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martes, 12 de diciembre de 2017

NOMENCLATURA PARA UN FRAUDE

EL UNIVERSAL, Caracas, 11 de diciembre de 2017
Leyes constitucionales y ANC
Jesús M. Casal M. 
 
La espuria Asamblea Nacional Constituyente se perfila cada vez más como un apéndice de la dominación autoritaria impuesta por el gobierno nacional. En consonancia con su unilateralidad, replica insípidamente y sin brillo el discurso oficial y es incapaz de ocultar sus verdaderos fines: estar allí como expresión de un poder absoluto que de ser necesario puede usarse, para tomar libérrimamente decisiones a la medida de la cúpula gubernamental, como adelantar o postergar convocatorias electorales, o para intentar dar un barniz de juridicidad a actuaciones de facto realizadas por instancias oficiales, como el allanamiento de la inmunidad de Diputados a la Asamblea Nacional o la aprobación de una supuesta ley de presupuesto. La sedicente constituyente es expresión de un momento de profunda descomposición de la institucionalidad democrática, en el cual ya resultan demasiado pesados, forzados o postizos los esfuerzos destinados a fundamentar la acción del Estado con base en la Constitución o en la Ley, la jurisdicción o la racionalidad democrática. Es igualmente un instrumento empleado con el objeto de generar divisiones o fracturas en el bando opositor, y de alinear políticamente al oficialismo. 
Leyes constitucionales
Uno de los capítulos de los desafueros seudo-constituyentes de estos meses consiste en la aprobación de leyes calificadas como constitucionales por la supuesta Asamblea Constituyente. Así ha sucedido con las írritas leyes sobre la comisión de la verdad, contra el odio y de precios acordados. Jurídica y democráticamente es una atrocidad que la llamada Constituyente se considere facultada para dictar leyes constitucionales. Las leyes constitucionales, en los ordenamientos jurídicos en que existen, son normas dictadas por el Parlamento mediante un procedimiento más gravoso o complejo que el previsto para la sanción de leyes ordinarias y que adquieren, por disponerlo la Constitución y en las materias que esta señale, el mismo rango de las normas constitucionales. Se trata de leyes concebidas para complementar la regulación constitucional en asuntos que por su significación deberían ser abordados por la propia Constitución, pero que por razones diversas son remitidos a un tratamiento normativo detallado posterior a través de leyes de especial jerarquía y rigidez. En nuestra Constitución no hay base alguna para que una Asamblea Nacional Constituyente que fuere legítima sancione leyes constitucionales. El pueblo es el titular del poder constituyente y solo él puede establecer el ordenamiento constitucional.  
Excesos 
La extralimitación radica en que cuando la espuria Constituyente emite leyes que califica de constitucionales está pretendiendo que tengan rango constitucional, lo cual es inaceptable, porque solo la nueva Constitución que fuere aprobada por el pueblo en referendo, en un auténtico proceso constituyente, podría ostentar valor, fuerza y perdurabilidad constitucional. Por ello, las leyes constitucionales están siendo una vía doblemente fraudulenta para ir ocupando indebidamente el espacio de la Constitución. Doblemente fraudulenta, por cuanto se sustraen por un lado al ejercicio del poder constituyente del pueblo manifestado en la aprobación en referendo de la normatividad constitucional, como también a la soberanía popular, que debió ser respetada al dejar a salvo la facultad del pueblo de decidir si se convocaba o no una constituyente y en qué términos. 
Sanción de leyes
En la experiencia constituyente de 1999, plagada de abusos, pero apoyada en un referendo constituyente previo, no llegó a admitirse una tesis como la de la sanción de leyes constitucionales por la ANC. La ley sobre el Distrito Metropolitano de Caracas, aprobada por dicha instancia, fue calificada jurisprudencialmente como ley orgánica y los decretos emitidos por aquella adquirieron, según decisión judicial criticada con mucha razón, una fuerza constitucional provisional, que cesaría con la instalación de la Asamblea Nacional y la sanción por ésta de las leyes correspondientes. Nunca, en todo caso, se atribuyó a tales actos el valor de la Constitución. Esos decretos, sobre todo el relativo al Régimen de Transición del Poder Público, fueron los primeros responsables de la desconstitucionalización que luego se adueñó irreversiblemente del acontecer político-institucional en el país, pero interesa ahora apuntar que ni siquiera entonces se acogió un planteamiento como el de la sanción de leyes constitucionales por la ANC. Seguimos, pues, presenciado una ostentación de arbitrariedad, con medidas que están tan alejadas de la juridicidad como de la posibilidad de resolver los problemas reales de la nación y de lograr los propósitos a los que dicen responder.

