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domingo, 13 de mayo de 2018

A PROPÓSITO DE UN TRISTE ANIVERSARIO

De la memoria y el olvido
Luis Barragán


Setenta años atrás, estalló una granada en la sede de Acción Democrática que mató a la señora  Rosa Gaspar de Martínez, modesta trabajadora, e hirió  a otra persona, para agravar aún más el ambiente político de una Venezuela deseosa de ejercer las libertades públicas, pero harta del desmedido sectarismo político. La acción fue atribuida al Frente Nacional Anticomunista con el que el “Copey” se suponía ligado, a través del entonces diputado Antonio Pulido Villafañe.

La granada que se dejó caer desde la platabanda de la casa-sede, estalló el 17/05/1948 y, obviamente, generó una situación difícil, con la correspondiente movilización de masas del partido gobernante, Acción Democrática. El día 24, en el acto de cierre escenificado en el Nuevo Circo de Caracas, Rómulo Betancourt, además de subrayar el parentesco mellizal de sus más vehementes  opositores con el frente, denunció que la tentativa fue la de frustrar la importación de maquinarias y alimentos, desde Estados Unidos, país al que viajará pronto el presidente Gallegos.

Al diputado Pulido Villafañe, prófugo, le fue allanada la inmunidad y reaparecerá muy después, en la era en ciernes del perezjimenato del que también fue funcionario diplomático. La prensa y los diarios de debate del parlamento,  aún sobrevivientes, todavía constituyen una magnífica fuente para la reflexión política actual, aunque debemos respetar que se trata completamente de hechos históricos que no deben suplantar el decidido esfuerzo de actualización de nuestras circunstancias en el presente siglo.

Por lo pronto, más allá de la Guerra Fría, como una generosa abstracción que dice relevarnos de ciertas e insuperadas claves de lo que ha sido nuestra accidentada vida republicana,  reencontramos la violencia política que resolvimos o dijimos resolver con la llamada política de pacificación, implementada a finales de los sesenta de la anterior centuria. Preocupante, hoy sabemos que existen armas y demás artefactos de guerra en manos de grupos irregulares tan afectos al régimen, que se resistirán a una transición democrática demandada por las grandes mayorías que literalmente ha hambreado.

En un eterno y enfermizo retorno, el sufragio universal, directo y secreto, ya arraigado en nuestra más elemental cultura política, es una conquista a reivindicar constantemente. Costó demasiado institucionalizarlo para que, precisamente, sus más estridentes beneficiarios, ahora deseen pulverizarlo impunemente,  prescindiend de la dura historia que lo avala.

El sectarismo político fuerza a la desaparición o rectificación de sus más excelsos promotores, pero – siendo tan numerosas las  lecciones – el país ha caído víctima de un fenómeno que deja, ya es bastante decirlo, atrás a lo ocurrido en el célebre trienio. Al sectarismo armado de la presente dictadura, existe el desarmado de sectores que se le oponen, real o ficticiamente, indicando cuán profundo ha sido el aprendizaje de todos estos años para propios y extraños.

A nadie se le pide una disertación experta sobre temas históricos para el diario ejercicio de la política, aunque sucesos tan trágicos, como el que hemos invocado, de un modo u otro, debería estar en la memoria – por lo menos – del liderazgo político venezolano. No obstante, cómodo como inútil, prefiere el olvido, entre otras razones, creyendo – en ambas aceras – que Venezuela comienza y termina con todos ellos.

Cfr.  http://lbarragan.blogspot.com/2014/02/lejana-vicisitud-drama-actual.html
13/05/2018:
http://guayoyoenletras.net/2018/05/13/la-memoria-olvido/
Cfr.
Comentario de Nicomedes Febres: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10213448481941047&set=a.10212514081181612.1073741867.1070325318&type=3&theater&comment_id=10213453652510308&force_theater=1&notif_t=photo_comment&notif_id=1526308912741540

domingo, 2 de agosto de 2015

DÍJOSE (Y DÍCESE)

Decir una revolución
Luis Barragán


Convengamos, una adecuada interpretación del presente requiere de la perspectiva histórica. Creyendo agotadas las noticias en torno a  lo ocurrido en el lejano  1945, el hallazgo de fuentes inéditas o el reordenamiento de las ya disponibles, intentando una novedosa versión de los sucesos, puede arrojar luces sobre el siglo XXI que tarda en llegar, por los menos, con las promesas que los venezolanos nos hicimos: Sócrates Ramírez y su “Decir una Revolución: Rómulo Betancourt y la peripecia octubrista” (Academia Nacional de la Historia – Fundación del Banco del Caribe, Caracas, 2014), nos ha iluminado con una “peripecia [que va] más allá de la intención de velar el episodio de las armas” (101).

Dilucidando un fenómeno tan contrastante,  aborda los hechos del 18 de Octubre y todo el proceso que generó, tal como lo entendieron y asumieron sus propulsores y adversarios, añadidos los más radicales, precisando los tiempos o ciclos. Principalmente Soriano, Arendt  y Marcuse, le conceden la indispensable acuñación teórica para concluir que lo ocurrido fue una revolución (57 ss., 97 ss., 109).

La “novedad lingüística y simbólica” (95), irrumpió en la vida venezolana cobrando una significación distinta al convencionalismo forjado por las escaramuzas y guerras civiles. De una pormenorizada documentación,  sentimos que quedó mucho más en el tintero de bytes para abundar en las oposiciones (207 ss.) y, trascendiendo al propio Betancourt,  en la autocomprensión de Acción Democrática y las Fuerzas Armadas, los sujetos revolucionarios posteriormente en pugna.

Hubo alguna disidencia interna en el partido oficialista, como la suscitada por la elección directa de gobernadores que encontró el entusiasmo transitorio de  varios constituyentes de la bancada y, aunque finalmente suscribieron la Constitución, sin reparo alguno, fueron sancionados por el partido (126 ss.). Sin embargo, no puede interpretarse la medida disciplinaria como una purga que, masiva y dolorosa, experimentaron otras revoluciones en lares y circunstancias históricas muy diferentes: quizá pudo precisar el origen de un cierto entusiasmo utópico entre la militancia que muy luego originó el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), fundado en lo que también inventarió como los errores y timideces  del Trienio.

La obra permite el reencuentro gratificante con un lenguaje político superior al actual, paradójicamente eficaz en un país predominantemente analfabeto y rural, incluyendo la oratoria de Betancourt (245) y de toda una época. Lamentablemente, esta otra centuria lo desconoce, conformes con las heces verbales de todas las aceras políticas e ideológicas.

De acuerdo al objeto de la investigación, las fuentes hemerográficas citadas son las que tuvieron relevancia para Betancourt y sería interesante que, en un futuro, las ampliara para la necesaria aproximación a la cultura de la época que, entre otros recursos, permitan tejer el imaginario social que auspició y facilitó el fenómeno.  Y, al mismo tiempo, negó y frustró  las nociones que procuraron sus opositores, como las del propio Partido Comunista.

Conocedor, ducho y coherente, el guatireño exhibe el talento y  la paciencia del estratega en ámbitos difíciles y, así, en su “dinámica reflexión-acción” (169), nos parece magnífico el capítulo relacionado con el petróleo y la distinción entre Betancourt y Uslar Pietri. Semejante a la sección dedicada al clientelismo político – potencial o efectivo – dibujada por las cartas en solicitud de favores (193 ss.) que abonan a una característica betancouriana como es la de intentar “… tener bajo control, incluso personal,  innumerables situaciones” (247).

Obra bien escrita (algo casi excepcional),  el joven y prometedor investigador supo internarse en la complejidad de los archivos personales que cuesta demasiado tenerlos, mantenerlos y resguardarlos frente a los avatares de la vida misma, dejando Betancourt tan importante legado. Hay otros reservorios documentales urgidos de inventariar y recuperar que, desafortunadamente, terminan en los remates de libros – acaso, sobreviviendo al detal – como nunca lo imaginaron los actores políticos de un tiempo que ayudaron a construir.

