jueves, 28 de marzo de 2013
NOTICIERO RETROSPECTIVO
- S/a. "Los Obispos de Venezuela pidieron a Roma permiso para usar el castellano". El Nacional, 02/09/54.
- Pbro. J. M. Parent. "Unificación de las Iglesias cristianas". El Nacional, 09/12/65.
- Esteban Salazar Chapela. "Unificación de las Iglesias cristianas". El Nacional, 22/10/57.
- Pedro Trigo Dura. "El cristianismo popular en la nueva novela latinoamericana". SIC, Caracas, nr. 354 de 04/73.
Fotografía: El Nacional, Caracas, 06/09/52.
sábado, 15 de diciembre de 2012
CAZA DE CITAS
Gregorio Peces-Barba
("Pensamiento social y político de Maritain", Cuadernos para el Diálogo, Madrid, 1972: 236)
miércoles, 25 de julio de 2012
LA MANO JUNTO AL MURO
TRIBUNA
Un ilustrado del siglo XX
Sin Gregorio Peces-Barba se agrava el peso de la fatiga cívica que prende en el ánimo de tantos
José María Lassalle
La muerte de Gregorio Peces-Barba supone una pérdida irreparable que nos debilita a todos. Especialmente ahora, cuando España sufre y resiste con grandes sacrificios el cerco de una crisis despiadada, que hiere nuestra prosperidad, erosiona la concordia y socava la confianza en nosotros mismos como país. Perder un padre de la Constitución, un político propicio al diálogo y un universitario que nunca bajó la guardia apasionada del conocimiento, dañan profundamente el substrato simbólico que cimienta nuestra democracia desde la Transición.
Sin Gregorio Peces-Barba se agrava el peso de la fatiga cívica que prende en el ánimo de tantos. Lo hace porque, con su desaparición, nuestra sociedad se queda un poco más huérfana de referentes intelectuales y políticos desde los que afrontar con responsabilidad, sentido de Estado, moderación y sensatez la difícil coyuntura que nos toca vivir. No solo porque se apaga el testimonio vivo de uno de los protagonistas que hicieron posible la superación de la confrontación de las dos Españas, sino porque su fallecimiento contribuye al olvido progresivo de la voluntad de entendimiento generacional sobre la que se construyó la democracia del 78.
Nuestro país tiene por delante un escenario en el que no puede quebrarse la paz social ni prender la desesperanza frente al futuro. Hemos tenido éxito como país y tenemos que ser fieles a esta convicción. Mucho nos ha costado llegar hasta aquí como para que ahora se desdibuje nuestra insistencia en reconocernos como lo que somos: una gran nación que ha materializado, a partir de la Constitución, todos los anhelos colectivos que, desde las Cortes de Cádiz, quedaron pendientes de realizarse generación tras generación. De hecho, todos tenemos la obligación de contribuir día a día a que perduren el espíritu de conciliación, diálogo y respeto hacia el otro que hacen posible nuestra civilización democrática, ya que en la vivencia de estos valores nos sentimos todos como parte de un mismo proyecto.
Quizá el legado más querido por él sea la Universidad Carlos III de Madrid
Gregorio Peces-Barba creía en ello y siempre defendió estos principios. Más allá de las discrepancias, que nunca las ocultaba porque creía en la fortaleza crítica de la democracia y el pluralismo que la sustenta, defendió el valor ético intrínseco que nace del respeto a la Ley como expresión de la mayoría y a los derechos que amparan la dignidad de la persona, bien cuando actúa a título individual como colectivamente.
Su visión de la política se alimentaba de un fuerte componente ético de servicio público y defensa del interés general. En sus ideas se conciliaba la herencia de lo mejor del liberalismo y lo mejor del socialismo, a la manera de pensadores como Harold Lasky, Hans Kelsen o Julián Besteiro. De ahí que siempre exigiera a los políticos una épica cívica que fuera capaz de sobreponerse enérgicamente frente a las dificultades que impone la realidad y, de paso, ilusionar y concitar el espíritu de superación y progreso que debe impulsar a los pueblos cuando se enfrentan a retos en los que se forja su carácter e, incluso, se pone en cuestión su vocación democrática.
Tal es así que estoy seguro de que en estos difíciles momentos de zozobra colectiva por los que atraviesa España, asumiría a pies juntillas aquello que afirmaba Manuel Azaña en medio de la riada que se llevó por delante la II República: “Tener miedo es humano, y si usted me apura propio de hombres inteligentes. Pero es obligatorio dominarlo cuando hay deberes públicos que cumplir”.
