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domingo, 10 de septiembre de 2017

ASÍ SEA CUADRADA

De la re-areperización venezolana
Luis Barragán


Inevitable trabalenguas,  apuntamos hacia la recuperación de un país que dejará de serlo en las manos de la actual dictadura.  La arepa o el pan de maíz, marca también una doble ruta para superar el marasmo que nos impide efectivamente llegar al siglo XXI.

Necesitamos recuperar la antes vigorosa y exitosa industria del maíz, asediada y saboteada como su siembra, venciendo al régimen que, inconcebible, promovió la masiva y desleal importación de sus productos.  Modelo de negocios, éste, que se ha hecho corruptamente de los últimos estertores del (ultra) rentismo, por cierto,  traicionando la tan mentada soberanía y seguridad alimentaria, con una descarada impunidad.

En un sentido, la re-areperización significa salvar la diaria y básica dieta del venezolano que, además, la ha integrado a su propia identidad, ahora faltante en  su mesa como nunca antes había ocurrido aún en medio de todas las guerras y escaramuzas históricas que creímos superadas por siempre. La reindustrialización de la arepa, nos remite a varios problemas que, inicialmente, podemos resolver a través de la libre competencia y competitividad,  más allá del vacío discurso de las buenas intenciones.

En otro, la re-areperización contribuirá a la recuperación de los valores fundamentales que caracterizan al venezolano, los cuales todavía intenta demoler el régimen de inflada retórica.  Nos servimos de un ejemplo reciente, con motivo del Arepazo o Día Mundial de la Arepa, idea e iniciativa de muy cercanos amigos,  que – ante todo – rinden testimonio de una extraordinaria solidaridad y civismo que, enorgulleciéndonos, ha crecido en muy pocos años.

Extendiéndose a más de 35 países, 70 ciudades, más de cien locales de emprendedores venezolanos, con el festejo en otros espacios libres y seguros como ya no tenemos acá,  serán tres días por el huso horario que la arepa avivará el sentido de pertenencia, cordialidad y reconciliación tan indispensable. Basta con curiosear en el portal oficial (http://diamundialdelaarepa.com/el-dia-mundial-de-la-arepa) para constatar un fenómeno que sintetiza el deseo de salvar a la  propia república.

El día nueve de los corrientes, en Venezuela adentro, diferentes ciudades repitieron el ejercicio de una ciudadanía atenta y responsable. En la ciudad capital, con el generoso aporte de una empresa privada que llegó sola  a ofrecerse (Lista Arepa), más de seis mil unidades fueron distribuidas en los sectores tan brutalmente hundidos en la miseria.

Tuvimos ocasión de compartir con Sara Lizarraga, Rafael Mourad y otros amigos ya de muchos años, la actividad que impulsan tan comprometida y entusiastamente. Previamente, repartieron miles de arepas, incluyendo a los ancianos de un empobrecido asilo que ya no tienen fuerzas para asaltar – duele decirlo – un basurero, como la dictadura lo ha impuesto.

Valga acotar, las donaciones para elaborar y rellenar las arepas, no vinieron de personas a las que les sobran los alimentos, sino a los que, haciendo un sacrificio que no se entiende fuera de las enseñanzas del Evangelio, se desprenden de lo poco que tienen para aliviar, en lo posible, el hambre del prójimo.  Ya no sabemos cuán profundo puede caer el país, pero lo cierto es que, por siempre conmovidos,  nos resistimos, porque esto no es otra cosa que resistirse, firmemente escudados por nuestros más caros valores, principios, creencias, convicciones y gestos.

Transitando una difícil etapa de la vida nacional, aprendiendo de una amarga experiencia, surge – puede decirse – la arepeidad, como una reveladora condición del venezolano que es también emprendimiento y solidaridad. Clave ésta para alcanzar otros estadios, no olvidando jamás lo que hizo esta dictadura que ha pretendido amurallarnos espiritualmente.

Fotografía inicial: Colegio de Ingenieros (Caracas, 09/09/2017). Entre otros, Rafael, Kemel y Andrea Mourad, Sara Lizarraga, Rodney Castro,  Soraya Gross, Eduardo Valero, Juan Carlos Pérez, Domingo Di Domizio. Día Mundial de la Arepa.
11/09/2017:
http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/30770-de-la-re-areperizacion-venezolana

domingo, 31 de mayo de 2015

REAPARICIÓN

Érase un país
Guido Sosola


Veinte años atrás, teníamos veinte años menos. Dejé el envío por fax de los artículos que siempre escribimos a máquina manual, con copia al carbón para el archivo, entregándolos personalmente en las sedes de los ya extintos El Globo y Economía Hoy.

