El Nacional, Caracas, 02/01/1980.
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sábado, 28 de octubre de 2017
miércoles, 30 de agosto de 2017
domingo, 25 de diciembre de 2016
martes, 30 de junio de 2015
EXACTITUDES SOSPECHOSAS
Sobran los comentarios sobre las
exactitudes sospechosas, perfeccionado el 17 de diciembre de 1935 – fecha oficializada
del fallecimiento de Gómez – con el 17 de diciembre de 1830.
Al historiador no le cabe otra opción que la de probar que el hijo de La
Mulera no murió efectivamente ese día de 1935, si existiere algún documento
irrefutable y confiable. Al literato, le queda especular creadoramente y, en
este sentido, “Junto al lecho del caudillo” de Domingo Alberto Rangel (1981),
es un buen ejercicio. Al politólogo, psicólogo social o antropólogo, indagar
sobre la razón y conveniencia de tamaña coincidencia. E, incluso, al
comunicador social o comunicólogo, le compete dictaminar sobre la reiterada
noticia de ambos natalicios y obituarios, ocupando la primera plana de la
prensa a la vez que son silenciados otros hechos que significaron un enorme
riesgo para aquellos que se atrevieran a su publicación.
Por una parte, huelga comentar en
torno al sobrepeso de Bolívar en nuestra historia. Empero, principiando su
obra, el antropólogo Miguel Ángel Perera hace útil la distinción del bolivarianismo de
Gómez que, junto al de Pérez Jiménez, “no era otra cosa que un acto de
veneración al Héroe y fundador de la patria, a su memoria y actos”, sin que
necesariamente abonara a una “ideología bolivariana” (“Venezuela ¿nación o
tribu? La herencia de Chávez”, UCV, Caracas, 2012: 78). Y, por otra, las fechas
mágicas de Gómez, nos remite a la utilidad de sus invocaciones. Para el
natalicio, es evidente a los fines de la legitimación del poder, algo que no
ocurrirá con la de su muerte. Pudo ocurrir, si el continuismo hubiese sido el
signo después de ocurrida gracias a la posible herencia que beneficiase a
Eustoquio Gómez o a otro al que también le corriera su sangre por las venas,
hábil y corajudo.
LB
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Simón Bolívar
sábado, 10 de enero de 2015
UNA MISMA GENTE
De la parentela de poder
Luis Barragán
El ejercicio del poder, cualesquiera sean sus cuotas, dentro o fuera del gobierno, tiene por inicial tentación la colocación provechosa de familiares y relacionados más cercanos. Quizá el más consumado ejemplo histórico que forzó a una moderación de los sucesores, acarreando a la postre un elevado costo político, fue el de a parentela de Juan Vicente Gómez.
Bastó el vínculo de sangre para ocupar las más importantes posiciones del Estado dominado por el padre, incluyendo los más altos grados militares, aunque después del oscuro homicidio de Miraflores, blindados y respetados los privilegios comerciales, perdieron la entera condición de legatarios políticos. Sin embargo, fallecido el dictador, llegó a tal monta la influencia y el tejido de relaciones, muy bien ilustrada por la crónica social de entonces, que Eleazar López Contreras también aseguró la transición al negociar con los dolientes directos, facilitándola prontamente Eustoquio Gómez, el único del clan con poder de fuego, con sus impetuosas pretensiones.
A mediados o finales de la década de los noventa del siglo pasado, participamos en la elaboración de un proyecto de ley que contemplaba la publicidad digital de las nóminas del Estado, las de sus empleados y contratistas, a objeto de asegurar una mayor transparencia de las cargas fiscales. La iniciativa que debe hallarse en los archivos históricos de la Asamblea Nacional, implicaba un mayor desarrollo de la - por entonces - severa regulación de los vínculos de consanguinidad y afinidad de la burocracia, cuidando celosamente de la data personalísima de los afectados.
Uno de los más fuertes motivos para el engavetamiento de la todavía necesarísima reforma de la Ley de Anticorrupción, reside en un artículo que combate expresamente el nepotismo. A pesar de las estridencias, las que llevaron a pedir la habilitación legislativa de Nicolás Maduro para acabar con el flagelo de la corrupción, incurriendo en el deleznable allanamiento de una diputada opositora para lograrlo, el oficialismo ha sido radicalmente diligente para resguardar todo el complejo entramado de la administración pública, añadido el servicio exterior, afincado en los intereses familiares y de compadrazgos.
