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viernes, 27 de octubre de 2017

LA CULTURA EN LA CARRACA

EL NACIONAL, Caracas, 12 de octubre de 2017
Los espacios culturales
Rodolfo Izaguirre
 
En los últimos años hemos perdido espacios destinados a la cultura, pero hemos visto cómo la sociedad civil ha logrado crear nuevos ámbitos, galerías de exposiciones, salas de teatro y de concierto. Nada puede detener los avances en el campo del arte y de la cultura. Los sé porque padecí en tiempos de la llamada cuarta república el peso burocrático que trataba de obstaculizar mi trabajo. Siempre surgirá un funcionario mediocre o un gobernante tosco y de pocas lecturas que tratará de bloquear tu camino. Lo logra, pero lo recorrido hasta el momento en que detienen tu paso es un terreno conquistado e irreversible. Cuando se levanten las esclusas que impidieron tus avances no recomenzarás desde el inicio sino desde el punto en el que te detuvieron porque todo lo que está detrás ya es nuestro. ¡Es terreno conquistado! Es por eso que para evitar mayores tropiezos la cultura requiere de armonía y rechaza todo poder autónomo o arbitrario. Exige una relación de elementos opuestos. De allí que el arte se produce cuando sucede ese glorioso encuentro de los criterios distintos.

Pero el poder autocrático, la rígida mentalidad militar sostiene, contrariamente, que en lugar de armonía la diferencia de criterios ocasiona caos, desorden. Entonces busca centralizar, impone un pensamiento único. Solo es artista aquel que acepta o se adhiere a mi línea política. Harán un arte degenerado quienes no se sometan a ella.

Estos autócratas se comportan como Elena, la mujer del rumano Ceausescu: “¡Cuando dialogo, no quiero que me interrumpan!”. Al alcanzar sus extremos, la derecha y la izquierda se dan la mano, se abrazan, se condecoran y el fascismo abre las cortinas y aparece en escena vistiendo el traje de maestro de ceremonias.

De allí, mi enfrentamiento con el populismo que coarta la libertad de pensamiento y obra; que trata a toda costa de desanimarme, aplastarme, sacarme del juego. Nunca olvidaremos a Hugo Chávez cuando, gritando “¡fuera! o “¡está ponchao!”, decapitó la gerencia cultural del país bajo la acusación de haberse convertido en un “principado”. Alguien rencoroso tuvo que haberle calentado la oreja al sátrapa porque no creo que un militar tan opaco tuviera la sutileza para suponer “principados”, en un mundo artístico que desconocía. En cualquier caso, aquel ultraje a la inteligencia y a la sensibilidad se emparentó con las nefastas “hazañas” de los nazis y evidenció, una vez más, que el fascismo no es patrimonio exclusivo de la ultraderecha; lo es de la izquierda y se apellidan Castro, Stalin y acostumbra lanzar al viento, para agravio del mundo, el nombre de cualquier otro déspota franquista, comunista o del islam.

Estamos decididos a rescatar las infraestructuras: los museos, los teatros Municipal, Nacional y el Teresa Carreño. Se dice del Teresa Carreño que cuando era de uno, íbamos todos, pero ahora, que “es de todos”, uno no va.

Rescatar la red de bibliotecas, las salas de danza. Devolverle a Radio Caracas Televisión y al Ateneo de Caracas sus respectivos patrimonios físicos y sus equipamientos técnicos, así como la dignidad que hizo de ellos referencia obligada de esparcimiento y altura cultural. Eliminar el sesgo ideológico que desvirtúa los propósitos de la Villa del Cine; construir salas de teatro en cada municipio y aspirar a que vuelva el pensamiento a activarse entre los venezolanos; entregar los teatros a los teatreros, el cine a los cineastas, la danza a los coreógrafos y bailarines, la música a los compositores; impedir que la política vuelva a regir los destinos del arte; que es una falacia afirmar que todos somos artistas; sostener que cualquier niño de la calle puede encontrar su gloria tocando un instrumento musical. Habrá que buscar por todos los medios que los militares, si quieren entrar en la política, tengan que despojarse del arma y del uniforme o, de lo contrario, encerrarse en el cuartel y ocuparse de sus propios asuntos.

Soy de los que sostienen que no es la economía ni la política lo que hace avanzar a los países; ¡es la cultura! Pero los políticos creen que son ellos los únicos que saben manejar el timón; pero sabemos que al igual que los militares no son muy dados a cultivarse.

En Venezuela, el arte y la cultura siempre han sido considerados como la guinda de la torta. Siempre marginados y relegados, los artistas somos gente rara, bohemios, pedigüeños: “¡Tú sabes, no son como nosotros!”.

Falta poco para que el régimen militar sostenga, como los nazis, que el arte que hacemos es un arte degenerado. Pero mientras lo decían, los jerarcas nazis se estaban robando las obras de arte de los museos y de las casas de los judíos ricos.

Mi aspiración, antes de escaparme para siempre de este mundo, es ver que la película, la pieza teatral, el espectáculo de danza no estén producidos u organizados “con las uñas” sino con un sólido apoyo financiero. Acabar con el “escríbete allí unas cuartillitas” o “este es un pago simbólico, ¿tú me entiendes?”. O la entrevista en televisión. Cada cinco años me tocaba integrar la comisión que ofrecería al candidato de mi preferencia la visión de lo que debería observar si ganaba las elecciones, pero el candidato ya tenía sus propios asesores, no necesariamente gente de la cultura, y mas tarde, aposentado ya en Miraflores, nombraba a alguien de su confianza para ocupar la presidencia del Conac y nuestras recomendaciones quedaban sepultadas en algún archivo muerto bajo el calor de Guarenas.

Esto que digo pasaba ayer. ¡Hoy padecemos tiempos peores!

Fuente:

domingo, 15 de octubre de 2017

LA ASTRONÓMICA DISTANCIA

De un breve saldo cultural: 1945 y 1999
Luis Barragán

Arribando a su 72º aniversario, la llamada Revolución de Octubre de 1945 sigue gravitando entre nosotros. Inicialmente creído como un golpe de Estado encabezado por López Contreras, resultó algo más allá que una escaramuza exitosa de las tantas que tejieron al país.

Hechos definitivamente históricos, añadida la tal Revolución Bolivariana, aunque insistan en darles una actualidad política que  no tienen, excepto se trate de la búsqueda de una identidad perdida, surgieron bajo el pretexto de – por lo menos – tres circunstancias:  la de atender la emergencia social y la de evitar una guerra civil, celebrando una Asamblea Nacional Constituyente.

El más modesto ejercicio, nos lleva a un dramático contraste: por una parte,  a partir de 1945, el relevante aumento de los ingresos   fiscales se tradujo en una mejoría de las realidades sociales, mientras que, comenzando en 1999, con el crecimiento fabuloso de los ingresos petroleros, esas realidades que muy poco alivio tuvieron,  a la postre se agravaron haciendose dramáticamente crónicas; por otra, la radicalización de las pugnas partidistas, pretendiendo Acción Democrática abusar de su hegemonía, produjo el golpe de 1948, y en todo el siglo XXI la pugnacidad y la hegemonía se han prolongado, con traición de la propia alternancia democrática del poder; luego, ambas experiencias pasaron por sendas asambleas constituyentes, la una de significativa dinámica que trascendió el propio ámbito político,   y  la otra, asfixiantemente dominada por el oficialismo, ya sabe del propio constituyente que violenta la Constitución que promovió. Sin embargo, colocamos nuestro acento en la faceta cultural de ambos regímenes.

En efecto, Venezuela empezó a encontrarse consigo misma y sus tradiciones, gracias al esfuerzo de Juan Liscano y su celebérrimo festival, por  lo demás, contando con élites políticas de una sentida inquietud intelectual, como la de los años ’40 del ‘XX. Esforzados en superar el positivismo dominante, convertido en activa ideología, se hizo muy vivo el debate plural en torno a nuestros valores y sus manifestaciones, añadida la vanguardia o las pretensiones de vanguardia artística que surgieron durante el Trienio.

Comparativamente, la presente centuria desmiente toda búsqueda y discusión de esos valores y sus expresiones, trastocados en una obscena propaganda ideológica que sortea el desastre burocrático-cultural generado, apelando al enfermizo populismo que caricaturiza los logros de los años ’40 que, en el fondo, permanecen como si fuesen una promesa incumplida después de más de medio siglo.  Una larga e inauditable gestión caracteriza a un siglo que se dijo prometedor, prevaleciendo la censura y ahogada toda creación artística, pues, ni siquiera hubo esbozo de un distinto fenómeno cultural como abundaron en décadas muy anteriores.

Dependiendo todo de la  maquinaria publicitaria de esta franca dictadura que nos orienta definitivamente hacia una sociedad ágrafa y conformista, extremando el culto a la personalidad, no existe nada equivalente – por lo  menos – a la Nueva Trova Cubana. Ese “hombre nuevo” que la consigna proclama, lo vimos con la injusta represión delatada también por la rapiña sistemática o desesperada de sus agresores, en el presente año.

Pendiente una mejor aproximación al país de mediados del ‘XX, por ejemplo, se extendió el joropo y “Doña Bárbara”  nutrió el imaginario social que ya había logrado impactar, bajo otros regímenes anteriores, radicalizado artificialmente durante la dictadura posterior, la de Pérez Jiménez, quien – Semanas de la Patria, aparte – trató de compensar la influencia de Gallegos con la contratación de “La catira” de Cela. No percibimos todavía que, por decisiva que fuese la presencia militar en la Junta Revolucionaria de Gobierno, la sociedad fuese espiritualmente militarizada: apenas, rindiendo tributo al 18 de Octubre,  hallamos marchas como la de Horacio Corredor Z. (Revista de las Fuerzas Armadas, Caracas, nr. 12 de 06/1947), cuyas partituras – puede decirse – son inéditas, pues, hay – en más de setenta años – incontables generaciones de venezolanos que las desconocen.

