Alfredo Jocelyn-Holt, historiador
«Lo que nosotros tuvimos fue una dictadura exitosa»
Juan Manuel Vial
Lo que sigue es una larga y distendida entrevista con el autor de tantos libros clave para entender nuestro pasado y nuestra realidad actual. Con sus habituales graduaciones de intensidad —que van desde el énfasis irónico hasta el bufido exasperado— Jocelyn-Holt revisa aspectos no conocidos de su vida al tiempo que esclarece su linaje intelectual sin dejar, por cierto, de echarle un vistazo crítico a la contingencia.
A fines de los años 90 me topé por casualidad con Alfredo Jocelyn-Holt en el andén del metro Los Leones. Lo saludé, pues nos ubicábamos, y antes de ponernos a conversar de lo que fuera, él propuso con cierta inquietud que nos alejáramos de los rieles. Al percibir la ligera sorpresa que me causó su petición, se explicó: tengo demasiados enemigos por estos días, dijo, y a varios de ellos no les costaría nada pasar por detrás mío y darme un empujoncito mortal aprovechando que estoy distraído hablándote. De la sorpresa pasé al desconcierto, pero me recompuse: concluí que se trataba de una broma e intenté una sonrisa. Indudablemente calibré mal: su rostro no reveló asomo alguno de complicidad, por el contrario, se endureció, delatando lo frívola y desconsiderada que le parecía mi sonrisilla. En ese momento, y en otros posteriores, estimé que él exageraba. Transcurrido el tiempo, hoy pienso que Alfredo no dejaba de tener razón al protegerse de esa manera. Es tal la cantidad de enemigos que este historiador liberal de 63 años ha cultivado en las últimas décadas, que para algunos de sus cercanos resulta milagroso que siga en pie, profesionalmente activo y con tribuna en la prensa escrita y en la radio. Otros, los no cercanos, lo tildan de conflictivo, demente y paranoide. Los atributos clásicos, dicen, del francotirador. Lo indesmentible, cualquiera sea el caso, es que en su obra publicada abundan las invectivas dirigidas hacia los sujetos más poderosos de este país, algo que, por supuesto, le ha significado pagar los costos correspondientes.
-Hay gente que sostiene que como enemigo eres implacable. Yo creo que también eres un poco suicida. ¿Qué consecuencias trae pelearse con los poderosos de este país?
-Bueno, me han sacado de cuatro o cinco universidades.
-¿Y te han vetado en los medios de comunicación?
-Claro que sí. En El Mercurio, por ejemplo, estoy vetado por Cristián Zegers, pues dije que él era uno de los autores de El libro blanco de la dictadura y nunca me lo ha perdonado. A fines de los años 90 ciertas personas tenían veto en la televisión, gente como Armando Uribe, Manuel Antonio Garretón, Gabriel Salazar, Tomás Moulián, yo, que en ese entonces estábamos reflexionando una historia bastante crítica de la transición. Eso está comprobado.
-¿Cuál ha sido el mayor costo que has pagado?
-Cuando hay vetos, te marcan. En el pasado, cuando estaba marcado por la derecha, era muy querido por la gente de izquierda, porque yo era esa especie de cuico, esa especie de momio que criticaba la dictadura y la transición. Pero una vez que te marcan, puedes ser marcado para siempre por cualquiera. Y eso es nefasto, pues se genera la idea de que eres una persona difícil, un marginal, un francotirador. Mil veces me han calificado de francotirador, pero la gente que lo hace ni siquiera sabe utilizar el término con propiedad. Cuando me fui de la Universidad Diego Portales —entre que me echaron y me hice echar—, surgió la posibilidad de que me contratara otra universidad privada. Las gestiones las había hecho alguien a mis espaldas. Claro que cuando no resultaron, me contaron cómo había sido todo: en la universidad yo les caía muy bien, no tenían dudas de mis competencias, pero cualquier cosa que pudiese ocurrir conmigo iba a salir en la prensa. Ese era el resquemor. Curioso, ¿no? Ahí me di cuenta de que no podía permanecer en ningún otro lugar que no fuese la Universidad de Chile. Pero al estar marcado, gozas de muy poca movilidad. Y la universidad a la que aludo es totalmente derechista, entonces, imagínate: el veto de derecha todavía sigue en pie.
-En este país los intelectuales no son vistos como sujetos de fiar. ¿Tendrá que ver esto con lo tuyo?
-Efectivamente. Los intelectuales son marcados como gente no confiable. Me acuerdo que una vez le pregunté a Hernán Errázuriz Talavera —que en paz descansa— por qué teníamos los políticos que tenemos. Hernán era un personaje muy divertido, embajador en Londres, abogado de Dodi Al-Fayed, también parece que defendió al Señor de los Cielos, en fin, le hice esa pregunta en la época en que Frei Ruiz-Tagle era presidente. Y me respondió: «Es que él es confiable». Hernán no hablaba solo en función de sí mismo, pues había sido hijo del presidente del Partido Liberal, es decir, lo suyo era un conocimiento adquirido. Hay una cantidad de personas no confiables, pero no hemos sido convincentes en demostrar que somos necesarios (risas). Hemos sido muy torpes en eso: no hemos podido asegurar que, conforme, somos no confiables, pero podemos aportar en otro sentido. Ahora bien, que los intelectuales no sean confiables me parece muy razonable. A los grupos políticos les agradan los intelectuales a sueldo.
-Concederás en que no eres un tipo común dentro del orden de las relaciones profesionales, puesto que, si no eres un francotirador, al menos eres temerario. Y aquí lo que tiende a primar es la componenda más que el ataque.
-Es que no me formé en los patios de los colegios tradicionales chilenos.
-Pero tuviste las mismas ventajas de quienes sí se formaron en los colegios tradicionales.
-Por supuesto. Mis ventajas no son naturales, son sociales. Cuando me echan de alguna universidad, siempre me planteo que debo ser la primera generación de mi familia, en casi cuatrocientos años, que se queda cesante, con una mano por delante
y otra por detrás. Y eso como que no es aceptable, no solo para mí, sino que también para otra gente. Y me ayudan, me socorren. Cada vez que me ha sucedido algo tremendo, se abren al mismo tiempo perspectivas.
-Tú ganaste la beca Presidente de la República que entregaba Pinochet.
-Cuando me planteo por qué la dictadura militar me apoyó con una beca para obtener un doctorado en Oxford, siendo contrario al régimen, siempre concluyo que este país no es tonto, y que incluso la gente de la dictadura militar no era tonta: al existir personas con cierta preparación, simplemente no se puede prescindir de ellas. No es que me esté vanagloriando, pero la verdad es que en ese momento había muy pocos individuos que tenían mi educación. Yo estudié una licenciatura y un máster en cuatro años, en Estados Unidos, eso es bien notable. Lo normal es tardar seis años. Contaba además con una formación en Derecho, donde me había ido muy bien. A ver: postulantes así no se encuentran fácilmente. Alcancé a estar 16 años en una universidad, siendo universitario, que es más o menos lo que estudia un aspirante para convertirse en jesuita. Mira, no me gusta nada lo que piensan algunos de mis alumnos, ni tampoco sus militancias, pero debo reconocer que, si son habilosos, cometes un gravísimo error al perseguirlos. Las primeras veces que tuve dificultades en la universidad, supe decir que si me vetaban, me podía transformar en un Abimael Guzmán. Y creo que el país no quiere eso, hay que tener muchísimo cuidado.
-¿Eres de derecha?
-Sí, soy de derecha, pero ocurre algo curioso: en los años 90 yo siempre decía que era de derecha, pero nadie me creía. Lo notable es que ahora nadie duda que soy de derecha. Y yo no he cambiado (risas).
Exilio interno
La entrevista se desarrolla en la casa del historiador, una construcción de ladrillo ubicada en la comuna de Providencia. Él me recibe en el living, pintado de un elegante celeste pálido, un lugar plácido donde la principal decoración, además de algunos cuadros antiguos cuya procedencia no logro identificar, son los libros y un busto de José Manuel Balmaceda. Jocelyn-Holt es tataranieto del presidente suicida, pero no por ello lo defiende a brazo partido. De hecho, se declara parlamentarista, en oposición a uno de los principales legados de su ancestro, el presidencialismo.
-¿Cuántos libros tienes?
-No sé bien, he hecho cálculos, creo que entre 12 mil y 14 mil ejemplares. Pero Carmona dijo el otro día que tenía 7 mil libros y que valían 254 millones de pesos ¡Los tiene tasados! Sus libros son más caros que una propiedad de la que habló, que vale 80 millones de pesos. Los míos, debo admitir, son más baratitos.
-¿Te refieres a Carlos Carmona, el ex presidente del Tribunal Constitucional y académico de la Universidad de Chile, el que generó la toma feminista en la Facultad de Derecho, la toma que en rigor originó todo el movimiento feminista de nuestros días?
-Ese mismo, el sexual (carcajada). Dijo que tenía 7 mil libros, y, no sé, ha de tener incunabula o ejemplares muy especiales. Mi experiencia con los libros es que cuestan muy caros y nomás sales de la librería valen un tercio. No soy coleccionista de libros, mi biblioteca es estrictamente de uso. Entonces compro libros totalmente rayados, a veces porque son los únicos que encuentro. Y hay lectores que subrayan, incluso con lápiz pasta, que son extraordinarios, es decir, subrayan justo lo que uno debiera subrayar, te hacen la pega.
-Me imagino que en tu biblioteca también hay libros selectos, libros sobre los que siempre vuelves.
-Claro, hay conjuntos de lecturas. Yo me especialicé en Renacimiento italiano en la Universidad Johns Hopkins, por lo tanto para mí es muy importante el tema de los humanistas. El libro de Hans Baron sobre el humanismo cívico, por ejemplo, es crucial. Recuerdo que cuando fui alumno de Mario Góngora, se lo presté. Y cuando me lo devolvió, conversamos largo sobre él. Pero el gran autor, el que me introdujo en todo, fue Jacob Burckhardt. La cultura del Renacimiento en Italia es fundamental.
-A Burckhardt lo citas en tu Historia general de Chile.
-A ciertos autores los cito en todos mis libros.
-¿Tus padres leían?
-Mi madre es muy lectora, aunque curiosamente le gustan mucho las novelas del corazón. Mi padre, que era arquitecto, leía mucho y tenía una pequeña biblioteca dedicada a la arquitectura, que a su vez es la base de todos los libros de arquitectura que yo tengo. Entonces hay una cosa medio edípica ahí.
-¿Tu pasión por la arquitectura viene de él?
-Sí, de él. Y por dibujar también. Llegué a dibujar bastante bien.
-¿Sigues dibujando?
-No. Pero los libros siempre estuvieron presentes. La casa de mi bisabuelo Letelier tenía muchos libros, hartos libros jurídicos. En la casa de mi abuela todavía existían libros de Balmaceda, de la biblioteca que fue saqueada el 91, provenían de ahí, tenían los sellos. Y también en las casas de mis bisabuelas había mucha pintura. En la casa de mi bisabuela Velasco, por ejemplo, había un Dufy, dos Sorolla, un Rousseau, el Aduanero, pero era totalmente realista, debe haber sido uno de los pocos. Había una Venus de Milo bastante buena, un busto de Voltaire (Houdon auténtico), regalado por el embajador de Francia. Y la casa de mi bisabuela Balmaceda estaba llena de estatuas, repleta. Muchos bronces. Parece que algunos habían pertenecido al Presidente. Y pianos que no se tocaban. A esas alturas del juego, ya nadie tocaba el piano. Son mundos bastante potentes para sensibilizarte por la cosa artística. Me venía por todos lados.
-¿Qué otros conjuntos de lecturas te impresionaron?
-Hubo una época en que me dediqué profundamente a la historia intelectual, y ahí fue muy importante el grupo Bloomsbury. Yo quería entender un ambiente colectivo, no solo a una figura. Por supuesto que me interesaban mucho Lytton Strachey y Virginia Woolf. Pero todo lo que se produjo en torno a ellos durante los años 70 y 80 del siglo XX, las biografías colectivas que surgieron de ese grupo, Leon Edel, por ejemplo, o cuando Richard Ellmann se abocó a Oscar Wilde, ese material fue muy relevante para mí, puesto que trataba a una generación, a un grupo.
-¿Te hubiera gustado participar de un colectivo intelectual?
-Siempre tuve el anhelo de que existiera esa especie de colectivo, pero nunca he visto un colectivo en la vida real.
-Eso es un poco triste, ¿no?
-Sí, es triste. En consecuencia, yo trabajo bajo una suerte de exilio interno.
-¿Tu condición de profesor daría para formar grupos?
-Antes podría haberse dado, ya que en otra época el mundo académico era estimulante. Hoy por hoy me sorprendo cuando alguien me sugiere un título que desconozco, y créeme que los anoto. Pero antes me gustaba ser profesor justamente porque los alumnos me entregaban mucho conocimiento, no era solo yo el que impartía. Hoy no es así. Y las conversaciones con otros profesores son nulas. No creo que mi caso sea el único.
-¿En qué va tu Historia general de Chile?
-Está parada, hasta ahora. La escritura, digo, pues todos mis cursos los hago en función de la Historia general. Faltan tres volúmenes, otros tres ya se han publicado. Estoy en el período de la Independencia y de la Revolución Francesa. El próximo volumen me lleva hasta la Generación del 42, el quinto va de 1842 hasta los años 20, y finalmente arribo al siglo pasado.
-¿Hay algún historiador que te inspire para escribir tu historia de Chile?