Buen pretexto para caminar o tomar el tren de Plaza Venezuela a La Candelaria y, al coincidir con amigos, conversar de vez en cuando entre jugos de cebada, pimientos y chistorras. No constituía temeridad alguna, tomar un taxi a la una de la mañana, en plena avenida por los años noventa del siglo pasado.

Bastaba con competir en ambas publicaciones, al remitirles los textos, sin necesidad de cabildearlos asomando la recomendación de in influyente. Cordialmente atendidos, en El Globo coincidían las más disímiles plumas, varias veces agitada la redacción, aceptando también trabajos largos, mientras que el  recinto de Economía Hoy parecía más selecto, en el viejo edificio Di Mase, hoy invadido, hasta que la familia huyó del país con todos los auxilios financieros que les dispensaron, en la recordada debacle bancaria.

Alrededor de veinte años atrás, el país estaba en la peor crisis, pero – desmitiéndola a la luz del amargo presente – la alta inflación no impedía el literal acceso a los bienes y servicios básicos, con anaqueles llenos como no imaginan las nuevas generaciones, distintas marcas de leche pausterizada o de café se exhibían en días de un mayor consumo que la de leche en polvo o de una taza confiada que no pudimos hacer en casa. No había la matazón anual que lamentablemente nos ha caracterizado, o alcanzaba para vestir decentemente, portar las prendas elementales y hasta escaparse a la libación y degustación en La Candelaria que tenía mejor mesa que el este de la ciudad capital.

La prensa, el parlamento y los partidos resonaban constantemente, sin las facilidades del medio digital que, parece mentira, en el presente tiene una rapidez que contrasta con la lenta pausa impuesta por la censura y el bloqueo informativo. Érase de otro país con alternancia en el poder, donde yo me permitía escribir en torno a los problemas que padecía, aunque también sobre temas variados y caprichosos: digamos, cada artículo era arbitrado, pues no fue otra cosa, sin palanca alguna, de vez en cuando aparecían mis textos hasta con envidiable ilustración, dependiendo enteramente del contenido.

Tenía veinte años menos, en una edad febril en la que necesitaba escribir tanto como respirar. Numerosos artículos quedaron en el tintero, pero – al verlos ahora – nos pega una nostalgia que es de futuro, porque hubo derecho al optimismo y a luchar por solventar los problemas, los del país y los míos.

Nada era perfecto y así como quedaron proyectos en el olvido, como el de una plaza para la estación de Sabana Grande de José Campos Biscardi, fueron muchas las ideas e iniciativas que no vieron concreción alguna. Sin embargo, había país y, simbolizado por los espacios públicos, en ésta década quedó sin hacerse la tal Plaza de la Revolución en La Hoya, cuyo diseño y maquetado se hundió – esta vez – como una promesa de Farruco Sesto en el farragoso terreno del despilfarro y de la improvisación de una impunidad dramática: él le costó demasiado a Venezuela y aquél, generoso y talentoso, es acreedor de nuestro agradecimiento.

Recomenzamos nuestro ejercicio, ahora de bytes. No quiero volver al pasado, pero tampoco deseo este presente. Empuñando el escudo de armas de la familia, por cierto, actualizado el diseño por mi amigo Rafael Mourad tiempo atrás, una manera de abrirse paso hacia el futuro es también opinando, fijando posturas, moviéndonos.

- Escudo de Armas.
- José Campos Biscardi: Maqueta de la obra ganadora del concurso del Metro para ser ubicada en Sabana Grande, cosa que nunca ocurrió (1981).
- Ministro Farruco Sesto: Proyecto para la Plaza de la Revolución en La Hoyada (2012).

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/22697-erase-un-pais

viernes, 14 de noviembre de 2014

NEOMETROPOLITANOS

De la metrópoli de bytes
Luis Barragán


A mediados de la década de los noventa, surgió la llamada Sala de Cibermedios por iniciativa del otrora diputado Nelson Chitty La Roche y Rafael Mourad, haciendo nuestros modestos aportes. Fue una extraordinaria experiencia que, por cierto, tuvo ocasión de notariar la periodista Luz Mely Reyes, también precursora en Venezuela de lo que dimos en llamar la infopolítica.

Por entonces, parecía iluso legislar respecto a las “nuevas tecnologías”, aunque éstas no se entienden sin un orden público tecnológico y las comunidades que genera, generándolas. Arribamos a algunos proyectos de leyes y ejercicios administrativos que deben encontrarse en los archivos históricos de la Asamblea Nacional, añadidos los digitales que quedaron bajo la responsabilidad del Congresillo que cerró las fracciones parlamentarias: Proyectos como el de la Ley de Registro Público Electrónico y el preventivo frente al fenómeno del Y2K,  destacan entre aquellos esbozos regulatorios de la transferencia comercial de datos, el de la creación de la jurisdicción digital, los que ordenaban la publicación de las nóminas de contratistas y de empleados de la Administración Pública, entre otros que ya no recordamos.

