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lunes, 8 de abril de 2019

PARALELISMO (S)

Del (anti) puntofijismo ibérico
Luis Barragán


Urgidos por las difíciles circunstancias venezolanas, pocas veces reparamos en las ajenas.  Y, cuando lo hacemos, constatamos un paralelismo preocupante de situaciones políticas que ultimaron, abriendo el presente siglo, con todas sus fallas, una experiencia trastocada en tradición democrática.

En efecto, agotado el programa que derivó del llamado Pacto de Puntofijo, operó una extraordinaria satanización deslegitimadora de las instituciones democráticas mismas, bajo el impulso de los sectores que contribuyeron a crear el fenómeno de Chávez Frías. Siendo el más ácido de sus críticos, confiscando las observaciones más legítimas e innovadoras, como las surgidas de los sectores liberales, por ejemplo, el histórico acuerdo y aún sus consecuencias más positivas y constructivas, quedaron reducidos a los escombros que lo pivotearon definitivamente hacia el poder.  

Algo semejante ha ocurrido y ocurre con la exitosa transición española de finales de los setenta del ‘XX, pues, a pesar de los beneficios rendidos, so pretexto de un juicio que, además, tiene acertados alcances académicos, PODEMOS y otras fuerzas afines la presentan como una descomunal estafa, indecible conspiración y fatal experiencia. Cuando un destacado profesor versa sobre el mito fundacional de la democracia española, procurándole categorías que ayudan a esclarecer sus más variadas vicisitudes, otros se esfuerzan por la decapitación moral y el absoluto cuestionamiento de sus gestores, intentando vaciar de toda  legitimidad al régimen que, incluso, nació con la Constitución de 1978.

Problematizado  hasta el hartazgo, el liderazgo político promedio no demuestra una mayor determinación por defender la experiencia de libertad ganada, incurriendo en dislates – además – temerarios, como si la democracia española pudiera soportarlos, estuviese blindada ante los tristes casos de corrupción, capaz de sobrevivir a toda prueba. Algo semejante ocurrió en Venezuela, aunque sin la grave amenaza de la desintegración territorial, concluyendo el siglo XX, estirando abusivamente  la cuerda que finalmente reventó.

La revancha de los sectores marxistas peninsulares, está pendiente, como aconteció efectivamente en Venezuela. Por lo visto, aquélla bajo la orientación de un universitario, como Pablo Iglesias, mientras que ésta, supo de la dirección de un ágrafo militar, como Hugo Chávez.

08/04/2019:
http://www.diariocontraste.com/2019/04/del-anti-puntofijismo-iberico-por-luis-barragan-luisbarraganl/
Fotografías:
https://www.elmundo.es/espana/2016/01/16/5699672dca4741f3468b45e5.html
https://www.gabitos.com/CUBAPORSIEMPRECUBA/template.php?nm=1396689477&rsp=8 

domingo, 30 de septiembre de 2018

PENOSO REFLEJO

De un indeseable parentesco
Luis Barragán


El 31 de octubre de 1978, fue aprobada por las Cortes Generales la Constitución Española, fruto del más amplio consenso de todas las fuerzas políticas y sociales. Y, significativamente, aguardará para su referéndum popular y definitiva sanción, efectuados a principios y finales de diciembre del mismo año.

Piedra angular de una exitosa transición democrática, junto a los pactos de La Moncloa,  la opinión pública y el liderazgo ibéricos vuelven o deben volver su mirada a un acontecimiento inédito y a una experiencia decisiva que, ahora, puede perderse.  A mediados de 1977, se había iniciado el proceso constituyente que no tardó en elaborar un proyecto – subrayemos – pública y vigorosamente debatido, capaz de abordar y superar toda la pesada herencia franquista con una extraordinaria madurez,  consistencia y flexibilidad de los sectores dirigentes, añadidas las autonomías. No obstante, cumplida una larga etapa en la que España ha realizado importantes aportes a la democracia universal, tras andar el camino de un desarrollo económico antes desconocido, pendientes los más variados problemas que incluyen el de la equidad social,  tememos que se acercan demasiado a un abismo, a un indecible suicidio que, en mucho,  se parece al todavía no consumado en  Venezuela.

Un rápido vistazo, nos impone de tres circunstancias que autorizan el parentesco.  Por una parte, más allá, ha ganado terreno la maldición de los 40 años que, más acá, arrasando con todas nuestras positivas realizaciones, generó las condiciones para el ascenso de una inescrupulosa corriente populista devenida vulgar proyecto totalitario: el agotamiento de un programa político, en lugar de las correcciones y novedades que se imponían, legitimó o dijo legitimar una aventura por la que hemos pagado un altísimo e injusto precio y el país que, décadas atrás, lucía prometedor, siendo superiores sus indicadores económicos y niveles de movilidad e integración social al de la península, está en quiebra por muy petrolero que sea.

Por otra, el atascamiento es el de las nuevas promociones de un liderazgo que, acá, abriéndose el presente siglo, colapsó a favor de los elencos desconocidos que, improvisándose en el poder,  apelando a los hechos de fuerza para preservarlo,  ni siquiera asumen la gravísima responsabilidad moral en la actual  catástrofe que generaron. Allende los grados cum fraude o la innecesaria remoción de  los escombros históricos en El Valle de los Caídos,  sentimos que, allá, a través de maniobras de ningún cuño ético, capitaneados por sectores  podemizados, financiados e influidos por este califato petrolero y biométrico americano,  avanzan o pudieran avanzar más en una estrategia de fulminación de la libertad y de sus logros.

Finalmente, está planteada una reforma constitucional que, acá, la intentamos con las mejores intenciones al aproximarnos al  40º aniversario de una Constitución que fue el producto de un irrefutable consenso. Allá,  pudiera dar oportunidad a otra constituyente que sólo reparará en un texto que violentarán para incurrir en un posterior  fraude electoral;   abatidos por todos los vientos, dará paso a un proceso que hará de la zozobra y de la violencia, las llaves inauditas para un autoritarismo nacional populista trastocado en propuesta totalitaria. Disculpen, pero no es otro el sentimiento que tenemos al arribar pronto la meritoria Constitución Española a un significativo aniversario. 

01/10/2018:
http://www.diariocontraste.com/2018/10/de-un-indeseable-parentesco-por-luis-barragan-luisbarraganj/
https://noticiasdevenezuela.org/2018/10/01/de-un-indeseable-parentesco-por-luis-barragan-luisbarraganj/

viernes, 25 de mayo de 2018

CARCASAS DE LAS VIEJAS EMOCIONES

EL MUNDO, Barcelona, 30 de abril de 2018
EL RUIDO DE LA CALLE
Podemos: IU es la carcasa del PCE
Raúl del Pozo

El PCE, esencial en el advenimiento de la Transición, ha decaído hasta un discreto protagonismo. El nuevo secretario general, Enrique de Santiago, ha enmendado la postura del PCE en los tiempos de Santiago Carrillo y habla de la Monarquía como una institución antidemocrática e ilógica. Es un pragmático, intenta incorporar a la bandera roja los matices del feminismo y el ecologismo, pretende hacer un partido dinámico, pegado a la gente, que organice el descontento. Cree que a IU le sienta bien Podemos y que no hay ningún problema entre las dos izquierdas. Los aparatos, ahora, aspiran a que las siglas se vayan disolviendo en un movimiento popular.

Los medios y las redes hablan del desvanecimiento de IU, entrampada con los bancos, sin acceso a los créditos; además, con el peligro de ser engullida por Podemos. Desde el partido morado, algún malvado me dice que IU es simplemente la carcasa del PCE. "Sólo es una marca que envuelve el esqueleto de lo que fue aquel gran partido".

Este fin de semana, Alberto Garzón -que viene de la cosecha de indignados, no de Sol, sino de Málaga- reunió a los responsables de las federaciones para abordar un nuevo modelo organizativo: intentan dejar de ser una formación clásica y convertirse en movimiento. Algunos insobornables comunistas culpan a Garzón de querer cargarse el partido disolviéndolo en Podemos. Él se defiende argumentando que IU tiene su propia hoja de ruta y que va al encuentro del electorado de izquierdas en las próximas elecciones. A pesar de sus aclaraciones, le siguen acusando, no sólo de haber perdido el perfil ante Podemos, sino de liquidacionista, al provocar la voladura del PCE.

