Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Garcia Rawlins. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Garcia Rawlins. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de septiembre de 2018

REPRESENTATIVIDAD

Ocaso arbitral
Luis Barragán


A los fueros de derecho, se suman los de hecho, intermediados por los de carácter moral. En un caso, encontramos a  los parlamentarios y líderes sindicales, con distintos ámbitos de protección; en el otro, los que acarrean un determinado riesgo al desconocerlos; y, luego, los que inspiran y ejercen una reconocida auctoritas, con mayor frecuencia en el medio académico, religioso y deportivo que en el político.

En las dictaduras suelen prosperar mejor aquéllos intocables, incluyendo a sus relacionados, revestidos o no de autoridad, varias veces, trastocados en agentes de extorsión, a los que muy teóricamente se les puede demandar y juzgar.  En las democracias, como ha ocurrido, existen mayores y reales posibilidades de combatirlos y derrotarlos, aunque el prototipo exhiba algunas variaciones que no tocan propiamente el delito, resultando difícil en una época meterse con los militares, curas, estudiantes, periodistas y empresarios, según lo expresara Carlos D’Ascoli, en un texto de 1980  (http://lbarragan.blogspot.com/2018/08/fueros.html).

Naturalmente, en los regímenes autoritarios todo depende de una sola voz, aun guardando las formas para una sucesión calculada. En los totalitarios, la aparente colegiación de un partido u otro artefacto dizque institucional, jamás negará el predominio de aquél que promueve y celebra sendas purgas, con o sin sangre.

Una modalidad de la auctoritas,  el liderazgo de vocación y convicción democrática no se reduce a esa sola voz, sino que debe atender y entenderse con otros referentes tanto o más importantes, según las circunstancias.  Luciendo obvia la pluralidad, distintas jefaturas políticas están condenadas a una concertación mínima de objetivos y procedimientos, cobrando una extraordinaria el parlamento y otras fórmulas para la debida composición de diferencias que, además, no puede soslayar a las minorías.

Hacia 1958, atravesamos una experiencia desgraciadamente olvidada por buena parte de los actuales elencos dirigenciales, pues, fueron varios los líderes políticos que debieron básicamente acordarse para darle viabilidad a la democracia que, por cierto, otro olvido, tardó en estabilizarse. Y es que también supieron reconocer el elevado costo de sus errores políticos, presionados por una activa sociedad que velaba por la suerte común. Y, valga la observación de Miguel García Mackle, ese mismo año (http://lbarragan.blogspot.com/2018/08/desafuero.html),  supuso o selló el ocaso arbitral de Eleazar López Contreras.

En perspectiva, el siglo XXI nos ha sorprendido con una interesada depuración del liderazgo opositor que la dictadura socialista desea, por siempre, a su medida.  Exaltándolo para su pronta ridiculización, por ejemplo, se ha servido de las diferentes jornadas de diálogo para pulverizarlo, prefiriéndolo único, dócil y emblemático. Por supuesto, en esta acera, hay competencia por ese reconocimiento, celando los fueros políticos de hecho, aunque escaseé la autoridad moral.

La transición democrática requerirá de un liderazgo múltiple y representativo, presto al acuerdo, ganándose María Corina Machado un indiscutible cupo, por su razonable, como consecuente, coherente y corajuda conducta, la que, valga la acotación, la lleva a recorrer todos los rincones de la calamidad nacional, bajo las aguas o en medio de la obscuridad, como muy pocos, con soltura. Más allá del factor generacional, toda una ilusión óptica, suerte de visado automático con lo que basta estar en la cola, en ese futuro liderazgo que hoy se construye, no habrá, es lo deseable, poder arbitral alguno u otras expresiones de los fueros de facto que animan a una ya vieja cultura política venezolana en la era post-rentista.

Fotografías: Carlos Garcia Rawlins / Reuters.
10/09/18:
http://www.diariocontraste.com/2018/09/ocaso-arbitral-por-luis-barragan-luisbarraganj/# 
 

martes, 8 de agosto de 2017

DE UN PRECEDENTE



Érase un cierre parlamentario

Guido Sosola

Por muy reciente y contundente que hubiese sido su conformación popular, el golpe de Estado de noviembre de 1948 se llevó por el medio al otrora Congreso Nacional para no regresar más. Será en 1958 que la institución - democráticamente entendida - volverá, dejando atrás a numerosos actores y hallando cupo otros que, luego,  tenderán a jubilarse al ejercer largamente la curul.

