EL PAÍS, Madrid, 12 de agosto de 2017
TRIBUNA
Entre la impunidad y el mito
La izquierda se ha arrogado durante años el papel de comisaria moral del espectro político
Jorge Eduardo Benavides
Durante casi ochenta años, la extinta Unión Soviética levantó, a base de exterminios, cárceles, gulags y cientos de miles de kilómetros de alambres de púas, el paraíso comunista que extendía sus fronteras hasta la mitad de Europa. Durante todo ese tiempo, una gran parte de los llamados intelectuales de izquierda del mundo occidental miraron con anuencia todo aquel inventario de atropellos y asesinatos, a veces simplemente negando su existencia o, si eran puestos contra las cuerdas por la tozuda realidad, explicando la serie de males necesarios que se requerían para luchar contra el perverso capitalismo.
En su ensayo Pasado imperfecto. Los intelectuales franceses (1944-1956), Toni Judt reflexiona con minucia sobre el carácter ambivalente de muchos de estos intelectuales y la pasmosa relajación moral de algunos de ellos, como Emmanuel Mounier, quien escribe, a propósito del golpe de Praga de 1948, que “no hay progreso que no tuviera su comienzo en una minoría audaz, ante la instintiva pereza de la mayoría”. No fue el único ni sería el último de los muchos intelectuales europeos —Sartre, Brecht, Debray…— que durante décadas persistieron empeñados en que el comunismo soviético era un sistema per se bondadoso y libertario. Lo mismo ocurrió con la Cuba castrista: escasos fueron los intelectuales de ese entonces que no cantaron loas a Fidel Castro y escribieron ruborosos elogios a la revolución mientras sus colegas eran silenciados, asesinados o encarcelados. De hecho, nuestro tan querido boom literario estaba compuesto por los principales legitimadores del castrismo y la revolución, como bien sabemos.
Durante mucho tiempo nos han dicho que eran gentes de buena fe engañadas por la maquinaria propagandista de aquellos regímenes. Que en realidad nadie sabía lo que estaba ocurriendo realmente tras las fronteras de Cuba, la Unión Soviética o China. Pero ese sapo yo no me lo trago, pues era gente informada y con acceso a lo que ocurría en el mundo. Por desgracia, creo que la explicación más probable es más simple y también más siniestra: querían creer. Empeñados en las bondades del comunismo, aquellos intelectuales le dieron la espalda a su primera responsabilidad con la verdad y avalaron así a todos quienes los leían y los tenían por referentes morales, cegándolos ante la desventura y el horror que sufrían sus congéneres. Lo cuenta muy bien el escritor cubano Jacobo Machover en El sueño de la barbarie: la complicidad de los intelectuales con la dictadura castrista.
Pues bien, con ese auspicioso saldo moral en sus cuentas han funcionado durante décadas los partidos comunistas y las izquierdas unidas de todo el mundo y se han disculpado todos los atropellos, todos los encarcelamientos y toda la brutalidad de los regímenes que ensayan la senda del totalitarismo y que son modelo de estos partidos, que funcionan gracias a la democracia que quieren destruir. Basta leer los tuits en los que el vergonzante Alberto Garzón despide —con la emoción de una colegiala— a Fidel Castro (“Su ejemplo y pensamiento pervive”, dice) y elogia el destrozo que está haciendo el chavismo en Venezuela hoy mismo; empeñado en negar la clamorosa evidencia de que nadie que dure en el poder 50 años puede considerarse demócrata ni que un régimen que se enquista a sangre y fuego es modelo de democracia. ¿Es eso lo que propone Izquierda Unida para España o se trata solo de una aspiración mística-ideológica?
En todo caso, esto ha sido así porque durante años la izquierda se ha arrogado el papel de comisaria moral del espectro político, de airada detentadora de la progresía y la bondad. Y los demás nos hemos dejado chantajear y hemos dado por bueno que ser de izquierdas (de esa izquierda) es estar intrínsecamente del lado de los desfavorecidos. De lo contrario uno era —y es— acusado de fascista. Y no, no concede crédito democrático que los comunistas se hubieran enfrentado a Franco aquí en España, porque no hay ningún valor en enfrentarse a una dictadura en nombre de otra.
No nos engañemos: no hay ninguna deriva en la Izquierda Unida ni en el planteamiento de Podemos —los verdaderos campeones del cinismo— ni en general en las izquierdas de todo el mundo que tienen como modelo a Stalin, a Castro o Chávez, a quienes elogian con impunidad o justifican con vacilantes balbuceos y desplantes retóricos. Esa izquierda siempre ha defendido los regímenes totalitarios y es lo que buscan instaurar en nombre de un mundo mejor y de una sociedad perfecta. Tal es su naturaleza.
(*) Jorge Eduardo Benavides es escritor.
Fuente:
https://elpais.com/elpais/2017/08/09/opinion/1502293979_955294.html
Fotografía: Tomada de la red.
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miércoles, 30 de agosto de 2017
domingo, 13 de noviembre de 2016
CAZA DE CITAS
"Pese a su aspecto decisivo, el odio es otra forma de la confusión. Hoy es el instrumento más poderoso. Tanto debemos rechazar las 'reconciliaciones' impotentes de las baraúndas sentimentales, cuanto más exija la salvaguardia del compromiso personal que llevemos a cabo una lucha sin piedad contra el odio: si se puede llamar aún odio a esta desazón de baja calidad que hace refluir hoy la violencia política hasta en nuestras vidas privadas. El rigor que adoptamos en denunciar los mecanismos y los actos visibles no debe igualar más que a nuestra voluntad de comprender una a una a las personas y no de forzar nunca a un hombre o a una idea mediante su caricatura"
Emmanuel Mounier
("Obras 1931/1939", Editorial Laia, Barcelona, 1974: I, 736)
Fotografía: http://laopiniondecojedes.com/periodistas-conmemoraran-su-dia-entre-censura-y-represion-carlosjrojas13-darvinsonrojas/
Emmanuel Mounier
("Obras 1931/1939", Editorial Laia, Barcelona, 1974: I, 736)
Fotografía: http://laopiniondecojedes.com/periodistas-conmemoraran-su-dia-entre-censura-y-represion-carlosjrojas13-darvinsonrojas/
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lunes, 13 de junio de 2016
CAZA DE CITAS
"Mounier no podia ser hombre político: las condiciones necesarias de toda acción política, las combinaciones, las reticencias, la permanente inquietud táctica, nada de todo esto estaba en su forma de ser. Pero sí, la política como hecho, pues la acción cotidiana es una política de larga perspectiva que exige la alianza de una concepción del hombre, de una filosofía de la historia y de un medida de lo posible. Mounier poseía todo esto"François Goguel
("Posiciones políticas", en: "Pensamiento político de Mounier", Editorial ZYX, Madrid, 1966: 61)
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viernes, 2 de mayo de 2014
EM
EL PAÍS, Madrid, 01 de abril de 2005
Tribuna:RELIGIÓN Y POLÍTICA
Mounier ha muerto, ¡viva Mounier!
El autor reivindica, en el centenario del nacimiento de Mounier, fundador de la revista 'Esprit', la calidad humanista de su cristianismo.
Carlos Díaz
Emmanuel Mounier es católico, pero la revista Esprit por él fundada no lo es. Algunos de sus colaboradores pertenecen a diversas iglesias; otros, a ninguna. Prodigio de ecumenismo exigente, allí colaboran católicos, protestantes, judíos, socialistas, libertarios... A un abonado increyente le escribe en 1934: "No se trata, señor, de saber si yo le invito, si yo le acojo a usted, pues partimos juntos y en plena igualdad humana. Si usted, no católico, está de acuerdo en nuestras posiciones fundamentales, tiene un lugar de primer orden en Esprit, tan esencial como el mío. Esprit faltaría a su misión si le diésemos motivos para dudar de eso". ¡Y qué decir de la lista de quienes escribieron en Esprit! Alain, Aron, Barth, Bataille, Benda, Bergamín, Bernanos, Cela, Congar, Danielou, Dolléans, Dufrenne, Duméry, Ellul, Gilson, Guitton, Gurvitch, Lévinas, Lévi-Strauss, De Lubac, Lukacs, Marcel, Maritain, Mauriac, Morin, Ricoeur, Teilhard de Chardin...
Si Mounier dialoga con el marxismo, es pensando en la liberación de los pobres
Mounier no sólo da conferencias, sino que pone los cimientos para el surgimiento de los grupos Esprit. No le lleva una agencia de viajes con ruta prediseñada, ni se desplaza en automóviles de lujo. Va abriendo hueco con su cuerpo, sin otro parabrisas que su propia maleta, y duerme en las casas de quienes le reciben. Hace misión minuto a minuto, atando cabos, anudando indicios, tejiendo la red, explorando el caos. Y poco a poco la malla se adensa en un tejido relacional, expansivo, personalista y comunitario. Los grupos Esprit no estaban destinados a servir de correa de transmisión entre los elegidos de la capital y los "provincianos"; por el contrario Esprit debería enriquecerse y nutrirse con aquella riqueza de las reflexiones, las vivencias y la información procedentes de las bases mismas, autogestionariamente.
Pocos como Mounier han luchado más denodada y testimonialmente contra el cáncer burgués, cuyas metástasis se reproducen en la derecha, la izquierda, el centro; dedica la mayor parte de su artillería pesada a bombardear semejantes posiciones, donde toda ruindad e iniquidad tienen su trinchera, haciendo imposible el cambio del corazón, es decir, el paso del individualismo al personalismo comunitario. El burgués es capaz de todo con tal de que su ego nadie se lo limite; está dispuesto a blindarse, y si hace falta, a partirse en dos, sus cuentas con el diablo, su espiritualidad con Dios, "lo malo -dice Mounier- es que una verdad dividida en dos no hace dos verdades, sino dos errores; y éstos, una vez desgajados del eje viviente, proliferan en todas las confusiones y en todos los engaños".
Frente al espíritu burgués, Mounier hace de la persona el centro de su reflexión filosófica: la persona como fin en sí misma, nunca como medio o instrumento. Una persona encarnada, comprometida con la justicia y la libertad, desde la fraternidad. Tan sólo eso basta para ser encarcelado. El comisario le anuncia que acaba de ser descubierto un importante movimiento clandestino, cuyo jefe de zona para la región de Lyón "soy yo". Un compañero de prisión testimonia: "Emmanuel Mounier era el rayo de sol de la celda, pues tenía siempre la palabra amable para calmar un enervamiento momentáneo, transmitiendo a su entorno la paz de su alma". Aprovecha la cárcel para seguir escribiendo y para formar un círculo de estudio con los otros reclusos, sin perder el sentido del humor: "Para luchar contra el debilitamiento, encaramado a la ventana con el torso desnudo para beneficiarse de los rayos de sol, se agarraba a un barrote del calabozo, y leía. Cuando sentía un calambre, cambiaba de lado. Y todos nosotros nos reíamos de esta gimnasia de mono". Los meses pasan y no se le comunica la causa de su reclusión, por lo que inicia una huelga de hambre, que Radio Londres noticia. Es un "acto frágil" llevado a cabo cuando cualquier otro medio de resistencia se ha impedido. Mounier, sabiendo como cristiano que no tiene ningún derecho de atentar contra su vida ni a comprometer gravemente su salud, ha pedido en secreto al médico amigo que le sigue darle la orden de cesar la huelga el día en que estime que se ha llegado a la zona de peligro grave, y el primer día de la huelga le ha escrito una nota confidencial en este sentido. El médico podrá así atestiguar, dado el caso, que la detención de la huelga en esas condiciones no es imputable a un momento de debilidad, sino a un límite que su paciente mismo había fijado con anterioridad, en nombre de sus convicciones.
A la cárcel le lleva también la crítica de un cristianismo que se presentaba como un espiritualismo desencarnado sólo preocupado por el "problema de la salvación del alma". A este código de conducta más burgués que evangélico contrapone el del creyente que asume plenamente la lógica de la Encarnación. Por eso mismo Mounier no se sustrae al difícil diálogo con los comunistas. Sus escritos muestran el drama de un creyente que sabe que en conciencia no puede dar su adhesión a una doctrina que tergiversa la vocación humana, pero al mismo tiempo comprende que en el partido comunista convergen las esperanzas de los pobres, a los que el cristiano debe permanecer fiel: "En este 1946 es difícil no ser comunista, y es aún más difícil serlo, si se quiere abarcar toda la complejidad de la época". Eso no impide su critica a las tesis del Manifeste des chrétiens progressistes, juzgando insostenible que "el partido comunista es el único medio para defender hoy la clase obrera y la esperanza de una democracia popular". En el número especial de mayo-junio de 1948 Mounier escribe que la "debilidad del marxismo" está "en elevar un sistema válido en ciertos límites del tiempo a voluntad de despliegue universal y totalitaria". Si dialoga con el marxismo es pensando en la liberación de los pobres. En fin, François Mauriac resume así: "He sido contemporáneo de auténticos santos de los que he desconfiado porque su posición política se prestaba a equívocos. Es necesario que ciertos seres mueran para poder acercarse a ellos. El ejemplo de Mounier ayuda a comprender que estar del lado de los pobres no tiene sentido en una vida aburguesada. Él había elegido desde el primer momento, sin ostentación, pero deliberadamente, la pobreza. Nació pobre. La pobreza es un estado del alma".
