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lunes, 30 de enero de 2017
domingo, 22 de junio de 2014
NOTICIERO RETROSPECTIVO
- Sofía Meneses. "¿Qué infancia tuvieron los hombres célebres?". Momento, Caracas, nr. 481 del 03/10/1965.
- Sofía Imber. "Soto en Nueva York". Bohemia, Caracas, nr. 346 del 16/11/69
- Sofía Imber. "Yo, la intransigente: Bienvenido CAP". El Universal, Caracas, 02/07/77.
- Sofía Imber. "Muy raro... Reverón, pero a mí me gusta". El Nacional, Caracas, 11/03/49
- César Cadenas entrevista a Sofía Imber. Bohemia, nr. 350 del 14/12/69.
- José Consuegra entrevista a Sofía Imber. Vea y Lea, Caracas, nr. 145 del 07/11/72.
Reproducción: Alfredo Tarre Murzi, Reinaldo Herrera, Sofía Imber y Carlos Rangel: aniversario de "Buenos Días". Momento, Caracas, nr. 721 del 10/05/70.
- Sofía Imber. "Soto en Nueva York". Bohemia, Caracas, nr. 346 del 16/11/69
- Sofía Imber. "Yo, la intransigente: Bienvenido CAP". El Universal, Caracas, 02/07/77.
- Sofía Imber. "Muy raro... Reverón, pero a mí me gusta". El Nacional, Caracas, 11/03/49
- César Cadenas entrevista a Sofía Imber. Bohemia, nr. 350 del 14/12/69.
- José Consuegra entrevista a Sofía Imber. Vea y Lea, Caracas, nr. 145 del 07/11/72.
Reproducción: Alfredo Tarre Murzi, Reinaldo Herrera, Sofía Imber y Carlos Rangel: aniversario de "Buenos Días". Momento, Caracas, nr. 721 del 10/05/70.
INTERLOCUCIÓN
EL NACIONAL, Caracas, 23 de septiembre de 2001 / Siete Días
Hans Neumann abrió el cauce de la tolerancia intelectual
Una mano de pintura que cubrió el arte y el poder
Mecenas de proyectos culturales, coleccionista impenitente, lector de libros subversivos y empresario revolucionario, el desaparecido fundador de Corimon influyó en la clase política y contribuyó a generar un debate que fortaleció la democracia
Hugo Prieto
Debió ser duro para Hans Neumann el ocaso de su vida. Confinado a una silla de ruedas, tenía que lidiar con una parálisis de los músculos de su cara para hablar con dificultad. A un desgarrador derrame cerebral le sucedieron otros, como las pequeñas réplicas que siguen a un sismo. Pero una de sus manos había quedado intacta, y Neumann canalizó toda su energía, todo su vigor, para conectarse al mundo a través del teclado de una computadora. Neumann, que a lo largo de su vida había levantado el imperio Corimon –a partir de una fábrica artesanal de pinturas, ubicada en la calle Nivaldo de La Florida–, no permitió que su carrera como capitán de empresas le impidiera dar rienda suelta a poderosas inquietudes o a las veleidades que tal vez no alimentaban su espíritu, pero moldeaban, con trazos firmes, su personalidad. Quizás porque sabía que un aventurero tenía que hacer uso de algunas técnicas –y, por qué no, de algunos trucos– para estar en movimiento. Es decir, para vivir a plenitud. De alguna manera, su vida respondía a esta pulsión. No era un mero presagio, sino el resultado de un difícil aprendizaje en su Checoslovaquia natal. “A Hans no le gustaba decir que era judío”, afirma Sofía Imber. Su pasado era un enigma, y el más elocuente de los silencios –aquél en que lo único que se percibe es la inmensidad del vacío– era la respuesta ante la atrocidad de la guerra y el holocausto provocados por la Alemania nazi. De las garras del comunismo soviético en su país, convertido en satélite de Moscú tras la posguerra, lo salvó un tío, Richard Barton, según una reseña épica de la familia, escrita por el dramaturgo Isaac Chocrón para la revista corporativa M. “Mas que sobrevivir, buscábamos una forma de sentirnos libres”, dijo Neumann. Parece que su primera esposa, Milada, jugó un papel muy activo en esta operación de escape, que involucró a otros checos que luego se alistarían en Corimon, como un cuerpo de generales, bajo el liderazgo de Hans Neumann.
Los inicios
“Hay que advertir el momento en que Neumann llega a Venezuela –1949–, donde descubre y se dispone a construir un país que va a hacer el suyo, en una época en la que ese desafío resultaba atractivo. No era esta etapa de capitales errantes y globalización”, sostiene el ex canciller Simón Alberto Consalvi. Luego de analizar varias alternativas, su tío Richard Barton descartó a Filipinas y México. La expansión de la economía venezolana y una incipiente pero sostenida industrialización, ejercieron un poderoso atractivo. La década de los años 50 la pasó Neumann al lado de Francisco Pick, Jaroslav Spacek, Leonid Rosenthal –entre otros pioneros de Pinturas Montana y Montana Gráfica– en Los Cortijos de Lourdes. El ingenio y los conocimientos adquiridos en la Escuela Técnica Superior de Praga, en 1940, sirvieron para ganar clientes corporativos en la industria automotriz. Pero el pedido que le permitió a Montana ponerse pantalones largos, como empresa, llegó del sector gubernamental: 16.000 galones para cubrir los túneles de la autopista Caracas-La Guaira, inaugurada por el general Marcos Pérez Jiménez en 1953.
Fueron años asfixiantes para los derechos humanos, y lo que surgió como un gobierno militar, progresivamente se transformó en una feroz dictadura. Fue un negro paréntesis de la historia venezolana, que desembocó en la jornada cívico-militar del 23 de Enero, como preámbulo al restablecimiento de la democracia en Venezuela. En medio del renovado debate de ideas, y de una polémica que sacudió los cimientos de la vida política e intelectual del país, Hans Neumann se reencontró con su antigua pulsión y se entregó de lleno a buscar interlocutores, a influir en las corrientes del pensamiento. Un buen día, Sofía Imber y Guillermo Meneses se acercaron a su oficina para proponerle que financiara una aventura editorial –la revista Cal–. El aceptó, aunque advirtió que “el respaldo sería por un año”, recuerda Imber. Un poema incendiario de Nicanor Parra y un adelanto de Los pequeños seres de Salvador Garmendia fueron los detonantes de largas y enconadas discusiones que aún retumban entre la intelectualidad venezolana. Neumann se había divertido –al igual que Meneses e Imber–, pero se sentía satisfecho porque abrió un cauce para la tolerancia intelectual. Tenía plena conciencia de que esa aventura tendría consecuencias en el devenir de la democracia venezolana. Otra operación montada por Neumann, esta vez en las instalaciones del Club Puerto Azul y en estrecha colaboración con el Inciba –presidido entonces por Simón Alberto Consalvi–, fue un simposio para que “los venezolanos comprendiéramos mejor al mundo anglosajón”, afirma Imber. Frank Stela, Barbara Down, Helen Hais, Oscar Lewis e Iván Ilich develaron algunos enigmas y claves de nuestros vecinos del norte. No se trataba de un mundo mágico, similar al de Disney o algo por el estilo. Ilich, por ejemplo, se había refugiado en la literatura, luego de que fuera excomulgado de la Iglesia Católica tras repartir preservativos en un templo de San Juan de Puerto Rico, donde oficiaba misa. También escribió un ensayo, La convivencialidad, en el que advertía las paradojas y las contradicciones de un mundo atrapado en el caos político y económico. El destino se encargó de hacer añicos algunas de sus predicciones, pero otras se cumplieron a cabalidad, como el giro de China hacia el capitalismo, como el único país que podía elegir su destino.
Algo de playboy
En 1970, Hans Neumann se casó con María Cristina Anzola, una mujer que reunía dos cosas, inteligencia y belleza, y que a la postre fue “el gran amor de su vida”, dice uno de sus familiares. Era un hombre que se apasionaba con facilidad y jamás rehuyó salir con una mujer, siempre y cuando fuera más joven, bella e inteligente. “Tenía algo de playboy”. Su polo de atracción no era precisamente físico, “porque era recontra feo. Su elegancia, sus trajes, su formación intelectual... ¿sabes? A Hans siempre le gustaba tener el pelo bien cortado”. Realmente, hay que tener escrúpulos para ir a una barbería si la idea es agradar al sexo opuesto. Es una pequeña moraleja, apenas perceptible para una ojo atento. Practicaba el tenis, le gustaba correr y tenía una hacienda; criaba caballos y se dedicaba a la equitación. De ese matrimonio nació su única hija, Ariana, quien se casó con un abogado inglés.