Impreso en papel noble, aunque de tinta débil, preferimos el ejemplar algo pesado e incómodo, pero duradero. Celebramos las notas literalmente al pie de página y de una extensión resueltamente didáctica, capaces del detalle quirúrgico para el análisis.

Para la discrepancia y la coincidencia, Ramírez ha colocado la vara más alta a la hora de referirnos a los acontecimientos de Octubre, presuntamente trillados. Suele ocurrir, en medio de la crisis editorial que nos aqueja, hay versiones que soslayan algunos avances, ya que no responden a algunos y más o menos recientes señalamientos, como – por citar un par de casos – que el ministro titular de Guerra y Marina de Medina Angarita, fuese un militar de escuela o que los sueldos de la oficialidad no eran bajos hacia mediados de los cuarenta.

Ahora, decimos encontrarnos en medio de una revolución que no es tal, sino la imposición de un modelo y el forzamiento de un imaginario propios de la década de los sesenta del XX. Atrapados en esta centuria, quizá involuntariamente el autor de maras nos da buenas pistas para versionar, además, la superación de la tragedia.

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2015/08/decir-una-revolucion/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1100197
Reproducciones:
- "Don Rómulo Betancourt, Presidente de la Junta Revolucionara de Gobierno, regresa a Miraflores, después de su primera salida", escribe Alberto Brun. En la gráfica, junto a Ricardo Monilla (Presidente de Guárico) y Adolfo Pinto Salinas (miembro de Acción Democrática). Élite, Caracas, nr. 1047 del 27/10/45.
- "Esta gráfica fue tomada el viernes 19 a mediodía, cuando se rindió a la revolución el Cuerpo de Seguridad Pública. Estaba terminado el movimiento y Rómulo Betancourt se asomó al balcón del Ministerio de Guerra y se dirigió a la multitud reunida en la esquina de Miraflores para pedir que los civiles devolvieran las armas y ayudaran a mantener la calma en la capital". Así escribe Alberto Brun para su reportaje intitulado "La revolución de Venezuela relatada por sus principales protagonistas", con fotografía de Avilán. Élite, Caracas, nr.  1058 del 03/11/1945.
- "El Presidente de la Junta Revolucionaria, Rómulo Betancourt, trabajador infatigable, aparece en momentos de dictarle al taquígrafo de Miraflores, el cordial 'catire' Lleras Codazzi". Escribe R. del C., en su reportaje "Cómo se vive en Miraflores". Élite, Caracas, nr.  1050 del 17/11/1945.
- Transmisión del poder a Rómulo Gallegos. Élite, Caracas, nr. 1168 del 20/02/1958.

lunes, 9 de marzo de 2015

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Carlos E. Padilla G. "Temas de actualidad: La Comisión Revisora y los juicios de responsabilidad". El Universal, Caracas, 29/12/1946.
- J.R. Núñez Tenorio. "La matanza de Cantaura". Últimas Noticias, Caracas, 13/11/82.
- Guillermo Meneses. "Errores y crímenes contra la democracia". El Nacional, Caracas, 06/10/63.
- Diego Arria descarta candidatura presidencial e irá al Senado por AD. El Nacional, 20/09/77.

Reproducción: Élite, Caracas, 03/04/1965.

lunes, 7 de abril de 2014

RÁPIDO REPORTE

EL NACIONAL - VIERNES 21 DE ENERO DE 2000
Los derechos humanos (1900-1947)
Jesús Sanoja Hernández

La defensa de los derechos humanos no contaba, en la muy larga era castro-gomecista, con organismos regionales, ni mucho menos mundiales, que la asumieran oficialmente, como tampoco con organizaciones no gubernamentales o de la sociedad civil. La prensa de 1909, primer año completo de la tiranía gomecista, se encargó de divulgar lo que en materia de muertes y torturas había sucedido durante los nueve años de ciprianato. Y los entusiastas del nuevo régimen, el de la Rehabilitación, no tardarían, y en no poco número, en sufrir la bárbara represión del "gendarme necesario".
Panfletos publicados en el destierro y sobre todo el documentado y testimonial libro de Pocaterra (Memorias de un venezolano de la decadencia) fueron divulgando, con lujo de detalles, la deplorable situación de los derechos humanos en nuestro país, por otro lado dibujado por gran parte de la prensa extranjera, fundamentalmente la de Estados Unidos, como gobernada por un progresista "hombre fuerte". Hubo excepciones notables como la que en México desarrollaron José Vasconcelos y los jóvenes Carlos Pellicer y José Juan Tablada, excepcional pareja de poetas que habían observado de cerca las atrocidades gomecistas, y en Colombia y Cuba personalidades afectas a la causa de los desterrados.
No existía la Sociedad Interamericana de Prensa, constituida cuando en Venezuela gobernaba Medina Angarita, y la reunión de editores que en Washington se celebró en 1926 (cito de memoria) no se trató tema, como el de los derechos humanos, que les era, al parecer, ajeno. En 1930 publicó Jugo Delgado en Nueva York un impresionante folleto (El peligro de la intervención extranjera en Venezuela), en el cual vinculaba su denuncia con el debate que en el Congreso de Estados Unidos habíase promovido a raíz del juicio entablado por el abogado A.L. King contra el gobierno de Gómez. Defendía King al ciudadano norteamericano James E. Welch, quien había pasado 45 días en la cárcel de Ciudad Bolívar.
Tal como asienta Ramón J. Velásquez en nota introductoria (Boletín del Archivo Histórico de Miraflores, número 101-106), "King logró que el Senador Joseph Randsdell, de Carolina del Norte, y Allard Gasque, representante ante el Congreso por el estado de Carolina del Sur, propusieran en el seno de las comisiones de Política Exterior de ambas cámaras, una investigación de las condiciones de Venezuela, con el objeto de determinar si la Constitución y las leyes publicadas se cumplen en aquel país, o son burladas por el poder de la dictadura". La documentación aportada por Jugo Delgado fue valiosísima, no sólo por los testimonios de los desterrados sino por una carta dirigida por "damas venezolanas", cuyas firmas permanecieron en reserva, al senador... (los puntos suspensivos deben tomarse como medida de precaución) y en la cual las madres, hijas, hermanas y prometidas de hombres venezolanos, "sin intención de invadir terrenos políticos que no debemos traspasar", acudían a aquél "para pedir su poderosa ayuda en la defensa de nuestro derecho elemental: el derecho de vida".
No fue mucho el caso que el gobierno de Estados Unidos le hizo a esta y otras solicitudes, aunque sí el asunto resultó debatido en el Congreso. Terminó así el largo mandato de Gómez, reelecto varias veces a tono con veleidosas constituciones, y vinieron los regímenes de López Contreras y Medina Angarita, el primero caracterizado por la disolución de las recién nacidas organizaciones de izquierda, estudiantiles y sindicales, por no pocos secuestros políticos y por las expulsión de los catalogados como comunistas, en marzo de 1937, aun sin serlo muchos de ellos, como Gonzalo Barrios y Jóvito Villalba; y el segundo por su tendencia democratizante, con ausencia casi absoluta de represión. Medina elogió el nacimiento de la Asociación Venezolana de Periodistas, legalizó a AD, eliminó el Inciso VI y dio paso, en las postrimerías de su administración, al Partido Comunista. Ninguno de los dos gobiernos fue, en realidad, sangriento, ni acudió a la tortura como fórmula de persuasión.
La Junta Revolucionaria de Gobierno surgida como consecuencia del golpe militar-civil de octubre de 1945, además de los aún discutidos juicios por peculado, apeló a encarcelamiento en momentos en que consideró perturbada su estabilidad por conatos de insurrección o alzamientos. En diciembre de 1946, apenas instalada la Asamblea Constituyente, un grupo de madres, esposas e hijas de políticos detenidos en El Trocadero (antiguo cabaret de Pierre René Delofre) denunció la aplicación de torturas, lo que provocó encendido debate en el cual Andrés Eloy Blanco reveló una vez más su probidad. Supo calibrar el peligro de un retroceso: "Yo condené en un tiempo -dijo como presidente de la Constituyente y como figura de AD- y sigo condenando, y condenaré siempre, hasta que me quede el último soplo de vida, todo lo que tienda a hacer regresar a Venezuela a las horas salvajes que su pueblo supo superar". Aquello fue, apenas, un interludio polémico. A poco vendría nueva tiranía.

