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sábado, 2 de junio de 2018

DE LA CARRERA, ¿SÓLO QUEDA EL CANSANCIO?

Buscando lo que no se le ha perdido
Luis Barragán


Válido el cuestionamiento de la gestión de Mariano Rajoy, aunque las diligencias judiciales no lo involucran directamente, es necesario recordar el contexto de la crisis de gobierno que dice ahora zanjar Pedro Sánchez. El solo problema de los separatistas catalanes, obliga a asumir con sobriedad y responsabilidad una situación que, por lo demás, si bien es cierto no es idílica,  tampoco apunta al seguro colapso ético, económico y social que fue la tumba que cavó en su momento el PSOE.

Desde este lado del mundo, tenemos la impresión que la corrupción real o aparentemente desbordada, es la clave del descrédito cada vez más generalizado del sistema, antes que de los partidos considerados del status quo. Nada debe sorprender que sea la punta de un hilo del que tiran  irresponsablemente, dándole al conflicto un sentido en algo o mucho parecido al de la Venezuela de los ’90 del ‘XX, susceptible de cualesquiera maniobras y conspiraciones.

El papel de PODEMOS, agenciando una coalición que es la de una deliberada inestabilidad,  por lo pronto, asocia más a España con la Italia de Berlusconi, teñida de una asfixiante antipolítica, como lo comentó recientemente Iñaki Gil para El Mundo. La estrategia de un francotirador como Pablo Iglesias, quien ha confiscado toda la tradición marxista de la península, convertido su partido en un curioso aparato personal que recibe toda la atención y esmero del madurato, adquiere una importancia que muy probablemente no guarda correspondencia con las papeletas electorales.

El prematuro ascenso de Sánchez, fruto de un común y particular proceso de selección del liderazgo español, no luce prometedor. Por lo demás, inevitable aludirlo, es el mismo PSOE que tuvo a la cabeza a José Luis Rodríguez Zapatero, el mercenario que tiene casa nueva a costa del sufrimiento de los venezolanos.

Lo que acaece en Iberia, por distante que pueda parecernos, merece una mayor y mejor atención de la acostumbrada. E, incluso, por largo y también tan peculiar que se nos antoje el debate de la moción de censura, debemos revisarla pacientemente (https://www.youtube.com/watch?v=EMUCEQKOS-E), añadida la intervención tan crítica y sensata, sencilla y directa de la diputada Ana María Oramas González-Moro. En medio de la podredumbre de la polémica política venezolana, a la medida de un régimen de falsificación del propio lenguaje, la sola revisión se ofrece como un magnífico ejercicio.

Muy antes, fue costumbre tratar de las vicisitudes españolas casi como propias, quizá por los inmigrantes que se sienten y son de acá, resistiéndose a abandonarnos. . Ahora, paradójicamente, nos hemos distanciado, por numerosos que sean nuestros coterráneos en suelo peninsular.

Puede decirse, España está buscando lo que no se le ha perdido. Y de esto sabemos nosotros muy bien, padeciendo todavía las amargas consecuencias.

Fotografía inicial:  Lluis Gene (AFP), 2014: "El piloto de Fórmula 1 Pascal Wehrlein conduce su monoplaza en la sesión calificación en el Circuito de Catalunya".

04/06/2018:
http://www.noticierodigital.com/2018/06/luis-barragan-buscando-lo-no-se-le-ha-perdido/
 

jueves, 31 de mayo de 2018

ANTIPOLÍTICA

EL MUNDO, Barcelona, 31 de mayo de 2018
UNA COLUMNA CON VISTAS
Lecciones italianas a políticos españoles
Iñaki Gil

Preocupado por Italia, pregunté qué iba a pasar a uno de los españoles con más kilómetros de política internacional en el maletín.

Su respuesta, cínica y tranquilizadora fue: "Al final, los tres poderes reales de Italia encontrarán una salida. O sea, el Vaticano, la Mafia y los círculos del dinero del Norte".

Están tardando. Así que mientras tanto voy a compartir cinco lecciones italianas que nuestros políticos deberían saber ya.

Uno. La corrupción cuesta votos. Se puede desviar la atención, al principio. "Cosas de la prensa". "¡Presunción de inocencia!", "La sentencia no es firme". Al final, los votantes. hartos de disculpas, dan la espalda a los ladrones. El PP no aprendió la lección en Valencia y ahora sufre en el Congreso.

Dos. La acción de la justicia no se traduce siempre en un afán regenerador del electorado. El vendaval judicial de mani pulite se tradujo en 2.565 imputados. "No sólo fue la desaparición de los partidos que articularon la política italiana desde la posguerra, sino la consolidación de un fuerte sentimiento antipolítico en la sociedad" escribe Jorge del Palacio en Geografía del populismo (Tecnos). Señores jueces, midan bien la ejemplaridad.

Tres. Aquella limpia devenida en rechazo a la política profesional fue capitalizada por Berlusconi. Conquistó el poder con una retórica anti élite. Nos pareció sorprendente hasta que Trump, otro millonario, repitió el truco. Aquí no hay personaje similar pero Iglesias debe medir su retórica anti élite. Más ahora que va a vivir en una chalé con piscina. Y, el líder que mecen los poderosos y los sondeos, Rivera, debe contratar ya al esclavo que le susurre, "Recuerda que sólo eres un hombre".

Cuatro. La antipolítica que encarnó Berlusconi ha tenido dos hijos. La Liga, formación del Norte rico, ha llevado su xenofobia a escala nacional. Nuestros nacionalistas vascos y catalanes tienen aquí materia. En la galaxia de Podemos, deben tomar nota de cómo el antieuropeismo de Cinco Estrellas les hace cómplices de lo más reaccionario de la política europea.

Y cinco. Hacen falta proyectos políticos. Ilusionantes. Con los pies en la tierra y la mirada en Europa. La gestión no moviliza. El PSOE puede aprender del fracaso de la izquierda italiana. Y Sánchez debe evitar la altanería de Renzi.

Estamos mal. Pero podemos estar peor. Miren a Italia.

Fuente:
http://www.elmundo.es/opinion/2018/05/31/5b0ecd8eca4741872b8b45f0.html
Fotografías:
https://elobrero.es/internacional/item/9213-la-derecha-italiana-arremete-contra-la-inmigracion-tras-el-tiroteo-racista.html
 https://www.libertaddigital.com/espana/politica/2017-11-30/sanchez-cree-que-cataluna-evidencia-el-proyecto-agotado-de-rajoy-1276610020/

domingo, 10 de septiembre de 2017

PATAS CORTAS Y LENGUA LARGA

EL MUNDO, Barcelona, 10 de septiembre de 2017
 A VUELTA DE PÁGINA
El ciempiés andante y el sapo burlón
Francisco Rosell

Ha hecho fábula el desconcierto que le produjo a un envanecido ciempiés no saber qué manifestar cuando un burlón sapo le alabó su destreza para mover tantas patas interesándose por cómo lo hacía. A bote pronto, el miriópodo juzgó la pregunta ridícula, pero raudo se sumergió en un mar de titubeos. Era perceptible su desazón al ver como no atinaba con la respuesta entrando en pánico al percatarse de que incluso se le había olvidado caminar. Inmovilizado en el lugar del fatal encuentro, ésa sería su tumba.

El dilema del ciempiés, o la dificultad de hacer de modo consciente aquello que se obra automáticamente, se visualiza estos días cuando el Gobierno de la nación procura activar todos los resortes del Estado para afrontar la intentona golpista del independentismo catalán para romper España. No es la primera vez, acreditando la sentencia de Bismarck de que España es la nación más fuerte del mundo, pues sus habitantes llevan siglos acometiendo su derribo. Claro que nunca hasta ahora se había originado un golpe de Estado parlamentario, presto a tornar en rebelión totalitaria. Conviene no perder de vista, en medio de la marabunta, que confluyen dos movimientos: uno primordialmente nacionalista contra España, y otro comunista en contra del sistema democrático, lo que desencadenaría un choque civil, como los que llevaron a su burguesía a auspiciar las dictaduras de Primo de Rivera y de Franco, con Cambó y los catalanes de Burgos de avanzadilla, al ponerse en riesgo sus negocios levantados al socaire del proteccionismo.

Un proteccionismo que primero tuvo su expresión política en el catalanismo, luego en el nacionalismo y ahora en el independentismo. Todo ello alentando un falso agravio tras disfrutar, en las últimas cuatro décadas de democracia, del privilegio de quitar y poner gobiernos a su antojo. Además de disponer en la buchaca del "voto de oro" que decidía la aprobación de los Presupuestos del Estado. Tras lustros reclamando las balanzas fiscales, en cuanto han revelado la falacia del 'España nos roba', buscan arrojarlas al desván del olvido.

Ante tamaño atentado, el Estado afronta un desafío en el que se juega el ser o no ser movilizando todos los instrumentos a su alcance o quedando paralizado como el ciempiés. En el segundo caso, el rotundo compromiso del presidente Rajoy quedaría reducido a virutas de retórica con las que alfombrar el suelo antes de ser barridas. No en vano la historia atestigua que "el poder es la impotencia", como se sinceró De Gaulle, y el Estado simula ser el gigantón Gulliver atado de pies y manos.

Mucho más en España. Una suicida política de quimérico apaciguamiento de los nacionalistas ha llevado a concesiones que han desembocado en un Estado inerme ante un separatismo del que se ha hecho tributario, en vez de desmontar un tinglado que puede ser su patíbulo. Lo evidente se ha hecho clamoroso: Un Estado, desprovisto de administración periférica, carece de instrumentos bien dispuestos para preservar su unidad frente al enemigo interior, salvo encomendarse a los jueces.