Huelga comentar sobre la militarización que hoy nos agobia, volviendo a sus orígenes marciales “Patria querida” que compuso Heriberto Maluenga para el batallón blindado “Bravos de Apure” en los ’70 del ‘XX.  Cantada públicamente por Chávez Frías, luego de 2012 se convirtió en un motivo regular de las movilizaciones electorales (http://www.correodelorinoco.gob.ve/hace-73-anos-nacio-compositor-%E2%80%9Cpatria-querida%E2%80%9D-heriberto-maluenga), gozando ahora  de una mayor divulgación como marcha militar.

Breve saldo cultural, una revolución de vocación civilista, con fortísimo componente militar,  y una revolución de vocación militarista que atrapó a incautos en el mundo civil, ofrecen un magnífico filón para la investigación en términos de política y realización cultural. Por supuesto, media una distancia astronómica entre Liscano y Farruco Sesto, emblemas irrefutables de lo que aconteció después de 1945 y de 1999.

16/10/2017:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/31060-1945-1999


Revista de las Fuerzas Armadas, Caracas, nr. 12 de 06/1947.

domingo, 31 de mayo de 2015

REAPARICIÓN

Érase un país
Guido Sosola


Veinte años atrás, teníamos veinte años menos. Dejé el envío por fax de los artículos que siempre escribimos a máquina manual, con copia al carbón para el archivo, entregándolos personalmente en las sedes de los ya extintos El Globo y Economía Hoy.

Buen pretexto para caminar o tomar el tren de Plaza Venezuela a La Candelaria y, al coincidir con amigos, conversar de vez en cuando entre jugos de cebada, pimientos y chistorras. No constituía temeridad alguna, tomar un taxi a la una de la mañana, en plena avenida por los años noventa del siglo pasado.

Bastaba con competir en ambas publicaciones, al remitirles los textos, sin necesidad de cabildearlos asomando la recomendación de in influyente. Cordialmente atendidos, en El Globo coincidían las más disímiles plumas, varias veces agitada la redacción, aceptando también trabajos largos, mientras que el  recinto de Economía Hoy parecía más selecto, en el viejo edificio Di Mase, hoy invadido, hasta que la familia huyó del país con todos los auxilios financieros que les dispensaron, en la recordada debacle bancaria.

Alrededor de veinte años atrás, el país estaba en la peor crisis, pero – desmitiéndola a la luz del amargo presente – la alta inflación no impedía el literal acceso a los bienes y servicios básicos, con anaqueles llenos como no imaginan las nuevas generaciones, distintas marcas de leche pausterizada o de café se exhibían en días de un mayor consumo que la de leche en polvo o de una taza confiada que no pudimos hacer en casa. No había la matazón anual que lamentablemente nos ha caracterizado, o alcanzaba para vestir decentemente, portar las prendas elementales y hasta escaparse a la libación y degustación en La Candelaria que tenía mejor mesa que el este de la ciudad capital.

La prensa, el parlamento y los partidos resonaban constantemente, sin las facilidades del medio digital que, parece mentira, en el presente tiene una rapidez que contrasta con la lenta pausa impuesta por la censura y el bloqueo informativo. Érase de otro país con alternancia en el poder, donde yo me permitía escribir en torno a los problemas que padecía, aunque también sobre temas variados y caprichosos: digamos, cada artículo era arbitrado, pues no fue otra cosa, sin palanca alguna, de vez en cuando aparecían mis textos hasta con envidiable ilustración, dependiendo enteramente del contenido.

Tenía veinte años menos, en una edad febril en la que necesitaba escribir tanto como respirar. Numerosos artículos quedaron en el tintero, pero – al verlos ahora – nos pega una nostalgia que es de futuro, porque hubo derecho al optimismo y a luchar por solventar los problemas, los del país y los míos.

Nada era perfecto y así como quedaron proyectos en el olvido, como el de una plaza para la estación de Sabana Grande de José Campos Biscardi, fueron muchas las ideas e iniciativas que no vieron concreción alguna. Sin embargo, había país y, simbolizado por los espacios públicos, en ésta década quedó sin hacerse la tal Plaza de la Revolución en La Hoya, cuyo diseño y maquetado se hundió – esta vez – como una promesa de Farruco Sesto en el farragoso terreno del despilfarro y de la improvisación de una impunidad dramática: él le costó demasiado a Venezuela y aquél, generoso y talentoso, es acreedor de nuestro agradecimiento.

Recomenzamos nuestro ejercicio, ahora de bytes. No quiero volver al pasado, pero tampoco deseo este presente. Empuñando el escudo de armas de la familia, por cierto, actualizado el diseño por mi amigo Rafael Mourad tiempo atrás, una manera de abrirse paso hacia el futuro es también opinando, fijando posturas, moviéndonos.

- Escudo de Armas.
- José Campos Biscardi: Maqueta de la obra ganadora del concurso del Metro para ser ubicada en Sabana Grande, cosa que nunca ocurrió (1981).
- Ministro Farruco Sesto: Proyecto para la Plaza de la Revolución en La Hoyada (2012).

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/22697-erase-un-pais

lunes, 20 de mayo de 2013

DE LOS ESPACIOS ILUSOS

De la Plaza Farruco
Luis Barragán


Finalizando 2012, la exposición inaugural del Museo Nacional de Arquitectura (MusArq), cuya vecindad con el Nuevo Circo le concede varias significaciones, incluyó el Proyecto de la Plaza de la Revolución,  elaborado por la Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales (OPPPE), dirigida por Farruco Sesto y que un poco evoca aquella dirigida por LLovera Páez en la década de los cincuenta.  Anunciada por Chávez Frías hacia 2007, en la Avenida Bolívar de Caracas, probablemente sea uno de los tantos y costosos bocetos que el arquitecto ha tendido sobre la urbe amenazada que, siguiendo a Teodoro Petkoff, presuntamente forma parte de un complejo y continuo negociado como el que ejecutó Pérez Jiménez al transformarla.

Paradójicamente, una ciudad tan agorafóbica dará cobijo a una obra de considerables dimensiones que estará delimitada por varios inmuebles residenciales, acarreando una inmensa inversión económica y dislocación de su intransitable vialidad, considerada la intervención de La Hoyada y sectores aledaños que procuran un nuevo destino, después de instalada, desmantelada y restaurada la infraestructura de los mercados populares para el tormento de más de dos décadas. No cabe duda que la plaza se levanta como una provechosa prioridad, ante otras de las urgencias que todavía el par de satélites artificiales no logra siquiera aliviar.

Propio del imaginario habanero, más que del moscovita de principios de siglo, el oficialismo sueña con una gigantesco templo al aire libre, donde plebiscitarse con las masas obedientes y seducidas por el espectáculo que ha de dispensar épicamente. De vez en cuando, bautizan como plaza de la revolución cualquier rincón citadino que sirva de escenario para el populismo de movilización convertido en un hábito precario, quizá por fallar el metarrelato del asalto al cuartel de invierno que pueda darle una superior prestancia y motivación epopéyica.

Los grandes espacios están así concebidos para la predicación sistemática de quienes posiblemente piensen en el achicamiento y la lejanía del Paseo de los Próceres, el cual exige un mínimo del protocolo y la marcialidad que lucen reñidos con una suerte de Primera Declaración de Caracas y la hazaña retórica que supondrá.  Por lo demás, flanqueada por los celosos y privilegiados vigilantes que habitarán sus costados, la descomunal plazoleta constituirá un desafío para los promotores y diseñadores de los actos proselitistas, distantes y diferentes a los que la antigua oposición o gobierno protagonizaban en la Plaza de los Museos de Bellas Artes, la Plaza de la Concordia, la Plaza O’Leary, la Avenida Bolívar, la Sala Plenaria de Parque Central, El Poliedro  o la Avenida Bolívar que el pluralismo político empleó oportuna y  convincentemente.

La ciudadanía necesita de espacios amplios y libérrimos de tránsito, recreación y esparcimiento. Negadas las aceras, con una lenta y penosa movilidad en la metrópoli de sus inseguridades y desencantos, el complicado borrador de la Plaza Farruco no autoriza al desahogo de los viadantes, sino el hacinamiento móvil que   soportará  la frecuente tempestad de los dardos propagandísticos.

Por cierto, objetivamente, no fue casual que Betancourt promoviera y entregara el Parque del Este,  en lugar de proveerse de un gran palco que forzara a los venezolanos a presenciarlo y escucharlo.  Hay sensateces necesarias de reivindicar, a pesar del difícil historial urbanístico y arquitectónico que tenemos.

Valga acotar,  la aludida oficina está relevada de toda la inquietud  que provenga de la Asamblea Nacional, pues la Comisión Permanente de Cultura – a la que pertenecemos – no la conoce y tampoco al titular,  por lo que respecta a sus roles ministeriales y misteriosos.  Y no puede decirse que ésta Comisión no tiene por competencia el patrimonio material pasado, presente y futuro de nuestras ciudades, ya que ella – en una ocasión – investigó las supuestas modificaciones realizadas en la Casa de Gobierno de Los Teques, por iniciativa del PSUV y el apoyo de la MUD.