jueves, 18 de octubre de 2012

HOY, 18

Un largo post-octubrismo
Luis Barragán


Martes, 14 de octubre de 2003

“La lucha del hombre contra el poder es
la lucha de la memoria contra el olvido”
Mirek


Los gobiernos presididos –primero- por Rómulo Betancourt y –después- por Rómulo Gallegos, en la década de los cuarenta, ofrecen los referentes necesarios para aproximarnos al que hoy preside Hugo Chávez, haciendo la salvedad de las concretas condiciones históricas que los separan. Superada la noción de gobierno, se imponen los aspectos relacionistas del poder, su legitimidad y –concretamente- las creencias y símbolos que, convertidos en discurso, revelan una tendencia apenas alterada entre 1989-1992.

Digamos que el imaginario presente a mediados del siglo XX, reaparecerá vigorosamente en los albores del XXI, domiciliados en un mismo régimen: el octubrista. Grosso modo, ambos ciclos acusan características semejantes: a) discursivamente revolucionarios, el presente apenas alcanza para la remoción de los escombros de un pasado denostado; b) constituyen una gesta del (re) descubrimiento de la renta, la cual no comportará el sacrificio de los distintos sectores sociales; c) inicialmente, ofertan un programa mínimo (despersonalización o despartidización del poder, sufragio efectivo o democracia protagónica, moralización de la administración o inmediata liquidación de la corrupción); d) responden a una inmediata emergencia social, incrementando a la postre el gasto corriente; d) se realizan en el marco de un forzado pluralismo político que, al pretender reducirlo y domesticarlo, endurece los rasgos autoritaritarios, temidos por unos y aupados por otros; y e) la institución armada recupera una importancia estratégica antes aminorada por el desenvolvimiento político rutinario. No obstante, la versión original de una revolución, cuya etapa inicial culmina con el ascenso de Gallegos, resignificándola, guarda sobradas distancias con la derivada, prolongación y agonía de un modelo que los ejercicios plebiscitarios de Chávez no pudieron salvar.

La experiencia venezolana actual obedece a una resistencia objetiva al cambio que la modernización y la globalidad anuncian con terquedad, no exclusivamente, aunque mejor, reflejada por un oficialismo empeñado en sostener el rentismo (económico, sociológico y político), garante de la propia preservación del poder. Inevitable, la crisis social y económica lo lleva a apostar por fórmulas totalitarias que, por un lado, exceden y quebrantan las representaciones bolivarianas de las que se sirve (empleada la versión pedenista del treintenio); por otra, no responden a la tendencia constante del ingreso fiscal petrolero por habitante, cuya modestia contrastará con un país mucho más poblado hacia 2025; y finalmente, tampoco puede conciliarse –sin descomponerse- con la socialización del crimen, inherente a una corrupción que ha desbordó tiempo atrás los linderos de la administración pública.

Podemos justificar el octubrismo de 1945 que, redefinido trece años más tarde, por la inmensidad de los recursos percibidos, superó el ya antiguo dilema entre inversión y distribución de la renta. No ocurre algo semejante con el que inició en 1998, prolongándolo enfermizante. Simplemente, la renta no alcanza y, además, no pocos estudios de opinión avisan del derrumbe –aunque lento y tímido- de un imaginario social, en favor de otro que espera de la consigna política oportuna, adecuada y contundente.

De risas y de olvidos se hace la historia. Mirek, el personaje novelístico de Kundera, también nos dijo de algunos remedios que resultan peores que la enfermedad.

Ejercicios de armas

El gobierno nacional advirtió que no devolverá las armas de guerra a la Policía Metropolitana que ha atentado contra el pueblo. Legos en la materia, nos permitimos un breve ejercicio.

Todas las armas son iguales de peligrosas, pero unas más iguales que otras. Las de fuego, peores. Las de guerra, indecibles. Estas deben matar a miles de pájaros de un solo tiro, calcinando los árboles e, incluso, llevándose por el medio al descudado disparador. No obstante, hay doctrina.

El estado ejerce el monopolio de la violencia y, como no puede estar en todos lados a un mismo tiempo, se reserva aquellas armas que son más armas que las otras y delega, rompiendo el monopolio, las que son menos armas. Así, los permisados le ayudarán a preservar la vida de las personas e integridad de los bienes, incluídos los semovientes, aunque suene algo paradójico esto de la preservación. Sin embargo, el Estado es Miraflores y no será un tribunal el que nos diga cuáles son más o cuáles son menos armas, a través de un peritaje que lo ayude a resolver lo que es un litigio.

Lo anterior nos lleva a otros ejercicios, por ejemplo, quien decide es el responsable del empleo de las armas, así fuese por mano ajena. Las de guerra, se infiere de la declaración barquisimetana de Rangel, que no sentencia (con su narrativa, motiva y dispositiva), son las que atentan contra el pueblo. Por tanto, de producirse el atentado por ocurrencia de un agente policial, digamos un révolver de cinco tiros para cinco inocentes pájaros, no habría un crimen de lesa humanidad, pues, el ejecutivo nacional tomó la previsión de no clasificarlo como arma de guerra. A menos que el vicepresidente lo haya olvidado y, con todo el tren ministerial, deba rendir cuentas.

Ahora bien, el enemigo de la municipalidad –delincuencia común y silvestre- no posee armas de guerra, colegimos, porque, si las poseyera, no sería combatido por la Policía Metropolitana, sino por la Fuerza Armada. Significa desechar la ciencia y la experiencia policiales, además de la criminología, ya que –teóricamente- estamos frente a un enemigo interior, según la doctrina de seguridad nacional muy del cono sur. Vale decir, al no representar los intereses de una potencia extranjera, quienes intentan interceptar un transporte de valores, vaciar la bóveda de un banco, colocar unas porciones de marihuana, atracar a un transeúnte o hacerse de unas gallinas, nada más y nada menos que aspiraría a capturar el Estado. Concluimos que todo carterista es un potencial ladrón del poder político, por raro que parezca el silogismo.

Agreguemos otra circunstancia: Miraflores llega hasta dónde le alcance la cobija y puede incautar las armas que considera de guerra, clasificadas y ordenadas, a la Policía Metropolitana, pero no las que exhiben los círculos del terror y los tupamaros. Estas no son de guerra, así provoquen muertos y heridos, porque pueblo será lo que diga el ejecutivo nacional sin mayor elemento de prueba que su propia voluntad y, por si fuera poco, contrariando la vigente ley de desarme, actúan como delegatarios del poder.

Recordemos que esos grupos paramilitares del oficialismo han disparado a discreción contra las movilizaciones populares de la oposición. Rangel aseguró que no lo hicieron en “El Catiazo” y, en horas de la tarde, los mismos tupas reivindicaron la gesta en sus páginas internetianas. ¿Qué hubiese dicho años atrás el periodista Rangel?. En el “Petarazo”, convirtieron una doméstica bombona de gas, en una descomunal bomba con la pretensión de arrasar con la casa municipal de COPEI. Y tampoco fue visto por el gobierno nacional y el local de raigambre chavista. Claro, ellos son más pueblo que otros.

