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lunes, 25 de septiembre de 2017

ABRASIÓN

Ingeniería de mantenimiento, democracia, chavismo, cultura, estética. Todo mezclado
Hermann Alvino
 
– Con el tiempo, todo lo material se deteriora, la luz solar degrada el color del plástico, los filamentos de los millones de bombillos que aún alumbran las calles y las casas se funden, los baches de las calles aparecen de la nada por la abrasión de los neumáticos -unida al peso de los vehículos que por allí circulan-, los cables de los ascensores pierden sus propiedades por la fatiga de estirarse y encogerse contínuamente, la misma humedad y el oxígeno del aire se comen la infraestructura metálica, los rodamientos de ejes de motores pierden lubricante y se trancan, el concreto se agrieta, los moldes de las prensas con que se fabrican millones de objetos se desgastan, al igual que el cableado eléctrico y telefónico junto a las tuberías de agua y gas. En fin todo lo que nos rodea, comenzando por la misma ropa que vestimos y los electrodomésticos con que la lavamos, junto al resto de aparatos en nuestros hogares, termina averiándose, al igual que los ordenadores y teléfonos móviles, especialmente los de baja gama, con sus circuitos integrados chinos, cuyas aleaciones y soldaduras, además, se degradan con el calor que generan esos mismos circuitos, en una suerte de curioso suicidio electrónico.

– Las causas del deterioro y ruptura son muy diversas, y complementan el inevitable desgaste natural que aparece con el tiempo, aun con un uso normal de cada equipo e infraestructura; entre las más nefastas está el simple mal uso, y el no corregir a tiempo esas pequeñas fallas que van apareciendo, aunque en estos tiempos de consumo y degradación extrema del planeta, a veces salga más barato comprar un aparato nuevo que enviar a reparar el averiado.

– En materia de infraestructura pública, Venezuela nunca se ha caracterizado por mantenerla en buenas condiciones, y a excepción de aquel Metro de Caracas, que funcionó impecablemente antes de que el chavismo lo invadiera todo, el país ya arrastraba desde siempre un déficit de mantenimiento que poco a poco afectó a todo lo que estaba a la vista: autobuses, carreteras, aceras, postes y alumbrado, teléfonos públicos, alcantarillas y desagües, barandas de autopistas, ascensores, escaleras mecánicas, etc.

– Ese enorme deterioro se generó a partir de la incompetencia de quienes eran designados para dirigir las diversas unidades de mantenimiento adscritas a ministerios y empresas del Estado; una incompetencia que irónicamente no afectaba tanto al personal técnico subordinado, o sea los ingenieros y técnicos que conocían su oficio muy bien, pero cuya capacidad de decisión y operatividad se estrellaba con el nivel superior. El problema de la gerencia mediocre, o simplemente la falta de gerencia, siempre ha sido uno de los grandes defectos de la administración pública, y no cabe duda de que sus consecuencias fueron decisivas a la hora de degradar la calidad de vida al punto de hacer que el chavismo se viese atractivo para millones de venezolanos.

– La experiencia en materia de ingeniería de mantenimiento en la administración pública venezolana indicaba que la falla en el nivel de dirección se retroalimentaba en el nivel obrero, aprisionando así al nivel medio de ingenieros y técnicos, esto es, que por una parte, los directores pocas veces se nombraban por su capacidad técnica, específicamente enfocada al mantenimiento –que es una rama de la ingeniería tan rigurosa como todas las demás, a las cuales integra de manera multidisciplinaria para alcanzar un notable grado de complejidad-, y por otra, que el nivel obrero había llegado a un punto de no retorno en materia de incompetencia, una vez que el clientelismo partidista lograra imponerse sin control alguno.

– Así, cuando en el nivel de dirección se tomaba la decisión de realizar algún “operativo” para compensar el deterioro causado por meses y años de laxitud gerencial, todo se basaba en que había el dinero generado por la renta petrolera, y muy pocas veces se daba el caso de una gerencia basada en la relación costo-beneficio, a partir de las rutinas que la ingeniería de mantenimiento establecía como estándares en cada clase de infraestructura.