Fotografías: LB (MusArq, Caracas, 2012)
http://opinionynoticias.com/opinionnacional/15223-de-la-plaza-farruco

viernes, 17 de mayo de 2013

BASES

EL NACIONAL - Domingo 20 de Marzo de 2011     Siete Días/7
¿Un arquitecto pillastre?
TULIO HERNÁNDEZ

Desde hace ya unos cuantos años, cuando a pocos meses de su nombramiento como presidente del Consejo Nacional de la Cultura ordenó prohibir la presencia de la obra plástica del artista Pedro Morales en la Bienal de Venecia, desconociendo así la decisión soberana del jurado que lo había seleccionado, el arquitecto Francisco Sesto se fue convirtiendo en ­además de público censurador­ el más despreciado y menos respetable entre todos los altos funcionarios con los que ha contado la institucionalidad cultural venezolana desde la primera y titubeante experiencia democrática de 1948.
Es una lástima. Porque, para bien de un sector cuya legitimidad y reconocimiento no ha sido siempre fácil, nuestro país ha contado con una saga de autoridades culturales de reconocido valor ético y talento intelectual que lograron no quedar asociados en sus gestiones a escándalo alguno de abuso de poder, maltrato a artistas o prácticas de corrupción.
Todo lo contrario. Pensemos, por ejemplo, por sólo nombrar a figuras referenciales, en el agradecimiento con el que se recuerda al poeta Juan Liscano, primer director del Servicio Nacional de Folklore en 1946; al gran ensayista Mariano Picón Salas, fundador del Instituto de Cultura y Bellas Artes en los años sesenta; o, salvando los prejuicios que genera su relación con el actual Gobierno, el que se tiene por José Antonio Abreu, fundador del Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles en 1975 y eficiente presidente del Conac durante el segundo ejercicio de Pérez.
Pero esa tradición, que mantenía la gestión cultural un tanto al margen del proceso de envilecimiento que fue corroyendo el aparato estatal venezolano, también llegó a su fin. Y el encargado de iniciar la nueva era ha sido Francisco Sesto, el primer ministro de cultura de la logia militar que nos gobierna.
Quienes, desde el campo de la cultura y las artes, adversamos al Gobierno bolivariano veníamos señalando el carácter arbitrario y personalista de la gestión de Sesto; el ensañamiento vergonzante en destruir la institucionalidad construida durante la etapa democrática, especialmente el sistema de museos nacionales; la voracidad centralizadora para quitarle autonomía a lo que Abreu y sus equipos se habían empeñado en desconcentrar y descentralizar; la obsesiva persecución ideológica desatada contra los artistas, grupos y asociaciones culturales no afectos al régimen; la utilización de los recursos públicos para promover impúdicamente su dudosa creación artística personal, y el evidente desconocimiento de las técnicas de la gestión cultural que ha tornado el aparato público en un capítulo extremo de la improvisación.
Pero lo que no formaba parte del expediente que colectivamente hoy le arman trabajadores culturales de diversas disciplinas, era que el arquitecto Sesto ha incurrido también en las tristes y moralmente degradantes artes de la corrupción que, según la prédica oficial, se suponían monopolio de la democracia bipartidista. Es de lo que nos hemos enterado en estos últimos días.
Gracias a una extraordinaria pieza de buen periodismo de investigación firmada por Lisseth Boon en El Mundo ("Entorno del ministro Farruco construye mausoleo para el Libertador", 09/03/11) y a un editorial de Teodoro Petkoff en Tal Cual ("Farruco Sociedad Anónima", 14/03/11), sabemos ahora que el, hasta el sábado pasado, ministro de cultura es el factótum de un consorcio todopoderoso que se ha ido apropiando poco a poco de jugosos contratos oficiales que, violando las leyes de licitación de obras públicas y utilizando el poder personal y la influencia que a fuerza de halagos ha logrado sobre el jefe único, ha asignado a dedo a las empresas de sus socios de años, de las que, sustituyéndole o representándole, ha formado parte también su hermano mayor.
Francisco Sesto, es lo más seguro, no será investigado por la Fiscalía General ni por la Asamblea Nacional. Hugo Chávez protege como fiera a sus incondicionales. Nada lo detiene. Pero como la opinión pública independiente todavía existe, sobrevive, es el término adecuado, un juicio popular ­ya no hay retorno­ ha comenzado. En el futuro Francisco de Asís Sesto dará mucho de qué hablar. Por ahora Petkoff lo ha bautizado "pillastre". Sesto no se ha defendido aún.

Infografía: El Nacional, Caracas, 17/05/13.

domingo, 18 de marzo de 2012

CHÁVEZ-GRADO


EL NACIONAL - Domingo 18 de Marzo de 2012 Ciudadanos/1
URBANISMO Piden que se abra un concurso público para la construcción de parque Simón Bolívar
Desde el Gobierno rediseñan la ciudad sin consulta
Expertos afirman que el Ejecutivo desestima la participación ciudadana en las propuestas para cambiar el rostro de Caracas
MAOLIS CASTRO

La modificación de la capital está en boceto. El mausoleo que se destinará al Libertador y la construcción de viviendas en el parque Paseo José María Vargas no son los únicos cambios en el rostro de la ciudad, pues ya se anuncian otras transformaciones en el paisaje urbano.

Francisco Sesto, ministro del Estado para la Transformación Revolucionaria de la Gran Caracas, desarrolla, a través de la Fundación Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales, el conjunto de la Plaza de la Revolución, la escultura monumental del Waraira Repano de 80 metros de altura, el parque Simón Bolívar de La Carlota, la renovación del Foro Libertador, la ampliación del parque del oeste Alí Primera y faros miradores en 7 barrios, entre otros.

Sobre esos proyectos no se tiene mayor información, sino la suministrada por Sesto en su blog o en entrevistas a medios progubernamentales.

Guillermo Barrios, decano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, opina que la falta de consulta pública en la transformación de la capital puede ocasionar caos. "Para que una ciudad crezca armónicamente debe tener un plan en el cual participen distintos sectores de la sociedad. Se necesita de la visión e, incluso, de la crítica de grupos académicos, comunidades y alcaldías, entre otros. En Caracas se requiere diálogo democrático porque se cuenta con cinco municipalidades. Sin diálogo, lamentablemente, no hay ciudad", dijo.

Grandes inversiones. Para María Isabel Peña, directora del Instituto Urbanístico de la UCV, la mayoría de las obras no atienden las prioridades de Caracas. "En la ciudad hay dos necesidades que no han sido asistidas: seguridad y movilidad. No hay excusas para destinar grandes montos a la edificación del mausoleo del Libertador, por ejemplo, cuando tenemos tantos problemas. En lugar de ello, se pudo remodelar el Panteón Nacional", explicó.

En el mausoleo del Libertador, localizado en el centro de la ciudad, se han invertido 337.472.720 bolívares. Pese a que la obra debió estar lista antes del 17 de diciembre de 2011 ­fecha en que se conmemoraban 181 años de la muerte de Simón Bolívar­, la mitad de la fachada todavía está descubierta.

Barrios no duda de que la obra se convierta en un saco roto para el país.

"Seguramente ya ha duplicado el cálculo del presupuesto inicia l (119,5 millones de bolívares). Cuando los proyectos de arquitectura no están organizados se pone en peligro el presupuesto.

Cumplir plazos es importante en arquitectura, pero más para las finanzas de la nación.

El problema es que todo se ha llevado de forma muy opaca", precisó.

Otro proyecto, anunciado en julio del año pasado, que apenas asoma indicios de empezar a construirse es el parque Simón Bolívar de La Carlota. El 2 de agosto de 2011 fueron aprobados 100 millones de bolívares, según Gaceta Oficial número 39726, para iniciar la obra. El pasado domingo se instaló una planta de concreto en el lugar.

A juicio de Alejandro Vivas, presidente del Cabildo Metropolitano y de la Comisión de Desarrollo Urbano, el problema de esos proyectos está en la falta de transparencia. "Ninguna de las obras se ha llamado a concurso, lo cual viola las leyes de contrataciones públicas. Cuando se anunció la inversión del parque Simón Bolívar de La Carlota, las organizaciones civiles pidieron que se ofreciera información sobre lo que iba a suceder en el proceso de construcción.

Sin embargo, hace unos días se supo, de forma sorpresiva, que instalaron la planta de concreto. Por eso, la Alcaldía Metropolitana, el Cabildo Metropolitano, un grupo de arquitectos y urbanistas y los vecinos nos reuniremos para debatir sobre el asunto en el cual no hemos tenido participación", señaló.

martes, 10 de mayo de 2011

EL OTRO COLAPSO


De la confortable posición de Farruco
Luis Barragán


Radicalmente diferente al ejercicio ministerial de las décadas anteriores, los titulares de hoy simplemente no acuden al foro parlamentario para exponer sus intenciones y pretensiones. Le basta al partido de gobierno que la expongan al Comandante-Presidente en el breve tiempo del que dispone para atenderlos, habida cuenta de los innumerables despachos existentes.

Farruco Sesto, ejecutivo versátil, tampoco está obligado a responder a los señalamientos públicos. Queda la duda flotante, siendo imposible despejarla por la vía institucional, la que suponemos propia de la democracia participativa y protagónica que tenemos.

En la reciente sesión ordinaria de la comisión permanente de Cultura y Recreación de la Asamblea Nacional, insistimos en invitar al ministro Sesto para que explicara los alcances de la llamada “Transformación Revolucionaria de Caracas”, gigantesca empresa de remodelación que puede afectar nuestro patrimonio histórico, cultural y arquitectónico. Tratamos de una comisión especializada, instancia en la que puede profundizar la materia cultural como política pública que – inevitablemente – es, para propios y extraños, más allá de los ardides mediáticos, pero – colegimos – se niega a renunciar a la confortable posición que ostenta, gracias a una bancada oficialista que, en trance revolucionario, rechaza el mismísimo espíritu de la Constitución.

Constatamos, con la transcripción de la aludida sesión en mano, la claridad de nuestra propuesta imposible de confundir con un acto de provocación, pues, ya que no explica la política cultural del gobierno, debe hacerlo en un área específica como es la recuperación o preservación del patrimonio cultural, histórico y arquitectónico de nuestras grandes ciudades. Y, convengamos, la comparecencia a una o más plenarias de la Asamblea Nacional, no lo releva de la interpelación sobre asuntos específicos, haciendo caso del más básico derecho parlamentario, en una comisión de trabajo que puede oírlo, ya que se piden razones y no necesariamente significa una suerte de enjuiciamiento.

