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domingo, 11 de septiembre de 2016

LA MALDICIÓN MORAL DEL PASADO

Breve noticia de una antigüedad ideológica
Luis Barragán


Desde hace más de dos décadas atrás, se dijo de las aspiraciones dictatoriales de quienes, al secuestrar el lenguaje democrático, levantaron la emoción de los más incautos. Por los torcidos caminos de la antipolítica, ascendieron al poder que no desean – por siempre – abandonar, enfatizando la anomia social en los altares de la renta ya exhausta.

Una constante  fue la de ahorrar toda polémica sobre las intenciones y pretensiones de los nuevos elencos del poder, aplaudidos por los medios que gozaban de una enorme audiencia. En nada les satisfizo la serísima advertencia que provenía de las personas, grupos o sectores de una comprobada consistencia doctrinaria e ideológica, la que autorizaba a inferir la naturaleza, el carácter y los alcances de un régimen para la otra centuria.

Advertencia que no provenía de adivinos, hechiceros o nigromantes de la política que, por cierto, los hubo para imitar a los tahúres de la llamada nueva era que, por entonces, comenzaron a reemplazar a los matutinos programas televisivos de opinión. A lo sumo, se tomó por “discusión ideológica” la entera maldición moral del pasado inmediato y la sistemática descalificación de los justos y pecadores que lo legaron.

Un recurso antiguo, a juzgar por la intensa y aún perdurable campaña que hicieron los Castro contra Fulgencio Batista, a quien también convirtieron en fuente de todos los males. Empero, tampoco logra explicar la miseria, esclavitud, segregación, desesperanza, injusticia que reciben las nuevas generaciones de cubanos como una resignada tradición.

En la Venezuela de los días que corren, siéndolo paradójicamente, el madurato no logra resucitar ese pasado útil para sus denuestos.  Para colmo,  el actual régimen presume de una superioridad ética y moral que, simplemente, no tiene y, cada vez que se aventura a despotricar del resto de la humanidad, se pone en evidencia
Ilustración:http://www.anhelos-y-esperanzas.com/2011/09/el-movimiento-26-de-julio-y-su-lucha.html


12/09/2016:

domingo, 14 de agosto de 2016

VARÓMETRO

Sobre la oquedad ideológica
Luis Barragán


Subestimada o despreciada cualquier consideración o discusión ideológica,  fue posible que se introdujera e impusiese el marxismo más anacrónico en la Venezuela que abrió sus puertas al siglo XXI.  El rechazo casi supersticioso de una mayor hondura en el debate, a favor de los propósitos que se presumían suficientemente claros, sensatos y consensuados, trastocada la política en un espectáculo banal, facilitó el contrabando.

Transcurrida más de una larga década y media, decimos sorprendernos porque Maduro Moros corre a celebrar en La Habana al nonagenario Fidel Castro, aunque cueste la gracia más de $ USA 200 mil de acuerdo con el cálculo de Carlos Berrizbeitia. Dentro de algunos años, habrá quien le alarme que nuestro país haya subsidiado a la dictadura caribeña con una generosidad tal que pisa francamente el terreno del delito de traición a la patria,  creados los intereses del caso.       

Dos rápidas circunstancias facilitaron tamaño contrabando: por una parte, este proceso dizque revolucionario no provocó la correspondiente polémica teórica, porque – simplemente – nada semejante podía pedírsele a los nuevos elencos en el poder. Convengamos que el par de mandatarios nacionales y el mejor de los ministros que se ha tenido, ni siquiera se acercan a las inquietudes,  honestidad  y  talento que, mal que bien, equivocadamente o no,  caracterizaron a los remotos dirigentes del PCV o el MIR.

Fenómeno derivado, sintonizó muy bien el desinterés y la franca ignorancia ideológica del gobierno con el desinterés y la franca ignorancia ideológica de no pocos sectores de la oposición. Uno y otro coincidieron en la ligereza de los planteamientos, muy a tono con los espacios mediáticos disponibles.

