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viernes, 15 de marzo de 2019

KATZ

"Etcétera", revista frecuentemente leída por entonces. Impresión:  25/08/1998.

miércoles, 31 de agosto de 2016

MIOPÍA TECNOLÓGICA

EL UNIVERSAL, Caracas,31 de agosto de 2016
Descontento 2.0 y tecnoimaginación
Daniel Asuaje
    
El clima generalizado de descontento es un impulsor emocional de la participación política activa. Las redes sociales la abonan. Sabemos que el nivel de desarrollo de las tecnologías de  comunicación condiciona las formas y niveles de la participación política. En efecto, todas las formas unidireccionales de comunicación favorecen las formas autoritarias de gobierno. Los contextos de comunicación bidireccional facilitan el diálogo, la negociación, la empatía y la concertación. Cuando la comunicación sólo podía ser principalmente cara a cara los griegos ensayaron las formas asambleístas de la democracia. Solo cuando el analfabetismo disminuyó socialmente y los medios de comunicación de masas fueron una realidad, la participación de las mayorías en la política fue posible. Alcanzar determinado nivel tecnológico no asegura automáticamente la realización de las potencialidades políticas, pero su ausencia sí niega, en la práctica, su posibilidad.

Las redes sociales, la web 2.0 camino a la  3.0, las tablets y smartphones, así como un sinfín de aplicaciones existentes hacen posible la democracia participativa. En nuestro país existe un cuerpo legal, el del poder comunal, frente al cual nuestra oposición ha sido ciega por razones ideológicas, desaprovechando un sinfín de posibilidades mediante las cuales habrían podido poner en aprietos al régimen actual gracias a la participación real y masiva del soberano.  Debió verse más sus posibilidades que su promotor.

La cúpula  chavista al verse en el dilema de profundizar la democracia participativa o enfocarse en la concentración y mantenimiento a todo trance del poder optó, por esto último. Por ello dejó de lado la profundización del marco legal comunal, la creación de nuevos consejos comunales y asegurar la incorporación de estos a los mecanismos de consulta y decisión. Esta conducta, voluntariamente o involuntariamente, coincide con el descuido de la actualización de nuestra infraestructura tecnológica de comunicaciones, en particular la de Internet.

La infraestructura tecnológica nacional además de obsoleta, es de insuficiente cobertura poblacional y tiene tan pobre mantenimiento que puede caer en situación de colapso y apagón tecnológico en los próximos meses. Las capacidades actuales son lamentables, Venezuela tiene la navegación más lenta en la red de nuestro continente con 1,9 de velocidad, Chile navega con 7.3. Estamos en la cola tecnológica. En países como Perú más del 75 por ciento de los internautas navegan a cuatro megas. En Venezuela menos del 10 por ciento puede hacerlo.

Este rezago  impide que disfrutemos de televisión por streaming, profundiza  el analfabetismo tecnológico, nos margina de la vida moderna porque la imposibilidad de renovar equipos y actualizar licencias de software nos ponen en peligro de quedar fuera de la nueva web. También coloca a los ciudadanos en situación de minusvalía tecnológica para el ejercicio de sus  derechos a informarse sobre lo que deseen, opinar sobre lo que estimen de su interés y  hablarles directamente a sus gobernantes cuando quieran demandar rendición de cuentas o hacerles saber sus prioridades. El gobierno puso a la democracia participativa en el listado de las promesas incumplidas. Pero si bien hay limitaciones tecnológicas para el pleno ejercicio de la democracia participativa en nuestro país, se está lejos de impedirlo totalmente.   

Para el 1-S las redes sociales estarán completamente activas y serán un medio para sortear la censura informativa de ese día, a menos que haya un apagón tecnológico. Será también terreno fácil para la contra información oficial. Ningún medio escapa a esta posibilidad de uso, pero los usuarios de las nuevas tecnologías disponemos de modos de validación tan rápidos como los intentos de desinformarnos se sucedan.

Estas posibilidades tecnológicas y la nueva cultura del conocimiento deberían mover a las organizaciones políticas  a migrar desde la divulgación de contenido proselitista convencional o auto promocional hasta la difusión de contenidos sintonizados más bien con las expectativas e intereses de los ciudadanos. Es la manera moderna de conseguir seguidores, comunicándose con ellos a partir de sus intereses y necesidades y no desde la perspectiva de los partidos o líderes. Es consustanciándose con el ciudadano que se gana su atención, su confianza y hasta su adhesión a las propuestas.

La  miopía tecnológica de la oposición, unida a su ceguera ideológica sobre las posibilidades del marco legal del poder popular, les hace desaprovechar oportunidades más eficientes y baratas  que las convencionales para la participación protagónica de las mayorías, justamente cuando se puede desnudar los frenos gubernamentales a estas posibilidades y ya es viral nuestro descontento. La democracia participativa y protagónica vino para quedarse pero hace falta que la imaginación tecnopolítica y la apertura ideológica aprovechen las posibilidades de la plataforma informática. 

Fuente:
http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/descontento-tecnoimaginacion_459338

sábado, 26 de marzo de 2016

LA SOLA INSTANTANEIDAD

EL PAÍS, Madrid, 20 de marzo de 2016
MIEDO A LA LIBERTAD
Política Instagram
La política se ha convertido en la representación del más puro y natural comportamiento humano
Antonio Navalón

Las actuales campañas políticas son como la red social Instagram, una fotografía capturada en un momento con una aplicación que, además de difundirla, permite la posibilidad de mejorar y maquillar la realidad. Y mientras, los pueblos no dejan de manifestarse en una gigantesca primavera, similar a la que se desató hace cinco años en el mundo árabe, propiciando diversos fenómenos que transformaron el panorama internacional.
En medio de todos los cambios que se están gestando, hay un aspecto fundamental: no haber exigido un castigo para los responsables y las causas de la crisis económica de 2008, cuyas consecuencias contribuyeron a la pérdida de la moral, poniendo en riesgo los sistemas políticos. En ese contexto, el proceso electoral en Estados Unidos, en realidad no está rompiendo ningún esquema o paradigma que no se hubiera fracturado antes. La carrera por la Casa Blanca lo único que está haciendo es señalar, con la brutalidad de un mercado emergente, que, por una parte, las campañas tienen un gran contenido emocional. Y por otra, que estamos mentalmente instalados en el pasado, analizando la política según las encuestas que, a modo de logaritmo, establecen una tendencia.
La política se ha convertido en la representación del más puro y natural comportamiento humano. Un comportamiento compuesto por el universo de los sentimientos, los sentidos, las frustraciones, lo que se espera, lo que se pierde y lo que se encuentra. En la ciencia social moderna, lo importante no es seguir asombrándose por el grado de erosión de los sistemas, sino conseguir que toda esa fuerza y expresión popular se convierta en un nuevo poder ciudadano. El fin debe ser perseguir un cambio para generar un bien común y no entregarnos, una vez más, a la tentación del fracaso colectivo que lleva a buscar al más estridente para que sea nuestro guía, nuestro líder y finalmente nuestro führer
Los votantes son hoy la cara del enojo social. Sin embargo, al paso que vamos, no lograrán construir un país o una institución porque sencillamente los mensajes políticos que emiten sólo quedan plasmados en las redes sociales, donde lo único que importa es la fotografía, el perfil, el color, la luz y los lugares donde estamos o nos gustaría estar. Y pese al alcance y el impacto de todo lo que puede ser compartido y difundido en Internet, la construcción de los ámbitos en los que se desarrolla la convivencia colectiva es, por definición, algo que va más allá del mundo virtual.
Hubo un tiempo en el que la clase política se acostumbró a no pagar por las consecuencias de sus actos. Hubo un tiempo en el que la división de poderes de Montesquieu era un indicativo de lo ideal. Y hubo un tiempo en el que era posible avanzar, pese a todas las contradicciones de nuestro mundo. Hoy todo eso ya no es posible. Hay historias como la del expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, en la que al Lula que tiene algo que ocultar y que tiene miedo se le incorpora al Gobierno. Pero al Lula que cambió la historia de su país se le conduce a la puerta de la cárcel. No se trata de un problema de mártires, sino que en el peregrinaje de aceptar ser líder, presidente y dirigente, en una era en la que el pueblo puede hacerse escuchar sin necesidad de intermediarios, hay que tener muy claro todo lo que debe conservarse.
Y lo que hay que conservar no son las libertades personales bajo sospecha, sino la capacidad moral de seguir una equivocación hasta el final, pagar las consecuencias y reivindicarse. El resultado de las reformas es que, si alguna vez el proyecto fue fecundo y constructivo, hoy es un terreno baldío que ha devuelto el poder real a los que siempre lo tuvieron, sólo que en esta ocasión el circo en el que vivimos ya tiene más víctimas. Y así quien es capaz de dominar todo ese espectáculo, puede ganar unas primarias e incluso llegar a ser presidente. Sin embargo, también pone de manifiesto que, a pesar de que los votantes estamos dolidos, enojados e inconformes, ya no somos una materia predecible a la que se puede engañar.