Fuente:
Ilustración: Dumont-

sábado, 9 de diciembre de 2017

PANTOMIMA

La rabia en la parranda electoral
Juan Rubio
 
En las horas que me ha tocado escribir este artículo ha sido interrumpido múltiples veces, la saboteadora ha venido siendo una algarabía que insiste que la tomen en cuenta. Esta celebración fuera de lugar está llena de música, consignas trilladas y es impulsada por quienes proclamaron que no participarían en ella, al menos no nuevamente; pero la ocasión se precipita y todos debemos bailar a su ritmo. ¿Cuál es este acontecimiento tan inexorable? ¡Pues obvio! ¡El de una nueva parranda electoral decembrina!
Sarcasmo aparte, la realidad es de veras una cosa más extraña que la ficción. Después de un plebiscito exitoso el 16 de julio de este año y las simulaciones electorales del 30 del mismo mes y el 15 de octubre, pareciese que ningún sufragio en Venezuela hiciese diferencia alguna para los ciudadanos. La Asamblea Nacional ignoró el mandato popular y ahora tiene un régimen de tiempo compartido con la Asamblea Nacional Constituyente. La Constituyente hace todo lo que la dictadura ya hacía antes. Los gobernadores, al igual que siempre, son unos lastimeros receptores de las dádivas del Ejecutivo Nacional. Ahora bien, considerando tales precedentes; las próximas elecciones municipales parecen ser la reiteración del chiste ¿quieres que te cuente el cuento del Gallo Pelón?, una cuestión que emerge para no darle respuestas a nadie.
El juego político con la esperanzas de la gente es válido en tanto haya instancias creíbles para hacer cumplir sus aspiraciones. En la Venezuela de hoy, la institución del voto, aún con el valor intrínseco que ésta pueda tener; es una pantomima que genera vergüenza tanto en el territorio nacional como en el exterior. Así las cosas, es imposible creer en el sufragio cuando está desprovisto de transparencia. Sin embargo, siempre habrán los actores que vociferan lo contrario, que el voto es voto a pesar de lo que sea. Éstos son los que se pavonearán y agitarán en las tarimas antes de la elección y que, una vez transcurridos los comicios, nos hablarán sobre claudicación estratégica o humillación necesaria.
En el ínterin, el tiempo sigue transcurriendo y es mortal para todos los venezolanos. Entre pitos, consignas y comandos de campaña, la ciudadanía se desvanece en la mengua, la enfermedad, la pobreza, la carestía y la migración masiva. La clase política formal habla en términos que nadie entiende. Los representantes de la dictadura están con su propaganda y batallas intestinas. Los representantes de la oposición están invirtiendo en otro ensayo de diálogo con objetivos que son disímiles a los del pueblo. Sea de un lado o el otro, los problemas los agravan en conjunto, el primero por acción y el segundo por omisión. Lo peor de toda esta situación es que luce como un laberinto sin salida. No puede ser de otra manera cuando la única propuesta es participar en una elección amañada tras otra.
No podemos seguir en negación de la naturaleza de lo que el país enfrenta, hacerle coro a la frase todas las dictaduras salen con votos hasta que se vuelva realidad o continuar con un ejercicio electoral que es un insulto para la propia institución. Cuando nos vemos arrebatados de república y democracia es inaceptable pensar que la tiranía entregará voluntariamente los medios para su disolución. Hay que analizar nuestro contexto y no creer en soluciones fáciles, nuestro drama no se terminará poniendo una papeleta en una caja electoral y eso hay que aceptarlo.
La dinámica política en Venezuela cambió a partir de la victoria opositora en las elecciones de 2015. Desde ese entonces, todos los espejismos se han desvanecido. Hoy por hoy, tenemos una Asamblea Nacional de cartón junto a una Asamblea Nacional Constituyente de plástico. El Poder moral es totalmente inmoral. El Poder Electoral es un ministerio más con fraudes comprobados. El Poder Ejecutivo regional y municipal son cascarones incapaces de mejorar ni una sola vida. Todo el poder del otrora estado venezolano está concentrado en el Ejecutivo Nacional y las Fuerzas Armadas. Tales hechos son la mayor prueba que con la derrota de la dictadura en las elecciones parlamentarias, ésta se percató que las elecciones auténticas ya no le sirven, y por ende, no puede haber duda que no permitirá que las mismas transcurran de nuevo.
Es necesario ya apagar la música y terminar la fiesta. La lucha es otra, aquella acción popular de masas debidamente coordinada y pensada. Nadie en este país está genuinamente feliz o contento a menos que viva en una burbuja. Acá no hay nada que celebrar entre tantos que hemos perdido por represión, hambre, inseguridad o virulencia. Señores de la clase política formal, por favor ahorrense el dinero que gastan en panfletos o cornetas móviles. Úsenlo para algo bueno. Alivien un poco las carencias de los más necesitados. Sirvan de verdadero apoyo a la ciudadanía en esta calamidad. Amilanen tanto desengaño y burla que le han hecho al pueblo. Háganse merecedores de empatía en vez de tanta repulsa.

Fuente:
Ilustración: Dumont.

sábado, 2 de diciembre de 2017

MENTE-FACTURA Y LA PIRAÑA PETROLERA

EL UNIVERSAL, Caracas, 2 de diciembre de 2017
Industria 4.0
José Luis Cordeiro

Durante el siglo XIX Venezuela vivió de lo que tenía sobre la superficie: el cacao, el café y el ganado, principalmente. Durante el siglo XX el país se concentró en los enormes recursos petroleros que tiene debajo de la superficie. En el siglo XXI los venezolanos tenemos que utilizar los recursos que tenemos dentro de nosotros mismos para progresar. Lo importante ya no es la agricultura y la ganadería de arriba, ni el petróleo de abajo, en el futuro es mucho más importante el cerebro dentro de cada uno de nosotros.
Mientras las naciones desarrolladas avanzan rápidamente hacia la revolución de la inteligencia, paradójicamente iniciada en Venezuela con las ideas de Luis Alberto Machado, nuestro país todavía no sale de la revolución agrícola centrada en la explotación de los recursos primarios que nos ha dado la naturaleza, desde la tierra hasta el petróleo. En vez de progresar hacia la era del capital humano, Venezuela se ha quedado en los tiempos del capital físico.
“Mentefactura”
Las grandes industrias del futuro no serán de la manufactura sino de la “mentefactura”. Las fábricas ya no dependerán de las manos de obra sino de las mentes creadoras. Las tendencias mundiales son muy claras al respecto, y mucha gente habla ahora de la Industria 4.0.
La revolución de la inteligencia ha transformado totalmente el mundo de la manufactura tradicional. General Motors, quizás la compañía más grande y representativa de la revolución industrial durante el siglo XX, hoy vale bastante menos que Microsoft, quizás la primera gran compañía de la revolución de la inteligencia a finales del siglo pasado. Además de Microsoft, ahora también existen Apple, Google y muchas otras empresas de la mentefactura del futuro que hacen palidecer a la otrora gran Pdvsa y las compañías de la manufactura del pasado. Como ya dijo el gran visionario Arturo Uslar Pietri: “La materia prima más preciosa del presente y futuro no será ni el petróleo, ni el hierro, ni el uranio, ni la tierra arable, sino la materia gris.” 

