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martes, 8 de agosto de 2017

DE UN PRECEDENTE



Érase un cierre parlamentario

Guido Sosola

Por muy reciente y contundente que hubiese sido su conformación popular, el golpe de Estado de noviembre de 1948 se llevó por el medio al otrora Congreso Nacional para no regresar más. Será en 1958 que la institución - democráticamente entendida - volverá, dejando atrás a numerosos actores y hallando cupo otros que, luego,  tenderán a jubilarse al ejercer largamente la curul.

Finalizando el siglo XX, una gruesa y sostenida campaña de desprestigio que no logró dar la estocada final con el “calderazo”, propugnado principalmente por Moisés Moleiro, facilitará las condiciones para que, al iniciar su primer período presidencial,  Chávez  Frías – esta vez – se lleve   por el medio al Congreso de la República.  Electoralmente actualizado, roto definitivamente el bipartidismo, bastaron pocos meses para cerrarlo, celebrándolo Luis Alfonzo Dávila en un artículo para El Universal de Caracas, con una terrible metáfora: la del “buque hundido”.

El conflicto con la Asamblea Nacional Constituyente, arrancó desde el primer instante de su elección, anunciado desde la misma consulta de las bases comiciales y la nunca bien ponderada generosidad de la Corte Suprema de Justicia que hizo sus contribuciones.   Siendo clara la determinación de acabar con el Congreso, la ANC tomó los espacios del Palacio Legislativo e impidió varias veces, sin que se atreviera aún a decretar el despido, que senadores y diputados ingresaran a su natural lugar de trabajo.

Fueron distintas las ocasiones en las que la Guardia Nacional prohibió la entrada de los parlamentarios, repeliéndolos por la fuerza con la ayuda de la policía de Caracas,  sofocados por los gases tóxicos y perdigonazos. Extremadamente popular por entonces, el gobierno movilizaba a sus partidarios para el cerco de quienes también intentaron trepar y saltar las rejas, bajo el detallazo recurrente de los grupos violentos de civiles armados: los llamados Guerreros de La Vega, quienes impunemente, asediaron y agredieron a todo aquél que se resistiese ante  el peligroso estruendo de sus motocicletas.

Por citar solo un ejemplo, ya avanzado en edad, el senador Carlos Moros Ghersi fue gaseado y golpeado a la entrada del Capitolio Federal, como ocurrió con la ciudadanía que, por minoritaria que fuese, acudía al sitio en reclamo de respeto. Los espacios administrativos del legislativo fueron ocupados por los constituyentistas que acecharon y, finalmente, se llevaron hasta los equipos de las sedes  de las fracciones parlamentarias, como ocurrió con una de ellas.

Por la resistencia de los parlamentarios, se hizo imposible cerrar prontamente la sede. Y, aunque fuese extremadamente popular el gobierno y muy decididas sus fuerzas de choque, las que también sintió tan de cerca Antonio Ledezma, por entonces, alcalde de Caracas, no hubo otra fórmula que la de cohabitar incómodamente en los mismos espacios físicos.

Cualquier diferencia con las consabidas circunstancias actuales, no es mera casualidad, pues, hubo fracciones parlamentarias organizadas y disciplinadas, capaces de asumir una estrategia de supervivencia con sentido de colegiación y madurez política, con el mucho, mediano o poco respaldo de los militantes de partidos que ayudaban al esfuerzo. Largos meses de tensión y conflicto, concluyeron con la desaparición del Congreso tras el referendo de la Constitución, lista y aprobada, aunque – se dice – permaneció en pie el Instituto de Previsión Social del Parlamentario, porque hubo algunos jubilados de significación en la órbita gubernamental que impidieron su desaparición.

En 1999, la popularidad del gobierno era inmensa, se comía y bebía en el país, cualquier médico y medicamento estaba al alcance de la mano, las tasas de muertes violentas y de desigualdad social eran moderadas, la prensa libérrima, los servicios públicos y tribunales funcionaban, la comunidad internacional lucía más que satisfecha. Era impensable un fraude electoral como el de 2017, mal que bien lidiando en aquél año, como nunca en el presente, por las designaciones del Fiscal y el Contralor generales de la República.

Érase un cierre del parlamento, harto distinto al que hoy parece ya consumado. Ahora, entendiéndose que la espuria constituyente funciona en el Salón Elíptico, bajo la administración del Ejecutivo, una herencia del guzmancismo ya remoto, por la fuerza impiden el acceso de los diputados electos en 2015, haciéndose del hemiciclo protocolar hasta nuevo aviso y sólo hasta nuevo aviso.