Fuente:http://internacional.elpais.com/internacional/2016/03/20/actualidad/1458506900_747887.html

jueves, 7 de enero de 2016

DE LA INSTANTANEIDAD INCOHERENTE

Del enredamiento político (y nota previa)
Luis Barragán

Cumplida la formal instalación de la Asamblea Nacional, la ciudadanía espera que emplee adecuadamente las redes sociales. La mayoría democrática que, por cierto, lo ha sido por mucho tiempo, ha de romper con la grosera manipulación oficialista que se hizo, por ejemplo, a través del portal digital y del Twitter, trastocados en recursos secundarios del principal partido de gobierno, dada la escasa audiencia y credibilidad que alcanzaron.  Sugerimos, incluso, la publicidad electrónica no sólo de los Diarios de Debates que cursarán, sino de los que se sistemáticamente se omitieron en el ya concluido lustro.

En-redo y en-redamiento político
Generalizado el empleo de las redes sociales en proporción a lo poco o mucho que accedamos a los equipos, los asuntos políticos – no otros que los relacionados con el destino compartido – saben más de las estridencias del conflicto que de la polémica de sus motivaciones. La cultura iconográfica explica también nuestras vinculaciones con el poder y, así escribamos en 140 caracteres, constando un mínimo acto reflexivo, tendemos a trillar el camino de las predisposiciones redundando en la simplicidad del primer vistazo a los problemas.

Los problemas políticos cuentan con una naturaleza y características muy propias, exigiendo un segundo o tercer vistazo, por lo que el ciudadano común – ocupado en otros menesteres – suele  depositar su confianza en quienes le representan en cualquiera de los ámbitos donde se realiza, incluyendo la opinión pública. No significa que sea un fenómeno exclusivo de quienes la hacen u opinan por oficio o profesión, porque – al fin y al cabo – no sólo la padecemos todos, sino que el sentido común es su esencia. Sin embargo, precisamente, suele enredarse en las redes.

Faltando el criterio más elaborado, requerido de una sostenida atención, los prejuicios pueblan nuestras incursiones – por mencionar algunas - en Facebook que, se dice, goza de mayor antigüedad y popularidad  en Venezuela, aunque está limitado a  cinco mil amigos por cuenta, con la ventaja de permitirnos elegir, delimitar  y conformar la comunidad de nuestro interés;  Twitter, de superior sintonía en los sectores medios, ilimitado y exponente de las más disímiles posturas; e Instagram, con una afiliación – acaso – más selecta y literal como resueltamente iconográfica. Por supuesto, el discurso maniqueo y brutal del gobierno ha bañado  tales herramientas, abusándolas como un medio de provocación que, a su vez, ahorra toda la explicación hasta institucional que amerita su gestión, generando las reacciones del caso.

Valga la hipótesis, el usuario suele responder con sus predisposiciones inmediatas, convertidas – igualmente – en un forzado acto recreativo, inherente a la virtualidad, por las cuales no responde o dice no responder. Y, realizando el fundamento de lo que concebimos como la cultura iconográfica, por las prisas de la vida cotidiana o, sencillamente, porque son otras sus ocupaciones e intereses, recurre a las ideas preelaboradas, a los gestos trillados y los ángulos que les resultan por consensuados, confiables, a objeto de expresarse esgrimiendo un recurso de autoridad.

A modo de ilustración, creamos hacia 2008 el grupo Libros en Facebook [https://www.facebook.com/groups/13765738818/] con el sencillo propósito de reportar las reseñas personales de sus miembros, pero - combatidos ya inútilmente – ha sido prácticamente imposible impedir que suscriban sus preferencias con remisión  a portales con opiniones ajenas, a motivos gráficos vistos hasta la saciedad y a la autopublicidad de obras no arbitradas por casa editorial alguna. Vale decir, una comunidad supuestamente “inteligente”, incurre en los vicios de la reiteración, sin el valor agregado de un genuino y modesto encuentro de lectores, reacios a la disciplina que lleve a una deseada autorregulación. Y, con mayor razón, los grupos que se dedican a la política de hoy, replican intensamente lo ya consabido, perdiendo – por más que la membrecía sea voluntaria y con fines precisos – la oportunidad de razonarla un poco más y mejor.

Joana Ziller y Carolina Braga, en un trabajo sobre la participación ciudadana, integrante de la compilación intitulada “El uso de las redes sociales: ciudadanía, política y comunicación”, publicada por la Universidad Autónoma de Barcelona en 2014, con énfasis en la experiencia española y brasileña [http://incom.uab.cat/download/eBook_6_InComUAB_redessociales.pdf], refieren: “… Poco  importa  si  lo  que  se  publica  en  las  redes  sociales  y  en  los  medios  de comunicación  social  es  una  producción  original  o  una  inserción  en un  flujo  más  amplio  de  la comunicación.  Mediante  la publicación  de  un videograbado  en  una  manifestación  o  compartido,  el internauta expresa opiniones propias, respalda otras, hace comentarios, recontextualiza o modifica”.

La interconectividad refleja la realidad-real y el desbarajuste institucional de más de década y media, halla suficiente asidero con la polarización que  la ha asaltado, el lenguaje soez y el revanchismo que no mide sus peligros, con la comodidad del teclado. Una fotografía nostálgica de la vieja ciudad, puede ocasionar u ocasiona comentarios muy distintos al objetivo de los grupos Caracas en Retrospectiva I y II [https://www.facebook.com/groups/14739997038/ y https://www.facebook.com/groups/24371473543/], duros e impertinentes que tienen por afán la actualidad política y, faltando poco, resistiéndose al llamado de los administradores que apelan frecuentemente a una enojosa y fuerte moderación. Hay excesos en los grupos especializados en política que imposibilitan el intercambio sensato de pareceres y no conduce a iniciativa alguna en el mundo-real, su terreno natural, por lo  que, al menos, ahora dudamos  que “los Foros (…) funcionan como espacios de diálogo, no de deliberación”, como observó María Eugenia Peña de Arias , coincidiendo en que “los grupos se usan como espacios para relacionarse con el hecho político, no para informarse sobre política”, sin que conduzcan al “compromiso con soluciones o acciones concretas” [“Las redes sociales como espacios para la discusión de asuntos públicos: estudio de los grupos sobre política venezolana en Facebook”, en: Anuario Ininco, UCV, Caracas, nr. 1, vol. 23 de 2011].

Twitter parece más propenso a la información que al relacionamiento luego personal que promete Facebook, y la política suscita respuestas más de las veces destempladas. Recordemos, ha sido el instrumento favorito del telegobierno venezolano, suerte de Gaceta Oficial que le evita hasta una rueda de prensa para explicar buena parte de las decisiones adoptadas, así como sus registros lo llevan a la represión directa de usuarios disidentes, con la cárcel o el despido del funcionario público que osa asomar sus discrepancias.

Ciertamente, goza de una envidiable instantaneidad, aunque dificulta el intercambio coherente y  duradero, propicio a un mensaje malicioso que, inevitable, lo distorsiona. Sentimos, como nos ocurrió recientemente, que también da ocasión para el razonamiento: lo ejemplificamos con un Tweed en el que nos etiquetaron, portador de un enérgico mensaje respecto al problema esequibano y, al redireccionarlo al blog personal, el remitente comprendió y asumió que nuestra posición no es en nada improvisada.

La confusión política a la que tienden las redes, enfatizando la inmediata opinión del usuario, encuentra remedio – justamente, al tratarse de la política – en el mundo-real, como los recientes resultados electorales, premisa inevitable, aunque también con un empleo idóneo y pedagógico de las herramientas virtuales que haga la Asamblea Nacional. Ésta vez Twitter puede conocer de una diferente incursión y, por algo, a guisa de ilustración, a la fecha en la que suscribimos estas notas, la cuenta de la injustamente destituida diputada  @MariaCorinaYA tiene 2,86 M de seguidores, frente a la de @NicolasMaduro , con 2,64, dejando atrás las cuentas de la Asamblea Nacional bajo predominio oficialista como @SecretariaAN con 367 K y @SecretariaAN con 367 K.

Fuente:
http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/24882-del-enredamiento-politico-y-nota-previa
Fotografía: http://www2.esmas.com/bits/noticias/457216/motivan-redes-sociales-jovenes-electores/

jueves, 2 de abril de 2015

DESARCHIVO: PRESOS POLÍTICOS, RELIGIONES SIN PIEDAD, UNA HERRAMIENTA PARLAMENTARIA

Creemos conservar - apenas - dos de los textos publicados en El Periódico Popular, hacia 1987. Una primera entrega, estuvo relacionada con la situación de los indígenas en el país. Una segunda, harto significativa, la dedicamos a  otra situación: la de los presos políticos. Como se verá, la prédica no es nueva. Esto, con independencia de cualesquiera posturas ideológicas.  E, inevitable, consterna que buena parte de quienes sufrieron ayer la persecución, por la que también nos pronunciamos, ahora sean los carceleros que se afincan principalmente en la juventud. Ahí está La Tumba, ofreciendo un testimonio tenebroso. Ahí están las cárceles para delincuentes comunes, con venezolanos cuyo único y pretendido delito sea el de disentir políticamente. Por lo que vemos, este socialismo que llaman vanidosos del siglo XXI, no tiene ninguna autoridad moral. Constituye una verguenza.

