EL MUNDO, Barcelona, 30 de abril de 2018
EL RUIDO DE LA CALLE
Podemos: IU es la carcasa del PCE
Raúl del Pozo
El PCE, esencial en el advenimiento de la Transición, ha decaído hasta un discreto protagonismo. El nuevo secretario general, Enrique de Santiago, ha enmendado la postura del PCE en los tiempos de Santiago Carrillo y habla de la Monarquía como una institución antidemocrática e ilógica. Es un pragmático, intenta incorporar a la bandera roja los matices del feminismo y el ecologismo, pretende hacer un partido dinámico, pegado a la gente, que organice el descontento. Cree que a IU le sienta bien Podemos y que no hay ningún problema entre las dos izquierdas. Los aparatos, ahora, aspiran a que las siglas se vayan disolviendo en un movimiento popular.
Los medios y las redes hablan del desvanecimiento de IU, entrampada con los bancos, sin acceso a los créditos; además, con el peligro de ser engullida por Podemos. Desde el partido morado, algún malvado me dice que IU es simplemente la carcasa del PCE. "Sólo es una marca que envuelve el esqueleto de lo que fue aquel gran partido".
Este fin de semana, Alberto Garzón -que viene de la cosecha de indignados, no de Sol, sino de Málaga- reunió a los responsables de las federaciones para abordar un nuevo modelo organizativo: intentan dejar de ser una formación clásica y convertirse en movimiento. Algunos insobornables comunistas culpan a Garzón de querer cargarse el partido disolviéndolo en Podemos. Él se defiende argumentando que IU tiene su propia hoja de ruta y que va al encuentro del electorado de izquierdas en las próximas elecciones. A pesar de sus aclaraciones, le siguen acusando, no sólo de haber perdido el perfil ante Podemos, sino de liquidacionista, al provocar la voladura del PCE.
Ya recordarán lo que pensaba Sartre: "Todo anticomunista es un perro rabioso". También se sospechaba, ya entonces, que los verdaderos anticomunistas están en el partido. "Provocar hoy el suicidio de IU, incluso su hibernación como círculo rojo de Podemos -ha escrito Llamazares-, no sólo es una tremenda injusticia, es un grave error político, porque desmovilizaría y mandaría a la abstención a una buena parte de la izquierda". Un dirigente del PCE me dice: "IU y Podemos han transformado el talante fundacional del 15-M en prácticas de aparato. Van detrás de la gente. Hay un republicanismo espontáneo que cada vez engancha a más descontentos. Se ha perdido el control democrático y nadie se fía de nadie. La crisis de los partidos ha devenido en crisis de representación. Ahora, nadie se quiere dejar representar". El viejo luchador recuerda el poema de Shelley que inspiró a Marx: los partidos empiezan a verse como sanguijuelas de un país arruinado.
Fuente:
http://www.elmundo.es/opinion/2018/04/30/5ae5f95f268e3e254b8b459c.html
Cfr.
Federico Jiménez Losantos: PODEMOS entierra al PCE: http://www.elmundo.es/opinion/2018/04/30/5ae5a28be5fdeacf278b4624.html
Fotografía: Michel Foucault y Jean-Paul Sartre, Paris, 1968: https://www.pinterest.com.mx/pin/713328028453126187/
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viernes, 25 de mayo de 2018
miércoles, 30 de agosto de 2017
FOSO
EL PAÍS, Madrid, 12 de agosto de 2017
TRIBUNA
Entre la impunidad y el mito
La izquierda se ha arrogado durante años el papel de comisaria moral del espectro político
Jorge Eduardo Benavides
Durante casi ochenta años, la extinta Unión Soviética levantó, a base de exterminios, cárceles, gulags y cientos de miles de kilómetros de alambres de púas, el paraíso comunista que extendía sus fronteras hasta la mitad de Europa. Durante todo ese tiempo, una gran parte de los llamados intelectuales de izquierda del mundo occidental miraron con anuencia todo aquel inventario de atropellos y asesinatos, a veces simplemente negando su existencia o, si eran puestos contra las cuerdas por la tozuda realidad, explicando la serie de males necesarios que se requerían para luchar contra el perverso capitalismo.
