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sábado, 18 de agosto de 2018

TRIGO Y CIZAÑA

La curtiembre
Nicomedes Febres

* Si ustedes notan, verán que nunca ando en eso de rasgarme las vestiduras por la detención y tortura de nuestros jóvenes luchadores por la libertad y no es que no me preocupen ni me duela sus detenciones y eventuales torturas, eso me irrita como al que más. Lo que pasa es que la cárcel, el destierro y la lucha clandestina son la forja de las grandes generaciones del país. Y esos tres infortunios son parte del menú de avatares a los que debe enfrentarse un político de verdad. Mientras ustedes, al igual que sus familiares, están dominados por el dolor y la preocupación, a mí me domina la esperanza y el deseo de seguir luchando con más ímpetu por la libertad de Venezuela. Es por esos jóvenes que debemos ser disciplinados y seguir luchando porque ellos son la única esperanza de la patria. Estos presos y desterrados jóvenes se están curtiendo, se están formando en la adversidad como se deben formar los verdaderos líderes políticos y es en la adversidad como se diferencian a los cargadores de maletín y jala bolas profesionales de los políticos de verdad. La decadencia de la cuarta república tuvo como una de sus causas el no forjar a sus jóvenes dirigentes en la dificultad, es más, pocos se forjaron en la lucha contra la subversión castro comunista, y lo digo porque fui testigo de eso. Si me refiero a los exilados, me refiero a ellos solos y no a la gente que no sintió un futuro personal próspero en Venezuela, o cree que vivirá mejor fuera, pero se consideran exilados políticos, que no lo son. Mucha gente más comprometida con el cambio en Venezuela está aquí echándole gónadas a la lucha y asumiendo riesgos y no está pensando en emigrar. Ellos si son luchadores y no emigrantes, que no es criticable, pero es distinto. Lamento si alguien se siente descalificado, que no lo intento, porque solo defiendo el heroísmo de muchachos como los Requesens, porque las medallas al mérito non son tampoco tantas como para aparecer rutinariamente en todos los pasaportes. Esas detenciones me hacen ver con mucho optimismo el futuro, porque además en el gobierno no se forjan los políticos sino los hijos de papá chavista, esos que se la pasan rumbeando y gastando los reales robados por los padres. Contra ellos también debemos proceder mañana, pese a las pendejadas que digan los pacifistas y come flores. Revisen nuestra historia, acaso los hijos biológicos del gomecismo le echaron bolas a defender su gestión? Acaso los hijos del perezjimenismo desarrollaron la defensa de esa brillante gestión administrativa?
 Acaso los herederos y beneficiarios de la cuarta república están por allí en la arena de la lucha? Estos que están surgiendo son los nuevos líderes y no tienen estigmas del pasado y esa es la dura y dolorosa verdad de nuestra historia republicana que siempre se repite. Mañana les aseguro que los hijos del cogollo chavista tomarán las de Villadiego y ni les interesará el tema Venezuela mientras gastan a manos llenas el dinero robado por sus padres. Y estos han sido los gobernantes más corruptos, criminales y ladrones de nuestra Historia. El futuro es propiedad de los Requesens, los Vechio, los Guevara, los Smolanski, los Goicoechea y de los miles de nuestros jóvenes luchadores por la democracia y la libertad. Les aseguro que los ricardito sánchez y los william ojeda o los bolichicos son la excepción y por eso son inolvidables e imperdonables. Pero ya está bueno que los ricarditos y los william ojedas se vayan liso de nuestra historia republicana después de tanta ignominia. El mejor homenaje a nuestros héroes es nuestra disciplina, dejando de lado las peleas pequeñas, las observaciones impertinentes, porque ellos son el futuro de la patria y ese futuro nunca debe ser puesto en peligro con minucias como las nuestras. Solo la unidad y la generosidad espiritual salvan. Recuerden siempre al Conde de Montecristo: Confiar, luchar y esperar. Y Montecristo triunfó y exterminó a sus enemigos.

Fuente:
https://www.facebook.com/nicfebres?hc_ref=ART2cdSPQCrDi20EA4SWld9BR8Hha_yyYm2r0XnUJqSZA-DpgHpVEPzds9tGe52LDd0&fref=nf

domingo, 25 de febrero de 2018

FRENTE A LA JUVENTUD FASHIONADA

De las juventudes políticas
Luis Barragán

Desconfiando de las tesis generacionales en boga, más cercanas al fashion que a las realidades, por dramáticas que fuesen, preferimos acercarnos al papel histórico, antihistórico y ahistórico que pueden desempeñar. Evidentemente, éstos refieren a los que todavía profesan una absurda e insalvable devoción hacia la presente dictadura, contentándoles algunas prebendas que le puedan arrancar, o los que, simplemente, a pesar de las evidencias,  le dan – temerosos – la espalda al país, esperando por apenas  una prebenda: los unos, conformes, repiten hasta la saciedad las consignas, mientras que, los otros, indiferentes,  aprenden a roer sus frustraciones.

La juventud histórica, hija de su tiempo, responde con ideales, sueños y aspiraciones, afrontando la realidad, por amarga que sea, en una búsqueda incesante del compromiso definitivo para doblegarla y encausarla. Social y políticamente expresada, ha plenado las calles con un coraje admirable en procura de las libertades perdidas y, aunque pueden convertirse en referentes para el desarrollo de una vocación, no saben ni les interesa, a veces con justificado desprecio, los partidos que, al fin y al cabo, articulan convicciones, creencias, intereses e iniciativas.

Sentimos que no hay una debida correspondencia entre unas y otras juventudes, levantada una absurda muralla por las partidistas o, mejor, acusando recibo de la crisis todavía insuficientemente advertida de la institucionalidad partidista en Venezuela, están contestes con la debacle. Sobre todo, cuando las organizaciones que tan vehemente reclaman democracia hacia afuera, negándola hacia adentro, se prefieren reducidas y reservadas para una eventual ocasión de poder, por supuesto, excluyente; o reptando en una relación primaria de simpatía, sus integrantes más o menos noveles, apuestan por un selfie con la dirigencia adulta del partido, en lugar de ganarse un espacio propio e independiente.

