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domingo, 29 de diciembre de 2019

RADIOGRÁFICAMENTE

La generación perdida, o sea a la que yo pertenezco, para entendernos…
Hermann Alvino 

1- Tanto la actual dirigencia chavista como la opositora pertenecen a una generación que se corresponde a la perfección tanto con los tiempos actuales como con la evolución de la casta política venezolana. Con relación a lo primero,  es notorio que la mayoría de los integrantes de esta generación que desgobierna al país, así como la de quienes intentan recuperar la democracia, estudiaron en un sistema educativo que ya apuntaba síntomas de decadencia, además de que todos ellos vivieron su juventud en una sociedad que ya estaba siendo secuestrada por el entorno multimedia que hoy nos atosiga a todos aquellos que buscamos serenidad para mantener la perspectiva de las cosas.
En efecto, el sistema educativo venezolano durante las primeras dos décadas de la democracia se basó en técnicas y valores muy diferentes a lo que vendría después, como el mantener la disciplina dentro del centro educativo así como la autoridad del maestro y profesor, además, durante los años de primaria se tenía el dictado como instrumento rutinario para aprender a escribir correctamente –y por tanto a leer, aunque ello se reforzaba con lecturas en calse en voz alta-; así mismo, la aparentemente chocante memorización dentro de materias como la Historia y la Geografía contribuyeron a consolidar una sólida cultura general del estudiante. La desinversión en materia educativa –un fenómeno mundial a partir de la imposición del librito neoliberal que apuntaba a la austeridad, y por tanto al recorte en la educación, salud y programas sociales varios-, también afectó a Venezuela, aunque el problema ya se venía venir por razones algo distintas a las del mundo desarrollado, como fue el desorden administrativo generalizado a partir del gobierno Lusinchi, y la creciente deuda externa del país que impactó directamente en las inversiones en el sistema educativo.
2- Aquella desinversión que tomó impulso en la década de los años 90, se encontró además con unos tiempos en los que el desarrollo de las tecnologías de la información y el relativamente barato acceso a dicha información comenzaban a transformar no solo a la industria en general, sino a las relaciones humanas junto a nuestra forma de pensar, de establecer juicios de valor, y en general nuestra manera de aproximarnos a la realidad y de aprehenderla. Todo lo cual se resume en el término internet.
Con internet entonces, y con el siguientre desarrollo de los motores de búsqueda en la red, comenzaron a desaparecer los libros de texto para basar el aprendizaje en lo que había y hay en la red, cuyos contenidos muchas veces no están validados por gente experta en determinada disciplina del conocimiento –basta con ver las barbaridades que se dicen en facebook para percatarse del daño que implica que alguien sin formación sólida, y por tanto sin criterio ni capacidad de filtrar la información, se crea los bulos sobre las vacunas, o sobre los esqueletos de gigantes humanos que supuestamente habitaron el planeta hace milenios.
3- Esta generación de dirigentes que toma el poder, por tanto, responde a ese debilidad intelectual y carencia de criterio, algo que ya es grave con relación a la misma vida personal de cada uno, y por supuesto mucho más inquietante cuando alguien así dirige una sociedad sin entender siquiera los fundamentos de su complejidad, ni las alternativas políticas y económicas por las que se podría optar para impulsar el bien común. De allí surgen entonces camadas de gobernantes y legisladores con una visión unidimensional del mundo, sea comunista o neoliberal dependiendo de la patina superficial adquirida en una u otra circunstancia.
Por supuesto que esas limitaciones mentales también afectan al resto de la población, porque de lo contrario el ciudadano sería más sensato a la hora de votar para seleccionar los ignorantes y vivianes que lo gobiernan, y además podría decidir con el adecuado fundamento a la hora de dilucidar temas tan diversos que van desde la regulación del aborto o la eutanasia hasta saber el impacto que conlleva establecer un depósito de materiales de desecho nuclear en su territorio, o saber a plenitud qué está pasando con el clima del planeta para manifestar su voluntad de redigirir en la dirección correcta la tecnología de generación de energía.
4- El intercambio comercial y cultural derivado de esa explosión informativa, ha contribuido estandarizar en muchos aspectos a todos los países, incluyendo a los más pobres, donde el uso del teléfono móvil es normal como en cualquier otra parte; de manera que, al menos con relación a Latinoamérica, se puede hablar de una suerte de civilización cuya dinámica es muy similar a la de los países más desarrollados, diferenciándose solamente en el grado de pobreza y desigualdad. De manera que el análisis social de uno y otro entorno son perfectamente intercambiables; por ejemplo, la ausencia de serenidad en las ciudadades latinoamericanas se equipara a las de las europeas, donde en cualquier ambiente hay música de fondo y a todo volumen, por lo que se puede escuchar rap puertoriqueño en los centros comerciales españoles o portugueses, al tiempo que en los colombianos se escucha rock gitano. Los patrones de consumo por tanto son idénticos, lo cual refleja un sustrato común que afecta al ciudadano en todos los aspectos de su vida.
Por tanto, educación deficiente, desaparición del entorno que proveía la serenidad para pensar, aceleración generalizada de la rutina diaria imponiendo la cultura del rapidito incluso en nuestras conversaciones mas banales con amigos o desconocidos en una cafetería, imposición mediática –con grandes capitales de las corporaciones, como fondo impulsor de ese fenomeno- de iconos que se convierten en referencias culturales y consumistas, sean deportistas tatuados,o artistas de rap y reggaeton con evidentes limitaciones culturales, pero hábiles en sus respectivos oficios, y millonarios por un mundo que perdió las referencias del valor del dinero, y cultura del tener más en vez del ser mejor, constituyen el marco de referencia social de la actualidad.
5- Y éste es el mundo en el que se han educado y han crecido los dirigentes endógenos venezolanos menores de cincuenta años; no es de sorprender por tanto que muchos rebuznen a la hora de opinar, roben cuando puedan, comentan loqueras cuando se trata de gobernar, y hagan todo lo posible para mantener su poder y privilegios.