Fuente:
Ilustración: Dumont para un texto de Rafael del Naranco, "El petróleo y Papá Noe" (El Universal, Caracas, 02/12/2017).

domingo, 19 de noviembre de 2017

PERO... UNOS SON MÁS REPRESENTATIVOS QUE OTROS

EL UNIVERSAL, Caracas, 19 de noviembre de 2017
Papá: ¿para qué sirve un diputado?
Carlos Raúl Hernández

Mientras con fastidio apoya un pie en la pared para mecer la hamaca, masculla: “¿quién autorizó a Borges y Florido para ir a República Dominicana –o a Kamchatka– a negociar con el gobierno? No estoy de acuerdo y a éste que está aquí no lo representan esos tipos”. Es una versión light del mismo sentimiento que impulsó a un uniformado a atropellar y golpear al presidente de la Asamblea Nacional este año, ya que para su lógica, ser diputado no es nada. Como dijo nuestro Francisco Suniaga, sabemos muy bien a quiénes representan los mencionados, no así a quiénes representan los espontáneos que se tiran al ruedo. Ocho millones de votos son bastantes sobre todo si la interpelación viene de quienes no tienen uno ni en su casa, o se fueron del país en los días que Eva perdió la virginidad. La pregunta posiblemente es de buena fe, tal vez porque se meten en política  o a “analizarla”, sin conocer los principios elementales.
Algunos grupos opositores, autodeclarados democráticos, favorecen de nuevo al gobierno, esta vez al desconocer la AN. Se cumple la tradición: los revolucionarios intentan conquistar mayoría en el Parlamento, y si no pueden lo disuelven, como Lenin y Hitler, entre otros. Pero escandaloso es que la oposición los ayude en ese plan, como hacen aquí el calle-calle-ismo y los abstencionetas, que durante 18 años han atornillado al gobierno. En 2005 “la gerencia” opositora hizo que los venados se retiraran de la elección, y a partir de ahí a cada desmadre callejero, el totalitarismo aprieta tuercas y avanza. Y como en 2015 eso no ocurrió, y no es tan fácil meterle los tanques al Capitolio, hacen causa común con los calle-calle y abstencionetas para anular la AN. En las redes salta como un ratón la pregunta retórica: ¿a quién representan los parlamentarios?
 A mí no me representas
Benjamin Constant se dedicó a responderla: la esencia y la apariencia –el ser y el ente–  de la libertad en la sociedad actual es la representación, lo que él llama “la libertad de los modernos”, que crea  el dominio de lo privado separado de lo público, los derechos individuales que el Estado tiene prohibido invadir. Si me interesa la política me afilio a un grupo o partido y si aceptan los demás ciudadanos, me hago elegir. Si no tengo vocación hacia lo público, me dedico a mis asuntos y puedo, si quiero, votar por otro que crea afín a mi pensamiento o que me caiga suficientemente bien para representarme. Si deja de gustarme lo que hace o dice, en el plazo constitucional votaré por otro. El autor dedica el capítulo final de la obra a analizar la incompetencia de los parlamentos y las deficiencias de los congresistas, para atajar a los boca-floja que cuestionan la institución por la eventual calidad intelectual de los miembros.
Que haya representantes, mecanismos representativos, poderes ejecutivos y legislativos electos por votación popular, es la única garantía de libertad para poder dedicarme a hacer lo mío dentro de la ley sin preocuparme por tiranos. Bajo la influencia de Rousseau, en el desmadre delirante de la Revolución Francesa, la fracción de Marsella en la Asamblea planteó debatir si los diputados eran representantes con autonomía de juicio o mandatarios zurcidos al mandato o la voluntad de los electores, como pensaban los radicales. Pero se impuso la idea exactamente contraria: establecido el contrato, el representante es libre para actuar conforme a su juicio y más bien sus acciones se imputan al representado (Borges y Florido no necesitan permiso de la hamaca). Hasta que los derroten en las urnas.
¡Abajo la Asamblea Nacional!
Los grupos revolucionarios se levantan con planteamientos hiperdemocráticos y antirrepresentativos, democracia directa, popular, económica, protagónica, consejista, comunal, para que luego de una variable y breve etapa de democracia antiliberal, luna de miel entre el caudillo y las masas –como se vivió con Chávez o Perón–   conducirnos a la dictadura policíaca. Se dirigen a anular o eliminar los parlamentos y los partidos políticos a favor de corporaciones revolucionarias, y la representación se convierte en delegación de la voluntad autoritaria del partido revolucionario. Se desanda el camino, en retroceso a la premodernidad y en vez de representantes se tienen mandatarios. Y a un electo cualquiera, Rodríguez, Martínez o López, le ordenan renunciar a su cargo “supraconstitucional” si dice algo que no comparte el partido mandante. “La dictadura del proletariado se hace dictadura sobre el proletariado” dice Isaac Deutscher.
Él explica que “se pasa de la dictadura del proletariado a la del partido, de la del partido a la del Comité Central y de la del Comité Central a la de Stalin”. En 2015, el movimiento democrático logró ese triunfo que el gobierno y el populacho radical se empeñan en deshacer, tanto como en desacreditar a la Asamblea Nacional, que  por ejercer la representación del país, le corresponde cumplir el mandato de la comunidad civilizada de buscar una salida pacífica. Claro que para los mineros informales de la política, garimpeiros, cazadores de güire que quieren ser libertadores llamados por la nunca suficientemente alabada intervención militar democrática, la AN es un fastidio, tanto como los gobernadores electos, los alcaldes que podamos obtener y los partidos políticos. Eso encaja en el plan de un candidato matapartido para destruir todo, igual que hace 25 años.

Fuente:
http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/papa-para-que-sirve-diputado_677929
Ilustración: Dumont.

sábado, 28 de octubre de 2017

FALSO DILEMA

EL MUNDO, Barcelona, 22 de febrero de 2016
COMENTARIOS LIBERALES
La buena antipolítica
Fedrico Jiménez Losantos
 
