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lunes, 18 de mayo de 2020

CAZA DE CITAS

"Es en el humorista donde se vive la conciencia irónica, la percepción de lo dual del mundo y del ser, y la intuición de pertenecer a la vez a varios planos de la existencia (...)  Por el juego del humor lo incongruente de la vida y el ser alcanza, muchas veces su rearticulación, la certeza de la reconstrucción del sentido. El humorismo, sin embargo, cuando se profundiza en la visión escéptica, es capaz de tolerar las aristas del sinsentido"

Víctor Bravo

("Figuraciones del poder y la ironía", Monte Ávila Editores - ULA, Caracas, 1997: 133)

Ilustración: Giuseppe Veneziano.

sábado, 2 de septiembre de 2017

UERFANÓZ DEL BURLESQUE DE LA DESHOVEDIENCIA

EL PAÍS, Madrid, 02 de septiembre de 2017
 TRIBUNA
Huérfanos de Groucho
Jesús Mota

Han transcurrido ya 40 años de la muerte de Groucho Marx, nacido Julius Henry Marx, bigote visible de los hermanos Marx. Lo menos malo que puede decirse de este tiempo, casi toda una vida, es que ha sido muy poco divertido en casi todos los sentidos y sus herederos en el arte de la risa no han podido llenar el vacío. Woody Allen ha explotado la veta de la lástima como defensa frente al mundo exterior, pero con todo su talento para construir historias mezcladas de miel, acíbar y neurosis no ha cubierto el vacío de desvergüenza arrolladora dejado por el segundo de los Marx. A diferencia de Groucho, carece de vocación destructiva. Dino Segre (Pitigrilli) enunció una ley (entrópica) de la risa: “El humorismo se deteriora a los 25 años como máximo”. Pues bien, en el caso de Groucho estamos ante una singularidad. Una antología de los Marx resiste el paso de los últimos 40 años con gran ventaja sobre sus más directos competidores, incluyendo a Rajoy.

Para el subconsciente de muchos de sus seguidores, la muerte de Groucho fue una frustración. Tenía vocación de inmortalidad, como queda de manifiesto en una de sus frases para la posteridad en la que supuestamente pensaba vivir cómodamente instalado: “Tengo la intención de vivir para siempre o morir en el intento”. Una afirmación de tal calibre resume la lógica implacable y dislocada de su Weltanschauung, feliz y agresivamente inmadura. No es muy diferente de esta felicitación de su puño y letra: “Si sigues cumpliendo años acabarás por morirte. Besos, Groucho”. Incluso mencionó en Groucho y yo que alguien por la calle le había implorado encarecidamente “No se muera usted nunca”, como si Rufus T. Firefly conociera la pócima de la eternidad. Con su querencia burlesca hacia la inmortalidad, Groucho invertía brutalmente esa condolencia trillada, propia de tarjeta postal o de galletita china de la suerte, que proclama hipócritamente: “¡Vivirá siempre en nuestro recuerdo!”. La tontuna no convenció a Unamuno y tampoco a Groucho. Bien sabían los dos que no existen los controles de memoria y que, en todo caso, se pueden falsificar. Por ejemplo, con el timo de los aniversarios.

Groucho desplegó generosamente dos manías constitutivas y constituyentes. Sentía una afición morbosa por la divagación exuberante, incluso asfixiante. Sintetizó la verborrea y la incomunicación arbitraria en un único instrumento complejo de humor y con él desquiciaba o asfixiaba a sus oponentes (Margaret Dumont, Louis Calhern, Sig Rüman). Groucho y yo empieza con su nacimiento (declara haber nacido “a muy temprana edad”), lo cual le da pie para pontificar sobre la edad y la vejez (“llegar a viejo no tiene mérito; basta con haber nacido antes”), se enreda con una disertación editorial sobre libros de cocina, sigue la maraña con los excedentes de maíz, pone un pie impertinente en el cuello de los rústicos granjeros, culpables de muchos males, y ofrece una conferencia venenosa sobre las personas que madrugan.

