- Elvira Mendoza. "En esta tumba va a nacer un Santo (José Gregorio Hernández)". Élite, Caracas, nr. nr. 1633 del 19/01/1957.
- Marisol González. "Pedro Grases: Un emigrante discreto". El Universal, Caracas, 15/02/99.
- Lorenzo Batallán. "De qué mueren los personajes de Rómulo Gallegos (Lorenzo Barquero)?". El Nacional, 01/08/66.
- Antonio Arráiz. "Las fiestas de la Virgen del Valle". El Nacional, 05/09/43.
Reproducción: José Humberto Cardenal Quintero, en Caracas. Momento, Caracas, nr. 241 del 26/02/1961.
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domingo, 20 de agosto de 2017
lunes, 21 de marzo de 2016
NOTICIERO RETROSPECTIVO
- William Becerra entrevista a Mons. Ovidio Pérez Morales. El Nacional, 26/08/77.
- Rosita Caldera y los 25 años de vida sacerdotal de Juan Cardón. El Nacional, 28/08/83.
- Javier Conde: Eduardo Fernández, José María Machín, Jaime Lusinchi, Arístides Calvani, Luis Bayardo Sardi y Américo Martín, opinan sobre el asesinato del Arzobispo Romero. El Nacional, 26/03/80.
Reproducciones: Falleció Mons. Gregorio Adam. El Nacional, Caracas, 13/07/ 1961.
jueves, 4 de septiembre de 2014
PEDIDO
SOL DE MARGARITA, 2 de septiembre de 2014
Actualidad Pedagógica
¡Virgen del Valle! ¡Necesito ser perdonado!
¡Virgen del Valle! Mis sentimientos han sido adormecidos por los afanes efímeros del placer. El alma la tengo constreñida de mucho dolor.
Javier Antonio Vivas
¡Virgen del Valle! ¿Cómo puedo unir el alba, el atardecer, el anochecer y la madrugada en el medio de la confluencia de la serenidad de verdaderos pescadores con sus redes y el cardumen, rodeados con la inocente sonrisa de los niños? ¡Virgen del Valle! ¿Por qué si las enseñanzas del Creador son de misericordia y arrepentimiento, aún dudo para poder perdonar a otros y abrazar sus escrituras? Entonces, déjame ver siempre los cerúleos del mar y el firmamento unidos con el reflejo de tu presencia en mis sueños y realidades. Disemina la palabra de Dios en mis pensamientos para que jamás confronte las reflexiones en el medio del rencor, la envidia y la maldad.
¡Virgen del Valle! ¿Dónde ha quedado el arco iris de aquel pacto entre el Padre Amado y Noé? ¿Por qué no puedo volver a divisar los siete colores de la esperanza? ¿O acaso he quedado invidente de la felicidad que tengo hacía mi alrededor, la cual me niego a aceptarla y sentirla por tanta insensibilidad? ¡Virgen del Valle! Por ello sé que el pecado se ha entronizado cual mácula en cada una de mis acciones. También reconozco que he atado a los demás con mis designios equívocos de unión y libertad, cuando ha sido la palabra del Omnipotente la única fuente de plena sabiduría para la imagen de un auténtico apostolado.
¡Virgen del Valle! Quisiera ser redimido con la profunda palabra del evangelio de Cristo, pero todo ha sido inútil porque el egoísmo y la hipocresía prevalecientes de mi ser, han opacado los sentimientos que me lleven por una vida de amor para con mis semejantes.
¡Virgen del Valle! Permite borrar de mí ser cualquier vestigio efímero de negación existencial. Alienta con tu radiante mirada ante mis ojos cada rincón de la creación del Todopoderoso para que nunca pueda olvidar que soy un ser hecho a su imagen y semejanza, pero que a pesar de ello, una y otra vez tropieza con la misma piedra, al cambiar la filosofía de la humanidad, por la lucha enervada de un vil poder que únicamente destruye la creación divina.
¡Virgen del Valle! Mis sentimientos han sido adormecidos por los afanes efímeros del placer. El alma la tengo constreñida de mucho dolor. Cada vez que he estado frente a tu altar, ha sido para pedirte por mezquinas necesidades. Por eso, he venido a ti, convertido en pescador de almas sedientas por la fe que tal vez jamás haya profesado. Tú ¡Virgen del Valle! quien nunca con la invocación del Señor, han dejado de entregarme las bienaventuranzas y plenitud de las aguas redentoras del Tigris y el Éufrates, ahora te pido que invoques en el medio del Mar Caribe, la unión de mis manos y mi corazón contra quien alguna vez negué de sus bondades. Que ese ser, quien alguna vez humillé y ofendí, pueda aceptar mi arrepentimiento y ser ungido con su perdón, porque sólo así volveré a encontrar la paz.