Esa vicisitud ya la padecieron Rajoy y Sáenz de Santamaría, comisionados por Aznar en 2002, para remediar la catástrofe del petrolero Prestige en las costas gallegas. Rajoy era un general sin tropa, debiendo pechar con amenazas a familiares y cerco a sus casas. Y menos mal que el PP echó en saco roto la ocurrencia de Fraga en un congreso del PP, como si esto fuera Alemania, de convertir a las autonomías en Administración Única, lo que dejaba al Estado para vestir santos. Beligerante contra el título VIII, la edad y el sitial de la Xunta metamorfosearon a Fraga en ferviente confederalista. Rajoy recondujo la "Administración Única" en "Administración Común" y dejó que el tiempo rematara la faena. Quizá aquella destreza le sirva para redirigir esa comisión solicitada por Pedro Sánchez, con el objetivo de recoger las demandas nacionalistas, cuando lo que se impone es refundar el Estado más sólido tras el horadamiento del tronco común por orugas proces(ionarias).

La crisis del Prestige fue reflejo, tiznado de chapapote, de un "Estado sin territorio", en expresión de Sosa Wagner. El Estado de las Autonomías ha retoñado las jurisdicciones señoriales con las que había arramplado el Estado moderno. Fruto de esa refeudalización, esta España fragmentada se diluye hasta parecerse a lo que Delors, 10 años su presidente, decía de la Unión Europea: "Un objeto político no identificado". Todo ello propiciado por la ingenuidad de los escribas de la Constitución al dejar sin cerrar aspectos clave para buscar el acomodamiento nacionalista, agravado luego por las ansias de emulación de las demás taifas. Cada autonomía, sin plantearse cuál será el beneficio final, no evitó secundar la loca carrera nacionalista hacia la disgregación por temor a que sus votantes se sintieran preteridos. Ahora se relanzará en persecución de la "nación de naciones" de Sánchez.

Al mando de un Estado enclenque, un hombre al que se acusa de tener un carácter delimitado por su profesión de registrador -lo que le lleva a tomar nota de lo que pasa, pero no a ser un hombre de acción que interviene sobre lo que pasa- afronta un conato de golpe que esta vez no es de tricornios acharolados, sino encabezado por la primera autoridad del Estado en Cataluña, secuestrando al Parlament al que se debe. Es imposible saber si nuestro Umbral seguiría describiendo a Rajoy como ese sereno testigo de la Historia "que anota junto a una sonrisa la frase valiosa o comprometida de quienes van de héroes y se desmienten cada día". Sin duda, con su cachaza, parece profesar la estrategia británica de extenuar al enemigo antes de enfrentarse con él. El enigma estriba en saber si, dando tiempo al tiempo, éste se le ha escapado irremediablemente.

Pero, si Rajoy acostumbra a no dejar para mañana lo que puede dejar para pasado, es llegada la circunstancia para que demuestre su sustancia de hombre de Estado. Ante la contingencia catalana, Rajoy debe dar la talla para encarar la insensatez de unos necios que añoran un pasado reconstruido con narraciones falsas para sentirse especiales. Vuelve a patentizarse el designio -el periodista Gaziel lo vislumbró predicando en el desierto de las horas turbulentas del autoproclamado Estat català de 1934- de que "cada vez que el destino coloca a Cataluña en una de esas encrucijadas decisivas, [...] nosotros, los catalanes, nos metemos fatalmente, estúpidamente, en el que conduce al despeñadero". Su historia se ajusta a ese concepto circular por el que los episodios se reiteran con otras circunstancias, pero semejantes. Es incapaz de escapar -y con ella toda España- de una pesadilla que gira retenida en los cangilones de la noria del tiempo.

Fuente:
http://www.elmundo.es/opinion/2017/09/10/59b43695e2704e254a8b4665.html
Ilustración:
Ulises Culebro.

sábado, 2 de septiembre de 2017

UERFANÓZ DEL BURLESQUE DE LA DESHOVEDIENCIA

EL PAÍS, Madrid, 02 de septiembre de 2017
 TRIBUNA
Huérfanos de Groucho
Jesús Mota

Han transcurrido ya 40 años de la muerte de Groucho Marx, nacido Julius Henry Marx, bigote visible de los hermanos Marx. Lo menos malo que puede decirse de este tiempo, casi toda una vida, es que ha sido muy poco divertido en casi todos los sentidos y sus herederos en el arte de la risa no han podido llenar el vacío. Woody Allen ha explotado la veta de la lástima como defensa frente al mundo exterior, pero con todo su talento para construir historias mezcladas de miel, acíbar y neurosis no ha cubierto el vacío de desvergüenza arrolladora dejado por el segundo de los Marx. A diferencia de Groucho, carece de vocación destructiva. Dino Segre (Pitigrilli) enunció una ley (entrópica) de la risa: “El humorismo se deteriora a los 25 años como máximo”. Pues bien, en el caso de Groucho estamos ante una singularidad. Una antología de los Marx resiste el paso de los últimos 40 años con gran ventaja sobre sus más directos competidores, incluyendo a Rajoy.

Para el subconsciente de muchos de sus seguidores, la muerte de Groucho fue una frustración. Tenía vocación de inmortalidad, como queda de manifiesto en una de sus frases para la posteridad en la que supuestamente pensaba vivir cómodamente instalado: “Tengo la intención de vivir para siempre o morir en el intento”. Una afirmación de tal calibre resume la lógica implacable y dislocada de su Weltanschauung, feliz y agresivamente inmadura. No es muy diferente de esta felicitación de su puño y letra: “Si sigues cumpliendo años acabarás por morirte. Besos, Groucho”. Incluso mencionó en Groucho y yo que alguien por la calle le había implorado encarecidamente “No se muera usted nunca”, como si Rufus T. Firefly conociera la pócima de la eternidad. Con su querencia burlesca hacia la inmortalidad, Groucho invertía brutalmente esa condolencia trillada, propia de tarjeta postal o de galletita china de la suerte, que proclama hipócritamente: “¡Vivirá siempre en nuestro recuerdo!”. La tontuna no convenció a Unamuno y tampoco a Groucho. Bien sabían los dos que no existen los controles de memoria y que, en todo caso, se pueden falsificar. Por ejemplo, con el timo de los aniversarios.

Groucho desplegó generosamente dos manías constitutivas y constituyentes. Sentía una afición morbosa por la divagación exuberante, incluso asfixiante. Sintetizó la verborrea y la incomunicación arbitraria en un único instrumento complejo de humor y con él desquiciaba o asfixiaba a sus oponentes (Margaret Dumont, Louis Calhern, Sig Rüman). Groucho y yo empieza con su nacimiento (declara haber nacido “a muy temprana edad”), lo cual le da pie para pontificar sobre la edad y la vejez (“llegar a viejo no tiene mérito; basta con haber nacido antes”), se enreda con una disertación editorial sobre libros de cocina, sigue la maraña con los excedentes de maíz, pone un pie impertinente en el cuello de los rústicos granjeros, culpables de muchos males, y ofrece una conferencia venenosa sobre las personas que madrugan.

La segunda manía es su complacencia en presentarse como un ser roñoso y ruin. En Los hermanos Marx en el Oeste, Quentin Quale entra ostentosamente en la estación, seguido de un número interminable de mozos que llevan su equipaje. Se vuelve hacia ellos y pregunta: “¿Tienen cambio de diez centavos?”. Los porteadores se sumen en la perplejidad, niegan y Quale aplica la lógica marxista: “¡Pues quédense con las maletas!”. La ruindad avarienta destella en este diálogo de Groucho y Chico abogados. “Groucho: Le diré lo que pienso hacer. Le daré seis dólares a la semana y usted se trae la comida. Chico: Bueno, pero... Groucho: Voy a ir incluso más lejos. Le daré seis dólares a la semana y también me trae la comida a mí”. Acertará quien busque el origen de esta avaricia descacharrante en una infancia poco boyante, con su padre Misfit Sam atrapado en sus pobres habilidades como sastre y los muchos años pasados en los espectáculos de variedades recorriendo cientos de poblaciones que pagaban con comida o salarios ínfimos.

La maestría, hoy por hoy inalcanzable, de la troupe marxista se revela en la dislocación tenaz y desvergonzada del lenguaje convencional. La lengua, es decir, sus nódulos y cristalizaciones deformes, envuelven como una capa protectora al orden convencional (el orden “como Dios manda”, que diría Rajoy). También perpetúan la obediencia (¿debida?) y sostienen el dominio de lo existente sobre lo que ha de venir. La demolición discursiva de Groucho significa un rapto espasmódico de desobediencia. En los términos que Wittgenstein imputaba a la filosofía, la vorágine verbal de los Marx es “una lucha permanente contra el embrujamiento de nuestra inteligencia por el lenguaje”. Cuando Groucho dice (Sopa de ganso, de Leo Mc Carey): “Este es el quinto viaje que hago hoy y todavía no he estado en ninguna parte”, está describiendo la boba experiencia del turismo contemporáneo. El sinsentido nace de una exacerbación de la lógica que acaba por corroer el sentido común, el más inútil de los sentidos en los diálogos de los Marx. Con esa lógica descoyuntada, lo real acaba por aparecer, bien que maltrecho, por debajo de las palabras. Oigamos a otro Marx, en esta ocasión a Chico, también en Sopa de ganso: “Vera: “Hagáis lo que hagáis, nada de ruidos. Si os encuentran estáis perdidos. Chicolini: “Estás loca. ¿Cómo vamos a estar perdidos si nos encuentran?”.

Groucho está más allá del pesimismo, más acá de la locura y muy cerca del arribismo como salida a la falta de soluciones. Firefly, Driftwood o el veterinario curacaballos Hackenbush convertido por el poder de la señora Upjohn en médico de postín (“Tómese esta píldora cada 50 kilómetros”) están al margen del orden institucional; sólo pretenden asaltarlo, reventarlo o burlarse de él. Casi podría decirse que Julius fue un avatar de Francis Bacon en una lucha a muerte contra los ídolos (las generalizaciones, las ideas preconcebidas, las doctrinas de moda y las convenciones) que denunció el pensador inglés. No escatimó las invectivas a la política (“El arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después remedios equivocados”). Quizá por eso le cupo la gran satisfacción de que Mussolini prohibiera Sopa de ganso en Italia.

