De la herencia previsible
Luis Barragán
Hemos llegado al colmo de todos los desastres, añadido el cinismo que dejará por mucho tiempo una huella indeleble. Todos los indicadores apuntan a una muy penosa reconstrucción de la República misma, por lo que la continuidad de la presente dictadura sólo asegura una mayor gravedad.
Hasta donde podemos prever, por una parte, heredaremos el profundo trauma que deja y dejará la tragedia al revelarse enteramente. Referido por Luis Buttó, en una conversación entre amigos, todavía es muy poco de lo que se sabe: al conocerse las dimensiones reales del genocidio socialista, calará muy profundo el drama suscitando un descalabro espiritual del que tendremos que recuperarnos a la mayor prontitud posible.
Consabido, finalizada la II Guerra Mundial, el sólo Holocausto conmovió los cimientos de la civilización occidental. Todavía, al sur de nuestro continente, está vivo el recuerdo de las atroces dictaduras de varias décadas pasadas.
Igualmente, por otra, siendo el deliberado propósito de los actuales elencos del poder que diseñan sus escenarios de salida, la ingobernabilidad será la mejor apuesta para ocupar de nuevo Miraflores. Por ello, sólo la extorsión es el camino que ensayan para una población que casi unánimemente los detestan y rechazan, culpables del asombroso retroceso del país que alguna vez dijo promisorio el siglo XXI.
Parece obvio que, desalojados de palacio, pretenderán desarrollar un movimiento guerrillero, o, acercándose, emplear la violencia selectiva contra el gobierno democrático de transición. Sin embargo, una iniciativa tan extrema, luce débil, pues, la transición venezolana llevará a la cubana, en una feliz sucesión de acontecimientos que solventará el problema de los grupos irregulares que Chávez Frías y Maduro Moros protegen en territorio nacional; y la dirección que puedan ostentar, preferirán un lejano exilio dorado de sus tormentos.
06/08/18:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/33240-barragan-l
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sábado, 11 de agosto de 2018
sábado, 5 de mayo de 2018
YA, EN MEDIO DE LA CAMPAÑA
Perspectivas
Las incertidumbres de la realidad política venezolana
Michael Penfold
Cualquier ejercicio de proyección de los escenarios políticos que se despliegue para el caso venezolano va a encontrarse con una dificultad predictiva.
La razón es que bajo ningún escenario las variables relevantes están bajo el control ni del gobierno ni de la oposición. La otra causa es que los escenarios más probables no son intrínsecamente los más estables. La dinámica plantea una serie de paradojas con la que se enfrentan permanentemente todos los actores políticos, tanto internos como externos, que actualmente están lidiando con la profunda crisis económica, social e institucional del país. Este trance también promueve distintos tipos de inconsistencias por parte de estos mismos actores, que en muchos casos conlleva a posturas irracionales, lo cual complejiza aún más la utilidad de cualquier esfuerzo prospectivo.
Varios ejemplos permiten ilustrar la situación. Maduro puede desear ser reelecto para otro periodo presidencial –así sea ilegítimamente–, pero la decisión de la comunidad internacional de reconocerlo escapa totalmente a su ámbito de influencia. Maduro puede prometer que una vez reelecto va a modificar su política económica para evitar los errores que llevaron al chavismo a quebrar la economía venezolana y a colapsar la industria petrolera; pero aun si lo hace, el financiamiento externo que requiere para darle credibilidad a un potencial programa de estabilización es de tal envergadura, que la posibilidad de implementarlo depende exclusivamente de la voluntad de los organismos multilaterales e incluso de la decisión de los chinos de desembolsar los recursos necesarios para enfrentar este conjunto de reformas. Maduro puede ordenar, debido a su férreo control sobre las autoridades electorales, que se cumpla la fecha de realización de los comicios presidenciales del 20 de mayo, pero lo cierto es que, así como esos comicios fueron pospuestos en abril, si los cuadros internos de la coalición oficialista se mantienen descontentos y si así lo desearan, podrían nuevamente ejercer suficiente presión como para postergar su realización.
Lo mismo ocurre con la oposición. Los partidos políticos de la unidad pueden exigir elecciones libres, pero el cambio en las condiciones electorales pareciera ir más allá de su propia voluntad de acción. Declarar fraude, dejar de postular candidatos y llamar a la abstención no garantiza absolutamente nada. Algo parecido sucede con el tema internacional. La oposición en el marco de la unidad puede llamar a aislar al gobierno internacionalmente, a escalar sanciones económicas e individuales, pero aún si eso ocurriese, las posibilidades de que este tipo de castigos produzca un quiebre definitivo en la coalición oficialista son bastante inciertas. Nueve meses después del inicio de la primera ola de sanciones, los castigos no parecen haber tenido los efectos políticos esperados, pues el impacto de estas medidas dependen estrictamente de las reacciones de diversos factores domésticos relevantes y no solo de sus consecuencias financieras, económicas y sociales.
Estos resultados tan decepcionantes son curiosamente consistentes con la evidencia empírica internacional que muestran cómo las sanciones rara vez generan una crisis de ingobernabilidad definitiva que conlleve a cambios de regímenes y cómo tan sólo en algunos casos, cuando están bien coordinadas globalmente, pueden inducir a procesos de negociación y a ciertos cambios de comportamiento, como fue el caso de Irán, Birmania, Libia o Sudán. En el caso venezolano, los niveles de coordinación internacional son muy altos, especialmente entre los Estados Unidos, Europa y la mayor parte de los países latinoamericanos, por lo que es más probable que estas presiones induzcan a una nueva negociación y concesiones parciales sustantivas que a un colapso final del régimen político venezolano.
Esta realidad pareciera indicarnos que la capacidad de la oposición de imponerse por la vía exclusivamente electoral o internacional es mucho más limitada de lo que se hubiese anticipado algunos meses atrás. O, en todo caso, esta misma situación comienza a señalarnos que, más importante que las probabilidades asignadas a un determinado escenario, es la capacidad de coordinación de la oposición para jugar en varios tableros simultáneamente, que es lo que a fin de cuentas puede determinar la efectividad para precipitar un cambio político definitivo en el país. Una capacidad de coordinación que en los actuales momentos es inexistente.
Tres son las variables, más allá de la interacción entre gobierno y oposición, de las cuales depende tanto la materialización como la estabilidad de todos los escenarios en Venezuela: la cohesión interna del chavismo, la credibilidad de un escalamiento de las sanciones internacionales y el acceso al financiamiento externo.
La estabilidad de todos los escenarios, incluso uno en el que Maduro decida quedarse en el poder, va a depender exclusivamente de si puede superar los escollos que estas tres variables terminan planteando:
1. ¿Alguno de los factores de poder dentro de la coalición oficialista va a vetar o no la materialización de un resultado político que afecte sus intereses tanto en el corto como en el largo plazo?
2. ¿Induce o no el escenario a los Estados Unidos y a la Unión Europea a continuar aislando económica, financiera y políticamente a Venezuela?
3. ¿Genera el escenario las condiciones institucionales para que los organismos multilaterales (y también los chinos) estén dispuestos a financiar la estabilización macroeconómica y la reconstrucción de la industria petrolera?
La viabilidad de cualquier escenario será ineludiblemente medida contra estas tres preguntas. Si alguno de los escenarios potenciales no pasa el “baremo” de estas interrogantes, entonces es sencillamente inestable aun si llegase a producirse.
Es por eso que un escenario como la reelección ilegítima de Maduro –que puede ser considerado el más probable– es, sin duda, el más inestable de todos. Y otros que lucen muy poco probables, como el de las elecciones libres, siendo poco plausibles, pueden ser considerados, fácilmente, los más estables. En cambio, hay escenarios intermedios (como la implosión del chavismo o una transición electoral a través de un tercero) que, aun siendo menos probables que la reelección de Maduro, son también más estables, aunque son a su vez mucho más probables que la deseada materialización de unas elecciones libres. Esta incertidumbre sobre el futuro venezolano es precisamente lo que obliga a los distintos actores, tanto nacionales como internacionales, a realizar un cálculo que involucra un intercambio entre lo que es más probable frente a lo que es más estable, pero también entre lo que es más deseable y aquello que es más viable.
Por si fuera poco, la dimensión temporal para determinar la probabilidad de ocurrencia de los diferentes escenarios también importa. El 20 de mayo es sin duda un parterrayo. Si llegara a darse la elección presidencial para esta fecha, tal como hoy pareciera que pudiese ocurrir, los escenarios que hablan de elecciones libres o de una implosión del chavismo pasan a ser un conjunto vacío, al menos en el corto plazo. En efecto, con la realización de las elecciones, los resultados políticos pasan a ser binarios: o se reelige a Maduro o hay una transición porque gana un tercero (en este caso, Falcón) aun sin condiciones electorales. Esta es la principal causa por la que esta dimensión temporal del análisis de los escenarios termina siendo un verdadero hito: marca un antes y un después y termina descartando algunas de las tantas posibilidades que pudieran darse en Venezuela.
La fecha electoral de mayo, al igual que aquélla que también había sido aprobada por la inefable Asamblea Constituyente para antes de abril, sigue siendo una proposición extremadamente problemática si no viene acompañada de unos acuerdos mínimos que garanticen la legitimidad internacional de estos comicios.
Una reelección ilegítima de Maduro plantea unos riesgos tan altos para todos los actores relevantes que lo sostienen, que sus costos pueden llegar a ser prohibitivos. La reelección de Maduro, en el fondo, termina trasladando todos los costos de su ilegitimidad al resto de los factores de poder de la coalición oficialista, a cambio de unos beneficios inciertos que están muy concentrados en un círculo interno cada vez más restringido. Esta es su mayor fuente de inestabilidad.
El presidente Rómulo Betancourt resumía este tipo de disyuntivas históricas en torno al bizarro pragmatismo de los agentes de poder que circundan a los sistemas autoritarios, afirmando que los aliados son leales hasta que un buen día dejan de serlo. Ésta era la manera criolla de Betancourt de subrayar lo sorpresivo, pero también lo tremendamente transaccional que terminó siendo la política venezolana durante las tres décadas posteriores a la muerte de Gómez.
Si Maduro no es capaz de garantizarles una clara legitimidad a los distintos factores de poder que más temen las sanciones internacionales –condición que hasta ahora no está presente–, aunque logre imponer la fecha, va a tener que luchar desesperadamente por su propia estabilidad, pues los costos y los riesgos asociados a este escenario son verdaderamente altos.
Es evidente que el gobierno puede hacer prevalecer sus preferencias, pues tiene el control institucional y la capacidad de represión para hacerlo, tal como lo hizo en agosto del año pasado cuando impuso la Asamblea Constituyente, pero sería cuestión de meses antes de que el país entrara en otro periodo de altísima inestabilidad. Este primer escenario, aunque es el más probable, da la impresión de que no pasa el baremo de la cohesión interna del chavismo ni el potencial escalamiento de las sanciones ni garantiza el acceso a los recursos financieros externos. Es por eso que no es posible descartar que las elecciones del 20 de mayo terminen siendo pospuestas nuevamente por las propias presiones oficialistas, y que Maduro se vea obligado a volver a ganar tiempo tratando de improvisar una nueva ronda de negociación.
Ahora bien, si Maduro termina imponiendo la fecha de la elección, también existe la posibilidad que Falcón gane aunque no estén dadas las condiciones electorales. La probabilidad de ocurrencia de este otro escenario es claramente menor. Las encuestas dan a Falcón 8 puntos en promedio de ventaja frente a Maduro. Una vez que se controla por aquellos electores que están seguros de ir a votar, esta diferencia prácticamente se evapora. Falcón, para inmunizarse frente a los efectos más negativos de la abstención opositora, así como del condicionamiento social del voto provocado por el carnet de la patria, tendría que duplicar la diferencia entre los votantes dispuesto a acudir a las urnas a 16 puntos en las encuestas.
Este resultado va a depender exclusivamente de una campaña electoral que esté magníficamente bien ejecutada, algo así como la campaña unitaria de Capriles del 2013 que, en poco menos de un mes, redujo la ventaja de 20 puntos con la que contaba un ungido Maduro después de la muerte de Chávez. Para ello, Falcón necesita un apoyo formal de la Unidad (al menos de una parte representativa) y también requiere de un mensaje que le permita conectarse emotivamente con todos los venezolanos descontentos.
Lamentablemente, Falcón hasta ahora no ha logrado ninguno de estos objetivos, pues la campaña no ha tenido mayor impacto y tampoco ha sido capaz de movilizar masivamente ni a la base opositora ni al chavismo inconforme. La evolución de la mayoría de las encuestas más bien muestra a un Maduro que permanece estable, al igual que Falcón, mientras que el único que sube es un evangelista como Bertucci que ha terminado por restarle votos potenciales al exgobernador de Lara.
Si Falcón logra efectivamente dar un vuelco a la campaña y si también modifica su estrategia política, entonces quizás algunos factores descontentos del chavismo comiencen a ver su posible triunfo como un mecanismo de salida atractivo frente a un nefasto escenario de continuismo, que tendría para ellos unos costos extremadamente altos. Este escenario, en caso de que llegase a materializarse, lograría superar las tres preguntas del baremo y, evidentemente, el país entraría rápidamente en un proceso de transición tanto política como económica.
¿Qué podría ocurrir si las elecciones fuesen pospuestas? Esta posibilidad abre dos escenarios potenciales: uno en el que comienza a implosionar el chavismo y otro en el que se abre una nueva negociación internacional que podría facilitar la realización de unas elecciones libres. La posposición de la fecha sería considerada como una derrota política para Maduro. La suspensión pasaría a mostrar a toda su base de apoyo que efectivamente enfrenta serias restricciones internas y que, por lo tanto, no está en capacidad de seguir aspirando a la reelección presidencial. La postergación de la fecha también se convertiría en una derrota para Falcón.
Esta coyuntura ineludiblemente llevaría al chavismo a plantearse una sucesión presidencial que, muy probablemente, ante la ausencia de un liderazgo fuerte, sería un proceso conflictivo, desordenado e incluso violento. En un escenario de esta naturaleza es posible que observemos una alternabilidad dentro del chavismo sin que necesariamente eso implique una transformación radical de las condiciones electorales para la oposición, pero sí el inicio de un proceso de liberalización política que incluya la legalización de los partidos y la liberación de los presos políticos. Este escenario probablemente superaría el baremo de las restricciones creadas por la coalición oficialista y, si es visto como políticamente estable, quizás encuentre mayor disposición de financiamiento de algunos actores internacionales como los rusos y los chinos. En cuanto a las sanciones, las mismas probablemente no escalen, y quizás sean relajadas, pero tampoco serán removidas hasta tanto el país no logre reinstitucionalizar su democracia.