Ya recordarán lo que pensaba Sartre: "Todo anticomunista es un perro rabioso". También se sospechaba, ya entonces, que los verdaderos anticomunistas están en el partido. "Provocar hoy el suicidio de IU, incluso su hibernación como círculo rojo de Podemos -ha escrito Llamazares-, no sólo es una tremenda injusticia, es un grave error político, porque desmovilizaría y mandaría a la abstención a una buena parte de la izquierda". Un dirigente del PCE me dice: "IU y Podemos han transformado el talante fundacional del 15-M en prácticas de aparato. Van detrás de la gente. Hay un republicanismo espontáneo que cada vez engancha a más descontentos. Se ha perdido el control democrático y nadie se fía de nadie. La crisis de los partidos ha devenido en crisis de representación. Ahora, nadie se quiere dejar representar". El viejo luchador recuerda el poema de Shelley que inspiró a Marx: los partidos empiezan a verse como sanguijuelas de un país arruinado.

Fuente:
http://www.elmundo.es/opinion/2018/04/30/5ae5f95f268e3e254b8b459c.html
Cfr.
Federico Jiménez Losantos: PODEMOS entierra al PCE: http://www.elmundo.es/opinion/2018/04/30/5ae5a28be5fdeacf278b4624.html
Fotografía: Michel Foucault y Jean-Paul Sartre, Paris, 1968: https://www.pinterest.com.mx/pin/713328028453126187/

sábado, 28 de octubre de 2017

FALSO DILEMA

EL MUNDO, Barcelona, 22 de febrero de 2016
COMENTARIOS LIBERALES
La buena antipolítica
Fedrico Jiménez Losantos
 
Hay dos clases de antipolítica: la que busca regenerar la obediencia de los representantes a sus representados y la que quiere sustituir el sistema de representación por unos representantes a los que los representados sólo pueden aplaudir o padecer. Entre estos últimos, están las teocracias, cuyo modelo es el islam, que a lo largo de los siglos han abolido la posibilidad de una política nacida de la sociedad civil y se erigen en sacerdotes de una religión militarizada cuya negación o discusión acarrea la muerte. España tiene, desde las últimas elecciones, dos modelos de antipolítica occidental: Podemos y Ciudadanos. El primero, el leninista, que, como decía Azaña de Primo de Rivera, habla de liquidar las imperfecciones de toda democracia pero busca erigir una dictadura perfecta, con un Ejecutivo que lo primero que debe ejecutar sumariamente es la división de poderes, convirtiendo a Pablenín Iglesias en juez y fiscal supremo, Telehermano Omnipresente y Padre Omnisciente del Verdadero Pueblo, el que lo sigue. El renuente es plebe reprimible. En fin, la URSS: en la ciudad, checa, en el campo, Gulag.Ciudadanos sería el típico partido reformista europeo si no hubiera nacido de una situación atípica: la destrucción del régimen constitucional español en Cataluña. Podemos quiere acabar con la legalidad democrática para fundar una legalidad revolucionaria, la suya, de partido rector y casta intocable. Ciudadanos busca recuperar la legalidad española y acabar con el golpismo separatista, hoy trufado de extraños pecios antisistema acogidos al golpismo nacionalista, rémoras del tiburón liberticida fundado por Pujol. Su camino viene favorecido por la corrupción del PP y el PSOE, pero está obstaculizado porque el suyo no es un proyecto adanista, salvo por esa estúpida fórmula de la «vieja política» que debería abandonar: no hay política vieja y nueva, sino buena o mala, sin equívocos de calendario. La ventaja de Ciudadanos es que su proyecto es el de la mayoría de los españoles, que quiere limpiar la democracia, no acabar con ella. La desventaja es que los medios de comunicación para explicar ese proyecto están tomados por una extrema izquierda a la que el PP ha favorecido hasta el suicidio para blindar a Rajoy y Soraya. El futuro de España se juega ahí: reforma democrática o revolución totalitaria.

Fuente:
Ilustración: Dumont.

miércoles, 30 de agosto de 2017

FOSO

EL PAÍS, Madrid, 12 de agosto de 2017
 TRIBUNA 
Entre la impunidad y el mito
La izquierda se ha arrogado durante años el papel de comisaria moral del espectro político
Jorge Eduardo Benavides

Durante casi ochenta años, la extinta Unión Soviética levantó, a base de exterminios, cárceles, gulags y cientos de miles de kilómetros de alambres de púas, el paraíso comunista que extendía sus fronteras hasta la mitad de Europa. Durante todo ese tiempo, una gran parte de los llamados intelectuales de izquierda del mundo occidental miraron con anuencia todo aquel inventario de atropellos y asesinatos, a veces simplemente negando su existencia o, si eran puestos contra las cuerdas por la tozuda realidad, explicando la serie de males necesarios que se requerían para luchar contra el perverso capitalismo.

En su ensayo Pasado imperfecto. Los intelectuales franceses (1944-1956), Toni Judt reflexiona con minucia sobre el carácter ambivalente de muchos de estos intelectuales y la pasmosa relajación moral de algunos de ellos, como Emmanuel Mounier, quien escribe, a propósito del golpe de Praga de 1948, que “no hay progreso que no tuviera su comienzo en una minoría audaz, ante la instintiva pereza de la mayoría”. No fue el único ni sería el último de los muchos intelectuales europeos —Sartre, Brecht, Debray…— que durante décadas persistieron empeñados en que el comunismo soviético era un sistema per se bondadoso y libertario. Lo mismo ocurrió con la Cuba castrista: escasos fueron los intelectuales de ese entonces que no cantaron loas a Fidel Castro y escribieron ruborosos elogios a la revolución mientras sus colegas eran silenciados, asesinados o encarcelados. De hecho, nuestro tan querido boom literario estaba compuesto por los principales legitimadores del castrismo y la revolución, como bien sabemos.

Durante mucho tiempo nos han dicho que eran gentes de buena fe engañadas por la maquinaria propagandista de aquellos regímenes. Que en realidad nadie sabía lo que estaba ocurriendo realmente tras las fronteras de Cuba, la Unión Soviética o China. Pero ese sapo yo no me lo trago, pues era gente informada y con acceso a lo que ocurría en el mundo. Por desgracia, creo que la explicación más probable es más simple y también más siniestra: querían creer. Empeñados en las bondades del comunismo, aquellos intelectuales le dieron la espalda a su primera responsabilidad con la verdad y avalaron así a todos quienes los leían y los tenían por referentes morales, cegándolos ante la desventura y el horror que sufrían sus congéneres. Lo cuenta muy bien el escritor cubano Jacobo Machover en El sueño de la barbarie: la complicidad de los intelectuales con la dictadura castrista.

Pues bien, con ese auspicioso saldo moral en sus cuentas han funcionado durante décadas los partidos comunistas y las izquierdas unidas de todo el mundo y se han disculpado todos los atropellos, todos los encarcelamientos y toda la brutalidad de los regímenes que ensayan la senda del totalitarismo y que son modelo de estos partidos, que funcionan gracias a la democracia que quieren destruir. Basta leer los tuits en los que el vergonzante Alberto Garzón despide —con la emoción de una colegiala— a Fidel Castro (“Su ejemplo y pensamiento pervive”, dice) y elogia el destrozo que está haciendo el chavismo en Venezuela hoy mismo; empeñado en negar la clamorosa evidencia de que nadie que dure en el poder 50 años puede considerarse demócrata ni que un régimen que se enquista a sangre y fuego es modelo de democracia. ¿Es eso lo que propone Izquierda Unida para España o se trata solo de una aspiración mística-ideológica?

En todo caso, esto ha sido así porque durante años la izquierda se ha arrogado el papel de comisaria moral del espectro político, de airada detentadora de la progresía y la bondad. Y los demás nos hemos dejado chantajear y hemos dado por bueno que ser de izquierdas (de esa izquierda) es estar intrínsecamente del lado de los desfavorecidos. De lo contrario uno era —y es— acusado de fascista. Y no, no concede crédito democrático que los comunistas se hubieran enfrentado a Franco aquí en España, porque no hay ningún valor en enfrentarse a una dictadura en nombre de otra.

