Mostrando entradas con la etiqueta Pablo Iglesias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pablo Iglesias. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de abril de 2019

PARALELISMO (S)

Del (anti) puntofijismo ibérico
Luis Barragán


Urgidos por las difíciles circunstancias venezolanas, pocas veces reparamos en las ajenas.  Y, cuando lo hacemos, constatamos un paralelismo preocupante de situaciones políticas que ultimaron, abriendo el presente siglo, con todas sus fallas, una experiencia trastocada en tradición democrática.

En efecto, agotado el programa que derivó del llamado Pacto de Puntofijo, operó una extraordinaria satanización deslegitimadora de las instituciones democráticas mismas, bajo el impulso de los sectores que contribuyeron a crear el fenómeno de Chávez Frías. Siendo el más ácido de sus críticos, confiscando las observaciones más legítimas e innovadoras, como las surgidas de los sectores liberales, por ejemplo, el histórico acuerdo y aún sus consecuencias más positivas y constructivas, quedaron reducidos a los escombros que lo pivotearon definitivamente hacia el poder.  

Algo semejante ha ocurrido y ocurre con la exitosa transición española de finales de los setenta del ‘XX, pues, a pesar de los beneficios rendidos, so pretexto de un juicio que, además, tiene acertados alcances académicos, PODEMOS y otras fuerzas afines la presentan como una descomunal estafa, indecible conspiración y fatal experiencia. Cuando un destacado profesor versa sobre el mito fundacional de la democracia española, procurándole categorías que ayudan a esclarecer sus más variadas vicisitudes, otros se esfuerzan por la decapitación moral y el absoluto cuestionamiento de sus gestores, intentando vaciar de toda  legitimidad al régimen que, incluso, nació con la Constitución de 1978.

Problematizado  hasta el hartazgo, el liderazgo político promedio no demuestra una mayor determinación por defender la experiencia de libertad ganada, incurriendo en dislates – además – temerarios, como si la democracia española pudiera soportarlos, estuviese blindada ante los tristes casos de corrupción, capaz de sobrevivir a toda prueba. Algo semejante ocurrió en Venezuela, aunque sin la grave amenaza de la desintegración territorial, concluyendo el siglo XX, estirando abusivamente  la cuerda que finalmente reventó.

La revancha de los sectores marxistas peninsulares, está pendiente, como aconteció efectivamente en Venezuela. Por lo visto, aquélla bajo la orientación de un universitario, como Pablo Iglesias, mientras que ésta, supo de la dirección de un ágrafo militar, como Hugo Chávez.

08/04/2019:
http://www.diariocontraste.com/2019/04/del-anti-puntofijismo-iberico-por-luis-barragan-luisbarraganl/
Fotografías:
https://www.elmundo.es/espana/2016/01/16/5699672dca4741f3468b45e5.html
https://www.gabitos.com/CUBAPORSIEMPRECUBA/template.php?nm=1396689477&rsp=8 

miércoles, 12 de septiembre de 2018

ANACRONISMOS

EL MUNDO, Barcelona, 8 de septiembre de 2018
CAFÉ STEINER
La tentación de los cuatro
José Ignacio Torreblanca

Cuatro líderes, cuatro candidatos a la presidencia del Gobierno. Pedro Sánchez, nacido en 1972; Pablo Iglesias en 1978, Albert Rivera en 1979 y Pablo Casado en 1981. Ninguno de ellos tiene la más mínima memoria personal del franquismo, ni siquiera de la transición a la democracia o del golpe de Estado de 1981. Alcanzan su mayoría de edad entre 1990 y 1999, cuando la democracia está consolidada y España ha superado el pasado y vuelto al mundo. Son la prueba del éxito colectivo del país. Pero andan enzarzados en un debate sobre la memoria del franquismo y la Guerra Civil.

Que la generación anterior alcanzara un gran acuerdo en los años 70, celebrado dentro y fuera de España, y que ellos no sólo sean incapaces de ponerse de acuerdo sobre las cuestiones clave que marcarán el futuro de este país sino siquiera de ofrecer una visión compartida del pasado transcurridos 40 de la aprobación de la Constitución es para preocuparse.

Se puede y se debe criticar lo logrado por las generaciones anteriores. Sin duda. Pero si uno todavía no ha logrado algo que se acerque mínimamente a la altura histórica de aquello que critica, lo aconsejable sería hacerlo honrando lo logrado, entendiendo las limitaciones que sus autores enfrentaron y aspirando, con mucha modestia, a retomar la tarea donde aquellos la dejaron.

Puede ser una ensoñación pero uno esperaría que transcurridos más de 40 años de la muerte de Franco y 80 de la Guerra Civil, esta generación de jóvenes, que tan bien representa todo lo logrado por los que pactaron la Constitución del 78, no tardara más de 10 minutos en, como ciudadanos educados en una democracia europea que son, mirar al pasado con la misma justicia y equidad que, por otra parte, la mayoría de la sociedad que aspiran a gobernar ya practica. No parece pedir mucho.

Pero como ironizaba Oscar Wilde: "Puedo resistir todo menos la tentación". Así que ante la sospecha de Sánchez e Iglesias de que Casado y Rivera podrían retratarse ante una conveniente utilización del franquismo por parte del PSOE y Podemos, ¿qué es lo que hacen éstos? Retratarse con un proyecto de ley de concordia que supura equidistancia, abstenciones que siembran la duda sobre el liberalismo que se predica y miradas nerviosas a las encuestas. ¡Qué previsible todo! Si cuando estamos a punto de conmemorar los 40 años de la Constitución de 1978, lo único que nos pueden ofrecer cuatro jóvenes líderes es un desacuerdo, precisamente, sobre el pasado, es que estamos haciendo algo muy mal.

Fuente:
http://www.elmundo.es/opinion/2018/09/08/5b926863ca474165238b4653.html

sábado, 2 de junio de 2018

DE LA CARRERA, ¿SÓLO QUEDA EL CANSANCIO?