El continuismo gubernamental ha consolidado esos intereses que, contrastantes con década y media atrás, adquieren tal identidad política que fácilmente le permiten competir por ventajas y privilegios frente a la dirigencia “laica”, la que no está acuñada por uno de los apellidos de los protagonistas estelares del poder que brillan por el sacerdotal nexo que tuvieron con el fundador de esta otra y muy presunta era republicana. De una obvia sonoridad, un Chávez puede desempeñarse en la industria petrolera, en la magistratura ejecutiva o en sendas misiones diplomáticas, con vicepresidencial disfrute de La Casona, pero no será difícil para el novel y curioso sociólogo levantar la cartografía de un Estado que no puede ocultar los otros trazos nobiliarios de una vocación nada efímera.
Coletilla
Son inmensas las colas para adquirir los productos de primera necesidad, incluyendo la literal numeración del antebrazo para los que desesperan. El nerviosismo es del gobierno que miente a la población, inculpándola – precisamente – por las compras nerviosas. Después de recibir y monopolizar las cifras colosales de los ingresos petroleros, inventó la tal guerra económica, reacio a asumir las responsabilidades que al gobierno, y no a otro, le corresponden. El novísimo y flamante Defensor de Pueblo ordenó el despliegue de sus funcionarios para ayudar y legitimar a las fuerzas represivas, pretendiendo atajar el descontento.
Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/21453-de-la-parentela-de-poder
Reproducciones:
Onomástico. Élite, Caracas, nr. 131 del 17/03/1928.
Homenaje a Alí Gómez. Billiken, Caracas, nr. 52 del 07/11/1925. Podrá apreciarse que el tributo a Alí Gómez, hijo del dictador muerto por la gripe española, significó todo un detalle de la edición de marras: sobre un distinto papel, fue colocada cuidadosamente la fotografía. Podrá apreciarse que el tributo a Alí Gómez, hijo del dictador muerto por la gripe española, significó todo un detalle de la edición de marras: sobre un distinto papel, fue colocada cuidadosamente la fotografía. Por cierto, la revista destacó por la novedosa - por lo menos, en el país - elaboración artesanal de su publicidad, la cual imaginamos de un elevado precio (LB).
Luis Barragán
El ejercicio del poder, cualesquiera sean sus cuotas, dentro o fuera del gobierno, tiene por inicial tentación la colocación provechosa de familiares y relacionados más cercanos. Quizá el más consumado ejemplo histórico que forzó a una moderación de los sucesores, acarreando a la postre un elevado costo político, fue el de a parentela de Juan Vicente Gómez.
Bastó el vínculo de sangre para ocupar las más importantes posiciones del Estado dominado por el padre, incluyendo los más altos grados militares, aunque después del oscuro homicidio de Miraflores, blindados y respetados los privilegios comerciales, perdieron la entera condición de legatarios políticos. Sin embargo, fallecido el dictador, llegó a tal monta la influencia y el tejido de relaciones, muy bien ilustrada por la crónica social de entonces, que Eleazar López Contreras también aseguró la transición al negociar con los dolientes directos, facilitándola prontamente Eustoquio Gómez, el único del clan con poder de fuego, con sus impetuosas pretensiones.
A mediados o finales de la década de los noventa del siglo pasado, participamos en la elaboración de un proyecto de ley que contemplaba la publicidad digital de las nóminas del Estado, las de sus empleados y contratistas, a objeto de asegurar una mayor transparencia de las cargas fiscales. La iniciativa que debe hallarse en los archivos históricos de la Asamblea Nacional, implicaba un mayor desarrollo de la - por entonces - severa regulación de los vínculos de consanguinidad y afinidad de la burocracia, cuidando celosamente de la data personalísima de los afectados.
Uno de los más fuertes motivos para el engavetamiento de la todavía necesarísima reforma de la Ley de Anticorrupción, reside en un artículo que combate expresamente el nepotismo. A pesar de las estridencias, las que llevaron a pedir la habilitación legislativa de Nicolás Maduro para acabar con el flagelo de la corrupción, incurriendo en el deleznable allanamiento de una diputada opositora para lograrlo, el oficialismo ha sido radicalmente diligente para resguardar todo el complejo entramado de la administración pública, añadido el servicio exterior, afincado en los intereses familiares y de compadrazgos. El continuismo gubernamental ha consolidado esos intereses que, contrastantes con década y media atrás, adquieren tal identidad política que fácilmente le permiten competir por ventajas y privilegios frente a la dirigencia “laica”, la que no está acuñada por uno de los apellidos de los protagonistas estelares del poder que brillan por el sacerdotal nexo que tuvieron con el fundador de esta otra y muy presunta era republicana. De una obvia sonoridad, un Chávez puede desempeñarse en la industria petrolera, en la magistratura ejecutiva o en sendas misiones diplomáticas, con vicepresidencial disfrute de La Casona, pero no será difícil para el novel y curioso sociólogo levantar la cartografía de un Estado que no puede ocultar los otros trazos nobiliarios de una vocación nada efímera.