La otra posibilidad es que se abra un nuevo proceso de negociación internacional que conlleve a elecciones libres. Este proceso será radicalmente diferente al que hemos visto en el pasado, en particular en Dominicana, pues el chavismo asistirá a este proceso de negociación en búsqueda de una amnistía a cambio de concesiones irreversibles en el sistema electoral y también aceptando reformas institucionales que garanticen la restauración del funcionamiento del Estado de derecho. El chavismo no acudirá a esta nueva ronda de negociaciones con miras a quedarse en el poder, sino con miras a obtener beneficios que impidan su persecución judicial y que le permita, como en la revolución sandinista, poder volver al poder pocos años más tarde.
Sin embargo, este escenario es sólo plausible si los factores de poder real dentro del chavismo, sobre todos los que desean controlar la sucesión o los que se sienten amenazados por las sanciones, obligan al gobierno a actuar de esta forma, algo que parece poco probable. El chavismo siempre va a preferir el escenario alterno de producir una sucesión dentro de sus propias filas, precisamente para evitar tener que entrar en una negociación con estas características. En caso de que llegase a materializarse la negociación, debido a la presión interna e internacional, este escenario podría superar positivamente todas las preguntas del baremo.
Es indudable que las condiciones de cambio político en Venezuela son muy grandes: el país ya tronó. El gobierno solo le queda bloquear cualquier salida, tanto del frente opositor (dividiéndolos) como de sus propias entrañas (purgándolos).
Sin embargo, tal como hemos visto, existe una probabilidad muy alta de que, en el corto plazo, Maduro se mantenga ilegítimamente en el poder. Sus incentivos individuales de insistir con las elecciones presidenciales en mayo son cada vez más fuertes, pues sabe que suspenderlas tendría consecuencias duraderas. Paradójicamente, durante ese mismo período, la probabilidad que un cambio político se llegue a presentar continuará creciendo, precisamente porque su permanencia en el poder es esencialmente inestable.
Curiosamente, la probabilidad de un cambio democrático, indistintamente de la ruta planteada, es más baja que la posibilidad de una implosión del chavismo que muy posiblemente desencadene una segunda ronda de sucesión dentro de la misma revolución bolivariana. Por el contrario, la ruta democrática que plantea la oposición en cualquiera de sus alternativas es más estable, pero también refleja unos escenarios que tienen una menor probabilidad de ocurrencia que el mismo quiebre interno del chavismo.
¿Cuál es la razón que explica la baja probabilidad por parte de la oposición venezolana para precipitar una transición democrática? Una razón lógica está relacionada con la falta de unidad dentro del campo opositor, que cada vez muestra estar más plagada de mayores escisiones internas, pero también está referido a la incapacidad para jugar simultáneamente en distintos tableros, lo cual le permitiría a la oposición maximizar las probabilidades de éxito tanto de una como de otra alternativa y le impediría al gobierno cambiar de juego cada vez que se sienta amenazado. En vez de construir la unidad alrededor de contenidos y resultados, la oposición se ha dividido alrededor de la discusión sobre los medios y las rutas para restaurar la democracia, olvidándose de los resultados colectivos y de los valores constitucionales que todos deberían compartir indistintamente del tipo de tablero en el que terminan moviendo sus piezas más importantes.
Es urgente aprender a transformar la adversidad en oportunidad, y la única forma de hacerlo es acercando posiciones, compatibilizando objetivos y garantizando que el triunfo de una ruta no se transforme en la derrota del otro. La mejor manera de garantizar esto es asegurando que cualquier alternativa termine alcanzando los mismos objetivos que hayan sido previamente consensuados. Si la unidad se llegase a construir sobre estos cimientos, la voluntad de cambio político, gracias a un país que mayoritariamente desea vivir en democracia e impulsar el crecimiento económico, sería sencillamente indetenible.
Faltan cinco semanas para el 20 de mayo. Si queremos jugar simultáneamente en varios tableros, entonces debemos aceptar que el objetivo es ganar y es también posponer. Ganar supone movilizar electoralmente a la sociedad, lo cual es una acción estrictamente unitaria. Posponer implica hacer creíble la amenaza de retiro del evento presidencial una vez movilizada la sociedad, si las condiciones electorales más importantes no son modificadas. Tal como hemos visto en ambos casos, el resultado podría llevarnos al lugar que la mayoría de los ciudadanos tanto anhelamos para Venezuela.
Actuar de cualquier otra forma puede ser moralmente correcto, pero es social y políticamente, muy poco efectivo.
Fuente:
https://prodavinci.com/las-incertidumbres-de-la-realidad-politica-venezolana
EL NACIONAL, Caracas, 21 de abril de 2018
Un ensayo de Michael Penfold sobre la crisis política
Héctor Silva Michelena
Michael Penfold es, sin dudas, uno de los mejores o más inteligentes analistas políticos del país, y más allá de las fronteras. Su ensayo “Las incertidumbres de la realidad política venezolana”, publicado hace poco (no sé dónde), son una muestra del dominio con que ejerce la ciencia política. El ensayo es largo y complejo, pero no lo examinaré todo, sino las partes que me parecen más relevantes al día de hoy. La muy alta inestabilidad y la gran incertidumbre hacen que unas pocas horas equivalgan al largo plazo.
Hoy, 17 de abril (fecha en la que escribo este artículo), Tibisay Lucena ha anunciado en cadena nacional que las elecciones se realizarán, definitivamente, el 20 de mayo, es decir, en un mes. Nos colocamos así en la situación que Penfold llama “parterrayo”, una falla tectónica profunda que anula todos los escenarios examinados. Se abren los cuernos del dilema: Maduro candidato, cabalgando sobre la ilegitimidad de esta elección, o se abre una transición: hay dos candidatos: Falcón, el más probable, y un Bertucci que, según Penfold, restaría votos potenciales a Falcón. De esta opinión no participo, pues a la gente no le gusta “perder su voto” y el pastor evangélico carece de toda experiencia política y de recursos. Maduro no le endosará recursos y votos si ve su situación comprometida.
Dice correctamente Penfold: “Una reelección ilegítima de Maduro plantea unos riegos tan altos para todos los actores relevantes que lo sostienen [incluida la FANB], que sus costos pueden llegar a ser prohibitivos”. No solo Maduro pagaría esos costos, sino que ellos se trasladarían a toda su nomenklatura: el peso de las sanciones les convertiría el país en una cárcel, pues si salen sin un acuerdo mínimo, se exponen a ser capturados por la Interpol, la CIA, la DEA y órganos similares. Maduro, un presidente sumamente cuestionado, interna e internacionalmente, no podrá librarlos de las sanciones. Él es el cabecilla de la dictadura, de la muy grave situación económica y social, y de la crisis humanitaria que azota al país. De ganar, el país entraría en un largo proceso de inestabilidad y severos conflictos. La represión desplegada en abril-julio de 2017, con todo lo cruenta que fue, se verá en el horizonte empequeñecida.
Penfold cita los resultados, muy concordantes entre sí, de las últimas encuestas: arrojan, en promedio, una ventaja de 8 puntos a Falcón, pero controladas por aquellos electores que votarían con toda seguridad, esa ventaja se anula y queda un empate técnico. Pero si la abstención es muy alta tendremos continuismo, hambre, enfermedades y represión por un buen rato. Y esto deben meditarlo cuidadosamente los acérrimos partidarios del abstencionismo, porque no desean “convalidar una emboscada y un fraude monumental”. Posición éticamente respetable, pero muy alejada de lo que realmente importa ahora: el cambio de gobierno, y la alternativa es Falcón. La abstención es un voto decisivo para un gobierno que ha destruido a Venezuela y sometido a sus habitantes a las más dolorosas penurias (Véase Encovi, 2107).
Esta terrible calamidad es evitable, aun si no cambian las condiciones electorales, si ese 87% que no aprueba la gestión de Maduro se vuelca, en gran medida, a su candidatura. La palabra clave la aprendimos en la lucha contra la dictadura de Pérez Jiménez. ¡Unidad! De no producirse, Maduro se mantendrá, aun ilegítimamente, en el poder con su camarilla, que es inestable porque teme a las sanciones y a las acciones de protesta cotidianas que sin dudas irán aumentando con la represión y la crisis de hambre, enfermedades y muertes prematuras por desnutrición infantil, estimada en casi 1 millón de niños entre 0 y 9 años de edad. Ante tal realidad, el ominoso y fascista carnet de la patria no solo es una entelequia sino una estafa a los más pobres.
Señala Penfold que la Unidad misma es la fuente de sus debilidades. Correcto. Precisa que concentrarse en ganar elecciones no basta y que “se ha olvidado de los resultados colectivos y constitucionales que llevan a la democracia”. Opino que, tal vez, es cierto, pero no tajantemente. Para muchísima gente (más de 12 o 14 millones de electores) la democracia, el Estado de Derecho, la libertad son palabras abstractas. Lo que los mueve es el hambre, la miseria y el cierre de toda posibilidad de mejoría.
Con gran tino político y humano, Penfold escribe: “Es urgente aprender a transformar la adversidad en oportunidad, y la única forma de hacerlo es acercando posiciones, compatibilizando objetivos y garantizando que el triunfo de una ruta no se transforme en la derrota del otro. La mejor manera de garantizar esto es asegurando que cualquier alternativa termine alcanzando los mismos objetivos que hayan sido previamente consensuados. Si la Unidad se llegase a construir sobre estos cimientos, la voluntad de cambio político, gracias a un país que mayoritariamente desea vivir en democracia e impulsar el crecimiento económico, sería sencillamente indetenible”. Palabras lapidarias y claras como “cono la aurora de rosáceos dedos” (Homero). La Unidad así lograda, despertará y enardecerá el entusiasmo de los decepcionados, los abstencionistas de buena fe y aun de los infaltables ni-ni.
La reflexión sobre la idea de fines comunes debe apoyarse en Baruch Spinoza, un filósofo a partir del cual es posible pensar este problema. Poder y voluntad del Estado, potencia común y libertad del individuo. Así se nos han mostrado las dos disyunciones producidas por la emergencia en la política moderna de la noción de soberanía y de la noción de Estado. Son estas nociones las que nos hacen tan difícil la tarea de dar consistencia a la idea de democracia. La filosofía de Spinoza está, exactamente, consagrada a recusar esta disyunción como elusiva, simultáneamente, de las ideas de libertad y de potencia soberana. No pudiendo extendernos en consideraciones al respecto, diré que el concepto de libre necesidad, y su relación con las libertades del soberano y del individuo es la base de todo objetivo común.
La idea de comunidad política supone pensar que es posible el acuerdo de estas libertades. Este acuerdo no puede ser hecho más que bajo la autoridad de la razón, que no dice otra cosa que sus identidades subsisten. Pero la razón no puede prevalecer por libre decisión, la razón prevalece solamente por libre necesidad. Eso es verdad para los individuos. Eso es verdad, igualmente, para los que ejercerán la voluntad soberana: ya no hay lugar para esperar de ellos el que quieran comportarse conforme a la razón, hay que obrar de manera que lo hagan. Esto es verdad aun para la misma comunidad. Spinoza se afana en hallar la unidad del mundo. Pero es aplicable a nuestro pequeño e inmenso mundo venezolano.
Los líderes de la MUD/FAN y Falcón son libres de acercarse, pero no pueden ser como un Robinson Crusoe: autosuficientes solitarios. Esa libertad de que gozan necesita de otra u otras personas, organizaciones o coaliciones. La libre necesidad es indivisible, pero puede ser ignorada. Dividirlas es caer en el aislacionismo o, peor aún, en el solipsismo, creer que solamente amparados en la ética puede lograrse la transición hacia la democracia que urgentemente necesitamos.
Con base en Spinoza podemos, entonces, dar esta definición de democracia: es la organización de la comunidad que tiene por efecto el que tanto los individuos, como los gobernantes, conducen sus acciones en conformidad con los principios de recta razón. La mayor potencia que el poder soberano puede adquirir es la que se apoya en el reconocimiento de su autoridad por aquellos sobre los cuales es ejercida. Y tal es el fundamento de la democracia.
Es el ejercicio propio del poder común, que es enteramente a la vez el ejercicio en común del poder de cada uno, lo que forma y mantiene la cohesión de la comunidad. Y tal vez será necesario entender, antes que nada, esta severa advertencia que nos da el tratado teológico-político: privar a un hombre de toda esperanza es hacer de él un enemigo feroz de toda la comunidad. Esta debería ser nuestra preocupación por la democracia.
Esta concepción de la democracia está tan lejos de la de Maduro como el fulgor de la noche y sus iluminaciones.
Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/ensayo-michael-penfold-sobre-crisis-politica_231680
Las incertidumbres de la realidad política venezolana
Michael Penfold
Cualquier ejercicio de proyección de los escenarios políticos que se despliegue para el caso venezolano va a encontrarse con una dificultad predictiva.
La razón es que bajo ningún escenario las variables relevantes están bajo el control ni del gobierno ni de la oposición. La otra causa es que los escenarios más probables no son intrínsecamente los más estables. La dinámica plantea una serie de paradojas con la que se enfrentan permanentemente todos los actores políticos, tanto internos como externos, que actualmente están lidiando con la profunda crisis económica, social e institucional del país. Este trance también promueve distintos tipos de inconsistencias por parte de estos mismos actores, que en muchos casos conlleva a posturas irracionales, lo cual complejiza aún más la utilidad de cualquier esfuerzo prospectivo.
Varios ejemplos permiten ilustrar la situación. Maduro puede desear ser reelecto para otro periodo presidencial –así sea ilegítimamente–, pero la decisión de la comunidad internacional de reconocerlo escapa totalmente a su ámbito de influencia. Maduro puede prometer que una vez reelecto va a modificar su política económica para evitar los errores que llevaron al chavismo a quebrar la economía venezolana y a colapsar la industria petrolera; pero aun si lo hace, el financiamiento externo que requiere para darle credibilidad a un potencial programa de estabilización es de tal envergadura, que la posibilidad de implementarlo depende exclusivamente de la voluntad de los organismos multilaterales e incluso de la decisión de los chinos de desembolsar los recursos necesarios para enfrentar este conjunto de reformas. Maduro puede ordenar, debido a su férreo control sobre las autoridades electorales, que se cumpla la fecha de realización de los comicios presidenciales del 20 de mayo, pero lo cierto es que, así como esos comicios fueron pospuestos en abril, si los cuadros internos de la coalición oficialista se mantienen descontentos y si así lo desearan, podrían nuevamente ejercer suficiente presión como para postergar su realización.
