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domingo, 8 de marzo de 2020

(AUNQUE LA CREEMOS DE MUY ANTES)

Luis Salamanca: “La dictadura comenzó el 20 de mayo de 2018"
Hugo Prieto
En 2015, tras la clamorosa victoria de la oposición en las elecciones parlamentarias, el chavismo activó el Plan B (cuyo enunciado número uno se consigna en las líneas que siguen). Para entonces, un grupo de académicos, entre los cuales se encuentra Luis Salamanca, le practicaron una autopsia forense a El Sistema Electoral Venezolano. Precisamente, la frase sirvió como título a un libro que se publicó ese año.

El ensayo que le correspondió escribir a Luis Salamanca, politólogo, abogado, doctor en Ciencias Políticas, exrector del CNE (2006-2009), exdirector del Instituto de Estudios Políticos de la UCV, se titula Ventajismo y Autonomía del Elector en las Elecciones Venezolanas del Siglo XXI. Para ese año, el sistema político rozaba la frontera que separa el autoritarismo de una dictadura. ¿Qué se puede decir de lo que ocurrió en estos años? Algo de eso está plasmado en esta entrevista. De ese ensayo he rescatado, por razones obvias, una expresión del propio autor: «el roído hilo electoral». Y no ha sido casual.

Nunca como antes el régimen chavista ha dependido tanto del ventajismo y del control institucional. ¿Realmente podemos esperar, en caso de que se nombre un nuevo CNE, que se organicen unas elecciones libres, justas y transparentes?

Cuando hablamos sobre la necesidad de tener un proceso electoral democrático, ahí se están expresando dos cosas. Una. La sociedad venezolana que tiene, en su memoria colectiva, a la democracia como el método para resolver los conflictos, elegir a los gobernantes y organizar las instituciones. Ciertamente, en Venezuela no hay condiciones democráticas, pero la gente guarda un recuerdo vivo de lo que es ella, al menos en términos electorales. Entonces, ¿qué tenemos? Una sociedad que sigue siendo democrática frente a un régimen que no lo es. Dos. Por otra parte, ese debate refleja que el sistema político venezolano ya no está organizando elecciones democráticas. Se nos olvida, y no debería ser así, que desde hace 21 años estamos inmersos en un proceso de destrucción de la democracia. Maduro ha ilegalizado a los principales partidos políticos y ha creado, a partir del 20 de mayo de 2018, una oposición que no lo desafía, que no le genera ningún peligro.

Si algo tenemos los venezolanos es mala memoria Y hemos dado fe de ello en infinidad de ocasiones.

Maduro ha inventado las mil y una no sólo para tener ventajismo institucional frente a sus adversarios, sino para torcer el sentido democrático del voto. Se nos olvida que nosotros estamos viviendo un proceso histórico político en el cual se ha ido devastando a la democracia, gradualmente, evolutivamente, institución por institución; se han liquidado, uno tras otros, los espacios democráticos. De tal forma que hoy en Venezuela la oposición existe de facto. Y voy a los hechos. Esta ilegalizada la Mesa de la Unidad, así como Voluntad Popular, Primero Justicia y Acción Democrática. Si hoy hubiera elecciones, la oposición no tendría tarjeta para ir a ellas. Esto es producto de un proceso gradual de demolición y en este momento nos encontramos en una zona absolutamente no democrática. Ya no se puede hablar de que la democracia está en riesgo. No, hace rato pasamos esa etapa. De la democracia queda muy poco y ese poco Maduro lo puede manejar, pero llegado el momento, las circunstancias, también lo va a liquidar.

 ¿A qué se refiere? ¿Puede señalar algunos casos?

El hecho de que Guiadó, por ejemplo, esté haciendo campaña en el país, no responde a que Maduro sea un demócrata, sino a una represalia internacional. El hecho de que haya ciertos programas en algunas emisoras o que algunos periodistas puedan hacer su trabajo, es porque el régimen lo permite, pero llegado el caso, cierra esos espacios, como ocurrió con Radio Caracas Radio —con Maduro— o con RCTV —con Chávez—. Entonces, la dinámica política no es autoritaria sino dictatorial. Y lo es porque tiene dos elementos que la definen: Uno, el origen no legítimo del poder del gobernante, y dos, el ejercicio ilimitado, sin límites legales, de ese poder.

¿No se rompió «el roído hilo electoral» con la elección presidencial del 20 de mayo de 2018, una elección a todas luces fraudulenta?

En mi opinión, la fecha en la cual se puede oficializar la quiebra definitiva de la democracia en Venezuela, lo que quedaba del «roído hilo electoral», es el 20 de mayo de 2018. En la etapa de Chávez, al menos, la gente podía expresarse. Había una autonomía del voto. Y también partidos políticos que participaban en nombre del elector. Claro, el campo de juego estaba desnivelado. Digamos que había una semicompetencia. Entonces, cualquier discusión sobre una posible elección en Venezuela tiene que tomar en cuenta en qué fase del proyecto de chavismo nos encontramos. Lo que hemos visto con Maduro es que para conseguir el objetivo de mantenerse en el poder, lo ha hecho por vía de la manipulación de las instituciones, digamos, que es el plan B, pero no hemos visto el plan C, que podría ser mediante el uso de la fuerza… aunque paradójicamente sea la fuerza lo que sostenga esto.

¿No se perdió también el 20 de mayo de 2018 la «autonomía del elector»?

Chávez intentó atrapar el alma de los electores mediante el uso de mecanismos de control —Maduro los ha profundizado con los CLAP, el Carnet de la Patria, entre otros— pero los venezolanos han demostrado tal grado de autonomía, que le propinaron a Chávez una derrota en 2007 (Reforma Constitucional) y también le dieron palo en las parlamentarias de 2010 (en las que casi hubo un empate). Y en 2015, el elector no sólo demostró que era autónomo sino que decidió, electoralmente, quitarle el apoyo a los chavistas. Ese fue un mensaje que Maduro captó muy claramente y por eso decidió lanzar el plan B. Me tomo el poder manipulando las instituciones, sin todavía usar la fuerza directa. En esa etapa estamos hoy. Hay algo, además, muy importante. Recuerda que el nivel de abstención de ese día era algo nunca vivido en Venezuela. Y me atrevo a decir que la cifra final que dio el CNE no se compadece con lo que pudimos ver a lo largo de todo el país. El elector, ciertamente, también demostró su autonomía en esa elección.

Tengo mis dudas. ¿Realmente cree que se puede hablar de autonomía del elector y de criterio político?  

El mensaje del 20 de mayo no sólo fue para el chavismo sino también para la oposición. La abstención, en términos absolutos fue de 14 millones de electores y lo que hemos visto es que la oposición mayoritaria no pasa de siete millones. Entonces, estamos hablando de siete millones de electores adicionales que… ¡Decidieron por su cuenta! Y ahí también tenemos que ver la figura de Henri Falcón. El argumento es que sin esa abstención, él hubiese ganado las elecciones. Pero resulta que la gente no lo identificó a él como el catalizador del cambio. Ese es un criterio político, a mi juicio. ¿Qué estaba esperando la gente? No a cualquier llanero solitario, sino a un candidato unitario, a un candidato que agregara. No lo vio en Falcón y decidió enviar un mensaje en tres vías: Al chavismo, al que le quitó su apoyo. A la oposición mayoritaria, a la que respaldó, y también a la oposición minoritaria, que intentó pescar en ese río revuelto, creyendo que sólo era necesario tener un candidato para que la gente fuese a votar. Ese mensaje, Falcón no lo ha querido entender, por eso sigue hablando como si estuviéramos en 2018.

¿Si esa propuesta resultó insuficiente qué haría falta para que los electores salieran a votar?

Si en 2018 hubiese habido una candidatura unitaria, quizás no de toda pero sí de una amplísima gama de la oposición, estoy seguro que ese candidato hubiera ganado.

Puede ser. Pero lo que vimos claramente después de 2015 fue un franco proceso de manipulación para restarle poder y eficacia a la Asamblea Nacional, además vimos otras cosas. ¿Cómo definiría el modelo político actual de Venezuela? O más bien, hagamos la pregunta más simple. ¿Esto es una dictadura?

Sí, pero no es una dictadura típica, no es una dictadura clásica. Por algo me estás haciendo esa pregunta, ¿no? El asunto es que en Venezuela, a lo largo de 21 años, el régimen político establecido por Chávez y Maduro ha ido talando la democracia, la ha ido desmontando, demoliendo, pero manteniendo el voto como un instrumento de legitimación. Lo hicieron para imponer una nueva Constitución y para relegitimar los poderes. El sistema político metabolizó tanto una cosa como la otra, las convirtió en energía y empezó a describir una dinámica autoritaria. De ahí en adelante, Chávez bajó de nivel, pero continuó talando espacios democráticos, entre otros, y de manera muy visible, el sector empresarial. Nada podía hacerse sin la autorización del poder. El resultado fue el estallido de la crisis económica.

Invariablemente la economía es la que envía la primera señal de alarma, después viene la crisis social y la crisis política. Es decir, la crisis sistémica de la que tanto se habla en Venezuela. ¿Alguien pensó que íbamos a ser la excepción de la regla? No fue así y la crisis se volvió en contra del chavismo.