-Escribir una «historia general» es hacer lo que muchos otros han hecho antes. Nuevamente esto tiene que ver con el Renacimiento: los pintores en el Renacimiento tenían que demostrar cierto tipo de avances para transformarse en maestros. Entonces pintaban predelas, que están en los altares menores, en las que son muy innovadores. Y después van subiendo y pintan santos, hasta que, al final, se gradúan, se titulan haciendo una crucifixión, por ejemplo, o una ascensión de la Virgen, o una serie mural. En Chile existe esta secuencia con los historiadores: todos escriben un libro sobre la Independencia, uno sobre Portales, uno sobre historia contemporánea, y todos terminan escribiendo una «historia general». Yo he seguido la línea al pie de la letra. Al principio no me di cuenta de que lo hacía, pero después caí en que eso es Encina, eso es Barros Arana, eso es Vicuña Mackenna. Todos lo hicieron de alguna u otra manera. En su momento le planteé una crítica a Gabriel Salazar, a quien estimo muchísimo: si seguía escribiendo nada más que del bajo pueblo, de la señora Peta y de la remolienda y demases, no iba a poder entrar en esta especie de canon. Y parece que me encontró razón, porque después escribió un libro sobre Portales y otro sobre la Independencia. Ha ido siguiendo la pauta.
-Tu Historia general de Chile tiene cierto componente imaginativo y audaz que no ha sido bien entendido por todos. ¿Has recibido críticas de tus pares por ello?
-Según algunos, soy un ensayista y no un historiador. El juicio es ridículo, porque ambos acercamientos no son excluyentes. Además, en Chile el género de la historia es el ensayo, el que ha gozado de mayor impacto. Como sea, lo bonito de mi profesión es contar un cuento que todo el mundo sabe, claro que relatado de un modo distinto, de un modo que te permita apreciar y ver cosas que no se habían visto antes. Por eso me entretiene escribir mi Historia general de Chile.
-¿Lees a tus pares?
-La verdad es que, cosa notable, me carga leer historiadores. Por lo demás, los historiadores académicos son un bodrio y no tienen idea de urdir un relato. Tenemos historiadores fenomenales, como Simon Schama, Alexis de Tocqueville, Jacob Burckhardt, Mario Góngora, pero la media del historiador es muy precaria, hay que evitarla. Los historiadores podrían ser audaces, tienen todas las herramientas para serlo. Al escribir uno tiene que darse cuenta de que le estás hablando a un público que es profesional y que es culto, pero no compuesto únicamente por historiadores. Eso es la perdición.
-¿La academia también te detesta?
-No tengo nada que ver con ellos. Aun así, me hacen sentir su rechazo. Ello explica, en parte, por qué me moví al mundo periodístico, en vista de que se cerraban puertas. Pero no los echo de menos, para nada. Nuestra academia produce cada vez más para revistas indexadas que nadie lee. Y sus miembros no escriben libros. Somos contadísimos los que escriben y publican. Y ello genera animadversiones. Estoy vetado en la Facultad de Historia de la Universidad Católica, y eso que no tengo ni el más mínimo interés en hacer clases allí. Estoy vetado en la Universidad de Chile, en la misma facultad donde soy profesor: no formo parte del Departamento de Historia porque tengo veto. Pero son tantos allí los acusados de acoso sexual, que la verdad es que no dan ganas de ser parte de eso (risas). Además, la gente podría pensar por asociación que uno es más sexy de lo que realmente es. En suma, no tengo ningún vínculo formal con el mundo historiográfico. Me invitan a charlas, conferencias, seminarios, pero no asisto.
-Eso con los historiadores chilenos. ¿Lees historiadores contemporáneos de otras nacionalidades?
-Para serte bien franco, leo mucha historia, pero, insisto, no me agrada leer historia. Eso sí, me encantan los historiadores con oficio. Últimamente me sorprendo leyendo historiadores de los años 30, 40, 50 del siglo pasado, historiadores generalistas, muy competentes. Te hablo de esas largas colecciones de períodos completos de la historia francesa, norteamericana o inglesa, que van poco menos que por décadas. Eso es un trabajo de oficio que me atrae muchísimo. Pero lo que más me estimula son los ensayistas y no los historiadores. Aunque evidentemente necesito leer demasiada historia.
Salazar, Góngora, Marx, Žižek
-A la gente le llama la atención tu amistad con Gabriel Salazar, dado que ambos representan extremos opuestos de una misma profesión, él en el flanco marxista y tú en el ala liberal de derecha.
-Gabriel es una persona generosa, tolerante con las opiniones ajenas y para mí es un historiador admirable. Resulta muy necesario tener gente a quien admirar, pues de otro modo te conviertes en un onanista feroz. Es fundamental. Con Gabriel somos historicistas, fuimos formados en una misma línea, y ahí hay un nexo común, que es Mario Góngora, de quien Gabriel fue ayudante. Yo no fui su ayudante, pero a mí él me marcó mucho. Gabriel y yo apreciamos la historia a partir de un sujeto privilegiado —en el caso suyo es el bajo pueblo, en el mío son las elites—, y tratamos de observar el fenómeno desde el interior de su propio contexto, no desde la perspectiva de hoy en día. Así entiendo un poco el historicismo. Lo curioso, dicho sea de paso, es que Gabriel se lleva mucho mejor con gente ubicada en el extremo opuesto de su pensamiento. Recordemos que se tuvo que ir de Humanidades en la Universidad de Chile espantado por las feministas: lo funaron, lo insultaron, incluso algunas de sus exalumnas. Y, bueno, se mandó a cambiar. A mí me parece que la izquierda es demasiado sectaria.
-¿Quedan todavía buenos historiadores marxistas en Chile? Pienso en gente de la talla del fallecido Armando de Ramón, por ejemplo.
-Aquí siempre hemos tenido buenos historiadores marxistas. Y hoy en día, aparte de Gabriel, tenemos a Julio Pinto, que también es muy excepcional. Armando de Ramón y Gabriel Salazar —eran íntimos amigos— armaron este asunto de la historia social, que fue muy importante hasta hace poco. Pero hoy en día se ha desperfilado. Uno piensa que las posturas de derecha son más proclives a desperfilarse, pero es fascinante ver cómo el progresismo pasa por encima de avances progresistas previos. Muy valioso observar un proceso basado en las ansias de figurar, en las ganas de hacerse con parte de la torta, de ocupar el espacio. Aquí no es que queden marginados únicamente los liberales, los moderados, los de derecha, llámalos como tú quieras. Hoy en día es todos contra todos.
-¿Leíste El Capital?
-Me temo que no. Pero El manifiesto comunista lo he leído enésimas veces.
-¿Cómo se juzga a Karl Marx hoy en día?
-Al igual que todas las autoridades intelectuales de peso, tenemos que estar volviendo a él permanentemente, es ineludible. Eso sí, debemos cuidarnos de sus divulgadores, de sus discípulos, de sus acólitos. Yo provengo de una generación en la que se descubrían distintas facetas de Marx, aspectos que no habían sido considerados por la ortodoxia, te hablo «del joven Marx», del Marx que sacaba a relucir Erich Fromm. Y eso era bastante rico. Tengo una muy buena opinión de Marx. Quienes atacan duramente a Marx nunca lo entendieron bien. Cada vez que lo leo, lo encuentro novedoso. Claro que no acepto la dialéctica, pues me parece una sobresimplificación de la historia.
-¿Qué te parece la obra de Slavoj Žižek, el historiador marxista del momento?
-Las partes que logro entender, las encuentro admirables.
-Claro, él recurre demasiado a Lacan, y Lacan es bastante incomprensible, ¿o no?
-A mí Lacan ciertamente me supera. A Žižek me cuesta seguirlo, muchísimo. Hay cosas que he logrado comprender, y las cito, porque encuentro que son como descubrir una perla, un diamante único. Tiene frases muy lúcidas, por cierto, pero es francamente agotador.
Liberalismo: malos entendidos
-¿Qué es ser liberal hoy por hoy en Chile? Te pregunto porque aquí consideran a Mario Vargas Llosa como el ícono del liberalismo contemporáneo, y a mí me parece que él es un personaje anclado en el siglo XX. No es una figura contemporánea.
-Bueno, los anacronismos suelen durar mucho (risas). Imagínate que Vargas Llosa dura más que el Premio Nobel: puede que el Premio Nobel de Literatura se extinga, pero a Vargas Llosa lo vamos a tener el próximo año hablando de derechas cavernarias (carcajada). Lo mejor del famoso último encuentro fue cuando él dijo que apoyaría un golpe militar en Venezuela, pero que ese gobierno fuera cortito (carcajada). Bueno, Eduardo Frei dijo lo mismo en 1973, pensaba que los militares iban a llamar a elecciones en 90 días. No es por defender a Axel Kaiser, pero me da la impresión de que Vargas Llosa no podía hacer una confesión pública de que hay dictaduras buenas, pero cortas. Volvamos mejor a tu pregunta: ¿liberales en Chile? Recuerdo que en los años 90 empezaron a aparecer encuestas en que más del 50 por ciento de los consultados, esto en revistas como Qué Pasa y otras, afirmaban ser liberales, lo cual me parecía muy sospechoso, porque en los años 60 y 70 nadie quería ser liberal. ¿Cómo pudo darse entonces un aggiornamento tan rápido? Era bastante raro. En Chile confunden liberalismo con progresismo. Es muy llamativo que desde los años 60 en adelante aquí no exista ningún progresista que no sea de izquierda. En consecuencia, ser liberal hoy en día significa adherir a una línea progresista en una serie de asuntos, adherir a una agenda. Por ejemplo: si estás a favor del aborto, eres liberal; si estás por no casarte y convivir, eres liberal; si asumes en forma pública una identidad de género o una sexualidad minoritaria, no las heterodoxas, eres liberal. Pero eso no tiene nada que ver con lo que tradicionalmente ha sido el liberalismo.
-¿Ves algún personaje público de nuestros días al que pudieras definir como un liberal de tomo y lomo?
-No, no veo a nadie así por los alrededores. En Chile no hay liberales hoy en día porque la fascinación con el poder y el querer adelantar intereses impide darse cuenta de que lo que le importa al liberalismo de verdad es la limitación del poder, la sospecha del poder.
-¿Ni siquiera algún liberal camuflado en las esferas del columnismo de prensa, de la radio, de la televisión?
-Nadie. Imagínate que un liberal, para ser realmente liberal, tiene que ser bastante ilustrado, y lo que hoy está en juego es el cuestionamiento de la ilustración, entonces si cuestionas la ilustración, ¿cómo no va a estar cuestionado el liberalismo? El liberalismo debe plantearse en términos muy de orden político, porque es estrictamente político.
-Y si se acabó el liberalismo, ¿qué fue lo que lo destruyó?
-Lo que deshizo al liberalismo en Chile fue el positivismo, hacia fines del siglo XIX y principios del XX. Y ese positivismo engendra sectores de izquierda, como el marxismo, sin ir más lejos. Muchas veces se ha señalado, con razón, que el marxismo tuvo tanta acogida en América Latina porque teníamos un pasado positivista muy fuerte. El positivismo es también toda esa línea técnica, tecnocrática, que entra en las lógicas desarrollistas de los años 60. En nuestro caso, la izquierda socialdemócrata, la Democracia Cristiana y luego el neoliberalismo. Hablamos entonces de ingenieros comerciales, de un positivismo con lógicas cercanas a Saint-Simon, según el cual debieran gobernarnos los ingenieros. En Chile se inventó una especie única de ingenieros. Yo soy profesor en Beauchef, la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, y mis alumnos siempre se ríen cuando les pregunto cómo ven a los ingenieros comerciales. Los ingenieros comerciales son un poco raros, pero sin duda son saintsimonianos en esa lógica constructivista, dirigista, y en que todo se mide a través de hechos y utilidades concretas. Son una especie de factismo. Pero no hay que olvidar que mataron al liberalismo y al romanticismo, que, bueno, habrán tenido sus pifias, como todas las ideologías, pero eran más nobles que el positivismo.
-¿Quién fue el gran liberal del siglo XIX chileno?
-Todos lo fueron. Absolutamente todos. Incluso los conservadores. Bilbao, Lastarria, el mismo Bello, que a veces es más conservador, otras veces liberal, Sarmiento, Alberdi, todos los argentinos. Ahí comienza. Realmente ahí comienza el liberalismo. Pero son todos, porque la hegemonía liberal en el siglo XIX es total. Hasta los conservadores pueden ser más liberales que los liberales, por ejemplo en materia económica.
-El neoliberalismo vendría a ser entonces una nomenclatura, pues del liberalismo clásico no parece tener mucho.
-El neoliberalismo es un hijo bastardo del liberalismo y es un liberalismo taquigráfico (bufido irónico), porque abrevia más de la cuenta los asuntos. Es muy económico en su visión del liberalismo. Súper económico. Como que elimina lo fundamental. Mira tú: el neoliberalismo en Chile sostenía que en realidad bastaba con el desarrollo económico para obviar el problema político. Y entonces estallan las protestas sociales del 2011. Esto ya era evidente en la dictadura, y era muy evidente bajo el consensualismo de los años 90. Vaya cuento, ¿no?
-En una de tus columnas propusiste que un paso vital para mejorar las universidades chilenas es un consenso nacional. ¿Es posible hoy en día alcanzar ese consenso?
-Impensable, impensable en un contexto donde la gente cree que hay que repensarlo todo. La maldita costumbre de fundarlo todo. Si la derecha ahora no está en esa parada, se debe únicamente a que durante la dictadura hizo exactamente eso, refundó todo. La derecha fue la primera en demostrar que ese modus operandi era exitoso: uno podía repensar un país desde cero, empezando por el bombardeo a La Moneda, para luego dejar nada más que los muros, pues con todo lo demás se arrasa. He ahí un modelo, que además triunfó.
