Mostrando entradas con la etiqueta Ciberpolítica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ciberpolítica. Mostrar todas las entradas

viernes, 15 de marzo de 2019

KATZ

"Etcétera", revista frecuentemente leída por entonces. Impresión:  25/08/1998.

miércoles, 31 de agosto de 2016

MIOPÍA TECNOLÓGICA

EL UNIVERSAL, Caracas,31 de agosto de 2016
Descontento 2.0 y tecnoimaginación
Daniel Asuaje
    
El clima generalizado de descontento es un impulsor emocional de la participación política activa. Las redes sociales la abonan. Sabemos que el nivel de desarrollo de las tecnologías de  comunicación condiciona las formas y niveles de la participación política. En efecto, todas las formas unidireccionales de comunicación favorecen las formas autoritarias de gobierno. Los contextos de comunicación bidireccional facilitan el diálogo, la negociación, la empatía y la concertación. Cuando la comunicación sólo podía ser principalmente cara a cara los griegos ensayaron las formas asambleístas de la democracia. Solo cuando el analfabetismo disminuyó socialmente y los medios de comunicación de masas fueron una realidad, la participación de las mayorías en la política fue posible. Alcanzar determinado nivel tecnológico no asegura automáticamente la realización de las potencialidades políticas, pero su ausencia sí niega, en la práctica, su posibilidad.

Las redes sociales, la web 2.0 camino a la  3.0, las tablets y smartphones, así como un sinfín de aplicaciones existentes hacen posible la democracia participativa. En nuestro país existe un cuerpo legal, el del poder comunal, frente al cual nuestra oposición ha sido ciega por razones ideológicas, desaprovechando un sinfín de posibilidades mediante las cuales habrían podido poner en aprietos al régimen actual gracias a la participación real y masiva del soberano.  Debió verse más sus posibilidades que su promotor.

La cúpula  chavista al verse en el dilema de profundizar la democracia participativa o enfocarse en la concentración y mantenimiento a todo trance del poder optó, por esto último. Por ello dejó de lado la profundización del marco legal comunal, la creación de nuevos consejos comunales y asegurar la incorporación de estos a los mecanismos de consulta y decisión. Esta conducta, voluntariamente o involuntariamente, coincide con el descuido de la actualización de nuestra infraestructura tecnológica de comunicaciones, en particular la de Internet.

La infraestructura tecnológica nacional además de obsoleta, es de insuficiente cobertura poblacional y tiene tan pobre mantenimiento que puede caer en situación de colapso y apagón tecnológico en los próximos meses. Las capacidades actuales son lamentables, Venezuela tiene la navegación más lenta en la red de nuestro continente con 1,9 de velocidad, Chile navega con 7.3. Estamos en la cola tecnológica. En países como Perú más del 75 por ciento de los internautas navegan a cuatro megas. En Venezuela menos del 10 por ciento puede hacerlo.

Este rezago  impide que disfrutemos de televisión por streaming, profundiza  el analfabetismo tecnológico, nos margina de la vida moderna porque la imposibilidad de renovar equipos y actualizar licencias de software nos ponen en peligro de quedar fuera de la nueva web. También coloca a los ciudadanos en situación de minusvalía tecnológica para el ejercicio de sus  derechos a informarse sobre lo que deseen, opinar sobre lo que estimen de su interés y  hablarles directamente a sus gobernantes cuando quieran demandar rendición de cuentas o hacerles saber sus prioridades. El gobierno puso a la democracia participativa en el listado de las promesas incumplidas. Pero si bien hay limitaciones tecnológicas para el pleno ejercicio de la democracia participativa en nuestro país, se está lejos de impedirlo totalmente.   

Para el 1-S las redes sociales estarán completamente activas y serán un medio para sortear la censura informativa de ese día, a menos que haya un apagón tecnológico. Será también terreno fácil para la contra información oficial. Ningún medio escapa a esta posibilidad de uso, pero los usuarios de las nuevas tecnologías disponemos de modos de validación tan rápidos como los intentos de desinformarnos se sucedan.

Estas posibilidades tecnológicas y la nueva cultura del conocimiento deberían mover a las organizaciones políticas  a migrar desde la divulgación de contenido proselitista convencional o auto promocional hasta la difusión de contenidos sintonizados más bien con las expectativas e intereses de los ciudadanos. Es la manera moderna de conseguir seguidores, comunicándose con ellos a partir de sus intereses y necesidades y no desde la perspectiva de los partidos o líderes. Es consustanciándose con el ciudadano que se gana su atención, su confianza y hasta su adhesión a las propuestas.

La  miopía tecnológica de la oposición, unida a su ceguera ideológica sobre las posibilidades del marco legal del poder popular, les hace desaprovechar oportunidades más eficientes y baratas  que las convencionales para la participación protagónica de las mayorías, justamente cuando se puede desnudar los frenos gubernamentales a estas posibilidades y ya es viral nuestro descontento. La democracia participativa y protagónica vino para quedarse pero hace falta que la imaginación tecnopolítica y la apertura ideológica aprovechen las posibilidades de la plataforma informática. 

Fuente:
http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/descontento-tecnoimaginacion_459338

sábado, 26 de marzo de 2016

LA SOLA INSTANTANEIDAD

EL PAÍS, Madrid, 20 de marzo de 2016
MIEDO A LA LIBERTAD
Política Instagram
La política se ha convertido en la representación del más puro y natural comportamiento humano
Antonio Navalón

Las actuales campañas políticas son como la red social Instagram, una fotografía capturada en un momento con una aplicación que, además de difundirla, permite la posibilidad de mejorar y maquillar la realidad. Y mientras, los pueblos no dejan de manifestarse en una gigantesca primavera, similar a la que se desató hace cinco años en el mundo árabe, propiciando diversos fenómenos que transformaron el panorama internacional.
En medio de todos los cambios que se están gestando, hay un aspecto fundamental: no haber exigido un castigo para los responsables y las causas de la crisis económica de 2008, cuyas consecuencias contribuyeron a la pérdida de la moral, poniendo en riesgo los sistemas políticos. En ese contexto, el proceso electoral en Estados Unidos, en realidad no está rompiendo ningún esquema o paradigma que no se hubiera fracturado antes. La carrera por la Casa Blanca lo único que está haciendo es señalar, con la brutalidad de un mercado emergente, que, por una parte, las campañas tienen un gran contenido emocional. Y por otra, que estamos mentalmente instalados en el pasado, analizando la política según las encuestas que, a modo de logaritmo, establecen una tendencia.
La política se ha convertido en la representación del más puro y natural comportamiento humano. Un comportamiento compuesto por el universo de los sentimientos, los sentidos, las frustraciones, lo que se espera, lo que se pierde y lo que se encuentra. En la ciencia social moderna, lo importante no es seguir asombrándose por el grado de erosión de los sistemas, sino conseguir que toda esa fuerza y expresión popular se convierta en un nuevo poder ciudadano. El fin debe ser perseguir un cambio para generar un bien común y no entregarnos, una vez más, a la tentación del fracaso colectivo que lleva a buscar al más estridente para que sea nuestro guía, nuestro líder y finalmente nuestro führer
Los votantes son hoy la cara del enojo social. Sin embargo, al paso que vamos, no lograrán construir un país o una institución porque sencillamente los mensajes políticos que emiten sólo quedan plasmados en las redes sociales, donde lo único que importa es la fotografía, el perfil, el color, la luz y los lugares donde estamos o nos gustaría estar. Y pese al alcance y el impacto de todo lo que puede ser compartido y difundido en Internet, la construcción de los ámbitos en los que se desarrolla la convivencia colectiva es, por definición, algo que va más allá del mundo virtual.
Hubo un tiempo en el que la clase política se acostumbró a no pagar por las consecuencias de sus actos. Hubo un tiempo en el que la división de poderes de Montesquieu era un indicativo de lo ideal. Y hubo un tiempo en el que era posible avanzar, pese a todas las contradicciones de nuestro mundo. Hoy todo eso ya no es posible. Hay historias como la del expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, en la que al Lula que tiene algo que ocultar y que tiene miedo se le incorpora al Gobierno. Pero al Lula que cambió la historia de su país se le conduce a la puerta de la cárcel. No se trata de un problema de mártires, sino que en el peregrinaje de aceptar ser líder, presidente y dirigente, en una era en la que el pueblo puede hacerse escuchar sin necesidad de intermediarios, hay que tener muy claro todo lo que debe conservarse.
Y lo que hay que conservar no son las libertades personales bajo sospecha, sino la capacidad moral de seguir una equivocación hasta el final, pagar las consecuencias y reivindicarse. El resultado de las reformas es que, si alguna vez el proyecto fue fecundo y constructivo, hoy es un terreno baldío que ha devuelto el poder real a los que siempre lo tuvieron, sólo que en esta ocasión el circo en el que vivimos ya tiene más víctimas. Y así quien es capaz de dominar todo ese espectáculo, puede ganar unas primarias e incluso llegar a ser presidente. Sin embargo, también pone de manifiesto que, a pesar de que los votantes estamos dolidos, enojados e inconformes, ya no somos una materia predecible a la que se puede engañar.