(*) Carlos Díaz, doctor en Filosofía y licenciado en Derecho, enseña Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid.
Las cartas de Emmanuel Mounier
agosto 27, 2007
Emmanuel Mounier (1905-1950), filósofo, escritor y devoto católico francés, padre de la revista Sprit y de la corriente filosófica del personalismo, que trataba de rechazar la modernidad no desde posiciones conservadoras; más bien, lo hacía proponiendo una nueva antropología y una ética cristiana dinámica. Selecciono aquí algunos memorables fragmentos de su correspondencia.
‘Es necesario a cualquier precio que hagamos algo por nuestra vida. No lo que los demás ven y admiran, sino la proeza que consiste en imprimir el infinito en ella’ (a Madeleine Mounier, 12 de enero de 1928).
‘La vida hace ascos a los que le ponen mala cara…’ (a Madeleine Mounier, 4 de noviembre de 1929.
‘Algunos días sabemos ser felices de una manera inconsciente y pueril: pero no somos de los que esperan la felicidad de los acontecimientos, como una receta; esto no es un sacrificio muy grande, pues sabemos muy bien que la felicidad no basta para ser felices’ (a Madeleine Mounier, 17 de abril de 1931).
‘[Charles] Péguy decía que la desesperación es el gran pecado porque la desesperación es la negativa a sacar partido de las fecundidades del infortunio’ (a Madeleine Mounier, 17 de abril de 1931).
‘El amor no puede ser ni toda mi vida ni un accidente en mi vida’ (Conversaciones VI, 25 de enero de 1933).
‘Aceptar la voluntad de Dios no es humanizar el amor sobrenatural por el sufrimiento y la renuncia, es aceptar esa voluntad, cualquiera que sea, incluso aunque deba estar conforme con mis deseos humanos; no prevenirla incluso por el sacrificio; estar indiferentemente dispuesto a todo, incluso a la felicidad. Es así como se santifica la felicidad’ (a Paulette Leclercq, 12 de febrero de 1933).
‘La angustia se vale de nosotros a veces: ya te he contado. Hay momentos en que hasta los santos dudan de todo, de su amor y de Dios. Ninguna luz se entrega sin esta noche. Cristo ha cargado en una sola noche de angustias y de dudas (“Padre, ¿por qué me has abandonado?”) todas nuestras noches oscuras…
…No se es decididamente grande… hasta que la vida no te ha puesto en la prueba de negarte rotundamente y sin apelación algo que deseabas con todas tus ganas’ (a Paulette Leclercq, 3 de enero de 1934).
‘Las horas mediocres son quizás la ofrenda propia que se nos pide a nosotros, los hombres del siglo XX’ (a Paulette Mounier, 13 de enero de 1940).
‘No se puede solamente escribir libros. Es preciso que la vida nos arranque periódicamente de la estafa del pensamiento que vive sobre los actos y los méritos de otro’ (Conversaciones X, 28 de agosto de 1940).
‘Sólo las cifras incomprensibles de nuestro destino forman un verdadero libro legible…’ (a Carmelle Dosse, 17 de julio de 1941).
‘¿Cómo llevar vivo lo que no hemos llevado cuando estaba muerto?
…No quiero tapar puerilmente el sufrimiento… No, la única desgracia verdadera es sufrir por separado, dándonos la espalda, cuando se deja de sentir en el mal común esta fraternidad cruel, esta intimidad desgraciada que le arranca su espina profunda’ (a Paulette Mounier, Pascua de 1943).
‘Deberíamos medir la profundidad de los afectos por las alegrías mutuas que nos damos, ciertamente, pero también, y no exagero, por las heridas que nos producimos. Hay heridas inútiles, las que proceden del choque de los egocentrismos; está claro que hablo de otras, de las que son necesarias para no vivir en la mentira y para despertarse mutuamente del sueño de la costumbre…
Lo que es grande es el deseo de amarse y la lucha por el amor. La transfiguración del amor, la beatitud del amor la concede un milagro de vez en cuando’ (a su padre, 28 de abril de 1943).
‘“Honrarás a tus padres”, es decir, que les ayudarás con tu juventud a vencer su vejez. No les dejarás hundirse detrás de la barrera de su debilitamiento, tú demolerás constantemente este muro que hay ante ellos, en la medida en que esto depende de tus fuerzas…’ (a su padre, 28 de abril de 1943).
Tomado de: Emmanuel Mounier, Cartas desde el dolor, México, Jus, 2005.
http://ululatus-sapiens.blogspot.com/2007/08/las-cartas-de-emmanuel-mounier.html
Tribuna:RELIGIÓN Y POLÍTICA
Mounier ha muerto, ¡viva Mounier!
El autor reivindica, en el centenario del nacimiento de Mounier, fundador de la revista 'Esprit', la calidad humanista de su cristianismo.
Carlos Díaz
Emmanuel Mounier es católico, pero la revista Esprit por él fundada no lo es. Algunos de sus colaboradores pertenecen a diversas iglesias; otros, a ninguna. Prodigio de ecumenismo exigente, allí colaboran católicos, protestantes, judíos, socialistas, libertarios... A un abonado increyente le escribe en 1934: "No se trata, señor, de saber si yo le invito, si yo le acojo a usted, pues partimos juntos y en plena igualdad humana. Si usted, no católico, está de acuerdo en nuestras posiciones fundamentales, tiene un lugar de primer orden en Esprit, tan esencial como el mío. Esprit faltaría a su misión si le diésemos motivos para dudar de eso". ¡Y qué decir de la lista de quienes escribieron en Esprit! Alain, Aron, Barth, Bataille, Benda, Bergamín, Bernanos, Cela, Congar, Danielou, Dolléans, Dufrenne, Duméry, Ellul, Gilson, Guitton, Gurvitch, Lévinas, Lévi-Strauss, De Lubac, Lukacs, Marcel, Maritain, Mauriac, Morin, Ricoeur, Teilhard de Chardin...
Si Mounier dialoga con el marxismo, es pensando en la liberación de los pobres
Mounier no sólo da conferencias, sino que pone los cimientos para el surgimiento de los grupos Esprit. No le lleva una agencia de viajes con ruta prediseñada, ni se desplaza en automóviles de lujo. Va abriendo hueco con su cuerpo, sin otro parabrisas que su propia maleta, y duerme en las casas de quienes le reciben. Hace misión minuto a minuto, atando cabos, anudando indicios, tejiendo la red, explorando el caos. Y poco a poco la malla se adensa en un tejido relacional, expansivo, personalista y comunitario. Los grupos Esprit no estaban destinados a servir de correa de transmisión entre los elegidos de la capital y los "provincianos"; por el contrario Esprit debería enriquecerse y nutrirse con aquella riqueza de las reflexiones, las vivencias y la información procedentes de las bases mismas, autogestionariamente.
Pocos como Mounier han luchado más denodada y testimonialmente contra el cáncer burgués, cuyas metástasis se reproducen en la derecha, la izquierda, el centro; dedica la mayor parte de su artillería pesada a bombardear semejantes posiciones, donde toda ruindad e iniquidad tienen su trinchera, haciendo imposible el cambio del corazón, es decir, el paso del individualismo al personalismo comunitario. El burgués es capaz de todo con tal de que su ego nadie se lo limite; está dispuesto a blindarse, y si hace falta, a partirse en dos, sus cuentas con el diablo, su espiritualidad con Dios, "lo malo -dice Mounier- es que una verdad dividida en dos no hace dos verdades, sino dos errores; y éstos, una vez desgajados del eje viviente, proliferan en todas las confusiones y en todos los engaños".
Frente al espíritu burgués, Mounier hace de la persona el centro de su reflexión filosófica: la persona como fin en sí misma, nunca como medio o instrumento. Una persona encarnada, comprometida con la justicia y la libertad, desde la fraternidad. Tan sólo eso basta para ser encarcelado. El comisario le anuncia que acaba de ser descubierto un importante movimiento clandestino, cuyo jefe de zona para la región de Lyón "soy yo". Un compañero de prisión testimonia: "Emmanuel Mounier era el rayo de sol de la celda, pues tenía siempre la palabra amable para calmar un enervamiento momentáneo, transmitiendo a su entorno la paz de su alma". Aprovecha la cárcel para seguir escribiendo y para formar un círculo de estudio con los otros reclusos, sin perder el sentido del humor: "Para luchar contra el debilitamiento, encaramado a la ventana con el torso desnudo para beneficiarse de los rayos de sol, se agarraba a un barrote del calabozo, y leía. Cuando sentía un calambre, cambiaba de lado. Y todos nosotros nos reíamos de esta gimnasia de mono". Los meses pasan y no se le comunica la causa de su reclusión, por lo que inicia una huelga de hambre, que Radio Londres noticia. Es un "acto frágil" llevado a cabo cuando cualquier otro medio de resistencia se ha impedido. Mounier, sabiendo como cristiano que no tiene ningún derecho de atentar contra su vida ni a comprometer gravemente su salud, ha pedido en secreto al médico amigo que le sigue darle la orden de cesar la huelga el día en que estime que se ha llegado a la zona de peligro grave, y el primer día de la huelga le ha escrito una nota confidencial en este sentido. El médico podrá así atestiguar, dado el caso, que la detención de la huelga en esas condiciones no es imputable a un momento de debilidad, sino a un límite que su paciente mismo había fijado con anterioridad, en nombre de sus convicciones.
A la cárcel le lleva también la crítica de un cristianismo que se presentaba como un espiritualismo desencarnado sólo preocupado por el "problema de la salvación del alma". A este código de conducta más burgués que evangélico contrapone el del creyente que asume plenamente la lógica de la Encarnación. Por eso mismo Mounier no se sustrae al difícil diálogo con los comunistas. Sus escritos muestran el drama de un creyente que sabe que en conciencia no puede dar su adhesión a una doctrina que tergiversa la vocación humana, pero al mismo tiempo comprende que en el partido comunista convergen las esperanzas de los pobres, a los que el cristiano debe permanecer fiel: "En este 1946 es difícil no ser comunista, y es aún más difícil serlo, si se quiere abarcar toda la complejidad de la época". Eso no impide su critica a las tesis del Manifeste des chrétiens progressistes, juzgando insostenible que "el partido comunista es el único medio para defender hoy la clase obrera y la esperanza de una democracia popular". En el número especial de mayo-junio de 1948 Mounier escribe que la "debilidad del marxismo" está "en elevar un sistema válido en ciertos límites del tiempo a voluntad de despliegue universal y totalitaria". Si dialoga con el marxismo es pensando en la liberación de los pobres. En fin, François Mauriac resume así: "He sido contemporáneo de auténticos santos de los que he desconfiado porque su posición política se prestaba a equívocos. Es necesario que ciertos seres mueran para poder acercarse a ellos. El ejemplo de Mounier ayuda a comprender que estar del lado de los pobres no tiene sentido en una vida aburguesada. Él había elegido desde el primer momento, sin ostentación, pero deliberadamente, la pobreza. Nació pobre. La pobreza es un estado del alma".
(*) Carlos Díaz, doctor en Filosofía y licenciado en Derecho, enseña Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid.
Las cartas de Emmanuel Mounier
agosto 27, 2007
Emmanuel Mounier (1905-1950), filósofo, escritor y devoto católico francés, padre de la revista Sprit y de la corriente filosófica del personalismo, que trataba de rechazar la modernidad no desde posiciones conservadoras; más bien, lo hacía proponiendo una nueva antropología y una ética cristiana dinámica. Selecciono aquí algunos memorables fragmentos de su correspondencia.
‘Es necesario a cualquier precio que hagamos algo por nuestra vida. No lo que los demás ven y admiran, sino la proeza que consiste en imprimir el infinito en ella’ (a Madeleine Mounier, 12 de enero de 1928).
‘La vida hace ascos a los que le ponen mala cara…’ (a Madeleine Mounier, 4 de noviembre de 1929.
‘Algunos días sabemos ser felices de una manera inconsciente y pueril: pero no somos de los que esperan la felicidad de los acontecimientos, como una receta; esto no es un sacrificio muy grande, pues sabemos muy bien que la felicidad no basta para ser felices’ (a Madeleine Mounier, 17 de abril de 1931).
‘[Charles] Péguy decía que la desesperación es el gran pecado porque la desesperación es la negativa a sacar partido de las fecundidades del infortunio’ (a Madeleine Mounier, 17 de abril de 1931).
‘El amor no puede ser ni toda mi vida ni un accidente en mi vida’ (Conversaciones VI, 25 de enero de 1933).
‘Aceptar la voluntad de Dios no es humanizar el amor sobrenatural por el sufrimiento y la renuncia, es aceptar esa voluntad, cualquiera que sea, incluso aunque deba estar conforme con mis deseos humanos; no prevenirla incluso por el sacrificio; estar indiferentemente dispuesto a todo, incluso a la felicidad. Es así como se santifica la felicidad’ (a Paulette Leclercq, 12 de febrero de 1933).