Y por favor dejémonos de hablar de dictaduras buenas o malas, hablemos mejor de dictaduras exitosas o fracasadas, porque lo que nosotros tuvimos, y esto sí que es real, nos guste o no, y a mí francamente no me gusta, lo que nosotros tuvimos fue una dictadura exitosa, algo que explica muchas cosas. Y entonces la izquierda, que hoy día es gran lectora del nazi Carl Schmitt, dice «esto es papita pa’ Micifuz»: si les fue bien a ellos, ¿por qué no nos va a ir bien a nosotros? Todo bajo un sectarismo brutal. Y vuelvo a mi caso, pues resulta ilustrativo: si hoy día existiesen 20 becas para ir a Oxford con Becas Chile, alguien como yo no la gana.
-Y del neofeminismo actual, ¿qué puedes decir?
-El otro día recibí un correo que informaba de un seminario de historiadoras feministas. Tras leerlo, quedé con la impresión de que no podía asistir ningún hombre. Entiendo que en las asambleas de la toma feminista de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile pusieron vetos como condicionantes de quién podía asistir o no. Estamos frente a un estalinismo y maoísmo muy duro. Y en ese plano no tenemos nada qué hacer.
(*) Alfredo JocelynHolt, historiador, nació en Santiago de Chile en 1955. Hizo sus primeros estudios en la Johns Hopkins University, donde obtuvo una licenciatura en Historia del Arte y un máster en Estudios Humanísticos. Se licenció también en Derecho por la Universidad de Chile. Posteriormente se doctoró en la Universidad de Oxford. Es autor de varios libros, ensayos y, recientemente, publicó el libro La Casa del Museo, que estudia la historia de la casa Yarur Bascuñán, hito de la arquitectura moderna chilena y actual Museo de la Moda.
Fuente:
https://www.revistaatomo.com/es/2018/10/alfredo-jocelyn-holt-historiador/
Fotografías: Pablo Izquierdo.
Cfr.
https://www.latercera.com/la-tercera-pm/noticia/alfredo-jocelyn-holt-esta-nueva-constitucion-esta-viciada-surgira-bajo-amenazas-y-se-remontara-a-actos-terroristas/943701/
https://www.youtube.com/watch?v=kkOS8_nt7ls
https://www.youtube.com/watch?v=LSkgfmNoPsk
https://www.youtube.com/watch?v=pp71H2IV0gU
https://www.youtube.com/watch?v=zqe3LKendi8
En la cuenta facebookeana del historiador Víctor Pineda está la confiable, breve per elocuente crónica del historiador Víctor Pineda sobre la otrora residencia presidencial La Casona: https://facebook.com/victormigpineda
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domingo, 29 de diciembre de 2019
viernes, 19 de abril de 2019
HOY, UNA Y OTRA COSA
EL NACIONAL, Caracas, 01/05/1948. Juan David García Bacca, Civilización Occidental, Democracia Cristiana, Asalto, Democracia, Cristo, Bandolerismo.
domingo, 8 de abril de 2018
NOTICIERO RETROSPECTIVO
- Enrique Bernardo Núñez. "En el día de Caracas: Las huellas de Pérez Bonalde". El Universal, Caracas, 25/04/1953.
- Víctor Manuel Reinoso, con fotografías de Scotto, Blasco Sandoval y Lugo. "La sangrienta evasión de La Planta". Élite, Caracas, nr. 1774 del 27/07/63.
- Humberto Orsini. "Alemania: el neonazismo democristiano". Deslinde, Caracas, 15 al /30/10/69.
- Teresa Piñana Vives. "¿Por qué la juventud se exhibe con barbas y melenas?" Venezuela Gráfica, Caracas, nr. 835 del 05/11/67.
- Freddy Best González. "¿Qué te sucede César Girón?". La Religión, Caracas, 02/06/57.
Reproducción: Asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Élite, Caracas, nr. 1177 del 24/04/1948.
domingo, 6 de noviembre de 2016
martes, 24 de mayo de 2016
TRAZO HISTÓRICO
Érase un referente foráneo
Guido Sosola
Las redes engañan, porque no todo lo que se busca se consigue. Lejos de culparla, hay que mirar hacia el mercado de consumo: tiene una mejor cotización la data banal y efímera que la información consistente, coherente y profunda que suele quedar muy, pero muy atrás. No obstante, tenemos la impresión de una frecuente purga, como ocurre ahora con los consabidos “Aló, Presidente”, cuyos videos lenta e inadvertidamente desaparecen del horizonte digital, u otros materiales la pueblan con alguna tardanza, como es el caso de los relacionados con el chileno Radomiro Tomic, líder demócrata-cristiano de inequívoca postura de izquierda con el que los venezolanos nos familiarizamos – definitivamente – entre las décadas de los sesenta y setenta del XX.
Grosso modo, la democracia cristiana chilena, fue un partido de inconfundible sello ideológico que, a lo largo de su más remota historia, entre varios de los más destacados, tuvo por referentes fundamentales al centrista Eduardo Frei Montalva, cercanamente seguido por Tomic. La atención que los venezolanos le dispensamos a la organización, muy bien lo ejemplifica la revista SIC del Centro Gumilla, cuya colección está completamente disponible en las redes, sin contar con las numerosas ocasiones en las que los dirigentes foráneos nos visitaron antes que el gobierno de Allende (acotemos, apretada síntesis de lo que acá ya tiene 17 años), condujera al gobierno militar.
Junto a los uruguayos, los demo-cristianos del sur hicieron elocuente manifestación de la búsqueda de un orden no capitalista que llamaron socialismo comunitario, acá traumáticamente atenuado por la denominación sociedad comunitaria, pero – volviendo con Tomic – las elecciones de 1970 tuvieron como particularidad la extraordinaria semejanza del candidato presidencial y su programa, con el de Salvador Allende. La confusión produjo consecuencias mediatas e inmediatas, afectando la propia credibilidad de un partido que, después, remontó la difícil cuesta de la dictadura pinochetista, de la que también se le acusó como causante, hasta gobernar con la Concertación y, hoy, experimentar una fortísima crisis hasta de identidad, razón por la cual nos explicamos esa vuelta a don Radomiro.
Apreciando algunos aportes a youtube.com que, por cierto, significativamente, no llegan al año de orbitados, como las escenas de la campaña de 1970 con un himno que suscitará la curiosidad de los consultores de hoy (https://www.youtube.com/watch?v=4mZg5cMd_nk&feature=youtu.be, o https://www.youtube.com/watch?v=3pjg-HjyuK8), llama la atención un discurso de RadomiroTomic (https://www.youtube.com/watch?v=7DWfJryMmlw), mediante el cual constatamos posturas que, ahora, pueden generar una inmensa confusión en el proceso de reconstrucción del partido (PDC), deseando de buena voluntad recuperar su primigenia identidad y la fuerza mística que supo irradiar en el continente. La Unidad Popular que argumenta el chileno en un video más apropiado para la reflexión histórica que para una actualizada respuesta política, clama por una alianza con las fuerzas marxistas de izquierda, cuyo auditorio de nuevo siglo atenderán con olvido de la dramática lección que, por desgracia, los venezolanos todavía arrojamos: cierto, alianza justa, argumentada y de buena fe que reivindica al partido, pero que los marxistas – groseramente, en el caso de Carlos Altamirano – desecharon.
Lo acaecido en nuestro país, con el fenómeno petrolero - ¿qué duda cabe? – de Chávez Frías, en principio, amalgamando las más variadas fuerzas y corrientes políticas e ideológicas que auspició, además del colaboracionismo y hasta el franco y visible oportunismo de personalidades y tendencias de los partidos y movimientos que derrotó, derivó en un batiburrillo que a la postre desenmascaró al castro-comunismo, expresión de un anacrónico socialismo real que ha sobrevivido parasitariamente de la sucursal que instaló y todavía administra en Venezuela. Por supuesto, los socialcristianos de vieja e inquieta data, es el testimonio recibido al consultar a algunos amigos, con Tomic sienten una legítima nostalgia – érase todo un referente foráneo – pero, a la vez, lamentan que el dato no sea tomado a título de inventario, avalado por un debate de actualización y cotejado con lo que tiene por triste emblema a Maduro Moros.
26/05/2016
http://www.opinionynoticias.com/internacionales/26462-erase-un-referente-foraneo
Guido Sosola
Las redes engañan, porque no todo lo que se busca se consigue. Lejos de culparla, hay que mirar hacia el mercado de consumo: tiene una mejor cotización la data banal y efímera que la información consistente, coherente y profunda que suele quedar muy, pero muy atrás. No obstante, tenemos la impresión de una frecuente purga, como ocurre ahora con los consabidos “Aló, Presidente”, cuyos videos lenta e inadvertidamente desaparecen del horizonte digital, u otros materiales la pueblan con alguna tardanza, como es el caso de los relacionados con el chileno Radomiro Tomic, líder demócrata-cristiano de inequívoca postura de izquierda con el que los venezolanos nos familiarizamos – definitivamente – entre las décadas de los sesenta y setenta del XX.
Grosso modo, la democracia cristiana chilena, fue un partido de inconfundible sello ideológico que, a lo largo de su más remota historia, entre varios de los más destacados, tuvo por referentes fundamentales al centrista Eduardo Frei Montalva, cercanamente seguido por Tomic. La atención que los venezolanos le dispensamos a la organización, muy bien lo ejemplifica la revista SIC del Centro Gumilla, cuya colección está completamente disponible en las redes, sin contar con las numerosas ocasiones en las que los dirigentes foráneos nos visitaron antes que el gobierno de Allende (acotemos, apretada síntesis de lo que acá ya tiene 17 años), condujera al gobierno militar.
Junto a los uruguayos, los demo-cristianos del sur hicieron elocuente manifestación de la búsqueda de un orden no capitalista que llamaron socialismo comunitario, acá traumáticamente atenuado por la denominación sociedad comunitaria, pero – volviendo con Tomic – las elecciones de 1970 tuvieron como particularidad la extraordinaria semejanza del candidato presidencial y su programa, con el de Salvador Allende. La confusión produjo consecuencias mediatas e inmediatas, afectando la propia credibilidad de un partido que, después, remontó la difícil cuesta de la dictadura pinochetista, de la que también se le acusó como causante, hasta gobernar con la Concertación y, hoy, experimentar una fortísima crisis hasta de identidad, razón por la cual nos explicamos esa vuelta a don Radomiro.
Apreciando algunos aportes a youtube.com que, por cierto, significativamente, no llegan al año de orbitados, como las escenas de la campaña de 1970 con un himno que suscitará la curiosidad de los consultores de hoy (https://www.youtube.com/watch?v=4mZg5cMd_nk&feature=youtu.be, o https://www.youtube.com/watch?v=3pjg-HjyuK8), llama la atención un discurso de RadomiroTomic (https://www.youtube.com/watch?v=7DWfJryMmlw), mediante el cual constatamos posturas que, ahora, pueden generar una inmensa confusión en el proceso de reconstrucción del partido (PDC), deseando de buena voluntad recuperar su primigenia identidad y la fuerza mística que supo irradiar en el continente. La Unidad Popular que argumenta el chileno en un video más apropiado para la reflexión histórica que para una actualizada respuesta política, clama por una alianza con las fuerzas marxistas de izquierda, cuyo auditorio de nuevo siglo atenderán con olvido de la dramática lección que, por desgracia, los venezolanos todavía arrojamos: cierto, alianza justa, argumentada y de buena fe que reivindica al partido, pero que los marxistas – groseramente, en el caso de Carlos Altamirano – desecharon.
Lo acaecido en nuestro país, con el fenómeno petrolero - ¿qué duda cabe? – de Chávez Frías, en principio, amalgamando las más variadas fuerzas y corrientes políticas e ideológicas que auspició, además del colaboracionismo y hasta el franco y visible oportunismo de personalidades y tendencias de los partidos y movimientos que derrotó, derivó en un batiburrillo que a la postre desenmascaró al castro-comunismo, expresión de un anacrónico socialismo real que ha sobrevivido parasitariamente de la sucursal que instaló y todavía administra en Venezuela. Por supuesto, los socialcristianos de vieja e inquieta data, es el testimonio recibido al consultar a algunos amigos, con Tomic sienten una legítima nostalgia – érase todo un referente foráneo – pero, a la vez, lamentan que el dato no sea tomado a título de inventario, avalado por un debate de actualización y cotejado con lo que tiene por triste emblema a Maduro Moros.26/05/2016
http://www.opinionynoticias.com/internacionales/26462-erase-un-referente-foraneo
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domingo, 6 de septiembre de 2015
MEMORANDUM
Nos entristece la crisis experimentada por COPEI. No hemos querido referirnos públicamente a ella, aportando nuestro parecer. Sin embargo, una manera de hacerlo, es a través de este par de artículos. Otros tiempos, otras inquietudes, otras circunstancias.
domingo, 24 de mayo de 2015
TESTIMONIOS DE LUCHA
Viejos luchadores chilenos
Ox Armand
Fueron muchos los jóvenes y viejos luchadores por el restablecimiento de la democracia chilena. Incluso, los que democráticamente adversaron a Allende, advirtiendo el trágico desenlace. Trago tras trago amargo, no se arrodillaron ni esquivaron sus responsabilidades. Pudieron confinarse a sus cátedras universitarias y esperar que Pinochet pasara, pero insistieron sin dejar de reflexionar y de soñar con un país diferente. Pienso – para sólo referirme a los socialcristianos – en Eduardo Frei, Patricio Aylwin y Jaime Castillo Velasco, por ejemplo. Ya avanzados de edad, nunca abandonaron sus obligaciones como conductores de la oposición democrática. Velaron por sus familias, sobrevivieron por la calificación de sus profesiones, reflexionaron profundamente sobre la transición posible, pero jamás abandonaron la calle, la diligencia real y palpable en la arriesgada defensa de los derechos humanos. Demostraron una entereza moral a toda prueba y desplegaron sus mejores habilidades políticas para la dificilísima superación de la dictadura. Habilidades que no consentían una calurosa relación personal y hasta comercial, reportando donaciones u otras ventajas propias del tráfico de influencia, con los personeros gubernamentales de la lidia diaria y peligrosa. Fueron literalmente botados del país y pelearon por su regreso, aunque pudieron distenderse en un cómodo y seguro exilio como el que les ofrendó la Venezuela solidaria. Arriesgaban el pellejo y hasta uno de ellos murió envenenado, como se supo a la vuelta de los años.