Y, por otra parte, la evidente cautela y renuncia a escudriñar más allá de lo debido, en relación al marxismo proclamado,  porque – ortodoxamente,  si de lucha de clases, teoría del valor o imperialismo se trata – no será difícil descubrir cuál sector social ha emergido como el victorioso y decisivo, cuán lejos se ha llegado con la masiva marginalización de la población y de las importaciones,  hasta dónde arriba la impudicia del entreguismo o la franqueza de incurrir en un vasto ecocidio, con el Arco Minero. Por supuesto, de esto se puede saber si – por lo menos – nos acercamos un poco al estudio del marxismo, pues, diciéndose feligreses de la capilla, también por esta vara deben medirse.


Fotografía:  Marcha a favor del PC, Moscú, en fecha más o menos reciente. Tomada de la red.
15/08/2016:
http://www.lapatilla.com/site/2016/08/15/luis-barragan-sobre-la-oquedad-ideologica/

jueves, 2 de abril de 2015

DESARCHIVO: PRESOS POLÍTICOS, RELIGIONES SIN PIEDAD, UNA HERRAMIENTA PARLAMENTARIA

Creemos conservar - apenas - dos de los textos publicados en El Periódico Popular, hacia 1987. Una primera entrega, estuvo relacionada con la situación de los indígenas en el país. Una segunda, harto significativa, la dedicamos a  otra situación: la de los presos políticos. Como se verá, la prédica no es nueva. Esto, con independencia de cualesquiera posturas ideológicas.  E, inevitable, consterna que buena parte de quienes sufrieron ayer la persecución, por la que también nos pronunciamos, ahora sean los carceleros que se afincan principalmente en la juventud. Ahí está La Tumba, ofreciendo un testimonio tenebroso. Ahí están las cárceles para delincuentes comunes, con venezolanos cuyo único y pretendido delito sea el de disentir políticamente. Por lo que vemos, este socialismo que llaman vanidosos del siglo XXI, no tiene ninguna autoridad moral. Constituye una verguenza.

La otra referencia fue una larga declaración que apildoró El Nacional y otros medios, sobre la banalidad que también reinaba en los sectores de oposición. Por una parte, día jueves, sale la nota y hubo quienes, propios y extraños, se irritaron. ¿Cómo era posible semejante postura?
Creímos que se iba a armar la de "san-quintín", en la venidera reunión de la dirección nacional del partido, donde éramos minoría cada vez más relativa. El domingo, salió en el citado periódico un texto de Coll que, posiblemente, neutralizó las críticas. Nadie hizo mención de la declaración que parecía saludada por el articulista, en la reunión de la dirección del lunes, excepto - y es necesario reconocerlo - Eduardo Fernández, quien la presidía y, al finalizar la sesión, halagó que un autor de prestigio se ocupara de un dirigente socialcristiano. Por cierto, la fotografía del suscrito, todavía sin saber el nombre del fotógrafo del periódico, es la que empleamos para nuestros textos destinados a Noticiero Digital desde sus inicios. Y se ha quedado, originalmente publicada en 2005.

Contribuimos con la creación y desarrollo de la Sala de Cibermedios, a mediados de los noventa. Fue una constante preocupación la relación de la política y la red de redes. Por ello, sin pretendernos expertos, no ha sido extraña la materia cuando de proyectos legales se trata en la actual legislatura a punto de culminar, si el gobierno decide realizar las elecciones en el presente año. Por supuesto, el que mucho abarca, poco aprieta. Son varios los proyectos y los textos sancionados, originados en la Comisión Permanente de Ciencia y Tecnología de los que nos enteramos solamente al llegar a la sesión plenaria, ocupados por completo en la Comisión de Cultura e, inconsultamente tranferidos, en la de Administración y Servicios, donde cursa un proyecto sobre el comercio electrónico que hemos atendido.

El Nacional - Domingo 08 de Enero de 2006 A/6
Esas religiones sin piedad
Armando Coll

Animan estas líneas a continuar (o subrayar, que no es lo mismo que suscribir) el argumento que en días pasados ensayara el subsecretario general de Copei, Luis Barragán, ante ese muro de los lamentos que parece ser el futuro político de la oposición democrática en Venezuela. Trataba Barragán de la necesidad de los partidos que han quedado excluidos del juego político de hacerse de “una sólida perspectiva ideológica”. Apuntaba el dirigente la impertinencia de insistir con “señalamientos banales y pendencieros” como forma de oponerse a un gobierno inconmovible ante la crítica pertinaz, incuestionable como está con tanto poderío.

