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viernes, 29 de septiembre de 2017

DE UNA ETAPA EXTENUADA

Del bonapartismo de Maduro
Luis Barragán


“… Pasiones sin verdad; verdades sin pasión;
héroes sin hazañas heroicas; historia sin acontecimientos”
(Marx: 32)

“La táctica del 18 Brumario no puede ser aplicada
sino en el terreno parlamentario. La existencia
del Parlamento es la condición indispensable del
golpe de Estado bonapartista”
(Malaparte: 109)


Término frecuente en la prensa insurreccional y en las alocuciones parlamentarias de los ’60 del ‘XX para impugnar al gobierno de Rómulo Betancourt, vuelve con demasiada timidez al presente siglo. Suele ocurrir,  a la actual dictadura venezolana no se le juzga desde la particular escuela ideológica que proclama, no otra que la del marxismo y sus variantes, bien porque no la conoce, caricaturizándola; bien porque sus opositores no la desean conocer, temiendo a la interpelación que les acarreé un mayor trabajo.

Algo más que un golpe de Estado, el bonapartismo sintetiza un fenómeno que muy bien abordaron y desarrollaron Marx y Malaparte (*), autor éste – antes, tan ampliamente conocido – de un título que los incautos suelen confundir con un manual de procedimientos.  El golpe de Napoleón Bonaparte en 1799, primus inter pares del triunvirato que incluyó al abate Sieyès, añadido el favor popular, el secuestro del parlamento y el decidido apoyo del ejército, sirvió para interpretar el que propinó Luis Napoleón en 1851, elegido como presidente de la Republica en la Francia demandante de reformas democráticas, también camino al imperio, tan inherente al Estado moderno.

Todo acto bonapartista tiende a protagonizarlo un personaje – a nuestro juicio – más grotesco que mediocre, además, de sospechosa nacionalidad, que, al empinarse por encima de todas las estructuras y  clases, devenido bienhechor universal, se convierte en el principal árbitro del juego político, para cultivo de su propia popularidad, afianzando una relación prebendaria y ritual con el ejército que lo sustenta. Latente con Lenin y real con Stalin, asumimos que la vía venezolana al socialismo del XXI, en una etapa, fue decididamente bonapartista, y, en lo otra, persistiendo inútilmente, adquiere la franqueza de una dictadura cada vez más bárbara que no logra dilucidarse en el Estado Cuartel que la realiza.

Por un prurito de legalidad que no, de juridicidad, lejos de eliminarlo, conserva, transforma y deforma la institucionalidad parlamentaria para apelar constantemente al pueblo, contrastándolo, reprochándolo y escarmentándolo, en un proceso de radicalización del centralismo estatal con el que ha de entenderse la sociedad, sofocada en todas sus expresiones.  Tamaña concentración de poderes, unido el extraordinario ingreso petrolero de la centuria con las reiteradas habilitaciones presidenciales y el Estado de Excepción permanente, derivando hoy en un fraude constituyente que aspira a la conveniente cohabitación con una Asamblea Nacional subordinada, requiere más de las naturales habilidades personales, trastocadas en cumplidas destrezas políticas, ausentes en el sucesor de Chávez  Frías que, faltado poco,  lidia con las contradicciones y rivalidades al interior de la alianza de poder.

Elemento fundamental, no se explica el bonapartismo huérfano del lumpemproletariado parisino que Marx tuvo a bien catalogar, calificándolo como hez, desecho y escoria de todas las clases.  Canalizado en el XIX mediante las secciones secretas de la Sociedad 10 de Diciembre, dirigida por un general afecto, so pretexto de una entidad de beneficencia, hizo de sus dádivas y favores inmediatos, una experiencia de persecución y apaleamiento de los republicanos y de otros oponentes, con apoyo y auxilio policial, que no dista mucho de los círculos bolivarianos, colectivos armados o grupos paramilitares que, ya sincerados, gozan del auspicio, protección y entusiasmo de Maduro Moros.