Lo relevante aquí es que el electorado mantuvo su autonomía, su criterio político. ¿Qué hace Maduro cuando llega a Miraflores y sobre todo cuando el chavismo pierde las elecciones parlamentarias de 2015? Pone en marcha el plan B, que en su capítulo uno dice: Tienes el control institucional, utilízalo para mantenerte en el poder. Usurparon el poder y lanzaron una Constituyente avalada por el CNE y por el TSJ, con una convocatoria errada y un sistema electoral que no se compadecía con lo que establece la ley. Otra violación de la Constitución. Y además la convirtieron en un poder legislativo paralelo, con lo cual usurpaban el poder legislativo legítimo. Es decir, destruían lo que quedaba de la democracia representativa. Si tú no respetas la Asamblea Nacional, si tú usurpas sus funciones como se hizo en 2016 y 2017, entonces lo que estás haciendo es liquidando la democracia. Pero quedaba «el roído hilo electoral», entonces Maduro introduce una competencia electoral… sin competidores, sin la oposición mayoritaria, sin nadie que le pudiera ganar.

Pero hubo elecciones y ese es el argumento del chavismo. Si la oposición no quiso ir… ¡Ah, ese es problema suyo, caballero!

Se hizo una elección presidencial, pero desde el punto de vista jurídico, esa elección no existió, entre otras cosas, porque no se da de acuerdo a las condiciones exigidas por la democracia. Tú usurpas el poder sin dar un golpe de Estado, pero estás apoyado por los militares. Y además, estás ejerciendo el poder sin límites. Tú eres un dictador. El sistema, como tal, ya está funcionando como una dictadura. Pero no al estilo de Pinochet, que en uno o dos días cerró todo espacio político. No. Aquí todavía quedan pequeños islotes, algunos espacios, por eso ves a María Corina recorriendo el país. La atacan, pero no la terminan de sacar del juego. Es una dictadura atípica, yo la he llamado evolutiva, porque llega, precisamente, por evolución, a través de los años, pero en la medida en que Maduro enfrente más oposición y sienta amenazado su poder, será una dictadura clásica.

¿Usted cree que en estas circunstancias, como parte del momento político, como dice, es posible nombrar un CNE independiente?

No lo creo. Después de haber visto lo que hemos visto es muy difícil que tú vayas a permitir un CNE independiente. Eso no existe. Maduro no va a permitir unas elecciones democráticas, olvídate de eso. ¿Elecciones libres? ¿Elecciones justas? ¿Elecciones limpias? ¿Elecciones competitivas? No. De hecho, si en este momento hubiera elecciones, la oposición mayoritaria se enfrentaría a una enorme dificultad: no tiene tarjeta, todos están ilegalizados. La única que queda es la de UNT y de partidos más pequeños que están, y esto es bueno advertirlo, muy reñidos con Guaidó, o se la pasan atacándolo permanentemente, como los de Falcón, como los de Fermín, organizaciones que no tienen mayor representación política en Venezuela. Además, votar no es elegir. Votar es depositar física o electrónicamente el voto. Es un acto mecánico. Pero elegir es que tú decidas, libérrimamente, quién quieres que gobierne y a quién quieres darle el poder. Esa no existe. Maduro puede hacer votaciones, pero no elecciones. De hecho, está montando todo el tinglado para ver si logra dar la imagen de que está aceptando algunos señalamientos nacionales e internacionales como, por ejemplo, cambiar el CNE.

El gatopardo, cambiarlo todo para que nada cambie. De esa práctica, en los últimos 20 años, también hemos visto lo que hemos visto.

El CNE es un aparato tomado por el chavismo, en el que permiten que exista un rector opositor que no puede hacer nada. Y que tampoco tiene el carácter personal para esforzarse y hacer algo. No es Vicente Díaz, ¿verdad? Esa estructura no la va a modificar el chavismo, porque si la cambia por ahí se le puede ir el poder. El chavismo no va a permitir que la Mesa de la Unidad Democrática se legalice de nuevo, porque sabe que ese fue el instrumento que usó la oposición para ganar en 2015. No le puedes abrir esa brecha a un adversario que, en términos electorales, está más fuerte que tú. No vas a abrir esa puerta para que se metan por ahí.

¿Qué podría hacer la oposición? ¿Cuál sería su trabajo? ¿Cómo romper el dique y el cerco institucional?

Si se da una elección presidencial, la oposición puede ganar siempre y cuando exista un candidato unitario, un candidato que aglutine. Estoy pensando en esos términos. La autonomía del elector y la imperiosa necesidad que siente por el cambio, sin duda marcarán la diferencia.  Pero hace falta un instrumento adecuado de presión. Es decir, un candidato unitario. Dado el caso, la oposición te gana aún con este CNE y aún con estas condiciones. Con la elección parlamentaria, la cosa sería más compleja porque habría que poner de acuerdo a mucha gente.

El problema es que la elección presidencial no está en el mapa del chavismo. Ese sería el objetivo de la oposición, conseguir unas elecciones generales, parlamentarias y presidenciales. Yo no veo esa posibilidad en el horizonte.

Exactamente, Maduro no las va a hacer. Pero recuerda que él tampoco juega solo. Si la oposición y la comunidad internacional trazan una estrategia para presionar y la calle se activa y, adicionalmente hay presión de distintos sectores en Venezuela, eso puede cambiar el cuadro. Pero en este momento, ciertamente, no hay suficiente presión para que Maduro se vea obligado a llamar a unas elecciones presidenciales. A Maduro le están dando mucho tiempo. Todo esto está apuntando para el revocatorio. Es decir, para el 2022, si no pasa nada antes. Sí, estoy de acuerdo contigo. Maduro no va hacer esa elección, pero es deber de la oposición mayoritaria no conformarse con una elección parlamentaria. Esa es la posición de Falcón, para quien las elecciones presidenciales ya se hicieron. Es una oposición complaciente que acepta todo lo que el gobierno establece, porque el plan, creo yo, es que ellos crezcan para desplazar a la oposición mayoritaria.

Fotografía:Roberto Mata | RMTF
Meme: Tomado de las redes.
Fuente:

lunes, 24 de febrero de 2020

NECESIDAD DE URGENCIA

Sebastián de la Nuez: “Mi reinvención consistió en ser lo que soy”
Hugo Prieto
  
Periodista y narrador de estilos diversos, Sebastián de la Nuez tomó la decisión de regresar a la tierra de la cual habían emigrado sus padres, en este giro contrario a las agujas del reloj, que desdice de la fuerza magnética que en buena parte del siglo XX ejerció Venezuela a todo aquel que deseaba progresar.

Todo exilio es un cuestionamiento, una añoranza que despierta las emociones más íntimas, tal vez por eso es una experiencia meramente individual. Se vive el aquí y el ahora, con un pie en el lugar que se ha dejado atrás y con el otro pie en el lugar que sirve de refugio. Ésa es la atmósfera y los trazos que condensan los relatos que componen el libro que ha escrito Sebastián de la Nuez para poner plan de vuelo y bitácora en su vida. Hay nostalgia y una calidez entrañable. Y también el hallazgo de la belleza en medio del horror y la barbarie. 

El libro Mudanzas de la luna mereció el premio de la Fundación CajaCanarias de Santa Cruz de Tenerife (2018) y la editorial Pre-Textos publicó el libro a finales de 2019. Uno de sus relatos, Corriente de entusiasmo tan divina, se publica en Prodavinci con la autorización del autor. Un adolescente ensimismado entabla comunicación con el cosmonauta Yuri Gagarin, un transeúnte se topa con Billie Holiday en una calle de Nueva York y ella le canta una mítica canción al oído, un visitante de la casa natal de Ernest Hemingway se deslumbra con el chorro de luz que atraviesa la habitación del niño que luego escribiría Adiós a las armas, son parte de la composición literaria que le ha servido a de la Nuez para reafirmarse en tierras movedizas.  De su autoría, tenemos Rosalía (Alfaguara, 2010), Calles de Lluvia, Cuentos de Pensión (ganador del VI Premio Transgenérico Anual de la Fundación para la Cultura Urbana) y, más recientemente, también en España, se alzó con la segunda edición del Premio de Narrativa Breve convocado por el Cabildo de Gran Canarias con la obra de relatos Las Palmas—Caracas—Madrid. Otra voz, dentro de un movimiento coral literario, que abona a la construcción de una novedad: La literatura venezolana del exilio. ¿Otra línea de la tragedia? ¿Otra forma de realización? Sin duda, ambas cosas.  

¿En qué lugar de su trabajo literario colocaría este libro de relatos?