Fuente:http://internacional.elpais.com/internacional/2016/03/20/actualidad/1458506900_747887.html

jueves, 7 de enero de 2016

DE LA INSTANTANEIDAD INCOHERENTE

Del enredamiento político (y nota previa)
Luis Barragán

Cumplida la formal instalación de la Asamblea Nacional, la ciudadanía espera que emplee adecuadamente las redes sociales. La mayoría democrática que, por cierto, lo ha sido por mucho tiempo, ha de romper con la grosera manipulación oficialista que se hizo, por ejemplo, a través del portal digital y del Twitter, trastocados en recursos secundarios del principal partido de gobierno, dada la escasa audiencia y credibilidad que alcanzaron.  Sugerimos, incluso, la publicidad electrónica no sólo de los Diarios de Debates que cursarán, sino de los que se sistemáticamente se omitieron en el ya concluido lustro.

En-redo y en-redamiento político
Generalizado el empleo de las redes sociales en proporción a lo poco o mucho que accedamos a los equipos, los asuntos políticos – no otros que los relacionados con el destino compartido – saben más de las estridencias del conflicto que de la polémica de sus motivaciones. La cultura iconográfica explica también nuestras vinculaciones con el poder y, así escribamos en 140 caracteres, constando un mínimo acto reflexivo, tendemos a trillar el camino de las predisposiciones redundando en la simplicidad del primer vistazo a los problemas.

Los problemas políticos cuentan con una naturaleza y características muy propias, exigiendo un segundo o tercer vistazo, por lo que el ciudadano común – ocupado en otros menesteres – suele  depositar su confianza en quienes le representan en cualquiera de los ámbitos donde se realiza, incluyendo la opinión pública. No significa que sea un fenómeno exclusivo de quienes la hacen u opinan por oficio o profesión, porque – al fin y al cabo – no sólo la padecemos todos, sino que el sentido común es su esencia. Sin embargo, precisamente, suele enredarse en las redes.

Faltando el criterio más elaborado, requerido de una sostenida atención, los prejuicios pueblan nuestras incursiones – por mencionar algunas - en Facebook que, se dice, goza de mayor antigüedad y popularidad  en Venezuela, aunque está limitado a  cinco mil amigos por cuenta, con la ventaja de permitirnos elegir, delimitar  y conformar la comunidad de nuestro interés;  Twitter, de superior sintonía en los sectores medios, ilimitado y exponente de las más disímiles posturas; e Instagram, con una afiliación – acaso – más selecta y literal como resueltamente iconográfica. Por supuesto, el discurso maniqueo y brutal del gobierno ha bañado  tales herramientas, abusándolas como un medio de provocación que, a su vez, ahorra toda la explicación hasta institucional que amerita su gestión, generando las reacciones del caso.

Valga la hipótesis, el usuario suele responder con sus predisposiciones inmediatas, convertidas – igualmente – en un forzado acto recreativo, inherente a la virtualidad, por las cuales no responde o dice no responder. Y, realizando el fundamento de lo que concebimos como la cultura iconográfica, por las prisas de la vida cotidiana o, sencillamente, porque son otras sus ocupaciones e intereses, recurre a las ideas preelaboradas, a los gestos trillados y los ángulos que les resultan por consensuados, confiables, a objeto de expresarse esgrimiendo un recurso de autoridad.

A modo de ilustración, creamos hacia 2008 el grupo Libros en Facebook [https://www.facebook.com/groups/13765738818/] con el sencillo propósito de reportar las reseñas personales de sus miembros, pero - combatidos ya inútilmente – ha sido prácticamente imposible impedir que suscriban sus preferencias con remisión  a portales con opiniones ajenas, a motivos gráficos vistos hasta la saciedad y a la autopublicidad de obras no arbitradas por casa editorial alguna. Vale decir, una comunidad supuestamente “inteligente”, incurre en los vicios de la reiteración, sin el valor agregado de un genuino y modesto encuentro de lectores, reacios a la disciplina que lleve a una deseada autorregulación. Y, con mayor razón, los grupos que se dedican a la política de hoy, replican intensamente lo ya consabido, perdiendo – por más que la membrecía sea voluntaria y con fines precisos – la oportunidad de razonarla un poco más y mejor.

Joana Ziller y Carolina Braga, en un trabajo sobre la participación ciudadana, integrante de la compilación intitulada “El uso de las redes sociales: ciudadanía, política y comunicación”, publicada por la Universidad Autónoma de Barcelona en 2014, con énfasis en la experiencia española y brasileña [http://incom.uab.cat/download/eBook_6_InComUAB_redessociales.pdf], refieren: “… Poco  importa  si  lo  que  se  publica  en  las  redes  sociales  y  en  los  medios  de comunicación  social  es  una  producción  original  o  una  inserción  en un  flujo  más  amplio  de  la comunicación.  Mediante  la publicación  de  un videograbado  en  una  manifestación  o  compartido,  el internauta expresa opiniones propias, respalda otras, hace comentarios, recontextualiza o modifica”.

La interconectividad refleja la realidad-real y el desbarajuste institucional de más de década y media, halla suficiente asidero con la polarización que  la ha asaltado, el lenguaje soez y el revanchismo que no mide sus peligros, con la comodidad del teclado. Una fotografía nostálgica de la vieja ciudad, puede ocasionar u ocasiona comentarios muy distintos al objetivo de los grupos Caracas en Retrospectiva I y II [https://www.facebook.com/groups/14739997038/ y https://www.facebook.com/groups/24371473543/], duros e impertinentes que tienen por afán la actualidad política y, faltando poco, resistiéndose al llamado de los administradores que apelan frecuentemente a una enojosa y fuerte moderación. Hay excesos en los grupos especializados en política que imposibilitan el intercambio sensato de pareceres y no conduce a iniciativa alguna en el mundo-real, su terreno natural, por lo  que, al menos, ahora dudamos  que “los Foros (…) funcionan como espacios de diálogo, no de deliberación”, como observó María Eugenia Peña de Arias , coincidiendo en que “los grupos se usan como espacios para relacionarse con el hecho político, no para informarse sobre política”, sin que conduzcan al “compromiso con soluciones o acciones concretas” [“Las redes sociales como espacios para la discusión de asuntos públicos: estudio de los grupos sobre política venezolana en Facebook”, en: Anuario Ininco, UCV, Caracas, nr. 1, vol. 23 de 2011].

Twitter parece más propenso a la información que al relacionamiento luego personal que promete Facebook, y la política suscita respuestas más de las veces destempladas. Recordemos, ha sido el instrumento favorito del telegobierno venezolano, suerte de Gaceta Oficial que le evita hasta una rueda de prensa para explicar buena parte de las decisiones adoptadas, así como sus registros lo llevan a la represión directa de usuarios disidentes, con la cárcel o el despido del funcionario público que osa asomar sus discrepancias.

Ciertamente, goza de una envidiable instantaneidad, aunque dificulta el intercambio coherente y  duradero, propicio a un mensaje malicioso que, inevitable, lo distorsiona. Sentimos, como nos ocurrió recientemente, que también da ocasión para el razonamiento: lo ejemplificamos con un Tweed en el que nos etiquetaron, portador de un enérgico mensaje respecto al problema esequibano y, al redireccionarlo al blog personal, el remitente comprendió y asumió que nuestra posición no es en nada improvisada.

La confusión política a la que tienden las redes, enfatizando la inmediata opinión del usuario, encuentra remedio – justamente, al tratarse de la política – en el mundo-real, como los recientes resultados electorales, premisa inevitable, aunque también con un empleo idóneo y pedagógico de las herramientas virtuales que haga la Asamblea Nacional. Ésta vez Twitter puede conocer de una diferente incursión y, por algo, a guisa de ilustración, a la fecha en la que suscribimos estas notas, la cuenta de la injustamente destituida diputada  @MariaCorinaYA tiene 2,86 M de seguidores, frente a la de @NicolasMaduro , con 2,64, dejando atrás las cuentas de la Asamblea Nacional bajo predominio oficialista como @SecretariaAN con 367 K y @SecretariaAN con 367 K.

Fuente:
http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/24882-del-enredamiento-politico-y-nota-previa
Fotografía: http://www2.esmas.com/bits/noticias/457216/motivan-redes-sociales-jovenes-electores/

lunes, 3 de marzo de 2014

PULSO DIGITAL

De la infopolítica en boga
Luis Barragán

03/03/14

“Las nuevas tecnologías cuestionan
la importancia de los emplazamientos
geográficos (los equipamientos tradicionales
del poder) en la definición de las relaciones
 sociales y de las entidades culturales”
Alejandro Piscitelli
(*)

Consabido, las actividades decisivas de la oposición cuentan con la ventaja de una militante interconectividad, pues no existen oportunidades para la promoción radiotelevisiva, escaseando el papel periódico para una prensa amenazada y censurada. Y no sólo la concurrencia ha sido masiva y espontánea, sino que, convincentemente participados, los eventos convocados adquieren también significaciones insospechadas.