En su ensayo Pasado imperfecto. Los intelectuales franceses (1944-1956), Toni Judt reflexiona con minucia sobre el carácter ambivalente de muchos de estos intelectuales y la pasmosa relajación moral de algunos de ellos, como Emmanuel Mounier, quien escribe, a propósito del golpe de Praga de 1948, que “no hay progreso que no tuviera su comienzo en una minoría audaz, ante la instintiva pereza de la mayoría”. No fue el único ni sería el último de los muchos intelectuales europeos —Sartre, Brecht, Debray…— que durante décadas persistieron empeñados en que el comunismo soviético era un sistema per se bondadoso y libertario. Lo mismo ocurrió con la Cuba castrista: escasos fueron los intelectuales de ese entonces que no cantaron loas a Fidel Castro y escribieron ruborosos elogios a la revolución mientras sus colegas eran silenciados, asesinados o encarcelados. De hecho, nuestro tan querido boom literario estaba compuesto por los principales legitimadores del castrismo y la revolución, como bien sabemos.
Durante mucho tiempo nos han dicho que eran gentes de buena fe engañadas por la maquinaria propagandista de aquellos regímenes. Que en realidad nadie sabía lo que estaba ocurriendo realmente tras las fronteras de Cuba, la Unión Soviética o China. Pero ese sapo yo no me lo trago, pues era gente informada y con acceso a lo que ocurría en el mundo. Por desgracia, creo que la explicación más probable es más simple y también más siniestra: querían creer. Empeñados en las bondades del comunismo, aquellos intelectuales le dieron la espalda a su primera responsabilidad con la verdad y avalaron así a todos quienes los leían y los tenían por referentes morales, cegándolos ante la desventura y el horror que sufrían sus congéneres. Lo cuenta muy bien el escritor cubano Jacobo Machover en El sueño de la barbarie: la complicidad de los intelectuales con la dictadura castrista.
Pues bien, con ese auspicioso saldo moral en sus cuentas han funcionado durante décadas los partidos comunistas y las izquierdas unidas de todo el mundo y se han disculpado todos los atropellos, todos los encarcelamientos y toda la brutalidad de los regímenes que ensayan la senda del totalitarismo y que son modelo de estos partidos, que funcionan gracias a la democracia que quieren destruir. Basta leer los tuits en los que el vergonzante Alberto Garzón despide —con la emoción de una colegiala— a Fidel Castro (“Su ejemplo y pensamiento pervive”, dice) y elogia el destrozo que está haciendo el chavismo en Venezuela hoy mismo; empeñado en negar la clamorosa evidencia de que nadie que dure en el poder 50 años puede considerarse demócrata ni que un régimen que se enquista a sangre y fuego es modelo de democracia. ¿Es eso lo que propone Izquierda Unida para España o se trata solo de una aspiración mística-ideológica?
En todo caso, esto ha sido así porque durante años la izquierda se ha arrogado el papel de comisaria moral del espectro político, de airada detentadora de la progresía y la bondad. Y los demás nos hemos dejado chantajear y hemos dado por bueno que ser de izquierdas (de esa izquierda) es estar intrínsecamente del lado de los desfavorecidos. De lo contrario uno era —y es— acusado de fascista. Y no, no concede crédito democrático que los comunistas se hubieran enfrentado a Franco aquí en España, porque no hay ningún valor en enfrentarse a una dictadura en nombre de otra.
No nos engañemos: no hay ninguna deriva en la Izquierda Unida ni en el planteamiento de Podemos —los verdaderos campeones del cinismo— ni en general en las izquierdas de todo el mundo que tienen como modelo a Stalin, a Castro o Chávez, a quienes elogian con impunidad o justifican con vacilantes balbuceos y desplantes retóricos. Esa izquierda siempre ha defendido los regímenes totalitarios y es lo que buscan instaurar en nombre de un mundo mejor y de una sociedad perfecta. Tal es su naturaleza.
(*) Jorge Eduardo Benavides es escritor.
Fuente:
https://elpais.com/elpais/2017/08/09/opinion/1502293979_955294.html
Fotografía: Tomada de la red.