Hijo del bando republicano represaliado por el franquismo, inició su carrera académica de la mano de Joaquín Ruiz-Jiménez con una tesis doctoral sobre Jacques Maritain y el personalismo. Vinculado tempranamente a Izquierda Democrática, soportó la hostilidad de la dictadura y se enfrentó a ella desde la práctica de la abogacía y su militancia clandestina en el PSOE. En tan difícil educación sentimental fraguó su personalidad de jurista que trató de conciliar la política y la academia. No siempre lo logró y algunos claroscuros y controversias provocó su intento de armonizar ambas vocaciones. Con todo, hay que reconocer en él su empeño por ser fiel, con mayor o menor fortuna, al intento de materializar aquel ideal de Justicia que tan plásticamente dibujó su admirado Ihering en la Lucha por el derecho. Pero de todas las facetas personales que acompañan su biografía la más importante fue, sin duda, la de universitario, tanto en el papel de docente como en el de investigador.
Su pasión más importante radica en el conocimiento, que interpretó bajo coordenadas ilustradas y dentro de un proyecto regeneracionista de hondas raíces krausistas
En realidad, su pasión más importante radica en el conocimiento, que interpretó bajo coordenadas ilustradas y dentro de un proyecto regeneracionista de hondas raíces krausistas. Sería prolija la enumeración de sus obras y las líneas de investigación que desarrolló durante su vida científica. Localizada sobre el estudio de los derechos humanos y la fundamentación ética de una teoría positivista de la justicia, ha aportado a la filosofía del derecho española una dimensión de extraordinario reconocimiento dentro y fuera de nuestras fronteras. Admirador de Kelsen, Bobbio y Dworkin, deja tras de sí una escuela de discípulos de primer nivel investigador que han continuado las inquietudes intelectuales de su maestro.
Fruto de su larga dedicación académica es la plasmación de la Universidad Carlos III de Madrid, como una universidad pública de calidad donde la excelencia en la docencia y la investigación han supuesto un auténtico revulsivo para la vida universitaria de nuestro país. Quizá su mayor legado, y el más querido por él, sea este. De hecho, quien desee palpar los anhelos intelectuales de Gregorio Peces-Barba debe asomarse a los campus universitarios de Getafe y Colmenarejo, donde el siempre anhelado equilibrio entre la política y la academia, que acompañó toda su vida, cobró por fin una forma definitiva al plasmar un espacio público en el que la pulsión del Sapere aude! kantiano que marcó su apetito de saber logró expresarse como un proyecto racional y ponderado de servicio público, que miles de universitarios españoles han hecho suyo.
Estoy seguro de que su ejemplo cívico prenderá en todos ellos, mientras muchos, desde la discrepancia, echaremos en falta sus críticas casi siempre bien fundadas. Ojalá que el diálogo fluido que este país necesita más que nunca al defender la cosa pública, no se resienta. No nos merecemos perder la fortaleza de nuestra unidad como pueblo. Y es que, como pensaba Gregorio Peces-Barba: la diferencia respetuosa y sincera nunca podrá debilitar la comunidad democrática si existe la voluntad de querer compartir un horizonte común de dignidad colectiva.
(*) José María Lassalle es secretario de Estado de Cultura.
DIARIO DE SEVILLA, 25 de Juio de 2012
hoja de ruta
Peces-Barba: la convivencia pacífica
Ignacio Martínez
Ha muerto Gregorio Peces-Barba, padre de la Constitución. Ya fallecieron antes que él Gabriel Cisneros en 2007, Jordi Solé Tura en 2009 y Manuel Fraga este año. Sólo quedan vivos tres de los siete redactores de la Carta Magna española de 1978, el gaditano Pérez-Llorca, Roca Junyent y Herrero de Miñón, los tres de la quinta del 40. La muerte de personalidades tan señaladas nos envejece y nos empobrece a todos. Catedrático de Filosofía del Derecho, Peces-Barba fue diputado en las tres primeras legislaturas y presidente del Congreso entre 1982 y 1986. Por cierto, prohibió fumar en el hemiciclo a pesar de ser un gran aficionado a los habanos.
Antes de ser congresista había sido fundador de Cuadernos para el Diálogo, con Joaquín Ruiz Giménez en cuyo partido Izquierda Democrática militó, para más tarde entrar en el PSOE. Después, fue el fundador de la Universidad Carlos III. Y entre 2005 y 2006 ejerció como Comisionado para la Atención a las Víctimas del Terrorismo, un puesto que le produjo sinsabores por la colisión con la militancia política de dirigentes de alguna asociación. Me asombra que aquellas reticencias se utilizasen ayer para denigrar su memoria en internet.