Buscando lo que no se le ha perdido
Luis Barragán


Válido el cuestionamiento de la gestión de Mariano Rajoy, aunque las diligencias judiciales no lo involucran directamente, es necesario recordar el contexto de la crisis de gobierno que dice ahora zanjar Pedro Sánchez. El solo problema de los separatistas catalanes, obliga a asumir con sobriedad y responsabilidad una situación que, por lo demás, si bien es cierto no es idílica,  tampoco apunta al seguro colapso ético, económico y social que fue la tumba que cavó en su momento el PSOE.

Desde este lado del mundo, tenemos la impresión que la corrupción real o aparentemente desbordada, es la clave del descrédito cada vez más generalizado del sistema, antes que de los partidos considerados del status quo. Nada debe sorprender que sea la punta de un hilo del que tiran  irresponsablemente, dándole al conflicto un sentido en algo o mucho parecido al de la Venezuela de los ’90 del ‘XX, susceptible de cualesquiera maniobras y conspiraciones.

El papel de PODEMOS, agenciando una coalición que es la de una deliberada inestabilidad,  por lo pronto, asocia más a España con la Italia de Berlusconi, teñida de una asfixiante antipolítica, como lo comentó recientemente Iñaki Gil para El Mundo. La estrategia de un francotirador como Pablo Iglesias, quien ha confiscado toda la tradición marxista de la península, convertido su partido en un curioso aparato personal que recibe toda la atención y esmero del madurato, adquiere una importancia que muy probablemente no guarda correspondencia con las papeletas electorales.

El prematuro ascenso de Sánchez, fruto de un común y particular proceso de selección del liderazgo español, no luce prometedor. Por lo demás, inevitable aludirlo, es el mismo PSOE que tuvo a la cabeza a José Luis Rodríguez Zapatero, el mercenario que tiene casa nueva a costa del sufrimiento de los venezolanos.

Lo que acaece en Iberia, por distante que pueda parecernos, merece una mayor y mejor atención de la acostumbrada. E, incluso, por largo y también tan peculiar que se nos antoje el debate de la moción de censura, debemos revisarla pacientemente (https://www.youtube.com/watch?v=EMUCEQKOS-E), añadida la intervención tan crítica y sensata, sencilla y directa de la diputada Ana María Oramas González-Moro. En medio de la podredumbre de la polémica política venezolana, a la medida de un régimen de falsificación del propio lenguaje, la sola revisión se ofrece como un magnífico ejercicio.

Muy antes, fue costumbre tratar de las vicisitudes españolas casi como propias, quizá por los inmigrantes que se sienten y son de acá, resistiéndose a abandonarnos. . Ahora, paradójicamente, nos hemos distanciado, por numerosos que sean nuestros coterráneos en suelo peninsular.

Puede decirse, España está buscando lo que no se le ha perdido. Y de esto sabemos nosotros muy bien, padeciendo todavía las amargas consecuencias.

Fotografía inicial:  Lluis Gene (AFP), 2014: "El piloto de Fórmula 1 Pascal Wehrlein conduce su monoplaza en la sesión calificación en el Circuito de Catalunya".

04/06/2018:
http://www.noticierodigital.com/2018/06/luis-barragan-buscando-lo-no-se-le-ha-perdido/
 

viernes, 27 de octubre de 2017

SOPESAMIENTO

EL MUNDO, 25 de octubre de 2017
TRINOS Y REBUZNOS
Pablo en epístola
Santiago González

La cosa funciona así: Pablo Iglesias acuña la estupidez, digamos el concepto, y luego lo usan sin tasa los acólitos: Irene 'Krupskaia', 'Echeminga', Miguel Urbán y hasta Monedero.Los conceptos se sustituyen por otros a medida que quedan obsoletos. La casta fue arrumbada por la trama, luego vino la mafia y, después, la triple alianza. Lo último es el bloque monárquico, que está llamado a dar tardes de gloria a estos menguados . "¿Qué hace un jugador de ajedrez cuando va perdiendo? Mover al rey", escribe el chisgarabís, que tampoco sabe jugar al ajedrez. La figura del rey no tiene capacidad ofensiva. Un ajedrecista está obligado a proteger al rey, vaya como vaya, para no perder la partida. La teoría de la relatividad de Newton. Tengo ya dicho que Iglesias está muy sobrevalorado intelectualmente, aunque si lo comparamos con su tocayo lunfardo, podría pasar por Samuel Johnson. Dice esta figura que "el bloque monárquico quiere una segunda transición que dejará fuera a 6,5 millones de personas".Ya serán menos. Iglesias trata de contener la sangría de los votos que se anuncia. Soñaba con el sorpasso al PSOE y va a ser adelantado por Cs. Philmore A. Mellows, posibilista, encuentra alguna ventaja en el desbarre catalán: "Si gracias a Puigdemont Podemos pierde otro millón de votos, antes de encarcelarlo (digo que) se le conceda la Orden del Mérito Civil". Es trino. El rebuzno de la semana es la implacable denuncia Echeminga: "El Rey se posiciona con el bloque monárquico".En el magro espacio de esta columna no caben las ocurrencias del líder, que ha brillado en el género epistolar. En la carta de Pablo a sus adefesios denuncia que "la suspensión (sic) del autogobierno de Cataluña hará saltar por los aires uno de los pactos cruciales de la Transición". ¿Recuerdan cuando a eso lo llamaba el cerrojo del 78? En su epístola al Rey le acusa de "espetar un discurso a un gobernante democrático, elegido por las urnas". ¿Puigdemont? Qué va, hombre. Fecha el discurso del Rey el día 4-O (fue el 3). Si Puigdemont hubiera sido elegido, que no es el caso, lo habría sido en las urnas, por los ciudadanos. Finalmente, se despide del Rey con lo que parece el nuevo mantra: "No queremos vivir otra vez el franquismo". Lo escribe un memo que nació tres años después de la muerte del dictador, hay que joderse.