Malaparte, reportando la novedad de la táctica insurreccional trotskista, enfatiza el desorden de la ciudad como un factor clave para el efectivo control técnico de sus servicios, con el descuido deliberado de la situación general y de sus consecuencias en el orden político, económico y social. Siendo cada vez más difícil trastocar una táctica en estrategia o, peor, en régimen, sólo la más brutal respuesta dice responder a los límites materiales que la yunta cívico – militar trata de obviar, luego de sumergir al país en una pavorosa e inédita crisis humanitaria, cuyas implicaciones no logra contener la represión, censura y bloqueo informativo.

El actual e inevitable período post-bonapartista, agotadas todas las posibilidades de reanimación de una herencia ya  perdida, remite al fin de la polarización social e ideológica y a las demandas de libertad y democratización, afectando la misma autorrepresentación de las fuerzas de la oposición.  Camino a una vulgar dictadura (a secas), contaminada la propia noción del Estado que experimenta un dramático retroceso, paradójicamente agigantado, la Asamblea Nacional – de sobrevivir -  tiene un inmenso papel  histórico para recuperar, al menos, una normalidad desconocida en casi dos décadas del siglo que nos tiene por precarios inquilinos.

(*) Carlos Marx [1852] “El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte”, Editorial Progreso, Moscú, s/f; y Curzio Malaparte [1931] “Técnica del golpe de Estado”, Editora Latino Americana, México,  1957.

25/09/2017:

Reproducción: Curzio Malaparte, en una edición de Élite (Caracas, nr. 1684 del 04/01/1958). Antes, de amplísima fama, ahora es difícil dar con una imagen aceptable del autor, en las redes.

domingo, 7 de mayo de 2017

LA DECLARADA Y LA QUE NO HAY



De la guerra civil

Luis Barragán

Un significativo tramo de nuestra historia republicana se explica por las guerras y otras escaramuzas civiles que diezmaron a la población hasta que, es necesario reconocerlo, la democracia representativa se hizo un horizonte común. Incluso, paradójicamente, se hacía la guerra para prevenirla, e iniciamos el siglo XXI bajo la sempiterna consigna de nuestros tormentos, enfermos del consabido mesianismo.

Hay un consenso historiográfico respecto a la conclusión de los macabros conflictos  en 1903, aunque la posterior  dictadura de Juan Vicente Gómez, victorioso en la batalla de Ciudad Bolívar, cuidó de proclamar la paz   en todo el país: la del cementerio. El conflicto extremo dijo volver por todos los instantes que restaron, desembarcando a estas alturas del siglo XXI con sus fauces bien abiertas.

Por sus características universales, hay y no hay una guerra civil en la Venezuela de los días que cursan, penosos y aparentemente interminables. De un lado, no declarada, la hace Nicolás Maduro contra la población condenada a la hambruna, a las escandalosas cifras anuales de muertes prematuras e injustas a mano del hampa que cuenta con su entera displicencia, por decir lo menos, enfilándonos hacia una diáspora nunca antes vista, mientras reprime brutalmente a la población cuidando del aparente empleo de armas no letales que se convierten en mortales.

Del otro lado, no la hay eficazmente materializada, porque es el gobierno el único armado frente a una población evidentemente desarmada que lo resiste agotando todos los medios pacíficos posibles, indignada y genuinamente heroica, pero paciente ante los ataques de los grupos paramilitares a los vecindarios, promotores de saqueos que esperan por el desorden y la anarquía del particular bonapartismo en marcha con su falsa constituyente, a juzgar  por la más clásica de las obras de Curzio Malaparte: “Técnica del golpe de Estado”. No la hubo en la década de los sesenta de la pasada centuria, cuando electoral y militarmente fue vencida la insurrección importada, ni la hay en la presente al sufrir enteramente las consecuencias de una dictadura que la desea - precisamente -  por todo el cañón para salvarse, no declarándola por temor a la comunidad internacional.