Más allá de la corrosión, de las mofas y del funambulismo estridente, Groucho e i suoi fratelli pulieron auténticas joyas de la comedia universal. Sopa de ganso contiene dos secuencias que están entre las mejores de la historia del cine cómico, a la altura de la persecución de las novias o los esfuerzos por evitar la avalancha de piedras en Seven Chances, de Buster Keaton: la coreografía de Groucho y Harpo ante el marco de un espejo vacío y la destrucción sañuda del puesto de limonada. En cuanto al camarote de Una noche en la ópera, además de la brillante dinámica de situación, retengamos dos frases a la mayor gloria de la lógica de Groucho: “¿No sería más fácil meter el compartimento en el baúl?”; y, dirigiéndose a la manicura: “Déjemelas cortas, que aquí ya va faltando espacio”.

Hay generaciones enteras huérfanas de Groucho y del burlesque de la desobediencia. Lo peor de todo es que han sido adoptadas por los Reagan, Thatcher, Aznar y ahora Trump, el menos marxista de todos.

Fuente:
https://elpais.com/elpais/2017/08/16/opinion/1502900740_551956.html
Ilustraciones: Enrique Flores y Hans-ulrich Osterwalder.

UNA KALASHNIKOV DE DISCOTECA

EL MUNDO, Barcelona, 02 de septiembre de 2017
 LOS INTELECTUALES Y ESPAÑA/ SERAFÍN FANJUL
Serafín Fanjul: "No existe el deseo de integración entre los musulmanes"
Fernando Palmero

Arabista de sólida formación intelectual y literaria no es un historiador complaciente de los que eluden el conflicto. Obras como 'Al Ándalus contra España' o 'La quimera de Al Ándalus' están construidas a base de erudición y falta de complejos identitarios para desenmascarar los mitos fundacionales de tolerancia, cooperación y amistad de una idílica España en la que convivían tres religiones, algo que no existió jamás, afirma.

"El problema estriba", afirma Serafín Fanjul en La quimera de Al Ándalus (Siglo XXI, 2004) al hablar sobre la supuesta tolerancia de la religión islámica, "en que la base del islam, el mismo Corán, exhibe exhortos y mandamientos de claridad meridiana (es la palabra de Dios, increada y eterna) y que ningún buen musulmán se atreverá a contravenir sin arrostrar el desprestigio público: '¡Creyentes! ¡No toméis como amigos a los judíos y a los cristianos! Son amigos unos de otros. Quien de vosotros trabe amistad con ellos, se hace uno de ellos. Dios no guía al pueblo impío'".

Afirmaciones como ésta han procurado al historiador madrileño la calificación de islamófobo y, por supuesto, fascista, algo imposible de sostener si se lee su extensa obra académica. O incluso la ensayística y la literaria. O sus frecuentes colaboraciones periodísticas. Conocedor como pocos en nuestro país de la historia, la literatura y la religión islámicas, Fanjul sostiene que negar una realidad insoslayable edulcorando con buenas intenciones programas de integración social que no acometen el problema de raíz es la mejor forma de conducirnos a todos al desastre.

¿Existe un conflicto larvado entre las comunidades cristiana y musulmana en España?
    Tanto como un conflicto, no, pero sí una separación. En el islam, la sociedad es mucho más hermética, más cerrada y menos dispuesta a admitir la relación distendida y natural con otras comunidades humanas. Que los árabes, con una lengua distinta y una cultura distinta, tiendan a encerrarse, tiene esa explicación primera. Pero luego hay otra que quizá es más determinante y es la propensión de los musulmanes a considerarse siempre un grupo a parte. Esto lamentablemente es así. Por parte de los inmigrantes musulmanes no hay deseo de integrarse. Intentan reproducir aquí sus formas de vida y la forma de organización que traen procedente de sus países. Ser del Madrid o del Barcelona, o pagar impuestos a Montoro, son formas de integración muy superficiales. La manera de integración verdadera, la que salva todas las distancias y rompe ese tipo de barreras es la fusión física, sexual, o sea, los casamientos mixtos de hombres y mujeres de las dos procedencias.

Pero de eso estamos aún muy lejos...
    Hay que tratar por todos los medios integrar a las mujeres musulmanas, porque los hombres lo tienen más fácil, se pueden ir al fútbol, a la piscina... pero a la mujer la dejan en casa.

¿Ayudaría o perjudicaría a esa integración la prohibición del velo en lugares públicos?
    Esa es una normativa lógica de seguridad en un país moderno. Hay ciertas cosas que son inadmisibles, porque el color del pelo, el color de las ojos y la forma de las orejas son los signos de identificación en todo carnet o pasaporte. Ni por la calle se puede admitir.

¿Y en las aulas?
    Yo di clases en El Cairo a finales de los 60 y en aquel tiempo no había en Egipto una sola mujer con el velo, porque se había producido un descrédito de ese reaccionarismo y de esa forma de vestir. En 1923, a la vuelta de un congreso feminista en Roma, las activistas Hoda Shaarawi y Saiza Nabarawi, al llegar a la estación de El Cairo se quitaron el velo y lo tiraron, y a partir de ese momento, que me parece emocionante por lo que representa de búsqueda de libertad y de liberación, el velo empezó a desaparecer en Egipto. Pero luego, tras el asesinato de Sadat, que era un beato musulmán, los Hermanos Musulmanes introdujeron una corriente de islamización en un país que era ya muy islámico. Al principio empezaron regalando ropa a mujeres pobres; luego, crearon una red de asistencia social y médica, daban ayudas económicas, ropa, comida... todo con dinero que venía de Arabia Saudí, y de esa forma el tejido social empezó cada vez a inclinarse más hacia el integrismo. Uno de los gestos fue poner a las mujeres como estaban antes de 1923.

¿No es sorprendente que jóvenes que parecen integrados cometan actos como los La Rambla?
    No, porque no están integrados. Para que una persona arrolle con un camión a sus semejantes, ponga una bomba o coja un kalashnikov en una discoteca, tiene que haber habido una preparación. No es que un imam le haya comido el coco durante tres semanas, eso es una estupidez, es una infraestructura mental y de formación que reciben desde pequeños. En un momento pueden hacer el gamberro tomando alcohol y tratando de ligar con las barcelonesas porque ven que es divertido, pero de pronto eso se corta y esas personas vuelven al punto de donde salieron, porque el imam les dice que están haciendo mal, que se van a ir al infierno, que están deshonrando a sus padres... Como ocurre con los terroristas españoles o de cualquier lugar, a veces las familias tienen mucho que ver. En Cataluña, precisamente, se les ha dado a los inmigrantes musulmanes todo tipo de facilidades, de ventajas y de tratos de favor respecto a la población autóctona para que se sientan bien y para que se quieran sumar al proyecto separatista. Pero finalmente siempre anteponen la pertenencia religiosa a cualquier otro tipo de lealtad, lo cual puede ser comprensible, pero en una sociedad de otro tiempo. En una sociedad medieval aquí también era así. El fenómeno religioso separa mucho, y si son religiones tan herméticas como es el caso del islam, que es una religión inmune a cualquier influencia exterior, la cosa es todavía más dura. La integración musulmana es un problema muy serio.

¿Cree que en España hay 'islamofobia'?
    No. Tradicionalmente los españoles no somos gente xenófoba, al contrario, hay una admiración bastante bobalicona hacia los extranjeros que se supone que son listos y ricos. Hacia los pobres y supuestamente tontos, no, pero por pobres, no por extranjeros. Es más un problema económico y social que de visión islamófoba. En España la gente no sabe lo que es el islam, no sé si eso es bueno o malo.

¿De dónde viene el complejo de inferioridad de España hacia la dictadura marroquí?
    El problema principal de España es la corrupción. Hay unos intereses económicos españoles muy fuertes que están impidiendo de hecho que la posición de España con respecto a Marruecos sea más dura. La debilidad viene de nosotros, de que el aparato político-económico dirigente en España no se siente seguro porque le pueden sacar cualquier cosa en cualquier momento y no es fuerte para actuar en el exterior. No puedo acusar directamente a nadie, pero hay empresas e inversiones en Marruecos... ¿por qué trajeron a principios de los años 2000 a miles de marroquíes a Cataluña? Eso no fue una casualidad. Si Pujol pudo traérselos para no traer ecuatorianos ni colombianos, que eso es evidente, tuvo que haber un permiso y una autorización del Gobierno central. Ahora se pagan las consecuencias de aquellas alegrías y permisividades. El caso de Marruecos es como el de Gibraltar, es evidente que hay españoles interesados económicamente en que eso siga.

¿Por qué el PP ha desaprovechado su mayoría absoluta para hacer más cambios?
    Porque participa del consenso de los políticos, eso que llaman la unidad y que no es más que la unidad personal de los distintos grupos y las distintas facciones de los partidos. Les interesa más la unión entre ellos que los intereses generales. Rajoy es un señor que personalmente no me inspira la más mínima simpatía, no tengo inconveniente en decirlo. Es un señor muy soberbio, muy cobarde y muy vago, y la combinación de los tres elementos juntos... Le preocupa más llegar a un acuerdo en una subcomisión con los vascos y los catalanes que poner en su sitio a los separatistas.

¿Cómo es posible que haya dejado pudrir la situación en Cataluña de tal forma?
    Porque no tomó medidas legislativas hace cuatro años cuando se veía venir la cosa. El otro referéndum dijo que no se iba a hacer y se hizo. Ahora dice lo mismo, ya veremos, de momento se limita a esconderse detrás de los jueces. Tiene que tomar medidas políticas. No sé si hay que aplicar el 155 o si hay que desarmar a los Mossos, pero el TC no va a impedir nada, no tiene fuerza material para hacerlo. Toda esta dejación de funciones es absolutamente gratuita e innecesaria, porque el Estado sigue teniendo elementos coercitivos muchísimo más fuertes de los que puede tener la Generalidad de Cataluña y no sólo legales, también económicos, propagandísticos... pero no utiliza ninguno.