Fuente:
http://www.elmundo.es/opinion/2017/10/25/59ef7d55268e3e834c8b4644.html
Ilustración: Marcos Osorno.

domingo, 30 de octubre de 2016

EL RÉGIMEN DE 1978

La investidura
Luis Barragán


Pudimos combatir el insomnio de una de estas noches, atentos al debate suscitado por la investidura de Mariano Rajoy. En realidad, un careo entre el entonces aspirante a presidir el gobierno y sus adversarios, afortunadamente, ventilado por las redes sociales.

Naturalmente, hay diferencias entre la oratoria parlamentaria española y la nuestra. Allá hay más de espontánea conversación, colándose  - a veces – un agudo sentido del humor, mientras que, acá, a pesar del reducido tiempo disponible, la viva tentación es la del gesto grandilocuente, la palabra exaltada, carcomida la profundidad frecuentemente por la banalidad de las consignas: solemos pecar al respecto, aunque – es necesario reconocerlo – por varios lustros la normalidad se ha declarado en fuga en el Capitolio Federal.

Inexpertos en la materia, no pretendemos un análisis pormenorizado y vanidoso de la política española. Empero, luce evidente la existencia de una democracia ibérica que, al menor descuido, pueden perder.

Las intervenciones de Pablo Iglesias apuntan a la aparentemente inocente demanda de justicia social que, siendo razonable, en sus manos constituye una segura promesa de lo que acá realizaron sus financistas hasta llegar a una – antes – inimaginable crisis humanitaria, con un inaguantable saldo de muertes violentas al año. La huelga general es una oferta que dice ponerlo en solfa con una tradición de izquierda, por cierto, tan noble como villana, propia de toda tradición que se respete, confiscando un lenguaje que ya contamina, con provecho de los sentimientos autonómicos: recordemos, Chávez Frías era el campeón de los derechos humanos, civiles, laborales, ambientales, estéticos, deportivos y, en fin, hoy el costo de reivindicarlos se traduce en persecución y represión.

Inevitable referirse, por una parte, a la quiebra del PSOE, el mismo del otro Iglesias, Largo Caballero, Indalecio Prieto y Felipe González, sumergido en una crisis a la que, entre otros, Rodríguez Zapatero aportó y remató. Y, por otra, el despliegue feroz de la antipolítica que también desea hacer añicos al régimen de 1978, como le llaman, sin reconocerle un ápice de virtud.
31/10/2016:
http://www.radiowebinformativa.com/opinion/la-investidura-luis-barragan

sábado, 7 de mayo de 2016

SACUDIENDO EL POLVO

Emoción de redes
Luis Barragán


En días pasados, hubo uno en particular que nos llevó a las redes como una  vivencia de la emoción, la legítima emoción de sentirnos – después de década y tanta – respaldados en la causa por la libertad. Antes y en el transcurso de la sesión ordinaria de la Asamblea Nacional, tuvimos ocasión de compartir un grato e interesante intercambio de opiniones con la secretaría nacional de Cultura del partido Acción Democrática, la que tuvo la amabilidad de invitarnos para ventilar el problema de la Ley Orgánica de Cultura, y de  atender a dos alumnas del amigo y profesor Carlos Balladares, quienes nos interpelaron sobre la irrupción y vigencia del marxismo en este lado del mundo.

Por un momento, una tercera persona nos comentó de la visita dispensada por Pablo Iglesias a Felipe VI, añadido el desparpajo del retraso y la vestimenta del jefe  del partido del lumpemproletariado que, por cierto, nada tiene que ver con su homónimo,  el proletario fundador del PSOE en el siglo antepasado. Convinimos con aquello de “entre gustos y colores…”, observando que la impuntualidad e informalidad del atuendo expresan una determinada estrategia comunicacional y, recordando un poco la reunión partidista, agregamos que la península ibérica sabe ya de una cultura política kitsch, la misma que hemos padecido los venezolanos por obra de un gobierno grotesco, cultivador de los bajos instintos, cuya simplicidad aterra tanto como las pretendidas soluciones que nos tienen prisioneros de una perversa circularidad.

Concluida la interesante y no menos exigente entrevista con las bachilleres, encontramos de nuevo al amigo y, alrededor de un café, reflexionamos en voz alta sobre las diferencias entre los viejos líderes del marxismo venezolano y los que, vanidosamente, se dicen sus herederos. En horas de la noche, nos remitió un correo electrónico con algunas referencias que nos emocionaron.

En efecto, nos envío el video de la intervención del diputado español Albert Rivera en respaldo de la causa venezolana por la libertad y apoyo a la liberación de Leopoldo López, quien significativamente habló en nombre de los tres millones de compatriotas que representa, subrayó que una mayoría determinante de la cámara – independientemente de las capillas ideológicas – apoya los valores democráticos y, por ende, a nuestro pueblo, retando – en definitiva -  a Pablo Iglesias que no asomó el menor gesto de solidaridad para no meterse en problemas con Nicolás Maduro. Libre de toda sospecha, el vocero de Ciudadanos citó finalmente a Manuel Azaña, autor de unas memorias políticas que nos marcaron profundamente por el drama de un itinerario que arroja todavía grandes lecciones (https://www.youtube.com/watch?v=aGJJDRlEeWM).

