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domingo, 11 de septiembre de 2016

LA MALDICIÓN MORAL DEL PASADO

Breve noticia de una antigüedad ideológica
Luis Barragán


Desde hace más de dos décadas atrás, se dijo de las aspiraciones dictatoriales de quienes, al secuestrar el lenguaje democrático, levantaron la emoción de los más incautos. Por los torcidos caminos de la antipolítica, ascendieron al poder que no desean – por siempre – abandonar, enfatizando la anomia social en los altares de la renta ya exhausta.

Una constante  fue la de ahorrar toda polémica sobre las intenciones y pretensiones de los nuevos elencos del poder, aplaudidos por los medios que gozaban de una enorme audiencia. En nada les satisfizo la serísima advertencia que provenía de las personas, grupos o sectores de una comprobada consistencia doctrinaria e ideológica, la que autorizaba a inferir la naturaleza, el carácter y los alcances de un régimen para la otra centuria.

Advertencia que no provenía de adivinos, hechiceros o nigromantes de la política que, por cierto, los hubo para imitar a los tahúres de la llamada nueva era que, por entonces, comenzaron a reemplazar a los matutinos programas televisivos de opinión. A lo sumo, se tomó por “discusión ideológica” la entera maldición moral del pasado inmediato y la sistemática descalificación de los justos y pecadores que lo legaron.

Un recurso antiguo, a juzgar por la intensa y aún perdurable campaña que hicieron los Castro contra Fulgencio Batista, a quien también convirtieron en fuente de todos los males. Empero, tampoco logra explicar la miseria, esclavitud, segregación, desesperanza, injusticia que reciben las nuevas generaciones de cubanos como una resignada tradición.

En la Venezuela de los días que corren, siéndolo paradójicamente, el madurato no logra resucitar ese pasado útil para sus denuestos.  Para colmo,  el actual régimen presume de una superioridad ética y moral que, simplemente, no tiene y, cada vez que se aventura a despotricar del resto de la humanidad, se pone en evidencia
Ilustración:http://www.anhelos-y-esperanzas.com/2011/09/el-movimiento-26-de-julio-y-su-lucha.html


12/09/2016:

domingo, 29 de mayo de 2016

UNA PODEROSA DESILUSIÓN



El liberalismo precavido de Vargas Llosa

Luis Barragán

A finales de abril del presente año, Mario Vargas Llosa visitó  Chile y, con motivo del doctorado honoris causa otorgado por la Universidad Diego Portales, el discurso versó en torno a su ya conocida, lenta y segura conversión ideológica. Afortunadamente, la institución no tardó en publicar el estupendo testimonio, confirmando que la utilidad de las redes sólo depende de una actuación diligente  (https://www.youtube.com/watch?v=G6Zgq6voolo).

Deseamos reivindicar tres aspectos de la magistral intervención,  tan llena de ricos y sugestivos detalles capaces de dar con los más serios indicios para una futura e inédita investigación. ´Ésta, por lo general, depende del acto académico sobrio y disciplinado.

Dato obvio, el celebérrimo autor tiende al testimonio informado por las referencias constatables que ofrece, la franqueza de una espontaneidad responsable y, digamos, una interpretación de los hechos que no teme al juicio ajeno. Pocos intelectuales se exponen públicamente con la solvencia deseada y, quizá obligado por el regular  aporte de una opinión periodística, como ocurre con Vargas Llosa, tienen una mirada entrenada por la noticia, intentan una versión verificable de sí mismos y fuerzan a una apreciación lo más sensata posible.

Dato siempre necesario de recordar, busca la postura política justa, pues, luego del deslumbramiento que padeció por el fenómeno cubano de los sesenta del XX a veces tan lejano, su prédica liberal tiene por mejor certeza la precaución frente al radicalismo. Hay liberales – señaló en su discurso – fanáticos, cuadriculados y temibles, como “números encarnados que creen que el mercado resuelve todos los problemas y que basta que haya mercado y que basta que haya competencia como para que la solución de los problemas políticos, económicos, culturales, individuales, esté ahí”, peligrosos cuales comisarios marxistas, Acota, “porque simplemente la vida no se resuelve a través de la competencia y del mercado”, pues, éste, “es un sistema absolutamente extraordinario para que las personas entiendan, para que las personas descubran sus necesidades y las resuelvan (…) para traer progreso material sin ninguna duda”, siendo correlativa la libertad económica a la política, cultural e individual, dándole rostro humano y tolerante al liberalismo.

