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sábado, 22 de febrero de 2020

FRONTERAS

Política para políticos
Genaro Mosquera

El panorama mundial actual está caracterizado por crisis de diferente naturaleza, entre ellos uno de los más significativos es el problema de gobernabilidad. Obviamente, Venezuela no es la excepción. El hambre, la migración, la salud y la existencia de grupos extra-institucionales armados, los colectivos, guerrillas importadas, fuerzas paramilitares, equipos de exterminio oficiales, etc., generan entornos de violencia y terrorismo que intimidan a poblaciones enteras; Por otra parte, destacan los problemas de desigualdad y exclusión, la agresión a quienes piensan de manera diferente, la privación de libertades y derechos, el debilitamiento de la participación ciudadana y una fuerte tendencia que conduce inevitablemente a una férrea dictadura. Estos son algunos de los problemas que requieren de un conocimiento y gestión política actualizados, eficaces y eficientes.

Esta abundancia de conflictos y confrontaciones ha contribuido a que numerosas poblaciones se sientan amenazadas por la falta de atención y de los servicios provocando no solo la migración hacia fuera, sino incluso internamente hacia los centros poblados urbanos más importantes, que por razones estratégicas el régimen protege para evitar conflictos y protestas, en todo caso, se percibe que enorme cantidad de ciudadanos sean afectados porque intuyen que sus vidas han perdido valor y un número significativo de ellas se encuentran sumergidas en la incertidumbre, inseguridad y desprotección.

Cada vez más se observa a personas o grupo familiar a quienes no le queda más alternativa que abordar sus problemas a nivel individual; irse del país, o buscar su propia tabla de salvación con múltiples acciones o emprendimientos personales, incluyendo el desinterés en el tema coyuntural político que provoca el debilitamiento de la participación de las personas en la vida pública, despreciando por lo demás a los partidos políticos y se escurren con el estribillo de “yo no soy político”.

A las crisis antes mencionadas se le suman situaciones como las persecuciones políticas con la consiguiente pérdida de vidas, de poder individual y social. Es decir, no pueden agenciar sus propias vidas. Los desafíos antes señalados son de tal magnitud que representan una amenaza a la democracia potenciados por los grupos humanos que todavía permanecen privados del acceso a la educación, a la salud, vivienda, seguridad personal y otros factores que disminuyen el logro de una vida realmente digna.

El intenso clima de conflictividad se suma el hecho muy importante y relevante, la escasa capacitación de que quienes aspiran a gobernar por no citar a los funcionarios del régimen que todos sabemos de su ignorancia y mala conducta típica del fanatismo comunista y su dependencia de los gobiernos de países no democráticos o explotadores como Cuba. En todo caso, todo indica que un gran número de opositores que se declaran políticos aspiran a gobernar no han desarrollado capacidades para diseñar y ejecutar políticas públicas a favor de la gente y menos aun rendir cuentas.

Esta problemática plantea con carácter de urgencia la necesidad de una formación sólida, crítica, analítica y también propositiva de personas interesadas en ejercer un liderazgo político. Es decir, la adquisición de un mecanismo rápido y eficaz para capacitarlos como políticos.

Los políticos deben forzosamente capacitarse en política, para construir “políticas” adoptando un enfoque de competencias críticas-propositivas, que reconozca la obsolescencia de algunos enfoques, convencidos de que “saber qué no es lo mismo que saber cómo”; que estén dispuestos a construir nuevas propuestas ajustadas a dimensiones que promuevan el desarrollo de la libertad y la democracia, colocando al individuo en el centro de las políticas públicas.

Un ejemplo muy relevante se refiere al nombramiento de funcionarios diplomáticos y consulares sin la menor idea de lo que significa la carrera diplomática, sus diferentes vinculaciones y requerimientos internacionales. Son analfabetos diplomáticos aprendiendo sobre la marcha, lo cual deja muy mal parado no solamente a quien representa, sino a sí mismo sin medir las consecuencias sobre el impacto de sus acciones ante gobiernos de los países a los cuales han sido destacados.