Por ejemplo, la herramienta ha sido fundamental para la Movida Parlamentaria  trastocada en Ciudadana. Las exitosas asambleas que arrancaron en Caracas y en las principales ciudades del país el 2 de febrero del presente año,  intensificándose la protesta posteriormente, así lo ratifican.

Las redes sociales van más allá del legítimo relacionamiento personal y recreativo, adquiriendo otras dimensiones que las justifican: no hay mundo virtual, si no se prolonga en el mundo real.  La llamada infopolítica o ciberpolítica adquiere una incontestable importancia, permitiéndonos lidiar con las insustituibles realidades que nos agobian.

Además, el sostenido intercambio personal admite y permite la identificación con determinados valores y principios, sustentando sendas comunidades digitales. Y éstas, además, cuales agencias de socialización política que, en lugar de complementar, reemplazan a los partidos en crisis, han permitido el descubrimiento o renacimiento del ideario democrático en las generaciones más recientes,  aparentemente desinformadas por todos  estos años.

El fenómeno todavía es incomprendido por un gobierno que ha dado testimonio suficiente de su ineficacia en las redes, pues, apenas logra sostener algunas páginas escasamente dinámicas y efectivas, sin que sepamos ya de la utilidad y rendimiento del par de satélites artificiales orbitados. Además, algo más que una excentricidad, gobierna por Twitter, evitándose una libérrima rueda de prensa, las indispensables formalidades de Estado o cualesquiera otras explicaciones que naturalmente se les exigen.

Cuenta con una exacta vocación policial que se resigna a la contaminación y distorsión de la mensajería contraria, esmerándose en una distinta y asfixiante actividad de contrainteligencia cuando no logra localizar físicamente, perseguir, aprehender y sentenciar al usuario que se le opone. Empleando el lenguaje militar, el gobierno se empeña en una guerra de posiciones a la vez que la oposición hace la de movimientos.

El gobierno enfrenta en las redes a líderes creíbles y con capacidad de convocatoria que, además, valga el pleonasmo, demuestran su coraje físico en el mundo real. Desubicado el poder establecido, incompetente para atisbar el otro relacionamiento social y político, creyéndolos líderes por decreto, apela a las convicciones y mecanismos convencionales, añadida la investigación que ha abierto CONATEL en torno a determinados portales digitales.

Ya no tan nuevas, Piscitelli ejemplifica una reflexión precursora que la infopista suscitó una veintena de años atrás. Y valga el contraste: la sancionada Ley Orgánica de Cultura, aún sin promulgarse, no contempla el ciberespacio a pesar que oportuna y fundadamente lo propusimos en el seno de la comisión parlamentaria correspondiente.

(*) “Ciberculturas. En la era de las máquinas inteligentes”, Paidós,  Buenos Aires, 1995  : 108.

Fuente: http://opinionynoticias.com/opiniontech/18437-de-la-infopolitica-en-boga

viernes, 28 de febrero de 2014

EL OTRO DEBATE

EL PAÍS, Madrid, 28 de febrero de 2014
LA CUARTA PÁGINA
Democracia sin política
Los que critican o protestan no tienen necesariamente razón ni el espacio público se reduce a una agregación apolítica de preferencias. Alguien tiene que ordenar y gestionar las demandas de la sociedad abierta
Daniel Innerarity 

La narrativa dominante asegura que vivimos en una época postdemocrática. Esta denuncia se declina de diversas maneras: como primacía de los Ejecutivos frente a los Parlamentos, como distanciamiento de las élites respecto de los gobernados, como desplazamiento de los partidos hacia un centro que hace imposible las alternativas, como desconsideración de lo que realmente quiere la sociedad... Yo no lo veo así, ya lo siento. ¿No será que tenemos, más bien, una democracia abierta y una política endeble? La democracia es un espacio abierto donde, en principio, cualquiera puede hacer valer su opinión, que posibilita mil formas de presión, e incluso tenemos la posibilidad de echar a los Gobiernos. Esto funciona relativamente bien. En nuestras sociedades democráticas no faltan espacios abiertos de influencia y movilización, redes sociales, movimientos de protesta, manifestaciones, posibilidades de intervención y bloqueo.
Lo que no va tan bien es la política, es decir, la posibilidad de convertir esa amalgama plural de fuerzas en proyectos y transformaciones políticas, dar cauce y coherencia política a esas expresiones populares y configurar el espacio público de calidad donde todo ello se discuta, pondere y sintetice. Algo tiene que ver con esto el hecho de que para quienes actúan políticamente cada vez sea más difícil formular agendas alternativas. Estamos en una era postpolítica, de democracia sin política. Tenemos una sociedad irritada y un sistema político agitado, cuya interacción apenas produce nada nuevo, como tendríamos derecho a esperar dada la naturaleza de los problemas con los que tenemos que enfrentarnos.
Dicen los expertos que el retroceso de la participación electoral no viene acompañado por una falta de desinterés hacia el espacio público. La ciudadanía huye de las formas clásicas de organización, lo que es compatible con crecientes modalidades de compromiso individual, un activismo que no está ideológicamente articulado en un marco ideológico que le proporcione coherencia y totalidad, como podía ser el caso de las tradicionales ideologías omnicomprensivas.
Tenemos una sociedad irritada y un sistema agitado, cuya interacción apenas produce algo
El espacio digital ha abierto nuevas posibilidades de activismo político. Plataformas de movilización en torno a causas concretas —como Change o Avaaz— permiten ejercer un clicktivism concreto a favor de buenas causas que contrasta con las adscripciones ideológicas abstractas, objeto de una general incredulidad. Para amplios sectores de la población, la realidad representada por los partidos jerárquicos ya no resulta atractiva, mientras que la cultura virtual de la Red les permite articular cómodamente sus disposiciones políticas fluidas e intermitentes, e incluso situarse off line en cualquier momento.
No faltan tampoco ejemplos de activismo y “soberanía negativa” en el espacio físico, ahora también vinculados a la movilización digital: manifestaciones y performances que obtuvieron una cierta celebridad, como los foros alternativos con motivo de las cumbres mundiales; Occupy Wall Street, todo el movimiento en torno al 15-M, las plataformas contra los deshaucios, la paralización de la privatización de la sanidad en Madrid, la intervención de las acusaciones particulares en los procesos judiciales, la resistencia exitosa contra ciertas obras públicas e infraestructuras: desde Burgos hasta Stuttgart pasando por Nantes…
No pongo en cuestión la bondad de estas actuaciones de resistencia cívica o campañas on line; me limito a señalar que al no inscribirse en ningún marco político que les dé coherencia, pueden dar a entender que la buena política es una mera adición de conquistas sociales. No funciona la articulación de las demandas sociales en programas coherentes que compitan en una esfera pública de calidad; en definitiva, falla la construcción política e institucional de la democracia más allá de la emoción del momento, de la presión inmediata y la atención mediática.
A quien reivindica algo que le parece justo no tenemos por qué exigirle que lo acompañe de un programa político completo y una memoria económica, por supuesto. Pero el espacio público no se reduce a la mera agregación apolítica de preferencias incoherentes, agrupadas como si no hubiera ninguna prioridad entre ellas e incluso ciertas incompatibilidades. Alguien se debería ocupar de ordenar esas reivindicaciones con criterios políticos y gestionar democráticamente su posible incompatibilidad. Pero, ¿hay alguien ahí? Si la política (y los tan denostados partidos) sirve para algo es precisamente para integrar con una cierta coherencia y autorización democrática las múltiples demandas que surgen continuamente en el espacio de una sociedad abierta. Se bloquea la construcción de infraestructuras, que seguramente no deberían hacerse, o no de ese modo, pero seguimos sin saber qué debería hacerse en materia de infraestructuras; detenemos los desahucios —porque podíamos y debíamos hacerlo— pero eso no sirve sin más para incentivar el crédito y hacer una política de vivienda más justa; podemos parar la privatización de los hospitales públicos, pero eso no determina qué tipo de política sanitaria debe hacerse. La política cuya presencia echo en falta es la que comienza cuando se terminan las buenas razones de la sociedad, donde se acaba la tarea del soberano negativo y comienza la responsabilidad del soberano positivo.
Los sectores duros de los partidos dificultan reformas que requieren pactos con adversarios
Al hecho de que las demandas sociales estén desarticuladas se añade la circunstancia de que tales reivindicaciones son plurales, lógicamente, y en ocasiones incompatibles o contradictorias: unos quieren más impuestos y otros menos, unos software libre y otros protección de la intimidad y la propiedad, a unos les preocupa que haya menos libertades y a otros que haya demasiados emigrantes… Sin una valoración política es difícil saber cuándo se trata del bloqueo de reformas necesarias o de una protesta frente al abuso de los representantes. La protesta contra ciertas infraestructuras puede estar motivada por razones ecológicas, pero también por otras menos confesables como el célebre Not In My Back Yard (no en mi patio trasero) o por sentimientos xenófobos si lo que se va a construir es una mezquita. En cualquier caso, a quienes tienden a celebrar la espontaneidad social conviene recordarles que la sociedad no es el reino de las buenas intenciones. La legitimidad de la sociedad para criticar a sus representantes no quiere decir que quienes critican o protestan tengan necesariamente razón. El estatus de indignado, crítico o víctima no le convierte a uno en políticamente infalible.
Existe además otro fenómeno de resistencia social antipolítica que merecería una especial atención. Me refiero al hecho de que alrededor o en los extremos de los partidos se han configurado tea parties que se erigen como protectores de los valores, representantes de las víctimas, portavoces de la multitud o de alguna revolución pendiente. Desde estas trincheras apolíticas parecen dominarse las cosas con una claridad de la que no disponen quienes tratan habitualmente con el principio de realidad. La ira de esos grupos no se dirige tanto a los adversarios como a los propios cuando amagan con rebajar el nivel de lo políticamente innegociable. Extienden una mentalidad antipolítica porque no han entendido que la política comporta siempre ciertos compromisos y concesiones. Los sectores duros de los partidos marcan el paso de una manera que probablemente no les corresponde con criterios de representatividad y dificultan ciertas reformas para las que se requiere el acuerdo político con los adversarios.
Dicen las encuestas que la política se ha convertido en uno de nuestros principales problemas y yo me pregunto, para terminar, si en esta opinión se expresa una nostalgia por la política desaparecida, una crítica ante su mediocridad o más bien un desprecio antipolítico hacia algo cuya lógica no se acaba de entender. En cualquier caso, los ciudadanos tendríamos más autoridad con nuestras críticas si pusiéramos el mismo empeño en formarnos y comprometernos. Y tal vez entonces caigamos en la cuenta de que nos encontramos en la paradoja de que nadie confía a la política lo que solo la política podría resolver.
(*) Daniel Innerarity es catedrático de Filosofía Política y Social, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco y profesor visitante en la London School of Economics.