Lo colocaría como lo más auténtico que he hecho, todo lo que está ahí nace de una situación especial, digamos. No es el Sebastián del lugar acomodado, sino el Sebastián que está en el aire, que se cuestiona, que está más inseguro que nunca y necesita más que reflexionar, asirse a su propio carácter, a lo que él es. De un tiempo a esta parte, se ha sentido planeando en el aire, llevado por el viento, sintiendo el peligro, porque en cualquier momento se estrella. Yo necesitaba escribir para no caer en una depresión de tres pares de cojones, como dicen acá en España. Escribir para sacar una idea y trabajarla, echar mano de la memoria, leer sobre los temas que me gustan o me preocupan, buscar referencias literarias o en los medios de comunicación, pues todo eso es un trabajo y lo hice, repito, porque tenía necesidad de recuperarme a mí mismo. 

¿Fue la necesidad, la urgencia, que sintió luego de salir de Venezuela?

Invariablemente, lo que escuchaba era: hay que reinventarse. La reinvención era para desempeñar un oficio menor o para emprender un negocio si tenías el capital necesario. En ninguna de esas opciones me veía. Yo, simplemente, quería ser lo que soy. Entonces, no es cuestión de reinventarse, sino de ser uno mismo. Y este libro de relatos me ayudó. Es el reencuentro con mi infancia, con la memoria, con las cosas que me gustan, con esas referencias que una y otra vez he buscado. ¿Me ayudaron a qué? A recuperarme a mí mismo.

Escribe: “para emprender un viaje del cual no retornaría, al menos siendo aquel que fui”. Podría decirse: ir a un lugar que no es el de uno y salir de un lugar que ya no es el de uno. ¿Por qué no sentirse como la brizna que arrastra el viento? ¿Qué significado tuvo esta frase para usted? 

Cada exilio es diferente, cada exilio es personal. Para mí significa la recuperación de mi infancia, lo que viene a cerrar un ciclo, porque había asuntos pendientes y cosas que debía vivir. Este exilio particular, aunque no haya sido duro, aunque yo lo haya vivido así, me llevó a sentirme como un exiliado, en el sentido lato de la palabra. Cuando me piden que me identifique acá, en España, digo: Yo soy Sebastián de la Nuez, periodista venezolano, nacido en Canarias. Uno es su oficio, ¿no? Y yo me hice periodista en Venezuela. Si ese niño canario hubiese vivido toda su vida en Canarias, quizás sería funcionario de la seguridad social o un académico de la Universidad de la Laguna, pero ya no es el mismo y yo soy venezolano. 

¿Qué referencias perduran en su memoria o en lo que ha visto o en lo que aparece en su cotidianidad? ¿Esas referencias de su niñez han perdurado o han desaparecido? ¿Cómo encuentra a España en general?

Gran Canarias, física y geográficamente, sigue siendo aquello que yo viví y soñé, como parte de una infancia idílica. Yo tenía dos años cuando mi padre se fue a Venezuela. Pero eso no significó un trauma o al menos no lo viví así. Mi infancia transcurrió en una ciudad pequeña, llena de referencias familiares, cercanas, cálidas y esos recuerdos están atados a un bar y a una casa familiar. Al regresar uno es crítico con el país y con la gente y se mezclan sentimientos, se mezclan cosas y quizás prejuicios que uno se ha ido formando. Uno está atento a las cosas buenas y a las cosas que ve con desagrado, a las cosas que se oyen o se dicen de Venezuela, ya sea en la calle o en los medios de comunicación. El balance es negativo en general, salvo algunas excepciones. Yo veo a España en una crispación política permanente, esa crispación me remite continuamente a lo que ocurrió aquí entre 1936 y 1939. A lo que se añade, además, un hecho que me ha interesado, pero que es muy personal: mi padre estuvo en la Guerra Civil, dejó un diario de guerra, de las cosas que vivió, de lo que vio y eso lo vine a encontrar engavetado. Lo que he visto, en las tertulias de la televisión, en las páginas de opinión de los diarios, es una ferocidad entre izquierda y derecha. De eso se trató la guerra civil, de una contraposición. Hay, efectivamente, dos Españas.  

Este niño vive en los años 60, en una ciudad pequeña que pertenece a un país sumido en la pobreza y oprimido por una dictadura, pero mira con curiosidad las fotos de un libro sobre Caracas, una ciudad que vive una transformación urbana de gran calado. 

Mi padre llevó un libro de regalo a Canarias cuando regresó para llevarnos a mí y a mi madre a Venezuela. Era un libro sobre Caracas y me acuerdo exactamente de una foto que debió ser de la avenida Los Ilustres, una maraca de avenida que me dejó impresionado, los dos canales de circulación en ambos sentidos y la vegetación tropical circundante. Además del libro, llevó un disco, un long play, algo que yo no conocía de Chelique Sarabia, quien aparecía junto con otros músicos, en una foto que se hizo en los jardines de la Ciudad Universitaria, aquella mole de edificio, casi todo rojo, sin ventanas, seguramente el de la Biblioteca Central de la UCV, también me dejó impresionado. A los siete años, las cosas no se te quedan grabadas así porque sí. Era otra cosa, otro mundo, las calles de Las Palmas, las de Vegueta, siguen siendo las mismas, estrechas y algunas cerradas al tránsito de vehículos. Yo vine a conocer la televisión en Venezuela y lo primero que recuerdo es al señor (Amado Pernia) del noticiero de El Observador Creole. Caracas sigue siendo el reflejo de una ciudad latinoamericana moderna, que esté gobernada por unos bárbaros es otra cosa, ¿no?

En otro de los relatos del libro —publicados en esta entrega— escribes: “Noté asimismo un hondo aliento de desasosiego donde antes hubo entusiasmo”. Estamos frente a una contraposición de emociones, producto de los enfrentamientos entre manifestantes y las fuerzas represivas de un Gobierno autoritario, una de las muchachas que participa en las protestas, hija de inmigrantes, regresa al país de sus padres. Una pincelada de lo que luego sería un trazo que nos ha dejado una cicatriz permanente. Esta diáspora que se ha convertido en un tsunami indetenible. 

El año 2014 fue un horror y de las cosas que tengo más presentes está la protesta que hubo en el tramo de la autopista que pasa por la Universidad Católica Andrés Bello. Los muchachos salieron a protestar y se disponían a trancar dos de los tres canales de circulación. Aparecieron los colectivos de Antímano y uno de sus integrantes disparó, pero por fortuna falló. No fue sólo un año intimidante, sino el momento en que el Gobierno mostró la cara más terrorífica de la represión, al estilo de una típica dictadura latinoamericana. El hecho de que esa muchacha haya emigrado al país de sus padres, y que esa familia haya quedado rota es lo que hemos visto cada vez más. En ese relato se insinúa una querencia, un enamoramiento y todo se viene abajo, dinamitado por un Estado que conspira y actúa en contra de sus ciudadanos. ¿Ese relato es literatura, dices tú? A mí me parece más bien una crónica. No uso un lenguaje metafórico ni me detengo en descripciones.

García Márquez dice que «la crónica es la novela de la vida».

¿Así dice? Si lo dice García Márquez…

¿También es válido, no?

Absolutamente.

Otros relatos tienen que ver no ya con esa búsqueda de sus orígenes, digamos, sino con lo que serían sus aficiones, a la música, a ciertos autores, a la cultura pop. ¿Por qué Billie Holiday, por ejemplo?

A esta mujer la descubrí en 1989, siempre me pareció un fenómeno extraordinario y quise hacerle un homenaje. No es tanto un cuento sino una narración expositiva, una suerte de discurso, como podría darse en un night club de culto. Un tipo poco cultivado entabla una relación con una mujer que representa, no sólo por su manera de cantar, sino por la vida que llevó, el lado oscuro de la naturaleza humana que todos llevamos dentro, pero también el lado más luminoso, el mejor. Billie Holiday es la mejor respuesta de una raza que estaba absolutamente jodida, sojuzgada y despreciada en Estados Unidos. Es la respuesta de una sensibilidad que la hace superior. También es un pequeño homenaje a una de las canciones que no me canso de escuchar, no sólo en la versión de Billie sino de otras intérpretes: These Foolish Things (Estas pequeñas cosas tontas). ¿Por qué no? Una canción te puede llevar a escribir un cuento. Hay una conexión, quizás una continuidad, con un recurso literario que ya había ensayado en mi libro 

Al parecer, las casas donde vivió Hemingway se han convertido en pequeños museos. Uno va a esos lugares atraído por la deslumbrante obra de ese autor. En realidad, nadie se va a contagiar ni de su genialidad ni de su escritura, pero las entradas se siguen vendiendo. Vamos a las casas de los escritores para satisfacer un deseo, sólo eso. 

No hay mucho drama en ese relato, para mí fue una pequeña diversión. Yo había mencionado esa casa en un artículo de prensa y de ahí parte ese relato. En todo el recorrido, hay un solo momento, eso es lo que creo. Es el punto sobre el cual yo quise hacer recaer el meollo de la historia. Todo sucede, obviamente, en la habitación que ocupó Hemingway de niño y lo único fiel que queda, lo único que no ha cambiado, es el chorro de luz que penetra por la ventana. Estamos en el mes de junio, en pleno verano. En realidad, todo lo demás ha sido impostado, maquillado, porque esa casa pasó por muchas manos antes de convertirse en museo. 

¿Qué significado tiene la cultura pop?