Es importante reconocer que desde hace algún tiempo han comenzado a surgir propuestas alternativas en los temas y el conocimiento de lo que en realidad es, y puede ser una buena gobernabilidad democrática. En la política hay algo más que racionalidad cuando se intenta hacer política y gobernar, hay necesidad de tomar en cuenta las frustraciones, inseguridades de los ciudadanos, así como las percepciones de sus realidades, sentimientos de indefensión y desconfianza. También es necesario incluir temas como estrategias alternativas de diálogo psicopolítico, y de negociación orientados hacia una complementariedad de ideas y propuestas. Investigar la inseguridad, las frustraciones de las personas, así como las percepciones de sus realidades cotidianas que constituyen formas necesarias de indagación pertinentes con las herramientas epistemológicas necesarias.

La visión general está hoy en día orientada hacia el análisis crítico del pensamiento político para poder abordar problemas claves y concretos que presenta el entorno político, con énfasis en la existencia de una meta política, es decir, pensar la política desde la política, que muchas veces pasa inadvertida cuando se manejan y manipulan significados y conceptos para ejercer el poder, en particular cuando este es autoritario y dictatorial.

Estas situaciones están asociadas a la redefinición de conceptos políticos claves y al estudio de procesos de deshumanización y exclusión de aquellos que piensan diferente, con las consecuencias de agresión, violencia y aniquilación. Estudiar, investigar y analizar las realidades políticas y sociales es un proceso clave, por lo que se deben abordar diferentes dimensiones de las miradas hacia lo que es hacer política haciendo énfasis en un liderazgo transformador de realidades.

Todo el mundo está expuesto a la herramienta del conocimiento político que facilita tender un puente entre ciencia y humanidades coadyuvando al mejoramiento del analfabetismo científico. La mayor parte de los políticos son analfabetos científicos, pero la mayoría de los científicos y académicos son analfabetos políticos.

Los políticos tienen que aprender a pensar como científicos y los científicos actuar dentro del marco de la gestión política, El planteamiento anterior, induce la necesidad de disponer de formación en política, Si se inserta este conocimiento con el ejercicio de su propia visión, no solo mejora su cultura social y está listo para enfrentar buena parte del entorno donde se desenvuelve.

Son necesarias nuevas competencias gerenciales, liderazgo y laborales, para los cuales no estaba preparado más allá de sus estudios con el conocimiento adquirido apropiado, dotado de herramientas científicas y profesionales que le proporcionarían sentido común y métodos de trabajo que tendrán alguna vez aplicaciones prácticas y le harán comprender funciones nuevas sustentadas en los métodos y operación de una organización gubernamental sin importar el nivel y estructura del Estado.

El desarrollo profesional exitoso fuera de la rutina conducirá a un profesional medio por el camino de nuevas aplicaciones por aprender, tomar cursos acelerados y, finalmente cuando alcance las funciones ejecutivas la comprensión de la política le dará la necesaria ventaja ética que inevitablemente lo llevara a formular políticas internas y externas y seguramente lo conducirá a la conexión pública, popular y lo más importante, a la rendición de cuentas de su gestión y reconocer los riesgos de la corrupción.

Los políticos requieren una dosis importante de formación política, acompañado de la humildad necesaria, dejarse ayudar y asesorar, incluyendo el conocimiento de la ciencia y de la tecnología, sobre el mundo, su entorno, y de su propio ámbito incluyendo una mejor manera de pensar sobre el mundo y su circunstancia.

Fuente:
https://www.elnacional.com/opinion/politica-para-politicos/
Ilustración: Gun Friederici Svantesson.

jueves, 31 de mayo de 2018

ANTIPOLÍTICA

EL MUNDO, Barcelona, 31 de mayo de 2018
UNA COLUMNA CON VISTAS
Lecciones italianas a políticos españoles
Iñaki Gil

Preocupado por Italia, pregunté qué iba a pasar a uno de los españoles con más kilómetros de política internacional en el maletín.

Su respuesta, cínica y tranquilizadora fue: "Al final, los tres poderes reales de Italia encontrarán una salida. O sea, el Vaticano, la Mafia y los círculos del dinero del Norte".

Están tardando. Así que mientras tanto voy a compartir cinco lecciones italianas que nuestros políticos deberían saber ya.