Sumemos otra inquietud: ¿de dónde proviene ese armamento de guerra, capaz de llevarse a miles de pájaros en las cercanías de Miraflores o en Los Próceres, cuando la protesta opositora se hizo presente? Sospechamos que el gobierno nacional no devuelve las armas en cuestión porque ¿cómo pedíselas a los círculos y tupas?

Fuente: http://www.analitica.com/va/politica/opinion/1771756.asp

miércoles, 7 de diciembre de 2011

¿UNA HISTORIA DE LAS LÍNEAS EDITORIALES?








Debe existir por ahí, alguna historia del tratamiento de la prensa respecto a los consabidos hechos de los '40, como a otros según el gusto. Decir historia de la prensa, no equivale necesariamente a historia de las líneas editoriales, pues, la una versa sobre la (des) aparición de los medios y las circunstancias del caso, amén de las fuentes que privilegia o diseño o - simplemente - etcétera. Y, la otra, en torno al empuje interpretativo y la influencia tácita o abierta ejercida sobre los acontecimientos en curso. Reconociendo así la línea editorial, los hay que no son, propiamente, noticias. Luego, en perspectiva, el tratamiento de los hechos por un determinado medio constituye todo un acontecimiento, por su plasticidad y - a veces - grosero y amarillozo oportunismo.

Evidentemente, el 18-O (valga la nomenclatura no estilada antes del 27F, 4F o 27N),es tratado de un modo distinto, a lo largo de las siguientes décadas, según los intereses políticos del día. Y luce también importante esa yunta de circunstancias, las pasadas y las que transcurren para - en definitiva - plantear u ofertar una versión del futuro. Un planteamiento - o, como también se acostumbra - planteo explícito e implícito.

Esta ocurrencia viene al caso por el largo reportaje (s/a) que, inmediatamente antecedente a la presente nota, trajimos a colación. Por lo demás, hasta en las fotografías, ¿será una misma mirada las de 1948 y 2011?, o ¿cómo la interpretaron o interpretarán los medios, en uno u otro año?

LB

Fotografía: IX Conferencia Interamericana, Bogotá, 1948: Rómulo Betancourt, Mariano Picón-Salas, Antonio Pinto Salinas y Luis Troconis Guerrero. Momento, Caracas, nr. 187 del 12/02/60.

TIEMPOS HA ...


EL NACIONAL - DOMINGO 6 DE DICIEMBRE DE 1998 / SIETE DIAS
Las elecciones de 1944: Del fracaso electoral a la aventura golpista

En 1944, las elecciones municipales y de asambleas legislativas que debían celebrarse en octubre eran vistas con mucha atención, pues su resultado determinaría la composición del Congreso que, de acuerdo al sistema de elecciones indirectas, debía elegir en abril de 1946 al Presidente del período 1946-1951, que sucedería al presidente Medina. Para ese momento, era un secreto a voces la aspiración del general López Contreras a ser reelegido, así como era visible la oposición del presidente Medina a ello. El asunto no era fácil ni cómodo para nadie. A pesar de la enorme popularidad de Medina, los partidarios de López Contreras eran muchos y muy importantes, y se movían activamente para ubicar a su gente en las asambleas y concejos, con un propósito negado públicamente pero indudable. En bando opuesto, el secretario de la Presidencia, Arturo Uslar Pietri, actuaba como el centro motor de las gestiones que se hacían en sentido contrario. Aun cuando se guardaban apariencias, era público y notorio que el general López Contreras se había distanciado del general Medina por el cambio radical que a su política éste había impulsado desde 1941, la cual había permitido y auspiciando la fundación de partidos políticos, había dejado actuar libremente a los comunistas, sin acosarlos ni perseguirlos, y había respetado una irrestricta libertad de prensa. A pesar de ello y de los enormes avances que en todos los terrenos se habían operado por el presidente Medina, muchos pensaban y otros temían que el lopecismo estaba en capacidad de llevar al Congreso a suficientes simpatizantes para lograr su propósito de reelegir al viejo general. Todos reconocían que López Contreras tenía mucho prestigio, nadie negaba su autoridad en el Ejército, y muchos sabían que su popularidad era mayor que la de los nuevos partidos AD y UPV. En todo caso, para mantener vivo todo ello, López Contreras contaba con el vociferante apoyo del diario La Esfera, en cuyas paginas se fustigaba duramente al gobierno de Medina y se criticaba constantemente su política de abrir camino para la legalización de los comunistas y otros partidos considerados de izquierda, a quienes se atacaba sin cuartel.

En esto, La Esfera y el lopecismo coincidían con el diario El País, órgano de Acción Democrática, dirigido tras corrales por Rómulo Betancourt. Desde su regreso de Chile y la fundación de Acción Democrática en 1941, Betancourt no perdía oportunidad para pelearse con sus antiguos camaradas comunistas y lavar un pasado que veía como un lastre para su desaforada ambición de poder. Con esa política, Acción Democrática iba a contracorriente de la política de Medina, que procuraba abrir cauces de participación a todas las ideologías, en especial la de quienes se confesaban comunistas y quienes tenían que ocultarlo, pues estaba vigente una disposición constitucional que lo prohibía. La política de Medina se había materializado en la reforma de la Constitución, que, aprobada hacía dos meses por el Congreso, estaba pasando en ese momento por el lento trámite de su ratificación por las asambleas legislativas. Esa reforma borraba de la Constitución el famoso "Inciso VI", que prohibía ser o hacer propaganda comunista y dotaba al Ejecutivo con la facultad de declarar unilateralmente, sin fórmula de juicio, como "traidor a la patria" a todo a quien calificara de comunista. Pero además de esa reforma, aprobada mayoritariamente por el Congreso con la sola oposición de algunos lopecistas y del diputado Rafael Caldera, se le otorgaba el derecho a voto a las mujeres y se establecía que la elección de los miembros de la Cámara de Diputados se haría por elección uninominal, universal y secreta.

Los marxistas codiciados
Ante la inminencia de las elecciones municipales, en las cuales se determinaría la composición del Congreso elector de 1946, La Esfera, sin importarle los ataques sistemáticos que le hacía casi a diario a los comunistas, lanzó abiertas sugerencias para integrar un frente con Acción Democrática para oponerse al Gobierno. De lograrse ese acuerdo, el lopecismo tendría mayoría en el Concejo Municipal de Caracas, que debía elegir a los Diputados al Congreso en enero de 1945. Los comunistas, agrupados en el partido Unión Popular Venezolana (UPV), interpretando esa posibilidad como un peligro para los grandes pasos de avance democrático que se habían dado desde que Isaías Medina había sido elegido Presidente en 1941, invitaron a su vez al partido Acción Democrática y al Partido Democrático Venezolano (PDV), del Gobierno, a un entendimiento con el propósito de impedir que los candidatos de lo que llamaban la "reacción" ocuparan posiciones en los concejos municipales y asambleas legislativas que podían llevar a la reelección de López Contreras.

En su diario Aquí está del 23 de agosto de 1944, la UPV propuso que el acuerdo podía lograrse alrededor de tres puntos fundamentales: una estricta vigilancia del proceso electoral, una adecuada selección de los candidatos, "descartando los que sean reconocidamente reaccionarios o antipopulares" y la "elaboración de una plataforma de reivindicaciones urgentes que, sin descartar la posibilidad de que las diferentes organizaciones lancen sus programas separados, sea la expresión de consignas antifascistas, propugnando el apoyo eficaz a las actuaciones positivas del actual Gobierno y ofreciendo claras perspectivas de lucha por la honradez de la administración pública".