Lo mismo ocurre con la oposición. Los partidos políticos de la unidad pueden exigir elecciones libres, pero el cambio en las condiciones electorales pareciera ir más allá de su propia voluntad de acción. Declarar fraude, dejar de postular candidatos y llamar a la abstención no garantiza absolutamente nada. Algo parecido sucede con el tema internacional. La oposición en el marco de la unidad puede llamar a aislar al gobierno internacionalmente, a escalar sanciones económicas e individuales, pero aún si eso ocurriese, las posibilidades de que este tipo de castigos produzca un quiebre definitivo en la coalición oficialista son bastante inciertas. Nueve meses después del inicio de la primera ola de sanciones, los castigos no parecen haber tenido los efectos políticos esperados, pues el impacto de estas medidas dependen estrictamente de las reacciones de diversos factores domésticos relevantes y no solo de sus consecuencias financieras, económicas y sociales.
Estos resultados tan decepcionantes son curiosamente consistentes con la evidencia empírica internacional que muestran cómo las sanciones rara vez generan una crisis de ingobernabilidad definitiva que conlleve a cambios de regímenes y cómo tan sólo en algunos casos, cuando están bien coordinadas globalmente, pueden inducir a procesos de negociación y a ciertos cambios de comportamiento, como fue el caso de Irán, Birmania, Libia o Sudán. En el caso venezolano, los niveles de coordinación internacional son muy altos, especialmente entre los Estados Unidos, Europa y la mayor parte de los países latinoamericanos, por lo que es más probable que estas presiones induzcan a una nueva negociación y concesiones parciales sustantivas que a un colapso final del régimen político venezolano.
Esta realidad pareciera indicarnos que la capacidad de la oposición de imponerse por la vía exclusivamente electoral o internacional es mucho más limitada de lo que se hubiese anticipado algunos meses atrás. O, en todo caso, esta misma situación comienza a señalarnos que, más importante que las probabilidades asignadas a un determinado escenario, es la capacidad de coordinación de la oposición para jugar en varios tableros simultáneamente, que es lo que a fin de cuentas puede determinar la efectividad para precipitar un cambio político definitivo en el país. Una capacidad de coordinación que en los actuales momentos es inexistente.Tres son las variables, más allá de la interacción entre gobierno y oposición, de las cuales depende tanto la materialización como la estabilidad de todos los escenarios en Venezuela: la cohesión interna del chavismo, la credibilidad de un escalamiento de las sanciones internacionales y el acceso al financiamiento externo.
La estabilidad de todos los escenarios, incluso uno en el que Maduro decida quedarse en el poder, va a depender exclusivamente de si puede superar los escollos que estas tres variables terminan planteando:
1. ¿Alguno de los factores de poder dentro de la coalición oficialista va a vetar o no la materialización de un resultado político que afecte sus intereses tanto en el corto como en el largo plazo?
2. ¿Induce o no el escenario a los Estados Unidos y a la Unión Europea a continuar aislando económica, financiera y políticamente a Venezuela?
3. ¿Genera el escenario las condiciones institucionales para que los organismos multilaterales (y también los chinos) estén dispuestos a financiar la estabilización macroeconómica y la reconstrucción de la industria petrolera?
La viabilidad de cualquier escenario será ineludiblemente medida contra estas tres preguntas. Si alguno de los escenarios potenciales no pasa el “baremo” de estas interrogantes, entonces es sencillamente inestable aun si llegase a producirse.
Es por eso que un escenario como la reelección ilegítima de Maduro –que puede ser considerado el más probable– es, sin duda, el más inestable de todos. Y otros que lucen muy poco probables, como el de las elecciones libres, siendo poco plausibles, pueden ser considerados, fácilmente, los más estables. En cambio, hay escenarios intermedios (como la implosión del chavismo o una transición electoral a través de un tercero) que, aun siendo menos probables que la reelección de Maduro, son también más estables, aunque son a su vez mucho más probables que la deseada materialización de unas elecciones libres. Esta incertidumbre sobre el futuro venezolano es precisamente lo que obliga a los distintos actores, tanto nacionales como internacionales, a realizar un cálculo que involucra un intercambio entre lo que es más probable frente a lo que es más estable, pero también entre lo que es más deseable y aquello que es más viable.
Por si fuera poco, la dimensión temporal para determinar la probabilidad de ocurrencia de los diferentes escenarios también importa. El 20 de mayo es sin duda un parterrayo. Si llegara a darse la elección presidencial para esta fecha, tal como hoy pareciera que pudiese ocurrir, los escenarios que hablan de elecciones libres o de una implosión del chavismo pasan a ser un conjunto vacío, al menos en el corto plazo. En efecto, con la realización de las elecciones, los resultados políticos pasan a ser binarios: o se reelige a Maduro o hay una transición porque gana un tercero (en este caso, Falcón) aun sin condiciones electorales. Esta es la principal causa por la que esta dimensión temporal del análisis de los escenarios termina siendo un verdadero hito: marca un antes y un después y termina descartando algunas de las tantas posibilidades que pudieran darse en Venezuela.
La fecha electoral de mayo, al igual que aquélla que también había sido aprobada por la inefable Asamblea Constituyente para antes de abril, sigue siendo una proposición extremadamente problemática si no viene acompañada de unos acuerdos mínimos que garanticen la legitimidad internacional de estos comicios.
Una reelección ilegítima de Maduro plantea unos riesgos tan altos para todos los actores relevantes que lo sostienen, que sus costos pueden llegar a ser prohibitivos. La reelección de Maduro, en el fondo, termina trasladando todos los costos de su ilegitimidad al resto de los factores de poder de la coalición oficialista, a cambio de unos beneficios inciertos que están muy concentrados en un círculo interno cada vez más restringido. Esta es su mayor fuente de inestabilidad.
El presidente Rómulo Betancourt resumía este tipo de disyuntivas históricas en torno al bizarro pragmatismo de los agentes de poder que circundan a los sistemas autoritarios, afirmando que los aliados son leales hasta que un buen día dejan de serlo. Ésta era la manera criolla de Betancourt de subrayar lo sorpresivo, pero también lo tremendamente transaccional que terminó siendo la política venezolana durante las tres décadas posteriores a la muerte de Gómez.
Si Maduro no es capaz de garantizarles una clara legitimidad a los distintos factores de poder que más temen las sanciones internacionales –condición que hasta ahora no está presente–, aunque logre imponer la fecha, va a tener que luchar desesperadamente por su propia estabilidad, pues los costos y los riesgos asociados a este escenario son verdaderamente altos.
Es evidente que el gobierno puede hacer prevalecer sus preferencias, pues tiene el control institucional y la capacidad de represión para hacerlo, tal como lo hizo en agosto del año pasado cuando impuso la Asamblea Constituyente, pero sería cuestión de meses antes de que el país entrara en otro periodo de altísima inestabilidad. Este primer escenario, aunque es el más probable, da la impresión de que no pasa el baremo de la cohesión interna del chavismo ni el potencial escalamiento de las sanciones ni garantiza el acceso a los recursos financieros externos. Es por eso que no es posible descartar que las elecciones del 20 de mayo terminen siendo pospuestas nuevamente por las propias presiones oficialistas, y que Maduro se vea obligado a volver a ganar tiempo tratando de improvisar una nueva ronda de negociación.
Ahora bien, si Maduro termina imponiendo la fecha de la elección, también existe la posibilidad que Falcón gane aunque no estén dadas las condiciones electorales. La probabilidad de ocurrencia de este otro escenario es claramente menor. Las encuestas dan a Falcón 8 puntos en promedio de ventaja frente a Maduro. Una vez que se controla por aquellos electores que están seguros de ir a votar, esta diferencia prácticamente se evapora. Falcón, para inmunizarse frente a los efectos más negativos de la abstención opositora, así como del condicionamiento social del voto provocado por el carnet de la patria, tendría que duplicar la diferencia entre los votantes dispuesto a acudir a las urnas a 16 puntos en las encuestas.
Este resultado va a depender exclusivamente de una campaña electoral que esté magníficamente bien ejecutada, algo así como la campaña unitaria de Capriles del 2013 que, en poco menos de un mes, redujo la ventaja de 20 puntos con la que contaba un ungido Maduro después de la muerte de Chávez. Para ello, Falcón necesita un apoyo formal de la Unidad (al menos de una parte representativa) y también requiere de un mensaje que le permita conectarse emotivamente con todos los venezolanos descontentos.
Lamentablemente, Falcón hasta ahora no ha logrado ninguno de estos objetivos, pues la campaña no ha tenido mayor impacto y tampoco ha sido capaz de movilizar masivamente ni a la base opositora ni al chavismo inconforme. La evolución de la mayoría de las encuestas más bien muestra a un Maduro que permanece estable, al igual que Falcón, mientras que el único que sube es un evangelista como Bertucci que ha terminado por restarle votos potenciales al exgobernador de Lara.
Si Falcón logra efectivamente dar un vuelco a la campaña y si también modifica su estrategia política, entonces quizás algunos factores descontentos del chavismo comiencen a ver su posible triunfo como un mecanismo de salida atractivo frente a un nefasto escenario de continuismo, que tendría para ellos unos costos extremadamente altos. Este escenario, en caso de que llegase a materializarse, lograría superar las tres preguntas del baremo y, evidentemente, el país entraría rápidamente en un proceso de transición tanto política como económica.
¿Qué podría ocurrir si las elecciones fuesen pospuestas? Esta posibilidad abre dos escenarios potenciales: uno en el que comienza a implosionar el chavismo y otro en el que se abre una nueva negociación internacional que podría facilitar la realización de unas elecciones libres. La posposición de la fecha sería considerada como una derrota política para Maduro. La suspensión pasaría a mostrar a toda su base de apoyo que efectivamente enfrenta serias restricciones internas y que, por lo tanto, no está en capacidad de seguir aspirando a la reelección presidencial. La postergación de la fecha también se convertiría en una derrota para Falcón.
Esta coyuntura ineludiblemente llevaría al chavismo a plantearse una sucesión presidencial que, muy probablemente, ante la ausencia de un liderazgo fuerte, sería un proceso conflictivo, desordenado e incluso violento. En un escenario de esta naturaleza es posible que observemos una alternabilidad dentro del chavismo sin que necesariamente eso implique una transformación radical de las condiciones electorales para la oposición, pero sí el inicio de un proceso de liberalización política que incluya la legalización de los partidos y la liberación de los presos políticos. Este escenario probablemente superaría el baremo de las restricciones creadas por la coalición oficialista y, si es visto como políticamente estable, quizás encuentre mayor disposición de financiamiento de algunos actores internacionales como los rusos y los chinos. En cuanto a las sanciones, las mismas probablemente no escalen, y quizás sean relajadas, pero tampoco serán removidas hasta tanto el país no logre reinstitucionalizar su democracia.
La otra posibilidad es que se abra un nuevo proceso de negociación internacional que conlleve a elecciones libres. Este proceso será radicalmente diferente al que hemos visto en el pasado, en particular en Dominicana, pues el chavismo asistirá a este proceso de negociación en búsqueda de una amnistía a cambio de concesiones irreversibles en el sistema electoral y también aceptando reformas institucionales que garanticen la restauración del funcionamiento del Estado de derecho. El chavismo no acudirá a esta nueva ronda de negociaciones con miras a quedarse en el poder, sino con miras a obtener beneficios que impidan su persecución judicial y que le permita, como en la revolución sandinista, poder volver al poder pocos años más tarde.
Sin embargo, este escenario es sólo plausible si los factores de poder real dentro del chavismo, sobre todos los que desean controlar la sucesión o los que se sienten amenazados por las sanciones, obligan al gobierno a actuar de esta forma, algo que parece poco probable. El chavismo siempre va a preferir el escenario alterno de producir una sucesión dentro de sus propias filas, precisamente para evitar tener que entrar en una negociación con estas características. En caso de que llegase a materializarse la negociación, debido a la presión interna e internacional, este escenario podría superar positivamente todas las preguntas del baremo.
Es indudable que las condiciones de cambio político en Venezuela son muy grandes: el país ya tronó. El gobierno solo le queda bloquear cualquier salida, tanto del frente opositor (dividiéndolos) como de sus propias entrañas (purgándolos).
Sin embargo, tal como hemos visto, existe una probabilidad muy alta de que, en el corto plazo, Maduro se mantenga ilegítimamente en el poder. Sus incentivos individuales de insistir con las elecciones presidenciales en mayo son cada vez más fuertes, pues sabe que suspenderlas tendría consecuencias duraderas. Paradójicamente, durante ese mismo período, la probabilidad que un cambio político se llegue a presentar continuará creciendo, precisamente porque su permanencia en el poder es esencialmente inestable.
Curiosamente, la probabilidad de un cambio democrático, indistintamente de la ruta planteada, es más baja que la posibilidad de una implosión del chavismo que muy posiblemente desencadene una segunda ronda de sucesión dentro de la misma revolución bolivariana. Por el contrario, la ruta democrática que plantea la oposición en cualquiera de sus alternativas es más estable, pero también refleja unos escenarios que tienen una menor probabilidad de ocurrencia que el mismo quiebre interno del chavismo.
¿Cuál es la razón que explica la baja probabilidad por parte de la oposición venezolana para precipitar una transición democrática? Una razón lógica está relacionada con la falta de unidad dentro del campo opositor, que cada vez muestra estar más plagada de mayores escisiones internas, pero también está referido a la incapacidad para jugar simultáneamente en distintos tableros, lo cual le permitiría a la oposición maximizar las probabilidades de éxito tanto de una como de otra alternativa y le impediría al gobierno cambiar de juego cada vez que se sienta amenazado. En vez de construir la unidad alrededor de contenidos y resultados, la oposición se ha dividido alrededor de la discusión sobre los medios y las rutas para restaurar la democracia, olvidándose de los resultados colectivos y de los valores constitucionales que todos deberían compartir indistintamente del tipo de tablero en el que terminan moviendo sus piezas más importantes.
Es urgente aprender a transformar la adversidad en oportunidad, y la única forma de hacerlo es acercando posiciones, compatibilizando objetivos y garantizando que el triunfo de una ruta no se transforme en la derrota del otro. La mejor manera de garantizar esto es asegurando que cualquier alternativa termine alcanzando los mismos objetivos que hayan sido previamente consensuados. Si la unidad se llegase a construir sobre estos cimientos, la voluntad de cambio político, gracias a un país que mayoritariamente desea vivir en democracia e impulsar el crecimiento económico, sería sencillamente indetenible.