No nos engañemos: no hay ninguna deriva en la Izquierda Unida ni en el planteamiento de Podemos —los verdaderos campeones del cinismo— ni en general en las izquierdas de todo el mundo que tienen como modelo a Stalin, a Castro o Chávez, a quienes elogian con impunidad o justifican con vacilantes balbuceos y desplantes retóricos. Esa izquierda siempre ha defendido los regímenes totalitarios y es lo que buscan instaurar en nombre de un mundo mejor y de una sociedad perfecta. Tal es su naturaleza.
(*) Jorge Eduardo Benavides es escritor.
Fuente:
https://elpais.com/elpais/2017/08/09/opinion/1502293979_955294.html
Fotografía: Tomada de la red.

sábado, 17 de junio de 2017

POLITICA Y ANTIPOLITICA

EL PAÍS, Madrid, 18 de junio de 2017
 EL ACENTO
Quedarse al margen es hoy el problema político
José Andrés Rojo

Hay un poema del argentino Roberto Juarroz que comienza con estos versos: “No se trata de elegir esto o aquello. / Tampoco de sumarlo. / Se trata de llegar a la resta / que permita el encuentro”. El libro estaba ahí, al alcance de la mano, justo en el momento en que los próceres de la nación se afanaban en el Congreso con la moción de censura.

Llegar a la resta. El libro de Juarroz que estaba ahí era la Decimotercera poesía vertical; el poema, el 84. Los versos siguientes dicen: “No conocemos bien las partes de la resta. / Tampoco la forma del encuentro. / Pero en el más o el menos que resulte / se abrirá el espacio que aguardamos”.

La resta y el espacio que aguardamos, cosas raras de poeta. La moción de censura produjo una catarata de concienzudos análisis, de comentarios de todo tipo: incisivos, irónicos, tremendistas, frívolos, críticos. Hubo un candidato a la presidencia de Gobierno al que le tocaba presentar su programa. Y fueron saliendo un montón de asuntos que preocupan a los ciudadanos: la corrupción, la cuestión territorial, la desigualdad. Lo malo del espectáculo es que se sabía desde el principio lo que iba a pasar al final, y eso no siempre resulta del agrado de todos. Pero existía buena voluntad y se seguían los lances como si de aquello fuera a salir algo distinto.

Hubo al final ese momento tan significativo en que todos los políticos aplauden. Aplauden a los suyos, se aplauden a sí mismos. ¡Qué bien lo hemos hecho!: se felicitan. Es cuando se empieza a tomar en consideración la idea de la resta de Juarroz.

Esos aplausos, los de los unos a los unos, y los de los otros a los otros, revelan en esta época una fisura que es mucho mayor que la de la simple (y lógica) desavenencia entre los partidarios de unas opciones frente a las de los que prefieren unas distintas. Y es una fisura —una grieta, un abismo— que no solo se produce en España. Un poco a bulto: es como si a un lado estuvieran los que aplauden un sistema en el que les ha ido más o menos bien, y en el otro, los que celebran a quienes quieren subvertirlo, porque les ha ido peor, porque no pueden cumplir sus expectativas, porque han quedado al margen.

Pero una fisura tan honda y tan grave en sociedades que han de enfrentarse a retos mayúsculos —el terrorismo yihadista, el cambio climático, la crisis de los refugiados— no anuncia nada bueno. Lo urgente es establecer puentes, facilitar el encuentro. Y ahí viene bien la resta. Se trata de quitar. Quitar a los corruptos y a los sectarios. Quitar a los vendedores de pócimas milagrosas y a los prepotentes que lo dan ya todo por solucionado. Etcétera.

Juarroz se refería a esa “resta que permita el encuentro”. Y terminaba el poema: “Y allí, en ese espacio, / no estaremos al margen”. Y es que seguramente el desafío más urgente de todos sea justo ese: incorporar (a los jóvenes, a los parados, a los que quedaron fuera con la crisis). Sin esto, lo demás será un fiasco.

Fuente:
http://elpais.com/elpais/2017/06/16/opinion/1497630290_928175.html
Fotografía: http://www.elconfidencial.com/espana/2017-06-13/mocion-censura-podemos-pablo-iglesias-mariano-rajoy-gobierno_1398219/

miércoles, 14 de junio de 2017

FANTASÍA DE LA PUREZA

EL PAÍS, Madrid, 14 de junio de 2017
 TRIBUNA
La Transición trágica
El fin del franquismo se saldó con una traición a esas juventudes revolucionarias que contruyeron el programa de un futuro sin contar con una población que votó masivamente a Adolfo Suárez y no soñaba con revolución alguna
Jordi Gracia

La palabra democracia estuvo muy viva desde antes de la muerte de Franco, pero el sentido que cada cual le dio fue equívoco y hasta contradictorio, sin nada que ver con la base estable e incuestionada de la noción de democracia en la actualidad. Es precisamente la renovada exigencia democrática que auspició el 15-M y Podemos, lo que asfixia hoy a gobernantes con las vergüenzas expuestas a todos los plasmas imaginables, y no son las irrelevantes vergüenzas genitales.

El régimen (el verdadero Régimen) abusó obscenamente de esa imaginativa plasticidad cuando habló de democracia orgánica. La oposición, articulada y sin articular, hizo lo mismo. Para unos, muchos, democracia equivalía a democracia radical, que a su vez equivalía a revolución democrática. Para otros, escasos, dispersos y muy mal vistos, democracia empezó a significar desde 1976-1978 la sumisión voluntaria a las reglas del juego de la representación parlamentaria porque asumía la negociación política como tablero exclusivo y expresión legítima de la opinión de la calle, movilizada y no movilizada. La convencida ilusión revolucionaria que fraguó entre las juventudes universitarias más politizadas desde finales de los años sesenta no dio el menor crédito a la democracia como sistema de pactos, contrapesos y transacciones: eso era claudicación socialdemócrata y pequeño-burguesa, como poco.

El ideal era otro porque la revolución no se pacta ni se negocia, se impone. La revolución vino a ser, así, un ideal del despotismo ilustrado sin respeto ni por las formalidades democráticas ni por la herencia presencial, biográfica, activa, de los equipos procedentes del franquismo. El sueño solo tenía cara A porque no había lugar para la cara B. La revolución democrática había de vencer a las fuerzas del franquismo reformista y a la vez a las formaciones políticas burguesas y pequeño-burguesas, tan alegremente dispuestas a plegarse a los enjuagues de una democracia parlamentaria a la europea.

No hay la menor duda: la Transición constituyó una traición sangrante, despiadada, a aquellas juventudes revolucionarias que con la literatura, la ideología, los cómics, el ideario libertario, el comunismo maoísta o soviético, la cultura hippy y la contracultura entera habían construido el programa de un futuro sin contar con una población no exactamente adicta ni a Rimbaud, ni a Lautréamont, ni a Fidel Castro, ni a Janis Joplin, ni a Allen Ginsberg. La población real, cuantificable, votó masivamente a Adolfo Suárez, compró desatadamente los abyectos libros neofranquistas de Vizcaíno Casas e ignoró los ensueños de la grifa y la marihuana o los viajes de la psicodelia débil del principio y el jaco letal de los ochenta.

El fracaso fue estrepitoso porque la población de una democracia en construcción no soñó con revolución alguna ni se adhirió a sus condiciones despóticas. Esa precaria democracia acabó con el aparato legislativo del franquismo y fundó otro nuevo desde 1978: hizo una ruptura democrática. El desnortamiento de la revolucionaria contracultura fue entonces descomunal porque la revolución empezaba a ser ya sólo una fantasía derrotada, pero no un objetivo viable con las cifras electorales y no electorales en las manos. Fue entonces cuando los lectores de la revolucionaria Anagrama abandonaron a Anagrama diez años después de su fundación: “De golpe y porrazo” —cuenta Jordi Herralde—, “buena parte de aquellos lectores inquietos que se interesaban por todo, dejaron de leer no sólo textos políticos sino también libros de pensamiento, de teoría, lo cual provocó la desaparición de la totalidad de las revistas políticas y el colapso de la mayoría de editoriales progresistas”. Los ideales de la minoría más politizada y progresista, más europeísta, culta y urbana, más asimilable a las vanguardias políticas radicales de la Europa de entonces, desembocaron en una funesta neurosis de autodestrucción por fallo general multiorgánico. Nada había sido como lo soñó Ajoblanco o Star.

Precisamente por eso Podemos no tiene nada que ver con aquella raíz hoy enterrada de la revolución: aquella lo era de verdad porque quiso cambiarlo todo. Hoy Podemos carece del gen revolucionario porque su biotipo democrático negocia, discute, amaga, recela, engaña, traiciona y marrullea como las demás fuerzas políticas. Los planes de la revolución se vinieron abajo en un santiamén pero sus víctimas fueron infinidad de jóvenes. No hay ninguna buena noticia en esas muertes con y sin apellido, sino un largo duelo ante la angustiosa lista de muertos en los años duros del caballo químico y del caballo ideológico: Eduardo Haro Ibars, Aníbal Núñez, Eduardo Hervás, Antonio Maenza, Marta Sánchez Martín, Carlos Castilla Plaza.