La calle Carnaby de Londres, los Beatles, Andy Warhol, los reportajes de la revista Rolling Stone, la fascinación por la minifalda de Mary Quant, Mick Jagger, Keith Richards… ¿Eso tiene un correlato con tu forma de narrar? ¿Es una forma de ver el mundo? Pues, seguramente, sí. Implica una sensibilidad y uno ha aprendido a reflexionar sobre eso. En Rubber Soul (The Beatles, 1965) hay una manera de amar o de enamorarse, una manera de contar un viaje alucinógeno, una manera de burlarse, tengo chofer, pero no tengo carro, una manera de ser poético en el bosque noruego y algo de dolor por un amor no correspondido. Supongo que todo eso tiene que ver con la cultura pop, ¿no?

Fuente:
Fotografía: Claudia Leal | RMTF.

viernes, 24 de noviembre de 2017

¿CÓMO HILAR FINO?

EL IMPULSO, Barquisimeto, 23 de noviembre de 2017
Luis Salamanca: “Gobierno está obligado a negociar”
Sammy Paola Martínez 

Desde que el chavismo asumió el poder en Venezuela, por primera vez necesita del apoyo de su disidencia para continuar estableciendo contratos de interés nacional, dado a que el único órgano facultado para aprobarlos es la Asamblea Nacional, de mayoría opositora.

Así lo afirmó este miércoles el politólogo Luis Salamanca, quien sostuvo que, durante la “negociación internacional” que se producirá en República Dominicana, el eje principal de la delegación oficialista girará en torno al tema económico. Explicó a EL IMPULSO que nadie prestará dinero ni renegociará deudas con un país que no utiliza los canales legales para solicitarlo porque corre el riesgo de que el Gobierno futuro desconozca las operaciones.

“A diferencias pasadas, en esta ocasión el Gobierno sí está obligado a negociar, y no se burlará de la oposición porque va urgido de encontrar un acuerdo para lograr su propósito. La oposición, por su parte, debe actuar con inteligencia y no ceder sin antes contar con beneficios concretos, como la fecha de las elecciones presidenciales”, dijo.

Hasta el momento, las figuras del diálogo y la negociación han sido cuestionadas por el grado de manipulación que ha impreso el Gobierno y el incumplimiento de los acuerdos. Y a juicio del experto, el diálogo –sobre todo- se encuentra ausente estructuralmente del sistema político venezolano, lo cual indica el talante de quienes están en el poder.

¿Diálogo o negociación? Hasta la fase exploratoria que no tuvo resultados favorables se hablaba del diálogo como el mecanismo para lograr ciertas concesiones, aunque se tratara de derechos consagrados en la Constitución. Pero a partir del mes de octubre, la oposición ha pedido que en lugar de diálogo se le denomine como un proceso de negociación, en donde participen países “amigos” como ya se confirmó para este 1° y 2 de diciembre.

Ahora bien, Salamanca detalla que “evidentemente” para negociar hay que establecer conversaciones. “No se trata de dialogar solamente, ya tienen que negociar. El diálogo supone una conversación entre las partes para intercambiar puntos de vista y plantear posibilidades de acuerdos que conlleven a una negociación. Mientras que negociar implica lograr un acuerdo a cambio de beneficios que recibirá cada parte”.

Entre los tópicos que debería manejar la oposición, y sobre los cuales se encuentra consultando esta semana, destacan condiciones justas y fecha para las presidenciales, apertura del canal humanitario y la liberación de presos políticos, punto que se ha convertido, según lo señalado por el Foro Penal Venezolano, en un efecto de puerta giratoria: sueltan unos y entran otros.

Para el politólogo, la oposición debe “amarrar” en República Dominicana la fecha de las presidenciales que corresponden para 2018, y que el Gobierno tratará de adelantar porque le conviene participar con una oposición dividida, o en el peor de los casos, sin ella. Es de los que opina que el Gobierno no permitirá sobre la mesa el tema de la salud y la posibilidad de recibir ayuda internacional porque sería reconocer que hay una crisis humanitaria.

En todo caso, dice Salamanca, la oposición debería preparar una estrategia comunicacional en la que se aclare que puede o no haber resultados favorables durante estas conversaciones que se sostendrán con el acompañamiento de cinco cancilleres. No obstante, de haber resultados concretos, se generará un reconocimiento “indirecto” a la Asamblea Nacional y el desmontaje de la Constituyente como poder sustituto.

Radicalismo

Dentro de la oposición también hay actores catalogados como radicales. Es el caso de María Corina Machado, de Vente Venezuela, quien también promovió el movimiento “Soy Venezuela” para darle valor a la consulta popular realizada el 16 de julio. Al respecto, el también abogado considera que “su posición no solo afecta a la negociación sino a todo lo que la Mesa de la Unidad haga. Ella no solo lucha contra el Gobierno, sino que con la conformación de su proyecto político, lucha contra la oposición y promueve al abstencionismo, que no es positivo y mucho menos de cara a las presidenciales (…) discutir por qué en República Dominicana y no en Venezuela no tiene sentido porque indiferentemente del lugar, el tema es cuáles son las posibilidades de que el Gobierno cumpla”.

Rescata la figura del alcalde metropolitano Antonio Ledezma, quien a su parecer ha actuado con sensatez e inteligencia. “Quiere organizar el exilio, cosa que nadie había planteado, y pide una recomposición de la oposición rápida”, la cual requiere de un crecimiento organizativo y el regreso de un secretario ejecutivo.

Por último, puntualizó que sí se debió participar en la elección de alcaldes porque es otro escenario de lucha. Considera que se ha enviado un mensaje incoherente y ambivalente.

Fuente:
http://www.elimpulso.com/home/luis-salamanca-gobierno-esta-obligado-a-negociar
Fotografía: Tomada de una entrevista que le hiciera Hugo Prieto: http://prodavinci.com/2016/12/18/actualidad/luis-salamanca-la-oposicion-no-puede-confiar-en-un-levantamiento-popular-por-hugo-prieto/