Planteamos el caso del edificio Toki-Eder, ubicado en la jurisdicción de Chacao, amenazado por una demolición subrepticia, pieza excepcional de la arquitectura neovasca en Venezuela, construida en 1940, como un testimonio o ejemplo de preocupación personal. Sin embargo, yendo de lo particular a lo general en nuestra formulación, los parlamentarios oficialistas se negaron a invitar al señor Sesto, ministro de Cultura y gran transformador del medio físico caraqueño, de recordar un poco a aquél régimen de los cincuentas que lo hizo.

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/8118-de-la-confortable-posicion-de-farruco

jueves, 5 de agosto de 2010

la crisis venezolana de los museos ... venezolanos


EL NACIONAL - Sábado 31 de Julio de 2010 Papel Literario/2
Sobre la crisis de los museos
Funcionario con ínfulas de artista
JULIO PACHECO RIVAS

Lo peor que puede ocurrirle a las artes visuales, desde el punto de vista del desarrollo de una gestión museística o del diseño de una política que regule la actividad, función y misión de los museos, es la llegada al poder de un funcionario con ínfulas de artista; de un individuo que pretenda manejar el arte, su forma de mostrarlo, su sentido, su valor y lectura históricos en tanto que elementos de expresión particulares; materiales para la ejecución de una obra, de un gran fresco personal.

Si a esta lamentable fatalidad unimos (se acumula en este personaje y signa su desempeño en la dirección de nuestros destinos culturales) una orientación política autoritarista, con una clara voluntad de cambiar a su provecho la lectura histórica de nuestro arte nacional, entonces, el cuadro, ese paisaje, literal y plásticamente hablando, no puede ser más desalentador: eso nos está ocurriendo.

Y claro, no se trata de un fenómeno aislado, exclusivo a nuestro medio. Es una vasta simetría. Como es arriba es abajo; como es a un lado es al otro. Nuestro país vive bajo ese signo.

Pero Farruco --hay que decirlo-- es particularmente letal: como sabe que no cuenta con un mínimo apoyo de los artistas; que no tiene siquiera el quórum necesario que le permita disponer, usar el arte nacional vivo, actuante, para el logro de su "diseño magistral", decide entonces, o pretende, anularlo mediante la confusión, asumiendo por arte cualquier ejercicio de embadurnamiento y amontonándolo todo en el primer container del cual se tuvo noticia en este gobierno: La Megaexposición.

Digo que actúa con ínfulas de artista al ejercer su poder, pero uno se queda con la impresión de que la inspiración no le llega y él se contenta entonces con dañar lo que encuentra a su paso mientras le viene la musa. Entretanto, el arte nacional emergente debe sobrevivir a la vorágine, inventando fórmulas de fortuna, en un país que disponía tan solo ayer de una infraestructura museística envidiable. Y la colección de arte nacional tiene un atraso de, al menos, nueve años que será, sin duda, solventado en el futuro, aunque quién sabe a qué precio.

Sería delicioso detenernos aquí, tras descargar la totalidad de ese cúmulo de culpa sobre el gorro, la capucha de Farruco, el verdugo. Sin embargo, debemos aceptar que el público comenzó a desertar de los museos desde mediados de los noventa. Era ya tema de preocupación en esos días la realidad de ese fenómeno.

Y por parte de los artistas, igualmente, comenzó a perfilarse una deserción, cierto desamor, cuando comenzamos a preferir desde entonces la posibilidad de una exposición personal o colectiva en los espacios del Consolidado (hoy Corpbanca) y luego en el TAC o Trasnocho Cultural.

El centro nos comenzó a oler mal, nos comenzó a dar miedo, y lo abandonamos.

Hoy, este ha devenido ya un tema de pánico o de paranoia: a cada quien de juzgar, escoger o definirlo.

Pero también hay una actitud opositora muy primaria, una actitud autodestructiva, autoflagelante, que busca demostrar nuestra rabia ejerciéndola sobre nosotros mismos, abandonando los museos, no visitándolos, no exponiendo.

El arte no se detiene, nadie podrá lograrlo. Inventa siempre nuevas formas de contacto con el público, y eso es lo que está ocurriendo. Nuevos espacios alternativos surgen, como la Organización Nelson Garrido, El Anexo en San Bernardino, el querido Ateneo o, incluso, tan galantes, como los sifrinos galpones de Los Chorros o Periférico del Este.

Se inventan muestras en espacios precarios, redimensionados con la carga sensible del arte y algunas ga ler ías asumen ta reas propias de los museos como por ejemplo la mínima y hermosa antológica de Yenni y Nan en la Galería Faría+Fábregas.

En eso estamos: es una real revolución la que hoy se produce en la relación del artista y su público a pesar de los obstáculos oficialistas; es la historia viva de nuestro andar a través de ésta pesadilla. Será recogida y mostrada en los museos, cuando vuelvan, en un futuro tal vez indeterminado, pero lo será.

La estamos escribiendo: debemos hacerlo bien.

Museos sin colecciones

SAGRARIO BERTI

E stamos reunidos para analizar las políticas impuestas por el Estado a los museos nacionales. Especialmente para discutir la decisión de Farruco Sesto, en sus últimas declaraciones a la prensa no oficial, cuando habló de desintegrar o despedazar las colecciones, pa ra concentra r todas las obras en un solo depósito. Los museos ya no serán responsables de sus colecciones, la administración de las mismas estará a cargo de la Fundación Museos Nacionales.

En principio, esto nos preocupa puesto que no sólo los museos pierden su especificidad, su especialidad e identidad, sino también porque las obras estarán almacenadas en un depósito que todavía no ofrece las condiciones adecuadas para la preservación y conservación de obras. Desde un punto de vista histórico, podría decirse que esta decisión equivale a un viaje a los siglos XVI y XVII, cuando en Europa aparecieron los abarrotados gabinetes de curiosidades. Esta política equivale a abolir más de doscientos años de tradición museística.

Me parecen especialmente preocupantes las consecuencias sobre los archivos y registros, responsables del historial de cada pieza. ¿Trasladarán las obras con sus expedientes? ¿O bien los documentos permanecerán en los centros de documentación de cada una de las nuevas salas de exposición, alejados de sus referentes? ¿Tendremos los investigadores que movilizarnos de un edificio a otro tratando de cotejar información? Esto es preocupante porque si es absurdo un museo sin colecciones, también lo es la existencia de colecciones sin expedientes, sin historia o memoria. Las obras poco significan por sí solas, desvinculadas de sus papeles de identidad. El archivo se ha convertido, en los últimos 20 años, en fuente de prácticas artísticas que repiensan, reinterpretan y reconfiguran el museo como medio y subvierten el discurso de la modernidad.

Voy a ilustrar el por qué de estas inquietudes.

I. En el archivo de los museos hay documentos que describen la procedencia de las obras, certifican su adquisición, donación o custodia, así como sus traslados por razones de investigación, conser vación o préstamo.

También incluye indicaciones de instalación y montaje de las piezas, recomendaciones para su preservación. Es el custodio de la biografía de cada pieza, de su memoria y trayectoria.

II. La metodología curatorial actual no tiene por único destino el promover una determinada lectura. El investigador contemporáneo sabe que el significado de las obras reside en ese amplio contexto que las define y que le permiten estimular actos interpretativos en el espectador y así capacitarlo para interactuar y abandonar el pasivo papel de simple consumidor de cultura.

III. En diez años se ha venido amputando y obstaculizando la práctica artística dentro de los museos. Se ha abandonado otra de las tendencias que distingue al arte contemporáneo, como son las intervenciones in situ, con su potencial de cuestionamiento y reinterpretación del museo como institución, y sus prácticas codificadas. Han escaseado las propuestas de construcción y deconstrucción de salas de exposición y no se les brinda a los artistas la oportunidad de ser activos asesores dentro de las instituciones. Ha desaparecido el objetivo de fracturar la rigidez decimonónica del discurso museal.

Las nuevas medidas anunciadas, de llegar a aplicarse, condenarían a los museos a la depauperación y a una regresión segura a formas primitivas y estériles de exhibición de obras. Primero: el despojamiento de sus colecciones transforma a los museos, de facto, en meros espacios expositivos.

Pero también porque entre las funciones que hacen de los museos organismos insustituibles destaca precisamente la de promover y estimular la investigación curatorial e historiográfica y ofrecer, tanto al artista como al público, la posibilidad de diversificar y enriquecer su concepción del arte.

A lo que nos enfrentamos es al proyecto de implantar un sistema que, además de rígido y excluyente, será incapaz de generar no sólo nuevas audiencias, sino que también impedirá la práctica artística cuestionadora.

Reporte del decaimiento
GRACIELA PANTIN

I. Antecedentes Desde inicios de la década de los setenta, el sistema cultural venezolano experimentó un interesante desarrollo.

Venezuela llegó a ser referencia internacional por la importancia del apoyo del Estado a su desarrollo cultural, por la pluralidad de sus instituciones y la riqueza de sus programaciones culturales.

II. Situación actual Es imposible ocultar el decaimiento letal sufrido por los museos nacionales en los últimos 11 años.

Entre las consecuencias de esta deplorable y crítica situación podemos señalar: la disminución de sus recursos presupuestarios, el abandono de sus edificaciones, la desatención a su personal y, sobre todo, la prelación del adoctrinamiento ideológico del régimen sobre los criterios artísticos.

La estocada decisiva se la impusieron cuando en 2005 crearon la Fundación Museos Nacionales, una supra estructura de gestión y administración que no sólo cercenó su autonomía administrativa y programática, sino también su identidad gráfica al suprimir sus logos y emblemas llevándolos a una torpe uniformidad.