– Por su lado, en el nivel obrero se iban colocando a miles de personas a partir del clientelismo político, dejando así las unidades de mantenimiento saturadas de obreros mal formados, que en el mejor de los casos tenían la intención de trabajar, pero que en muchas oportunidades ellos solamente estaban allí para cobrar. Ellos eran empleados sin empleo. Además, ni estaban todos los que debían ser, ni eran todos los que debían, ya que incluso por la misma dinámica sindical y el amiguismo, había jardineros especializados operando como soldadores, o electricistas trabajando como choferes, cual diabólica rotación que buscaba cobrar incentivos, horas extra, y bonos diversos impuestos por un poder sindical fundamental para los partidos. Este problema pasó a ser parte de la democracia misma, o más bien, de la cultura nacional, puesto que ya sin democracia real, el chavismo, con sus funcionarios civiles y militares, muchos más ineptos y corruptos que los de la democracia, ha llevado esta realidad a extremos intolerables para cualquier intento de administración pública racional.

– Las consecuencias de nombrar en altos niveles de las unidades de mantenimiento a directores sin la formación gerencial adecuada, y por tanto incapaces de aprehender los conceptos de calidad, no solamente conllevó que no se tomaran decisiones acertadas, o que no se tomaran en absoluto, sino que cuando ello ocurría se dejaban de lado justamente los estándares de calidad que asegurarían un abordaje exitoso al probema. El mejor ejemplo de ello lo conoce cada venezolano cuando ve los huecos de las calles, que cuando por algún milagro se reparan, reaparecen al poco tiempo.

– Han habido además dos motivos adicionales de deterioro que también evidencian la incapacidad de la administración pública para llevar el paso en materia de mantenimiento -y que con la pobreza creada por el chavismo han llegado a extremos impensables-: el primero es el latrocinio ciudadano generalizado de la infraestructura, como el robo de centenares de kilómetros de cableado, de tuberías, de barandas de las autopistas, de tapas de inodoros, de papel de oficina, lápices, y todo lo que esté a la vista. Un ejemplo desde siempre han sido los hospitales, donde el déficit de material ha sido crónico por el robo continuado por parte del personal médico inescrupuloso, y de los mismos usuarios y pacientes; otros ejemplos son el robo de energía eléctrica y de agua, y para ello basta voltear hacia nuestro cerros para valorar la magnitud del problema. Todo ello es consecuencia directa del desgobierno.

– El otro motivo es el simple mal uso y abuso con el que el ciudadano interactúa con la infraestructura, y lo vemos en los asientos de una buseta, en los lavamanos quebrados de los baños públicos o en las botoneras rotas de los ascensores de cualquier edificio, lo que indica incluso que en Venezuela todo comienza a deteriorarse en grado sumo incluso antes de inagurarse. No es solo vandalismo sino mal uso  ciudadano, en un país donde se cree que las cosas no son de nadie, y por ello se abusa de ellas, pero también se piensa que las cosas son de todo el mundo, y por ello también se abusa de ellas. Pero cuidado, no se trata de autoflagelarse, porque basta visitar un baño de un avión al final del trayecto para comprobar que el abuso es planetario, excepto claro está si los pasajeros eran japoneses.

– Durante la democracia prechavista hubo ciclos de recuperación de la infraestructura que en cierta medida permitieron que el país siguiera funcionando dentro de niveles aceptables. El gobierno de Luis Herrera abordó una renovación de toda la infraestructura, junto a la imposición de parámetros operativos de calidad, algo que tuvo un enorme costo para todo el país, pero que fue inevitable dado el caos y el colapso de la infraestructura generado durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez –quienes durante aquel gobierno de LHC trabajaron en el Instituto Metropolitano de Transporte Colectivo, o en el Centro Simón Bolívar, recuerdan muy bien el vergonzoso estado de las cosas que heredaron de la gestión de Diego Arria, una historia patria que está a la vista, y bien documentada para cualquier venezolano que tenía que pasar por un aeropuerto, un terminal de autobuses, utilizar un ascensor del edificio donde estaban los tribunales, o montarse en el autobús de la ruta de San Ruperto, porque en ese momento era que su vida se convertía en algo muy desagradable.