miércoles, 11 de mayo de 2016

ARRECHERA ES POCO

Colette Capriles: “La gente está absolutamente arrecha”, por Hugo Prieto

  Hugo Prieto | 8 de mayo, 2016

Colette Capriles retratada por Roberto Mata
Colette Capriles retratada por Roberto Mata
Algo que quedó muy claro con el tema de las firmas es que la gente quiere una salida constitucional y ordenada. “Va a firmar las veces que sea y a poner la huella donde sea”, dice Colette Capriles, psicólogo social, filósofa y escritora. Y además se van a tomar sus selfies “a mí eso me parece maravilloso”.
Esa percepción de orden se antepone al caos horrendo que ha creado el chavismo. También hay una continuidad de movimiento, de la voluntad expresada en las urnas el 6-D. El chavismo, que tenía legitimidad popular, la perdió ese día. Pero las conexiones de la dirigencia opositora con la sensación de urgencia y la necesidad de cambio no encajan claramente en una propuesta transformadora. No es una tarea para aventureros.
Y de por medio hay un tema que proyecta una sombra inquietante: el papel que juegan los militares y lo que puso de manifiesto la irrupción de Hugo Chávez en 1998, que no es otra cosa que “una reconfiguración de las relaciones entre el mundo civil político y un estamento militar, ahora politizado”.
Hubo gente que soñó con la alternabilidad a partir del resultado del 6-D y, aparentemente, había un escenario para que eso sucediera. Sin embargo, no hemos visto nada parecido a eso.
Yo creo que eso es una ilusión como tantas otras. La política venezolana es un juego de ilusiones permanente. La gran impostura del chavismo, como una gran ilusión, y la idea de que esa percepción errónea se podía desarmar con otra ilusión. Es un juego mutuo paralizante. Creo que hubo una lectura equivocada, no en términos políticos pero sí en términos discursivos, de lo que ocurrió el 6-D. Personalmente, pensaba que el mejor escenario para la oposición era, precisamente, no tener esa mayoría aplastante, entre otras cosas porque se iba a precipitar la construcción del fast track, de que ya el mandado estaba hecho, de que la marea sola nos llevaba al puerto. Y resulta que el 6-D no era sino el primer escalón de una lucha política que sube a otro nivel. ¡Qué interesante y paradójico¡ Porque más bien es la ruptura de la ilusión. La gente pide a gritos un cambio y eso es real, no es ilusorio, pero esa voluntad de cambio constitucional y ordenado se precipita, casi como un hecho químico que la convierte en otra cosa, precisamente en esa idea del fast track, al no haber una administración del cambio político. Ojo: eso no tiene que ver con la velocidad de los tiempos políticos, sino con la estrategia. El 6-D, de hecho, es el prolegómeno del cambio. Realmente, cambió el país. Eso es verdad.
Parte de la dirigencia opositora planteó ir hacia el cambio “más conveniente y menos traumático”, como si la lucha política fuese un arreglo comercial. ¿No es parte de la ilusión?
El gran problema es que a partir del 6-D conviven dos discursos de la oposición que han existido desde 1998 y que son como hermanos siameses, que tienen que estar juntos, que no se pueden separar, pero son totalmente distintos.  Hay sectores de la oposición, dentro y fuera de la política, que no conciben el cambio en Venezuela, el abandono del chavismo, sin un evento traumático. No lo conciben. No entienden la política fuera del trauma, digamos. Y eso es un problema, porque es muy difícil oponerle a eso algo como este otro hermano siamés que cree que las cosas se hacen de acuerdo con el aprendizaje reciente. Es decir: acumulando fuerzas, construyendo la oportunidad, actuando desde la dirigencia política hacia la sociedad, articulando. Son dos visiones opuestas. Obviamente, no se le puede negar a nadie que hay cambios políticos que no son precisamente secuenciales, ni son precisamente ordenados ni pactados ni convenidos, sino que ocurren bajo cierta espontaneidad. Pero la realidad es que, desde 1998, cada vez que las espontaneidades han aparecido en la política se han traducido en fortalecimiento del gobierno y en momentos de crisis que el gobierno ha aprovechado muy bien.
¿A partir de cuáles elementos el gobierno ha aprovechado esas crisis? No es algo sencillo de entender.
Lo más dramático de todo esto es que el chavismo tuvo (y en alguna medida tiene) legitimidad popular. Nació legítimo en ese sentido. No es un hijo ilegítimo de los militares. Tiene partida de nacimiento, bautismo y primera comunión.
Nació en la Concepción Palacios…
Sí, porque nació de un evento electoral y tuvo un apoyo popular que se manifestaba en cada elección y fuera de ellas, en la calle. Eso no es mentira. El problema es que parte de la oposición nunca ha aceptado ese predominio popular que tuvo el chavismo. Eso es lo que se rompe el 6-D. Pero de una manera súper dramática, además, para todo el mundo.
¿Esa ruptura no era el momento para reelaborar, resetear el programa y vincularse, digamos, con esos sectores que están pidiendo cambio, donde además hay una presencia importante de sectores populares?
Es que ése es el objetivo, justamente. La tarea pendiente consiste en repolitizar a la sociedad en un sentido de eficacia política. Yo creo que ese entusiasmo del 6-D alimentó la hoguera de las vanidades. Alimentó el voluntarismo político, la fantasía de que una vez que se ha demostrado, con tanta contundencia, que el chavismo ya no es una fuerza popular lo demás venía por añadidura. Es decir, que se podía ir directamente a la raíz del problema, que no es otro que la permanencia del gobierno en el poder. Allí hubo una percepción equivocada. Yo creo que lo primero que tendría que haber hecho la Asamblea Nacional era reconstituirse a sí misma, porque el chavismo la había destruido. Pero esas dos visiones de la política producen una desconexión que muchos celebraron porque precisamente crea la ilusión de que por fin vamos a llegar a la tierra prometida. ¿Y cómo que no? ¡Si allí está el oasis, a la vuelta de la esquina! Pero si los judíos tardaron más de 40 años en llegar a ese pedacito de tierra. Digo esto en contraposición al sentido de urgencia, una ilusión que se construyó sola, digamos, y que tal vez no dejó ver las prioridades políticas, que pasaban por convertir la Asamblea en un poder real, no para enfrentar al Ejecutivo, sino a quien te iba a poner los obstáculos, es decir, al Tribunal Supremo de Justicia. Allí es donde tenía que incidir la estrategia.
Ciertamente hay una desconexión: una dirigencia política concentrada en el tema del referéndum revocatorio y una población desbordada por una cotidianidad que no la deja pensar. Son como dos aviones que van en la misma dirección, pero uno vuela a la altura de 45.000 pies y el otro a 30.000 pies. No están en sintonía. Ni siquiera se ven desde la ventanilla.
Allí es donde yo diría que hay que construir una política de la urgencia. El problema con la urgencia que todos padecemos es cómo hacer de eso un instrumento político. ¿Cómo construir una política que no siga viviendo en el aislamiento, sino que se articule con esa urgencia? No tanto por eficacia política, sino más bien por el instinto de supervivencia de las clases políticas, tanto de la oposición como del gobierno. Y es que en la medida en que la gente esté desconectada de la política, los riesgos de la anomia y de la conmoción social, vamos a llamarla así, aumentan. De hecho, ahí tienes estas espontaneidades (saqueos, protestas), que son meramente disolventes.
Esos microestallidos de malestar social están a la orden del día, ¿pero le dicen algo a las clases políticas? ¿Le dicen algo a la sociedad venezolana?
Sí le dicen. Y hablan muy fuerte. Pero no se traducen en discurso, aunque tienen muchísima eficacia. Creo que el gobierno está extremadamente atento, su escenario primario, en este momento, es la contención de la protesta, del saqueo, de la anomia. Eso es su objetivo fundamental, porque de eso depende el éxito de su estrategia, que no es otra cosa que mantenerse, un día a la vez, en el poder: amanecer al día siguiente en el poder. El gobierno percibe la amenaza en ese plano, no en el plano político.
¿Por qué no hay una conexión con la urgencia?
Fíjate qué paradoja: la conexión existe, pero está mal hecha. La oposición justifica, en algunos casos, decisiones que a mi modo de ver son equivocadas como, por ejemplo, anunciar que en seis meses vamos a salir de Maduro por vías constitucionales, pero sin establecer un camino claro. ¿Por qué? Precisamente porque es una presunta respuesta a ese sentido de la urgencia. Pero resulta que es la peor respuesta, porque no le da satisfacción a esa necesidad, a ese imperativo, que no puede ser manejado políticamente como algo que tiene una solución mágica ni inmediata. La única forma de satisfacerlo es mediante un proceso muy complejo de transformación de lo que tienes actualmente en lo que sería el proyecto alternativo. Conectarse con la urgencia es precisamente —y es muy duro lo que voy a decir— no prometer lo prometido. Aquí hay que dar una lucha política muy dura y la salida de Maduro no significa que se acabaron los problemas. La urgencia también hay que entenderla en su dimensión trágica, que la tiene.
No solamente es la dimensión trágica: encarar ese desafío conlleva  a grandes sacrificios.
Claro, que ya estamos haciendo.
Nos guste o no, habrá que hacerlos.
Hay una gran diferencia discursiva entre decirle a alguien lo que están padeciendo, lo que padecen los venezolanos, digamos, la urgencia que impone la terrible cotidianidad, a decirle que la realidad que enfrentan es tan dramática que no hay solución inmediata a lo que estamos viviendo. Son cosas que ningún político quiere enunciar, obviamente.
Pero hay que decirlo…
Ahí es donde te haces creíble como líder: en la medida en que haces creíbles las posibilidades de cambio. No puedes ser un vendedor de ilusiones.
Pero, además, necesitamos un liderazgo transformador.
Yo no soy muy proclive a la tesis de que la política la hacen solamente los líderes. Creo que hay una combinación entre liderazgos oportunos, buenos liderazgos, condiciones económicas, instituciones y quiebres donde tenga que haberlos. Es una cocina muy completa. Y aquí voy a decir otra cosa que también es muy dura, bajo las condiciones que estamos viviendo, hay que crear la política del entusiasmo. Un psicoanalista diría que tendríamos que redivinizar al país, como volverlo a querer. Y éste es el peor momento para decirlo, porque todos estamos odiando esto en carne viva, no desde una esfera intelectual o estética. No: es en el sentido de que te odias a ti mismo por estar llevando la vida que llevas.
Los quiebres, las rupturas, son casi siempre revoluciones. ¿En Venezuela hay un Lenin?, porque ese si sabía de revoluciones.
Me temo que no y me felicito por ello. Una de las cosas más sorprendentes de la forma rupturista de mirar el cambio político es que no identifica algo que es un fundamental en el caso venezolano. Me refiero al tema militar. Yo me he venido convenciendo, cada vez más, de que el gran drama que se pone en escena a partir de 1998 es la reconfiguración de las relaciones entre el mundo civil político y el mundo militar, que también está politizado.  Unas relaciones que siempre fueron difíciles desde el retorno a la democracia con el Pacto de Punto Fijo. Se empieza a crear una crisis tan grande que justifica el chavismo. El chavismo es, ante todo, una propuesta de reconfiguración de las relaciones que existen entre el Estado y el estamento militar y entre la sociedad y los militares. Ésa es su esencia. Le puedes poner cualquier ideología, desde la tercera vía de aquel Chávez que todavía usaba corbata al leninismo más brutal, al estalinismo más peliagudo… no importa: eso es irrelevante. Lo que sí es relevante es que hay una crisis ideológica dentro del chavismo, justamente, porque se acabó su fundamento material, que es la renta petrolera, y a la vista aparece la criatura enflaquecida, a la que se le ven los huesos. Pero allí está esa estructura que desafía al modelo de control civil que había imperado en Venezuela durante la etapa democrática. Es algo casi esotérico, metafísico, ya no es política. ¿Cómo puedes rediseñar esas relaciones? ¿Como si fuera una pareja? ¿Vamos a una terapia y entonces hablamos?
Ese tema es de alto calibre y muy profundo.
Sí, porque es de vieja data. No es una invención del chavismo.
Se han hecho muchas críticas al sector militar por el papel que han jugado como soporte del gobierno de Maduro, por la ocupación de espacios y cargos en la administración pública. Pero no hay quien proponga una discusión sobre este tema.
Hay que pensarlo.
Y darle respuesta, porque el interlocutor está politizado.
Totalmente. Sin una respuesta clara a ese dilema que está planteado no hay cambio político en Venezuela. Es decir, el factor militar es tan importante en lo que pueda pasar en los próximos meses, en los próximos años, que tiene que haber una política clara. Y hay que ser consecuentes con esa política que se diseñe.
¿El siamés rupturista está soñando con el golpe de abril de 2002?
No lo creo. Justamente es un sueño. Es una ilusión de nuevo. Es como si por otros medios se pudiera lograr el mismo efecto. Diría que eso es lo que hay, porque obviamente no hay en Venezuela alguien que crea que la Fuerza Armada está dividida o a punto de resquebrajarse o a punto de repetir esa rebelión extraña que hubo en abril de 2002. Rarísima. Una rebelión un poco grasienta, diría yo. Unos tipos gordos que al final dicen “Está bien”. Para mí la estampa de esa rebelión es el propio general Rosendo. Creo que nadie, en su uso de razón, puede creer lo que dicen algunos twiteros de que la Fuerza Armada está harta de la situación, que se compadecen de sus conciudadanos, que sus familias también sufren. Pero la gran pregunta es si eso los disuade de pensar en su futuro político. Creo que eso es una fantasía asociada con la idea de que en Venezuela puede haber una primavera árabe.
¿No hay demasiado conformismo frente a la incompetencia del gobierno? Frente a la imposición de una cotidianidad cada vez más brutal.
No siento que la gente sea particularmente conformista. Todo lo contrario. Me parece que la gente está absolutamente arrecha y está dispuesta a cualquier cosa. Sólo que, por no tener la contención política suficiente, esa arrechera se distribuye minuto a minuto, a lo largo del día. Por otra parte, está la imagen de la ocupación de Francia por los nazis. Era absolutamente obscena, entre otras cosas, porque quería significar la supremacía cultural de la Alemania de Hitler. Uno no puede acusar a los franceses de haber sido conformistas. Estaban en guerra. Había un enemigo. Estaban sitiados. El ocupante es el que tiene más poder. Esa es una realidad. Yo creo que lo que esta etapa horrenda que estamos viviendo puede enseñarnos es que el poder existe, que el poder no se suaviza con el lubricante de la renta petrolera. Es el poder desnudo, que antes lo veíamos rodeado de gordura y de tocineta. Ahora está en los huesos. La gente se ha encontrado con su propio engaño. Esa dimensión horrenda del chavismo que es la armonía como mercancía: a lo mejor saliste de un rancho, tuviste una misión, pero eso nunca fue masivo. En ese tema también funciona la propaganda. Esa sensación de que había consumo, de que había dinero en la calle. Hay como una mala conciencia: “Yo contribuí con ese engaño, fui actor de ese engaño“. Y ahora lo peor que se puede hacer es trabajar eso desde el resentimiento. Y en eso quiero ser muy clara.