‘La angustia se vale de nosotros a veces: ya te he contado. Hay momentos en que hasta los santos dudan de todo, de su amor y de Dios. Ninguna luz se entrega sin esta noche. Cristo ha cargado en una sola noche de angustias y de dudas (“Padre, ¿por qué me has abandonado?”) todas nuestras noches oscuras…
…No se es decididamente grande… hasta que la vida no te ha puesto en la prueba de negarte rotundamente y sin apelación algo que deseabas con todas tus ganas’ (a Paulette Leclercq, 3 de enero de 1934).
‘Las horas mediocres son quizás la ofrenda propia que se nos pide a nosotros, los hombres del siglo XX’ (a Paulette Mounier, 13 de enero de 1940).
‘No se puede solamente escribir libros. Es preciso que la vida nos arranque periódicamente de la estafa del pensamiento que vive sobre los actos y los méritos de otro’ (Conversaciones X, 28 de agosto de 1940).
‘Sólo las cifras incomprensibles de nuestro destino forman un verdadero libro legible…’ (a Carmelle Dosse, 17 de julio de 1941).
‘¿Cómo llevar vivo lo que no hemos llevado cuando estaba muerto?
…No quiero tapar puerilmente el sufrimiento… No, la única desgracia verdadera es sufrir por separado, dándonos la espalda, cuando se deja de sentir en el mal común esta fraternidad cruel, esta intimidad desgraciada que le arranca su espina profunda’ (a Paulette Mounier, Pascua de 1943).
‘Deberíamos medir la profundidad de los afectos por las alegrías mutuas que nos damos, ciertamente, pero también, y no exagero, por las heridas que nos producimos. Hay heridas inútiles, las que proceden del choque de los egocentrismos; está claro que hablo de otras, de las que son necesarias para no vivir en la mentira y para despertarse mutuamente del sueño de la costumbre…
Lo que es grande es el deseo de amarse y la lucha por el amor. La transfiguración del amor, la beatitud del amor la concede un milagro de vez en cuando’ (a su padre, 28 de abril de 1943).
‘“Honrarás a tus padres”, es decir, que les ayudarás con tu juventud a vencer su vejez. No les dejarás hundirse detrás de la barrera de su debilitamiento, tú demolerás constantemente este muro que hay ante ellos, en la medida en que esto depende de tus fuerzas…’ (a su padre, 28 de abril de 1943).
Tomado de: Emmanuel Mounier, Cartas desde el dolor, México, Jus, 2005.
http://ululatus-sapiens.blogspot.com/2007/08/las-cartas-de-emmanuel-mounier.html
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sábado, 11 de mayo de 2013
lunes, 29 de octubre de 2012
CAZA DE CITAS
"Así como la bicicleta o el avión sólo mantienen su equilibrio en movimiento y por encima de una cierta fuerza viva, el hombre requiere para mantenerse de pie un mínimo de fuerza ascensional. Al perder altura, no cae en cierta humanidad moderada, o como se dice, en el animal, sino muy por debajo del animal: ningún ser vivo, salvo el hombre, ha inventado las crueldades y las bajezas en que él se complace aún"
Emmanuel Mounier
("El personalismo", EUDEBA, Buenos Aires, 1967: 41)
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Emmanuel Mounier
lunes, 2 de julio de 2012
FICCIÓN DE NORMALIDAD
EL NACIONAL - MIÉRCOLES 9 DE FEBRERO DE 2000 / OPINION
Esguince y fracturación
Luis Barragán
"Querer vivir a cualquier precio es aceptar un
día vivir al precio de las razones de vivir.
Solo existimos definitivamente desde el momento
en que nos hemos constituido un cuadro interior
de valores y de abnegaciones contra el cual,
sabemos, ni siquiera prevalecerá la amenaza de la muerte"
Emmanuel Mounier
En los últimos lustros, el advenimiento de los comicios para renovar los órganos del poder público sirvió como el mejor pretexto para diferir, contener o aplacar las diferencias internas de las organizaciones partidistas. La urgencia y la prontitud, no siempre coincidentes, constituían los argumentos esencialmente esgrimidos en esa generosa interpretación de las previsiones estatutarias que soportaban los más sorprendentes cálculos para la dilación.
Ahora, se dirá, sobran los motivos, pues se trata del novedoso, incontenible y aún enigmático desafío de las elecciones inaugurales de otro ciclo republicano, por lo que es necesario esquivar u obviar toda disonancia, en el mejor de los casos remendarla, para salvaguardar la unidad y el vigor de la organización. Vale decir: nada ha sucedido realmente en los últimos tiempos e, incólume el entusiasmo y la emoción de la membresía, o siendo la única fórmula secreta capaz de mantenerla en sus niveles históricos, no vale la pena asumir el riesgo del autocuestionamiento.
Mediante secuencias nada inéditas, la actual dirigencia acciondemocratista proclama el (siempre) supremo interés de renovación que sólo debe esperar la realización de las (mega) elecciones para sorprender, a propios y extraños, con un salto gatopardiano de buena estirpe. La socialcristiana, deudora de un evento que las bases reclaman desde la crisis existencial que abrió sus cauces en diciembre de 1998, ofrece un testimonio semejante.
Digamos que se trata de una ficción de normalidad, ensayada al interior de la organización en el constante intento de una rutina justificada en sí misma. El partido socialcristiano, cuya vocación histórica y carácter ideológico debemos reivindicar, sustentando los valores y las abnegaciones de una adhesión esperanzada, ha de volver a la realidad y ello pasa, inevitablemente, por la renuncia de su actual cuadro directivo, con la inmediata aprobación del proyecto de reforma estatutaria originalmente planteado por la comisión que presidió Carlos Moros Ghersi.
Una tardanza en la convocatoria de las convenciones nacional, regional y local, con la directa selección por las bases de quienes conducirán a la organización en tan difíciles circunstancias, tenderá a consolidar los vicios estructurales de un populismo que penetró todos los rincones el partido, inmovilizándolo hasta hacer de la participación otra consigna de ocasión. Esto nos remite a la ejecución de tareas más trascendentales que los afanes de reubicación burocrática, dibujados casi como el único fundamento doctrinario de los que, incluso, llegan a concebir a la organización como una franquiciadora, capaz de darle al mejor postor un puesto en las boletas electorales.
Reactivar la discusión ideológica, encontrándonos en una etapa que dice privilegiar la construcción de una distinta legitimidad; reinstitucionalizar las instancias y posiciones del partido, asegurando una reinserción social honesta, fluida y transparente que, por una parte, responda a los retos de la eficacia y de la efectividad que irremediablemente surgen, y, por otra, acepte que la política no es un fenómeno exclusivamente estatal; procesar y agregar las ideas y el idealismo, las iniciativas e intereses de una diversidad irreprimible; actualizarnos gracias a la genuina rebeldía ética de las más recientes generaciones, sin dar paso a las deplorables versiones de un oportunismo inescrupuloso. Apenas, los enunciados del otro itinerario histórico a cumplir, evitando que el esguince se convierta en una definitiva fracturación política.
La democracia cristiana venezolana tiene un camino que andar. No son los atajos los que nos seducen, sino una larga travesía que despierte la emoción y la imaginación, capitalizada la voluntad popular para realizar el proyecto histórico pendiente.
Luisbarragan@hotmail.com
Esguince y fracturación
Luis Barragán
"Querer vivir a cualquier precio es aceptar un
día vivir al precio de las razones de vivir.
Solo existimos definitivamente desde el momento
en que nos hemos constituido un cuadro interior
de valores y de abnegaciones contra el cual,
sabemos, ni siquiera prevalecerá la amenaza de la muerte"
Emmanuel Mounier
En los últimos lustros, el advenimiento de los comicios para renovar los órganos del poder público sirvió como el mejor pretexto para diferir, contener o aplacar las diferencias internas de las organizaciones partidistas. La urgencia y la prontitud, no siempre coincidentes, constituían los argumentos esencialmente esgrimidos en esa generosa interpretación de las previsiones estatutarias que soportaban los más sorprendentes cálculos para la dilación.
Ahora, se dirá, sobran los motivos, pues se trata del novedoso, incontenible y aún enigmático desafío de las elecciones inaugurales de otro ciclo republicano, por lo que es necesario esquivar u obviar toda disonancia, en el mejor de los casos remendarla, para salvaguardar la unidad y el vigor de la organización. Vale decir: nada ha sucedido realmente en los últimos tiempos e, incólume el entusiasmo y la emoción de la membresía, o siendo la única fórmula secreta capaz de mantenerla en sus niveles históricos, no vale la pena asumir el riesgo del autocuestionamiento.
Mediante secuencias nada inéditas, la actual dirigencia acciondemocratista proclama el (siempre) supremo interés de renovación que sólo debe esperar la realización de las (mega) elecciones para sorprender, a propios y extraños, con un salto gatopardiano de buena estirpe. La socialcristiana, deudora de un evento que las bases reclaman desde la crisis existencial que abrió sus cauces en diciembre de 1998, ofrece un testimonio semejante.
Digamos que se trata de una ficción de normalidad, ensayada al interior de la organización en el constante intento de una rutina justificada en sí misma. El partido socialcristiano, cuya vocación histórica y carácter ideológico debemos reivindicar, sustentando los valores y las abnegaciones de una adhesión esperanzada, ha de volver a la realidad y ello pasa, inevitablemente, por la renuncia de su actual cuadro directivo, con la inmediata aprobación del proyecto de reforma estatutaria originalmente planteado por la comisión que presidió Carlos Moros Ghersi.
Una tardanza en la convocatoria de las convenciones nacional, regional y local, con la directa selección por las bases de quienes conducirán a la organización en tan difíciles circunstancias, tenderá a consolidar los vicios estructurales de un populismo que penetró todos los rincones el partido, inmovilizándolo hasta hacer de la participación otra consigna de ocasión. Esto nos remite a la ejecución de tareas más trascendentales que los afanes de reubicación burocrática, dibujados casi como el único fundamento doctrinario de los que, incluso, llegan a concebir a la organización como una franquiciadora, capaz de darle al mejor postor un puesto en las boletas electorales.
Reactivar la discusión ideológica, encontrándonos en una etapa que dice privilegiar la construcción de una distinta legitimidad; reinstitucionalizar las instancias y posiciones del partido, asegurando una reinserción social honesta, fluida y transparente que, por una parte, responda a los retos de la eficacia y de la efectividad que irremediablemente surgen, y, por otra, acepte que la política no es un fenómeno exclusivamente estatal; procesar y agregar las ideas y el idealismo, las iniciativas e intereses de una diversidad irreprimible; actualizarnos gracias a la genuina rebeldía ética de las más recientes generaciones, sin dar paso a las deplorables versiones de un oportunismo inescrupuloso. Apenas, los enunciados del otro itinerario histórico a cumplir, evitando que el esguince se convierta en una definitiva fracturación política.
La democracia cristiana venezolana tiene un camino que andar. No son los atajos los que nos seducen, sino una larga travesía que despierte la emoción y la imaginación, capitalizada la voluntad popular para realizar el proyecto histórico pendiente.
Luisbarragan@hotmail.com
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sábado, 26 de mayo de 2012
MOUNIERIANOS
NOTITARDE, Valencia, 13 de Diciembre de 2006
Emmanuel Mounier en el debate de nuestro tiempo
Domingo Alfonso Bacalao
De nuevo sobre el tapete, en el debate europeo, se discuten y profundizan las ideas y los planteamientos de Emmanuel Mounier, el insigne pensador francés. En tres gruesos volúmenes, una honda y llamativa investigación titulada "Teología del saber", retoma el interés por el humanismo contemporáneo, incluyendo entre sus ponentes al pensador de Grenoble.
Acercarse a Mounier es siempre una experiencia enriquecedora, pues la originalidad de su pensamiento -el personalismo comunitario- reside fundamentalmente en la comprensión del hombre, o más propiamente de la persona -presencia y trascendencia- y en su permanente deseo de interrogarlo, para extraer de allí la enseñanza necesaria para la vida y para la acción.
El humanismo contemporáneo se sigue alimentando y fortaleciendo de su pensamiento, persistentemente vigente. Es esa búsqueda incesante, trascendente, dramática si se quiere, de conquistar la justicia sin sacrificar la libertad.
Para un intelectual cristiano la obra y la persona de Emmanuel Mounier tiene, pues, una connotación especial. Hombre de profundas convicciones vivió lo que predicó. En su persona se unen maravillosamente la creación y la acción al servicio de un ideal de redención social y humana. Es, seguramente, el pensador católico de avanzada que ha irradiado con mayor intensidad en el mundo entero en el campo político-social.
La reciedumbre de sus ideas, el impacto de su ideario, la autenticidad de su mensaje y, sobre todo, una vida limpia y transparente lo convierten en un auténtico maestro.
Como educador estuvo siempre cerca del ambiente universitario pero sintió y vivió, total y profundamente, el mundo de los obreros, sus inquietudes, sus sufrimientos, esperando siempre su despertar, como un avance necesario de la justicia.
