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domingo, 27 de noviembre de 2016

APLICADA Y APLICABLE

De la otra ética de la crueldad
Luis Barragán


Inventariada toda una herencia literaria, a principios de la presente década, José Ovejero publicó un título significativo que, ahora, permite aproximarnos un poco más a la decisión de reprogramar el ya cuestionado festival latinoamericano de música: “La ética de la crueldad” (*). Festival que, por  su propia invocación publicitaria (“Caracas Suena”),  excreta cinismo, nos agrede y despoja de asideros, intranquilizándonos para aceptar las cosas como están y son, contrariando el criterio expuesto por el autor madrileño (194, 197).

Consabido, la nueva edición del tal festival ha sido suspendida por el reciente fallecimiento de Fidel Castro, aunque jamás molesta a sus promotores que más de 25 mil venezolanos mueran anualmente en las calles desprotegidas, aportando un porcentaje pavoroso la ciudad capital, bajo el interesado dominio del hampa. Ni que los más de dos millones de dólares que cuesta,  equivalgan a dos años de presupuesto de la UCV, permitan cubrir de insumos y medicamentos a 22 hospitales o garantizar el tratamiento del cáncer de 43 mil niños, de acuerdo a las estimaciones hechas: además, con los fármacos confiscados por el SENIAT, como pudieron hacerlo cualesquiera otros organismos, burlándose del esfuerzo humanitario de Cháritas,  donde antes se pudrieron literalmente miles de toneladas de alimentos, los ejemplos sobran en torno a una convicción y a una conducta que siempre se ha revelado atroz.

Ferocidad que no rompe con los tabúes, sino que los reconstruye según interese y autorice el régimen, direccionándolos  todo testimonio y sentimiento de oposición y disidencia que suscite, debidamente satanizado. Un proyecto moral que coloca sus gruesos acentos en una crueldad necesaria, ocultando la propia a través de sendos festivales, la indignante celebración cumpleañera de Maduro Moros con el Gran Combo de Puerto Rico que no paga de sus bolsillos, la programación radiotelevisiva que no duda en las escenas escabrosas y la ridiculización sistemática de la dirigencia adversa, inculpándola hasta de las consecuencias trágicas de la represión brutal que ha ejercido por medios directos o indirectos no otro que el gobierno.

Crueldad con propósitos claros de fundar otra normalidad, condensar todas las impurezas en los contendores reales y artificiales que exhibe, presentándose como el gran salvador de la sociedad aterrorizada.  De excesos torpe o hábilmente censurados, abulta el madurato  los errores ajenos y, al apelar a Ovejero, se queda en el mero hecho de la destrucción, regocijándose en una burla que la desea masivamente compartida (74 ss.); y, por ello, la más exitosa programación televisa es la del “entretenimiento” que les dispensan los servicios de inteligencia con sus informes sobre la vida pública y privada de los otros, los que saben – por añadidura – de apodos y opiniones infames que nunca se atreverán a frenar los jueces provisorios que repletan el circuito penal. Y, es más, una política de criminalización política a la que temen los demás actores en la silenciosa, pero no menos despiadada pugna al interior de los elencos de poder.

Sustitutiva de la razón, el espectáculo de la crueldad tiene sus pudores momentáneos: la muerte de uno de los Castro.  Apenas, por unos días, pues, Caracas Suena seguirá inflamándose de dólares, forzando un aprendizaje de la violencia al ritmo de guaguancó.

(*) Anagrama, Barcelona, 2012. Cfr. Conferencia del autor en la Cátedra Alfonso Reyes (2014): https://www.youtube.com/watch?v=ktc56Ev2d20&t=2125s
28/11/2016:
http://opinionynoticias.com/opinionnacional/28313-de-la-otra-etica-de-la-crueldad http://www.entornointeligente.com/articulo/9314955/VENEZUELA-De-la-otra-etica-de-la-crueldad 
Breve nota LB: Hoy, intentamos revisitar el texto, pero sólo logramo hacerlo por otra dirección URL: https://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/28313-de-la-otra-etica-de-la-crueldad (11/06/2021).

miércoles, 19 de octubre de 2016

LA TINTA PUNZOPENETRANTE

EL NACIONAL, Caracas, 10 de agosto de 2016
La literatura y el tema del mal
Aníbal Romero 