Uno. La corrupción cuesta votos. Se puede desviar la atención, al principio. "Cosas de la prensa". "¡Presunción de inocencia!", "La sentencia no es firme". Al final, los votantes. hartos de disculpas, dan la espalda a los ladrones. El PP no aprendió la lección en Valencia y ahora sufre en el Congreso.

Dos. La acción de la justicia no se traduce siempre en un afán regenerador del electorado. El vendaval judicial de mani pulite se tradujo en 2.565 imputados. "No sólo fue la desaparición de los partidos que articularon la política italiana desde la posguerra, sino la consolidación de un fuerte sentimiento antipolítico en la sociedad" escribe Jorge del Palacio en Geografía del populismo (Tecnos). Señores jueces, midan bien la ejemplaridad.

Tres. Aquella limpia devenida en rechazo a la política profesional fue capitalizada por Berlusconi. Conquistó el poder con una retórica anti élite. Nos pareció sorprendente hasta que Trump, otro millonario, repitió el truco. Aquí no hay personaje similar pero Iglesias debe medir su retórica anti élite. Más ahora que va a vivir en una chalé con piscina. Y, el líder que mecen los poderosos y los sondeos, Rivera, debe contratar ya al esclavo que le susurre, "Recuerda que sólo eres un hombre".

Cuatro. La antipolítica que encarnó Berlusconi ha tenido dos hijos. La Liga, formación del Norte rico, ha llevado su xenofobia a escala nacional. Nuestros nacionalistas vascos y catalanes tienen aquí materia. En la galaxia de Podemos, deben tomar nota de cómo el antieuropeismo de Cinco Estrellas les hace cómplices de lo más reaccionario de la política europea.

Y cinco. Hacen falta proyectos políticos. Ilusionantes. Con los pies en la tierra y la mirada en Europa. La gestión no moviliza. El PSOE puede aprender del fracaso de la izquierda italiana. Y Sánchez debe evitar la altanería de Renzi.

Estamos mal. Pero podemos estar peor. Miren a Italia.

Fuente:
http://www.elmundo.es/opinion/2018/05/31/5b0ecd8eca4741872b8b45f0.html
Fotografías:
https://elobrero.es/internacional/item/9213-la-derecha-italiana-arremete-contra-la-inmigracion-tras-el-tiroteo-racista.html
 https://www.libertaddigital.com/espana/politica/2017-11-30/sanchez-cree-que-cataluna-evidencia-el-proyecto-agotado-de-rajoy-1276610020/

domingo, 28 de mayo de 2017

(DES) ORDEN PÚBLICO Y (A) NORMALIDAD



De un corotico del pesebre

Luis Barragán

La restitución del orden público, quebrantado antes por alguna circunstancia, significaba la normalización de la vida ciudadana que incluía la inmediata y regular prestación de los servicios públicos.  A juzgar por la vieja prensa, añadidos los hechos represivos más sangrientos,  el mayor desafío de todo gobierno fue volver prontamente a sus tareas rutinarias, las de gobernar, intentando literalmente tranquilizar a la población para retomar el cauce de la vida cotidiana.

No pretendemos una versión paradisíaca de los regímenes anteriores al actual, pero – concluimos -  hubo un natural esfuerzo por serenar los ánimos, dándole al orden una adicional y significativa, como inadvertida,  acuñación que también – de un modo u otro – agradecían los protestatarios.  Podrá decirse de una ingenua apreciación, porque – sostenemos – evitar la crisis o la caída de un gobierno, pasaba por demostrar su capacidad de generar la normalidad mínima e indispensable del ámbito público.

Ocurre todo lo contrario en este nuevo siglo que nos tiene por apremiados inquilinos,  ya que el dato fundamental es el de la anormalidad y, en permanente estado de sitio,  poco importa el restablecimiento mismo de los servicios públicos. El más importante reto del gobierno es el de no caer a cualquier precio que se le antoje, demostrada su más completa ineptitud por administrar con algo  de eficacia los asuntos comunes, deliberadamente indiferente ante el destino que procura a la población así la sumerja, como acontece, en una aguda y prolongada crisis humanitaria.