Pero es seguro que para la mayoría de la población fue una buena noticia el fracaso de la revolución: el demos no fue revolucionario, o fue democrático de acuerdo con las democracias realmente existentes en la Europa de su tiempo. La primera clase del curso de nueva democracia trataba del desengaño de las utopías revolucionarias y la segunda tocaba otro tema, también delicado: la democracia es imperfecta, torpona y algo cegata, además de no ser nunca ni pura ni inmaculada.

Pero la fantasía de la pureza siguió viva y la frustración también. Muchos de aquellos jóvenes no renunciaron a que la vida y la literatura fuesen lo mismo: es un ensueño fascinante y adictivo pero no le veo ejemplaridad alguna ni es siquiera un plan de vida compensador. Sí es en cambio un potente objeto de estudio antropológico y cultural, como el que ha emprendido Germán Labrador en un libro que contiene el más completo elogio y la más sentida elegía de la contracultura: Culpables por la literatura. Imaginación política y contracultura en la transición española (1968-1986). La demonización de sus protagonistas como bichos marginales y enfermos está ampliamente reparada en este libro, el mejor posible sobre aquel mundo y sus supervivientes.

Lo que no remedia es el trágico error que anidaba en los planes líricos e ideológicos para una Transición que sin duda los traicionó, pero no se equivocó. Si el éxito de la Transición se mide sobre el romanticismo de la revolución democrática fue un gran fracaso, y es justo y hasta conmovedor evocar a las víctimas de sus propias utopías. Pero no ilumina cuáles fueron y dónde estuvieron las renuncias de la izquierda democrática y socialdemócrata desde 1978. Ese me parece el campo de maniobras más productivo para una crítica de la Transición, sin confundirla con una traición a las utopías trágicas o restitutivas del pasado de la Segunda República.
(*) Jordi Gracia es profesor y ensayista.

Fuente:
http://elpais.com/elpais/2017/06/08/opinion/1496915063_108847.html
Ilustración: Eduardo Estrada.

EL PAÍS, Madrid, 10 de junio de 2017
Intelectual intempestivo
Ortega y Gasset fue pionero y prematuro, precozmente imbuido por un optimismo vitalista de genética nietzscheana e incombustible durante algunos años
Jordi Gracia


No diré que sería hoy un tuitero compulsivo, pero la proliferación de aforismos con chispa e intención podrían tenerlo como aficionado decoroso al medio guerrillero. La violencia de la palabra del Ortega socialista, del fundador de la Liga de Educación Política y el semanario España, del redactor incendiario de Nueva y vieja política en 1914 llegaba dictada por un afán redentor y colectivista, esperanzado en las fuerzas secretas de refundación radical de un país entero. No se equivocó, desde luego, porque esas fuerzas estaban y tenían nombre y apellido (iban desde los hermanos Machado o Juan Ramón Jiménez hasta Gómez de la Serna), pero fue, como en casi todo, pionero y prematuro, precozmente imbuido por un optimismo vitalista de genética nietzscheana e incombustible durante algunos años. Mandar, mandó petulantemente desde el principio, para abierta sublevación de su propia familia, que directamente lo echa de El Imparcial porque desde ahí ha lanzado la caballería entera de su ira y su impulso subversivo contra el diario.

Por eso accede en seguida a liderar ideológicamente uno nuevo. Por entonces se creía, con razón, que un medio periodístico, al estilo de lo que haría EL PAÍS en 1976, podía determinar la realidad moral y cultural de una nación u orientarla hacia la reforma radical de las instituciones del Estado, desde el Parlamento hasta la Universidad, pasando por las artes y la literatura. Por eso se encerró Ortega a escribir durante tres años en la pajarera de un periódico nuevo, El Sol, desde 1917: estaba convencido de que pilotando esa nave pilotaba la transformación de España.

Volvía a tener razón, pero volvía a ser prematuro. El fracaso de esa experiencia le dejó la primera huella grave de su mal más íntimo: el rencor contra quienes ni entendían ni parecían querer entender por dónde debían ir los derroteros de la modernidad europeísta. De ahí nace uno de sus libros más perniciosos incluso en el título, España invertebrada, montado sobre prejuicios y, sobre todo, sobre pasiones políticas muy recientes. Ortega se retiró entonces de la vida política para regresar a la abandonada capitanía filosófica del país. Desde 1921-1922 inundó la alta cultura española con series de artículos convertidas en libros y proyectos de larga incidencia en las letras y la cultura global. La Revista de Occidente desde 1923 iba a ser una auténtica difusora actualizadísima de los aires intelectuales de la modernidad crítica, a la vez que desde entonces Ortega vibraba sobre todo como ensayista compulsivo, hostigado por un alemán desconocido, Heidegger: habría de amargarle desde 1927 los frutos dulces de su filosofía de la razón vital.

Pero ese afán de competitividad de un competitivo temible no estropeó su función de pensador imprevisible, agudo y agitador (como el Fernando Savater de la Transición). En esa década de los veinte cría buena parte de los libros que siguen siendo lo mejor que puede dar un pensador: formas sociales e históricas de una filosofía moral antes que prescripción de conductas. O al menos así vale la pena leer desde las Meditaciones del Quijote hasta los tomitos caprichosos, autobiográficos y perdurables de El espectador, incluida una vivísima La rebelión de las masas, ya en 1930, a las puertas de la euforia y el inmediato desengaño con la Segunda República. Iba en el libro el más contundente dicterio contra la destrucción de las democracias liberales a manos de los totalitarismos rampantes desde Italia, Alemania y la Unión Soviética.

A la guerra llega tan escarmentado que se suma callado al bando sublevado y vencedor, y después pierde la guerra durante 15 años más hasta su muerte en 1955. Gana, sin embargo, y de forma rotunda, como impulsor de una desafiante independencia de pensamiento hecha de jugosidad imprevisible, plasticidad estilística y una vaga e ingrata propensión a la impostación divina: insustituible

Fuente:
http://cultura.elpais.com/cultura/2017/06/09/babelia/1497029398_916542.html?rel=mas
Fotografía: De izquierda a derecha, Antonio Machado, Gregorio Marañón, José Ortega y Gasset y Ramón Pérez de Ayala en Segovia el 14 de febrero de 1931.

miércoles, 7 de junio de 2017

¿UN SENTENCIADOR INAPELABLE?

Entrevista
Gregorio Morán: “En los medios convencionales estamos en el peor momento de la democracia”
Paula Corroto

Dice el periodista Gregorio Morán (Oviedo, 1947) que, después de El cura y los mandarines, que acaba de salir a la venta por Akal, tras ser cancelado in extremis por Planeta, no abordará el periodo político y cultural entre 1996 y la actualidad.

“Porque después de 1976 hubo un periodismo punzante y peleón, pero con el PSOE llegó el final de ese periodismo. Y en la cultura el PSOE lo compró todo. El PSOE fue un cáncer cultural. Por eso es un periodo que me interesa mucho menos aunque lo esté sufriendo mucho más”, afirmó el martes ante un grupo de periodistas. Su análisis, que va desde 1962 a 1996 se detiene, por tanto, en cómo los intelectuales pasaron de ser firmes opositores al régimen franquista en los sesenta a convertirse en reaccionarios en los ochenta.

Para ello parte de la figura del cura Jesús Aguirre –después duque de Alba– para dar un repaso muy crítico a intelectuales como Víctor García de la Concha, exdirector de la RAE y actual director del Instituto Cervantes. Esa precisamente fue una de las claves de que Planeta echara el libro para atrás cuando ya estaba casi en las librerías. “Se trata de censura económica, no política, porque estaba a punto de salir el Diccionario de la RAE. Es lo mismo que ocurre con el Banco Santander o Endesa, nadie se mete con ellos porque son los grandes patrocinadores culturales de este país”, sostuvo. Pero también añadió: “La canonización del Régimen del 78 fue un error. Los autoelogios ya olían a pescado podrido”. De esos barros estos lodos que precisamente sí analiza en esta entrevista con eldiario.es.