A nadie pontificaban, ni se ofertaban como los campeones de un equilibrio sospechoso procurando colarse en las alturas del poder. Tampoco maniobraban a cambio del dinero que pudieron recibir subrepticiamente. Estuvieron real, palpable y sonoramente comprometidos con el cambio, fortalecidos por una fe que fue ejemplo. Y todo esto, ya viejos. La edad no fue pretexto para no protestar al régimen dictatorial, combatirlo, facilitar su salida, refundar la institucionalidad democrática. Me contaba un amigo por estos días, a quien le correspondió ejercer la embajada venezolana en Santiago en los noventa del XX, la emoción que expresó Castillo Velasco al saberse acreedor de la Orden Libertador. Lloró en la cama del hospital donde estaba recluido. Recordó su estancia en la Venezuela que dejó inmediatamente después de enterarse de la autorización para regresar a la tierra natal.
Fueron grandes estadistas, probados en la inmensa dificultad y peligro de una dictadura feroz. Esgrimían ideas, alegaban salidas, oficiaban la política con el soporte de un ideario esclarecedor que no dejaban de cultivar y de profundizar, en lugar del artículo de prensa por encargo, de las apariciones seguras y confortables con la vanidad de un aleccionador ocasional. Urgimos en Venezuela de conocer a esos líderes, a los viejos luchadores por la democracia continental. Y, por cierto, necesitan los demócrata-cristianos del sur reconocerlos, reivindicarlos, a objeto de superar una crisis que nos resulta incomprensible para un partido que tanto sirvió a su país.
Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/internacionales/22607-viejos-luchadores-chilenos
Ox Armand
Fueron muchos los jóvenes y viejos luchadores por el restablecimiento de la democracia chilena. Incluso, los que democráticamente adversaron a Allende, advirtiendo el trágico desenlace. Trago tras trago amargo, no se arrodillaron ni esquivaron sus responsabilidades. Pudieron confinarse a sus cátedras universitarias y esperar que Pinochet pasara, pero insistieron sin dejar de reflexionar y de soñar con un país diferente. Pienso – para sólo referirme a los socialcristianos – en Eduardo Frei, Patricio Aylwin y Jaime Castillo Velasco, por ejemplo. Ya avanzados de edad, nunca abandonaron sus obligaciones como conductores de la oposición democrática. Velaron por sus familias, sobrevivieron por la calificación de sus profesiones, reflexionaron profundamente sobre la transición posible, pero jamás abandonaron la calle, la diligencia real y palpable en la arriesgada defensa de los derechos humanos. Demostraron una entereza moral a toda prueba y desplegaron sus mejores habilidades políticas para la dificilísima superación de la dictadura. Habilidades que no consentían una calurosa relación personal y hasta comercial, reportando donaciones u otras ventajas propias del tráfico de influencia, con los personeros gubernamentales de la lidia diaria y peligrosa. Fueron literalmente botados del país y pelearon por su regreso, aunque pudieron distenderse en un cómodo y seguro exilio como el que les ofrendó la Venezuela solidaria. Arriesgaban el pellejo y hasta uno de ellos murió envenenado, como se supo a la vuelta de los años.
A nadie pontificaban, ni se ofertaban como los campeones de un equilibrio sospechoso procurando colarse en las alturas del poder. Tampoco maniobraban a cambio del dinero que pudieron recibir subrepticiamente. Estuvieron real, palpable y sonoramente comprometidos con el cambio, fortalecidos por una fe que fue ejemplo. Y todo esto, ya viejos. La edad no fue pretexto para no protestar al régimen dictatorial, combatirlo, facilitar su salida, refundar la institucionalidad democrática. Me contaba un amigo por estos días, a quien le correspondió ejercer la embajada venezolana en Santiago en los noventa del XX, la emoción que expresó Castillo Velasco al saberse acreedor de la Orden Libertador. Lloró en la cama del hospital donde estaba recluido. Recordó su estancia en la Venezuela que dejó inmediatamente después de enterarse de la autorización para regresar a la tierra natal.Fueron grandes estadistas, probados en la inmensa dificultad y peligro de una dictadura feroz. Esgrimían ideas, alegaban salidas, oficiaban la política con el soporte de un ideario esclarecedor que no dejaban de cultivar y de profundizar, en lugar del artículo de prensa por encargo, de las apariciones seguras y confortables con la vanidad de un aleccionador ocasional. Urgimos en Venezuela de conocer a esos líderes, a los viejos luchadores por la democracia continental. Y, por cierto, necesitan los demócrata-cristianos del sur reconocerlos, reivindicarlos, a objeto de superar una crisis que nos resulta incomprensible para un partido que tanto sirvió a su país.
Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/internacionales/22607-viejos-luchadores-chilenos
martes, 23 de septiembre de 2014
NOTICIERO RETROSPECTIVO
- E. C. Otálvora. "Viejo bestiario de la izquierda no renovable". El Universal, Caracas, 22/01/89.
- Luis Raúl Matos Azócar. "Socialdemocracia y democracia cristiana en América Latina y el caso de Venezuela". Semanario Acción Democratica, Caracas, nr. 11 del 08/07/82.
- Ernesto Mayz Vallenilla. "La reforma del Estado". El Nacional, Caracas, 11/12/84.
Reproducción: Rómulo Betancourt. Élite, Caracas, nr. 1978 del 24/08/1963.
Reproducción: Rómulo Betancourt. Élite, Caracas, nr. 1978 del 24/08/1963.
viernes, 17 de mayo de 2013
LA REBELIÓN DE LOS DISCÍPULOS
EL UNIVERSAL, Caracas, 14 de mayo de 2013
Carta abierta a Hermann Escarrá
RICARDO COMBELLAS
Apreciado Hermann: No fue fácil para mí escribirte esta carta y menos hacerla pública y abierta. No me dejaste alternativa. El tema trasciende lo personal, pues afecta a todos los venezolanos en esta dura etapa de nuestra experiencia republicana. Cierto que no hemos sido en el sentido castizo de la palabra amigos, pero sí buenos compañeros, a los cuales les ha correspondido compartir momentos relevantes en nuestras vidas. Así, compartimos aulas universitarias, actividades de promoción política, y ante todo y la estelaridad del proceso constituyente el año 1999.
Nos une nuestra formación común socialcristiana. Ambos fuimos discípulos de Rafael Caldera (recuerdo el libro que escribiste sobre la DC, dedicado al maestro y estadista), y laboramos conjuntamente en la Organización Demócrata Cristiana de América. Bebimos en el humanismo cristiano, en las encíclicas sociales, en Maritain y Mounier, haciendo ambos lo posible por incorporar su espíritu a la Constitución bolivariana, siendo que para nosotros, los hombres y mujeres de formación socialcristiana, la política no tiene una legalidad independiente de la ética, muy por el contrario, la política debe guiarse en torno a fundamentos, contenidos y objetivos éticos. Por ende, ni el pragmatismo desasistido de doctrina, ni el oportunismo forman parte de nuestra visión de la política. Además, nos une nuestra vocación bolivariana, sobre lo cual, te lo confieso ahora, aprendí mucho de ti, pues sin mucho menos caer en las garras de los cultores de Bolívar, aprecié la valoración de su pensamiento vivo que tú diestramente sabías insuflar en discursos y escritos dedicados al Libertador.
El destino quiso que el proceso constituyente nos encontrara nuevamente juntos. Ambos fuimos tal vez los asesores más cercanos al Presidente Chávez en materia constitucional. Participamos protagónicamente en todas las fases del proceso, y asumimos junto a distinguidos compatriotas, bajo tu atinada dirección, la ardua tarea de redactar en la comisión constitucional el proyecto definitivo de Constitución, presentado para su sanción por la ANC y su aprobación definitiva, primera vez en nuestra historia, por el pueblo soberano en el referéndum convocado al efecto.
Firmé la Constitución y me retiré nuevamente al mundo universitario, con mucha frustración por lo que anteveía (los hechos posteriores me dieron la razón) como la entronización de un régimen que interpretaría arbitrariamente nuestra Ley Superior, poniéndola al servicio de sus objetivos autoritarios, reñidos con la axiología constitucional y en desmedro del postulado que considera a la Constitución por sobre todo como el escudo de nuestras sagradas libertades. Tu postura sobre el particular en estos tormentosos años no la he seguido en detalle, pero sí me constan, pues fueron públicas y notorias, tus actitudes críticas e independientes respecto al régimen, que te llevaron incluso a plantear vigorosamente, "la marcha sin retorno", como una acción decisiva de desobediencia civil para proteger la Constitución frente al uso y abuso despótico del poder, dedicado a pisotear los valores y principios por ella consagrados.
En suma, es en resumen el propósito de esta misiva, me extrañaron con desconcierto y desazón, para no decir repugnancia, tus últimas declaraciones, donde le ofreces un espaldarazo al régimen actual, por cierto atenazado por la mácula de la ilegitimidad, en abierta contradicción con tus posiciones precedentes, enfilando injustamente tus dardos contra la oposición democrática, esa que hoy valientemente defiende, resistiendo con gallardía la tenebrosa represión, los valores constitucionales. Tú, Hermann, conoces también como yo la realidad de un régimen reñido con la Constitución, con sus valores, principios e instituciones más preciados, pues muy por el contrario, y bajo la égida de la dictadura cubana, ha construido una "legalidad" para y anticonstitucional, una "legalidad" carente de legitimidad.
Creo, con Kant, en la conciencia moral del hombre. Su voz interior es terrible; cuando pretendemos huir de ella nos persigue como una sombra. Yo la tengo tranquila, deseo que tú la tengas también.
Afectuosamente, Ricardo.
Nota LB: Semana y pico atrás, Escarrá estuvo en televisión. Hicimos las tomas, pero - luego - nos desanimó comentarlo. Días después, aparece este artículo-misiva de Combellas. No nos satisfizo lo dicho por uno y por otro. Sin embargo, sosteniendo otras opiniones al rspecto, nos contentamos mientras tanto en apuntar el caso. Digamos que se trata, como lo hace todavía Chadderton, de quienes reclaman un discipulado - por lo demás - ortodoxo como socialcristianos, con la vista puesta en Rafael Caldera. Suficiente para la escuela ética ya invocada, aunque ella aparentemente no autorizaba la rebelión. Una de tres o las tres: hubo una oportunidad histórica, al emerger un liderazgo capaz de imponer un modelo; había que competir para influirlo frente al intento de otros modelos (como el marxista); y, como no había sido posible en COPEI o en Convergencia, luchar por conquistar las responsabilidades políticas antes negadas. Por añadidura, el sueño de todo constitucionalista - se dirá - es ser constituyente. Y así ocurrió lo que ocurrió: los más influyentes constitucionalistas de Chávez, quien demostró mayor "viveza" que sus "maestros". Es el retrato que también dejamos como hipótesis para trabajar más adelante no tanto aquél fenómeno de la constituyente que tampoco supo de la rebelión de los maestros, cuando era demasiado evidente la finalidad de reforzar al gobierno y parir un texto contradictorio y escasamente debatido, sino para perfilar la crisis misma de la Democracia Cristiana en Venezuela. Y de ella, uno y otro dan noticia.
Carta abierta a Hermann Escarrá
RICARDO COMBELLAS
Apreciado Hermann: No fue fácil para mí escribirte esta carta y menos hacerla pública y abierta. No me dejaste alternativa. El tema trasciende lo personal, pues afecta a todos los venezolanos en esta dura etapa de nuestra experiencia republicana. Cierto que no hemos sido en el sentido castizo de la palabra amigos, pero sí buenos compañeros, a los cuales les ha correspondido compartir momentos relevantes en nuestras vidas. Así, compartimos aulas universitarias, actividades de promoción política, y ante todo y la estelaridad del proceso constituyente el año 1999.
Nos une nuestra formación común socialcristiana. Ambos fuimos discípulos de Rafael Caldera (recuerdo el libro que escribiste sobre la DC, dedicado al maestro y estadista), y laboramos conjuntamente en la Organización Demócrata Cristiana de América. Bebimos en el humanismo cristiano, en las encíclicas sociales, en Maritain y Mounier, haciendo ambos lo posible por incorporar su espíritu a la Constitución bolivariana, siendo que para nosotros, los hombres y mujeres de formación socialcristiana, la política no tiene una legalidad independiente de la ética, muy por el contrario, la política debe guiarse en torno a fundamentos, contenidos y objetivos éticos. Por ende, ni el pragmatismo desasistido de doctrina, ni el oportunismo forman parte de nuestra visión de la política. Además, nos une nuestra vocación bolivariana, sobre lo cual, te lo confieso ahora, aprendí mucho de ti, pues sin mucho menos caer en las garras de los cultores de Bolívar, aprecié la valoración de su pensamiento vivo que tú diestramente sabías insuflar en discursos y escritos dedicados al Libertador.