Coletilla
Son inmensas las colas para adquirir los productos de primera necesidad, incluyendo la literal numeración del antebrazo para los que desesperan. El nerviosismo es del gobierno que miente a la población, inculpándola – precisamente – por las compras nerviosas. Después de recibir y monopolizar las cifras colosales de los ingresos petroleros, inventó la tal guerra económica, reacio a asumir las responsabilidades que al gobierno, y no a otro, le corresponden. El novísimo y flamante Defensor de Pueblo ordenó el despliegue de sus funcionarios para ayudar y legitimar a las fuerzas represivas, pretendiendo atajar el descontento.
Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/21453-de-la-parentela-de-poder
Reproducciones:
Onomástico. Élite, Caracas, nr. 131 del 17/03/1928.
Homenaje a Alí Gómez. Billiken, Caracas, nr. 52 del 07/11/1925. Podrá apreciarse que el tributo a Alí Gómez, hijo del dictador muerto por la gripe española, significó todo un detalle de la edición de marras: sobre un distinto papel, fue colocada cuidadosamente la fotografía. Podrá apreciarse que el tributo a Alí Gómez, hijo del dictador muerto por la gripe española, significó todo un detalle de la edición de marras: sobre un distinto papel, fue colocada cuidadosamente la fotografía. Por cierto, la revista destacó por la novedosa - por lo menos, en el país - elaboración artesanal de su publicidad, la cual imaginamos de un elevado precio (LB).
lunes, 7 de julio de 2014
CUADERNO DE BITÁCORA
Entrevistado por Enrique Meléndez
para La Razón (Caracas, 6 al 13/07/2014), Ernesto Alvarenga se refiere a Luis
Miquilena: “… le tengo mucho respeto a un hombre que, cuando murió Gómez, tenía
a Maracay como cárcel, porque él en su juventud fue gomecista. Fue uno de
losexiliados del régimen, que llegó clandestino al país, y le comenzó a hablar
de las bondades de Marx y de Lenin, y así dejó de ser gomecista, y lo mandan a
Maracay porque había que escribir relatos en la escuela, y el papá de Luis era
juez en Falcón, y el maestro que le daba clases le decía: ‘No sigas escribiendo
eso, porque te vas a meter en un lío tú y tu papá’. Bueno, terminó teniendo a
Maracay como cárcel”.
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Enrique Meléndez,
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Gomecismo,
Luis Miquilena
lunes, 7 de abril de 2014
RÁPIDO REPORTE
EL NACIONAL - VIERNES 21 DE ENERO DE 2000
Los derechos humanos (1900-1947)
Jesús Sanoja Hernández
La defensa de los derechos humanos no contaba, en la muy larga era castro-gomecista, con organismos regionales, ni mucho menos mundiales, que la asumieran oficialmente, como tampoco con organizaciones no gubernamentales o de la sociedad civil. La prensa de 1909, primer año completo de la tiranía gomecista, se encargó de divulgar lo que en materia de muertes y torturas había sucedido durante los nueve años de ciprianato. Y los entusiastas del nuevo régimen, el de la Rehabilitación, no tardarían, y en no poco número, en sufrir la bárbara represión del "gendarme necesario".
Panfletos publicados en el destierro y sobre todo el documentado y testimonial libro de Pocaterra (Memorias de un venezolano de la decadencia) fueron divulgando, con lujo de detalles, la deplorable situación de los derechos humanos en nuestro país, por otro lado dibujado por gran parte de la prensa extranjera, fundamentalmente la de Estados Unidos, como gobernada por un progresista "hombre fuerte". Hubo excepciones notables como la que en México desarrollaron José Vasconcelos y los jóvenes Carlos Pellicer y José Juan Tablada, excepcional pareja de poetas que habían observado de cerca las atrocidades gomecistas, y en Colombia y Cuba personalidades afectas a la causa de los desterrados.