Hay dos clases de antipolítica: la que busca regenerar la obediencia de los representantes a sus representados y la que quiere sustituir el sistema de representación por unos representantes a los que los representados sólo pueden aplaudir o padecer. Entre estos últimos, están las teocracias, cuyo modelo es el islam, que a lo largo de los siglos han abolido la posibilidad de una política nacida de la sociedad civil y se erigen en sacerdotes de una religión militarizada cuya negación o discusión acarrea la muerte. España tiene, desde las últimas elecciones, dos modelos de antipolítica occidental: Podemos y Ciudadanos. El primero, el leninista, que, como decía Azaña de Primo de Rivera, habla de liquidar las imperfecciones de toda democracia pero busca erigir una dictadura perfecta, con un Ejecutivo que lo primero que debe ejecutar sumariamente es la división de poderes, convirtiendo a Pablenín Iglesias en juez y fiscal supremo, Telehermano Omnipresente y Padre Omnisciente del Verdadero Pueblo, el que lo sigue. El renuente es plebe reprimible. En fin, la URSS: en la ciudad, checa, en el campo, Gulag.Ciudadanos sería el típico partido reformista europeo si no hubiera nacido de una situación atípica: la destrucción del régimen constitucional español en Cataluña. Podemos quiere acabar con la legalidad democrática para fundar una legalidad revolucionaria, la suya, de partido rector y casta intocable. Ciudadanos busca recuperar la legalidad española y acabar con el golpismo separatista, hoy trufado de extraños pecios antisistema acogidos al golpismo nacionalista, rémoras del tiburón liberticida fundado por Pujol. Su camino viene favorecido por la corrupción del PP y el PSOE, pero está obstaculizado porque el suyo no es un proyecto adanista, salvo por esa estúpida fórmula de la «vieja política» que debería abandonar: no hay política vieja y nueva, sino buena o mala, sin equívocos de calendario. La ventaja de Ciudadanos es que su proyecto es el de la mayoría de los españoles, que quiere limpiar la democracia, no acabar con ella. La desventaja es que los medios de comunicación para explicar ese proyecto están tomados por una extrema izquierda a la que el PP ha favorecido hasta el suicidio para blindar a Rajoy y Soraya. El futuro de España se juega ahí: reforma democrática o revolución totalitaria.

Fuente:
Ilustración: Dumont.

viernes, 13 de octubre de 2017

EN DOS TIEMPOS

EL UNIVERSAL, Caracas, 19 de diciembre de 2012
¿Delitos Electorales?
Alberto Arteaga Sánchez
Una y otra vez, por parte de voceros del CNE o de representantes de otros poderes públicos, se hace referencia a los "delitos electorales" que, inclusive, se cuantifican y se alude a operativos y movilización de funcionarios que intervendrían en caso de su comisión. 

Lo que no se precisa es la normativa que consagra esos delitos, limitándose las autoridades, después de la elección, a un vago recuento de algunas irregularidades o aislados detenidos por algún altercado o por la curiosa "ingestión" de un comprobante del voto. 

Todo parece indicar que, en definitiva, el comportamiento general de la ciudadanía es respetuoso de las reglas impuestas y difundidas, al menos en cuanto al acto mismo de la votación. 

Sin duda, operamos bajo la creencia de la previsión de normas penales que en realidad no existen y no le damos la más mínima importancia a conductas que afectan el proceso comicial y que si se encuentran previstas en las leyes venezolanas. 

De una parte, se impone resaltar que la Ley Vigente de Procesos Electorales de 2009, no contempla delitos electorales sino ilícitos administrativos dejando a una ley especial que no se ha decretado, como lo dispone el artículo 228 de ese instrumento legal, la regulación de la materia que sí se encontraba prevista en la derogada Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política. 

Por lo tanto, desapareció el capítulo de los delitos electorales y no se ha discutido ni aprobado una ley que los contemple. 

Pero esto no obsta a que si se puedan aplicar otras normas vigentes contempladas en el Código Penal o en leyes especiales, como la Ley contra la Corrupción, por hechos concernientes a un proceso electoral. 

Ciertamente no están previstas ahora conductas específicas como el daño a las máquinas, el voto doble o el voto por un muerto o los atentados contra la libertad y secreto del voto, que antes se encontraban tipificados en la ley derogada, lo que obliga a aplicar las normas genéricas del Código Penal, cuando ello sea procedente, pero sí se encuentran previstos de manera clara y precisa hechos graves que afectan el proceso electoral y que caen bajo la Ley contra la Corrupción, como es el caso del favorecimiento electoral (artículo 68) o la utilización de recursos del Estado para fines proselitistas que sencillamente es una forma de peculado o de desvío de fondos públicos para fines particulares. Estas conductas, frente a las cuales los poderes públicos se hacen la vista gorda, constituyen hechos graves, inclusive considerados imprescriptibles por la ley especial, calificados como de lesa patria y amenazados con graves sanciones. 

Me parece extremadamente positivo el comportamiento cívico de la mayoría de los ciudadanos en el acto de votar y el cuidado del CNE y de los restantes poderes públicos por preservar el orden de los comicios; pero igualmente me parece extremadamente grave que otras conductas que sin duda afectan seriamente la trasparencia del proceso, la igualdad de los participantes, el respeto a la voluntad popular y la salvaguarda de los intereses del Estado, sencillamente no solo quedan sin sanción alguna, sino que ni siquiera merecen un asomo de investigación. 

Fuente:

EL NACIONAL, Caracas, 09 de octubre de 2017
¿Delitos electorales?
Alberto Arteaga Sánchez

El sufragio es un derecho que celosamente debemos cuidar en un sistema democrático, no solo en su materialidad, sino como forma de expresión libre de la voluntad ciudadana que se pronuncia así por quienes deben ejercer el mandato de servir en los cargos públicos.

La ley, por ello, se cuida de garantizarlo y con sobradas razones sanciona, incluso penalmente, conductas que desvirtúan su ejercicio libre, sobre todo ante perversiones y desviaciones propias de quienes detentan el poder y se aferran a este, en franco desconocimiento de las exigencias de un sistema de libertades.

Por ello, las normas que rigen los procesos electorales castigan las conductas que vulneran la transparencia de una elección, ante prácticas ilícitas que impiden el voto, pretenden desvirtuar su libre ejercicio o afectan las condiciones de igualdad, secreto y respeto absoluto a la voluntad de quien ejerce el derecho al sufragio.

La Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política de 1998 contenía una prolija enumeración de “delitos electorales” contemplados en una sección específica de ese instrumento normativo, además de la referencia a faltas o hechos punibles menos graves e ilícitos administrativos. Allí se preveían expresamente, entre otros, las conductas del voto doble, el voto por un fallecido o la obstaculización de la instalación o funcionamiento de una mesa. La vigente Ley Orgánica de Procesos Electorales de 2009 omitió la referencia a los delitos electorales, limitándose a los ilícitos administrativos y en el artículo 228 dispone que lo concerniente a los delitos y faltas electorales no previstos en el texto de la ley será objeto de regulación mediante ley especial “que no se ha dictado”, aunque ello no impide que se apliquen las normas generales del código penal u otras leyes vigentes, en la medida en que sean pertinentes o que los hechos encuadren en sus previsiones.

