Se nos fue Rosángela
Luis Barragán
Algún día se sabrá de los abundantes testimonios de lucha de los años anteriores, por humildes, no menos decisivos. Ante las más duras y difíciles circunstancias impuestas por un régimen que también contó con holgadas mayorías, podemos nombrar con orgullo a Rosángela Castellanos.
Ella integró el comité ejecutivo de la otrora CTV que enfrentó y derrotó al Chávez Frías de los mejores momentos y, junto a Carlos Ortega, corrió inmensos riesgos en la primera década de este siglo. No por casualidad, la menciona agradecido, con el finado Ramón Petit, en la larga entrevista que le concediera a Agustín Blanco Múñoz.
Aprendimos del mundo de los trabajadores, comprometidos con sus combates, también gracias al testimonio de vida de Rosángela, siempre caracterizada por un elevadísimo sentido de solidaridad. Inevitable mencionarlo, ella, como Petit, corrieron las consecuencias de identificarse con los esfuerzos que hicimos en la dirección del partido en el que, por entonces, militábamos, que nos desterró a César Pérez Vivas y al suscrito, no tardando Clemente Bolívar y Lucas Riestra, de la dirección política, haciéndose acreedores, ella y Ramon, de sendas sanciones dizque disciplinarias. Empero, lo más importante, fue la inquebrantable postura sindical que jamás claudicó ante la dictadura.
Inquebrantable, por desigual que fuese la lucha. Recordemos que, al no contar el llamado chavismo con la clase obrera, en momento alguno, estimuló y logró la deserción de aquellos cuadros que le eran extraños, corrompiéndolos, provenientes – incluso – de los partidos que tanto detestaba.
Una mujer políticamente comprometida, honrada y consecuente, objeto de no pocas persecuciones, a quien le parecía más importante el trabajo real que una cámara de televisión y de vida modestísima, ha muerto de una enfermedad que, seguramente, años atrás, pudo curar o, por lo menos, prolongar la vida por unos años más. Se nos fue Rosángela y llegará el día que el país sepa que la transición democrática, se hizo también sobre sus hombros, actuando diligentemente dentro y fuera del país, en contra de lo que siempre supo que fue, y es, una dictadura.
Fotografía: Tomada de un libro de Toldtman, sobre el movimiento sindical venezolano / Cuenta RC en Facebook.
20/07/2018:
https://www.lapatilla.com/2018/07/20/luis-barragan-se-nos-fue-rosangela/
http://venezuela.shafaqna.com/ES/VE/1436742
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viernes, 27 de julio de 2018
domingo, 3 de abril de 2016
ESPESA Y PROLONGADA LLUVIA
Se nos fue Ramón
Luis Barragán
Ojalá, afrontemos y agotemos la transición democrática con la memoria intacta y quizá exacta de todos los que la hicieron posible por más de década y media de luchas. De pronto, nos viene al espíritu una vieja novela de Domingo Alberto Rangel, “Las grietas del tiempo” (1969), en la que, además de servirle para condensar sus acostumbrados espuelazos de la polémica, se quejaba amargamente del resultado de la caída de Pérez Jiménez por aquello del “no son todos los que están ni están todos los que son”, sumados los beneficiarios y hasta delatores al servicio del régimen depuesto.
Al lado del trabajo público y también bullicioso, demasiadas veces devorado por la instantaneidad mediática, engullidas las vanidades de ocasión, lo hubo y hay otro modesto y silencioso, pero no menos decisivo. Pertenece al campo de una cotidianidad que es la que convierte muchas de las iniciativas en eficaces respuestas, aunque no cuente con el seguimiento paciente de las cámaras.
Conocimos a Ramón Petit en los albores pesarosos del siglo, asumiendo cabalmente sus responsabilidades como miembro del comité ejecutivo de la CTV encaminada a los consabidos paros que el gobierno - finalmente - aplastó no sólo a tiros, sino – a la postre – con una versión siniestra que todavía pretende falsear los motivos y las circunstancias. Transitó los difíciles caminos de la persecución y, a la hora de la injusta prisión de Carlos Ortega, como lo reconociera en la larga entrevista que le hiciera Agustín Blanco Muñoz, Ramón fue inmensamente solidario, como en la otra injusta hora del amargo exilio.
Coincidimos en la dirección nacional del partido socialcristiano, atravesando el otro no menos amargo periplo de las vicisitudes internas, con el soporte de una firme e insobornable convicción. Ya no se trataba sólo de la defensa de la instancia partidista de los trabajadores, sino de la propia central obrera libre de los intereses de partidos que ilustraba una postura indispensable para la recuperación de la vida democrática desde las bases sociales.