A mediados de los 80 vendría un segundo divorcio. Pero antes, María Cristina Anzola se vio envuelta en un caso algo truculento, en el que su psicólogo, César Liendo, además de prestarle asistencia psicoterapéutica, la convenció para que comprara dólares e hiciera otras inversiones, ante lo que surgía como la inevitable devaluación del bolívar y la quiebra de las finanzas públicas. Ese trance de la vida económica le deparó otros sinsabores, incluida una operación financiera que uno de sus ejecutivos, Horacio Losoviz, comenta en carta-homenaje que se publica como parte de esta entrega. Losoviz trabajó en Corimon por espacio de 10 años y actualmente es presidente de Correos Argentinos.
No fue una buena época. Luego de 10 años de deterioro físico, el mal de Parkinson acabó con la vida de su hermano Lothar, quien se había ido a vivir a Suiza, donde se convirtió en un fotógrafo de calidad. Beatrice Rangel, quien guardó una estrecha amistad con Neumann, comentó en una oportunidad que el presidente de Corimon leía vorazmente a dos subversivos: el brasileño Paulo Freire y el estadounidense Thomas Mamuremi, del Instituto Tecnológico de Massachusett. “La educación era un tema que lo obsesionaba”, dice Imber. En los espacios del programa televisivo Buenos Días, Neumann manifestó su idea de llevar la escolaridad a los centros de producción, tal como ocurre en Europa. Había que hacerlo de alguna forma. En una de sus últimas cruzadas, se convirtió en asesor del entonces ministro de Educación Gustavo Roosen, para imprimirle un giro al Instituto Nacional de Cooperación Educativa (Ince). Pero el colapso de la presidencia de Carlos Andrés Pérez obligó a la dirigencia política a concentrarse en una operación de salvataje de la institucionalidad democrática, y proyectos como el que encabezaba Neumann fueron relegados. Antes, en los tiempos de la nacionalización petrolera, el empresario había buscado nuevos interlocutores –esa vez en el seno del Ministerio de Energía y Minas– para tratar de comprender lo que se proponía hacer la clase política con esa inmensa riqueza de los venezolanos. “Su deseo era que las cosas se hicieran bien y a favor del interés nacional”, dijo un asistente del ministro de la época, Valentín Hernández Acosta.
Alumbrar al poder
“A Hans siempre le gustó estar cerca del poder”, acota Imber. ¿Era una fascinación? ¿Un deseo irreprimible de experimentar una sensación de grandeza? “El no buscaba las luces del poder. El quería alumbrar al poder”, precisa Consalvi. “Lo vio siempre con cierta distancia. Nunca sometiéndose o doblegándose. La calidad intelectual de los políticos venezolanos no le suscitaba ningún tipo de interés. El buscaba interlocutores. La persona más visible de esa lista, sin duda, es Beatrice Rangel. Eran los tiempos en que Carlos Andrés Pérez, Henry Kissinger y Gustavo Cisneros almorzaban en Palacio. En 1989 le detectaron un cáncer en el estómago, que superó luego de una intervención quirúrgica que cambió para siempre sus hábitos alimenticios. Neumann prácticamente no podía comer. A partir de ese momento, el imperceptible deterioro de su salud fue en aumento. En la cúspide de su carrera al frente de un conglomerado industrial, decidió entregarle el testigo a su yerno, Phillipe Erard. Fue una formalidad, porque la gerencia de Corimon ya había decidido –entre Erard y su hijo Miguel– quién ocuparía la presidencia ejecutiva del grupo.
Miguel Neumann murió en la isla de Aruba, en forma repentina. Su muerte se convirtió un enigma que aún no ha sido develado del todo. Mantuvo una difícil y compleja relación con su padre, quien tal vez le exigió demasiado, cuando advirtió que no tenía la misma voluntad o el coraje que él mismo había demostrado ante las dificultades de la vida. “Era un trato distante y apenas afectuoso”, admite un allegado de la familia. La lista de obras de arte que deslumbraron a las contadas personas que fueron a su casa incluye obras de Fernando Botero, Antonio López García, Picasso, Zitman, Shielle, Bacon, Gerhard Richter, Nicolás Shoeffer y Víctor Vasarely, en un recuento casi instantáneo, a cargo de Sofía Imber. Esculturas de Marisol Escobar, libros raros, ediciones únicas y un taller de fotografía. Son las muestras visibles del legado de un hombre que influyó en los caminos por los que se adentró el país. Su última aventura editorial fue el vespertino Tal Cual, liderado por Teodoro Petkoff, “un hombre que no hace una oposición a ultranza y que tiene algo que decir en la actualidad. Hans sabía, nuevamente, que el debate era necesario”, justifica Imber. En medio de la pluralidad y el mismo día en que Nueva York fue arrasada por el terrorismo, sus restos fueron incinerados.
Descapitanización
El enlodamiento, la prostitución, el envilecimiento y el derrumbe de la empresa privada en el país, han recorrido el mismo espacio, en el mismo tiempo, que la corrupción y el deterioro en los partidos, las instituciones y los gobiernos, y lo han hecho en forma paralela, sólo que a veces el lodo, la putería y la caída de los empresarios se adelantaba o se retrasaba en cada una de las etapas: venezolanización, nacionalización, devaluación, control de cambios y ¿revolución?, siempre para sacar provecho. Si acaso sigue siendo cierto, después de la quiebra de tantas verdades, que las paralelas sólo se unen en el infinito, estamos en ese espacio que se expresa con un 8 acostado para indicar que hemos llegado (o estamos a punto de llegar) más allá de todo límite.
La descapitanización, pérdida de capitanes sin que hayan dejado sustituto, en los principales grupos económicos, ha provocado la paulatina evaporación de muchos de ellos, por cualquiera de los extremos: osadía o torpeza, audacia o cobardía, sobrecalificación o incompetencia, cualidades o defectos que, en una economía globalizada, no sirven para marcar diferencias, a la hora de jugar con el dinero, si no se puede hacer con ventaja y con muchas cartas bajo la manga. Los capitanes de las grandes empresas jugaron y se la jugaron dentro del país, lo cual no era extraño en ninguna parte durante la época en que actuaron, y además lo hicieron, casi siempre, con el apoyo y la protección de los gobiernos, pero de alguna manera arriesgaban, al punto de que cuando les iba mal, hubo quienes pagaron, incluso más de la cuenta, de su propio bolsillo.
Lo que no supieron hacer es planificar el futuro para ganar batallas después de muertos, como el Cid Campeador, y educaron a sucesores capaces de manejar vehículos todo terreno y realizar costosas y precoces operaciones de encamamiento con diosas prefabricadas en pasarelas y concursos, tan ineptos y a la vez tan mañosos como el heredero español Antonio Camacho, pícaro con traje de Armani y Rolex, todo un broker, presidente de Gescartera, cuya única habilidad ha sido engañar y estafar a organismos públicos y privados, incluidos los religiosos.
Hace algunas semanas murió quien fuera, quizá, el último de los capitanes, Hans Neumann, un empresario que supo levantar empresas, fracasar y volver a intentarlo, a la vez que editor, filántropo y promotor de cultura, particularmente en el terreno de las artes plásticas, donde era una autoridad indiscutible, capaz de promover vocaciones sinceras, y también de quitarle la careta a farsantes, sin contemplación alguna. Sin embargo, no supo preparar siquiera la trascendencia de su propia muerte, al punto de que sólo un puñado de personas asistieron a su entierro, los diarios dedicaron únicamente unas líneas a recordar su trayectoria, y sus amigos y la institucionalidad apenas sí publicaron una que otra participación en las páginas de defunciones de los diarios, lo que no ocurrió con el dictador Marcos Pérez Jiménez, cuya muerte fue deplorada, textualmente, en aviso bien destacado, por José Vicente Rangel, en su carácter de ministro de la Defensa.