La segunda manía es su complacencia en presentarse como un ser roñoso y ruin. En Los hermanos Marx en el Oeste, Quentin Quale entra ostentosamente en la estación, seguido de un número interminable de mozos que llevan su equipaje. Se vuelve hacia ellos y pregunta: “¿Tienen cambio de diez centavos?”. Los porteadores se sumen en la perplejidad, niegan y Quale aplica la lógica marxista: “¡Pues quédense con las maletas!”. La ruindad avarienta destella en este diálogo de Groucho y Chico abogados. “Groucho: Le diré lo que pienso hacer. Le daré seis dólares a la semana y usted se trae la comida. Chico: Bueno, pero... Groucho: Voy a ir incluso más lejos. Le daré seis dólares a la semana y también me trae la comida a mí”. Acertará quien busque el origen de esta avaricia descacharrante en una infancia poco boyante, con su padre Misfit Sam atrapado en sus pobres habilidades como sastre y los muchos años pasados en los espectáculos de variedades recorriendo cientos de poblaciones que pagaban con comida o salarios ínfimos.

La maestría, hoy por hoy inalcanzable, de la troupe marxista se revela en la dislocación tenaz y desvergonzada del lenguaje convencional. La lengua, es decir, sus nódulos y cristalizaciones deformes, envuelven como una capa protectora al orden convencional (el orden “como Dios manda”, que diría Rajoy). También perpetúan la obediencia (¿debida?) y sostienen el dominio de lo existente sobre lo que ha de venir. La demolición discursiva de Groucho significa un rapto espasmódico de desobediencia. En los términos que Wittgenstein imputaba a la filosofía, la vorágine verbal de los Marx es “una lucha permanente contra el embrujamiento de nuestra inteligencia por el lenguaje”. Cuando Groucho dice (Sopa de ganso, de Leo Mc Carey): “Este es el quinto viaje que hago hoy y todavía no he estado en ninguna parte”, está describiendo la boba experiencia del turismo contemporáneo. El sinsentido nace de una exacerbación de la lógica que acaba por corroer el sentido común, el más inútil de los sentidos en los diálogos de los Marx. Con esa lógica descoyuntada, lo real acaba por aparecer, bien que maltrecho, por debajo de las palabras. Oigamos a otro Marx, en esta ocasión a Chico, también en Sopa de ganso: “Vera: “Hagáis lo que hagáis, nada de ruidos. Si os encuentran estáis perdidos. Chicolini: “Estás loca. ¿Cómo vamos a estar perdidos si nos encuentran?”.

Groucho está más allá del pesimismo, más acá de la locura y muy cerca del arribismo como salida a la falta de soluciones. Firefly, Driftwood o el veterinario curacaballos Hackenbush convertido por el poder de la señora Upjohn en médico de postín (“Tómese esta píldora cada 50 kilómetros”) están al margen del orden institucional; sólo pretenden asaltarlo, reventarlo o burlarse de él. Casi podría decirse que Julius fue un avatar de Francis Bacon en una lucha a muerte contra los ídolos (las generalizaciones, las ideas preconcebidas, las doctrinas de moda y las convenciones) que denunció el pensador inglés. No escatimó las invectivas a la política (“El arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después remedios equivocados”). Quizá por eso le cupo la gran satisfacción de que Mussolini prohibiera Sopa de ganso en Italia.

Más allá de la corrosión, de las mofas y del funambulismo estridente, Groucho e i suoi fratelli pulieron auténticas joyas de la comedia universal. Sopa de ganso contiene dos secuencias que están entre las mejores de la historia del cine cómico, a la altura de la persecución de las novias o los esfuerzos por evitar la avalancha de piedras en Seven Chances, de Buster Keaton: la coreografía de Groucho y Harpo ante el marco de un espejo vacío y la destrucción sañuda del puesto de limonada. En cuanto al camarote de Una noche en la ópera, además de la brillante dinámica de situación, retengamos dos frases a la mayor gloria de la lógica de Groucho: “¿No sería más fácil meter el compartimento en el baúl?”; y, dirigiéndose a la manicura: “Déjemelas cortas, que aquí ya va faltando espacio”.

Hay generaciones enteras huérfanas de Groucho y del burlesque de la desobediencia. Lo peor de todo es que han sido adoptadas por los Reagan, Thatcher, Aznar y ahora Trump, el menos marxista de todos.