Dato ya dispensable, la revolución cubana constituyó una poderosa ilusión que, en su conferencia, retrata con la primera visita que hizo el escritor a la isla hasta que el caso Padilla la desenmascaró definitivamente, tardando muchos otros en percatarse. Lo curioso es que algo semejante no ocurrió – en diferentes circunstancias -  con la mentada revolución bolivariana que nunca escatimó en esfuerzos y recursos petroleros para promoverse.

30/05/2016

viernes, 28 de febrero de 2014

Y DE LA NOCHE VENIMOS

EL PAÍS, Madrid, 27 de febrero de 2014
Muere Huber Matos, comandante de la revolución y el exilio
Entró con Castro en la Habana, estuvo en la cárcel 20 años y fue líder en Miami
Mauricio Vicent 

Huber Matos fue de todo en la revolución cubana: llegó a lo más alto en la guerrilla de Fidel Castro, y también fue líder en la cárcel y en el exilio de Miami. Bajó de la Sierra Maestra como comandante y tomó la ciudad de Santiago de Cuba el 1 de enero de 1959, entrando una semana más tarde a La Habana como un héroe junto a Camilo Cienfuegos y Castro. Condenado por traición a los diez meses del triunfo revolucionario, cumplió 20 años de cárcel en diversas prisiones de la isla, convirtiéndose en un reo legendario. Al ser excarcelado y llegar a Miami, Matos fundó la organización anticastrista Cuba Independiente y Democrática (CID), con la que abogó por el derrocamiento de Castro por las buenas o por las malas. El jueves, a la edad de 94 años, murió de un infarto en la capital del exilio cubano y hasta el último momento mantuvo sus posiciones radicales. Tanto por su tono como por su contenido, la voz de Matos en la radio de Miami era de las que más fuerte sonaba, hasta el extremo de que hace unos años llegó a hacer un llamado a los militares cubanos para que se alzasen contra el Gobierno.
Huber Matos Benítez nació el 26 de noviembre de 1918 en el poblado de Yara, en la antigua provincia de Oriente. Era el hijo mayor de un agricultor y la maestra del pueblo, lo que le permitió educarse. Desde niño ayudó a su padre en las tareas del campo y para escapar a ese destino estudió Magisterio, graduándose en la Escuela Normal para Maestros de Santiago de Cuba en 1940. Cuatro años más tarde obtuvo un doctorado en Pedagogía en la Universidad de La Habana.
Durante algún tiempo trabajó en varias escuelas rurales del oriente cubano, donde comenzó a adquirir conciencia política. A los 18 años entró en el Partido Revolucionario Auténtico y en 1947, luego de que fue fundado el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) por Eddy Chibás, entró a militar en esta organización, a la cual perteneció también Fidel Castro. En 1950 fue nombrado vicedecano del Magisterio Nacional.
La vida de Cuba y de Huber Matos cambiaron radicalmente con el golpe de Estado que dio Fulgencio Batista el 13 de marzo de 1952, a pocos meses de unas elecciones generales en las que Castro se presentaba como candidato al Congreso por el Partido Ortodoxo. En ese momento Matos trabajaba como profesor de la Escuela Normal para Maestros de Manzanillo, una de las principales ciudades de la provincia de Oriente, donde enseñaba Cívica e Historia.
Su oposición a la dictadura batistiana le llevó a exiliarse en Costa Rica en 1956, donde entabló amistad con el presidente José Figueres. Cuando Castro organizó la expedición del yate Granma y se hizo fuerte en la Sierra Maestra, Matos consiguió preparar una expedición con armas y voluntarios y aterrizó con una avioneta en las montañas de Cuba, uniéndose a los barbudos. Terminó la guerra con el grado de comandante, el más alto de la guerrilla, al frente de la columna 9ª Antonio Guiteras.
Tras tomar Santiago de Cuba y entrar triunfalmente en La Habana en el mismo jeep de Castro y Cienfuegos, ocupó diversas responsabilidades hasta que fue designado jefe del Ejército Rebelde en la provincia de Camagüey.