Finalizando el siglo XX, una gruesa y sostenida campaña de desprestigio que no logró dar la estocada final con el “calderazo”, propugnado principalmente por Moisés Moleiro, facilitará las condiciones para que, al iniciar su primer período presidencial,  Chávez  Frías – esta vez – se lleve   por el medio al Congreso de la República.  Electoralmente actualizado, roto definitivamente el bipartidismo, bastaron pocos meses para cerrarlo, celebrándolo Luis Alfonzo Dávila en un artículo para El Universal de Caracas, con una terrible metáfora: la del “buque hundido”.

El conflicto con la Asamblea Nacional Constituyente, arrancó desde el primer instante de su elección, anunciado desde la misma consulta de las bases comiciales y la nunca bien ponderada generosidad de la Corte Suprema de Justicia que hizo sus contribuciones.   Siendo clara la determinación de acabar con el Congreso, la ANC tomó los espacios del Palacio Legislativo e impidió varias veces, sin que se atreviera aún a decretar el despido, que senadores y diputados ingresaran a su natural lugar de trabajo.

Fueron distintas las ocasiones en las que la Guardia Nacional prohibió la entrada de los parlamentarios, repeliéndolos por la fuerza con la ayuda de la policía de Caracas,  sofocados por los gases tóxicos y perdigonazos. Extremadamente popular por entonces, el gobierno movilizaba a sus partidarios para el cerco de quienes también intentaron trepar y saltar las rejas, bajo el detallazo recurrente de los grupos violentos de civiles armados: los llamados Guerreros de La Vega, quienes impunemente, asediaron y agredieron a todo aquél que se resistiese ante  el peligroso estruendo de sus motocicletas.

Por citar solo un ejemplo, ya avanzado en edad, el senador Carlos Moros Ghersi fue gaseado y golpeado a la entrada del Capitolio Federal, como ocurrió con la ciudadanía que, por minoritaria que fuese, acudía al sitio en reclamo de respeto. Los espacios administrativos del legislativo fueron ocupados por los constituyentistas que acecharon y, finalmente, se llevaron hasta los equipos de las sedes  de las fracciones parlamentarias, como ocurrió con una de ellas.

Por la resistencia de los parlamentarios, se hizo imposible cerrar prontamente la sede. Y, aunque fuese extremadamente popular el gobierno y muy decididas sus fuerzas de choque, las que también sintió tan de cerca Antonio Ledezma, por entonces, alcalde de Caracas, no hubo otra fórmula que la de cohabitar incómodamente en los mismos espacios físicos.

Cualquier diferencia con las consabidas circunstancias actuales, no es mera casualidad, pues, hubo fracciones parlamentarias organizadas y disciplinadas, capaces de asumir una estrategia de supervivencia con sentido de colegiación y madurez política, con el mucho, mediano o poco respaldo de los militantes de partidos que ayudaban al esfuerzo. Largos meses de tensión y conflicto, concluyeron con la desaparición del Congreso tras el referendo de la Constitución, lista y aprobada, aunque – se dice – permaneció en pie el Instituto de Previsión Social del Parlamentario, porque hubo algunos jubilados de significación en la órbita gubernamental que impidieron su desaparición.

En 1999, la popularidad del gobierno era inmensa, se comía y bebía en el país, cualquier médico y medicamento estaba al alcance de la mano, las tasas de muertes violentas y de desigualdad social eran moderadas, la prensa libérrima, los servicios públicos y tribunales funcionaban, la comunidad internacional lucía más que satisfecha. Era impensable un fraude electoral como el de 2017, mal que bien lidiando en aquél año, como nunca en el presente, por las designaciones del Fiscal y el Contralor generales de la República.

Érase un cierre del parlamento, harto distinto al que hoy parece ya consumado. Ahora, entendiéndose que la espuria constituyente funciona en el Salón Elíptico, bajo la administración del Ejecutivo, una herencia del guzmancismo ya remoto, por la fuerza impiden el acceso de los diputados electos en 2015, haciéndose del hemiciclo protocolar hasta nuevo aviso y sólo hasta nuevo aviso.