Siendo tan relativa la noción cultural de la juventud, reñida frecuentemente con la realidad biológica, los hay que se creen absolutamente benjamines, al lado de los que presumen de una madurez insoportable en el predio de los partidos que asignan roles, posiciones y prestigios que no se compadecen con la representatividad del ostentoso líder en ciernes. Siendo el terreno natural, muchas veces no entendemos cómo hay connotados dirigentes del partidos que, antihistórica o ahistóricamente, incluso, poco o nada hacen por diligenciar alguna solución para  la universidad en crisis en la que cursan estudios, no representan siquiera a sus compañeros de aula, no plantean la más modesta preocupación sobre la suerte de muchísima gente que les pide algo más que una frase preelaborada.
Nos tienta la reminiscencia de las décadas que, además, no vivimos, cuando una poderosa insurgencia juvenil le dio nombradía a los partidos de adscripción, siempre a contracorriente para garantizarles – así -  el porvenir o algo del porvenir que efectivamente tuvieron. Pensamos ahora en la muchachada que compartió las vicisitudes de la calle y, ahora, en contradicción con las cúpulas, deben elegir entre la historia que les exige un compromiso vital y de rebeldía, o  la antihistoria y  ahistoria misma que,  presuntamente liberándolos de responsabilidades, les ofrece las muy pocas oportunidades del personal aprovechamiento de la coyuntura.

12/02/2018:
Fotografía:

martes, 5 de septiembre de 2017

BEMOLES

Visitar a Teodoro
Nicomedes Febres Luces

* Cuando tenía 16 o 17 años nos tocó combatir políticamente a la juventud de AD transformada en el MIR, con mi amigo Américo Martín a la cabeza y con la juventud del partido comunista. Eran los años 1960. Todos ellos eran (Teodoro, Freddy Muñoz, el gordo Rodríguez Rausseo, Juvencio y otros) tres lustros mayores que nosotros los que pugnábamos por la democracia, y pese al apoyo desleal del rector Bianco, la competencia era bastante pareja; pero sin embargo debo reconocer que uno se deleitaba con la habilidad oratoria de gente como Teodoro, Freddy o Zanonni, para citar tres. La democracia entonces bregaba con Hilarión Cardozo como el dirigente juvenil más fogueado y gente brillante como Abdón Vivas Terán y Joaquín Marta Sosa por citar dos. Con el tiempo la juventud comunista, con Teodoro al frente, abandonó el pensamiento marxista leninista y se decantó por la democracia, y me estoy refiriendo a más de 20 años antes de la caída del Muro de Berlín, a lo que contribuyó un libro titulado “Checoeslovaquia, el Socialismo como problema” escrito por Teodoro, quien era ya una leyenda internacional. Ese libro hirió profundamente a esa praxis política y se puede considerar un libro pionero sobre la desaparición del comunismo por lo que su autor fue excomulgado y anatematizado por los soviéticos. Luego él y Pompeyo fundaron el MAS y esa ya es historia reciente. Teodoro siempre ha sido un gran dirigente político, respetado y admirado intelectualmente, incluso por aquellos que lo adversamos duro y de verdad antes, y luego fuimos sus amigos. Además era admirado y envidiado por las fuerzas represivas en aquellos años de lucha por su coraje ilimitado, cuyas escapadas de prisión se hicieron legendarias. Teodoro más que un dirigente comunista se transformó en un ícono de su generación y si no fuese por su desapego al poder y su falta de sectarismo político quizás hubiese llegado más lejos, pero aun así, llegó a donde ningún otro dirigente socialista ha llegado en la admiración de sus conciudadanos. Cuando Teodoro se dedicó al periodismo, espacio que creo que disfrutó mucho más que la política por su densidad intelectual, la política entonces perdió un gran político pero el periodismo ganó un gran periodista. Todavía queda por allí gente de derecha torpe que duda del apego a la democracia por parte de Teodoro, lo cual más que un desatino es una imbecilidad que solo muestra la ignorancia de quién lo comenta o cree, pero Teodoro no aclara episodios de su pasado porque, con razón, él no le da explicaciones a pendejos. Incluso recibió críticas por su colaboración con el segundo gobierno del doctor Caldera, motivo por el que escribió un libro de alta factura llamado “Por qué hago lo que hago”, justificando su posición. Luego advirtió contra el difunto, lo combatió, lo enfrentó y solo recibió infamias y golpes bajos como fue la presión oficial para su salida como director del vespertino El Mundo de la Cadena Capriles. Aprovecho para reiterar mi admiración, mi afecto y solidaridad con Teodoro luego de haber sido visitado en su hogar por unos insectos armados que no valen ni el rocío de Plagatox para espantarlos, pero eso sucede en estos años de infamia nacional donde las gallinas quieren no cantar, sino cacarear como los gallos y por eso allanan a enfermos de 85 años y acosan a mujeres embarazadas. Y hablan de amor, que ratas.