A pesar de una precaria salud, jamás abandonó la diaria labor en la CTV en la que cifró sus mejores esperanzas para recobrar el escenario que todavía le es difícil - más aún - a otras centrales, bajo el torrencial aguacero de un gobierno que ha atentado y atenta contra los trabajadores. Ahora, físicamente, se nos fue Ramón, el dirigente nada bullicioso y – mucho menos – vanidoso, con el que se hizo un hábito compartir inquietudes, habida cuenta de su experiencia y sabiduría, desprendimiento y lealtad a la causa democrática: él también es autor del inminente período de transición que no olvidaremos y, en lo personal, le estamos agradecidos por sus consejos, orientaciones, solidaridades y, en definitiva, una amistad que nos seguirá honrando.
Fotografía: Sara Lizarraga, profusa y larga lluvia en el Cementerio del Este (02/04/2016).
Luis Barragán
Ojalá, afrontemos y agotemos la transición democrática con la memoria intacta y quizá exacta de todos los que la hicieron posible por más de década y media de luchas. De pronto, nos viene al espíritu una vieja novela de Domingo Alberto Rangel, “Las grietas del tiempo” (1969), en la que, además de servirle para condensar sus acostumbrados espuelazos de la polémica, se quejaba amargamente del resultado de la caída de Pérez Jiménez por aquello del “no son todos los que están ni están todos los que son”, sumados los beneficiarios y hasta delatores al servicio del régimen depuesto.
Al lado del trabajo público y también bullicioso, demasiadas veces devorado por la instantaneidad mediática, engullidas las vanidades de ocasión, lo hubo y hay otro modesto y silencioso, pero no menos decisivo. Pertenece al campo de una cotidianidad que es la que convierte muchas de las iniciativas en eficaces respuestas, aunque no cuente con el seguimiento paciente de las cámaras.
Conocimos a Ramón Petit en los albores pesarosos del siglo, asumiendo cabalmente sus responsabilidades como miembro del comité ejecutivo de la CTV encaminada a los consabidos paros que el gobierno - finalmente - aplastó no sólo a tiros, sino – a la postre – con una versión siniestra que todavía pretende falsear los motivos y las circunstancias. Transitó los difíciles caminos de la persecución y, a la hora de la injusta prisión de Carlos Ortega, como lo reconociera en la larga entrevista que le hiciera Agustín Blanco Muñoz, Ramón fue inmensamente solidario, como en la otra injusta hora del amargo exilio.
Coincidimos en la dirección nacional del partido socialcristiano, atravesando el otro no menos amargo periplo de las vicisitudes internas, con el soporte de una firme e insobornable convicción. Ya no se trataba sólo de la defensa de la instancia partidista de los trabajadores, sino de la propia central obrera libre de los intereses de partidos que ilustraba una postura indispensable para la recuperación de la vida democrática desde las bases sociales.
A pesar de una precaria salud, jamás abandonó la diaria labor en la CTV en la que cifró sus mejores esperanzas para recobrar el escenario que todavía le es difícil - más aún - a otras centrales, bajo el torrencial aguacero de un gobierno que ha atentado y atenta contra los trabajadores. Ahora, físicamente, se nos fue Ramón, el dirigente nada bullicioso y – mucho menos – vanidoso, con el que se hizo un hábito compartir inquietudes, habida cuenta de su experiencia y sabiduría, desprendimiento y lealtad a la causa democrática: él también es autor del inminente período de transición que no olvidaremos y, en lo personal, le estamos agradecidos por sus consejos, orientaciones, solidaridades y, en definitiva, una amistad que nos seguirá honrando.
Fotografía: Sara Lizarraga, profusa y larga lluvia en el Cementerio del Este (02/04/2016).
04/04/2016
INEVITABLE: PERSEVERAR
En medio de una pavorosa crisis, es el gobierno el que hace peso sobre sí mismo para agravarla
“Lo
poco que queda de legitimidad, lo destruye Nicolás Maduro al pretender
sostenerse en la magistratura nacional a cualquier precio”, señaló el diputado Luis
Barragán, coordinador de la fracción parlamentaria de Vente Venezuela en la
Asamblea Nacional.
“La
abusiva declaratoria de inconstitucionalidad de la Ley del BCV, previendo una
conducta semejante para otras iniciativas legislativas, irresponsablemente
agudiza la descomposición de un régimen que, como otros de su estirpe, se dio
una Constitución para violarla. En medio de una pavorosa crisis en la que el
gobierno es el que hace peso sobre sí mismo para agravarla, el TSJ no debe
servir de trinchera y refugio para la ineptitud política y el inevitable miedo
presidencial, a sabiendas que el artículo 216 constitucional establece la
responsabilidad correspondiente por omisión de la debida promulgación de las
leyes”.
