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jueves, 26 de junio de 2014

CAZA DE CITAS



" ¿Acaso la existencia de armas nuclares - o más bien la posibilidad de su empleo masivo - ha hecho redundante toda consideración de la guerra, la estrategia, la economía, desde un punto de vista tradicional? "

Paul Kennedy

("Auge y caída de las grandes potencias", Plaza & Janés Editores, Barcelona, 1998: 784)

Fotografía: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/06/16/album/1402909933_384755.html#1402909933_384755_1402913797

sábado, 29 de octubre de 2011

CERDA DE BYTES


EL NACIONAL - Sábado 29 de Octubre de 2011 Escenas/1
Jacobo Borges pinta sin pincel
La computadora y la pantalla táctil son las herramientas que el artista emplea para dedicarse a un género que considera un reto: el paisaje. Recrea el paso de las estaciones en una serie de polípticos
CARMEN VICTORIA MÉNDEZ

Jacobo Borges es más conocido por sus personajes que por sus paisajes. Sin embargo, el género es el tema de su exposición más reciente, integrada por una serie de polípticos que recrean vistas de la primavera, el verano, el otoño y el invierno. Formalmente, su propuesta es una trama infinita de líneas de colores, producto de superponer una creación tras otra, borrarla y volverla a hacer en la computadora. Visualmente se trata de vistas, pero no a la manera de la escuela holandesa, del romanticismo o del impresionismo, pues fueron elaboradas con la técnica duborcom, que le permite pintar sobre pantallas táctiles.

El acercamiento del artista caraqueño a la naturaleza se produjo a través del grabado, en la década de los años ochenta. La idea de pintar paisajes siempre lo había rondado, pues en su disco duro (tanto el de su computadora como el de su propia cabeza) almacena una cantidad no cuantificada de panoramas que son producto de sus constantes viajes. De allí el título de Paisajes de la memoria. "Es un reto que me planteé hace tiempo, porque me impresiona mucho que Van Gogh y Vermeer pintaron cosas grandiosas desde la ventana chiquitica de su estudio o de su casa. Aunque he hecho paisajes antes nunca había podido llegar a convertirlos en una cosa monumental, hasta ahora", dice.

Vistas de lejos, las obras representan bosques llenos de flores, árboles y nubes, pero el creador, uno de los puntales de la Nueva Figuración de mediados de los años cincuenta, revela que se trata de una ilusión. "No quise hacer cuadros con la perspectiva renacentista, ni me interesa la visión fotográfica del paisaje; yo quería una cosa de signo. Esa libertad no la he tenido sino hasta ahora. No por una cuestión de técnica o de tecnología, sino de relación con mi propio trabajo. He tenido períodos en los que me interesa la forma, pero en realidad lo mío es la luz y el color. Por primera vez he liberado la línea de la forma.

He construido una especie de alfabeto, un lenguaje propio con la línea, que me permite crear la ilusión de cosas sin que estén".

Si el espectador observa cada pieza por segmentos no reconocerá forma alguna, excepto una trama de líneas. Al igual que los paisajes impresionistas, son cuadros hechos para ser vistos desde lejos. "Es una cosa que se construye y se reconstruye con la mirada, todo el tiempo. Eso no había podido hacerlo antes. Es osado hablar de impresionismo. Puede ser.

Uno siempre está en la búsqueda de referencias y, aunque no estén, uno las pone.

Por ejemplo, la obra de Jackson Pollock es asociada a la de Monet, por la libertad de la línea, pero si te detienes en los detalles te das cuenta de que no tiene nada que ver. Una cosa que descubrió el impresionismo y que lo mantiene vivo en la relación de la luz y el color con los fenómenos ópticos; por eso sabemos que las cosas se construyen en el ojo, no en el lienzo".

La técnica de elaboración de las piezas es digital, pero Borges se sigue considerando un pintor. Asegura que todo el arte digital que ha visto hasta ahora depende del programa en el que está hecho, a diferencia de su obra, pues intenta emplear estas herramientas de manera distinta a como fueron concebidas por los programadores. "El Photoshop está hecho para construir y editar imágenes, pero yo lo uso para destruirlas, repitiendo sus funciones. Es como lavar un piso con ácido. La pantalla táctil es un instrumento que utilizo como si fuera el grabado, como los pilograbados que hacía hace años con un clavo caliente sobre madera. Trazo mis trabajos sobre una pantalla especial, como la que sirve para hacer dibujos animados, pero eso no significa que solté el pincel; es como estar solo con el papel".


Fotografía: Manuel Sardá

jueves, 5 de agosto de 2010

¿arte digital impredecible y virtuoso?


EL NACIONAL - Lunes 02 de Agosto de 2010 Cultura/4
El foro del lunes
YUCEF MERHI El artista cree que el país le rinde culto a lo feo
«Es un error hacer propaganda con la bandera del arte »
El pionero del arte digital en Venezuela considera que los museos y las bienales están en crisis a causa de la burocratización de la cultura, de la politización de las instituciones y de la apatía de sus actores
CARMEN V. MÉNDEZ

Yucef Merhi tenía 8 años de edad cuando expuso por primera vez una obra. Se trataba del Net@tari, exhibido en 1985 en el New Museum of Contemporary Art de Nueva York, Estados Unidos. Su presencia fue un hito no sólo por su corta edad sino porque era la primera persona que utilizaba el atari con fines artísticos. En 1997, el poeta y programador llevó su Poliverso andróctono al Museo Alejandro Otero. Una década después, rechazó la oportunidad de dirigir esa institución porque ningún funcionario le garantizó que las filtraciones y el aire acondicionado serían reparados con prontitud. Actualmente, se dedica a organizar la Bienal de la Universidad de Los Andes, que en su primera edición se centrará en el arte digital.