Desde muy pronto Matos se opuso al giro radical de la revolución, y cuando percibió que esta se inclinaba hacia el socialismo y entraban en las instituciones del Gobierno miembros del antiguo partido comunista (el Partido Socialista Popular) escribió una carta personal a Castro renunciando a su cargo. “No deseo convertirme en un obstáculo para la revolución y creo que, teniendo que escoger entre acomodarme a las circunstancias o hacerme a un lado para no causar ningún daño, lo más revolucionario para mí es irme…”, decía en la misiva, enviada al líder cubano el 19 de octubre de 1959.
Matos agregaba: “Si se quiere que la revolución triunfe, dígase a dónde vamos y cómo vamos, óiganse menos los chismes y las intrigas, y no se trate de conjurado o de reaccionario al que con criterio honrado plantee estas cosas”. Aunque Matos siempre aseguró que esta carta fue la verdadera causa de su encarcelamiento, Fidel Castro y sus seguidores dijeron que en realidad preparaba un levantamiento en Camagüey y Camilo Cienfuegos fue enviado a detenerle allí. Huber Matos se entregó sin oponer resistencia, y Cienfuegos, al regresar a La Habana, se estrelló en una avioneta debido al mal tiempo.
El juicio a Matos se celebró el 11 de diciembre en el antiguo campamento militar de Columbia y allí intervino Castro durante varias horas seguidas para acusar a su antiguo comandante de traición. El Che Guevara y Rául Castro eran partidarios de la pena de muerte, pero Fidel Castro dijo que si se hacía eso se le convertiría en un “mártir”. Finalmente el tribunal lo condenó a 20 años de prisión, de los que no se le perdonó ni una hora.
En presidio realizó varias huelgas de hambre y denunció que estuvo años aislado en una celda, convirtiéndose en uno de los famosos presos “plantados”, denominados así por negarse a vestir el uniforme de reo común. Al salir de la cárcel en 1979 se instaló en Costa Rica y posteriormente se trasladó a Miami, donde fundó la organización Cuba Independiente y Democrática, uno de los grupos anticastristas que con más beligerancia atacó al régimen de Fidel Castro en las últimas décadas y que apoyó la ley Helms-Burton, que hizo extraterritorial el embargo norteamericano, cuando fue promulgada en 1996. En 2001 ganó en España el XIV Premio Comillas por su libro de memorias Cómo llegó la noche.


Nota LB: Políticamente,  crecimos con una doble curiosidad hacia el proceso cubano: el del entusiasmo y la decepción. Muy jóvenes, decididos por una opción ideológica, asumimos con una punzante crítica lo que había detrás de la gesta del derrocamiento de la ictadura de Batista. Era difícil, pues, las posturas no capitalistas de una tendencia democristiana,  forzaban a subrayar el por qué no compartíamos lo que ocurrió y ocurría en la isla caribeña. Digamos que José Barbeito, con un pequeño ensayo, contribuyó mucho a la claridad de las posiciones. A principios del presente siglo, vimos "Cómo llegó la noche" de Huber Matos en la ya extinta Librería del Ateneo de Caracas. Era un ejemplar costoso. Y, si mal no recordamos, lo devoramos. Además, nos pareció bien escrito. Además, el formato y diseño de Tusquetsera lo suficientemente atractivo. Al parecer puede bajarse en http://www.libro-s.com/l/como-llego-la-noche-de-huber-matos-153137/ y hay una buena reseña crítica en http://www.redalyc.org/pdf/128/12871407.pdf. Suele ocurrir, desearíamos releerlo, pero a alguien, siglos atrás, le prestaríamos el ejemplar que ya no volverá a la estantería de la casa y, en vano, habría que indagar a quién se le prestó. Recientemente fallecido, Matos lanza un dardo de interpelación sobre Venezuela.

sábado, 25 de enero de 2014

DESDE EL PRINCIPIO

EL NACIONAL - JUEVES 31 DE DICIEMBRE DE 1998 / INTERNACIONAL Y DIPLOMACIA
La revolución cubana cumple 40 años
Armas venezolanas defendieron a Castro en la Sierra Maestra
Cerca de una decena de vuelos llevaron a Cuba armamento, comida, ropa, equipos y hombres para respaldar la caída de Fulgencio Batista. Cuatro décadas después, algunos protagonistas decidieron romper el silencio y reconstruir los hechos
Marianela Palacios