Fotografía: Muestra de un volante distribuido por jóvenes en los alrededores de la estación de Chacaíto del Metro de Caracas. Caracas, 28/02/2014. Papel glasé.

sábado, 21 de septiembre de 2013

HERRAMIENTAS

EL NACIONAL - Sábado 21 de Septiembre de 2013     Nación/4
INTERNET Redes sociales son usadas en la estrategia electoral
Oficialismo y oposición compiten por presencia en medios digitales
Se han convertido en alternativa para los partidos políticos ante el control gubernamental
BORIS SAAVEDRA

Luis Carlos Díaz afirma que Facebook y Twitter funcionan más como un instrumento de organización y logística que de conquista de votos
El presidente Nicolás Maduro convocó el jueves a sus partidarios a "hacer frente a los poderes mediáticos que quieren invisibilizar a la mayoría chavista en Twitter". Advirtió a los candidatos del Gran Polo Patriótico que la estrategia para la campaña de las elecciones municipales se fundamentará en tres aspectos: denuncias, calle y redes sociales.
De igual forma, la oposición ha encontrado en estos medios un excelente vehículo para hacer llegar su mensaje, especialmente en momentos en que se ha agudizado el control gubernamental sobre los medios particulares.
El investigador en materia de comunicación, Antonio Pasquali tiene su visión: "Más que una opción, es una necesidad impuesta, por un lado, por el universal descenso de los medios tradicionales y el ascenso de los electrónicos y -a nivel local- porque casi todos los tradicionales habrán pasado dentro de poco a la esfera gubernamental, quedando para la disidencia los electrónicos, cuya densidad nacional aún deja que desear".
Con la salida del aire de programas en radio y televisión, los espacios para la comunicación se estrechan. "Ahora, en un país donde los medios tradicionales casi no le sirven a la oposición, el uso de redes sociales e internet en general adquiere una nueva connotación: supervivencia", asegura Fernando Núñez-Noda, experto en comunicación digital.
Para el politólogo Nicmer Evans se trata de un fenómeno que ha contribuido a descongestionar los medios tradicionales, utilizando una nueva plataforma. Considera que debido a la reorganización editorial que se han hecho en algunos medios de comunicación públicos y privados, se ha podido desaturar las señales. "De allí que la contienda política busque otros lugares para la crítica".
Evans agrega que a pesar de que la penetración de Internet en el país ha crecido, las redes sociales aún no van a sustituir a los medios tradicionales. "Es difícil que el Internet dicte por completo las directrices de la opinión pública, sin embargo, debido a la eliminación sistemática que se ha venido haciendo de las voces críticas, de lado y lado, Internet surge como una opción".
Deuda tecnológica. El investigador Andrés Cañizález señala que el número de usuarios que emplean Internet se ha incrementado y 75% de ellos tienen menos de 30 años. "Esto es una oportunidad que deben aprovechar las organizaciones políticas", agrega.
Carmen Beatriz Fernández, consultora en marketing político, opina que a pesar de que la participación política a través de Internet de los venezolanos es una de las más activas de la región, las organizaciones políticas tienen una deuda en cuanto al aprovechamiento de la tecnología. "La gran ventaja de las comunicaciones digitales es la posibilidad de segmentar las audiencias. No es lo mismo un mensaje dirigido a una mujer que a un hombre, y así, un sinfín de grupos en los cuales se puede dividir la audiencia".
Alexis Anteliz, miembro de la comunidad a favor del software libre en el país, considera que la migración de las campañas políticas a Internet es un proceso lento. "El traslado del ejercicio de la política desde la Internet al pueblo no es ni automática, ni rinde frutos rápidamente. Un `me gusta’ o un `tweet’ no podrá ni resolver ni reemplazar el diálogo directo, la confraternización y, sobre todo, la necesaria interpelación o escrutinio al que debe someterse quien pretenda hacer política sin evadir el cuestionamiento que no permiten, por ejemplo, 140 caracteres".
Oficialismo vs Oposición. Fernández afirma que en una batalla entre los dos bloques políticos más influyentes de país, la oposición tiene ventaja. "El mensaje del oficialismo es más vertical: toda la actividad en Twitter gira entorno a las declaraciones de los voceros principales, y de allí hay una réplica tremenda de los seguidores. No obstante el mensaje de la oposición es más diverso, se generan más ideas y contenido. Esto es una ventaja que enriquece el debate político".
Luis Carlos Díaz, especialista en ciberactivismo, afirma que las nuevas tecnologías de la comunicación -Facebook y Twitter son las herramientas que más han calado en Venezuela- funcionan más como un instrumento de organización y logística que de conquista de votos. "En las redes no se va a convencer a nadie, sin embargo la presencia es muy importante. Los votos, a fin de cuenta, se ganan en la calle".
Sin embargo, Pasquali no asigna ventajas, sino escenarios. "Sólo el régimen autocrático actual dispone del recurso técnico, legal y administrativo para perseguir proyectos hegemónicos en comunicaciones viejas y nuevas. La oposición no cuenta con capacidad de emisión propia y sólo dispone de algunos espacios en los viejos medios".
Fernando Núñez-Noda precisa que las condiciones tecnológicas para ejercer la política en Venezuela no son las mejores, sin embargo, alerta que son espacios que la oposición no debe descuidar. "Tecnológicamente las condiciones no son óptimas, la infraestructura de Internet es precaria en Venezuela, la adopción temprana de tecnologías se complica con un mercado contraído y con pocos dólares".
Reina TV. "La televisión manda, eso explica la lógica televisiva del Gobierno a partir de 1999 y con particular énfasis a partir del 14 de abril de 2013", asegura Andrés Cañizález.
Agrega que la influencia de la televisión como medio masivo es robusta. "En las ciudades más distantes de los centros donde se concentra la mayoría de los habitantes, el dominio de los medios oficiales es casi total. Las señales de radio y televisión del Gobierno son las únicas que llegan a la totalidad del territorio".
"Los espacios en donde no está Internet los llena la televisión y la radio. Además, existen aspectos socioculturales, como la educación, la edad, que influyen en la forma como nos informamos. El Internet puede tener una penetración importante, pero los medios tradicionales aún tienen mayor influencia", expresa Cañizález.
"El `casa por casa’ y la campaña de contacto físico funcionan muy bien con los indecisos, los usuarios ocasionales y no sociales de Internet, con los ciudadanos de la tercera edad y con los más pobres", asevera Núñez-Noda.
TV vs. Web
De acuerdo con datos de la organización Monitoreo Ciudadano, publicados el 30 de agosto en su sitio web, el presidente Nicolás Maduro ha estado 90 horas en transmisiones de cadenas de radio y televisión desde el 5 de marzo al 15 de agosto de 2013. "El uso político de los medios del Estado es un claro abuso de poder y de los recursos públicos", reza el informe de la organización.
Para Núñez-Noda la lógica en la comunicación en línea estriba en la conformación de la estructura de los grupos políticos. No es sencillo competir con una gran maquinaria mediática tradicional. "Serán claves (redes sociales) con quienes ya han decidido su voto -sobre todo como convocatoria y apoyo a la logística-, con los jóvenes votantes y la clase media. Dado que el `casa por casa’ no llegará a todas las casas, la campaña en línea tiene enormes fortalezas y bajo costo relativo". Anteliz opina que las ideas políticas muchas veces se diluyen con el uso equivocado de algunas herramientas que brindan las redes. "(Internet) sigue siendo una trinchera de ideas, de un combate virtual que se libra a través de los `hashtags’, pero la realidad política de Venezuela está más allá de las etiquetas, se libra en lo cotidiano, en nuestro país una etiqueta ha resultado ser su peor consejera, ejemplo: el desabastecimiento, lejos de combatirla con la denuncia responsable, la exacerba".

viernes, 6 de septiembre de 2013

¿2,0?