Pedro Llorens
Hans Neumann abrió el cauce de la tolerancia intelectual
Una mano de pintura que cubrió el arte y el poder
Mecenas de proyectos culturales, coleccionista impenitente, lector de libros subversivos y empresario revolucionario, el desaparecido fundador de Corimon influyó en la clase política y contribuyó a generar un debate que fortaleció la democracia
Hugo Prieto
Debió ser duro para Hans Neumann el ocaso de su vida. Confinado a una silla de ruedas, tenía que lidiar con una parálisis de los músculos de su cara para hablar con dificultad. A un desgarrador derrame cerebral le sucedieron otros, como las pequeñas réplicas que siguen a un sismo. Pero una de sus manos había quedado intacta, y Neumann canalizó toda su energía, todo su vigor, para conectarse al mundo a través del teclado de una computadora. Neumann, que a lo largo de su vida había levantado el imperio Corimon –a partir de una fábrica artesanal de pinturas, ubicada en la calle Nivaldo de La Florida–, no permitió que su carrera como capitán de empresas le impidiera dar rienda suelta a poderosas inquietudes o a las veleidades que tal vez no alimentaban su espíritu, pero moldeaban, con trazos firmes, su personalidad. Quizás porque sabía que un aventurero tenía que hacer uso de algunas técnicas –y, por qué no, de algunos trucos– para estar en movimiento. Es decir, para vivir a plenitud. De alguna manera, su vida respondía a esta pulsión. No era un mero presagio, sino el resultado de un difícil aprendizaje en su Checoslovaquia natal. “A Hans no le gustaba decir que era judío”, afirma Sofía Imber. Su pasado era un enigma, y el más elocuente de los silencios –aquél en que lo único que se percibe es la inmensidad del vacío– era la respuesta ante la atrocidad de la guerra y el holocausto provocados por la Alemania nazi. De las garras del comunismo soviético en su país, convertido en satélite de Moscú tras la posguerra, lo salvó un tío, Richard Barton, según una reseña épica de la familia, escrita por el dramaturgo Isaac Chocrón para la revista corporativa M. “Mas que sobrevivir, buscábamos una forma de sentirnos libres”, dijo Neumann. Parece que su primera esposa, Milada, jugó un papel muy activo en esta operación de escape, que involucró a otros checos que luego se alistarían en Corimon, como un cuerpo de generales, bajo el liderazgo de Hans Neumann.
Los inicios
“Hay que advertir el momento en que Neumann llega a Venezuela –1949–, donde descubre y se dispone a construir un país que va a hacer el suyo, en una época en la que ese desafío resultaba atractivo. No era esta etapa de capitales errantes y globalización”, sostiene el ex canciller Simón Alberto Consalvi. Luego de analizar varias alternativas, su tío Richard Barton descartó a Filipinas y México. La expansión de la economía venezolana y una incipiente pero sostenida industrialización, ejercieron un poderoso atractivo. La década de los años 50 la pasó Neumann al lado de Francisco Pick, Jaroslav Spacek, Leonid Rosenthal –entre otros pioneros de Pinturas Montana y Montana Gráfica– en Los Cortijos de Lourdes. El ingenio y los conocimientos adquiridos en la Escuela Técnica Superior de Praga, en 1940, sirvieron para ganar clientes corporativos en la industria automotriz. Pero el pedido que le permitió a Montana ponerse pantalones largos, como empresa, llegó del sector gubernamental: 16.000 galones para cubrir los túneles de la autopista Caracas-La Guaira, inaugurada por el general Marcos Pérez Jiménez en 1953.
Fueron años asfixiantes para los derechos humanos, y lo que surgió como un gobierno militar, progresivamente se transformó en una feroz dictadura. Fue un negro paréntesis de la historia venezolana, que desembocó en la jornada cívico-militar del 23 de Enero, como preámbulo al restablecimiento de la democracia en Venezuela. En medio del renovado debate de ideas, y de una polémica que sacudió los cimientos de la vida política e intelectual del país, Hans Neumann se reencontró con su antigua pulsión y se entregó de lleno a buscar interlocutores, a influir en las corrientes del pensamiento. Un buen día, Sofía Imber y Guillermo Meneses se acercaron a su oficina para proponerle que financiara una aventura editorial –la revista Cal–. El aceptó, aunque advirtió que “el respaldo sería por un año”, recuerda Imber. Un poema incendiario de Nicanor Parra y un adelanto de Los pequeños seres de Salvador Garmendia fueron los detonantes de largas y enconadas discusiones que aún retumban entre la intelectualidad venezolana. Neumann se había divertido –al igual que Meneses e Imber–, pero se sentía satisfecho porque abrió un cauce para la tolerancia intelectual. Tenía plena conciencia de que esa aventura tendría consecuencias en el devenir de la democracia venezolana. Otra operación montada por Neumann, esta vez en las instalaciones del Club Puerto Azul y en estrecha colaboración con el Inciba –presidido entonces por Simón Alberto Consalvi–, fue un simposio para que “los venezolanos comprendiéramos mejor al mundo anglosajón”, afirma Imber. Frank Stela, Barbara Down, Helen Hais, Oscar Lewis e Iván Ilich develaron algunos enigmas y claves de nuestros vecinos del norte. No se trataba de un mundo mágico, similar al de Disney o algo por el estilo. Ilich, por ejemplo, se había refugiado en la literatura, luego de que fuera excomulgado de la Iglesia Católica tras repartir preservativos en un templo de San Juan de Puerto Rico, donde oficiaba misa. También escribió un ensayo, La convivencialidad, en el que advertía las paradojas y las contradicciones de un mundo atrapado en el caos político y económico. El destino se encargó de hacer añicos algunas de sus predicciones, pero otras se cumplieron a cabalidad, como el giro de China hacia el capitalismo, como el único país que podía elegir su destino.
Algo de playboy
En 1970, Hans Neumann se casó con María Cristina Anzola, una mujer que reunía dos cosas, inteligencia y belleza, y que a la postre fue “el gran amor de su vida”, dice uno de sus familiares. Era un hombre que se apasionaba con facilidad y jamás rehuyó salir con una mujer, siempre y cuando fuera más joven, bella e inteligente. “Tenía algo de playboy”. Su polo de atracción no era precisamente físico, “porque era recontra feo. Su elegancia, sus trajes, su formación intelectual... ¿sabes? A Hans siempre le gustaba tener el pelo bien cortado”. Realmente, hay que tener escrúpulos para ir a una barbería si la idea es agradar al sexo opuesto. Es una pequeña moraleja, apenas perceptible para una ojo atento. Practicaba el tenis, le gustaba correr y tenía una hacienda; criaba caballos y se dedicaba a la equitación. De ese matrimonio nació su única hija, Ariana, quien se casó con un abogado inglés.
A mediados de los 80 vendría un segundo divorcio. Pero antes, María Cristina Anzola se vio envuelta en un caso algo truculento, en el que su psicólogo, César Liendo, además de prestarle asistencia psicoterapéutica, la convenció para que comprara dólares e hiciera otras inversiones, ante lo que surgía como la inevitable devaluación del bolívar y la quiebra de las finanzas públicas. Ese trance de la vida económica le deparó otros sinsabores, incluida una operación financiera que uno de sus ejecutivos, Horacio Losoviz, comenta en carta-homenaje que se publica como parte de esta entrega. Losoviz trabajó en Corimon por espacio de 10 años y actualmente es presidente de Correos Argentinos.
No fue una buena época. Luego de 10 años de deterioro físico, el mal de Parkinson acabó con la vida de su hermano Lothar, quien se había ido a vivir a Suiza, donde se convirtió en un fotógrafo de calidad. Beatrice Rangel, quien guardó una estrecha amistad con Neumann, comentó en una oportunidad que el presidente de Corimon leía vorazmente a dos subversivos: el brasileño Paulo Freire y el estadounidense Thomas Mamuremi, del Instituto Tecnológico de Massachusett. “La educación era un tema que lo obsesionaba”, dice Imber. En los espacios del programa televisivo Buenos Días, Neumann manifestó su idea de llevar la escolaridad a los centros de producción, tal como ocurre en Europa. Había que hacerlo de alguna forma. En una de sus últimas cruzadas, se convirtió en asesor del entonces ministro de Educación Gustavo Roosen, para imprimirle un giro al Instituto Nacional de Cooperación Educativa (Ince). Pero el colapso de la presidencia de Carlos Andrés Pérez obligó a la dirigencia política a concentrarse en una operación de salvataje de la institucionalidad democrática, y proyectos como el que encabezaba Neumann fueron relegados. Antes, en los tiempos de la nacionalización petrolera, el empresario había buscado nuevos interlocutores –esa vez en el seno del Ministerio de Energía y Minas– para tratar de comprender lo que se proponía hacer la clase política con esa inmensa riqueza de los venezolanos. “Su deseo era que las cosas se hicieran bien y a favor del interés nacional”, dijo un asistente del ministro de la época, Valentín Hernández Acosta.
