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domingo, 2 de agosto de 2015

UN MISMO DESTINATARIO



Una explicación necesaria

Desde que asumimos las responsabilidades nacionales de dirección en el Partido Socialcristiano COPEI, a finales de 2002, resultante de los comicios internos de base, por fin celebrados,  intentamos dar, intensificar y compartir el debate que el todavía recientemente instaurado régimen en Venezuela, debía suscitar. Particularmente, César Pérez Vivas (Secretario General), Clemente Bolívar y Lucas Riestra (Vocales), entre otros, proseguimos con las ideas que, frecuentemente, nos congregaban e, incluso, motivaron los encuentros nacionales de la que denominamos la Mesa Demócrata-Cristiana.

A contracorriente, tratamos de auspiciar una perspectiva diferente al de la presunta normalidad democrática de un proceso que, inicialmente, concebimos como neo-autoritario, advirtiendo los fuertes indicios de un proyecto totalitario que, de un modo u otro, pudimos expresar a través de las distintas declaraciones de prensa. E, incluso, no olvidamos que, al rendir el informe político correspondiente, como Secretario General (encargado), no tuvimos mayor éxito en el seno de la dirección, al plantear  el peso de una hipoteca política e ideológica que ya se hacía evidente: “no veo la cubanización por ningún lado”, señaló un calificado dirigente del partido que ayudó a cortar prontamente la discusión.

Insistimos en nuestra visión del problema y, por solicitud del Dr Michael Lingenthal, representante de la Fundación Konrad Adenuaer en Venezuela, suscribimos en 2003 un informe contentivo de nuestras personales consideraciones. Y, en medio de las difíciles circunstancias y compromisos políticos de entonces, tomamos algunas notas y le dimos cuerpo para sustanciar una postura.

 Por fortuna, copia del trabajo ha reaparecido entre los archivos domésticos y,   transcurrido doce años, lo creemos pertinente con las correcciones y actualizaciones que pudieran hacerse, aunque – en esta ocasión – lo presentamos tal y como lo redactamos originalmente.  Considerado un borrador, quisimos retomarlo, pero fue infructuoso el esfuerzo de ampliación, ratificación y rectificación de criterios, por las consabidas vicisitudes que impidieron darle la profundidad necesaria para buscar  una casa editora que tuviese interés.

Huelga comentar la situación que hoy vivimos los venezolanos, convencidos del talante, la naturaleza y las consecuencias de una propuesta totalitaria en curso. Dios mediante, la superaremos.

Luis Barragán J. 
 

viernes, 14 de noviembre de 2014

LA LÁMPARA INSOMNE

Penitente octubrismo (y la biblioteca de Abraham Quintero)
Luis Barragán


Frecuentemente, se entiende por “octubrismo” aquellos principios o postulados, enunciados o realizados, añadidas las resistencias generadas, que inspiraron el ciclo iniciado el 18 de octubre de 1945, permitiendo establecer algunas coincidencias o diferencias respecto a otra etapa histórica, como la inaugurada el 2 de febrero de 1999. Ambas manifestaciones – la originaria y la derivada -  hablan de un mismo modelo rentista de desarrollo, naturalmente afincado en un conjunto de creencias, símbolos y discursos (imaginario), capaz de responder a las coyunturas o confrontar retos similares.

El ciclo abierto en  los cuarenta del siglo XX, por cierto, reivindicado a su modo por Marcos Pérez Jiménez hasta los capítulos finales de su gobierno, se extendió hasta mediados de la primera década del XXI, procurando o forzando el consenso a través de un poderoso mito: la revolución. Evidentemente media una distancia abismal, por la habilidad, circunstancia y densidad del anuncio que hizo el conocido Rómulo Betancourt en  el mitín del Nuevo Circo, el 17 de octubre de 1945, y la estremecedora espontaneidad, sentido de oportunidad y, valga acotar,  inadvertida sobriedad de sus captores de la que también se valió el desconocido Hugo Chávez, el 4 de febrero de 1992. Sin embargo, al revisar pacientemente los discursos de ambos protagonistas, ayudando a configurar el fenómeno octubrista, coinciden en sus principales banderas.