domingo, 7 de septiembre de 2014

OBITUARIO (2)



EL NACIONAL - DOMINGO 24 DE SEPTIEMBRE DE 2000 / SIETE DIAS
El camino estaba abierto antes de fundar la OPEP
Pérez Alfonzo inició la defensa de los precios del petróleo
Su participación en la Junta Revolucionaria de Gobierno y en el mandato constitucional de Rómulo Betancourt se caracterizó por una defensa a ultranza de lo que consideró el interés nacional, especialmente de nuestra principal riqueza
Hugo Prieto

A una de las pocas cosas a las que no renunció el liderazgo político en gran parte de este siglo fue a la nacionalización del petróleo. El acto que se celebró al pie del pozo Zumaque 1 (1° de enero de 1976) fue un lance teatral para satisfacer el protagonismo histórico del entonces presidente, Carlos Andrés Pérez. La nacionalización del petróleo ya era un hecho consumado que, sin embargo, exigía un acto protocolar.
La ley de reversión petrolera, aprobada durante el primer gobierno de Rafael Caldera, allanó el camino de la nacionalización al dejar exhaustas a las empresas concesionarias. Alvaro Silva Calderón, un viejo amigo de Juan Pablo Pérez Alfonzo, fue quien promovió esa iniciativa legal, a finales de los años 60. No fue una tarea sencilla, porque las dudas y una sorda resistencia era la atmósfera que se respiraba entonces en el desaparecido Congreso de la República.
Silva Calderón, que había desertado de Acción Democrática en la división que encabezó Luis Beltrán Prieto Figueroa, le pidió a Pérez Alfonzo que se pronunciara públicamente en favor de la ley. "El conocía el proyecto y también la indecisión que había entre algunos diputados de AD y Copei".
Hubo un pronunciamiento, a través de opiniones emitidas en los jardines de la quinta Camurana, el cuartel general de Pérez Alfonzo en Los Chorros, y la ley, que dejaba "secas" a las compañías transnacionales, fue promulgada por el Congreso Nacional. "De esta manera se evitó la transferencia o venta de activos petroleros", dijo Silva Calderón. "Fue el último intento que hicieron las concesionarias para defender sus intereses en Venezuela".
Se cerraba una era y se iniciaba otra. Las fortalezas y debilidades asociadas a este hecho, siguen pautando la agenda petrolera del país. Las compañías petroleras abandonaron el país ante la imposibilidad siquiera de plantear las mínimas condiciones para hacer un negocio, mientras que la dirigencia política del país tenía entre manos la posibilidad de decidir a ciencia cierta y sin presiones de cualquier índole, lo que convenía a los intereses nacionales en materia petrolera.
Las concesiones otorgadas, primero por la dictadura de Juan Vicente Gómez y luego por la de Marcos Pérez Jiménez; las episódicas intervenciones de empresas concesionarias -muchas de ellas non sanctas- en coyunturas de la vida institucional y el destino del país, propiciaron su exclusión del negocio petrolero y abrieron un paréntesis que sirvió luego para retomar acuerdos comerciales y un acercamiento bajo el paraguas de la apertura petrolera. El actual gobierno se encargó de "congelar" ese proceso, en un lance político que tendrá consecuencias económicas, aún por vislumbrarse. La pregunta sigue abierta: ¿le conviene a Venezuela profundizar los negocios con empresas estadounidenses y europeas?
El fifty-fifty
Luego de apoyar la ley de reversión petrolera, Pérez Alfonzo se reunió en su "cuartel general" con personajes de la más variopinta ideología que había en Venezuela. "No era un hombre de partido o de organizaciones", dijo uno de sus amigos, José Antonio Giacopini Zárraga. "Su forma de trato era hasta seca". Nunca apoyó el error histórico que cometió la izquierda en Venezuela cuando subió al monte para librar una guerra de guerrillas. Pero eso no le impidió escribir a dos manos El desastre, junto a Domingo Alberto Rangel, enemigo acérrimo de su amigo, Rómulo Betancourt. "Pérez Alfonzo estaba muy lejos de ser un hombre dogmático", afirmó Silva Calderón. Se había convertido, sin proponérselo, en una suerte de chamán.
La postura de Pérez Alfonzo en materia petrolera fue siempre contraria a la entrega de concesiones y a las propias empresas transnacionales. En la época del trienio (1945-1948), cuando ocupó el cargo de ministro de Fomento, promovió cuatro resoluciones que causaron un auténtico terremoto en el mundo petrolero. En diciembre de 1945, la Junta Revolucionaria de Gobierno decretó un impuesto unilateral y retroactivo para las compañías petroleras, los cuales le reportaron un ingreso extraordinario al Gobierno de 89 millones de bolívares.
Giacopini Zárraga recuerda que "casi simultáneamente" se promulgaron la ley del Trabajo y la del Impuesto Sobre la Renta, que le reportaron ingresos al país al pechar por distintas vías la actividad petrolera.
También se registró un hecho que significó un cambio radical en las reglas de juego frente a las empresas concesionarias. "El gobierno de Medina Angarita había propiciado un arreglo con las empresas petroleras, mediante el cual se comprometía a renunciar a una fracción de sus ingresos, mientras las compañías sacrificaban un margen de sus ganancias, para constituir una especie de fondo que sirviera a los fines de promover la participación de empresarios locales en el mercado interno de derivados (gasolina y kerosén). Se habían celebrado conversaciones, se levantaron las actas correspondientes, pero no había un acuerdo final. En diciembre del año 45, la junta de gobierno percibió el proceso de otra forma y resolvió emitir un decreto donde se fijaban los precios máximos de venta para esos derivados". Desde entonces, lo único diferente que se ha hecho, corresponde a la apertura petrolera, en un proceso igualmente "congelado" por el gobierno actual y que ante todo confirma que el precio de la gasolina es un tabú en Venezuela.
Pérez Alfonzo también exigió que parte de las regalías se entregaran en especias. "Quería que el país desarrollara destrezas en el campo comercial, pero no tuvo éxito". Un mes antes de que cayera el gobierno de Rómulo Gallegos, se promulgó el decreto 112 que consagró la política del fifty-fifty y que luego servirá de modelo en Arabia Saudita, donde la empresa Arabian Oil Company fue objeto de esa medida.
Una visión universal
Durante su exilio en México, Pérez Alfonzo se enteró del ingreso de uno de sus mejores amigos, Germán Suárez Flamerich, a la junta militar de Gobierno, luego del asesinato de Carlos Delgado Chalbaud. Fue un giro desafortunado. Luego se pronunció en contra de la política de concesiones que puso en marcha la dictadura y como respuesta obtuvo una grosera descalificación de su condición de experto petrolero. Durante el gobierno constitucional de Rómulo Betancourt, Pérez Alfonzo ocupó la cartera de Minas e Hidrocarburos. En esa época escribió uno de sus libros fundamentales, Petróleo, jugo de la tierra, al que siguieron otras obras fundamentales, como El pentágono pertrolero (1967), que encierra cuestiones fundamentales de política en materia de hidrocarburos. "Tanto Rómulo Betancourt como Juan Pablo Pérez Alfonzo eran hombres de gran sensibilidad y señalado interés por la riqueza petrolera", dijo Giacopini Zárraga. En materia de contrataciones, Venezuela no otorgaría nuevas concesiones petroleras; la participación directa del Estado se realizaría a través de la Corporación Venezolana del Petróleo; el fortalecimiento y mantenimiento de los precios se haría mediante una comisión coordinadora con representación de los ministerios de Hacienda y de Minas e Hidrocarburos; en materia internacional, las principales embajadas de Venezuela en los grandes países consumidores y exportadores de petróleo serían ejercidas por personal especializado de diverso rango, desde simples agregados hasta consejeros ministros y aún embajadores. "El caso más relevante fue el de Valentín Hernández Acosta, quien fue embajador en Londres y luego sería el ministro de la nacionalización". Esta política tendría impacto inmediato en los países del Medio Oriente. "Poco antes de que se fundara la OPEP, los países árabes enfrentaron una grave crisis por la caída abrupta de los precios. No pudieron anticipar acciones, porque no contaban con un comité de supervisión y seguimiento como el que había en Venezuela. Su adopción fue inmediata, luego de una consulta que se le hiciera a un diplomático venezolano".