La invitación de los comunistas a Acción Democrática fue interpretada como un acto de cortesía. En el curso de ese año, los choques entre comunistas y adecos habían sido frontales. En marzo, Acción Democrática había saboteado deliberadamente la Convención Nacional de Trabajadores, provocando una abierta violación a la Ley, lo cual llevó a su disolución por el Gobierno. La crónica de Miguel Otero Silva publicada en El Nacional del 26 de marzo de 1944, cuenta con claridad y en detalle lo que sucedió. La maniobra de boicot divisionista, orquestada por Betancourt, provocó una feroz polémica con Gustavo Machado y Juan Bautista Fuenmayor. En ella, el dirigente comunista de Costa Rica Arnoldo Ferreto publicó, el 5 de abril de 1941, un artículo que decía que Betancourt, como premio al boicot de la Convención de Trabajadores, había merecido el "privilegio" de la primera plana "de uno de los órganos reaccionarios más caracterizados de la prensa burguesa nacional", el diario lopecista La Esfera. "La explicación de tan señalado privilegio", decía Ferreto, "es el rudo ataque que el señor Betancourt se permite formular contra nuestro partido, con la evidente intención de lavarse de los pecados de su pasado comunista", contando que "durante los años en que militó en nuestro partido en Costa Rica, Betancourt representó siempre la tendencia más intransigente y más sectaria. Las diatribas más fuertes lanzadas contra todos aquellos que no fueran nuestros camaradas, aunque mantuvieran una actitud progresista frente a los más importantes problemas nacionales, fueron escritas por él. Nadie como él fulminó contra toda posible colaboración con otros partidos o tendencias de la izquierda moderada. Su lema era: `La revolución no se hace con cuentagotas".

Por todo ello y algo más, nadie esperaba que Acción Democrática respondiera favorablemente a la invitación de UPV. Cuando, tres días después de la invitación de los comunistas a formar un bloque antilopecista, se reunió la II Convención de Acción Democrática, nadie esperaba un pronunciamiento a favor de la unión antilopecista. A esa Convención concurrieron los fundadores del pequeño partido, que sonaba más por el prestigio literario de su presidente, Rómulo Gallegos, y de su vicepresidente, el querido poeta Andrés Eloy Blanco, que por su escuálida militancia. A esa Convención asistieron, entre otros, los jóvenes adecos Orestes Di Giácomo, Luis Vera, Eligio Anzola Anzola, Enrique Crassus, Guillermo Salazar Meneses, Rigoberto Henríquez Vera, Luis Augusto Dubuc, Antonio Leidenz, Francisco Olivo y Augusto Malavé Villalba. El Comité Ejecutivo Nacional estaba formado por Rómulo Gallegos, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Gonzalo Barrios, Carlos D'Ascoli, Luis Lander, Valmore Rodríguez, Luis Troconis Guerrero, Cirilo J. Brea, Pedro B. Pérez Salinas y Alberto López Gallegos. Instalada la Convención, Rómulo Betancourt leyó su informe político, que fue aprobado por unanimidad. Pero el asunto que produjo más intervenciones fue la renuncia que al partido había hecho Inocente Palacios, mediante una carta pública en la cual acusaba a la dirigencia de Acción Democrática de derivar hacia un entendimiento con las "fuerzas reaccionarias" del lopecismo. Ello era secuela de lo que había sucedido, precursor de lo que habría de suceder.

La noticia bomba
El 12 de septiembre, el popular tabloide Ultimas Noticias -fundado y dirigido por el comunista Kotepa Delgado y el cual se vendía al pregón por una puya-, hizo público el acuerdo concluido entre los comunistas de la UPV y el PDV del Gobierno. El anuncio cayó como una bomba. Para explicarlo, el joven dirigente del PDV Alirio Ugarte Pelayo declaró que "la suprema autoridad del partido había acordado ese pacto porque el Partido Comunista (UPV) había prestado decidido apoyo al presidente Medina contra la reacción". Ugarte Pelayo se refería, sin mencionarlo, a Arturo Uslar Pietri, tenido con razón como la cabeza política del Gobierno y de su partido. El acuerdo era sencillo: UPV lanzaría en Caracas candidatos en cuatro parroquias; el PDV, en quince; y las tres restantes parroquias serían asignadas a candidatos independientes, seleccionados de común acuerdo.

La reacción de La Esfera fue tal como se la esperaba. Aseguraba que de todos los horrendos errores de Medina, "la alianza con los marxistas es quizás el más grave error, y habrá de tener fatales resultados para quienes la gestionaron". El diario dirigido por Ramón David León argumentaba que con ello, el PDV se había confesado sin fuerzas, pues "ha tenido que apoyarse en los comunistas", y agregaba que los "sovietizantes declaran también su impotencia, cuando se ven forzados a cubrirse bajo la tienda electoral del oficialismo". No carecía de razón. El lopecismo tenía una presencia importante en los concejos municipales. Refiriéndose a Uslar Pietri, decía que "el público se preguntará si un sector que se decía nacido en una fuente decorosa de ideales democráticos y patrióticos, es honesto y cree realmente en sus principios, o si sólo se trata de una amalgama temporal de apetitos que no vacila en sacrificar los principios doctrinarios ante la necesidad de conquistar las posiciones de mando, sin cuidarse mucho de la compañía, ni de los ideales opuestos que se unen para una simple campaña de politiquería parroquial".

Por su parte, El Tiempo, vocero del PDV dirigido por Mariano Picón Salas, respondió diciendo que "el diario que invitó melifluamente a una alianza al Partido Comunista, ahora se horroriza de que Unión Popular Venezolana haya llegado a un entendimiento con una organización realmente democrática". Refiriéndose a una visita del presidente Medina a la sede del PDV, decía: "Nunca antes se había visto tanta gente. Nunca antes se manifestó con tanto entusiasmo y con tanta decisión un espíritu partidista. Nunca antes se expresó con tanta claridad un ánimo de luchar contra todas aquellas fuerzas que se opusieron al desarrollo de una política dictada por los viejos anhelos venezolanos", para rematar diciendo que: "Nunca antes se presenció una noción más clara en las masas sobre el sentido y la negra significación del enredijo de zancadillas que están tratando de tejer las fuerzas acorraladas en los mismos repechos naftalinados donde se guardan los archivos destinados a la extorsión y al terrorismo moral".

El País, vocero de Acción Democrática, que ahora se veía acorralada a la esquina de la reacción, intentó sembrar cizaña informando que "esta alianza ha motivado que se hayan enviado algunas solicitudes de baja al directorio seccional del PDV y que estén gestándose otras, quizás masivamente", y asegurando que "la escogencia de ciudadanos independientes, de prestigio personal, fue motivo de controversia".

Los candidatos
Los nombres y el peso personal de los candidatos de la coalición UPV-PDV lo desmentían. Entre los nominados estaban hombres como Rafael Vegas y Antonio Arráiz, director de El Nacional, quien sería contendor de Andrés Eloy Blanco, el candidato de Acción Democrática. En su carta de aceptación, Arráiz escribió: "No tengo necesidad de manifestar una vez más cuán antiguos, profundos e inconmovibles son los nexos de amistad, y aun diré de hermandad, que me ligan al gran poeta nacional. A lo largo de toda la vida hemos estado juntos en las mismas posiciones literarias, políticas, intelectuales, sentimentales. La presencia de Andrés Eloy garantiza a todos los votantes que la lucha electoral en San Juan alcanzará esa altura en los postulados y esa limpieza en los procedimientos que es el ambiente más adecuado al libre ejercicio del sufragio. Considero que un triunfo o una derrota ante Andrés Eloy Blanco serían honrosos para mí".