Este libro nació de la pregunta sobre qué pasó con aquellos intelectuales que eran transgresores y contrarios al régimen franquista para volverse reaccionarios a partir de los ochenta. ¿Ha hallado la respuesta?

Encontrar una respuesta válida no sé yo porque cada mandarín es un mundo. Pero sí hay algunos puntos de coincidencia. Sobre todo la actitud del poder hacia ellos en los años sesenta, que es una actitud de oposición. Hay un elemento que es clave y es que el franquismo duró muchísimo. Ahora parece como si la Guerra Civil hubiera durado 40 años y el franquismo, tres. Y no, es al revés. El momento en el que se detecta el cambio es hacia finales de los sesenta. A partir del estado de excepción de enero de 1969, que en general nunca aparece en los libros de Historia. Siempre se dicen muchas boberías sobre mayo del 68. Yo lo viví aquí en Madrid y no influyó para nada. Pero enero de 1969 sí. Fue nuestro mayo del 68 en negativo, porque fue un estado de excepción en toda España después del asesinato del estudiante Enrique Ruano, que por cierto su confesor era Jesús Aguirre.

Usted se centra en los intelectuales, pero la sociedad española en general vivió un giro parecido: de transgresora y opositora, buena parte pasa a ser conservadora, neoliberal y votante del PP.

Sí, sí, parte de esas clases medias formadas en el franquismo, sectores populares también. Es verdad, pero la sociedad ya era conservadora incluso entonces. Es decir, en los años sesenta, lo que diferenciaba a los sectores intelectuales de la sociedad era total. En Barcelona no existía tanta distancia como en Madrid, pero aquí era total. Por lo tanto, la involución de la sociedad no  se notó tanto. ¿Por qué? Porque la única vez que les dejaron votar, que fue el 15 de junio [de 1977], votaron, en general a la UCD y a Adolfo Suárez, y cuando eso se fue al carajo votaron al PSOE, unos chicos como ahora podían ser los de Podemos. Además, acababa de pasar el golpe de Estado del 23F.

Pero en el caso de los intelectuales no fue así porque ahí había una ruptura en los años 60 y en los 70 comienza a haber un acercamiento. También estaba la conciencia de que Franco no se moría. Eso es terrible. Yo ahora con esta edad me acerco más a entender aquello.

Para algunos intelectuales como Javier Gomá, los problemas de nuestra democracia tienen algo que ver con el hecho de que no tuviéramos la historia democrática de otros países como Francia o Alemania.

Cuando uno dirige la Fundación March se convierte en un intelectual de diferente tipo a un profesor universitario. Es decir, yo tengo una opinión muy modesta de la capacidad analítica de Javier Gomá. Siento una cierta irritación hacia este tipo de figuras que todo el mundo recoge porque es el que concede las becas. Esa opinión de nuestra frágil y joven democracia me parece una chorrada. Y si en vez de decirlo Gomá, lo dice un profesor cualquiera, no le hacen ni puto caso. Pero si llevas la Fundación Juan March se dice que es un hallazgo intelectual de altura.

El problema nuestro no es que la democracia sea joven, sino cómo se llegó a esa democracia. Hay países que tienen problemas mayores que los nuestros, como Italia, y tuvieron más tiempo. El problema es que hubo parcelas enteras en las cuales no entró la Transición como, por ejemplo, la Universidad o la Fundación Juan March.

¿Y cree que se ha roto o se está rompiendo el Régimen del 78? ¿Y por qué es así ahora?

En primer lugar, no se ha roto. Una cosa es que se está intentando poner en cuestión y superarlo. Y esto es porque hay una generación que es la tuya, que no tiene ninguna obligación de mantener el canon. Es más, que interpreta que el canon ha jodido su vida, y es verdad. El canon ha provocado la crisis. Esa idea de que la clase política era sabia… Ahora se dice mucho, “político corrupto”, pero durante muchos años se dijo que estos políticos eran los más listos de Europa. Cuando el futuro analice a Zapatero se dirá, “pero estos, ¿estaban locos todos para poner a un tipo como este de presidente? Pero si no tiene ni zorra idea”. Era un vendedor de humo profesional.

Luego pusimos a Rajoy.

Sí, sí. Pero Rajoy es un registrador de la propiedad. Es decir, es otra cosa. No hará ninguna aventura. No se le ocurrirá decir, “y ahora vamos a repartir no sé cuántos euros a cada uno de los ciudadanos”. No. Rajoy siempre se quedará corto. Pero es que Zapatero se pasó tres pueblos con los brotes y demás. El problema de Rajoy es la derecha, pero ese es otro tema. Él es un registrador de la propiedad y el problema, claro, es que la propiedad está muy afectada.

Lo que ha ocurrido con este libro, con Planeta, con Víctor García de la Concha, ¿son coletazos de la Transición? ¿Sus últimos intentos por demostrar que mandan?

Eso quisiera yo. A lo mejor son nuestros últimos coletazos. No lo tengo nada claro. Esta es una diferencia capital entre Podemos y yo. Yo pienso, como dicen los gallegos: todo es empeorable. Yo no creo que estén dando los últimos coletazos. Primero, porque después de tantos años diciendo quién daba y quién no daba los últimos coletazos, y resulta que éramos nosotros los que estábamos dando los últimos coletazos… Por ejemplo, con la muerte de Franco. ¿Qué iba a significar aquello? Pues lo que significó fue más miedo. Ahora resulta que todo el mundo tomó champán. Mentira bellaca. Pero ese es el canon que se os ha vendido a vuestra generación. Yo era militante [del PCE] entonces, y sé lo que significó aquello. Todo el mundo tenía preparado hacer una huelga general a la muerte de Franco, pero cuando sucedió no sólo no hubo ni una sola huelga general, sino que la gente estaba absolutamente acojonada.

¿Ha cambiado el miedo de bando ahora?

Yo creo que sí. En eso sí que es diferente. Tu generación ha introducido una variante que es la que concede mayores esperanzas. El miedo ya no es lo que era.

Quizá porque no hay mucho que perder.

Exacto. No hay nada que perder. El miedo será el de vuestros padres, o el de los que viváis en sus casas. ¿Por qué son los nietos los que están sacando los cadáveres de las cunetas? ¿Dónde están los hijos?

Ese debate sí se dio en Alemania.

Sí. El debate aquel se llamaba además, ‘La historia que no quiere pasar’. Yo estuve en Alemania y viví bastante intensamente aquella polémica. En Alemania hay muchísimos libros de hijos de nazis que explican el comportamiento de sus padres. En España no hay ninguno. Es más, como hagas un libro te pueden meter una querella importante, como ocurrió en un caso en Asturias. En Valdedios, donde por cierto hizo el seminario Víctor García de la Concha en la posguerra, hubo un hospital psiquiátrico. Y [durante la guerra] cuando llegaron los nacionales se desmanteló y liquidaron a todo aquel que pillaron. Esto lo publicó un historiador asturiano. Y uno de los hijos de los psiquiatras asesinos puso una demanda y ese libro tuvo que ser retirado.

Ya que se remite a la memoria histórica no sé si ha leído lo que ha dicho Javier Cercas sobre que este movimiento se convirtió en un negocio, en una industria.

Puede ser. Hombre, él es uno de sus protagonistas. No le tengo especial simpatía. Solo he leído de él el primer libro y me pareció infecto. Sobre todo porque no tiene ni idea de quién era Rafael Sánchez Mazas. Pero es otra de las cosas con la que la gente se quedará turulata en el futuro: ¿y este escritor, qué escribía? Yo te podría decir seis escritores de mi época a los que hay que buscar en la Wikipedia y ni aparecen. Y eran grandes figuras.

Usted ha dicho que ahora los escritores escriben novelas a partir de personajes reales, y casi no hay ficción. ¿Qué significa esto?

Que la realidad es una cabronada. La realidad te obliga a muchas cosas, y es mucho mejor contar una historia humana. Es lo que en periodismo llamamos una “percha”. Tú tienes una percha y sobre ella escribes una historia. Eso está en el ABC del periodismo. Pero ahora se han cambiado las tornas y el sueño dorado de todo escritor es ser periodista, tuitero y entrar en las tertulias. Eso les fascina más que el trabajo oscuro de un escritor. Escribir en los suplementos dominicales de los periódicos les parece mucho mejor.