– Aún así, el país tenía esa cíclica capacidad de respuesta que la renta petrolera le permitía, para más o menos seguir funcionando dentro de mínimos de calidad. Sin embargo, lo que sí constituía una excepción en positivo en materia de dicha calidad, era el estado de la industria petrolera y de casi todas las empresas de la CVG de Guayana –nótese el “casi todas”, porque allí ya había nidos muy bien establecidos de latrocinio y desdén por la infraestructura industrial, casualmente gestionada por muchos que a la postre resultaron ser chavistas-. Y era gracias a esos estándares de gerencia y de mantenimiento que esas industrias generaban las divisas que podían malgastarse a partir de la irresponsabilidad de los niveles de decisión mencionados, y cuya inercia de bonanza le ha permitido al chavismo ampliar hasta lo indecible este enorme inframundo clientelar que arruinó en su momento a la democracia.

– Ahora imaginemos a Venezuela gobernada durante 18 años por una banda de ineptos y corruptos, constituidos en una parte muy importante por militares, que de estas cosas saben muy poco, para quienes el objetivo de su presencia en el gobierno no es cumplir con la misión específica de cada organismo público, sino simplemente medrar y robar. Imaginemos esto, ya no a los dos niveles comentados –el gerencial y el obrero-, sino a todo el resto de los estratos de la administración, y sumémosle el criminal acto de Chávez de transformar a PDVSA y a la CVG en sumideros clientelares para cargarles a sus presupuestos los sueldos y salarios de millones de venezolanos cuya misión principal no es trabajar, sino apoyar al régimen. Visto así ya podremos explicar las razones por las cuales, para cualquier venezolano, la vida se ha hecho insoportable, porque gobernar no es despachar desde un cómodo sillón en un recinto decorado con gusto algo discutible, sino pensar, planificar y decidir sobre asuntos muy concretos sobre los que hay que tener especialización y experiencia.

– De allí que los países exitosos dividen a la administración pública en un nivel político y en otro operativo, estando el primero a cargo de políticos que pueden desconocer por completo lo que tienen entre manos, pero que cuentan con unos colaboradores que sí saben lo que hacen, y que están allí por méritos realizados dentro de una carrera administrativa estable. Que se nombre un ministro de defensa para luego rotarlo al ministerio de educación, y más adelante al de sanidad, obviamente no es lo ideal en ninguna administración, pero si se tiene el formidable apoyo del funcionariado experto y estable, al menos esa opción será el mal menor en comparación al desorden gerencial que ha caracterizado al Estado venezolano.

– Volviendo al mantenimiento, cuando cualquier paisano viaja se percata de las razones por las que súbitamente le nacen deseos de vivir fuera del país, y éstas nacen de lo bien, relativamente bien, cuidadas que están las cosas o de lo rápido que puede funcionar el realizar trámites, incluso en países más pobres, donde los formatos y demás papeles requeridos siempre están disponibles para ciudadanos y funcionarios. Fue entonces la misma muerte lenta de la ingeniería de mantenimiento del Estado venezolano, a partir de mediados de los años 80 del siglo pasado, la causante de muchos disgustos de la gente, porque esa muerte reflejaba los dos grandes defectos que a juicio de todo el mundo había que errradicar del Estado, sin notar voluntad política real para ello, o sea la desidia y la corrupción.

– Con el chavismo la historia se repite, pero en grande, y sin capacidad de revertir el curso de las cosas, tanto por falta de recursos y dinero, como por la carencia de una generación gerencial competente, dada la mediocre o nula educación que el chavismo ha impuesto en la sociedad.

– Si la desidia y la corrupción en materia de mantenimiento fueron decisivas para acabar con la democracia, solo queda preguntarse por qué aún no lo ha hecho con el régimen iniciado por Chávez. Y la respuesta, además de la fuerza bruta ejercida por esta gentuza, es que, en general, partiendo de que el ser humano se acostumbra a todo, y que los parámetros estéticos han cambiado tanto durante los últimos 30 años,  es que el desolador paisaje que muestran nuestras ciudadades y pueblos ya le parece a la gente algo normal.

– En este sentido, todo indica que el chavismo también ha ganado la batalla estética, y que en última instancia, defenestrarlo del poder implicará abordar el tema cultural, del cual la estética es una componente indispensable.