Sintonizan con un determinado imaginario de la revolución, los obliga una inaplazable emergencia social, abortan la inminente guerra civil, la institución castrense recobra un protagonismo político que supusimos superado, luchan contra la corrupción, la movilización  populista atenta contra el pluralismo invocado, aunque hay discrepancias propias de mentalidades, épocas y elencos llamados a ejercer el gobierno. Por ejemplo, el uno, echa las bases de una distinta política petrolera que el otro agotó e, irremediablemente, distorsionó; en un caso, se habló de la despersonalización del poder, mientras que, en el otro, de la despartidización extrema; un proyecto fue redefinido y concursado por otros actores, a partir de 1958, en contraste con el otro que comenzó a sincerarse unilateralmente,  luego de 2006; hubo responsabilidad, trayectoria e innovación en los equipos gubernamentales, setenta años atrás, pero soportamos la irresponsabilidad, improvisación y rutina de casi dieciséis años que rematan en una crisis crónica, aguda y censurada.

Evidentemente, versamos sobre períodos históricos diferentes, sumados los respectivos partidos de gobierno, pues, en perspectiva, quiérase o no, hay un dramático contraste entre la vieja Acción Democrática de una también intensa y agitada vida interna, sobreviviente en la oposición, y el Movimiento V República / PSUV, bajo parámetros militaristas y que no se entendería fuera de la dirección del Estado.  Luce interesante la hipótesis en relación al trienio y al sexenio octubristas de Betancourt y Chávez: original y copia, pues.

La biblioteca de Abraham Quintero

Lo conocimos gracias a las redes sociales, incursionando en sendos grupos de su predilección. En el de libros, por ejemplo, promovía la lectura, leyendo. Sus comentarios fueron densos, oportunos, didácticos. Un buen día, luego de tantas horas de intercambio virtual, la otra perspectiva del tiempo real, María Efe y yo, junto al matrimonio Balladares, lo visitamos: la espléndida comida de un gourmet que, vale subrayarlo, cocinaba, fue el mejor pretexto para hablar estrictamente de todo, incluyendo las piezas artísticas del modesto apartamento, pero lo mejor fue, con pipa empuñada para la degustación de una variada picadura, adentrarse en la biblioteca que cabalmente ejercitaba, aunque el estricto y cuidadoso orden de sus selectos títulos aparentemente lo desmentían. Además, coincidíamos con él en que una buena colección de libros ha de depurarse constantemente, por lo que había títulos en permanente tránsito que muy bien envidiarían a los autores que permanecieron en los estantes de una habitación que parecía intimidar a la misma computadora que los ventilaba. En la extinta St. Honoré, comiendo unas arepas por las Tres Gracias luego de un concierto del Orfeón Universitario, a través del correo electrónico o por el teléfono convencional, María Efe y yo admirábamos al lector, leyente, y al conversador, oyente. Y, reflexionándola en  su magnífico blog, la muerte de un cristiano (http://lecturas-yantares-placeres.blogspot.com/2014/08/la-muerte-del-cristiano.html) rubricó la indeseada despedida: falleció Abraham Quintero, el diplomático de carrera jubilado,inquieto y sereno a la vez, de pupilas anegadas por la imprenta convencional y digital, porque Dios lo quiere en su biblioteca y, sin dudas, será un magnifico y obsequioso librero cuando los lectores de sus numerosos comentarios, con paladar en ristre, nos toque algún día partir.

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2014/10/penitente-octubrismo-y-la-biblioteca-de-abraham-quintero/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1057253
Fotografía: Orbitada por Abraham Quintero para un album del grupo Libros / Facebook, tiempo atrás, muestra una sección. Tenía los volúmenes indispensables y solía desprenderse de aquellos títulos que no valían un cupo en su estantería, inmediatamente.

jueves, 18 de octubre de 2012

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- R. J. Lovera De-Sola y "Reflexiones de La Rábida" de Rafael Caldera. Resumen, Caracas, nr. 169 del 30/01/79.
- Roberto Hernández W. y los juicios de Conejo Blanco, Carúpano, Puerto Cabello, PCV, MIR. Deslinde, Caracas, 03/04/69.
- Humberto Spinetti-Dini. "Nuestra dependencia económica". El Nacional, Caracas, 01/05/48.
- Diego Bautista Urbaneja. "El temperament de Lusinchi". El Diario de Caracas, 08/03/86.
- Sanín. "Palco de sombra: Venezuela Saudita". El Nacional,  06/06/78.

