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domingo, 19 de julio de 2020

DISPAROS DEL SABER / EL SABER DE LOS DISPAROS

De la conatelización del saber
Luis Barragán

Es necesario reconocerlo, tenemos por un (in) exacto domicilio el lenguaje digital. Todo lo sobre-simplifica e, incluso, banaliza, porque es la tendencia que domina.

Por precarias y hasta inexistentes sean nuestras posibilidades de conexión, ese  lenguaje nos ha dado alcance. El tránsito de la pandemia lo celebramos evocando aquéllos videos, audios y otros motivos gráficos de extraordinaria circulación, apocadores.

A la contaminación del lenguaje, sumamos la rectoría de un organismo estatal que delimita nuestras comunicaciones, a juzgar por el uso de la telefonía convencional misma. CONATEL marca la pauta para el creciente aislamiento de la población en nombre del COVID19, cuando realmente lo es en el de Miraflores: más allá de la prisión física.

Proclamaron hasta el hastío la educación virtual en el país al que obligan a cocinar a leña, quebradas las industrias gasífera y eléctrica. Faltando poco, buscando su definitiva desaparición, cada vez está más encarecida y restringida la televisión por suscripción y aquellos canales de entretenimiento  científico, histórico, deportivo y gastronómico, por ejemplo, capaces de profundizar un poco más en sus respectivos ámbitos, desaparecen de la vida diaria.

Toda emisora radial, televisiva y digital que se permita alguna profundidad, por una u otra vía, recibe el zarpazo conatelizador. Ligereza, trivialidad, pusilanimidad, más temor, miedo, terror, lucen como los únicos saberes a batir psicológicamente  bien para apocar a los venezolanos en un intenso y quirúrgico bombardeo propagandístico.

Fotografía: Tomada de la red, tanqueta las puertas de la Unimet.

martes, 25 de octubre de 2016

CENSURA DE LA TELEVISIÓN LOCAL

De la ilimitada estupidez
Luis Barragán


Puede aseverarse que el asalto al Congreso de 1848, fue un acontecimiento reducido a Caracas. El evento de tan considerable como lamentable calibre histórico, tardó en irradiar al resto del país incomunicado y analfabeto, prisionero de una implacable censura en los escasos medios impresos disponibles.

Ahora, con el reciente y fallido asalto a la Asamblea Nacional, resulta prácticamente imposible atajar la indignación de la ciudadanía que busca una desesperada respuesta a la inocultable crisis que, sencillamente, padece. Fundamentalmente, las redes sociales y las agencias noticiosas internacionales, por mucho que se esfuerce el gobierno en impedirlo, aunque logre distorsionarlo, según el hábito, reivindican la instantaneidad de un drama en el que todos nos reconocemos.

Objetiva constatación del momento, al irrumpir el consabido piquete oficialista en el hemiciclo, circuló ampliamente la programación desarrollada por las emisoras televisivas locales que, lejos de transmitir la noticia, por impactante y trascendente que fuese, extremó sus recursos de distracción.  Por supuesto, temieron a la atentísima CONATEL, la comisaría del régimen que pretende bañarnos de una inaudita irrealidad.

La muestra de las televisoras nacionales que no se atrevieron a difundir el hecho ejemplifica los terrores propagados por un gobierno que, a la hora de escribir la presente nota, ya habrá movilizado a sus especialistas para concebir y diseñar una interpretación autorizada que las repletará en los próximos días. Nada difícil de imaginar, trastocados los victimarios en víctimas, apelarán a toda suerte de ocurrencias alrededor de un tal poder popular que deseaba participar en el debate parlamentario y resultó agredido por los diputados de la derecha que siguen las instrucciones telefónicas de la embajada o el consulado imperial, inventando delitos donde no los hay ni habrá: la estupidez no tiene límites al tratarse de sobrevivir en el poder a cualquier precio.