En las postrimerías de la Junta de Gobierno presidida por Wolfgang Larrazábal, y siguiendo las señas de una operación militar "estrictamente confidencial", 150 fusiles, 50 ametralladoras, 100 granadas de demolición, 35 cajas de municiones y 3 cajas de armamento de grueso calibre sustraídas del Parque de Armas venezolano, fueron embarcadas en Maiquetía con destino a la Sierra Maestra en noviembre de 1958. ¿El objetivo? Dar apoyo a la causa rebelde cubana que intentaba derrocar a la dictadura de Fulgencio Batista.
Cerca de una decena de vuelos llevaron a Cuba armas, comida, ropa, equipos y hombres. 40 años después, los protagonistas de esa historia han decidido romper el silencio y recrear los hechos.
Fidel Castro era una especie de leyenda viviente para el pueblo venezolano en 1958, un símbolo de los aires revolucionarios democráticos que se respiraban en Latinoamérica. Los ciudadanos contribuían masivamente en campañas de colecta de fondos para los guerrilleros de la Sierra Maestra. Pero el Gobierno no había querido involucrarse directamente con la causa. De hecho, aunque algunos gremios y organizaciones no gubernamentales lo habían solicitado, nunca se rompieron las relaciones diplomáticas con el régimen de Batista, y cualquier respaldo a la revolución habría causado tensiones políticas importantes.
No obstante, el Gobierno venezolano se involucró. Subrepticiamente claro. "Queríamos apoyar el clamor popular, pero un gobierno es un gobierno, no una agencia de tráfico. Por eso todo se hizo bajo cuerda", admitió el vicealmirante (r) Larrazábal. Según él, la operación contó con el respaldo de otros miembros de la Junta de Gobierno, pero "Rómulo Betancourt no estaba al tanto y, si estaba, lo disimuló".
Operación Cóndor
El historiador Manuel Caballero relata que a finales de los cincuenta "se corrió la voz de que Fidel recibió apoyo militar venezolano, pero eso no se demostró. Nunca se supo con exactitud si el Gobierno patrocinó aquello, ni cómo sucedieron las cosas".
Hoy ya no hay lugar para la duda. La operación tuvo cuatro figuras claves: Fidel Castro, identificado como Cóndor durante las trasmisiones de radioaficionados que permitieron coordinar los vuelos; Wolfgang Larrazábal (Cóndor 1) y su hermano Carlos Larrazábal (Cóndor 2), quien era entonces comandante de la Armada; y Carlos Taylhardat (Cóndor 3), hoy ex embajador de la República y quien siendo teniente de navío en 1958 supervisó los vuelos a Cuba y concretó el despacho de las armas.
Pese a la confidencialidad impuesta, no sólo ellos cuatro sabían de la acción. Francisco Pividal Padrón, líder del Movimiento 26 de Julio y luego embajador de Cuba en Venezuela, menciona otros nombres: "El coronel Hugo Trejo (...) Por la marina, el capitán de navío Miguel Rodríguez Olivares, el capitán de fragata Héctor Abdelnour y el jefe de la Infantería de Marina. Por el Ejército, el mayor Carlos Julio Mora y el teniente Hugo Montesinos. Por los civiles, el senador Alberto Ravell, el diputado Raúl Ramos Jiménez y Marcelino Madriz". En otro capítulo cita al periodista Fabricio Ojeda, quien había sido presidente de la Junta Patriótica.
Sin razones políticas
Cuando se le preguntó a Wolfgang Larrazábal por qué autorizó la operación y quién solicitó esa ayuda, respondió: "Posiblemente fue el espíritu de la libertad. No hubo negociaciones políticas de por medio. Lo hicimos porque interpretábamos la voluntad del pueblo venezolano y deseábamos que toda Latinoamérica viviera en libertad".