Fuente:
https://elpais.com/elpais/2017/08/16/opinion/1502900740_551956.html
Ilustraciones: Enrique Flores y Hans-ulrich Osterwalder.

jueves, 8 de enero de 2015

UMOR

EL PAÍS, Madrid, 8 de enero de 2015
LA CUARTA PÁGINA
Los malos no ríen
Es peligroso ser humorista, los mejores se juegan la vida, y por eso es uno de los oficios más serios del mundo. Pero el terrorismo no ganará, porque el ruido de una bomba puede menos que el estallido de una carcajada
Siete detenidos en la investigación del atentado contra el ‘Charlie Hebdo’
Javier Pérez Andújar 

Es muy fácil matar a dos policías. Es muy fácil matar a un economista. Es muy fácil matar a un dibujante. Es muy fácil matar a cuatro dibujantes. Es muy fácil matar a cinco periodistas. Tan sencillo como matar a doce personas (dos policías, un economista, cuatro dibujantes, cinco periodistas), tan simple como matar a todo el mundo cuando se sabe que las personas somos frágiles por instinto. Nada más pacífico que la redacción de una revista satírica. Por ejemplo, Charlie Hebdo. Por ejemplo, Wolinski, que antiguamente había pasado por Hara-Kiri y que a lo largo de toda una década, los años setenta, fue redactor jefe de Charlie. Allí estaba, ayer estaba, Wolinski en la redacción de su semanario cuando le mataron junto a sus compañeros. He leído en Internet que a algunos los llamaban por su nombre mientras les descargaban los Kaláshnikov. Por ejemplo, Wolisnki a sus 80 años. Un viejo que se ha pasado la vida dibujando, que se ha pasado la vida haciendo reír a cientos de miles de personas frágiles. Pero matar es más fácil que hacer reír.
Y también es más fácil matar a las personas que matar a la risa. La historia del fanatismo, de la intransigencia, es esa: la persecución de la risa. De eso, de la condena de la risa, se habla mucho, por ejemplo, en El nombre de la rosa, una novela de herejes y de monjes que tuvo mucho eco (con perdón). La risa es lo más parecido a la libertad. De hecho existe la risa porque la libertad es imposible, y la gente frágil, aunque no seamos de posibles, sí que tendemos al posibilismo. En los años en que Wolinski era redactor jefe de Charlie,en París, trabajaba el en parque del Retiro de Madrid un titiritero que además salía por televisión. Barba canosa, la barriga como un baúl (para mostrar a todos que era nómada), camiseta y tirantes. Como se llamaba Manuel de la Rosa escribió un libro titulado Manual de la risa por Manuel de la Rosa. Me he pasado la vida riendo con estas cosas, y con todo en general.
En aquella época yo era un crío bromista y Franco había empezado a morirse en serio. Charlie Hebdo le dedicaba portadas dibujándole en el ataúd de camino a su tumba (“Franco va mieux. Il est allé au cimitière à pied”). De algún modo, es decir, gracias a los dibujantes, a los humoristas, descubrí entonces que la verdadera libertad es la risa. El Perich, Chumy Chúmez, OPS, Summers, Cesc, Tip y Coll, por supuesto... En fin, todos. Reírse es luchar contra las dictaduras. Porque los malos no ríen. La risa del malo parece siempre más un graznido o un rebuzno que una risa. Cualquier cosa, menos un sonido humano. A los malos lo que les hace gracia es la desgracia. El malo necesita señalar con el dedo o con el cañón de su pistola aquello de lo que se ríe, porque en realidad solamente él se está riendo su propia gracia y nadie más se la ve por ninguna parte.
Es peligroso ser humorista, los mejores se juegan la vida y, por eso, ya hemos visto, es uno de los oficios más serios del mundo. Cuando alguien mata a un humorista, no es para que deje de dibujar o de escribir o de contar sus ocurrencias, sino para que los que quedamos vivos dejemos de hacerlo. Pero nunca lo consiguen. El terrorismo odia la risa. No puede con ella, porque el ruido de una bomba puede menos que el estallido de una carcajada.
Quienes trabajan en los periódicos y las revistas satíricas buscan la verdad oculta de las cosas