Fuente:
https://www.facebook.com/nicfebres/posts/10213287767209459

Xiomara, una historia corriente
Nicomedes Febres

 * La asesinada por el chavismo en Catia cuando nuestro plebiscito se llamaba Xiomara Scott y era una enfermera auxiliar artrítica de 60 años jubilada desde hacía dos años. Como habitante de Catia fue a firmar en el plebiscito ejerciendo su derecho al disenso político. No tenía hijos por razones de salud, pero la noticia informa que era una tía muy cariñosa con los sobrinos con los cuales vivía. No la conocí, pero he conocido a lo largo de mi vida en los hospitales a muchas Xiomaras, mujeres sencillas con estudios limitados a sus posibilidades económicas, seguramente muy precarias desde su nacimiento. Son mujeres que ingresan jóvenes en la carrera hospitalaria, a veces vienen del ascenso, luego de sus breves estudios, de la posición de camarera de hospital. Es una vida dura, muy dura, con dos trabajos paralelos, uno matutino de 7 am a 1 pm y otro nocturno de 7pm a 7am de la mañana en noches alternas. Acaso, van a su casa en la tarde a cocinar, planchar, arreglar la cama de los muchachos, verlos y dormir un poco, quizás dos o tres horas. Lo hacen por un salario mensual miserable que sumados ambos sueldos, sigue siendo miserable. Acaso un romance pasajero con un médico de origen humilde o con un compañero de trabajo y que se quedó en promesa incumplida. Almorzando a diario en el infecto comedor del hospital, una sopa aguada en donde con suerte nada un pedazo de lagarto y un trozo de auyama, una pasta con queso blanco rallado sugerido, un cambur y un pedazo de pan. Lo que Xiomara no sabe es que los dueños del comedor son los dirigentes sindicales, y no el portugués que lo atiende, y que se quedan con el grueso del pago del hospital. Eso es todo y si alguien le cede otro cambur, toda gozosa, Xiomara lo guarda para la merienda y así y todo va engordando por la dieta farinácea. Con los años se van diluyendo los sueños, primero del príncipe azul, luego de la belleza que nunca tuvo, después de los hijos que no llegaron porque el sexo era muy irregular o los prejuicios de ser madre soltera pesaban mucho, y en el fondo no estaba segura. Un mal día comienza la primera crisis de los dolores articulares, a cuyos síntomas iniciales no les dio importancia, cuando el dolor no cede al Atamel empieza a solicitar reposo médico, primero en un trabajo, alternado después con el otro y luego en los dos comenzando así su vida de reposera. Su única distracción son las novelas de la tele y los romances que allí terminan bien, porque las novelas rosa en Venezuela, además de ser una cátedra de filosofía existencial, también generan fantasías y reducen por vía del romance a los conflictos sociales en muchas situaciones.
Los otros entretenimientos son la lotería que nunca llega, salvo un día con dos quinticos, con los cuales dio la cuota inicial de la nevera nueva, amén del san, una institución financiera informal con la cual muchas de nuestras trabajadoras resuelven sus regalos de navidad o las vacaciones de la familia en una pensión barata en Margarita de donde se traen una ropita para ver si vendiéndola recuperan el dinero gastado en el viaje. A todas las Xiomaras de Venezuela el difunto les vendió, con la ayuda de la televisión, una novela rosa en la vida real y hoy están despertando en esta pesadilla donde ellas mismas nos metieron a todos con su voto. Ahora es importante que todas las Xiomaras se vuelvan a enamorar, pero esta vez del lado correcto de la Historia, para que no las manipulen y les dejen la mayor cantidad de beneficios. Para facilitar un nuevo enamoramiento de las Xiomaras es que debemos ser prudentes en el decir y el actuar porque todo radicalismo perjudica. No creo que el asesinato de Xiomara fue orden de maduro, pero con esa muerte el gran perjudicado fue maduro, y si así sucedió con ese asesinato, también sucede de nuestro lado con las ofensas hacia la gente que hay que enamorar.

*En la foto Xiomara herida de muerte junto a una amiga herida. Gracias maduro por tu revolución bonita. Llueve y escampa

Fuente:
https://www.facebook.com/nicfebres/posts/10213296314503136

sábado, 28 de enero de 2017

UNA NOTA PERSONAL

Del afecto generacional
Luis Barragán


Frecuentemente cotizada en nuestra historia republicana, la tesis generacional todavía es una tentación para explicar sus cursos más accidentados o promisorios. Grosso modo, en ciclos aproximadamente de treinta años, los coetáneos más que los contemporáneos,  aportan una distinta visión común del mundo, cumplimentando sendas etapas de decadencia, preparación e innovación, al detonar un evento que marca época  . No obstante, existen serios reparos a la tesis.

Frente a José Ortega y Gasset, su más firme y decidido impulsor, las generaciones no suelen ser tan uniformes o compactas como las desea, al sustentarse en un común planteamiento o visión, responder a un estridente acontecimiento e, incluso, coincidir exactamente en edades biológicas o ciclos históricos. Lo que hagan o dejen de hacer solamente se aprecia y valora en una larga perspectiva histórica, pues, agreguemos,  la generación venezolana más exitosa y preanunciada, como la de 1928, contó con líderes  como Betancourt, Villalba u Otero Silva que tanto la escribió, pero también con Uslar Pietri, Suárez Flamerich o Silva Tellería de evidentes   convicciones e itinerarios discrepantes; o, curiosamente, dando origen al socialcristianismo, la de 1936 no ha debido existir, según el cálculo ortegueano que un buen día entusiasmó a José Giocopini Zárraga o a José Rodriguez Iturbe..

Igualmente, es cierto, existen indicios serios y eficaces del fenómeno generacional, aunque – por sí mismo – no tenga la suficiente energía y  - diríamos - hasta suerte de consumarse, porque la de 1958 estuvo largamente “predestinada”. Por ello, en un ya viejo ensayo, Mario Torrealba Lossi versa sobre las promociones generacionales que, al coincidir en determinadas condiciones epocales, tendencias y conductas, además, añadimos, las une un gran afecto personal que se empina por encima de sus momentáneas desavenencias en el campo político, académico, artístico, deportivo, etc.

Disculpándonos por el tono personal de la nota, días atrás coincidimos varios amigos – un poco más acá o más allá de la cincuentena de edad -  desde los tiempos del bachillerato o de la universidad, cuya inicial experiencia fue la de compartir una semejante escuela política, vicisitudes y vivencias múltiples, o – en definitiva – una perspectiva del mundo y de las cosas que, por encima de muchas circunstancias, nos lleva al afecto. Bastó, en un momento, que pusieran por fondo el himno de la otrora juventud demócrata-cristiana (“Juventud Victoriosa”) para remitirnos a la emoción irrenunciable que generó el ideario, reencontrarnos con la precisión de un afecto que ha sobrevivido, y celebrar nuestra propia existencia e identidad, a pesar de los diferentes caminos que hemos tomado, extrañando a los ausentes que siempre llegan al alma.

Sara Lizarraga promovió y cumplió con un magnífico reencuentro que le agradecemos, pero es natural que meditemos por un instante sobre la suerte histórica que nos tocó: el régimen fraudulento que alguna vez encandiló al país, se llevó por el medio a las promociones generacionales de los ’80 y ’90 que, mejor preparadas, le hubiesen dado una distinta conducción. Y en ellas, aún tenemos una reserva moral y política extraordinaria para un futuro cercano, pues, buena parte de sus integrantes se mantuvo y mantiene firme en sus convicciones contra el régimen, los caracteriza una importante experiencia y poseen la necesaria madurez para afrontar las dificultades también muy avecinadas, luego de pagar un injusto precio histórico: excepto el que suscribe, tienen el talento indispensable para una generosa transición democrática.

30/01/2017:
http://opinionynoticias.com/opinionnacional/28853-barragan
http://www.entornointeligente.com/articulo/9566432/VENEZUELA-Del-afecto-generacional-30012017

sábado, 21 de enero de 2017

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- S/f. "4 líderes juveniles, 4 ideales, 4 problemas". Élite, Caracas, nr. 1706 del 07/06/1958.
- Martín de Ugalde. "Problemas de Venezuela No hay 70.000 desempleados en Caracas". Élite, nr. 1444 del 06/06/53.
- Armando Coll y el minimalismo. El Nacional, Caracas,08/03/93.
- Gustavo Luis Carrera. "Signos para un estudio:  Novela venezolana, burguesía y masas populares". Crítica contemporánea, Caracas, nr. 5 de mayo.junio de 1961.