Y, aunque nos preparamos para el esfuerzo de constitucionalización de las leyes militares, siendo la Comisión Permanente más propicia la de Defensa, en la Asamblea Nacional fuimos destinados a la de Cultura y Recreación, en la cual participamos más activamente en torno al Proyecto de Ley Orgánica de Cultura, sin ocasión de trabajar en la normativa adelantada por la de Ciencia y Tecnología. Este año, inconsultamente nos remitieron a la de Política Exterior, una breve estadía, para luego arribar a la de Administración y Servicios: entre materias tan inmediatas y disímiles como las tarifas de las líneas aéreas,  los apagones eléctricos, la estafa de vehículos automotores,  el costo de transportación en los ferrys, o la ocupación de los inmuebles urbanos, surgió el Proyecto de Ley de Comercio Electrónico, obligándonos a rememorar viejas faenas en la red de redes. Valga decir, teniendo la oportunidad de infolegislar ya no como asesor parlamentario, sino como parlamentario mismo.

Recientemente fue aprobado el proyecto en torno al mercado interactivo,  en primera discusión por la plenaria de la Asamblea Nacional. Junto al diputado Gregorio Graterol, fijamos posturas al consignar sendos argumentos de fondo que, por cierto, confundieron al oficialismo, pues la admisión del aludido proyecto no nos relevaba del juicio crítico: en nuestro caso particular, apelaron a la “orden” que nos dieron unos poderosos e imaginarios “jefes” para fijar una postura que la dijeron diferente a la que testimoniamos en la Comisión.

Digamos que, travesura parlamentaria aparte, la que busca descalificar cuando faltan argumentos, la aprobación ya citada abre una estupenda metrópoli de bytes para debatir sobre el proyecto. Y no nos referimos solamente al comercio electrónico como tal, al rol de Estado, al cuadro sancionatorio, a los aspectos técnicos involucrados o al resto de desafíos que incluyen una amenaza de control gubernamental de la oferta de productos y servicios en la red de redes, y el   correo,  sino al propio medio empleado.

Parecería inconcebible, dando cuenta del nivel que alcanzan los “medios inteligentes” en Venezuela, que una Ley de Comercio Electrónico como la proyectada, únicamente supiera de la tribuna convencional.  Es decir,  que no conmoviera al propio medio destinado a afectar, ni los internautas se dieran por notificados siquiera del intento normativo.

Tratándose del ejercicio opositor, el proyecto sugiere el empleo responsable y libre del monitor y teclado o el móvil celular para algo más que el “mensajeo” cómodo y fácil de interjecciones y apodos ofensivos o motivos gráficos ridiculizantes de los personeros del régimen, que solemos rechazar.  Resulta indispensable transitar las avenidas de la argumentación y apelar al ingenio pedagógico a objeto de mejorar las propuestas en el terreno del mercado interactivo, aportando ideas sustentables que – necesario es subrayarlo – movilicen a la ciudadanía, sin esperar una concesión graciosa del gobierno que confía en la indiferencia, displicencia, “pata e’rolismo” y temor generalizado.

Metropolitanos de las redes, hay que informarse de lo que se propone el régimen en ellas.  No hay excusas para sentirse excluidos del debate, porque – esta vez – sus puertas tienen miles de llaves.

Fuentes:
http://www.opinionynoticias.com/tech/21018-de-la-metropoli-de-bytes
http://blobic.com/entry/de-la-metropoli-de-bytes

sábado, 21 de julio de 2012

APORTE A LA ECOLOGÍA GRIS

Sobre los orígenes de la infopolítica en Venezuela
Luis Barragán

14 de Septiembre de 2009

Recientemente, la edición dominical de un diario impreso de circulación nacional, reportó el fenómeno de la ciberpolítica en Venezuela, aunque principalmente subrayó sus orígenes y desarrollo en el extranjero. No obstante, hay marcados y relativamente lejanos precedentes de un ejercicio que va más allá de la simple y deliberada conjunción de la política con la telemática.

Intentando una recapitulación rápida y general, en nuestro país, a principios de la década de los noventa, ya había individualidades ligadas al mundo de la política con interés en el empleo de los medios informáticos y, valga señalar, Carlos Andrés Pérez hizo de su arresto domiciliario en “La Ahumada”, una oportunidad para cruzar las fronteras de la rutina y recreación, yendo al centro de su personal vocación. Al poco tiempo, a través de una empresa cafetalera, aparecerán unas – quizá redundantemente - páginas web del ex – mandatario, mientras el Ejército Zapatista de Liberación (EZL) conmueve al mundo desde una portátil que, por cierto, pudo llamarse también “Notebook” o “Armada”, en lugar de “Laptop”, generalizada la marca comercial.