¿El problema viene desde la Transición?
    Sí, porque se dejaron cabos sueltos creyendo que se iban a integrar los separatistas, que se llamaban nacionalistas y ahora soberanistas. Durante 40 años la estrategia ha sido darles dinero e impunidad para hacer con él lo que les diera la gana. Y lo han hecho. Y ahora salen los casos de corrupción de la familia Pujol. Pero sobre todo, las consecuencias políticas han sido siniestras. Como entregarles la Educación, no sólo a los catalanes, sino a todas las comunidades autónomas, o el orden público. Fue Aznar el que autorizó la policía catalana y ahora pagamos las consecuencias. Aznar fue un buen presidente pero cometió algunos errores.

¿Como cuáles?
    El principal, suprimir la mili. Si se quita el servicio militar obligatorio se está mandando a la población el mensaje evidente de que la defensa nacional no es asunto suyo, que se va a resolver con mercenarios. Y eso es letal. Si en algún momento España tiene que responder a una amenaza militar exterior, y no está descartado que venga del único sitio de donde puede venir dada nuestra situación geográfica, nadie va a querer hacer nada. Una comunidad humana tiene que defenderse si lo necesita, una comunidad que renuncia a defenderse no merece sobrevivir. Yo soy pacífico, pero no pacifista. Ante una amenaza exterior hay que reaccionar. No digo mandar tropas fuera.

¿Ni siquiera para luchar contra el IS?
    Interviene militarmente el que puede, no el que quiere. Y si además nosotros no queremos, no sé si tiene mucho sentido plantearlo.

¿Se puede considerar una guerra los ataques del terrorismo islámico en Europa?
    Sí que lo es. Pero es una guerra en la que no se puede luchar con tropas ni divisiones, hay que luchar de otra forma, con inteligencia, en las dos acepciones, con medios y con dinero. Pero lo más grave es que la idea extendida es que no hay ningún motivo para tener que defenderse. Eso es gravísimo.

Ha denunciado en varias ocasiones la condena ciega y en bloque de la colonización americana.
    Es culpa nuestra por no haber sabido contrarrestarlo con los medios que tenemos, y los que tenemos desgraciadamente no se dedican a eso. Cuando uno va a América se da cuenta de hasta qué punto fue una acción magnífica, ciclópea, de una grandeza enorme. El establecimiento de ciudades, el trasplante de cultivos, de acá para allá y de allá para acá, de fauna, la fundación de instituciones culturales, de sociedades de amigos del país, de canales comerciales, de arte, de cultura criolla... Y es sintomático que los florecientísimos virreinatos de México y de Perú al día siguiente de la independencia se hundieron. El siglo XIX es el siglo de la caída del PIB de lo que había sido Hispanoamérica. Hasta final del siglo no recuperan el nivel que había tenido antes de la independencia.

¿Cómo ve el estado de la Universidad española?
    No es justo decir que todos los profesores son unos incompetentes y que ninguna de nuestras universidades figura entre las 200 mejores del mundo, como se repite tanto. Es injusto, porque los criterios con los que se hacen esos baremos los hacen los mismos tipos de Hong Kong y de Harvard, con arreglo a sus criterios y a sus propios intereses. Hay determinados departamentos de algunos centros muy buenos. El problema es que la universidad española se masificó a partir de los años 70 de una manera terrible, y hoy hay tal cantidad de alumnos y tal cantidad de profesores que no es funcional. No es lógico que España, con la mitad de población que Alemania, tenga porcentualmente el doble de universitarios, pero está mal visto decir que hay que poner 'numerus clausus' y que hay que reducir el número de estudiantes, el número de profesores y el número de universidades. Yo creo que hay que reducirlo. Por otra parte, el Estado autonómico, entre otras grandezas, nos ha traído que cada autonomía y luego ya cada provincia tienen que tener un aeropuerto, el AVE... y una universidad, como mínimo, y a veces incluso una editorial propia.

España es un país poco interesado por la cultura.
    El hundimiento del conocimiento es un problema a escala global. En la cuestión cultural, quizá haya que ayudar, la idea de que no se puede subvencionar la cultura es culpa de la derecha liberal. De esa forma te cargas un montón de cosas, por ejemplo, todas las academias, menos la de la Lengua, por el diccionario. Si no ayudas a que se mantengan determinadas cosas, mueren. Y hay un monocultivo de subcultura anglosajona que nos está comiendo por completo.

Fuente:
http://www.elmundo.es/opinion/2017/09/02/59a9a691e5fdea86788b45ab.html
Fotografía: Angel Navarrete.

domingo, 30 de octubre de 2016

EL RÉGIMEN DE 1978

La investidura
Luis Barragán


Pudimos combatir el insomnio de una de estas noches, atentos al debate suscitado por la investidura de Mariano Rajoy. En realidad, un careo entre el entonces aspirante a presidir el gobierno y sus adversarios, afortunadamente, ventilado por las redes sociales.

Naturalmente, hay diferencias entre la oratoria parlamentaria española y la nuestra. Allá hay más de espontánea conversación, colándose  - a veces – un agudo sentido del humor, mientras que, acá, a pesar del reducido tiempo disponible, la viva tentación es la del gesto grandilocuente, la palabra exaltada, carcomida la profundidad frecuentemente por la banalidad de las consignas: solemos pecar al respecto, aunque – es necesario reconocerlo – por varios lustros la normalidad se ha declarado en fuga en el Capitolio Federal.

Inexpertos en la materia, no pretendemos un análisis pormenorizado y vanidoso de la política española. Empero, luce evidente la existencia de una democracia ibérica que, al menor descuido, pueden perder.

Las intervenciones de Pablo Iglesias apuntan a la aparentemente inocente demanda de justicia social que, siendo razonable, en sus manos constituye una segura promesa de lo que acá realizaron sus financistas hasta llegar a una – antes – inimaginable crisis humanitaria, con un inaguantable saldo de muertes violentas al año. La huelga general es una oferta que dice ponerlo en solfa con una tradición de izquierda, por cierto, tan noble como villana, propia de toda tradición que se respete, confiscando un lenguaje que ya contamina, con provecho de los sentimientos autonómicos: recordemos, Chávez Frías era el campeón de los derechos humanos, civiles, laborales, ambientales, estéticos, deportivos y, en fin, hoy el costo de reivindicarlos se traduce en persecución y represión.

Inevitable referirse, por una parte, a la quiebra del PSOE, el mismo del otro Iglesias, Largo Caballero, Indalecio Prieto y Felipe González, sumergido en una crisis a la que, entre otros, Rodríguez Zapatero aportó y remató. Y, por otra, el despliegue feroz de la antipolítica que también desea hacer añicos al régimen de 1978, como le llaman, sin reconocerle un ápice de virtud.
31/10/2016:
http://www.radiowebinformativa.com/opinion/la-investidura-luis-barragan

sábado, 24 de septiembre de 2016

DESILUSTRADOS

EL PAÍS, Madrid, 25 de septiembre de 2016
 PUNTO DE OBSERVACIÓN
La era de la política posverdad
Abundan los políticos que no se preocupan por si lo que dicen tiene relación con la realidad
Soledad Gallego-Díaz

En abril de 2010 una revista norteamericana humorística llamada Grist, especializada en información medioambiental, publicó un artículo en el que, por primera vez, se hablaba de “política posverdad”. El inventor del término, David Roberts, se refería a los políticos que negaban el cambio climático, pese a toda la evidencia científica que existía al respecto. Han pasado seis años y la expresión “época posverdad” está presente en multitud de análisis en medio mundo. Se está utilizando la mentira en política de una manera más intensa y con mayor capacidad de penetración que nunca, advertía The Economist en un reciente editorial.
¿Mienten los políticos más que nunca? No cabe duda de que los políticos han tenido siempre una relación peculiar con la verdad. Pero una cosa es exagerar u ocultar, y otra, mentir descarada y continuadamente sobre los hechos. Personajes políticos como Donald Trump o como algunos de los protagonistas de la campaña del Brexit no han sido muy frecuentes en la historia de las democracias o, por lo menos, no han llegado a puestos de responsabilidad tan grandes. Cada vez más políticos se incorporan a la época posverdad, sin que los medios de comunicación hayan sido capaces de frenar ese avance ni las opiniones públicas sean capaces de castigar esa actitud, tal vez como consecuencia de lo anterior.
Abundan los políticos que no se preocupan por si lo que dicen tiene relación con la realidad. En España, por ejemplo, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha negado en numerosas ocasiones hechos sobre los que existía total certeza. Ya no se trata solo de una característica peculiar de una persona concreta, sino de una táctica, una manera de enfocar la relación con los ciudadanos en la que lo que se dice, se mantiene y reafirma puede ser absolutamente mentira, sin que eso tenga la menor relevancia. La negación absoluta de los hechos, de los datos y de la evidencia, sin la menor precaución ni decencia, está a la orden del día en conferencias de prensa, comparecencias públicas y discursos ante Parlamentos o instituciones.
El inventor del término, David Roberts, se refería a los políticos que negaban el cambio climático, pese a toda la evidencia científica que existía al respecto
¿Por qué no reaccionan los ciudadanos? Hace ya tiempo que se sospecha que los votantes no se inspiran por los principios de la Ilustración, decía Roberts; no reúnen datos, sacan conclusiones y eligen después al partido que más se acerca a esas conclusiones, sino que proceden de manera totalmente distinta. Primero eligen tribu, después adoptan los principios de esa tribu y finalmente eligen aquellos datos que apoyan esas posiciones, despreciando todos los demás.
¿Qué ha pasado con el dictamen de los expertos? Se suponía que los ciudadanos, y los periodistas, que en muchas ocasiones no están en condiciones de decidir inmediatamente si algo es verdad o mentira, recurrirían a los expertos para desenmascarar a los mentirosos. Pero en esta época posverdad, los expertos han puesto tantas veces su ideología o su soberbia por encima de cualquier otra cosa que los ciudadanos y periodistas desconfían de ellos como nunca antes. ¿Acaso no declararon verdades científicas cosas que poco después se demostraban equivocadas? El posicionamiento de las instituciones tampoco sirve para contrarrestar la época posverdad, porque en muchas ocasiones esas instituciones han sido capturadas por poderes financieros que tampoco tienen reparo en negar frontalmente la realidad.
La lucha contra la política de la posverdad empieza, sin embargo, a tomar forma, ayudada por decisiones como la de The New York Times, que ha renunciado al famoso principio periodístico de dar dos versiones enfrentadas y equivalentes. Por primera vez, el diario tituló el otro día en primera página que Trump era un mentiroso. No se trata de decir a la gente lo que debe pensar, explicó el director del diario; se trata de decir quién miente.