¡Virgen del Valle! Déjame redimirme entre tantas ofensas con un rayo de profunda reflexión entristecida y envuelta en lágrimas de dolor. ¡Virgen del Valle! ¡Necesito ser perdonado!
Actualidad Pedagógica
¡Virgen del Valle! ¡Necesito ser perdonado!
¡Virgen del Valle! Mis sentimientos han sido adormecidos por los afanes efímeros del placer. El alma la tengo constreñida de mucho dolor.
Javier Antonio Vivas
¡Virgen del Valle! ¿Cómo puedo unir el alba, el atardecer, el anochecer y la madrugada en el medio de la confluencia de la serenidad de verdaderos pescadores con sus redes y el cardumen, rodeados con la inocente sonrisa de los niños? ¡Virgen del Valle! ¿Por qué si las enseñanzas del Creador son de misericordia y arrepentimiento, aún dudo para poder perdonar a otros y abrazar sus escrituras? Entonces, déjame ver siempre los cerúleos del mar y el firmamento unidos con el reflejo de tu presencia en mis sueños y realidades. Disemina la palabra de Dios en mis pensamientos para que jamás confronte las reflexiones en el medio del rencor, la envidia y la maldad.
¡Virgen del Valle! ¿Dónde ha quedado el arco iris de aquel pacto entre el Padre Amado y Noé? ¿Por qué no puedo volver a divisar los siete colores de la esperanza? ¿O acaso he quedado invidente de la felicidad que tengo hacía mi alrededor, la cual me niego a aceptarla y sentirla por tanta insensibilidad? ¡Virgen del Valle! Por ello sé que el pecado se ha entronizado cual mácula en cada una de mis acciones. También reconozco que he atado a los demás con mis designios equívocos de unión y libertad, cuando ha sido la palabra del Omnipotente la única fuente de plena sabiduría para la imagen de un auténtico apostolado.
¡Virgen del Valle! Quisiera ser redimido con la profunda palabra del evangelio de Cristo, pero todo ha sido inútil porque el egoísmo y la hipocresía prevalecientes de mi ser, han opacado los sentimientos que me lleven por una vida de amor para con mis semejantes.
¡Virgen del Valle! Permite borrar de mí ser cualquier vestigio efímero de negación existencial. Alienta con tu radiante mirada ante mis ojos cada rincón de la creación del Todopoderoso para que nunca pueda olvidar que soy un ser hecho a su imagen y semejanza, pero que a pesar de ello, una y otra vez tropieza con la misma piedra, al cambiar la filosofía de la humanidad, por la lucha enervada de un vil poder que únicamente destruye la creación divina.
¡Virgen del Valle! Mis sentimientos han sido adormecidos por los afanes efímeros del placer. El alma la tengo constreñida de mucho dolor. Cada vez que he estado frente a tu altar, ha sido para pedirte por mezquinas necesidades. Por eso, he venido a ti, convertido en pescador de almas sedientas por la fe que tal vez jamás haya profesado. Tú ¡Virgen del Valle! quien nunca con la invocación del Señor, han dejado de entregarme las bienaventuranzas y plenitud de las aguas redentoras del Tigris y el Éufrates, ahora te pido que invoques en el medio del Mar Caribe, la unión de mis manos y mi corazón contra quien alguna vez negué de sus bondades. Que ese ser, quien alguna vez humillé y ofendí, pueda aceptar mi arrepentimiento y ser ungido con su perdón, porque sólo así volveré a encontrar la paz.
¡Virgen del Valle! Déjame redimirme entre tantas ofensas con un rayo de profunda reflexión entristecida y envuelta en lágrimas de dolor. ¡Virgen del Valle! ¡Necesito ser perdonado!
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Virgen del Valle
SENTIDO HALLADO
EL NACIONAL - Miércoles 11 de Septiembre de 2013 Opinión/6
La Virgen del Valle
FRANCISCO SUNIAGA
Para el margariteño, la Virgen del Valle es la virgen de sus padres, abuelos y de toda la gente que rodeó su infancia.
Su imagen lo ha acompañado desde el primer día en que tuvo conciencia y, por haberla invocado a lo largo de toda la vida, es también la virgen de sus hijos, aunque no hayan nacido en Margarita. En lo personal, su presencia ha sido importante no sólo en mi intimidad afectiva y emocional sino también en mi esfera cognitiva; la religiosidad me resultaría un fenómeno humano extraño y desconocido de no ser por ella.