Definitivamente, creemos que los orígenes de la infopolítica en Venezuela se inscribe también en los esfuerzos realizados por Rafael Mourad, quien a mediados del citado decenio concretó sus investigaciones en el campo al darle un sentido, naturaleza y orientación concreta al esfuerzo telemático de la política, lo política y de los políticos. Desde sus incursiones en laboratorios interneteanos como el del IVIC o del Instituto de Historia Hispanoamericana de la Universidad Central de Venezuela, asiduo visitante y curioso de sus avances iniciales de interconexión, completó un proyecto que – además – llamó Sala de Cibermedia, devenida Sala de Cibermedios, acogido con una firme determinación e impulso por el subdirector y después director de la Fracción Parlamentaria del Partido Socialcristiano COPEI en el Congreso de la República, Nelson Chitty La Roche, a mediados de 1995.

Tratamos de una sala o, mejor, de una empresa de propulsión de las novísimas tecnologías en el medio parlamentario que dio ocasión a innumerables cursos de iniciación a propios y extraños, incluyendo a los otrora alumnos de Mourad, y hasta figuras que hoy pertenecen al oficialismo, en una apasionada tarea de reinvención de internet como herramienta ciudadana. Recordemos, apenas el abanico contaba con los rudimentarios correos electrónicos, el hospedaje modesto de información que no contaba con los buscadores de hoy, la precaria presencia de los periódicos, que hicieron atractivos – por ejemplo – los impresos domésticos que obsequiaba Miguel Henrique Otero, dando las direcciones más interesantes de la telaraña digital.

La Sala de Cibermedios, a la que se incorporó Kemel Mourad y Franklin Darnott en el trabajo técnico, se hizo un lugar de reflexión para el director de la Fracción Parlamentaria, al que acompañamos con importantes iniciativas, yendo más allá de la asesoría convencional que le dispensamos. Valga acotar que, así como la biblioteca de la bancada parlamentaria fue profesionalizada al punto de atender a legos y especialistas, sin importar la adscripción política, la sala abrió sus puertas a todos, añadiendo a la academia y a los periodistas de la fuente que la visitaron y cursaron ampliamente.

Infolegislación

Entre los años 1996 y 1999, Cibermedios fue centro de tres o cuatro seminarios que intentaron aprehender la importancia y significación de las novísimas herramientas para el desenvolvimiento ciudadano, parlamentario y partidista, con énfasis en el recibimiento y procesamiento de las ideas que pudieron desembocar en una suerte de “constituyente virtual”, a las puertas del cambio presentido. Un resultado inaugural que hoy luce de una inmensa facilidad para el hallazgo de la información, fue la recopilación de las Constituciones de América en dos entregas de magníficos envoltorios, a través de disquetes, frustrado objetivo de alcanzar el resto de las cartas magnas del mundo y la digitalización de los debates constituyentes que concluyeron en nuestros textos de 1947 y 1961.

Estuvieron listos tres anteproyectos de leyes, como el de Preservación de la Privacidad e Información Personalísima, el de Registro Público Electrónico y el de la reforma a la Ley del Libro, a objeto de encausar y garantizar los servicios de información bibliotecaria y archivística en línea, avanzando en la noción del habeas data. Esperando una mejor oportunidad para introducirlos, en medio de la conflictividad política y parlamentaria de entonces, al igual que una mejor afinación de los especialistas, consta además el interés de Chitty La Roche, a través de una serie de artículos publicados especialmente en el diario “Ultimas Noticias” de Caracas, el interés de desarrollar los tribunales virtuales que permitieran a jueces y litigantes realizar una serie de consultas y diligencias posibles, en línea.

Ya se hablaba del “hemiciclo electrónico” y, aunque no alcanzaban los ambiciosos objetivos de Cibermedios, bajo la presidencia de Ramón Guillermo Aveledo, las plenarias de la Cámara de Diputados avanzaban hacia una deliberación más fluida y rápida que pudo arribar a una completa interconectividad bajo el control y el equilibrio de las fuerzas plurales que la componían. Siempre indispensable la presencia real de los parlamentarios, los grandes monitores que aún sobreviven prometían una diferente tramitación de los elementos que afloraban del debate.

Hagamos mención de la amenaza que significó el Y2K, a la postre infundada como resultado de una desleal competencia comercial, pero también por las previsiones tecnológicas que se adoptaron, por aquello de la moneda falsa que circula gracias a la verdadera. Siendo César Pérez Vivas el nuevo director de la Fracción Parlamentaria, tuvimos ocasión de co-redactar un proyecto inspirado en otro que pareció tener fortuna en Brasil, aprobado en primera discusión, de nueve o diez artículos a los efectos exclusivamente civiles y mercatiles que pudo generar el cambio de milenio, pero igualmente mencionemos una paradójica curiosidad: remitido el anteproyecto por la jefatura de la bancada parlamentaria, soportada las presiones para impedirlo por un gremio de empresarios del sector, la Comisión de Administración y Servicios, bajo la presidencia socialcristiana, concibió un instrumento estatista cercano al centenar de artículos que desembocaba con una innecesaria entidad burocrática, por suerte frustrado.