EL IMPULSO, Barquisimeto, 7 de mayo de 2013
Pensar - Política virtual (1/2)
Pedro Rodríguez Rojas

La evolución de la sociedad moderna ha tendido a magnificar la vida privada en detrimento de la pública, de la política colectiva y de la democracia. Puede parecer una paradoja, pero la misma modernidad que edificó la democracia, la está banalizando o debilitando a medida que desvía los esfuerzos e intereses de los ciudadanos hacia lo privado. (Gonçal Mayos. 2009. 54) Ese proceso comporta muchas consecuencias y problemas. En el proyecto del Estado del bienestar, la política había alcanzado una relativa autonomía, en virtud de la intervención política en los asuntos del mercado, frente al sistema técnico y económico. Ahora, en cambio, el sistema político está ante la amenaza de ser desposeído de su constitución democrática. Las instituciones políticas se convierten en asunto de un desarrollo que ni han planificado ni pueden reorientar, y del que sin embargo, en cierto modo, han de responder (Ulrich Beck. 2006. 241). Bettina Martino (2001), se refiere a la massmediatización de la política. Este fenómeno ha sido descripto, en general, como la adecuación de esta última (sus tiempos, espacios, escenarios, lenguaje, etc.) a la lógica de los medios de comunicación. Hoy es común escuchas términos como: "democracia mediática", "democracia de audiencias", "democracia de públicos", "democracia sin público", "democracia espectáculo", "videocracia", "democracia televisiva"; "cyberdemocracia", "democracia electrónica", "teledemocracia", entre otros. La autora ve positivo la posibilidad de la democracia electrónica, como una  solución posible a los problemas de la escasa participación, el acceso a la información, la toma de decisiones políticas guiadas por intereses mezquinos de los representantes, la compatibilización entre una cultura individualista que repliega a los individuos en sus hogares y la posibilidad de estar involucrado en las cuestiones públicas sin necesidad de abandonar la comodidad del hogar, la superación del "ciudadano niño" que requiere que otros tomen decisiones por él, entre otros aspectos. Pero advierte sobre tres elementos negativos u obstáculo a estas democracias electrónicas: Primero, el mayor acceso a la información no implica, necesariamente, que la democracia se refuerce: más información no se traduce necesariamente en mayor y mejor democracia. Segundo, la participación política electrónica podría empobrecer la calidad de la democracia si se reduce al voto electrónico. La deliberación constituye una dimensión clave de la democracia. Tercero, existen objeciones en cuanto a la fiabilidad. Existen factores aún no controlables en la red, como los virus que podrían "torcer" una voluntad. Bettina Martino (2001), la posmodernidad llevó al declive de la historia unitaria y progresiva, la pérdida de fundamentos absolutos, la ligazón a un proyecto colectivo, la definición de un sentido único de la existencia del hombre y, fundamentalmente, el fin de los grandes relatos. En el plano de lo político, podemos enmarcar dentro de tal crisis a las categorías de nación y clase. La Nación -y específicamente, la idea de identidad nacional- como elemento de cohesión que genera identidad colectiva y sentido de pertenencia, comenzó a hacer visible sus propias contradicciones internas: la primera, respecto de la posibilidad de que la complejidad social pudiera ser reducida a una sola voluntad colectiva; la segunda, en cuanto a que la representatividad política, siendo un aspecto parcial de la totalidad social, pudiera representar a la sociedad en su conjunto, como un todo unificado. Por otra parte, la referencia al concepto de Clase, remitía directamente a los actores contenidos en la tradicional distinción dominantes-dominados. Todo conflicto o toda contradicción responderían a una sola lógica: la inherente a la lucha de clases. Hoy, ningún grupo social parece portador de intereses generales; no existe apelación a principios globales de legitimidad; el recurso a la historia se ha debilitado, en tanto ya no creemos en la sucesión de una sola forma histórica sino en la pluralidad de vías de desarrollo. Continuará… pedrorodriguezrojas@gmail.com


EL IMPULSO, Barquisimeto, 14 de mayo de 2013
Política virtual (2/2)
Pedro Rodríguez Rojas

Pensar
Este quiebre de la idea de identidad nacional y de la oposición entre una clase dominante y otra dominada, reflejaría -en cierto modo- la existencia de vastos sectores sociales hasta el momento no contenidos o negados en estas categorías y una reducción de los conflictos a universos opuestos diametralmente. Desde esta perspectiva, la crisis de lo político no se refiere, como superficialmente a veces se expresa, al plano de la administración de la cosa pública, sino fundamentalmente al plano de la definición de una identidad social compartida por el conjunto. Per la autora advierte que desde la posición "proposmoderna", estas rupturas fueron vistas con agrado. Sin embargo, las promesas iniciales de la posmodernidad fueron trayendo consecuencias paradójicas: "en nombre de la mayor tolerancia, se producía un vacío de normatividad, dejando espacio compensatorio a fanatismos racistas...; el dibujo de jóvenes sin ideales duros se parecía demasiado al de aquellos sin ideales a secas;...del abandono del fanatismo ideológico/político se pasó al abandono de toda preocupación por lo colectivo..." (Follari, 1998). Los referentes perdidos no encontraron reemplazo y la fragmentación inicial se convirtió en una fatal descomposición y desintegración de la sociedad. El festejo posmoderno fue llegando a su fin. El estado de la situación al cual hoy asistimos no es mera crisis de las organizaciones sino un fenómeno más profundo de "desinstitucionalización", en el sentido fuerte de pérdida de pautas supraindividuales de regulación de la vida social sin que exista para éstas un reemplazo. Y esto repercute fuertemente en los sujetos sociales. Para Zygmunt Bauman (2004), El poder puede moverse con la velocidad de la señal electrónica; así, el tiempo requerido para el movimiento de sus ingredientes esenciales se ha reducido a la instantaneidad. En la práctica, el poder se ha vuelto verdaderamente extraterritorial, y ya no está atado, ni siquiera detenido, por la resistencia del espacio. Este hecho confiere a los poseedores de poder una oportunidad sin precedentes: la de prescindir de los aspectos más irritantes de la técnica panóptica del poder. La etapa actual de la historia de la modernidad –sea lo que fuere por añadidura– es, sobre todo, pospanóptica. En el panóptico lo que importaba era que supuestamente las personas a cargo estaban siempre "allí”, cerca, en la torre de control. En las relaciones de poder pospanópticas, lo que importa es que la gente que maneja el poder del que depende el destino de los socios menos volátiles de la relación puede ponerse en cualquier momento fuera de alcance… y volverse absolutamente inaccesible.
Agrega mas adelante:
El fin del panóptico augura el fin de la era del compromiso mutuo: entre supervisores y supervisados, trabajo y capital, líderes y seguidores, ejércitos en guerra. La principal técnica de poder es ahora la huida, el escurrimiento, la elisión, la capacidad de evitar, el rechazo concreto de cualquier confinamiento territorial y de sus  engorrosos corolarios de construcción y mantenimiento de un orden, de la responsabilidad por sus consecuencias y de la necesidad de afrontar sus costos.  La elite global contemporánea sigue el esquema de los antiguos "amos ausentes”. Puede gobernar sin cargarse con las tareas administrativas, gerenciales o bélicas y, por añadidura, también puede evitar la misión de "esclarecer”, "reformar las costumbres”, "levantar la moral”, "civilizar” y cualquier cruzada cultural. El compromiso activo con la vida de las poblaciones subordinadas ha dejado de ser necesario (por el contrario, se lo evita por ser costoso sin razón alguna y poco efectivo) Aferrarse al suelo no es tan importante si ese suelo puede ser alcanzado y abandonado a voluntad, en poco o en casi ningún tiempo. Por otro lado, aferrarse demasiado, cargándose de compromisos mutuamente inquebrantables, puede resultar positivamente perjudicial, mientras las nuevas oportunidades aparecen en cualquier otra parte.Zygmunt Bauman. 2004.
pedrorodriguezrojas@gmail.com

Ilustración: S/f., tomada de una publicación de los años '40.

sábado, 18 de mayo de 2013

EPISTEMOLOGÍA DE LOS BYTES

EL IMPULSO, Barquisimeto, 07 de mayo de 2013
Política virtual (1/2)
Pedro Rodríguez Rojas