Infortunadamente para el país, este razonamiento –incompleto por razones de espacio y que caricaturiza algunos aspectos de la realidad actual solo para efectos de llamar la atención sobre el asunto-, también afecta a la oposición, porque después de todo ellos también vivieron y se educaron en el mismo país y sociedad. Así, es comprensible –más no justificable, obviamente-, que en la oposición no haya demcoracia interna capaz de renovar periódicamente el liderazgo, como se entiende a la perfección que algunos dirigentes hayan metido mano donde no debían, y que sean muy escasas las ideas sobre qué hacer con un país descompuesto en sus propias raíces.
6- Como no podemos remontarnos hasta Adán y Eva para acotar a la perfección las causas de esto que el sociólogo polaco Zygmunt Bauman definió como sociedad líquida –aún sin el fenómeno internet- debemos conformarnos con lo comentado, esto es: que los Estados decidieron que la formación humanística del ciudadano no era prioritaria, y que por la carencia de ésta, al imponerse la ausencia de referencias que le otorgan a cada persona la capacidad de discenir adecuadamente y de acuerdo a valores universalmente reconocidos, nos ha hecho a todos víctimas indefensas del desarrollo de la información al estar éste en manos de los grandes capitales que imponen valores, formas de pensar, de actuar, de consumir, y de comportarse.
7- Pero el caso venezolano va más allá, porque en la mayoría de los países, los insensatos o capaces que gobiernan y legislan, al menos se corresponden con una continuidad generacional que está a la vista, haciendo que la democracia se refuerce por esa misma secuencia generacional en la que se van transmitiendo los valores de dicho sistema. En Venezuela hubo una clara ruptura generacional que apartó al relevo natural en un proceso que infortunadamente coincidió con el inicio del chavismo, creando un vacío que a la postre fue ocupado por la actual generación de dirigentes con las carencias comentadas. En otras palabras, a quienes les tocaba gobernar a Venezuela, si ésta hubiera seguido su curso político normal, las carambolas de nuestra historia patria los apartaron de esa trayectoria ascendente al poder, y ese vacio fue ocupado por los actuales actores políticos que conocemos todos.
8- No cabe duda que ese resbalón generacional también fue catalizado por la camada anterior, veinte y treintaañeros que a durante los años 60 del siglo pasado investidos por el dedo de los fundadores de la democracia para acompañarlos en ese proyecto, camada que al final terminó desplazando a sus mentores para atornillarse para siempre –pensaban ellos antes del chavismo- a los cargos institucionales del Estado. Es lo que suele suceder cuando al poder acceden los más jóvenes, porque su tiempo útil de servicio político es lógicamente más extenso, y si se los come la ambición, pues estamos servidos, al punto que en sociedades menos democráticas de Latinoamérica con relación a aquella Venezuela del prechavismo, ya no solo fagocitan cualquier relevo, sino que hasta cambian leyes y constituciones para reelegirse y cerrar así el juego. Pero ello no solo ocurre en esos países, sino en el mismo EEUU, paradigma falso de democracia por tantos motivos que no vienen al caso, puesto que si nos fijamos en la edad de los precandidatos presidenciales, y en la del  mismo Trump, nos percataremos de que esa democracia se ha convertido en una gerontocracia perfectamente comparable con la que había en la URSS.
9- La ruptura generacional, venezolana ha tenido varios efectos perniciosos sobre nuestra sociedad, siendo los más evidentes la pérdida de una experiencia profesional y política acumulada por esos miles de venezolanos que nunca tuvieron la oportunidad de colocarse en posiciones estratégicas de gobierno, así como la irrupción de la actual camada, que sin ninguna experiencia partidista de calado, mucho menos institucional, estaba en el lugar y momento adecuado para asumir responsabilidades que históricamente no le correspondían y que no estaban capacitados para asumirlas con éxito –la torpeza opositora durante estas dos décadas, unida a su carencia de contenido ideológico y programático, además de ser evidente, ha sido nefasta a la hora de presentarse como alternativa al régimen chavista.
Así pues, salvo unos pocos afortunados –y con innegable talento- que lograron pasar por ese filtro tan tupido que impusieron los inmediatos protegidos de los primeros jerarcas de los dos grandes partidos, que se eternizaron en el poder interno partidista, así como en el legislativo y ejecutivo, esos miles de venezolanos, simplemente perdimos una vida entera esperando servir el país a plenitud.
10- Tal vez fuimos débiles a la hora de abrirnos paso –aunque muchos seguimos considerando que ello era casi imposible-, o quizás apostamos a la comodidad al montarnos en el portaaviones de quienes nos precedían cuando éstos alcalzaran el poder pleno –portaaviones que se hundió, algo que se delató groseramente al ver las caras bovinas de esos próceres de pacotilla mientras escuchaban el Discurso de Orden ante el Congreso en pleno de Jorge Olavarría detallando los males que vendrían y las desgracias que éstos iban a traernos-; en todo caso, si bien cada uno conoce sus propias razones para que ni siquiera se le hubiera permitido colocarse en el aparato de salida en la carrera por el poder, el repaso de los nombres que ocupaban los altos cargos partidistas, así como los del Congreso delata aquella eternización en el poder, desde Sánchez Bueno, pasando por Barrios hasta llegar a Fernández y afines. 
Siempre fueron los mismos, en una dinámica que terminó haciéndoles ver su propio ombligo para que creyeran que si esa manguangua les tenía que durar siempre, pues debían cortar todo intento de relevo y cambio de mentalidad partidista y legislativa. Y en esa cerrazón perdieron la Historia, además de hundirnos a toda una generación. Ellos lo saben, pero no está de más recordárselo, al menos a quienes aún están vivos.
Lástima pues, porque en las mentes de los integrantes de ese grupo que ahora roza o está entradito en los setenta había una visión de país que estos zafios que de parte y parte se disputan un país roto ni siquiera se imaginan. Pero así es la vida a veces, y hay que asumirlo, aunque las facturas hay que pasarlas, siempre.