08/08/2017:
Fotografías: Carlos Garcia Rawlins (Caracas, 08/08/2017). El general Vladimir Padrino accede a la sede de la Asamblea Nacional, cuyo hemiciclo protocolar ha sidio ocupado por la frauulenta constituyente madurista por la fuerza.

viernes, 14 de julio de 2017

DE LA SÓRDIDA REVANCHA ANTI-BELLISTA



De la putrefacción del lenguaje

Luis Barragán

Teniendo por hábito el día lunes para publicar nuestros modestos textos, nos adelantamos por obvias razones. La jornada cívica del venidero domingo 16, la que hará historia, requiere de toda nuestra atención.

Por lo pronto, aun naturalmente inquieta el consabido asedio, asalto y secuestro de la Asamblea Nacional (AN) que, a la semana siguiente, se convirtió en un cerco para evitar a todo trance la entrada de los periodistas, frustrando una sesión que debió – de todos modos – celebrarse. De una manera u otra,  luce inevitable la explicación por el oficialismo agresor, pues, a nadie engañó, engañándose a sí mismo, Maduro Moros al comentar su extrañeza y disposición para investigar lo acaecido en un pésimo acto histriónico que nos remite a situaciones más remotas que, alguna vez, dijimos superar.

Ampliamente difundida, la presunta comunicación radial entre los grupos paramilitares y los elementos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) que perfeccionaron el delito en la AN, constituye todo un documento histórico al evidenciar la pérdida de cualquier escrúpulo, sentido político y, sobre todo, la del lenguaje. Éste, pútrido, sólo sirve para señalar y apuntar al enemigo cual mira telescópica, al que ni siquiera logran caracterizar excepto las obscenas coletillas de un revanchismo desprovisto del más mínimo pudor, amarrándose a las consignas,  imitando las arengas miraflorinas, sucio ya el tímpano de esas arengas que dicen adivinar a un gusano, a un apátrida, a un maldito ante la vista.

Quien se dice el coordinador nacional de un colectivo, aseguró recientemente que, el día 5 de julio, desearon mostrar su descontento a través de un plantón, manifestando “cívica, pacífica y lícitamente” frente a la sede legislativa, bajo la provocación de los “infiltrados dentro del parlamento”, retirándose porque les “estaban lanzando objetos contundentes”. Como si faltase otro detalle, aseguró que una persona de la seguridad de palacio les abrió la puerta para emboscar a tan pacíficos, serenos y monacales  manifestantes (http://www.noticierodigital.com/2017/07/jorge-navas-oficialistas-protestaron-pacificamente-frente-a-la-an-el-5-de-julio/).

De acuerdo a la nota, quizá  porque los suyos piden una mínima explicación u orientación – digamos – ética de sus actos,  el vocero del llamado colectivo no apeló a las coletillas acostumbradas, sino a un doble recurso no elevará demasiado la moral de los suyos. De un lado, maniobró con los términos que frecuentemente emplea el enemigo y, lejos de contaminarlos o vaciarlos de contenido, el hurto inadvertido los reforzó y condujeron al referente opositor; y, por el otro, sus partidarios saben que mintió descaradamente, haciendo del absurdo un acto de ridiculez en que no quisieran retratarse.

Descompuesto el lenguaje, insuficiente la producción de eufemismos del poder establecido, renunciando por un instante a los movimientos corporales que los auxilian, violentándose a sí mismos con el despliegue de una violencia inaudita, estos dirigentes pierden las palabras confiscadas por el propio régimen que defienden, quedando a la merced de los adversarios y condenados a la reinvención fantasiosa de los hechos transcurridos. Nos permitimos recordar el descubrimiento de  una entrevista digital realizada a Luisa Etxenike, devorando por aquellos días  dos de sus novelas, que influyó en la intervención que hicimos en una sesión plenaria de la AN a principios de 2015: la diferencia entre una democracia de 40 mil palabras y otras de un mil que, al perderlas, dejan de ser simplemente democracias.

sábado, 8 de julio de 2017

DE 1848 A 2017



De uno a otro asalto

Luis Barragán

El reciente asedio, asalto y secuestro de la Asamblea Nacional, deliberada como sospechosa acción y distracción en el Día de la Independencia, ha generado toda suerte de opiniones que suelen apelar al celebérrimo acto contra el Congreso, el 24 de enero de 1848.  El de ahora exhibe una mayor gravedad, cuyas consecuencias lucen todavía impredecibles, aunque los historiadores de ocasión no lo adivinen.