Siendo el caos su naturaleza, pretende escarmentar a justos y pecadores por las protestas multitudinarias que ha suscitado, jamás vistas en todo nuestro historial republicano, quedándoles estrechas las más largas y anchas autopistas del país. Además de reprimirlas a sangre y fuego, a este gobierno le importa un bledo cerrar todas las estaciones del metro o desarmar los puentes de Caracas, dejar sin servicio de electricidad o agua a importantes o marginales zonas del país:  para su mayor rabia, centenares de miles de personas acuden a pie, con lo poco que tienen, entusiastas, a protestarlo, convocados  boca a boca, byte por byte, sin necesidad de autobuses o de las grandes campañas televisivas de las que se supo en 2002.

Entonces, guiados por el sentido común, diferenciamos entre la normalidad y la anormalidad, entre orden y desorden público, en el esfuerzo de todo gobierno por mantenerse en pie, aunque – anteriormente – evitar la caída se unía a la demostración de una capacidad – por lo menos – tentada e intentada de gobernar, como los dos coroticos intocables del pesebre. Hoy, Nicolás Maduro vela por un solo corotico y para todo lo demás está la pólvora.

29/05/2017:
Ilustraciones: Dalia Ferreira. 

domingo, 11 de diciembre de 2016

CAZA DE CITAS

" ... La gobernabilidad pareciera estar ligada no sólo al tipo de régimen sino al factor tiempo que señala el calendario político, esto es, al momento concreto en el que se realiza la política"

Manuel Alcántara Sáez

("Gobernabilidad, crisis y cambio", FCE, México, 1995:182)

domingo, 13 de marzo de 2016

TERTULIA AJARDINADA

Fuerza Armada e ingobernabilidad
Luis Barragán


Semanas atrás, un amigo nos invitó a conversar en un encuentro informal con sus colegas sociólogos, alrededor de un café en la Universidad Central de Venezuela (UCV), quienes sintieron la curiosidad de conocer la versión que tiene un parlamentario de oposición sobre la crisis. Debidamente prevenidos, afinamos algunas nociones sobre un específico asunto: el de la Fuerza Armada y la gobernabilidad, pues, al grupo en cuestión, alrededor de siete u ocho – además – docentes, le llamó la atención algunos de los videos de nuestras intervenciones sobre la materia en el anterior período legislativo, localizables en las redes sociales.

La gobernabilidad (y la gobernanza), constituye un término de fácil, continuo y también confuso empleo que, por todos estos años, abanicando distintos autores, Manuel Alcántara Sáez  [“Gobernabilidad, crisis y cambio”, FCE, México,1995: 29 ss.]  nos ha ayudado a precisar, tomando nota de algunas variables de las que depende, como una sociedad civil fortalecida acorde a una evolucionada cultura política, la orientación y comportamiento de la economía, y la creciente integración de todos los sectores al esfuerzo productivo.  Abriendo el abanico, pudiera inferirse que la ingobernabilidad remite a una débil sociedad civil de atrasada cultura política, desorientada y “mal comportada” la economía, con la exclusión progresiva de todos los sectores sociales, aunque es necesario abundar en facetas más concretas y paradójicas: una sociedad civil que se fortalece, actualizándose, combatida por el poder político que la obstaculiza y criminaliza; la inestabilidad política y estado generalizado de zozobra, cuando las instituciones no responden a las demandas de la población; la ineficacia e ineficiencia de las autoridades públicas, auspiciando las opciones que enfatizan un mero sentido de supervivencia; y la evidente inconstitucionalidad de las decisiones públicas, difíciles de apañar a través de las maniobras judiciales.

La situación venezolana actual, ejemplificándonos que la (in) gobernabilidad no es un fenómeno pasajero, nos permite – asimismo – señalar que, convertida en una parcialidad política e ideológica, la corporación castrense hace una importante contribución al avalar la inconstitucionalidad de las decisiones gubernamentales de las que se convierte o la convierten  en vocera estelar, como los insólitos decretos de emergencia; obviar toda expresión de la sociedad política y de la sociedad civil, debidamente representadas en una Asamblea Nacional, por cierto, renovada; reforzar el fracasado modelo económico, incorporándose en áreas que no conciernen a claros e inequívocos objetivos para la defensa de la nación, verbigracia la empresa petrolera de reciente creación; y ni siquiera garantizar la integridad de las personas y bienes en áreas sometidas al consabido Estado de Excepción, por no citar lo que ha ocurrido y ocurre en Tumeremo y sus inmediaciones.