Faltan cinco semanas para el 20 de mayo. Si queremos jugar simultáneamente en varios tableros, entonces debemos aceptar que el objetivo es ganar y es también posponer. Ganar supone movilizar electoralmente a la sociedad, lo cual es una acción estrictamente unitaria. Posponer implica hacer creíble la amenaza de retiro del evento presidencial una vez movilizada la sociedad, si las condiciones electorales más importantes no son modificadas. Tal como hemos visto en ambos casos, el resultado podría llevarnos al lugar que la mayoría de los ciudadanos tanto anhelamos para Venezuela.
Actuar de cualquier otra forma puede ser moralmente correcto, pero es social y políticamente, muy poco efectivo.
Fuente:
https://prodavinci.com/las-incertidumbres-de-la-realidad-politica-venezolana
EL NACIONAL, Caracas, 21 de abril de 2018
Un ensayo de Michael Penfold sobre la crisis política
Héctor Silva Michelena
Michael Penfold es, sin dudas, uno de los mejores o más inteligentes analistas políticos del país, y más allá de las fronteras. Su ensayo “Las incertidumbres de la realidad política venezolana”, publicado hace poco (no sé dónde), son una muestra del dominio con que ejerce la ciencia política. El ensayo es largo y complejo, pero no lo examinaré todo, sino las partes que me parecen más relevantes al día de hoy. La muy alta inestabilidad y la gran incertidumbre hacen que unas pocas horas equivalgan al largo plazo.
Hoy, 17 de abril (fecha en la que escribo este artículo), Tibisay Lucena ha anunciado en cadena nacional que las elecciones se realizarán, definitivamente, el 20 de mayo, es decir, en un mes. Nos colocamos así en la situación que Penfold llama “parterrayo”, una falla tectónica profunda que anula todos los escenarios examinados. Se abren los cuernos del dilema: Maduro candidato, cabalgando sobre la ilegitimidad de esta elección, o se abre una transición: hay dos candidatos: Falcón, el más probable, y un Bertucci que, según Penfold, restaría votos potenciales a Falcón. De esta opinión no participo, pues a la gente no le gusta “perder su voto” y el pastor evangélico carece de toda experiencia política y de recursos. Maduro no le endosará recursos y votos si ve su situación comprometida.
Dice correctamente Penfold: “Una reelección ilegítima de Maduro plantea unos riegos tan altos para todos los actores relevantes que lo sostienen [incluida la FANB], que sus costos pueden llegar a ser prohibitivos”. No solo Maduro pagaría esos costos, sino que ellos se trasladarían a toda su nomenklatura: el peso de las sanciones les convertiría el país en una cárcel, pues si salen sin un acuerdo mínimo, se exponen a ser capturados por la Interpol, la CIA, la DEA y órganos similares. Maduro, un presidente sumamente cuestionado, interna e internacionalmente, no podrá librarlos de las sanciones. Él es el cabecilla de la dictadura, de la muy grave situación económica y social, y de la crisis humanitaria que azota al país. De ganar, el país entraría en un largo proceso de inestabilidad y severos conflictos. La represión desplegada en abril-julio de 2017, con todo lo cruenta que fue, se verá en el horizonte empequeñecida.
Penfold cita los resultados, muy concordantes entre sí, de las últimas encuestas: arrojan, en promedio, una ventaja de 8 puntos a Falcón, pero controladas por aquellos electores que votarían con toda seguridad, esa ventaja se anula y queda un empate técnico. Pero si la abstención es muy alta tendremos continuismo, hambre, enfermedades y represión por un buen rato. Y esto deben meditarlo cuidadosamente los acérrimos partidarios del abstencionismo, porque no desean “convalidar una emboscada y un fraude monumental”. Posición éticamente respetable, pero muy alejada de lo que realmente importa ahora: el cambio de gobierno, y la alternativa es Falcón. La abstención es un voto decisivo para un gobierno que ha destruido a Venezuela y sometido a sus habitantes a las más dolorosas penurias (Véase Encovi, 2107).
Esta terrible calamidad es evitable, aun si no cambian las condiciones electorales, si ese 87% que no aprueba la gestión de Maduro se vuelca, en gran medida, a su candidatura. La palabra clave la aprendimos en la lucha contra la dictadura de Pérez Jiménez. ¡Unidad! De no producirse, Maduro se mantendrá, aun ilegítimamente, en el poder con su camarilla, que es inestable porque teme a las sanciones y a las acciones de protesta cotidianas que sin dudas irán aumentando con la represión y la crisis de hambre, enfermedades y muertes prematuras por desnutrición infantil, estimada en casi 1 millón de niños entre 0 y 9 años de edad. Ante tal realidad, el ominoso y fascista carnet de la patria no solo es una entelequia sino una estafa a los más pobres.Señala Penfold que la Unidad misma es la fuente de sus debilidades. Correcto. Precisa que concentrarse en ganar elecciones no basta y que “se ha olvidado de los resultados colectivos y constitucionales que llevan a la democracia”. Opino que, tal vez, es cierto, pero no tajantemente. Para muchísima gente (más de 12 o 14 millones de electores) la democracia, el Estado de Derecho, la libertad son palabras abstractas. Lo que los mueve es el hambre, la miseria y el cierre de toda posibilidad de mejoría.
Con gran tino político y humano, Penfold escribe: “Es urgente aprender a transformar la adversidad en oportunidad, y la única forma de hacerlo es acercando posiciones, compatibilizando objetivos y garantizando que el triunfo de una ruta no se transforme en la derrota del otro. La mejor manera de garantizar esto es asegurando que cualquier alternativa termine alcanzando los mismos objetivos que hayan sido previamente consensuados. Si la Unidad se llegase a construir sobre estos cimientos, la voluntad de cambio político, gracias a un país que mayoritariamente desea vivir en democracia e impulsar el crecimiento económico, sería sencillamente indetenible”. Palabras lapidarias y claras como “cono la aurora de rosáceos dedos” (Homero). La Unidad así lograda, despertará y enardecerá el entusiasmo de los decepcionados, los abstencionistas de buena fe y aun de los infaltables ni-ni.
La reflexión sobre la idea de fines comunes debe apoyarse en Baruch Spinoza, un filósofo a partir del cual es posible pensar este problema. Poder y voluntad del Estado, potencia común y libertad del individuo. Así se nos han mostrado las dos disyunciones producidas por la emergencia en la política moderna de la noción de soberanía y de la noción de Estado. Son estas nociones las que nos hacen tan difícil la tarea de dar consistencia a la idea de democracia. La filosofía de Spinoza está, exactamente, consagrada a recusar esta disyunción como elusiva, simultáneamente, de las ideas de libertad y de potencia soberana. No pudiendo extendernos en consideraciones al respecto, diré que el concepto de libre necesidad, y su relación con las libertades del soberano y del individuo es la base de todo objetivo común.
La idea de comunidad política supone pensar que es posible el acuerdo de estas libertades. Este acuerdo no puede ser hecho más que bajo la autoridad de la razón, que no dice otra cosa que sus identidades subsisten. Pero la razón no puede prevalecer por libre decisión, la razón prevalece solamente por libre necesidad. Eso es verdad para los individuos. Eso es verdad, igualmente, para los que ejercerán la voluntad soberana: ya no hay lugar para esperar de ellos el que quieran comportarse conforme a la razón, hay que obrar de manera que lo hagan. Esto es verdad aun para la misma comunidad. Spinoza se afana en hallar la unidad del mundo. Pero es aplicable a nuestro pequeño e inmenso mundo venezolano.
Los líderes de la MUD/FAN y Falcón son libres de acercarse, pero no pueden ser como un Robinson Crusoe: autosuficientes solitarios. Esa libertad de que gozan necesita de otra u otras personas, organizaciones o coaliciones. La libre necesidad es indivisible, pero puede ser ignorada. Dividirlas es caer en el aislacionismo o, peor aún, en el solipsismo, creer que solamente amparados en la ética puede lograrse la transición hacia la democracia que urgentemente necesitamos.
Con base en Spinoza podemos, entonces, dar esta definición de democracia: es la organización de la comunidad que tiene por efecto el que tanto los individuos, como los gobernantes, conducen sus acciones en conformidad con los principios de recta razón. La mayor potencia que el poder soberano puede adquirir es la que se apoya en el reconocimiento de su autoridad por aquellos sobre los cuales es ejercida. Y tal es el fundamento de la democracia.Es el ejercicio propio del poder común, que es enteramente a la vez el ejercicio en común del poder de cada uno, lo que forma y mantiene la cohesión de la comunidad. Y tal vez será necesario entender, antes que nada, esta severa advertencia que nos da el tratado teológico-político: privar a un hombre de toda esperanza es hacer de él un enemigo feroz de toda la comunidad. Esta debería ser nuestra preocupación por la democracia.
Esta concepción de la democracia está tan lejos de la de Maduro como el fulgor de la noche y sus iluminaciones.
Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/ensayo-michael-penfold-sobre-crisis-politica_231680
domingo, 22 de abril de 2018
EL LIDERAZGO CUBANO: LISTO, ¿"SANSEACABÓ"?
EL PAÍS, Madrid, 21 de abril de 2018
En análisis
Cuba, tres escenarios
Viñetas del comunismo para Díaz-Canel
Héctor E. Schamis
El nuevo presidente de Cuba fue elegido a dedo por Raúl Castro en una votación que ni siquiera califica como mala copia de la competencia democrática. Es una sucesión forzada por el paso del tiempo con la que el castrismo busca reproducirse como régimen. Miguel Díaz-Canel, así se llama este virtual desconocido, lo confirmó ni bien fue ungido en el cargo. Ratificó su lealtad a los Castro y su alineamiento con los principios del Partido Comunista, cuyo primer secretario será precisamente Raúl hasta 2021.
Pero eso se dice el primer día, es frecuente que el Delfín termine siendo un traidor. Es más, asegurar que todo seguirá igual cuando el dictador ya no se llama Castro es una proposición a verificar. Por ello me aventuro a decir que habrá cambios, si bien en lo inmediato estarán lejos de producir una Cuba democrática. Aquí van tres escenarios hipotéticos, viñetas históricas de transición dentro del comunismo.
Primer escenario: Díaz-Canel revisionista
En febrero de 1956, Nikita Krushchev pronunció su “Discurso Secreto” ante el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. En él denunció los crímenes y las purgas de Stalin, a quien denostó por fomentar el culto a la personalidad. Dicho discurso señaló el inicio del período revisionista, según lo caracterizó Mao, pero también un regreso a los fundamentos del marxismo-leninismo, marcadamente anti-personalista. El estalinismo constituía una desviación de dicha ortodoxia.
Sesenta años más tarde, no habrá idolatría posible en Cuba. Un Castro es difunto. El otro, sin carisma y octogenario avanzado, se retira de a poco del poder. Lo único viable para el régimen es despojarse del personalismo y volcarse hacia lo institucional. Cuba deberá comenzar su transición hacia el post-sultanismo y, obligadamente, por medio del revisionismo.
Lo cual implicará un sinnúmero de conflictos dentro del bloque en el poder. El Macondo comunista no se podrá reproducir, la dinastía se termina. Institucionalmente, además, Díaz-Canel es un burócrata del partido, no un oficial del ejército. Como tal, es pensable el rediseño de dicha relación. El socialismo de Estado se gobierna por medio de un partido de elites profesionales, con la institución militar subordinada al poder civil. Una dictadura militar personalista siempre fue la heterodoxia caribeña de Fidel Castro.
Segundo escenario: Díaz-Canel reformista
Bajo la larga sombra de la revuelta de 1956, reprimida por los tanques soviéticos, en enero de 1968 el gobierno de János Kádár introdujo el Nuevo Mecanismo Económico, un programa de reformas destinado a incrementar la eficiencia agregada. Si bien no era el único de ese tipo en el bloque socialista—de hecho, una relativa liberalización de precios fue introducida en esa época en Polonia, Bulgaria y Alemania Oriental—el “Comunismo Gulash” fue el más ambicioso de todas las versiones de socialismo de mercado.
Se liberalizó el comercio, se eliminaron las cuotas de producción y se descentralizó la estructura de la propiedad. Las firmas de propiedad estatal comenzaron a ser evaluadas por sus utilidades, lo cual hizo que los gerentes se preocuparan por costos, precios y calidad de sus productos. La transformación capitalista fue lenta pero de dirección clara. No suele recordarse hoy que en Hungría la privatización de empresas públicas comenzó en 1988, bajo la dirección del partido oficial y anticipándose a la disolución del mundo socialista.
Cuba inició un camino parecido en 1991. El fin de la Unión Soviética significó la perdida de los subsidios agrícolas y energéticos, la recesion obligó a las reformas del “Período Especial.” Se instauró el sistema bimonetario y se modificó la constitución a fin de legalizar la propiedad privada e incrementar la competitividad en la agricultura. Parecía que pronto llegarían la apertura política y la democratización.
Pero la democracia no era el objetivo del estado-partido, como tampoco lo era una transicion al capitalismo. La liberalización parcial fue un instrumento para sortear la crisis política descomprimiendo la economía hasta encontrar la manera de atraer recursos financieros externos. Lo cual ocurrió gracias a Petrocaribe a partir de 2005. Venezuela comenzó a vender a Cuba petróleo fuertemente subsidiado, que Cuba a su vez exporta aún hoy a precio de mercado.
Dicho esquema es insostenible a ambos lados de la ecuacion. Para la nomenclatura oficial es una renta parasitaria sin efecto cascada en la sociedad. La capacidad de Venezuela de continuar con el subsidio, a su vez, decrece con el deterioro paulatino del gobierno. Esto indica que el nuevo presidente deberá encarar más reformas y más en serio. Lo hecho hasta ahora en el contexto del descongelamiento con Obama, no mucho más que cuentapropismo, es insuficiente para producir riqueza y generar empleo.
Es racional para los jerarcas del partido desmilitarizar el regimen y transformar la economía. Si en el camino pierden el poder, que siempre es finito de todas formas, podrán mirar a Hungria, justamente, con esperanza. Los comunistas volvieron en 1994 como socialdemocratas y con elecciones libres. La opcion China, por su parte, capitalismo pero conservando el monopolio del poder político, no parece muy probable. Cuba es un país pequeño y Estados Unidos está a solo 90 millas.
Tercer escenario: Díaz Canel chavista
Pocos días después de la elección del 6 de diciembre de 2015, parlamentarias en las que el chavismo fue derrotado abrumadoramente, Maduro se dirigió al país. Lo hizo con pasmosa sinceridad. “Ese voto lo entiendo, pero fue un error. Fue un voto contra ustedes mismos, hermanos. Yo quería construir 500 mil viviendas el próximo año, pero ahorita estoy dudando. No porque no pueda, yo puedo construirlas. Pero te pedí tu apoyo y no me lo diste”.