En particular, el decreto por el cual se reformó la Ley contra la Corrupción, de 2014, sanciona con pena de uno a tres años de prisión al funcionario público que abusando de sus funciones utilice su cargo para favorecer o perjudicar electoralmente a un candidato, grupo, partido o movimiento político (art. 70), norma groseramente violada, desacatada e ignorada sin que intervenga el Ministerio Público, a pesar de que el instrumento que la establece dispone que la comisión de los delitos que prevé esta ley se consideren de “lesa patria”.

Vemos, pues, cómo, de una parte, en la esquizofrenia nacional, unos delitos desaparecen, sin ley que ahora los establezca de manera expresa y otros aparecen descritos en forma precisa en leyes vigentes aunque, con valor simplemente simbólico. Para seguir con el mismo ejemplo, funcionarios públicos que solo están al servicio del Estado y no una de parcialidad política, como reza la Constitución, se sirven de su cargo para perpetrar evidentes acciones de favorecimiento electoral, ante los ojos de toda la colectividad, una vez más, víctima del abuso del poder.

Fuente:
Ilustración: Dumont, tomada de la red. 

CUARTA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

EL UNIVERSAL, Caracas, 11 de octubre de 2017
Utopías y distopías
Alfredo Toro Hardy

La revolución tecnológica que pronto lo transformará todo ha recibido diversos nombres. The Economist la bautizó como la nueva explosión cámbrica, aludiendo al momento en que quinientos millones de años atrás, las formas primarias de vida aparecieron en el planeta. Klaus Schwab la llama la Cuarta Revolución Industrial. Sea cual sea el nombre que se le dé, su significado reside en el avance exponencial que la impulsa.

Para entender este último concepto, identificado con la duplicación de su capacidad en cortos períodos de tiempo, leamos lo dicho por Ray Kurzweil uno de los padres de la Inteligencia Artificial: “La secuencia del genoma humano se inició en 1990 cuando se pudo pasar revista a una diez milésima parte de éste, llevándolo a dos diez milésimas partes al año siguiente. Dicha secuencia llegó a 1 por ciento luego de 7 años y medio de iniciado el proyecto. Muchos dijeron en ese momento que se trataba de un fracaso pues a ese ritmo pasarían 700 años antes de concluirlo. Lo que no se daban cuenta es que ese 1 por ciento sólo tenía que duplicarse 7 veces para llegar a 100 por ciento y dado que la secuencia se duplicaba cada año, el proyecto genoma pudo concluir 7 años después” (Leia Parker, Silicon Valley Business Journal, September 6, 2016).

Algo similar ocurre con la tecnología solar. Según refiere Kurzweil en la entrevista anterior, ésta representa sólo 2 por ciento de la energía del mundo, razón por la cual es vista como insignificante. Lo que la gente no toma en cuenta es que a una duplicación de su capacidad cada dos años, como es el caso, 2 por ciento está apenas a 6 duplicaciones de distancia de 100 por ciento. Es decir dentro de 12 años el mundo podría estar en capacidad de suplir la totalidad de sus necesidades energéticas por vía del sol.

Esta capacidad de abrir horizontes inéditos al costo de una incertidumbre también inédita entusiasma y espanta. No en balde en el Foro Económico de Davos de 2016, los debates sobre la Cuarta Revolución Industrial fueron encuadrados bajo la dualidad “utopía” o “distopía”. La noción de utopía, valga recordarlo, fue acuñada por Tomás Moro en el siglo XVI y se identifica con una sociedad perfecta. La de distopía, proveniente de John Stuart Mill en el siglo XIX, evoca la idea de una sociedad opresiva en la que el ser humano se ve acorralado. Ejemplo clásico de un libro utópico, siglos antes de que el concepto mismo fuese inventado, es la República de Platón. Ya en tiempos recientes una amplia literatura nos presenta ejemplos de sociedades distópicas. Un Nuevo Mundo Feliz de Aldous Huxley, 1984 de George Orwell o Fahrenheit 451 de Ray Bradbury caen allí.

Entre los que visualizan la revolución tecnológica bajo la óptica de la utopía se encuentran Ray Kurzweil así como la institución académica por él creada, la Singularity University. Para éstos los grandes avances que se avecinan en áreas tan diversas como lucha contra las enfermedades, energía limpia o ciudades inteligentes permiten avizorar un futuro cargado de esperanza. Otro tanto señala Kevin Kelly en su obra The Inevitable, para quien nos encontramos a una década de la cura del cáncer o de la eliminación de los accidentes de tránsito. Peter Diamandis y Steven Kotler en su obra Abundance nos hablan de un mundo caracterizado por la abundancia. También eso cree el connotado futurólogo Jeremy Rifkin. Según éste el mundo avanza hacia una aldea comunal global de energía abundante y costos insignificantes, en la que el ser humano verá potenciada su capacidad creativa.

Los que identifican la revolución tecnológica y particularmente la Inteligencia Artificial bajo la distopía, son también figuras de mucho peso. Entre ellos Stephen Hawking uno de los mayores científicos de nuestro tiempo, Elon Musk pionero del automóvil sin chofer y de la nueva tecnología espacial y el propio Bill Gates. Para éstos el riesgo reside en que el ser humano no logre controlar sus propias creaciones y quede sometido a la dictadura de las máquinas. Se trata de una visión cónsona con 2001 Odisea en el Espacio, Terminator o Matrix. Sin llegar tan lejos, Martin Ford en Rise of the Robots o Yuval Noah Harari en Homo Deus visualizan a una sociedad signada por la exclusión, el desempleo y la regresión social. En ella una pequeña camada de billonarios, en control de la tecnología, vive aislada. El símil sería aquí con una película protagonizada por Matt Damon hace un par de años: Eliseum.

Lo cierto es que la Cuarta Revolución Industrial no puede pintarse en blanco y negro. La cura del cáncer, por ejemplo, deberá colocarse en la balanza con un desempleo masivo y estructural. Lo único que sí constituiría un peligro absoluto y no redimible sería la posibilidad de que las máquinas, al igual que el Skynet de Terminator, tomasen el control del planeta. No en balde en una famosa carta abierta de marzo de 2014, firmada ya por más de ocho mil científicos y empresarios de la tecnología del más alto nivel, se hace un llamado a no dejar que la tecnología salga del control humano.