TRIBUNA
Entre la impunidad y el mito
La izquierda se ha arrogado durante años el papel de comisaria moral del espectro político
Jorge Eduardo Benavides
Durante casi ochenta años, la extinta Unión Soviética levantó, a base de exterminios, cárceles, gulags y cientos de miles de kilómetros de alambres de púas, el paraíso comunista que extendía sus fronteras hasta la mitad de Europa. Durante todo ese tiempo, una gran parte de los llamados intelectuales de izquierda del mundo occidental miraron con anuencia todo aquel inventario de atropellos y asesinatos, a veces simplemente negando su existencia o, si eran puestos contra las cuerdas por la tozuda realidad, explicando la serie de males necesarios que se requerían para luchar contra el perverso capitalismo.
En su ensayo Pasado imperfecto. Los intelectuales franceses (1944-1956), Toni Judt reflexiona con minucia sobre el carácter ambivalente de muchos de estos intelectuales y la pasmosa relajación moral de algunos de ellos, como Emmanuel Mounier, quien escribe, a propósito del golpe de Praga de 1948, que “no hay progreso que no tuviera su comienzo en una minoría audaz, ante la instintiva pereza de la mayoría”. No fue el único ni sería el último de los muchos intelectuales europeos —Sartre, Brecht, Debray…— que durante décadas persistieron empeñados en que el comunismo soviético era un sistema per se bondadoso y libertario. Lo mismo ocurrió con la Cuba castrista: escasos fueron los intelectuales de ese entonces que no cantaron loas a Fidel Castro y escribieron ruborosos elogios a la revolución mientras sus colegas eran silenciados, asesinados o encarcelados. De hecho, nuestro tan querido boom literario estaba compuesto por los principales legitimadores del castrismo y la revolución, como bien sabemos.
Durante mucho tiempo nos han dicho que eran gentes de buena fe engañadas por la maquinaria propagandista de aquellos regímenes. Que en realidad nadie sabía lo que estaba ocurriendo realmente tras las fronteras de Cuba, la Unión Soviética o China. Pero ese sapo yo no me lo trago, pues era gente informada y con acceso a lo que ocurría en el mundo. Por desgracia, creo que la explicación más probable es más simple y también más siniestra: querían creer. Empeñados en las bondades del comunismo, aquellos intelectuales le dieron la espalda a su primera responsabilidad con la verdad y avalaron así a todos quienes los leían y los tenían por referentes morales, cegándolos ante la desventura y el horror que sufrían sus congéneres. Lo cuenta muy bien el escritor cubano Jacobo Machover en El sueño de la barbarie: la complicidad de los intelectuales con la dictadura castrista.
Pues bien, con ese auspicioso saldo moral en sus cuentas han funcionado durante décadas los partidos comunistas y las izquierdas unidas de todo el mundo y se han disculpado todos los atropellos, todos los encarcelamientos y toda la brutalidad de los regímenes que ensayan la senda del totalitarismo y que son modelo de estos partidos, que funcionan gracias a la democracia que quieren destruir. Basta leer los tuits en los que el vergonzante Alberto Garzón despide —con la emoción de una colegiala— a Fidel Castro (“Su ejemplo y pensamiento pervive”, dice) y elogia el destrozo que está haciendo el chavismo en Venezuela hoy mismo; empeñado en negar la clamorosa evidencia de que nadie que dure en el poder 50 años puede considerarse demócrata ni que un régimen que se enquista a sangre y fuego es modelo de democracia. ¿Es eso lo que propone Izquierda Unida para España o se trata solo de una aspiración mística-ideológica?
En todo caso, esto ha sido así porque durante años la izquierda se ha arrogado el papel de comisaria moral del espectro político, de airada detentadora de la progresía y la bondad. Y los demás nos hemos dejado chantajear y hemos dado por bueno que ser de izquierdas (de esa izquierda) es estar intrínsecamente del lado de los desfavorecidos. De lo contrario uno era —y es— acusado de fascista. Y no, no concede crédito democrático que los comunistas se hubieran enfrentado a Franco aquí en España, porque no hay ningún valor en enfrentarse a una dictadura en nombre de otra.
No nos engañemos: no hay ninguna deriva en la Izquierda Unida ni en el planteamiento de Podemos —los verdaderos campeones del cinismo— ni en general en las izquierdas de todo el mundo que tienen como modelo a Stalin, a Castro o Chávez, a quienes elogian con impunidad o justifican con vacilantes balbuceos y desplantes retóricos. Esa izquierda siempre ha defendido los regímenes totalitarios y es lo que buscan instaurar en nombre de un mundo mejor y de una sociedad perfecta. Tal es su naturaleza.