Es la venganza del rechazo. Se podría reemplazar viviendas por alimentos y medicinas y así explicar la tragedia humanitaria venezolana, el Holodomor del chavismo, estrategia para impedir la transición política. Es la guerra de un gobierno contra su pueblo, como la de Stalin contra el pueblo de Ucrania.
Ello supone un importante grado de sadismo, desde luego, si bien la crueldad de Maduro no es puramente personal, está enraizada en una formulación conceptual. Son las coartadas intelectuales del marxismo, su razonamiento ad-hoc. Si el pueblo nos apoya, elabora el comunista, es la estrategia correcta, la emancipación proletaria en acción. Si no nos apoya, es por falsa conciencia. Igual nos quedamos, pues nos necesitan aunque no lo sepan. De ahí el terror, necesario para reeducar y corregir la falsa conciencia.
Así ha operado el castrismo, con el terror de baja intensidad, la privación en cuotas, la opresión quirúrgica y el exilio por goteo. Ello a diferencia de Venezuela donde, al encontrar a una sociedad civil más movilizada, Maduro respondió con ferocidad y a control remoto desde La Habana. Sin los Castro, la sociedad civil cubana se activará, habrá que ver la respuesta del régimen. A similares grados de opresión y mayor oposición, la baja intensidad podría cambiar.
Claro que, ante esa hipótesis, el nuevo presidente tiene la oportunidad de no ser Maduro creando un cuarto escenario: el de Gorbachov, quien tuvo la grandeza de evitar derramamientos de sangre, reescribiendo en parte la trágica historia de Budapest en 1956 y de Praga en 1968. Anunciando en 1988 que no intervendría en Europa Oriental, aceleró él mismo las revoluciones democráticas en curso.
Allí tiene Díaz-Canel un comunista a imitar y convertirse en un noble Delfín traidor. Con ello podría entrar en la historia como el hacedor de la transición democrática cubana, nada menos. La otra opción que tiene es ser el vasallo que Raúl Castro imaginó.
Fuente:
https://elpais.com/internacional/2018/04/21/america/1524342079_809025.html
Fotografía: El nuevo presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, y Raúl Castro. ALEXANDRE MENEGHINI REUTERS)
EL NACIONAL, Caracas, 18 de abril de 2018
Cuba: cómo se elige al sucesor de Raúl Castro
Cuba tiene su propio guion en la política y lo sigue sin desviarse un ápice.
La República socialista se dispone a nombrar al sucesor de Raúl Castro en la jefatura del Estado.
El menor de los hermanos Castro se atiene a la norma promovida por él mismo y deja el cargo al terminar su segundo mandato de 5 años como presidente.
Aunque hubo otros dos presidentes después del triunfo de Revolución (Manuel Urrutia, 1959 y Osvaldo Dorticós, 1959 - 1976) antes del nombramiento de Fidel Castro como tal y de la aprobación en 1976 de la constitución vigente, los observadores destacan la importancia del momento.
Su sistema político no se parece al de ningún otro país del continente y el momento que se apresta a vivir también es excepcional.
¿Por qué es importante?
Por primera vez desde el triunfo de la Revolución cubana, no será un miembro de la familia Castro ni del grupo que se alzó en armas contra Fulgencio Batista e inauguró el actual sistema político quien asuma el gobierno del país.
Estos son los candidatos:
Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/bbc-mundo/cuba-como-elige-sucesor-raul-castro_231508
Fotografía: Raúl Castro junto al vicepresidente Díaz-Canel a su llegada este miércoles a la reunión de la Asamblea Nacional de Cuba. Foto: GETTY IMAGES.
En análisis
Cuba, tres escenarios
Viñetas del comunismo para Díaz-Canel
Héctor E. Schamis
El nuevo presidente de Cuba fue elegido a dedo por Raúl Castro en una votación que ni siquiera califica como mala copia de la competencia democrática. Es una sucesión forzada por el paso del tiempo con la que el castrismo busca reproducirse como régimen. Miguel Díaz-Canel, así se llama este virtual desconocido, lo confirmó ni bien fue ungido en el cargo. Ratificó su lealtad a los Castro y su alineamiento con los principios del Partido Comunista, cuyo primer secretario será precisamente Raúl hasta 2021.
Pero eso se dice el primer día, es frecuente que el Delfín termine siendo un traidor. Es más, asegurar que todo seguirá igual cuando el dictador ya no se llama Castro es una proposición a verificar. Por ello me aventuro a decir que habrá cambios, si bien en lo inmediato estarán lejos de producir una Cuba democrática. Aquí van tres escenarios hipotéticos, viñetas históricas de transición dentro del comunismo.
Primer escenario: Díaz-Canel revisionista
En febrero de 1956, Nikita Krushchev pronunció su “Discurso Secreto” ante el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. En él denunció los crímenes y las purgas de Stalin, a quien denostó por fomentar el culto a la personalidad. Dicho discurso señaló el inicio del período revisionista, según lo caracterizó Mao, pero también un regreso a los fundamentos del marxismo-leninismo, marcadamente anti-personalista. El estalinismo constituía una desviación de dicha ortodoxia.
Sesenta años más tarde, no habrá idolatría posible en Cuba. Un Castro es difunto. El otro, sin carisma y octogenario avanzado, se retira de a poco del poder. Lo único viable para el régimen es despojarse del personalismo y volcarse hacia lo institucional. Cuba deberá comenzar su transición hacia el post-sultanismo y, obligadamente, por medio del revisionismo.
Lo cual implicará un sinnúmero de conflictos dentro del bloque en el poder. El Macondo comunista no se podrá reproducir, la dinastía se termina. Institucionalmente, además, Díaz-Canel es un burócrata del partido, no un oficial del ejército. Como tal, es pensable el rediseño de dicha relación. El socialismo de Estado se gobierna por medio de un partido de elites profesionales, con la institución militar subordinada al poder civil. Una dictadura militar personalista siempre fue la heterodoxia caribeña de Fidel Castro.
Segundo escenario: Díaz-Canel reformista
Bajo la larga sombra de la revuelta de 1956, reprimida por los tanques soviéticos, en enero de 1968 el gobierno de János Kádár introdujo el Nuevo Mecanismo Económico, un programa de reformas destinado a incrementar la eficiencia agregada. Si bien no era el único de ese tipo en el bloque socialista—de hecho, una relativa liberalización de precios fue introducida en esa época en Polonia, Bulgaria y Alemania Oriental—el “Comunismo Gulash” fue el más ambicioso de todas las versiones de socialismo de mercado.
Se liberalizó el comercio, se eliminaron las cuotas de producción y se descentralizó la estructura de la propiedad. Las firmas de propiedad estatal comenzaron a ser evaluadas por sus utilidades, lo cual hizo que los gerentes se preocuparan por costos, precios y calidad de sus productos. La transformación capitalista fue lenta pero de dirección clara. No suele recordarse hoy que en Hungría la privatización de empresas públicas comenzó en 1988, bajo la dirección del partido oficial y anticipándose a la disolución del mundo socialista.
Cuba inició un camino parecido en 1991. El fin de la Unión Soviética significó la perdida de los subsidios agrícolas y energéticos, la recesion obligó a las reformas del “Período Especial.” Se instauró el sistema bimonetario y se modificó la constitución a fin de legalizar la propiedad privada e incrementar la competitividad en la agricultura. Parecía que pronto llegarían la apertura política y la democratización.
Pero la democracia no era el objetivo del estado-partido, como tampoco lo era una transicion al capitalismo. La liberalización parcial fue un instrumento para sortear la crisis política descomprimiendo la economía hasta encontrar la manera de atraer recursos financieros externos. Lo cual ocurrió gracias a Petrocaribe a partir de 2005. Venezuela comenzó a vender a Cuba petróleo fuertemente subsidiado, que Cuba a su vez exporta aún hoy a precio de mercado.
Dicho esquema es insostenible a ambos lados de la ecuacion. Para la nomenclatura oficial es una renta parasitaria sin efecto cascada en la sociedad. La capacidad de Venezuela de continuar con el subsidio, a su vez, decrece con el deterioro paulatino del gobierno. Esto indica que el nuevo presidente deberá encarar más reformas y más en serio. Lo hecho hasta ahora en el contexto del descongelamiento con Obama, no mucho más que cuentapropismo, es insuficiente para producir riqueza y generar empleo.
Es racional para los jerarcas del partido desmilitarizar el regimen y transformar la economía. Si en el camino pierden el poder, que siempre es finito de todas formas, podrán mirar a Hungria, justamente, con esperanza. Los comunistas volvieron en 1994 como socialdemocratas y con elecciones libres. La opcion China, por su parte, capitalismo pero conservando el monopolio del poder político, no parece muy probable. Cuba es un país pequeño y Estados Unidos está a solo 90 millas.
Tercer escenario: Díaz Canel chavista
Pocos días después de la elección del 6 de diciembre de 2015, parlamentarias en las que el chavismo fue derrotado abrumadoramente, Maduro se dirigió al país. Lo hizo con pasmosa sinceridad. “Ese voto lo entiendo, pero fue un error. Fue un voto contra ustedes mismos, hermanos. Yo quería construir 500 mil viviendas el próximo año, pero ahorita estoy dudando. No porque no pueda, yo puedo construirlas. Pero te pedí tu apoyo y no me lo diste”.
Es la venganza del rechazo. Se podría reemplazar viviendas por alimentos y medicinas y así explicar la tragedia humanitaria venezolana, el Holodomor del chavismo, estrategia para impedir la transición política. Es la guerra de un gobierno contra su pueblo, como la de Stalin contra el pueblo de Ucrania.
Ello supone un importante grado de sadismo, desde luego, si bien la crueldad de Maduro no es puramente personal, está enraizada en una formulación conceptual. Son las coartadas intelectuales del marxismo, su razonamiento ad-hoc. Si el pueblo nos apoya, elabora el comunista, es la estrategia correcta, la emancipación proletaria en acción. Si no nos apoya, es por falsa conciencia. Igual nos quedamos, pues nos necesitan aunque no lo sepan. De ahí el terror, necesario para reeducar y corregir la falsa conciencia.
Así ha operado el castrismo, con el terror de baja intensidad, la privación en cuotas, la opresión quirúrgica y el exilio por goteo. Ello a diferencia de Venezuela donde, al encontrar a una sociedad civil más movilizada, Maduro respondió con ferocidad y a control remoto desde La Habana. Sin los Castro, la sociedad civil cubana se activará, habrá que ver la respuesta del régimen. A similares grados de opresión y mayor oposición, la baja intensidad podría cambiar.
Claro que, ante esa hipótesis, el nuevo presidente tiene la oportunidad de no ser Maduro creando un cuarto escenario: el de Gorbachov, quien tuvo la grandeza de evitar derramamientos de sangre, reescribiendo en parte la trágica historia de Budapest en 1956 y de Praga en 1968. Anunciando en 1988 que no intervendría en Europa Oriental, aceleró él mismo las revoluciones democráticas en curso.
Allí tiene Díaz-Canel un comunista a imitar y convertirse en un noble Delfín traidor. Con ello podría entrar en la historia como el hacedor de la transición democrática cubana, nada menos. La otra opción que tiene es ser el vasallo que Raúl Castro imaginó.
Fuente:
https://elpais.com/internacional/2018/04/21/america/1524342079_809025.html
Fotografía: El nuevo presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, y Raúl Castro. ALEXANDRE MENEGHINI REUTERS)
EL NACIONAL, Caracas, 18 de abril de 2018Cuba: cómo se elige al sucesor de Raúl Castro
Cuba tiene su propio guion en la política y lo sigue sin desviarse un ápice.
La República socialista se dispone a nombrar al sucesor de Raúl Castro en la jefatura del Estado.
El menor de los hermanos Castro se atiene a la norma promovida por él mismo y deja el cargo al terminar su segundo mandato de 5 años como presidente.
Aunque hubo otros dos presidentes después del triunfo de Revolución (Manuel Urrutia, 1959 y Osvaldo Dorticós, 1959 - 1976) antes del nombramiento de Fidel Castro como tal y de la aprobación en 1976 de la constitución vigente, los observadores destacan la importancia del momento.
Su sistema político no se parece al de ningún otro país del continente y el momento que se apresta a vivir también es excepcional.
¿Por qué es importante?
Por primera vez desde el triunfo de la Revolución cubana, no será un miembro de la familia Castro ni del grupo que se alzó en armas contra Fulgencio Batista e inauguró el actual sistema político quien asuma el gobierno del país.
Estos son los candidatos:
Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/bbc-mundo/cuba-como-elige-sucesor-raul-castro_231508
Fotografía: Raúl Castro junto al vicepresidente Díaz-Canel a su llegada este miércoles a la reunión de la Asamblea Nacional de Cuba. Foto: GETTY IMAGES.
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domingo, 4 de febrero de 2018
¿QUÉ TIENE QUE VER EL DIÁLOGO CON LO DEMÁS?
De los escenarios cantados
Luis Barragán
Hay escenarios suficientemente predecibles que, sentimos, no cuentan con el interés de una ensimismada dirigencia política. El diálogo, por cierto, uno de ellos, concitó hasta el entusiasmo de quienes, cuales Chamberlain de ocasión, se dijeron desbaratadores de una guerra mundial por la sola exhibición y vistosidad de sus conocidas habilidades, incluyendo a los que desearon hacerlas conocer en un trance inaudito de autopromoción.
Disculpándonos por la digresión, ante la legítima solicitud de una votación nominal en la sesión en la que la fracción parlamentaria del 16 de Julio negó todo apoyo al tal diálogo de República Dominicana, formulada por el diputado Juan Pablo García, respondió el presidente saliente, diputado Julio Borges, con un comentario que a él mismo lo descolocaba. Palabras más, palabras menos, dijo que ojalá pusiera igual empeño en luchar contra el gobierno como solicita la moción, pretendiendo desconocer la postura y el testimonio de lucha del representante monaguense.
Así como se veía venir, por ejemplo, la decisión del Secretario General de la ONU, remitiendo el caso esequibano a la Corte Internacional de Justicia, recientemente adoptada luego de transcurrir el plazo de un año universalmente conocido, hay otras situaciones que prometen una mayor conculcación de nuestras libertades. Una de ellas, paciente y maliciosamente encaminada, se refiere al destino de las universidades autónomas.
Semejante a la realidad que está confrontando la Universidad Simón Bolívar, con un vicerrector adedado por la dictadura que trabaja en su implosión definitiva, de un momento a otro la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA), tendrá un rector madurista pasándole por encima a todo lo que diga o establezca la Constitución de la República, cuya vigencia es motivo suficiente del pacífico combate ciudadano. No es ni será ridículo pensar en la cercana apuesta que se haga respecto a la UCV, ULA, LUZ y cualesquiera otras casas de estudios, añadidas las privadas.