Sin embargo, Mario Llerena, quien fue presidente del comité del exilio cubano en 1958, admitió que sí hubo un lobby político y no escatimó en dar el lujo del detalle. Tenía en su poder una carta manuscrita de Fidel Castro, fechada el 26 de abril de 1958, que ordenaba gestionar la ayuda de algunos gobiernos latinoamericanos para "fortalecer la revolución en su aspecto militar".
La campaña para apoyar el Movimiento 26 de Julio comenzó en Venezuela. En mayo de 1958 se consiguió un contacto directo con Wolfgang Larrazábal. Llerena puntualizó que "se obtuvo la entrevista por medio de su secretario privado, que era amigo de Sergio Rojas Santamaría, secretario del Comité del Movimiento 26 de Julio en Caracas. (Manuel) Urrutia, (Raúl) Chibás y yo fuimos invitados a almorzar en el suntuoso club militar de las afueras de la ciudad. Allí nos presentaron a Larrazábal (...) Sugerimos diplomáticamente que había tres áreas donde se apreciaría más la ayuda: en el reconocimiento internacional a la causa rebelde, dando permiso para que los cubanos hicieran campaña y operaran libremente en Venezuela y con abastecimiento de equipo militar".
Los cubanos salieron convencidos del éxito de aquella reunión: "Larrazábal escuchaba con una sonrisa y nos dio la seguridad de su buena voluntad personal. Tuvimos la impresión de que recibiríamos una respuesta positiva. No importaba si el encuentro había sido secreto o extraoficial, pero el presidente de Venezuela había consentido en reunirse con los representantes de un grupo revolucionario comprometido con el derrocamiento de un gobierno extranjero reconocido y había expresado simpatía por la revolución. Meses después llegó un cargamento de armas venezolanas a la Sierra Maestra", contó Llerena.
La bala inaugural
Fidel Castro declaró en 1959 que durante los primeros 15 meses de lucha en la Sierra no habían recibido "ni una sola bala del exterior" (Elite, 31-01-59). El primer contingente llegó de Costa Rica en marzo de 1958, con el respaldo del Partido de Liberación Nacional de ese país: "Fue el primer gran eslabón hacia el triunfo de la revolución. Llevamos 200 mil balas, 2 ametralladoras pesadas calibre 50 y varias ametralladoras trípode calibre 30", reveló el piloto de aquel vuelo inaugural, Pedro Díaz Lanz, quien realizó con éxito 13 vuelos a la Sierra Maestra y fue nombrado comandante en jefe de las fuerzas aéreas rebeldes (Elite, 11-07-59).
A partir de entonces, una vez que se demostró que era posible burlar la "cortina" de la dictadura, los despachos aéreos se multiplicaron. Partiendo de México y Centroamérica hubo otras entregas.
Armas yanquis para Fidel
Los vuelos desde Venezuela, patrocinados por el Gobierno (Operación Cóndor), por grupos civiles y políticos (como el Movimiento 26 de Julio y el PCV) o por particulares (el periodista Julio César Martínez, por ejemplo), aumentaron su frecuencia en diciembre de 1958. 
"La aviación de Batista necesitaba al menos 20 minutos para responder a las emergencias. Así que teníamos que aterrizar en Cuba, dejar la carga, y emprender el regreso antes de que transcurriera ese tiempo. Los rebeldes improvisaban pistas de aterrizaje a fuerza de machete y colocaban jeeps a lo largo de la vía para iluminarlos. Usamos plataformas enceradas para deslizar las cargas de forma inmediata. No hubo complicaciones", relata Carlos Taylhardat.
El armamento que se llevó a Cuba en el primer viaje venezolano había estado almacenado en el país desde 1947. Paradójicamente, era parte de una donación de Estados Unidos para abastecer a la recién creada Infantería de Marina. Eran armas (M1) usadas por los norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial, pero nunca utilizadas por militares venezolanos.
¿Dinero de la partida secreta?
Las armas fueron transportadas en un Curtis C-46, un avión de carga que la línea aérea Avensa vendió por 10 mil dólares (unos 40 mil bolívares para la época). ¿De dónde salió ese dinero? Carlos Taylhardat asegura que el almirante Wolfgang Larrazábal entregó un cheque a un miembro de la Casa Militar, el capitán Héctor Abdelnour, para que comprara la nave a título personal. "No la podíamos comprar para el Gobierno porque no convenía que se supiera que estábamos participando en esto", justificó Taylhardat.
En sintonía con lo anterior, Manuel Caballero explica que, históricamente, ese tipo de actividades se ha financiado con la partida secreta del Ministerio del Interior.
Sin embargo, Wolfgang Larrazábal sostiene otra cosa: "Ese cheque no salió de mis manos. Era dinero de las campañas de recolecta de fondos para la revolución, era dinero recogido en las calles. No era del Estado".