Somos muy considerados con los muertos en este país. Es una pena que no sepamos dar homenajes en vida, aunque Peces-Barba participó en 2005 en uno de esos raros eventos; el que se hizo por sorpresa a Santiago Carrillo en su 90 cumpleaños. Hace pocos meses mostró su enorme pesar por la muerte de Fraga a quien admiraba "por su cultura y decencia", cita textual. Una rara avis un español capaz de considerar a las personas por lo que valen y no por lo que piensan. En 2005 escribí de él -en vida- que parecía un sabio bueno, por su talante personal, por su capacidad intelectual y quizá también por su edad; entonces tenía 67 años. Su receta para la vida política española era sencilla: la convivencia pacífica.
Lo que no impedía practicar una franqueza que a veces molestaba. En octubre de 2011, en un congreso de abogados en Cádiz, hizo una broma desafortunada que levantó indignación en Cataluña. Se preguntó en voz alta sobre los intentos de secesión de Portugal y Cataluña en 1640, y se cuestionó si nos habría ido mejor con Portugal y sin Cataluña. Añadió que esta vez no sería necesario bombardear Barcelona. Alusión al general Espartero, que dijo en 1842 que para gobernar España había que bombardear Barcelona cada cincuenta años. Peces- Barba pidió disculpas sin éxito. Le dijeron de todo menos bonito.
Contrario al pacto fiscal que reclama Cataluña, aunque partidario de Carmen Chacón que lo pidió en las elecciones de 2008, me admitió en una entrevista que pudo ser un error recoger en la Constitución los privilegios fiscales de vascos y navarros. Todos tenemos contradicciones, pero pocos tanta grandeza como don Gregorio. Descanse en paz.
Nota LB:
Inicialmente, conocimos a GPB por el hallazgo casual en un puesto de viejos-libreros: la entrega de Cuadernos para el Diálogo (¿1972?) de su tesis doctoral (cum laude) sobre el pensamiento político y social de Jacques Maritain, pieza extraña y hasta desconocida en COPEI que nos permitió, además, orientar algunos cursos de formación cuando tuvimos responsabilidades en el área de la juventud socialcristiana. Luego, escuché hablar brevemente de él en una clase de Henrique Meyer, hasta que - más adelante - nos cautivó un artículo publicado en El Nacional de Caracas sobre el proceso judicial que sufrió Jesús (debido proceso, derecho a la defensa, etc.), y un texto sobre la teoría general de los derechos fundamentales que necesitamos urgentemente revisitar. Además, cuando llegaba a Caracas y, específicamente, a la Hemeroteca Nacional, algunos divulgados por la revista Claves de Razón Práctica.
Se impone, en definitiva, revisitar al demócrata-cristiano que se incorpora a Izquierda Democrática, yendo después al PSOE. Tránsito que no niega ese interés supremo por levantar una universidad pública como la Carlos III.
El estudioso que, colocando la mano junto más que en el muro, también supo meter la pata, jugando una broma pesada de las tantas que - se dice - hizo, merece la revisita. !Fotocopiadores del mundo, uniós!
sábado, 31 de marzo de 2012
CAZA DE CITAS

"Moral y razón plenamente entendidas son los dos pilares de la democracia, y cuando ambas o una de ellas son desconocidas, aquélla pierde su sentido".
Gregorio Peces-Barba
("Pensamiento social y político de Maritain", Cuadernos para el Diálogo, Madrid, 1972: 236)
Ilustración: Nacho Frades, "Experiment".
viernes, 26 de agosto de 2011
CAZA DE CITAS
"El fin de la sociedad política es el bien común, constituido fundamentalmente por los elementos de justicia, de libertad y de amistad cívica que permiten el desarrollo integral de la persona humana. El orden es un factor necesario, pero axiológicamente subordinado, en el bien común".
Gregorio Peces-Barba
("Persona, sociedad, Estado. Pensamiento social y político de Maritain", EDICUSA, Madrid, 1972: 294).
Ilustración: Henry Ossawa Tanner Miraculous Haul of Fishes
domingo, 10 de abril de 2011
ASUNTOS DE UNA INTERMINABLE CONSTRUCCIÓN
EL PAÍS, Madrid, 10 de Abril de 2011
TRIBUNA:
La laicidad, objetivo de la democracia en España
GREGORIO PECES-BARBA
En el siglo XXI es un signo de la cultura política y jurídica pulsar, sobre todo desde partidos de izquierdas o de centro izquierda, el proceso de secularización, cuya última meta es la laicidad, entendida como una situación pacífica y generalmente aceptada por la sociedad.