Fuente:
Ilustración: Dumont.

miércoles, 11 de octubre de 2017

PROBLEMARIO

Tenemos los políticos que hemos creado como electores
Liliana Castiglione 

A una semana de las llamadas elecciones regionales que salieron sin haberse acordado con los opositores (eso no lo pedimos el 16J), he estado reflexionando mucho sobre nuestras exigencias a nivel electoral y, estoy convencida que son bastante simplistas porque el único elemento a considerar es si el candidato es oficialista o es opositor.

Con todo lo que hemos pasado me pregunto ¿Qué hemos aprendido? , la experiencia que nos ha tocado vivir a los venezolanos ha sido y es muy dura, y desde el dolor se obtienen los aprendizajes más grandes pero para ellos se requiere de alumnos conscientes y con deseos de crecer, ¿lo somos nosotros?

Hoy te invito a revisar las siguientes preguntas:

¿Es válido que ante la promesa de no ir a regionales sino a un gobierno de transición consultado el 16J vuelvan los “Líderes políticos” opositores a ser incoherentes?
¿Conoces alguna propuesta de los distintos candidatos a las posiciones que aspiran?
¿Te has sentido respaldado por los líderes en la problemática que vive tu comunidad?
¿Has podido presenciar algún tipo de debate entre los candidatos a cargos públicos donde puedas encontrar información en cuanto a sus planteamientos?
¿No se demostró que las máquinas electorales arrojaban resultados fraudulentos?
¿No de declaró que la ANC es inconstitucional?

En otros países, la profundización en cuanto a la presentación de los proyectos electorales es rutina, recientemente lo vimos en USA por ejemplo ante las elecciones presidenciales, pero ¿nosotros? , yo lo que escucho y leo son las ofensas y descalificaciones de lado y lado, es decir, surjo mediante la minimización del otro lo cual es absolutamente absurdo y poco constructivo.

De apoyo a la comunidad ni hablar; te cuento el caso de la comunidad donde vivo, Guatire, donde presentamos desde hace meses una problemática importante en el servicio de CANTV (telefonía e internet) que he contado en otros artículos, organizamos una protesta en la sede de CANTV y solicitamos apoyo de los candidatos políticos de bando y bando, ¿resultado? Ninguno asistió…

Pero ¿sabes qué?, si se te ocurre decir que no vas a votar, los opositores te caen encima aterrados por la posibilidad que eso represente o genere ventaja para los candidatos del gobierno, lo que comprendo perfectamente pero ¿qué pasa con los que no se sienten convencidos, y por el contrario se sienten negociados, traicionados y no respaldados? ¿Qué validez tiene el sentir que  muchos  candidatos permanecen en la búsqueda de objetivos personales más que nacionales o por lo menos de la comunidad que aspiran representar?, Es casi esa desesperanza del perder/perder, si no voto pierdo porque le doy más poder al gobierno y me siento traidor a la patria y si voto pierdo porque traiciono la lucha, lo que considero ético, a los caídos, y a ese grito de abajo la tiranía porque votar es también una respuesta afirmativa ante una ANC que declaramos inconstitucional. ¿Complicado cierto?

Estamos muy lejos de tener los políticos que Venezuela necesita para recuperarse, mientras sigamos aplaudiendo insultos entre bandos, proselitismo político, actividades de pan y circo, carencia de exigencias por el bienestar nacional y aceptación de lo que hay en  nombre simplemente de estar en un bando u otro, difícilmente construiremos el país que necesitamos

Dios nos ampare

Fuente:
http://guayoyoenletras.net/2017/10/08/tenemos-los-politicos-creado-electores
Ilustración: Dumont para un artículo de Félix Cordero Peraza (El Universal, Caracas, 08/10/17).

jueves, 28 de septiembre de 2017

PRONTITUDES SATURADORAS

EL UNIVERSAL, Caracas, 26 de septiembre de 2017
Pensar en vivo y directo
Alirio Pérez Lo Presti
  
La contemporaneidad abre trochas inimaginables con respecto a la presencia del hombre de pensamiento. Si no fue el primero, Theodor Adorno fue, por lo menos, el más destacado de los pensadores que comenzaron a reflexionar sobre un fenómeno profundamente actual y contemporáneo: los medios de comunicación de masas y las posibilidades que tienen, tanto para lo malo como para lo bueno.

Los grandes medios de comunicación, que son tan pujantes e importantes, lo mismo pueden servir para manipular conciencias e imponer consignas, o para difundir temas educativos y culturales. Adorno, testigo presencial de la revolución rusa y dos guerras mundiales llegó a decir que escribir poesía después de la existencia de los campos de concentración se había vuelto imposible, porque la “alta cultura” no puede estar por encima de las vicisitudes materiales e históricas; rematando con la sentencia: ¿Cómo hacer un poema acerca del ruiseñor o de la rosa después de haber vivido un horror como el de Auschwitz?

Esa tradición va a continuar con hombres de un impacto avasallante en la cultura occidental como es el siempre recordado Jean-Paul Sartre, quien se convirtió en el filósofo como referente político por antonomasia. Independientemente que no se compartan sus ideas políticas, Sartre fue y sigue siendo el ejemplo de cómo el hombre de ideas se puede llegar a fusionar con lo más pedestre de la existencia, que es a fin de cuentas el arte de la política.

Esta línea de filósofos va a desembocar en Michel Foucault y lo que muchos consideran “una nueva manera de hacer filosofía” en la cual ciertas poblaciones son asumidas desde la necesidad de reivindicar sus derechos como el caso de los homosexuales, los presos y los enfermos mentales, llegando a un punto en el cual estos temas, hasta ese momento marginados, se terminaron convirtiendo en bibliografía casi obligatoria en cualquier universidad del planeta. Para Foucault la identidad social se construye perversamente y se establecen políticas de exclusión que afectan al individuo etiquetándolo como manicomial, hospitalario o carcelario y lo vuelve asunto central tanto de su obra como del debate de los filósofos que tradicionalmente excluían estos asuntos. Lo importante no es intentar conquistar el poder sino establecer la pura posibilidad de resistencia. No pudo ser más cruel la vida con Foucault, quien termina convirtiéndose en un enfermo de Sida y muere por esta condición.

Esta relación entre el hombre de ideas y su tiempo deviene en la Venezuela del siglo XX con la presencia de Arturo Uslar Pietri y su insólita relación con los medios de comunicación, convirtiéndose en un caso único del gran pensador que sale al ruedo de la vida pública tanto a través de la política como con el uso de los medios de comunicación audiovisual, particularmente la televisión y sus infinitos alcances.