(*) Jorge Eduardo Benavides es escritor.
Fuente:
https://elpais.com/elpais/2017/08/09/opinion/1502293979_955294.html
Fotografía: Tomada de la red.
jueves, 5 de junio de 2014
NOVEDAD
EL PAÍS, Madrid, 6 de junio de 2014
LA CUARTA PÁGINA
De repente, un extraño: Podemos
Las biografías de sus candidatos muestran que no son ‘frikis’: aspiran a empleos estables, más bien en el sector público; son jóvenes —con incrustaciones de mayores— que quieren integrarse y cambiar el sistema
José Antonio Gómez Yañez
¿Qué es Podemos? El resultado de la crisis y, también, de la incapacidad de las élites de la Transición para crear una economía innovadora y competitiva que genere crecimiento y empleo de calidad. Lo que significa que ensambla sectores que han perdido con la crisis y jóvenes cuya experiencia es que sólo pueden acceder a empleos precarios. Les une, además, la repugnancia por el nivel ético de la política. Ha surgido por la izquierda porque ha habido políticos que han captado este clima. Pudo ser Ada Colau y su PAH, pero ha sido un grupo de profesores de Políticas de Madrid. Había espacio para algo parecido por la derecha, pero Vidal Quadras, Nart y UPyD son establishment.
Ha articulado un discurso de defensa de las personas frente a un sistema económico que ha extendido la incertidumbre a amplias capas sociales, sobre todo después de la reforma laboral. La sociedad española se ha escindido en dos partes con expectativas divergentes: en mayo, el 25% de los ocupados de estatus social medio-bajo y el 17,6% de los de estatus medio creen que tienen muchas o bastantes posibilidades de perder su empleo en los próximos meses, más de la mitad de los hogares de estatus medios y bajos creen que sus ingresos pueden bajar o no saben cómo evolucionarán, los ocupados de estatus medio-alto y alto, los supervivientes de la crisis, ven despejado el futuro. Podemos captó los temores de la parte más débil, su discurso, lo que los electores perciben, contra “la violencia institucional” (desahucios, trabajo precario, banqueros corruptos que andan por la calle, la casta) responde virulentamente a las demandas de protección frente al mercado de quienes se sienten desamparados por las instituciones, partidos y sindicatos.
Se moteja a Podemos de antisistema, y a sus dirigentes y votantes como frikis, no lo son. Las biografías de sus candidatos a eurodiputados muestran que aspiran a empleos estables, normalmente en el sector público, pocos en el privado. Varios, con treinta y pocos años son profesores universitarios con contratos temporales y remuneraciones mileuristas a los que la universidad ofrece un lento y absurdo sistema que les llevará a ser profesores estables a los cuarenta y tantos. Muchos de sus compañeros de generación, algunos colaboradores de estas páginas, han emigrado a universidades británicas, suecas, norteamericanas o australianas. Son fragmentos de generaciones jóvenes que quieren integrarse y cambiar el sistema, con incrustaciones de mayores de 50 años atemorizados por ser expulsados del trabajo, ver reducidas sus retribuciones o devaluadas sus pensiones tras cotizar años y años. La enorme bolsa de paro juvenil y de trabajos por debajo de sus cualificaciones extiende la frustración porque los jóvenes no encuentran vías para entrar ni empleos acordes con su formación para construir sus vidas. Los desahucios y el deterioro del trabajo atemorizan a las familias de los desempleados y subempleados mayores de 50. Un dato: ha obtenido el 3,6% del censo electoral, pero el 7,5% entre los empleados a tiempo parcial.
Ha recogido voto joven (el 5,5% entre los de 18 a 24 años, el 4,3% de los de 25 a 44) y de toda la izquierda: ha sangrado a IU, 370.000 de sus votantes de 2011; 250.000 del PSOE, más 325.000 de la gran bolsa de abstención socialista en 2011, y 150.000 de la izquierda residual. No hay entre ellos alienados para la política, todos se identifican con la izquierda.