Fuente:
Ilustración: Dalia Ferreira.

miércoles, 26 de julio de 2017

CUADERNO DE BITÁCORA

Lilian Tintori ha salido al exterior con sus hijos (http://www.el-nacional.com/noticias/politica/lilian-tintori-familia-salieron-del-pais-este-martes_195106), levantando una injustificada crítica en las redes sociales. No ha bastado su testimonio de lucha y el constante riesgo para sus hijos, ni parece bastar el testimonio del propio Leopoldo López y el "poco" de tiempo que ha estado en Ramo Verde, quien - por cierto - se queda, desafiando las reglas de su actual encarcelación. Quizá sea necesario revisar el criterio que predomina en algunos sectores de oposición,  reducido pero bullicioso a través del teclado. Sin embargo, ¿para qué dedicar tanta tinta de byte a lo que evidentemente constituye una campaña de desprestigio gubernamental? He acá la clave esencial, no otra. Una miserable campaña que, seguramente, toca alguna fibra advertida por los costosos y diarios sondeos del opinión de la dictadura.

Por supuesto, la casa que López tiene por cárcel, es centro de atención. Las rejas recibieron una costosa mano de pintura. Uno de los motivos  gráficos de la resistencia y el tricolor nacional, se convierten en emblemas de un hogar que no es tal. Raro que la custodia dejase echar esos brochazos. Empero, hay quienes tienen alguna observación. Por ejemplo, la estrella adicional. Nos parece una discusión irrelevante ante la gravedad de los problemas del país. Son válidas las opiniones. ¿Séptima u octava estrella? Identidad de la bolivariana dictadura del presente e identidad de los tiempos que la precedieron. Ojalá no levante distracción alguna sobre los tópicos que realmente interesan.

Una vez que Maduro Moros los ha autorizado con su alocución, cada quien deja testimonio de una extrema adhesión. Arias Cárdenas habla de los fusiles y el gobernador del Guárico aporta un mensaje de gran aliento. Conociendo la pólvora, la pólvora a traición desde los tiempos de El Amparo, por fortuna queda el registrado de su enorme sensibilidad. Cada vez que hay un gesto de franqueza, delierado gesto que está muy bien sintonizado con las convicciones abrigadas, otros juegan a una mayor sinceridad de la interpretación del gesto que hacen suyo. Ahora, intentamos comprender el asunto. No hay guerra civil si las dos partes no están armadas. El gobierno lo está y de sobras, mientras que la población que lo protesta no. Una guerra se da entre gente armada. Luego, la guerra es entre la misma gente que gobierna. ¿Eso es lo que avisoran tamañas declaraciones de todo aquél que pugne por sobrevivir en el poder?

Con sobradísima razón, las redes apuntan a la responsabilidad de los funcionarios sancionados y no del país de origen. Incluso, implicada PDVSA en uno de sus tantos manejos dudosos, en días pasados, la dictadura - como ocurrió con el decreto de Obama - ha intentado convertir sus tropelías en bandera nacionalista. Además de falsa bandera, sería una bobería que alguien hiciese causa común con los sancionados, así rasgase sus vestiduras como partidario del gobierno, pues, simple, sufre y muy amargamente las consecuencias del desgobierno. Hay más claridad en la materia que lo sospechado por una dictadura que no cesa de sondear a la opinión pública.

Podemos entender la necesidad que existe de sobrevivir, trátese de una panadería, bazar o estación de servicios. Además, tienen empleados. Pero también que, al llegar al llegadero, no se puede ser colaboracionista, ni siquiera en nombre de la supervivencia. Hay que echar el resto. Después, cuando todo pase, quedarán muchas cosas documentadas. Es natural la reacción. Y, aunque no apostemos por una cacería de brujas, más adelante habrá grandes, medianas y pequeñas responsabilidades que fijar. Una tanqueta que ha malherido o matado a alguien, o va a hacer, al recargar combustible, de alguna manera hace corresponsable al recargador.
La localidad ha sufrido y mucho, la represión ilimitada de una dictadura que no respeta siquiera a las autoridades regionales y municipales, electas directa, universal y secretamente por la ciudadanía. !Y después se dice gobierno democrático!