Reproducción: "LOS MARINOS Y 'ELITE': aparecen en la foto de izquierda a derecha: Cap. de Navío Luis H. Croce, del Estado Mayor General; Capitán Fgallo; Cap. de Fragata Miguel A. Gutiérrez; Trinita Casado,  redactora; D.F. Maza Zavala, Director; Juan de Guruceaga  y Leonor Lenís, colaboradora de 'ELITE' ". Élite, Caracas, nr. ? de 09/1948.

lunes, 11 de julio de 2016

HABLAR DESDE MUY JÓVENES



Caldera-Betancourt: adicionales coincidencias

Luis Barragán

Imprevistamente, días atrás, tuvimos ocasión de participar en un foro que versó sobre la relación política entre Rafael Caldera y Rómulo Betancourt, compartido el panel con Gehard Cartay y Carlos Canache Mata, por la feliz y persistente iniciativa de Sara Lizarraga.  De interés estrictamente histórico, ventiladas las coincidencias y discrepancias, constituyó un magnífico y, por cierto, muy concurrido evento para propiciar la reflexión que estos tiempos imponen. Sin embargo, faltando tiempo para considerarlos, aunque hubo que extenderlo, nos permitimos adicionalmente citar dos aspectos que, por obvios, paradójicamente pasan de largo.

Por una parte, ambos líderes fueron no sólo conocidos por el país a muy temprana edad, sino que a Caldera y a Betancourt se les pidió cuenta también por aquellos hechos y opiniones que protagonizaron y esgrimieron siendo todavía un par de mozalbetes. Dirigentes estudiantiles, en proceso de formación política, debieron asumir la responsabilidad de lo hecho y de lo dicho aún cincuenta años después.

Versamos sobre una situación contrastante con la de los elencos que gobernaron y gobiernan en el siglo XXI, porque - quizá con las excepciones  solitarias de Luis Miquilena o José Vicente Rangel – nadie tenía la remota idea de las trayectorias políticas y personales de los arribantes al poder, por cierto, deseosos de continuar enjugando sus privilegios, y quienes - mucho menos -  están dispuestos a satisfacer la curiosidad por algún lejano acto del que se tenga noticia.  Al inaugurarse la centuria,  comenzando por Chávez Frías, proseguida la tradición por Maduro Moros, representaron la venturosa cara nueva por la que tanto clamó la antipolítica y que, ejemplificándola,  forzó la publicación del Libro [SIC] Azul que alguna distancia tiene con la biografía de Andrés Bello y las editoriales de la UNE o la de Cecilio Acosta y las cartas a los “hermanitos” desde el exilio, por no citar la Ley del Trabajo y el Plan de Barranquilla.

Por otra parte, apuntemos al cultivo del lenguaje desde el campo político y el estrictamente académico. Los neologismos surgieron por una imperiosa necesidad expresiva que, a la postre, halló cupo en el Diccionario de la Lengua Española, como los términos “millardo” y “hampoducto”.

Nunca imaginó Angel Rosenblat que el lenguaje escatológico tendría por ancho y cómodo señorío la jefatura del Estado, como ha ocurrido en más de década y media, diciéndose injustamente representativo del apreciado por la media de los venezolanos. Peor que la deliberada procacidad,  cuando a los gobernantes de turno se  les antojó y antoja el correcto uso del idioma, simplemente delatan una crasa ignorancia que el  extinto mandatario pretendió – faltando poco – justificar, como el tristemente recordado vocablo “adquerer” con el que aleccionó a los escolares.

No abrigamos una versión paradisíaca de la relación entre Caldera y Betancourt, pero lo cierto es que, objetivamente, generó valores que no podemos desestimar, susceptible de la más rigurosa investigación histórica.  Y, aún cuando quisiese subestimarse en los ámbitos aludidos, por lo menos, es dado reconocer que esa relación despuntó entre las muchas que dibujaron una provechosa complejidad del fenómeno político que, lamentablemente, el todavía novísimo siglo no repite y – menos - mejora.

Fotografía:
Rómulo Betancourt toma posesión del poder, en 1959. 

11/07/2016
http://www.radiowebinformativa.com/opinion/caldera-betancourt-adicionales-coincidencias/ 

domingo, 4 de octubre de 2015

VEREDA DE PECES

De las razones de un debate
Luis Barragán



Comprensión de una etapa – Lo que se dice – Fuentes de una inquietud – Una juventud política – Lo que se hacía al decirlo – Efectos – A contracorriente Referencias metodológicas


“ ... Las ideas no están por azar en la
mente de los hombres. Y mucho menos en
la mente de los hombres políticos. Las
ideas responden a una realidad y a la
ubicación en esa realidad cuyo influjo
deben modificar, o mantener, según el caso”
Elías Pino Iturrieta [1]



Nota de exclusivo interés histórico, el 31 de octubre de 1965, al celebrarse la IV Asamblea Nacional de la Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC), el país supo de un documento que marcó el historial partidista y el de las mismas juventudes políticas venezolana. “Una Juventud para el cambio” – el texto en cuestión – avaló la elección de Abdón Vivas Terán y Rubén Darío González, como secretario y subsecretario juveniles nacionales de COPEI.


Ejercicio de precisión, una mirada a los planteamientos realizados por la juventud socialcristiana en la década de los sesenta, nos lleva a un elenco de razones teóricas y sociales distinguiendo lo que se dijo (enunciados locutivos), la intención de lo que se dijo (enunciados ilocitivos) y los efectos de lo dicho (enunciados perlocutivos), apretando así los enfoques de Diego Bautista Urbaneja  [2]  y Fernando Vallespín [3] sobre la historia de las ideas políticas. El espacio disponible impide abundar en los ricos matices de una experiencia de la que no supimos personalmente, pero –de un modo u otro- sintió nuestra promoción generacional.

Comprensión de una etapa

El país se reencuentra al caer la dictadura de Pérez Jiménez. Emergen con desenfado distintos problemas y tabúes, como la corrupción administrativa, la represión del Estado, la tenencia de la tierra o la explotación petrolera, en el marco de una democracia naciente que moviliza a los más variados sectores, en la difícil implementación de la tan deseada “unidad nacional”. La conflictividad del sistema populista en construcción, en los términos expuestos por Juan Carlos Rey en su “Problemas socio-políticos de América Latina” (Ateneo, Caracas, 1980), inmediatamente dará cuenta –por una parte- de la violencia de izquierda y de derecha que severamente lo amenazan y –por otra- del consenso que encontrará garantías mediante iniciativas como el llamado “Pacto de Punto Fijo” (o, en propiedad, “Puntofijo”), precedido por el Avenimiento Obrero-Patronal y, más concretamente, el desarrollo de líneas políticas como la “Autonomía de Acción” de COPEI.


