Mostrando entradas con la etiqueta Patricio Aylwin. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Patricio Aylwin. Mostrar todas las entradas
martes, 19 de abril de 2016
BITÁCORA: CONDOLENCIAS
Patricio Aywin fue un líder íntegro que, como otros de sus paisanos, no
reparó en la edad para adversar al régimen dictatorial y, por incómodo
que fuese, desempeñar el papel que la historia le asignó y contribuir a
así a abrir las puertas hacia la transición. Fueron varios los líderes
chilenos a quienes escuchamos acá en Venezuela, cuando muchachos. Dictaban
clases, daban conferencias, en un exilio momentáneo, pues, los sacaba
Pinochet y se las ingeniaban para volver. Al lamentar el fallecimiento
de don Patricio, le rendimos tributo a un líder continental,
manifestándole a todos los amigos chilenos nuestras más sentidas condolencias (LB).
Etiquetas:
Bitácora,
LB,
Patricio Aylwin
domingo, 2 de agosto de 2015
FORMATO GENERACIONAL
Érase el conflicto generacional
Guido Sosola
Irrumpiendo exitosamente la de 1928, con un largo dominio en Venezuela, el análisis generacional de la política se impuso. Llegó al paroxismo, soslayando los otros elementos del quehacer político, pues érase de una accesible simplicidad mirar todo como un conflicto de edades, un ejercicio nada exigente para la fuente política.
La crisis inevitable del rentismo petrolero se expresó virulentamente como una confrontación entre los viejos retardatarios y los jóvenes desesperados por el relevo, entre las décadas de los ’80 y ’90. A falta de banderas más convincentes, a pesar del aporte sustancial de los grupos de presión que se reunían frecuentemente en El Caribe, como el de Santa Lucía, corrió con mejor suerte aquello que Marcel Ganier sintetizó como una confrontación entre los devotos del Estado omnipotente y sus adversarios, generalmente, prestigiados por una estampa juvenil.
Los intérpretes del momento, por mucho Andrés Velásquez, Claudio Fermín u Oswaldo Alvarez Paz que se exhibieran, todavía sin llegar a los cincuenta de edad, privilegiaron a los más muchachones. Lamentablemente, creyeron un retroceso esa transición protagonizada por Ramón J. Velásquez y Rafael Caldera, ambos de una experiencia todavía no suficientemente valorada para que siguiésemos el rumbo republicano ya en franco peligro.
El siglo XXI nos sorprende con un cambio radical de elencos en el poder de desconocida trayectoria, excepto el golpismo y el tira-piedrismo de los tempos de universidad. En la oposición prosperaron las caras nuevas, los iluminados del momento que, después de tanto despotricar, ocultan que se acercan a los cincuenta de ancianidad.
Mientras que rechazaban todo rostro ajado, conflictuándose con los referentes encanecidos y arrugados que no cupieron en el formato televisivo, los novísimos elencos que evidentemente han envejecido en el poder, pagando el resto de los venezolanos las consecuencias, desarrollaron su proyecto castrista a cabalidad. Salvo muy honrosas excepciones, todavía en la oposición seguimos despreciando a los supuestos viejos de una experiencia que, en última instancia, hará falta para superar el actual orden de cosas, como fue necesaria en el Chile de Patricio Aylwin.
Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/23269-erase-el-conflicto-generacional
Reproducciones: El Diario de Caracas (fotógrafo: Carlos Hernández) y El Nacional, 1992.
Guido Sosola
Irrumpiendo exitosamente la de 1928, con un largo dominio en Venezuela, el análisis generacional de la política se impuso. Llegó al paroxismo, soslayando los otros elementos del quehacer político, pues érase de una accesible simplicidad mirar todo como un conflicto de edades, un ejercicio nada exigente para la fuente política.
La crisis inevitable del rentismo petrolero se expresó virulentamente como una confrontación entre los viejos retardatarios y los jóvenes desesperados por el relevo, entre las décadas de los ’80 y ’90. A falta de banderas más convincentes, a pesar del aporte sustancial de los grupos de presión que se reunían frecuentemente en El Caribe, como el de Santa Lucía, corrió con mejor suerte aquello que Marcel Ganier sintetizó como una confrontación entre los devotos del Estado omnipotente y sus adversarios, generalmente, prestigiados por una estampa juvenil.
Los intérpretes del momento, por mucho Andrés Velásquez, Claudio Fermín u Oswaldo Alvarez Paz que se exhibieran, todavía sin llegar a los cincuenta de edad, privilegiaron a los más muchachones. Lamentablemente, creyeron un retroceso esa transición protagonizada por Ramón J. Velásquez y Rafael Caldera, ambos de una experiencia todavía no suficientemente valorada para que siguiésemos el rumbo republicano ya en franco peligro.

Mientras que rechazaban todo rostro ajado, conflictuándose con los referentes encanecidos y arrugados que no cupieron en el formato televisivo, los novísimos elencos que evidentemente han envejecido en el poder, pagando el resto de los venezolanos las consecuencias, desarrollaron su proyecto castrista a cabalidad. Salvo muy honrosas excepciones, todavía en la oposición seguimos despreciando a los supuestos viejos de una experiencia que, en última instancia, hará falta para superar el actual orden de cosas, como fue necesaria en el Chile de Patricio Aylwin.
Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/23269-erase-el-conflicto-generacional
Reproducciones: El Diario de Caracas (fotógrafo: Carlos Hernández) y El Nacional, 1992.