Que lo diga Felipillo, es importante. El PSOE metido hasta las medias en esto. Demasiado evidente que la gestión de Rodríguez Zapatero, excepto los beneficios que pudiera personalmente obtener, stá muy lejos de convertirlo - precisamente - en un Nobel de la Paz. Más presos y más muertos. E, incluso, nos enteramos, tuvo la intención de conversar con María Corina Machado, cosa que no se materializó: debe saber muy bien que ella es intraficable. El español no es un referente ético, allá ni aquí. Y la persistencia en sus diligencias, por fracasadas que sean, habla de otras intenciones. O, mejor, complicidades. A falta de estadistas, están estos mandaderos bien tarifados. Es poderosa esta convicción ante las evidencias. Ya ni da la cara abierta y libremente a los medios. Desconfiamos de Rodríguez Zapatero y demasiado. El proyecto comunista lo tiene de aliado en el continente.

Caracas estuvo de aniversario: 450 de su fundación española. Española o no, fundación e institucionalización de la ciudad, al fin y al cabo. Y Dalia Ferreira la ha convertido en un interesante, sostenido y llamativo objeto artístico que se le agradece. Ha tomado una instantánea de la ciudad, la de los últimos años con  sus edificios y lugares más emblemáticos, por ejemplo, para envasarla en un frasco de mayonesa. Frasco popular que se ha ido antes que la ciudad misma, en franco deterioro. Ojalá, todo pase prontamente y la propuesta  totalitaria no culmine, pues, de lo contrario, quedará el de Dalia, como un testimonio histórico de lo que alguna vez fue la capital de una República en peligro, bajo asedio. El diseño del envase de vidrio de la Kraft, nos remite a los hábitos de consumo que, décadas atrás, tuvimos. Y de la "bayonesa", como la refería aquél personaje de la telenovela "Por estas calles". Creemos que todavía la artista está pendiente de un estudio que valore sus aportes.

El aniversario de Caracas, nos lleva a importantes iniciativas como la de Hannia Gómez. Promete mucho la exposición, aunque la fecha no ha sido la más propicia. Esta situación tan explosiva para una ciudad que alberga a un implosivo elenco de poder, ha impedido que, por lo menos, nos acerquemos a curiosear. Seguramente tendrá la calidad, extensión, detalles y vistosidad de otras exposiciones, como la de las Italia de algún tiempo atrás. La dictadura ha afectado los ritmos que fueron normales, punzando los nervios al ritmo de una inclemente represión. Ojalá, más adelante, haya un inventario de los daños ocasionados, incluso, a la arquitectura de la ciudad. Comenzando por el quiste del Palacio Municipal, pasando por el desbarajuste ocasionado por los disparos del opresor desde las tanquetas  atropellantes, la que deshace portones por doquier para arrancar la faena, hasta las ocurrentes remodelaciones del oficialismo ávido de meter la mano en el tesoro público.

Muchas de las vistas detalladas de la más remota ciudad de Caracas, se debe a las páginas rojas. La vieja prensa apuntó a casas y edificios que fueron, por un instante, noticia de un robo, secuestro u homicidio, por ejemplo. Esta reproducción, tomada de El Nacional de Caracas de 1968, cuenta del contratista que asesinó a su mujer mientras leía "A sangre fría". Se trata de la quinta "Anabel" de la avenida Costa Rica de  Las Acacias, además, sin muro alguno. Quién sabe si todavía existirá, fue reemplazada por un edificio, se conserva custodiada por altas paredes, o es un local comercial. De arquitectura sencilla, pero interesante, ejemplifica el paisaje tan diferente de la ciudad después devorada por la serialización.
LB

domingo, 2 de julio de 2017

LA CULTURA DE SÍES



Del imaginario que emerge

Luis Barragán

Saliendo de casa, nos detuvimos a la espera del ascensor (o descensor), observando con cierta contrariedad que, al otro extremo del pasillo, detrás de las rejas que seccionan a lo Alcatraz el área común, dos niños rayaban la pared. Ambos repitieron a viva voz la consigna, “Fuera Maduro”, la que no daba ocasión para el habitual error ortográfico, celebrándola con el simulado enfrentamiento con una tanqueta.