El destino quiso que el proceso constituyente nos encontrara nuevamente juntos. Ambos fuimos tal vez los asesores más cercanos al Presidente Chávez en materia constitucional. Participamos protagónicamente en todas las fases del proceso, y asumimos junto a distinguidos compatriotas, bajo tu atinada dirección, la ardua tarea de redactar en la comisión constitucional el proyecto definitivo de Constitución, presentado para su sanción por la ANC y su aprobación definitiva, primera vez en nuestra historia, por el pueblo soberano en el referéndum convocado al efecto.
Firmé la Constitución y me retiré nuevamente al mundo universitario, con mucha frustración por lo que anteveía (los hechos posteriores me dieron la razón) como la entronización de un régimen que interpretaría arbitrariamente nuestra Ley Superior, poniéndola al servicio de sus objetivos autoritarios, reñidos con la axiología constitucional y en desmedro del postulado que considera a la Constitución por sobre todo como el escudo de nuestras sagradas libertades. Tu postura sobre el particular en estos tormentosos años no la he seguido en detalle, pero sí me constan, pues fueron públicas y notorias, tus actitudes críticas e independientes respecto al régimen, que te llevaron incluso a plantear vigorosamente, "la marcha sin retorno", como una acción decisiva de desobediencia civil para proteger la Constitución frente al uso y abuso despótico del poder, dedicado a pisotear los valores y principios por ella consagrados.
En suma, es en resumen el propósito de esta misiva, me extrañaron con desconcierto y desazón, para no decir repugnancia, tus últimas declaraciones, donde le ofreces un espaldarazo al régimen actual, por cierto atenazado por la mácula de la ilegitimidad, en abierta contradicción con tus posiciones precedentes, enfilando injustamente tus dardos contra la oposición democrática, esa que hoy valientemente defiende, resistiendo con gallardía la tenebrosa represión, los valores constitucionales. Tú, Hermann, conoces también como yo la realidad de un régimen reñido con la Constitución, con sus valores, principios e instituciones más preciados, pues muy por el contrario, y bajo la égida de la dictadura cubana, ha construido una "legalidad" para y anticonstitucional, una "legalidad" carente de legitimidad.
Creo, con Kant, en la conciencia moral del hombre. Su voz interior es terrible; cuando pretendemos huir de ella nos persigue como una sombra. Yo la tengo tranquila, deseo que tú la tengas también.
Afectuosamente, Ricardo.
Nota LB: Semana y pico atrás, Escarrá estuvo en televisión. Hicimos las tomas, pero - luego - nos desanimó comentarlo. Días después, aparece este artículo-misiva de Combellas. No nos satisfizo lo dicho por uno y por otro. Sin embargo, sosteniendo otras opiniones al rspecto, nos contentamos mientras tanto en apuntar el caso. Digamos que se trata, como lo hace todavía Chadderton, de quienes reclaman un discipulado - por lo demás - ortodoxo como socialcristianos, con la vista puesta en Rafael Caldera. Suficiente para la escuela ética ya invocada, aunque ella aparentemente no autorizaba la rebelión. Una de tres o las tres: hubo una oportunidad histórica, al emerger un liderazgo capaz de imponer un modelo; había que competir para influirlo frente al intento de otros modelos (como el marxista); y, como no había sido posible en COPEI o en Convergencia, luchar por conquistar las responsabilidades políticas antes negadas. Por añadidura, el sueño de todo constitucionalista - se dirá - es ser constituyente. Y así ocurrió lo que ocurrió: los más influyentes constitucionalistas de Chávez, quien demostró mayor "viveza" que sus "maestros". Es el retrato que también dejamos como hipótesis para trabajar más adelante no tanto aquél fenómeno de la constituyente que tampoco supo de la rebelión de los maestros, cuando era demasiado evidente la finalidad de reforzar al gobierno y parir un texto contradictorio y escasamente debatido, sino para perfilar la crisis misma de la Democracia Cristiana en Venezuela. Y de ella, uno y otro dan noticia.
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domingo, 23 de diciembre de 2012
UNA JUVENTUD PARA EL CAMBIO
De una juventud política (y postdata navideña)
Luis Barragán
Nostálgicos más por el futuro que por el pasado, suscribimos estas notas sobre una juventud política que hizo historia en Venezuela. Consagrada la fecha como el día definitivo de su fundación, un 24 de Diciembre de 1947 fue bautizada como Juventud Revolucionaria Copeyana por Luis Herrera Campíns, Rodolfo Cárdenas, Valmore Acevedo, Eduardo Tamayo y Rafael Alfonzo.
Fue tal la importancia, significación y magnitud de la movilización de las juventudes venezolanas, que paulatinamente los partidos las canalizaron en un abanico indispensable de especialización funcional, ahora francamente pulverizado. Fundamentalmente, canalizaron y desarrollaron el liderazgo estudiantil, probando y consolidando vocaciones, frecuentemente de cara a sus específicas, dramáticas como intransferibles circunstanciales, fallando únicamente cuando pretendían decretarlo.
Fueron varias las etapas de la juventud socialcristiana y muchos sus protagonistas, los cuales torpemente no logra atisbar la ridícula y desinformada nota de Wikipedia. Digamos, por una parte, la de su larga travesía durante la dictadura de Pérez Jiménez, hasta que se institucionalizó definitivamente a partir de 1958, marcando un extraordinario crecimiento cuantitativo y organizacional que derivó en una intensa y trascendente polémica ideológica, acumulando una hoy asombrosa fuerza electoral, hasta que se hizo manifestación de la crisis del partido y de los partidos; y, por otra, celebrando sus convenciones o asambleas, como las denominaban los estatutos, la militancia tuvo ocasión de elegir a sus secretarios generales o secretarios juveniles, como los fueron – en orden de sucesión - Hilarión Cardozo, Eduardo Fernández, Abdón Vivas Terán, José Ramón Solano, Julio César Moreno, Donald Ramírez, Agustín Berríos, César Pérez Vivas, Vladimir Petit y Gregorio Graterol, destacando las encargadurías de Alvaro Páez Pumar y Oswaldo Alvarez Paz, junto a centenares de dirigentes juveniles municipales, regionales y nacionales de innegables méritos.
Suele ocurrir en toda entidad seria, surgieron sendas tendencias por obra de los planteamientos ideológicos y estilos de conducción, en una cordial y respetuosa competencia en la que, por lo general, la trayectoria política era decisiva para la promoción dirigencial. Hubo continuidad y perfeccionamiento de generaciones y procedimientos, hasta de orden administrativo, como ahora no lo imaginan los jóvenes y adultos que creen inventar el agua tibia de la política ya contaminada por eso que se ha dado en llamar la antipolítica. Sin embargo, a pesar de las demoliciones de la última década, quedan algunas expresiones de una juventud rebelde y cristianamente comprometida.
Acotemos, la última convención de la juventud demócrata-cristiana se hizo en 1994, dándonos una pista segura de su crisis. Hay quienes desean hacerla el venidero año, pero – irremediable – urgen de un debate de absoluta franqueza , por lo pronto, para avizorar tres perspectivas.
De un lado, la necesarísima, atrevida e innovadora actualización ideológica de cara al consabido proyecto totalitario en curso. La pobreza político-cultural puede superarse gracias a una honestísima interrogación sobre la otra sociedad deseada que fuerce a la reflexión creadora, que ha de ser privilegiada antes de sumergirse en los esporádicos cursillos o talleres que pretenden adiestrar y decretar ese liderazgo huérfano de principios y valores, excepto los utilitarios: no hay un dirigente juvenil que tenga idea del reto doctrinario de estos tiempos.
De otro, sólo concedido por una fuerte convicción, el compromiso político real y realista, mas no ese vulgar pragmatismo de la viveza efímera del relacionista público, intrigante y arribista. Este momento exige un dirigente juvenil de coraje e imaginación, capaz de concitar – ante todo – un compromiso moral para la travesía de los días duros que vienen, dispuesto a encabezarla, y que nunca concederán los esporádicos, improvisados y necios talleres que convierten a la política en un mero fenómeno mercadotécnico.
Finalmente, el saberse en una dimensión intergeneracional. Quienes tuvimos responsabilidades dirigenciales en la JRC, lo comprendimos pronto, aunque es necesario precisar que es tan peligroso creerse generacionalmente autosuficientes, como rendir culto exclusivo y clientelar a los representantes de una generación anterior que tiene por única oferta facilitar y literalmente regalar aquellas responsabilidades que deben conquistarse por esfuerzo propio. Vale decir, aprendiendo a separar el trigo de la cizaña.
Hemos escrito en distintas ocasiones sobre la historia de la juventud socialcristiana en Venezuela, pero más interesa ahora – de salvarse – la que los muchachos puedan escribir siendo hijos de su tiempo. Condición ésta irrenunciable de tomar en serio el compromiso político e ideológico, recordando por siempre que hay mundo nuevos que crear.
Post-data
Una feliz Navidad y mejor año 2013. Difícil coyuntura la que tenemos por delante. No hay destino personal absolutamente divorciado del colectivo. De modo que no ha de ser un sálvese quien pueda.
Fotografías: Reseña de la protesta reprimida ante el refinanciamiento de la deuda externa, protagonizada el 26-F por la JRC, quizá la última gran manifestación de calle que propulsó. 2001, Caracas, 27/02/1986. Y escena de la histórica IV Asamblea Nacional de la JRC ´de 1965, en la que, formalizándose las tendencias, resultó electo Abdón Vivas Terán, secretario juvenil nacional, y Rubén Darío González, precoz dirigente de los trabajadores, en subsecretario, según la gráfica de Justo Molina (Momento, 1967).
miércoles, 25 de julio de 2012
LA MANO JUNTO AL MURO
EL PAÍS, Madrid, 25 de Julio de 2012
TRIBUNA
Un ilustrado del siglo XX
Sin Gregorio Peces-Barba se agrava el peso de la fatiga cívica que prende en el ánimo de tantos
José María Lassalle
La muerte de Gregorio Peces-Barba supone una pérdida irreparable que nos debilita a todos. Especialmente ahora, cuando España sufre y resiste con grandes sacrificios el cerco de una crisis despiadada, que hiere nuestra prosperidad, erosiona la concordia y socava la confianza en nosotros mismos como país. Perder un padre de la Constitución, un político propicio al diálogo y un universitario que nunca bajó la guardia apasionada del conocimiento, dañan profundamente el substrato simbólico que cimienta nuestra democracia desde la Transición.
Sin Gregorio Peces-Barba se agrava el peso de la fatiga cívica que prende en el ánimo de tantos. Lo hace porque, con su desaparición, nuestra sociedad se queda un poco más huérfana de referentes intelectuales y políticos desde los que afrontar con responsabilidad, sentido de Estado, moderación y sensatez la difícil coyuntura que nos toca vivir. No solo porque se apaga el testimonio vivo de uno de los protagonistas que hicieron posible la superación de la confrontación de las dos Españas, sino porque su fallecimiento contribuye al olvido progresivo de la voluntad de entendimiento generacional sobre la que se construyó la democracia del 78.
Nuestro país tiene por delante un escenario en el que no puede quebrarse la paz social ni prender la desesperanza frente al futuro. Hemos tenido éxito como país y tenemos que ser fieles a esta convicción. Mucho nos ha costado llegar hasta aquí como para que ahora se desdibuje nuestra insistencia en reconocernos como lo que somos: una gran nación que ha materializado, a partir de la Constitución, todos los anhelos colectivos que, desde las Cortes de Cádiz, quedaron pendientes de realizarse generación tras generación. De hecho, todos tenemos la obligación de contribuir día a día a que perduren el espíritu de conciliación, diálogo y respeto hacia el otro que hacen posible nuestra civilización democrática, ya que en la vivencia de estos valores nos sentimos todos como parte de un mismo proyecto.
Quizá el legado más querido por él sea la Universidad Carlos III de Madrid
Gregorio Peces-Barba creía en ello y siempre defendió estos principios. Más allá de las discrepancias, que nunca las ocultaba porque creía en la fortaleza crítica de la democracia y el pluralismo que la sustenta, defendió el valor ético intrínseco que nace del respeto a la Ley como expresión de la mayoría y a los derechos que amparan la dignidad de la persona, bien cuando actúa a título individual como colectivamente.
Su visión de la política se alimentaba de un fuerte componente ético de servicio público y defensa del interés general. En sus ideas se conciliaba la herencia de lo mejor del liberalismo y lo mejor del socialismo, a la manera de pensadores como Harold Lasky, Hans Kelsen o Julián Besteiro. De ahí que siempre exigiera a los políticos una épica cívica que fuera capaz de sobreponerse enérgicamente frente a las dificultades que impone la realidad y, de paso, ilusionar y concitar el espíritu de superación y progreso que debe impulsar a los pueblos cuando se enfrentan a retos en los que se forja su carácter e, incluso, se pone en cuestión su vocación democrática.
Tal es así que estoy seguro de que en estos difíciles momentos de zozobra colectiva por los que atraviesa España, asumiría a pies juntillas aquello que afirmaba Manuel Azaña en medio de la riada que se llevó por delante la II República: “Tener miedo es humano, y si usted me apura propio de hombres inteligentes. Pero es obligatorio dominarlo cuando hay deberes públicos que cumplir”.