Revisemos algunos datos que describen la situación interna de los museos que amenaza con conducirlos hacia su fatal destrucción:

a) De su presupuesto: Estos son asignados por los altos niveles del Ministerio, no elaborados a partir de los planes, necesidades y proyectos de las instituciones.

Sus montos son exiguos y se les está prohibido acudir a fuentes alternativas de aportes de financiamiento de otros entes gubernamentales y mucho menos del sector privado.

Paradójicamente se les exigen resultados cuantificables.

b) De su personal: Las insuficientes remuneraciones a los trabajadores y profesionales ha contribuido a una pérdida de los cargos fijos y su respectiva congelación, traduciéndose en un incremento de los contratados, lo cual genera alta rotación en el personal, desvíos de los esfuerzos de formación y capacitación y gran sentimiento de inestabilidad y desapego institucional.

Actualmente hay prohibición de ingresos y de ascensos. En la mayoría de los casos la selección del personal es arbitraria y no se respetan las recomendaciones de los especialistas internos.

c) De la planificación y producción de materiales de apoyo: La actividad expositiva es organizada sobre la marcha, no existe la programación planificada que permite el tiempo necesario para la investigación, documentación y apoyo mínimo que requiere el trabajo museístico.

d) De las colecciones, circulación restauración, conservación y seguros Los depósitos de los museos están en malas condiciones: filtraciones, goteras, ausencia de aire acondicionado. No han sido fumigados y, al exigirles abrir todos los días, acabaron con el requerido día libre reglamentario para su mantenimiento.

No hay talleres de restauración. Sólo quedan el del Cruz-Diez y el de la GAN en su vieja sede, que ya se está desmontando.

Hasta ahora, las colecciones están y viajan aseguradas, pero se omite el courrier responsable, como fue el caso de la Bienal de Venecia donde, sin embargo, sí viajaron las comitivas oficiales.

e) Del acceso y uso de las tecnologías digitales: No todos los museos poseen acceso a Internet, menos están dotados de intranet y sus equipos no están adaptados a las últimas tecnologías. Tengo entendido que los últimos fueron adquiridos en el 2008 y sólo para el uso de un pequeño grupo. Las impresoras pocas veces poseen tinta y las fotocopiadoras se dañan y no hay recursos para solicitar su mantenimiento.

III. Conclusión Esta somera descripción de las crisis que afectan a nuestros museos hoy nos hace pensar que estamos décadas atrás de los avances, ventajas y facilidades que dispone cualquier museo del mundo.

Es necesario despertar conciencia, i n for ma r y sensibilizar a la nación sobre esta gravísima crisis que viven nuestros museos nacionales.

Y, como dijo un conocido líder uruguayo, el puente entre hoy y el mañana será largo y difícil de cruzar.

Exigirá sacrificios, esfuerzos, pero se los debemos a nuestros hijos y nietos.

No creo que haya tarea mayor ante nosotros.

Fotografía:
Manuel Sardá (El Nacional, Caracas, 31/07/10)

obligado contraste


EL NACIONAL, Caracas, 22 de Octubre de 1996
El prodigio del Maccsi
ARTURO USLAR PIETRI

El Museo de Arte Contemporáneo Sofía Imber, de Caracas, en el más estricto sentido de la palabra, es un prodigio. Cuando se fundó, en 1973, los museos venezolanos estaban casi totalmente limitados a la exposición de obras de artistas nacionales. En ninguno de ellos existía ni un cuadro, ni una escultura, de los grandes autores que crearon la modernidad del arte a partir de comienzos de este siglo.

Sólo en algunas colecciones privadas era posible contemplar obras de artistas como Picasso, Léger, Braque, Matisse o Miró, para no nombrar sino algunos.

Habría que señalar también, con toda justicia, la admirable presencia de esculturas y vitrales que, comenzando por el gran nombre de Calder, logró reunir en los espacios de la Ciudad Universitaria de Caracas el seguro gusto del arquitecto Carlos Raúl Villanueva.

Se había llegado casi a la resignación de renunciar a la posibilidad de que las obras de esos grandes creadores llegarán algún día a nuestros museos. Bastaría recordar el revuelo que se hizo ante la acaso inaccesible posibilidad de que se adquiriera, para un museo nacional, un retrato de Madame Cézanne que se ofreció en una exposición itinerante. Fue una frustrada tentativa que terminó en desengaño ante la imposibilidad de reunir, de las más diversas fuentes posibles, el monto del precio.

Como todos los prodigios, éste también se produjo inesperadamente y de manera casi inexplicable. Un buen día Sofía Imber, excelente periodista, conocedora de arte y un dínamo de energía y de capacidad creadora, logró que una institución oficial como el Centro Simón Bolívar, constructor de edificios y obras públicas, cediera, en la inmensa estructura de Parque Central, algún espacio para que Sofía Imber, con la eficaz ayuda de su marido, Carlos Rangel, iniciara casi subrepticia e inadvertidamente la fundación de un museo de arte contemporáneo en Caracas.

Lo que logró, con el más tenaz e iluminado esfuerzo, sostenido año tras año, fue que aquella agencia gubernamental, ajena al mundo de las Bellas Artes, se convirtiera en el patrono y en el mecenas de un gran Museo de Arte Contemporáneo, que es hoy uno de los más notables y ricos de toda la América Latina.

Fue una saga de lucha tenaz, de voluntad inquebrantable y arrolladora, de perseguir fines que parecían inalcanzables, la que desarrolló esa mujer excepcional para lograr, en un corto número de años, que se formará en Caracas, milagrosamente, un gran Museo de Arte Contemporáneo, uno de los más ricos y completos del mundo, para darle a los venezolanos la posibilidad de la presencia inspiradora, aleccionadora y educativa del más valioso arte del mundo moderno.

Para los que vivimos la Venezuela de la penuria de los museos, hojear el catálogo de esa increíble institución adquiere la dimensión de un deslumbramiento inagotable. Están allí hoy representados decenas y decenas de los más grandes artistas plásticos del arte contemporáneo. No sólo en obras aisladas sino en conjuntos creativos que permiten seguir el sentido de su evolución y de su búsqueda individual. Están allí Picasso, Miró, Matisse, Poliakoff, Rauschenberg, Vasarely, Adami, Labers, Bacon, Braque, Calder, Chagall, Dubuffet, Herbin y Kandinsky, para sólo nombrar algunos de los más resonantes.

Están también, desde luego bien representados los principales artistas venezolanos contemporáneos: Reverón, Cabré, Narváez, Soto, Otero, Cruz Diez, Jacobo Borges y Zapata.

Todos los días centenares de personas de los más diversos niveles culturales visitan con curiosidad, con asombro y con indudable provecho aquella serie de muestras de lo más valioso del arte contemporáneo. Es inmenso el valor educativo, la formación de la sensibilidad, la ampliación del gusto y la curiosidad intelectual que una institución como ésta ofrece inagotablemente. No es sólo admirable lo que muestra, sino cómo la muestra, con la más exigente técnica museística y los numerosos servicios complementarios, como los archivos y la biblioteca, además de los modernos depósitos que constituyen el conjunto de esta gigantesca empresa cultural que prodigiosamente ha surgido en Venezuela.




EL NACIONAL, Caracas, 27 de Junio de 1997
La UCAB aplaudió la obra de Sofía Imber
``No temo pertenecer a una minoría''
YASMIN MONSALVE

La Universidad Católica Andrés Bello, a través de la Escuela de Comunicación Social, rindió ayer un homenaje a Sofía Imber, periodista y directora-fundadora del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, en el acto ``Sofía, Una obra''. Esta trabajadora incansable, de menuda humanidad e implacable con la puntualidad, escuchó desde su silla las palabras de elogio que le brindaron el rector de la UCAB, Luis Ugalde; Patricia Guzmán, directora de la Escuela de Comunicación Social; Pedro León Zapata, artista plástico; y Simón Alberto Consalvi, ex-canciller.

Patricia Guzmán, explicó que ``con este acto queremos expresar público reconocimiento a la obra de Sofía Imber y no hay allí un gesto arbitrario, al contrario, de esa forma se pone énfasis en la labor esencial de comunicación de esta universidad. A Sofía Imber nadie le discute su obra, es por eso que siempre de alguna forma estamos en deuda con ella''.

Para comenzar a saldar la deuda con Sofía Imber, fueron invitados a dar testimonio de su trayectoria a Simón Alberto Consalvi, quien la retrató como la periodista ``intransigente'' que ha desarrollado una carrera en la prensa, la televisión y la radio, durante 54 años consecutivos; y a Pedro León Zapata correspondió ``dibujar'' a alguien a quien conoce muy bien.


GRITO DE GUERRA


Para el ex-canciller Simón Alberto Consalvi, quien comentó que ``ni en la Cancillería he visto reunidos tantos embajadores'', al saludar la presencia de los representantes diplomáticos de España, Suecia, México e Italia, ``referirse al periodismo de Sofía Imber es más difícil que hacerlo de su papel en aras del mundo del arte. Lo segundo se origina de lo primero, porque ella llegó al arte con el periodismo''.

Continuó Consalvi ``Yo, la intrasigente'' es el grito de guerra, el santo y seña de Sofía Imber en el periodismo, así título su columna durante muchísimos años. Sofía vivió y participó de una época estelar del periodismo venezolano, que surgió a la muerte del general Juan Vicente Gómez y tengo la temeridad de que nunca más vivirá el periodismo una época como esa''.