Cubanos en el exilio pertenecientes al Movimiento 26 de Julio también han sido referidos como financistas de esta negociación: a mediados de 1958 ya habían recaudado 220 mil dólares para respaldar la causa cubana (Ultimas Noticias, 20-09-98).
Un Fal para Fidel
El avión usado para transportar el armamento venezolano a Cuba fue bautizado con el nombre de "El Libertador". Lo pilotearon dos cubanos: J.R. Segredo (piloto) y Humberto Armada (copiloto). En el primer vuelo, sólo viajaron ellos, el entonces teniente de navío Carlos Taylhardat y las siete toneladas de armas que se extrajeron del Cuartel San Carlos, tal como consta en una Hoja de Ruta firmada por el teniente coronel del Ejército Rodrigo Chacón el 21 de noviembre de 1958.
A pesar de que era armamento viejo, grande y pesado, resultó ser una bendición para los rebeldes. "Ellos habían empezado con machetes, escopetas, bombas caseras y cuchillos. Se fueron armando progresivamente. Su principal proveedor fue el mismo ejército de Batista, porque cada vez que ganaban un combate en la Sierra se adueñaban de las armas del enemigo. Pero las venezolanas fueron determinantes para algunas batallas. Sobre todo por el efecto psicológico que desencadenaron: los rebeldes se sentían apoyados por hermanos latinoamericanos", argumentó Taylhardat.
Voceros del Movimiento 26 de Julio consideraron que las armas de Venezuela fueron decisivas en una de las últimas batallas, la de Maffo, realizada el 30 de diciembre de 1958. Francisco Pividal Padrón, un líder del movimiento, lo describió en estos términos: el empleo de esas armas "desmoralizaría a las tropas de la tiranía que están acostumbradas a escuchar disparos con armas muy variadas. En esta ocasión, habrían de sorprenderlos las detonaciones producidas con un armamento uniforme y de grueso calibre".
El Libertador también transportó a rebeldes gravemente heridos que fueron sacados de la isla y llevados a hospitales de Caracas.
El 6 de diciembre de 1958, un día antes de las elecciones que llevaron al poder a Rómulo Betancourt (49,6%) y en las que Wolfgang Larrazábal llegó de segundo (36,6%), el avión llevó a Cuba otra remesa de armas y a cinco personajes claves de la revolución cubana: Manuel Urrutia (quien fue nombrado presidente de Cuba al caer Batista), Luis Buch Rodríguez (coordinador del Movimiento 26 de Julio en Venezuela), Guillermo Figueroa (rebelde en el exilio), Esperanza Laguno y Enrique Jiménez Moya (dominicano que lideró la fallida insurrección contra el general Rafael Trujillo en Santo Domingo).
En ese mismo viaje se le envió a Fidel Castro un fusil con sentido emblemático: "Era mi Fal. Le pedí a Enrique Jiménez Moya que se lo entregara a Fidel, para que lo usara durante la guerra y luego me lo devolviera. Y así pasó. Cuando triunfó la revolución y Fidel vino a Venezuela en enero de 1959, lo trajo consigo y me lo entregó", recordó Carlos Taylhardat.
Bajo la bandera del socialismo
ÿLA HABANA/AFP
Contra muchos pronósticos, Cuba cumple mañana 40 años bajo el mando de Fidel Castro, quien a sus 72 años insiste en mantener a flote a la isla con la bandera del socialismo, alentado por la crisis económica neoliberal en el mundo.
Castro llegó al poder el 1 de enero de 1959 encabezando un movimiento guerrillero que derrocó al dictador Fulgencio Batista. Desde entonces, muchos apostaron a la caída del Gobierno revolucionario, y varios de ellos fueron quedando en el camino.
Tras cuatro décadas, una después de haber concluido la Guerra Fría, el edificio de la revolución cubana se mantiene en pie, aunque apuntalado con elementos de la economía de mercado, que le ayudaron a evitar el colapso luego del terremoto que borró de un plumazo al bloque socialista europeo a finales de los años ochenta.
Las reformas económicas que dieron oxígeno al régimen en esta década han filtrado, sin embargo, virus que amenazan la salud de un tejido social duramente castigado por casi una década de carencias, debido a la severa crisis y al apretón de tuercas que dio Washington en 1996 en su bloqueo a la isla, con la aprobación de la polémica ley Helms-Burton.
El brote de manifestaciones como la prostitución, la corrupción oficial, el robo y la drogadicción son consecuencia de la libre circulación del dólar, de la apertura al turismo en gran escala y de la formación de pequeñas empresas familiares, han asegurado en diversas ocasiones miembros del gobernante Partido Comunista Cubano (PCC).
Pero el régimen ha tenido que aprender a vivir con esos virus para salvar su proyecto de socialismo caribeño, máxime cuando las reformas comenzaron a sacar a flote a la isla en 1995, luego de un hundimiento brutal del PIB, de 37%, entre 1989 y 1993.