El
diputado Barragán formuló sus consideraciones desde el Cementerio del Este,
donde se llevará a cabo el sepelio de dos dirigentes de reconocida trayectoria
gremial:”Lamentamos el fallecimiento de dos referentes importantes en el mundo
del trabajo, como Ramón Petit y Carlos Andueza. Uno y otro, en la Confederación
de Trabajadores de Venezuela y en la Federación Venezolana de Maestros, dejan un
inmenso testimonio de lucha que las nuevas generaciones, agradecidas, retomarán
y perfeccionarán sobre todo en dirección a un orden diferente de cosas”.
Finalmente,
acotó el parlamentario: “Perseveraremos en nuestras responsabilidades,
afrontando cualquier adversidad. Los diputados de la Unidad Democrática y, en
particular, los de Vente Venezuela, no
nos rendimos”.
02/04/2016
domingo, 27 de julio de 2014
INDISIMULADA TORRE DE NUESTRO RENTISMO
La pobreza como monumento (y nota previa)
Luis Barragán
El asunto estriba en que no son deslices, faltas o delitos menores, relacionados con el tránsito automotor, alguna factura olvidada, lesiones leves o posesión de marihuana para el consumo personal. Por lo regular, casos como los de Aponte Aponte, Isea o Carvajal asoman la punta de un iceberg tumorizador que justificadamente conmociona. Y, a la vez, prisioneros irrefutablemente políticos como Leopoldo, Daniel y Enzo resultan golpeados, tras una requisa a deshoras.
La torre de David
Desde mediados de la década pasada, la vista privilegiada de la oficina de Ramón Petit nos permitió el modesto y periódico seguimiento fotográfico de la Torre de David o de Confinanzas, suscitando la inevitable reflexión. La sospechosa clausura del laboratorio social que no tuvimos ocasión de conocer rejas adentro, por más que nos propusimos la aventura, nos remite a aquellos lejanos días de la lluvia que licuaba el inmueble, desprendiéndose lentamente de sus láminas sorteadas al viento que tardaban poco en avisar del estrepitoso ruido al caer.
Convertido en un inédito, triste y visible monumento, ha ejemplificado fielmente la solución estructural que, en definitiva, ha dado el gobierno nacional al problema de la vivienda, estimuladas y protegidas las invasiones a inmuebles que anunciaban sendas fallas, además de afianzar la inseguridad jurídica asociada al desconocimiento de los títulos de propiedad. Por más que diga ahora terminar con el curioso complejo residencial y comercial que toleró y, por omisión, aupó, el régimen no está relevado de sus responsabilidades por la inmensa situación de riesgo a la que sometió a sus ocupantes por largos años, en condiciones de insalubridad y violencia que afectó severamente a sus vecinos, como – es necesario subrayarlo – ocurre todavía en otras localidades donde la pobreza ya no es delito, sino oportunidad para la descomunal demagogia gubernamental.
Personas inocentes y honradas también depositaron su desesperación en lo que fue una vistosa promesa de las grandes finanzas, una efímera vicisitud de la economía rentista que nos agobia. Sin embargo, sumergidas en el tráfico mercantil que ha generado la pobreza, cotizándola indeciblemente en el medio urbano, cohabitaron con el hampa ante la mirada displicente de los decisores públicos que tuvieron y tiene otra prioridad: el perverso mecanismo de control social se unió a la pereza de gobernar, por todo el trabajo que acarrea restándoles tiempo en la faena de prolongarse en el poder a cualquier precio.
La construcción de viviendas que no, la improvisación de piezas para las principales arterias viales del país trastocadas en vitrinas, es una gigantesca deuda que la administración socialista no ha honrado y tardará demasiado en hacerlo. La incompetencia e ineficiencia impide la total remodelación de unos pisos carbonizados que ya demoró más que la construcción misma de la torre de Parque Central afectada y, de tratarse de obras urbanísticas más complejas, tampoco hay alguna que pueda exhibir, porque la inauguración esporádica de módulos y otros tarantines de sonoras ínfulas, no se compara – por ejemplo – con la apertura de avenidas de inocultable irradiación, como las decisivas y duraderas Urdaneta y Libertador en Caracas, realizadas en un breve tiempo por Pérez Jiménez y Betancourt, con todas las complicaciones, por no citar urbanizaciones enteras que años atrás constituían la agenda ordinaria de Miraflores.
Tiempo atrás, fracasó la subasta de una torre que igualmente sintetizó una gran ambición en el campo de la ingeniería y de la arquitectura. Ahora, demolida o reconstruida, la cuestión está en facilitar, ofrecer y entregar una sede que esté a la altura del empresariado chino, explicando la repentina sensibilidad social de un gobierno que impuso el desalojo por medios aparentemente amables, aunque la oferta no sea tan amplia, suficiente y generosa para más de dos mil familias convertidas en rehenes de las circunstancias más apremiantes.