Temor que quizá podría conceptual, estratégica y políticamente confundirnos, cuando Maduro Moros, como Luis XVI en la Francia hambreada de mayo  de 1789, desoyendo a Turgot y haciendo caso de Necker, decreta los Estados Generales para sufrir las consecuencias harto conocidas. Y, a la vuelta de la esquina, realizar el 18 brumario.

Un número considerable de muertos y malheridos, abultando unas estadísticas desconocidas al iniciarse el milenio, nos orillan y remontan hacia el hocico de un régimen que todavía se resiste a la caída del muro de Berlín. La Constitución convertida en su mejor fetiche por todos estos años, le estorba con cada interpelación hecha a un proceder que sólo sorprende a quienes jugaron a la antipolítica, facilitando su ascenso, creyendo innecesarios el dato histórico e ideológico, como prescindibles el compromiso y testimonio moral.

Ahora valoramos la política de pacificación consolidada a principios de los setenta y a la que, por cierto, se resistieron las fuerzas irregulares que desafiaron el inicio del primer gobierno de Caldera, incurriendo en actos de una incomparable irresponsabilidad frente a los que muy orondamente los gubernamentales dicen hoy denunciar, huérfanos de toda autoridad moral. Trillada verbalmente por los agentes de la dictadura cubana que configuran el gobierno venezolano, desprecian y se ríen de la paz pretendiéndose salvadores de una guerra civil que miserablemente promueven.

ReproduccióN. La Esfera, Caracas, 21/07/1927.


07/05/2017:

sábado, 4 de febrero de 2017

DE LOS SOBERANISTAS

EL MUNDO, Barcelona, 2 de febrero de 2017
Golpe de Estado permanente
Jorge de Esteban
        
Adopto como título de este artículo el de la famosa obra del poliédrico François Mitterrand en su alegato contra el general De Gaulle, aunque naturalmente lo que digo aquí no tiene nada que ver con aquella controversia. Pero me parece que ese enunciado es enormemente expresivo de lo que viene ocurriendo en Cataluña desde hace ya muchos años.

Ahora bien, el concepto de golpe de Estado ha ido evolucionando desde sus primeras enunciaciones hasta llegar a esta nueva forma catalana de hacerse con el poder y, consecuentemente, de lograr la independencia. En efecto, el francés Gabriel Naudé, uno de los primeros autores que se ocuparon de este concepto en el siglo XVII, en su libro Consideraciones políticas sobre los golpes de Estado, lo define en plural, afirmando que "son acciones osadas y extraordinarias que los príncipes están obligados a realizar en los negocios difíciles, contra el derecho común, sin guardar siquiera ningún procedimiento ni formalidad de justicia, arriesgando el interés particular por el bien público". En tal caso, sería mejor definir esta modalidad como autogolpe, pues en definitiva es el mismo sujeto quien sigue ejerciendo el poder. Pero esta primera acepción cambiará en parte de sentido para pasar a definir la que es hoy habitual y que popularizó especialmente Curzio Malaparte en su famosa obra Técnicas de golpe de Estado. Sea como fuere, esta segunda versión del concepto de golpe de Estado se podría definir como una acción violenta y repentina por medio de la cual un grupo de personas, normalmente militares, se apodera del poder al margen de las reglas constitucionales. Semejante procedimiento es, curiosamente, el modo de cambio de la autoridad más frecuente tanto en la Historia como en el mundo moderno. En efecto, se pueden contabilizar más de 100 golpes de Estado en el siglo XX y en lo que llevamos de siglo XXI se señala que ya han se han producido más de 30 de este tipo. Podemos apuntar como elementos fijos de un golpe de Estado los cuatro siguientes: es un método violento, repentino en el sentido de que no se advierte su preparación, que se realiza violando las normas constitucionales y es protagonizado, en todo o en parte, por militares, sin que sea necesario que se cuente con el apoyo de una gran parte de la población, más bien al contrario.