Fuente:
http://elpais.com/elpais/2016/09/23/opinion/1474647422_293415.html

sábado, 2 de marzo de 2013

VARIAS VECES, MAQUIAVELO

EL PAÍS, Madrid, 2 de Marzo de 2013
LA CUARTA PÁGINA
Maquiavelo, nuestro contemporáneo
Hace quinientos años, terminó un pequeño tratado, ‘El Príncipe’, que sigue conservando su influencia intacta: nadie supo distinguir con tanta nitidez cómo funciona de hecho la política y cómo nos gustaría que lo hiciera
Fernando Vallespín

Hace 500 años, en el otoño-invierno de 1513, un apesadumbrado Maquiavelo, exiliado en su finca de Sant’Andrea tras la caída de la república florentina, consiguió escribir lo que acabaría siendo uno de los más grandes libros de la historia de la teoría política, El príncipe. Era un pequeño tratado de no más de 30.000 palabras en el que se hablaba de los diferentes tipos de principados y de los atributos que deben acompañar a los hombres de Estado. A los ojos de hoy, tanto el estilo como la continua sucesión de ejemplos históricos no ofrecen una lectura fácil. Esto contrasta, sin embargo, con la vigencia que desde entonces siguen teniendo sus principales mensajes. Ya se sabe, un clásico es un autor del pasado con el que dialogamos como si fuese un contemporáneo, alguien que sigue presente entre nosotros a pesar de la distancia temporal que se abre entre su tiempo y el nuestro. Seguramente porque todavía tiene algo que decirnos y sigue siendo escuchado cuando abordamos ciertos temas o nos adentramos en algunos problemas o discusiones.
Las cuestiones centrales del libro giran todas en torno al poder. Es un perfecto manual de las técnicas de poder, y de cómo toda acción política debe ser evaluada en función de su capacidad para obtenerlo y mantenerlo, no de su ajuste más o menos cabal a los imperativos de la moralidad. Lo que importa es el éxito a la hora de buscar este objetivo, y aquel condiciona la naturaleza de los medios que sean necesarios para alcanzarlo. “El que quiere el fin debe querer los medios”, que diría Nietzsche. Y los medios que se requieren para el sustento y la protección del Estado —o la conservación del poder por parte del príncipe— no siempre se prestan a los dictados de la acción moral. Es más, si un gobernante no está dispuesto a renunciar a la moral cuando las circunstancias así lo exijan, más vale que se dedique a otra cosa. “Un príncipe que quiera mantenerse como tal debe aprender a no ser necesariamente bueno, y usar esto o no según lo precise”. Vicio y virtud serían así categorías de la moral, no de la política. Porque la política exige mancharse las manos, es irreconciliable con una visión de la realidad en la que la acción moral siempre nos ofrece una alternativa a lo que se impone como necesario, que haya algo así como una armonía entre principios éticos y las consecuencias específicas derivadas de aplicarlos .
Es un perfecto manual de las técnicas del poder y nada tiene que ver con imperativos de moralidad
A la vista de esto, no es de extrañar que Maquiavelo fuera visto desde siempre como el “maestro del mal” (L.Strauss), como un a-moralista a quien había que combatir por todos los medios. El cardenal Pole llegó incluso a decir que su libro había sido escrito “por la mano de Satanás”. Otros lo absuelven, porque en sus Discursos, el tratado sobre las repúblicas que comenzara a escribir en ese mismo año de 1513, cambia de perspectiva y traslada el fin de la acción política desde la conservación del poder del príncipe al vivere civile y libero republicano, y subraya la necesidad del apoyo del pueblo como fundamento de la fuerza del gobernante. Aunque, todo sea dicho, con ello no cambia lo más sustancial de su enfoque. La razón de Estado sigue presente —si está en peligro la patria deja de constreñirnos la moral y el derecho—, y, sobre todo, sigue manteniendo que la política, aun bajo condiciones republicanas, no nos enfrenta a un mundo reconciliado. La maldad del hombre es inextricable —“un hombre olvida antes la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio”— y nunca podremos liberarnos del engaño y la mentira como medios fundamentales de la acción política.
Maquiavelo nos ofrece, en efecto, una política exenta de moralina, que diría Nietzsche, y ha pasado a la historia, como el primer realista político. Nadie supo distinguir con tanta nitidez la distancia que se abre entre cómo funciona de hecho la política y cómo nos gustaría que lo hiciera. Su mensaje no puede ser más meridiano, la política siempre es estratégica, siempre ha de vérselas con actores que tratan de maximizar sus intereses con todos los medios a su alcance, y ninguno de ellos hace aspavientos a los instrumentos que sean necesarios para alcanzarlos. Es preciso observar, sin embargo, que al presentarnos este dato fundamental de lo político, nuestro autor contribuye a desvelarnos la naturaleza profunda del poder, desprovista ya de mitos e ideologías legitimadoras, su rostro desnudo. Y, como ya observaba Gramsci, esto es lo que nos permite actuar para eludir sus peores consecuencias y buscar “otra política”.
La constatación de que Maquiavelo en eso tiene razón es, en definitiva, lo que nos ha llevado a diseñar todos los diques posibles para evitar que la razón de Estado o la persecución del interés propio, tanto por parte de los gobernantes como de los grupos de interés, traspase ciertos límites. Esa ha sido la labor tradicional de la democracia y de las instituciones del Estado de derecho. Hoy, junto con la exigencia de ética pública, funcionan como algunos de los condicionantes externos de la acción política. Exactamente igual que eso que teorizaba en su libro cuando se refería a la necessitá o la fortuna.
Mostró que lo importante es el éxito de la acción y no su adecuación a unos principios determinados
La virtú del gobernante no solo consiste en saber operar bajo esos condicionantes, sino en tener conciencia también de cuál es la qualità de’ tempi, las peculiaridades de cada contexto y el estilo de gobierno que encaja con ellas. En este sentido, la política de los drones de Obama sería más maquiavélica que la de Guantánamo o de las empresas bélicas de Bush. En ambos casos, el fin, la seguridad, condiciona los medios, pero una es mucho más aceptable para la moralidad pública de un país como Estados Unidos que otra y, por tanto, más eficaz. El fin se impone a pesar de su inmoralidad, pero unos son más digeribles para las “circunstancias del tiempo” que otros. Como se ve, lo importante es el éxito de la acción, no su adecuación a principios. O, desde otra perspectiva y por quedarnos en nuestro país, las nuevas medidas dirigidas a evitar la corrupción, que son una respuesta a la tendencia de un sector de la clase política a perseguir sus propios intereses a expensas del interés público, responden a una clara presión ciudadana para imponer un nuevo dique a los políticos. Maquiavelo diría que lo hacen más por ser reelegidos que porque crean en ellos, pero lo que importa a la postre es que existan y constriñan su acción.
Sea como fuere, el mensaje fundamental de Maquiavelo es que el punto de partida de lo político debe ser siempre la necesidad de atender a las consecuencias de las decisiones políticas, una variante, mucho más cruda, de la ética de la responsabilidad weberiana. El problema estriba en que —sin caer en el hipermoralismo— seamos capaces de escoger los medios, que aun permitiéndonos la consecución de un fin concreto, no atenten contra lo que deben ser los objetivos fundamentales de nuestra vida en común y dotan de identidad y sentido a la vida democrática, el vivere civile e libero adecuado a nuestra época. Es algo que no podemos ignorar en estos momentos en los que casi todo vale con tal de salir de la crisis económica, el fin hipostasiado, o en el que los presupuestos básicos de la ética pública aparecen hechos jirones. Puede que el mal no pueda ser erradicado de la política, pero lo que está claro es que el mejor antídoto contra el burdo maquiavelismo es una ciudadanía vigilante con capacidad para la reflexión y la crítica. No podemos olvidar que, como decía el profesor Del Águila, uno de nuestros mayores expertos sobre Maquiavelo, al final “somos nosotros quienes trazamos la línea de lo intolerable”.