A pesar de las diligencias realizadas por retrasarnos y confundirnos tecnológica y psicológicamente, el frustrado asalto a la Asamblea Nacional – quizá un imperfecto ensayo parcial – ya no se restringe a la ciudad capital y al tardío testimonio personal de sus actores, sino que, pasando por encima de la feroz censura, alcanza una difusión que toca a las puertas de la OEA para la definitiva activación de la Carta Democrática, encolerizados  todos los venezolanos que claman por una vía pacífica y constitucional para zanjar las diferencias. De todos modos, cada vez menos competitivos, los sobrevivientes  canales privados de televisión tienen los días contados, pues, así renueven  las concesiones, claudicando, nada atractiva resultará la crónica que hagan de un gobierno temeroso de las propias realidades que crea.

24/10/2016:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/27945-luis-barragan
http://www.notiven.com/cgi-bin/archive.py?datediff=0
Fotografía: Tomada al celular del diputado Cheo Hernández. 

lunes, 3 de marzo de 2014

PULSO DIGITAL

De la infopolítica en boga
Luis Barragán

03/03/14

“Las nuevas tecnologías cuestionan
la importancia de los emplazamientos
geográficos (los equipamientos tradicionales
del poder) en la definición de las relaciones
 sociales y de las entidades culturales”
Alejandro Piscitelli
(*)

Consabido, las actividades decisivas de la oposición cuentan con la ventaja de una militante interconectividad, pues no existen oportunidades para la promoción radiotelevisiva, escaseando el papel periódico para una prensa amenazada y censurada. Y no sólo la concurrencia ha sido masiva y espontánea, sino que, convincentemente participados, los eventos convocados adquieren también significaciones insospechadas.

Por ejemplo, la herramienta ha sido fundamental para la Movida Parlamentaria  trastocada en Ciudadana. Las exitosas asambleas que arrancaron en Caracas y en las principales ciudades del país el 2 de febrero del presente año,  intensificándose la protesta posteriormente, así lo ratifican.

Las redes sociales van más allá del legítimo relacionamiento personal y recreativo, adquiriendo otras dimensiones que las justifican: no hay mundo virtual, si no se prolonga en el mundo real.  La llamada infopolítica o ciberpolítica adquiere una incontestable importancia, permitiéndonos lidiar con las insustituibles realidades que nos agobian.

Además, el sostenido intercambio personal admite y permite la identificación con determinados valores y principios, sustentando sendas comunidades digitales. Y éstas, además, cuales agencias de socialización política que, en lugar de complementar, reemplazan a los partidos en crisis, han permitido el descubrimiento o renacimiento del ideario democrático en las generaciones más recientes,  aparentemente desinformadas por todos  estos años.

El fenómeno todavía es incomprendido por un gobierno que ha dado testimonio suficiente de su ineficacia en las redes, pues, apenas logra sostener algunas páginas escasamente dinámicas y efectivas, sin que sepamos ya de la utilidad y rendimiento del par de satélites artificiales orbitados. Además, algo más que una excentricidad, gobierna por Twitter, evitándose una libérrima rueda de prensa, las indispensables formalidades de Estado o cualesquiera otras explicaciones que naturalmente se les exigen.

Cuenta con una exacta vocación policial que se resigna a la contaminación y distorsión de la mensajería contraria, esmerándose en una distinta y asfixiante actividad de contrainteligencia cuando no logra localizar físicamente, perseguir, aprehender y sentenciar al usuario que se le opone. Empleando el lenguaje militar, el gobierno se empeña en una guerra de posiciones a la vez que la oposición hace la de movimientos.

El gobierno enfrenta en las redes a líderes creíbles y con capacidad de convocatoria que, además, valga el pleonasmo, demuestran su coraje físico en el mundo real. Desubicado el poder establecido, incompetente para atisbar el otro relacionamiento social y político, creyéndolos líderes por decreto, apela a las convicciones y mecanismos convencionales, añadida la investigación que ha abierto CONATEL en torno a determinados portales digitales.

Ya no tan nuevas, Piscitelli ejemplifica una reflexión precursora que la infopista suscitó una veintena de años atrás. Y valga el contraste: la sancionada Ley Orgánica de Cultura, aún sin promulgarse, no contempla el ciberespacio a pesar que oportuna y fundadamente lo propusimos en el seno de la comisión parlamentaria correspondiente.

(*) “Ciberculturas. En la era de las máquinas inteligentes”, Paidós,  Buenos Aires, 1995  : 108.

Fuente: http://opinionynoticias.com/opiniontech/18437-de-la-infopolitica-en-boga