La gran literatura expone con especial lucidez los asuntos esenciales de la existencia humana. Un caso particularmente ejemplar se refiere al tema del mal. En este sentido varias de las novelas que más me han impactado, y a las que retorno con cierta regularidad, abordan los enigmas y dilemas de la acción humana vinculados a esa cuestión fundamental, la cuestión del mal. Me refiero a Crimen y castigo de Dostoievski, El proceso de Kafka, El poder y la gloria de Graham Greene,DoktorFaustusde Thomas Mann y La peste de Albert Camus. Cada uno de estos maravillosos libros encierra dificultades y se prestan a diversas interpretaciones. No obstante, creo justo aseverar que en ellos el tema del mal, de sus raíces y manifestaciones, ocupa lugar primordial.
Crimen y castigo lo enfoca desde la perspectiva del individuo y la presunta justificación del mal. Es una novela sombría y apasionante cuyo personaje central, Rodión Raskólnikov, abrumado por el descubrimiento de su capacidad para la maldad, desarrolla toda una visión del mal orientada hacia el nihilismo, hacia una nada que es al mismo tiempo la expresión de su poder aparentemente infinito, es decir, de su poder para violentar la ley moral que nos indica nuestros límites. En esta obra de Dostoievski el mal es al mismo tiempo patente y elusivo, pleno y equívoco, terrible y enigmático. El mal se muestra en la vida y en el sueño que es la vida.
Kafka, por su parte, nos conduce a un laberinto de culpabilidad real y palpable pero a la vez inasible. El personaje central de El proceso, el inolvidable Josef K., es una especie de sufriente del mal, es una víctima y a la vez un inocente ejecutor del mal, pero de un mal metafísico e intrigante, que no se identifica pero respira, que escapa entre sus manos pero paradójicamente le atenaza el alma, aplastada por el juicio de unas autoridades cuyos meros designios parecen apuntar a una culpa segura. El proceso es uno de los libros más alucinantes de la literatura, y creo que en su médula se encuentra el misterio del mal.
El sacerdote católico que juega el rol principal en la estupenda novela de Graham Greene, El poder y la gloria, es en mi opinión uno de los más conmovedores y trágicos personajes de la literatura moderna. Su drama es personal y social. Vive en un medio y un tiempo de guerras civiles y persecuciones religiosas; sabe que arrastra el mal y la debilidad ante el mal en su alma, pero lucha con fuerza por la dignidad, aferrado a su fe con un irresistible y heroico apego. El sacerdote de Greene en esta obra excepcional alcanza el martirio a pesar de sus fallas personales, y hasta la santidad a pesar de sus caídas en el abismo del mal. Pocas veces un escritor ha logrado conducirnos de manera más lúcida al misterio de lo humano.
En cuanto al Doktor Faustus, casi avergüenza intentar una breve síntesis de otro libro tan denso e importante como los anteriormente comentados, en el que un personaje faustiano lleva a cabo un pacto demoníaco para alcanzar no sólo excepcional creatividad artística en el campo de la música, sino la verdadera genialidad, vendiendo a cambio de ello su alma a los conjuros de un delirio que destruye cuerpo y espíritu. Esta extraordinaria novela de Mann, si bien reitera lo logrado por Dostoievski, Kafka y Greene en cuanto a la focalización del tema del mal desde el ángulo de la experiencia individual, lo hace enfatizando el contexto espiritual de Alemania durante el período que condujo al surgimiento y crecimiento del nacionalsocialismo, ampliando así el marco de referencias simbólicas de la obra. El compositor Adrian Leverkuhn, un Fausto del siglo XX, sucumbe ante las fuerzas que su ambiciosa voluntad desata, y muere sumido en la locura.
La peste de Albert Camus aborda de manera explícita el problema del mal en un contexto colectivo. Como es sabido, el libro es una alegoría, una especie de metáfora extendida o espacio simbólico. La trama tiene lugar en la ciudad argelina de Orán, acosada por una peste que obliga a las autoridades a clausurar el sitio e impedir la entrada o salida de personas. En ese marco Camus, con gran destreza narrativa y enorme maestría en la presentación y análisis de un complejo grupo de personajes, explora las distintas reacciones, actitudes y tomas de posición ante el mal de que somos capaces los seres humanos, dibujando así un caleidoscopio de la humanidad doliente en toda su miseria y nobleza.
Es probable, como han señalado varios comentaristas, que en esta obra Camus haya tomado como sustento histórico experiencias de peste sufridas en efecto por la ciudad de Orán durante el siglo XIX. Otros han visto en la novela, me parece que con acierto, una alegoría de la ocupación de Francia por parte de los nazis entre 1941 y 1944.
Ahora bien, dos aspectos cruciales diferencian la narración de Camus de la experiencia histórica de Francia bajo dominio alemán. En primer término, el hecho clave de que la peste en la novela de Camus es una calamidad que asola la ciudad de modo no deliberado. Nadie planifica y ejecuta el designio de someter a los habitantes de Orán a esa enfermedad mortal. La peste simplemente aparece. En segundo lugar la peste que relata Camus es derrotada finalmente con la creación de un antídoto, de una medicina salvadora. Ciertamente, a través del tiempo que dura la peste se exponen acciones heroicas y deleznables, unos combaten el mal y otros intentan sacar provecho del mismo, pero no se evidencia una culpa colectiva. En cambio, la ocupación nazi de Francia, que produjo una resistencia heroica y también un colaboracionismo abyecto, generó en su momento desafíos éticos de otra índole. Me refiero a los retos que se plantean a una sociedad enfrentada a un mal que de un modo u otro afectó a todos sus miembros, un mal que permite sospechar de responsabilidades colectivas o en todo caso muy extendidas, y que exige en principio, una vez superado, definir culpas y castigarlas.
En Francia, luego de la derrota nazi, se llevaron a cabo juicios a personajes protagónicos que colaboraron con la ocupación alemana, entre ellos el propio Mariscal Philippe Pétain, jefe del llamado régimen de Vichy y responsable primordial de sus ejecutorias. Pero no sólo Pétain fue juzgado y condenado. Todavía hoy el debate en torno a la culpa por la caída de Francia y la ocupación nazi suscita polémicas en ese país. Y el problema es: ¿quién debe juzgar a quién, quién tiene derecho de hacerlo y qué sanciones son las más adecuadas cuando la peste parece extenderse a una sociedad entera?
La novela de Camus es una alegoría capaz de cubrir numerosos casos de sociedades sujetas a la devastación del mal. Pues con la aparición del mal surge igualmente el problema de la culpa y su castigo. Una sociedad que ha sido afectada gravemente por el mal, por un mal deliberadamente infligido, puede decidir olvidarlo; pero ello tiene sus costos, pues la culpa no desaparece sino que tan sólo se oculta de modo temporal, y con no poca frecuencia vuelve a mostrar su rostro deforme. Pero si una sociedad que ha sido gravemente afectada por un mal infligido de manera deliberada, opta a fin de cuentas por asumir el desafío de castigar la culpa, se ve entonces enfrentada a uno de los retos más apremiantes y en ocasiones ineludibles y necesarios, ya que no todas las pestes son iguales ni susceptibles de curación mediante el olvido.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/anibal_romero/literatura-tema-mal_0_899910150.html
Cfr.
José Ovejero:
https://vk.com/doc2740127_229393875?hash=fb427382ca87be7b95&dl=80a5dac367b35f02da
https://www.youtube.com/watch?v=ktc56Ev2d20