La evolución de la sociedad moderna ha tendido a magnificar la vida privada en detrimento de la pública, de la política colectiva y de la democracia. Puede parecer una paradoja, pero la misma modernidad que edificó la democracia, la está banalizando o debilitando a medida que desvía los esfuerzos e intereses de los ciudadanos hacia lo privado. (Gonçal Mayos. 2009. 54)
Ese proceso comporta muchas consecuencias y problemas. En el proyecto del Estado del bienestar, la política había alcanzado una relativa autonomía, en virtud de la intervención política en los asuntos del mercado, frente al sistema técnico y económico. Ahora, en cambio, el sistema político está ante la amenaza de ser desposeído de su constitución democrática. Las instituciones políticas se convierten en asunto de un desarrollo que ni han planificado ni pueden reorientar, y del que sin embargo, en cierto modo, han de responder (Ulrich Beck. 2006. 241).
Bettina Martino (2001), se refiere a la massmediatización de la política. Este fenómeno ha sido descripto, en general, como la adecuación de esta última (sus tiempos, espacios, escenarios, lenguaje, etc.) a la lógica de los medios de comunicación. Hoy es común escuchas términos como: “democracia mediática", "democracia de audiencias", "democracia de públicos", "democracia sin público", "democracia espectáculo", "videocracia", "democracia televisiva"; "cyberdemocracia", "democracia electrónica", "teledemocracia", entre otros.
La autora ve positivo la posibilidad de la democracia electrónica, como una  solución posible a los problemas de la escasa participación, el acceso a la información, la toma de decisiones políticas guiadas por intereses mezquinos de los representantes, la compatibilización entre una cultura individualista que repliega a los individuos en sus hogares y la posibilidad de estar involucrado en las cuestiones públicas sin necesidad de abandonar la comodidad del hogar, la superación del "ciudadano niño" que requiere que otros tomen decisiones por él, entre otros aspectos.
Pero advierte sobre tres elementos negativos u obstáculo a estas democracias electrónicas: Primero, el mayor acceso a la información no implica, necesariamente, que la democracia se refuerce: más información no se traduce necesariamente en mayor y mejor democracia. Segundo, la participación política electrónica podría empobrecer la calidad de la democracia si se reduce al voto electrónico. La deliberación constituye una dimensión clave de la democracia. Tercero, existen objeciones en cuanto a la fiabilidad. Existen factores aún no controlables en la red, como los virus que podrían "torcer" una voluntad.
Bettina Martino (2001), la posmodernidad llevó al declive de la historia unitaria y progresiva, la pérdida de fundamentos absolutos, la ligazón a un proyecto colectivo, la definición de un sentido único de la existencia del hombre y, fundamentalmente, el fin de los grandes relatos. En el plano de lo político, podemos enmarcar dentro de tal crisis a las categorías de nación y clase. La Nación -y específicamente, la idea de identidad nacional- como elemento de cohesión que genera identidad colectiva y sentido de pertenencia, comenzó a hacer visible sus propias contradicciones internas: la primera, respecto de la posibilidad de que la complejidad social pudiera ser reducida a una sola voluntad colectiva; la segunda, en cuanto a que la representatividad política, siendo un aspecto parcial de la totalidad social, pudiera representar a la sociedad en su conjunto, como un todo unificado.
Por otra parte, la referencia al concepto de Clase, remitía directamente a los actores contenidos en la tradicional distinción dominantes-dominados. Todo conflicto o toda contradicción responderían a una sola lógica: la inherente a la lucha de clases. Hoy, ningún grupo social parece portador de intereses generales; no existe apelación a principios globales de legitimidad; el recurso a la historia se ha debilitado, en tanto ya no creemos en la sucesión de una sola forma histórica sino en la pluralidad de vías de desarrollo.

EL IMPULSO, Barquisimeto, 14 de mayo de 2013
Política virtual (2/2)
Pedro Rodríguez Rojas

Este quiebre de la idea de identidad nacional y de la oposición entre una clase dominante y otra dominada, reflejaría -en cierto modo- la existencia de vastos sectores sociales hasta el momento no contenidos o negados en estas categorías y una reducción de los conflictos a universos opuestos diametralmente. Desde esta perspectiva, la crisis de lo político no se refiere, como superficialmente a veces se expresa, al plano de la administración de la cosa pública, sino fundamentalmente al plano de la definición de una identidad social compartida por el conjunto.
Per la autora advierte que desde la posición "proposmoderna", estas rupturas fueron vistas con agrado. Sin embargo, las promesas iniciales de la posmodernidad fueron trayendo consecuencias paradójicas: "en nombre de la mayor tolerancia, se producía un vacío de normatividad, dejando espacio compensatorio a fanatismos racistas...; el dibujo de jóvenes sin ideales duros se parecía demasiado al de aquellos sin ideales a secas;...del abandono del fanatismo ideológico/político se pasó al abandono de toda preocupación por lo colectivo..." (Follari, 1998). Los referentes perdidos no encontraron reemplazo y la fragmentación inicial se convirtió en una fatal descomposición y desintegración de la sociedad. El festejo posmoderno fue llegando a su fin.
El estado de la situación al cual hoy asistimos no es mera crisis de las organizaciones sino un fenómeno más profundo de "desinstitucionalización", en el sentido fuerte de pérdida de pautas supraindividuales de regulación de la vida social sin que exista para éstas un reemplazo. Y esto repercute fuertemente en los sujetos sociales.
Para Zygmunt Bauman (2004), El poder puede moverse con la velocidad de la señal electrónica; así, el tiempo requerido para el movimiento de sus ingredientes esenciales se ha reducido a la instantaneidad. En la práctica, el poder se ha vuelto verdaderamente extraterritorial, y ya no está atado, ni siquiera detenido, por la resistencia del espacio. Este hecho confiere a los poseedores de poder una oportunidad sin precedentes: la de prescindir de los aspectos más irritantes de la técnica panóptica del poder. La etapa actual de la historia de la modernidad –sea lo que fuere por añadidura– es, sobre todo, pospanóptica. En el panóptico lo que importaba era que supuestamente las personas a cargo estaban siempre “allí”, cerca, en la torre de control. En las relaciones de poder pospanópticas, lo que importa es que la gente que maneja el poder del que depende el destino de los socios menos volátiles de la relación puede ponerse en cualquier momento fuera de alcance… y volverse absolutamente inaccesible.

sábado, 27 de abril de 2013

SATURADOS DE BYTES

EL UNIVERSAL, Caracas, 22 de abril de 2013
Vida digital postelectoral en Venezuela
ISAÍAS ELÍAS BLANCO 

El venezolano debe multiplicar su sensibilidad digital para interactuar en las redes sociales sin exponer su privacidad, y usar los smartphones como herramientas productivas que no llamen mucho la atención.
Los usuarios del país se distinguen de sus pares latinoamericanos por su fanatismo a los dispositivos electrónicos, vanguardismo 2.0, adopción de canales interactivos y usos de las redes sociales como medios de acercamiento a amistades o familiares, pero la creciente ola de delictiva ha frenado sus deseos de "estar al día con la última tecnología" para no ser víctimas de los hurtos y robos registrados a diario.
Antes de continuar, es necesario introducir que la jerga Web define a un individuo como "Geek" cuando evidencia su pasión por los dispositivos electrónicos, videojuegos, youtube, networking, redes sociales, tablets, teléfonos celulares, computadoras y trata de estar online 24/7.
Precisamente la situación social que atraviesa Venezuela en términos de fechorías y delitos informáticos ha dificultado moldear la explosión tecnológica que viven los países desarrollados, donde lograron transformar terminales móviles en oficinas virtuales, centros de atención al cliente, laboratorios educativos, estudios de grabación-postproducción y puntos de ventas.
Esa frustración es la que empuja al usuario criollo a trasladar su vida personal a las redes sociales, duplicar su rutina en la Web, "vivir a través de Facebook", "derrochar felicidad en Instagram", además de debatir en Twitter, pero descuida su seguridad cibernética, comparte más de la cuenta y se expone a las redes organizadas queplanifican sus asaltos a través de los perfiles interactivos.
El secreto de administrar las conexiones en celulares
Oficiales de organismos de inteligencia del Estado, quienes prefirieron conservar el anonimato, compartieron que el venezolano debe aprender a "tomar atajos" en su rutina interactiva en Internet para eludir la delincuencia organizada, y tiene que replantar sus mecanismos de socialización para adaptarse a un entorno donde los pillos se digitalizaron para seleccionar a sus víctimas.
En ese sentido expertos de servicios de seguridad personal hacen hincapié en tres factores claves para portar teléfonos inteligentes en Caracas sin caer en preocupaciones.
>Apagar el Bluetooth es clave para evitar que el dispositivo electrónico sea detectado por los "rastreadores" que se dedican a cazar víctimas en centros comerciales, transporte público y establecimientos de comida rápida. Éstos individuos olfatean un radio de 10 metros para precisar el modelo y tipo de teléfono "disponible".
>Desviar las llamadas a un teléfono modesto resulta de gran utilidad para los venezolanos que requieren comunicaciones constantes mientras están en la calle. Así evitarán sacar en lugares poco recomendados iPhones y Samsung Galaxies.
>Configurar la respuesta automática de emails mientras se está conduciendo en las congestionadas calles del país o cuando se completan diligencias en puntos urbanos evita la necesidad de sacar el celular para atender un mensaje y demorar escribiendo/corrigiendo desde un terminal táctil.
>Usar auriculares genéricos en los teléfonos inteligentes o reproductores mp3 elude la atención de los malhechores que se dedican a observar su entorno para detectar a los chicos que trasladan iPod, BlackBerry o línea Galaxy.
Tener conciencia de la exposición en las redes sociales.
El problema no es lo que se publique en los perfiles interactivos, sino hasta qué punto es prudente duplicar la vida personal en Twitter y Facebook, publicar imágenes privadas en Instagram, llevar la agenda de actividades visible a toda la red, y lo más grave: decir qué se hace cada hora o cuáles serán las próximas tareas.
Por esa razón las fuentes policiales de grupos elite de la inteligencia estatal corroboran que la explosión de los social media en Venezuela digitalizó la delincuencia porque le dio poderosas vier herramientas para seguir en tiempo real, monitorear, vigilar, seleccionar y conocer a los blancos de sus próximos golpes. Además, comparten que muchos secuestros se dan sin que la persona sepa de que la asechan por el Facebook, y que una cuenta de Twitter que sugiere "opulencia" sobre un modo de vida adinerado es un imán para los malhechores que rastrean con sigilo a los usuarios a través de cuentas falsas encubiertas por fotos de mujeres voluptuosas o rubias europeas.