Por ejemplo Wolinski, y por ejemplo, Charb, el director de Charlie Hebdo. Han matado a un izquierdista de 47 años; dicho así parece una vieja película italiana. Pero sigue ocurriendo ahora. El atentado de ayer contra la histórica revista satírica parisiense ha sido un atentado político en toda la regla, pues el objetivo de los asaltantes era la libertad ahí donde se fabrica: en la redacción de una revista de humor.
El periodismo es la manera de vivir y de ser de los humoristas. Sólo en un lugar tan fugaz y a la vez tan persistente como las páginas de un periódico, o de una revista, o en una emisora de radio o en una cadena de televisión, sólo en sitios así donde está todo el mundo de paso, donde hasta lo que se dice está de paso por un día, por unas horas, cabe un humorista. Un periodista y un humorista buscan lo mismo: la verdad oculta de las cosas. El periodista y el humorista se enfrentan a los mismos enemigos. Pero los periodistas fingen que hablan completamente en serio y los humoristas aparentan hacerlo completamente en broma. Cuando se junta un grupo de humoristas acaban fundando una revista y cuando se junta un grupo de periodistas terminan contando chistes. La foto de Charb que ahora mismo circula por Internet es contagiosa como la risa. La fotografía de este dibujante levantando el puño como un comunista y sosteniendo en la mano con orgullo un ejemplar de su Charlie Hebdo. Sólo un fanático puede matar a un hombre con gafas. (Quizá quienes lo han matado esperen alguna alusión relativa a las creencias de unos u otros, pero esto ahora es lo de menos pues estamos hablando de lo único realmente sagrado para los humoristas: la libertad).
El periodismo es la frontera entre el poder y la libertad. Los periodistas son furtivos que le roban al primero para darle a la segunda, y viceversa. A veces se quedan atrapados en uno de los dos campos, y otras caen físicamente durante el camino en el fuego cruzado. Un humorista cuando escribe por la libertad, por la igualdad y por la fraternidad, escribe sobre todo por la hilaridad.
Por ejemplo Wolinski, por ejemplo Charb y por ejemplo Cabu, sus gafas redondas, su peinado redondo y extraño como una caricatura yeyé. El próximo martes 13 de enero iba a cumplir 77 años. Cabu, veterano de mil publicaciones, anciano de una sola vida, muerto a tiros en la redacción de su revista. (En España sabemos los días de enero, los abogados de Atocha acribillados).
Un fanático no soporta que descubran sus trampas. Mata al que las evidencia
Lo que más odian las armas es el lápiz. El del abogado, el del dibujante... El dibujante es el principal defensor del humor. Un dibujante siempre lleva un lápiz en el bolsillo por lo que pueda ver o por lo que se le pueda ocurrir. Al tiempo que escribo esto, la plaza de la Republique en París se está llenando de gente en silencio que lleva un lápiz en la mano y lo enseña a la noche. (Todavía no son las siete y la plaza espera y la redacción espera. Hoy todo el mundo espera desesperado).
Una persona con un lápiz en la mano es todavía más frágil que sin él, porque los lápices nos muestran tal como somos: no tenemos nada más que lo que decimos. Una persona con un lápiz es tan frágil como una persona con gafas. El lema de la democracia es un hombre, un voto, el lema de la libertad es un hombre un lápiz. O una mujer. El lenguaje está lleno de trampas y los humoristas son artificieros especialistas en desactivarlas. Pero un fanático no soporta que descubran sus trampas. Mata al que las evidencia.
Por ejemplo Wolinski, por ejemplo Charb, por ejemplo Cabu, y por ejemplo Tignous, la sonrisa irónica de los morenos tímidos, 58 años, humorista gráfico profesional, colaborador de Charlie entre otras revistas. Esta mañana estaba allí y lo mataron a tiros. Claro, para defenderse sólo tenía un lápiz. Pero un humorista es eso, un hombre que sólo tiene un lápiz para defenderse.
Los fanáticos no lo saben pues no saben nada que no sea su fanatismo, pero no van a poder con los lápices. Cada vez hay más, porque en la vida en libertad lo primero que se le enseña a una niña y a un niño es a coger el lápiz.
(*) Javier Pérez Andújar es escritor. Su última novela publicada es Catalanes todos (Tusquets).