Aun así, la economía cubana camina a marchas forzadas y sufre una desaceleración; luego de 7,8% de crecimiento registrado en 1996, el PIB llegó a 2,5% en 1997 y este año apenas rebasará 1%.
Pero si en el terreno económico las cosas no han funcionado como quisieran las autoridades, en el escenario político la isla logró en el último año un fortalecimiento de su imagen en el exterior, tras años de aislamiento.
La puerta la abrió el papa Juan Pablo II con su histórica visita a la isla comunista, en enero de 1998, seguida de la del primer ministro canadiense, Jean Chretien, y del canciller español, Abel Matutes, quien allanó el camino para el futuro viaje -en la primavera de 1999- de los reyes de España, Juan Carlos y Sofía.
En el interior, la isla presenta una paz social debido al imperante sistema autoritario, aseguran los detractores del Gobierno. El discurso de la oposición interna, representada por minúsculos y fragmentados grupos que no cuentan con un espacio legal para desarrollar sus actividades, tiene escaso eco en la población, pero ha logrado llegar al exterior, desde donde personalidades como el Papa han abogado por la excarcelación de varios disidentes.

sábado, 5 de mayo de 2012

¿GUATEPEOR TERMINÓ REIVINDICANDO A GUATEMALA?

EL PAis, Madrid, 5 de Mayo de 2012
TRIBUNA
La vuelta de Batista: ¿revisionismo o restauración?
El recuerdo del antiguo dictador cubano rebrota como paradigma perfecto de este tiempo en que la democracia no es necesaria para la implantación y éxito del capitalismo
Iván de la Nuez 

Al principio fue leve. Más tarde fue ganando en intensidad hasta que, por fin, alcanzó la categoría de huracán. Batista —Fulgencio Batista y Zaldívar— ha resurgido como hashtag cubano; un trending topic que ha apuntalado su presencia de ultratumba, probablemente con la mayor fuerza del último medio siglo. Con motivo del 60 aniversario de su golpe de Estado, y a través de entrevistas, artículos, ensayos e hipótesis, varios intelectuales cubanos han resucitado al general que interrumpió, en 1952, el último gobierno votado en la isla bajo un sistema pluripartidista. Una figura de entre-revoluciones, a quien la de 1930 se lo dio todo y la de 1959 despojó de todo.

Los argumentos emanados de esta revisión (pueden consultarse en Diario de Cuba o Tumiamiblog, entre otros), así como el eco expansivo de los debates en los foros de Internet, nos plantan directamente sobre un sepulcro cerrado en falso (lo que, a la larga, no deja de ser positivo). Pero también irradian, y esto es lo inquietante, el desasosiego de una cultura que —por muy tropical que parezca— nos obliga a padecer, cada cierto tiempo, la angustia de Wilheim Reich ante el deseo de las masas por el fascismo. En el caso cubano, un ardor que es tal vez más exagerado entre los intelectuales.

Este revival de El Hombre, como también fue conocido este tirano, no se debe, curiosamente, a la perdurabilidad de su recuerdo en viejos correligionarios (casi todos muertos). En este año 12 del siglo XXI, Batista es revisitado y discutido, sobre todo, por una generación que no conoció su gobierno y que se formó, mayoritariamente, en el sistema educativo de la revolución. Valga el añadido de que buena parte vive hoy en países democráticos de Occidente.

El caso es que aquí le tenemos, amplificado como sujeto multidimensional. El Batista bueno y el Batista malo, el constitucionalista de 1940 y el traidor a esa constitución en 1952. El sargento sublevado y el general implacable. El que, para unos, está en el origen de la episódica democracia cubana y, para otros, en el nacimiento del eterno régimen posterior. El factotum de medio siglo XX cubano, pasado por el escáner de la tiranía comparada, obsesionada por dilucidar –“dime, espejo mágico”—, como una letanía, si ha sido mejor o peor que un Fidel Castro sembrado en la otra parte del tiempo insular.

Este retorno abocaría el porvenir cubano hasta el grado cero de un “mercado sin república”

No ha faltado, en el empeño, el aligeramiento de la carga de sus muertos ni la conversión de la tortura sistemática de su último gobierno en un desliz puntual. Tampoco su tratamiento como déspota “de excepción”, lo que ha llevado a compararlo con dictadores latinoamericanos posteriores —Pinochet o Videla— quienes, “contra su voluntad”, no tuvieron más remedio que echar mano de la represión: estos últimos por la amenaza de otra Cuba, Batista por la amenaza de la suya. Los millones robados pasan a ser pecata minuta y el personaje demoníaco que explotó Hollywood —Coppola o Pollack—, si bien no tuvo un cine particular en su mansión para deleitarse con Drácula, tal como le caricaturizó Richard Lester, se nos descubre en estos días como usufructuario de una biblioteca considerable. Al mismo tiempo, se ha resaltado el factor racial que dinamizó, durante el batistato, el ascenso de mulatos en la sociedad cubana, representado por el propio Batista o por un escritor como Gastón Baquero.

En el más vehemente, brillante y discutible artículo sobre este asunto, el poeta Néstor Díaz de Villegas ha patentado incluso la existencia de una “estética batistiana”, recordándonos que, además, Batista fue enaltecido por Neruda, tuvo su portada en Time o se posó en una página de Emil Luwig.