Obtuvo el 3,6% del censo electoral, pero el 7,5% entre los empleados a tiempo parcial
Podemos está en ebullición, cristalizará según sus decisiones y las de otros actores. El PP ha definido una política basada en una agresiva reforma del mercado de trabajo privado, el rescate bancario, recortes en prestaciones y retoques para sostener todo lo demás sin renovar, insensible hacia las personas en las medidas y en el discurso. Se piensa socialmente que ha rescatado a los banqueros y abandonado a los ciudadanos. Desde esta perspectiva, su resultado es coherente: en noviembre de 2011 tuvo 10,8 millones de votos; en las europeas, 4,1. Ha destrozado su base electoral por las clases medias-bajas de centro-derecha de edades intermedias (ocupados atemorizados por la reforma laboral y sus familias) y los autónomos, uno de sus núcleos duros. Por instinto de supervivencia debería reflexionar sobre para qué gobierna.
IU será desestabilizada por la aparición de Podemos, habrá tensiones para buscar alianzas y los posibles perdedores internos se resistirán. Dependerá de cómo se gestione.
Rubalcaba convocó un congreso extraordinario del PSOE para julio. En ese plazo, con las elecciones internas para delegados en junio, sólo se activarán sus aparatos clientelares. El más potente, Andalucía, controlará el partido pese a sus ERE, sus fraudulentos cursos de formación... ¿Comprende el PSOE que será inadmisible para la opinión pública? Imposible que en dos meses haga la reflexión que necesita para afrontar el reto que significan las tensiones de fondo de la sociedad española, sus dirigentes hablan de sus estatutos y de reforma constitucional. El PSOE gestionó la primera fase de la crisis y también diseñó la estructura económica que se cuartea, ha gobernado España 21 de los últimos 32 años. Son suyas muchas decisiones que estructuran el país (la organización de las autonomías, la de Justicia, la Universidad, la antigua ley de cajas de ahorro, la carrera de los funcionarios, la configuración de un capitalismo dependiente de decisiones administrativas, etcétera), que han infiltrado la política, la ineficacia y la corrupción en muchos rincones de las Administraciones y de la sociedad, que son cuellos de botella que impiden el ascenso de nuevas generaciones y bloquean la innovación económica y la creación de empresas. ¿No reflexionará sobre eso? Podemos es la respuesta de las nuevas generaciones de izquierda a la ineficacia de este sistema. En Francia, la UMP ha convocado congreso para noviembre, seis meses para que el partido analice, produzca nuevas ideas, replantee su organización y surjan nuevos líderes en debate con los sectores sociales que pretende representar. Aquí, los dirigentes socialistas miniaturizan la política al acuerdo de sus patrones sobre quién mandará barnizado con un engendro de primarias. Así, sólo cambiarán algunos nombres.
Si los grandes partidosno reconducen sus políticas el bipartidismo saltará en pedazos.
Si los grandes partidos no reconducen sus políticas y malbaratan esta oportunidad para reflexionar y plantear medidas para renovar el país y a ellos mismos, el bipartidismo saltará en pedazos. Recomponer un sistema político consumirá durante años las energías que la política necesita para renovar la economía, la política (la perentoria ley de partidos) y las Administraciones. El PP puede confiar en retener el apoyo de la mayoría de centro-derecha, pero será insuficiente para gobernar. Con los dirigentes socialistas enroscados en su partido, ajenos al reto generacional y social que ha alterado la izquierda, la izquierda se dividirá y el PSOE languidecerá. Podemos ha dado consistencia a una generación y a sectores sociales que se habían quedado sin representación política y ha puesto sobre la mesa “su problema”, que es el de la sociedad española, una economía ineficaz, en transición hacia un modelo social en el que se agrandan las desigualdades mientras el país se desliza hacia la periferia del mundo desarrollado. No tiene las soluciones y salidas que se necesitan, sólo un desván de ideas recicladas lanzadas como puñales contra el sistema, pero ahora su función es expresiva, no programática. No es un alien, capta corrientes que el sistema alimenta diariamente: cuatro directivos de Caja Penedés, rescatada con dinero de todos, son condenados por trincar 28,5 millones de euros, devuelven el dinero y se van a su casa, igual que Sepúlveda, con 600.000 euros de Gürtel. Hoy, Podemos tiene más votos gracias a los tribunales que lo decidieron. Quienes se comportan como si España fuera una monarquía bolivariana son las élites, su falta de autoexigencia ética y profesional es deplorable y destructiva.