domingo, 24 de agosto de 2014

DIZQUE EL MAL MENOR

Amuay en la República Biométrica de Zumaque (y ética de la crueldad)
Luis Barragán


Dos años atrás, supimos de la inmensa tragedia de la refinería de Amuay.  En su momento, más de 40 personas muertas e innumerables heridos. El tiempo ha demostrado la incompetencia y displicencia del gobierno actual que deja atrás la conducta asumida por una ya vieja dictadura (http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=898876). Como si faltara poco, siendo imposible callarlos, botó a Iván Freites y a otros líderes de los trabajadores, llevándose por el medio el fuero sindical. Así actúa al que gustan llamar “presidente-obrero” por estos lares. La negación de una convincente investigación parlamentaria, no impidió que los diputados de la Movida junto a reconocidos especialistas, investigaran el caso en forma independiente e hicieran la debida denuncia por ante la Fiscalía General de la República. Nada ha ocurrido con la morbosa tragedia que paradójicamente resulta en la incriminación de las víctimas.

Ética de la crueldad

Seguramente, los criminólogos pueden advertir una inédita y creciente tendencia en relación al delito abominable  en Venezuela que, no por casualidad,  se compagina con la martirizante situación que confrontan las morgues, añadida la frecuente escasez de ataúdes.  Siendo la vida  ajena un dato trivial, puede perderse hasta por la negación de un cigarrillo en un medio público de transporte y a la luz del día, por no mencionar los casos más publicitados de jóvenes de costumbres aparentemente  frívolas, contrastantes con los coetáneos de una pobreza convertida en hábito de anonimato y silencio.