Francine Jácome [“Fuerza Armada, Estado y sociedad civil”, ILDIS, Caracas, 2011: http://library.fes.de/pdf-files/bueros/caracas/08765.pdf], expone tres motivos fundamentales de la particular contribución: el incremento de la desinstitucionalización del Estado, erigiendo una suerte de tutela de la entidad castrense, añadida la creación de distritos militares para casos “especiales”; la existencia y presencia de grupos armados o paramilitares, afines política e ideológicamente al gobierno nacional, no sólo con ejercicio práctico de autoridad en el ámbito rural y en el urbano, sino portadores de armas de guerra (fusiles, granadas y artefactos lacrimógenos); y el agotado manejo tradicional del problema de la inseguridad personal, diríamos que espectacularmente represivo (Plan Patria Segura y los operativos conocidos como OLP), agravador – sin dudas – del flagelo. Además, atendimos otras tempranas reflexiones, como las de Deborah L. Norden  [“La democracia en uniforme: Chávez y las fuerzas armadas”, en: “La política venezolana en la época de Chávez: clases, polarización y conflicto”, Nueva Sociedad – UDO, Caracas, 2003: 121 ss.], pues, “a pesar de los procedimientos democráticos de Chávez, su asonada provocaba los mismos problemas que tienden a surgir después de un golpe castrense: la militarización de la política y la politización de lo militar”, aunque están sujetas a discusión algunas consideraciones sobre  el carácter dictatorial del gobierno (acercándolo a los “regímenes castrenses modernos”),  y la creación simultánea de nuevas instituciones democráticas,

La conversación en los predios universitarios, fue grata y, a veces, acalorada, gracias al esfuerzo que uno de los contertulios, un convencido marxista, hizo para forzar una respuesta favorable al actual orden de cosas, sin pérdida alguna de cordialidad.  Por diferentes razones, siendo una de ellas, el exilio voluntario del acá mal pagado académico y promotor de la peña, no ha sido posible repetir la experiencia, aunque acotemos dos circunstancias: por una parte, la crisis continua en su dinámica hacia el mayor deterioro, como proceso y no como momento, siendo mensurable objetiva y subjetivamente, de acuerdo al intento conceptual de Alcántara Sáez; y, por otra, suele ocurrir, nos excedimos un poco en la tarea encomendada, como el Pantaleón Pantoja de Vargas Llosa.

14/03/2016

miércoles, 8 de julio de 2015

CAZA DE CITAS




"El fracaso de Bolívar como gobernante proviene de la gran discrepancia entre sus planes y la realidad latinoamericana. Todas sus ideas se basaban en el poder de su prestigio personal: a su muerte, tenían que resultar insostenibles"
Gerhard Masur
("Simón Bolívar", Editorial Grijalbo, Caracas, 1987: 567)

Ilustración: Ricardo Acevedo Bernal, "Smón Bolívar, Francisco de Paula Santander y otros próceres de la Independencia saliedo del Congreso de Cúcuta" (1926).

martes, 29 de mayo de 2012

NAVEGACIÓN

EL NACIONAL - Sábado 26 de Mayo de 2012     Opinión/9
Gobernabilidad
ALBERTO KRYGIER

Estamos navegando rumbo a lo desconocido en medio de una tormenta. Todavía no hemos salido de la crisis de 2008 y ya tenemos que afrontar nuevas turbulencias mundiales y locales. Son muchos los países que están más que indignados: están desesperados, desamparados y angustiados ante las adversidades que los están hundiendo. Por nuestra parte, la lista de problemas que nos toca encarar es también relevante y queda patente que existen similitudes con los de los demás.

El economista del MIT Daron Acemoglu y el profesor de economía política de Harvard James A. Robinson, en su reciente libro Why Nations Fail, se preguntan por qué se indignaron los países que promovieron la Primavera Árabe en el Norte de África y en el Medio Oriente. Los autores llegaron a la conclusión de que el meollo del descontento fue la pobreza. Según ellos, el ingreso promedio de la población de Egipto es 12% del de los ciudadanos de Estados Unidos.