En él encarna, de manera ejemplar, la famosa frase hegeliana: la verdad de la idea es el acto. Hombre de ideas y de acción, teoría y praxis, o como diría Jean Lacroix, pensamiento y acción, fueron en Mounier una constante causalidad recíproca. Lo que lo convierte en un ideólogo con plena vigencia es, pues, la fuerza y autenticidad de su mensaje, así como la lección de su propia vida.
Esta es, igualmente, la razón por la cual el pensamiento de Emmanuel Mounier atrae e impacta todavía fuertemente.
La crisis que se vive a nivel planetario -incluyendo por supuesto a América Latina- amerita cambios profundos en el orden económico y social y, fundamentalmente, en el orden moral. La crisis es económica, social, política, institucional, pero es también, básicamente, una situación de proporciones éticas incalculables.
La transformación que debe darse ha de ser moral y económica, entonces, como decía Mounier, o no será nada. Sin embargo, las flaquezas morales siguen siendo las debilidades más protuberantes en la búsqueda de un nuevo orden jurídico y político con justicia social.
Las obras completas del pensador galo constituyen la mejor fuente para abordar su pensamiento, siempre fresco y fecundo, lleno de enseñanzas e intuiciones novedosas.
Podemos terminar estas breves acotaciones con las hermosas frases de Jorge Piquer: "un profeta del siglo XX en el que -como los del Antiguo Testamento- todo es mensaje: su persona, su vida, sus actos, no sólo sus ideas o sus escritos".
N.B Con este artículo nos despedimos de nuestros estimados lectores, hasta el miércoles 17 de enero de 2007, cuando de nuevo, Dios mediante, estas "crónicas de disidencia" estarán circulando. Feliz Navidad y próspero Año Nuevo para todos.
Emmanuel Mounier en el debate de nuestro tiempo
Domingo Alfonso Bacalao
De nuevo sobre el tapete, en el debate europeo, se discuten y profundizan las ideas y los planteamientos de Emmanuel Mounier, el insigne pensador francés. En tres gruesos volúmenes, una honda y llamativa investigación titulada "Teología del saber", retoma el interés por el humanismo contemporáneo, incluyendo entre sus ponentes al pensador de Grenoble.
Acercarse a Mounier es siempre una experiencia enriquecedora, pues la originalidad de su pensamiento -el personalismo comunitario- reside fundamentalmente en la comprensión del hombre, o más propiamente de la persona -presencia y trascendencia- y en su permanente deseo de interrogarlo, para extraer de allí la enseñanza necesaria para la vida y para la acción.
El humanismo contemporáneo se sigue alimentando y fortaleciendo de su pensamiento, persistentemente vigente. Es esa búsqueda incesante, trascendente, dramática si se quiere, de conquistar la justicia sin sacrificar la libertad.
Para un intelectual cristiano la obra y la persona de Emmanuel Mounier tiene, pues, una connotación especial. Hombre de profundas convicciones vivió lo que predicó. En su persona se unen maravillosamente la creación y la acción al servicio de un ideal de redención social y humana. Es, seguramente, el pensador católico de avanzada que ha irradiado con mayor intensidad en el mundo entero en el campo político-social.
La reciedumbre de sus ideas, el impacto de su ideario, la autenticidad de su mensaje y, sobre todo, una vida limpia y transparente lo convierten en un auténtico maestro.
Como educador estuvo siempre cerca del ambiente universitario pero sintió y vivió, total y profundamente, el mundo de los obreros, sus inquietudes, sus sufrimientos, esperando siempre su despertar, como un avance necesario de la justicia.
En él encarna, de manera ejemplar, la famosa frase hegeliana: la verdad de la idea es el acto. Hombre de ideas y de acción, teoría y praxis, o como diría Jean Lacroix, pensamiento y acción, fueron en Mounier una constante causalidad recíproca. Lo que lo convierte en un ideólogo con plena vigencia es, pues, la fuerza y autenticidad de su mensaje, así como la lección de su propia vida.
Esta es, igualmente, la razón por la cual el pensamiento de Emmanuel Mounier atrae e impacta todavía fuertemente.
La crisis que se vive a nivel planetario -incluyendo por supuesto a América Latina- amerita cambios profundos en el orden económico y social y, fundamentalmente, en el orden moral. La crisis es económica, social, política, institucional, pero es también, básicamente, una situación de proporciones éticas incalculables.
La transformación que debe darse ha de ser moral y económica, entonces, como decía Mounier, o no será nada. Sin embargo, las flaquezas morales siguen siendo las debilidades más protuberantes en la búsqueda de un nuevo orden jurídico y político con justicia social.
Las obras completas del pensador galo constituyen la mejor fuente para abordar su pensamiento, siempre fresco y fecundo, lleno de enseñanzas e intuiciones novedosas.
Podemos terminar estas breves acotaciones con las hermosas frases de Jorge Piquer: "un profeta del siglo XX en el que -como los del Antiguo Testamento- todo es mensaje: su persona, su vida, sus actos, no sólo sus ideas o sus escritos".
N.B Con este artículo nos despedimos de nuestros estimados lectores, hasta el miércoles 17 de enero de 2007, cuando de nuevo, Dios mediante, estas "crónicas de disidencia" estarán circulando. Feliz Navidad y próspero Año Nuevo para todos.
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jueves, 17 de mayo de 2012
FALACIA
EL GLOBO, Caracas, 01 de Diciembre de 1997
¿Desideologización de la política del Siglo XXI?
Luis Barragán
Desde ya se anuncia un nuevo apocalipsis: el desencuentro de todos en el marco de un nuevo milenio. La política atenta contra nuestra felicidad individual. Cuatro jinetes la cabalgan en medio de una tempestad silenciosa: para reanimarla, reclamando el esplendor de los viejos tiempos; para desmentirla, enmascarando las ambiciones de poder; para exacerbarla, en promesa de nuevas experiencias totalitarias; o simplemente para liquidarla, vaciando de sentido la historia.
La desideologización de la política es una falacia. Tal criterio escamotea una doble abstención. Preservando la pureza de propósitos, no nos atrevemos a oler la realidad para subvertirla. Pefeccionando las fórmulas de supervivencia, no incurrimos en la audacia de repensar la vida misma. Por consiguiente, luce más cómoda la pretensión de deslegitimar a quienes, de una forma u otra, tienen principios y (anti) valores que realizar.
No hay tal desideologización, sino un asalto a la política para desfigurarla. Es decir, la materialización de un conjunto de intenciones orientadas a la exclusión creciente de grupos y personas en las decisiones que les concierne.
La crisis persistirá y la próxima centuria, por muy mítica que sea, no nos relevará de ella y de las responsabilidades personales que acarrea. No es deseable volver a los antigüos procederes, apostar por una solución única y terminal, someterse al espectáculo y huir despavoridos. Es necesario reencontrarnos y, así, actualizar las instituciones, estimular los consensos alrededor de proyectos claramente definidos y discutidos, reivindicar los espacios y el servicio público, protagonizar los cambios.
Son diversos los modelos que integran nuestras creencias morales y cognitivas en torno al hombre, a la sociedad y al universo. De acuerdo al grado de claridad y coherencia o de sistematización y - fundamentalmente - asunción de una realidad concreta, podemos hablar de ideología en contraste con la doctrina, la cual versa sobre los principios y valores esenciales que inspiran nuestra acción, asignándole una serie de fines abstractos; y el programa, cuya especificidad tiene que ver con la estrategia y táctica de la realización ideológica. Evidentemente, hay distintas corrientes ideológicas consolidadas o en vías de consolidación de acuerdo a su nivel teleológico, estructural, globalizante, de conciliación y de prelación.
La preposición inseparable “des” denota negación o inversión del significado del simple, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, por lo que se infiere la fragilidad o inexistencia de una ideología. Siendo así, tomando una de las nociones básicas de quienes hace décadas versaron sobre el fin de las ideologías, nos movemos en los terrenos de la doctrina, de lo que Edward Shils llama “concepción del mundo” o de lo cultural, ya que no hay sociedad ni persona sin una trama de orientaciones.
Lo ideológico en Marx tiene otra connotación. Se refiere a la “falsa conciencia”, al enmascaramiento de la realidad y de los intereses de las clases dominantes; Althusser, por ejemplo, habla de la lógica y papel histórico de las representaciones (imágenes, mitos, ideas, conceptos). Tenemos que, por una parte, el fin de la ideología en Marx sobrevendrá con el comunismo; y, por otra, en una tendencia liberal, ya finalizó en razón del bienestar generalizado de las sociedades altamente avanzadas cuyas diferencias y tensiones no tienen un carácter existencial.
Siendo así, presente el componente ideológico en forma explícita o implicita, manifestación realizada o por realizar, expresión estancada o por innovar en una sociedad dada, difícilmente puede negarse. El dilema de la (des) ideologización cede el paso a otro más importante y crucial referido a la lucha del (anti) humanismo. En consecuencia puede hablarse de las ideologías (des) humanizantes, aunque también de anomia en cuanto hay, de un lado, razones y conductas paralelas que dicen llamarse “ideología” y realmente obedecen a un asiento de actitudes y visiones; y, de otro, la confesión, apego formal a una ideología cuando, en los hechos, se la adultera y traiciona.
Ahora bien, esa realidad que es materia prima de la política ha sufrido una serie de transformaciones que tienden a alterar sustancialmente el sentido de lo colectivo. Es cierto que los decisores públicos han incurrido en errores, fracasos y ligerezas al lado de sus aciertos, éxitos y previsiones, pero también lo es que la apatía, la indiferencia, el escepticismo, la anomia afectan crecientemente a todo el conjunto social, como factores a la vez condicionantes y condicionados. Todos los males de la sociedad se le imputan al obrar político.
El desinterés por el origen y las consecuencias reales de los problemas, lleva a un debate superficial donde apenas cabe la política como un espectáculo más. Y es de suponer que los profesionales de la diversión, en este marco, cuentan con mayores posibilidades, imponiéndose por encima de las trayectorias que digan del estudio profundo de las realidades así como de los remedios y diligencias que son necesarios de acordar.
El lenguaje doctrinario, ideológico y programático es reemplazado por el que apela a los instintos. Este es un camino que intenta reconstruir nuestra realidad, porque también aquél ha fracasado en hacerlo y, más de las veces, libra un combate desigual con los medios de comunicación social. Se hacen cada vez más complejos los asuntos que conciernen a todos y no hay un código que los asuma íntegramente. Y es que el poder, en lo que se ha dado en llamar la postmodernidad, sufre progresivamente los embates de la dispersión y, en el imaginario popular, sus agentes deben distinguirse por la frivolidad y el exhibicionismo, supuestamente capaces de sacarnos del retraimiento.
El Siglo XXI levanta toda suerte de expectativas. Le conferimos un carácter mágico a su llegada. Y la ingenuidad puede arrinconarnos hasta negar las posibles tendencias en el desarrollo político, en nombre de las sorpresas que puede depararnos la ciencia y la tecnología en un milenio que se supone su exacto domicilio.
Las ideas e imágenes que tenemos y nos hacemos de la próxima y decisiva centuria provienen de una serie de autores que dibujan el futuro, desde una perspectiva optimista, como Alvin Toffler y Francis Fukuyama, o pesimista, como Paul Kennedy y Zbigniew Brzezinski.
En Toffler se evidencia lo que se ha dado en llamar un marxismo redefinido, debido al desarrollo de las fuerzas productivas (estructura) que influye a la política (superestructura). Fukuyama es devoto de los viejos vaticinios en torno al fin de las ideologías. En todo caso, deducimos una franca agudización de la individualidad (que no personalización) y la conquista del poder por aquellos grupos formales e informales que alcancen el rango de gladiadores, bajo los supuesto de un liberalismo victorioso. ¿ El fin de la historia significa la superación de los grandes relatos o su extravío y adulteración?.
La transición inconclusa que experimentamos hacia otro estadio histórico muestra una riqueza simbólica que contrasta con las incertidumbres conceptuales. El Siglo XXI aparece como un mito alimentado por la fantasía, en el podemos invertir todas las ilusiones y enfatizar los más variados estereotipos que den cuenta de una realidad insuficientemente comprendida. Símbolos e imágenes que sirven de orientación cognoscitiva, estimativa y afectiva, sirviendo a una actitud política. La tecnociencia, con sus productos y servicios, deslumbra a todos y es capaz de fraguar un optimismo exagerado al pretenderla un sustento básico de la democracia o de la vida pública, para unos, así como un factor de legitimación de una dictadura en la que los tecnócratas sean el eje central y nos releven de conocer asuntos muy complicados y casi esotéricos.
Simplicidades que obedecen a ciertos determinismos en relación a la economía y el consumo, como si el hombre sólo produjera, consumiera y se divirtiera; o al Estado, único ámbito de realización colectiva y personal. Para Pedro Mario Bazán se evidencia una “compulsión al gozo y al narcisismo: para el consumidor ha nacido una nueva ética, la de la compulsión al gozo supliendo la tradicional ética del trabajo: si no se consume no se tiene derecho a ser feliz”, impuesta crecientemente la “democracia del ocio, de la autopista y del refrigerador” . Lo irónico está en no contar con una adecuada vialidad, una sana recreación y menos comer en buena parte del globo terráqueo.