Sentimos que hay una correspondencia con el autoritarismo acentuado en los últimos años, por decir lo menos. La represión y la censura actuales,  favorecidas por la agresión física y verbal que ha sedimentado el poder establecido, también  explica y complica el fenómeno delictivo cotidiano, delatando un deliberado propósito político.

El país del susto permanente, no es fruto del azar ni obedece a una patología natural y característica de quienes lo habitan. Hay un horripilante trasfondo que creemos involuntariamente  esbozado  por  José Ovejero en  “La ética de la crueldad” (Anagrama, Barcelona, 2012), una obra fundamentalmente literaria, pero que suscita la inevitable reflexión sobre el acontecer venezolano por siempre merecedor de una explicación.

Existe una considerable distancia con el delito de antaño, añadido el emplazamiento que se le hacía al gobierno de turno. Fueron incontables los problemas y de variada eficacia las medidas adoptadas, pero nunca pueden compararse con la displicencia con la que los gobernantes de ahora tratan el asunto, escurriéndose tras las consignas, paradójicamente sintetizadas por un llamado al amor y emblematizadas por un corazón de sonados éxitos publicitarios.

Siendo imposible una directa y libérrima interpelación de los medios de comunicación y de las otras instancias institucionales, como el parlamento, tienen por ventaja la puntual declaración, el escueto boletín de prensa o el expedito Twitter. La pauta es moral o moralista, intentando la conspiración opositora en cualesquiera actividades delictivas que, sencillamente, no logran argumentar.

Frecuentemente, la víctima es la culpable que tiene por único mandato la de su indelegable supervivencia, así como procuran la suya quienes gozan del privilegio de orbitar la burocracia. Y, con mayor razón, al tratarse de la feroz represión de aquellos que osen protestar, pues, al banalizarla,  lo que le importa al represor y a su intérprete, es sobrevivir en un régimen calificado de irremediable, intentando los méritos para un ascenso y la cercanía de una feliz jubilación que, posiblemente, signifique recuperar los más elementales escrúpulos.

Más arriba, en el vértice, por cierto, importando poco los gastos suntuarios que esperan por una futura clasificación de secreto de Estado,  persiste el llamado a la paz, a la concordia y a la felicidad que los hechos niegan. Ensayando la épica, tratan de forzar la empatía de una población que intuye la prefabricación o artificio de los muchos conflictos que la hastían, intentando - imposiblemente –  la abulia.

Quizá haya una evolución moral del oficialismo con la tendencia denominada Marea Socialista en el seno del principal partido de gobierno, a contrapelo de una involución que desea obligarnos al optimismo infundado, a la ciega creencia, a las certezas oficiosas, sembradas como minas en esta guerra psicológica. A diferencia de Ovejero, apostador por una literatura que haga de la miseria y crueldad motivo de interrogación y superación por el lector, la trabazón de los  antivalores en boga, la recurrente y tenebrosa versión del pasado cada vez más lejano, convierte o dice convertir al régimen, en última instancia, en un mal menor como ha ocurrido en Cuba o en Corea del Norte.

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2014/08/amuay-en-la-republica-biometrica-de-zumaque-y-etica-de-la-crueldad
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1048654
Fotografía de Amuay (2012):
http://www.ultimasnoticias.com.ve/la-propia-foto/amuay-el-recuerdo-de-una-tragedia/77c7838d-a5bf-4604-ae92-7f49420c816f.aspx?titulo=Amuay:%20El%20recuerdo%20de%20una%20tragedia&nro=4#titulo

lunes, 29 de octubre de 2012

CAZA DE CITAS


"Así como la bicicleta o el avión sólo mantienen su equilibrio en movimiento y por encima de una cierta fuerza viva, el hombre requiere para mantenerse de pie un mínimo de fuerza ascensional. Al perder altura, no cae en cierta humanidad moderada, o como se dice, en el animal, sino muy por debajo del animal: ningún ser vivo, salvo el hombre, ha inventado las crueldades y las bajezas en que él se complace aún"

Emmanuel Mounier

("El personalismo", EUDEBA, Buenos Aires, 1967: 41)