Alumbrar al poder
“A Hans siempre le gustó estar cerca del poder”, acota Imber. ¿Era una fascinación? ¿Un deseo irreprimible de experimentar una sensación de grandeza? “El no buscaba las luces del poder. El quería alumbrar al poder”, precisa Consalvi. “Lo vio siempre con cierta distancia. Nunca sometiéndose o doblegándose. La calidad intelectual de los políticos venezolanos no le suscitaba ningún tipo de interés. El buscaba interlocutores. La persona más visible de esa lista, sin duda, es Beatrice Rangel. Eran los tiempos en que Carlos Andrés Pérez, Henry Kissinger y Gustavo Cisneros almorzaban en Palacio. En 1989 le detectaron un cáncer en el estómago, que superó luego de una intervención quirúrgica que cambió para siempre sus hábitos alimenticios. Neumann prácticamente no podía comer. A partir de ese momento, el imperceptible deterioro de su salud fue en aumento. En la cúspide de su carrera al frente de un conglomerado industrial, decidió entregarle el testigo a su yerno, Phillipe Erard. Fue una formalidad, porque la gerencia de Corimon ya había decidido –entre Erard y su hijo Miguel– quién ocuparía la presidencia ejecutiva del grupo.
Miguel Neumann murió en la isla de Aruba, en forma repentina. Su muerte se convirtió un enigma que aún no ha sido develado del todo. Mantuvo una difícil y compleja relación con su padre, quien tal vez le exigió demasiado, cuando advirtió que no tenía la misma voluntad o el coraje que él mismo había demostrado ante las dificultades de la vida. “Era un trato distante y apenas afectuoso”, admite un allegado de la familia. La lista de obras de arte que deslumbraron a las contadas personas que fueron a su casa incluye obras de Fernando Botero, Antonio López García, Picasso, Zitman, Shielle, Bacon, Gerhard Richter, Nicolás Shoeffer y Víctor Vasarely, en un recuento casi instantáneo, a cargo de Sofía Imber. Esculturas de Marisol Escobar, libros raros, ediciones únicas y un taller de fotografía. Son las muestras visibles del legado de un hombre que influyó en los caminos por los que se adentró el país. Su última aventura editorial fue el vespertino Tal Cual, liderado por Teodoro Petkoff, “un hombre que no hace una oposición a ultranza y que tiene algo que decir en la actualidad. Hans sabía, nuevamente, que el debate era necesario”, justifica Imber. En medio de la pluralidad y el mismo día en que Nueva York fue arrasada por el terrorismo, sus restos fueron incinerados.
Descapitanización
El enlodamiento, la prostitución, el envilecimiento y el derrumbe de la empresa privada en el país, han recorrido el mismo espacio, en el mismo tiempo, que la corrupción y el deterioro en los partidos, las instituciones y los gobiernos, y lo han hecho en forma paralela, sólo que a veces el lodo, la putería y la caída de los empresarios se adelantaba o se retrasaba en cada una de las etapas: venezolanización, nacionalización, devaluación, control de cambios y ¿revolución?, siempre para sacar provecho. Si acaso sigue siendo cierto, después de la quiebra de tantas verdades, que las paralelas sólo se unen en el infinito, estamos en ese espacio que se expresa con un 8 acostado para indicar que hemos llegado (o estamos a punto de llegar) más allá de todo límite.
La descapitanización, pérdida de capitanes sin que hayan dejado sustituto, en los principales grupos económicos, ha provocado la paulatina evaporación de muchos de ellos, por cualquiera de los extremos: osadía o torpeza, audacia o cobardía, sobrecalificación o incompetencia, cualidades o defectos que, en una economía globalizada, no sirven para marcar diferencias, a la hora de jugar con el dinero, si no se puede hacer con ventaja y con muchas cartas bajo la manga. Los capitanes de las grandes empresas jugaron y se la jugaron dentro del país, lo cual no era extraño en ninguna parte durante la época en que actuaron, y además lo hicieron, casi siempre, con el apoyo y la protección de los gobiernos, pero de alguna manera arriesgaban, al punto de que cuando les iba mal, hubo quienes pagaron, incluso más de la cuenta, de su propio bolsillo.
Lo que no supieron hacer es planificar el futuro para ganar batallas después de muertos, como el Cid Campeador, y educaron a sucesores capaces de manejar vehículos todo terreno y realizar costosas y precoces operaciones de encamamiento con diosas prefabricadas en pasarelas y concursos, tan ineptos y a la vez tan mañosos como el heredero español Antonio Camacho, pícaro con traje de Armani y Rolex, todo un broker, presidente de Gescartera, cuya única habilidad ha sido engañar y estafar a organismos públicos y privados, incluidos los religiosos.
Hace algunas semanas murió quien fuera, quizá, el último de los capitanes, Hans Neumann, un empresario que supo levantar empresas, fracasar y volver a intentarlo, a la vez que editor, filántropo y promotor de cultura, particularmente en el terreno de las artes plásticas, donde era una autoridad indiscutible, capaz de promover vocaciones sinceras, y también de quitarle la careta a farsantes, sin contemplación alguna. Sin embargo, no supo preparar siquiera la trascendencia de su propia muerte, al punto de que sólo un puñado de personas asistieron a su entierro, los diarios dedicaron únicamente unas líneas a recordar su trayectoria, y sus amigos y la institucionalidad apenas sí publicaron una que otra participación en las páginas de defunciones de los diarios, lo que no ocurrió con el dictador Marcos Pérez Jiménez, cuya muerte fue deplorada, textualmente, en aviso bien destacado, por José Vicente Rangel, en su carácter de ministro de la Defensa.
Pedro Llorens
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DESPRENDIMIENTO
¿Sofía da Estructura?
Luis Barragán
Extrañamos la polémica sostenida, sobria y fundada que alguna vez ostentamos, convertida en escuela inevitable del ejercicio democrático. Nos permitía coincidir y discrepar del polemista, constituyendo un riesgo moralmente inaceptable el de descalificarlo en términos personales o el de propinarle una arenga tan simple como procaz.
Sofía Imber aportó inmensamente al periodismo político, como antes lo había hecho con el estrictamente cultural. Agitando las aguas, fijando posturas, exigía y lograba mucho de sus entrevistados, como pocos ahora lo logran.
Más temprano que tarde, la historia reivindicará su gran obra: el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, sus extensiones, la ordenadísima biblioteca que también abrió sus puertas a una juventud que podía hallar y llevarse – hasta gratuitamente – el formidable material didáctico que requería, por no mencionar las sonadísimas e innovadoras exposiciones que despertaban la curiosidad de amplísimos sectores sociales. Además, marcó pautas en la institución, como semejantemente ocurría en PDVSA o el Metro de Caracas, comprobando la feliz posibilidad del desarrollo gerencial en las entrañas del Estado, acentuando el profesionalismo y la especialización.
Recientemente, ha donado su biblioteca a la UCAB: 14 mil piezas que hablan de más de medio siglo de interés, paciencia, constancia, vigilia, preocupación, alcanzan una extraordinaria síntesis: la del desprendimiento. Y, valga acotar, ha cumplido con un requisito indispensable: entregar tan vasta colección a una entidad acreditada y confiable, cuya responsabilidad se agiganta.
Coincidiendo en la reunión cumpleañera de una familia amiga, un estudiante de ingeniería en la citada universidad nos reseñó un poco la noticia. “¿Sofía da Estructura?”, fue una de las inquietudes que lanzó el compañero de clases, en medio del alborotado receso.
Las nuevas generaciones escasamente saben de Sofía, al igual que no conciben – creyéndonos por siempre desabastecidos – un anaquel repleto de los más variados productos y marcas. Una persona antes tan conocida, pareciera hoy sumergida en el masivo anonimato. Empero, hay un fortísimo motivo para ello.
En década y media, el régimen ha quebrado nuestras continuidades tras el diseño de una rutina pública que sus prohombres intentan monopolizar. Remotamente, fuesen de izquierda o de derecha, hubo personas que, de un modo u otro, se integraban a la cotidianidad para crecer con ellas, con el paso de los años, pero – paulatina e inadvertidamente – la gruesa maquinaria propagandística y publicitaria oficial ha creado artificiosamente un elenco de protagonistas, reemplazándolas: siempre hubo carencias, incluyendo la vivacidad y variedad del talento que exclusivamente aflora de la actual dirección del Estado.
Un vacío premeditado que esa dirección solo llena, por lo que se entiende que, al acatar una decisión presidencial que nos participa de su descubrimiento y existencia, repentinamente la mayoría oficialista de la Asamblea Nacional rinde homenaje a Armando Reverón, desde una – por decir lo menos – particular perspectiva. O, sencillamente, ni siquiera nombra a aquellos que construyeron este país en el último siglo, despareciendo como una vez ocurrió con Carlos Franqui de la fotografía que lo exhibía al lado de Fidel Castro.