El relato de Pedro León Zapata se inició de esta manera: ``Uno de los primeros artistas con quienes me relacioné cuando comencé a estudiar fue Salvador Dalí, gloria del arte universal. Al leer su ``Vida Secreta'' me convencí de que era un genio, cosa de la que él también estaba convencido. Dalí era un pintor y escritor de calidad extraordinaria y un hombre -esto si es un lugar común- de una imaginación increíble. Allí, en su ``Vida Secreta'', él contaba lo que le ocurrió cuando estudiaba en la Academia de San Fernando, al presentar un exámen de esos que uno saca un número. El no sabía nada y decidió estudiar sólo un tema: Grecia. Se convirtió en un verdadero experto en arte griego y cuando llegó frente al jurado y le dijeron `saque el número', el sacó el correspondiente a Grecia. El se paró y dijo que no sabía nada de Grecia. Eso fue lo que yo sentí cuando me invitaron a hablar de Sofía, me dieron ganas de decir `No sé nada de Sofía', porque es un tema que aunque no he profundizado tanto como Dalí a Grecia, todo el tiempo he estado siguiendo sus pasos en el campo del arte y en el museo''.

La directora-fundadora del Maccsi agradeció el gesto de la Universidad Católica Andrés Bello. ``Defiendo el hacer, no el soñar ni el elucubrar'', dijo Imber, agregando que los periodistas ``no deben tener actitudes y si acaso las tienen, que sean la inconformidad y la rebeldía. No temo a pertenecer a una minoría, no temo a ser diferente. Eso es algo que le he inculcado a mis hijos y a la gente con quien trabajo'', dijo finalmente Sofía Imber.



EL NACIONAL, Caracas, 5 de Diciembre de 1998
Todo el Maccsi sin pausas electorales
El Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber ofrecerá mañana sus servicios en horario normal mientras se llevan a cabo los comicios presidenciales. Así, el público podrá recorrer sus 14 salas dedicadas a la creación vernácula, descubrir los diseños de Enrique Larrañaga o curiosear por las tiendas, la librería o la biblioteca

Seis entradas permiten que los visitantes accedan desde diferentes puntos de Parque Central a las salas de exposición del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber. Y estas seis puertas permanecerán abiertas mañana, mientras se realizan las elecciones presidenciales.

Fiel a su compromiso de acercar el arte actual al público, el Maccsi mantendrá abiertas sus salas en horario normal: de 10:00 am a 6:00 pm, así como la biblioteca: de 8:00 am a 3:00 pm, la Plaza de las Esculturas, sus tiendas y la librería especializada en material artístico.

El menú que ofrece la institución está integrado por una muestra-homenaje a María Teresa Castillo. En las salas 1 a la 14 la colectiva Arte en Venezuela. Obras de la Colección", exhibe obras de Carlos Cruz-Diez, Paúl Klose, Mateo Manaure, Gego, Jesús Soto, Eugenio Espinoza, Víctor Hugo Irazábal, Cruxent, Sydia Reyes, Juan Calzadilla, Luisa Ritchter, Diego Barboza y otros destacados creadores.

También se puede recorrer el espacio arquitectónico que Enrique Larrañaga y Vilma Obadía han denominado "Lo óptico y lo háptico" (Sala 16), en la cual se encuentra una serie de planos, fotografías y maquetas de proyectos y obras como el "Plan parroquial de ordenamiento urbano de La Candelaria", la propuesta para el "Concurso Internacional Salem Witchtrials Tercentennar y Memorial", la proposición para el "Concurso de ampliación del Museo del Prado en Madrid", el "Desarrollo residencial La Ciudadela, en Cagua", y un grupo de casas y locales comerciales en Caracas, así como piezas de mobiliario, artefactos utilitarios, dibujos y collages.

Los amantes de la naturaleza podrán recorrer el Jardín de las Esculturas, donde se encuentra el trabajo de creadores como Lynn Chadwick, Marcos Salazar, Narváez, Juan Bordes, Mailen García y Eduardo Ramírez Villamizar, así como los pasillos de Parque Central donde resaltan piezas de la Colección Maccsi, entre ellas los murales de Soto y las estructuras ambientales de Gego. Y finalmente, los investigadores y estudiantes podrán utilizar los servicios de la primera biblioteca de arte creada en el país, la Biblioteca Sofía Imber, cuyo archivo computarizado permite acceder a una amplia información sobre el área.

Arte insular Venezuela: destino posible para la plástica cubana es la muestra que, desde el pasado 29 de noviembre, reúne en la Sala Cadafe (extensión oeste del Maccsi), el trabajo de artistas nacidos en Cuba que viven y crean en nuestro país desde hace 10 años.

Pinturas, esculturas, fotografías e instalaciones realizadas por Marta Limia, David Palacios, Sonia Pérez, Eberth Pérez, Félix Suazo, Ermy Taño, Nikolto von Lara e Isabel Sierra, dan cuenta de lo ya avistado por el investigador y escultor Félix Suazo: "Caracas, más discreta que sus homólogos del continente en materia cultural, ha sido un sitio tanto de tránsito como de residencia definitiva para los artistas cubanos de las promociones recientes. Es, entre todas las capitales a las que ha ido a parar el arte cubano, la más extrovertida y menos polarizada".

Según explica la artista y galerista Marta Limia "el grupo está constituido por creadores que llegaron a Venezuela a partir de los años 80 cuando se formó un revuelo de artistas plásticos y el gobierno cubano aceptó que éstos salieran del país y trabajaran en otros lugares sin renunciar a su ciudadanía (...) Hay una variedad de disciplinas y tendencias. Algunos pertenecen al llamado boom de los años 80 como Félix Suazo, un curador que trabaja con una teoría contemporánea sobre la escultura; Nicolás Lara, un pintor, grabador, fundador del Taller de serigrafía artística cubana "René Portocarrero", que desde la pintura trata de manifestar un panorama de fuerzas convergentes dentro de la cultura (como la pintura popular y el expresionismo alemán), y Ermi Taño, quien formó parte del Grupo Puré (conformado por cinco artistas) que tocó los problemas estéticos de la pintura utilizando el kitsch como elemento fundamental de expresión".

A partir de estas tres tendencias generales (el arte conceptual de Suazo, el arte de calle, de Lara, y el terreno intermedio de Ermy Taño) se puede estudiar a los demás integrantes de Venezuela: destino posible para la plástica cubana, cuyas propuestas están fundamentalmente basadas en la pintura, el dibujo y la fotografía. Todos son integrantes del Sistema Nacional de Escuelas de Arte de Cuba y en Venezuela comparten su actividad creadora con la publicidad, la pedagogía, el diseño y la restauración.


EL NACIONAL, Caracas, 22 de Febrero de 2001
De la manera acostumbrada
Ildemaro Torres

¿Sofía Imber?, ¡fuera!; ¿María Elena Ramos?, ¡fuera!; y otro y otro directivo de las instituciones culturales más importantes del país, ¡fuera!; y todos ellos enterándose de su destitución a través del programa radial dominical del primer locutor de la nación. Y es que, como bien sabemos, el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela parece no conocer otra manera de tratar a la gente, a despecho de cuán respetable pueda ser ésta o cuán meritoria sea la obra que haya realizado; su opción es el irrespeto y más aún la humillación y la burla, como se empeña en demostrarlo.

Un hecho cierto es que en conductas o medidas como las asumidas oficialmente en esta oportunidad, siempre quien las ejecuta requiere y tiene a mano un fiel servidor, que le prepara en bandeja los basamentos o justificaciones para proceder a hacer lo que en el fondo ese eficiente asistente desea que suceda, pero que obviamente por sí mismo no puede materializar; movido por un sincero deseo de cambios, o como el típico personaje que se frota las manos con gozosa fruición, haciendo creer que lo hace solamente por el contento que le produce servirle a su señor, cuando lo que en realidad celebra en su intimidad es una de estas dos cosas: al fin drenar por interpuesta persona sus propios rencores, frustraciones, envidias, y tantas otras expresiones de pequeñez, o sentirse en posesión de un supuesto poder, sin medir que en la realidad es escaso, circunstancial y efímero. "¡Asumo la responsabilidad!", dijo la mano derecha cultural del jefe.

¡Bravo!, pero ¿qué significa eso hoy?, cuando las posibilidades de réplica son mínimas y el eventual logro de una rectificación se da por inexistente, como hace sentirlo la forma de aplicación de la mencionada medida. Una vez más ha sido de gran ayuda el recurso semántico, que tanto gusta a este Gobierno, y así como los damnificados pasaron a ser por verbo presidencial "dignificados", ahora en vez de admitir que Sofía Imber y otras destacadas figuras gerenciales fueron literalmente "sacadas" de sus cargos, o "ponchadas" por nuestro lanzador estrella, el asesor cultural nos habla de directores "relevados", transformando el típico madrugonazo en "un relevo dentro de un sano ejercicio de alternabilidad"; relevo que por lo demás en circunstancias normales es lo deseable. El mismo funcionario, en alta voz y elocuente además en su lenguaje corporal (hombros echados hacia delante, boca torcida y puños apretados), al describir la que denomina "nueva gerencia cultural", de una vez se refiere y ubica a quien tenga alguna objeción al proyecto cultural revolucionario, en términos de "Allá quienes tienen posiciones contrarias a los intereses nacionales, porque con este proceso de transformación no habrá nada oculto".

Decididamente el comandante en jefe, que va mucho más adelante que cualquiera de nosotros los ciudadanos corrientes, acaba de poner en marcha su revolución cultural. Se entiende sin embargo -y es una de las cosas que preocupa- que un revolucionario que en verdad lo sea, en cuanto a su formación, visión, y proyecto concreto que fundamente su lucha, conoce muy bien aquello que se propone transformar y tiene aún mayor claridad en lo que se plantea crear; y uno se pregunta ante desplantes como éste con el cual él le ha dado inicio a su revolución de la cultura, cuál es su conocimiento real al respecto, cuánta profundidad hay en sus análisis acerca de ese mundo, cuál ha sido su vinculación previa con ese ámbito en el cual incursiona ahora a paso de bravucón, ganado más para el atropello que para el diálogo. Coherente, eso sí, en cuanto a su manejo del asunto en los términos beisboleros que le son realmente familiares; y cabe preguntar hasta dónde, una vez que anunció que se trataba de cambios "en el bullpen", no se estará imaginando que la política cultural lo que requiere es, y bastaría con eso, un pitcher como él trepado en la lomita.