Pero la contemporaneidad da para más y a esta saga de hombres de carácter mediático y abrumadoramente cultos se acopla Fernando Savater,  y va a hacer de lo audiovisual el instrumento para la difusión de las ideas a escala planetaria, siendo un espectáculo deslumbrante el escuchar sus siempre atinados y sobrios planteamientos acerca de múltiples filósofos y temas propios de nuestro tiempo.

De los hombres de ideas que siguen dando qué pensar, Mario Vargas Llosa no deja de impresionar por sus espectaculares artículos de prensa tan eruditos como insuperablemente escritos. Vargas Llosa tal vez sea el último gran pensador latinoamericano de alcances universales, en quien se acoplan el dominio a la perfección de un arte como la literatura con la disquisición filosófica y la posición política sin ambages, la cual agradecemos.

El descomunal esfuerzo que significa ser un pensador en el controvertido mundo de hoy no solo es algo que se reconoce con vehemencia, sino que nos lleva a un asunto que induce que nos hagamos la interrogante de por qué aparecen figuras tan notorias como Theodor Adorno, Jean-Paul Sartre, Michel Foucault, Arturo Uslar Pietri, Fernando Savater o Mario Vargas Llosa, y la respuesta puede ser llana: precisamente es el conflicto personal que cada uno de ellos ha establecido con el tiempo que les ha tocado vivir lo que los ha llevado a cultivar sus ideas, pero más interesante aún, la presencia de carácter mediática o su interés en los medios masivos de comunicación es lo que los ha catapultado a tener una visibilidad y una presencia en la sociedad que no sería posible sin la existencia de las más novedosas tecnologías y los nuevos medios.

El siglo XXI pareciera depararnos sorpresas más intensas y de un carácter absolutamente original, en donde el hombre de ideas, lejos de desaparecer, será parte de las nuevas y tormentosas formas de expresarnos, en donde como suele ocurrir con los grandes fenómenos de multitudes, serán pocos los que podrán vanagloriarse de haberse salido triunfadores, para hacer un lugar un tanto mejor este extraño planeta que habitamos.

Fuente:
Ilustración: Dumont.

viernes, 16 de junio de 2017

¿QUÉ DECIR DE LAS UNIVERSIDADES QUE ENTREGARON LA DATA?



De la imaginación matemática

Luis Barragán

Distintos dictadores latinoamericanos – digamos – clásicos, apelaron y versionaron la fórmula constituyente para prolongarse o intentar prolongarse en el poder, e – incluso – Pérez Jiménez,  fruto de un fraude asambleario, recurrió a un inconstitucional plebiscito que no tardó en marcarlo con una victoria pírrica, momentánea y también sorpresiva, pues, la Venezuela de finales de 1957 estaba signada por el auge económico que decía asegurar su estabilidad.  La tentación siempre es la recurrir al precedente histórico que, por aleccionador que fuese, no logra aprehender suficientemente las novedades del presente.

El equipo cercano a Maduro Moros, violentando la letra bien expresa de la Constitución de 1999, ha ideado una constituyente por sectores destinada a emboscarnos. Sectores que se le resisten, añadido el militar.

En el ámbito de los trabajadores, un ejemplo, no hay elecciones limpias y transparentes que el régimen haya ganado, por lo que, utilizando a fondo el TSJ, mediante decisiones absurdas, en la práctica las  ha prohibido pretendiendo descomponer a los sindicatos y sus federaciones. En el de los gremios profesionales, otro ejemplo, se ha esforzado por paralizar y desconocer a la directiva de  los colegios, siendo tan políticamente incompetente para imponerles comicialmente a los empleados  públicos adscritos, aunque – al fin y al cabo – todos los venezolanos no caben en las nóminas  del Estado.

Otro tanto ocurre en el medio académico, con el sabotaje constante de la renovación de las autoridades universitaria y del liderazgo estudiantil, caso éste en el que ha fracasado estruendosamente.  Ahora, prefabricando la trampa constituyente, vuela la imaginación estadística, tratando de matematizar el fraude al requerir de las universidades cifras precisas de sus matrículas.

Que sepamos, ya dos rectores pública y resueltamente se niegan a remitir el listado actualizado de los integrantes de las comunidades que conducen, asumiendo valiente y  responsablemente una decisión que, por supuesto, no amainará la rabia y el revanchismo de la dictadura. La USB y la UCAB dan testimonio de entereza con una respuesta que se necesita explícita y difundida respecto al resto de las instituciones de educación superior, pues, siendo de carácter público o privado la institución, no habrá cautela que valga si permitimos que el madurato, en un supuesto negado, rubrique un triunfo que arrasará con toda casa que venza la sombra, convertido el cálculo en algo más que una fábula matemática.
Illustración: Dumont, El Universal (Caracas, 11/06/2017). 

18/06/2017:

viernes, 26 de mayo de 2017

INSOSLAYABLE

EL NACIONAL, Caracas, 17 de mayo de 2017
La responsabilidad militar en la tragedia venezolana
Aníbal Romero

Hablar de la crisis venezolana me parece insuficiente, pues lo ocurrido en Venezuela bajo la llamada revolución bolivariana es una tragedia. Se trata de un conjunto de eventos que no pocas veces resulta difícil entender e interpretar, como pasa cuando leemos las obras de Esquilo, Sófocles y Eurípides, grandes autores de la tragedia griega. El devenir venezolano de estos tiempos se muestra a una primera mirada rodeado de sombras y misterios, de fuerzas incomprensibles, de culpas heredadas e incurridas que en apariencia no cabe distribuir con precisión. Sin embargo, no lo perdamos de vista: cuando hablamos de Venezuela lidiamos con duras y patentes realidades que podemos y debemos entender con lucidez moral y política.

Luego de superar el impacto que generan las muertes inocentes, las protestas masivas, la implacable represión, la violencia desatada y el sonido y la furia que nos asolan, captamos que sí es viable comprender lo ocurrido y que existen responsabilidades insoslayables, así como agentes sociales y políticos que las acarrean sobre sus hombros y de los sectores a que pertenecen.