Ilustración: Eva Vázquez.

sábado, 16 de noviembre de 2013

MORROCOYOSOS


El Morrocoy Azul, Caracas, nr. 282 del 12/07/1947


                                         El Morrocoy Azul, Caracas, sábado 07/02/1953


El Morrocoy Azul, sábado 18/12/1954


El Morrocoy Azul, Caracas, nr. 12 bdel sábado 21/06/1941


El Morrocoy Azul, Caracas, nr. 75 del 19/09/1942

lunes, 29 de octubre de 2012

CANDIDECES

Fuente: El Nacional, Caracas, 18/12/65.

viernes, 6 de abril de 2012

HAY COSQUILLAS QUE NO DAN RISA


Al poder le es incómodo el humor
06/04/2012 07:38:22 a.m.

En referencia a las críticas del Gobierno Nacional sobre el contenido de las caricaturas de la prensa nacional, Eduardo Sanabria, mejor conocido como “Edo”, aseguró que los caricaturistas siempre han sido políticos, y opinan sobre ello. “El humor y el poder no congenian (…) con la caricatura te dicen lo que está pasando, eso llega más”, dijo Sanabria, quien aseguró que “al poder le es incómodo el humor”.

Asimismo, aseguró que el Ejecutivo ha tratado de intimidar para que haya censura y precisó que los políticos perdieron la vergüenza. "Cuanto estás en esa posición de poder entras en otra frecuencia donde pierdes aspectos de la realidad (...) En línea general, el ciudadanos de pie es muy jocoso y tiene sentido del humor para sobrellevar el día a día, a pesar de los políticos", expresó.

Edo indicó que el trabajo del caricaturista es dar la noticia de otro modo para que las personas se rian y reflexionen. "El Gobierno nos ayuda, hay que agradecerlo, ellos te dicen y tu tratas de hacerlo obvio", agregó.

Por otra parte, Tamoa Calzadilla, coordinadora de reportajes especiales del diario Últimas Noticias, afirmó que ahora se ve la censura disfrazada de multas, leyes y reglamentos, por lo que destacó que “estamos en presencia de algo muy preocupante para la información”. "Tenemos derecho a saber", aseveró la periodista.

Calzadilla aseveró que Venezuela es uno de los países donde es difícil hacer trabajos de investigación. "Los funcionarios no están conscientes de la responsabilidad que tienen", sentenció.

Fuente: http://globovision.com/news.php?nid=225332

miércoles, 13 de julio de 2011

NOTICIERO RETROSPECTIVO


- Roberto "Bobby" Fischer en Caracas. El Nacional, Caracas, 02/08/60.
- Marco Negrón. "El desafío urbanístico". El Nacional, 03/08/89.
- Pablo Rojas Guardia. "Caracas: la ciudad que no se asea". El Nacional, Caracas, 12/01/74.
- Elio Gómez Grillo. "La delincuencia en Caracas". Teoría y Praxis, Caracas, nr. 7-8 de 12/69.
- Luis Buitrago Segura y la Caracas acosada por los "pavos". Momento, Caracas, nr. 181 del 01/01/60.

Ilustración: Momento, Caracas, nr. 399 del 08/03/64.

jueves, 4 de noviembre de 2010

aquilatados (algo más que un tip)



EL NACIONAL, Caracas, 14 de Diciembre de 1996
Trasunto de las cosas En Ruan vive el caballo de Aquiles
JESUS ROSAS MARCANO

El caballito de Aquiles Nazoa, que comía jardines, es también la Navidad. Resucitó en Ruan, Francia, la historiada ciudad en la que fue chamuscada Juana de Arco.

El año pasado, cuando participé en un coloquio de la Pedagogía Freinet en la propia ciudad, una rutina de la banalidad cotidiana se convirtió en suceso, como se verá.

Entre los cinco percherones que llevaron una mañana cualquiera al matadero local, y una vez convertidas las cuadrúpedas estructuras de los beneficiados en bistecks livianos, y pulverizados a golpes de hachuela sus huesos, el quinto caballo -no hay quinto malo- atormentado por la tortura de sus congéneres, reventó las amarras, y libre de tapaojos, echó a correr, a pesar de lo gordazo que estaba, por vías excusadas de la vieja ciudad, ante el asombro de los matarifes.

Fatigado se apoltronó sobre una grama afeitadita con un letrero que decía por un lado: ``privado'', y por el otro: ``no pise el césped''.

Allí permaneció esperando nadie sabe qué cosa. Una ama de casa le puso un bozal de cebada y le acercó un cubo de agua. Los niños de la escuela vecina se apropiaron de ese regalo vivo y comenzaron a dibujarlo y a escribirle poesías. Lo bautizaron con el nombre de ``Resucitado''. Le colocaron en el pescuezo una banda tricolor con esta inscripción: No tocar el caballo que escapó de la muerte .

Esos niños nunca supieron quién fue Aquiles Nazoa, pero coincidieron con él en que ese caballo era bien bonito, como el que comía jardines y deponía flores.