De rostros cubiertos y escudos improvisados, a uno de ellos se le ocurrió preguntarme si fumaba para que hiciera una donación a la que obviamente nos negamos, antes de bajar.  Quizá supondrán que un rayo láser paralizará al represor, enfundados por el inaudito gas,  mientras llega el enfermero para atender a los heridos y un chorro de la manguera enemiga desborda el lugar.

Evidentemente, los niños tienen la oportunidad de fisgonear las noticias y de escuchar el testimonio de los mayores que acuden religiosamente a las pacíficas concentraciones y marchas de protesta. Los seducirá la estampa del escudero que, en franca desventaja frente al policía y el militar que los apunta, ha consagrado el tiempo.

Dos o tres años atrás, en medio de una manifestación que no dejaron salir de la UCV, detallamos al muchacho y a la muchacha de cubierta cara y lentes obscuros, pantalones cortos y zapatos deportivos, con máscara anti-gas, un tobo de agua cercano y una mano enguantada. Hoy ha incorporado un casco teñido en casa, por lo general, el más barato que emplean los mototaxistas para sus apremiados clientes, y una lámina de metal o madera, a veces, el plato de una antena satelital, cuidadosamente pintada, con una oración al reverso.

Irrumpe así, en el imaginario colectivo, una novísima representación del heroísmo que, como todo aquel que se precie, tiene en la entrega desprendida su mejor bandera. Asociado a la ciudadanía, espera por un desarrollo que le servirá de soporte necesario a la transición democrática en reemplazo de aquellas creencias que, de los otros y de nosotros mismos, fueron labradas por la violencia de todos estos años.

En el gesto inocente del niño ha de expresarse, como desgraciadamente ocurrió cuando se le disfrazó en los carnavales de 1992 como golpista; u ocurre, ya diluyéndose, con el juego infantil que exalta al malandro que liquida al policía y humilla a los inocentes.  Y, al repletarse los aeropuertos con el regreso masivo de venezolanos, quedará atrás el juego de la niña que asume que varias de sus muñecas ya se fueron del país.

Venceremos la cultura de la muerte, con la cultura de la vida. Reivindicaremos nuestro derecho al optimismo que esta extraordinaria experiencia de calle, inevitable experiencia que nos llevará a una diferente comunión de los venezolanos.

viernes, 30 de junio de 2017

ALGO MÁS QUE UNA PINCELADA

El arte se manifiesta ante la crisis nacional

Nosotros, artistas e intelectuales de las artes visuales, unidos en defensa de la libertad de pensamiento y acción, la democracia y la justicia en Venezuela, valores indispensables para la preservación de la paz y la existencia de una nación.
Ante la crisis humanitaria, institucional y moral que padece nuestro país sometido por un poder ejecutivo que aspira su consagración totalitaria a toda costa, conduciendo fría y progresivamente su acción a la ruptura del orden constitucional, la cual hoy se evidencia en:
1-El desconocimiento y neutralización de una Asamblea Nacional electa, con mayoría calificada, mediante el sufragio legítimo, libre y universal de los venezolanos .
2-La existencia de un Tribunal Supremo de Justicia ilegítimo, bastardo, designado con la finalidad de confiscar la voluntad popular.
3-La convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente realizada a espaldas y en contra del poder que reside en el pueblo, con una convocatoria viciada y de duración indefinida que reduce y sectorializa la participación de la sociedad venezolana y el alcance de sus conquistas. El carácter fraudulento de sus bases comiciales, postuladas sin consulta previa a los ciudadanos, con la finalidad de constreñir a la democracia y encerrar a los venezolanos en una camisa de fuerza que mediatizará sus derechos, eliminará las elecciones, reducirá la participación civil, enturbiará el sagrado derecho del voto universal, directo y secreto, para finalmente fracturar el hilo constitucional con la implantación definitiva de un régimen totalitario.
4-La violación permanente de los Derechos Humanos y las Garantías Constitucionales a través de:
- El mecanismo sistemático de persecución al que disiente.
- La criminalización y represión violenta de las protestas pacíficas por parte de los cuerpos de seguridad del Estado con saldo de centenares de muertos y miles de heridos.
- El allanamiento ilegal de viviendas y la realización de robos y daños materiales
- El creciente número de presos políticos en Venezuela, privados de su libertad por la sola circunstancia de ser opositores.
- El sometimiento de civiles a juicios militares.
- El total irrespeto de los derechos de los detenidos.
5- El atentado a la soberanía nacional, patente en la injerencia cubana en el manejo de funciones vitales de inteligencia, control militar y ciudadano; identificación, economía, y política.