Son diversas las cosmovisiones y la razón tiene una variedad de dimensiones, en el que la ciencia y la tecnología es el único saber fuerte. Hay cupo para las creencias trivializadas que tiene que ver con la inacabable multiplicación de las sectas o el interés centrado en los horóscopos y los “ovni”, con el debido respeto a los que ciertamente se esmeran en el estudio de ambos temas. Anomia ideológica donde no hay conciencia del momento histórico, no se es hijo de su tiempo, está ausente lo deliberativo (y, por supuesto, lo crítico), que lleve a un proyecto capaz de representarse en cada uno de nosotros. Puede hablarse de desideologización de la política en unos términos y, no obstante, creemos que el enlace con el humanismo científico y tecnológico nos remite a una ideología subyacente o, mejor, sin asumirlo en su justa dimensión, a un tejido de orientaciones individuales alternas, paralelas, que sirven para un proyecto que se alimenta de credos, ilusiones, predisposiciones, mitos. Por una parte, no hay una participación y canalización política que permita someter a prueba la consistencia teórica y fáctica de tales orientaciones; y, por otra, aunque no cuente con los requisitos que la hagan una ideología de una forma u otra se realiza en la sociedad, influye y es influida en esa colcha de retazos que es debilidad pero también fortaleza del “pensamiento” en el marco de la postmodernidad.
La política como espectáculo tiene una magnífica plataforma en esta debilidad de las convicciones sobre la vida pública. Es, ante todo, moralista. Es prisionera del discurso moral, de los enunciados grandilocuentes. Así podemos entender a Kolakowski cuando afirma que la idolatría de lo político es la fabricación de “idolos para un uso ad hoc en el juego del poder político” y confirma que “no se trata de nuestra incapacidad técnica para enfrentar los problemas, sino más bien de nuestra incapacidad para tratar los problemas que no son técnicos” .
La socialización es la progresiva multiplicación de las relaciones de convivencia, según dijera Juan XXIII en su “Mater et Magistra”. Multiplicación que debe llevar el signo del humanismo cristiano para asumir las tareas históricas que tenemos pendientes. Realización concreta y acorde a nuestras particularidades de valores como el amor, justicia, bien común, calidad protagónica del hombre, perfectibilidad de la sociedad, libertad, igualdad, democracia, participación, solidaridad, cooperación, austeridad. Estamos en el medio político. No se trata de una mera divulgación, sino de la urgencia de traducirlos en iniciativas políticas concretas. Ustedes, los jóvenes herederos de una crisis de la que son culpables en la medida que no realizan un esfuerzo de búsqueda de soluciones, deben dar el combate. Nosotros, los más adultos, quienes compartimos la mesa de discusión en este Congreso, no podemos descansar y esperar que otros libren la lucha. Es el buen combate con la fuerza que da la fe y la buena conciencia en San Pablo.
Post-data (17/05/12):
Quisimos que el texto quedara en la red, a través de: http://www.analitica.com/va/politica/opinion/5967533.asp . No obstante, nos permitimos acotar una circunstancia. La versión adicional, cercana a la setentena de páginas, la imprimimos artesanalmente, como ya habíamos visto con un diccionario de la democracia cristiana, publicado por el departamento de Formación del PDC de Chile (nos lo hizo llegar Jorge Picón). Sacamos unos cien ejemplares fotocopiados y encuadernamos con una tapas duras que - imagino - diseñó Rafael Mourad. Enviamos esa versión a la Biblioteca Nacional para el correspondiente registro, junto a la resumida que publicó el extinto diario El Globo, Caracas. ¿Qué ocurrió? En el sistema bibliotecario apareció únicamente esta versión, cuatro o cinco hojas, mas no el folleto de setenta páginas. Al solicitar, a mediados de la década, el material simplemente no lo hallaron. Semanas atrás, chequeando la posible aparición de una declaración enviada sobre el Proyecto de la Ley Orgánica de Cultura, a diarios del interior del país, nos sorprendió encontrar: http://libreroonline.com/venezuela/libros/22213/barragan-luis/desidelogizacion-de-la-politica-de-siglo-xxi.html . No disponible. ¿Website alimentado por el sistema de la B.N., por cierto, la que ya conoce de la desastrosa situación de su plataforma tecnológica?
¿Desideologización de la política del Siglo XXI?
Luis Barragán
Desde ya se anuncia un nuevo apocalipsis: el desencuentro de todos en el marco de un nuevo milenio. La política atenta contra nuestra felicidad individual. Cuatro jinetes la cabalgan en medio de una tempestad silenciosa: para reanimarla, reclamando el esplendor de los viejos tiempos; para desmentirla, enmascarando las ambiciones de poder; para exacerbarla, en promesa de nuevas experiencias totalitarias; o simplemente para liquidarla, vaciando de sentido la historia.
La desideologización de la política es una falacia. Tal criterio escamotea una doble abstención. Preservando la pureza de propósitos, no nos atrevemos a oler la realidad para subvertirla. Pefeccionando las fórmulas de supervivencia, no incurrimos en la audacia de repensar la vida misma. Por consiguiente, luce más cómoda la pretensión de deslegitimar a quienes, de una forma u otra, tienen principios y (anti) valores que realizar.
No hay tal desideologización, sino un asalto a la política para desfigurarla. Es decir, la materialización de un conjunto de intenciones orientadas a la exclusión creciente de grupos y personas en las decisiones que les concierne.
La crisis persistirá y la próxima centuria, por muy mítica que sea, no nos relevará de ella y de las responsabilidades personales que acarrea. No es deseable volver a los antigüos procederes, apostar por una solución única y terminal, someterse al espectáculo y huir despavoridos. Es necesario reencontrarnos y, así, actualizar las instituciones, estimular los consensos alrededor de proyectos claramente definidos y discutidos, reivindicar los espacios y el servicio público, protagonizar los cambios.
Son diversos los modelos que integran nuestras creencias morales y cognitivas en torno al hombre, a la sociedad y al universo. De acuerdo al grado de claridad y coherencia o de sistematización y - fundamentalmente - asunción de una realidad concreta, podemos hablar de ideología en contraste con la doctrina, la cual versa sobre los principios y valores esenciales que inspiran nuestra acción, asignándole una serie de fines abstractos; y el programa, cuya especificidad tiene que ver con la estrategia y táctica de la realización ideológica. Evidentemente, hay distintas corrientes ideológicas consolidadas o en vías de consolidación de acuerdo a su nivel teleológico, estructural, globalizante, de conciliación y de prelación.
La preposición inseparable “des” denota negación o inversión del significado del simple, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, por lo que se infiere la fragilidad o inexistencia de una ideología. Siendo así, tomando una de las nociones básicas de quienes hace décadas versaron sobre el fin de las ideologías, nos movemos en los terrenos de la doctrina, de lo que Edward Shils llama “concepción del mundo” o de lo cultural, ya que no hay sociedad ni persona sin una trama de orientaciones.
Lo ideológico en Marx tiene otra connotación. Se refiere a la “falsa conciencia”, al enmascaramiento de la realidad y de los intereses de las clases dominantes; Althusser, por ejemplo, habla de la lógica y papel histórico de las representaciones (imágenes, mitos, ideas, conceptos). Tenemos que, por una parte, el fin de la ideología en Marx sobrevendrá con el comunismo; y, por otra, en una tendencia liberal, ya finalizó en razón del bienestar generalizado de las sociedades altamente avanzadas cuyas diferencias y tensiones no tienen un carácter existencial.
Siendo así, presente el componente ideológico en forma explícita o implicita, manifestación realizada o por realizar, expresión estancada o por innovar en una sociedad dada, difícilmente puede negarse. El dilema de la (des) ideologización cede el paso a otro más importante y crucial referido a la lucha del (anti) humanismo. En consecuencia puede hablarse de las ideologías (des) humanizantes, aunque también de anomia en cuanto hay, de un lado, razones y conductas paralelas que dicen llamarse “ideología” y realmente obedecen a un asiento de actitudes y visiones; y, de otro, la confesión, apego formal a una ideología cuando, en los hechos, se la adultera y traiciona.
Ahora bien, esa realidad que es materia prima de la política ha sufrido una serie de transformaciones que tienden a alterar sustancialmente el sentido de lo colectivo. Es cierto que los decisores públicos han incurrido en errores, fracasos y ligerezas al lado de sus aciertos, éxitos y previsiones, pero también lo es que la apatía, la indiferencia, el escepticismo, la anomia afectan crecientemente a todo el conjunto social, como factores a la vez condicionantes y condicionados. Todos los males de la sociedad se le imputan al obrar político.
El desinterés por el origen y las consecuencias reales de los problemas, lleva a un debate superficial donde apenas cabe la política como un espectáculo más. Y es de suponer que los profesionales de la diversión, en este marco, cuentan con mayores posibilidades, imponiéndose por encima de las trayectorias que digan del estudio profundo de las realidades así como de los remedios y diligencias que son necesarios de acordar.
El lenguaje doctrinario, ideológico y programático es reemplazado por el que apela a los instintos. Este es un camino que intenta reconstruir nuestra realidad, porque también aquél ha fracasado en hacerlo y, más de las veces, libra un combate desigual con los medios de comunicación social. Se hacen cada vez más complejos los asuntos que conciernen a todos y no hay un código que los asuma íntegramente. Y es que el poder, en lo que se ha dado en llamar la postmodernidad, sufre progresivamente los embates de la dispersión y, en el imaginario popular, sus agentes deben distinguirse por la frivolidad y el exhibicionismo, supuestamente capaces de sacarnos del retraimiento.
El Siglo XXI levanta toda suerte de expectativas. Le conferimos un carácter mágico a su llegada. Y la ingenuidad puede arrinconarnos hasta negar las posibles tendencias en el desarrollo político, en nombre de las sorpresas que puede depararnos la ciencia y la tecnología en un milenio que se supone su exacto domicilio.
Las ideas e imágenes que tenemos y nos hacemos de la próxima y decisiva centuria provienen de una serie de autores que dibujan el futuro, desde una perspectiva optimista, como Alvin Toffler y Francis Fukuyama, o pesimista, como Paul Kennedy y Zbigniew Brzezinski.
En Toffler se evidencia lo que se ha dado en llamar un marxismo redefinido, debido al desarrollo de las fuerzas productivas (estructura) que influye a la política (superestructura). Fukuyama es devoto de los viejos vaticinios en torno al fin de las ideologías. En todo caso, deducimos una franca agudización de la individualidad (que no personalización) y la conquista del poder por aquellos grupos formales e informales que alcancen el rango de gladiadores, bajo los supuesto de un liberalismo victorioso. ¿ El fin de la historia significa la superación de los grandes relatos o su extravío y adulteración?.
La transición inconclusa que experimentamos hacia otro estadio histórico muestra una riqueza simbólica que contrasta con las incertidumbres conceptuales. El Siglo XXI aparece como un mito alimentado por la fantasía, en el podemos invertir todas las ilusiones y enfatizar los más variados estereotipos que den cuenta de una realidad insuficientemente comprendida. Símbolos e imágenes que sirven de orientación cognoscitiva, estimativa y afectiva, sirviendo a una actitud política. La tecnociencia, con sus productos y servicios, deslumbra a todos y es capaz de fraguar un optimismo exagerado al pretenderla un sustento básico de la democracia o de la vida pública, para unos, así como un factor de legitimación de una dictadura en la que los tecnócratas sean el eje central y nos releven de conocer asuntos muy complicados y casi esotéricos.
Simplicidades que obedecen a ciertos determinismos en relación a la economía y el consumo, como si el hombre sólo produjera, consumiera y se divirtiera; o al Estado, único ámbito de realización colectiva y personal. Para Pedro Mario Bazán se evidencia una “compulsión al gozo y al narcisismo: para el consumidor ha nacido una nueva ética, la de la compulsión al gozo supliendo la tradicional ética del trabajo: si no se consume no se tiene derecho a ser feliz”, impuesta crecientemente la “democracia del ocio, de la autopista y del refrigerador” . Lo irónico está en no contar con una adecuada vialidad, una sana recreación y menos comer en buena parte del globo terráqueo.
Son diversas las cosmovisiones y la razón tiene una variedad de dimensiones, en el que la ciencia y la tecnología es el único saber fuerte. Hay cupo para las creencias trivializadas que tiene que ver con la inacabable multiplicación de las sectas o el interés centrado en los horóscopos y los “ovni”, con el debido respeto a los que ciertamente se esmeran en el estudio de ambos temas. Anomia ideológica donde no hay conciencia del momento histórico, no se es hijo de su tiempo, está ausente lo deliberativo (y, por supuesto, lo crítico), que lleve a un proyecto capaz de representarse en cada uno de nosotros. Puede hablarse de desideologización de la política en unos términos y, no obstante, creemos que el enlace con el humanismo científico y tecnológico nos remite a una ideología subyacente o, mejor, sin asumirlo en su justa dimensión, a un tejido de orientaciones individuales alternas, paralelas, que sirven para un proyecto que se alimenta de credos, ilusiones, predisposiciones, mitos. Por una parte, no hay una participación y canalización política que permita someter a prueba la consistencia teórica y fáctica de tales orientaciones; y, por otra, aunque no cuente con los requisitos que la hagan una ideología de una forma u otra se realiza en la sociedad, influye y es influida en esa colcha de retazos que es debilidad pero también fortaleza del “pensamiento” en el marco de la postmodernidad.
