivos – copiosos, endiablados, prácticamente sofocantes, como lo registra una famosa fotografía – deben estar repletos de notas de una extraordinaria importancia. Puede decirse, para concluir, que Sanoja Hernández fue – a muchísima honra – un gran cronista que todavía puede deparar sorpresas de hincar el bisturí en sus papeles, porque – además – no estuvo ajeno a los avatares de la militancia política, un dato esencial.

Valga acotar, el cuarto tomo contiene una buena y nítida compilación fotográfica, en papel glasé, donde el 18-O brilla en el escenario. Unas más conocidas que otras, claman por un repertorio inédito de intentarse otra edición.

LB