Lo que no debería ocurrir es que en año y medio nos encontremos con un Gobierno de coalición con dos partidos noqueados y un Congreso inmanejable.
(*) José Antonio Gómez Yáñez es profesor de Sociología en la Universidad Carlos III y socio de Estudio de Sociología Consultores.
Ilustración: Eduardo Estrada.
LA CUARTA PÁGINA
De repente, un extraño: Podemos
Las biografías de sus candidatos muestran que no son ‘frikis’: aspiran a empleos estables, más bien en el sector público; son jóvenes —con incrustaciones de mayores— que quieren integrarse y cambiar el sistema
José Antonio Gómez Yañez
¿Qué es Podemos? El resultado de la crisis y, también, de la incapacidad de las élites de la Transición para crear una economía innovadora y competitiva que genere crecimiento y empleo de calidad. Lo que significa que ensambla sectores que han perdido con la crisis y jóvenes cuya experiencia es que sólo pueden acceder a empleos precarios. Les une, además, la repugnancia por el nivel ético de la política. Ha surgido por la izquierda porque ha habido políticos que han captado este clima. Pudo ser Ada Colau y su PAH, pero ha sido un grupo de profesores de Políticas de Madrid. Había espacio para algo parecido por la derecha, pero Vidal Quadras, Nart y UPyD son establishment.
Ha articulado un discurso de defensa de las personas frente a un sistema económico que ha extendido la incertidumbre a amplias capas sociales, sobre todo después de la reforma laboral. La sociedad española se ha escindido en dos partes con expectativas divergentes: en mayo, el 25% de los ocupados de estatus social medio-bajo y el 17,6% de los de estatus medio creen que tienen muchas o bastantes posibilidades de perder su empleo en los próximos meses, más de la mitad de los hogares de estatus medios y bajos creen que sus ingresos pueden bajar o no saben cómo evolucionarán, los ocupados de estatus medio-alto y alto, los supervivientes de la crisis, ven despejado el futuro. Podemos captó los temores de la parte más débil, su discurso, lo que los electores perciben, contra “la violencia institucional” (desahucios, trabajo precario, banqueros corruptos que andan por la calle, la casta) responde virulentamente a las demandas de protección frente al mercado de quienes se sienten desamparados por las instituciones, partidos y sindicatos.
Se moteja a Podemos de antisistema, y a sus dirigentes y votantes como frikis, no lo son. Las biografías de sus candidatos a eurodiputados muestran que aspiran a empleos estables, normalmente en el sector público, pocos en el privado. Varios, con treinta y pocos años son profesores universitarios con contratos temporales y remuneraciones mileuristas a los que la universidad ofrece un lento y absurdo sistema que les llevará a ser profesores estables a los cuarenta y tantos. Muchos de sus compañeros de generación, algunos colaboradores de estas páginas, han emigrado a universidades británicas, suecas, norteamericanas o australianas. Son fragmentos de generaciones jóvenes que quieren integrarse y cambiar el sistema, con incrustaciones de mayores de 50 años atemorizados por ser expulsados del trabajo, ver reducidas sus retribuciones o devaluadas sus pensiones tras cotizar años y años. La enorme bolsa de paro juvenil y de trabajos por debajo de sus cualificaciones extiende la frustración porque los jóvenes no encuentran vías para entrar ni empleos acordes con su formación para construir sus vidas. Los desahucios y el deterioro del trabajo atemorizan a las familias de los desempleados y subempleados mayores de 50. Un dato: ha obtenido el 3,6% del censo electoral, pero el 7,5% entre los empleados a tiempo parcial.
Ha recogido voto joven (el 5,5% entre los de 18 a 24 años, el 4,3% de los de 25 a 44) y de toda la izquierda: ha sangrado a IU, 370.000 de sus votantes de 2011; 250.000 del PSOE, más 325.000 de la gran bolsa de abstención socialista en 2011, y 150.000 de la izquierda residual. No hay entre ellos alienados para la política, todos se identifican con la izquierda.