Hijo del bando republicano represaliado por el franquismo, inició su carrera académica de la mano de Joaquín Ruiz-Jiménez con una tesis doctoral sobre Jacques Maritain y el personalismo. Vinculado tempranamente a Izquierda Democrática, soportó la hostilidad de la dictadura y se enfrentó a ella desde la práctica de la abogacía y su militancia clandestina en el PSOE. En tan difícil educación sentimental fraguó su personalidad de jurista que trató de conciliar la política y la academia. No siempre lo logró y algunos claroscuros y controversias provocó su intento de armonizar ambas vocaciones. Con todo, hay que reconocer en él su empeño por ser fiel, con mayor o menor fortuna, al intento de materializar aquel ideal de Justicia que tan plásticamente dibujó su admirado Ihering en la Lucha por el derecho. Pero de todas las facetas personales que acompañan su biografía la más importante fue, sin duda, la de universitario, tanto en el papel de docente como en el de investigador.
Su pasión más importante radica en el conocimiento, que interpretó bajo coordenadas ilustradas y dentro de un proyecto regeneracionista de hondas raíces krausistas
En realidad, su pasión más importante radica en el conocimiento, que interpretó bajo coordenadas ilustradas y dentro de un proyecto regeneracionista de hondas raíces krausistas. Sería prolija la enumeración de sus obras y las líneas de investigación que desarrolló durante su vida científica. Localizada sobre el estudio de los derechos humanos y la fundamentación ética de una teoría positivista de la justicia, ha aportado a la filosofía del derecho española una dimensión de extraordinario reconocimiento dentro y fuera de nuestras fronteras. Admirador de Kelsen, Bobbio y Dworkin, deja tras de sí una escuela de discípulos de primer nivel investigador que han continuado las inquietudes intelectuales de su maestro.
Fruto de su larga dedicación académica es la plasmación de la Universidad Carlos III de Madrid, como una universidad pública de calidad donde la excelencia en la docencia y la investigación han supuesto un auténtico revulsivo para la vida universitaria de nuestro país. Quizá su mayor legado, y el más querido por él, sea este. De hecho, quien desee palpar los anhelos intelectuales de Gregorio Peces-Barba debe asomarse a los campus universitarios de Getafe y Colmenarejo, donde el siempre anhelado equilibrio entre la política y la academia, que acompañó toda su vida, cobró por fin una forma definitiva al plasmar un espacio público en el que la pulsión del Sapere aude! kantiano que marcó su apetito de saber logró expresarse como un proyecto racional y ponderado de servicio público, que miles de universitarios españoles han hecho suyo.
Estoy seguro de que su ejemplo cívico prenderá en todos ellos, mientras muchos, desde la discrepancia, echaremos en falta sus críticas casi siempre bien fundadas. Ojalá que el diálogo fluido que este país necesita más que nunca al defender la cosa pública, no se resienta. No nos merecemos perder la fortaleza de nuestra unidad como pueblo. Y es que, como pensaba Gregorio Peces-Barba: la diferencia respetuosa y sincera nunca podrá debilitar la comunidad democrática si existe la voluntad de querer compartir un horizonte común de dignidad colectiva.
(*) José María Lassalle es secretario de Estado de Cultura.
DIARIO DE SEVILLA, 25 de Juio de 2012
hoja de ruta
Peces-Barba: la convivencia pacífica
Ignacio Martínez
Ha muerto Gregorio Peces-Barba, padre de la Constitución. Ya fallecieron antes que él Gabriel Cisneros en 2007, Jordi Solé Tura en 2009 y Manuel Fraga este año. Sólo quedan vivos tres de los siete redactores de la Carta Magna española de 1978, el gaditano Pérez-Llorca, Roca Junyent y Herrero de Miñón, los tres de la quinta del 40. La muerte de personalidades tan señaladas nos envejece y nos empobrece a todos. Catedrático de Filosofía del Derecho, Peces-Barba fue diputado en las tres primeras legislaturas y presidente del Congreso entre 1982 y 1986. Por cierto, prohibió fumar en el hemiciclo a pesar de ser un gran aficionado a los habanos.
Antes de ser congresista había sido fundador de Cuadernos para el Diálogo, con Joaquín Ruiz Giménez en cuyo partido Izquierda Democrática militó, para más tarde entrar en el PSOE. Después, fue el fundador de la Universidad Carlos III. Y entre 2005 y 2006 ejerció como Comisionado para la Atención a las Víctimas del Terrorismo, un puesto que le produjo sinsabores por la colisión con la militancia política de dirigentes de alguna asociación. Me asombra que aquellas reticencias se utilizasen ayer para denigrar su memoria en internet.
Somos muy considerados con los muertos en este país. Es una pena que no sepamos dar homenajes en vida, aunque Peces-Barba participó en 2005 en uno de esos raros eventos; el que se hizo por sorpresa a Santiago Carrillo en su 90 cumpleaños. Hace pocos meses mostró su enorme pesar por la muerte de Fraga a quien admiraba "por su cultura y decencia", cita textual. Una rara avis un español capaz de considerar a las personas por lo que valen y no por lo que piensan. En 2005 escribí de él -en vida- que parecía un sabio bueno, por su talante personal, por su capacidad intelectual y quizá también por su edad; entonces tenía 67 años. Su receta para la vida política española era sencilla: la convivencia pacífica.
Lo que no impedía practicar una franqueza que a veces molestaba. En octubre de 2011, en un congreso de abogados en Cádiz, hizo una broma desafortunada que levantó indignación en Cataluña. Se preguntó en voz alta sobre los intentos de secesión de Portugal y Cataluña en 1640, y se cuestionó si nos habría ido mejor con Portugal y sin Cataluña. Añadió que esta vez no sería necesario bombardear Barcelona. Alusión al general Espartero, que dijo en 1842 que para gobernar España había que bombardear Barcelona cada cincuenta años. Peces- Barba pidió disculpas sin éxito. Le dijeron de todo menos bonito.
Contrario al pacto fiscal que reclama Cataluña, aunque partidario de Carmen Chacón que lo pidió en las elecciones de 2008, me admitió en una entrevista que pudo ser un error recoger en la Constitución los privilegios fiscales de vascos y navarros. Todos tenemos contradicciones, pero pocos tanta grandeza como don Gregorio. Descanse en paz.
Nota LB:
Inicialmente, conocimos a GPB por el hallazgo casual en un puesto de viejos-libreros: la entrega de Cuadernos para el Diálogo (¿1972?) de su tesis doctoral (cum laude) sobre el pensamiento político y social de Jacques Maritain, pieza extraña y hasta desconocida en COPEI que nos permitió, además, orientar algunos cursos de formación cuando tuvimos responsabilidades en el área de la juventud socialcristiana. Luego, escuché hablar brevemente de él en una clase de Henrique Meyer, hasta que - más adelante - nos cautivó un artículo publicado en El Nacional de Caracas sobre el proceso judicial que sufrió Jesús (debido proceso, derecho a la defensa, etc.), y un texto sobre la teoría general de los derechos fundamentales que necesitamos urgentemente revisitar. Además, cuando llegaba a Caracas y, específicamente, a la Hemeroteca Nacional, algunos divulgados por la revista Claves de Razón Práctica.
Se impone, en definitiva, revisitar al demócrata-cristiano que se incorpora a Izquierda Democrática, yendo después al PSOE. Tránsito que no niega ese interés supremo por levantar una universidad pública como la Carlos III.
El estudioso que, colocando la mano junto más que en el muro, también supo meter la pata, jugando una broma pesada de las tantas que - se dice - hizo, merece la revisita. !Fotocopiadores del mundo, uniós!
La libertad con truco...
TRIBUNA
Un ilustrado del siglo XX
Sin Gregorio Peces-Barba se agrava el peso de la fatiga cívica que prende en el ánimo de tantos
José María Lassalle
La muerte de Gregorio Peces-Barba supone una pérdida irreparable que nos debilita a todos. Especialmente ahora, cuando España sufre y resiste con grandes sacrificios el cerco de una crisis despiadada, que hiere nuestra prosperidad, erosiona la concordia y socava la confianza en nosotros mismos como país. Perder un padre de la Constitución, un político propicio al diálogo y un universitario que nunca bajó la guardia apasionada del conocimiento, dañan profundamente el substrato simbólico que cimienta nuestra democracia desde la Transición.
Sin Gregorio Peces-Barba se agrava el peso de la fatiga cívica que prende en el ánimo de tantos. Lo hace porque, con su desaparición, nuestra sociedad se queda un poco más huérfana de referentes intelectuales y políticos desde los que afrontar con responsabilidad, sentido de Estado, moderación y sensatez la difícil coyuntura que nos toca vivir. No solo porque se apaga el testimonio vivo de uno de los protagonistas que hicieron posible la superación de la confrontación de las dos Españas, sino porque su fallecimiento contribuye al olvido progresivo de la voluntad de entendimiento generacional sobre la que se construyó la democracia del 78.
Nuestro país tiene por delante un escenario en el que no puede quebrarse la paz social ni prender la desesperanza frente al futuro. Hemos tenido éxito como país y tenemos que ser fieles a esta convicción. Mucho nos ha costado llegar hasta aquí como para que ahora se desdibuje nuestra insistencia en reconocernos como lo que somos: una gran nación que ha materializado, a partir de la Constitución, todos los anhelos colectivos que, desde las Cortes de Cádiz, quedaron pendientes de realizarse generación tras generación. De hecho, todos tenemos la obligación de contribuir día a día a que perduren el espíritu de conciliación, diálogo y respeto hacia el otro que hacen posible nuestra civilización democrática, ya que en la vivencia de estos valores nos sentimos todos como parte de un mismo proyecto.
Quizá el legado más querido por él sea la Universidad Carlos III de Madrid
Gregorio Peces-Barba creía en ello y siempre defendió estos principios. Más allá de las discrepancias, que nunca las ocultaba porque creía en la fortaleza crítica de la democracia y el pluralismo que la sustenta, defendió el valor ético intrínseco que nace del respeto a la Ley como expresión de la mayoría y a los derechos que amparan la dignidad de la persona, bien cuando actúa a título individual como colectivamente.
Su visión de la política se alimentaba de un fuerte componente ético de servicio público y defensa del interés general. En sus ideas se conciliaba la herencia de lo mejor del liberalismo y lo mejor del socialismo, a la manera de pensadores como Harold Lasky, Hans Kelsen o Julián Besteiro. De ahí que siempre exigiera a los políticos una épica cívica que fuera capaz de sobreponerse enérgicamente frente a las dificultades que impone la realidad y, de paso, ilusionar y concitar el espíritu de superación y progreso que debe impulsar a los pueblos cuando se enfrentan a retos en los que se forja su carácter e, incluso, se pone en cuestión su vocación democrática.
Tal es así que estoy seguro de que en estos difíciles momentos de zozobra colectiva por los que atraviesa España, asumiría a pies juntillas aquello que afirmaba Manuel Azaña en medio de la riada que se llevó por delante la II República: “Tener miedo es humano, y si usted me apura propio de hombres inteligentes. Pero es obligatorio dominarlo cuando hay deberes públicos que cumplir”.
Hijo del bando republicano represaliado por el franquismo, inició su carrera académica de la mano de Joaquín Ruiz-Jiménez con una tesis doctoral sobre Jacques Maritain y el personalismo. Vinculado tempranamente a Izquierda Democrática, soportó la hostilidad de la dictadura y se enfrentó a ella desde la práctica de la abogacía y su militancia clandestina en el PSOE. En tan difícil educación sentimental fraguó su personalidad de jurista que trató de conciliar la política y la academia. No siempre lo logró y algunos claroscuros y controversias provocó su intento de armonizar ambas vocaciones. Con todo, hay que reconocer en él su empeño por ser fiel, con mayor o menor fortuna, al intento de materializar aquel ideal de Justicia que tan plásticamente dibujó su admirado Ihering en la Lucha por el derecho. Pero de todas las facetas personales que acompañan su biografía la más importante fue, sin duda, la de universitario, tanto en el papel de docente como en el de investigador.
Su pasión más importante radica en el conocimiento, que interpretó bajo coordenadas ilustradas y dentro de un proyecto regeneracionista de hondas raíces krausistas
En realidad, su pasión más importante radica en el conocimiento, que interpretó bajo coordenadas ilustradas y dentro de un proyecto regeneracionista de hondas raíces krausistas. Sería prolija la enumeración de sus obras y las líneas de investigación que desarrolló durante su vida científica. Localizada sobre el estudio de los derechos humanos y la fundamentación ética de una teoría positivista de la justicia, ha aportado a la filosofía del derecho española una dimensión de extraordinario reconocimiento dentro y fuera de nuestras fronteras. Admirador de Kelsen, Bobbio y Dworkin, deja tras de sí una escuela de discípulos de primer nivel investigador que han continuado las inquietudes intelectuales de su maestro.
Fruto de su larga dedicación académica es la plasmación de la Universidad Carlos III de Madrid, como una universidad pública de calidad donde la excelencia en la docencia y la investigación han supuesto un auténtico revulsivo para la vida universitaria de nuestro país. Quizá su mayor legado, y el más querido por él, sea este. De hecho, quien desee palpar los anhelos intelectuales de Gregorio Peces-Barba debe asomarse a los campus universitarios de Getafe y Colmenarejo, donde el siempre anhelado equilibrio entre la política y la academia, que acompañó toda su vida, cobró por fin una forma definitiva al plasmar un espacio público en el que la pulsión del Sapere aude! kantiano que marcó su apetito de saber logró expresarse como un proyecto racional y ponderado de servicio público, que miles de universitarios españoles han hecho suyo.