En la medida de nuestras posibilidades, hemos llamado una y otra vez la atención sobre tan grave asunto y, por más cantado que sea el escenario, otras cosas suscitan el interés de una dirigencia con la que también debemos lidiar, además del régimen que, como tal, la estimula no sin un dejo de morbosa diversión. O, ¿acaso debemos esperar a la entera realización de los acontecimientos, sin la más elemental previsión, para luego quejarnos y clamar por una rebelión de 30 millones de venezolanos cuando sea tarde, excepto se reciba la concesión graciosa de una validación partidista?
Fotografía: Diálogo República Dominicana, tomada de la red.
05/02/2018:
https://www.lapatilla.com/site/2018/02/05/luis-barragan-de-los-escenarios-cantados/
https://www.noticiafinal.com.ve/2018/02/05/luis-barragan-de-los-escenarios-cantados
05/02/2018:
https://www.lapatilla.com/site/2018/02/05/luis-barragan-de-los-escenarios-cantados/
https://www.noticiafinal.com.ve/2018/02/05/luis-barragan-de-los-escenarios-cantados
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viernes, 5 de mayo de 2017
RACIONALIDAD E IRRACIONALIDAD

Del difícil vaticinio
Luis Barragán
Evidentemente, no existe un lógico y, por tal, compartido desarrollo
político de los acontecimientos en Venezuela, por sufridos que fuesen. Los más
diversos analistas y comentaristas políticos lo desean con el fervor de sus
viejas lecturas y experiencias, pero en toda dictadura resulta difícil
vaticinar el más modesto evento.
Nos recreamos con algunos mitos y, cual moneda de curso legal, el
comentario ocasional dice adquirir alguna
prestancia para el intercambio. Algo natural, porque todos urgimos de un
sentido para la vida personal y colectiva.
El régimen caerá de tocar fondo la situación nacional, fue uno de los
argumentos más favorecidos. Nunca se supo de cuál de los tantos fondos que ya
hemos tocado, asfixiándonos, porque el precio del petróleo más bajo no puede
caer ante la gigantesca voracidad fiscal del socialismo del siglo XXI y,
además, hubo República y hubo democracia, mal que bien, con el barril a siete
dólares durante el gobierno de Caldera.
Los militares solamente esperan que las calles se llenen, algo que ha
ocurrido sometiendo a justos y pecadores a una feroz represión. En su sano juicio, nadie espera que la
protesta pueble todo el territorio nacional para apostar por una militarada
más, pues versamos sobre la necesidad de una transición democrática.
O esto se acaba cuando los cerros bajen y, desde hace un buen rato, ya lo
hicieron, o ¿acaso las autopistas urbanas las ocupa exclusivamente la
mesocracia harta y desesperada? Por
definición, toda dictadura es irracional, caprichosa y soez, por lo que cuenta
con una dinámica propia que, por ilógica, genera un severo y continuo
corto-circuito hasta que colapsa. Y es lo que está aconteciendo en una
Venezuela a la que el magistrado consular, por más encumbrado que se vea en el
TSJ, ni siquiera ofrece una respuesta coherente, simuladora de alguna
convicción jurídica.
01/05/2017:
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jueves, 25 de agosto de 2016
DUAL
EL UNIVERSAL, Caracas, 25 de agosto de 2016
Escenarios de una posible guerra mundial
Alfredo Toro Hardy
El mundo confronta dos escenarios susceptibles de crear las condiciones para una confrontación global. Uno se encuentra al Este de Europa y el otro al Este de Asia. El primero se caracteriza por la contracción geopolítica sufrida por un actor fundamental. El segundo por la expansión geopolítica de otro.
Europa
Al Este de Europa, Rusia se encuentra desde hace veinticinco años en un proceso de repliegue de sus antiguas áreas de proyección de poder. Al momento del desplome de la URSS, Moscú solicitó insistentemente que se transformase a la Organización para la Seguridad y Cooperación Europea en eje de la seguridad europea. En su lugar esta función fue asignada a la OTAN, institución nacida para adversar a Rusia, la cual inició a partir de ese momento una expansión sistemática hacia el Este. Ello fue acompañado por la expansión en igual dirección de la Unión Europea. No satisfecho con este efecto tenaza sobre las antiguas áreas de influencia de Moscú, EEUU desarrolló un conjunto de acciones en Asia Central y el Mar Caspio cuyo denominador común fue buscar conducir a dicha capital a la irrelevancia.
Rusia se ha encontrado en retirada continua y en procura de poder salvaguardar un perímetro esencial de protección y defensa. La ausencia de una geografía que naturalmente la proteja, ha determinado que Rusia busque esta salvaguarda por vía de Estados tapones y de la profundidad territorial. Mientras lo segundo le viene dado en sus propios espacios interiores, lo primero ha sido sistemáticamente socavado por Occidente. Ucrania, sin embargo, fue un paso demasiado lejos. Ello no sólo colocaba bajo control occidental a las grandes planicies por las que han penetrado a Rusia sucesivas invasiones, sino que podía sustraerle a Moscú su única base naval contigua de aguas calientes. Según Henry Kissinger: “Ucrania fue parte de Rusia durante largo tiempo… Europa y Estados Unidos no entendieron el impacto de sus acciones… Ucrania siempre ha tenido un significado muy especial para Rusia y fue un error no haberlo comprendido” (“Interview with Henry Kissinger”, Spiegel Online, November 13, 2014). La reacción rusa frente a esta situación colocó las relaciones de este país con la OTAN al rojo vivo. El derribo de un avión ruso por parte de Turquía el año pasado mostró la fragilidad existente.
Asia
Al Este de Asia, el problema es el opuesto. Aquí la actitud expansiva de China determina el marco de referencia. Ello requiere de un poco de historia. En 1972 Pekín y Washington alcanzaron un acuerdo fundamental sustentado en una premisa simple: EEUU reconocía al Partido Comunista como legítimo gobierno de China y este último aceptaba el liderazgo estadounidense en la región del Asia-Pacífico. Ambas partes necesitaban de este compromiso. Para Mao era la garantía de que Washington no se aliaría con Moscú en su contra, en momentos en que las tensiones de China con la Unión Soviética habían llegado a su punto álgido. Para Nixon ello brindaba la posibilidad de salir de la guerra de Vietnam sin que China explotase en su beneficio esta situación de debilidad.
Dicho acuerdo brindó importantes dividendos a ambas partes. A partir de fines de la década de los setenta China pudo concentrarse en una política de crecimiento económico sin tener que desviar recursos o atención a una rivalidad estratégica con EEUU. Washington pudo dirigir su atención a otros escenarios, en la seguridad de que su liderazgo en esta zona del mundo no sería puesto a prueba.
De ambos quien mayor beneficio obtuvo fue China. Ello le posibilitó alcanzar el mayor crecimiento económico en la historia documentada de la humanidad, compitiendo con EEUU por la supremacía económica. Más aún, le permitió revertir el declive sufrido durante los últimos dos siglos para recuperar la importancia mundial que había detentado durante milenios. Para Pekín el acuerdo de 1972 resulta desfasado. Lo contrario implicaría asumir una posición de subordinación permanente en una zona del mundo en la que, desde tiempos inmemoriales y con excepción de los últimos 175 años, fue potencia hegemónica. Su aspiración es la paridad estratégica con Washington en el Asia-Pacífico. Para China los términos de este arreglo deberían implicar una división de esferas de influencia dentro de la cual EEUU quedaría relegado al Este de la llamada “Primera Cadena de Islas”. Esto colocaría bajo control hegemónico de Pekín al Mar Amarillo y a los mares del Este y del Sur de China. Es decir, el epicentro geopolítico de esa parte del mundo.
Lo anterior no es viable para Washington. No sólo porque de por sí aceptar una relación de paridad estratégica con China le resultaría cuesta arriba, sino porque hacerlo en los términos a los que aspira Pekín le significaría sentarse en el asiento del copiloto.
Este escenario dual ya de por sí inmensamente complejo se complica más ante la política de alianzas. Es a partir de éstas que podría prenderse la chispa que haría estallar al polvorín.
Fuente: http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/escenarios-una-posible-guerra-mundial_432855#eu-listComments
Escenarios de una posible guerra mundial
Alfredo Toro Hardy
El mundo confronta dos escenarios susceptibles de crear las condiciones para una confrontación global. Uno se encuentra al Este de Europa y el otro al Este de Asia. El primero se caracteriza por la contracción geopolítica sufrida por un actor fundamental. El segundo por la expansión geopolítica de otro.
Europa
Al Este de Europa, Rusia se encuentra desde hace veinticinco años en un proceso de repliegue de sus antiguas áreas de proyección de poder. Al momento del desplome de la URSS, Moscú solicitó insistentemente que se transformase a la Organización para la Seguridad y Cooperación Europea en eje de la seguridad europea. En su lugar esta función fue asignada a la OTAN, institución nacida para adversar a Rusia, la cual inició a partir de ese momento una expansión sistemática hacia el Este. Ello fue acompañado por la expansión en igual dirección de la Unión Europea. No satisfecho con este efecto tenaza sobre las antiguas áreas de influencia de Moscú, EEUU desarrolló un conjunto de acciones en Asia Central y el Mar Caspio cuyo denominador común fue buscar conducir a dicha capital a la irrelevancia.
Rusia se ha encontrado en retirada continua y en procura de poder salvaguardar un perímetro esencial de protección y defensa. La ausencia de una geografía que naturalmente la proteja, ha determinado que Rusia busque esta salvaguarda por vía de Estados tapones y de la profundidad territorial. Mientras lo segundo le viene dado en sus propios espacios interiores, lo primero ha sido sistemáticamente socavado por Occidente. Ucrania, sin embargo, fue un paso demasiado lejos. Ello no sólo colocaba bajo control occidental a las grandes planicies por las que han penetrado a Rusia sucesivas invasiones, sino que podía sustraerle a Moscú su única base naval contigua de aguas calientes. Según Henry Kissinger: “Ucrania fue parte de Rusia durante largo tiempo… Europa y Estados Unidos no entendieron el impacto de sus acciones… Ucrania siempre ha tenido un significado muy especial para Rusia y fue un error no haberlo comprendido” (“Interview with Henry Kissinger”, Spiegel Online, November 13, 2014). La reacción rusa frente a esta situación colocó las relaciones de este país con la OTAN al rojo vivo. El derribo de un avión ruso por parte de Turquía el año pasado mostró la fragilidad existente.
Asia
Al Este de Asia, el problema es el opuesto. Aquí la actitud expansiva de China determina el marco de referencia. Ello requiere de un poco de historia. En 1972 Pekín y Washington alcanzaron un acuerdo fundamental sustentado en una premisa simple: EEUU reconocía al Partido Comunista como legítimo gobierno de China y este último aceptaba el liderazgo estadounidense en la región del Asia-Pacífico. Ambas partes necesitaban de este compromiso. Para Mao era la garantía de que Washington no se aliaría con Moscú en su contra, en momentos en que las tensiones de China con la Unión Soviética habían llegado a su punto álgido. Para Nixon ello brindaba la posibilidad de salir de la guerra de Vietnam sin que China explotase en su beneficio esta situación de debilidad.
Dicho acuerdo brindó importantes dividendos a ambas partes. A partir de fines de la década de los setenta China pudo concentrarse en una política de crecimiento económico sin tener que desviar recursos o atención a una rivalidad estratégica con EEUU. Washington pudo dirigir su atención a otros escenarios, en la seguridad de que su liderazgo en esta zona del mundo no sería puesto a prueba.
De ambos quien mayor beneficio obtuvo fue China. Ello le posibilitó alcanzar el mayor crecimiento económico en la historia documentada de la humanidad, compitiendo con EEUU por la supremacía económica. Más aún, le permitió revertir el declive sufrido durante los últimos dos siglos para recuperar la importancia mundial que había detentado durante milenios. Para Pekín el acuerdo de 1972 resulta desfasado. Lo contrario implicaría asumir una posición de subordinación permanente en una zona del mundo en la que, desde tiempos inmemoriales y con excepción de los últimos 175 años, fue potencia hegemónica. Su aspiración es la paridad estratégica con Washington en el Asia-Pacífico. Para China los términos de este arreglo deberían implicar una división de esferas de influencia dentro de la cual EEUU quedaría relegado al Este de la llamada “Primera Cadena de Islas”. Esto colocaría bajo control hegemónico de Pekín al Mar Amarillo y a los mares del Este y del Sur de China. Es decir, el epicentro geopolítico de esa parte del mundo.
Lo anterior no es viable para Washington. No sólo porque de por sí aceptar una relación de paridad estratégica con China le resultaría cuesta arriba, sino porque hacerlo en los términos a los que aspira Pekín le significaría sentarse en el asiento del copiloto.
Este escenario dual ya de por sí inmensamente complejo se complica más ante la política de alianzas. Es a partir de éstas que podría prenderse la chispa que haría estallar al polvorín.
Fuente: http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/escenarios-una-posible-guerra-mundial_432855#eu-listComments
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lunes, 22 de agosto de 2016
ESCENA OFICIAL
Septiembre 1
Luis Barragán
Legítimamente convocada la protesta pacífica en todo el país para el venidero 1° de septiembre, el gobierno nacional no encuentra una explicación razonable y suficiente que dar a sus más firmes partidarios, entendiendo por tales a los cuadros medios y altos de una burocracia que todavía – algo no tan obvio – tiene motivos para defenderlo. . En modo alguno, pretendemos desconocerle un soporte social mínimo, pero lo cierto es que, en el mejor de los casos, reina el escepticismo entre los viejos y persistentes devotos de Chávez Frías ante la calamitosa actuación de un sucesor agresivo y arrogante que los ha arrinconado en una miseria – antes – inimaginable.
En la más reciente sesión plenaria del parlamento, los voceros del oficialismo ensayaron esa explicación, deseándola – más que diagnosticándola – como una protesta violenta y conspirativa. Huérfanos de la necesaria imaginación política, además, evidenciaron que muy poco o nada saben de una interpretación presidencial de los hechos, susceptible de tejer una estrategia discursiva entre los suyos, porque – inconsultos – ellos mismos deben esperar y, a ciegas, respaldar alguna reacción sobrevenida de los centros de poder.
Hicieron gala de la acostumbrada simplicidad, despreciando lo que realmente acaece hoy en el país, batiendo los fantasmas del consabido 11-A que los atormentan, supuestamente enterradas las culpas en un distraído subconsciente. No hay el más elemental reconocimiento de la situación que nos oprime, pues, desde el olimpo de sus privilegios, el miedo es a perderlos.