No menos importante será el debate sobre la libertad de expresión y, siendo un dato inevitable, el reordenamiento del contexto hemisférico. Lo cierto es que las circunstancias de la Venezuela de los sesenta obligaba a un exigente ejercicio de la militancia política de la que, posteriormente, no se sabrá por  el impacto psicosocial de las célebres bonanzas, entre otras causas.


Militancia que bien ilustra la juventud socialcristiana, portadora de un conjunto de creencias que, por entonces, constituían una novedad política por su naturaleza e implicaciones. Y es que sus indicios sociales y teóricos nos ubican en una etapa de abierta politización y creatividad, marcando pautas que inevitablemente contrastarán con el actual  desempeño de una entidad que no reclama ni –al parecer- quiere saber de  una significativa herencia histórica.

Lo que se dice

La propuesta comunitaria será el planteamiento estelar, acompañada de la polémica distinción de la propiedad privada como derecho natural y como derecho positivo. Las demandas políticas tendían a simplificarse a través de sendos proyectos históricos (sólo) en la medida que agudizaban las contradicciones existenciales del sistema.


Partimos de la generalización conceptual ensayada por Rafael Caldera, ejemplificada por una entrevista concedida a Ma. Elena Páez (El Nacional, 01/10/67) o un artículo de prensa donde  reclama las directrices de la Organización Demócrata-Cristiana de América (ibidem, 06/10/67), por no citar el programa presidencial (“Hacia la sociedad que queremos”), hasta llegar a formulaciones que tocan el marxismo (en su vertiente camilista), a través de un quincenario de breve duración como “Venezuela Urgente” y su principal prédica: la revolución sin signo. Más tarde, el Centro de Estudios Comunitarios publicará obras como “Pensamiento comunitario”, decisivo en nuestra otrora adscripción demócrata-cristiana, convertida Mérida en epicentro de una inquietud que se hará exclusivamente académica.

No hay mejor retrato de la aceptación  final de la tesis que el ofrecido por la  VI Asamblea Nacional Juvenil, realizada en 1970, aunque median las distancias entre la documentación expuesta por Rafael Isidro Quevedo y Delfín Sánchez, dos de los candidatos a dirigir a la organización, previo reconocimiento, adaptación y adscripción de los grupos anteriormente reacios a ella (El Nacional, 05/04/70), zanjada por el triunfo electoral interno de Julio César Moreno.  Se ha arraigado una visión tercerista que bien expresa José Rodríguez Iturbe: “Nosotros somos –digámoslo de entrada- radicalmente anticapitalistas y anticomunistas” (“El reto revolucionario”, Nueva Política, Caracas, 1969: 37),  sugerida la aceptación formal de todos los sectores internos de un mensaje que el tiempo (des) hilvanará.

Al tomar como referencia el pequeño ensayo de Rodolfo José Cárdenas, “Hacia la sociedad comunitaria” (El Nacional, 30/10/66),  apuntamos a las disputas juveniles provisionalmente resueltas, el peso político específico del autor y la importancia misma del medio empleado, en el marco de una competencia que el ajedrecista menos connotado sabrá intensa, variada y –a veces- sorpresiva, administrada la relativa ambigüedad de la propuesta.  Dirá de “detalles indefinibles  como todas las realizaciones que pertenecen al porvenir”,  comprensibles en una primera fase donde coexistirán las propiedades privada, cooperativa, estatal, mixta y comunitaria, seguida de otra de “alta socialización, racionalización y organización”, prevaleciendo la comunitaria: “sociedad eminentemente científica y tecnológica” empeñada en la democratización empresarial y la abolición de las diferencias artificiales de la sociedad burguesa.

Más allá o más acá, ha fondeado los ánimos de las corrientes ortodoxa (“araguatos”)  y heterodoxas (“astronautas” y “avanzados”), surgidas al calor de la IV Asamblea Nacional Juvenil de 1965, cuyos documentos hablan de un proceso continuo y mínimo de reflexión originado en 1958, con la discusión y aprobación de sendos Manifiestos.  Los medios de comunicación se hacen eco de las denuncias formuladas en el evento, invocada la democracia formal y los congresantes, concejales y legisladores que comercian con sus credenciales en la “quincalla vergonzante de la componenda” (“Una juventud para el cambio”, multigrafiado, Caracas, 1965), o afincada en  la contundente afirmación que trae el “Documento político” sobre el fracaso de la institucionalidad democrática (Tarcisio Ocampo, “Venezuela: ´ Astronautas´ de Copei. 1965-67”, CIDOC, México, 1968: 5/58). 

La nacionalización de la industria petrolera, la nueva división político-territorial o la penetración del populismo, sensibilizados por la invasión estadounidense a República Dominicana, figuran entre los papeles heterodoxos.  Caldera insistirá en  que “no podemos ofrecerle al pueblo nada que no podamos realizar”, con el peligro de  “lanzarnos por el camino de una literatura tremendista” (ibidem: 4/17 s.), y proclamará los principios que tres años más tarde concitarán el apoyo de todas las corrientes, concluida en San Felipe la V Asamblea Nacional Juvenil, luego de la expulsión de los sectores más intransigentes y radicales.  Valga consignar la posterior impresión que las ya maduras diferencias grupales suscitaría en el órgano oficial del PCV, destacando “cierta unidad” en sus actitudes anticomunistas (Tribuna Popular, 19 al 20/02/70).

Fuentes de una inquietud

Las faenas de construcción de una experiencia diferente obligan a la justificación de la democracia misma en sintonía con los problemas cruda y esencialmente planteados. La rivalidad política supone un básico esfuerzo de comprensión de lo que acontece,  adquirido un cierto sentido plenario y fundacional de la militancia que autoriza  la inquietud ensoñadora.

La enseñanza social de la Iglesia Católica ha echado piso gracias a la labor emprendedora de un sacerdocio que llegaba a los jóvenes y los obreros, por obra de los círculos de estudio y otras iniciativas que incluían al laicado organizado. Juan XXIII despertará entusiasmo en la ruta que completará Pablo VI, señalando un precedente en la recepción de las encíclicas en Venezuela de acuerdo a Jesús Sanoja Hernández (El Nacional, 04/04/67).