08/08/2017:
Fotografías: Carlos Garcia Rawlins (Caracas, 08/08/2017). El general Vladimir Padrino accede a la sede de la Asamblea Nacional, cuyo hemiciclo protocolar ha sidio ocupado por la frauulenta constituyente madurista por la fuerza.

lunes, 24 de julio de 2017

CAZA DE CITAS

"El proceso constituyente de 1999 y los diversos esfuerzos que se realizan desde la sociedad y de sus instituciones deben abrir caminos para entender que la participación, el diálogo, la construcción de caminos compartidos, el compromiso individual y colectivo, yun marco constitucional que cerca del 30 por ciento de sus postulados apuntan a la participación como derecho humano, político, económico y social revelan que las intenciones están y que el reto es ir construyéndola minuto a minuto (SIC) hora a hora, día a día. La democracia es un proceso permanente, es una obra de arte"

Clemente Scotto

(En: AA.VV. "Políticas públicas siglo XXI: caso venezolano", CENDES, Caracas, 2003:  85)

Fotografía: Carlos Garcia Rawlins, faena represiva reciente.

viernes, 14 de julio de 2017

BREVÍSIMA COMPARACIÓN



De la inevitable movilización

Luis Barragán

Suscribimos la presente nota, antes de las importantes jornadas del 16 del presente mes. Es de presumir, por su naturaleza más íntima, por el talante de sus miembros y la estirpe ideológica que, en el fondo, los explica, que la dictadura afila los colmillos: los que le quedan, por cierto de cuidado, porque otro hubiese sido el escenario de tenerlos intactos en diciembre de 2015, pues, perpleja y paralizada, le tomó tiempo saber qué hacer ante la contundente derrota parlamentaria que aún la traumatiza.

Añadidos determinados sectores de la oposición, principiando 2014 esta dictadura nos creyó minoritaria, ínfima, insignificante, una ilusión óptica a la que contribuyeron muchas de las trampas electorales precedentes más esa eficaz satanización que prosperó, gracias a los recursos materiales y simbólicos del Estado, sintetizada en un término: “escuálidos”. Quedaron – absurdamente - sorprendidos los encuestólogos y sus pacientes devotos que nunca velaron por preguntas distintas al realizar los trabajos de campo y, por supuesto, generada la movilización de protesta a partir de las celebérrimas asambleas de ciudadanos de entonces, no hubo en adelante sondeo alguno que no reconociera esa verdad oculta por largo tiempo, la de las mayorías de incontenible crecimiento y determinación en franca protesta contra el gobierno.

Movilización inevitable, muy apenas abortada por una brutal represión a la que se incorporó el diálogo parapeteado por Miraflores. Continuó, bajó el ritmo o simuló bajarlo, e hizo posible el triunfo parlamentario – además – en sitios inesperados, con independencia de los nombres postulados;  y se reactivó nuevamente al recrudecer la crisis humanitaria y de institucionalidad anunciada en las protestas de 2014, con el escepticismo de los determinados sectores de la oposición que, por cierto, tampoco quisieron oír las advertencias referidas al revocatorio y la declaratoria de abandono del cargo, como el reordenamiento del TSJ y CNE que ha debido hacerse muy antes.

Quizá el más cercano precedente a los actuales y masivos eventos, sea el de los días de la protesta popular y espontánea que partieron del 14 de febrero de 1936, con un saldo lamentable de muertos y heridos. Expresando los años precedentes de terror y miedo, fue una gesta ciudadana, sumada la intensa movilización de la sociedad civil de entonces, que forzó la otrora transición a la muerte de Gómez.

Los hechos que vivimos hoy, lucen muy superiores a todos lo que marcan nuestro historial republicano, excepto la guerra independentista y la federal. Dios mediante, triunfaremos y lo haremos para protagonizar la  transición democrática pendiente,  al movilizar, movilizándonos, sin desmayos.
Fotografía: Carlos Garcia Rawlins. 

09/07/2017

domingo, 2 de julio de 2017

DE LA AUDACIA DE SER AUDACES



La generación que despunta

Luis Barragán

Una distinta promoción se asoma, empujando el definitivo reemplazo de esta dictadura. Veinteañeros que no conocieron otra cosa que la crisis crónica, deliberadamente crónica que devino humanitaria, ofrecen su mejor testimonio de lucha en estas horas decisivas.