Fuente:
Fotografías: Misha Gordin.

domingo, 27 de octubre de 2019

¿LA MECHA HÚMEDA?

Prisioneros del instante generacional
Luis Barragán

Política y, puede decirse, ideológicamente, tendemos a una sobre-simplificación del mensaje. Las consignas dicen explicarnos, sin alcanzar la hondura y los matices que  quedaron sepultados en la opinión pública con la despedida del  XX y, por ello, “plan-país” dice todo y, a la vez, nada, al igual que  “socialismo del siglo XXI”, aunque todo lo etéreo provoca consecuencias aún indeseables.

El “relevo generacional” también pertenece a la extensa familia de las generalizaciones, incluso, programáticas. Se dirá que bastará con invocarlo para que todo cambie, olvidando aquella distinción ortegueana entre las generaciones delincuentes y las innovadoras. Sin embargo, los jóvenes deben zafarse del instante que los tiene por prisioneros y, si fuere el caso, yendo más allá, plantearse seriamente la prédica del viejo autor madrileño por lo que respecta – si mal no recordamos – a la contemporaneidad, a la novedad de los aportes y al acontecimiento estremecedor que lo pone en escena.

En sentido inverso, la dictadura que causa estragos en Venezuela, fuerza a una participación  extraordinaria para superarla, como hubo ocasión de protocolizarla con las jornadas masivas y espontáneas de protesta de 2014 y 2017. Versamos sobre un período histórico que ha de sintetizar la derrota de una propuesta totalitaria en curso, así como la crisis estructural que pretendió remendar el actual régimen con el ultrarrentismo devenido criminalidad. Supone el planteamiento de una alternativa genuina y realmente novedosa, sentida, pensada e implementada con un auténtico compromiso y testimonio.  A esta ruptura de los esquemas, se suma la propulsión de los contemporáneos, algo más que coetáneos, que coinciden en una básica perspectiva de interpretación y en un modo convincente de hacer las cosas.

Dejar el instante, es trascender y sólo lo hace aquellos dirigentes estudiantiles que, en su específico ámbito de actuación, portan el adecuado diagnóstico de lo que desea hacer la dictadura con las universidades, saben hacia cual modelo liberador apuntar y se comprometen con una modalidad diferente para alcanzarlo. Claro está, es un desafío y, descubierta una vocación y probado un talento político, la ruptura no será sólo con la dictadura, sino con quienes – voluntariamente o no – tienen una naturaleza, características, procedimientos, estilos o, en definitiva, un sentido tan parecido, por más opositores que se digan, capaces de reeditar los problemas en la estructura y vida universitarias.

Coincidentes o discrepantes con la tesis generacional, hay o habrá circunstancias que objetivamente inciden en el presupuesto. Demográficamente, en un reportaje publicado en 2000, establecida la expectativa de vida del venezolano en 71 años, se vislumbraba que los menores de 15 años de edad ocuparían el 25% de la población en 2024 (https://lbarragan.blogspot.com/2019/10/pero.html). Y, esto, evidentemente, con la catástrofe humanitaria y el exilio masivo forzado por las circunstancias sociales y económicas, variará en los años por venir, manifestándose inexorablemente en el medio político.

Sobre el tema generacional, hemos escrito en numerosas ocasiones, desde principios de los ’90 del ‘XX, como tentación (https://lbarragan.blogspot.com/2019/10/intergeneracionalidad.html), y como pretexto (https://lbarragan.blogspot.com/2019/10/detonante-generacional.html), por cierto, con las  formidables ilustraciones de Cañas (https://lbarragan.blogspot.com/2019/10/intergeneracionalidad.html) y Alonso (https://lbarragan.blogspot.com/2019/10/detonante-generacional.html). Tenemos una mayor propensión a lo que denominamos el fenómeno de la gurización generacional (https://lbarragan.blogspot.com/2010/09/quienes-reguricen-buenos-regurizadores.html).