No le falta razón al prominente copeyano si, como muy visto está, no hay insuficiencia gubernamental (o mala gestión) que no sea rápidamente subsanada por el excesivo carisma del mandamás; la última instancia, ese Presidente salvador que nunca se entera de lo mal que lo hacen sus funcionarios, de lo mal que van las cosas muy a su pesar, tan ocupado como anda en repartir la revolución por todo el continente, tal como asienta la creencia popular.

En un país en que ese intangible, “el carisma”, es la mayor entre las virtudes que a un político puedan adornar, donde ese intangible se eleva sobre las necesidades más urgentes de las masas (recuérdese el estribillo aquel: “Con hambre y sin empleo, con Chávez me resteo” ), pues la realidad tangible queda neutralizada como una gran banalidad. ¿Cómo contrastar las cifras de damnificados por las lluvias con ese atributo inmensurable que es el carisma del líder?
“Don gratuito que Dios concede a algunas personas en beneficio de la comunidad”, es la segunda acepción que le otorga el Diccionario de la Real Academia Española al, en apariencia inexplicable, carisma.

Y da la impresión de que es así. Haberlo sabido antes, que bastaba con ese don gratuito, esa gracia por la que ninguna deidad reclamará esfuerzo, ni mucho menos sacrificio, para que la gente se estuviera quieta y se complaciera con que todo lo que acontece a su alrededor, ese cataclismo continuado en que deviene la vida de la mayoría de los venezolanos, y tanto afecta sus miserables existencias es completamente banal. Viéndolo bien, el chavismo (como, tal vez, todo fanatismo basado en el carisma de alguien) es una suerte de gnosticismo. Recuérdese que los gnósticos, al menos en la vertiente cátara que tanto persiguieron los dominicos en la Edad Media, se resignaban a la idea de que este mundo material es el verdadero infierno y que lo bueno está en el más allá.

A estas alturas, se creerá que lo que aquí se propone es que el chavismo es una religión. Y no.

Tal vez en ese chavista ingenuo que hacía bulto en la avenida Bolívar opere la fe o algún sucedáneo; pero cabe sospechar que la nación, más que de un fervor ciego como el que animan las religiones, está a merced de una ideología, ramplona, inconsistente, oportunista y todo lo que se quiera, pero ideología al fin.

“Esas religiones sin piedad” las llamó a las ideologías el novelista Roberto Bolaño, poco antes de su muerte temprana. La explicación que los voceros del poder dan a las incesantes fatalidades que acosan a la ciudadanía no llegan a ser tan esotéricas como aquello de que “los caminos de Dios son impredecibles”.

Nada de eso: en el mundo de Chávez todas las desgracias tienen por autor el neoliberalismo, vale decir, una ideología que se opone a la de él, que se podría definir llanamente así, como lo opuesto al neoliberalismo.

Así, el caso del Viaducto 1 de la autopista Caracas-La Guaira, desde la perspectiva ideológica del chavismo podría ser una banalidad que, en todo caso, se debe a las torrenciales lluvias incitadas por el desorden climatológico que ha dejado tras de sí el imperio del neoliberalismo.

Ante los desmanes del neoliberalismo hay cosas que ya no se pueden hacer, según tal perspectiva ideológica, y se deja ver entre el establishment revolucionario cierto dejo también de resignación: “Se acabaron los veinte minutos de Caracas a la Guaira”, se solaza el ministro de Interior en el mal de muchos.

Lo que no toma en cuenta la perspectiva ideológica es el padecimiento muy concreto de los venezolanos que con resignación de cátaros ya van aceptando que su país no es sino un gran desastre continuado y sin remedio.

Barragán parece lúcido al proponer mayor consistencia ideológica a los partidos democráticos, pero ante la impiedad de la ideología del poder, ante su inapelable voluntarismo, su énfasis y su violencia, ¿podrá enfrentarse al gobierno con una racionalidad que no reconoce?
Entiéndase, la racionalidad de la convivencia democrática, que admite diferencias ideológicas.