Fotografía: Javier Manzano, tomada de http://www.worldpressphoto.org/awards/2013/spot-news/javier-manzano?gallery=6096, y a propósito de http://cultura.elpais.com/cultura/2013/04/26/actualidad/1367000432_626772.html

Breve nota LB: Insustituible, la realidad sigue su curso.No obstante, insistimos en la rendición de culto hacia la virtualidad que, entre otras ventajas, la podemos constantemente recrear, tendiendo al anonimato y a la irresponsabilidad - además - por nuestra incursiones políticas (o las que la simulan). Ésta quizá se agota, e - irremediable - desinhibidamente duplicamos la vida misma, como indica el autor. Se nos antoja, a propósito de la estupenda fotografía de Manzano, que  la realidad real es la llamada a imitar la virtual, y no al revés. Vale decir, procurar un hábitat digital que nos salvaguarde, si es que nos interpela, de otras perspectivas. Por ejemplo, como señala Edilberto Ferrer-Véliz en su artículo de hoy, que no "semos" nada: desaparece la humanidad y el munndo sigue su camino: http://elimpulso.com/articulo/mene-tekel-pharsin-en-el-dia-de-la-tierra#.UXvN1EoVSQk

lunes, 22 de abril de 2013

ECOLOGÍA GRIS

EL NACIONAL - Lunes 22 de Abril de 2013     Cultura/3
El foro del lunes
CARLOS DELGADO FLORES Señala que Internet ayuda a que los venezolanos se formen criterios políticos
Para el académico, las redes sociales promueven intercambios de datos que permiten el surgimiento de un elector racional, uno que aspira a un espacio de gobernabilidad público
"El diálogo empodera y la diseminación de información genera simetría"
MICHELLE ROCHE R.

Carlos Delgado Flores es magíster, profesor de la Universidad Católica Andrés Bello, coordinador académico del posgrado en Comunicación Social de esa casa de estudios y miembro del Consejo de Redacción de la revista Comunicación. El año pasado formó parte de las mesas de diálogo ­en el área de Política Comunicacional­ cuyos resultados permitieron redactar los Lineamientos del Programa de Gobierno de Unidad Nacional, presentados por la Mesa de la Unidad Democrática en enero de 2012. Pero su trabajo más importante es silencioso: durante la última década se ha dedicado a interpretar las estrategias culturales del Gobierno y a entender cómo las nuevas tecnologías están reconfigurando la participación política y social de los venezolanos. Sus conclusiones están en las revistas editadas por el Centro Gumilla y representan perspectivas reveladoras del panorama real de las relaciones de poder en el país, de los perfiles electorales y de la entrada de Venezuela a la era de la información.
El impresionante desarrollo de las redes sociales en el país le hace pensar que las tecnologías pueden aprovecharse para conciliar la brecha cultural entre los venezolanos ­hoy, 8 millones no pasan del séptimo grado­ y que esas redes deben establecerse como los lugares del diálogo para la formación de ciudadanos.
De acuerdo con sus investigaciones, 65% de los usuarios de Internet en Venezuela pertenece a los niveles D y E, se ubica entre 18 y 32 años de edad y se conecta diariamente varias veces, desde los hogares o teléfonos móviles, con fines de socialización y búsqueda de información.
"Los 10 tabulados básicos del censo más reciente incluyen conexión a Internet y a televisión por cable. Según los datos que he revisado, encuentro, preliminarmente, que la correlación entre una y otra es alta, más de 0,80. Es decir: que quien tiene televisión por cable tiene acceso a Internet.
La penetración de la televisión por cable en Amazonas, por dar un ejemplo, es de 96%. Ya no podemos decir que Internet no tenga influencia en lo que pasa en Venezuela".
­¿Esas estadísticas reestructuran la hegemonía comunicacional del Estado? ­Abren la posibilidad de que se filtren otros mensajes, más allá de su aparato comunicacional, que es funcional y poderoso. Mientras la gente tiene más acceso a la televisión por cable, a Internet y a la información generada por medios independientes, se exponen a las informaciones de los buenos conversadores en la web, aquellos que proveen informaciones de fuentes confiables. Estos son los que en Twitter hacen retuiteo, comentan, usan fuentes confiables, las contrastan y aceptan el comentario en una atmósfera del respeto.
­¿Pero, la dependencia de la conexión no hace vulnerables esos procesos? Por ejemplo, el domingo de las elecciones, cuando se cayó Internet por unas horas.
­Somos vulnerables por otras razones: tenemos pocos proveedores para acceder a Internet y no podemos elegir, el servicio de conectividad es malo y el ancho de banda, risible. Estamos muy por debajo de los estándares internacionales y del promedio latinoamericano.
­¿Cómo evidencia la más reciente campaña el fortalecimiento de las redes sociales frente a la hegemonía comunicacional del Gobierno? ­Más allá de la polarización política, hay varios perfiles: 18% de usuarios de Internet son conectados y politizados: deliberan, hacen cyberpolítica, se forman criterios y no acceden a los medios de comunicación. Los medios de comunicación aquí son malos conversadores; los periodistas no, pero los medios sí, porque tienen poco nivel de interactividad. En nuestra coyuntura, eso implica perder audiencia a altos costos, tanto monetarios como políticos. Hace 5 años, la cuota de mercado de Internet era de 11% y la de televisión de señal abierta, de 35%. Hoy están a mitades, si no es que Internet ya está por encima. Según datos oficiales, 40% de la población venezolana es usuario de Internet y de allí, 8 millones de venezolanos tienen un perfil en Facebook, es decir, 8 de cada 10 habitantes del país, y 4 de cada 10 tienen una cuenta en Twitter. Es una diseminación mucho mayor que la de los periódicos. El problema es que nuestros medios (ni los radioeléctricos ni los digitales) no tienen oferta positiva, porque en una polarización como la nuestra no se proponen ideas. Pero el caso es interesante porque parte de esa población conectada y politizada ­como la hemos llamado en ensayos sobre el tema en Comunicación­ dejó de votar por Chávez porque está muerto y lo hicieron por Capriles, convencidos por el diálogo que han mantenido permanentemente con gente opositora o en redes; pero esa oferta hay que mejorarla.
­Por eso sostiene en sus investigaciones que el elector venezolano no es emotivo sino racional.
­El clientelismo, que lo asumimos como un vicio de la política, es también una elección racional. No es socializadora, pues privatiza el espacio público y desinstitucionaliza, pero obedece a nuestra lógica cultural: el venezolano es contigencialista y para él la voluntad personal tiene más peso que el proyecto colectivo.
­¿Qué prácticas sociales promueven las tecnologías? ­El diálogo entre iguales con interlocución; es decir, que tú escuches lo que te están diciendo y que quien habla luego te escuche con una norma que es consensuada. Esa es una actitud socializadora y permite el surgimiento de un elector racional que aspira a generar un espacio de gobernabilidad público y se interesa en crear una república a través del intercambio de conocimiento. El diálogo empodera y la diseminación de información genera simetría.
­¿Están las redes rompiendo la hegemonía comunicacional del chavismo? ­ El martes, Aporrea.com era un ejemplo del nivel de autocrítica que se está articulando en el chavismo. Allí vemos cómo Internet no sólo es arenga y movilización. Cuando revisas los trending topics nacionales de Twitter, notas que ellos están afrontando problemas en la unificación de tráfico porque te consigues con cinco hashtags asociados al mismo tema y son cinco etiquetas distintas. Antes era una sola porque había una voz mandante, pero ahora hay enredo y división. La burocracia gubernamental del proceso no entiende de dialogicidad y su diseño de redes es eficaz en el sentido de que homologaron la red de distribución de datos con la logística: usan las redes para movilización en los eventos clave y no deliberan. El problema, sin embargo, es que la oposición tampoco lo hace ni tiene mayores estrategias en redes.
­¿Hacia dónde deberían apuntar esas estrategias? ­A apoyar las prácticas de las redes, empodérandolas. ¿Por qué las propuestas programáticas de la MUD no salen a deliberación en línea? ¿Por qué no han difundido en redes el programa unitario? Si hay un buen espacio público, si hay una sociedad con sentido común, las políticas no tienen por qué ser interventivas ni costosas. Poner las ideas y los sentidos en común supone generar actitudes articuladas, puntos de encuentro y proyectos. Ese espacio hay que restablecerlo porque lo perdimos. Si bien la estrategia comunicacional del chavismo es de hegemonía, y por la vía de la propaganda, la simbología y el tono religioso repite en múltiples formatos un solo mensaje, del otro lado tampoco se ha construido un sentido común desde la horizontalidad de las redes. Quisiera que hubiera más acercamiento entre la academia y la MUD, pues no sólo debemos empoderar proyectos culturales con base en su incidencia, sino estudiar bien las políticas culturales y abrir la política a un debate enriquecedor; la cultura no se trata sólo de promoción de arte. En este momento sólo está dedicada a estetizar la política y eso debemos erradicarlo.
Fotografía: Leonardo Guzmán.