La otra referencia fue una larga declaración que apildoró El Nacional y otros medios, sobre la banalidad que también reinaba en los sectores de oposición. Por una parte, día jueves, sale la nota y hubo quienes, propios y extraños, se irritaron. ¿Cómo era posible semejante postura?
Creímos que se iba a armar la de "san-quintín", en la venidera reunión de la dirección nacional del partido, donde éramos minoría cada vez más relativa. El domingo, salió en el citado periódico un texto de Coll que, posiblemente, neutralizó las críticas. Nadie hizo mención de la declaración que parecía saludada por el articulista, en la reunión de la dirección del lunes, excepto - y es necesario reconocerlo - Eduardo Fernández, quien la presidía y, al finalizar la sesión, halagó que un autor de prestigio se ocupara de un dirigente socialcristiano. Por cierto, la fotografía del suscrito, todavía sin saber el nombre del fotógrafo del periódico, es la que empleamos para nuestros textos destinados a Noticiero Digital desde sus inicios. Y se ha quedado, originalmente publicada en 2005.

Contribuimos con la creación y desarrollo de la Sala de Cibermedios, a mediados de los noventa. Fue una constante preocupación la relación de la política y la red de redes. Por ello, sin pretendernos expertos, no ha sido extraña la materia cuando de proyectos legales se trata en la actual legislatura a punto de culminar, si el gobierno decide realizar las elecciones en el presente año. Por supuesto, el que mucho abarca, poco aprieta. Son varios los proyectos y los textos sancionados, originados en la Comisión Permanente de Ciencia y Tecnología de los que nos enteramos solamente al llegar a la sesión plenaria, ocupados por completo en la Comisión de Cultura e, inconsultamente tranferidos, en la de Administración y Servicios, donde cursa un proyecto sobre el comercio electrónico que hemos atendido.

El Nacional - Domingo 08 de Enero de 2006 A/6
Esas religiones sin piedad
Armando Coll

Animan estas líneas a continuar (o subrayar, que no es lo mismo que suscribir) el argumento que en días pasados ensayara el subsecretario general de Copei, Luis Barragán, ante ese muro de los lamentos que parece ser el futuro político de la oposición democrática en Venezuela. Trataba Barragán de la necesidad de los partidos que han quedado excluidos del juego político de hacerse de “una sólida perspectiva ideológica”. Apuntaba el dirigente la impertinencia de insistir con “señalamientos banales y pendencieros” como forma de oponerse a un gobierno inconmovible ante la crítica pertinaz, incuestionable como está con tanto poderío.

No le falta razón al prominente copeyano si, como muy visto está, no hay insuficiencia gubernamental (o mala gestión) que no sea rápidamente subsanada por el excesivo carisma del mandamás; la última instancia, ese Presidente salvador que nunca se entera de lo mal que lo hacen sus funcionarios, de lo mal que van las cosas muy a su pesar, tan ocupado como anda en repartir la revolución por todo el continente, tal como asienta la creencia popular.

En un país en que ese intangible, “el carisma”, es la mayor entre las virtudes que a un político puedan adornar, donde ese intangible se eleva sobre las necesidades más urgentes de las masas (recuérdese el estribillo aquel: “Con hambre y sin empleo, con Chávez me resteo” ), pues la realidad tangible queda neutralizada como una gran banalidad. ¿Cómo contrastar las cifras de damnificados por las lluvias con ese atributo inmensurable que es el carisma del líder?
“Don gratuito que Dios concede a algunas personas en beneficio de la comunidad”, es la segunda acepción que le otorga el Diccionario de la Real Academia Española al, en apariencia inexplicable, carisma.

Y da la impresión de que es así. Haberlo sabido antes, que bastaba con ese don gratuito, esa gracia por la que ninguna deidad reclamará esfuerzo, ni mucho menos sacrificio, para que la gente se estuviera quieta y se complaciera con que todo lo que acontece a su alrededor, ese cataclismo continuado en que deviene la vida de la mayoría de los venezolanos, y tanto afecta sus miserables existencias es completamente banal. Viéndolo bien, el chavismo (como, tal vez, todo fanatismo basado en el carisma de alguien) es una suerte de gnosticismo. Recuérdese que los gnósticos, al menos en la vertiente cátara que tanto persiguieron los dominicos en la Edad Media, se resignaban a la idea de que este mundo material es el verdadero infierno y que lo bueno está en el más allá.

A estas alturas, se creerá que lo que aquí se propone es que el chavismo es una religión. Y no.

Tal vez en ese chavista ingenuo que hacía bulto en la avenida Bolívar opere la fe o algún sucedáneo; pero cabe sospechar que la nación, más que de un fervor ciego como el que animan las religiones, está a merced de una ideología, ramplona, inconsistente, oportunista y todo lo que se quiera, pero ideología al fin.

“Esas religiones sin piedad” las llamó a las ideologías el novelista Roberto Bolaño, poco antes de su muerte temprana. La explicación que los voceros del poder dan a las incesantes fatalidades que acosan a la ciudadanía no llegan a ser tan esotéricas como aquello de que “los caminos de Dios son impredecibles”.

Nada de eso: en el mundo de Chávez todas las desgracias tienen por autor el neoliberalismo, vale decir, una ideología que se opone a la de él, que se podría definir llanamente así, como lo opuesto al neoliberalismo.

Así, el caso del Viaducto 1 de la autopista Caracas-La Guaira, desde la perspectiva ideológica del chavismo podría ser una banalidad que, en todo caso, se debe a las torrenciales lluvias incitadas por el desorden climatológico que ha dejado tras de sí el imperio del neoliberalismo.

Ante los desmanes del neoliberalismo hay cosas que ya no se pueden hacer, según tal perspectiva ideológica, y se deja ver entre el establishment revolucionario cierto dejo también de resignación: “Se acabaron los veinte minutos de Caracas a la Guaira”, se solaza el ministro de Interior en el mal de muchos.

Lo que no toma en cuenta la perspectiva ideológica es el padecimiento muy concreto de los venezolanos que con resignación de cátaros ya van aceptando que su país no es sino un gran desastre continuado y sin remedio.

Barragán parece lúcido al proponer mayor consistencia ideológica a los partidos democráticos, pero ante la impiedad de la ideología del poder, ante su inapelable voluntarismo, su énfasis y su violencia, ¿podrá enfrentarse al gobierno con una racionalidad que no reconoce?
Entiéndase, la racionalidad de la convivencia democrática, que admite diferencias ideológicas.

Cabe sospechar que la nación, más que de un fervor ciego como el que animan las religiones, está a merced de una ideología, ramplona, inconsistente, oportunista y todo lo que se quiera, pero ideología al fin.


jueves, 25 de diciembre de 2014

¿ABSOLUTA DESINTERMEDIACIÓN?

EL NACIONAL, Caracas, 24 de diciembre de 2014
Democracia digital
Luis Manuel Aguana 