En definitiva, hoy, avanzaríamos mucho con la excarcelación del instante, sintiéndose los jóvenes como una generación, por toda la calle del medio. Significa responder a los retos de este tiempo, inyectarle toda la novedad que desesperadamente reclama y confluir en un esfuerzo comprometido respondiendo fundamentalmente desde su ámbito natural, como lo hicieron los muchachos de 1928, 1936 y 1958: la universidad. Y ésta, inexorablemente ha de ser libre y autónoma en la prédica y en los hechos.

28/10/2019:

ENTERAMENTE INÉDITA

Documentar lo vivido
Luis Barragán

Nada obvio, el venezolano de todos estos años ha acumulado una experiencia completamente inédita en relación a las generaciones precedentes.  El régimen que, al fin y al cabo lo es, logra diluir el contraste por las urgencias y tensiones que impone, procurando neutralizar toda reflexión crítica; generar la poderosa ilusión de una  normalidad ya secular, apenas alterada por las denuncias de un asedio imperial; y versionar el pasado mismo, en provecho de nuestra generalizada indiferencia hacia la memoria histórica que ya afecta al propio ámbito doméstico.

Aceptemos, por lo menos, en  cien años, no hubo un directo referente familiar que confrontase una situación semejante a la que  actualmente padecemos, añadido el exilio forzado por enteras circunstancias económicas y sociales.  Abuelos – incluso – muy lejanos y  de nombres definitivamente olvidados, jamás tuvieron que considerar y tomar decisiones de supervivencia, como las que ahora dramáticamente nos convocan, tendiendo a la desmembración familiar y a la misma pérdida de la afectividad e identidad.
Frecuentemente, los psicoanalistas hablan de un registro de lo real y de lo imaginario, con sacrificio de lo simbólico en el sistema capitalista. Empero, esta elemental aproximación, nos permite deducir que, bajo la dictadura socialista, menos aún es posible explicarnos genuina y personalmente la realidad que nos disloca.

Una inmensa, contundente e irrefutable mayoría de los hogares, es necesario subrayarlo, está sumergida en una catástrofe humanitaria, sufriendo – además – los rigores de la censura y de la represión, frente a una ínfima minoría armada y adinerada que incluye a sus agradecidos servidores.  Por ejemplo, la hiperinflación es  un dato que va más allá de lo económico, minando nuestro patrimonio psíquico, en procura de la resignación tan necesaria al poder establecido que, por lo demás, constantemente reinterpreta un peor pasado que nos  obliga a agradecerle nuestra propia existencia en un presente excedido de presente.

Tradición oral aparte, disponiendo de los recursos tecnológicos sobrevivientes, es necesario dejar un testimonio documentado de lo vivido a las generaciones sucesivas para iluminar el camino y  evitar  – en todo lo posible –  la misma piedra. Metaforizado el porvenir, significa desanudar el amasijo de cables de alto voltaje para  luego reemplazarlos por un adecuado tendido eléctrico, siendo indispensable reconstruir nuestros pasos – haciendo memoria – por más que nos prometamos una poderosa lámpara capaz de barrer toda huella de amargura.

Fotografía: LB, Turmero (05/12/2015).


28/10/2019:

viernes, 5 de octubre de 2018

ABANDERAR EL COMPROMISO

De nuevo, el tema generacional 
Luis Barragán


“Los hombres prácticos, que se creen
exentos por completo de cualquier influencia
intelectual, son generalmente esclavos de
algún economista difunto”
Keynes


1.    Suele considerarse el relevo generacional, por exceso o defecto, como el principal problema político, apelando a una noción propia de  las apariciones iniciales de la juventud en la historia social.  El contrapunteo inevitable es el de la experiencia y la imaginación,  siendo ésta frecuentemente sobrevalorada a favor de lo que, ciertamente, deviene mito generacional.

2.    Mito, en tanto tal, dependiente de lo que cada sociedad entiende por juventud,  sólo garantiza la continuidad del orden presuntamente impugnado.  Por ello,  herramienta provisional de análisis, luce útil volver a la concepción que tuvo José Ortega y Gasset en la materia, a juzgar por una cotizada obra: ”El tema de nuestro tiempo” (tomo III de sus Obras Completas, cuya total lectura celebró en su momento Mario Vargas Llosa, reivindicando el talento del todólogo, como también llaman al madrileño).        

3.    En la perspectiva eurocentrista del autor,  la generación es un cuerpo social nuevo, selecto y aglutinador, seguido por una masa obviamente vulgar, que conoce de varias etapas: niñez, juventud, iniciación, predominio y vejez, con ciclos históricos de aproximadamente treinta años. Los integrantes de cada generación cuentan con caracteres típicos y diferenciados de la anterior, suerte de proyectil biológico, oportuno y preciso para cambiar la historia, requerida de un acontecimiento que la publicite, resueltamente predestinada.      