Infocampaña

Trotando junto al envío postal y los faxes, destaquemos también la primera campaña electoral que se hizo a través de Internet en Venezuela, con la candidatura a la diputación por el circuito de Baruta – El Hatillo. Participamos de una experiencia apasionante, contando con el entusiasta apoyo del aspirante Chitty La Roche, en una estrategia de posicionamiento hacia los sectores – obviamente, por entonces – de alto poder adquisitivo, conectados preferentemente en oficinas, que tuvo como eje los portales en cuatro idiomas concibidos, diseñados, hospedados y mantenidos por Rafael Mourad, que despertó el interés de la periodista Luz Mely Reyes a finales de 1997, a través de un reportaje publicvado en el diario “El Nacional” de Caracas, en que ya versábamos – por cierto – sobre el populismo virtual.

Agreguemos un par de ejemplos de lo que fue una campaña ciudadana, pues, de un lado, respondíamos a las demandas del internauta y, aunque se trataba de una campaña parlamentaria, en más de una oportunidad las evacuábamos contribuyendo a solventar los problemas de la comunidad: por citar un caso recurrente, se recibía el correo electrónico por una situación de acumulación de basura y, mediante comunicación escrita, diligenciábamos la solución mediante la Alcaldía de Baruta, acertando en no pocas ocasiones hasta recibir otro correo de satisfacción del internauta interesado. O, por otro lado, las constantes quejas por los costos telefónicos, condujo al descubrimiento de las campañas a favor de las tarifas planas en otros países, como a la oferta programática de la escuela virtual, gracias a las inquietudes muy concretas recibidas en la materia, como al embrionario esfuerzo que se hacía en la gobernación del estado Mérida.

Luego, no dio tiempo para una fundación que tratara e impulsara un tema por aquel tiempo más o menos inédito: la infopista como política pública, concitando el interés de los especialistas en una materia que hubiese motivado un seminario internacional, tal como hicimos con el de la antipolítica, medio ambiente y fondos de pensiones. Aquella infocampaña fue de una riqueza extraordinaria de ideas, en la que ya la clase media mostraba las costuras de una profunda crisis que la alejaba del uso cotidiano de Internet, francamene desconocido por las mayorías.

Infopolítica

La alianza con la ya desaparecida empresa Compuserve, fue importantísima. Abrió el servicio de Chat y una sección dedicada a Venezuela, en el arco de sus posibilidades, dirigida por Evelyn González, acercándose a lo que ahora conocemos como una red social.

Una experiencia de intercambio que, es cierto, estuvo políticamente ambientada por la aparición de la candidatura de Irene Sáez, como por las aspiraciones presidenciales de Enrique Salas Römer, muy activo en el foro virtual. A veces, daba la impresión de una sección copeyana, por el grueso de los participantes verdes.

Ilustremos el ensayo que se hizo en la referida sección, por una parte, con los encuentros virtuales realizados: por 1996, acudieron al teclado Nelson Chitty La Roche, Claudio Fermín y Salas Römer, quienes respondieron cada uno en su oportunidad, a las preguntas formuladas por los numerosos internautas citados, en tiempo real. E, incluso, una convención netamente partidista, realizada en Caraballeda, fue cubierta por el personal de la Sala de Cibermedios con el soporte técnico de Compuserve.

Por otra, hicimos un experimento que nos llenó de satisfacción, ya que en la Fracción Parlamentaria fueron convocados los especialistas en diferentes áreas para escuchar el mensaje presidencial de 1997 y, según la tradición, deliberar para redactar las conclusiones definitivas al día siguiente. Y, en paralelo, Chitty La Roche y los Mourad, en la Sala, se conectaron con legos y entendidos en la red e iban evaluando cada opinión que arrojaba la rendición de cuentas de Caldera: a una hora de concluida, estaba listo el esquema de evaluación suficientemente participado que – hoy podemos decirlo – superó con creces el trabajo artesanal del otro grupo “en vivo” que
tardó tres días en presentar su documento.

Un programa importante fue el de recopilación de una data vital de la red de redes, añadida la que a diario ofrecía la Gaceta Oficial sobre los nombramientos de los altos y medianos funcionarios del gobierno, sobre quienes opinaban de buena y mala fe los internautas. Empero, junto a la biblioteca, toda esa información se perdió y, sencillamente, porque el célebre Congresillo incautó todos los equipos, pretendiéndolos del Estado y no, como se demostró, adquirido con el aporte de los parlamentarios socialcristianos.