Desnaturalizándola, la idea reside en una polémica efímera, nerviosa e improvisada, preñada de mudeces. Sobrevive el estridente devoto del gobierno, disparador de insultos a todo opositor y disidente: la biblioteca que ha donado Sofía Imber es una magnífica trinchera para combatir el olvido.
Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2014/06/sofia-da-estructura/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1039888
Reproducción: Momento, Caracas, 1968.
Luis Barragán
Extrañamos la polémica sostenida, sobria y fundada que alguna vez ostentamos, convertida en escuela inevitable del ejercicio democrático. Nos permitía coincidir y discrepar del polemista, constituyendo un riesgo moralmente inaceptable el de descalificarlo en términos personales o el de propinarle una arenga tan simple como procaz.
Sofía Imber aportó inmensamente al periodismo político, como antes lo había hecho con el estrictamente cultural. Agitando las aguas, fijando posturas, exigía y lograba mucho de sus entrevistados, como pocos ahora lo logran.
Más temprano que tarde, la historia reivindicará su gran obra: el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, sus extensiones, la ordenadísima biblioteca que también abrió sus puertas a una juventud que podía hallar y llevarse – hasta gratuitamente – el formidable material didáctico que requería, por no mencionar las sonadísimas e innovadoras exposiciones que despertaban la curiosidad de amplísimos sectores sociales. Además, marcó pautas en la institución, como semejantemente ocurría en PDVSA o el Metro de Caracas, comprobando la feliz posibilidad del desarrollo gerencial en las entrañas del Estado, acentuando el profesionalismo y la especialización.
Recientemente, ha donado su biblioteca a la UCAB: 14 mil piezas que hablan de más de medio siglo de interés, paciencia, constancia, vigilia, preocupación, alcanzan una extraordinaria síntesis: la del desprendimiento. Y, valga acotar, ha cumplido con un requisito indispensable: entregar tan vasta colección a una entidad acreditada y confiable, cuya responsabilidad se agiganta.
Coincidiendo en la reunión cumpleañera de una familia amiga, un estudiante de ingeniería en la citada universidad nos reseñó un poco la noticia. “¿Sofía da Estructura?”, fue una de las inquietudes que lanzó el compañero de clases, en medio del alborotado receso.
Las nuevas generaciones escasamente saben de Sofía, al igual que no conciben – creyéndonos por siempre desabastecidos – un anaquel repleto de los más variados productos y marcas. Una persona antes tan conocida, pareciera hoy sumergida en el masivo anonimato. Empero, hay un fortísimo motivo para ello.
En década y media, el régimen ha quebrado nuestras continuidades tras el diseño de una rutina pública que sus prohombres intentan monopolizar. Remotamente, fuesen de izquierda o de derecha, hubo personas que, de un modo u otro, se integraban a la cotidianidad para crecer con ellas, con el paso de los años, pero – paulatina e inadvertidamente – la gruesa maquinaria propagandística y publicitaria oficial ha creado artificiosamente un elenco de protagonistas, reemplazándolas: siempre hubo carencias, incluyendo la vivacidad y variedad del talento que exclusivamente aflora de la actual dirección del Estado.
Un vacío premeditado que esa dirección solo llena, por lo que se entiende que, al acatar una decisión presidencial que nos participa de su descubrimiento y existencia, repentinamente la mayoría oficialista de la Asamblea Nacional rinde homenaje a Armando Reverón, desde una – por decir lo menos – particular perspectiva. O, sencillamente, ni siquiera nombra a aquellos que construyeron este país en el último siglo, despareciendo como una vez ocurrió con Carlos Franqui de la fotografía que lo exhibía al lado de Fidel Castro.
Desnaturalizándola, la idea reside en una polémica efímera, nerviosa e improvisada, preñada de mudeces. Sobrevive el estridente devoto del gobierno, disparador de insultos a todo opositor y disidente: la biblioteca que ha donado Sofía Imber es una magnífica trinchera para combatir el olvido.
Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2014/06/sofia-da-estructura/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1039888
Reproducción: Momento, Caracas, 1968.
jueves, 15 de mayo de 2014
CUADERNO DE BITÁCORA
Atribuida a Alfredo Sánchez, la gráfica es elocuente. Tratamos del otro país que fuímos y que todavía no sabemos cuándo volveremos a ser, por lo que respecta a determinados niveles de respeto y tolerancia. Orbitada en Facebook, emblematiza. En términos de opinión (y actuación) política, discrepábamos frecuentemente de Sofía Imber, mas constituye una temeridad desconocer sus aportes al país. La Soledad Bravo de entonces es muy distinta a la hoy, pero hallaba espacio en los programas de Imber, por simpatía personal o por lo que fuese (no hay equivalente alguno, ahora). Jesús Soto, cuán inmenso es.
El otro país. El que ya no es, siendo, pues, hay que reivindicarlo.
LB
El otro país. El que ya no es, siendo, pues, hay que reivindicarlo.
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lunes, 1 de julio de 2013
EL ARTE POR CASA
En la casa de HenryLuis Barragán
Finalizando el mes, la consulta del Proyecto de Ley Orgánica de Cultura nos llevó a la linda Barinas, por cierto, título de una canción emblemática que tuvimos la fortuna de escuchar por la voz de su propio autor: Eladio Tarife. El Instituto Museo de las Culturas del Llano, fue la sede de una jornada que, luego, tendremos ocasión de evaluar junto a las otras ya celebradas o pendientes.
El evento se hizo con predominio de los sectores oficialistas que no nos releva del deber de acudir a lo que concebimos como una tarea institucional del parlamento, aunque también brinda la oportunidad para el necesario esfuerzo de comprensión de las emociones y razones desde tan particular perspectiva política. Sin embargo, esta vez, la intervención del gobernador del estado fue ociosamente imprudente y, so pretexto de una versión de lo cultural que lo inspira, se esmeró en un relato netamente partidista que hizo de Bandera Roja uno de los motivos de sus disquisiciones sobre el pasado que nada tuvo que nada abonó al propósito esencial de la ceremonia.
La diputada Mavaline Baudino y el suscrito, ambos de la Mesa de la Unidad Democrática, optamos por manifestar nuestra protesta al quedarnos sentados, sin aplaudir en momento alguno al orador que olvidó su importante investidura y que, inevitable, se disculpó con ella dado el reclamo que le hiciera. Obviamente, quedó en evidencia quien se sabía en un lugar cubierto solamente por los medios afines al gobierno.
Excepto esta nota discordante que no pudo empañar el curso natural de la consulta, según el canon, culminó en horas de la tarde la faena sin tropiezos. A modo de anécdota, antes de la llegada del gobernador barinés, la mayor angustia del personal de protocolo fue que los parlamentarios de la oposición ocupásemos nuestros asientos aún antes de apersonarse, pero lo hicimos en el momento adecuado: “perdone, sé que me puedo meter en un lío, pero ¿usted es el diputado de la ultraderecha?”, palabras más, palabras menos, preguntó la funcionaria, y – quizá sintiéndose reprendida antes que sorprendida – le respondimos afirmativamente, pues, “somos arios un poco asoleados que venimos a curiosear”.
Además de escuchar atentamente las conclusiones, agotándose la tarde, confundidos entre el público que hizo comentarios interesantísimos que se atrevieron a confiarnos, tuvimos igualmente la suerte de compartir con amigos que incurrieron en la audacia de acercarse, acaso angustiados por nuestra presencia en la boca del lobo. Gabriel Linares y su señora, no sólo compartieron el almuerzo con este servidor, sino que – expertos penalistas – nos ilustraron en torno a materias como el allanamiento de la inmunidad parlamentaria y el antejuicio de mérito o una posible tentativa de criminalizar el ámbito cultural, entre otras ligadas a la barinidad, como posteriormente lo suscitó el grato encuentro con Marco Tulio Villafañe.
La coordinadora de la consulta, diputada Maigualida Santana, junto a su esposo, además, dispensaron una extraordinaria atención a la delegación parlamentaria que agradecemos inmensamente, porque – de un lado – supimos de las calidades y calideces humanas que se imponen por encima de las circunstancias políticas, y – del otro – nos obsequiaron con sendas visitas al Museo Alberto Arvelo Torrealba y al de Artes Visuales Henry Alizo (MAHAV). La casa de habitación de Henry, por el talento artístico y afán de emprendedor, se ha convertido en un majestuoso templo del arte, gracias a las piezas que la pueblan en sus más de tres niveles, y la paciente como espontánea arquitectura que le ha conferido con sus propias manos.