Leyenda y fotografía: "Los regímenes pasan, pero la 'Negra' María sigue inamovible en Miraflores. Campechanamente conversa con el Gobernador del Estado Falcón, Teniente Coronel (retirado) Juan Pérez Jiménez y con el Ministro de Sanidad y Asistencia Social, Doctor Antonio Martín Araujo". Elite, Caracas, nr. 1236 del 11/06/49.

Nota LB:  Hoy, el olvidado 18 de Octubre de 1945 que, por lo demás, celebró marcialmente Marcos Pérez Jiménez en 1957. Desde entonces, mucha agua ha corrido por debajo de los puentes. La historia venezolana, ¿la misma?,  vista y nadada por las distintas corrientes ideológicas y vicisitudes políticas. Empero, propensos al interés por los personajes que suponemos de segunda o cuarta fila, he acá al particular Juan Pérez Jiménez, alzado en el Trienio,  funcionario de la larga década y fallecido aparentemente en Caracas, bajo el llamado puntofijismo, es otro retrato del Octubrismo.

HOY, 18

Un largo post-octubrismo
Luis Barragán


Martes, 14 de octubre de 2003

“La lucha del hombre contra el poder es
la lucha de la memoria contra el olvido”
Mirek


Los gobiernos presididos –primero- por Rómulo Betancourt y –después- por Rómulo Gallegos, en la década de los cuarenta, ofrecen los referentes necesarios para aproximarnos al que hoy preside Hugo Chávez, haciendo la salvedad de las concretas condiciones históricas que los separan. Superada la noción de gobierno, se imponen los aspectos relacionistas del poder, su legitimidad y –concretamente- las creencias y símbolos que, convertidos en discurso, revelan una tendencia apenas alterada entre 1989-1992.

Digamos que el imaginario presente a mediados del siglo XX, reaparecerá vigorosamente en los albores del XXI, domiciliados en un mismo régimen: el octubrista. Grosso modo, ambos ciclos acusan características semejantes: a) discursivamente revolucionarios, el presente apenas alcanza para la remoción de los escombros de un pasado denostado; b) constituyen una gesta del (re) descubrimiento de la renta, la cual no comportará el sacrificio de los distintos sectores sociales; c) inicialmente, ofertan un programa mínimo (despersonalización o despartidización del poder, sufragio efectivo o democracia protagónica, moralización de la administración o inmediata liquidación de la corrupción); d) responden a una inmediata emergencia social, incrementando a la postre el gasto corriente; d) se realizan en el marco de un forzado pluralismo político que, al pretender reducirlo y domesticarlo, endurece los rasgos autoritaritarios, temidos por unos y aupados por otros; y e) la institución armada recupera una importancia estratégica antes aminorada por el desenvolvimiento político rutinario. No obstante, la versión original de una revolución, cuya etapa inicial culmina con el ascenso de Gallegos, resignificándola, guarda sobradas distancias con la derivada, prolongación y agonía de un modelo que los ejercicios plebiscitarios de Chávez no pudieron salvar.

La experiencia venezolana actual obedece a una resistencia objetiva al cambio que la modernización y la globalidad anuncian con terquedad, no exclusivamente, aunque mejor, reflejada por un oficialismo empeñado en sostener el rentismo (económico, sociológico y político), garante de la propia preservación del poder. Inevitable, la crisis social y económica lo lleva a apostar por fórmulas totalitarias que, por un lado, exceden y quebrantan las representaciones bolivarianas de las que se sirve (empleada la versión pedenista del treintenio); por otra, no responden a la tendencia constante del ingreso fiscal petrolero por habitante, cuya modestia contrastará con un país mucho más poblado hacia 2025; y finalmente, tampoco puede conciliarse –sin descomponerse- con la socialización del crimen, inherente a una corrupción que ha desbordó tiempo atrás los linderos de la administración pública.