­¿Los salones de arte cumplen verdaderamente su función? ¿No se han convertido en un mecanismo predecible y viciado? ­Los salones tuvieron su "época dorada" en la década de los años noventa, cuando eran instancias para exaltar la creación. Luego muchos desaparecieron. Es el caso de la Bienal de Mérida, cuyo espíritu queremos rescatar, de manera más contemporánea.

Algunas bienales se siguieron haciendo pero ya no cumplen su papel primordial.

Simplemente se organizan para justificar unos presupuestos, unos cargos, un espacio. Hicimos de la cultura una burocracia.

­¿Es esa burocracia la causa de la actual crisis de los museos? ­En 1999 se abrió un gran paréntesis. Se empezaron a producir cambios profundos en la estructura institucional y se creó una política que contradecía los valores culturales vigentes anteriormente. Así entramos en un letargo, en un período de profunda decepción que se conjuga con la apatía y la desidia. Lo que tenemos hoy en día en los museos no sucedió de la noche a la mañana. Los cambios fueron paulatinos. Y lo mismo aplica en el sistema de leyes, el Congreso, el país. Todos nosotros hemos aceptado eso. ¿Cuántas personas se han encadenado a las puertas de un museo para defenderlo?

­¿Defendería usted a los museos, aun cuando ha criticado su vigencia en la contemporaneidad? ­Creo que los museos juegan un papel. Es un modelo que tiene siglos y en sus espacios nos sentimos a salvo. Me he detenido frente a una obra de Jesús Soto que está en Chacaíto, en condiciones deplorables, y al contemplarla siento inseguridad. En el Museo de Bellas Artes no me pasa eso.

En los museos de Europa hay que pagar para entrar, pero la gente sigue yendo, y las fundaciones y los filántropos les siguen dando dinero. Son necesarios para una parte de la cultura que hemos creado.

Ahora, no creo que sean los responsables de transmitir los valores culturales contemporáneos.

­¿Ha habido gestiones rescatables en la cultura, a pesar de la crisis? ­Las ha habido, pero hoy en día para asumir esos cargos hay que manejarse políticamente. Esa fue una de las razones por las que no acepté dirigir el Museo Alejandro Otero hace unos años.

Los cargos políticos no me interesan.

­¿Qué implicaciones tuvo la obra Máxima seguridad, la instalación hecha con los correos electrónicos de Hugo Chávez que usted mismo hackeó? ­La obra legitimó el hacking o hackeo como un medio de producción de arte, como lo constata un libro publicado en Inglaterra. Ello le abrió puertas a otros artistas y permitió que se entendiera que era posible hacer arte utilizando estas herramientas tecnológicas, cuyas formas no son contempladas en una escuela.

­Sin embargo, hackear es un delito. ¿Vale todo en nombre de la creación? ­En aquel momento no era un delito porque aún no existía una ley que estipulara que había que ir a prisión o pagar una multa por hacerlo.

Además, yo no tergiversé los textos; tampoco los vendí.

Simplemente fui un mediador entre la información que le llegaba al Presidente y el público. He conversado con personas próximas al ministro de Cultura, cuya sensibilidad les permitió entender el sentido de esa obra. Tampoco era propaganda política.

Creo que es un gran error hacer propaganda con la bandera del arte.

­Cita a Bolívar en el ámbito académico. ¿Hubiera usado sus textos en su obra, en lugar de los correos electrónicos del Presidente? ­Máxima seguridad propone una ruptura de la noción de la seguridad en el sentido contemporáneo, y no hubiera podido hacerla con los textos de una figura histórica.

Tal vez hubiera podido ir a la Academia Nacional de la Historia y obtener los manuscritos originales para hacer la instalación, pero eso era mucho más difícil y peligroso. De haber usado los textos de Bolívar, me hubiera sentido muy mal porque a él lo respeto. Para mí Bolívar es una figura que carga mucha sabiduría. El problema es su imagen actual. Me impactó mucho ver su esqueleto.

Carlos Contramaestre se hubiera jactado de semejante homenaje a la necrofilia.

­¿Ha cambiado la cultura visual del venezolano? Después de todo, la exhumación fue parcialmente televisada. Nunca se había visto algo así. ­Vivimos una realidad distinta a la de hace unas décadas, pero hay una constante, que es la idiosincrasia. Visualmente hablando, la nuestra es una cultura del rancho, de lo fraccionado, de lo despojado y maltratado, de la dolencia. Hemos perdido el gusto por lo bello. Lo han dicho muchísimos intelectuales: en Venezuela hay un culto a lo feo. Lo feo forma parte del ADN cultural.

­¿El totalitarismo entra por los ojos? ­El elemento visual es poderosísimo. La manera en que han sido tratados los símbolos en Venezuela lo evidencia. No se cambió la letra del Himno Nacional, pero sí se cambiaron la Bandera y el Escudo. El himno se mantiene intacto porque no es visual; pocos prestan atención a lo que dice su letra. Si los venezolanos se tomaran unos minutos para analizarlo estarían iluminadísimos, porque allí se dan las instrucciones de lo que hay que hacer ante un régimen totalitario.

No se está haciendo nada porque las personas no están escuchando ni leyendo.