4.    Sugiere un proyecto político que hable de su “sensibilidad vital”, dándole una plena identidad, aunque cada generación está orientada a cumplir con roles específicos, pues, por una parte,  hay épocas cumulativas, recreadas por la herencia recibida, y, por otra, las hay eliminatorias y polémicas, siendo obvia la de beligerancia y ruptura. Además, ello autoriza a diferenciar a las generaciones: la conforme y decadente; la que, inconforme, preparándola, anunciará la de ruptura; y, ésta, la de combate, inaugurando otra etapa histórica.

5.    En Venezuela, a falta de un enfoque de  mayor complejidad, solemos apelar con facilidad al mecánico criterio generacional, creyendo que basta sólo la edad para una insurgencia de lo novedoso. Confundiendo lo coetáneo y lo contemporáneo, nos decimos automáticamente en presencia de una vanguardia, incluso, ideológica, teniendo por único criterio la expedición de una partida de nacimiento. Sin embargo, un rápido ejercicio desmiente  la tesis ortegueana que no, el papel de los jóvenes en la historia, teniendo por referente, en la obligada perspectiva del largo plazo, a la generación auroral de 1808.

6.    ¿Estará la clave en la falta o abundancia de un relevo generacional?; ¿vale más la experiencia que la imaginación, o viceversa?; ¿cuáles célebres generaciones hicieron a Venezuela? Contando a partir de la generación de combate de 1808, en ciclos sucesivos de treinta años cada uno, consideremos las más reconocidas por su desempeño real,  consumado o frustrado.

7.    Veamos, a partir de la generación de combate (1808),  independentista y fundadora de la República, contado los ciclos,    el esquema falla, convirtiendo – además – a las generaciones decadentes y preparatorias en las que evidentemente no lo fueron. Por ello, hagamos una ligera corrección para salvaguardar el rol de dos generaciones de una muy evidente estelaridad: las de 1928 y 1958, preguntándonos si realmente fueron homogéneas o compactas, distintivas y eficaces, o, en definitivas, predestinadas.

8.    Respecto a la de 1928, cuya influencia se extendió hasta finales de siglo, con voces marcadoras como las de Rómulo Betancourt y Jóvito Villalba, tuvo una membresía también contradictoria, pues, además de los matices y posturas que distanciaron a ambos, en una hora clave como la de 1945, a ella pertenecieron también Arturo Uslar Pietri, beneficiario de la dictadura gomecista; Fernando Key Sánchez, un convencido marxista-leninista; y Germán Suárez Flamerich, más tarde, sucesor de Carlos Delgado-Delgado Chalbaud. No se diga de la generación de 1958, con una clara diferenciación de coetáneos socialdemócratas, socialcristianos, marxistas, liberales e, inevitable, positivistas.

9.    Ambas generaciones revelan un contexto cultural de insubordinación común, cierto, representado en “Doña Bárbara” de Rómulo Gallegos o “País portátil” de Adriano González León.  Empero, esta sensibilidad vital, no las explica suficientemente  en el prolongado camino de sus diferenciaciones y perspectivas  al arribar a la palestra pública, gracias a dos grandes acontecimientos: la muerte de Juan Vicente Gómez y el derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez.

10.    La generación de 1928, se excedió en el ejercicio o influencia del poder y, era de suponer,  que la de 1958 lo hubiese inexorablemente accedido en 1988, pero fue otra la que lo logró, por lo demás, presumida como decadente o preparatoria. La que podemos tildar de generación de 1992 o, haciendo el ajuste necesario, la de 1998, representada o reflejada – esta vez – en una telenovela,  “Por estas calles” de Ibsen Martínez,  respondió a un proyecto corporativo – el militar – que poco abona a la tesis ortegueana o, en todo caso, obedece a entidades cerradas y particulares, de continuo relevo o sucesión, como igualmente ocurre en el mundo eclesiástico o deportivo.

11.    De seguir a Ortega y Gasset,  cabe preguntarse si hay una generación de 2018. Al parecer, existe: el cierre de Radio Caracas TV, en 2007, tuvo también un inmenso impacto publicitario que le dio identidad, aunque cabe preguntarse cuáles elementos la identifican, su membresía, alcance y eficacia, pues,  ya trepan una edad definitoria de vocaciones y propósitos. Valga acotar, ¿es decadente, preparatoria o de combate?; ¿suficiente para confrontar una propuesta totalitaria de las características actuales?, o, ¿acaso no experimentamos un dramático cambio demográfico de consecuencias aún impredecibles?

12.    La interpelación que apenas esbozamos, bien conduce al cuestionamiento de la tesis ortegueana, pues, publicado en 1923 el libro  en cuestión, es lógica la multiplicación de otros que la complementen y perfeccionen, o la adversen y superen, añadidos varios títulos venezolanos.  Y hasta de la misma existencia de una diferente generación, preparatoria o combativa, dándole continuidad a la decadencia.

13.     Epicentro de una probable polémica en torno a la generación como mito, promesa o evidencia,  nos inspira una firme convicción: el cambio histórico depende de una distinta comprensión de las personas, del mundo y de las cosas que pugna por imponerse y, salvo las excepciones que pudieran convertirse en regla,  cultivamos (in) voluntariamente la herencia. Por ello, nada más pertinente que una sentencia tan lapidaria como la de John Maynard Keynes al concluir su “Teoría general de la ocupación, el interés y el  dinero” de 1936.