Y, por otra, nos envío el enlace de una célebre escena del film “Casablanca” de Michael Curtiz (1942), en la que la voz francesa se impone frente a la de los nazis (https://www.youtube.com/watch?v=aGJJDRlEeWM), magníficamente versionada en un concierto – celebrado en 2012 -  de “Voces para la paz” (https://www.youtube.com/watch?v=VwBJPZrZzKc).  Y, tiene razón, en lugar de teclado opositor de un radicalismo interesado y vil, en las redes corre un mensaje edificante que toca las fibras más genuinas de una postura que se desea por siempre limpia y transparente.
02/05/2016

FICHAJE



Genéricamente, suyo
Luis Barragán

Un término cómodo y de usos múltiples, el “capitalismo” se erige como otro de los  espantapájaros que ventila el gobierno para satanizar a la oposición. Dándole cierto toque de vanidosa universalidad a sus inexplicadas e inexplicables propuestas, intenta desarrollar el temor “ideológico” entre los sectores más desinformados de la población, aunque sus propios partidarios no saben responder ante  una sencilla pregunta: ¿simpaticemos o no con la “formación social”, es que provenimos de un desarrollo propiamente capitalista de ya muy agotadas posibilidades en Venezuela?

Igualmente ocurre con el otro vocablo, “obrero”, útil para adjetivar a Nicolás Maduro, como si fuese suficiente para hallarle alguna prestancia a un gobierno que, en nada, lo es. Valga la paradoja, contrariadas las consabidas tesis para la construcción del socialismo, el actual régimen no sólo ostenta el prolongado y firme rechazo de los trabajadores, cuyas organizaciones más legítimas ha combatido con saña y ferocidad, añadida su proverbial derrota en los ya remotos comicios de la CTV, sino que logró el contramilagro de la desproletarización: convirtió a los obreros calificados en desempleados sumergidos en la marginalidad, con todas las consecuencias del caso.

La “patria” es otra de las expresiones genéricas que les sirve para atemorizar con el empleo alevoso de la maquinaria propagandística y publicitaria, trastocada toda oposición o disidencia en apátrida, además de capitalista y anti-obrera. Por ironía, censura y bloqueo informativo mediante, este mismo gobierno de más de década y media, ha subastado los más altos intereses del país y será suficiente ejemplificarlo con la injerencia de la dictadura cubana, las concesiones petroleras y mineras que ha tratado de disfrazar, el llamado Fondo Chino, la conducta asumida con Guyana, la fuga delictiva de capitales.

Recientemente, en un debate parlamentario relacionado con el caso de nuestros presos políticos, escenificado en Iberia, un testigo presencial, el joven opositor venezolano Wilmer Baute, interrumpió al diputado Pablo Bustinduy de PODEMOS, con el grito de “!Libertad para Venezuela!”. Reflejan las redes sociales que Pablo Iglesias inmediatamente hizo un giro y, con los dedos acentuando sus ojos, respondió: “¡Ya os tenemos fichados!” (http://okdiario.com/espana/la-advertencia-de-iglesias-a-los-opositores-venezolanos-que-fueron-al-congreso-ya-os-tenemos-fichados-119237).

Quizá Iglesias, por cierto, acusado por el ex – gobernador aragüeño Rafael Isea de la recepción de casi siete millones de euros, por  cortesía de Chávez Frías, ya está hartándose de las protestas que suscita su relación con el régimen venezolano, entre propios y extraños, pero lo cierto es que el “fichaje” constituye una peligrosa abstracción, porque tiene – además del gesto circunstancial en la cámara –  ciertas connotaciones revanchistas y hasta policiales. No quisiéramos pensar que, ayudando al seguimiento y las pesquisas de nuestra embajada en Madrid, es un soplón o informante de las individualidades y organizaciones que, bajo una forzada emigración, no olvidan ni olvidarán jamás a la Venezuela que les duele en lo más profundo del alma.

02/05/2016

viernes, 17 de abril de 2015

EMPRESA, EJÉRCITO E IGLESIA

EL PAÍS, Madrid, 11 de abril de 2015
TRIBUNA »
Podemos llegar a ser ciudadanos
Un partido político funciona como una mezcla de empresa, ejército e iglesia
José Lazaro 