Por casualidad, en estos días, llenamos nuestro poco rato de ocio con Meyer Vaisman, uno de los intérpretes más fieles de la Venezuela petrolera contemporánea. El gran rancho vertical que ha despertado la curiosidad allende las fronteras, es el gobierno mismo, porque - al orillarse a sus ventanas - podemos observar la intimidad misma de sus fastuosos tratos con la potencia que lo subordina y que quedará como una ingrata herencia, mientras está revestido de la calamidad de miles de familias que le sirven de escudo humano.
Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2014/07/la-pobreza-como-monumento-y-nota-previa/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1044688
Luis Barragán
El asunto estriba en que no son deslices, faltas o delitos menores, relacionados con el tránsito automotor, alguna factura olvidada, lesiones leves o posesión de marihuana para el consumo personal. Por lo regular, casos como los de Aponte Aponte, Isea o Carvajal asoman la punta de un iceberg tumorizador que justificadamente conmociona. Y, a la vez, prisioneros irrefutablemente políticos como Leopoldo, Daniel y Enzo resultan golpeados, tras una requisa a deshoras.
La torre de David
Desde mediados de la década pasada, la vista privilegiada de la oficina de Ramón Petit nos permitió el modesto y periódico seguimiento fotográfico de la Torre de David o de Confinanzas, suscitando la inevitable reflexión. La sospechosa clausura del laboratorio social que no tuvimos ocasión de conocer rejas adentro, por más que nos propusimos la aventura, nos remite a aquellos lejanos días de la lluvia que licuaba el inmueble, desprendiéndose lentamente de sus láminas sorteadas al viento que tardaban poco en avisar del estrepitoso ruido al caer.
Convertido en un inédito, triste y visible monumento, ha ejemplificado fielmente la solución estructural que, en definitiva, ha dado el gobierno nacional al problema de la vivienda, estimuladas y protegidas las invasiones a inmuebles que anunciaban sendas fallas, además de afianzar la inseguridad jurídica asociada al desconocimiento de los títulos de propiedad. Por más que diga ahora terminar con el curioso complejo residencial y comercial que toleró y, por omisión, aupó, el régimen no está relevado de sus responsabilidades por la inmensa situación de riesgo a la que sometió a sus ocupantes por largos años, en condiciones de insalubridad y violencia que afectó severamente a sus vecinos, como – es necesario subrayarlo – ocurre todavía en otras localidades donde la pobreza ya no es delito, sino oportunidad para la descomunal demagogia gubernamental.
Personas inocentes y honradas también depositaron su desesperación en lo que fue una vistosa promesa de las grandes finanzas, una efímera vicisitud de la economía rentista que nos agobia. Sin embargo, sumergidas en el tráfico mercantil que ha generado la pobreza, cotizándola indeciblemente en el medio urbano, cohabitaron con el hampa ante la mirada displicente de los decisores públicos que tuvieron y tiene otra prioridad: el perverso mecanismo de control social se unió a la pereza de gobernar, por todo el trabajo que acarrea restándoles tiempo en la faena de prolongarse en el poder a cualquier precio.
La construcción de viviendas que no, la improvisación de piezas para las principales arterias viales del país trastocadas en vitrinas, es una gigantesca deuda que la administración socialista no ha honrado y tardará demasiado en hacerlo. La incompetencia e ineficiencia impide la total remodelación de unos pisos carbonizados que ya demoró más que la construcción misma de la torre de Parque Central afectada y, de tratarse de obras urbanísticas más complejas, tampoco hay alguna que pueda exhibir, porque la inauguración esporádica de módulos y otros tarantines de sonoras ínfulas, no se compara – por ejemplo – con la apertura de avenidas de inocultable irradiación, como las decisivas y duraderas Urdaneta y Libertador en Caracas, realizadas en un breve tiempo por Pérez Jiménez y Betancourt, con todas las complicaciones, por no citar urbanizaciones enteras que años atrás constituían la agenda ordinaria de Miraflores.

Por casualidad, en estos días, llenamos nuestro poco rato de ocio con Meyer Vaisman, uno de los intérpretes más fieles de la Venezuela petrolera contemporánea. El gran rancho vertical que ha despertado la curiosidad allende las fronteras, es el gobierno mismo, porque - al orillarse a sus ventanas - podemos observar la intimidad misma de sus fastuosos tratos con la potencia que lo subordina y que quedará como una ingrata herencia, mientras está revestido de la calamidad de miles de familias que le sirven de escudo humano.
Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2014/07/la-pobreza-como-monumento-y-nota-previa/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1044688
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