La delegación parlamentaria, añadido el personal que la asistió, quedó asombrada por el emporio de sensibilidad que todos los días se asoma al sol. Alizo, con su mujer, fue descifrándonos paso a paso una iniciativa que hoy probablemente no tiene una fácil equivalencia en Venezuela. Un buen ejemplo para reflexionar sobre algo más que el proyecto de marras, yendo a las profundidades de un país que antes pudo descubrir a Juan Félix Sánchez, gracias a Sofía Imber que lo presentó a los metropolitanos.
http://www.noticierodigital.com/2013/07/en-la-casa-de-henry/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=975052
Fotografías: LB, Barinas.
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viernes, 8 de julio de 2011
NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Luis Manuel Guzmán. "Música de los ochenta". El Diario de Caracas, 18/06/89.
- Marta Manrique. "Dos venezolanos en el American Ballet: Gaudio Vacaccio y Fred Martín". Momento, Caracas, nr. 774 del 16/05/71.
- Reinaldo Herrera y Jorge Olavarría: "Versión completa del 'Buenos Días' que ocasionó el cierre del programa". Resumen, Caracas, nr. 31 del 09/06/74.
- "Reinaldo Herrera explica como (SIC) murió 'Buenos Días'". Resumen, Caracas, nr. 33 del 23/06/74.
-Reinaldo Escalá Zerpa y el caso Aníbal Nazoa: "El humorismo notiene sanción". Ultimas Noticias, Caracas, 07/11/65.
Fotografía: Alfredo Tarre Murzi, Reinaldo Herrera, Sofía Imber y Carlos Rangel: aniversario de "Buenos Días". Momento, Caracas, nr. 721 del 10/05/70.
viernes, 10 de junio de 2011
NOTICIERO RETROPECTIVO

- La política urbana, según Doménico Filippone. El Nacional, Caracas, 02/01/60.
- Guillermo García Ponce y la tragedia caraqueña (derrumbes, torrentes). Tribuna Popular, Caracas, 11/08/60.
- Luis Ugalde. ¿Qué universidad para qué país?". SIC, Caracas, nr. 585 de 06/96.
- Arturo Uslar Pietri. "La era del mango". El Nacional, Caracas, 08/07/50.
- José Consuegra entrevista a Sofía Imber. Vea y Lea, Caracas, nr. 145 del 07/11/72.
Ilustración: Candidatos presidenciales 1963 (data extraviada)
martes, 19 de abril de 2011
NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Sofía Imber. "Muy raro... Reverón, pero a mí me gusta". El Nacional, Caracas, 11/03/49.
- Arturo Uslar Pietri. "Reverón y la luz". El Nacional, 02/09/79.
- Miriam Freilich de Abadí. "El Castillete de Reverón renace de las llamas". Elite, Caracas, 09/06/78.
- José Balza. "Punto de partida sobre la pintura venezolana". Lamigal, Caracas, 04/09/84.
- Roberto Montero Castro y la plástica venezolana de 1974. Resumen, Caracas, 12/01/75.
ILustración: Arando Reverón, "La playa".
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jueves, 5 de agosto de 2010
obligado contraste

EL NACIONAL, Caracas, 22 de Octubre de 1996
El prodigio del Maccsi
ARTURO USLAR PIETRI
El Museo de Arte Contemporáneo Sofía Imber, de Caracas, en el más estricto sentido de la palabra, es un prodigio. Cuando se fundó, en 1973, los museos venezolanos estaban casi totalmente limitados a la exposición de obras de artistas nacionales. En ninguno de ellos existía ni un cuadro, ni una escultura, de los grandes autores que crearon la modernidad del arte a partir de comienzos de este siglo.
Sólo en algunas colecciones privadas era posible contemplar obras de artistas como Picasso, Léger, Braque, Matisse o Miró, para no nombrar sino algunos.
Habría que señalar también, con toda justicia, la admirable presencia de esculturas y vitrales que, comenzando por el gran nombre de Calder, logró reunir en los espacios de la Ciudad Universitaria de Caracas el seguro gusto del arquitecto Carlos Raúl Villanueva.
Se había llegado casi a la resignación de renunciar a la posibilidad de que las obras de esos grandes creadores llegarán algún día a nuestros museos. Bastaría recordar el revuelo que se hizo ante la acaso inaccesible posibilidad de que se adquiriera, para un museo nacional, un retrato de Madame Cézanne que se ofreció en una exposición itinerante. Fue una frustrada tentativa que terminó en desengaño ante la imposibilidad de reunir, de las más diversas fuentes posibles, el monto del precio.
Como todos los prodigios, éste también se produjo inesperadamente y de manera casi inexplicable. Un buen día Sofía Imber, excelente periodista, conocedora de arte y un dínamo de energía y de capacidad creadora, logró que una institución oficial como el Centro Simón Bolívar, constructor de edificios y obras públicas, cediera, en la inmensa estructura de Parque Central, algún espacio para que Sofía Imber, con la eficaz ayuda de su marido, Carlos Rangel, iniciara casi subrepticia e inadvertidamente la fundación de un museo de arte contemporáneo en Caracas.
Lo que logró, con el más tenaz e iluminado esfuerzo, sostenido año tras año, fue que aquella agencia gubernamental, ajena al mundo de las Bellas Artes, se convirtiera en el patrono y en el mecenas de un gran Museo de Arte Contemporáneo, que es hoy uno de los más notables y ricos de toda la América Latina.
Fue una saga de lucha tenaz, de voluntad inquebrantable y arrolladora, de perseguir fines que parecían inalcanzables, la que desarrolló esa mujer excepcional para lograr, en un corto número de años, que se formará en Caracas, milagrosamente, un gran Museo de Arte Contemporáneo, uno de los más ricos y completos del mundo, para darle a los venezolanos la posibilidad de la presencia inspiradora, aleccionadora y educativa del más valioso arte del mundo moderno.
Para los que vivimos la Venezuela de la penuria de los museos, hojear el catálogo de esa increíble institución adquiere la dimensión de un deslumbramiento inagotable. Están allí hoy representados decenas y decenas de los más grandes artistas plásticos del arte contemporáneo. No sólo en obras aisladas sino en conjuntos creativos que permiten seguir el sentido de su evolución y de su búsqueda individual. Están allí Picasso, Miró, Matisse, Poliakoff, Rauschenberg, Vasarely, Adami, Labers, Bacon, Braque, Calder, Chagall, Dubuffet, Herbin y Kandinsky, para sólo nombrar algunos de los más resonantes.
Están también, desde luego bien representados los principales artistas venezolanos contemporáneos: Reverón, Cabré, Narváez, Soto, Otero, Cruz Diez, Jacobo Borges y Zapata.
Todos los días centenares de personas de los más diversos niveles culturales visitan con curiosidad, con asombro y con indudable provecho aquella serie de muestras de lo más valioso del arte contemporáneo. Es inmenso el valor educativo, la formación de la sensibilidad, la ampliación del gusto y la curiosidad intelectual que una institución como ésta ofrece inagotablemente. No es sólo admirable lo que muestra, sino cómo la muestra, con la más exigente técnica museística y los numerosos servicios complementarios, como los archivos y la biblioteca, además de los modernos depósitos que constituyen el conjunto de esta gigantesca empresa cultural que prodigiosamente ha surgido en Venezuela.
EL NACIONAL, Caracas, 27 de Junio de 1997
La UCAB aplaudió la obra de Sofía Imber
``No temo pertenecer a una minoría''
YASMIN MONSALVE
La Universidad Católica Andrés Bello, a través de la Escuela de Comunicación Social, rindió ayer un homenaje a Sofía Imber, periodista y directora-fundadora del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, en el acto ``Sofía, Una obra''. Esta trabajadora incansable, de menuda humanidad e implacable con la puntualidad, escuchó desde su silla las palabras de elogio que le brindaron el rector de la UCAB, Luis Ugalde; Patricia Guzmán, directora de la Escuela de Comunicación Social; Pedro León Zapata, artista plástico; y Simón Alberto Consalvi, ex-canciller.
Patricia Guzmán, explicó que ``con este acto queremos expresar público reconocimiento a la obra de Sofía Imber y no hay allí un gesto arbitrario, al contrario, de esa forma se pone énfasis en la labor esencial de comunicación de esta universidad. A Sofía Imber nadie le discute su obra, es por eso que siempre de alguna forma estamos en deuda con ella''.
Para comenzar a saldar la deuda con Sofía Imber, fueron invitados a dar testimonio de su trayectoria a Simón Alberto Consalvi, quien la retrató como la periodista ``intransigente'' que ha desarrollado una carrera en la prensa, la televisión y la radio, durante 54 años consecutivos; y a Pedro León Zapata correspondió ``dibujar'' a alguien a quien conoce muy bien.