Obtuvo el 3,6% del censo electoral, pero el 7,5% entre los empleados a tiempo parcial
Podemos está en ebullición, cristalizará según sus decisiones y las de otros actores. El PP ha definido una política basada en una agresiva reforma del mercado de trabajo privado, el rescate bancario, recortes en prestaciones y retoques para sostener todo lo demás sin renovar, insensible hacia las personas en las medidas y en el discurso. Se piensa socialmente que ha rescatado a los banqueros y abandonado a los ciudadanos. Desde esta perspectiva, su resultado es coherente: en noviembre de 2011 tuvo 10,8 millones de votos; en las europeas, 4,1. Ha destrozado su base electoral por las clases medias-bajas de centro-derecha de edades intermedias (ocupados atemorizados por la reforma laboral y sus familias) y los autónomos, uno de sus núcleos duros. Por instinto de supervivencia debería reflexionar sobre para qué gobierna.

Rubalcaba convocó un congreso extraordinario del PSOE para julio. En ese plazo, con las elecciones internas para delegados en junio, sólo se activarán sus aparatos clientelares. El más potente, Andalucía, controlará el partido pese a sus ERE, sus fraudulentos cursos de formación... ¿Comprende el PSOE que será inadmisible para la opinión pública? Imposible que en dos meses haga la reflexión que necesita para afrontar el reto que significan las tensiones de fondo de la sociedad española, sus dirigentes hablan de sus estatutos y de reforma constitucional. El PSOE gestionó la primera fase de la crisis y también diseñó la estructura económica que se cuartea, ha gobernado España 21 de los últimos 32 años. Son suyas muchas decisiones que estructuran el país (la organización de las autonomías, la de Justicia, la Universidad, la antigua ley de cajas de ahorro, la carrera de los funcionarios, la configuración de un capitalismo dependiente de decisiones administrativas, etcétera), que han infiltrado la política, la ineficacia y la corrupción en muchos rincones de las Administraciones y de la sociedad, que son cuellos de botella que impiden el ascenso de nuevas generaciones y bloquean la innovación económica y la creación de empresas. ¿No reflexionará sobre eso? Podemos es la respuesta de las nuevas generaciones de izquierda a la ineficacia de este sistema. En Francia, la UMP ha convocado congreso para noviembre, seis meses para que el partido analice, produzca nuevas ideas, replantee su organización y surjan nuevos líderes en debate con los sectores sociales que pretende representar. Aquí, los dirigentes socialistas miniaturizan la política al acuerdo de sus patrones sobre quién mandará barnizado con un engendro de primarias. Así, sólo cambiarán algunos nombres.
Si los grandes partidosno reconducen sus políticas el bipartidismo saltará en pedazos.
Si los grandes partidos no reconducen sus políticas y malbaratan esta oportunidad para reflexionar y plantear medidas para renovar el país y a ellos mismos, el bipartidismo saltará en pedazos. Recomponer un sistema político consumirá durante años las energías que la política necesita para renovar la economía, la política (la perentoria ley de partidos) y las Administraciones. El PP puede confiar en retener el apoyo de la mayoría de centro-derecha, pero será insuficiente para gobernar. Con los dirigentes socialistas enroscados en su partido, ajenos al reto generacional y social que ha alterado la izquierda, la izquierda se dividirá y el PSOE languidecerá. Podemos ha dado consistencia a una generación y a sectores sociales que se habían quedado sin representación política y ha puesto sobre la mesa “su problema”, que es el de la sociedad española, una economía ineficaz, en transición hacia un modelo social en el que se agrandan las desigualdades mientras el país se desliza hacia la periferia del mundo desarrollado. No tiene las soluciones y salidas que se necesitan, sólo un desván de ideas recicladas lanzadas como puñales contra el sistema, pero ahora su función es expresiva, no programática. No es un alien, capta corrientes que el sistema alimenta diariamente: cuatro directivos de Caja Penedés, rescatada con dinero de todos, son condenados por trincar 28,5 millones de euros, devuelven el dinero y se van a su casa, igual que Sepúlveda, con 600.000 euros de Gürtel. Hoy, Podemos tiene más votos gracias a los tribunales que lo decidieron. Quienes se comportan como si España fuera una monarquía bolivariana son las élites, su falta de autoexigencia ética y profesional es deplorable y destructiva.
Lo que no debería ocurrir es que en año y medio nos encontremos con un Gobierno de coalición con dos partidos noqueados y un Congreso inmanejable.
(*) José Antonio Gómez Yáñez es profesor de Sociología en la Universidad Carlos III y socio de Estudio de Sociología Consultores.
Ilustración: Eduardo Estrada.
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