No existía la Sociedad Interamericana de Prensa, constituida cuando en Venezuela gobernaba Medina Angarita, y la reunión de editores que en Washington se celebró en 1926 (cito de memoria) no se trató tema, como el de los derechos humanos, que les era, al parecer, ajeno. En 1930 publicó Jugo Delgado en Nueva York un impresionante folleto (El peligro de la intervención extranjera en Venezuela), en el cual vinculaba su denuncia con el debate que en el Congreso de Estados Unidos habíase promovido a raíz del juicio entablado por el abogado A.L. King contra el gobierno de Gómez. Defendía King al ciudadano norteamericano James E. Welch, quien había pasado 45 días en la cárcel de Ciudad Bolívar.
Tal como asienta Ramón J. Velásquez en nota introductoria (Boletín del Archivo Histórico de Miraflores, número 101-106), "King logró que el Senador Joseph Randsdell, de Carolina del Norte, y Allard Gasque, representante ante el Congreso por el estado de Carolina del Sur, propusieran en el seno de las comisiones de Política Exterior de ambas cámaras, una investigación de las condiciones de Venezuela, con el objeto de determinar si la Constitución y las leyes publicadas se cumplen en aquel país, o son burladas por el poder de la dictadura". La documentación aportada por Jugo Delgado fue valiosísima, no sólo por los testimonios de los desterrados sino por una carta dirigida por "damas venezolanas", cuyas firmas permanecieron en reserva, al senador... (los puntos suspensivos deben tomarse como medida de precaución) y en la cual las madres, hijas, hermanas y prometidas de hombres venezolanos, "sin intención de invadir terrenos políticos que no debemos traspasar", acudían a aquél "para pedir su poderosa ayuda en la defensa de nuestro derecho elemental: el derecho de vida".
No fue mucho el caso que el gobierno de Estados Unidos le hizo a esta y otras solicitudes, aunque sí el asunto resultó debatido en el Congreso. Terminó así el largo mandato de Gómez, reelecto varias veces a tono con veleidosas constituciones, y vinieron los regímenes de López Contreras y Medina Angarita, el primero caracterizado por la disolución de las recién nacidas organizaciones de izquierda, estudiantiles y sindicales, por no pocos secuestros políticos y por las expulsión de los catalogados como comunistas, en marzo de 1937, aun sin serlo muchos de ellos, como Gonzalo Barrios y Jóvito Villalba; y el segundo por su tendencia democratizante, con ausencia casi absoluta de represión. Medina elogió el nacimiento de la Asociación Venezolana de Periodistas, legalizó a AD, eliminó el Inciso VI y dio paso, en las postrimerías de su administración, al Partido Comunista. Ninguno de los dos gobiernos fue, en realidad, sangriento, ni acudió a la tortura como fórmula de persuasión.
La Junta Revolucionaria de Gobierno surgida como consecuencia del golpe militar-civil de octubre de 1945, además de los aún discutidos juicios por peculado, apeló a encarcelamiento en momentos en que consideró perturbada su estabilidad por conatos de insurrección o alzamientos. En diciembre de 1946, apenas instalada la Asamblea Constituyente, un grupo de madres, esposas e hijas de políticos detenidos en El Trocadero (antiguo cabaret de Pierre René Delofre) denunció la aplicación de torturas, lo que provocó encendido debate en el cual Andrés Eloy Blanco reveló una vez más su probidad. Supo calibrar el peligro de un retroceso: "Yo condené en un tiempo -dijo como presidente de la Constituyente y como figura de AD- y sigo condenando, y condenaré siempre, hasta que me quede el último soplo de vida, todo lo que tienda a hacer regresar a Venezuela a las horas salvajes que su pueblo supo superar". Aquello fue, apenas, un interludio polémico. A poco vendría nueva tiranía.
Los derechos humanos (1900-1947)
Jesús Sanoja Hernández
La defensa de los derechos humanos no contaba, en la muy larga era castro-gomecista, con organismos regionales, ni mucho menos mundiales, que la asumieran oficialmente, como tampoco con organizaciones no gubernamentales o de la sociedad civil. La prensa de 1909, primer año completo de la tiranía gomecista, se encargó de divulgar lo que en materia de muertes y torturas había sucedido durante los nueve años de ciprianato. Y los entusiastas del nuevo régimen, el de la Rehabilitación, no tardarían, y en no poco número, en sufrir la bárbara represión del "gendarme necesario".