La política como espectáculo tiene una magnífica plataforma en esta debilidad de las convicciones sobre la vida pública. Es, ante todo, moralista. Es prisionera del discurso moral, de los enunciados grandilocuentes. Así podemos entender a Kolakowski cuando afirma que la idolatría de lo político es la fabricación de “idolos para un uso ad hoc en el juego del poder político” y confirma que “no se trata de nuestra incapacidad técnica para enfrentar los problemas, sino más bien de nuestra incapacidad para tratar los problemas que no son técnicos” .
La socialización es la progresiva multiplicación de las relaciones de convivencia, según dijera Juan XXIII en su “Mater et Magistra”. Multiplicación que debe llevar el signo del humanismo cristiano para asumir las tareas históricas que tenemos pendientes. Realización concreta y acorde a nuestras particularidades de valores como el amor, justicia, bien común, calidad protagónica del hombre, perfectibilidad de la sociedad, libertad, igualdad, democracia, participación, solidaridad, cooperación, austeridad. Estamos en el medio político. No se trata de una mera divulgación, sino de la urgencia de traducirlos en iniciativas políticas concretas. Ustedes, los jóvenes herederos de una crisis de la que son culpables en la medida que no realizan un esfuerzo de búsqueda de soluciones, deben dar el combate. Nosotros, los más adultos, quienes compartimos la mesa de discusión en este Congreso, no podemos descansar y esperar que otros libren la lucha. Es el buen combate con la fuerza que da la fe y la buena conciencia en San Pablo.
Post-data (17/05/12):
Quisimos que el texto quedara en la red, a través de: http://www.analitica.com/va/politica/opinion/5967533.asp . No obstante, nos permitimos acotar una circunstancia. La versión adicional, cercana a la setentena de páginas, la imprimimos artesanalmente, como ya habíamos visto con un diccionario de la democracia cristiana, publicado por el departamento de Formación del PDC de Chile (nos lo hizo llegar Jorge Picón). Sacamos unos cien ejemplares fotocopiados y encuadernamos con una tapas duras que - imagino - diseñó Rafael Mourad. Enviamos esa versión a la Biblioteca Nacional para el correspondiente registro, junto a la resumida que publicó el extinto diario El Globo, Caracas. ¿Qué ocurrió? En el sistema bibliotecario apareció únicamente esta versión, cuatro o cinco hojas, mas no el folleto de setenta páginas. Al solicitar, a mediados de la década, el material simplemente no lo hallaron. Semanas atrás, chequeando la posible aparición de una declaración enviada sobre el Proyecto de la Ley Orgánica de Cultura, a diarios del interior del país, nos sorprendió encontrar: http://libreroonline.com/venezuela/libros/22213/barragan-luis/desidelogizacion-de-la-politica-de-siglo-xxi.html . No disponible. ¿Website alimentado por el sistema de la B.N., por cierto, la que ya conoce de la desastrosa situación de su plataforma tecnológica?
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Luis Barragán
IMPUNIDADES
EL NACIONAL, Caracas, 15 de Septiembre de 1996
Urbanoides y propiedad
Luis Barragán
“El pequeñoburgués ya no comulga
con nada. Ni siquiera con las grandes
empresas como el rico. Ni siquiera con
inmensos dolores, como el menesteroso”
Emmanuel Mounier
( “Revolución personalista y comunitaria”)
Hay un radical sentido de la propiedad en los urbanoides del presente venezolano. Pequeño o mediano propietario que -aún sin serlo- ejerce todo el peso de una pretendida titularidad absoluta sobre las cosas. Es el residente de una urbanización caraqueña, quien no ha pagado la vivienda ni los giros del carro y cuya casa playera está ubicada en terrenos municipales, pero cierra la vereda a los nativos y se comporta como un adinerado extranjero, sorprendido de lo exótico del lugar.
Dos ejemplos no conducen rápidamente al esbozo de una actitud peligrosamente fascistoide. Es el que compra o alquila en un edificio de los muchos serializados de la ciudad y, aún sin colocar las rejas en los espacios comunes en nombre de su seguridad personal, se cree con derechos superabsolutos sobre el apartamento. Tanto que es capaz de no sólo armar sus fiestas hasta el día siguiente, ponerle diferentes tonos y pintar la terraza como le viene en gana así sea contrario a la Ley de Propiedad Horizontal, sino consentir, estimular, aceptar que el hijo, aficionado a la guitarra eléctrica o a la batería, práctique estos instrumentos a vivo volumen sin importar la hora.
El conductor de las busetas, camionetas o carrito por puesto es el prototipo más definido del habitante de la urbe con ínfulas siderales. Tiene, por lo general, altos ingresos y goza de la concesión de una ruta, pero el vehículo es tan absolutamente suyo que condena a los pasajeros, no a los clientes sino a los que les hace sencillamente el favor, al gusto musical del conductor, a la suciedad e incomodidad de lo que se da en llamar un medio público de transporta. Por si fuera poco, es dueño de las calles y hay carta abierta para atropellar y vejar a los peatones.
Mounier decía que “el pequeñoburgués no posee los signos externos ni las facilidades del rico, pero toda su vida está en tensión hacia la adquisición de unos y otros”. ¿ La ilusión de riqueza que nos embarga?.
Tengamos cuidado. Véamos qué venezolano resultará de la crisis. El que se esboza, en el desfiladero de la supervivencia, resulta amenazador. Merece una reflexión adicional. La tragedia de La Planta, como antes Sabaneta, reveló hasta dónde puede llegar la generalizada, cómoda y portátil indiferencia ante el dolor humano. Y si de una partícula de polvo se dice tener un documento registrado, se la defenderá a cualquier precio.
Post-data (17/05/12):
Esperando porque fluya más el tránsito en la ciudad capìtal, debido a los recientes acontecimientos de La Planta, tropezamos con un viejo artículo a propósito de la indolencia colectiva sobre el drama de los centros penitenciarios. Creo que fue el primer artículo que publicamos en El Naciona, Caracas. Podrá decir Chávez Frías y su ministrísima Teresa de Cálculta que el problema no es nuevo. Empero, constituye una excusa y una trampa. No lo es, cierto, pero - por una parte - nunca antes se vieron tamaños acontecimientos, y - por otra - después de trece largos años, sobre los hombros de la demagogia más descarada, se ha agravado o agudizado. Y todo esto, en nombre de los más pobres. Y tampoco dirán, como suelen argumentar, que están repolitizando a la sociedad venezolana. No lo es que, desbordando e inutilizado el Estado, las comunidades más inocentes sientan un legítimo pánico frente a los sucesos que les son irresistibles, inevitables. La conclusión puede ser que, incompetentes para solventar los problemas fundamentales, incurran en una práctica decididamente fascista: aterrorizar, paralizando a la colectividad.
Crf. http://www.noticias24.com/venezuela/noticia/107833/reportan-via-twitter-nuevo-tiroteo-en-la-planta-cerrada-la-ff-sentido-oeste-este/
Fotografía: http://picfog.com/search/LA%20PLANTA
Urbanoides y propiedad
Luis Barragán
“El pequeñoburgués ya no comulga
con nada. Ni siquiera con las grandes
empresas como el rico. Ni siquiera con
inmensos dolores, como el menesteroso”
Emmanuel Mounier
( “Revolución personalista y comunitaria”)
Hay un radical sentido de la propiedad en los urbanoides del presente venezolano. Pequeño o mediano propietario que -aún sin serlo- ejerce todo el peso de una pretendida titularidad absoluta sobre las cosas. Es el residente de una urbanización caraqueña, quien no ha pagado la vivienda ni los giros del carro y cuya casa playera está ubicada en terrenos municipales, pero cierra la vereda a los nativos y se comporta como un adinerado extranjero, sorprendido de lo exótico del lugar.
Dos ejemplos no conducen rápidamente al esbozo de una actitud peligrosamente fascistoide. Es el que compra o alquila en un edificio de los muchos serializados de la ciudad y, aún sin colocar las rejas en los espacios comunes en nombre de su seguridad personal, se cree con derechos superabsolutos sobre el apartamento. Tanto que es capaz de no sólo armar sus fiestas hasta el día siguiente, ponerle diferentes tonos y pintar la terraza como le viene en gana así sea contrario a la Ley de Propiedad Horizontal, sino consentir, estimular, aceptar que el hijo, aficionado a la guitarra eléctrica o a la batería, práctique estos instrumentos a vivo volumen sin importar la hora.
El conductor de las busetas, camionetas o carrito por puesto es el prototipo más definido del habitante de la urbe con ínfulas siderales. Tiene, por lo general, altos ingresos y goza de la concesión de una ruta, pero el vehículo es tan absolutamente suyo que condena a los pasajeros, no a los clientes sino a los que les hace sencillamente el favor, al gusto musical del conductor, a la suciedad e incomodidad de lo que se da en llamar un medio público de transporta. Por si fuera poco, es dueño de las calles y hay carta abierta para atropellar y vejar a los peatones.
Mounier decía que “el pequeñoburgués no posee los signos externos ni las facilidades del rico, pero toda su vida está en tensión hacia la adquisición de unos y otros”. ¿ La ilusión de riqueza que nos embarga?.
Tengamos cuidado. Véamos qué venezolano resultará de la crisis. El que se esboza, en el desfiladero de la supervivencia, resulta amenazador. Merece una reflexión adicional. La tragedia de La Planta, como antes Sabaneta, reveló hasta dónde puede llegar la generalizada, cómoda y portátil indiferencia ante el dolor humano. Y si de una partícula de polvo se dice tener un documento registrado, se la defenderá a cualquier precio.
Post-data (17/05/12):
Esperando porque fluya más el tránsito en la ciudad capìtal, debido a los recientes acontecimientos de La Planta, tropezamos con un viejo artículo a propósito de la indolencia colectiva sobre el drama de los centros penitenciarios. Creo que fue el primer artículo que publicamos en El Naciona, Caracas. Podrá decir Chávez Frías y su ministrísima Teresa de Cálculta que el problema no es nuevo. Empero, constituye una excusa y una trampa. No lo es, cierto, pero - por una parte - nunca antes se vieron tamaños acontecimientos, y - por otra - después de trece largos años, sobre los hombros de la demagogia más descarada, se ha agravado o agudizado. Y todo esto, en nombre de los más pobres. Y tampoco dirán, como suelen argumentar, que están repolitizando a la sociedad venezolana. No lo es que, desbordando e inutilizado el Estado, las comunidades más inocentes sientan un legítimo pánico frente a los sucesos que les son irresistibles, inevitables. La conclusión puede ser que, incompetentes para solventar los problemas fundamentales, incurran en una práctica decididamente fascista: aterrorizar, paralizando a la colectividad.
Crf. http://www.noticias24.com/venezuela/noticia/107833/reportan-via-twitter-nuevo-tiroteo-en-la-planta-cerrada-la-ff-sentido-oeste-este/
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lunes, 16 de enero de 2012
POR UNA CULTURA ALTERNATIVA DE OPOSICIÓN

De la fulanización despersonalizadora
Luis Barragán
Escuela de inspiración cristiana, el personalismo comunitario sigue tocando a nuestras puertas. Distingue entre individuo y persona, siendo uno, la consagración de la soledad y el egoísmo, dato biológico y estadístico de importancia secundaria, negada una dimensión social a favor de sus intereses de supervivencia material; y la otra, que es ascenso de la individualidad, fundada en la relación con el otro y los otros, sobreabundante y deficiente, universo libre e independiente en comunión, inteligente, vocacional, solidaria, realizadora de los valores de una espiritualidad irrebatible: ésta, se explica mediante el compromiso responsable que es actividad autocreadora y comunicativa; y aquélla, como una gesta de la sobrevivencia que, a veces, luce aterradora.
El ejercicio predominante de la política venezolana, está fundada en el protagonismo de la individualidad que llega a los extremos de legitimar el culto a la personalidad presidencial, en un caso, o de promover otro culto de reemplazo exhibiendo aún las banderas democráticas. Términos como “persona”, “personalización” y “personalidad”, resultan harto equívocos al promocionar constantemente la mentalidad mesiánica y el oportunismo de cualquier ralea que le es inherente, negando el ascenso ciudadano de la participación integradora propia de la persona humana.
Una cultura alternativa de la oposición debe apuntar precisamente a ese ascenso, abandonada la vanidad estéril y – por siempre – efímera de aquellos que se creen el ombligo del liderazgo, enfatizados frecuentemente sus caprichos como si el resto de la humanidad fuese apenas testigo de la gratuita y suprema inspiración que los caracteriza. Está excesivamente fulanizada la actuación de una dirigencia que poco o nada hace por la reconstrucción y supeditación de y a las instituciones, pues, a guisa de ilustración, la curul edilicia o parlamentaria constituye un elemento de propiedad capaz de generar acciones o incurrir en omisiones con independencia del electorado y de los propios compañeros de partido o bancada, banalizada irremediablemente.