Los candidatos del PDV eran, entre otros, Rafael Vegas, Alirio Ugarte Pelayo, Felipe Massiani, Manuel Malpica, Armando Castillo Plaza, Martín Pérez Matos, Leopoldo Martínez Olavarría. Una Asamblea de UPV aprobó como sus candidatos a Rodolfo Quintero, Eduardo Gallegos Mancera, Carlos Augusto León y Rafael Heredia. Los candidatos de Acción Democrática eran Luis Beltrán Prieto, Juan Pablo Pérez Alfonzo, Gonzalo Barrios, Augusto Malavé Villalba, Alberto Ravell, Antonio Bertorelli, Valmore Rodríguez, Rómulo Gallegos, Rómulo Betancourt, Andrés Eloy Blanco, Angel Bajares, Raúl Ramos Giménez, Luis Lander y Raúl Leoni.

Ello evidenciaba que las elecciones municipales de Caracas eran muy importantes para el PDV, pero una cuestión de vida o muerte para Acción Democrática. Toda su plana mayor fue llevada a presentarse como candidatos, de Rómulo Gallegos para abajo. El boicot a la Convención de Trabajadores los había malquistado con la clase obrera, y la polémica con los comunistas no les había ganado la simpatía de la burguesía, y los había aproximado al lopecismo y a La Esfera, que no ocultaba su apoyo a los candidatos adecos. Por su parte, el embajador de Estados Unidos, Frank P. Corrigan, quien -por la política que le imponía la alianza de su país con la Urss en la guerra que se estaba librando en Europa- se cuidaba mucho de expresar al gobierno de Medina ningún reparo por su alianza con los comunistas, informaba con entusiasmo al Departamento de Estado acerca de las cualidades anticomunistas de Betancourt.

La contienda electoral
En el mitin celebrado en el Nuevo Circo el 22 de septiembre, Rómulo Betancourt pronunció un discurso en el cual denunció los fraudes del censo de electores: "El cúmulo de fraudes y chanchullos que atesora el censo electoral, fue hecho bajo el control del PDV", dijo, y aseguró que "son innumerables las dobles y triples inscripciones, los votantes paracaidistas trasladados `a juro' de una parroquia a otra y los habitantes del Cementerio General del Sur, a quienes, con irrespetuosa irreverencia, se les ha rescatado de su definitivo sueño de las fosas para incorporarlos al censo en calidad de votantes-fantasmas", lo cual fue coreado con risas y aplausos. Seguidamente dijo que la "escaramuza" electoral de octubre era el preludio de la batalla del 46 por la Presidencia; que la alianza del PDV con los comunistas había sido obra de Arturo Uslar Pietri, que aspiraba a ser el candidato indiscutido para el próximo periodo constitucional. Como prueba de ello, Betancourt decía que los ataques del diario comunista Aquí esta a Aurelio Arreaza y a Manuel Egaña, que apoyaban a López Contreras, eran parte de ese acuerdo, pues así los comunistas decían lo que Uslar quería pero no podía decir. Tratando de desvincularse de la alianza de hecho que tenía con el lopecismo reaccionario, Betancourt decía que Acción Democrática "no ha adquirido compromisos políticos, ni directa ni indirectamente, para apoyar en el 46 la candidatura de López Contreras ni la de ningún otro posible candidato oficialista". Los hechos se encargarán de desmentirlo. Quejándose de que la campaña electoral contra Acción Democrática era "agresivamente personalista", pidió que el debate fuera alrededor de ideas, principios y programas, "y no se desgarite hacia el terreno del subalterno personalismo". Pero haciendo lo que criticaba, Betancourt atacó a la prensa que lo adversaba, acusándola de estar subvencionada por el oficialismo y diciendo que para "esos ganapanes, insultar, difamar y mentir es la única forma, de llevar el pan a sus hogares". Precisando su alusión, dijo: "Este llamado va dirigido a la prensa upepista, y especialmente a su diario de choque: El Nacional". A Mariano Picón Salas, director de El Tiempo, le advirtió que "a las primeras de cambio vamos a citar el nombre del intelectual venezolano a quien se expulsó en 1936 de un partido democrático por sus actitudes `doriotistas' contra el movimiento popular". Volviendo a atacar a El Nacional y a la familia Otero, les dijo: "Dejen de estarnos acusando de andar de braceros con especuladores y hambreadores del pueblo, porque en la punta de la lengua tenemos el nombre del condueño de ese diario, y propietario de 20.000 acciones de la Compañía productora y distribuidora de luz eléctrica de Barcelona", para concluir diciendo que "así contestamos nosotros a los tímidos que no conciben cómo nos atrevemos a enfrentarnos a una coalición donde conjúganse dinero abundante, recursos de poder y demagogia desenfrenada". Betancourt cerró su discurso asegurando que vencerían en las elecciones de octubre de 1944, "duplicando, cuando menos, los votos que obtuvo nuestro partido en anteriores justas eleccionarias".

Unos días antes de las elecciones, La Esfera repitió, en un editorial, que apoyaba a Acción Democrática "porque en los momentos actuales simboliza el desligamiento honesto de las influencias burocráticas y la posición anticomunista responsable que reniega de los internacionalismos y coloca la Patria por encima de todo". La Esfera se quejaba de que López Contreras se hubiera negado a la creación de un gran partido "que acogiese en su seno a los millares de elementos honestos y conscientes" y argumentaba que "por falta de esa cohesión de energías cívicas en una intensa lucha ideológica, Acción Democrática ha conquistado un terreno al cual tiene derecho por su independencia, pero del cual podría hacer uso erróneo en el mañana".

Los resultados
Los resultados fueron catastróficos para Acción Democrática. En La Guaira, Luis Beltrán Prieto fue derrotado por el comunista García Salazar; en Altagracia, Alirio Ugarte Pelayo triplicó los votos de Gonzalo Barrios; en Candelaria, el comunista Carlos Augusto León le ganó a Luis Lander por 40 votos; en Catedral, Rafael Vegas sacó siete veces y medio más votos que el candidato adeco; en El Valle, Eduardo Gallegos Mancera triplicó los votos de Manuel Martínez. Antonio Arráiz duplicó la votación de su amigo Andrés Eloy Blanco; en Santa Rosalía, el desconocido Augusto Domínguez le ganó a Rómulo Gallegos, y Felipe Massiani triplicó los votos de Juan Pablo Pérez Alfonzo; y por último, en San Agustín, Rómulo Betancourt le ganó a duras penas a Rodolfo Quintero por 68 votos. Así, Rómulo Betancourt pudo entrar a ser concejal en octubre de 1944. Un año mas tarde, sería presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno.

Refiriéndose a la elección de Rómulo Betancourt, Aquí está decía que ello había sido posible "por los votos de la caverna, expresados a favor del comunista renegado, el más agresivo de los demagogos adecos, el niño mimado de La Esfera, de Pérez Dupuy y de todos quienes pretenden alcanzar el poder, por cualquier procedimiento, para poner en práctica sus torvas intenciones antivenezolanas". Dándole un poco de la medicina sarcástica que él repartía con tanta generosidad, decía que "el sapito retrechero, con humos napoleónicos, estará ahora en mejores condiciones para prestarle sus servicios y su colaboración a las negras fuerzas de la reacción, que hicieron posible su triunfo, pagándoles así los servicios prestados, al colaborar con ellas contra los intereses de la Patria".

Las elecciones de 1944 fueron atípicas. Lo tradicional, desde 1936, habían sido las alianzas de las izquierdas: Acción Democrática y Unión Popular Venezolana, en contra las fuerzas representativas del Gobierno, primero de López y luego de Medina. Eso los había llevado a tener más de 40 miembros en el Congreso. Los cambios impuestos por Medina en los tres años anteriores, llevaron a que los comunistas de UPV estuvieran aliados con el Partido Democrático Venezolano, enfrentados a Acción Democrática, aliada con la reacción lopecista representada en La Esfera, con Acción Nacional, de Rafael Caldera y Pedro José Lara Peña, y con los lopecistas más empedernidos. Ello reduciría a Acción Democrática a un único y solitario diputado.