Estoy seguro de que su ejemplo cívico prenderá en todos ellos, mientras muchos, desde la discrepancia, echaremos en falta sus críticas casi siempre bien fundadas. Ojalá que el diálogo fluido que este país necesita más que nunca al defender la cosa pública, no se resienta. No nos merecemos perder la fortaleza de nuestra unidad como pueblo. Y es que, como pensaba Gregorio Peces-Barba: la diferencia respetuosa y sincera nunca podrá debilitar la comunidad democrática si existe la voluntad de querer compartir un horizonte común de dignidad colectiva.
(*) José María Lassalle es secretario de Estado de Cultura.
DIARIO DE SEVILLA, 25 de Juio de 2012
hoja de ruta
Peces-Barba: la convivencia pacífica
Ignacio Martínez
Ha muerto Gregorio Peces-Barba, padre de la Constitución. Ya fallecieron antes que él Gabriel Cisneros en 2007, Jordi Solé Tura en 2009 y Manuel Fraga este año. Sólo quedan vivos tres de los siete redactores de la Carta Magna española de 1978, el gaditano Pérez-Llorca, Roca Junyent y Herrero de Miñón, los tres de la quinta del 40. La muerte de personalidades tan señaladas nos envejece y nos empobrece a todos. Catedrático de Filosofía del Derecho, Peces-Barba fue diputado en las tres primeras legislaturas y presidente del Congreso entre 1982 y 1986. Por cierto, prohibió fumar en el hemiciclo a pesar de ser un gran aficionado a los habanos.
Antes de ser congresista había sido fundador de Cuadernos para el Diálogo, con Joaquín Ruiz Giménez en cuyo partido Izquierda Democrática militó, para más tarde entrar en el PSOE. Después, fue el fundador de la Universidad Carlos III. Y entre 2005 y 2006 ejerció como Comisionado para la Atención a las Víctimas del Terrorismo, un puesto que le produjo sinsabores por la colisión con la militancia política de dirigentes de alguna asociación. Me asombra que aquellas reticencias se utilizasen ayer para denigrar su memoria en internet.
Somos muy considerados con los muertos en este país. Es una pena que no sepamos dar homenajes en vida, aunque Peces-Barba participó en 2005 en uno de esos raros eventos; el que se hizo por sorpresa a Santiago Carrillo en su 90 cumpleaños. Hace pocos meses mostró su enorme pesar por la muerte de Fraga a quien admiraba "por su cultura y decencia", cita textual. Una rara avis un español capaz de considerar a las personas por lo que valen y no por lo que piensan. En 2005 escribí de él -en vida- que parecía un sabio bueno, por su talante personal, por su capacidad intelectual y quizá también por su edad; entonces tenía 67 años. Su receta para la vida política española era sencilla: la convivencia pacífica.
Lo que no impedía practicar una franqueza que a veces molestaba. En octubre de 2011, en un congreso de abogados en Cádiz, hizo una broma desafortunada que levantó indignación en Cataluña. Se preguntó en voz alta sobre los intentos de secesión de Portugal y Cataluña en 1640, y se cuestionó si nos habría ido mejor con Portugal y sin Cataluña. Añadió que esta vez no sería necesario bombardear Barcelona. Alusión al general Espartero, que dijo en 1842 que para gobernar España había que bombardear Barcelona cada cincuenta años. Peces- Barba pidió disculpas sin éxito. Le dijeron de todo menos bonito.
Contrario al pacto fiscal que reclama Cataluña, aunque partidario de Carmen Chacón que lo pidió en las elecciones de 2008, me admitió en una entrevista que pudo ser un error recoger en la Constitución los privilegios fiscales de vascos y navarros. Todos tenemos contradicciones, pero pocos tanta grandeza como don Gregorio. Descanse en paz.
Nota LB:
Inicialmente, conocimos a GPB por el hallazgo casual en un puesto de viejos-libreros: la entrega de Cuadernos para el Diálogo (¿1972?) de su tesis doctoral (cum laude) sobre el pensamiento político y social de Jacques Maritain, pieza extraña y hasta desconocida en COPEI que nos permitió, además, orientar algunos cursos de formación cuando tuvimos responsabilidades en el área de la juventud socialcristiana. Luego, escuché hablar brevemente de él en una clase de Henrique Meyer, hasta que - más adelante - nos cautivó un artículo publicado en El Nacional de Caracas sobre el proceso judicial que sufrió Jesús (debido proceso, derecho a la defensa, etc.), y un texto sobre la teoría general de los derechos fundamentales que necesitamos urgentemente revisitar. Además, cuando llegaba a Caracas y, específicamente, a la Hemeroteca Nacional, algunos divulgados por la revista Claves de Razón Práctica.
Se impone, en definitiva, revisitar al demócrata-cristiano que se incorpora a Izquierda Democrática, yendo después al PSOE. Tránsito que no niega ese interés supremo por levantar una universidad pública como la Carlos III.
El estudioso que, colocando la mano junto más que en el muro, también supo meter la pata, jugando una broma pesada de las tantas que - se dice - hizo, merece la revisita. !Fotocopiadores del mundo, uniós!
lunes, 2 de julio de 2012
FICCIÓN DE NORMALIDAD
EL NACIONAL - MIÉRCOLES 9 DE FEBRERO DE 2000 / OPINION
Esguince y fracturación
Luis Barragán
"Querer vivir a cualquier precio es aceptar un
día vivir al precio de las razones de vivir.
Solo existimos definitivamente desde el momento
en que nos hemos constituido un cuadro interior
de valores y de abnegaciones contra el cual,
sabemos, ni siquiera prevalecerá la amenaza de la muerte"
Emmanuel Mounier
En los últimos lustros, el advenimiento de los comicios para renovar los órganos del poder público sirvió como el mejor pretexto para diferir, contener o aplacar las diferencias internas de las organizaciones partidistas. La urgencia y la prontitud, no siempre coincidentes, constituían los argumentos esencialmente esgrimidos en esa generosa interpretación de las previsiones estatutarias que soportaban los más sorprendentes cálculos para la dilación.
Ahora, se dirá, sobran los motivos, pues se trata del novedoso, incontenible y aún enigmático desafío de las elecciones inaugurales de otro ciclo republicano, por lo que es necesario esquivar u obviar toda disonancia, en el mejor de los casos remendarla, para salvaguardar la unidad y el vigor de la organización. Vale decir: nada ha sucedido realmente en los últimos tiempos e, incólume el entusiasmo y la emoción de la membresía, o siendo la única fórmula secreta capaz de mantenerla en sus niveles históricos, no vale la pena asumir el riesgo del autocuestionamiento.
Mediante secuencias nada inéditas, la actual dirigencia acciondemocratista proclama el (siempre) supremo interés de renovación que sólo debe esperar la realización de las (mega) elecciones para sorprender, a propios y extraños, con un salto gatopardiano de buena estirpe. La socialcristiana, deudora de un evento que las bases reclaman desde la crisis existencial que abrió sus cauces en diciembre de 1998, ofrece un testimonio semejante.
Digamos que se trata de una ficción de normalidad, ensayada al interior de la organización en el constante intento de una rutina justificada en sí misma. El partido socialcristiano, cuya vocación histórica y carácter ideológico debemos reivindicar, sustentando los valores y las abnegaciones de una adhesión esperanzada, ha de volver a la realidad y ello pasa, inevitablemente, por la renuncia de su actual cuadro directivo, con la inmediata aprobación del proyecto de reforma estatutaria originalmente planteado por la comisión que presidió Carlos Moros Ghersi.
Una tardanza en la convocatoria de las convenciones nacional, regional y local, con la directa selección por las bases de quienes conducirán a la organización en tan difíciles circunstancias, tenderá a consolidar los vicios estructurales de un populismo que penetró todos los rincones el partido, inmovilizándolo hasta hacer de la participación otra consigna de ocasión. Esto nos remite a la ejecución de tareas más trascendentales que los afanes de reubicación burocrática, dibujados casi como el único fundamento doctrinario de los que, incluso, llegan a concebir a la organización como una franquiciadora, capaz de darle al mejor postor un puesto en las boletas electorales.
Reactivar la discusión ideológica, encontrándonos en una etapa que dice privilegiar la construcción de una distinta legitimidad; reinstitucionalizar las instancias y posiciones del partido, asegurando una reinserción social honesta, fluida y transparente que, por una parte, responda a los retos de la eficacia y de la efectividad que irremediablemente surgen, y, por otra, acepte que la política no es un fenómeno exclusivamente estatal; procesar y agregar las ideas y el idealismo, las iniciativas e intereses de una diversidad irreprimible; actualizarnos gracias a la genuina rebeldía ética de las más recientes generaciones, sin dar paso a las deplorables versiones de un oportunismo inescrupuloso. Apenas, los enunciados del otro itinerario histórico a cumplir, evitando que el esguince se convierta en una definitiva fracturación política.
La democracia cristiana venezolana tiene un camino que andar. No son los atajos los que nos seducen, sino una larga travesía que despierte la emoción y la imaginación, capitalizada la voluntad popular para realizar el proyecto histórico pendiente.
Luisbarragan@hotmail.com
Esguince y fracturación
Luis Barragán
"Querer vivir a cualquier precio es aceptar un
día vivir al precio de las razones de vivir.
Solo existimos definitivamente desde el momento
en que nos hemos constituido un cuadro interior
de valores y de abnegaciones contra el cual,
sabemos, ni siquiera prevalecerá la amenaza de la muerte"
Emmanuel Mounier
En los últimos lustros, el advenimiento de los comicios para renovar los órganos del poder público sirvió como el mejor pretexto para diferir, contener o aplacar las diferencias internas de las organizaciones partidistas. La urgencia y la prontitud, no siempre coincidentes, constituían los argumentos esencialmente esgrimidos en esa generosa interpretación de las previsiones estatutarias que soportaban los más sorprendentes cálculos para la dilación.
Ahora, se dirá, sobran los motivos, pues se trata del novedoso, incontenible y aún enigmático desafío de las elecciones inaugurales de otro ciclo republicano, por lo que es necesario esquivar u obviar toda disonancia, en el mejor de los casos remendarla, para salvaguardar la unidad y el vigor de la organización. Vale decir: nada ha sucedido realmente en los últimos tiempos e, incólume el entusiasmo y la emoción de la membresía, o siendo la única fórmula secreta capaz de mantenerla en sus niveles históricos, no vale la pena asumir el riesgo del autocuestionamiento.
Mediante secuencias nada inéditas, la actual dirigencia acciondemocratista proclama el (siempre) supremo interés de renovación que sólo debe esperar la realización de las (mega) elecciones para sorprender, a propios y extraños, con un salto gatopardiano de buena estirpe. La socialcristiana, deudora de un evento que las bases reclaman desde la crisis existencial que abrió sus cauces en diciembre de 1998, ofrece un testimonio semejante.
Digamos que se trata de una ficción de normalidad, ensayada al interior de la organización en el constante intento de una rutina justificada en sí misma. El partido socialcristiano, cuya vocación histórica y carácter ideológico debemos reivindicar, sustentando los valores y las abnegaciones de una adhesión esperanzada, ha de volver a la realidad y ello pasa, inevitablemente, por la renuncia de su actual cuadro directivo, con la inmediata aprobación del proyecto de reforma estatutaria originalmente planteado por la comisión que presidió Carlos Moros Ghersi.
Una tardanza en la convocatoria de las convenciones nacional, regional y local, con la directa selección por las bases de quienes conducirán a la organización en tan difíciles circunstancias, tenderá a consolidar los vicios estructurales de un populismo que penetró todos los rincones el partido, inmovilizándolo hasta hacer de la participación otra consigna de ocasión. Esto nos remite a la ejecución de tareas más trascendentales que los afanes de reubicación burocrática, dibujados casi como el único fundamento doctrinario de los que, incluso, llegan a concebir a la organización como una franquiciadora, capaz de darle al mejor postor un puesto en las boletas electorales.
Reactivar la discusión ideológica, encontrándonos en una etapa que dice privilegiar la construcción de una distinta legitimidad; reinstitucionalizar las instancias y posiciones del partido, asegurando una reinserción social honesta, fluida y transparente que, por una parte, responda a los retos de la eficacia y de la efectividad que irremediablemente surgen, y, por otra, acepte que la política no es un fenómeno exclusivamente estatal; procesar y agregar las ideas y el idealismo, las iniciativas e intereses de una diversidad irreprimible; actualizarnos gracias a la genuina rebeldía ética de las más recientes generaciones, sin dar paso a las deplorables versiones de un oportunismo inescrupuloso. Apenas, los enunciados del otro itinerario histórico a cumplir, evitando que el esguince se convierta en una definitiva fracturación política.
La democracia cristiana venezolana tiene un camino que andar. No son los atajos los que nos seducen, sino una larga travesía que despierte la emoción y la imaginación, capitalizada la voluntad popular para realizar el proyecto histórico pendiente.
Luisbarragan@hotmail.com
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Luis Barragán
miércoles, 4 de abril de 2012
CAZA DE CITAS

"Lo que debe imponerse es un equilibrio entre el poder del Estado - que nunca habrá de subestimarse - y la potencialidad de la sociedad civil, asentada en los principios participativos, comunitarios, culturales y morales, para obtener buenos dirigentes con acusada sensibilidad social"
Lino Rodríguez Arias-Bustamente
("Comunitarismo, americanismo y derecho. Hacia una clase media universal", Livros, Caracas, 1998: 154)
Ilustración: Rute Santos, "Cheia de luz"
martes, 4 de enero de 2011
terra nostra


LR21 - Domingo, 09 de septiembre, 2001 - AÑO 12 - Nro.585
ENTREVISTA A FONDO - MARIA DEL CARMEN ORTIZ TERRA
"Juan Pablo (Terra) fue más de una vez un hereje"
"Aquella juventud de 1971 era mucho más comprometida" Fuimos a recorrer la vida del arquitecto Juan Pablo Terra, al cumplirse diez años de su fallecimiento, y nos encontramos con una mujer impactante, con un madre de ocho hijos y abuela de quince nietos, que sabe de lo qué habla. Nos referimos a María del Carmen Ortiz, esposa del mayor pensador de la Democracia Cristiana uruguaya, a quien entrevistamos en el estudio de 1410 AM LIBRE. Lo que sigue es apenas un resumen de lo conversado con María del Carmen y, de alguna manera también, con Juan Pablo.