Queremos manifestar nuestra decisión de participar en este gran movimiento unitario de los venezolanos, este clamor nacional que exige un cambio urgente, una solución democrática, legítima y pacífica al caos que consume a nuestra nación. Por ello acompañamos todas las voluntades que luchan por la libertad y porque Venezuela reencuentre el camino de la justicia, la paz y la prosperidad.
Exigimos la transición pacifica que conlleve al retorno a la constitucionalidad democrática. El respeto a la Asamblea Nacional y al Ministerio Público; la liberación de los presos políticos y manifestantes detenidos y el cese de la represión y la tortura. La designación de un Consejo Nacional Electoral legítimo e imparcial y la subsiguiente realización de elecciones libres, universales, secretas y directas.
Reclamamos la urgente apertura de canales de ayuda humanitaria.
Ilustración: Dalia Ferreira.

domingo, 28 de mayo de 2017

(DES) ORDEN PÚBLICO Y (A) NORMALIDAD



De un corotico del pesebre

Luis Barragán

La restitución del orden público, quebrantado antes por alguna circunstancia, significaba la normalización de la vida ciudadana que incluía la inmediata y regular prestación de los servicios públicos.  A juzgar por la vieja prensa, añadidos los hechos represivos más sangrientos,  el mayor desafío de todo gobierno fue volver prontamente a sus tareas rutinarias, las de gobernar, intentando literalmente tranquilizar a la población para retomar el cauce de la vida cotidiana.

No pretendemos una versión paradisíaca de los regímenes anteriores al actual, pero – concluimos -  hubo un natural esfuerzo por serenar los ánimos, dándole al orden una adicional y significativa, como inadvertida,  acuñación que también – de un modo u otro – agradecían los protestatarios.  Podrá decirse de una ingenua apreciación, porque – sostenemos – evitar la crisis o la caída de un gobierno, pasaba por demostrar su capacidad de generar la normalidad mínima e indispensable del ámbito público.

Ocurre todo lo contrario en este nuevo siglo que nos tiene por apremiados inquilinos,  ya que el dato fundamental es el de la anormalidad y, en permanente estado de sitio,  poco importa el restablecimiento mismo de los servicios públicos. El más importante reto del gobierno es el de no caer a cualquier precio que se le antoje, demostrada su más completa ineptitud por administrar con algo  de eficacia los asuntos comunes, deliberadamente indiferente ante el destino que procura a la población así la sumerja, como acontece, en una aguda y prolongada crisis humanitaria.

Siendo el caos su naturaleza, pretende escarmentar a justos y pecadores por las protestas multitudinarias que ha suscitado, jamás vistas en todo nuestro historial republicano, quedándoles estrechas las más largas y anchas autopistas del país. Además de reprimirlas a sangre y fuego, a este gobierno le importa un bledo cerrar todas las estaciones del metro o desarmar los puentes de Caracas, dejar sin servicio de electricidad o agua a importantes o marginales zonas del país:  para su mayor rabia, centenares de miles de personas acuden a pie, con lo poco que tienen, entusiastas, a protestarlo, convocados  boca a boca, byte por byte, sin necesidad de autobuses o de las grandes campañas televisivas de las que se supo en 2002.

Entonces, guiados por el sentido común, diferenciamos entre la normalidad y la anormalidad, entre orden y desorden público, en el esfuerzo de todo gobierno por mantenerse en pie, aunque – anteriormente – evitar la caída se unía a la demostración de una capacidad – por lo menos – tentada e intentada de gobernar, como los dos coroticos intocables del pesebre. Hoy, Nicolás Maduro vela por un solo corotico y para todo lo demás está la pólvora.

29/05/2017:
Ilustraciones: Dalia Ferreira.