EL PAÍS, Madrid, 30 de Octubre de 2009
Las batallas internas en el PP
Maquiavelo escribe a Rajoy
FERNANDO VALLESPÍN 

Caro Mariano:
En mi época no tuve ocasión de conocer a ningún gallego. Lástima, porque dicen que son tan políticos como los florentinos, pero que, a diferencia nuestra, gustan de ocultar su enfrentamiento con la realidad detrás de la ironía. Ah, la ironía y el gusto por las frases que dicen sin decir lo que dicen. ¡Qué desperdicio en un país marcado por la rústica simplicidad mesetaria de Castilla! Sin embargo, observo con sorpresa que una representante de esa aparente simplicidad sigue mejor que tú mis dictados.
Lejos de ser una irresoluta, como es tu caso, ha sabido deshacerse sin titubear de todos aquellos colaboradores que iban siendo señalados por la trama de nombre teutónico. No contenta con ello, no ha dudado tampoco en tratar de tomar el control de uno de los principales medios de poder de ese mundo vuestro. En el momento en el que te escribo no sé todavía si lo habrá conseguido, pero al menos hay que reconocer que ha sido consecuente. Quien quiere el fin, conservar y ampliar el poder, debe querer también los medios.
Si consigues afirmarte en tu partido y limpiarlo de corrupción lograrás una oposición fuerte
más información
Rajoy se harta del caos en el PP
Ha logrado también que la incontinencia y precipitación verbal de uno de tus escuderos la ubique en la situación que menos te conviene: transformar lo que comenzó siendo un pulso o desafío directo a tu autoridad en una situación de agravio. Ahora estás ante la necesidad de quemarte en una doble decisión, la de la presidencia de la Caja y la solución del agravio. Y esta supuesta ofensa ha dado alas también a tus propios enemigos mediáticos dentro de la derecha, deseosos de movilizarse en tu contra por persona interpuesta; en este caso, el jefe del locuaz escudero. Te ha colocado, en suma, ante el peor de los escenarios, ante un inusitado aumento de los costes de la decisión, que pasa por lo que más debería evitar un líder, la negociación con sus supuestos subordinados.
Todo comenzó en Valencia. ¡Quién diría que es la tierra originaria de mis admirados Borgia, en particular el hijo del papa Alejandro VI, el malhadado César! Bien es verdad que los actuales políticos valencianos no tuvieron la escuela de las intrigas vaticanas, aunque no les faltara el mismo gusto por la intemperancia, la molicie y el lujo. Allí, y en ese preciso momento, a pocos líderes les ha ofrecido la fortuna, siempre voluble y caprichosa, una mejor ocasión de afirmar su liderazgo. ¿Qué mejor oportunidad para hacerlo que unido, además, a la persecución de un fin noble, el combate de la corrupción? Pero como no me he cansado de decirlo en su día, la violencia -en vuestras más civilizadas circunstancias, los ceses-, hay que ejercerlos "de un golpe" y a todos los implicados, sólo así es ejemplarizante.
No lo hiciste, actuaste a medias. Es posible que exigir la cabeza del más alto representante del poder valenciano te pareciera cruel, siendo un fiel aliado, pero es un caso más de buen uso de la "crueldad". Ya sabes, un político tiene que aprender a no ser "bueno". Lo que importa son los efectos políticos que produce su acción. De haberlo hecho te hubieras blindado frente a las ulteriores consecuencias del caso Gürtel y, ¡qué duda cabe!, hubieras ganado en autoridad y en favor popular. Pues en vuestras sociedades democráticas se habla mucho de fomentar el debate interior en los partidos, de permitir las disidencias internas, pero luego se penaliza a aquellos que dan la imagen de división interior. Hubieras ganado también la apariencia de ser un líder resolutivo, algo inestimable en estos momentos de crisis que os acechan. Por no mencionar el precedente, que ahora te sería tan útil, de haber sabido disciplinar los excesos del poder territorial de tu partido.
Todo esto puede parecerte una cínica exhibición de economía del poder. Lo es, sin duda. Si conoces bien mi obra, sabrás que, aparte de advertir de la complejidad del mundo de la acción política, he sentido siempre también una sincera preocupación por los valores de la ciudadanía y porque el gobierno cuente con el favor popular.

Mi consejo parte, precisamente, de esta inquietud por el bienestar general, que en este caso coincide con tu interés personal. Si consigues afirmarte en tu partido y limpiarlo de toda sombra de corrupción conseguirás también lanzar un nítido mensaje de tolerancia cero ante ella. Y, sobre todo, habrás permitido que tu país cuente con lo que es una necesidad ineludible de todo sistema democrático, una oposición fuerte y viable. Mucho me temo, sin embargo, que tu adversaria viene siendo una lectora mucho más atenta de mis escritos.
Afectuosamente, Niccoló Machiavelli.

EL PAÍS, Madrid, 17 de Enero de 2013
TRIBUNA
Sin palabras
El sistema bascula entre dirigentes sin alma y ciudadanos sin esperanza
Hay que resetear la democracia para evitar su corrupción definitiva
Fernando Vallespín 

De no haber sido demasiado extravagante, hubiera dejado esta columna sin texto, con el título desnudo sobre la caja que la acompaña, en blanco. Porque ya no nos quedan palabras a través de las cuales manifestar nuestra perplejidad e indignación ante la proliferación de tantos casos de corrupción, ante el espectáculo de una información política en la que cada día nos desayunamos con nuevos asuntos de políticos que se valen o se han valido de sus cargos para el beneficio económico propio o de su partido. Hasta ahora siempre hemos tenido mucho cuidado en diferenciar nítidamente entre unos u otros supuestos, entre los muchos que tienen una actitud ética y ejemplar y quienes denigran a su profesión. Hemos procurado advertir de que las prácticas desviadas eran la excepción y que determinados supuestos aislados no podían proyectar una visión unívoca de la política, que el hartazgo y el descreimiento general que se destilan ante todo lo político no podía, no debía, contaminar la legitimidad del sistema democrático como un todo. Pero ya apenas sabemos cómo hacerlo. Hemos entrado en una fase en la que, en efecto, es tan grande el desánimo que sobran las palabras, que estas se nos antojan huecas y vacías de tanto ser reiteradas. Estamos, como diría Sandor Marai, en uno de esos momentos en los que “las palabras se han vuelto inútiles, como los monumentos... se han convertido en ruido... su sonido se ha distorsionado, como cuando las gritan a través de un altavoz”.
Sí, no es el momento de las palabras, es el momento de la acción. Este país requiere una catarsis ética. Tanto o más que salir de la crisis económica. Precisa poder volver a confiar en aquellos que nos representan y que se erigen en portavoces de los intereses de todos. El problema es que aquellos destinados a llevarlo a la práctica han consumido el crédito del que hasta ahora gozaban, y una nueva clase política no se improvisa. Desaparecida la confianza, el más valioso de los intangibles en la política democrática, el sistema aparece desnudo y escindido entre unos dirigentes sin alma y una ciudadanía sin esperanza. El paisaje se nos antoja desértico y sin ningún oasis a la vista. Y bajo estas condiciones de poco sirve esperar que la redención venga por la vía de la recuperación económica. No, el problema es estructural, ya no se arregla con medidas cosméticas.
La crisis ha tenido el efecto de haber desenmascarado todo un conjunto de prácticas y componendas entre determinadas élites que bajo otras condiciones quizá hubieran pasado desapercibidas. Ha vuelto a poner en el centro del debate político el paradigma de la redistribución, la cuestión de quién se queda con qué parte de los recursos sociales, la justicia distributiva. Ha provocado una nueva re-politización de la desigualdad, algo inevitable en momentos de escasez y en los que los más menesterosos están cargando también con los mayores sacrificios. Una de sus consecuencias más inmediatas ha sido la toma de conciencia del dispendio de dinero público, su uso abusivo para satisfacer a clientelas electorales. A eso lo podemos calificar como gestión imprudente e interesada, aunque en sí misma no fuera la expresión de prácticas corruptas. Pero ahora sabemos también, si es que alguna vez lo ignoramos, que ha habido otra utilización de posiciones de poder y autoridad, con clara transgresión de la ética pública más elemental. Muchas veces asociada, además, a esa disposición tan libérrima de los recursos de todos.
Lo que comenzó en perplejidad acabó en indignación para desembocar después en una situación próxima al nihilismo político. Y la gran cuestión que se abre es cómo se va a encauzar este descontento, el indudable malestar provocado por la sucesión de escándalos que están salpicando la política española. Volvemos a la pregunta de antes. ¿Ahora qué? ¿Cómo se sale de una crisis moral e institucional que pone en cuestión los fundamentos mismos sobre los que se sustenta el sistema democrático? En sus Discorsi, el viejo Maquiavelo creía tener una respuesta para estos supuestos de “crisis de la república”: emprender su rinovazione mediante la búsqueda de un nuevo comienzo. En el lenguaje más vulgar de nuestros días, hablaríamos de resetear la democracia, de arrancar de nuevo el motor que le dio origen y aplicar las reformas necesarias dirigidas a evitar su corrupción definitiva. Para ello, siempre según el autor florentino, debería volverse al espíritu y las virtudes que permitieron hacerla durar, y restablecer los consensos sobre los que se erigió. Sin nostalgias, pero sí con la firme convicción de que es una tarea de todos y para todos. O sea, un nuevo pacto constitucional.

martes, 23 de octubre de 2012

VENTANAS

DIARIO DE LEÓN, 21 de Octubre de 2012
Polémica por el uso de un avión oficial para que Rajoy diera mítines
El presidente, que en la oposición atacó con dureza a Zapatero, se desplazó desde Bruselas a Vigo en un Falcon.
Antonio Montilla

IU pedirá por escrito al presidente del Gobierno que explique por qué utilizó un avión oficial para desplazarse a dos mítines del PP en Galicia.
Mariano Rajoy criticó con dureza al ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero durante los casi ocho años que ejerció de jefe de la oposición por utilizar aviones de propiedad del Estado para asistir a actos de partido. El presidente del Gobierno, diez meses después de llegar a la Moncloa, sigue los pasos de su antecesor. Rajoy empleó el viernes uno de los Falcón 900 oficiales para volar desde Bruselas, donde asistió al Consejo Europeo, hasta Vigo, para participar en dos mítines del PP y arropar al candidato popular a la presidencia de la Xunta de Galicia, Núñez Feijóo, durante el cierre de la campaña electoral.
Rajoy despegó del aeropuerto belga pasadas las dos y media de la tarde y aterrizó en Galicia dos horas y media después. Allí se bajó junto a parte de sus asesores y escoltas. Otra parte de la comitiva —en este tipo de aparato caben sólo 14 pasajeros— continuó viaje hasta Madrid
El 29 mayo del 2009 Rajoy calificó de «prepotente» a Zapatero por desplazarse en un avión oficial desde Madrid a Asturias para acudir a un mitin del PSOE. Ese mismo día, el líder del PP desveló que Zapatero tenía previsto recurrir a otro aparato del Ejército español para estar presente en un acto de partido en Gran Canaria.
«Si eso se confirma es burla tras burla y es reírse de los españoles, mofarse de los contribuyentes, y es una prueba de prepotencia impropia de un gobernante democrático en el siglo XXI», sentenció. El PP denunció entonces que cada viaje del Falcon tenía un coste superior a los 15.000 euros.
«No se puede comparar»
Fuentes del Gobierno aseguraron ayer que no se pueden comparar ambas conductas. A su juicio, Rajoy regresó a España tras tres días participando en actos internacionales —uno en Rumania, donde asistió a una reunión del Partido Popular Europeo y mantuvo un encuentro bilateral con la canciller Angela Merkel— y optó por ir a Vigo en vez de a Madrid, mientras que el ex presidente socialista recurría a aviones del Estado para desplazarse específicamente desde la capital de España a actos del PSOE.
Vuelta en avión regular
El mismo portavoz quiso enfatizar que el domingo Rajoy regresará desde Vigo a Madrid en «avión regular» pagado por el partido y no por el erario público.
Cuando el PP estaba en la oposición reclamó al PSOE que abonase las facturas de los viajes en los que Rodríguez Zapatero hubiese usado bienes públicos para actos de partido.