Etiquetas:
Carlos Hernández,
Generaciones,
Guido Sosola,
Juventud,
Marcel Granier,
Patricio Aylwin,
Rafael Caldera
domingo, 24 de mayo de 2015
TESTIMONIOS DE LUCHA
Viejos luchadores chilenos
Ox Armand
Fueron muchos los jóvenes y viejos luchadores por el restablecimiento de la democracia chilena. Incluso, los que democráticamente adversaron a Allende, advirtiendo el trágico desenlace. Trago tras trago amargo, no se arrodillaron ni esquivaron sus responsabilidades. Pudieron confinarse a sus cátedras universitarias y esperar que Pinochet pasara, pero insistieron sin dejar de reflexionar y de soñar con un país diferente. Pienso – para sólo referirme a los socialcristianos – en Eduardo Frei, Patricio Aylwin y Jaime Castillo Velasco, por ejemplo. Ya avanzados de edad, nunca abandonaron sus obligaciones como conductores de la oposición democrática. Velaron por sus familias, sobrevivieron por la calificación de sus profesiones, reflexionaron profundamente sobre la transición posible, pero jamás abandonaron la calle, la diligencia real y palpable en la arriesgada defensa de los derechos humanos. Demostraron una entereza moral a toda prueba y desplegaron sus mejores habilidades políticas para la dificilísima superación de la dictadura. Habilidades que no consentían una calurosa relación personal y hasta comercial, reportando donaciones u otras ventajas propias del tráfico de influencia, con los personeros gubernamentales de la lidia diaria y peligrosa. Fueron literalmente botados del país y pelearon por su regreso, aunque pudieron distenderse en un cómodo y seguro exilio como el que les ofrendó la Venezuela solidaria. Arriesgaban el pellejo y hasta uno de ellos murió envenenado, como se supo a la vuelta de los años.
A nadie pontificaban, ni se ofertaban como los campeones de un equilibrio sospechoso procurando colarse en las alturas del poder. Tampoco maniobraban a cambio del dinero que pudieron recibir subrepticiamente. Estuvieron real, palpable y sonoramente comprometidos con el cambio, fortalecidos por una fe que fue ejemplo. Y todo esto, ya viejos. La edad no fue pretexto para no protestar al régimen dictatorial, combatirlo, facilitar su salida, refundar la institucionalidad democrática. Me contaba un amigo por estos días, a quien le correspondió ejercer la embajada venezolana en Santiago en los noventa del XX, la emoción que expresó Castillo Velasco al saberse acreedor de la Orden Libertador. Lloró en la cama del hospital donde estaba recluido. Recordó su estancia en la Venezuela que dejó inmediatamente después de enterarse de la autorización para regresar a la tierra natal.
Fueron grandes estadistas, probados en la inmensa dificultad y peligro de una dictadura feroz. Esgrimían ideas, alegaban salidas, oficiaban la política con el soporte de un ideario esclarecedor que no dejaban de cultivar y de profundizar, en lugar del artículo de prensa por encargo, de las apariciones seguras y confortables con la vanidad de un aleccionador ocasional. Urgimos en Venezuela de conocer a esos líderes, a los viejos luchadores por la democracia continental. Y, por cierto, necesitan los demócrata-cristianos del sur reconocerlos, reivindicarlos, a objeto de superar una crisis que nos resulta incomprensible para un partido que tanto sirvió a su país.
Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/internacionales/22607-viejos-luchadores-chilenos
Ox Armand
Fueron muchos los jóvenes y viejos luchadores por el restablecimiento de la democracia chilena. Incluso, los que democráticamente adversaron a Allende, advirtiendo el trágico desenlace. Trago tras trago amargo, no se arrodillaron ni esquivaron sus responsabilidades. Pudieron confinarse a sus cátedras universitarias y esperar que Pinochet pasara, pero insistieron sin dejar de reflexionar y de soñar con un país diferente. Pienso – para sólo referirme a los socialcristianos – en Eduardo Frei, Patricio Aylwin y Jaime Castillo Velasco, por ejemplo. Ya avanzados de edad, nunca abandonaron sus obligaciones como conductores de la oposición democrática. Velaron por sus familias, sobrevivieron por la calificación de sus profesiones, reflexionaron profundamente sobre la transición posible, pero jamás abandonaron la calle, la diligencia real y palpable en la arriesgada defensa de los derechos humanos. Demostraron una entereza moral a toda prueba y desplegaron sus mejores habilidades políticas para la dificilísima superación de la dictadura. Habilidades que no consentían una calurosa relación personal y hasta comercial, reportando donaciones u otras ventajas propias del tráfico de influencia, con los personeros gubernamentales de la lidia diaria y peligrosa. Fueron literalmente botados del país y pelearon por su regreso, aunque pudieron distenderse en un cómodo y seguro exilio como el que les ofrendó la Venezuela solidaria. Arriesgaban el pellejo y hasta uno de ellos murió envenenado, como se supo a la vuelta de los años.

Fueron grandes estadistas, probados en la inmensa dificultad y peligro de una dictadura feroz. Esgrimían ideas, alegaban salidas, oficiaban la política con el soporte de un ideario esclarecedor que no dejaban de cultivar y de profundizar, en lugar del artículo de prensa por encargo, de las apariciones seguras y confortables con la vanidad de un aleccionador ocasional. Urgimos en Venezuela de conocer a esos líderes, a los viejos luchadores por la democracia continental. Y, por cierto, necesitan los demócrata-cristianos del sur reconocerlos, reivindicarlos, a objeto de superar una crisis que nos resulta incomprensible para un partido que tanto sirvió a su país.
Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/internacionales/22607-viejos-luchadores-chilenos
Suscribirse a:
Entradas (Atom)