El Concilio Vaticano II constituye un desafío para el redimensionamiento del compromiso político cristiano, aunque la realidad advierte de otros acontecimientos más próximos y encontrados que urgen de respuestas. De un lado, la subversión leninista fuerza al conocimiento y superación de los postulados propiamente marxistas, desembocando –a veces- en un anticomunismo feroz y –otras- sucumbiendo a sus atractivos, no sin generar la búsqueda extraordinaria de un tercerismo que Anatoli Shulgovski  creerá emparentado con el socialismo utópico cristiano de Fermín Toro en Venezuela o de Manuel Murillo en Colombia (Revista América Latina, Progreso,Moscú, 1982, Nr. 3/51: 59). Y, por el otro, encontramos el reto de una opción aparentemente más débil, la liberal, que reporta una creciente influencia en el medio universitario gracias a la – relativamente representativa -  prédica de Arturo Uslar Pietri, sintetizada en su “Hacia un humanismo democrático” (FND, Caracas, 1965). Por consiguiente, privarán los retos políticos e ideológicos más inmediatos, estando en trámite la noticia de la venidera etapa postconciliar y su acento pastoral,  el reencuentro con el pueblo de Dios y la asunción del mundo moderno, conforme a la caracterización de  Baltazar Porras Cardozo (El Globo, 04/07/96).

Numerosos cuadros de la juventud socialcristiana acceden a una bibliografía predominantemente francesa: Maritain, Mounier, Lebret, Teilhard de Chardin, Lepp, Suavet y Perroux o los protagonistas de las “Semanas Sociales” como Folliet, Lacroix o Remond,  en competencia con los italianos Sturzo, La Pira o De Gásperi, incursionando algunos en Fromm. Los textos chilenos emocionan y un sector específico de la juventud promueve uno crucial: “Desarrollo sin capitalismo. Hacia un mundo comunitario” de Julio Silva Solar y Jacques Chonchol (Nuevo Orden, Caracas, 1964), sin olvidar la precursora edición castellana de Paulo Freire.

Al correr los años, terciando en la polémica de Joaquín Marta Sosa y Abdón Vivas Terán, José Ma. García Escudero deslindará la política de una “actitud de fe” (Revista Summa, Caracas, Nr. 42 de 1971).  Apuntemos la enorme  dificultad de innovar el pensar y el hacer políticos en forma simultánea, subrayando lo ideológico como un proceso en “ebullición” o en “elaboración” que guarda exacta correspondencia con lo dicho por Jacques Maritain en torno al Ideal Histórico Concreto, “una imagen prospectiva significando el tipo particular y específico de la civilización que tiende a una cierta edad histórica”, jamás realizado como término, sino en “vías de realización y siempre por realizar” (“Humanismo integral”, Carlos Lohlé, Buenos Aires, 1966: 132 y 195).

Una juventud política

La razonabilidad social la hallamos en una militancia de clase media, principalmente universitaria, capaz de organizarse políticamente y de ofrecer un proyecto cuya elaboración está vedada a los sectores que beneficia. Los problemas de la juventud remiten a un contexto cada vez más global, aunque exhiben rasgos muy particulares que –de un lado- los ejemplifica  fenómenos como el de las “patotas” y hasta una desviación de naturaleza neonazista (Alicia Briceño: Momento, 03/10/65; y también las investigaciones adelantadas por el comisario Molina Gásperi: El Nacional, 01/06/66), y –por el otro- reclama una atención más sistemática de los especialistas, como el foro realizado en la UCV por febrero de 1965 (J.F. Reyes Baena: El Nacional, 12/09/79).

El doble proceso de urbanización y expansión educativa con el saldo de una mayor movilidad social, expresará fielmente al país que ha salido de la dictadura. Según el Instituto de Estudios de América Latina (IEPAL), COPEI cuenta con una influencia extraordinaria en las clases media, con predominio de la alta, y medianamente en la obrera y campesina del interior (“Venezuela: hacia una integración democrática”, Arte, Caracas, 1965).  La ampliación de sus bases sociales contrastará con el partido de las décadas anteriores,  reorientado el discurso fundamental.

El movimiento estudiantil está en todo su esplendor,  convertidos los socialcristianos en la primera fuerza individual de estratégicos establecimientos, como la citada universidad, a juzgar por las cifras de Orlando Albornoz (“Ideología y política en la universidad latinoamericana”, Societas, 1972: 234). E, incluso, siguiendo al mismo autor, ofrecen la posibilidad de un escenario político nacional que compensa la actitud antipartido generada en el ámbito (“Estudiantes y política en América Latina”, Monte Avila, Caracas, 1968: 225 s.).

Estaba legitimada la existencia de las juventudes políticas y, específicamente, la Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC) había sobrevivido al desmantelamiento de la Juventud de Acción Democrática (preocupando a cronistas como Juan David González: La Esfera, 21/03/60), al desvanecimiento de Vanguardia Juvenil Urredista y al sacrificio de la Juventud Comunista en la aventura guerrillera. Aquélla, realizaba sus comicios internos aproximadamente cada dos años y no votaba en el máximo cuadro de conducción del partido, promediando sus dirigentes más destacados la veintena de edad  y en el marco de una organización con líderes que no alcanzaban la cincuentena, cuyas modestas dimensiones tendían presumiblemente a facilitar las relaciones interpersonales.

La aparición de tres tendencias en su seno dibuja una dinámica que otras entidades similares no ofrecían, adicional a una ambientación mística derivada de la lucha de calle e ilustrada en los variados cantos o himnos, siendo el más conocido el de Régulo Arias Moreno. Luce significativa la promoción de Rubén Darío Santiago a la subsecretaría juvenil nacional, proviniendo de los cuadros obreros. Por lo demás, es evidente el optimismo generacional que se ensaya como una opción frente a cierta actitud en boga que se dice no progresista ni cristiana, sino simple penetración del marxismo: “Somos, pues, los integrantes de la Juventud Revolucionaria Copeyana, los únicos que con puridad pueden llamarse representantes de esa generación política del 58, de la generación de la libertad” (Rodríguez Iturbe, op. cit.: 186  y 202).

Lo que se hacía al decirlo

Surgieron iniciativas destinadas a la formación de los cuadros, como el IFEDEC y el Instituto Pro-Pueblo Jacques Maritain. Gonzalo Alvarez destacará la labor realizada por el llamado Grupo de Arquitectura, la editorial y librería “Nuevo Orden”  y el papel desempeñado por Julio González en la promoción de las ideas (Revista Momento: 16/06/67, cuyos argumentos serán repetidos anónimamente en la Revista Semana: 01 al 08/05/69). Se mencionan iniciativas impresas como la revista Vértice, amén de otros medios que directa o indirectamente manifestaron la preocupación por el estudio.