No pretendemos extendernos sobre una materia de la cual quedaron algunas reflexiones en la prensa escrita, entre otros, en los diarios “El Globo”, “Economía Hoy” y “El Nacional”, entre una y otra década. Sin embargo, luce interesante mencionar que Rafael Mourad fue nombrado en 2005 o 2006, como Secretario Nacional de Infopolítica de COPEI. E hizo un importante trabajo, teniendo como eje un portal orientado hacia la absoluta interconectividad de una organización con 19,50% de los dirigentes que conocían el correo electrónico.

Ya había contribuido Mourad a una estrategia de crecimiento digital que, interrumpida por la dramática situación política del paro petrolero y el revocatorio, lo fue definitivamente por los injustificados problemas internos del partido que condujo a la salida de la dirección de César Pérez Vivas, Román Duque Corredor y el suscrito. Aquel hizo extraordinarios aportes a la reciente campaña de Pérez Vivas para la gobernación, quien le prologó un libro digital introductoria a la infopolítica en 2008, a la espera de otro título sobre el infopartido.

Fuente: Noticiero Digital (http://209.50.247.206/forum/viewtopic.php?t=575113&sid=7e2f1b4a606c8ab265a296cdc9167d1d)
Ilustración: Frank Stella

martes, 11 de mayo de 2010

Misión Candanga


http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/4527-del-infopopulismo-galopante
Del infopopulismo galopante
Luis Barragán


A mediados de los años ’90, contribuyendo a la creación de una sala parlamentaria de cibermedios, precursora del empleo de las nuevas tecnologías en el campo político venezolano, advertimos las posibilidades que se abrían para el ejercicio de la demagogia digital. Bastaba la orquestación de una campaña tan inherente a la antipolítica, prolongando la ilusión virtual al mundo real, para dislocar la legitimidad de las herramientas que ya comenzaban a probar su eficacia con el artillero diluido de la moral de guerra.

Recientemente, Chávez Frías ha dado cuenta de sus incursiones twitterolandesas con una mezcla de ociosa vanidad y amargura burocrática, pues - él – tiene por empeño mostrar todos sus afanes de actualización tecnológica, mientras – ellos – deben apresurarse a cumplir con un castigo adicional en las tareas cotidianas que los consagran como colaboradores inmediatos de la voluntad presidencial.

Presumiendo la buena voluntad del operador y cuando el azar lo lleva a atender un mensaje y un remitente determinados, porque se supone de apretada agenda de actividades y reflexiones, esbozó el mecanismo básico: llama (¿o twittea?) al asistente más cercano, le impone de la solicitud que se le hace y de la urgente como privilegiada canalización del pedido, aunque poco sabemos del seguimiento personal que pueda hacer en el amplísimo abanico de favores que procesa el palacio. E, incluso, nos preguntamos si se deja constancia de la orden correspondiente, ya que – de recordarlo en esa rifa psicológica de sospecha y temor hacia los más cercanos – servirá para regañar y hasta destituir al funcionario incumplidor de las instrucciones.

Suponemos que, en el marco de las iniciativas telemáticas de Miraflores, la del twitteo debe contar con el aval de un inmenso aparato de inteligencia y contrainteligencia que la proteja, acaso con el único objetivo de apuntalarlo como el más insigne y admirado telegrafista del planeta, porque el medio obviamente exhibe muy serias e infranqueables limitaciones para el ejercicio real de gobierno, así los ministros, viceministros, embajadores, cónsules, jefes de guarniciones y cuarteles o líderes del monopartidismo, empeñen sus mejores esfuerzos no sólo por twittear en un aparatico de igual marca y semejante modelo al del barinés, sino – el otro bingo abierto por el Estado – para gozar de una coincidencia con el mandatario que pudiera ser infeliz debido a un chequeo a deshora o a otras de las inverosímiles circunstancias que lo hace propietario absoluto del destino político de sus más íntimos seguidores.

Convengamos que es una fiebre más del momento, propicia para la consabida autopromoción, generadora de un imposible dispositivo virtual que pueda alcanzar los más recónditos rincones de la realidad que sigue su curso insobornable. Empero, llamemos la atención sobre el modelo subyacente, pues, tratando de recibir respuesta del propio Hugo en una red a la que frecuentemente acceden los sectores medios (¿no lanzaran otro “vergatario” con twitteo directo?), el magno sorteo de los favores presidenciales es similar a la ruitina que hubo de abandonar cuando inició sus programas radiotelevisivos: quien telefónicamente acertaba con su llamada, podía pedirle algo al propio jefe de Estado, públicamente, aunque después no se sabía de la efectividad de un regalo que – antes, como ahora – lo dice parte de la política social.