Si la derrota adeca había sido tan aplastante como evidente, el triunfo político del gobierno de Medina era indiscutible. Su autoridad salió fortalecida a los ojos de la Nación, por la forma ecuánime, respetuosa y limpia como se comportó en todo el proceso.

Acción Democrática explicó su derrota culpando a la abstención, "debida a la escasa fe que se tiene en la eficiencia del comicio, bajo la tutela actual de un ejecutivismo incontrolado". Otra parte de la culpa le fue atribuida al sistema electoral: "Con el estatuto vigente, la democracia es un mito en Venezuela", dijo, y anunció que su fracción parlamentaria -que quedaría reducida a un solo representante, Andrés Eloy Blanco- presentaría al Congreso un proyecto de reforma electoral que "eliminara las trabas antidemocráticas, pediría el voto directo, la representación proporcional y la concesión del derecho de voto a los analfabetos y a la mujer", olvidándose que ello ya había sido establecido en la reforma constitucional aprobada, que le otorgaba el voto a la mujer y establecía la elección uninominal de la Cámara de Diputados. Betancourt escribió en El País: "Métodos electorales viciados y ley de elecciones inaceptable ya para un país en su mayoría de edad ciudadana, son los dos factores determinantes de esta hora incierta que vive el país. En las vísperas mismas de la renovación presidencial del 46, Venezuela tiene los ojos y la angustia volcados sobre el juego de las camarillas. Porque en definitiva son ellas las que, por sí y ante sí, se han arrogado la función de decidir quién va a gobernar al país en el quinquenio 1946-1951".

La Esfera coincidió en esto y examinó el sistema electoral venezolano de elección indirecta de tercer grado, en el cual los electores elegían diputados a las asambleas que elegían a los senadores, y concejales que elegían a los diputados, y ambos constituidos en Congreso elegían al Presidente. "Es el voto popular, directo en la etapa original de nuestro proceso eleccionario, el que elige presidente de la República", para de seguidas decir que "apartando una reducida camarilla que usufructa las ventajas del Poder, tanto las clases populares, como la clase media y la pudiente, desean un cambio de sistema en la dirección de los destinos públicos, ya que ninguna de las tres representaciones enunciadas está satisfecha con los métodos gubernamentales, ni con los hombres que vienen detentando la personería del Estado". Ignorando los cambios hechos, a los cuales el lopecismo se había opuesto, y que permitían la participación abierta de comunistas, le daban el voto a la mujer y establecían el voto directo y uninominal a la Cámara de Diputados, La Esfera decía que "resulta pueril esperar que la minoría, en voraz alianza de intereses y apetitos egoístas, renuncie por sí misma a una situación en la cual basa su poderío, su influencia y su opulencia".

El diputado frustrado
La victoria de la alianza PDV-UPV no era suficiente para garantizar la elección por el Concejo Municipal de unos diputados del Distrito Federal que fueran afectos a esa corriente. El lopecismo, que tenía mucha fuerza, se alió con Acción Democrática y el pequeño partido Acción Nacional, de Rafael Caldera, para producir un empate que de acuerdo a la Ley debía decidirse por la suerte. En juego estaban las diputaciones de Arturo Uslar y Rafael Vegas, enfrentadas a las de Rómulo Betancourt y Lorenzo Fernández. Esa debía ser la última vez que los diputados se elegirían por una votación de segundo grado. Por la reforma constitucional, en las elecciones venideras, el pueblo estaría facultado para elegir sus representantes al Parlamento con el voto libremente emitido, en forma directa y uninominal. Cuando todo parecía indicar que la suerte decidiría, se supo que el concejal de AD Cirilo Brea había pasado una carta retirándose de Acción Democrática, a la cual acusó de estar aliada a la reacción. Eso rompía el empate. Brea era el concejal impar y decisivo. El Comité Ejecutivo Distrital de AD, cuyo secretario general era Domingo Alberto Rangel, publicó un "comunicado" acusando a Brea de haberse vendido, pero sin poder negar el pacto con el lopecismo y Acción Nacional. Como consecuencia de eso, el Concejo Municipal de Caracas eligió como diputados de Caracas al Congreso a Arturo Uslar Pietri (PDV), Carlos Irazabal (UPV), Leopoldo Manrique Terrero, Inocente Palacios, Martín Pérez Matos y Cirilo Brea. Quedaron derrotados, entre otros, Rómulo Betancourt, Rafael Caldera, Lorenzo Fernández, Gonzalo Barrios, Raúl Leoni y Carlos D'Ascoli. Todos los derrotados llegarán al poder el 18 de octubre de 1945, con el golpe que para ese momento ya estaba preparando Marcos Pérez Jiménez. Ello llevó a la aprobación de un Estatuto Electoral que anuló la elección directa y uninominal y la reemplazó con la "tarjeta pequeña", con lo cual se fundó la democracia de partidos.

En mayo, mientras Medina firmaba el ejecútese a la Reforma de la Constitución, en la casa del capitán Mario Vargas se constituía formalmente la logia militar Unión Militar Patriótica (UMP), integrada por los mayores Marcos Pérez Jiménez y Celestino Velazco, los capitanes Edito Ramírez y Martín Carrillo Méndez, los tenientes Miguel Nucete Paoli, Martín Carrillo Méndez, Francisco Gutiérrez, Horacio López Conde y Carlos Morales, y el subteniente Martín Márquez Añez. Todos eran andinos. Un mes más tarde, el teniente Horacio López Conde hizo contacto con Rómulo Betancourt, por intermedio de Edmundo Fernández. En su residencia se realizó la primera reunión entre Pérez Jiménez y Rómulo Betancourt y Raúl Leoni. Pérez Jiménez, después de exponer sus ideas y planes para derrocar al gobierno de Medina, le dijo a Betancourt: "Y hemos pensado en usted, señor Betancourt, para presidir el gobierno provisorio".

martes, 6 de diciembre de 2011

NOTICIERO RETROSPECTIVO


- Arturo Uslar Pietri opina sobre el 18 de Octubre de 1945. Resumen, Caracas, nr. 102 del 19/10/75.
- Arturo Sosa A. "Venezuela: futuro y petróleo". SIC, Caracas, nr. 400 de 12/77.
- Orlando Albornoz. "La mitología de la educación nsuperior". Economía Hoy, Caracas, 18/10/97.
- Miguel Acosta Saignes. "La universidad como expresión social". El Mundo, Caracas, 15/04/69.
- Manuel Rojas Poleo. "Las elecciones de 1947". El Nacional, Caracas, 10/01/74.

NOTA LB:

Simón Alberto Consalvi, largamente entrevistado por Ramón Hernández, refiere que los consabidos acontecimientos del 18 de Octubre de 1945 no se tradujo en el cambio del presidente del Banco Central de Venezuela, quien no simpatizó con el hecho, ni de los magistrados del máximo tribunal de la República (no recuerdo si Corte Suprema de Justicia o aún Alta Corte Federal y de Casación). Modestamente creo que la labor del historiador o del politólogo reside en constatar si ello fue cierto, ofreciendo un retrato de la efectiva y creíble división de los órganos del Poder Público; y, si fuere el caso, acudiendo al adecuado grupo de Facebook, comparar con lo ocurrido en la presente década.

En la gráfica:
J. M. Herrera Mendoza, presidente del BCV. El Nacional, Caracas, 26/04/48.

sábado, 9 de abril de 2011

CIVILIDAD (ES)


EL NACIONAL - Sábado 09 de Abril de 2011 Cultura/4
ENTREVISTA
El trienio adeco analiza la evolución del concepto de ciudadanía
Rafael Arráiz Lucca: "La civilidad es una tarea pendiente entre nosotros"
El ensayo, editado por Alfa, estudia los legados del gobierno de Rómulo Gallegos, que ocupó la Presidencia entre 1945 y 1948
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ

La obsesión que caracteriza la cultura continental de Rafael Arráiz Lucca es la civilidad. Y ahora que la celebración del bicentenario arranca grandilocuencias a las plumas de historiadores y la verborrea de los políticos sobre las gestas militares de los héroes emancipadores, él reivindica la figura del abogado Juan Germán Roscio, quien junto con Francisco Isnardi redactó, hace 200 años, la primera Constitución del país. Pero su aporte no se detiene allí, y avanza hasta épocas más recientes, como lo demuestra su ensayo más reciente, El trienio adeco (19451948) y las conquistas de la ciudadanía (Alfa, 2011).