Los venezolanos opuestos al actual régimen, desean una trinchera de lucha de profunda y creadora colegiatura, susceptibles de una movilización responsable y consciente para defender el propio sufragio. La transición democrática la anhelan como una experiencia compartida y comprometida, bajo una dirección siempre circunstancial que no despersonalice al pueblo. Vale decir, que se convierta en reconocimiento y garantía de complementación, respeto, solidaridad real, libertad, fraternidad, afán creador e de incontestable testimonio ético.
En la “Revolución personalista y comunitaria”, Emmanuel Mounier apuntaba a los tres ejercicios esenciales en la formación de la persona que cobran una superior importancia en la coyuntura actual, así los maldigan los oficiantes del exceso pragmático: la meditación para la búsqueda de la vocación, el compromiso que es reconocimiento de su encarnación, y el despojamiento entendido como ”iniciación a la donación de sí y a la vida en otro”. Vale decir, motivada la reflexión, todos y cada uno debemos ocupar un sitial de lucha de acuerdo a nuestras aptitudes y posibilidades; comprometernos con una causa de imposible monopolio, pulverizada las vanidades de escena; y sabernos en una tarea de servicio social, compartido un mismo destino.
Trece años de un mismo gobierno, no se superan con el único desplazamiento de Chávez Frías de Miraflores. Ha sido profundo el daño quizá por aquello que Jean-Marie Domenach constataba al glosar al pensador de Grenoble: “La oscilación del individualismo burgués al gregarismo socialista, no es la revolución”. Por consiguiente, el esfuerzo que nos exigimos ha de ser inmenso, como la superación de las condiciones que hicieron posible la amarga experiencia.
Urgimos de realismo para hacer viable los sueños de otro orden social que nos remite a ese optimismo trágico que consiste en el debido reconocimiento de las dificultades requeridas de confianza, de una gigantesca confianza en nuestras posibilidades, porque el curso de la historia no es lineal y automático. Y, como lo asentara Mounier, en el ”Manifiesto al servicio del personalismo”: “Una acción no es válida y eficaz más que, si en principio, ha pasado por el rasero de la verdad que le da su sentido y de la situación histórica que le confiere su jerarquización al mismo tiempo que sus condiciones de realización”.
La victoria del 7 de Octubre está garantizada mientras que venzamos ese fulanismo del deterioro y la despersonalización. Significará la inauguración y construcción de una sociedad fundada en la dignidad de la persona humana, antídoto frentea toda tentación totalitaria.
Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/10638-de-la-fulanizacion-despersonalizadora
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viernes, 18 de junio de 2010
Mounierónomos

Emmanuel Mounier: el personalismo
José Gómez Cerda
Ex Secretario General de la Federación Mundial de Trabajadores de la Agricultura, Alimentación, Hotelería y Afines (FEMTAA).
Presidente del Instituto Jacques Maritain de la República Dominicana
“Soy como una fuerza sosegada, dispuesta no para conquistar, sino para persuadir, no para atacar, sino para dar testimonio.”
Emmanuel Mounier nació en Grenoble, Francia, el 1ro.de abril de 1905. Durante su juventud militó en la Acción Católica y en las Conferencias de San Vicente de Paúl. Durante tres años estudió filosofía con Jacques Chevalier, su gran maestro de toda la vida. En octubre de 1927 se instaló en París para continuar sus estudios.
Él es uno de los grandes promotores del PERSONALISMO, tuvo un espíritu combativo y original.
Instalado en París se puso en contacto con un grupo de jóvenes cristianos, buscó la colaboración de Jacques Maritain. En 1930 colaboró con “Le Rossau d’Or”, una publicación dirigida por Maritain. Ese mismo año hizo un trabajo en equipo con Georges Izard y Marcel Péguy, escribieron una obra titulada ‘El Pensamiento de Charles Péguy’. El fue un admirador de Péguy por su autenticidad y “por la armonía imperturbable de una misma vida, entre el hombre que piensa y el hombre que actúa.” Para esa obra Mounier escribió el capitulo dedicado a “La Visión del mundo y de los hombres”; Marcel Péguy el correspondiente al “Pensamiento Político y social”, y Georges Izard “El Pensamiento Religioso”.
Mounier colaboró en 1932 con el movimiento de maestras cristianas “Les Davidées”, especialmente en su Revista. Esa organización era dirigida por Jean Guitton y Mlle. Silve. En ese tiempo Mounier escribió:
“Cuantas veces me he sentido dolorosamente dividido entre estas dos perspectivas:
• Ser un hombre retraído, cuya obra no trascienda el papel donde se imprima, o
• Actuar y ser aprisionado en cuadros o partidos donde es preciso mentir, y sacrificarse a la agitación y a la elocuencia, que es un recogimiento precioso.
"He aquí en el primer plano donde se me ofrece la acción sin dañarme."
Después de la obra sobre Péguy, Mounier decidió seguir trabajando en equipo. En la residencia de Jacques Maritain formó un grupo de jóvenes cristianos que decidieron dedicarse a la publicación de una revista. En ese grupo estaban Georges Izard y André Deléage. La revista debió llamarse inicialmente ‘Univers’, pero a sugerencia de Mounier se titulo ‘ESPRIT’, (Espíritu).
LA REVISTA ’ESPRIT’.
En una jornada de trabajo que se realizó del 16 al 23 de agosto de 1932 se planificó el formato y la línea de contenido de la revista, además decidieron lanzar un movimiento que se llamaría: “Tercera Fuerza”. El Director de la Revista ‘Esprit’ era Mounier, ese sería el órgano oficial de la tendencia del Personalismo, el Jefe de Redacción era Georges Izard.
‘Tercera Fuerza’ era dirigida por Izard. Ambos grupos ( la revista y el movimiento) tenían distintas formas de actuar, aunque era un trabajo de equipo. Mounier implantó la tesis: “Distinción en la Cooperación”.
‘Esprit’ se concibió como una revista que serviría a la investigación, como un laboratorio en busca de nuevas soluciones a los problemas de actualidad; mientras que ‘Tercera Fuerza’ era un movimiento para los asuntos políticos y sociales, con su propia estrategia y táctica, entre ambos debía existir una coherencia en el pensamiento y la acción.
‘Esprit’ se presentó desde el principio como una revista radical en sus planteamientos. No era una revista exclusivamente Cristiana, estaba abierta a diversas tendencias en la búsqueda y la confrontación. ‘Esprit’ buscaba firmas jóvenes, caras nuevas dispuestas a impulsar la acción, que estuvieran en disposición a un entendimiento, partiendo del concepto de la sociedad, con la base fundamental de la Persona Humana.
El primer número de la revista salió en octubre de 1932, el tema de esa edición era “La Revolución será moral, o no será”. En marzo de 1933 en ocasión de la aparición del número seis (6) de la revista mensual, su contenido fue tajante: ”Ruptura entre el Orden Cristiano y el Desorden Establecido”.
Esa posición levantó muchas ronchas, aún entre sectores cristianos que propugnaban por una posición moderada, sin embargo, ‘Esprit’ comenzaba a calar en sectores comprometidos, con grupos de jóvenes inconformes con la situación imperante. Pero la posición de ’Tercer Fuerza’ fue más lejos, consideraba que la revolución estaba a la vuelta de la esquina, que debía hacerse primero la revolución colectiva en unidad con los comunistas, luego la revolución personalista.
Mounier tenía una posición distinta, no pensaba que era tan fácil un proceso revolucionario. Apoyado por Jacques Maritain que tildó la posición de Tercera Fuerza como una tontería. Esta situación inició una confrontación interna.
En julio de 1933 se agudizaron las contradicciones ente la dirección de Esprit y la Tercera Fuerza. Georges Izard renunció como Jefe de Redacción de la revista, quedando Mounier sólo en la dirección de Esprit. Desde el año 1939 Mounier tuvo que dedicarse a dar clases para ganar el sustento, fue profesor del Liceo Francés de Bruselas, en Bélgica. Tenía que estar viajando continuamente, para poder dirigir la revista, vivir en París, y al mismo tiempo mantener su función como Profesor de Filosofía, en Bruselas.
Mounier fue un defensor de la democracia como base para cualquier actividad política y social.
“Llamamos democracia con todos los calificativos y superlativos que se quiera, para no confundirla con sus minúsculas falsificaciones, al régimen que reposa sobre las personas que constituyen la comunidad social. Entonces sí estamos al lado de la democracia. Agregamos que, desviada desde sus orígenes por sus primeros ideólogos, después estrangulada en su propia cuna por el mundo del dinero, esta democracia jamás ha sido realizada en los hechos , sino apenas en los espíritus.”
Esta concepción apareció en ‘Líneas de Oposición’, en 1934. “La democracia es una forma de gobierno que se articula sobre la espontaneidad de las masas, a fin de asegurar la participación de los sujetos en el orden objetivo del poder.”
‘Tercera Fuerza’ se disolvió en 1934 al unirse al ‘Frente Común’, que dirigía Bergery, formaron un nuevo movimiento político llamado ‘FRENTE SOCIAL’. Mounier se abstuvo de formar parte de ese nuevo movimiento.
Mounier es uno de los pensadores cristianos que trató con más profundidad el tema de la propiedad. En abril de 1934 apareció en ‘Esprit’ un ensayo suyo titulado: ‘De la Propiedad Capitalista a la Propiedad Humana’, que luego se convertiría en un libro. En ese mismo tiempo apareció también ‘Revolución Personalista y Comunitaria’, una obra que formó parte del ensayo anterior.
En 1935 Mounier se casó con Paulette Leclerq.
En octubre de 1936 apareció en la revista ‘Esprit’ otro ensayo de Mounier titulado: ‘Manifiesto al Servicio del Personalismo’, que sirvió de base para un nuevo libro con ese mismo título. Ahí aparece un concepto sobre la sociedad. “Es un proceso cada vez mas complejo. Los hombres dan nacimiento a sociedades que, desde la célula familiar, se abren a la comunidad universal.”
‘Esprit’ continuó su posición radical, sus denuncias contra el “desorden establecido”, eran directos. Se llegó a comentar hasta la amenaza de que la Iglesia podía condenar la revista. Mounier buscó la colaboración de Jacques Maritain, para defenderse de las acusaciones, juntos redactaron un informe al Arzobispo de París, lo que presumiblemente impidió una condena doctrinal.
“Los colaboradores de Esprit son hijos de la Iglesia; no quieren ser semi-católicos ni neocatólicos. Reciben íntegramente el depósito de la fe y tratan de hacerse con ella de una manera cada vez más viva y rigurosa... Dentro de este espíritu de sumisión filial llevan a cabo una gran aventura.
“No conciben en absoluto que, en ella, pueda ponerse en duda su fidelidad a la Iglesia; muy al contrario, la inspiración y la consagración sólo la esperan de esta felicidad.”
Sin embargo, la situación económica, el aislamiento de algunos sectores y los problemas internos provocaron la interrupción de la publicación ‘Esprit’ en 1938.
EL PERSONALISMO
Suspendida la revista ‘Esprit’, Enmanuel Mounier se dedicó a escribir por su cuenta, partiendo de varios ensayos publicados en su revista, sin descuidar de escribir artículos para otras publicaciones.
En 1937 escribió un interesante artículo titulado ‘Anarquía y Personalismo’. “Lo que es de una forma u otra, propiedad, debe ser utilizado también en función de los valores personales. Porque la sociedad, con todo lo que posee y administra, está al servicio de la persona.
“No existe pues, según nuestra opinión, ni propiedad individual, ni propiedad colectiva en sentido absoluto.
“Toda propiedad es al mismo tiempo, aunque en proporciones diferentes, personal y social.”
Mounier se distinguió exponiendo el PERSONALISMO. En muchas ocasiones se le pidió que definiera el concepto y el alcance del Personalismo, sobre esto escribió: “EL PERSONALISMO es una filosofía, no es solamente una actitud. Es una filosofía, no un sistema. Si bien no huye de la sistematización. Pues conviene que haya orden en los pensamientos; conceptos, lógica, esquemas de unificación, no son sólo útiles para fijar y comunicar un pensamiento que sin ello se disolvería en instituciones opacas y solitarias.”
El Personalismo parte de la Persona. Hay diversas formas de expresar los criterios que se puede tener sobre la Persona Humana. En éste sentido Mounier hizo una designación, que no es una descripción completa: “La persona es un ser espiritual constituido como tal por una especie de la subsistencia y de su independencia en su ser; conserva ésta subsistencia por su adhesión a una jerarquía de valores adoptados libremente, asimilados y servidos a través de un comprometerse responsable y de una constante conversión.”
En Mounier estaba siempre el compromiso como de la cualidades fundamentes de la Persona Humana.