El programa La Tuerka emitido el 29 de noviembre de 2012 se abre con una presentación de Pablo Iglesias en la que, literalmente, dice: “¡Qué bonita es la palabra ‘paraíso’!, ¿verdad? Viene incluso en la letra de La internacional: ‘La Tierra será el paraíso, patria de la humanidad’. ¿Pues sabéis qué? Yo creo que a la izquierda le iría mejor si en lugar de prometer paraísos para los parias de la Tierra prometiera un buen infierno rojo para los ricos” (sic).
Cuarenta minutos después, Iglesias entrevista a Albert Rivera y le pregunta: “Vosotros ¿sois de izquierdas o de derechas?”. Rivera le responde: “Nosotros somos un partido progresista y no sectario, somos un partido que defiende la socialdemocracia y el liberalismo progresista; y un partido que nace en el siglo XXI, pues, evidentemente, no se rige por los criterios de hace dos siglos. Pero, en cualquier caso, somos un partido reformista, no nos gusta cómo está funcionando este país y venimos a cambiarlo”. “Parece que no se defiende mal”, concluye Iglesias al cerrar la entrevista. Y a la vista de lo que ha empezado últimamente a responder el propio Iglesias cuando le preguntan si Podemos es de izquierdas, habrá que concluir que él mismo parece que no disimula mal.
Un partido político, en la práctica, funciona como si fuese la mezcla de una empresa, un ejército y una Iglesia: necesita tener muy clara la diferencia entre sus clientes y los de la competencia, entre el soldado propio y el enemigo, entre los fieles y los paganos. Es lógico, pues de esa diferencia depende la cuenta de resultados, la victoria o la derrota, la salvación o la condena electoral.
Cuando un nuevo partido tiene éxito e inicia una trayectoria ascendente, empieza a recibir una catarata de nuevos militantes deseosos de combatir “altruistamente” por los intereses de la sociedad. Pero en cuanto se incorporan empiezan los navajazos para repartirse los puestos (imprescindibles para tan “noble” combate) de sargento, de capitán y de general. O de monaguillo, sacerdote, obispo, cardenal y, como haya ocasión, de Papa. O de recepcionista, secretario, jefe de sección, director general, presidente…
Del equilibrio que logre el nuevo partido entre la realización de sus ideales y las inevitables ambiciones personales de sus dirigentes y militantes dependerá el éxito del proyecto. El orgullo y el deseo, dos componentes básicos, nucleares, de todo ser humano (desde el origen de la especie hasta las sociedades más avanzadas del siglo XXI), son factores con los que ha de contar quien quiera entender algo de las dinámicas psicosociales. Pero orgullo y deseo tienen que ser cuidadosamente manejados, satisfechos, limitados y canalizados, si se pretende que una organización colectiva (como lo es cualquier ejército, Iglesia, empresa o partido político) ofrezca a la sociedad en la que se inserta más beneficios que daños, a la vez que satisface las legítimas aspiraciones de los seres humanos que la forman y reprime las ilegítimas. Cuando ese equilibrio se rompe, la institución fracasa por exceso de idealismo o, lo que es mucho más frecuente, por exceso de corrupción.
Quizá ahora tenga Ciudadanos la oportunidad de no hacer lo que ha hundido a sus predecesores y facilitar al máximo la unidad, la armonía y la colaboración entre todos los españoles que ya no esperan mucho de PP y PSOE (empeñados en seguir compitiendo por el papel de protagonista en la historia del increíble partido menguante) y que tampoco quieren un infierno rojo, que sería tan infernal para los pobres como para los ricos: lo demuestran claramente todos los intentos que recoge la historia del siglo XX a cualquiera que la lea sin anteojos leninistas. Incluso aunque se trate de un “leninismo dulce”, como el que proponían los chicos de Podemos cuando todavía decían algo de lo que pensaban. E incluso entonces ocultaban que “leninismo dulce” es como llaman a sus propias ideas los partidarios del totalitarismo amargo hasta el día en que logran tomar el poder.
Cuando un grupo ve la posibilidad del triunfo, reduce sus niveles de sinceridad
En la medida en que un grupo político empieza a ver la posibilidad del triunfo, va reduciendo sus niveles de sinceridad, va utilizando un lenguaje cada vez más ambiguo y va ocultando sus proyectos concretos para no espantar a los posibles votantes. Es lógico, pues cualquier decisión política suele beneficiar a unos y perjudicar a otros. Cuanto más explícitos y más concretos sean los programas políticos, más probabilidades hay de que los futuros perjudicados por ellos se vayan a dar el voto a la competencia.
Quizá una de las razones por las que Albert Rivera está triunfando en el año 2015 es porque aún dice cosas tan concretas como que piensa suprimir las Diputaciones (con lo que muchos miembros de la casta política —término que Rivera empleaba antes de que existiera Podemos— tendrían que “buscar oficios honestos”, como soñaba Borges que llegaría a ocurrirles a todos los políticos). O, más concretamente todavía: reducir el número de Ayuntamientos españoles desde los 8.115 actuales a no más de 1.000, fusionando obligatoriamente todos los que tienen menos de 5.000 habitantes. ¿Es posible imaginar la mejoría de prestaciones que eso supondría para sus habitantes, que dispondrían de servicios imposibles de financiar en un Ayuntamiento con 2.000 vecinos? Y además, suprimiendo de un golpe 7.000 puestos largos de alcaldes y otros tantos de concejales de urbanismo, con el espectacular ahorro que eso supondría en sueldos legales, sin mencionar siquiera el de las comisiones ilegales. (Por cierto, quizá no sería mala idea aplicar la misma argumentación también a la otra estructura territorial, haciendo que los 17 estaditos en que ahora se divide el llamado “Estado español” se redujeran a seis o siete).
¿Qué deberían hacer los dirigentes de Ciudadanos ahora que les ha llegado la época de vacas gordas? Lo primero es evitar que el orgullo y el deseo de dirigentes y militantes acaben corrompiendo los aspectos positivos de un proyecto que, por su carácter laico y posnacionalista, por la solidez intelectual de sus fundamentos originarios y por las circunstancias que le han allanado el camino, quizá tenga pronto la ocasión de llevar a la práctica lo que proponía su primer manifiesto en el año 2005: que un “partido identificado con la tradición ilustrada, la libertad de los ciudadanos, los valores laicos y los derechos sociales”, oponiéndose “a la destrucción del razonable pacto de la Transición que hace poco más de 25 años volvió a situar a España entre los países libres (…) contribuya al restablecimiento de la realidad”. Esta última frase del viejo manifiesto ha sido retocada por C’s en su ideario de 2015 como “restituir el principio de realidad en la política española”. Y para restituir el principio de realidad hay que hacer lo contrario de lo que es habitual entre los que procuran ocultar sus intenciones y se escurren entre palabras vagas sin concretar nunca sus proyectos.
(*) José Lázaro es profesor de Humanidades Médicas en la UAM. Coeditor del libro Ciudadanos. Sed realistas: decid lo indecible (Segunda edición, 2015).

sábado, 10 de enero de 2015

TROPEZAR CON LA MISMA PIEDRA

¿Podemos apostar?
Ox Armand


Hay una vasta literatura de política-ficción relacionada con  la España bajo un gobierno marxista y, faltando poco, marxista-leninista. Quizás uno de los títulos de mayor resonancia fue la novela de Andrés Madrid, “Ayer España enrojeció” de Andrés Madrid  (1982). Nada sencillo, la izquierda más ortodoxa  gana las elecciones e, inevitable, el rey la llama a formar gobierno.  Por supuesto, prevalecían los esquemas convencionales sobre la izquierda y la derecha. O tratando de ser un poco más precisos, los que se heredaron directamente de la terrible guerra civil, sobrevivientes hasta que, destacados el uno y el otro, Adolfo Suárez y Santiago Carrillo lograron, por mera táctica que resultó una gran estrategia, desde el neoconservadurismo y el eurocomunismo, recogiendo involuntariamente la riqueza de matices que caracterizó al bando de los nacionales, coexistendo falangistas con demócrata-cristianos, o de los republicanos, con sus trotskistas y socialdemócratas, por citar algunos ejemplos. El caso está en que nadie adivinó la celebridad y, hasta nuevo aviso, el triunfo de Podemos, ya que puede convertirse en una tísica lombriz de ocasión, a pesar del puje, trastocado en un capítulo efímero bajo la conducción de Pablo Iglesias, cuyo nombre es otra de las ironías más sorprendentes de la historia.