EL NACIONAL, Caracas, 7 de Enero de 1997
El libro y su anécdota
José Rivas Rivas

1. Ubiquémonos en los tiempos del mandato constitucional de Rómulo Betancourt, cuando ya el partido de gobierno había sufrido su primera fractura. Me encontraba al frente de la recién fundada ``Pensamiento Vivo, Editores'', en una oficina de dos pisos. Había recibido los originales de ``Hoy me levanto y digo'', un puñado de valientes poemas de Hely Colombani, para estudiar su publicación. Allí estaba sobre mi caótico escritorio el poemario con su título en letras de plástico pegadas sobre la portada. Una mañana, mi empleado de confianza me informó, desde la planta baja, por medio del intercomunicador, que tres policías subían hasta mi oficina en busca de un libro de Colombani. Por un oído escuché estas palabras y por el otro las pisadas de los sabuesos. De un manotazo arranqué las letras de plástico y me las metí en la boca. De inmediato asomaron los cañones de las armas y surgieron las preguntas de rigor. La tóxica masa que me atragantaba apenas permitió informarles que ignoraba la existencia de ese libro. Buscaron con la tradicional torpeza con que trabaja la policía cuando está en presencia de libros y papeles y se retiraron con las manos vacías. A los allanamientos policíacos ya nos había habituado la dictadura perezjimenista, mas no a los terribles efectos digestivos del consumo de plástico. Todo sea por la libertad de expresión, por la amistad... y por la poesía.

2. Sólo una vez conversé con Rómulo Gallegos. Un editor argentino, de paso fugaz por Caracas, quería entrevistarlo. Lo llamé por teléfono, me identifiqué como ``un estudiante universitario'' y nos invitó a visitarlo esa misma tarde. Muy asombrado se sentía el sureño por la facilidad con que se había logrado aquel contacto, dada la categoría nacional e internacional del novelista. Le expliqué que tanto nuestra guerra de Independencia como la Guerra Federal y otros factores de tipo étnico habían eliminado en Venezuela cualquier diferencia social, y por ello todos éramos iguales. A veces demasiado iguales, pues como decía Andrés Eloy, ``en un mutuo irrespeto y en un cordial vacío / nos confundimos todos como el agua en el río''. Aproveché el diálogo con el Maestro Gallegos para preguntarle por cuál razón sus libros eran editados exclusivamente por Espasa Calpe. Me dijo que había tenido urgencia de dinero para terminar de construir una casita (¨o liberarla de una hipoteca?) en Macuto y vendió por trece mil bolívares los derechos de todas sus obras a la citada editorial.

3. Cuando se publicaron ``Las Celestiales'', la más audaz travesura humorística de Miguel Otero Silva, que recogía un cardumen de coplas profanas (muchas de ellas de Paco Vera), irreverentes para el santoral cristiano, ilustradas por Zapata, se formó un escándalo mayúsculo hasta el punto que la policía allanó las librerías para decomisar la publicación. Cientos de personas que jamás habían adquirido libro alguno invadieron las librerías en solicitud de aquella joya bibliográfica. El gerente de una librería caraqueña le sacó ventaja a la circunstancia, pues les preguntaba con la mayor candidez a los ansiosos clientes: ``¨Las Celestiales? No conozco esa obra. ¨Será esta?''. Y les mostraba ``La Celestina'', de Fernando de Rojas, un libro de la picaresca española de los años medievales. De esa manera agotó la existencia de ese título que, con mucha suerte, podría vender un par de ejemplares cada año.

4. Aquiles Nazoa, cuya poesía había alcanzado gran popularidad, decidió compilarla en un libro titulado ``Humor y amor''. Se interesó en la edición un librero español, Requena, fundador en Caracas de la Librería Antigua y Moderna, un gigantesco y anárquico depósito de libros de todo tenor. Cuando el poeta le entregó los originales había incorporado a ellos una fotografía de sus primeros meses de edad, con la siguiente leyenda: ``Aquiles Nazoa, cuando todavía no había nacido su vocación de pendejo''. El librero, que apreciaba al humorista en alto grado, le objetó, con toda razón: ``­Hombre, señor Nazoa, usted no es ningún pendejo. Cámbiele usted ese texto. Así yo no voy a publicar nada!''. El autor, que hasta sus momentos depresivos los resolvía con el humor, meditó un poco, y luego corrigió: ``Aquiles Nazoa, cuando todavía no había nacido su vocación de monaguillo''.