Cabe sospechar que la nación, más que de un fervor ciego como el que animan las religiones, está a merced de una ideología, ramplona, inconsistente, oportunista y todo lo que se quiera, pero ideología al fin.


sábado, 19 de enero de 2013

LA OTRA CRISIS

EL PAÍS, Madrid, 19 de Enero de 2013
TRIBUNA
¿Liberalismo o barbarie?
No solo las gentes de izquierdas están indignadas con la situación presente
Jesús Ferrero 

Una de las mentiras más hirientes del presente es suponer que la nueva casta financiera es liberal, a pesar de que niega muchos presupuestos del nuevo y viejo liberalismo. Cojamos como primer ejemplo de lo dicho al padre supremo del liberalismo, Adam Smith, que aconsejaba prudencia en el gasto y en los préstamos, y que en el capítulo III de La riqueza de las naciones, declara: “No pueden florecer largo tiempo el comercio y las manufacturas en un Estado que no disponga de una ordenada administración de la justicia, donde el pueblo no se sienta seguro en la posesión de su propiedad, en que no se sostenga y proteja, por imperativo legal, la honradez en los contratos, y que no se dé por sentado que la autoridad del gobierno se esfuerza en promover el pago de los débitos por quienes se encuentran en condiciones de satisfacer sus deudas. En una palabra, el comercio y las manufacturas solo pueden florecer en un Estado en que exista cierto grado de confianza en la justicia y el gobierno.”
Es sabido que la casta financiera ha perpetrado toda clase de abusos y engaños con sus clientes, jugando miserablemente con su dinero, usurpándoselo para llevar a cabo operaciones de alto riesgo, y ante las cuales los gobiernos han hecho la vista gorda, en parte por los muchos favores que les debían a los bancos. Adam Smith dice que el gobierno ha de velar para que se paguen las deudas (y también dice que siempre que los deudores puedan hacerlo). Todo lo contrario a lo que están haciendo los bancos y los gobiernos. Se exige que a los que no pueden pagar las deudas que lo hagan aunque sólo les quede como destino el suicidio, pero ignorando que los bancos no están pagando los gastos comunitarios de las casas que usurpan a la clase obrera y a la clase media. Queda claro que la desconfianza hacia la banca y el gobierno es en estos momentos total y es normal que entre nosotros no florezcan ni las manufacturas ni el comercio, como preveía en ese caso el viejo Adam Smith. ¿Y qué decir del siempre malinterpretado David Ricardo? Según él, el sueldo más correcto tendría que permitirle al trabajador mantener a su familia y posibilitarle la existencia de una previsión en una entidad bancaria para momentos de vacas flacas. Muy razonable, pero ¿qué ha hecho la casta financiera con el dinero que los trabajadores depositaban en sus entidades y que les hubiese servido para vivir una vejez digna?
Tampoco parecen haber hecho caso a Stuart Mill, que al final de su ensayo Sobre la libertad decía que “el valor de un Estado, a la larga, es el valor de los individuos que lo componen. Y un Estado que pospone el desarrollo y la elevación intelectual de sus miembros, un Estado que empequeñece a los hombres, a fin de que sean, en sus manos, dóciles instrumentos, llegará a darse cuenta de que, con hombres pequeños, nada grande podrá ser realizado”, asegura.
A la luz de estos principios, es preferible no analizar el comportamiento del poder político y financiero, empeñado en someter a la clase media y hacerla desaparecer, que pospone hasta lo indecible el desarrollo intelectual, y que empequeñece a los hombres hasta convertirlos en títeres trágicos de un estado de cosas donde prevalece, por encima de todo, la injusticia, la estafa y la mentira, y donde las denuncias no sirven para nada.
Si dejamos atrás el liberalismo clásico y nos acercamos más a nuestra época y a las escuelas marginalistas, nos encontraríamos con Léon Walras, que creía en la relación directa entre la utilidad, el consumo y el bienestar. Cuanto más bienestar poseyera un ciudadano, más útil sería para la economía en general y para la sociedad, y con más capacidad de lubricar el sistema. Si siguiésemos su teoría, la clase media, cada vez más abocada a la ausencia de bienestar, estaría dejando de ser una clase útil: algo bastante peligroso y demencial.