Panfletos publicados en el destierro y sobre todo el documentado y testimonial libro de Pocaterra (Memorias de un venezolano de la decadencia) fueron divulgando, con lujo de detalles, la deplorable situación de los derechos humanos en nuestro país, por otro lado dibujado por gran parte de la prensa extranjera, fundamentalmente la de Estados Unidos, como gobernada por un progresista "hombre fuerte". Hubo excepciones notables como la que en México desarrollaron José Vasconcelos y los jóvenes Carlos Pellicer y José Juan Tablada, excepcional pareja de poetas que habían observado de cerca las atrocidades gomecistas, y en Colombia y Cuba personalidades afectas a la causa de los desterrados.
No existía la Sociedad Interamericana de Prensa, constituida cuando en Venezuela gobernaba Medina Angarita, y la reunión de editores que en Washington se celebró en 1926 (cito de memoria) no se trató tema, como el de los derechos humanos, que les era, al parecer, ajeno. En 1930 publicó Jugo Delgado en Nueva York un impresionante folleto (El peligro de la intervención extranjera en Venezuela), en el cual vinculaba su denuncia con el debate que en el Congreso de Estados Unidos habíase promovido a raíz del juicio entablado por el abogado A.L. King contra el gobierno de Gómez. Defendía King al ciudadano norteamericano James E. Welch, quien había pasado 45 días en la cárcel de Ciudad Bolívar.
Tal como asienta Ramón J. Velásquez en nota introductoria (Boletín del Archivo Histórico de Miraflores, número 101-106), "King logró que el Senador Joseph Randsdell, de Carolina del Norte, y Allard Gasque, representante ante el Congreso por el estado de Carolina del Sur, propusieran en el seno de las comisiones de Política Exterior de ambas cámaras, una investigación de las condiciones de Venezuela, con el objeto de determinar si la Constitución y las leyes publicadas se cumplen en aquel país, o son burladas por el poder de la dictadura". La documentación aportada por Jugo Delgado fue valiosísima, no sólo por los testimonios de los desterrados sino por una carta dirigida por "damas venezolanas", cuyas firmas permanecieron en reserva, al senador... (los puntos suspensivos deben tomarse como medida de precaución) y en la cual las madres, hijas, hermanas y prometidas de hombres venezolanos, "sin intención de invadir terrenos políticos que no debemos traspasar", acudían a aquél "para pedir su poderosa ayuda en la defensa de nuestro derecho elemental: el derecho de vida".
No fue mucho el caso que el gobierno de Estados Unidos le hizo a esta y otras solicitudes, aunque sí el asunto resultó debatido en el Congreso. Terminó así el largo mandato de Gómez, reelecto varias veces a tono con veleidosas constituciones, y vinieron los regímenes de López Contreras y Medina Angarita, el primero caracterizado por la disolución de las recién nacidas organizaciones de izquierda, estudiantiles y sindicales, por no pocos secuestros políticos y por las expulsión de los catalogados como comunistas, en marzo de 1937, aun sin serlo muchos de ellos, como Gonzalo Barrios y Jóvito Villalba; y el segundo por su tendencia democratizante, con ausencia casi absoluta de represión. Medina elogió el nacimiento de la Asociación Venezolana de Periodistas, legalizó a AD, eliminó el Inciso VI y dio paso, en las postrimerías de su administración, al Partido Comunista. Ninguno de los dos gobiernos fue, en realidad, sangriento, ni acudió a la tortura como fórmula de persuasión.
La Junta Revolucionaria de Gobierno surgida como consecuencia del golpe militar-civil de octubre de 1945, además de los aún discutidos juicios por peculado, apeló a encarcelamiento en momentos en que consideró perturbada su estabilidad por conatos de insurrección o alzamientos. En diciembre de 1946, apenas instalada la Asamblea Constituyente, un grupo de madres, esposas e hijas de políticos detenidos en El Trocadero (antiguo cabaret de Pierre René Delofre) denunció la aplicación de torturas, lo que provocó encendido debate en el cual Andrés Eloy Blanco reveló una vez más su probidad. Supo calibrar el peligro de un retroceso: "Yo condené en un tiempo -dijo como presidente de la Constituyente y como figura de AD- y sigo condenando, y condenaré siempre, hasta que me quede el último soplo de vida, todo lo que tienda a hacer regresar a Venezuela a las horas salvajes que su pueblo supo superar". Aquello fue, apenas, un interludio polémico. A poco vendría nueva tiranía.
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