EL MUNDO, Barcelona, 10 de septiembre de 2017
A VUELTA DE PÁGINA
El ciempiés andante y el sapo burlón
Francisco Rosell
Ha hecho fábula el desconcierto que le produjo a un envanecido ciempiés no saber qué manifestar cuando un burlón sapo le alabó su destreza para mover tantas patas interesándose por cómo lo hacía. A bote pronto, el miriópodo juzgó la pregunta ridícula, pero raudo se sumergió en un mar de titubeos. Era perceptible su desazón al ver como no atinaba con la respuesta entrando en pánico al percatarse de que incluso se le había olvidado caminar. Inmovilizado en el lugar del fatal encuentro, ésa sería su tumba.
El dilema del ciempiés, o la dificultad de hacer de modo consciente aquello que se obra automáticamente, se visualiza estos días cuando el Gobierno de la nación procura activar todos los resortes del Estado para afrontar la intentona golpista del independentismo catalán para romper España. No es la primera vez, acreditando la sentencia de Bismarck de que España es la nación más fuerte del mundo, pues sus habitantes llevan siglos acometiendo su derribo. Claro que nunca hasta ahora se había originado un golpe de Estado parlamentario, presto a tornar en rebelión totalitaria. Conviene no perder de vista, en medio de la marabunta, que confluyen dos movimientos: uno primordialmente nacionalista contra España, y otro comunista en contra del sistema democrático, lo que desencadenaría un choque civil, como los que llevaron a su burguesía a auspiciar las dictaduras de Primo de Rivera y de Franco, con Cambó y los catalanes de Burgos de avanzadilla, al ponerse en riesgo sus negocios levantados al socaire del proteccionismo.
Un proteccionismo que primero tuvo su expresión política en el catalanismo, luego en el nacionalismo y ahora en el independentismo. Todo ello alentando un falso agravio tras disfrutar, en las últimas cuatro décadas de democracia, del privilegio de quitar y poner gobiernos a su antojo. Además de disponer en la buchaca del "voto de oro" que decidía la aprobación de los Presupuestos del Estado. Tras lustros reclamando las balanzas fiscales, en cuanto han revelado la falacia del 'España nos roba', buscan arrojarlas al desván del olvido.
Ante tamaño atentado, el Estado afronta un desafío en el que se juega el ser o no ser movilizando todos los instrumentos a su alcance o quedando paralizado como el ciempiés. En el segundo caso, el rotundo compromiso del presidente Rajoy quedaría reducido a virutas de retórica con las que alfombrar el suelo antes de ser barridas. No en vano la historia atestigua que "el poder es la impotencia", como se sinceró De Gaulle, y el Estado simula ser el gigantón Gulliver atado de pies y manos.
Mucho más en España. Una suicida política de quimérico apaciguamiento de los nacionalistas ha llevado a concesiones que han desembocado en un Estado inerme ante un separatismo del que se ha hecho tributario, en vez de desmontar un tinglado que puede ser su patíbulo. Lo evidente se ha hecho clamoroso: Un Estado, desprovisto de administración periférica, carece de instrumentos bien dispuestos para preservar su unidad frente al enemigo interior, salvo encomendarse a los jueces.
Esa vicisitud ya la padecieron Rajoy y Sáenz de Santamaría, comisionados por Aznar en 2002, para remediar la catástrofe del petrolero Prestige en las costas gallegas. Rajoy era un general sin tropa, debiendo pechar con amenazas a familiares y cerco a sus casas. Y menos mal que el PP echó en saco roto la ocurrencia de Fraga en un congreso del PP, como si esto fuera Alemania, de convertir a las autonomías en Administración Única, lo que dejaba al Estado para vestir santos. Beligerante contra el título VIII, la edad y el sitial de la Xunta metamorfosearon a Fraga en ferviente confederalista. Rajoy recondujo la "Administración Única" en "Administración Común" y dejó que el tiempo rematara la faena. Quizá aquella destreza le sirva para redirigir esa comisión solicitada por Pedro Sánchez, con el objetivo de recoger las demandas nacionalistas, cuando lo que se impone es refundar el Estado más sólido tras el horadamiento del tronco común por orugas proces(ionarias).
La crisis del Prestige fue reflejo, tiznado de chapapote, de un "Estado sin territorio", en expresión de Sosa Wagner. El Estado de las Autonomías ha retoñado las jurisdicciones señoriales con las que había arramplado el Estado moderno. Fruto de esa refeudalización, esta España fragmentada se diluye hasta parecerse a lo que Delors, 10 años su presidente, decía de la Unión Europea: "Un objeto político no identificado". Todo ello propiciado por la ingenuidad de los escribas de la Constitución al dejar sin cerrar aspectos clave para buscar el acomodamiento nacionalista, agravado luego por las ansias de emulación de las demás taifas. Cada autonomía, sin plantearse cuál será el beneficio final, no evitó secundar la loca carrera nacionalista hacia la disgregación por temor a que sus votantes se sintieran preteridos. Ahora se relanzará en persecución de la "nación de naciones" de Sánchez.