Es interesante observar el contraste de las épocas y las herramientas. En la medida que se desarrollaron con el tiempo las herramientas, la humanidad avanzó en su forma de vivir y desarrollar calidad de vida. Tómese por ejemplo el transporte. De no haber existido una tecnología para transportar personas y cosas en las diferentes épocas, no se hubieran desarrollado ciudades y conglomerados industriales. La invención del automóvil y su masificación a principios del siglo pasado marcó un hito en la forma como se construyeron las ciudades y donde vivían las personas.
Sin embargo, así como operaron esos cambios profundos de la humanidad con relación al transporte y la manera de vivir de la gente, no existe relación alguna en términos de proporción con lo que ocurre con los cambios producidos por la tecnología de la información y la manera en cómo ahora nos relacionamos las personas entre nosotros mismos, nuestros trabajos, e incluso nuestros gobiernos, y la manera en que nuestros representantes nos “representan” para tomar decisiones que nos afectan a todos.
Si bien es cierto ahora sabemos instantáneamente lo que ocurre al otro lado del planeta, tanto como lo que ocurre en nuestra misma ciudad, esa información, más allá de saber lo que pasa al instante, representa una sobredosis que paraliza al ser humano, siendo en la mayoría de los casos-para quien no sabe qué hacer con eso-, una maldición más que una bendición.
Cuando viajaba al exterior siempre me llamó la atención que los ciudadanos de localidades importantes de países desarrollados, fuera de las muy cosmopolitas, no sabían donde quedaba Venezuela, y lo más llamativo aún, ni les interesaba. Los que más tenían una idea, sabían de un país que producía petróleo en Sudamérica. Solo estaban pendientes de su propio círculo local de vida y de su propia cotidianidad.
Entonces, me decía yo, ¿qué hacían estos tipos con el Internet? ¿Porqué los periódicos locales no decían nada del resto del mundo? Y la respuesta no la vine a entender sino mucho tiempo después: esos países dividen sus problemas y los manejan desde su propio ámbito territorial de conocimiento y aplicación. Y cuando cada “espacio” es administrado por su gente, aplicando sólo el conocimiento que necesitan para resolver los problemas locales, no requieren saber de nada más, el resto les sobra.
En esos países cuando un individuo se hace más general, ya bien sea por razones de liderazgo público o privado, y su entorno va más allá de lo local, haciendo su esfera nacional o internacional, el sistema lo lleva a tener que conocer más. Y allí es donde se ve que un líder político o empresarial es global y generalista. En Venezuela los liderazgos no han aprendido eso todavía porque nuestro sistema de hacer las cosas y ver al mundo apunta a ser generalista de una sola vez, donde se sabe de lo general sin haber aprendido lo local.
En los países desarrollados, a pesar que los cambios en la tecnología de la información no se han traducido muy fuertemente en el modo en que la gente se relaciona, si tienen claro que poco a poco esos cambios se darán de una manera gradual dentro de su propia manera de hacer las cosas, dejándole a la tecnología el justo lugar que le corresponde. Por ahora, la mayoría de la gente asiste con un horario a un puesto de trabajo a pesar que en ésta nueva época, prácticamente todas las personas somos procesadores de información y podemos hacer el trabajo desde nuestras casas. Incluso podemos vernos y reunirnos virtualmente sin movernos de lugar. Y eso nos lleva también a la redefinición gradual del nuevo rol de nuestros representantes en esta época de contacto digital masivo, que hace que la relación entre representantes y representados estén comunicados de una manera directa y sin barreras.
Todavía la mayoría de nuestro liderazgo político en Venezuela cree que las nuevas herramientas de comunicación se usan como se usaban las anteriores (radio, prensa y televisión). Tienen cuentas de Twitter y Facebook porque es la moda y no saben usarlas. No discuten bis-a-bis con sus electores y representados. Creen que era como antes que escribían artículos en la prensa y eso se quedaba allí, sin que la gente pudiera replicarles inmediatamente y ellos darse el lujo de no contestar. La aparición de nuevas caras en esos medios que no necesitan pedirle permiso a ningún editor de prensa o dueño de medio televisivo o radial para ser tan conocidos como ellos y que fijan nuevas líneas de política, es el pan de cada día. Es un mundo nuevo y un juego político muy diferente que tiene un tablero dinámico para operar.
En Argentina un grupo de jóvenes crearon un nuevo partido político con el nombre “Partido de la Red” que “propone mejorar la democracia aprovechando las virtudes de Internet” (ver Wikipedia Partido de la Red en http://wiki.partidodelared.org/index.php/P%C3%A1gina_principal). La intención principal es que los representantes electos hagan lo que sus representados en mayoría dispongan. Para ello concibieron una aplicación por teléfonos inteligentes denominada DemocraciaOS. “La propuesta del Partido de la Red es que los ciudadanos puedan debatir y votar en la plataforma Democracia OS sobre los proyectos de ley de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. No habrá barreras para la participación: todos los ciudadanos de la Ciudad de Buenos Aires podrán expresar su opinión.”. Les invito a ver la extraordinaria conferencia de Pía Mancini fundadora de ese partido, explicando los alcances de esa iniciativa (ver TED http://www.ted.com/talks/pia_mancini_how_to_upgrade_democracy_for_the_internet_era) y su historia en YouTube (http://youtu.be/scCKzU2jQWc).
Esa conceptualización de democracia directa, sin intermediarios de cogollos o negociadores de política, que hacen con el mandato de los ciudadanos lo que les viene en gana, está en vías de extinción. Pero más allá de eso, la combinación de comunicación directa entre elector y elegido a través de una herramienta novedosa y la subdivisión con responsabilidad real y de recursos de los “espacios” locales (municipales), estadales y federales, establecen unos niveles de responsabilidad diferentes, haciendo mucho más preciso quien debe ocuparse de qué, y qué debe exigírsele a quien.
Una democracia basada en un nuevo modelo de descentralización como el propuesto en el Proyecto País Venezuela (http://proyectopaisviaconstituyente.blogspot.com/) está en completa sintonía con ese tipo de democracia que ya visualizamos como una realidad en el mundo dentro de los próximos años y que bien podríamos bautizar como Democracia Digital. Ya estamos dando los primeros pasos para llegarle al ciudadano y convocarlo como nunca antes se había realizado en el país, aprovechando las herramientas del siglo XXI para refundarlo con nuevas estructuras, que nos permitan heredarle a las nuevas generaciones una Venezuela que si mire hacia el futuro.
Blog: http://ticsddhh.blogspot.com/
Email: luismanuel.aguana@gmail.com
Twitter:@laguana

Cfr. "¿Porqué no puedes tener una discusión seria en Internet?": http://www.afinidades.org/5324?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+AfinidadesElectivas+%28afinidades+electivas%29&utm_content=FaceBook
Ilustración: Warren Dykeman.

lunes, 3 de marzo de 2014

PULSO DIGITAL

De la infopolítica en boga
Luis Barragán

03/03/14

“Las nuevas tecnologías cuestionan
la importancia de los emplazamientos
geográficos (los equipamientos tradicionales
del poder) en la definición de las relaciones
 sociales y de las entidades culturales”
Alejandro Piscitelli
(*)

Consabido, las actividades decisivas de la oposición cuentan con la ventaja de una militante interconectividad, pues no existen oportunidades para la promoción radiotelevisiva, escaseando el papel periódico para una prensa amenazada y censurada. Y no sólo la concurrencia ha sido masiva y espontánea, sino que, convincentemente participados, los eventos convocados adquieren también significaciones insospechadas.

Por ejemplo, la herramienta ha sido fundamental para la Movida Parlamentaria  trastocada en Ciudadana. Las exitosas asambleas que arrancaron en Caracas y en las principales ciudades del país el 2 de febrero del presente año,  intensificándose la protesta posteriormente, así lo ratifican.

Las redes sociales van más allá del legítimo relacionamiento personal y recreativo, adquiriendo otras dimensiones que las justifican: no hay mundo virtual, si no se prolonga en el mundo real.  La llamada infopolítica o ciberpolítica adquiere una incontestable importancia, permitiéndonos lidiar con las insustituibles realidades que nos agobian.

Además, el sostenido intercambio personal admite y permite la identificación con determinados valores y principios, sustentando sendas comunidades digitales. Y éstas, además, cuales agencias de socialización política que, en lugar de complementar, reemplazan a los partidos en crisis, han permitido el descubrimiento o renacimiento del ideario democrático en las generaciones más recientes,  aparentemente desinformadas por todos  estos años.

El fenómeno todavía es incomprendido por un gobierno que ha dado testimonio suficiente de su ineficacia en las redes, pues, apenas logra sostener algunas páginas escasamente dinámicas y efectivas, sin que sepamos ya de la utilidad y rendimiento del par de satélites artificiales orbitados. Además, algo más que una excentricidad, gobierna por Twitter, evitándose una libérrima rueda de prensa, las indispensables formalidades de Estado o cualesquiera otras explicaciones que naturalmente se les exigen.

Cuenta con una exacta vocación policial que se resigna a la contaminación y distorsión de la mensajería contraria, esmerándose en una distinta y asfixiante actividad de contrainteligencia cuando no logra localizar físicamente, perseguir, aprehender y sentenciar al usuario que se le opone. Empleando el lenguaje militar, el gobierno se empeña en una guerra de posiciones a la vez que la oposición hace la de movimientos.

El gobierno enfrenta en las redes a líderes creíbles y con capacidad de convocatoria que, además, valga el pleonasmo, demuestran su coraje físico en el mundo real. Desubicado el poder establecido, incompetente para atisbar el otro relacionamiento social y político, creyéndolos líderes por decreto, apela a las convicciones y mecanismos convencionales, añadida la investigación que ha abierto CONATEL en torno a determinados portales digitales.

Ya no tan nuevas, Piscitelli ejemplifica una reflexión precursora que la infopista suscitó una veintena de años atrás. Y valga el contraste: la sancionada Ley Orgánica de Cultura, aún sin promulgarse, no contempla el ciberespacio a pesar que oportuna y fundadamente lo propusimos en el seno de la comisión parlamentaria correspondiente.

(*) “Ciberculturas. En la era de las máquinas inteligentes”, Paidós,  Buenos Aires, 1995  : 108.