De hecho, todo ha sucedido dentro del estilo conocido, de la manera ya acostumbrada; y a decir verdad, nada nos debe sorprender, porque cualquier cosa es esperable en una revolución cultural que así comienza.


EL NACIONAL, Caracas, 3 de Agosto de 2002
Personas y Personalidades
Sofía Ímber

“Sofía ha vivido su ‘sophia’ en todas las formas posibles, en la prensa, en la radio y en la televisión. En todas ellas ha sido un caso extraordinario de revelar noticias, problemas y personajes. Sin su impertinencia viviente y fecunda seríamos más torpes, más prejuiciados o más ignorantes. Ella nos hace el bien de no dejarnos pertenecer tranquilamente a nada, que es lo mismo que despertar continuamente al hombre que se duerme en nosotros”. Con estas palabras introdujo Arturo Uslar Pietri en el año 1971 el libro de Sofía Ímber Yo, la intransigente (Editorial Tiempo Nuevo) volumen que contenía todas sus columnas del mismo título publicadas durante años en El Nacional. Las palabras de Uslar son lo suficientemente elocuentes para describir lo que ha sido la labor de Ímber en los medios de comunicación del país. Ella describiría luego en el mismo libro su papel de “pelito de tuna”, como le llamaba cariñosamente un amigo, para describir la reputación ganada en toda su vida de “intransigente”. Es licenciada en Periodismo, profesión que ha ejercido desde la prensa, la radio y la televisión y su postura frente al ejercicio de la carrera es tajante: “A menudo los comunicadores, como los llaman hoy, creen que es suficiente con saber preguntar y oír. Yo creo que eso está bien, pero también hay que saber tomar posición” (El Nacional, 28-12-1993). Vivió un año en la ciudad de Bogotá, donde comenzó su carrera cultural al lado de Plinio Apuleyo Mendoza, Germán Arciniegas y Marta Traba y luego se marchó a Francia y Bélgica (1949-1959) junto a su primer esposo, el escritor venezolano Guillermo Meneses, quien se encontraba cumpliendo funciones diplomáticas. Ambos fundaron la revista Crítica, Arte y Literatura (CAL). Bajo una elegante fachada trajeada a lo Chanel Sofía Imber, nacida en Rusia y nacionalizada posteriormente venezolana (llegó a los 3 años de edad), ha sido una de las mujeres más polémicas de la televisión, donde condujo diariamente el programa de corte político Buenos Días (en Radio Caracas Televisión primero y en Venevisión más tarde) junto a su marido Carlos Rangel y a Reinaldito Herrera, quien luego se retiró. En 1968 inauguró el espacio con una entrevista a Arturo Uslar Pietri y, para 1983, el mismo contaba con más de 4600 entrevistas. “(...) Yo creo que lo exitoso de Buenos días fue esa manera de ser sui géneris, de decir lo que pensábamos, de editorializar, de invitar políticos de todas las toldas y de hacer un programa de opinión con la libertad absoluta que teníamos allí” (La Televisión de Venezuela. Los 40 años de Radio Caracas Televisión. Antonio Olivieri, 1992-1993). Incisiva en sus preguntas y en el abordaje al entrevistado, muchos opinan que Ímber llevó siempre la dirección del programa, dejando en momentos opacado a su compañero, mientras otros consideran que ella era la parte frágil del dúo. Sin embargo, la misma Sofía comentó en entrevista realizada por Manon Kübler (Sofía Imber, la intransigente, Grijalbo, 1994): “Nosotros no éramos dos personas, éramos una sola. En cuanto al programa, había temas que él manejaba mejor que yo, e incluso discutíamos en cámara. Pero siento que había mucho equilibrio entre los dos. Carlos y yo coincidíamos en todo (...) ambos deseábamos hacer un buen programa. Lo que es muy raro en Venezuela y aun en el mundo, es que una pareja que trabaje junta todo el día, que comparta el mismo lugar de trabajo, haya llegado a esa empatía”. Más adelante la autora del libro, Kübler, completaría diciendo que Sofía está presente en el periodismo venezolano desde los años cuarenta, cuando comenzó como reportera de Ultimas Noticias. “De modo que podemos hablar de medio siglo, lo cual contado día a día, como debe contarse la vida de los periodistas, son muchos miles de días, de noches sin sueño y de noches de ensueño”. Al día siguiente del fallecimiento de Rangel (15-1-1988), Sofía cambiaría el nombre del programa a Buenos días con Sofía, el cual se mantuvo en el aire hasta 1992. El programa registró los grandes episodios y las grandes controversias del último cuarto de siglo en Venezuela por el que circuló todo el mundo político, convirtiéndose así en uno de los más importantes programas de opinión y al que asistieron personalidades reelevantes a nivel local e internacional. Imber ha tenido también una extensa labor en el ámbito cultural, no sólo como periodista sino como promotora. Su contacto con la vanguardia artística local e internacional, además de su conocimiento de la materia hizo posible que fundara, con un presupuesto de 230 mil bolívares, el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas (MACC) en el año 1974, donde Ímber fue directora. En el año 1990, y por decreto de la Gobernación del Distrito Federal, el MACC pasó a llamarse Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Ímber (Maccsi). Una colección de 4.019 obras de América Latina y Europa, y 650 exposiciones, demuestran el afán cultural que la periodista promovió mientras estuvo al frente de la institución. Con la llegada de la Revolución Cultural, Ímber fue destituida de la dirección del Museo, quedando nominalmente como Directora Vitalicia.

Sofía fue directora de las páginas culturales de El Universal y de la revista Variedades y colaboró en los diarios El Nacional, Últimas Noticias y 2001; El Tiempo, de Colombia; La Nación, de Buenos Aires; Excelsior, de México; y Élite, Páginas, Momento y Kena, de Venezuela. Además, fue productora y conductora del programa de actualidad Sofía, un espacio dominical nocturno en el canal 51 con la participación de entrevistados de los más diversos sectores de la sociedad. Ímber recibió el Premio Nacional de Periodismo en el año 1971.

Fotografía: tomada de la red de redes.

sestomanía


EL NACIONAL - Sábado 31 de Julio de 2010 Papel Literario/3
Sobre la crisis de los museos
Catalepsia museística
ROLDÁN ESTEVA GRILLET

Hasta principio s de lo s setenta del pasado siglo, en Caracas sólo existía el Museo de Bellas Artes como institución vinculada al desarrollo artístico del país.

Desde su refundación, en 1938, con un edificio entre neoclásico y art decó de Carlos Raúl Villanueva, y en particular con sus Salones Oficiales de Arte Venezolano, entre 1940 y 1969, hasta la creación de los nuevos museos de los años setenta, la Galería de Arte Nacional y el Museo de Arte Contemporáneo, ese antiguo y prestigioso museo atesoró la principal colección de arte del país, a la vez que sirvió de sede de una importante serie de ex posiciones de a r te extranjero que contribuyeron mucho a incrementar el gusto por el arte y la formación de nuestros jóvenes artistas. Como una de sus funciones colaterales, cumplió con ceder alternativamente alguna de sus salas para exposiciones de artistas contemporáneos, en momentos en que las galerías comerciales eran escasas, actividad que no dejó de rea lizar cuando éstas abundaron, pero ya escogiendo aquellos artistas consagrados o de vang uardia que las mismas galerías no se atrevían o no les interesaba patrocinar.

Los años ochenta f ueron los años del retorno a la pintura, luego de tanto conceptualismo y performances, pero sobre todo de los salones regionales.

No hubo ciudad capita l del interior que no lanzara su Bienal o su Salón Anual, con la participación de entendidos locales y la invitación de críticos de arte residenciados en Caracas.

Nuevos museos entraron a disputarse el público creciente del arte en Caracas: el de la Rinconada (hoy Alejandro Otero), el Museo de Arte Popular de Petare, el Cruz Diez dedicado a la estampa y el diseño, el Jacobo Borges en el oeste de la ciudad. Todos, sin excepción, fueron eventualmente sedes de exposiciones significativas que originaron polémica y dejaron registrado en sesudos y bien ilustrados catálogos el acontecer artístico el momento. Por si quedaran dudas, la prensa de la época da cuenta de todas estas actividades, con las correspondientes reseñas críticas, entrevistas a artistas premiados o disconformes, o encuestas entre el público asistente, cuando no las mismas declaraciones de alguna de las varias autoridades en cuyas manos estaba el presupuesto o el diseño de políticas.

La llegada de los noventa significó un paso fundamental en la gestión museística, con una generación madura, ya formada, con estudios universitarios y suficiente experiencia en la administración de colecciones y en la curaduría de exposiciones. El paso lógico fue otorgar mayor independencia programática y autonomía gerencial a los principales museos a través de la figura jurídica de la Fundación del Estado. No está de más decir que eran los tiempos del Dr. José Antonio Abreu al frente de la Presidencia del CONAC.

Sin pretender historiar esa década de sana competencia entre los principales museos, que vio crecer sus públicos al tiempo que la calidad de sus exposiciones fuesen traídas del exterior u originadas en el patio, lo cierto es que todavía se consiguen a la venta algunos de los enjundiosos catálogos de entonces que ponen de manifiesto el fervor y el rigor con que se trabajaba.

Los diversos gobiernos supieron, sin mezquindad alguna, reconocer el derecho a una autonomía en la gestión, basados en la confianza en un personal de alto nivel, especializado, ajeno a la política y sólo atento a la calidad que un museo debe ofrecer a su público. Baste con decir que nuestros museos eran la vanguardia en Sudamérica y algunos de ellos, como el Museo de Bellas Artes o el Museo de Arte Contemporáneo, habían adquirido el nivel envidiable para cualquier país como para recibir en sus sedes exposiciones sumamente apetecibles de parte de museos prestigiosos de Europa o Estados Unidos, con mayor experiencia y riqueza patrimonial.