Uno de los asistentes a la reunión que se celebró en El Cairo (1959), convocada por el secretariado petrolero de la Liga Arabe y que se convertiría en el embrión de lo que sería la OPEP, fue precisamente Giacopini Zárraga. "Venezuela envió una delegación muy numerosa, debido a que tenía un gobierno de coalición política. La encabezó Juan Pablo Pérez Alfonzo, ministro de Minas e Hidrocarburos; Manuel Egaña, embajador en Canadá; Manuel Pérez Guerrero, director de la Oficina de Estudios Especiales de la Presidencia de la República -precursora de Cordiplán- y Bernardo Flores, embajador acreditado en Líbano, Egipto y Etiopía". Flores mantenía importantes contactos diplomáticos en todo el Medio Oriente y su mujer solía ir de compras con la esposa del líder egipcio Gamal Abdal Nasser.
La OPEP se fundó un año después, el 14 de septiembre de 1960.

NOTA LB:  Luce interesante lo referido por César Balestrini y Francisco Mieres, en un foro realizado en 1989 con motivo del X aniversario de la muerte de Juan Pablo Pérez Alfonzo: http://ance.msinfo.info/bases/biblo/texto/BA/BA.11.05.pdf

Puede verse: Mazhar Al-Shereidah, https://www.youtube.com/watch?v=wRyKKX0qT2o

domingo, 22 de junio de 2014

INTERLOCUCIÓN

EL NACIONAL, Caracas, 23 de septiembre de 2001 / Siete Días
Hans Neumann abrió el cauce de la tolerancia intelectual
Una mano de pintura que cubrió el arte y el poder
Mecenas de proyectos culturales, coleccionista impenitente, lector de libros subversivos y empresario revolucionario, el desaparecido fundador de Corimon influyó en la clase política y contribuyó a generar un debate que fortaleció la democracia
Hugo Prieto