Al mando de un Estado enclenque, un hombre al que se acusa de tener un carácter delimitado por su profesión de registrador -lo que le lleva a tomar nota de lo que pasa, pero no a ser un hombre de acción que interviene sobre lo que pasa- afronta un conato de golpe que esta vez no es de tricornios acharolados, sino encabezado por la primera autoridad del Estado en Cataluña, secuestrando al Parlament al que se debe. Es imposible saber si nuestro Umbral seguiría describiendo a Rajoy como ese sereno testigo de la Historia "que anota junto a una sonrisa la frase valiosa o comprometida de quienes van de héroes y se desmienten cada día". Sin duda, con su cachaza, parece profesar la estrategia británica de extenuar al enemigo antes de enfrentarse con él. El enigma estriba en saber si, dando tiempo al tiempo, éste se le ha escapado irremediablemente.
Pero, si Rajoy acostumbra a no dejar para mañana lo que puede dejar para pasado, es llegada la circunstancia para que demuestre su sustancia de hombre de Estado. Ante la contingencia catalana, Rajoy debe dar la talla para encarar la insensatez de unos necios que añoran un pasado reconstruido con narraciones falsas para sentirse especiales. Vuelve a patentizarse el designio -el periodista Gaziel lo vislumbró predicando en el desierto de las horas turbulentas del autoproclamado Estat català de 1934- de que "cada vez que el destino coloca a Cataluña en una de esas encrucijadas decisivas, [...] nosotros, los catalanes, nos metemos fatalmente, estúpidamente, en el que conduce al despeñadero". Su historia se ajusta a ese concepto circular por el que los episodios se reiteran con otras circunstancias, pero semejantes. Es incapaz de escapar -y con ella toda España- de una pesadilla que gira retenida en los cangilones de la noria del tiempo.
Fuente:
http://www.elmundo.es/opinion/2017/09/10/59b43695e2704e254a8b4665.html
Ilustración:
Ulises Culebro.
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domingo, 10 de septiembre de 2017
martes, 1 de diciembre de 2015
EL PERRO Y EL ZORRO
La actual responsabilidad parlamentariaLuis Barragán
Cierto, estamos atravesando una dura y también promisoria campaña electoral, en la que todo apunta al triunfo de la Unidad Democrática. Aprieta la agenda de trabajo, con sus más contrastantes reclamos de tiempo y esfuerzos, que incluye a los candidatos para la reelección, mientras que el oficialismo maneja a su antojo – convocándolas o postergándolas – las sesiones de la Asamblea Nacional.
Entendemos las dificultades de apersonarse en la ciudad capital para cumplir con las aludidas sesiones, sobre todo cuando es muy distante el lugar de procedencia de los diputados y prácticamente calamitoso el viaje, añadido el cupo incierto y el aumento de los boletos aéreos. Huelga extenderse en el comentario, dificultades inherentes al parlamentario de oposición, porque el oficialista goza de extraordinarios recursos y ventajas para acudir a las plenarias, agregada la certeza de la fecha que exclusivamente le dispensa la directiva asamblearia. No obstante, hay que procurar el cumplimiento de las responsabilidades.
Hay materias muy pendientes, como el proyecto presupuestario de 2016, entre otros asuntos fundamentales, que no se les pueden dejar al libre arbitrio del oficialismo. La inasistencia opositora facilita todo para tramitar materias de las que esperamos una postura firme y convencida, frente a la docilidad y obediencia vergonzosa que el parlamento rinde ante el Ejecutivo Nacional.
Excepto alguna causa de fuerza mayor, el diputado opositor – fuere o no candidato – debe asistir y asumir sus actuales funciones, por más que la agenda apriete, pues, hasta nuevo aviso, hablamos de un solo día de trabajo en cámara. Quizá esta nota sea inútil, pues, ya en la recta final de la campaña, queda cupo para una sola sesión ordinaria antes del 6-D y puede que no se celebre, pero – celebrándose – debemos estar alertas.
Quien suscribe, remitiendo la modesta nota desde Turmero, no cuenta con un suplente como diputado, pero el resto de la bancada sí los tiene. De modo que, en nombre de Vente Venezuela, cuya fracción parlamentaria nos honró con la subdirección en los últimos dos años, hacemos un llamado para que, hecha la convocatoria, todos asistamos debidamente a la sesión que puede darse antes de la fecha electoral: más aún, cuando quedará todo diciembre de 2015 para que esta Asamblea Nacional pronto a vencerse, trate de condicionar a la que vendrá.
Fuente:
http://www.lapatilla.com/site/2015/11/30/luis-barragan-la-actual-responsabilidad-parlamentaria/
Breve post-data LB: Convocada ayer, se hizo hoy efectiva la sesión para aprobar los proyectos de presupuesto y endeudamiento en la Asamblea Nacional, con un quorum precario. Por cierto que, en su impecable intervención de hoy, el diputado José Manuel González se refirió al saltalanquera que lo precedió con un discurso vergonzoso, invocando rapidamente la fábula del perro que quiso ser zorro e, impedido, al volver a su grupo natural, le dijeron que olía a zorro, pero seguía siendo un perro.
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