La situación empieza a cambiar a partir del año 2000.

Veamos algunos síntomas.

Ese año, el Museo Jacobo Borges aceptó exponer una gran exposición fotográfica, tipo reporteril, sobre el primer año de gobierno del presidente Hugo Chávez Frías.

Por su parte, el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber, aceptó exponer una selección de piezas artesanales y turísticas de cada uno de los países miembros de la OPEP, reunidos en Parque Central. Ambas programaciones no fueron iniciativas de las respectivas directoras (Adriana Meneses Imber y Sofía Imber), sino impuestas por el Presidente del CONAC, Manuel Espinoza, pintor, diseñador gráfico, director fundador de la Galería de Arte Nacional y miembro de cuanto consejo consultivo existiese en los museos de entonces.

A inicios del año 2001 ocurrió la vergonzosa y humillante destitución de varios de los más famosos directores de museos, entre ellos Sofía Imber y María Elena Ramos, desde un programa de televisión por parte del Presidente de la República. La medida tomó por sorpresa a todos menos a Espinoza, autor de la maquinación, pero motivó la renuncia de quien había sustituido a Roberto Guevara (ya fallecido) en la Dirección Sectorial de Museos, el arquitecto Guillermo Barrios, hoy decano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV.

Puede decirse que por un escaso lustro los museos siguieron actuando como si nada hubiera pasado, si bien a lgunos de ellos se resintieron fuertemente a ciertas manipulaciones desde el CONAC. Se creía con mucha ingenuidad que la presencia de Manuel Espinoza en su presidencia podía ser una garantía de comprensión hacia sus necesidades. En 2003, Espinoza, comunista de vieja guardia, renunció a su cargo ante la reducción del 30% del presupuesto para los museos.

Se había creado el Ministerio de la Cultura, sin cartera, en manos del arquitecto Francisco Sesto Novas. El nuevo Ministro se encargó de liquidar al CONAC. Su primera política en relación a los museos fue la de promover la creación de sindicatos de trabajadores. Pero, entre manos se traía ya extender a los museos una política de reducción drástica de personal.

Mal que bien, por los pocos recursos, la Galería de Arte Nacional y el resto de los museos lograron a realizar hasta 2004 una que otra exposición al viejo estilo, es decir, con todos los requisitos cumplidos por la museología contemporánea. La última exposición digna, con todas las de la ley, realizada en la Galería de Arte Nacional, fue una retrospectiva en homenaje a Claudio Perna, curada por la crítico y museóloga Zuleiva Vivas en 2004. Considero de suma importancia retener este último dato, pues a partir del siguiente año todo empezó a derrumbarse.

En efecto, en 2005 el ministro Sesto consideró necesario dar por finiquitada la experiencia autonómica de las Fundaciones del Estado para cada uno de los museos, y centralizar todo en una sola Fundación de Museos Nacionales, dueña a su vez de todo el patrimonio. Se centraría así la administración de los recursos pero también, y fue lo más criticable, toda la programación. En pocas palabras, los museos, o mejor dicho, los directores de museos ya no podrían realizar sus propias programaciones en sana competencia, atendiendo a sus respectivos perfiles museísticos, sino que debían atenerse a lo que se decidiera en la Fundación como cuerpo directivo.

Desde la presidencia de la Fundación de Museo Nacionales se impuso, especia lmente con Zu leiva Vivas, una política que hasta ahora se ha seguido a pie juntillas, y que resumidamente ha consistido en estas pautas: no dar información a la prensa sin autorización; no conceder entrevistas a los medios desafectos al régimen; no adquirir obras, salvo que sean donadas; no se hacen exposiciones individuales, sólo colectivas; las exposiciones deben duran de tres a cuatro meses (las hay que han durado entre seis y nueve meses); programación anual limitada a tres exposiciones; no se publican catálogos; se usan las paredes para explicaciones didácticas; prioridad educativa y rezago investigativo; desaparición del curador; ausencia de autonomía programática; no se pagan seguros, por tanto no se incluyen obras de colecciones privadas; reciclaje de colecciones; selección de personal mediatizada por la política; no se reciben exposiciones del exterior salvo aquellas que interesen políticamente.

El regreso del ministro Sesto al cargo en 2010 representó una nueva remoción del personal directivo, pero añadió una injusta acusación: responsabilizar a los trabajadores de lo que no ha sido sino una consecuencia de las políticas trazadas desde la Fundación de Museos Nacionales. La poetiza sor Juana Inés de la Cruz lo habría tildado de "hombre necio". Y para seguir con las insensateces y las contradicciones, reconoce que la Fundación ha ahogado a los museos, pero en vez de buscar una asesoría, decide, por su cuenta y como castigo, quitarles definitivamente sus colecciones a fin de resguardarlas en una sola bodega, que no está en condiciones óptimas, por inconclusa, ni para su propio museo: la de la Galería de Arte Nacional.

En una entrevista reciente al maestro Carlos CruzDiez, ante la pregunta de si conven ía resg ua rda r todo el patrimonio en un depósito, recordó que esa medida extrema sólo se ha tomado en Europa en tiempos de guerra. Pero es que en Venezuela estamos en guerra, sólo que si el Presidente se la ha declarado a la propiedad privada y en particular a las empresas productoras de alimentos, el Ministro de Cultura se la acaba de declarar al patrimonio artístico venezolano. Sin embargo, mi más firme esperanza es que los museos entren en estado cata léptico y que a lgún día, ojalá no muy lejano, vuelvan a la vida como Rafaela Baroni, más lúcidos y no como zombis.

De las crisis

MARÍA ELENA RAMOS

Una línea de aproximación al tema de los museos duran te estos 11 años nos obliga a marcar algunos hitos con las distintas crisis.

1. "Yo estoy aquí para frenar a la jauría y evitar el reparto del botín", dijo más de una vez Alejandro Armas.

Así comenzó su gestión cultural con talante mediador y con su deseo de conocer, de buena fe, cuál era el estado del legado que recibía.

2. "Hay que desmontar las fundaciones de Estado, hay que desmontar los principados", fue el repetido grito de guerra del sucesor, Manuel Espinoza.

3. ¿Príncipes o guardianes? En enero de 2001 la llamada "Revolución cultural" apuntó directamente a derribar el obstáculo de quienes éramos más bien los guardianes de las puertas. En esa crisis salimos sin previo aviso y en un solo día 18 presidentes de instituciones.

4. "Aquí los curadores tienen que bajar la cabeza, pero no se preocupen que yo también estoy bajando la cabeza ante el viceministro". Con esta autoinauguración comenzó a dirigir las curadurías del MBA una profesional del medio.

5. El desdibujamiento de los perfiles. Arrancados primero los directivos, reducida al mínimo la función del curador, no sorprendió que el complemento natural fuera el irrespeto al carácter propio y específico de cada museo.

6. Año 2003. Sale el viceministro Espinoza, entra el ministro Sesto.

Farruco Sesto profundizó el proceso de desmontaje de la institucionalidad cultural y la pérdida de autonomía y de perfil de cada museo. Politizó más radicalmente al medio.

Venecia sí... Venecia no... La censura del arte.

Uno de los primeros actos públicos de Sesto fue censurar la obra de Pedro Morales elegida para representar a Venezuela en la Bienal de Venecia de 2003.

7. Separar los signos y los logos. En el año 2006, con la llegada de El perro y la rana, se eliminan los logos de las instituciones. Fue un golpe físico, material, pero sobre todo un nuevo golpe moral a las identidades museológicas.

8. La crisis del público. Se habría esperado que un gobierno de vocación social hubiera sido capaz de crear nuevas audiencias, más amplias y populares. ¿No han sabido captar nuevos públicos? ¿O no les ha interesado hacerlo?

9. Año 2005. Liquidación de las fundaciones del Estado y creación de una Fundación de Museos centralizadora.

Se dieron dos graves retrocesos: el administrativo y el de la autonomía especializada --para la programación de exposiciones, las adquisiciones y la profundización del perfil de cada institución.

10. Una crisis anunciada que, por ahora, no ha llegado a estallar. El Viceministro de Cultura propuso en 2009 que las colecciones fueran devueltas a sus países de origen. Sugerí que abrieran la Web del Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana.

¿Por qué nuestro Gobierno, tan lamentablemente afín al de Cuba, no sigue su ejemplo cuando se dan experiencias positivas como ésta?

11. Mayo de 2010. La crisis de las colecciones. El reciente anuncio de Sesto sobre las colecciones ha dado lugar a un documento público de rechazo, con más de 900 firmas. Con el título "Contra el despojo. Por el fortalecimiento de nuestros museos", representantes de todos los sectores de la cultura señalamos el peligro que corren los museos, entes patrimoniales esenciales para la nación.


La procesión va por dentro
El campo de los empleados, técnicos y especialistas ha sido muy golpeado en estos once años, aunque no haya sido reconocido públicamente.

Acerca de estos profesionales hay que saber discernir comportamientos muy distintos, que van desde la complicidad hasta la resistencia, desde la indolencia hasta el arriesgado compromiso con la verdad.

La situación actual
La intuición general es que una eventual centralización de las obras en un solo depósito conllevaría a otra crisis más definitiva: el aniquilamiento de los museos.

En un régimen como éste es mucho lo que se retrocede y lo que se des-aprende. Se des-aprende democracia, se des-aprende modernidad.

Pero puede re-aprenderse a valorar una democracia herida, y puede aprenderse sobre todo de la madurez de la lucha. En cualquier caso, ésta por los museos y las colecciones es un tipo de lucha que vale la pena siempre, que lleva a no dudar.

Fotografía:
Alexandra Blanco (El Nacional, Caracas, 31/07/10)