El papel del Estado también fue elaborado por el Personalismo, y Mounier explicó cuál consideraba que era su función:
“El Estado es una comunidad espiritual, o persona colectiva en el estricto sentido de la palabra. No está sobre la patria, ni sobre la nación, ni - a mayor abundamiento - sobre las personas.
“Es un instrumento al servicio de las sociedades, y a través de ella, con ellas si fuera preciso, al servicio de las personas. Instrumento artificial y subordinado, pero necesario.”
Mounier se debatía frente al “desorden establecido”, como calificaba la situación imperante, frente al peligro del socialnacionalismo de Hitler que amenazaba a toda Europa, y frente a una ambiente donde el Comunismo tenía fuerza social, sindical y política. El tema de los trabajadores era necesario afrontarlo.
¿Cuál era el criterio del Personalismo frente a la clase trabajadora? “¿Debe el Personalismo plantearse el problema global de la conquista de la clase obrera?“No: no se propone ni una acción de clase, ni una acción de masa. Pero debe conectar en el movimiento obrero...; y tiene la misión concreta de realizar con éxito la unión de los valores espirituales desprestigiados a sus ojos por el uso que ha hecho de ellos el mundo del dinero, y las auténticas riquezas, también espirituales, que en el alma popular se han consagrado más auténticos que en ningún otro lugar.”
El hombre que resaltaba la primacía de la Persona sobre todas las cosas de la tierra encontró en el destino una dura prueba dentro de su propia familia. Su hijita, Françoise, a los pocos meses de nacida tenía una enfermedad incurable, fue atacada de un choque le ocasionó una ativariólica, que le produjo encefalitis, y tuvo que vivir como un vegetal. Mounier se refirió a ella como una niña que tenía “un poco de vida, accidentada”. Su vida interna se hizo turbulenta al tener que soportar esta situación, al mismo tiempo predicar el valor y la supremacía de la Persona.
En 1938 apareció un artículo titulado : ‘Breve Tratado sobre la Mística de Izquierda’.
FRANCIA OCUPADA.
En 1939 ante la situación política que vivía Europa, con el avance de la fuerza militar de Hitler, Mounier tuvo que entrar a la vida militar integrándose a los ‘Cazadores Alpinos’. En esos momentos que su patria estaba en peligro, debía demostrar en la acción lo que dijo con el pensamiento. Sobre esta situación escribió: ‘Pacifistas y Belicistas’ y ‘Los Cristianos ante el Problema de la Paz’.
En la primavera de 1940 Hitler invadió a Francia, la ocupó militarmente, se firmó un armisticio con los alemanes, que dividió a Francia en dos zonas: una ocupada y otra libre. El Gobierno de Petain, instalado en Vichy, colaboró con los alemanes, mientras que el General Charles de Gaulle, desde Londres, pedía continuar la guerra y organiza la ‘Francia Combatiente’, además toma posesión de algunas colonias francesas. Ante esta situación Mounier se encuentra acorralado.
Maritain se había ido al extranjero, ‘Esprit’ no se publicaba, Francia estaba ocupada. En 1940 Mounier es tomado prisionero por los Nazi. Cuando es liberado, como respuesta en el mes de julio reanuda la publicación de ‘Esprit’, para demostrar el sentido de la guerra, no sólo en su brutalidad, sino con todos sus horrores; además para demostrar que el pacifismo debía ser superado con la resistencia activa.
‘Esprit’ retornó con el mismo contenido radical, ahora frente a los invasores de su país. Esta situación duró hasta el 25 de agosto de 1941, cuando es prohibida la publicación de la revista.
En septiembre de 1941 Mounier va a la clandestinidad, sin embargo, él consideraba que desaparecer era un retroceso, era necesario combatir con la cara descubierta, las cosas claras, era importante el objetivo de resistir con todas las fuerzas contra los invasores y el totalitarismo. El 15 de enero de 1942 nuevamente Mounier es hecho prisionero por las fuerzas de ocupación. Esta vez es acusado de ser uno de los jefes del movimiento ‘Combate’. El 21 de enero es encarcelado en Clermont-Ferrand, donde es interrogado sobre la participación con los grupos de resistencia, luego es confinado en una prisión residencial. El 29 de abril es arrestado nuevamente, lo conducen a Vals . El 18 de junio se declara en huelga de hambre y dura 12 días sin comer nada. En julio es trasladado a la prisión de Saint Paul de Lyon. Estando prisionero escribió:’Tratado del Carácter’, que fue publicado luego. Este ensayo estudia la esencia de la persona a través de la ciencia del hombre. Del 19 al 26 de octubre de 1942 fue procesado el movimiento ‘Combate’. Mounier sale libertado, después de estar seis (6) meses en prisión. Ante la persecución se fue nuevamente a la clandestinidad, con un nombre falso sale con su familia a Dieulefit, en la Drome, ahí pudo estar tranquilo durante algún tiempo, dedicándose a escribir : Piezas Escogidas de Montelambert, Libertad Bajo Condición, El Afrontamiento Cristiano.
Cuando se produjo la liberación de Francia, Mounier vuelve a París. En diciembre de 1945 reaparece ‘Esprit’. “Ser comprometido, solidario, entre estos hombres, con esta historia.”
En 1946 aparece su artículo ‘Debate en alta Voz con el Comunismo’. El tiempo de postguerra fue muy complicado. Debía esclarecerse la situación presente, pero también el pasado. “El fin no justifica los medios; un fin espiritual no puede necesitar ontológicamente, ni legitimar moralmente medios que sean esencialmente antiespirituales.”
En 1947 Mounier pública ‘Introducción al Existencialismo’ y ’¿Qué es el Personalismo?’. Mounier consideraba que debía hacerse unidad de acción con diferentes grupos ideológicos, que los cristianos no debían estar aislados, ni trabajar solitariamente. “Los revolucionarios están al pie de la obra. Cuando ellos están al pie de la obra, hay que trabajar con ellos. No podemos permitirnos el lujo de hacer un trabajo a cincuenta o cien años de retraso.”
LA SOCIEDAD COMUNITARIA.
Mounier expuso la Sociedad Comunitaria como un modelo, pensando en el futuro de los grupos cristianos en el ambiente social y político. El modelo de la Sociedad Comunitaria es el siguiente:
• La estructura primaria del poder es la comunidad local (barrios, aldeas, parajes, comunas, provincias).
• De ahí se parte, formando Juntas de Vecinos, Asociaciones de Trabajadores, Cooperativas y otras formas de organización social.
• La estructura primaria debe tener capacidad para elaborar reglamentos y programas, presupuestos, además poder de contratar.
“Se impone una descentralización adecuada y una efectiva organización social del pueblo dentro del sistema administrativo general, de modo que esto no prescinda de aquella y se dé una efectiva colaboración entre el poder central y la organización de base.”
Las Juntas de Vecinos asumen un papel importante en la responsabilidad y la autoridad. Es a partir de la estructura primaria que se produce la Autogestión, donde los trabajadores pueden administrar por sí mismos pequeñas empresas, para que éste sistema se dé desde las bases hasta el nivel superior. El asumir la responsabilidad en la administración de empresas y cooperativas proporciona a los trabajadores una mayor capacidad para poder participar en la Autogestión de grandes empresas o industrias.
Una de las características de la Sociedad Comunitaria es la Autogestión. La participación de los trabajadores debe ser a nivel general, en todas las empresas a que pertenecen sean privadas, estatales, cooperativas o mixtas. Las bases deben aprender a resolver por sí mismas sus problemas elementales, sólo deberán recurrir al plano superior para asuntos complejos, cuando no tengan capacidad para resolver sus problemas por ellos mismos, para eso las bases crean los Consejos Regionales, como un tejido social para los problemas a nivel intermedio. El segundo nivel es el Municipio, que también puede llamarse Comunidad de Base.
Las tareas específicas de los Municipios son las siguientes:
1.- Asegurar las condiciones materiales, jurídicas y técnicas para el trabajo de los hombres, asegurándoles el sustento para ellos y sus familias, además desarrollar las fuerzas de la producción.
2.- Coordinar y orientar el desarrollo de la economía y los servicios públicos vitales.
3.- Recaudar los fondos necesarios para las actividades propias del Municipios, distribuyendo los recursos para cubrir las necesidades prioritarias.
4.- Crear las condiciones que permitan satisfacer las necesidades materiales, sociales, culturales y otras necesidades colectivas de los ciudadanos.
5.- Buscar el interés de la Comunidad Municipal, armonizando los intereses individuales y colectivos que se presente, dando primacía al Bien Común.
Otras atribuciones que tiene la Comunidad de Base Municipal es organizar los órganos del poder, buscando un autogibierno social y brindando los servicios sociales del interés común. A esa comunidad Municipal le corresponde asegurar las condiciones necesarias para el ejercicio de las libertades y derechos de todos los ciudadanos, además reglamentar las relaciones de interés inmediato. Al Municipio corresponde dar legalidad y seguridad a las personas y bienes, servir de garantía al orden público y ejercer la inspección social. Entre los diversos Municipios debe existir una colaboración y gestión intgercomunal, para que exista coherencia y facilitar las condiciones necesarias para el interés común, así pueden mejorar sus servicios al pueblo y aprovecharse de las experiencias en los intercambios.
En la Sociedad Comunitaria el pueblo trabajador es el único depositario del poder y de la administración de los asuntos sociales, por lo tanto debe estar en la dirección absoluta del sistema de Seguridad Social y de todos los programas de bienestar social para la clase trabajadora. Para el nivel superior existen los delegados de los ciudadanos y los delegados de las Comunidades de Trabajo.
El Consejo Municipal es elegido por los ciudadanos y el Consejo de Comunidades de Trabajo es elegido por lo trabajadores. Esos dos organismos (Consejo Municipal y Consejo de Comunidades) son electos por los ciudadanos con derechos al voto, los trabajadores de los ciudadanos con derechos al voto, los trabajadores de las comunidades, los organismos estatales, las asociaciones y organizaciones social y políticas de cada municipio y otras organizaciones de trabajadores, los agricultores miembros de cooperativas y otras asociaciones de campesinos.
Esos mismos sectores son los que deben estar representados en el organismo máximo, que es: La Asamblea. La Asamblea es la que nombra a los miembros del Poder Ejecutivo y del Poder Judicial.
La Asamblea es el organismos Legislativo de la Sociedad Comunitaria, integrada por representantes de sectores importantes de la sociedad. La Comunidad es pues Personalista, una persona de personas.
El Estado debe estar limitado por la supremacía de la autoridad espiritual de la Comunidad Personalista, expresada en la existencia de un derecho personalista. Mounier expuso que la Sociedad Comunitaria es distinta al sistema capitalista: “Ni la multiplicación de los grupos, ni la densidad, aseguran que el espíritu haga progresos sólidos y reales. Una riqueza abundante puede enmascarar una profunda decadencia orgánica... Se ha visto cómo después de la guerra estos colosales cuerpos, que se creían construidos a cal y canto, se han desmoronado repentinamente.”
Mounier distinguió bien entre la Sociedad Comunitaria, el Capitalismo y el Comunismo, calificando el Comunismo como una sociedad colectivista, el Capitalismo como una sociedad de masas y el Cristianismo como una comunidad de personas. “Despersonalizada en cada uno de sus miembros, y en consecuencia, despersonalizada como totalidad, la masa se caracteriza por una mezclar singular de anarquía y tiranía. Por la tiranía del anónimo, la más vejatoria de todas en cuanto que oculta todas las fuerzas, aquellas auténticamente innominadas, que se recubren de su personalidad. “Es hacia la masa donde tiende el mundo de los proletarios, perdido en la triste servidumbre de las grandes ciudades, de los inmuebles cuarteles, de los conformismos políticos, de la máquina económica. “Es hacia la masa donde se desliza una democracia liberal y parlamentaria olvidadiza de que la democracia era primitivamente una reivindicación de la persona.”
LAS ULTIMAS OBRAS DE MOUNIER.
En 1948 Mounier escribió ‘Despertar del Africa Negra’, y en 1949 ‘El Pequeño Miedo del Siglo XX’, además 'EL PERSONALISMO' que es la esencia de su obra filosófica, donde expone sus criterios básicos.
En septiembre de 1949 Mounier sufre una crisis cardíaca, atribuida a la fatiga del exceso de trabajo. Superó esa etapa y siguió trabajando, dirigiendo la revista ‘Esprit’ y escribiendo libros.
Emmanuel Mounier murió de una crisis cardíaca el 22 de marzo de 1950. De los datos que anotó en su diario se hizo un ensayo sobre ‘La Cristiandad Difunta’, además dejó inéditos dos ensayos titulados: 'La Esperanza de los Desesperados', 'Las Certidumbres Difíciles'.
Mounier representa dentro del Cristianismo Social el promotor del Personalismo y de la Sociedad Comunitaria. Su voz fue como una levadura que fermenta para formar hombres cristianos, capaces de reconstruir la sociedad, clama por la necesidad de un hombre nuevo y fuerte por la virtud de la fortaleza.
Fuente:
http://www.politicayespiritu.cl/9_Archivo_09/9_10.html
Ilustración: tomada de una edición de la revista SIC (Centro Gumilla) de 1976 que aún conservamos
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