08/10/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/33630-barragan-l

domingo, 16 de septiembre de 2018

INÉDITAMENTE, INÉDITO

Ejercicio nada ocioso
Luis Barragán


De aseverar que toda crisis es histórica, podemos concluir que algunas las son más que otras. E, incluso, por el formidable impacto en la vida personal que autoriza o diga autorizar una cierta tradición oral en la familia.

Indudable, la del presente siglo tiene una envergadura que antes  nadie o muy nadie avizoró, pocos o muy pocos avizoraron.  En los últimos meses, el recrudecimiento ha sido brutal y prácticamente alucinógeno.

Convengamos, por lo menos, en cien años, ninguno de nuestros ancestros pasó en Venezuela por algo similar.  Los imaginamos angustiados por las ya conocidas vicisitudes de las escaramuzas y guerras civiles del país feudal que las acostumbró, por ejemplo, pero jamás devorados.

Ejercicio nada ocioso, el amable lector no contará con un remoto antecesor venezolano que se acerque un poco a sus preocupaciones actuales.  Además de descubrir que no siempre fuimos una república petrolera, también nos enteraremos que el hambre y la desesperanza no llegaron tan lejos siquiera con la guerra de Independencia o la Federal.

Quedará en la memoria de cada hogar, el registro de estos tiempos, los que  todavía atentan contra su propia unidad. Toda una advertencia de la importancia y la urgencia, el alcance y la profundidad de un proyecto histórico y de un programa político que supera cualquier veleidad de las que heredamos.

Ilustración: “Venezuela – cuadro alegórico del distinguido pintor italiano Gaetano Di Prisco”. Élite, Caracas, nr.  275 del 20/12/1930.
16/09/2018:
http://guayoyoenletras.net/2018/09/16/ejercicio-nada-ocioso/

domingo, 2 de julio de 2017

DE LA AUDACIA DE SER AUDACES



La generación que despunta

Luis Barragán

Una distinta promoción se asoma, empujando el definitivo reemplazo de esta dictadura. Veinteañeros que no conocieron otra cosa que la crisis crónica, deliberadamente crónica que devino humanitaria, ofrecen su mejor testimonio de lucha en estas horas decisivas.

El tema generacional ha sido recurrente en el caso venezolano, pretendiendo abarcar y explicar todos sus cambios. José Ortega y Gasset, el arquitecto más conocido de la tesis, estimuló la tinta entusiasta de muchos de nuestros intelectuales y dirigentes políticos, tras el dominio y exaltación por largo tiempo de la muchachada de 1928; por cierto, con motivo del aniversario de su nacimiento, El País publicó una consulta realizada entre varios escritores españoles sobre Ortega, considerado como un todólogo, luego de distinguir entre el talento y el genio.

Resulta fácil apelar al expediente generacional para explicar los eventos actuales y, de sintetizar los supuestos de la aludida tesis, es necesario invocar tres importantes características que, entre otras, certifican la existencia de una nueva generación. Por supuesto, cada quien dirá inscribirse en una u otra, creyéndola predestinada y, por consiguiente, irresistible ante  todo adversario.

Por una parte, ortegueanamente, una generación es portadora de una cosmovisión contrastante, la que concede un sentido, una idea, una emoción y una acción harto diferentes, innovadoras y desafiantes, frente a  la establecida y bien consolidada  por las generaciones precedentes. Por otra,  emerge gracias a los eventos extraordinarios que compacta a los coetáneos ante la radical incertidumbre de los contemporáneos, manifestándose una cultura alternativa. Y, luego, cumpliendo cada una un ciclo aproximado de diez años, se suceden tres generaciones: la delincuente, propia de la decadencia que recrean; la preparatoria, la que va rompiendo con los cánones y preparando el camino a la siguiente; y la histórica que renueva completamente los contenidos y sus escenarios.

Ya se habla de dos generaciones decisivas en el siglo XXI venezolano, la de 2007 y 2017. Al igual que la resistencia a morir de las más viejas, en una pugna que las nuevas tendencias historiográficas, sociológicas y politológicas subestiman.

Por lo pronto,  rompiendo el esquema, la generación de 1928 no fue todo lo unida o compacta que se supone y el país, además, supo de importantes aportes de generaciones posteriores, como la de 1936 y 1945, alterando los plazos.  Aquélla debió sucederla, treinta años después, la de 1958, con una acabada experiencia política y una interpretación integral del destino venezolano que, al retroceder con la de 1936, fue reemplazada por los militares que abrevaron en el Plan Andrés Bello,  la de mediados de los setenta.

Haciendo caso del ciclo de marras, después de 1988, la tarea histórica decisiva será la de la generación de 2018, la que ahora ronda por los veinte años, convertida la de 1998 en delincuente y la de 2007 en preparadora del camino. Vale decir, por muy protagónicos que fuesen, los que salieron a la luz pública con el cierre de Radio Caracas TV, ocupando hoy roles estelares y coincidiendo en el deseo de cobrar políticamente juntos, no tienen otra misión que la de allanar el camino a la que muy bien representan los escuderos.