La sola consulta de las redes, sobre todo cuando se trata de programas radiales en vivo, no basta para la ocurrencia repentina del supuesto analista de los hechos que vivimos, por lo demás, más que natural y respetable opinante, experto en las lides políticas sólo del micrófono y del teclado. En el siglo XIX, José Tadeo Monagas heredó un parlamento que, por diligencias de la diputación provincial de Caracas, quiso enjuiciarlo, agrediéndolo hasta arrodillarlo, con las honrosas excepciones de quienes se le resistieron; y, en el siglo XXI,  creyendo condicionarlos, Nicolás Maduro perdió estruendosamente los comicios parlamentarios, confabulándose con este órgano del Poder Público que lucha por una entera reivindicación de la Constitución.

El Congreso que se reunió en el XIX, gozando del “derecho exclusivo de policía” de acuerdo a la Constitución de 1830 que regía por entonces (*), fue vilmente atacado con un saldo de diputados muertos y heridos, entre otras personas; por cierto, derecho exclusivo que, con el tiempo, no hizo falta constitucionalizar, pues, sobreentendido, tomaba cauce en la reglamentación parlamentaria. Gíl Fortuol alegaba la dificultad de conocer inequívocamente la autoría del atentado, la comisión de un delito colectivo al disertar sobre las acciones tumultuarias y la decisión del Congreso de 1858 para condenar los hechos “a perpetuo olvido”, aunque – históricamente imposible, por encima de cualesquiera decretos – existe un consenso historiográfico sobre la responsabilidad de Monagas que terminó sojuzgando al Congreso por una década.

La Asamblea reunida en el XX, admitida la custodia militar interna bajo la autoridad legislativa, de conformidad con el vigente Reglamento Interior y de Debates, sufrió la deliberada acción de los grupos paramilitares en sintonía con la Guardia Nacional Bolivariana, avalado por una presunta comunicación radial. Y,  aunque no hubo personas fallecidas, pero sí malheridas, el asedio, asalto y secuestro tuvo una larga duración para demostrar la voluntad nada espontánea del régimen por aniquilar el parlamento a cualquier precio, sin disimulo alguno muy a pesar del cinismo de Maduro Moros que lo consideró extraño e investigable. Por lo menos, como ocurrió en 1892, al parlamento se le cerraba simplemente, pero – ésta vez – el atentado por “goteo” responde a un macabro contexto general de represión y liquidación misma de las instituciones republicanas, como no pasó en 1848.

El inédito episodio de días recientes, pretenderá borrarlo la dictadura o, acaso, darle una significación que diga ayudar a elevar la moral de sus partidarios, los que se saben en una franca minoría en el país. E, incluso, pistas para una posterior investigación, la noción oficial de orden público y las actividades de agitación del siglo XIX,  contrasta dramáticamente con el XXI, pues, la anormalidad constituye una situación, dato y convicción necesaria para un régimen afincado en el lumpen-proletariado que generó.

(*) Fundamentamos esta nota en: Arendt, Hannah [2008] “Los orígenes del totalitarismo”, Taurus, Bogotá: 408 ss.;  Barragán J., Luis [2017] “La custodia militar del parlamento”, Revista Electrónica de Investigación y Asesoría Jurídica de la Asamblea Nacional, Caracas, nr. 12: http://www.estudiosconstitucionales.com/REDIAJ/REDIAJ-12.pdf;  Brewer-Carías, Allan R. [2008] “Las Constituciones de Venezuela”, Academia de Ciencias Políticas y Sociales, Caracas: I, 715; Gíl Fortuol, José [1956] “Obras completas”, Ministerio de Educación, Caracas: IV,  377 ss.; Olivar, José [2017] “La gran crisis nacional de 1892”, El Desafío de la Historia, Caracas, nr. 57: 34-37; Plaza, Elena   [2007] “El patriotismo ilustrado, o la organización del Estado en Venezuela, 1830-1847”, Universidad Central de Venezuela, Caracas: 144 ss.;  Runrunes [2017]  Audio conversación: Cómo paramilitares y GNB planearon asalto a la Asamblea Nacional en Venezuela”, en: https://www.youtube.com/embed/_wFOxvPekNs