Por muchísimo menos de lo que ahora ocurre, ellos agitaron hasta delictivamente las calles, propiciando y avalando la doble intentona golpista de 1992. Empero, la oposición responsable y democrática, insiste hoy en las luchas cívicas que desemboquen en la consulta popular, sin renunciar por un instante a sus más decididas, corajudas y limpias banderas.
Cuecen los más oscuros escenarios en la intimidad de un gobierno que no se molesta en indagar la opinión de sus defensores en la Asamblea Nacional y que, al prolongarse, multiplica diariamente los muertos en Venezuela. Sabemos de las difíciles e indispensables jornadas como la del próximo primero de septiembre, orientadas a una transición democrática que, por cierto, literalmente, también salvará la vida de las minorías que aún simpatizan con el extinto presidente.
22/08/2016:
http://www.noticierodigital.com/2016/08/septiembre-1/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=40861
http://www.ventevenezuela.org/septiembre-1-luis-barragan/?platform=hootsuite
Luis Barragán
Legítimamente convocada la protesta pacífica en todo el país para el venidero 1° de septiembre, el gobierno nacional no encuentra una explicación razonable y suficiente que dar a sus más firmes partidarios, entendiendo por tales a los cuadros medios y altos de una burocracia que todavía – algo no tan obvio – tiene motivos para defenderlo. . En modo alguno, pretendemos desconocerle un soporte social mínimo, pero lo cierto es que, en el mejor de los casos, reina el escepticismo entre los viejos y persistentes devotos de Chávez Frías ante la calamitosa actuación de un sucesor agresivo y arrogante que los ha arrinconado en una miseria – antes – inimaginable.
En la más reciente sesión plenaria del parlamento, los voceros del oficialismo ensayaron esa explicación, deseándola – más que diagnosticándola – como una protesta violenta y conspirativa. Huérfanos de la necesaria imaginación política, además, evidenciaron que muy poco o nada saben de una interpretación presidencial de los hechos, susceptible de tejer una estrategia discursiva entre los suyos, porque – inconsultos – ellos mismos deben esperar y, a ciegas, respaldar alguna reacción sobrevenida de los centros de poder.
Hicieron gala de la acostumbrada simplicidad, despreciando lo que realmente acaece hoy en el país, batiendo los fantasmas del consabido 11-A que los atormentan, supuestamente enterradas las culpas en un distraído subconsciente. No hay el más elemental reconocimiento de la situación que nos oprime, pues, desde el olimpo de sus privilegios, el miedo es a perderlos.
Por muchísimo menos de lo que ahora ocurre, ellos agitaron hasta delictivamente las calles, propiciando y avalando la doble intentona golpista de 1992. Empero, la oposición responsable y democrática, insiste hoy en las luchas cívicas que desemboquen en la consulta popular, sin renunciar por un instante a sus más decididas, corajudas y limpias banderas.
Cuecen los más oscuros escenarios en la intimidad de un gobierno que no se molesta en indagar la opinión de sus defensores en la Asamblea Nacional y que, al prolongarse, multiplica diariamente los muertos en Venezuela. Sabemos de las difíciles e indispensables jornadas como la del próximo primero de septiembre, orientadas a una transición democrática que, por cierto, literalmente, también salvará la vida de las minorías que aún simpatizan con el extinto presidente.
22/08/2016:
http://www.noticierodigital.com/2016/08/septiembre-1/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=40861
http://www.ventevenezuela.org/septiembre-1-luis-barragan/?platform=hootsuite
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sábado, 21 de diciembre de 2013
AÑO CARTELÚO (1)
EL NACIONAL - Domingo 15 de Diciembre de 2013 Opinión/9
Apuntes sobre la calle
MILAGROS SOCORRO
La inmensa y flagrante cadena de abusos perpetrada por el gobierno, antes y durante las elecciones del 8D, está a la vista del mundo.
Todo está disponible en Internet, palpitante en su bajeza, denuncia viva ante los ojos de quien quiera verlo. Y, sin embargo, hay quien, incluso haciendo el inventario de las evidentes irregularidades, concluye que la culpa de la tragedia venezolana es de una oposición que no ha querido desalojar al régimen destructor, básicamente por su cobardía y su negativa a mandar a la gente a tomar las calles.
Veamos un análisis típico. Allí se enumera que: 1) el TSJ y todo el sistema judicial fueron transformados por Chávez en un apéndice del PSUV, con oficiales activos del ejército elegidos como jueces, "algo que ni siquiera los peores dictadores latinoamericanos osaron hacer"; 2) todos los medios masivos de comunicación, salvo pocos diarios impresos, han sido estatizados o vendidos a testaferros del gobierno, incluidas 300 estaciones de radio expropiadas en los dos últimos años, "con lo cual durante la campaña para el 8-D, la oposición fue prácticamente invisibles en los medios".
3) Líderes sindicales han sido encarcelados, exiliados o apaleados por hordas chavistas; 4)los directores de campaña de Henrique Capriles son acosados, atacados por matones del PSUV, destruidos moralmente sesiones de la AN y torturados por las fuerzas represivas del Estado; 5) los empresarios no se atreven a hacer contribuciones a las campañas por miedo a ser perseguidos o a que sus negocios sean mandados a saquear; 6) las conversaciones privadas de los líderes de oposición son grabadas y divulgadas por altos funcionarios en ruedas de prensa convocadas con ese fin.
7) A Capriles le hicieron atentados impunes en varios lugares del país; y el gobierno le impidió usar transporte aéreo; 8) el uso de los recursos del Estado para las campañas oficialistas fue grotesco, así como el comportamiento del CNE, ciego ante las infinitas violaciones de la ley.
9) el pueblo opositor debe enfrentarse con fuerzas hostiles de orden legal (policías y fuerzas armadas) e ilegal (turbas de motorizados enviados por el Gobierno); 10) cada vez se descubren más nexos de los gobiernos de Chávez y de Maduro con el narcotráfico y mafias de todo pelaje.
Esta semana el ABC, de España, publicó informó de que cuando Maduro era canciller medió para que el FMLN mejorara su acceso al tráfico de drogas, naturalmente usando para ello el territorio de Venezuela.
La mayoría de los observadores admiten este contexto parcialmente o en bloque y, sin embargo, muchos de ellos siguen ese camino para concluir que "los líderes de la oposición continúan comportándose como si Venezuela fuera Suiza y la victoria a través de las urnas fuera una posibilidad real". Repiten la mentira según la cual la oposición "ha llamado a sus seguidores a no transformar su enojo y frustración en actividad en las calles".
Y no falta quien reclame que Venezuela no haya seguido el camino de Siria o Egipto, como si esos dos castigados pueblos vivieran hoy algo distinto a una guerra civil o a la apropiación del poder por los militares. Da la impresión de que a Venezuela se le reprocha no haberse sumido en una guerra civil, negando con ello las muy sexy tomas de un huracán de sangre en el Caribe.
La verdad es que la Unidad Democrática está amarrada, por diseño de esa coalición de organizaciones políticas, a los métodos democráticos para enfrentar un gobierno que no lo es. Eso implica, naturalmente, un camino largo, que exige mucha paciencia y estaciones para reflexionar y afinar estrategias.
Venezolano opositor que no esté dispuesto a seguir la tediosa senda democrática, puede irse por la más rápida. El verdadero radical, que no está hablando paja, es como el caballo viejo de Simón Díaz: "No le obedece al freno ni lo paran falsas riendas". Hasta el momento, no hemos visto ninguno que le eche pichón.
La verdad es que la oposición siempre ha estado en la calle, en esas miles de protestas, huelgas, paros cívicos y tomas pacíficas que diariamente se producen en todos los confines de la república.
La verdad es que la única ocasión en que Capriles disuadió a sus seguidores de salir a la calle fue el 17 de abril de 2013, después de varios días de manifestaciones (por las que el régimen lo tildó de asesino), atendiendo informaciones de aliados que en el interior de los cuerpos represivos según las cuales el régimen estaba listo para reprimir con violencia.
La verdad es que el camino a la democracia de Venezuela no empieza en Miami ni mucho menos en las barras de los conspiradores. Aún así, largo y tortuoso, ya tenemos mucho avanzado. Y seguimos.
Apuntes sobre la calle
MILAGROS SOCORRO
La inmensa y flagrante cadena de abusos perpetrada por el gobierno, antes y durante las elecciones del 8D, está a la vista del mundo.
Todo está disponible en Internet, palpitante en su bajeza, denuncia viva ante los ojos de quien quiera verlo. Y, sin embargo, hay quien, incluso haciendo el inventario de las evidentes irregularidades, concluye que la culpa de la tragedia venezolana es de una oposición que no ha querido desalojar al régimen destructor, básicamente por su cobardía y su negativa a mandar a la gente a tomar las calles.
Veamos un análisis típico. Allí se enumera que: 1) el TSJ y todo el sistema judicial fueron transformados por Chávez en un apéndice del PSUV, con oficiales activos del ejército elegidos como jueces, "algo que ni siquiera los peores dictadores latinoamericanos osaron hacer"; 2) todos los medios masivos de comunicación, salvo pocos diarios impresos, han sido estatizados o vendidos a testaferros del gobierno, incluidas 300 estaciones de radio expropiadas en los dos últimos años, "con lo cual durante la campaña para el 8-D, la oposición fue prácticamente invisibles en los medios".
3) Líderes sindicales han sido encarcelados, exiliados o apaleados por hordas chavistas; 4)los directores de campaña de Henrique Capriles son acosados, atacados por matones del PSUV, destruidos moralmente sesiones de la AN y torturados por las fuerzas represivas del Estado; 5) los empresarios no se atreven a hacer contribuciones a las campañas por miedo a ser perseguidos o a que sus negocios sean mandados a saquear; 6) las conversaciones privadas de los líderes de oposición son grabadas y divulgadas por altos funcionarios en ruedas de prensa convocadas con ese fin.
7) A Capriles le hicieron atentados impunes en varios lugares del país; y el gobierno le impidió usar transporte aéreo; 8) el uso de los recursos del Estado para las campañas oficialistas fue grotesco, así como el comportamiento del CNE, ciego ante las infinitas violaciones de la ley.
9) el pueblo opositor debe enfrentarse con fuerzas hostiles de orden legal (policías y fuerzas armadas) e ilegal (turbas de motorizados enviados por el Gobierno); 10) cada vez se descubren más nexos de los gobiernos de Chávez y de Maduro con el narcotráfico y mafias de todo pelaje.
Esta semana el ABC, de España, publicó informó de que cuando Maduro era canciller medió para que el FMLN mejorara su acceso al tráfico de drogas, naturalmente usando para ello el territorio de Venezuela.
La mayoría de los observadores admiten este contexto parcialmente o en bloque y, sin embargo, muchos de ellos siguen ese camino para concluir que "los líderes de la oposición continúan comportándose como si Venezuela fuera Suiza y la victoria a través de las urnas fuera una posibilidad real". Repiten la mentira según la cual la oposición "ha llamado a sus seguidores a no transformar su enojo y frustración en actividad en las calles".
Y no falta quien reclame que Venezuela no haya seguido el camino de Siria o Egipto, como si esos dos castigados pueblos vivieran hoy algo distinto a una guerra civil o a la apropiación del poder por los militares. Da la impresión de que a Venezuela se le reprocha no haberse sumido en una guerra civil, negando con ello las muy sexy tomas de un huracán de sangre en el Caribe.
La verdad es que la Unidad Democrática está amarrada, por diseño de esa coalición de organizaciones políticas, a los métodos democráticos para enfrentar un gobierno que no lo es. Eso implica, naturalmente, un camino largo, que exige mucha paciencia y estaciones para reflexionar y afinar estrategias.
Venezolano opositor que no esté dispuesto a seguir la tediosa senda democrática, puede irse por la más rápida. El verdadero radical, que no está hablando paja, es como el caballo viejo de Simón Díaz: "No le obedece al freno ni lo paran falsas riendas". Hasta el momento, no hemos visto ninguno que le eche pichón.
La verdad es que la oposición siempre ha estado en la calle, en esas miles de protestas, huelgas, paros cívicos y tomas pacíficas que diariamente se producen en todos los confines de la república.
La verdad es que la única ocasión en que Capriles disuadió a sus seguidores de salir a la calle fue el 17 de abril de 2013, después de varios días de manifestaciones (por las que el régimen lo tildó de asesino), atendiendo informaciones de aliados que en el interior de los cuerpos represivos según las cuales el régimen estaba listo para reprimir con violencia.
La verdad es que el camino a la democracia de Venezuela no empieza en Miami ni mucho menos en las barras de los conspiradores. Aún así, largo y tortuoso, ya tenemos mucho avanzado. Y seguimos.
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Milagros Socorro
AÑO CARTELÚO (2)
EL NACIONAL - Jueves 12 de Diciembre de 2013 Opinión/6
Cuatro tendencias del endurecido 2013
Maduro lo ha logrado en pocos meses: en promedio aparece 29 minutos diarios en cadena nacional, a lo que debe sumarse otros 90 minutos
ANDRÉS CAÑIZÁLEZ
Estamos en las semanas finales de este endurecido año 2013. Y escogí esta imagen para resaltar que en muchos ámbitos ha sido un año duro para la vida nacional. En nuestro caso, centrándonos en la dimensión de la libertad de expresión y el derecho a la información, fue sin duda un año de retrocesos marcados.
Hace algún tiempo los colegas del Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) escogieron la definición de asfixia, en uno de sus informes, para describir el contexto venezolano en materia de medios de comunicación y su compleja relación con el poder político. En este 2013 la imagen de asfixia cobra mayor validez cuando se observa lo ocurrido en estos meses. La asfixia de la crítica pública, que es lo que se ha venido manifestando, pasó de un paulatino cerco a un acelerado endurecimiento este año. Cuatro tendencias me permiten desglosar algunos de los problemas más serios.
La voz de la alternativa democrática sufrió severo blackout. La cobertura mediática "en vivo y directo" de las actividades políticas de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), así como de sus dirigentes y partidos, desapareció de la pantalla televisiva nacional. Obraron dos factores. Por un lado, el cambio de propietarios en Globovisión (sobre esto volveremos luego) que privó a la alternativa de una tribuna sin duda favorable para conectarse con el país. La televisión sigue siendo en Venezuela la dimensión que puede articular discursos con alcance nacional. Eso, sin duda alguna, impacta negativamente especialmente para la proyección nacional del liderazgo alternativo. Junto al cambio radical que registró Globovisión, el gobierno de Maduro lanzó una ofensiva literalmentepara lograr invisibilizar a las voces opositoras, y en especial se actuó contra Henrique Capriles Radonski. Hubo emplazamientos públicos, reuniones privadas y la moneda más corriente de las últimas semanas, las llamadas telefónicas por parte de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CONATEL). No puede hablarse de autocensura (los medios no sacaron de pantalla a Capriles por decisión propia), sino de una clara política de censura oficial, en un clima de chantajes y amenazas.