Es gracias a ella que he encontrado sentido a la fe católica y, como ocurre también en el caso de la percepción del paso del tiempo, es en la fe de los otros donde mejor he percibido la propia; resulta conmovedor compartir con tanta gente la devoción por su imagen.
Este 8 de septiembre, como tantos otros, he tenido el privilegio de acompañar a miles de personas, margariteños, "navegaos" y visitantes, a la celebración de la Virgen (ahora prefiero la misa de las 5:00 de la mañana y quedarme a desayunar en las ventas de comida, cosas de la tercera edad). Pero este solía ser el gran día de nuestra infancia, por allá en los comienzos de los sesenta, la gran fiesta antes de que comenzaran las clases, que en ese tiempo, más pobre pero mucho más ordenado, comenzaban alrededor del 15 de este mes. Era la única ocasión en todo el año en la que podíamos los muchachos montarnos en un carrusel, carros chocones, aviones, sillas voladoras, ir a una función de circo y ver al "Gran Almeidini" un colombiano costeño, encarnación de Blacamán el Bueno, que se disfrazaba de mago árabe y nos hacía creer que la magia existía, comer perros calientes, ver a los saltimbanquis y vendedores de baratijas venidos de costa firme, tomarse fotos vestidos de charros o tener la suerte de que un periquito, por tan sólo medio real, le escogiera el papelito donde estaba escrito un brillante futuro.
Mucho han cambiado las cosas desde entonces, la fiesta del Valle, como le decíamos con mayor significación, ha perdido ese aire de feria caribeña que recreó García Márquez, en la que se tocaba y bailaba desde vallenato hasta steel band y en la que los niños, adultos y ancianos tenían su espacio. Las atracciones infantiles desaparecieron o se han reducido a un nivel mínimo y la inseguridad se encargó de limitar y enrarecer la atmósfera otrora tranquila de los bailes, que eran la gran diversión para los adultos y una escuela invalorable para los adolescentes.
Otro fenómeno ha ido tornándose cada vez más masivo: las celebraciones de la Virgen en las localidades costeras. La gente de mar celebra en la isla y toda la costa oriental el día de la Virgen Marinera con alegres procesiones de peñeros, tres puños y lanchas. Los marineros adornan su imagen y decenas de embarcaciones, atiborradas de gente, pasean a la Virgen en medio de la algarabía, cohetones, cervezas y palos de ron. Regatas que, basta verlas, ponen a prueba el poder milagroso de la Virgen porque no recuerdo que en ellas, a pesar del imprudente y etílico fervor de algunos devotos, se hayan reportado accidentes mortales.
Producto de su proyección nacional, el culto a la Virgen del Valle, patrimonio religioso y cultural margariteño, es uno de esos puntos donde la modernidad y la tradición chocan en la isla. Los paisanos, afectados por décadas por la primera, hasta sentir que algunas de sus identidades han sido destruidas, se aferran a la Virgen con uñas y dientes para tratar de seguir gobernando de manera exclusiva la forma en que se le rinde culto.
A tales fines, Pablo Ramírez, ex decano de la UDO en Margarita, y Verny Salazar, cronista de San Juan, en aras de mantener el culto a la Virgen dentro de ciertos cauces y con el apoyo del movimiento de cronistas y la academia insular, están organizando un evento para debatir ciertas cuestiones históricas y difundir algunas informaciones que confunden a la feligresía. Por ejemplo, decir que se celebran 102 años de la Virgen, cuando el culto de los margariteños por ella se remonta al siglo XVI. El cumpleaños aludido se refiere a su coronación canónica por parte de Roma como patrona de la Iglesia Católica. El reconocimiento del Vaticano vino precisamente por la fortaleza de la devoción de siglos del pueblo insular.
Otra gestión para encauzar el culto a la Virgen del Valle que pretenden librar estos cruzados de la margariteñidad es evitar que su proyección nacional venga aparejada con el cognomento de "vallita", que ha ganado terreno en estos últimos años al amparo de los medios de comunicación. A la mayoría de los ñeros no les gusta el "vallita", lo sienten foráneo, ajeno y no quieren que a su Virgen se le llame así.
La Virgen del Valle
FRANCISCO SUNIAGA
Para el margariteño, la Virgen del Valle es la virgen de sus padres, abuelos y de toda la gente que rodeó su infancia.