Breve nota LB: El caso no está ya en que tenga su propio chupadólares, sino que es es legítima la polémica, la separación entre las funciones oficiales y las proselitista, el derecho que tiene a defenderse y el que tiene la ciudadanía de interpelar....

Fotografíahttp://www.vozpopuli.com/impresion/14605-solo-los-banquetes-del-avion-presidencial-cuestan-21-000-euros-al-mes

miércoles, 19 de septiembre de 2012

FIEBRADURA

EL PAÍS, Madrid, 19 de Septiembre de 2012
LA CUARTA PÁGINA
Pacto sin concierto, para bajar la fiebre
Mariano Rajoy y Artur Mas, que se entrevistan mañana en La Moncloa, coinciden en una sola cosa, que es ahora muy importante: que no deben tomar decisiones precipitadas que sean irreversibles
Patxo Unzueta 

El gran hallazgo de Artur Mas no ha sido descubrir la funcionalidad del independentismo como instrumento de presión, que forma parte del libro de estilo de todos los nacionalismos, sino haber identificado una causa simple y clara de los males que aquejan a la sociedad catalana y en particular al sector social, las clases medias, más directamente representado por CiU. Si el Gobierno catalán tiene que cerrar quirófanos, reducir horas lectivas, recortar ayudas a guarderías, despedir empleados públicos, es porque otras comunidades se benefician de una parte desproporcionada del dinero que España recauda en Cataluña. El “Madrid nos roba” con que sintetizan su visión muchos manifestantes catalanes recuerda al “Roma ladrona” de la Liga Norte italiana. Para remediar esa situación el nacionalismo catalán plantea dos opciones: el soberanismo fiscal, según el modelo del Concierto vasco, o la independencia.
Hace un cuarto de siglo, José Álvarez Junco resumió los efectos que para el discurso y el liderazgo nacionalista tiene la identificación de un culpable exterior de lo que va mal: une a los propios, convenciéndoles de que existe una animadversión generalizada contra lo nuestro, legitima a la élite gobernante, proporciona explicaciones sencillas de problemas complejos: el Govern solicita una ayuda de 5.000 millones al Fondo de Liquidez Autonómico y su portavoz lo presenta como reclamación de un dinero que en realidad pertenece a los catalanes.
Una característica de la ideología nacionalista es que permite tratar los asuntos de dinero como cuestiones de principio. Para no tener que mendigar nunca más, la solución es que la Generalitat recaude y gestione todos los tributos generados en Cataluña. Esto es lo que, con el nombre de pacto fiscal, se propone plantear mañana Artur Mas a Rajoy en La Moncloa. Pero entremedio se ha cruzado la manifestación por un Estado catalán. La propia magnitud de la demostración ha arrastrado al president a comprometerse en la vía rupturista más allá, y sobre todo más pronto, de lo que seguramente tenía previsto; y le enfrenta ahora al dilema entre ponerse al frente de la misma o frenarla.
¿Podría un partido como CiU y un presidente como Mas —que no es un José Martí, un Rizal— liderar una marcha hacia la ruptura definitiva con España impulsada por un movimiento asambleario y que necesariamente tendría que transcurrir, al menos en parte de su recorrido, por vías ilegales (como mínimo, de desobediencia civil)? La historia de Cataluña, sobre todo los años treinta del pasado siglo, ilustra la dificultad del empeño. Si se va por esa vía serán otros quienes la dirijan. Y sería subestimar a Mas suponer que no es consciente del callejón en que puede meterse si con al menos la mitad de la población catalana en contra se adentra en lo que él mismo llamó “lo desconocido”: la vía hacia la separación.
Exigir que los territorios pobres no reciban más ‘per cápita’ que los ricos no tiene justificación clara
En estas condiciones, ¿qué puede decirle Mariano Rajoy a su interlocutor? La propuesta que le planteará Mas tiene de entrada la dificultad de que no permite una negociación en términos cuantitativos, como las que planteaba Pujol padre. Podría discutirse (otra vez) de ajustes en el modelo de financiación, buscarse compensaciones en terrenos como el peaje de las autopistas (en Gipuzkoa acaban de establecer un sistema de subvención) y quizás en las inversiones estatales en la comunidad. Pero la fórmula de extender el concierto / convenio vasco y navarro a Cataluña no solo es inviable por razones constitucionales (la disposición adicional primera limita su aplicación a los territorios forales), sino también políticas. Como ha explicado Ángel de la Fuente, el experto más conocido en financiación autonómica, en el número del mes pasado de la revista Claves, “la equiparación de Cataluña con el País Vasco en términos de financiación por habitante exigiría unos recursos adicionales de más de 16.000 millones de euros que habría que detraer del resto de las comunidades de régimen común, lo que supondría reducir la financiación de estas en algo más del 12%”. Ningún Gobierno español podría aceptar algo así sin deslegitimarse radicalmente.
Otro experto, este catalán, Antoni Zabalza, que fue secretario de Estado de Hacienda en Gobiernos de Felipe González, explicaba en este periódico (9-11-2011) que la “anomalía” de los conciertos vasco y navarro era soportable para el sistema por la relativamente pequeña dimensión de esas comunidades, que aportan entre ambas el 8% del PIB español; mientras que si se sumase el 18,6% que supone Cataluña se vería afectado el 27% del PIB nacional, lo que implicaría ya una considerable distorsión a la necesaria autonomía de la jurisdicción central para cumplir sus responsabilidades constitucionales (incluyendo la de garantizar el principio de igualdad).
La manifestación de la Diada ha arrastrado al president a comprometerse en la vía rupturista más allá y, sobre todo, más pronto
Ese principio implica que las comunidades más ricas transfieran recursos a las que lo son menos a través de los mecanismos establecidos. Eso es considerado por los teóricos del soberanismo como prueba del “expolio fiscal” de Cataluña, pero es algo que ocurre en todos los sistemas federales modernos. Como ha recordado recientemente José María Ruiz Soroa (El Correo, 2-9-2012), tener déficit fiscal no es “un expolio, ni un robo, ni algo injusto, sino la expresión de la justicia fiscal progresiva”. A nadie que paga más impuestos de lo que cuestan los servicios públicos que recibe se le ocurriría salir a la calle gritando “tengo un déficit fiscal personal”, dice Ruiz Soroa, para concluir que si las diversas comunidades tuvieran todas un saldo fiscal igual a cero “podríamos afirmar que estamos ante un Estado radicalmente injusto e insolidario que incumpliría sus funciones más básicas”. Cataluña contribuye a la Hacienda común en mayor medida que otras porque es más rica que ellas, o sea, porque hay en su población más contribuyentes ricos.
Lo mismo ocurre en Alemania, donde tres Länder, más la ciudad de Hamburgo, contribuyen a la financiación de los otros 12, que están por debajo de la media en ingresos per cápita. El artículo 107 de su Constitución establece que “se garantizará mediante ley que quede debidamente compensada la desigual capacidad financiera de los Länder”. Pero es cierto que una ley aprobada en aplicación de ese precepto fue recurrida en 1999 por el estado de Baviera ante el Tribunal Constitucional, que resolvió prohibir decisiones que implicaran que “el orden de capacidad financiera de los Länder quede invertido después del reparto” de los fondos de compensación. Ese principio figuraba en el nuevo Estatut, pero el Constitucional lo echó abajo argumentando que tal medida correspondería en su caso a la jurisdicción estatal, no a la de una parte, la comunidad autónoma.
Un Land puede mejorar posiciones en el ranking, pero no desbordar a uno de los contribuyentes netos en el resultado final. Es una virguería reveladora de la mentalidad algo mezquina de quienes lo plantearon en esos términos: exigir que los Estados pobres no reciban más ingresos por habitante que los que son contribuyentes netos no tiene una justificación moral o política clara. En todo caso, tranquiliza a los catalanes saber que no son los únicos afectados por esa obsesión.
Según datos de la Generalitat, Cataluña es la tercera comunidad en recaudación y la octava en financiación por cabeza, tras su aportación a la solidaridad. Pierde por tanto cinco puestos. Las otras dos comunidades que son contribuyentes netas, Baleares y Madrid, pierden respectivamente siete y nueve posiciones. El hecho de que afecte a esas otras dos comunidades podría tal vez propiciar una negociación que ya no sería solo sobre Cataluña, sino sobre la adecuación del sistema de financiación a las condiciones de la crisis. De la reunión podría salir el encargo de un informe técnico independiente que actualice datos e incluya los relativos a las balanzas comerciales entre comunidades, inseparables del debate sobre las balanzas fiscales.
Serviría al menos para ganar tiempo y bajar la fiebre independentista que tanto preocupa a los dos interlocutores. Un punto de partida para entendimientos posteriores sería que ambos se sincerasen y Rajoy reconociera que su mayor error como jefe de la oposición fue promover la recogida de firmas contra el Estatut; y que Mas admitiera que no fue menor el suyo de firmar ante notario su compromiso de no pactar nunca con el PP (el partido que le ha permitido aprobar los presupuestos para este año, y que seguramente no lo hará para el siguiente, lo que pondrá al president en la tesitura de pactar con Esquerra, seguramente la hipótesis que menos desea, o convocar elecciones anticipadas antes de fin de año).