Con el objeto de analizar la evolución de la definición de ciudadanía, el ahora profesor de la Universidad del Rosario en Bogotá analiza el primer ejercicio democrático en el país, cuando Rómulo Gallegos, en representación del partido Acción Democrática, fue elegido Presidente de la República en 1945, gestión que terminó apenas en tres años, por un golpe militar. Durante ese período, sin embargo, se pudo redactar la Constitución de 1947, la primera en la historia que resultó de un debate intenso entre los sectores del país. Tan interesado está Arráiz Lucca en la relación entre la ley y la sociabilidad que a finales de año publicará Las Constituciones de Venezuela: 1811 a 1999.

­¿Cuál fue el gran logro de la Constitución de 1947? ­Incorporar a la mujer a la vida política, ampliar los derechos sociales y consagrar la democracia representativa, fundada en las instituciones partidistas. Estipuló las elecciones universales, directas y secretas, retomando la Constitución de 1858, cuyo espíritu se había perdido por obra de los autócratas Antonio Guzmán Blanco y Juan Vicente Gómez, que nos retrocedieron casi a la prehistoria en su intento de conservar el poder a perpetuidad.

­¿Estaban aquellas concepciones jurídicas sobre la ciudadanía acordes con las aspiraciones colectivas? ­Sí. Más aún: fue una lástima que AD se opusiera a la elección directa de gobernadores y alcaldes, cuando esa había sido su bandera desde 1936. Es algo incomprensible. Leer el diario de debates de la Constituyente da vértigo: apoyaban la elección de gobernadores y alcaldes Gustavo Machado (PCV) y Rafael Caldera (Copei), y se oponía Domingo Alberto Rangel (AD). Si se hubiera instituido la descentralización desde entonces, el país sería otro.

Tendría casi 70 años de práctica de compartir el poder.

­¿Qué aspectos del proceso cívico que se detuvo con el golpe militar de 1948 aún no han sido capaces de recuperar los venezolanos? ­Betancourt se había empeñado en delimitar claramente la esfera profesional de los militares, pero el dique se desbordó y regresaron por sus fueros en noviembre de 1948, con Gallegos. El militarismo y el petróleo son los cánceres de la República. Han sido instrumentos de dominación y no de liberación, le han entregado todo el poder a unos pocos.

Durante el período del puntofijismo los militares volvieron a sus esferas profesionales, pero ahora se salieron de madre, otra vez.

­¿Qué debe rescatar la Venezuela actual de ese período? ­Una enseñanza de oro: no se puede gobernar eficientemente sin pactos de gobernabilidad, sin compartir el poder.

La era de Chávez lo demuestra.

Los adecos de aquella época cometieron ese error y lo pagaron caro. Además, debemos aprender que el militarismo es la variable principal y una tradición en el país. Los guerreros de la Independencia pasaron todo el siglo XIX cobrando sus servicios. La civilidad es una tarea pendiente entre nosotros.

­¿Qué relación tiene la civilidad fracturada con el desarrollo de la ciudadanía? ­La base de la ciudadanía está en la formación de una comunidad política con el otro, con quien piensa distinto. Para lograrlo se requiere un espíritu democrático que las sociedades premodernas, tribales y militaristas no tienen. La dificultad es que se busca convivir con bases modernas en una sociedad de rasgos autoritarios primitivos, que no salen de la dialéctica confrontacionista del marxismo caduco de respuestas maniqueas.

­¿Se necesita un cambio constitucional para fortalecer la ciudadanía en ­No, al abrazar un proyecto democrático verdadero, que suponga la formación de una comunidad política con los adversarios y la alternabilidad en el poder, el concepto de ciudadanía comenzará a respirar y a crecer. El reto de las sociedades modernas es la convivencia en paz de quienes piensan distinto. Lo otro es la guerra, de alta o baja intensidad. Es decir, lo otro es la pobreza, la desigualdad, la injusticia y la pérdida de las libertades políticas y económicas.


Nota LB:

Tarea pendiente la de leerr al divulgador: ¿habrá rebatido, por ejeplo, lo dicho por Oscar Battaglini o Rodolfo José Cárdenas sobre el Trienio, como se espera de un esfuerzo de perfeccionamiento del conocimiento y del debate?...

martes, 8 de marzo de 2011

ANTIBETANCOUR(T)ISMO


De nuevo, Battaglini
LB


Reforzada por el prologuista, Vladimir Acosta, la aproximación es hacia una obra comprometida políticamente y, aunque el autor, Oscar Battaglini, ubica la "objetividad" en su exacto lugar, desmitiéndola, expone un soporte documental que la alcanza en sus argumentaciones. Precisamente, quien desee contravenir las pruebas, debe acudir a ellas para contraprobar lo dicho. Creemos que así estamos frente a una obra histórica, más allá de lo meramente político, independientemente de las adscripciones ideológicas.

DE modo que el "antibetancurismo" de Battaglini no obedece a un antojo de la ciega emoción de la lucha política, sino que contribuye a razonarlo y sostenerlo, además de denunciarlo. Toca a los "betancuristas" defenderse con armas semejantes, aunque - precisamente - versandosobre asuntos históricos, la búsqueda de la imparcialidad u objetividad reclama posturas de fondo, coherentes y sobrias para que - más allá de los "ismos" - podamos saber de una adecuada y acertada plataforma de lanzamiento hacia el futuro, la que en el presente se hace de acontecimientos históricos sabidos o que están por saberse.

Coincidentes o no con sus criterios o apreciaciones, consideramos a OB como un profesional serio. Lo hemos leído con anterioridad e, inclyso, en una ocasión nos permitimos un texto paa defender esa faceta ya que se le intentó descalificar, incluso como académico, confundiendo las instancias, a propósito de sus actuaciones como rector del Consejo Nacional Electoral (CNE), ciertamente cuestionables como tales y sólo como tales.

La obra completa un ciclo de veinte años en una línea de trabajo que el país ha de agradecerle, aunque haya discrepancias. Debidamente sustentadas bibliográfica, hemerográfica y documentalmente, la primera parte se extiende en torno al rentismo petrolero y el modelo económico del llamado trienio adeco; la segunda, atiende el desarrollo del paradigma populista; la tercera, la "adequización" y la conflictividad política y social; y la cuarta, la crisis y el golpe de Estado, arribando a importantes conclusiones. Por lo demás, responsablemente, ofrece al iniciarse una explicación de las categorías de análiss empleadas (betancourismo, rentismo petrolero, populismo, al igual que toca el asunto de las hipótesis de trabajo.

Editada por Monte Ávil Editores en 2008, por escasos Bs. débiles 10.000,oo, podemos acceder a una obra valiosa, a pesar de la fatal impresión que confunde los gráficos merecedores de un mayor cuidado e, incluso, colorido. Para quien ha leído sobre los venezolanos años cuarenta, añadiendo al autor, la obra resulta bien expedita en medio de las limitaciones de tiempo. Empero, sin restare valor, hubiésemos querido la asunción un poco más densa en torno a autores inevitables, como Luis Castro Leiva u Omar Astorga, éste último responsable de un libro que pondera muy bien la influencia de "Venezuela, política y petróleo· de Rómulo Betancourt, pieza desmontada por OB.