Ya aceptamos la necesidad y conveniencia de otra cosmovisión, desligada del sempiterno rentismo de nuestros tormentos; sobran los eventos que protocolizan un liderazgo alternativo, siendo demasiado temprano para calificarlo de tal, así la publicidad  sea tan generosa; y los plazos de sucesión parecen cumplirse con la puntualidad acostumbrada, pero se ofrece demasiadamente mecánico y facilón el fenómeno generacional. Por ello, hablando de promoción, la que despierta en este siglo XXI con vocación transformadora, no se entenderá sin el concurso de las promociones más antiguas y, más allá, como ocurre, sin la vasta y extensa alianza de los sectores medios y populares que, los europeos no logran siempre entender, tienen en el estudiantado la pieza de  articulación indispensable para derribar toda dictadura.

La fórmula es la de siempre, resultado de una habilidosa combinación de ideas y experiencias, imaginación y audacia. No los habrá exactamente liberales, socialcristianos, socialdemócratas, marxistas o tecnotrónicos, por mucho tiempo, contribuyendo a esa otra perspectiva que el país reclama, fruto del indispensable consenso político-cultural.
Fotografía: Carlos Garcia Rawlins. 

03/07/2017:
http://venezuela.shafaqna.com/ES/VE/907980 

martes, 23 de agosto de 2016

CAZA DE CITAS

"Casey ordenó un sandwich y té helado. Los dos amigos se sentaron y se observaron con detenimiento. Esto, pensó Casey, es lo que me gusta de la vida militar. Una persona civil cuenta, como más, con tres o cuatro amigos íntimos. Un militar los tiene por docenas. En casi cualquier puesto podemos encontrar alguien con quien hemos compartido unos segundos de gran peligro, unos cuantos meses de aburrimiento, una botella o quizá una muchacha. Siempre tiene uno cerca el pasado. Nunca podría uno pretender ser distinto a como es, pues siempre habrá muchos que sepan demasiado sobre uno"

Fletcher Knebel y Charles A. Bailey II 

("Siete días de mayo", Ediciones Destino, Barcelona, 1963: 16)

Captura de imagen: "Seven Days in May" de John Frankenheimer (1964).

martes, 26 de julio de 2016

LOS '80

Todos, cucarachas
Ox Armand


Hay algo sobre lo cual he deseado escribir, sobre una suerte de sociología política de aquella transición entre llamadas IV y VI repúblicas

y la oportunidad me la da un diputado amigo. Digamos que si algo se llevó Chávez Frías por el medio, fue una relevante tradición política. Fueren o no reconocidos por la opinión pública, ella la hacían  (ganando en autoridad moral)  quienes tenían trayectoria y, de un modo u otro, pues, desde carajitos aprendieron (poco o mucho) el oficio. Tradición que, por cierto, viene desde la famosa generación del ’28. Pero, con el barinés,  se dio una sucesión de estrellas noveles completamente efímeras que, en su momento, gozaron de las cámaras de televisión, en ambos bandos de la política, y hasta repartieron autógrafos en los actos de calle  en la franja amarilla de la bandera nacional. Ya nadie se acuerda de ellos y, siendo del gobierno (con mayor razón) o de la oposición, hasta viven fuera del país… acaudalados. Precisamente, el barinés siquitrilló a la generación política de los ochenta del XX, la gran sacrificada porque le tocaban llenar plenamente los espacios. Antiguamente, era muy difícil que ocurriera,  por el dedo presidencial, la aparición de  un Héctor Rodríguez fulgurante, ministro y diputado que brilla ahora como no lo hizo en la dirigencia juvenil o estudiantil hasta que gozó de la fortuna del favor presidencial, porque le cayó bien a los jefes adultos, como le pasó a otros de su generación que eran meros entrevistadores de la TV del Estado.

El cuento viene por una gráfica que apareció en las redes sociales, donde Liliana Hernández y Luis Barragán  comparten un instante en el Palacio Legislativo.  La una fue secretaria juvenil nacional  de Acción Democrática, con el voto contadito de sus correligionarios, tempranamente jubilada  del parlamento, que luego pasó por ABP, PJ y está en UNT, y el diputado reelecto que integró el directorio nacional juvenil de COPEI también con los votos contaditos de los suyos, donde militó toda la vida hasta fungir en la dirección de Vente Venezuela, toda una rareza, la del socialcristiano en un partido liberal. Claro, todo se debe a esta larga e inconclusa crisis de los partidos que atizó Hugo Chávez con morbo.  Pero,  ¿qué es lo que deseo destacar?  Tres o cuatro cositas que antiguamente eran obvias y hoy no lo son, aparte de eso: la política hecha con trayectoria.

Los personjillos de la foto eran enemigos políticamente irreconciliables enfrentados donde había elecciones (y las había en los liceos, en las universidades, para las presidenciables). A veces, amargamente enfrentados, pero nunca considerados como enemigos personales. Lo otro, ambos representan a una generación que se abría paso en cada partido, entre la ortodoxia y la rebeldía, con el apoyo abierto de los próceres del partido o rebelándose contra ellos, pero fíjense que son como las cucarachas: sobreviven a las bombas atómicas. Una generación que en buena parte se perdió: casi todos universitarios de gran valía que los arroyó esa crisis de partidos y ahora están sobreviviendo dentro o fuera del país, algunos incluso (los “un poquito” más viejitos) jubilados. Con nietos. Una generación avispada que estaba llamada a ser gobierno, a poblar el Congreso o los Concejos Municipales porque tenían conocimiento del oficio, preparación personal y vuelo político. ¿Qué pasó? Apareció Chávez y triunfó la generación boba.