Los “cuadros pensantes” de la organización, a juicio de Enrique Jubes, lo conformaron Arístides Calvani, Hilarión Cardozo, Rodríguez Iturbe, el Padre Cardón,  Alvaro Páez Pumar (implementador de los cursos de formación por correspondencia), Enrique Pérez Olivares, Joaquín Marta Sosa,  José Curiel, Abdón Vivas Terán y Rodolfo José Cárdenas.  Coincidiendo parcialmente,  Joaquín Pérez-Ordaz R. (El Globo, 13/03/01), incluye a González, José Vitale, Pedro Bello, Nestor Coll, Saúl Rivas, no sin insistir en la brillantez de Marta Sosa. Y es que la relación de los jóvenes con el partido exigirá de puentes virtuosos, sirviendo de baremo al reconocimiento dirigencial, sin que olvidemos un importante sesgo tremendista: Cárdenas, por ejemplo, exhibía en su despacho la fotografía de Lenin en la Plaza Roja, vecina a  la de Teilhard (El Nacional, 29/10/67).

El surgimiento de decisivas tendencias en la JRC, propicia para toda suerte de especulaciones, está avalado por la férrea adscripción y acatamiento de los postulados de la organización o a su abierta y pública discusión, suscitando problemas disciplinarios. Documentos como “Una juventud para el cambio” y “Materiales para una discusión que concluya en el trazamiento de una política correcta para la JRC”, no se entienden sin las abundantes declaraciones y artículos, como los de Marta Sosa sobre la propiedad y Vivas Terán sobre la industria petrolera que acarrearán sanciones expresas o tácitas (Bohemia, 19/06/66).  Oswaldo Alvarez Paz, sucesor en la secretaría juvenil nacional, dirá compartir las tesis de avanzada de Vivas Terán, reiterando el respeto y la necesidad de expandir la propiedad privada (El Nacional, 10/06/66 y Bohemia, 26/06/66): aquél venía de presidir la federación de centros de la Universidad del Zulia y éste alcanzaría la vicepresidencia de la federación de la Universidad Central, en medio de una campaña que se resintió por la confusa medida adoptada, infiriendo así la sustentación real del liderazgo en pugna.

Aparecerán dos obras de considerable impacto por la fuerza de sus argumentos y  el lenguaje empleado: “El combate político” de Rodolfo José Cárdenas (Doña Bárbara, Caracas, 1965) y  “El reto revolucionario” de Rodríguez Iturbe, ya citado. No exageramos al  incluirlos entre los clásicos venezolanos  que, en su momento, tuvieron una resonante incidencia, acaso cercana a “Checoeslovaquia, el socialismo como problema” de Teodoro Petkoff o “Del buen salvaje al buen revolucionario” de Carlos Rangel, en los extremos de una literatura política que hoy extrañamos.

Efectos

Los planteamientos ideológicos expresan las naturales disputas políticas externas e internas. El foro televisado con Robert Kennedy los protocolizará ante el país, aunque Carlos Ramírez McGregor, director de un importante semanario, diga de “dirigentes jóvenes, viejas ideas” (Momento, 12/12/65), o un órgano legal de la insurgencia marxista hable de “una farsa no bien montada” (Qué Pasa, 15/12/65). Recordemos lo observado en aquellos años por Juan Páez Avila sobre las líneas editoriales establecidas en torno a los problemas y vicisitudes de la juventud, en un trabajo realizado para el Instituto de Investigaciones de la Prensa (UCV), luego reeditado por la Universidad de Carabobo.

Se decía que los planteamientos y actos jotarrecistas esbozaban un viraje hacia la extrema izquierda (Bohemia, 14/11/65), debido a las no escasas connotaciones socialistas de la documentación heterodoxa y la inusitada relevancia política adquirida a propósito de la visita del senador estadounidense que superó todas las expectativas (El Mundo, 29/11/65), permitiéndole demostrar su franqueza, llaneza y puritanismo frente al panel estudiantil (Rafael Valera: Elite, 15/06/68).  No obstante, lucirán claras y frontales las manifestaciones de rechazo a la subversión castrista que “so-pretexto de un caudal doctrinario marxista leninista (ha) devenido ciertamente en equipos de asalto donde es difícil precisar que influye más o que los caracteriza”, como refiere “Una juventud para el cambio”,  vivenciada la diaria y directa y difícil defensa de la democracia en liceos y universidades. Además, mayor sospecha y desconfianza cobrarán declaraciones como las del presidente de la Asociación Venezolana de Ejecutivos (AVE), Iván Lamberg, al afirmar: “... Cuando no queda otra alternativa sino entre la libertad y el orden, el orden es preferido para llenar el deseo previo de la libertad”  (El Nacional, 02/11/65.

Lucen crecientemente favorables las perspectivas electorales, al igual que la sensibilidad e interés hacia la JRC. Se comentará el parcial descontento de Caldera con los resultados de la IV Asamblea Nacional Juvenil,  apreciada la intensa promoción que significó unida a su escogencia como individuo de número de la Academia (Bohemia, 28/11/65).

Versiones encontradas se dan cita en 1968: Germán Borregales denunciará a los verdes como facilitadores de la implantación del comunismo en Venezuela, identificando a los portavoces en su “Copei, hoy, una negación” (Garrido, Caracas, 1968), y Ramón Díaz los calificará de fascistas (Semana, 27/09 al 04/10/68). Discreparán  Uslar Pietri y Jorge Olavarría en torno al programa presidencial (El Nacional, 08 y 09/09/68). Olvidaron la observación de Carlos Rangel: “El izquierdismo socialcristiano inquieta a algunos empresarios, pero otros, convencidos que algún tipo de socialización es inevitable, están dispuestos a asirse de COPEI como de una tabla de salvación” (Momento, 21/01/68).

Ahondará la polémica en los comienzos del primer gobierno de Caldera, sin que sorprenda Orlando López, subsecretario juvenil nacional, al afirmar a secas que “somos socialistas” (El Nacional, 21/09/70). La lenta y, a la vez, rápida decantación de posiciones igualmente sabe de la cancelación y el diferimiento. Al proponerse la JRC celebrar un congreso ideológico que incluye la invitación al ministro de Educación del régimen de Velasco en Perú,  Luis Herrera reclama su posposición hasta que el partido haga el suyo (Elite, 22/01/71), como en efecto lo hizo, pero quince años después y sin deparar sorpresas.