Dicho lo cual, nos encontramos en la actualidad con una categoría nueva de golpe de Estado, dirigido a la secesión de una parte del territorio nacional de España, con la idea de crear un nuevo Estado dirigido por los nacionalistas catalanes. El objetivo es el mismo de todos los golpes de Estado, esto es, apoderarse del poder, pero las diferencias son sustanciales. En primer lugar, el poder lo seguirán ejerciendo los mismos que lo ejercen ahora, pero el marco de actuación ya no será el mismo, pues se pasaría de una comunidad autónoma a un auténtico Estado. En segundo lugar, el golpe no es repentino, sino que lleva gestándose muchos años de forma escalonada. En tercer lugar, el golpe no es violento ni está protagonizado por militares, sino que su fuerza se basa en los votos de una parte de la población catalana que, en cualquier caso, no supera el 50% .

Sea lo que sea, la cuestión consiste en saber por qué y en qué momento comenzó a labrarse el señalado golpe de Estado a la catalana. La razón de por qué surge es muy sencilla, puesto que nos la facilita la Historia. Creo que no admite discusión que por diversas razones, comenzando por la lengua, Cataluña -y, en menor medida, el País Vasco- posee una singularidad que la hace sobresalir de las demás regiones españolas, lo cual no significa que los catalanes deban tener más derechos que el resto de los españoles, pero sí que su autogobierno debe ser reconocido específicamente, pero dentro de un Estado unitario para toda España. Es más: algún historiador mantiene que "en inmensa medida, el modelo catalán, mediante la Casa de Aragón, conforma España" porque a través del pactismo adoptado por los Reyes Católicos se constituyó la unidad en la diversidad de España, puesto que cada territorio se administraba a sí mismo. Cuando se proclamó la II República en 1931, esos antecedentes históricos condicionaron el hecho de que la autonomía de Cataluña fuese una de las primeras medidas adoptadas en el nuevo Estado.

No es, por tanto, extraño que Adolfo Suárez, respaldado por el Rey, llegase a la conclusión, apenas tres meses después de las primeras elecciones democráticas del 15 de junio de 1977, de que era necesario restablecer la Generalitat a cuyo frente estaba el presidente Tarradellas. En consecuencia, el 5 de octubre de 1977 se restituye el autogobierno provisional de Cataluña mediante un Real Decreto-Ley en el que se dice que "hasta que se promulgue la Constitución, no será posible el establecimiento estatutario de las autonomías". En ese momento lo único seguro es que Cataluña podrá disponer de autonomía, pero sin más detalles. El propio Tarradellas, que fue presidente de la Generalitat en el exilio durante 26 años, opinaba lo siguiente: "Si no me he cansado de repetir mi convicción de que la autonomía política de los catalanes no tiene nada que ver con las aspiraciones autonómicas de otros pueblos de España es porque no tengo conocimiento de que su historia los determine interiormente a la autonomía con la intensidad y las característica a que estamos acostumbrados los catalanes. Los catalanes no renunciaremos nunca a nuestros derechos, a nuestras instituciones y libertades. Y no renunciaremos a ellos dentro de España".

Pues bien, como es sabido, Tarradellas cesa en 1980 como presidente de la Generalitat y su sucesor es Jordi Pujol. A partir de ese momento, Pujol, que venía precedido por el escándalo de Banca Catalana, irá construyendo un régimen que permitiría ir dando pasos para instalar el golpe de Estado permanente, con el objetivo de lograr algún día la independencia de Cataluña, y que además le sirvió presuntamente para levantar una inmensa fortuna familiar. Algo intuyó Tarradellas porque antes de morir llegó a sentenciar que Pujol había instaurado en Cataluña una "dictadura blanca", ya que nada se movía en el Principado sin que él lo supiese. Pero, como digo, el deseo más ferviente de Pujol, aunque lo disimulase, era seguramente separarse del resto de autonomías para acabar algún día construyendo un Estado propio. Es sintomático a este respecto el comentario que Pujol formuló a Ardanza, del que estaba celoso por sus mejores datos teóricos para una posible independencia: "Es que los vascos tenéis derechos históricos, concierto económico y ETA". Sin comentarios.