Esta recuperación no es asunto exclusivo de pensadores de la derecha o el exilio. A pesar de que Batista fue un tabú para el régimen cubano, o precisamente por eso, algunos historiadores marxistas han repasado a fondo su época. José A. Tabares del Real, que combatió contra su dictadura como miembro del Directorio Estudiantil Revolucionario, se dedicó, hasta su muerte, a intentar la biografía de su enemigo. Este historiador llamó la atención sobre su lógica de poder —“el método Batista”, que le permitió medrar en la política cubana desde los años 30— y alertó sobre su competencia estratégica. Para Tabares del Real, reconocerle tales destrezas era, por decirlo de algún modo, un ejercicio “revolucionario”. A fin de cuentas, no hay mérito alguno en ganarle la guerra a un estúpido.

¿Qué significa, entonces, esta rehabilitación de Batista en pleno siglo XXI y qué puede aportar su retorno al imaginario de las actuales generaciones de cubanos? Si se trata de examinar una época, un estilo de gobierno, o de iluminar los puntos oscuros en la biografía del personaje con la mayor acumulación de poder durante el primer medio siglo XX en Cuba, estaríamos frente a un ejercicio plausible de revisión histórica. Una reapertura sin contemplaciones de la historia sólo puede ser digna de elogio. Se trate de quien se trate; incluido un tirano (sobre todo un tirano).

Particularmente, si tenemos en cuenta, para remitirnos tan solo a la literatura, que no sobran los libros rigurosos sobre Batista. La narrativa cubana, hasta el momento, ha sido bastante más pródiga en retratar la atmósfera opresiva de su régimen que su persona. Ahí están los ejemplos de Así en la paz como en la guerra, de Guillermo Cabrera Infante y, en alguna medida, Los años duros, de Jesús Díaz, o La situación, de Lisandro Otero. Es sintomático, por otra parte, que Reinaldo Arenas, Heberto Padilla o Cabrera Infante, los tres arquetipos más notorios de la literatura disidente, nunca hayan reclamado a Batista como un modelo aceptable para la recomposición futura de Cuba.

Ahora bien, si como decía Marx, los hombres se parecen más a su época que a sus padres, entonces no cabe duda de que este retorno no obedece, exclusivamente, a un ejercicio académico. Como no lo fue, pongamos por caso, hablar de la Nueva Edad Media para abordar una posmodernidad que desechaba el racionalismo.

En ese sentido, Batista rebrota como el paradigma perfecto, y siniestro, de este tiempo en que la democracia no es necesaria para la implantación y éxito del capitalismo. En su coctelera, la represión mezcla perfectamente con la especulación, la mano dura con el enriquecimiento y la corrupción con el “todo vale”, excepto que la gente se anime a preocuparse por la política y a cuestionarse su condición ciudadana. (Desde Franco hasta el pujante modelo chino, pasando por el experimento neoliberal en el cono sur, esta combinación ha ido afianzando su larga marcha).

Si en lugar de una revisión histórica, lo que está teniendo lugar es la posibilidad de una restauración política, entonces estaríamos sumergidos en un círculo vicioso que, como ha previsto Rafael Rojas, abocaría el porvenir cubano hasta el grado cero de un “mercado sin república”. Semejante reposición certificaría nuestra capitulación definitiva como cultura; la rendición a un destino manifiesto según el cual los cubanos no estamos capacitados para la democracia.

Llegados a ese punto, valdría la pena sugerir que los intelectuales cubanos del futuro se decantaran por la única rama de la cultura que, si no redimirnos, al menos podría explicarnos dentro de cien años: la psiquiatría.

Iván de la Nuez es crítico de arte y escritor cubano

Nota de Marcos Villasmil, al remitirnos amablemente el link:

Valga recordar que Batista, en ese momento ex-presidente de Cuba, visitó Venezuela en enero de 1945. Será recibido por el presidente Medina, visita el Panteón Nacional, realiza una visita a los terrenos de la futura Ciudad Universitaria, y en un acto del partido de izquierda Unión Popular, Miguel Otero Silva le dirá: "tenga Ud. la seguridad de que al entrar en la casa de Unión Popular, lo ha hecho en su propia casa." Rodolfo Quintero afirma que "bajo su gobierno, Cuba gozó del más amplio sistema de libertades."

En cambio en el diario El País (vocero oficial de AD), dirigentes universitarios tanto de la Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV), como Antonio J. Puppio, y de la UNE (Godofredo González y José Antonio Pérez Díaz) sacan un comunicado conjunto donde lo declaran persona non grata, ya que durante su gobierno se persiguió duramente a la dirigencia universitaria cubana.

A ello reaccionan, en El Nacional, los dirigentes de Unión Popular Rodolfo Quintero, Alfredo Conde Jahn, Pedro Beroes, Miguel Otero Silva, Carlos Augusto León y Carlos Irazábal respondiendo que dichos ataques contra Batista son de "sectores reaccionarios."