La clase obrera está desempleada y es imposible de absorber.
Antes de seguir confieso que me he ido acercado desde mi condición de novelista a los textos fundamentales del liberalismo y el neoliberalismo buscando trasfondos teóricos para la construcción de algunos personajes, y nunca ha dejado de asombrarse como los viejos y los nuevos pensadores del liberalismo confunden con frecuencia los artefactos ideológicos de la cultura (o de su cultura) con las leyes de la naturaleza, a menudo con la intención de justificar doctrinas bastante dudosas. Ya decía Unamuno que “la ciencia es la ideología de cada época” y la ciencia de este momento es la economía, saturada de ideología por todas partes. Nada escapa al imperio de la ideología, y la presunta ausencia de ideología que proclama cierto liberalismo es otra ideología con la que hay que contar, más sofística que sofisticada. Resulta sorprendente que cuanto más clara se percibe una ideología más suele ser negada como tal por sus defensores. A este respecto me viene a la mente lo que le dijo una vez Trotski a André Breton: “El marxismo no es una ideología, es un destino”. Lo mismo vienen a decir ciertos liberales respecto a su ideario, pero no pretendo aquí enjuiciar las doctrinas liberales sino apoyarme parcialmente en ellas para hablar de la devastación presente. Por otra parte, mis andanzas por la senda izquierda nunca me han impedido aceptar que las iluminaciones de los autores ya indicados, además del férreo Malthus (que como más tarde Lévi-Strauss, pensaba que la superproducción y la superpoblación era lo peor que le podía ocurrir a nuestra especie) me han ayudado a comprender mejor lo que pasó y lo que está pasando en nuestro cuerpo social, últimamente muy enfermo y deteriorado. Si bien pocos textos me han servido tanto como La acción humana de Ludwig von Mises, especialmente cuando habla de la imposibilidad de gobernar en desacuerdo con la opinión pública. “No cabe un gobierno impopular y duradero”, dice, y asegura que la supremacía política de la opinión pública “determina el curso de la historia” y que de poco les sirven, a los individuos intelectualmente mejor dotados, “los logros sociales y las grandes ideas si no hacen atractiva a la mayoría su ideología.”
Muchos gobernantes europeos de ahora debieran prestar mucha atención a las reflexiones de Mises y esmerarse en explicarse mejor, infinitamente mejor, si no quieren que los devore “el curso de la historia”.
En el mismo capítulo Mises habla de uno de los grandes errores del liberalismo clásico: el haber ignorado a los de abajo, el no haber previsto “la aparición de masas humanas sin acomodo posible”, y el haber cerrado los ojos ante el surgimiento de “un proletariado que aquel orden social que pretendían perpetuar no podía compensar y absorber.” Y acaba diciendo que “jamás pensaron los viejos liberales que las masas podrían llegar a interpretar la experiencia histórica con arreglo a filosofías muy distintas a las suyas.”
Y bien, es evidente que los actuales dirigentes están cayendo en el mismo error que Mises atribuía a los liberales del pasado: no haber previsto el despliegue, cada vez más abismal, de una clase obrera desempleada e imposible de absorber, así como el desmoronamiento, no menos abismal, de una clase media empobrecida y que se va a ver obligada a “interpretar su experiencia histórica con arreglo a filosofías muy distintas” a las que cabría imaginar en tiempos de bonanza y burbuja desalmada.
No hablemos pues ni de liberalismo ni de socialismo, hablemos mejor de caos y de barbarie, justamente lo que más repudiaba el neoliberal Mises. Por eso no solo las gentes de izquierdas están profundamente indignadas con la situación presente. ¿Acabará yendo algún banquero a la cárcel?
(*) Jesús Ferrero es escritor.