La realidad del poder impone los parámetros y, en  todo caso, a guisa de ejemplo, nos servimos de Domingo Alberto Rangel cuando afirma que “derrotar a COPEI, el partido que defraudó a la más alta burguesía por sus veleidades reformistas, era empresa millonaria”  (“Elecciones de 1973: El gran negocio” Vadell Hermanos, Valencia, 1974: 60). Quizá por descuido de sus editores gubernamentales, Steve Ellner ha tenido el coraje de reconocer una propensión hacia la izquierda del primer gobierno de Caldera (“El fenómeno Chávez: sus orígenes y su impacto”, Tropykos – Centro Nacional de Historia, Caracas, 2011: 91 ss., 135), contrariando la fácil satanización de estilo.

La juventud socialcristiana cerraba un ciclo caracterizado por la innovación de un discurso que hallaba audiencia en el sistema político, suscitaba una más consistente promoción de sus cuadros y alentaba una mística que tardaría en desaparecer. Las circunstancias objetivas, resueltas las amenazas existenciales cernidas sobre el sistema, contribuyeron al capítulo final, aunque también las experiencias de gobierno confirmaron las flaquezas en la formación teórica y práctica de una militancia extraviada ya en la Venezuela de las megabonanzas.

Asistiremos a una diversa evolución de “aragüatos” y “avanzados” en el seno del partido, mientras salen (y regresan), voluntaria e involuntariamente,  figuras descollantes de los “astronautas”: el marxismo será puerto inmediato de sus inquietudes, a veces guevarista y otras gramsciano. Marta Sosa rendirá un elocuente testimonio a Dinorah Carnevalli, en un libro que –por cierto-  fue objeto de nuestras modestas observaciones críticas  (El Globo, 23/12/92; y Economía Hoy, 26/01/93) : “Con toda probabilidad, si el astronautismo hubiese nacido hoy, cuando tanta agua ha corrido bajo el puente y tantos aportes intelectuales han llegado al campo de la política, de la politología, de la economía, ya quizás nosotros tendríamos respuesta en fuentes distintas a la marxista ...  Estamos a principios de los sesenta, donde el avance ideológico y la cultura política, era poco menos que precaria”  (“Araguatos, avanzados y astronautas. Copei: conflicto ideológico y crisis política en los años sesenta”, Panapo, Caracas, 1992: 135).

Sobran los testimonios de prensa de varias décadas, emblemáticos de una tenaz lucha de Vivas Terán por lograr la conversión del partido, añadidos los señalamientos y denuncias por motivos que, a muy largo plazo, contribuyeron a su colapso.  Por cierto, COPEI constituye un fenómeno bastante particular en el concierto de los partidos, con una prolongada coexistencia de tendencias tácitas y explícitas que todavía amerita de un estudio consistente, acaso esbozada por una circunstancial nota de Manuel Rojas Poleo (Sanoja Hernández):  "Partido dialéctico Copei, donde Abdón y Oswaldo escenifican la lucha de los contrarios" (El Nacional, Caracas, 12/07/86).

A contracorriente

No hay mejor lugar para el pasado que el pasado mismo, lo que sugiere un esfuerzo de interpretación incontaminada: suelen trasladarse mecánicamente las categorías del presente a un tiempo en  el que, a veces, tímidamente se anunciaban [4]. Hay una importante experiencia histórica acumulada que exige una reinterpretación más allá de las predisposiciones que generaron, dominantes aún, mas no debemos reemplazarlas por las actuales, por las actuales cada vez más banales: necesitamos de adecuados criterios para mirar hacia el atrás ya transitado, urgidos de otros superiores para transitar el adelante impostergable y, faltando poco, indelegable.

Ciertamente, hoy, otras son las voces y las emociones. No obstante, adquiere relevancia el carácter y el alcance de la adscripción a un determinado mensaje que solía superar los linderos del partido político en los momentos de su definitiva formalización, como fue el caso de COPEI, y en el marco obligado de un sistema en construcción, dato suficiente para comprender los bemoles de un compromiso que intentaba explicar y modificar el todo y a la mayor brevedad posible. Nos referimos a una militancia de sentido pastoral que ahora probablemente no tenga  equivalente en cuanto a las razones teóricas y sociales que la distinguieron en las citadas décadas.

Militancia que, en definitiva, estuvo dispuesta a nadar a contracorriente –como dijo Maritain- en procura de un porvenir, más allá o más acá de los remolinos y las tormentas que dijo domesticar el período dinerario de una sociedad mil veces apesadumbrada  al sentarse sobre la tumba de un específico modelo de desarrollo.  Otras son las realidades que ameritan del testimonio eficaz de los cristianos, inevitablemente roto – puede llamarse -  el convencionalismo copeyano.

Referencias metodológicas

[1]     “Las ideas de los primeros venezolanos”.  Fondo Editorial Tropykos, Caracas, 1987: 91 s.
[2]     “Consideraciones sobre metodologías en la historia de las ideas políticas”. Revista Politeia. Universidad Central de Venezuela. Caracas. 1976, Nr. 5.
[3]     “Aspectos metodológicos en la Historia de la Teoría Política”, en: AA. VV. “Historia de la teoría política”. Alianza Editorial. Madrid. 1995, tomo I.
[4]    “La preocupación por ´situar´ los textos del pasado dentro de las convenciones del habla propias de la época contrasta curiosamente con la correspondiente falta de indagación intersubjetivas y preconcepciones que informan nuestra misma capacidad de reflexión actual”. Ibidem, p. 45.

Reproducciones: La IV Asamblea Nacional de la JRC (1965), según Justo Molina (Momento, Caracas), y legada del candidato a la FCU-UCV, Abdón Vivas Terán, para una asamblea en las elecciones de 1966, según ¿Dimas? (El Nacional, Caracas). No se entiende la citada convención y su hstórico documento, sin otras dos circunstancias: a finales del mismo año, el programa televisivo con Robert Kennedy para protocolizar las posturas, y - al año sigue - reafirmación del liderazgo estudiantil.

Fuentes:
http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/23986-de-las-razones-de-un-debate
http://www.entornointeligente.com/articulo/7089429/VENEZUELA-De-las-razones-de-un-debate

Breve nota LB: A objeto de afinar nuestras notas aniversarias, buscamos infructuosamente el texto original en los archivos de analitica.com, publicado en 2002 o en 2003. Y decidimos reajustarlo.
Para una cronología de la época: http://lbarragan.blogspot.com/2015/10/cronologia-1965.html