En tal sentido, sostendré a continuación que los militares son responsables principalísimos de la tragedia que ha hundido al país. La responsabilidad castrense en la tragedia venezolana es general e institucional, pero como siempre existen excepciones individuales. No obstante, insisto, la responsabilidad de buena parte de los integrantes de nuestro estamento militar es clara e inequívoca, tanto en lo que se refiere a los orígenes y el desarrollo así como al desenlace de la conmoción histórica que sacude a Venezuela. No afirmo en modo alguno que los militares son los únicos responsables de la catástrofe venezolana. Afirmo, como ya dije, que son responsables principalísimos de un fracaso histórico de enormes proporciones, que ahora termina saldándose en asesinatos, torturas, delirio político y desquiciamiento moral por parte de un régimen apuntalado por la institución armada nacional.

¿Cuáles son los contenidos esenciales de la tragedia y de la responsabilidad militar en la misma? En primer lugar y aunque a los analistas e historiadores del porvenir ello luzca casi increíble, los militares y civiles que dirigieron y dirigen la revolución bolivariana, comenzando por Hugo Chávez, han subordinado de manera bochornosa la soberanía de Venezuela a los intereses y directrices de la Cuba castrista.

En segundo lugar, el régimen chavista, de manera deliberada y programada, ha convertido a las Fuerzas Armadas en agentes activos de un partido y de un proyecto despótico, parcializándolas y adoctrinándolas en función de una sola sección de la sociedad y una ideología que cada día se reducen en tamaño y peso específico, dejando a los militares aislados y repudiados por la mayoría del país.

En tercer término, el chavismo produjo un cambio radical en la ubicación estratégica de Venezuela, afectando nuestra seguridad nacional al aliarnos con países y organizaciones que nos apartan del Occidente libre y democrático, rompiendo con gigantesca miopía lazos históricos que eran producto de la geografía y la afinidad cultural y política y no de la improvisación.

En cuarto lugar, no contentos con todo lo anterior, el chavismo se dedicó a crear una fuerza paramilitar paralela, integrada por milicias y “colectivos” dotados y estimulados por un régimen que, a pesar de contar con palpable poder, en el fondo siempre ha desconfiado de su estabilidad y permanencia. Entretanto, los militares han aceptado que las armas de la República dejen de ser suyas en exclusiva y pasen a ser compartidas con grupos ajenos a lo constitucionalmente estipulado, grupos destinados a acosar, intimidar y hasta aniquilar a los que disientan.

En quinto lugar, el régimen chavista ha corrompido a los militares, en tres sentidos. a) Les ha hecho partícipes del manejo de una economía colocada al servicio del poder político, sus alianzas y vínculos subterráneos, incluido el narcotráfico, dando así al sector castrense una parte del pastel de un sistema por naturaleza viciado. b) Al designar a centenares de oficiales militares en el manejo de gobernaciones, empresas y procesos administrativos y productivos para los cuales no han sido formados, pero que facilitan la corrupción, el régimen ha destrozado la imagen del militar-gerente, pulverizando el poco o mucho prestigio que en alguna oportunidad exhibió el sector castrense en esos ámbitos. c) Finalmente y de la forma más triste y deleznable, los militares venezolanos están concluyendo esta brutal etapa histórica atrapados en una guerra contra el pueblo, una guerra corrupta que ataca en especial a la juventud venezolana, manchándose las manos de sangre y actuando como herramientas de un gobierno que ha optado por descender al abismo de una sistemática e inacabable represión.

Los cabecillas y autores de los golpes de Estado que en 1992 iniciaron este período de nuestra historia fueron militares, y a partir de 1998, con vaivenes y bajo circunstancias cambiantes, el sector castrense venezolano ha jugado un rol crucial en el afianzamiento del régimen. Al enfatizar el punto no busco menoscabar los actos de resistencia que desde dentro del sector militar ocurrieron en el camino, ni subestimar la digna lucha que algunos oficiales han llevado a cabo estos pasados años. Lo reconozco y a la vez reitero que la institución armada es actor clave de un drama que ha forzado a centenares de miles de venezolanos a emigrar del país, que ha derrumbado los pilares del aparato productivo, que ha debilitado la vital industria petrolera y que ha transformado gran parte de la población en hambrientos mendigos y serviles recolectores de las dádivas del régimen. Son igualmente los militares quienes conducen la represión que mata, hiere y encarcela a diario a ciudadanos indefensos. En este orden de ideas, no es aceptable la excusa que procura señalar de manera exclusiva a la Guardia Nacional y a la Policía Nacional por los desmanes en nuestras calles. Las acciones de algunos tienen lugar en el contexto de las omisiones de otros.

Si bien se trata de una institución que no ha sido preparada, ni en Venezuela ni en parte alguna, para la autocrítica, los militares venezolanos tendrán que aprender a ejercerla, pues cuando se produzca un cambio de ruta en el país los militares, los que logren deslastrarse del caos revolucionario, deberán llevar a cabo un exigente proceso de reflexión y cambios internos. La sociedad civil y un gobierno civil legítimo estarán éticamente obligados a acompañar, guiar y supervisar ese rumbo de reformas de las Fuerzas Armadas, que las centre en su verdadera misión institucional. Los militares no deben seguir controlando los destinos de Venezuela. No son ellos los llamados a ello. La misión militar no es suplantar la soberanía popular sino respaldarla.

Debo por último dejar claro lo siguiente: nada pido como ciudadano venezolano a nuestros militares en esta hora crítica, con una excepción que ya mencionaré. No me agradan las solicitudes abiertas o soterradas que se formulan a los militares para pedirles que hagan esto o lo otro. Los militares son mayores de edad y no son ciegos ni sordos. Deberían saber lo que el deber patriótico exige de ellos, y si no lo saben, no seré yo quien se los diga.

La excepción es la siguiente: solicito a los militares venezolanos que no maten a nuestros jóvenes, que les dejen en paz. La rebelión de nuestro pueblo y de sus jóvenes es justa.

Durante buen número de años nuestro Ejército se enorgulleció de un lema que rezaba así: “Ejército venezolano, forjador de libertades”. Es imperativo admitir que tal lema tiene que escribirse, hasta nuevo aviso, en estos términos: “Ejército venezolano, forjador de tiranías”.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/responsabilidad-militar-tragedia-venezolana_182529
Ilustración: Dumont (El Universal, Caracas, 07/05/2017).