Antes era al revés. El sueño de todo periodista era ser escritor. Ahora eso ha cambiado y es, sencillamente, un problema intelectual, porque es más cómodo, más fácil. Por ejemplo, La fiesta del chivo, de Vargas Llosa, es el reportaje más acojonante que he leído, pero como novela es una mierda, porque no es una novela.

Otra cosa que ha dicho: cuando el PSOE triunfa en 1982 apenas tenía militantes y tuvo que rellenar sus listas como fuera. Aquí sí encontramos una similitud con Podemos, que de hecho, no sabemos si se presentará a las municipales.

Absolutamente. Con un detalle, precisamente Podemos no se presenta a las locales para no caer en lo que le pasó al PSOE. Coinciden en que no tienen gente, pero como saben lo que le pasó al PSOE no lo quieren hacer. El PSOE rellenó todas las listas y claro, cuando rellenas todo entra todo y eso te puede hundir. ¿Cómo entró Roldán, que llegó a director de la Guardia Civil siendo un delincuente?

Podemos sí que apenas ha dicho nada acerca de la cultura. ¿Podría pasar algo parecido a lo que ocurrió entonces con la cultura y el PSOE? De hecho, usted ha dicho que el PSOE fue un cáncer cultural.

Es que ellos tienen un temor… Parten de profesores de universidad y sería el mayor error del mundo porque en el momento en el que pasas a la condición de intelectual dejas de ser político. Y lo que la gente quiere es que te dediques a la política. Está muy mal visto ser un intelectual. Yo me acuerdo cuando Tarradellas, aquel presidente de Cataluña, estaba en una cena donde había un amigo mío, Antonio Senillosa, que era un buen lector, un hombre conservador, de derechas, que le dijo: “Oiga, señor Tarradellas, tenemos un presidente en España, que es Adolfo Suárez, que no ha leído un libro en su vida”. Y le dijo Tarradellas: “Mejor, imagínese si llega a leer libros”.

¿Y usted, que viene del PCE, empatiza con Podemos?

A tenor del miedo que le tienen y los ataques que les lanzan, eso es sano. Si les funciona o no, yo ya soy mayor. Pero a mí me parece muy bien que se acabe con la casta. Además, esa actitud de algunos intelectuales de decir, “pero estos chicos, qué programa tienen”, y yo digo, “qué programa tiene el PSOE o el PP”. ¡Pero si lo tienen para no cumplirlo! Cuando hablan del programa económico de Podemos, pero vamos a ver, ¿quién nos ha hundido? No sé cómo [el PP y el PSOE] tienen ese desparpajo para decirlo. ¡Pero si son ellos los que nos han metido en una crisis económica del carajo! ¿Y ahora reprochan a estos chavales que no tienen programa económico?

Prácticamente ningún escritor –el otro día sí lo dijo Juan Goytisolo- ha mostrado su apoyo a Podemos.

Nadie, nadie. Y yo al final me voy a animar porque les están pidiendo unas cosas a unos tipos que acaban de salir que no les han pedido a ninguno de los otros. Es verdad que estos no les van a dar nada, pero me parece una desvergüenza. O cuando dicen, en el PP y el PSOE, que estos no tienen experiencia de gobernar, pero ¿y vosotros? Si habéis dejado esto como un erial. El día que tengan poder no serán como vosotros, serán otra cosa.

Por cierto, ¿cómo vivió el 9N? ¿Qué le pareció?

La situación en Cataluña es muy complicada y cada vez más. No hay ningún peligro de choque de trenes. Solo hay un tren que ha salido de allí y tratándose de Rajoy llegará a la estación, chocará contra los postes que hay allí y no sé sabe muy bien qué pasará. Pero la situación, intelectualmente, allí es absolutamente desastrosa. Empieza a ser una cosa que algunos habíamos vivido ya algunos años antes. Eso de que todas las conversaciones eran sobre lo mismo.

¿La caída de Pujol significa también la caída de determinado régimen?

Debería significar, pero no significa nada. Te basta con que te cuente esto: el día del remedo de referéndum, en la cola que iba a votar Pujol hay un tipo que grita, ¡vergüenza, vergüenza! Y los tipos de la cola afrontaron al tipo diciendo que Pujol merecía un respeto y que hiciera el favor de callarse. Con eso te lo digo ya todo.

Usted acaba de sufrir, como dice, “la censura económica” de su libro. ¿Cree que la situación de los medios tiene ahora más presiones, menos libertad?

En los medios escritos convencionales estamos en el peor momento de la democracia. Los digitales están en otra galaxia. Pero, nunca, desde la muerte de Franco se había estado peor. El problema es que el poder está en el papel. Los cambios hay que forzarlos en el papel. Es importantísimo lo virtual, pero el poder y el futuro del poder están en el papel. Los digitales no podrán sustituirlo. Pueden hacer lo que están haciendo ahora, porque si no, esto sería una ruina. En Madrid, de todas formas, hay bastante más polémica entre los medios de comunicación que en Cataluña porque allí CiU lo compró todo.

Fuente:
http://www.eldiario.es/cultura/libros/Gregorio-Moran-convencionales-momento-democracia_0_330717866.html
Cfr.
http://revistaleer.com/2014/10/el-cura-y-los-mandarines-historia-de-un-libro-nonato/
Fotografía:  http://revistaleer.com/2014/10/el-cura-y-los-mandarines-historia-de-un-libro-nonato/

lunes, 20 de marzo de 2017

DARDO

EL MUNDO, Barcelona,  17 de marzo de 2017
 LA BALSA
La misa
Manuel Hidalgo

El lío por la retransmisión televisiva de la misa dominical es de no creer. Parece mentira que después de cuarenta años de televisión pública en democracia sigamos en las mismas. Antes de las televisiones privadas y en un país de tradición católica, me parecía plausible que la televisión pública ofreciera la misa dominical como un servicio para ancianos, enfermos, impedidos, aislados y otros posibles demandantes.

Hace décadas que existen televisiones privadas. La Iglesia Católica dispone de la cadena radiofónica Cope -como antes- y de 13 TV, que retransmiten la misa. Intereconomía también lo hace, creo. El acceso a la misa por radio -añádase Radio María y más- y televisión está garantizado. Y más lo estaría si algunos católicos con mucha pasta, en vez de invertir en la construcción y en la hostelería -es un decir-, promovieran medios audiovisuales para retransmitir la misa, el rosario y lo que tuvieran por conveniente. En resumen, la televisión pública no tiene por qué retransmitir la misa.

La televisión pública, sin embargo, debe disponer de una competente y ponderada información sobre asuntos que atañen a la Iglesia y a la religión católicas. También es lógico que retransmita algunas liturgias solemnes desde el Vaticano en las que la dimensión religiosa es colindante con la sensibilidad espiritual y con la dimensión estética y cultural.

La televisión pública podría y debería hacer mucho más de lo que hace. La religión católica ha producido y es producto de una enorme ficción simbólica, de una enorme construcción moral y de pensamiento y de una enorme creación artística, todas ellas determinantes no ya sólo de nuestra genética cultural, sino de nuestra misma cultura actual.

Aquí se juntan el hambre con las ganas de comer. La Iglesia sólo quiere, o eso parece, divulgar ritos, catequesis y doctrina moral. La clase política y periodística -y con ella buena parte de la sociedad- está en situación de ignorancia supina. Parece que nadie está interesado en contemplar en televisión debates sobre cuestiones limítrofes -que las hay a mansalva- entre teología-religión-moral y filosofía-ética-estética-ciencia-historia (etc.) o en ver documentales sobre las mil excelsas manifestaciones del arte sagrado o de inspiración religiosa.

La televisión pública haría bien en retransmitir a buena hora dentro de unos días La pasión según san Mateo (o un Requiem, o un Dies Irae), o algunos de los muchos conciertos de música sacra que se celebran por España en Semana Santa, o en poner un documental sobre los cristos o escenas de la Pasión del Museo del Prado, o en volver a emitir Los hechos de los apóstoles de Rossellini, o... La excelencia artística e intelectual no está reñida con nada y está a favor de todo lo que nos importa.

Y esto me lleva al último punto. Podemos lanza su dardo contra la emisión televisiva de la misa dominical, lo redondea con la torpe exageración de que en esas misas se incita al odio y lo clava con la sandez de que tal espacio debería ser sustituido por uno de educación sexual. Podemos le viene de perlas al PP porque excita a su parroquia y no dice nada de lo que más importa: la reforma radical y pormenorizada de la televisión pública que tenemos para cumplir con su auténtico papel. Y nada dice el PSOE, y nada dice Ciudadanos, y nada dicen los españoles, ya que, por lo visto, los fines culturales que debe cumplir una televisión pública le importan a todo el mundo un carajo. Ite missa est.