Viene luego la siguiente interrogante: ¿por qué es Egipto más pobre que Estados Unidos? Y esa misma pregunta podríamos aplicarla a nuestro propio país, tropezándonos con la paradoja de que existe pobreza a pesar de que contamos con ingentes recursos. ¿Cuáles son los impedimentos para no ser más prósperos? ¿Qué respondieron los indignados a los profesores? Estamos sufriendo las consecuencias de una corrupción que invade todos los ámbitos, de una opresión inclemente y de un pésimo sistema educativo. ¿Hay alguna semejanza con nuestra situación? Muchos afirman que la gran diferencia entre los países pobres y naciones como Estados Unidos y Alemania estriba en la óptima calidad y autonomía de las "buenas instituciones" de estos últimos.

Cuando dependen de y están sometidas al Estado, las instituciones no pueden realizar sus planes. Las instituciones autónomas con cierta independencia trabajan con ahínco, se sienten motivadas, son productivas, respetan el derecho de propiedad, cumplen con sus deberes y obligaciones, estimulan las inversiones en nuevas tecnologías y se rigen por las leyes.

La lección que se puede extraer es que los países prosperan cuando crean instituciones autónomas, que brindan la oportunidad de justicia, educación, poder y protección a sus ciudadanos, a la vez que incentivan el potencial de cada uno de ellos y de sus organizaciones, para innovar e invertir y así lograr el pleno desarrollo.

Los pioneros de las democracias se preocuparon por constituir instituciones públicas autónomas y eficaces, teniendo como base un gobierno sólido, un Estado de Derecho y un orden jurídico y legal. Así estimulaban al pueblo y lograban atraer y mantener su responsabilidad y participación.

En la actualidad no estamos siguiendo el orden establecido.

Entre nuestros problemas más preocupantes están los referentes a la seguridad personal, la delincuencia, el narcotráfico y la corrupción. Todo ello unido a la erosión y descomposición de la moral y ética de la sociedad. En la opinión de algunos, los problemas no proceden de la omnipresencia del Estado sino más bien de su ausencia y su ineficiencia.

No podemos lograr un Estado ético y moral sin un sistema político claramente definido, sin empoderar y proteger al ciudadano y asegurar su potencial de desarrollo, trabajo, educación y seguridad, al igual que sus derechos legales y jurídicos.

Así mismo, debemos garantizar el progreso de la economía, la defensa de los derechos de propiedad y las inversiones. Para ello es indispensable instalar un sistema perfectamente estructurado.




sábado, 26 de mayo de 2012

ALLENDE EL MAR

EL PAÍS, Madrid, 26 de Mayo de 2012
TRIBUNA
¿Ingobernabilidad post-Chávez?
En Venezuela se ha instalado un clima de radicalidad en amplios sectores populares y facciones chavistas que supondría un gran desafío para un nuevo gobierno surgido de la oposición
John Mario González 

La mayoría de los latinoamericanos ha escuchado más sobre la enfermedad del presidente de Venezuela Hugo Chávez que la de cualquier familiar, en una forma incisiva, en un soliloquio sin novedad, y en el que además de no estar en juego la estabilidad de su propio país ni la seguridad nacional no hay indicios de transparencia en los propósitos y el manejo de la información.

Pero a diferencia de la retahíla de sandeces y salidas de tono del mandatario en sus 13 años en el poder, las cuales se podía intentar ignorar, el cáncer que padece y su consecuente posible marginación de la campaña por la reelección a la presidencia del próximo 7 de octubre puede desencadenar una crisis de gobernabilidad sin precedentes en Venezuela. Sería entonces imposible desoír el impacto para la región.