martes, 12 de junio de 2012

(IN) TRASCENDENCIA

El Globo, Caracas, 18 de Diciembre de 1998
La mirada coherente
Luis Barragán

La tentación es la de referirse al éxitoso Candidato Chávez y el indudable impacto político, social y psicológico que produjo, algo muy distinto a la del Presidente Chávez cuyas propuestas aún no nos convencen y deberán enfrentar una realidad, la que simplemente existe, está ahí. Igual tentación la de escudriñar el contenido de sus mensajes, sobre todo los  de la Avenida Bolívar y del Ateneo, en medio de la polvareda emocional, espontánea y casi inédita en la Venezuela de los últimos años. No obstante, en ésta época de dispersión, donde los problemas y sus soluciones están prácticamente departamentalizados, como si solo el pragmatismo pudiera concederles alguna unidad, aceptada y legitimada la contradicción de posiciones, hay  un enfoque igualmente inédito que suscita la reflexión.

Ha proclamado no sólo un conjunto de valores y de principios del cual se desprenderá y explicará otro conjunto de medidas e iniciativas de gobierno. La doctrina bolivariana, reivindicada como propia de esta contemporaneidad, le otorga esa credibilidad perdida por otras expresiones que, asimiladas las lecciones de El Libertador, le imprimían un sentido universal a la actuación de las llamadas familias socialcristiana, socialdemócrata y marxista. La dislocación, desviación, distorsión o la elasticidad, flexibilidad, plasticidad doctrinarias de los partidos cincuentenarios del país, también provocó una enorme desconfianza, incluyendo los excesos técnicos de sus planteamientos, supuestamente versados en una suerte de ingeniería esotérica  aprendida en las más trilladas universidades del extranjero. Y, por supuesto, de un doble discurso que aterrizó en las más desenfadadas actitudes moralistas. Es tiempo de recobrar los senderos de la reflexión y del compromiso y así se insista en los percances de la ola postmodernista,  siempre falta una mirada de largo aliento, coherente, profunda y, sin dudas, la innovación de un humanismo cristiano que tome en cuenta y debata lo que ha venido planteando Karol Wojtila, por citar un ejemplo.

El otro elemento que le ha brindado un sentido maestro a sus posiciones o posturas, en el caso de Chávez, es el de la referencia histórica, no otra que la conversión de las intentonas golpistas  en un hito trascendental. Por algo, los oficiales que se alzaron en 1992, protagonizaron la primera rueda del Presidente Electo, en lugar de los líderes del MAS o del PPT. Se está reescribiendo (SIC) la historia y, agotados los parámetros de un acuerdo que fue útil, como el de Punto Fijo, otros hechos del pasado, otras vicisitudes apenas recordadas, otras gestiones ya definitivamente lejanas como las de López Contreras y Medina Angarita, ocupan los trazos esenciales de ese enfoque o mirada que viene a legitimar la futura actuación al frente del Estado.


Ilustración: Georgia Marsh.

jueves, 31 de mayo de 2012

EL TROPIEZO EXISTENCIAL

ECONOMÍA HOY, Caracas, 03 de Marzo de 1997
Una nota ignaciana
Luis Barragán


La crisis se ha hecho rutinaria, parte de los días. No comporta una enorme excepción, por lo que puede deducirse que no hay crisis, pues ésta se manifestaría plenamente se hubiese   síntomas de mayor equidad social y  de superación económica. Luego, a lo Gramsci, estamos acostumbrados a la estación: no somos la noche, pero tampoco la madrugada. La transición no es tal sino - inconclusa- un dato permanente.

 “Alguien dijo: ‘Todo esto es pura mierda’, pero Ignatius ignoró la voz. Hubo un silencio feliz en la fábrica, la mayoría de los trabajadores estaban ávidos de alguna ruptura con la rutina” (p. 139). ¿Es que acá pasa algo  diferente, tanto que puedan soliviantarse los espíritus?, ¿no podemos regresar sin solemnidades a la utopía?; ¿los opositores anómicos, los célebres encapuchados que toman rigurosamente sus vacaciones ante cualquier fecha patria, con puente y todo, no son más de lo mismo?”; ¿por qué escribir esto?.

La inseguridad personal es uno de esos ejemplos de la normalidad. Incluso, quienes son víctimas del hamponato, no pueden alterarla. Son los primeros sospechosos no sólo del delito consumado y hasta frustrado, sino de un atentado contra el orden establecido: “ Si tiene usted un momento, estoy dispuesto a discutir con usted el problema de la delincuencia; pero no cometa el error de fastidiarme a mí”, enfatizó Ignatius Reilly  (p. 17). Evidentemente, tamaña ilustración no revela otra cosa que temor ante un ciudadano que privadamente dibuja su propio perfil de la polis: “ Tienes que comprender el miedo y el odio que inspira a la gente mi weltanschauung - Ignatius eructó -” . Así,  “no mencionaré este disparatado viaje a Baton Rouge. Creo que aquel incidente engendró en mi una resistencia psicológica al trabajo” (p. 60).  Un cuadro donde el ejercicio irónico refleja una realidad inadvertidamente irónica. Y tanto que, al agotar las instancias, atacar el centro del sistema político, dice dar con los militares sodomitas disfrazados, deseosos de encontrarse con otros sodomitas, desempeñar el falso papel imaginario, para concluir con la guerra,  desembocando en fiestas y bailes (p. 239).