Fuente:
http://www.elmundo.es/opinion/2017/03/17/58cade85e5fdeabc0a8b4597.html
Cfr.
"Podemos quiere acabar con las Misas en televisión española": http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=28809
Fotografía: http://catholicvs.blogspot.com/2015_07_01_archive.html 

miércoles, 28 de diciembre de 2016

EMBUTIDOS EN 140 CARACTERES

EL MUNDO, Barcelona, 28 de diciembre de 2016
 EL RUIDO DE LA CALLE
Democracia de tuiteros
Raúl del Pozo

Ésta ya no es una democracia de oradores sino de tuiteros. Las luchas por el poder se desarrollan en las redes sociales. «Viral respuesta de Rufián al discurso del Rey», titulan los periódicos. Lo viral, lo que se propaga como un virus, ha sustituido a lo veraz que ya nadie está seguro de lo que es verdadero. Se convierte en viral cualquier parida, cualquier calumnia. Arturo Pérez-Reverte dijo que la España que sentó en el Congreso a ese joven llamado Rufián merece irse al carajo. Pero es lo que se lleva y triunfan los textos hiperbólicos y demagógicos, los análisis equivocados que se aceptan como si fueran exactos, los linchamientos al enemigo, el escrache a los disidentes.

Los de Podemos tienen sus sedes en los platós y en las redes sociales, les dan 100 vueltas a los otros partidos. Doblan en seguidores al PP y al PSOE. La Red es su campo de juego, y como en el fútbol también se presencian en vivo y en directo sus zancadillas y lesiones. Su lucha interna emerge en los hashtags. Quizás por primera vez en la Historia, el izquierdismo aventaja, en la utilización de la propaganda, a la derecha. Hasta la aparición de internet las luchas sociales se desarrollaban en los libros y en los periódicos y eran más activos los agitadores de la reacción ante los motines y las revueltas obreras. No hay más que recordar los textos de Flaubert contra la Comuna: «No siento ningún odio por los de la Commune, por la sencilla razón de que no siento odio por los perros rabiosos. Está en sus estertores, es la última manifestación de la Edad Media. La Commune rehabilita a los asesinos».

Cuando la oratoria ha sido desplazada por el micromensaje y el titular, los nativos arrollan a los analógicos y se acabó la oratoria para todos. Hubo un tiempo áureo en el que a la tribuna de las arengas se subían para cautivar a la gente los grandes oradores que habían aprendido retórica en la academia de Molón de Rodas, que fue maestro de Julio César y de Cicerón. El arte de la persuasión por medio de la palabra tuvo su esplendor en la Asamblea de los jacobinos. Hoy no se echa de menos a los picos de oro. Además no hay que mostrar la verdad desnuda sino en camisa, como dijo el clásico.

Hoy la verdad es menos fuerte que la creencia. Cuando Pilatos le preguntó a Jesús si era rey, Jesús le respondió: «Por eso nací, para dar testimonio de la verdad». Pilatos replicó: «¿Qué es la verdad?», y después de decir esto salió. Voltaire escribe que es una lástima que Pilatos se fuera porque quizás le hubiera respondido que la verdad es una palabra abstracta que la mayoría de los hombres usan con indiferencia en sus libros, por equivocación o por mentir. Pilatos podría haber inventado la posverdad 200 años antes de que se descubriera que las verdades sólo son probabilidades distorsionadas por las creencias.

Fuente:
http://www.elmundo.es/opinion/2016/12/28/5862cef322601d34578b461f.html

martes, 28 de junio de 2016

ECHARLOS

La salida
Gabriel Albiac

Pasé la jornada electoral releyendo la Técnica del Golpe de Estado de Curzio Malaparte, ese manifiesto de inteligencia y de misantropía. En este día de resultado difícil de gestionar, Malaparte parece estar hablando de nosotros. Aunque esté escribiendo en la Italia de 1930. Su envite es el nuestro: «La historia política de estos últimos diez años es la historia de la lucha entablada entre los defensores del principio de la libertad y de la democracia, es decir, los defensores del Estado parlamentario, y sus adversarios». Este domingo, España asistió al segundo asalto del combate que enfrenta a los defensores de esta aburrida democracia parlamentaria nuestra con los de un exaltador golpismo populista. En el 1930 de Malaparte, la exaltación había venido de una escisión del Partido Socialista que se dio nombre de fascista. En el 2016 español, su nombre y modos son bolivarianos. Ambos, «idólatras del Estado, partidarios del absolutismo estatal».

La ofensiva quedó cortada. Los populistas están debilitados, pero al acecho de erosionar el territorio del PSOE. Desde su endeble posición, habrán de remodelar un asalto al poder que sólo la unidad de los aburridos demócratas puede frenar. No es un modelo que se ajuste a la cuadrícula derecha/izquierda. Quienes pretendan reducirlo a ella, habrán perdido ya la batalla. Es una tentación mortal, en especial para el PSOE: cualquier pacto que se diga «de izquierdas» con los populistas sellaría su suicidio. Pero es un riesgo que va mucho más allá: en el acceso de ese nuevo fascismo a zonas de poder, se juega la supervivencia de la democracia parlamentaria, en lo inmediato; y, a medio plazo, la supervivencia de la nación. Sánchez hubiera debido, en el insomnio de anoche, leer a Malaparte: «No hay que olvidar que los camisas negras provienen, en general, de los partidos de extrema izquierda». Y sacar la conclusión lógica: urge echar a los populistas de los ayuntamientos. Urge.

¿Es posible exorcizar el riesgo populista? Sí. No sería difícil en un país con tradición garantista. Un gobierno de unidad nacional, que proceda a las reformas constitucionales sobre cuya ausencia se alzó la amenaza de Podemos, estaría en condiciones de tomar el timón para esta nueva singladura, sin la cual España sigue arriesgándose al colapso. ¿Es tan difícil entender que, sin un gobierno de concentración entre PP, PSOE y Ciudadanos, la democracia entrará en un callejón sin salida? El nombre de quien presida ese gobierno, poco importa.

Hemos sido gobernados por gentes repugnantes, es cierto. Pero, entre ladrón y asesino, debemos distinguir. Los discípulos de Irán y Chávez son más que los simples ladrones que sugiere su financiación. La cual no es tan distinta, por cierto, a la de los partidos de la transición. Lo distinto ahora es que Teherán y Caracas son regímenes homicidas. Y ello abre un horizonte ciego. Si los partidos constitucionalistas no son capaces de unirse frente a eso, merecerán la destrucción que les acecha. Nosotros, no.

Fuente:
http://www.abc.es/opinion/abci-salida-201606281626_noticia.html

domingo, 19 de junio de 2016

HISQUIERDA

EL PAÍS, Madrid, 14 de junio de 2016
TRIBUNA
Podemos de las mil caras
Antonio Elorza