lunes, 17 de septiembre de 2012

A QUIEN PUEDA INTERESAR

EL UNIVERSAL, Caracas, 17 de Septiembre de 2012
El ciberlenguaje político debe mejorar
ISAÍAS ELÍAS BLANCO 

A los líderes de opinión en los movimientos sociales de Venezuela y Latinoamérica les conviene reinventar sus códigos de comunicación en las plataformas interactivas y redes sociales para profundizar el impacto de sus propuestas, fidelizar a simpatizantes y acercar a los indecisos; en vez de malgastar poder de convocatoria en insultos, mala ortografía, vejaciones, acusaciones, valoraciones personales y juicios por encargo.
Sorprenden que a pocos días para celebrar las elecciones presidenciales en Venezuela los consultores y asesores de las campañas no hayan alertado a los dos grupos protagonistas que las acciones digitales efectuadas por los militantes de base tienen gran efecto sobre los candidatos; primero porque se asocia la reputación-imagen que proyecta un sujeto influyente (vocero/representante/concejal/diputado/) con el candidato a dirigir el país. En según lugar la audiencia interpreta los desaciertos en las redes sociales como una política comunicacional impuesta desde la dirección de un partido, y en tercer término el lenguaje visceral con faltas ortográficas y poca dicción genera un nefasto efecto en el electorado porque se puede engendrar calificación negativa y en el peor de los casos etiquetas de incompetencia para gerenciar puestos gubernamentales.
Por otra parte, las técnicas de comunicación de los actores políticos en Argentina y México concentran esfuerzos en reiterar "los avances ideológicos del gobierno de turno" pero todavía no reconocen la importancia los canales interactivos para promover la gestión pública en los ámbitos administrativos, comunitarios y sociales.
Es fundamental que los Estados suramericanos reaccionen lo antes posible ante la globalización de las tecnologías de información en vista del auge espontáneo del ciberactivismo y la organización cibernética de los apartados sociales. Asimismo, las instituciones políticas también requieren reajustar sus doctrinas al impacto de los mensajes interactivos, puesto que el efecto de las redes sociales está cambiando silenciosamente los mecanismos de socialización de un individuo, quien ahora asume la libertad de expresión como una de las necesidades vitales más relevantes.
La tendencia global en ámbitos estadales, políticos, propagandísticos y comunitarios describe a Internet como el canal promotor de ideales, reclutador de nuevos simpatizantes, recaudador de fondos, servidor público y asesor personalizado a cada individuo. Por esas razones el gobierno de Francia sugiere que cada ministerio y ente público debe optimizar las plataformas interactivas y telefonía móvil para acercarse a la población, facilitar trámites y escuchar reclamos/sugerencias.
Por último es necesario reiterar que la sobreexposición de lo social media está produciendo efectos contrarios en la comunicación de masas con fines electorales, a causa del juicio que describe a "Twitter como la totalidad de Internet, lo demás es relleno". Si bien no se puede negar el impacto de la plataforma de microblogging, tampoco se puede ocultar que Youtube, Facebook, Tumblr y hasta Pinterest son nuevas herramientas que ayudan a distribuir propagandas entre grupos estudiantiles universitarios  o asociaciones comunales.

Brevísima nota LB: Optimista el autor cuando habla de un direccionamiento partidista en la red....


Ilustración: Tomada de la red.

lunes, 16 de enero de 2012

COSAS DE LA ECOLOGÍA GRIS


Bonapartismo virtual
Luis Barragán


Hay retraso en el ejercicio de la infopolítica en Venezuela, tal como se manifiesta en otros ámbitos digitales. Y es que los yerros del quehacer partidista en el mundo real, tendiendo a la desinstitucionalización fuertemente inducida por el régimen, forzosamente los recoge el virtual.

Aceptemos que poco ayuda la administración de justicia para el desarrollo de las redes, impotentes frente a la desactualización frecuente o la información equívoca de sendos websites gubernamentales, escolares y hasta de los ocupados por la comercialización de fármacos. No reportamos responsabilidad civil alguna al contaminar – victimizados - los equipos por seguir un enlace hipertextual que omite toda advertencia de peligro, siendo impensable contratar una póliza al respecto.

La red supone un determinado orden público tecnológico que genera comunidades todavía deficientemente desarrolladas cuando tocamos el ámbito de las creencias políticas, ideológicas y hasta religiosas. Gran atril, apenas exponen contenidos que poco abonan a una cultura de la participación, integradora y constructiva, capaz de prolongarse y explicarse en el mundo real.

Las “páginas políticas” - versadas en los asuntos del poder - escasean, teniendo por único “intercambio” las descalificaciones personales y la comicidad de mal gusto. Abrir un lugar para la promoción y el debate partidistas, constituye una aventura a sabiendas que una campaña de inteligencia y contrainteligencia encuentra terreno fértil, aunque no tanto como el de las tribunas más conocidas de opinión.

Del morbo crónico pueden dar testimonio – precisamente – los portales noticiosos, cuyo prestigio también depende de un conveniente tratamiento de la data invasiva, a veces, administrándola de tal forma que no los hagan objeto de las amenazas gubernamentales ni de los atentados de enceguecidos partidarios del régimen. Por cierto, tribunas o portales que destacan frente a otras, colando la noción de un básico mercado virtual, por el sobrio y oportuno tratamiento de los sucesos, al igual que por la consistencia y profundidad de las interpretaciones que recoge y ventila.

Años atrás, en el extinto diario “El Globo” de Caracas, dedicamos algunos textos a la deforestación digital de los partidos que, en buena medida, podemos ratificar ahora. Y si bien es cierto que no la monopolizan, también lo es que no hay política trascendente, deseablemente seria y organizada, con ausencia de las entidades – recordemos – especializadas en el bien común.

Dudamos de las bondades de la infopolítica, acaso de su propia existencia, al constatar cierto bonapartismo que apunta a la gubernamentalización de los partidos en la red de redes, pues, aún fuera de la dirección del Estado, la oferta y preocupación reside en sus vicisitudes burocráticas o la simple exhibición de sus nóminas de conducción, acaso apostando por el sempiterno clientelismo; la política se explica por la suerte personal de la dirigencia, restándole validez a toda experiencia estable y compartida; hay omisión de los particulares problemas del medio, postergando – si fuere el caso – la defensa del infonauta frente al Estado que en mucho se vale de la desorganización de los usuarios de la red, legitimando sus faenas de control; se evidencia el abuso de los mensajes indeseados, acumulada una data personal que pudiera gozar de otro destino; las incursiones planificadas en otros y diferentes ámbitos tienen por característica el empleo de una retórica convencional, ilustrándonos sobre la crisis predominante de la palabra.

Existen estupendas manifestaciones cívicas en la red, al lado de otras que no lo son, completamente ajenas a los partidos que, por lo pronto, no cuentan con especialistas que vayan más allá del diseño y hospedaje del portal y que, además de intensificar la participación, contribuyan a la otra e innovadora dimensión de la cultura política: por ejemplo, revelan los estudios de opinión, el mayor interés de los jóvenes – navegadores por excelencia – en el relacionamiento social que en la adquisición de conocimientos en la infopista.

En última instancia, hablar de infopolítica equivale a un reconocimiento de las teorías politológicas adecuadas. No basta con citar y comparar las grandes cifras de generación de bytes o reseñar y asombrar con los alcances de los productos y servicios más recientes, si no reflexionamos en torno al impacto social y político real al que está condenado un mundo por más virtual que lo creamos. Por cierto, se dirá que – al realizarlas – las tesis sistémicas exponen su limitaciones en la red de redes.

Fotografía: Tiempos en los que no sospechábamos el desarrollo actual de la telemática. Hasta escasos años atrás, parecía una extraña oferta electoral la de dotar tecnológicamente a nuestras instituciones educativas. En la gráfica, reportaje de El Diario de Caracas, 21/03/86.

Fuentes:
http://www.noticierodigital.com/2012/01/bonapartismo-virtual/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=832512