Aceptemos el desgaste del puntofijismo español. Vale decir, el agotamiento de los famosos  pactos de La Moncloa, con la correlativa necesidad de actualizarlos y, posiblemente con otros actores, relanzarlo. Sin embargo, el remedio puede devenir peor que la enfermedad. Es loable que todo el movimiento llamado de la Indignación, el consabido sentimiento y hecho protestatario que, muy a lo europeo, creemos, no supo de la cruel represión venezolana, por ilustrar la cuestión,  sea canalizado a través de los partidos, originando un fenómeno inédito que estimula la transformación de los escenarios públicos, pero sostenemos que Iberia ha de verse en el espejo venezolano mismo. Por una parte, acá hubo una crisis estructural que todavía se prolonga, confundiéndonos, donde todo  el pasado se satanizó y se presentaron como buenos, puros e intachables, los nuevos elencos de poder que llevaron por el medio a todo el liderazgo tradicional, incluyendo a la propia izquierda caracterizada por su sobriedad, honradez, autenticidad, con todos sus errores y aciertos. Se le vendió al país, exactamente dieciséis años atrás, que el solo ascenso al poder del desprendido, desinteresado e impecable Chávez Frías, acabaría con la corrupción y los corruptos, al igual que con las injusticias de un modelo económico que tendría cauce en otra Constitución respetuosa de la libertad, la propiedad, etc. El neoliberalismo era un crimen por el que justos y pecadores tendríamos que pagar y, a la vuelta de la esquina, justicia y prosperidad serían nuestros más sonados éxitos, con el ejercicio pleno de la soberanía. Por supuesto, absorbió a toda esa izquierda histórica, versionándola según sus intereses propagandísticos, dándoles dádivas burocráticas a sus herederos (curules, embajadas y consulados), al elevadísimo costo de nuestras desgracias actuales, añadida la absurda dependencia con la dictadura cubana. Nos entramparon, pues. Y eso fue posible, entre otras razones, gracias a la antipolítica que nos vació de un mínimo sentido político y orientación ideológica, más el intenso reacomodo que fuerza todos en una sociedad rentista.

Mutatis mutandi, los españoles se creen en medio de la más pavorosa crisis, insoluble crisis, que pueda saltar y asaltar los espacios institucionales, desconfiando, sospechando y satanizando a todo aquél que lo asume como fuente inalterable de sus desgracias. Como acá, allá la falta de respuestas, de una básica racionalidad, conlleva la demonización moral. De modo que lo importante y decisivo es que la infanta Cristiana sea una de las causas del pavoroso mal, como la Pantoja o cualesquiera otros pillados, sin reparar que, por lo menos, hay administración de justicia que, como no ocurriría jamás en Venezuela, lleva a los tribunales la regia humanidad de la Borbón. Y hasta cuentan con una Constitución extraordinaria que, en lugar de reformar, puede dar ocasión para lanzarla al cesto de los trastes. Surge la figura de una seductora informalidad como la del eurodiputado y toda la constelación de académicos que lo avalan, olvidando la subvención política, y cuidado si financiera del chavismo. Éste tiene una versión de las cosas que lo acerca más al desclasamiento efectivo de la crisis y propicia un clima revanchista que, en nombre de las mejores causas, devorará a la izquierda más sobria, paciente, honrada. No otra que ésta izquierda será la sacrificada frente a los novísimos protagonistas de la otra izquierda extendida y entendida más hacia el espectáculo que la explica, por más académico que sea el argumento que cederá al modismo del español promedio. Eso sí, tocando el problema autonómico con cuidado, pues, ya lo hemos visto, hay más de díscolos dirigentes que, a lo Weber, nada saben de la ética de la responsabilidad, como el cansadísimo Pujol reveló que poco le importa la ética misma. Con Podemos, se están rifando la desgracia. Hay sobrados motivos para pensar y actuar en una España diferente, pero el disparo en la cabeza es obviamente algo peor que la aspirina para el dolor. Así que véanse en el espejo de Venezuela, mal que bien, una democracia que les sirvió de modelo. Apostar el destino colectivo con un Podemos de cuño irrefutablemente chavista, no es la salida.

domingo, 5 de octubre de 2014

ESAS MANOS QUE VES ...

EL PAÍS, Madrid, 5 de octubre de 2014
TRIBUNA
Podemos, en América Latina
No deja de ser irónico que un politólogo español devenido en político legitime el propio vocablo “populismo”.
Héctor E. Schamis
 