Su imagen lo ha acompañado desde el primer día en que tuvo conciencia y, por haberla invocado a lo largo de toda la vida, es también la virgen de sus hijos, aunque no hayan nacido en Margarita. En lo personal, su presencia ha sido importante no sólo en mi intimidad afectiva y emocional sino también en mi esfera cognitiva; la religiosidad me resultaría un fenómeno humano extraño y desconocido de no ser por ella.
Es gracias a ella que he encontrado sentido a la fe católica y, como ocurre también en el caso de la percepción del paso del tiempo, es en la fe de los otros donde mejor he percibido la propia; resulta conmovedor compartir con tanta gente la devoción por su imagen.
Este 8 de septiembre, como tantos otros, he tenido el privilegio de acompañar a miles de personas, margariteños, "navegaos" y visitantes, a la celebración de la Virgen (ahora prefiero la misa de las 5:00 de la mañana y quedarme a desayunar en las ventas de comida, cosas de la tercera edad). Pero este solía ser el gran día de nuestra infancia, por allá en los comienzos de los sesenta, la gran fiesta antes de que comenzaran las clases, que en ese tiempo, más pobre pero mucho más ordenado, comenzaban alrededor del 15 de este mes. Era la única ocasión en todo el año en la que podíamos los muchachos montarnos en un carrusel, carros chocones, aviones, sillas voladoras, ir a una función de circo y ver al "Gran Almeidini" un colombiano costeño, encarnación de Blacamán el Bueno, que se disfrazaba de mago árabe y nos hacía creer que la magia existía, comer perros calientes, ver a los saltimbanquis y vendedores de baratijas venidos de costa firme, tomarse fotos vestidos de charros o tener la suerte de que un periquito, por tan sólo medio real, le escogiera el papelito donde estaba escrito un brillante futuro.
Mucho han cambiado las cosas desde entonces, la fiesta del Valle, como le decíamos con mayor significación, ha perdido ese aire de feria caribeña que recreó García Márquez, en la que se tocaba y bailaba desde vallenato hasta steel band y en la que los niños, adultos y ancianos tenían su espacio. Las atracciones infantiles desaparecieron o se han reducido a un nivel mínimo y la inseguridad se encargó de limitar y enrarecer la atmósfera otrora tranquila de los bailes, que eran la gran diversión para los adultos y una escuela invalorable para los adolescentes.
Otro fenómeno ha ido tornándose cada vez más masivo: las celebraciones de la Virgen en las localidades costeras. La gente de mar celebra en la isla y toda la costa oriental el día de la Virgen Marinera con alegres procesiones de peñeros, tres puños y lanchas. Los marineros adornan su imagen y decenas de embarcaciones, atiborradas de gente, pasean a la Virgen en medio de la algarabía, cohetones, cervezas y palos de ron. Regatas que, basta verlas, ponen a prueba el poder milagroso de la Virgen porque no recuerdo que en ellas, a pesar del imprudente y etílico fervor de algunos devotos, se hayan reportado accidentes mortales.
Producto de su proyección nacional, el culto a la Virgen del Valle, patrimonio religioso y cultural margariteño, es uno de esos puntos donde la modernidad y la tradición chocan en la isla. Los paisanos, afectados por décadas por la primera, hasta sentir que algunas de sus identidades han sido destruidas, se aferran a la Virgen con uñas y dientes para tratar de seguir gobernando de manera exclusiva la forma en que se le rinde culto.
A tales fines, Pablo Ramírez, ex decano de la UDO en Margarita, y Verny Salazar, cronista de San Juan, en aras de mantener el culto a la Virgen dentro de ciertos cauces y con el apoyo del movimiento de cronistas y la academia insular, están organizando un evento para debatir ciertas cuestiones históricas y difundir algunas informaciones que confunden a la feligresía. Por ejemplo, decir que se celebran 102 años de la Virgen, cuando el culto de los margariteños por ella se remonta al siglo XVI. El cumpleaños aludido se refiere a su coronación canónica por parte de Roma como patrona de la Iglesia Católica. El reconocimiento del Vaticano vino precisamente por la fortaleza de la devoción de siglos del pueblo insular.
Otra gestión para encauzar el culto a la Virgen del Valle que pretenden librar estos cruzados de la margariteñidad es evitar que su proyección nacional venga aparejada con el cognomento de "vallita", que ha ganado terreno en estos últimos años al amparo de los medios de comunicación. A la mayoría de los ñeros no les gusta el "vallita", lo sienten foráneo, ajeno y no quieren que a su Virgen se le llame así.
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