Profesora María del Carmen Ortiz: "En 1962 votamos a Zelmar Michelini".
RAUL LEGNANI
--Juan Pablo Terra estuvo en la Unión Cívica, ¿usted también?
--Yo votaba a la Unión Cívica, pero nunca estuve afiliada.
--La imagen que yo tengo de la Unión Cívica es de gente muy brillante desde el punto de vista intelectual, pero a la vez siendo un grupo muy católico.
--Sí, muy católicos. Pero había posiciones muy distintas, porque entre Dardo Regules, Tomás Brenna, Chiarino y Venancio Flores existían diferencias muy grandes. La base era la doctrina social de la Iglesia, donde cada generación la fue adaptando a las circunstancias del momento. Los cristianos creemos en el Cristo histórico. Un Cristo que existió, pero además...
--Un Cristo que se construye.
--Exactamente. La comunidad cristiana es la presencia de ese Cristo en la Tierra. Al llevar a la práctica eso en situaciones políticas, sociales o morales, es donde suelen estar los problemas (se ríe) y las discrepancias.
--Me han dicho que en la Unión Cívica las reuniones se comenzaban rezando, ¿es así?
--Sí, sí. Había un crucifijo en la sala del Consejo, que cuando lo sacaron dio lugar a muchas discusiones.
--¿Por qué?
--Fue cuando trataron de construir un partido menos confesionario. Es que la Unión Cívica nació en momentos de enfrentamientos muy fuertes. Por un lado había un anticlericalismo y quizás una Iglesia que se afirmaba demasiado en algunas situaciones del siglo pasado (se refiere al siglo XIX). Defendiéndose de ese anticlericalismo la Unión Cívica creció, por ejemplo enfrentando la sacada de los crucifijos de los hospitales, aquello que dio lugar a aquel artículo tan lindo de Rodó.
Era un partido con un corte muy clerical. Cuando se transformó en Partido Demócrata Cristiano fue para dar lugar a un partido más abierto, que pudiera poner en práctica los valores sociales de la Iglesia para todos y no sólo para los católicos.
--¿Terra fue casi un hereje para la Unión Cívica?
--Más de una vez fue un hereje (se ríe).
--¿Qué recuerda?
--Recuerdo una convención muy dura que fue al principio de la revolución cubana. Para mí en ese momento Juan Pablo tuvo una posición muy clara, incluso cuando murió hubo una corona de la embajada de Cuba. Fue una muestra de que los cubanos habían entendido mucho más a Juan Pablo que otros de acá, que lo consideraban anticubano. También hubo otros que lo consideraron pro cubano. Fue un tema que en ese momento se debatía en blanco o negro. O se estaba con Fidel y se aceptaba que mandara presa gente, que incluso la torturaran, que persiguiera ideológicamente, que no pudiera venderse nada más que literatura marxista, o se estaba contra Fidel y entonces contra toda la obra positiva en la salud, en la enseñanza, en el campo de la reforma agraria y la revolución misma que había derrocado a Batista.
--Terra no duda con la revolución cubana, ¿se define enseguida?
--Se define enseguida y escribe algunos artículos, lo que provoca que mucha gente lo consideraba un defensor en todo de la revolución cubana. Cuando condenó prisiones, incluso las matanzas, también los otros lo consideraban anticubano. En ese momento es hereje para los dos lados.
--La Democracia Cristiana se forma en 1962, pero en los primeros años Juan Pablo Terra queda aparte, solo.
--Hay una convención en que le gritan a Juan Pablo y a otros "¡Váyanse a Cuba, comunistas!" En 1962 votamos a Zelmar Michelini, que presentó lista propia. Pero vuelve después, en 1964, cuando se producen cambios en la Democracia Cristiana.
--Volviendo a la Unión Cívica, ¿cómo se llamó la corriente que lideró Terra?
--Fue el Movimiento Socialcristiano, de donde surgió --lo digo con un lenguaje un poco obsoleto-- el ala izquierda de la Democracia Cristiana. Luego vinieron los Equipos del Bien Común, que fueron otra cosa distinta.
--¿Eso fue en 1947?
--Justamente, fue inspirado en el pensamiento del dominico Levert, que fue un hombre que abrió camino en la sociología empírica. Juan Pablo, junto con otros, decidió seguir la línea del pensamiento de Levert que propone, desde el punto de vista sociológico, conocer primero la realidad, para después buscar las soluciones. También escribe trabajos muy valiosos sobre las formas de investigar la realidad social. Su idea era ir de una economía menos humana a una economía más humana. Es el humanismo entendido no sólo en lo personal, como pudieron haber sido muchos humanistas, sino en el valor del hombre y de todos los hombres.
--Entiendo que Levert cuando convoca a priorizar el estudio de la realidad pone a los sectores de la Iglesia Católica de cara a la realidad.
--Levert, que tenía una larga formación, sale a luz en la posguerra, en medio de una Francia que se estaba reconstruyendo y eso lo hace hombro a hombro con los marxistas. Por mucho tiempo Levert fue mirado como un personaje difícil.
--También hereje...
--Vino al Uruguay algunas veces, pero después ya no pudo venir porque a las autoridades de la Iglesia de aquel momento no les provocaba ninguna simpatía. Pero cuando cambia el pontificado, Pablo VI lo llama para escribir la Populorum Progressio. Fue su gran asesor. Con Juan Pablo tuvimos el privilegio de tener una entrevista privada con Pablo VI, lo primero que le preguntó fue si era alumno de Levert, "que fue mi colaborador en la Popularum Progressio", una de las grandes encíclicas sociales cristianas.
--¿Con esa encíclica cambia la historia de la Iglesia?
--Con Juan XXIII cambia la historia y Pablo VI es su continuador.
--Creo que estamos ante la confluencia de muchas cosas: Juan Pablo Terra conoce a Levert, se produce la revolución cubana, Juan XXIII comienza a cambiar la Iglesia. Por esos años aparece la obra de Terra, "Mística, desarrollo y revolución".
--La escribió en las vacaciones de 1969, cuando la situación del país ya era muy difícil y él era diputado. Creo que es el libro más importante de Juan Pablo y que hoy la juventud lo sigue leyendo.
--¿Dónde pasaron esas vacaciones trabajando?
--Fue en un campo que tenía mi suegra en Paysandú, pero nunca más de 15 días. Así que el libro lo escribió entre el campo y en casa, trabajando de noche.
--¿También influyó mucho en Terra, monseñor Carlos Partelli?
--Claro, Partelli era el obispo de Tacuarembó y Rivera, que en esos años lanza la pastoral que versa sobre la reforma agraria y que fue muy atacada. Pero que Juan Pablo defendió en la Cámara.
Partelli fue un hombre muy acompasado a los cambios positivos de la Iglesia, muy respetuoso de todo aquello que en el laico podía hacer su interpretación libre, según su conciencia. No fue un hombre que trata de disciplinar a la gente más allá de lo que Cristo quiso disciplinarla. El trato con Partelli fue frecuente.
--Lo interesante es que Terra impone cambios no sólo en las ideas filosóficas y políticas, sino también en la arquitectura. Incluso construye una Iglesia en la calle Millán, entre Cisplatina y Lucas Obes, donde la idea de comunidad aparece en el manejo de los espacios.
--Sí, es así. El altar está muy centrado y los bancos rodean ese altar. La comunidad cristiana, que es la Iglesia, que es asamblea, rodea al celebrante.
--Antes de Juan XXIII la misa se daba de espaldas a la gente...
--Sí, de espaldas al público. Después del concilio se hace de frente y se abandona el latín para hacerlo, en nuestro caso, en español. Esa Iglesia es muy linda, lástima que no se terminó nunca.
--Juan XXIII vincula a la Iglesia con los sectores más humildes, y también por primera vez un Papa no llama a los creyentes a no votar a los marxistas. ¿Es así?
--Juan XXIII cambió totalmente a la Iglesia respecto a "legislar" en cuestiones temporales, terreno en que si uno mira la historia de la Iglesia hay grandes aciertos pero también grandes errores. Un sacerdote dijo una vez que la gran verdad de la Iglesia, que estaba inspirada en el Espíritu Santo, era que hubiera sobrevivido pese a los terribles errores históricos que había cometido.
--Cuando Aldo Moro es muerto por las Brigadas Rojas en Italia, Juan Pablo Terra promueve una misa. ¿Vivíamos en dictadura?
--Sí, fue en la Iglesia de los Capuchinos. Aldo Moro fue el que formuló el "Compromiso histórico" para Italia, que implicaba la alianza de los católicos con los comunistas. Fue una propuesta de centro-izquierda.
Juan Pablo era amigo de Moro y le dolió mucho su muerte. En 1988, a los diez años de muerto Aldo Moro, hubo una semana de homenajes en la Alta Academia Aldo Moro, donde Juan Pablo expuso un tema. Yo lo acompañé y ahí conocí a Inés y a dos de sus hijos que estaban allí.
--Si seguimos en esta construcción histórica llegamos a que en 1968 Terra lanza la idea de un encuentro de las fuerzas progresistas...
--Era la época de las Medidas de Seguridad reiteradas, de prisiones políticas. En el Parlamento se daba un encuentro de legisladores de distintos partidos, que estaban de acuerdo con enfrentar aquellas medidas. Y Juan Pablo opinaba que había que unir a todos, en una acción política conjunta. En ese momento coincidía con una cantidad de gente, entre otros con el Partido Comunista, con los socialistas que no estaban el Parlamento, con Michelini, Batalla, pero también con la doctora Alba Roballo y con el doctor Amílcar Vasconcellos. La idea era hacer un frente único.
--Esto le da un perfil distinto a la Democracia Cristiana.
--Y no sólo a la Democracia Cristiana, sino a la unidad de las izquierdas. Por algo se votó en 1971 bajo el lema Democracia Cristiana, porque la aparición de los cristianos ahí sacaba, para mucha gente, el estigma del marxismo. Y esto permitió que se concretara en una forma política viable.
--Creo que Terra dijo alguna vez, me lo han dicho militantes cristianos, que Rodney Arismendi era un caballero en materia política.
--Sí. La Democracia Cristiana, el Partido Comunista y Michelini fueron los tres pilares de la unidad de las izquierdas. Primero se forma el Frente del Pueblo con Michelini y Juan Pablo, después se lanza el Frente Amplio con el general Líber Seregni que tuvo un carisma muy especial. Fue un acierto enorme elegirlo a él y que él aceptara.
--Luego los años previos al golpe de Estado y Terra también es actor principal.
--Fueron años muy duros. Las denuncias sobre el Escuadrón de la Muerte implicaron amenazas de muerte. El último caso fue la de Fernández Mendieta. Un muchacho que lo llevaron a las 9 de la mañana y a las 2 de la tarde lo entregan con el cajón cerrado y orden de no abrirlo. Juan Pablo fue, hizo abrir el cajón, consiguió un médico, se sacaron las fotos del cadáver y así se demostró que había sido horriblemente torturado. Le escribió una carta a Chappe Pose sobre las denuncias, que provocó que el ministro de Defensa se ofendiera. Cuando lo llamaron al Senado dijo que no iba hasta que Juan Pablo no se disculpara porque no le había escrito a él. En ese momento Juan Pablo se tuvo que ir a Yugoslavia e Italia, donde lo sorprendió la noticia del golpe de Estado.
Pero Juan Pablo volvió enseguida. A los pocos días sufrió la primera prisión, cuando cayó la Mesa del Frente. La más larga fue de un mes y medio, cuando fue degradado Seregni, cuando aún se editaba Aquí. Juan Pablo escribió bajo el título El caso Dreyfus, un militar francés que había sido degradado y preso a fines del siglo XIX, para referirse a Seregni. No lo tocaron nunca, aunque en un plantón se desmayó, yo creo que porque estaba muy nervioso porque tenía encima una carta de Seregni. Por suerte no lo revisaron y después, cuando fue al baño, se deshizo de la carta.
--Hoy, ¿estamos como sociedad más cerca o más lejos de los sueños de Juan Pablo Terra?
--Yo creo que estamos mucho más lejos. Hoy se está educando a los jóvenes, a través de los medios, en torno a los valores del éxito y de lo personal. Y en el disfrute del momento. Tengo la sensación de que aquella juventud de 1971 era mucho más comprometida políticamente, mucho más interesada. *
Fuente:
http://www.larepublica.com.uy/politica/55442-juan-pablo-terra-fue-mas-de-una-vez-un-hereje
NOTA LB:
En el transcurro de la remoción e intento de reordenamiento de los libros en casa, hallamos dos de los tres tomos de las "Obras" de Terra ¿quién carrizo tendrá el tercero?). Los problemas de su natal Uruguay, la universidad, el desafío ideológico, la respuesta al marxismo, entre otros, ocupan el interés de quien fue un líder político de proyección continental y militante demócrata-cristiano. Por lo pronto, deseamos observar que eran tiempos de reflexión para una dirigencia política que !escribía!, a la vez de actuar en las más difícil circunstancias. Huelgan los comentarios.
Cfr. http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Pablo_Terra
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