Podemos justificar el octubrismo de 1945 que, redefinido trece años más tarde, por la inmensidad de los recursos percibidos, superó el ya antiguo dilema entre inversión y distribución de la renta. No ocurre algo semejante con el que inició en 1998, prolongándolo enfermizante. Simplemente, la renta no alcanza y, además, no pocos estudios de opinión avisan del derrumbe –aunque lento y tímido- de un imaginario social, en favor de otro que espera de la consigna política oportuna, adecuada y contundente.

De risas y de olvidos se hace la historia. Mirek, el personaje novelístico de Kundera, también nos dijo de algunos remedios que resultan peores que la enfermedad.

Ejercicios de armas

El gobierno nacional advirtió que no devolverá las armas de guerra a la Policía Metropolitana que ha atentado contra el pueblo. Legos en la materia, nos permitimos un breve ejercicio.

Todas las armas son iguales de peligrosas, pero unas más iguales que otras. Las de fuego, peores. Las de guerra, indecibles. Estas deben matar a miles de pájaros de un solo tiro, calcinando los árboles e, incluso, llevándose por el medio al descudado disparador. No obstante, hay doctrina.

El estado ejerce el monopolio de la violencia y, como no puede estar en todos lados a un mismo tiempo, se reserva aquellas armas que son más armas que las otras y delega, rompiendo el monopolio, las que son menos armas. Así, los permisados le ayudarán a preservar la vida de las personas e integridad de los bienes, incluídos los semovientes, aunque suene algo paradójico esto de la preservación. Sin embargo, el Estado es Miraflores y no será un tribunal el que nos diga cuáles son más o cuáles son menos armas, a través de un peritaje que lo ayude a resolver lo que es un litigio.

Lo anterior nos lleva a otros ejercicios, por ejemplo, quien decide es el responsable del empleo de las armas, así fuese por mano ajena. Las de guerra, se infiere de la declaración barquisimetana de Rangel, que no sentencia (con su narrativa, motiva y dispositiva), son las que atentan contra el pueblo. Por tanto, de producirse el atentado por ocurrencia de un agente policial, digamos un révolver de cinco tiros para cinco inocentes pájaros, no habría un crimen de lesa humanidad, pues, el ejecutivo nacional tomó la previsión de no clasificarlo como arma de guerra. A menos que el vicepresidente lo haya olvidado y, con todo el tren ministerial, deba rendir cuentas.

Ahora bien, el enemigo de la municipalidad –delincuencia común y silvestre- no posee armas de guerra, colegimos, porque, si las poseyera, no sería combatido por la Policía Metropolitana, sino por la Fuerza Armada. Significa desechar la ciencia y la experiencia policiales, además de la criminología, ya que –teóricamente- estamos frente a un enemigo interior, según la doctrina de seguridad nacional muy del cono sur. Vale decir, al no representar los intereses de una potencia extranjera, quienes intentan interceptar un transporte de valores, vaciar la bóveda de un banco, colocar unas porciones de marihuana, atracar a un transeúnte o hacerse de unas gallinas, nada más y nada menos que aspiraría a capturar el Estado. Concluimos que todo carterista es un potencial ladrón del poder político, por raro que parezca el silogismo.

Agreguemos otra circunstancia: Miraflores llega hasta dónde le alcance la cobija y puede incautar las armas que considera de guerra, clasificadas y ordenadas, a la Policía Metropolitana, pero no las que exhiben los círculos del terror y los tupamaros. Estas no son de guerra, así provoquen muertos y heridos, porque pueblo será lo que diga el ejecutivo nacional sin mayor elemento de prueba que su propia voluntad y, por si fuera poco, contrariando la vigente ley de desarme, actúan como delegatarios del poder.

Recordemos que esos grupos paramilitares del oficialismo han disparado a discreción contra las movilizaciones populares de la oposición. Rangel aseguró que no lo hicieron en “El Catiazo” y, en horas de la tarde, los mismos tupas reivindicaron la gesta en sus páginas internetianas. ¿Qué hubiese dicho años atrás el periodista Rangel?. En el “Petarazo”, convirtieron una doméstica bombona de gas, en una descomunal bomba con la pretensión de arrasar con la casa municipal de COPEI. Y tampoco fue visto por el gobierno nacional y el local de raigambre chavista. Claro, ellos son más pueblo que otros.