Fuente: http://opinionynoticias.com/opiniontech/18437-de-la-infopolitica-en-boga

viernes, 28 de febrero de 2014

EL OTRO DEBATE

EL PAÍS, Madrid, 28 de febrero de 2014
LA CUARTA PÁGINA
Democracia sin política
Los que critican o protestan no tienen necesariamente razón ni el espacio público se reduce a una agregación apolítica de preferencias. Alguien tiene que ordenar y gestionar las demandas de la sociedad abierta
Daniel Innerarity 

La narrativa dominante asegura que vivimos en una época postdemocrática. Esta denuncia se declina de diversas maneras: como primacía de los Ejecutivos frente a los Parlamentos, como distanciamiento de las élites respecto de los gobernados, como desplazamiento de los partidos hacia un centro que hace imposible las alternativas, como desconsideración de lo que realmente quiere la sociedad... Yo no lo veo así, ya lo siento. ¿No será que tenemos, más bien, una democracia abierta y una política endeble? La democracia es un espacio abierto donde, en principio, cualquiera puede hacer valer su opinión, que posibilita mil formas de presión, e incluso tenemos la posibilidad de echar a los Gobiernos. Esto funciona relativamente bien. En nuestras sociedades democráticas no faltan espacios abiertos de influencia y movilización, redes sociales, movimientos de protesta, manifestaciones, posibilidades de intervención y bloqueo.
Lo que no va tan bien es la política, es decir, la posibilidad de convertir esa amalgama plural de fuerzas en proyectos y transformaciones políticas, dar cauce y coherencia política a esas expresiones populares y configurar el espacio público de calidad donde todo ello se discuta, pondere y sintetice. Algo tiene que ver con esto el hecho de que para quienes actúan políticamente cada vez sea más difícil formular agendas alternativas. Estamos en una era postpolítica, de democracia sin política. Tenemos una sociedad irritada y un sistema político agitado, cuya interacción apenas produce nada nuevo, como tendríamos derecho a esperar dada la naturaleza de los problemas con los que tenemos que enfrentarnos.
Dicen los expertos que el retroceso de la participación electoral no viene acompañado por una falta de desinterés hacia el espacio público. La ciudadanía huye de las formas clásicas de organización, lo que es compatible con crecientes modalidades de compromiso individual, un activismo que no está ideológicamente articulado en un marco ideológico que le proporcione coherencia y totalidad, como podía ser el caso de las tradicionales ideologías omnicomprensivas.
Tenemos una sociedad irritada y un sistema agitado, cuya interacción apenas produce algo
El espacio digital ha abierto nuevas posibilidades de activismo político. Plataformas de movilización en torno a causas concretas —como Change o Avaaz— permiten ejercer un clicktivism concreto a favor de buenas causas que contrasta con las adscripciones ideológicas abstractas, objeto de una general incredulidad. Para amplios sectores de la población, la realidad representada por los partidos jerárquicos ya no resulta atractiva, mientras que la cultura virtual de la Red les permite articular cómodamente sus disposiciones políticas fluidas e intermitentes, e incluso situarse off line en cualquier momento.
No faltan tampoco ejemplos de activismo y “soberanía negativa” en el espacio físico, ahora también vinculados a la movilización digital: manifestaciones y performances que obtuvieron una cierta celebridad, como los foros alternativos con motivo de las cumbres mundiales; Occupy Wall Street, todo el movimiento en torno al 15-M, las plataformas contra los deshaucios, la paralización de la privatización de la sanidad en Madrid, la intervención de las acusaciones particulares en los procesos judiciales, la resistencia exitosa contra ciertas obras públicas e infraestructuras: desde Burgos hasta Stuttgart pasando por Nantes…
No pongo en cuestión la bondad de estas actuaciones de resistencia cívica o campañas on line; me limito a señalar que al no inscribirse en ningún marco político que les dé coherencia, pueden dar a entender que la buena política es una mera adición de conquistas sociales. No funciona la articulación de las demandas sociales en programas coherentes que compitan en una esfera pública de calidad; en definitiva, falla la construcción política e institucional de la democracia más allá de la emoción del momento, de la presión inmediata y la atención mediática.
A quien reivindica algo que le parece justo no tenemos por qué exigirle que lo acompañe de un programa político completo y una memoria económica, por supuesto. Pero el espacio público no se reduce a la mera agregación apolítica de preferencias incoherentes, agrupadas como si no hubiera ninguna prioridad entre ellas e incluso ciertas incompatibilidades. Alguien se debería ocupar de ordenar esas reivindicaciones con criterios políticos y gestionar democráticamente su posible incompatibilidad. Pero, ¿hay alguien ahí? Si la política (y los tan denostados partidos) sirve para algo es precisamente para integrar con una cierta coherencia y autorización democrática las múltiples demandas que surgen continuamente en el espacio de una sociedad abierta. Se bloquea la construcción de infraestructuras, que seguramente no deberían hacerse, o no de ese modo, pero seguimos sin saber qué debería hacerse en materia de infraestructuras; detenemos los desahucios —porque podíamos y debíamos hacerlo— pero eso no sirve sin más para incentivar el crédito y hacer una política de vivienda más justa; podemos parar la privatización de los hospitales públicos, pero eso no determina qué tipo de política sanitaria debe hacerse. La política cuya presencia echo en falta es la que comienza cuando se terminan las buenas razones de la sociedad, donde se acaba la tarea del soberano negativo y comienza la responsabilidad del soberano positivo.
Los sectores duros de los partidos dificultan reformas que requieren pactos con adversarios
Al hecho de que las demandas sociales estén desarticuladas se añade la circunstancia de que tales reivindicaciones son plurales, lógicamente, y en ocasiones incompatibles o contradictorias: unos quieren más impuestos y otros menos, unos software libre y otros protección de la intimidad y la propiedad, a unos les preocupa que haya menos libertades y a otros que haya demasiados emigrantes… Sin una valoración política es difícil saber cuándo se trata del bloqueo de reformas necesarias o de una protesta frente al abuso de los representantes. La protesta contra ciertas infraestructuras puede estar motivada por razones ecológicas, pero también por otras menos confesables como el célebre Not In My Back Yard (no en mi patio trasero) o por sentimientos xenófobos si lo que se va a construir es una mezquita. En cualquier caso, a quienes tienden a celebrar la espontaneidad social conviene recordarles que la sociedad no es el reino de las buenas intenciones. La legitimidad de la sociedad para criticar a sus representantes no quiere decir que quienes critican o protestan tengan necesariamente razón. El estatus de indignado, crítico o víctima no le convierte a uno en políticamente infalible.
Existe además otro fenómeno de resistencia social antipolítica que merecería una especial atención. Me refiero al hecho de que alrededor o en los extremos de los partidos se han configurado tea parties que se erigen como protectores de los valores, representantes de las víctimas, portavoces de la multitud o de alguna revolución pendiente. Desde estas trincheras apolíticas parecen dominarse las cosas con una claridad de la que no disponen quienes tratan habitualmente con el principio de realidad. La ira de esos grupos no se dirige tanto a los adversarios como a los propios cuando amagan con rebajar el nivel de lo políticamente innegociable. Extienden una mentalidad antipolítica porque no han entendido que la política comporta siempre ciertos compromisos y concesiones. Los sectores duros de los partidos marcan el paso de una manera que probablemente no les corresponde con criterios de representatividad y dificultan ciertas reformas para las que se requiere el acuerdo político con los adversarios.
Dicen las encuestas que la política se ha convertido en uno de nuestros principales problemas y yo me pregunto, para terminar, si en esta opinión se expresa una nostalgia por la política desaparecida, una crítica ante su mediocridad o más bien un desprecio antipolítico hacia algo cuya lógica no se acaba de entender. En cualquier caso, los ciudadanos tendríamos más autoridad con nuestras críticas si pusiéramos el mismo empeño en formarnos y comprometernos. Y tal vez entonces caigamos en la cuenta de que nos encontramos en la paradoja de que nadie confía a la política lo que solo la política podría resolver.
(*) Daniel Innerarity es catedrático de Filosofía Política y Social, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco y profesor visitante en la London School of Economics.

Fotografía: Muestra de un volante distribuido por jóvenes en los alrededores de la estación de Chacaíto del Metro de Caracas. Caracas, 28/02/2014. Papel glasé.

jueves, 26 de diciembre de 2013

¿CUÁL (DE) LIBERACIÓN?

EL PAÍS, Madrid, 26 de diciembre de 2013
LA CUARTA PÁGINA
La dialéctica de la digitalización
Fernando Vallespín 