Los Gobiernos de Zapatero han contemporizado demasiado con los peores usos clericales. La exigencia deriva de las líneas que van identificando y señalando las perspectivas de desarrollo de la modernidad y que arrancan de la ruptura de la unidad religiosa con la aparición en el siglo XVI de los protestantismos, con la secularización de la política desde Maquiavelo y de la moral desde Pufendorf y Tomasio en el siglo XVII. En la misma línea se desmonta por Hugo Grocio el Derecho Natural clásico, subordinado a la teología, al afirmar que existiría aunque Dios no existiera y que lo descubrimos por la razón aplicada a la naturaleza humana. Todos son caminos que nos conducen a un mundo moderno secularizado donde Dios todavía no es puesto en cuestión pero que queda como el relojero que ha construido el aparato del mundo, que funciona por sí mismo. Solo la Iglesia católica se mantiene en la línea de la tradición que arranca de las concepciones aristotélico-tomistas del mundo y de la vida. El sólido mecanismo ético de la salvación que necesita de los dos pilares inseparables de la gracia que se produce por el sacrificio de Cristo en la Cruz y de la libertad, que necesita de las obras humanas, sigue siendo el suyo, pero es un dualismo que quiebra a partir del tránsito a la modernidad.
Las éticas modernas serán las del protestantismo y las del humanismo laico. Las primeras son éticas solo de la gracia y la segunda solo de la libertad. Por un capricho de la historia, ambas, tan alejadas teóricamente, coincidirán en la práctica en la fase del trabajo mundanal y en el fondo secularizado. Los protestantes se salvan porque están predestinados y los humanistas laicos prescinden progresivamente de la divinidad. Así ambos se proyectarán en la sociedad y en la realización de proyectos seculares y buscarán para ello una ética secularizadora, en la que podrán coincidir, sin necesidad del apoyo ni de Dios ni de las Iglesias. La ética individual, la que conduce a cada uno a la virtud, al bien, a la felicidad o a la salvación, sea religiosa o laica, queda al margen de la construcción social y de los fines de la política y del Derecho, puede tener una extensión social pero no es elemento relevante para la formación de los mecanismos de decisión que orientarán el desarrollo de las sociedades modernas.
Con esta perspectiva, las ideas de participación, de consentimiento, de derechos humanos, de Constitución y de Democracia, se situarán en las perspectivas de la secularización y de la laicidad e irán formando una ética propia que ya no es la privada, sino la ética de las instituciones de los procedimientos, de los valores, de los principios y de los derechos, la ética de los ciudadanos como tales, que bebe de esas tradiciones morales, protestantes y del humanismo laico, que arrastran tradiciones libertinas, ilustradas, positivistas, científicas, darwinistas y republicanas. La escuela y las instituciones públicas son el ámbito donde se desarrolla, desde el respeto a la libertad de conciencia, la supremacía de la razón. La III República francesa fue ámbito donde esa ideología se fraguó y cristalizó, con autores como Gambetta, Ferry, Barthou, Waldeck- Rousseau, entre otros. Ese espíritu laico, es hoy el de Europa coexistiendo con una Iglesia católica que vuelve por sus fueros y por su prepotencia desde Juan Pablo II hasta el Papa actual.
España ha sido una de las grandes perjudicadas del clericalismo, y lo ha sufrido en sus carnes antes del franquismo, durante el franquismo y con la democracia, cuando todavía hay demasiada contemporización con los peores usos clericales. Hay muchos aspectos pendientes y el gobierno de Rodríguez Zapatero consiente demasiado pensando que es una buena fórmula ¡Craso error!. En cuanto se les presenta la ocasión, como en estas elecciones autonómicas, dicen que no se puede votar a partidos que apoyan el divorcio, el aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Todavía hay tiempo y pido al PSOE y a su Gobierno que se decidan a tomar medidas que se sitúen claramente en la línea debida. Al menos dos medidas, derogación de los acuerdos con la Santa Sede y supresión de la enseñanza reglada de la religión deben ser tomadas. ¡Todavía se puede hacer!
No podemos ser tan ingenuos como para pensar que la inacción por nuestra parte va a ser respondida con la neutralidad y el juego limpio. Eso solo ocurrió con Juan XXIII y con Pablo VI. Después las cosas volvieron a su cauce tradicional y la deslealtad a las autoridades civiles volvió a ser la regla. Son partidarios de todo lo que representa Doña Esperanza y no se puede esperar nada. Cuanto más se les consiente y se les soporta, peor responden. Solo entienden del palo y de la separación de los campos. Un Estado libre y una Iglesia libre, cada uno en su ámbito y sin que puedan tener ningún ámbito exento, ni ningún privilegio. Pactar con ellos desde la buena fe es estar seguro de que se aprovecharán todo lo que puedan.
(*) Gregorio Peces-Barba Martínez es fundador y exrector de la Universidad Carlos III de Madrid