Así las cosas, la autonomía se fue transformando paulatinamente en soberanía, apareciendo los llamados soberanistas, eufemismo que recoge a los separatistas que irán incrementándose entre los jóvenes gracias a la enseñanza y al control de los medios. Los avances en el golpe de Estado permanente parecía que se iban a congelar con la llegada de un nuevo presidente de la Generalitat, el socialista Pascual Maragall, al que le sucedería también otro socialista, José Montilla. Pero, paradójicamente, iba a ocurrir lo contrario, pues se elaboró un nuevo Estatuto que, sin ser necesario, desbordó ampliamente el marco constitucional y aceleró las etapas hacia la reivindicación de la independencia por parte de los soberanistas, apoyados por menos de la mitad de la población catalana. A Montilla le sucede Artur Mas, que insiste en que se reconozca el "derecho de autodeterminación", bajo el disfraz del inexistente "derecho a decidir". Así llegamos al 9-N, fecha en que se celebra un referéndum ilegal y prohibido expresamente por el Estado, pero que, sin embargo, el Gobierno de Rajoy lo permite mirando hacia otro lado. Todo lo que ocurre a partir de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut y de las manifestaciones de la Diada de 2012 no es más que un descaro inconstitucional para ir creando las estructuras del nuevo Estado catalán que la autoridad de Madrid parecía desconocer o, lo que es peor, permitir de forma suicida. Un colega mío, ex vicepresidente del TC, Carles Viver, es el cerebro que tiene todo planificado ante la pasividad del Gobierno de Rajoy y el pánico de los catalanes que no son independentistas y que se encuentran indefensos.

Las declaraciones que hizo un insensato ex juez hace unos meses nos reiteran muy claro que el golpe de Estado permanente ya se acerca a su fin porque el referéndum ilegal que piensan organizar, si se les deja, previsto para septiembre, se quiere adelantar ahora a antes del verano a causa del eco de la verborrea del juez constituyente que ha destapado el pastel. Según este jurista de pacotilla, para conseguir ese objetivo no hay más camino que no cumplir las leyes y la Constitución, algo que el Gobierno de Madrid ha tratado de impedir hasta ahora con pellizcos de monja. Ahora bien, los gobernantes catalanes siguen hablando de realizar el referéndum, pero lo curioso es que como no lo pueden hacer con la legalidad vigente, se inventarán unas normas hechas a su medida, siguiendo aquel lema de los almacenes modernos que decía: "Sírvase Ud. mismo".

Hemos llegado a la hora de la verdad y el Gobierno del PP, junto con los demás partidos que defienden la Constitución, tienen que sopesar qué medidas tomar, entre las varias que hay, para desarmar un mecano que se ha venido construyendo desde hace años y que si se mantiene el futuro de España será muy problemático.
(*) Jorge de Esteban es catedrático de Derecho Constitucional y presidente del Consejo Editorial de EL MUNDO.

Fuente:http://www.elmundo.es/opinion/2017/02/02/58922631468aeb08208b45bc.html
Ilustración: Raúl Arias.

martes, 28 de junio de 2016

ECHARLOS

La salida
Gabriel Albiac

Pasé la jornada electoral releyendo la Técnica del Golpe de Estado de Curzio Malaparte, ese manifiesto de inteligencia y de misantropía. En este día de resultado difícil de gestionar, Malaparte parece estar hablando de nosotros. Aunque esté escribiendo en la Italia de 1930. Su envite es el nuestro: «La historia política de estos últimos diez años es la historia de la lucha entablada entre los defensores del principio de la libertad y de la democracia, es decir, los defensores del Estado parlamentario, y sus adversarios». Este domingo, España asistió al segundo asalto del combate que enfrenta a los defensores de esta aburrida democracia parlamentaria nuestra con los de un exaltador golpismo populista. En el 1930 de Malaparte, la exaltación había venido de una escisión del Partido Socialista que se dio nombre de fascista. En el 2016 español, su nombre y modos son bolivarianos. Ambos, «idólatras del Estado, partidarios del absolutismo estatal».