Los bajos fondos de Nueva Orleans quizás no se parecen a los nuestros, pero esta rápida incursión ignaciana habla de una actitud semejante ante los contrastes de una anormalidad que no es tal.

(*) John Kennedy Toole. “La conjura de los necios”. Anagrama, 15ta. edición.  Barcelona. 1987.


Fotografía: Tomada de la red.

jueves, 17 de mayo de 2012

INCONCLUSA

EL GLOBO, 03 de Marzo de 2000
Crisis ideológica
Luis Barragán


En uno de sus libros, Agapito Maestre observaba la diversa y hasta contradictoria militancia política que puede exhibir un ciudadano, pues vota por un líder que le atrae (pongamos de un partido conservador), participa de las lides sindicales en la empresa metalúrgica, es activista sabatino de una organización ecológica, rechaza  doctrinariamente el ingreso de su país a un acuerdo integrador o protesta la presencia de las mujeres en la directiva de un club recreacional.  Incluso, alguien lamentaba la situación de los actores que denigraban de lo “más bastardo de la industria del entretenimiento”,  buscando una ” rápida legitimación en dudosos montajes teatrales o en brevísimos viajes al primer mundo”, distinguida las industrias pesada y liviana de la cultura (http: // www.geocities. com / Hollywood/ 3974/ leer/ tman0201.htm), contrastante con lo observado por Germán Uribe en relación a Sartre, a propósito de la guerra neocolonial (http://www.mundolatino.org/ uribe/polisar.htm).

En Venezuela probablemente no haya un testimonio suficiente de tal multiplicidad, pues han enflaquecido las organizaciones capaces de enmarcarla. Se evidencia un retroceso de las instituciones intermedias y frecuentemente las asociaciones vecinales constituyen un simulacro, convertidas en aparatos que nada tienen que ver con una membresía que no se mete siquiera en los problemas del condominio,  el ambientalismo tiende a ser un ocasional divertimento,  los gremios aparecen como un obligado descuento en los ingresos mensuales, etc. No obstante, llama poderosamente la atención que cohabiten o convivan tendencias que no se reconocen como tales y mucho menos se interpelan en el contexto de lo que es un simple ensayo de poder.

Los promotores de las intentonas de 1992, ofrecen un magnífico ejemplo. No aludimos al cada vez más incomprensible Polo Patriótico, una alianza que ha girado alrededor de sus cupos electorales, sino a la esencia de un fenómeno que –por la comodidad del término- denominamos chavismo o chavecismo. Es evidente, en el oficialismo, la presencia de individualidades contradictorias, tanto como en el contra o para-oficialismo. ¿Qué tienen en común William Izarra y el General Visconti, a juzgar por las entrevistas divulgadas a través de la prensa o de libros como el de Alberto Garrido?, ¿acaso no podemos ampliar la nómina con aquellos que, ejerciendo o no funciones públicas, miran a Jeffrey Sach y a Fidel Castro, desde los rincones de un mismo balcón?, ¿no es curioso, al menos?.

Es posible que la doble, triple o cuádruple militancia responda a una postura ética esencial que requiere de la reinvención de los parámetros ideológicos capaces de darle una coherencia eficaz en el terreno político, lejos de la asfixiante uniformidad que tantas calamidades trajo en el pasado. Hay un pragmatismo sano que permite la fluidez de la convivencia social, todavía faltante de una dimensión que le conceda una trascendencia globalizadora, pero también lo hay  el enmascarado que poco resiste a las definiciones que tarde o temprano, inexorable y a veces desafortunadamente, impone el ejercicio del poder: se hará tarde, sufridas las consecuencias de lo que el filósofo Eudomar Santos consagró con aquello de “como vaya viniendo, vamos viendo”. Sin dudas, el indicio más sentido de la crisis ideológica.


Fotografía: Agapito Maestre, http://www.culturamas.es/blog/2011/03/24/54749/clase-3/