Podemos estuvo por América Latina. En Ecuador, Pablo Iglesias participó en el Encuentro Latinoamericano Progresista, foro organizado por el partido del gobierno, PAIS. No solo expuso sus ideas en el evento y ante la prensa. También se explayó con elogios para la llamada Revolución Ciudadana, enfatizando la “notable estabilidad política” lograda por Rafael Correa. Más aun, Iglesias expresó su deseo de aprender de los procesos de participación masiva que se ven en América Latina hoy, admitiendo que Podemos tiene un estilo latinoamericano. Ello sin importarle el mote de populista que ese estilo conlleva.
El evento fue una buena radiografía latinoamericana, con algunas implicancias para España y, consecuentemente, para Europa en general. El “debate” fue tierra fértil para especulaciones posteriores—las comillas porque no fue tal debate, todos estuvieron siempre de acuerdo. Curiosamente, la discusión estuvo centrada en examinar las diferentes “amenazas” que sufren los (mal llamados) progresistas de la región, por parte de la prensa, el capital financiero y el neo golpismo de una supuesta restauración conservadora. El componente conspirativo se ve hasta en el título de los propios paneles, idea que invita a pensar en la existencia de una estrategia concertada. Fernández de Kirchner, por ejemplo, denunció casi simultáneamente haber sido amenazada por el Estado Islámico primero y luego también por el gobierno de EEUU—“si me pasa algo, miren al norte”, dijo sin pestañear.
Hay que destacar la fusión actual entre esta suerte de neo marxismo y las antiguas tradiciones populistas vernáculas. Históricamente, el marxismo latinoamericano despreciaba al populismo. Lo consideraba una forma tardía y periférica de bonapartismo, y por consiguiente funcional a los intereses de la burguesía. A partir de los años sesenta, algunas versiones de la teoría de la dependencia, las más dogmáticas y economicistas, superpusieron el análisis marxista a la narrativa populista. Al plantear que el desarrollo económico nacional—premisa fundamental del populismo—seria inalcanzable dentro del capitalismo, la industrialización sustitutiva y el socialismo pasaron a operar como caras de una misma moneda. La lucha por la liberación nacional implicaba así una lucha por la sociedad sin clases. A la luz de esa interpretación es que debe entenderse la extrema radicalización de la región en esos años.
Históricamente, el marxismo latinoamericano despreciaba al populismo
Aquel relato, desarticulado por la represión de las dictaduras de los setenta y luego por las transiciones de los ochenta, es recreado hoy por la ola bolivariana. El problema es que la ecuación queda sin resolver por la dificultad de caracterizar adecuadamente al populismo latinoamericano; un problema de especificidad histórica. El populismo original del siglo XX fue una fuerza democratizadora, a veces a pesar de sí mismo, que por medio de la expansión de derechos produjo ciudadanía. Es cierto que no se interesaba demasiado por los derechos civiles y constitucionales, que de todas maneras eran por demás frágiles, pero expandió derechos políticos y sociales masivamente.
Los “populistas” del siglo XXI, en contraste, surgidos a posteriori de la democratización de los ochenta y el movimiento de derechos humanos, se encontraron con un constitucionalismo liberal mucho más robusto. Al restringir esa esfera—y, por ejemplo, restringir los derechos de los opositores, los jueces independientes y los periodistas críticos—el llamado “populismo” de este siglo termina siendo profundamente autoritario, produciendo una especie de restauración estalinista. Si ello es así, tal vez convenga usar otro concepto.
La tensión intelectual en juego es el dilema del “mayoritarismo”. La democracia es un sistema que requiere la formación de mayorías, pero que opera sobre normas relativamente permanentes diseñadas para proteger a las minorías. Es esencial al constitucionalismo liberal que las personas tienen derechos fundamentales, y esos derechos están protegidos sólo si el uso del poder público está restringido a priori, o sea, dividido y limitado. Si el populismo original desconfiaba de estos principios, la izquierda bolivariana los combate deliberadamente. Es aquí donde Podemos entra en este esquema político e intelectual, de hecho, por compartirlo. Para ambos, bolivarianos y Podemos, el estado liberal es una argucia de los ricos, el capital financiero y la derecha. No es más que una ideología a desenmascarar.
Intelectualmente, la recreación perpetua y la exaltación romántica del momento plebiscitario original del populismo—siguiendo la noción de democracia radical de Laclau—emparenta a Podemos con los bolivarianos. También emparenta a ambos con Madison, pero en sentido negativo: expresan aquella noción de tiranía de la mayoría que tanto lo atormentaba. Con Laclau como umbral teórico básico, el hecho fundamental de cualquier sistema político mínimamente complejo—que las mayorías son por definición transitorias—permanece oculto. Ese dato solo se puede descubrir con la constitución liberal en la mano, herramienta que reserva derechos y garantías para proteger a las minorías, como quiera que esas minorías se definan, étnicas, religiosas, lingüísticas, o simplemente políticas.
El populismo original del siglo XX fue una fuerza democratizadora, a veces a pesar de sí mismo
Más aun, en nuestras sociedades crecientemente heterogéneas y diversas en lo económico, normativo y cultural, también es minoría un grupo que, independientemente de su número, sea perjudicado por una asignación desigual de recursos materiales—por ejemplo, los pobres o la fuerza laboral femenina—o por una distribución asimétrica del reconocimiento social—por ejemplo, los homosexuales y los discapacitados. Sin liberalismo, esas identidades se disuelven en un supuesto todo mayoritario, y los derechos de esos grupos terminan inevitablemente sin reconocimiento. Con Laclau como dogma, Milosevic podría haber hecho exactamente lo que hizo, la expresión de la pura voluntad de la mayoría en un excelso ritual plebiscitario.
No deja de ser irónico que un politólogo español devenido en político llegue a América Latina para legitimar el propio vocablo “populismo” y, más aun, para sugerir que adoptará algunos de esos rasgos. Habrá que ver que hace con el término una vez de regreso por Europa, donde ser populista quiere decir ser bastante xenófobo, racista y algo nostálgico del fascismo. Y de regreso también, que dirá Podemos cuando los periodistas—libres e independientes—le pregunten por los arrestos de opositores, la perpetuación en el poder y la persecución de periodistas críticos, entre otros hábitos de sus nuevos aliados internacionales.
O tal vez la etiqueta de populismo le convenga a Podemos para navegar las turbulentas aguas de la política de hoy, marcada por una derecha cada vez más xenófoba y anti-europea, y una sociedad cada vez más insatisfecha en un contexto de deterioro de los partidos políticos como agentes de representación, especialmente los partidos de izquierda. Podemos convertido en partido “atrapa todo” es una posibilidad que no se puede descartar a priori. Sería un saco con perros y gatos igualmente desdichados, pero a rio revuelto, para seguir con la metáfora zoológica, Podemos podría ser el pescador beneficiado.
No sería la primera vez que el anti-liberalismo se cruza de calle—de derecha a izquierda o de izquierda a derecha, de ida y de vuelta—sin siquiera ruborizarse. La palabra podemos es la conjugación de la primera persona del plural del verbo poder.