Cuando se cumple medio siglo de la Revolución Cultural china, nacida en la primavera de 1966, conviene volver la vista hacia tantas variantes de izquierdismo que produjeron una catástrofe tras otra a lo largo del pasado siglo. Lo peor es que se presentaban como proyectos de emancipación de la humanidad. El maoísmo fue una de ellas, deslumbrando de paso a buen número de intelectuales, desconocedores del idioma y de cuanto ocurría en China. En La chinoise, Jean-Luc Godard nos dejó una esclarecedora crónica de esa ceremonia de la confusión en los preliminares del 68 francés. Nuestro país no resultó inmune, y, entre otras cosas, los llamados “juicios críticos” made in China nos privaron de un gran profesor, Luis Díez del Corral, discípulo de Ortega, en el único logro revolucionario del líder maoísta Intxausti, luego brillante colaborador de José Bono.
Desde los años setenta los datos históricos han disipado el aura de romanticismo que entonces rodeó a las experiencias revolucionarias pos-soviéticas. Es algo que resulta imprescindible tener en cuenta para evaluar al izquierdismo de hoy. Charlando con Jruschov, Mao confesó que solo con el Gran Salto Adelante “sintió una alegría completa”. La alegría de Mao costó a China una hambruna con 45 millones de muertos. También sabemos hoy que Lenin puso en marcha desde el principio un terror luego culminado por Stalin, y que de Stalin vía PC francés, más Mao, sale el genocidio de los jemeres rojos. Olvidarlo es política y moralmente inaceptable. Descalifica a quien se proclame hoy sin más comunista.
Tales constataciones no excluyen que en Europa partidos comunistas, como el italiano o el español, realizaran contribuciones decisivas al progreso y a la democracia de sus respectivos países. Pero de la línea Lenin-Stalin-Mao y su prolongación, nada se salva. Y nuestros izquierdistas, de Monedero a Monereo, valoran la aportación democrática del PCE a la Transición como un abandono de los principios de la izquierda. Así que “fuera el régimen de 1978” (Garzón).
La incorporación de IU a Podemos ha agudizado esta ceremonia del absurdo, consistente en cerrar los ojos ante lo que fue el comunismo “realmente existente” y reivindicar en cambio una ortodoxia anticapitalista. Huyen de la historia real del comunismo, que les desautorizaría, para refugiarse en un discurso de satanización del otro. Con el auge de Podemos, vemos publicistas dispuestos ya a ejercer aquí la labor depuradora de intelectuales que acompañara al establecimiento de las democracias populares.
El regreso de Anguita al pedestal equivalía a suscribir su anticapitalismo primario
Los horrores del mundo capitalista, Corea del Norte no existe, les bastan para justificar una propuesta que nos llevó por unas semanas de Juego de tronos a La noche de los muertos vivientes. Así, el regreso de Anguita al pedestal equivalía a suscribir su anticapitalismo primario. El de Monereo encarnaba una larga fidelidad al leninismo que destila revolución sobre la realidad, en vez de analizarla. Pablo Iglesias ha proclamado a ambos sus mentores, y al hoy candidato por Córdoba, el guía que formó su pensamiento. Ya conocíamos el peso de Lenin en las ideas y en la visión orgánica del líder de Podemos, pero esto va más allá.
Solo que ahora conviene taparlo a toda prisa, para adoptar la máscara de la moderación de cara a las elecciones. Hasta Marx y Engels habrían sido socialdemócratas, y ¿por qué no decir otro tanto de Lenin, comunista hasta la Revolución en un partido denominado socialdemócrata? Las furias se visten de hadas sonrientes. Total, un disfraz se quita sin más al día siguiente de llegar al Gobierno. Iglesias es marxista, pero variante Groucho.
¿A qué jugamos entonces? ¿Llamaremos “nueva socialdemocracia” a lo que de hecho implicaría una toma del poder dirigida a la subordinación radical de ese “adversario” omnipresente en boca de Errejón ? Mal puede resultar beneficiosa para “la gente” una política populista que ignora la racionalidad económica y en un caso notorio está hoy practicando el golpe de Estado permanente contra los elegidos del pueblo.
Pocos dudan de que Rajoy personifica una derecha profunda, reaccionaria. Pero también es reaccionaria, para la imprescindible acción contra la desigualdad, una política de gasto público y fiscalidad destructora del sistema productivo, que podría venir de una adopción abrupta de las políticas fiscales y sociales escandinavas, en términos cuantitativos. ¿Y Europa? En el limbo.
Resulta incuestionable la ventaja de Pablo Iglesias en el manejo de un discurso demagógico
A la vista de los sondeos, nada de esto parece importar a buena parte de la población española y singularmente a estratos urbanos, mejor preparados y más jóvenes. Con el Gran Rechazo al sistema basta, siendo las palabras convincentes. Lo recordó Errejón en la UNED: un discurso imperativo, el de Hitler, se impuso por su claridad expositiva —de la “confabulación” antialemana y de “la usura de los banqueros judíos” (sic)— en Alemania en 1930. El ejemplo es útil. España atraviesa lo que Gramsci llamó una crisis orgánica, donde los sectores y partidos dominantes han perdido la hegemonía, la dirección de la sociedad, sin que despunte lo nuevo, una alternativa clara, y por eso cabe temer “un porvenir oscuro de promesas demagógicas” (Gramsci dixit). Por lo que toca al manejo de ese discurso demagógico, integrado por una cascada de falsas evidencias, resulta incuestionable la ventaja de Pablo Iglesias. Todo al servicio de ganar, ganar, ganar, único fin. Aunque sea desde un permanente transformismo.
Así que ante el cinismo exhibido por Iglesias al encubrir la dictadura actuante en Caracas, problema ya maldito, solo cabe augurar aquí un futuro de riesgos, tanto para la democracia en “la nueva transición”, como de cara a una recuperación económica correctora de la desigualdad. Para enderezar nuestro rumbo de nada nos sirve Lenin, ni solo, ni disuelto en populismo de raíz latinoamericana, que para la ocasión, y para destruir al PSOE, tome la etiqueta de “nueva” (¿?) socialdemocracia.
La máscara nunca falta en Iglesias, solo que esta vez no pudo evitar, en su cortina de humo sobre Venezuela, dejar al descubierto el fondo reaccionario de su proyecto político. Como reaccionaria era la izquierda callada ante el Gulag. Recordemos que nadie hubiese aceptado la condición democrática del PCE sin su condena de la invasión de Praga por la URSS. Aunque la hegemonía mediática haya permitido que Podemos entierre el tema, y se vista de lagarterana, entonces y ahora el silencio habla.
(*) Antonio Elorza es catedrático de Ciencia Política.
Ilustración: Eva Vázquez.

domingo, 29 de mayo de 2016

BAJO LA MIRADA MIRANDINA



Dientes en la oscuridad

Luis Barragán

Más vale tarde que nunca, pues, la comunidad internacional ya reconoce el carácter dictatorial de un gobierno que profusamente antes se publicitó como toda una hazaña democrática para redimir a los pobres. No faltan sólo las libertades públicas, sino el propio alimento y medicamento para mantenerse en pie por estas peligrosas calles bajo pleno dominio del hampa.

En un mismo día, hubo las visitas contrastantes del diputado español Albert Rivera y del canciller cubano Bruno Rodríguez. El uno, amenazado con la consabida prohibición gubernamental, tuvo por destacada actuación la de acudir a la Asamblea Nacional para un acto libérrimo de confirmación de su solidaridad con la causa democrática, generando expectativas y entusiasmos; y, el otro, no por casualidad, celebró un encuentro con los médicos cubanos dependientes de la muy aminorada alcaldía menor, dando ocasión para que la canciller Delcy Rodríguez reincidiera en los consabidos halagos hacia Fidel, etc., etc. Por cierto, en días cercanos, ya había ocurrido el incidente entre Antonio Tajani, vicepresidente del Parlamento Europeo, y Darío Vivas, quien – allende la mar – confortablemente acudió a pedir respeto y a defender la soberanía con su habitual nota de envalentonamiento  (https://www.publico.pt/multimedia/video/discussao-sobre-venezuela-quase-chega-a-vias-de-facto-no-parlamento-2016518010143).

Supimos del diputado Rivera, gracias al decidido gesto de solidaridad que tuvo con Leopoldo López y todo el drama venezolano en el foro parlamentario, reiterándolo en nuestra casa a pesar de la campaña que sus adversarios abrieron en la suya. Algunos de esos adversarios, agazapada o abiertamente, fueron beneficiarios del régimen  petrolero por el que ahora no arriesgaran siquiera una pestaña, privilegiada la agenda ibérica de un aparente e irresistible ascenso al poder que debe mover a la reflexión que es oír y dejarse oír, permitiendo que la oscuridad limpie la dentadura.

Inevitable consecuencia de la crisis española, muy distinta a la que brutalmente padecemos, surgen movimientos y partidos emergentes que, por cierto, de un modo u otro tienen por raíces la antipolítica. Y, ésta, convengamos, la que les permite navegar realidades peninsulares tan difíciles a entidades encontradas como Podemos y Ciudadano´s, cede un poco más por la sobriedad, consistencia y trascendencia que la sola consideración de problemas como el de la Venezuela sumergida en un proyecto totalitario, les impone impidiendo la sonrisa fácil de una frívola posición política.

Obviamente, desconocemos la vida cotidiana de una España que, al mirar hacia nuestro país, puede hallar motivos para bregar por la libertad y la democracia, únicamente capaces de garantizar los mejores niveles de vida con equidad, evitando la banalización de sus más urgidos problemas. Una vez, fuimos referentes para la nada fácil transición democrática que adelantó, como ahora lo somos para no perder los logros alcanzados: no pasará mucho tiempo para coincidir en una etapa de recuperación social y económica bajo el signo de la libertad que dignifica.