Los medios cambian de mano en operaciones nada transparentes. El principal canal informativo de la televisión nacional y el más importante holding de medios impresos fueron vendidos en este 2013.
Las razones dadas por los propietarios salientes difieren sustancialmente, en lo que sí hay puntos de comparación es la participación nada transparente de un sector financiero que no estaría financiando estas compras sino actuando solamente como testaferros de figuras del poder político.
Desde mi punto de vista, el que prominentes hombres del "proceso" estén detrás de estas operaciones y que eso ocurra en este momento político, pone sobre el tapete la inevitable transición que ocurrirá en el país, y ante la cual estas figuras se preparan con medios que puedan defenderle en la discusión pública.
Nicolás Maduro se apertrecha comunicacionalmente para contrarrestar el rápido desgaste de su gobierno. Hace algunos años era difícil imaginar que una figura política pudiese superar la presencia mediática del fallecido presidente Hugo Chávez. Pues Maduro lo ha logrado en pocos meses: en promedio aparece 29 minutos diarios en cadena nacional, a lo que debe sumarse otros 90 minutos en promedio- de la transmisión por VTV de sus alocuciones. Dos horas diarias, incluyendo los fines de semana, está "al aire" Maduro. Mientras el país va por el despeñadero, y aumenta el rechazo a su gobierno, el presidente en funciones privilegia la dimensión mediática para construir una seudo-realidad comunicacional.
Le llegó la hora a la prensa escrita. Tras alcanzar un control efectivo sobre los medios radioeléctricos y tener algunas tenazas en contra de medios digitales (incluyendo el corte de Internet en el país, como se ha ensayado), en este 2013 le llegó de forma mucho más orquestada una campaña para controlar a los medios impresos del país, que son una suerte de última frontera en materia de expresión crítica e independiente.
Cuatro tendencias del endurecido 2013
Maduro lo ha logrado en pocos meses: en promedio aparece 29 minutos diarios en cadena nacional, a lo que debe sumarse otros 90 minutos
ANDRÉS CAÑIZÁLEZ
Estamos en las semanas finales de este endurecido año 2013. Y escogí esta imagen para resaltar que en muchos ámbitos ha sido un año duro para la vida nacional. En nuestro caso, centrándonos en la dimensión de la libertad de expresión y el derecho a la información, fue sin duda un año de retrocesos marcados.
Hace algún tiempo los colegas del Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) escogieron la definición de asfixia, en uno de sus informes, para describir el contexto venezolano en materia de medios de comunicación y su compleja relación con el poder político. En este 2013 la imagen de asfixia cobra mayor validez cuando se observa lo ocurrido en estos meses. La asfixia de la crítica pública, que es lo que se ha venido manifestando, pasó de un paulatino cerco a un acelerado endurecimiento este año. Cuatro tendencias me permiten desglosar algunos de los problemas más serios.
La voz de la alternativa democrática sufrió severo blackout. La cobertura mediática "en vivo y directo" de las actividades políticas de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), así como de sus dirigentes y partidos, desapareció de la pantalla televisiva nacional. Obraron dos factores. Por un lado, el cambio de propietarios en Globovisión (sobre esto volveremos luego) que privó a la alternativa de una tribuna sin duda favorable para conectarse con el país. La televisión sigue siendo en Venezuela la dimensión que puede articular discursos con alcance nacional. Eso, sin duda alguna, impacta negativamente especialmente para la proyección nacional del liderazgo alternativo. Junto al cambio radical que registró Globovisión, el gobierno de Maduro lanzó una ofensiva literalmentepara lograr invisibilizar a las voces opositoras, y en especial se actuó contra Henrique Capriles Radonski. Hubo emplazamientos públicos, reuniones privadas y la moneda más corriente de las últimas semanas, las llamadas telefónicas por parte de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CONATEL). No puede hablarse de autocensura (los medios no sacaron de pantalla a Capriles por decisión propia), sino de una clara política de censura oficial, en un clima de chantajes y amenazas.
Los medios cambian de mano en operaciones nada transparentes. El principal canal informativo de la televisión nacional y el más importante holding de medios impresos fueron vendidos en este 2013.
Las razones dadas por los propietarios salientes difieren sustancialmente, en lo que sí hay puntos de comparación es la participación nada transparente de un sector financiero que no estaría financiando estas compras sino actuando solamente como testaferros de figuras del poder político.
Desde mi punto de vista, el que prominentes hombres del "proceso" estén detrás de estas operaciones y que eso ocurra en este momento político, pone sobre el tapete la inevitable transición que ocurrirá en el país, y ante la cual estas figuras se preparan con medios que puedan defenderle en la discusión pública.
Nicolás Maduro se apertrecha comunicacionalmente para contrarrestar el rápido desgaste de su gobierno. Hace algunos años era difícil imaginar que una figura política pudiese superar la presencia mediática del fallecido presidente Hugo Chávez. Pues Maduro lo ha logrado en pocos meses: en promedio aparece 29 minutos diarios en cadena nacional, a lo que debe sumarse otros 90 minutos en promedio- de la transmisión por VTV de sus alocuciones. Dos horas diarias, incluyendo los fines de semana, está "al aire" Maduro. Mientras el país va por el despeñadero, y aumenta el rechazo a su gobierno, el presidente en funciones privilegia la dimensión mediática para construir una seudo-realidad comunicacional.
Le llegó la hora a la prensa escrita. Tras alcanzar un control efectivo sobre los medios radioeléctricos y tener algunas tenazas en contra de medios digitales (incluyendo el corte de Internet en el país, como se ha ensayado), en este 2013 le llegó de forma mucho más orquestada una campaña para controlar a los medios impresos del país, que son una suerte de última frontera en materia de expresión crítica e independiente.
sábado, 4 de mayo de 2013
¿Y LOS ESCENARIOS DE LA ESCENA?
SOL DE MARGARITA, Caracas, 2 de mayo de 2013
Aliño Compuesto / Manuel Antonio Narváez
Tres escenarios
“¿Cómo ves tú la cosa?” es la expresión que automáticamente complementa por estos días al saludo entre venezolanos. La pregunta da pie para las más diversas elucubraciones. Escuetos o enjundiosos, racionales o delirantes, en tono doctoral o de mojiganga; nadie desaprovecha la oportunidad para expresar su parecer sobre la evolución y desenlace de la situación por la que atraviesa el país.
Para no ser menos, doy mi opinión glosando tres escenarios posibles. Comencemos con el Escenario Diálogo y Negociación; en él se producirían acuerdos básicos para ajustar la política económica y propiciar el desenvolvimiento civilizado del debate político. Aunque muy deseable, este escenario parece poco probable tomando en cuenta el tono del discurso y las acciones recientes del gobierno.
Tenemos una segunda posibilidad en el Escenario Radicalización Extrema. En este caso el Gobierno, agobiado por los problemas económicos y políticos, asumiría por la fuerza el control del país. Dado el sesgo autoritario y militarista que caracteriza a buena parte de la dirigencia chavista, este escenario no puede descartarse. Sin embargo, las altas cuotas de violencia que implicaría, así como las reservas democráticas de la sociedad venezolana y la presión internacional, reducen sus probabilidades de ocurrencia.
Finalmente, el Escenario Guerra de Trincheras. Visto el equilibrio de fuerzas, nadie puede dar un golpe fulminante. Avanzaríamos de escaramuza en escaramuza, algunas más intensas que otras, pero ninguna decisiva. Una guerra de trincheras no se gana, la pierde quien primero se desgasta.
Desde esa perspectiva, el lánguido y menguante liderazgo de Maduro, la pérdida de potencia financiera del gobierno y la inviabilidad intrínseca del socialismo del siglo XXI, colocan al chavismo en desventaja; a mediano plazo perderá la pelea.
Si la oposición conserva la serenidad, se mantiene firme en la ruta democrática y neutraliza a los intemperantes que quieren cargar a la bayoneta, este es el escenario más probable.
Breve nota LB: Tememos que, adecuados para una lluvia de ideas, ni los colegiados de los partidos discuten las hipótesis, contentándose con los que pocos creen y deciden. El problema para ellos, es de escena: no lo adivinan siquiera: ¿cuál es el diagnóstico compartido de la realidad?
Ilustración: Fernando Vicente.
Aliño Compuesto / Manuel Antonio Narváez
Tres escenarios
“¿Cómo ves tú la cosa?” es la expresión que automáticamente complementa por estos días al saludo entre venezolanos. La pregunta da pie para las más diversas elucubraciones. Escuetos o enjundiosos, racionales o delirantes, en tono doctoral o de mojiganga; nadie desaprovecha la oportunidad para expresar su parecer sobre la evolución y desenlace de la situación por la que atraviesa el país.
Para no ser menos, doy mi opinión glosando tres escenarios posibles. Comencemos con el Escenario Diálogo y Negociación; en él se producirían acuerdos básicos para ajustar la política económica y propiciar el desenvolvimiento civilizado del debate político. Aunque muy deseable, este escenario parece poco probable tomando en cuenta el tono del discurso y las acciones recientes del gobierno.
Tenemos una segunda posibilidad en el Escenario Radicalización Extrema. En este caso el Gobierno, agobiado por los problemas económicos y políticos, asumiría por la fuerza el control del país. Dado el sesgo autoritario y militarista que caracteriza a buena parte de la dirigencia chavista, este escenario no puede descartarse. Sin embargo, las altas cuotas de violencia que implicaría, así como las reservas democráticas de la sociedad venezolana y la presión internacional, reducen sus probabilidades de ocurrencia.
Finalmente, el Escenario Guerra de Trincheras. Visto el equilibrio de fuerzas, nadie puede dar un golpe fulminante. Avanzaríamos de escaramuza en escaramuza, algunas más intensas que otras, pero ninguna decisiva. Una guerra de trincheras no se gana, la pierde quien primero se desgasta.
Desde esa perspectiva, el lánguido y menguante liderazgo de Maduro, la pérdida de potencia financiera del gobierno y la inviabilidad intrínseca del socialismo del siglo XXI, colocan al chavismo en desventaja; a mediano plazo perderá la pelea.
Si la oposición conserva la serenidad, se mantiene firme en la ruta democrática y neutraliza a los intemperantes que quieren cargar a la bayoneta, este es el escenario más probable.
Breve nota LB: Tememos que, adecuados para una lluvia de ideas, ni los colegiados de los partidos discuten las hipótesis, contentándose con los que pocos creen y deciden. El problema para ellos, es de escena: no lo adivinan siquiera: ¿cuál es el diagnóstico compartido de la realidad?
Ilustración: Fernando Vicente.
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Manuel Antonio Narváez
lunes, 21 de enero de 2013
¿BORDEANDO EL PRECIPICIO?
Luis Barragán
Parece obvia toda flexibilización constitucional que ayude a sortear las dificultades de una coyuntura imprevista, pero luce extremadamente contraproducente violentar, incluso, principios y valores que aseguran una mínima convivencia social. El oficialismo suele apegarse a una literal, aislada y directa interpretación del articulado, torciendo a conveniencia los supuestos normativos.
Además, aventajado por la frecuente mudez del constituyente en lo que fue un desesperado proceso de simulación del debate hacia 1999, carece de todo pudor hermenéutico. Por ello, pretendidamente kelsenianos, los intérpretes gubernamentales muy bien están representados en una humorada reciente y reveladora: la Constitución no dice que para ser y ejercer la presidencia de la República, hay que estar … vivo.
El problema que tan innecesariamente atravesamos, luego de los consabidos resultados electorales, era de una solución de sorprendente sencillez: la encargaduría de Maduro. Empero, ha sido otro el camino tomado, generando un cortocircuito institucional pretextado por la supuesta lealtad hacia Chávez Frías, convertida en una patología.
Faltando poco, surge un decreto que convierte inmoralmente en canciller a Jaua y, naturalmente cuestionado tamaño dislate al que ni Gómez se atrevió en el curso de su implacable dictadura, fuerza al gobierno nacional a emplear más a fondo su falaz maquinaria propagandística para intentar desconocer lo que es demasiado evidente, ridiculizándose. Y es que, con dos siglos de vida republicana, parece mentira que llegásemos a una situación de la que es responsable el elector de 1998, quien dio el inicial empujón electoral a esta tragedia que repetimos incansablemente como una farsa.
Acotemos, por una parte, ocurrida la muerte indeseable (SIC) de Chávez Frías, como el oficialismo mismo la ha anunciado de una forma u otra, será tal la algarabía fúnebre y tan demoledor el prolongado impacto del ceremonial de Estado, que el futuro candidato presidencial de la oposición arrancará con una desventaja inconmensurable. Luego, garantizada la estrategia electoral del oficialismo por sus acostumbrados abusos, el horizonte parece promisorio, ya que – además – dispondrá de seis meses que pueden extenderse bajo cualquier justificación técnica, sin necesidad de imponer un Estado de Excepción.
Por otra, consecuente con el relato religioso nada subestimable, en el que ha insistido casi peregrinamente Oscar Schemel, tampoco debemos descartar la triunfal resurrección de Chávez Frías. Obviamente, el regreso de una persona físicamente intacta, sin huellas notables de la enfermedad que lo hizo un mago de las suspicacias en la campaña presidencial, nos pondría frente a un dramático, inédito y gigantesco caso de estafa política.
Finalmente, tenemos la impresión personal que, al versar sobre el nombramiento de Jaua, el ministro Villegas cumplió una instrucción desconociendo los pormenores y el decreto mismo. Es decir, en las altas esferas gubernamentales, solo un reducidísimo grupo de personas conoce lo que realmente ocurre, forzando al resto a una suerte de sorteo de la información que le permita – por lo menos – intentar sobrevivir a ese oleaje burocrático y político que, por alguna imprudencia, pueda hacerse tsunami.
El más desavisado ejercicio lógico apunta, en consecuencia, a una pregunta estelar: ¿a quién beneficia tanta temeridad? Por lo pronto, a los intereses convertidos en razón de Estado para Cuba, y a Maduro que lucha – obligado al florete – con Cabello, víctima de un golpe preventivo de Estado: una torpeza que pagamos justos y pecadores.
Fuente: http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/13778-de-la-torpeza-como-detonante-de-una-crisis-innecesaria
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