Debió ser duro para Hans Neumann el ocaso de su vida. Confinado a una silla de ruedas, tenía que lidiar con una parálisis de los músculos de su cara para hablar con dificultad. A un desgarrador derrame cerebral le sucedieron otros, como las pequeñas réplicas que siguen a un sismo. Pero una de sus manos había quedado intacta, y Neumann canalizó toda su energía, todo su vigor, para conectarse al mundo a través del teclado de una computadora. Neumann, que a lo largo de su vida había levantado el imperio Corimon –a partir de una fábrica artesanal de pinturas, ubicada en la calle Nivaldo de La Florida–, no permitió que su carrera como capitán de empresas le impidiera dar rienda suelta a poderosas inquietudes o a las veleidades que tal vez no alimentaban su espíritu, pero moldeaban, con trazos firmes, su personalidad. Quizás porque sabía que un aventurero tenía que hacer uso de algunas técnicas –y, por qué no, de algunos trucos– para estar en movimiento. Es decir, para vivir a plenitud. De alguna manera, su vida respondía a esta pulsión. No era un mero presagio, sino el resultado de un difícil aprendizaje en su Checoslovaquia natal. “A Hans no le gustaba decir que era judío”, afirma Sofía Imber. Su pasado era un enigma, y el más elocuente de los silencios –aquél en que lo único que se percibe es la inmensidad del vacío– era la respuesta ante la atrocidad de la guerra y el holocausto provocados por la Alemania nazi. De las garras del comunismo soviético en su país, convertido en satélite de Moscú tras la posguerra, lo salvó un tío, Richard Barton, según una reseña épica de la familia, escrita por el dramaturgo Isaac Chocrón para la revista corporativa M. “Mas que sobrevivir, buscábamos una forma de sentirnos libres”, dijo Neumann. Parece que su primera esposa, Milada, jugó un papel muy activo en esta operación de escape, que involucró a otros checos que luego se alistarían en Corimon, como un cuerpo de generales, bajo el liderazgo de Hans Neumann.
Los inicios
“Hay que advertir el momento en que Neumann llega a Venezuela –1949–, donde descubre y se dispone a construir un país que va a hacer el suyo, en una época en la que ese desafío resultaba atractivo. No era esta etapa de capitales errantes y globalización”, sostiene el ex canciller Simón Alberto Consalvi. Luego de analizar varias alternativas, su tío Richard Barton descartó a Filipinas y México. La expansión de la economía venezolana y una incipiente pero sostenida industrialización, ejercieron un poderoso atractivo. La década de los años 50 la pasó Neumann al lado de Francisco Pick, Jaroslav Spacek, Leonid Rosenthal –entre otros pioneros de Pinturas Montana y Montana Gráfica– en Los Cortijos de Lourdes. El ingenio y los conocimientos adquiridos en la Escuela Técnica Superior de Praga, en 1940, sirvieron para ganar clientes corporativos en la industria automotriz. Pero el pedido que le permitió a Montana ponerse pantalones largos, como empresa, llegó del sector gubernamental: 16.000 galones para cubrir los túneles de la autopista Caracas-La Guaira, inaugurada por el general Marcos Pérez Jiménez en 1953.
Fueron años asfixiantes para los derechos humanos, y lo que surgió como un gobierno militar, progresivamente se transformó en una feroz dictadura. Fue un negro paréntesis de la historia venezolana, que desembocó en la jornada cívico-militar del 23 de Enero, como preámbulo al restablecimiento de la democracia en Venezuela. En medio del renovado debate de ideas, y de una polémica que sacudió los cimientos de la vida política e intelectual del país, Hans Neumann se reencontró con su antigua pulsión y se entregó de lleno a buscar interlocutores, a influir en las corrientes del pensamiento. Un buen día, Sofía Imber y Guillermo Meneses se acercaron a su oficina para proponerle que financiara una aventura editorial –la revista Cal–. El aceptó, aunque advirtió que “el respaldo sería por un año”, recuerda Imber. Un poema incendiario de Nicanor Parra y un adelanto de Los pequeños seres de Salvador Garmendia fueron los detonantes de largas y enconadas discusiones que aún retumban entre la intelectualidad venezolana. Neumann se había divertido –al igual que Meneses e Imber–, pero se sentía satisfecho porque abrió un cauce para la tolerancia intelectual. Tenía plena conciencia de que esa aventura tendría consecuencias en el devenir de la democracia venezolana. Otra operación montada por Neumann, esta vez en las instalaciones del Club Puerto Azul y en estrecha colaboración con el Inciba –presidido entonces por Simón Alberto Consalvi–, fue un simposio para que “los venezolanos comprendiéramos mejor al mundo anglosajón”, afirma Imber. Frank Stela, Barbara Down, Helen Hais, Oscar Lewis e Iván Ilich develaron algunos enigmas y claves de nuestros vecinos del norte. No se trataba de un mundo mágico, similar al de Disney o algo por el estilo. Ilich, por ejemplo, se había refugiado en la literatura, luego de que fuera excomulgado de la Iglesia Católica tras repartir preservativos en un templo de San Juan de Puerto Rico, donde oficiaba misa. También escribió un ensayo, La convivencialidad, en el que advertía las paradojas y las contradicciones de un mundo atrapado en el caos político y económico. El destino se encargó de hacer añicos algunas de sus predicciones, pero otras se cumplieron a cabalidad, como el giro de China hacia el capitalismo, como el único país que podía elegir su destino.
Algo de playboy
En 1970, Hans Neumann se casó con María Cristina Anzola, una mujer que reunía dos cosas, inteligencia y belleza, y que a la postre fue “el gran amor de su vida”, dice uno de sus familiares. Era un hombre que se apasionaba con facilidad y jamás rehuyó salir con una mujer, siempre y cuando fuera más joven, bella e inteligente. “Tenía algo de playboy”. Su polo de atracción no era precisamente físico, “porque era recontra feo. Su elegancia, sus trajes, su formación intelectual... ¿sabes? A Hans siempre le gustaba tener el pelo bien cortado”. Realmente, hay que tener escrúpulos para ir a una barbería si la idea es agradar al sexo opuesto. Es una pequeña moraleja, apenas perceptible para una ojo atento. Practicaba el tenis, le gustaba correr y tenía una hacienda; criaba caballos y se dedicaba a la equitación. De ese matrimonio nació su única hija, Ariana, quien se casó con un abogado inglés.
A mediados de los 80 vendría un segundo divorcio. Pero antes, María Cristina Anzola se vio envuelta en un caso algo truculento, en el que su psicólogo, César Liendo, además de prestarle asistencia psicoterapéutica, la convenció para que comprara dólares e hiciera otras inversiones, ante lo que surgía como la inevitable devaluación del bolívar y la quiebra de las finanzas públicas. Ese trance de la vida económica le deparó otros sinsabores, incluida una operación financiera que uno de sus ejecutivos, Horacio Losoviz, comenta en carta-homenaje que se publica como parte de esta entrega. Losoviz trabajó en Corimon por espacio de 10 años y actualmente es presidente de Correos Argentinos.
No fue una buena época. Luego de 10 años de deterioro físico, el mal de Parkinson acabó con la vida de su hermano Lothar, quien se había ido a vivir a Suiza, donde se convirtió en un fotógrafo de calidad. Beatrice Rangel, quien guardó una estrecha amistad con Neumann, comentó en una oportunidad que el presidente de Corimon leía vorazmente a dos subversivos: el brasileño Paulo Freire y el estadounidense Thomas Mamuremi, del Instituto Tecnológico de Massachusett. “La educación era un tema que lo obsesionaba”, dice Imber. En los espacios del programa televisivo Buenos Días, Neumann manifestó su idea de llevar la escolaridad a los centros de producción, tal como ocurre en Europa. Había que hacerlo de alguna forma. En una de sus últimas cruzadas, se convirtió en asesor del entonces ministro de Educación Gustavo Roosen, para imprimirle un giro al Instituto Nacional de Cooperación Educativa (Ince). Pero el colapso de la presidencia de Carlos Andrés Pérez obligó a la dirigencia política a concentrarse en una operación de salvataje de la institucionalidad democrática, y proyectos como el que encabezaba Neumann fueron relegados. Antes, en los tiempos de la nacionalización petrolera, el empresario había buscado nuevos interlocutores –esa vez en el seno del Ministerio de Energía y Minas– para tratar de comprender lo que se proponía hacer la clase política con esa inmensa riqueza de los venezolanos. “Su deseo era que las cosas se hicieran bien y a favor del interés nacional”, dijo un asistente del ministro de la época, Valentín Hernández Acosta.
Alumbrar al poder
“A Hans siempre le gustó estar cerca del poder”, acota Imber. ¿Era una fascinación? ¿Un deseo irreprimible de experimentar una sensación de grandeza? “El no buscaba las luces del poder. El quería alumbrar al poder”, precisa Consalvi. “Lo vio siempre con cierta distancia. Nunca sometiéndose o doblegándose. La calidad intelectual de los políticos venezolanos no le suscitaba ningún tipo de interés. El buscaba interlocutores. La persona más visible de esa lista, sin duda, es Beatrice Rangel. Eran los tiempos en que Carlos Andrés Pérez, Henry Kissinger y Gustavo Cisneros almorzaban en Palacio. En 1989 le detectaron un cáncer en el estómago, que superó luego de una intervención quirúrgica que cambió para siempre sus hábitos alimenticios. Neumann prácticamente no podía comer. A partir de ese momento, el imperceptible deterioro de su salud fue en aumento. En la cúspide de su carrera al frente de un conglomerado industrial, decidió entregarle el testigo a su yerno, Phillipe Erard. Fue una formalidad, porque la gerencia de Corimon ya había decidido –entre Erard y su hijo Miguel– quién ocuparía la presidencia ejecutiva del grupo.
Miguel Neumann murió en la isla de Aruba, en forma repentina. Su muerte se convirtió un enigma que aún no ha sido develado del todo. Mantuvo una difícil y compleja relación con su padre, quien tal vez le exigió demasiado, cuando advirtió que no tenía la misma voluntad o el coraje que él mismo había demostrado ante las dificultades de la vida. “Era un trato distante y apenas afectuoso”, admite un allegado de la familia. La lista de obras de arte que deslumbraron a las contadas personas que fueron a su casa incluye obras de Fernando Botero, Antonio López García, Picasso, Zitman, Shielle, Bacon, Gerhard Richter, Nicolás Shoeffer y Víctor Vasarely, en un recuento casi instantáneo, a cargo de Sofía Imber. Esculturas de Marisol Escobar, libros raros, ediciones únicas y un taller de fotografía. Son las muestras visibles del legado de un hombre que influyó en los caminos por los que se adentró el país. Su última aventura editorial fue el vespertino Tal Cual, liderado por Teodoro Petkoff, “un hombre que no hace una oposición a ultranza y que tiene algo que decir en la actualidad. Hans sabía, nuevamente, que el debate era necesario”, justifica Imber. En medio de la pluralidad y el mismo día en que Nueva York fue arrasada por el terrorismo, sus restos fueron incinerados.
Descapitanización
El enlodamiento, la prostitución, el envilecimiento y el derrumbe de la empresa privada en el país, han recorrido el mismo espacio, en el mismo tiempo, que la corrupción y el deterioro en los partidos, las instituciones y los gobiernos, y lo han hecho en forma paralela, sólo que a veces el lodo, la putería y la caída de los empresarios se adelantaba o se retrasaba en cada una de las etapas: venezolanización, nacionalización, devaluación, control de cambios y ¿revolución?, siempre para sacar provecho. Si acaso sigue siendo cierto, después de la quiebra de tantas verdades, que las paralelas sólo se unen en el infinito, estamos en ese espacio que se expresa con un 8 acostado para indicar que hemos llegado (o estamos a punto de llegar) más allá de todo límite.
La descapitanización, pérdida de capitanes sin que hayan dejado sustituto, en los principales grupos económicos, ha provocado la paulatina evaporación de muchos de ellos, por cualquiera de los extremos: osadía o torpeza, audacia o cobardía, sobrecalificación o incompetencia, cualidades o defectos que, en una economía globalizada, no sirven para marcar diferencias, a la hora de jugar con el dinero, si no se puede hacer con ventaja y con muchas cartas bajo la manga. Los capitanes de las grandes empresas jugaron y se la jugaron dentro del país, lo cual no era extraño en ninguna parte durante la época en que actuaron, y además lo hicieron, casi siempre, con el apoyo y la protección de los gobiernos, pero de alguna manera arriesgaban, al punto de que cuando les iba mal, hubo quienes pagaron, incluso más de la cuenta, de su propio bolsillo.

Lo que no supieron hacer es planificar el futuro para ganar batallas después de muertos, como el Cid Campeador, y educaron a sucesores capaces de manejar vehículos todo terreno y realizar costosas y precoces operaciones de encamamiento con diosas prefabricadas en pasarelas y concursos, tan ineptos y a la vez tan mañosos como el heredero español Antonio Camacho, pícaro con traje de Armani y Rolex, todo un broker, presidente de Gescartera, cuya única habilidad ha sido engañar y estafar a organismos públicos y privados, incluidos los religiosos.
Hace algunas semanas murió quien fuera, quizá, el último de los capitanes, Hans Neumann, un empresario que supo levantar empresas, fracasar y volver a intentarlo, a la vez que editor, filántropo y promotor de cultura, particularmente en el terreno de las artes plásticas, donde era una autoridad indiscutible, capaz de promover vocaciones sinceras, y también de quitarle la careta a farsantes, sin contemplación alguna. Sin embargo, no supo preparar siquiera la trascendencia de su propia muerte, al punto de que sólo un puñado de personas asistieron a su entierro, los diarios dedicaron únicamente unas líneas a recordar su trayectoria, y sus amigos y la institucionalidad apenas sí publicaron una que otra participación en las páginas de defunciones de los diarios, lo que no ocurrió con el dictador Marcos Pérez Jiménez, cuya muerte fue deplorada, textualmente, en aviso bien destacado, por José Vicente Rangel, en su carácter de ministro de la Defensa.
Pedro Llorens