Desde la plaza Roja de Moscú, al otro lado del río que atraviesa la ciudad, se podía ver hace años una pequeña central eléctrica de la época de la revolución bolchevique. Sobre ella figuraba un gran letrero que transmitía un mensaje inquietante: “Socialismo es el poder de los sóviets y la electrificación”. La frase era de Lenin y aludía al inextricable vínculo existente entre aquella forma de socialismo y su dependencia del tipo de energía imprescindible para emprender la industrialización. Al final, como todos sabemos, el instrumento que se predicaba para hacer posible el paraíso en la tierra acabó por engullir la promesa de la emancipación marxista.
Desde la perspectiva del ciberoptimismo político, hoy podríamos pensar en una divisa similar: “Democracia es el poder del pueblo y la digitalización”. Al fin habría llegado el momento en el que el ideal del Gobierno del pueblo por el pueblo podría hacerse realidad. Algo parecido a lo que los marxistas —y no solo ellos— creyeron ver en el potencial prometeico de la industrialización, que conseguiría sacar al hombre de su extremada dependencia de la naturaleza y convertirlo por fin en amo y señor de su destino.
Como entonces, el mecanismo imprescindible para encauzar la vida política se hace depender de un instrumento tecnológico, aunque hayamos pasado de estar bajo el signo de Prometeo al de Hermes, el dios de la comunicación. La gran pregunta que se suscita es si esta tecnología asociada a Internet podrá hacer honor a la gran cantidad de expectativas que ha creado o, y esto es lo grave, si su promesa de liberación puede acabar convirtiéndose en su contrario.
Digitalización abarca tanto a la fórmula a través de la cual se almacenan los datos que viajan por Internet como a los procesos de comunicación que se valen de la Red y surfean por ella. Por decirlo en términos pomposos, ya no hay más mundo que el digitalizado. Todo lo demás podrá existir, pero no será más que una sombra sin vínculo con la realidad que importa, aquella enclaustrada en este dominio y accesible a través de complejos algoritmos. El derridiano il n’y a pas hors de texte (“no hay fuera de texto”, el lenguaje es nuestro único acceso al mundo) se ha convertido en un il n’y a pas hors de l’algoritme.
Alimentamos con regocijo la Red y otros toman buena nota de las preferencias que cándidamente les damos
Acceder a la mareante cantidad de información con la cual alimentamos a este monstruo, que ya abarca a casi todo el conocimiento humano y a todas las comunicaciones de todos con todos, solo es posible gozando de asombrosas máquinas de búsqueda programadas con algoritmos destinados a filtrar lo que en cada momento nos interesa. Internet no es un medio cualquiera, ha devenido en el medio sin el cual ya no podemos entender la sociabilidad ni la disponibilidad del conocimiento, del mismo modo que no podemos imaginar que no se haga la luz cuando apretamos el interruptor.
Como en tantas otras cosas, la política democrática se resiste a seguir la senda que le abren estas nuevas tecnologías, al menos en lo relativo al fomento de la participación política. Pero a nadie se le escapan las muchas consecuencias que el digital turn está teniendo para el devenir de la política normal. Todo el espacio público se está reconstruyendo a través de las redes sociales y de una multitud de webs que empujan en la línea de permitir aproximarnos a una transparencia total y de facilitar una presencia inmediata en dicho espacio de sectores de la ciudadanía cada vez más amplios. Las zonas de estrés que esto está generando para los mecanismos de interlocución política saltan a la vista. Los partidos y sindicatos están dejando de ser los canales privilegiados de mediación entre sociedad y política, pero también los propios medios de comunicación tradicionales, cada vez más atentos a los estados de ánimo que asoman en las redes. El Gobierno representativo tampoco consigue escaparse a esta dinámica. Por lo pronto, y esto parece una obviedad, la propia naturaleza de la comunicación inmediata hace que pierda fuerza el elemento “delegativo” que subyace al concepto de representación. Recordemos que “representar” significa “hacer presente algo o a alguien que está ausente”. Todas las dimensiones de la representación —estar, actuar o hablar en lugar de alguien— presuponen una “ausencia”, la del demos que después de haber “autorizado” mediante las elecciones a sus representantes se retira ya de la primera línea de acción política. Esto es lo que ya no ocurre y lo que comienza a subvertirlo todo.
Hoy hemos accedido a una “democracia de enjambre” (Byung-Chul Han), una “sumatoria privada de muchedumbres” reactivas, que se mueven a base de flujos de halago o descalificación (shitstorms) y que, como un seísmo, sacuden el espacio público llenándolo de ruido e impiden, la mayoría de las veces, una reflexión serena. Nos podrá gustar o no, pero está ahí para quedarse y comienza a reivindicar una nueva política todavía apenas visible. ¿Cuáles serán sus consecuencias; cómo puede afectar la nueva realidad virtual al despliegue de la democracia; facilitará el ejercicio de las virtudes cívicas o las subvertirá? Todo son preguntas.
La gran pregunta es si la liberación que promete Internet puede acabar convertida en su contrario
Ya estamos al corriente, gracias al bendito Snowden, de que algunos Gobiernos sí saben qué hacer con el espacio digitalizado y empiezan a valerse de la “minería de datos” para ejercer una vigilancia sistemática de nuestras comunicaciones, aunque ignoremos por y para qué exactamente. Y eso es lo inquietante. Como también, que el futuro del conocimiento humano —y, por tanto, el control de nuestro destino— estará en manos de quienes tengan la capacidad de diseñar los nuevos algoritmos y financiar las sofisticadas máquinas de búsqueda. Ha surgido así una nueva brecha digital con consecuencias que todavía son impredecibles. Mientras los ciudadanos de a pie nos entretenemos con regocijo en alimentar los data commons, las interacciones constructivas a través de la Red —como Wikipedia, por ejemplo—, otros toman buena nota de las preferencias que cándida e inconscientemente les entregamos cada vez que encendemos el ordenador. Ya sea para hacer negocios o para anticipar comportamientos o movimientos “no deseados”. Frente a este problema, el del derrumbe de la eficacia del copyright casi hasta parece un mal menor.
Internet nos ofrece la posibilidad de invertir el panóptico foucaultiano, de ser nosotros quienes observamos y controlamos al poder, y no a la inversa. Esta es la premisa que hasta hace bien poco dábamos por supuesta. Hoy comenzamos a tener la sospecha de que mientras retozamos dichosos en el ciberespacio hemos entrado sin saberlo en una nueva jaula de hierro, bien vigilada y sujeta a un escrutinio anónimo. Todavía no conocemos con exactitud la dimensión exacta de esta amenaza o quién se va a ver beneficiado por ella, y mucho menos sus consecuencias a largo plazo.
Por eso conviene que abandonemos la situación de encantamiento y embeleso en que nos ha sumido la digitalización y tomemos conciencia de sus ambivalencias. Que, como bien dijeran Adorno y Horkheimer en su día respecto de la Ilustración, todo avance en el proceso de racionalización del mundo tiene también sus costes, genera su propia antítesis. Si reaccionamos rápido puede que aún estemos a tiempo de evitar que este espacio de libertad se convierta en una nueva forma de dominación. En la peor de todas, además, porque es silenciosa, encubierta y, por tanto, imbatible. Un nuevo Mundo feliz con soma digitalizado.
(*) Fernando Vallespín es catedrático de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid.
Fotografía: http://infojobs.altervista.org/ofertassepeactualizadas/

jueves, 24 de octubre de 2013

TECNOPSICOLOGÍA

EL NACIONAL - LUNES 17 DE ABRIL DE 2000 / OPI
La pregunta por la técnica
Abriendo umbrales hacia el siglo XXI
María Eugenia Esté

Al lado de la vocinglería político-electoral y de ese gesto testarudo de nuestros "líderes" de reafirmar un mecanismo de cohesión social basado en el parasitismo económico, la alcahuetería, la rapiña, el mal gusto, la mueca peyorativa y el manoseo machista, otras Venezuelas trabajan silenciosamente por abrir los umbrales hacia el siglo XXI.
Al lado de la decadencia, la degeneración y el empobrecimiento material e intelectual de la Universidad Central de Venezuela, pequeños e incipientes nichos de aires nuevos y discusiones actuales van construyendo su espacio en la cada vez más pauperizada vida académica.
Un seminario de Tecnopsicología fue creado recientemente en la Escuela de Psicología de la UCV, un curso regular de Filosofía de la Tecnología se abre campo en el Departamento de Praxis de la Escuela de Filosofía, en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo nuevos y viejos arquitectos argumentan en torno a los efectos de la realidad virtual en el diseño de inmuebles y ciudades, y la Escuela de Comunicación Social de la UCAB discute la incorporación de un programa de Sociología de la Tecnología en su nuevo pensum de estudios.
Estos campos de reflexión que se levantan todavía sobre esfuerzos individuales, a la vez que estimulan la curiosidad de un grupo creciente de jóvenes estudiantes, enfrentan obstáculos de distinta naturaleza que van desde la escasez de recursos para la contratación de estudiosos en estas materias y la adquisición de equipos (computadoras para estudiantes y profesores, servidores de conexiones dedicadas, laboratorios audiovisuales, cinematecas, bancos de datos, etc.) hasta la minucia presupuestaria y el enredijo burocrático que estimulan las sectas mediocres y la corrupción, pasando por la ingenuidad o la ignorancia de quienes creen que la presencia de la tecnología es un asunto sólo de países desarrollados, y que sus efectos se remiten a un grupo minoritario y selecto que usa computadoras. Sin hablar, por supuesto, del temor que la apertura de nuevas dimensiones de saber inspira a tanto anacronismo ambulante que hay en nuestras academias.
El seminario de Tecnopsicología está empeñado en demostrar, entre otras cosas, que el uso de la realidad virtual, aquí mismo en Venezuela, puede ser sumamente beneficioso para el tratamiento de distintas clases de fobias. El debate de los arquitectos venezolanos familiarizados con las nuevas tecnologías para la investigación y la educación conduce a la puesta en cuestión de la materialidad de los espacios, de la misma manera que es relevante para los urbanistas estudiar cómo el mejoramiento del sistema telefónico, y por tanto el envío seguro y rápido de documentos por fax, influye en la red de motorizados-mensajeros que se distribuye por la ciudad.
Un curso de Sociología de la Tecnología tendría que abrir una discusión acerca de los efectos que el nuevo tendido eléctrico que Venezuela y Brasil piensan construir en el sur del país produciría sobre las comunidades indígenas y sus especificidades culturales, o cómo integrar el conocimiento que estas culturas tienen del medio ambiente y sus maneras de relacionarse con la naturaleza a fin de amortiguar las consecuencias abrasivas de la modernidad.
El curso de Filosofía de la Tecnología, anclado como debe estar a la búsqueda de las causas últimas, genera la polémica necesaria en torno a la transformación de lo humano a propósito del proyecto de cartografía del genoma humano, próximo a concluir en su primera fase; y en relación con el uso de tecnologías de reproducción que se va extendiendo, aquí en nuestro país, entre parejas y mujeres de distintas clases sociales.
A contrapelo de la ceguera de los dirigentes políticos en general, y de las autoridades universitarias en particular, estos umbrales se abren y ensanchan: hoy cuando escribo estas líneas me tropiezo con los discursos de los candidatos a rectores (segunda vuelta), esgrimiendo electoralmente las banderas de las redes cibernéticas para la investigación, la docencia y los procesos administrativos. Curioso, ¿verdad?
meste@netscape.net
NION