martes, 9 de septiembre de 2014

ENGATUSAMIENTO

EL PAÍS, Madrid, 9 de septiembre de 2014
TRIBUNA
Podemos: el ascenso al poder
La pirámide de esta nueva formación es la de un partido comunista clásico
Antonio Elorza 

Con frecuencia, los tuits son como los insultos que se dirigen los automovilistas de un coche a otro. El agresor disfruta de la doble coraza del posible anónimo y de la brevedad impuesta del texto, lo cual justifica quedarse en un improperio, sin tomarse el trabajo de argumentar. Pero los hay ocurrentes, como uno que alcanzó notable difusión censurando un artículo mío: “Que dice Elorza que Pablo Iglesias va a traer la guillotina, a resucitar a Lenin y a convertirnos en Corea del Norte”. Estupendo. Y que, además, si cambiamos Corea del Norte por Venezuela, casi da en el clavo.
Ante todo por el sentido leninista de la acción y de la organización, ambas subordinadas al objetivo de una conquista del poder donde la política se militariza. Sin concesión alguna a los procedimientos democráticos, que aun eliminándolos, la tradición estalinista reivindicará en su vocabulario. Recordemos “democracia popular”, antecedente verosímil de la “plebeya” de Iglesias. Sirvan de muestra los dos preborradores elaborados en julio por el “equipo de preparación” de la asamblea constituyente de Podemos y los estatutos para constituirse en partido político. Una democracia ejemplar, donde los dirigentes se lo dan todo hecho a los afiliados, con textos cerrados, que solo admiten rectificaciones mínimas. El primero determina el objetivo principal: alcanzar el Gobierno a corto plazo, pues “ahora es el momento”, aprovechando la “ventana de oportunidad” que proporcionan la crisis, la deslegitimación del régimen y de “la casta”, fundamentalmente de la pieza clave de integración en el régimen constitucional, el PSOE. Es preciso hacerse con los centros del poder político, actitud estrictamente leninista. Sin reformismo. Y a una concepción militar del conflicto político corresponde necesariamente una estructura orgánica adecuada a tal fin.
Atendiendo a Podemos, sus relaciones de poder están definidas de abajo arriba; por eso será —dice el anuncio— “la estructura organizativa más democrática, abierta y plural que ha conocido nuestro país”. El ciudadano en el país de las maravillas. Dicho en lenguaje tecnocrático, todo funcionará bottom-top,desde la base al vértice. Todos participarán en las decisiones de manera “abierta, respetuosa (sic) y directa”, en la elaboración de los programas, y sobre todo mediante la Asamblea Ciudadana Estatal. Solo que la Asamblea Ciudadana solo se reúne cada dos años y por su número de participantes —pensemos en unos cien mil— lo que surge es una radical asimetría entre el centro de poder ya constituido hoy y lo que propongan los miles de “ciudadanos”, presentes o por vía telemática. Más aún con el liderazgo indiscutible ejercido por Pablo Iglesias.
Los círculos como células base y la informática como cauce básico de comunicación responden al esquema de Beppe Grillo, no menos personalista y autoritario, en su dominación ejercida sobre el Movimiento 5 Estrellas. Hay, no obstante, diferencias: los círculos en 5 Estrellas surgieron espontáneamente en torno al blog del excómico; aquí emergen tras la candidatura de Iglesias, pero en su funcionamiento efectivo el grupo dirigente intervendrá desde el primer momento: deben “adaptar la línea política de Podemos” a su ámbito. Y en cuanto a posibles discrepancias y oposiciones, en 5 Estrellas la expulsión puede ser sometida a votación; en Podemos tropiezan con la Comisión de Derechos y Garantías, un tribunal heredado de los partidos comunistas. Le resulta asignada en los estatutos como partido una larga lista de causas de sanción y expulsión.
Es en la estructura de los órganos ejecutivos donde el supuesto bottom-top se convierte en top-down. El centralismo democrático, red mediante, deviene centralismo cibercrático (De Rosa). Los nombres son otros —Consejo Ciudadano, Consejo de Coordinación, Portavocía— pero en la práctica estamos ante la pirámide Comité Central-Comisión Ejecutiva (Politburó)-secretario general de un partido comunista clásico. Incluso reforzada. El poder de decisión real se encuentra únicamente en el portavoz (P.I.), designado por la asamblea por sufragio directo, con la colaboración del Consejo de Coordinación, elegido por el Consejo Ciudadano a propuesta del portavoz, además único capacitado para autorizar que el Consejo vote. Mejor el consenso. Ningún cabo queda suelto. El portavoz definirá de modo permanente “la línea política” a aplicar por los órganos inferiores. Los círculos, a lo suyo. En suma, quien tendrá el poder absoluto dentro de la organización será el portavoz (Pablo Iglesias), cuya destitución —para empezar la mitad más uno de quienes le votaron— es prácticamente imposible. A los redactores se les escapó siempre en el preborrador “línea política”, lógico.
Pablo Iglesias pone sus cartas sobre la mesa. Propone una “apertura democrática plebeya”, “un gobierno nuevo al servicio de la gente” frente a la oligarquía y al “orden de 1978”. Con timidez, apunta a “un sentido constituyente”, objetivo a encubrir por ahora, igual que la filiación chavista. Ofrece “un discurso de excepción para una situación de excepción”. Y a instaurar de inmediato. Conviene aquí volver al tuit citado. Nadie se ha inventado que Pablo Iglesias cante a la guillotina y al principio inspirado en Robespierre de eliminación del “opresor”. Cuando regresa a la actualidad el genocidio de los Jemeres Rojos, basado en esa idea y en el terror soviético, no bastan buenas palabras. Hace falta una autocrítica en toda regla para verse reconocido como demócrata.
(*) Antonio Elorza es catedrático de Ciencia Política.