¿A cuál generación boba nos referimos? A esa izquierda superpogresista de los ’80, con o sin capucha, golosa de sus ventajas académicas y presupuestarias en la universidad y de donde salieron los Juan Barreto, Jorge Rodríguez, Vladimir Villegas o Jacqueline Farías, y en lugar de decirse marxista, se presentaban como desprendidos ucevista escuchados en los ochenta por las causas ecológicas, feministas y toda esa ralea que después se convirtió en provecha proliferación de rentables ONG. Tan boba que se fueron detrás de un hombre a caballo, como pasaba con los caudillos del siglo XIX, y le dijeron siempre a sí a Hugo que los favoreció y, ese polvo, nos trajo hasta estos lodos. Boba para la política que la convirtieron en un asunto banal y comercial. ¿Cómo es esto? Históricamente apostaron por el fracaso, conscientemente, y renegaron de la política misma para hacerla un terreno seguro para el odio personal, el pase de factura por viejas rencillas, propia de las intrigas de farándula. Pero ni tan boba: se enriquecieron muchos de ellos, y pare ud. de contar.

Apenas veo la foto en las redes y pienso en esa generación que no hizo de la arrechera política un asunto personal. Es más fácil que se reencuentren los viejos socialdemócratas, demócrata-cristianos, liberales, miristas, comunistas y masistas, y se abracen antes que se reencuentren aquellos ultrosos del CLP-MEUP, Liga Socialista y todos los quema-cauchos de la época. Aquéllos, es la regla, de vida modesta. Éstos, de buena vida en un país de hambre que se sacan las tripas por un lejano incidente. Todos, en el buen sentido, cucarachas.

23/07/2016
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/27047-todos-cucarachas

miércoles, 13 de enero de 2016

NOTICIERO RETROSPECTIVO







- Manuel Quintana Castillo. "El derecho a la ignorancia". El Nacional, 13/02/1984.
- Aníbal Romero. "Los viajes de CAP". Últimas Noticias, Caracas, 18/06/90.
- Martín Soto Ojeda. "¿Cambiará el Congreso?". Tribuna Popular, Caracas, 12/06/69.
- Ricardo Márquez. "(José) Machillanda solicitó a MinDefensa reconsideración pase a retiro". Últimas Noticias, 16/07/87.

domingo, 2 de agosto de 2015

FORMATO GENERACIONAL

Érase el conflicto generacional
Guido Sosola


Irrumpiendo exitosamente la de 1928, con un largo dominio en Venezuela, el análisis generacional de la política se impuso. Llegó al paroxismo, soslayando los otros elementos del quehacer político, pues érase de una accesible simplicidad mirar todo como un conflicto de edades, un ejercicio nada exigente para la fuente política.

La crisis inevitable del rentismo petrolero se expresó virulentamente como una confrontación entre los viejos retardatarios y los jóvenes desesperados por el relevo, entre las décadas de los ’80 y ’90. A falta de banderas más convincentes, a pesar del aporte sustancial de los grupos de presión que se reunían frecuentemente en El Caribe, como el de Santa Lucía,  corrió con mejor suerte aquello que Marcel Ganier sintetizó como una confrontación entre los devotos del Estado omnipotente y sus adversarios, generalmente, prestigiados por una estampa juvenil.

Los intérpretes del momento, por mucho Andrés Velásquez, Claudio Fermín u Oswaldo Alvarez Paz que se exhibieran,  todavía sin llegar a los cincuenta de edad, privilegiaron a los más muchachones. Lamentablemente, creyeron un retroceso esa transición protagonizada por Ramón J. Velásquez y Rafael Caldera, ambos de una experiencia todavía no suficientemente valorada para que siguiésemos el rumbo republicano ya en franco peligro.

El siglo XXI nos sorprende con un cambio radical de elencos en el poder de desconocida trayectoria, excepto el golpismo y el tira-piedrismo de los tempos de universidad. En la oposición prosperaron las caras nuevas, los iluminados del momento que, después de tanto despotricar, ocultan que se acercan a los cincuenta de ancianidad.

Mientras que rechazaban todo rostro ajado, conflictuándose con los referentes encanecidos y arrugados que no cupieron en el formato televisivo, los novísimos elencos que evidentemente han envejecido en el poder, pagando el resto de los venezolanos las consecuencias, desarrollaron su proyecto castrista a cabalidad. Salvo muy honrosas excepciones, todavía en la oposición seguimos despreciando a los supuestos viejos de una experiencia que, en última instancia, hará falta para superar el actual orden de cosas, como fue necesaria en el Chile de Patricio Aylwin.

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/23269-erase-el-conflicto-generacional
Reproducciones: El Diario de Caracas (fotógrafo: Carlos Hernández) y El Nacional, 1992.