Ilustración: Tomás Ondabra.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

ESTERTORES

EL PAIS, Madrid, 22 de Julio de 2012
LA COLUMNA
La pérdida de lo simbólico
El argumento económico ahoga cualquier otra consideración y sirve de coartada para que el que gobierna eluda sus responsabilidades
Josep Ramoneda 

Cuando los que tienen la autoridad política se acomodan en una situación de fractura social en nombre de la necesidad económica, el Estado no aparece más que como gestor de la empresa nacional. Los políticos son los primeros responsables de la pérdida de lo simbólico. Cuando el poder no se refiere simbólicamente más que al polo de ley, a un conjunto de instituciones que solo sitúa en el marco de la funcionalidad, la sociedad no solo se descompone en una red de interrelaciones entre individuos, sino que se hace cada vez más opaca y suscita el engaño”.
La cita es del filósofo francés Claude Lefort. Cuando lo simbólico decae, la política desaparece, la democracia es simplemente un ritual sin alma, la sociedad se deshilacha contaminada por el miedo y el recelo. Es un retrato de la situación en la que estamos: el argumento económico ahoga cualquier otra consideración y sirve de coartada para que el que gobierna eluda sus responsabilidades. “Es lo que hay que hacer” y “no se puede hacer otra cosa”, aquí empieza y termina todo el discurso del PP. Sin alternativa, todo se embrutece. El ministro Montoro ha llevado esta actitud a las más altas cotas de indignidad al justificar la amnistía fiscal porque hay que recaudar. O sea, que el fin —recaudar— justifica cualquier medio, por ejemplo, la máxima deferencia con los defraudadores. Con un Gobierno que no tiene otra política que dejarse arrastrar, vivimos en el grado cero de la política y de la moral. Recaudar y recortar es lo único importante, este es el horizonte ideológico al que está sometida la ciudadanía española. Y no pregunten la finalidad de todo ello, porque será considerado una impertinencia. No hay que poner al gobernante en evidencia.
Personas que han visitado recientemente al presidente Rajoy han salido con la convicción de que el hombre no sabe realmente lo que le está pasando, que se había creído que su llegada bastaría para que volviera la calma a los mercados y la tranquilidad a la economía española, y que vive en el desasosiego de unos acontecimientos que le desbordan por completo. La realidad es que el presidente sigue a estertores las exigencias que le llegan de fuera, rehúye la complicidad de la oposición y de la propia sociedad, y se escuda en que no tiene libertad para decidir. ¿Cómo hay que entenderlo? ¿Asume el plan que se le impone desde fuera como parte de una estrategia destinada a hacer un nuevo traje legal a la medida del poder financiero y a la sustitución de la política democrática por el autoritarismo tecnocrático porque es su proyecto, o simplemente es un líder tambaleante que no se siente con fuerzas para movilizar a la ciudadanía en la vía de la recuperación?
El presidente sigue a estertores las exigencias que le llegan de fuera, rehúye la complicidad de la oposición y de la propia sociedad, y se escuda en que no tiene libertad para decidir
El dato cierto es que el desánimo crece cada día, que aumenta sin cesar el número de ciudadanos que viven en estado de angustia, que el descrédito de la política crece (ya circulan las consignas fascistoides que culpan a los políticos de todos los males), que los verdaderos culpables de la crisis siguen de rositas, que la democracia languidece y que se consolida la sensación de que no hay nadie al mando.
En esta debacle, el Gobierno no está solo. Tampoco la oposición está a la altura de las circunstancias. En los tiempos de bonanza participó de la quimera del oro —“qué gusto da gobernar sobrándote el dinero” (Zapatero, verano 2007)— y no vio o no quiso ver el desastre que se avecinaba. Cuando se dio de bruces con la realidad se lo llevó la corriente de la irritación ciudadana por la impotencia ante los mercados y por la sensación de engaño por una brusca e inexplicada claudicación. Todo lo simbólico se desvaneció en el aire. “Sin alternativa, la diferencia entre el bien y el mal se aplana progresivamente”, escribe el sociólogo alemán Wolf Lepenies. Esto tiene nombre: cultura de la indiferencia, en la que “el valor de cambio triunfa incluso en las decisiones morales” (Claudio Magris). Y el dinero es la coartada para aplazar los verdaderos debates políticos y para quitarle la palabra a la ciudadanía. Todo pendiente para un hipotético después de la crisis. ¿Cuando esta pase quedará todavía democracia o habrá triunfado para siempre el oro y la insolencia? En tiempos de hegemonía del poder financiero, la ideología y el dinero se funden en una sola cosa: es este el depositario de la capacidad normativa. Sin alternativa, a la política solo le queda el triste papel de sirvienta.

Ilustración: Manuel Pérez

domingo, 10 de junio de 2012

RÁPIDO REPASO


SOL DE MARGARITA, 9 de Junio de 2012
¡Españoles y canarios contad con Rajoy…!
Walter Castro Salerno 

E igual  vosotros catalanes y mallorquines, vascuences, navarros, castellanos y leoneses y extremeños, cántabros, astures y gallegos, aragoneses, murcianos y valencianos, ah y especialmente vosotros andaluces, que siempre andáis muy engreídos y orondos en perpetuo jolgorio con vuestras panderetas, castañuelas  y lidia de toros , y ustedes otros madrileños que igual os bañáis con vinillos de Jerez que alfombráis con claveles la “Gran Vía”, porque a fe mía, y voto por las barbas del Quijote y la panza de Sancho, que Rajoy va a por ustedes. Está dispuesto a luchar hasta vuestra última gota de sudor para auxiliar a la banca y dejaros en cueros.
No creáis, os los ruego, que éste tío, que ha tomado a todos vosotros como unos pobres gilipollas, y tan obstinado que es en pregonar que España está lejos del precipicio, vaya a tener y mostrar misericordia ante vuestras carencias y estrecheces. Contad pues con que el Sr. Rajoy, os va a dar un tortazo en la dura madre del bolsillo, que tendréis que ir a rastrear en la prehistoria del franquismo para saber hombre joder, lo que es hambruna de la buena. Y eso que al Caudillo de España, lo ayudaron, en su época, “mi General Perón y la venerable Evita” con trigo y carnes de la Argentina, para amortiguarles la penuria alimenticia. Y fijaos en algo, Rajoy auxilia a la “bankia” y    a vosotros enseñantes y universitarios, a ustedes médicos y enfermeras,   a los trabajadores del campo y de las ciudades os fulmina con lázaro de ése que llaman “pelotudo”.
Y a las comunidades autónomas, que integran España en la rica diversidad de sus provincias y regiones, pues hombre, ostia, ni de qué hablar. Po eso os digo, contad con Rajoy para sumiros en la miseria. El tío  está  enfurecido contra la economía popular española, y arremete contra ella con más brío, fuerza y coraje, que una de ésas, de las reses bravas de la ganadería de don Pedro Domecq ante el capote de un Manolete.

sábado, 21 de abril de 2012

CARACAS A DIARIO, 21 de Abril de 2012
LETRA SUELTA/ De petróleo, elefantes, súbditos y ciudadanos
CAROLA CHÁVEZ

Mientras el pueblo español rasca bolsillos intentando sobrevivir inhumanos recortes presupuestarios. Mientras el desempleo roza el 25% y los empleados, para seguir siéndolo, renuncian forzosamente a sus conquistas laborales. Mientras el Gobierno sigue creyendo que el hombre está al servicio de la economía y no lo contrario. Mientras el mismo FMI que nos exprimió en los 90 decide exprimir a los pueblos mediterráneos, ¡ay, España! y tú tan frente al mar. Mientras el estado de bienestar se desdibuja ante los ojos atónitos de una sociedad paralizada. Mientras tantas cosas pasan, Juan Carlos, el rey, se tambalea, cae y rompe su cadera; no sin antes matar a varios “carísimos” animales salvajes, para horror muchos y del World Wildlife Fund que el mismo rey elefanticida preside.

Titulan los grandes medios: “Exitosa cirugía del Rey” y relatan detalles de la cacería, del accidente, de la operación, con picantes chismes de pasillo de este nuevo bochornoso episodio de la bochornosa vida del bribón Borbón. Más abajo, más atrás, unas letras chiquiticas, desteñidas, susurran que los pensionados tendrán que asumir el co-pago de sus medicinas, hasta ayer gratuitas. Las caderas y huevos rotos de los plebeyos pensionados jamás harán grandes titulares.

Por estos lados, Argentina se levanta. Libres del FMI, la pesadilla neoliberal impuesta a nuestros pueblos empieza a quedar atrás. Recogiendo pedazos recobramos, entre otras cosas, empresas públicas que nunca debieron dejar de ser nuestras y, de paso, la dignidad política, ayer vendida en el paquete privatizador. Pues, Argentina, peronistamente, decidió recuperar la mayoría accionaria de su empresa petrolera YPF. ¡Ay, España! No faltará quien en tu nombre te patee.

Mariano Rajoy, el mismo que saca el pan con tumaca de la boca del pueblo español, asegura que la honra su país reside en Repsol, una empresa privada de capital mayoritariamente extranjero, y denuncia airoso “un ataque a España”, promete represalias, y arenga a su pueblo hambriento y recortado contra el soberano pueblo argentino.

Titulan los grandes medios: “Argentina intenta tapar crisis interna con expropiación de YPS”. Mas las siempre escondidas letras chiquiticas nos dicen: “Las matrículas universitarias suben 50%”, “Enésima jornada de volatilidad en la Bolsa, en una semana nefasta”, “Francia y Alemania quieren suspender el Pacto Schengen (la libre circulación de ciudadanos) mientras dure la crisis”… Curiosamente no hablan del país suramericano, hablan -¡Me cago en diez!- de España.

Hoy, mientras Argentina recibe, oootra vez, a miles de jóvenes españoles que buscan futuro, un sevillano se convierte en titulares colgando en su bar un cartel: “No se aceptan argentinos”.