GRITO DE GUERRA
Para el ex-canciller Simón Alberto Consalvi, quien comentó que ``ni en la Cancillería he visto reunidos tantos embajadores'', al saludar la presencia de los representantes diplomáticos de España, Suecia, México e Italia, ``referirse al periodismo de Sofía Imber es más difícil que hacerlo de su papel en aras del mundo del arte. Lo segundo se origina de lo primero, porque ella llegó al arte con el periodismo''.
Continuó Consalvi ``Yo, la intrasigente'' es el grito de guerra, el santo y seña de Sofía Imber en el periodismo, así título su columna durante muchísimos años. Sofía vivió y participó de una época estelar del periodismo venezolano, que surgió a la muerte del general Juan Vicente Gómez y tengo la temeridad de que nunca más vivirá el periodismo una época como esa''.
El relato de Pedro León Zapata se inició de esta manera: ``Uno de los primeros artistas con quienes me relacioné cuando comencé a estudiar fue Salvador Dalí, gloria del arte universal. Al leer su ``Vida Secreta'' me convencí de que era un genio, cosa de la que él también estaba convencido. Dalí era un pintor y escritor de calidad extraordinaria y un hombre -esto si es un lugar común- de una imaginación increíble. Allí, en su ``Vida Secreta'', él contaba lo que le ocurrió cuando estudiaba en la Academia de San Fernando, al presentar un exámen de esos que uno saca un número. El no sabía nada y decidió estudiar sólo un tema: Grecia. Se convirtió en un verdadero experto en arte griego y cuando llegó frente al jurado y le dijeron `saque el número', el sacó el correspondiente a Grecia. El se paró y dijo que no sabía nada de Grecia. Eso fue lo que yo sentí cuando me invitaron a hablar de Sofía, me dieron ganas de decir `No sé nada de Sofía', porque es un tema que aunque no he profundizado tanto como Dalí a Grecia, todo el tiempo he estado siguiendo sus pasos en el campo del arte y en el museo''.
La directora-fundadora del Maccsi agradeció el gesto de la Universidad Católica Andrés Bello. ``Defiendo el hacer, no el soñar ni el elucubrar'', dijo Imber, agregando que los periodistas ``no deben tener actitudes y si acaso las tienen, que sean la inconformidad y la rebeldía. No temo a pertenecer a una minoría, no temo a ser diferente. Eso es algo que le he inculcado a mis hijos y a la gente con quien trabajo'', dijo finalmente Sofía Imber.
EL NACIONAL, Caracas, 5 de Diciembre de 1998
Todo el Maccsi sin pausas electorales
El Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber ofrecerá mañana sus servicios en horario normal mientras se llevan a cabo los comicios presidenciales. Así, el público podrá recorrer sus 14 salas dedicadas a la creación vernácula, descubrir los diseños de Enrique Larrañaga o curiosear por las tiendas, la librería o la biblioteca
Seis entradas permiten que los visitantes accedan desde diferentes puntos de Parque Central a las salas de exposición del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber. Y estas seis puertas permanecerán abiertas mañana, mientras se realizan las elecciones presidenciales.
Fiel a su compromiso de acercar el arte actual al público, el Maccsi mantendrá abiertas sus salas en horario normal: de 10:00 am a 6:00 pm, así como la biblioteca: de 8:00 am a 3:00 pm, la Plaza de las Esculturas, sus tiendas y la librería especializada en material artístico.
El menú que ofrece la institución está integrado por una muestra-homenaje a María Teresa Castillo. En las salas 1 a la 14 la colectiva Arte en Venezuela. Obras de la Colección", exhibe obras de Carlos Cruz-Diez, Paúl Klose, Mateo Manaure, Gego, Jesús Soto, Eugenio Espinoza, Víctor Hugo Irazábal, Cruxent, Sydia Reyes, Juan Calzadilla, Luisa Ritchter, Diego Barboza y otros destacados creadores.
También se puede recorrer el espacio arquitectónico que Enrique Larrañaga y Vilma Obadía han denominado "Lo óptico y lo háptico" (Sala 16), en la cual se encuentra una serie de planos, fotografías y maquetas de proyectos y obras como el "Plan parroquial de ordenamiento urbano de La Candelaria", la propuesta para el "Concurso Internacional Salem Witchtrials Tercentennar y Memorial", la proposición para el "Concurso de ampliación del Museo del Prado en Madrid", el "Desarrollo residencial La Ciudadela, en Cagua", y un grupo de casas y locales comerciales en Caracas, así como piezas de mobiliario, artefactos utilitarios, dibujos y collages.
Los amantes de la naturaleza podrán recorrer el Jardín de las Esculturas, donde se encuentra el trabajo de creadores como Lynn Chadwick, Marcos Salazar, Narváez, Juan Bordes, Mailen García y Eduardo Ramírez Villamizar, así como los pasillos de Parque Central donde resaltan piezas de la Colección Maccsi, entre ellas los murales de Soto y las estructuras ambientales de Gego. Y finalmente, los investigadores y estudiantes podrán utilizar los servicios de la primera biblioteca de arte creada en el país, la Biblioteca Sofía Imber, cuyo archivo computarizado permite acceder a una amplia información sobre el área.
Arte insular Venezuela: destino posible para la plástica cubana es la muestra que, desde el pasado 29 de noviembre, reúne en la Sala Cadafe (extensión oeste del Maccsi), el trabajo de artistas nacidos en Cuba que viven y crean en nuestro país desde hace 10 años.
Pinturas, esculturas, fotografías e instalaciones realizadas por Marta Limia, David Palacios, Sonia Pérez, Eberth Pérez, Félix Suazo, Ermy Taño, Nikolto von Lara e Isabel Sierra, dan cuenta de lo ya avistado por el investigador y escultor Félix Suazo: "Caracas, más discreta que sus homólogos del continente en materia cultural, ha sido un sitio tanto de tránsito como de residencia definitiva para los artistas cubanos de las promociones recientes. Es, entre todas las capitales a las que ha ido a parar el arte cubano, la más extrovertida y menos polarizada".
Según explica la artista y galerista Marta Limia "el grupo está constituido por creadores que llegaron a Venezuela a partir de los años 80 cuando se formó un revuelo de artistas plásticos y el gobierno cubano aceptó que éstos salieran del país y trabajaran en otros lugares sin renunciar a su ciudadanía (...) Hay una variedad de disciplinas y tendencias. Algunos pertenecen al llamado boom de los años 80 como Félix Suazo, un curador que trabaja con una teoría contemporánea sobre la escultura; Nicolás Lara, un pintor, grabador, fundador del Taller de serigrafía artística cubana "René Portocarrero", que desde la pintura trata de manifestar un panorama de fuerzas convergentes dentro de la cultura (como la pintura popular y el expresionismo alemán), y Ermi Taño, quien formó parte del Grupo Puré (conformado por cinco artistas) que tocó los problemas estéticos de la pintura utilizando el kitsch como elemento fundamental de expresión".
A partir de estas tres tendencias generales (el arte conceptual de Suazo, el arte de calle, de Lara, y el terreno intermedio de Ermy Taño) se puede estudiar a los demás integrantes de Venezuela: destino posible para la plástica cubana, cuyas propuestas están fundamentalmente basadas en la pintura, el dibujo y la fotografía. Todos son integrantes del Sistema Nacional de Escuelas de Arte de Cuba y en Venezuela comparten su actividad creadora con la publicidad, la pedagogía, el diseño y la restauración.
EL NACIONAL, Caracas, 22 de Febrero de 2001
De la manera acostumbrada
Ildemaro Torres
¿Sofía Imber?, ¡fuera!; ¿María Elena Ramos?, ¡fuera!; y otro y otro directivo de las instituciones culturales más importantes del país, ¡fuera!; y todos ellos enterándose de su destitución a través del programa radial dominical del primer locutor de la nación. Y es que, como bien sabemos, el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela parece no conocer otra manera de tratar a la gente, a despecho de cuán respetable pueda ser ésta o cuán meritoria sea la obra que haya realizado; su opción es el irrespeto y más aún la humillación y la burla, como se empeña en demostrarlo.
Un hecho cierto es que en conductas o medidas como las asumidas oficialmente en esta oportunidad, siempre quien las ejecuta requiere y tiene a mano un fiel servidor, que le prepara en bandeja los basamentos o justificaciones para proceder a hacer lo que en el fondo ese eficiente asistente desea que suceda, pero que obviamente por sí mismo no puede materializar; movido por un sincero deseo de cambios, o como el típico personaje que se frota las manos con gozosa fruición, haciendo creer que lo hace solamente por el contento que le produce servirle a su señor, cuando lo que en realidad celebra en su intimidad es una de estas dos cosas: al fin drenar por interpuesta persona sus propios rencores, frustraciones, envidias, y tantas otras expresiones de pequeñez, o sentirse en posesión de un supuesto poder, sin medir que en la realidad es escaso, circunstancial y efímero. "¡Asumo la responsabilidad!", dijo la mano derecha cultural del jefe.