Y VICEVERSA

Ignorantes y temerarios
Hermann Alvino

En una clase magistral dictada hace pocos días por el escritor italiano Umberto Eco en la ONU, referida al problema de la pérdida de la memoria en los tiempos modernos, debido a la infuencia de Internet, Google, Wikipedia, etc., resalta su reflexión sobre las consecuencias de los actos temerarios por parte de gobernantes históricamente iletrados, o ignorantes, que viene a ser lo mismo, considerando su oficio.
Decía Eco que si Hitler se hubiese leído “La Guerra y la Paz” de Tolstoi, o que si George Bush se hubiese leído algo de la historia de Asia, entonces, ni los nazis habrían invadido a Rusia, ni EEUU lo hubiese hecho con Afganistán -cosa que la URSS también hizo en 1979, saliendo con las tablas en la cabeza diez años más tarde-, por el simple hecho de que la experiencia documentada indicaba que a esas regiones, sea por el clima, lo abrupto, y por su inmensidad, nunca se les ha podido conquistar, o al menos no con la guerra convencional  de cada época.
A Eco le inquietan los efectos que sobre nuestro cerebro causa el inmediatismo informativo de Internet, al desdeñar el esfuerzo mental para recordar asuntos fundamentales en nuestra perspectiva de vida, y sustituirlo con el esfuerzo de la mano sobre el mouse navegando por un buscador de la red que nos provea el dato requerido.
Claro que esto tiene matices, puesto que recordar mentalmente teléfonos, o la fecha de inicio del período chavista, no agrega valor cerebral, por ello nadie duda sobre la utilidad de una agenda electrónica, o de Internet para saber cuando comenzó la pesadilla nacional; lo que en cambio sí es importante es saber la relación eventual entre esos contactos telefónicos, o el contexto del ascenso al poder de Chávez, y saber por ejemplo que antes de éste hubo un Caldera II, quien llegó a la presidencia por una serie de carambolas, errores ajenos y habilidad propia para aprovecharlas, etc.
Eco se refiere entonces a un asunto de elemental sentido común, cuyo descuido durante las últimas décadas lo ha ido convirtiendo en un problema serio, dado lo fragmentado de la información, en parte como consecuencia de la especialización extrema de los oficios, que obliga a resolver de manera puntual e inmediata los asuntos urgentes, apartando lo importante, esto es, la carencia de contexto y perspectiva de la información, empobrecida además, en el caso de los gobernantes ignorantes, por la ideología adoptada, proceso que éstos han vivido de forma casi siempre irracional, y no como producto de una reflexión sustentada en una formación sistemática, sea ésta institucional o autodidacta, a través de la cual habrían estado obligados a conocer cosmovisiones alternas de la sociedad.
Claro que si a esta cultura de inmediatismo unidimensional le unimos la desestructuración de los contenidos de la educación formal que se imparte en casi todo el mundo, el efecto está a la vista, porque podremos multiplicar con calculadora sin saber que esta operación es una generalización de la suma aritmética, y reconoceremos -si acaso- un plano de nuestra ciudad sin imaginarnos como se inserta en el mapa del país o del continente, y sabremos que las alcantarillas son redondas, pero no sospecharemos que esa geometría es justamente la que les impide caer dentro del hueco que tapan.
Y sabremos que con Chávez “tenemos patria”, sin imaginarnos que esa forma de concebir una sociedad ya ha sido probada varias veces en otras partes, y sin siquiera percatarnos que siempre ha fracasado, causando enormes sufrimientos a millones de personas durante décadas-, y no precisamente por una mala aplicación de sus preceptos,  sino porque éstos son conceptualmente errados. Y eso que al barinés le llegó a permear un mínimo de conocimientos, por la educación formal recibida, pero Maduro…ni eso tuvo.
Si aceptamos entonces que en ciertas opciones de política social, económica, militar, cultural, etc. hay una falla de origen, entonces podremos comprender todos los apaños calientes que luego de la primera helada fueron aplicando quienes intentaban conquistar Rusia, y todas las variantes que por más de una década -y sin éxito- EEUU sigue tercamente experimentando en Afganistán.
Y ciertamente también se comprenderán todos los apliques que Chávez & Sucesores han ido probando para intentar que funcione aunque sea algo de eso que han llamado Socialismo del Siglo XXI. Y eso, asumiendo que creen en ello, que lo hacen de buena fe, y que lo suyo es producto de ideales -aunque sea errados-, porque si al error de base le sumamos que lo de ellos es dominar y enriquecerse, o que esa visión de país no es más que una excusa para esconder sus perversidades -como es el caso- el problema salta a otro nivel de dificultad, porque entonces ya no queda claro si los parches que se van poniendo al colador económico o social -milicias en las empresas, persecusión de viajeros, censura de prensa, expropiaciones, etc.- son para que su concepción de país funcione, o para que el poder de esta gente no se debilite.
Sea cual sea la razón de tanta loquera, y dada la connotada ignorancia de toda esa chusma resentida que gobierna, solo queda intentar comprender las razones de las opciones económicas de gente como Giordani, quién después de todo es universitario y leído; pero tal vez no quede más remedio que resignarse y recurrir a aquello de que la universidad no pasó por él, sino él por la universidad, y creer en eso que les sucede a tantos profesionales como él, que al ejercer la profesión para la cual fueron presuntamente entrenados descubren que su capacidad de aprendizaje real es nula, al tiempo que quienes les rodean a su vez se percatan de que esa gente, no es que tenga muchos años de experiencia y vivencia laboral acumulada, sino un solo año repetido muchas veces.
Al primer grupo, el de los políticamente pervertidos, y a éste último, que aun estudiando no han aprendido nada, les podemos añadir el de quienes tienen una concepción errada de la sociedad, pero que no ha sido intencional, puesto que ello implicaría haber conocido en profundidad otras visiones del mundo -como la liberal-, sino que están fuera de la realidad porque desde muy jóvenes han sido adoctrinados con esas ideas, cuyo sonsonete hace ritmo con los resentimientos más profundos que cada uno de ellos carga desde que tiene memoria; y tal vez éstos sean los únicos con algún tipo de atenuante, por ser ignorantes puros, aunque compensado con el agravante de su temeridad, al aceptar la invitación del destino a gobernar y a destruir un país.
Ellos, por lo demás, son herederos de muchos demócratas ignorantes que los precedieron -demócratas por aquello de que había elecciones cada cinco años, pero nada más- y que fueron en parte responsables de tanta ignorancia escolar propia y de la siguiente generación.
A todos ellos habría bastado con enseñarles en profundidad los valores que encierran esos dos poemas de Calixto Pompa -”Estudia” y “Trabaja”-, que son dos llaves utilísimas para abrir las puertas de esas lecturas que Eco estima indispensables para cualquier gobernante.

http://vivalapolitica.wordpress.com/2013/10/24/ignorantes-y-temerarios/

lunes, 23 de septiembre de 2013

SOMBRAS NADA MÁS

Breve nota sobre el telegobierno
Luis Barragán


Concebido, diseñado e implementado como el espectáculo por excelencia de esta primera etapa de lo que es lo mismo,  ya con década y media a cuestas, el llamado gobierno de calle palidece frente a las redes sociales. Con una eficacia superior a la Gaceta Oficial de modesta impresión y distribución, imposibilitados de crear otra tribuna digital, el Twitter sintetiza el ejercicio más convincente del poder y, por ello, compitiendo deslealmente con sus pares, sirviéndonos de ilustración,  el presidente de la empresa o ministro del ramo, no duda en radiar sostenida y tormentosamente  su dirección personal en todas las instalaciones del Metro de Caracas.

Evitando cualesquiera de los riesgos que comporta, la alta y mediana burocracia del Estado y del Partido que se confunden, prefiere los escasos y reverenciales caracteres, cuales versículos bíblicos que su sola generosidad explica, que afrontar una libérrima rueda de prensa en la que los periodistas y medios independientes puedan hurgar un poco más  de la  terrenal existencia.  La cercanía es la del espectáculo seguro donde se pueda avistar y, acaso, entregar un pequeño manuscrito de desesperación al burócrata, mientras que la distancia constituye el mejor resguardo ante el posible  peligroso roce con las realidades temidas.

Y es que tan cabal comprensión y ejercitación del telegobierno, ha reforzado el instinto de supervivencia de sus numerosos empleados. Parecieran lo suficientemente adiestrados para encarar las más repentinas circunstancias, pues, se atienen rigurosamente al libreto, sobre todo tratándose del llamado sistema público de medios.