El tema generacional ha sido recurrente en el caso venezolano, pretendiendo abarcar y explicar todos sus cambios. José Ortega y Gasset, el arquitecto más conocido de la tesis, estimuló la tinta entusiasta de muchos de nuestros intelectuales y dirigentes políticos, tras el dominio y exaltación por largo tiempo de la muchachada de 1928; por cierto, con motivo del aniversario de su nacimiento, El País publicó una consulta realizada entre varios escritores españoles sobre Ortega, considerado como un todólogo, luego de distinguir entre el talento y el genio.

Resulta fácil apelar al expediente generacional para explicar los eventos actuales y, de sintetizar los supuestos de la aludida tesis, es necesario invocar tres importantes características que, entre otras, certifican la existencia de una nueva generación. Por supuesto, cada quien dirá inscribirse en una u otra, creyéndola predestinada y, por consiguiente, irresistible ante  todo adversario.

Por una parte, ortegueanamente, una generación es portadora de una cosmovisión contrastante, la que concede un sentido, una idea, una emoción y una acción harto diferentes, innovadoras y desafiantes, frente a  la establecida y bien consolidada  por las generaciones precedentes. Por otra,  emerge gracias a los eventos extraordinarios que compacta a los coetáneos ante la radical incertidumbre de los contemporáneos, manifestándose una cultura alternativa. Y, luego, cumpliendo cada una un ciclo aproximado de diez años, se suceden tres generaciones: la delincuente, propia de la decadencia que recrean; la preparatoria, la que va rompiendo con los cánones y preparando el camino a la siguiente; y la histórica que renueva completamente los contenidos y sus escenarios.

Ya se habla de dos generaciones decisivas en el siglo XXI venezolano, la de 2007 y 2017. Al igual que la resistencia a morir de las más viejas, en una pugna que las nuevas tendencias historiográficas, sociológicas y politológicas subestiman.

Por lo pronto,  rompiendo el esquema, la generación de 1928 no fue todo lo unida o compacta que se supone y el país, además, supo de importantes aportes de generaciones posteriores, como la de 1936 y 1945, alterando los plazos.  Aquélla debió sucederla, treinta años después, la de 1958, con una acabada experiencia política y una interpretación integral del destino venezolano que, al retroceder con la de 1936, fue reemplazada por los militares que abrevaron en el Plan Andrés Bello,  la de mediados de los setenta.

Haciendo caso del ciclo de marras, después de 1988, la tarea histórica decisiva será la de la generación de 2018, la que ahora ronda por los veinte años, convertida la de 1998 en delincuente y la de 2007 en preparadora del camino. Vale decir, por muy protagónicos que fuesen, los que salieron a la luz pública con el cierre de Radio Caracas TV, ocupando hoy roles estelares y coincidiendo en el deseo de cobrar políticamente juntos, no tienen otra misión que la de allanar el camino a la que muy bien representan los escuderos.

Ya aceptamos la necesidad y conveniencia de otra cosmovisión, desligada del sempiterno rentismo de nuestros tormentos; sobran los eventos que protocolizan un liderazgo alternativo, siendo demasiado temprano para calificarlo de tal, así la publicidad  sea tan generosa; y los plazos de sucesión parecen cumplirse con la puntualidad acostumbrada, pero se ofrece demasiadamente mecánico y facilón el fenómeno generacional. Por ello, hablando de promoción, la que despierta en este siglo XXI con vocación transformadora, no se entenderá sin el concurso de las promociones más antiguas y, más allá, como ocurre, sin la vasta y extensa alianza de los sectores medios y populares que, los europeos no logran siempre entender, tienen en el estudiantado la pieza de  articulación indispensable para derribar toda dictadura.

La fórmula es la de siempre, resultado de una habilidosa combinación de ideas y experiencias, imaginación y audacia. No los habrá exactamente liberales, socialcristianos, socialdemócratas, marxistas o tecnotrónicos, por mucho tiempo, contribuyendo a esa otra perspectiva que el país reclama, fruto del indispensable consenso político-cultural.
Fotografía: Carlos Garcia Rawlins. 

03/07/2017:
http://venezuela.shafaqna.com/ES/VE/907980