Y es que aunque parezca paradójico, para la oposición el mayor desafío en breve puede no ser tanto ganar las próximas elecciones y desplazar al Partido Socialista Unido de Venezuela, PSUV, del poder como el encontrar un clima de gobernabilidad en medio del sedimento de desinstitucionalización que ha recorrido el país, la politización de sus Fuerzas Armadas o las dificultades de impulsar una nueva agenda de desarrollo al abrigo de una constitución socialista. Por solo mencionar algunas rémoras, un nuevo presidente surgido de las filas de la oposición tendría más de la mitad de las gobernaciones en contra, una Asamblea Nacional elegida hasta 2016, en la que el PSUV y los partidos afines cuentan con 97 diputados de 165, así como el antagonismo de los boliburgueses, la nueva burguesía que se han enriquecido al amparo del régimen socialista, tratando de conservar sus privilegios.

Las hipótesis de la ingobernabilidad ante el deterioro de la salud de Chávez no es del gusto de la oposición, para la cual es una extorsión política y psicológica en la que se amedrenta a densos sectores de la población con un escenario de anarquía, violencia y desgobierno. No obstante, no es un secreto que la agresiva concentración de poderes en manos del presidente y la cartelización en el ejercicio del mismo erosionó la institucionalidad en Venezuela y, como ya sucediera entre el 1973 y 1988, dio paso a un deterioro significativo de la capacidad de acción del Estado. Tarde o temprano la cuenta de cobro recaerá en la gobernabilidad.

Sin la renta petrolera la existencia de la Revolución Bolivariana no sería más que una quimera

Claro que uno sería el escenario de un cambio de gobierno producto del desgaste de Chávez y del oficialismo, por la inseguridad, la crisis energética, la escasez de alimentos, los motines carcelarios, la galopante inflación o la corrupción, y otro sería el de un triunfo de la oposición por una baja del comandante a causa de su enfermedad. Un Chávez mártir puede ser la peor noticia para la estabilidad política de Venezuela debido a la radicalización de vastos sectores de la población, a las facciones chavistas que lo reivindicarían como un mito, muchas de las cuales se han convertido en milicias armadas que no tienen ninguna convicción por las vías democráticas.

¿Cómo podría actuar y confrontar un nuevo presidente a los grupos radicales y armados con un Ejército politizado, falto de cohesión y sin clara lealtad al primer mandatario? El actual ministro de Defensa Henry Rangel Silva ya en el pasado afirmó que los militares no aceptarían un gobierno de la oposición. La inteligencia cubana, muy influyente en el estamento militar venezolano, también con seguridad movería sus bazas para impedirlo.

¿Cómo podría igualmente un nuevo gobierno aplicar recortes y reconducir la política económica en el evento de una reducción de los ingresos petroleros con los antecedentes de intentos de golpes de Estado y en un clima social tan adverso? Por encima de cualquier consideración sobre el adecuado balance de una política económica y social progresista, sobre la apropiada proporción de la intervención estatal para asegurar el beneficio a los más desfavorecidos, en Venezuela se ha instalado un clima de radicalidad en amplios sectores populares y facciones chavistas que supondrán un gran desafío para un nuevo gobierno surgido de la oposición, reconocía hace algún tiempo en una conversación que sostuve con Manuel Rosales, el excandidato presidencial venezolano, actualmente exiliado en Perú.

Sin la renta petrolera la existencia de la Revolución Bolivariana sería no más que una quimera. Gracias a la misma el régimen se ha podido erigir en tiempos en los que tal amalgama de socialismo-populismo es una peculiaridad, se ha podido preservar vía el mantenimiento de altos niveles de gasto público y amortiguar las crisis propias de un sistema en el que el único árbitro pasó a ser el poder omnímodo del presidente.

Aunque nadie sabe con certeza qué pasará en una Venezuela post-Chávez, lo que es seguro es que la feroz pugnacidad desatada desde ahora entre las facciones chavistas por posicionarse ante un eventual relevo del comandante Chávez, léase los Nicolás Maduro, los Elías Jaua, Diosdado Cabello o su hermano Adán Chávez, se encargarán de agregarle un ingrediente más al cóctel de incertidumbre que penderá sobre Venezuela. En ese caso, la misma peculiaridad con la que se estableció el régimen puede ser demandada para salir de una crisis de gobernabilidad probablemente inevitable. Para la región será imposible permanecer indiferente.

John Mario González es experto en sector público y consultor internacional en Washington D.C.