EL NACIONAL, Caracas, 15 de Junio de 1997
Vanidades y humorismos
Carlos J. Soucre

I. Dijo Baudelaire: ``Los elegíacos son canallas'' y Paul Sartre: ``La hediondez de los artículos necrológicos''. De algún modo podrían entenderse esas tremendas frases. Yo trataría de justificarlas ante ciertas actitudes que desagradan. Hay gentes que gustan hacer literatura con la muerte de sus semejantes. No me refiero a obras de arte que puedan surgir desde situaciones luctuosas o dramáticas ni tampoco a aquellas manifestaciones de condolencia que se traducen en sobrios y sentidos artículos periodísticos, sino literatura en el peor sentido del vocablo. A veces la muerte viene a resultar un pretexto para esas largas vanidades y exhibicionismos a que son muy dados no pocos literatos.

Parece que ante la muerte lo más digno es el silencio; con el silencio se traduce el mejor sentir, lo que por ser tan hondo resulta difícil que surja hacia lo exterior. Además, cuán impotente se muestra allí la palabra. Creo que fue Homero quien dijo: ``Las desgracias y los acontecimientos aciagos acaecen para que los poetas tengan qué cantar''. Leí esto en Unamuno, quien reputa esa frase como demoníaca. Yo afirmo que ciertos literatos no hacen en toda su vida otra cosa que desear hechos funestos para poder cantar; mientras tanto hacen silencio esperando a que se produzca una desgracia. Y es que la vanidad del hombre es tal que, como decía mi amigo Schopenhauer: ``podría darle muerte a su semejante sin el menor esfuerzo con el solo fin de cogerle la grasa para lustrarse con ella los zapatos''. Cuántos literatos no hay que sólo esperan a que muera un camarada de letras para así tener una buena ocasión de lustrar su ``inspiración'' con la grasa del muerto. Y hasta van más allá: piensan que la muerte de esa persona se produjo especialmente para que ellos se dignaran escribir su apología.

II. Unamuno despreciaba los retruécanos, esos juegos de palabras a que son muy dados algunos humoristas venezolanos. Decía ser ello ``la forma más baja del ingenio'', o ``la forma favorita de los más bajos ingenios''. Debido a esto no le resultaba muy atractivo Don Francisco de Quevedo. Me inclino a darle la razón, pero es que también Unamuno carecía de humor, (aunque no de malhumor). Fíjense que ni siquiera hay sátiras o ironías en Unamuno, sino sarcasmos, paradojas, apóstrofes y violencias. Por eso mismo no soportaba al feliz Voltaire y abominaba de Anatole France porque éste ``no sabía indignarse''. Aquello lo dice en una de las notas intercaladas en su libro ``Rosario de sonetos líricos'' y ello porque alguien pretendió hacer aquel tipo de humorismo con su segundo apellido, que, como se sabe, es Jugo. Para hablar ahora entre nosotros. Para mí los únicos humoristas que hemos tenido son Leo, Otero Silva, Kotepa Delgado, los Nazoa -Aquiles y Aníbal- , Rosas Marcano, León Zapata y algún otro que se me escapa. Los de ahora que aparecen como humoristas no son sino cómicos, ­y esos gacetilleros de un barato humor a lo Radio Rochela! y para colmo ­cómo escriben tan mal! Aquéllos son auténticos. Sin embargo, en Venezuela no hemos tenido el cultor de ese supremo humorismo denominado ``humor negro''. Este humor no es nada alegre, pero es lo más corrosivo y el de la burla más eficaz. Utiliza el mal gusto con la intención más destructora y hace de lo sagrado y solemne una comedia irrisoria. Debe ser porque ello no se aviene con nuestro temperamento de seres chistosos y alegres. ¨Sólo se da aquello en la flema inglesa, Bernard Shaw, Chesterton? Aunque Jarry, Lautremont y también Prevert lo hicieron de manera suprema. No conozco la ``Antología del humor negro'' de André Breton. Cuando termino de escribir esto encuentro en mi biblioteca una antología del humor negro editada en Argentina en 1972, y allí se selecciona, junto a otros de grandes humoristas, un texto de Aníbal Nazoa titulado ``La oración fúnebre'' que creo está en el libro de Nazoa que él titula ``Obras incompletas''.