¡Bravo!, pero ¿qué significa eso hoy?, cuando las posibilidades de réplica son mínimas y el eventual logro de una rectificación se da por inexistente, como hace sentirlo la forma de aplicación de la mencionada medida. Una vez más ha sido de gran ayuda el recurso semántico, que tanto gusta a este Gobierno, y así como los damnificados pasaron a ser por verbo presidencial "dignificados", ahora en vez de admitir que Sofía Imber y otras destacadas figuras gerenciales fueron literalmente "sacadas" de sus cargos, o "ponchadas" por nuestro lanzador estrella, el asesor cultural nos habla de directores "relevados", transformando el típico madrugonazo en "un relevo dentro de un sano ejercicio de alternabilidad"; relevo que por lo demás en circunstancias normales es lo deseable. El mismo funcionario, en alta voz y elocuente además en su lenguaje corporal (hombros echados hacia delante, boca torcida y puños apretados), al describir la que denomina "nueva gerencia cultural", de una vez se refiere y ubica a quien tenga alguna objeción al proyecto cultural revolucionario, en términos de "Allá quienes tienen posiciones contrarias a los intereses nacionales, porque con este proceso de transformación no habrá nada oculto".
Decididamente el comandante en jefe, que va mucho más adelante que cualquiera de nosotros los ciudadanos corrientes, acaba de poner en marcha su revolución cultural. Se entiende sin embargo -y es una de las cosas que preocupa- que un revolucionario que en verdad lo sea, en cuanto a su formación, visión, y proyecto concreto que fundamente su lucha, conoce muy bien aquello que se propone transformar y tiene aún mayor claridad en lo que se plantea crear; y uno se pregunta ante desplantes como éste con el cual él le ha dado inicio a su revolución de la cultura, cuál es su conocimiento real al respecto, cuánta profundidad hay en sus análisis acerca de ese mundo, cuál ha sido su vinculación previa con ese ámbito en el cual incursiona ahora a paso de bravucón, ganado más para el atropello que para el diálogo. Coherente, eso sí, en cuanto a su manejo del asunto en los términos beisboleros que le son realmente familiares; y cabe preguntar hasta dónde, una vez que anunció que se trataba de cambios "en el bullpen", no se estará imaginando que la política cultural lo que requiere es, y bastaría con eso, un pitcher como él trepado en la lomita.
De hecho, todo ha sucedido dentro del estilo conocido, de la manera ya acostumbrada; y a decir verdad, nada nos debe sorprender, porque cualquier cosa es esperable en una revolución cultural que así comienza.
EL NACIONAL, Caracas, 3 de Agosto de 2002
Personas y Personalidades
Sofía Ímber
“Sofía ha vivido su ‘sophia’ en todas las formas posibles, en la prensa, en la radio y en la televisión. En todas ellas ha sido un caso extraordinario de revelar noticias, problemas y personajes. Sin su impertinencia viviente y fecunda seríamos más torpes, más prejuiciados o más ignorantes. Ella nos hace el bien de no dejarnos pertenecer tranquilamente a nada, que es lo mismo que despertar continuamente al hombre que se duerme en nosotros”. Con estas palabras introdujo Arturo Uslar Pietri en el año 1971 el libro de Sofía Ímber Yo, la intransigente (Editorial Tiempo Nuevo) volumen que contenía todas sus columnas del mismo título publicadas durante años en El Nacional. Las palabras de Uslar son lo suficientemente elocuentes para describir lo que ha sido la labor de Ímber en los medios de comunicación del país. Ella describiría luego en el mismo libro su papel de “pelito de tuna”, como le llamaba cariñosamente un amigo, para describir la reputación ganada en toda su vida de “intransigente”. Es licenciada en Periodismo, profesión que ha ejercido desde la prensa, la radio y la televisión y su postura frente al ejercicio de la carrera es tajante: “A menudo los comunicadores, como los llaman hoy, creen que es suficiente con saber preguntar y oír. Yo creo que eso está bien, pero también hay que saber tomar posición” (El Nacional, 28-12-1993). Vivió un año en la ciudad de Bogotá, donde comenzó su carrera cultural al lado de Plinio Apuleyo Mendoza, Germán Arciniegas y Marta Traba y luego se marchó a Francia y Bélgica (1949-1959) junto a su primer esposo, el escritor venezolano Guillermo Meneses, quien se encontraba cumpliendo funciones diplomáticas. Ambos fundaron la revista Crítica, Arte y Literatura (CAL). Bajo una elegante fachada trajeada a lo Chanel Sofía Imber, nacida en Rusia y nacionalizada posteriormente venezolana (llegó a los 3 años de edad), ha sido una de las mujeres más polémicas de la televisión, donde condujo diariamente el programa de corte político Buenos Días (en Radio Caracas Televisión primero y en Venevisión más tarde) junto a su marido Carlos Rangel y a Reinaldito Herrera, quien luego se retiró. En 1968 inauguró el espacio con una entrevista a Arturo Uslar Pietri y, para 1983, el mismo contaba con más de 4600 entrevistas. “(...) Yo creo que lo exitoso de Buenos días fue esa manera de ser sui géneris, de decir lo que pensábamos, de editorializar, de invitar políticos de todas las toldas y de hacer un programa de opinión con la libertad absoluta que teníamos allí” (La Televisión de Venezuela. Los 40 años de Radio Caracas Televisión. Antonio Olivieri, 1992-1993). Incisiva en sus preguntas y en el abordaje al entrevistado, muchos opinan que Ímber llevó siempre la dirección del programa, dejando en momentos opacado a su compañero, mientras otros consideran que ella era la parte frágil del dúo. Sin embargo, la misma Sofía comentó en entrevista realizada por Manon Kübler (Sofía Imber, la intransigente, Grijalbo, 1994): “Nosotros no éramos dos personas, éramos una sola. En cuanto al programa, había temas que él manejaba mejor que yo, e incluso discutíamos en cámara. Pero siento que había mucho equilibrio entre los dos. Carlos y yo coincidíamos en todo (...) ambos deseábamos hacer un buen programa. Lo que es muy raro en Venezuela y aun en el mundo, es que una pareja que trabaje junta todo el día, que comparta el mismo lugar de trabajo, haya llegado a esa empatía”. Más adelante la autora del libro, Kübler, completaría diciendo que Sofía está presente en el periodismo venezolano desde los años cuarenta, cuando comenzó como reportera de Ultimas Noticias. “De modo que podemos hablar de medio siglo, lo cual contado día a día, como debe contarse la vida de los periodistas, son muchos miles de días, de noches sin sueño y de noches de ensueño”. Al día siguiente del fallecimiento de Rangel (15-1-1988), Sofía cambiaría el nombre del programa a Buenos días con Sofía, el cual se mantuvo en el aire hasta 1992. El programa registró los grandes episodios y las grandes controversias del último cuarto de siglo en Venezuela por el que circuló todo el mundo político, convirtiéndose así en uno de los más importantes programas de opinión y al que asistieron personalidades reelevantes a nivel local e internacional. Imber ha tenido también una extensa labor en el ámbito cultural, no sólo como periodista sino como promotora. Su contacto con la vanguardia artística local e internacional, además de su conocimiento de la materia hizo posible que fundara, con un presupuesto de 230 mil bolívares, el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas (MACC) en el año 1974, donde Ímber fue directora. En el año 1990, y por decreto de la Gobernación del Distrito Federal, el MACC pasó a llamarse Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Ímber (Maccsi). Una colección de 4.019 obras de América Latina y Europa, y 650 exposiciones, demuestran el afán cultural que la periodista promovió mientras estuvo al frente de la institución. Con la llegada de la Revolución Cultural, Ímber fue destituida de la dirección del Museo, quedando nominalmente como Directora Vitalicia.
Sofía fue directora de las páginas culturales de El Universal y de la revista Variedades y colaboró en los diarios El Nacional, Últimas Noticias y 2001; El Tiempo, de Colombia; La Nación, de Buenos Aires; Excelsior, de México; y Élite, Páginas, Momento y Kena, de Venezuela. Además, fue productora y conductora del programa de actualidad Sofía, un espacio dominical nocturno en el canal 51 con la participación de entrevistados de los más diversos sectores de la sociedad. Ímber recibió el Premio Nacional de Periodismo en el año 1971.
Fotografía: tomada de la red de redes.
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