Sumemos otra inquietud: ¿de dónde proviene ese armamento de guerra, capaz de llevarse a miles de pájaros en las cercanías de Miraflores o en Los Próceres, cuando la protesta opositora se hizo presente? Sospechamos que el gobierno nacional no devuelve las armas en cuestión porque ¿cómo pedíselas a los círculos y tupas?

Fuente: http://www.analitica.com/va/politica/opinion/1771756.asp

viernes, 3 de agosto de 2012

ASFALTO (3)

ECONOMÍA HOY, Caracas, 01 de Noviembre de 1995
La post – revolución de Octubre
Luis Barragán


François Furet ha dicho que la revolución es balance, contenido, continuidad antes que modalidad, acontecimiento, ruptura. Afirma en “Pensar la revolución francesa” (1980) que hay una ruptura de las conciencias que oculta la prolongación de los hechos: “el problema consiste pues en comprender cómo la continuidad aparentemente inevitable de un fenómeno se hace evidente a través de la discontinuidad aparentemente radical de la Revolución”.

Luis Ricardo Dávila señaló en “Imaginario político venezolano” (1992) la semejanza de los objetivos programáticos de los gobiernos de López Contreras e Isaías Medina con los impulsados por la Junta Revolucionaria de Gobierno surgida a raíz del golpe del 18 de Octubre de 1945, aunque en materia petrolera no lo es tanto en razón del destino de la renta. Expresa el autor en su furetiano ensayo: “lo que cambia a partir de esos días es la concepción misma de la acción política que pasa a fundarse en un nuevo imaginario y una nueva legitimidad organizados simbólicamente en torno al ´horizonte ´de la soberanía popular”.

Invertida la fórmula, podría asegurarse que la contrarrevolución consiste en la superficial discontinuidad de los hechos mientras que el poder se hace extensión del pasado. Encontramos una fuerte resistencia ante una situación que no puede solventar la exhausta renta petrolera. El aumento de la gasolina o la libertad cambiaria parecen caminos irremediables en la marcha de los acontecimientos. No es que el gobierno se está entregando o va a entregarse a los brazos del programa perecista, como especulan con facilidad y malicia ciertos comentaristas, sino que los hechos son irreprimibles y tan sólo merecen –siguiendo la hipótesis anterior- una carga (o descarga) simbólica tal que los reubique en la historia y la conciencia que de ella se pueda tener. Por vía ortodoxa o heterodoxa, están plenamente aceptados, pero hay una orfandad teórica (o intuitiva) que no permite el nuevo imaginario: ¿por qué esta vez las visitas al FMI no son reveladoras de la vocación neoliberal del gobierno y las anteriores sí?, ¿por la retórica defensiva de una sensibilidad social que, a juzgar por el presidente de la Comisión de Finanzas de Diputados, contrasta con el recorte presupuestario de importantes programas?, ¿es posible cabalgar el ´sálvese quien pueda ´impuesto en los últimos años?.

En el análisis realizado por Roberto Zapata sobre los valores del venezolano, pubicado por Conciencia 21, se evidencia un mayor interés por los asuntos menores (escándalos, peleas, rumores) que por los sustantivos de la vida política, económica o social del país: los políticos, partidos y gobiernos (ligados a los partidos), son los principales culpables de nuestros problemas y poco hacen para resolverlos. Sin embargo, el 57% no participa en asociación alguna y, los que se atreven, están inclinados a los grupos deportivos/recreativos (35%), organizaciones de la Iglesia (31%), asociaciones de vecinos (24%), sindicatos (22%), gremios profesionales (20%), partidos (20%), cooperativas (18%), grupos juveniles (10%).

Furet advertía (revista Vuelta, nr. 216 de noviembre de 1994), el déficit político de la modernidad, fundado en la ignorancia del bien común en aras del bienestar individual. Ejercicio de precisión, la contemporaneidad requiere de fuertes dósis de atrevimiento teórico que, al menos, compense la sobre – ilusión liberal.