La ofensiva quedó cortada. Los populistas están debilitados, pero al acecho de erosionar el territorio del PSOE. Desde su endeble posición, habrán de remodelar un asalto al poder que sólo la unidad de los aburridos demócratas puede frenar. No es un modelo que se ajuste a la cuadrícula derecha/izquierda. Quienes pretendan reducirlo a ella, habrán perdido ya la batalla. Es una tentación mortal, en especial para el PSOE: cualquier pacto que se diga «de izquierdas» con los populistas sellaría su suicidio. Pero es un riesgo que va mucho más allá: en el acceso de ese nuevo fascismo a zonas de poder, se juega la supervivencia de la democracia parlamentaria, en lo inmediato; y, a medio plazo, la supervivencia de la nación. Sánchez hubiera debido, en el insomnio de anoche, leer a Malaparte: «No hay que olvidar que los camisas negras provienen, en general, de los partidos de extrema izquierda». Y sacar la conclusión lógica: urge echar a los populistas de los ayuntamientos. Urge.

¿Es posible exorcizar el riesgo populista? Sí. No sería difícil en un país con tradición garantista. Un gobierno de unidad nacional, que proceda a las reformas constitucionales sobre cuya ausencia se alzó la amenaza de Podemos, estaría en condiciones de tomar el timón para esta nueva singladura, sin la cual España sigue arriesgándose al colapso. ¿Es tan difícil entender que, sin un gobierno de concentración entre PP, PSOE y Ciudadanos, la democracia entrará en un callejón sin salida? El nombre de quien presida ese gobierno, poco importa.

Hemos sido gobernados por gentes repugnantes, es cierto. Pero, entre ladrón y asesino, debemos distinguir. Los discípulos de Irán y Chávez son más que los simples ladrones que sugiere su financiación. La cual no es tan distinta, por cierto, a la de los partidos de la transición. Lo distinto ahora es que Teherán y Caracas son regímenes homicidas. Y ello abre un horizonte ciego. Si los partidos constitucionalistas no son capaces de unirse frente a eso, merecerán la destrucción que les acecha. Nosotros, no.

Fuente:
http://www.abc.es/opinion/abci-salida-201606281626_noticia.html

domingo, 5 de junio de 2016

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Pedro Beroes. "Guerra a la guerra". El Nacional, Caracas, 07/02/1950.
- Luis Beltrán Prieto Figueroa. "¿Hay justicia militar?". El Nacional, 06/12/88.
- Última parada militar en el Cuartel Urdaneta ante el piquete del Metro. El Nacional, 16/12/77.
- Enrique Castellanos. "Curzio Malaparte". El Nacional, 31/12/65.

Reproducción: "Acusados de CONSPIRACIÓN. Entra en el período de evacuación de pruebas- El ministro de Guerra y dos ex - Ministros de la misma cartera serán interrogados - Personalidades como Andrés Eloy Blanco, Rómulo Gallegos, Juan Bautista Fuenmayor, Ernesto Silva Tellería, Rómulo Betancourt y muchos otros junto con destacados militares declararán en este interesante juicio".  Últimas Noticias, Caracas, 03/10/ 1945.

lunes, 26 de septiembre de 2011

NOTICIERO RETROSPECTIVO


- Domingo Alberto Rangel. "La misión cambiante de las Fuerzas Armadas". Ultimas Noticias, Caracas, 11/03/98.
- Pedro Galán Vásquez. "Curzio Malaparte por fuera y por dentro: 'Técnica del golpe de Estado'". Ultimas Noticias, 06/11/88.
- Ramón Alberto Escalante. "Cipriano Caastro en el destierro". Panorama, Maracaibo, 07/03/00.
- Alberto Müller Rojas. "Instrucción premilitar". Ultimas Noticias, 01/09/00.
- Tedoro Petkoff. "El secreto militar". Resumen, Caracas, nr. 403 del 26/07/81.

Fotografía: María Félix actuó por veinte capítulos en la telenovela venezolana "Cristina". Entrevistada por Carlos Marguer (SIC). Momento, Caacas, nr. 782 del 11/07/71.