“Misión Chávez Candanga”, así la denomina como una hazaña bautismal después de la febril meditación devoradora de varias madrugadas. Ella sabrá de una descandangadización producto del que se ve a sí mismo, en recias odas elementales, como un candanga en el país que no tardará en candangadizarlo.



EL NACIONAL, Caracas, 31 de Octubre de 1997
Copei piensa proponer ley para Internet
La infopolítica al alcance del venezolano

Socialcristianos y adecos, entre ellos, el ex presidente Carlos Andrés Pérez tantean el uso estratégico de una herramienta efectiva para ganar apoyos, pero que también puede generar un populismo electrónico
LUZ MELY REYES

Es innegable que el uso de innovaciones tecnológicas trae consigo maneras distintas de realizar actividades tradicionales. Internet, que hace unas dos décadas nació como un proyecto del departamento de Defensa de los Estados Unidos, se ha expandido en estos últimos diez años ofreciendo la posibilidad de explorar múltiples facetas de la vida humana. Dos de ellas, la comunicación y la política, se expresan ahora en un término de reciente data: la infopolítica.

A falta de definiciones académicas, las acciones hablan por sí solas. En muchos países, la red presenta un abanico de opciones que permite a gobernantes, instituciones y personalidades hacer llegar sus mensajes directamente a los interlocutores. Consultas sobre leyes, informaciones acerca de actividades, datos históricos y hasta campañas electorales se mueven por la superautopista virtual que une a los ciudadanos de la aldea global.

Basta con ver el efecto que tuvo la página Web del mexicano Ejército Zapatista para olfatear la importancia estratégica del uso de Internet para captar apoyo a distintas causas, la política incluida.

Si bien a nivel mundial ya se institucionalizó el uso de la red por parte del sector político, en Venezuela el área está siendo apenas abordada.

No obstante, Internet sigue evidenciando su capacidad de seducción. Personas tan disímiles, ideológicamente, como el ex presidente Carlos Andrés Pérez y el jefe de fracción socialcristiana de la Cámara de Diputados, Nelson Chitty La Roche, tienen algo en común. Ambos han confesado su pasión por Internet, la utilizan frecuentemente y tienen bien claro su sentido estratégico.

Pérez solía ``fugarse'' de su casa-cárcel de La Ahumada con foros electrónicos; Chitty La Roche va más lejos, además de motorizar la automatización de la fracción copeyana, promover el uso de la red y sus ventajas dentro de sus compañeros de partido, parlamento y alumnos, toma la batuta para adelantar un proyecto de regulación que, aunque incipiente, podría colocar al país en la palestra mundial por abordar uno de los problemas hasta ahora sin solución que ha traído el crecimiento de la red, como es su uso adecuado en cuanto a contenidos emitidos.

Pero más allá de lo que representa la intención de regular Internet, que de acuerdo a Chitty La Roche y sus colaboradores, no pretende limitar la libertad de expresión ni el derecho a la información, sino que intenta responder algunas interrogantes de índole jurídica; hay un hecho clave y es que la infopolítica está creciendo en Venezuela.

Las dos Cámaras del Congreso de la República tienen sus páginas Web, los partidos Copei y Acción Democrática también, y el propio Chitty La Roche mantiene una página que puede ser leída en español, inglés, portugués y francés. Instituciones tales como Queremos elegir y otras representaciones de la sociedad civil organizada son ubicables a través de la World Wide Web.

Otros organismos públicos están conectados en la Intranet de la Plataforma de Información de Oficial (Platino), que permite el acceso a los datos de las oficinas del Estado ubicadas de Parque Central. A su vez, existe una conexión con el Palacio de Miraflores.

En octubre, se realizaron tres conferencias electrónicas en el Foro Venezuela, organizadas por Compuserve. Por allí pasaron CAP, Claudio Fermín y Chitty La Roche, con audiencias récord que han permitido que usuarios de dentro y fuera del país discutan aspectos de la vida nacional e internacional.

El partido estratégico

Las más simples definiciones señalan que la comunicación es un proceso bidireccional que implica un diálogo sustentado en el intercambio de información, y que la política es un arte o una ciencia cuyo propósito fundamental es establecer un orden de convivencia social.

Ambos conceptos están relacionados entre sí y son inherentes al ser humano. A través de la historia, los estudiosos han aportado elementos en la búsqueda de perfeccionar el alcance de estos términos, se puede pensar que pasará mucho tiempo para que un proceso naciente como es la infopolítica sea aprehendido en su cabalidad.

En tanto surgen las definiciones, en el país ya hay quienes se han dedicado a explorar esta opción de hacer política y la ven como una vía para acercar al ciudadano y a los dirigentes, en la tarea de eliminar cada vez más las barreras que interfieren el adecuado flujo comunicacional entre los protagonistas del quehacer político.