La caída en una bicicleta es un asunto tan universal que, además de comprobar la vetusta ley (orgánica)  de gravitación, nos avisa del normal desempeño del tripulante. Sin embargo, la noticia no reside en el reciente testimonio de la inhabilidad conductora de Nicolás Maduro, sino en quienes dijeron transmitirla.

En efecto, el brevísimo y cotizado video nos da cuenta de la tediosa narración de una periodista que obvió el suceso desconocido, mientras que la cámara tomaba vuelo, ocultándolo preventivamente como ya lo ha aleccionado demasiadas veces ANTV en el hemiciclo. Lo que humanamente ha debido ocurrir ante el incidente ignorado que inmediatamente arremolinó a la gente, fue la libérrima, directa y viva manifestación de sorpresa y el interés por saber rápido de lo ocurrido, describiendo la escena.

A pesar de que pudo pasar algo más que una vulgar caída, y por las reiteradas advertencias proferidas por el Sucesor, las que no deseamos ni desearemos que se cumplan, la narradora oral y el narrador visual inmediatamente coincidieron en tapar y taparear el suceso. Vale decir, si la periodista y el camarógrafo se hubiesen encontrado en Dallas, por ellos nadie se hubiese enterado del magnicidio sufrido por el Kennedy que les pasó al frente de sus propias narices.

Puede aseverarse que, con el telegobierno, la noticia no existe en la medida que la herramienta refuerza una vocación totalitaria.  La (auto) censura puede explicar el fenómeno, acerando la intuición y el sentido de sobrevivencia de una sociedad orientada a la delación soterrada y cobarde.

http://www.analitica.com/va/sociedad/articulos/5339107.asp
Ilustración: Josep Cisquella.  Y fotografía: http://redigitaltv.com/?p=113071

sábado, 21 de septiembre de 2013

HERRAMIENTAS

EL NACIONAL - Sábado 21 de Septiembre de 2013     Nación/4
INTERNET Redes sociales son usadas en la estrategia electoral
Oficialismo y oposición compiten por presencia en medios digitales
Se han convertido en alternativa para los partidos políticos ante el control gubernamental
BORIS SAAVEDRA

Luis Carlos Díaz afirma que Facebook y Twitter funcionan más como un instrumento de organización y logística que de conquista de votos
El presidente Nicolás Maduro convocó el jueves a sus partidarios a "hacer frente a los poderes mediáticos que quieren invisibilizar a la mayoría chavista en Twitter". Advirtió a los candidatos del Gran Polo Patriótico que la estrategia para la campaña de las elecciones municipales se fundamentará en tres aspectos: denuncias, calle y redes sociales.
De igual forma, la oposición ha encontrado en estos medios un excelente vehículo para hacer llegar su mensaje, especialmente en momentos en que se ha agudizado el control gubernamental sobre los medios particulares.
El investigador en materia de comunicación, Antonio Pasquali tiene su visión: "Más que una opción, es una necesidad impuesta, por un lado, por el universal descenso de los medios tradicionales y el ascenso de los electrónicos y -a nivel local- porque casi todos los tradicionales habrán pasado dentro de poco a la esfera gubernamental, quedando para la disidencia los electrónicos, cuya densidad nacional aún deja que desear".
Con la salida del aire de programas en radio y televisión, los espacios para la comunicación se estrechan. "Ahora, en un país donde los medios tradicionales casi no le sirven a la oposición, el uso de redes sociales e internet en general adquiere una nueva connotación: supervivencia", asegura Fernando Núñez-Noda, experto en comunicación digital.
Para el politólogo Nicmer Evans se trata de un fenómeno que ha contribuido a descongestionar los medios tradicionales, utilizando una nueva plataforma. Considera que debido a la reorganización editorial que se han hecho en algunos medios de comunicación públicos y privados, se ha podido desaturar las señales. "De allí que la contienda política busque otros lugares para la crítica".
Evans agrega que a pesar de que la penetración de Internet en el país ha crecido, las redes sociales aún no van a sustituir a los medios tradicionales. "Es difícil que el Internet dicte por completo las directrices de la opinión pública, sin embargo, debido a la eliminación sistemática que se ha venido haciendo de las voces críticas, de lado y lado, Internet surge como una opción".
Deuda tecnológica. El investigador Andrés Cañizález señala que el número de usuarios que emplean Internet se ha incrementado y 75% de ellos tienen menos de 30 años. "Esto es una oportunidad que deben aprovechar las organizaciones políticas", agrega.
Carmen Beatriz Fernández, consultora en marketing político, opina que a pesar de que la participación política a través de Internet de los venezolanos es una de las más activas de la región, las organizaciones políticas tienen una deuda en cuanto al aprovechamiento de la tecnología. "La gran ventaja de las comunicaciones digitales es la posibilidad de segmentar las audiencias. No es lo mismo un mensaje dirigido a una mujer que a un hombre, y así, un sinfín de grupos en los cuales se puede dividir la audiencia".
Alexis Anteliz, miembro de la comunidad a favor del software libre en el país, considera que la migración de las campañas políticas a Internet es un proceso lento. "El traslado del ejercicio de la política desde la Internet al pueblo no es ni automática, ni rinde frutos rápidamente. Un `me gusta’ o un `tweet’ no podrá ni resolver ni reemplazar el diálogo directo, la confraternización y, sobre todo, la necesaria interpelación o escrutinio al que debe someterse quien pretenda hacer política sin evadir el cuestionamiento que no permiten, por ejemplo, 140 caracteres".
Oficialismo vs Oposición. Fernández afirma que en una batalla entre los dos bloques políticos más influyentes de país, la oposición tiene ventaja. "El mensaje del oficialismo es más vertical: toda la actividad en Twitter gira entorno a las declaraciones de los voceros principales, y de allí hay una réplica tremenda de los seguidores. No obstante el mensaje de la oposición es más diverso, se generan más ideas y contenido. Esto es una ventaja que enriquece el debate político".
Luis Carlos Díaz, especialista en ciberactivismo, afirma que las nuevas tecnologías de la comunicación -Facebook y Twitter son las herramientas que más han calado en Venezuela- funcionan más como un instrumento de organización y logística que de conquista de votos. "En las redes no se va a convencer a nadie, sin embargo la presencia es muy importante. Los votos, a fin de cuenta, se ganan en la calle".
Sin embargo, Pasquali no asigna ventajas, sino escenarios. "Sólo el régimen autocrático actual dispone del recurso técnico, legal y administrativo para perseguir proyectos hegemónicos en comunicaciones viejas y nuevas. La oposición no cuenta con capacidad de emisión propia y sólo dispone de algunos espacios en los viejos medios".
Fernando Núñez-Noda precisa que las condiciones tecnológicas para ejercer la política en Venezuela no son las mejores, sin embargo, alerta que son espacios que la oposición no debe descuidar. "Tecnológicamente las condiciones no son óptimas, la infraestructura de Internet es precaria en Venezuela, la adopción temprana de tecnologías se complica con un mercado contraído y con pocos dólares".
Reina TV. "La televisión manda, eso explica la lógica televisiva del Gobierno a partir de 1999 y con particular énfasis a partir del 14 de abril de 2013", asegura Andrés Cañizález.
Agrega que la influencia de la televisión como medio masivo es robusta. "En las ciudades más distantes de los centros donde se concentra la mayoría de los habitantes, el dominio de los medios oficiales es casi total. Las señales de radio y televisión del Gobierno son las únicas que llegan a la totalidad del territorio".
"Los espacios en donde no está Internet los llena la televisión y la radio. Además, existen aspectos socioculturales, como la educación, la edad, que influyen en la forma como nos informamos. El Internet puede tener una penetración importante, pero los medios tradicionales aún tienen mayor influencia", expresa Cañizález.
"El `casa por casa’ y la campaña de contacto físico funcionan muy bien con los indecisos, los usuarios ocasionales y no sociales de Internet, con los ciudadanos de la tercera edad y con los más pobres", asevera Núñez-Noda.
TV vs. Web
De acuerdo con datos de la organización Monitoreo Ciudadano, publicados el 30 de agosto en su sitio web, el presidente Nicolás Maduro ha estado 90 horas en transmisiones de cadenas de radio y televisión desde el 5 de marzo al 15 de agosto de 2013. "El uso político de los medios del Estado es un claro abuso de poder y de los recursos públicos", reza el informe de la organización.
Para Núñez-Noda la lógica en la comunicación en línea estriba en la conformación de la estructura de los grupos políticos. No es sencillo competir con una gran maquinaria mediática tradicional. "Serán claves (redes sociales) con quienes ya han decidido su voto -sobre todo como convocatoria y apoyo a la logística-, con los jóvenes votantes y la clase media. Dado que el `casa por casa’ no llegará a todas las casas, la campaña en línea tiene enormes fortalezas y bajo costo relativo". Anteliz opina que las ideas políticas muchas veces se diluyen con el uso equivocado de algunas herramientas que brindan las redes. "(Internet) sigue siendo una trinchera de ideas, de un combate virtual que se libra a través de los `hashtags’, pero la realidad política de Venezuela está más allá de las etiquetas, se libra en lo cotidiano, en nuestro país una etiqueta ha resultado ser su peor consejera, ejemplo: el desabastecimiento, lejos de combatirla con la denuncia responsable, la exacerba".