Para los venezolanos Luis Barragán y Rafael Mourad, asesores de Copei en cuanto a las nuevas tecnologías se refiere, la infopolítica no consiste en una contabilidad de páginas Web, ni en la participación de los diferentes actores en los foros o el uso del correo electrónico.

Sostienen que es el empleo de distintas herramientas comunicacionales destinadas, entre otras cosas, a hacer realidad el partido estratégico, el cual, a diferencia del partido de cuadros, que moviliza opiniones para ejercer el poder (caso inglés) o el de masa, que se dirige a grandes contingentes, se ubica en medio de estos polos y tiene como finalidad insertarse ante los ciudadanos, primero que sobre los militantes, a través de temas y asuntos puntuales ``enriqueciendo la movilización de opinión mediante ideas que a la larga tendrán mayor preponderancia que la movilización de masas''.

``La infopolítica obedece con mayor propiedad a las implicaciones de la nueva dimensión de los espacios públicos y colectivos, que probablemente masificados para el venidero siglo, le darán forma al partido estratégico'', dice Barragán.

El especialista escribe, trabaja y produce sobre el tema. Tanto él como Mourad adelantaron en el partido socialcristiano su inserción en la infopolítica.

En la sede de la fracción parlamentaria de Copei, ubicada en el piso 2 del edificio administrativo del Congreso, funciona desde hace un año la sala de Cibermedios.

Por allí han pasado periodistas, congresistas, universitarios y hasta militares que buscan escapar de la sentencia de los organismos internacionales que ya categorizaron al ``analfabeta digital'' y que están considerando incluir como uno de los indicadores de pobreza, la proporción de habitantes de un país que tiene acceso a Internet.

Y es que aunque la red es de por sí hiperdemocrática, por aquello de que no le pertenece a nadie y es de todos, las posibilidades de igualdad se reducen a quienes poseen el equipo necesario para ``accesarla'' y, además, especialmente en Venezuela, pueden pagar los costos del servicio.

Pese a esta realidad, Mourad defiende que se trabaje en el área. Compara la situación actual con aquella cuando sólo algunos privilegiados podían comprar un auto o tener teléfono. Considera que en los próximos años, si por fin se supera el monopolio en las telecomunicaciones, y se orienta la función social de las empresas servidoras, la masificación será un hecho, que ``incluso podría permitir el voto electrónico''. .

Mientras esos tiempos llegan, Barragán y Mourad siguen desarrollando la orientación de la infopolítica. En la sala de Cibermedios se han dedicado a la formación del recurso humano, la investigación sobre temas de importancia legislativa y el desarrollo de aplicaciones. Precisamente uno de los más recientes aportes de este grupo a la ``ciberbibliografía'' es un software multimedia que contiene todas las constituciones de América.

El riesgo del infopopulismo

Así como la infopolítica espera por su bautizo oficial, otro término, es el infopopulismo. ``Aparte de los nuevos inconvenientes que generan los cambios, se corre el riesgo de que al no valorar en su justa medida la infopolítica se caiga en los falsos consensos. Detrás de los correos o del permanente ``linkeo'' puede perfilarse una actitud que no responda al país real. O alimentar toda una doctrina del hacker que encuentre asidero en los sectores sociales, unas veces opuestos a aceptar las nuevas reglas y otros ganados a un posible infopopulismo sustentado en esa atención personalizada de los problemas y el subsiguiente intercambio de prebendas'', dice Barragán quien tampoco descarta la posibilidad de que se compren votos en la red. ``No lo sabemos, pero lo cierto es que el ciudadano común podrá vincularse directamente a un``administrador de intereses'', restándole importancia a los mediadores institucionales ya conocidos''.

Remata recordando que según datos facilitados por el abogado Raúl Lozano, la empresa Datapro Research Corp ha determinado que los problemas habituales que se presentan en los sistemas se deben a errores en los que incurren los empleados (50%), empleados descuidados (15%), empleados deshonestos (15%), intrusos (10%) y a la integridad física de las instalaciones (10%).

``Aunque es menor el factor delictivo intencional, nada parece desautorizar el desencadenamiento perverso de un proceso de desestabilización, acogida la doctrina hacker previa combinación de algunas ideas o estereotipos deleznables. Basta con indagar un poco para descubrir en los foros de Internet, privados o no, algunos movimientos neonazis muy activos y con profunda vocación propagandística, dispuestos a identificar al enemigo y entorpecerlo en términos virtuales y también reales''.

Visto lo anterior, otro de los riesgos que se pueden visualizar, sobre todo en nuestro país, es que la actividad política tan mal vista por los venezolanos por el desapego a la realidad nacional, se suma en un virtualismo total y se pierda en la sobrecarga informativa que atiborra la red.