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lunes, 4 de noviembre de 2013

PERCEPCIONÓMETRA

EL NACIONAL - Lunes 04 de Noviembre de 2013     Educación y Sociedad/3
Educación y Sociedad
ENTREVISTA Carlos Leañez Aristimuño alerta sobre el lenguaje bélico de los dirigentes
"Un régimen que busca el control social necesita controlar la lengua"
El profesor de la Universidad Simón Bolívar, especialista en políticas lingüísticas, asegura que debido al discurso gubernamental hay un empobrecimiento cognitivo del venezolano   
MIREYA TABUAS

"Dignificado" en vez de damnificado, como si la palabra cambiara la condición de quienes se quedaron sin hogar. "Bolivariano" para calificar a los oficialistas, "antibolivariano" para referirse a los opositores, como si para ser hijo del Libertador es requerimiento ser chavista. "Escuálidos", "apátridas" y "parásitos" a quienes son adversarios del gobierno, minimizando su condición a lo más bajo. "Sabotaje" para justificar lo que muchas veces no es más que negligencia estatal. "Guerra económica" patentó el presidente Hugo Chávez y repite el actual mandatario Nicolás Maduro, como si la crisis fuera culpa de otros, específicamente del enemigo: el "imperio".
Por más de 14 años, la revolución ha creado su propio lenguaje. Ayer, en Siete Días , se reseñaron muchas de las palabras de ese "diccionario del chavismo". Al respecto, el profesor de la Universidad Simón Bolívar y especialista en políticas lingüísticas, Carlos Leañez Aristimuño, reconoce que hay un uso intencional de la lengua por parte de los principales voceros gubernamentales, en especial Chávez y Maduro. "El ataque a través de la lengua es el camino más certero del gobierno para tener a la población no solo con la cabeza gacha, sino contentos con esa situación de tener la cabeza gacha", dice.
­ ¿Qué caracteriza, a su juicio, el lenguaje del chavismo? ­Un régimen que busca no solo gobernar sino tener control social necesita controlar la lengua porque ella es la llave de nuestras percepciones.
Un régimen que controla la lengua busca ser el decodificador, torcer las percepciones para que la población vea lo que quiere que vea, piense como él quiere; deje de pensar, incluso. Puede sonar radical, duro, pero eso está en marcha, no sé si como proyecto articulado. Los resultados están a la vista: hay un empobrecimiento cognitivo del venezolano; es más pobre, cognitivamente hablando, que el venezolano de la década de los setenta.
­ ¿Cómo se define esa pobreza cognitiva? ­La comprensión lectora está postrada, el venezolano no entiende lo que lee. Cuando la gente no está expuesta a la lengua escrita tiene muy poca posibilidad de articular un contradiscurso, está a merced del discurso imperante. El poder actual silencia medios y mensajes alternativos, tiene el aparato educativo debilitado, envuelve todo en un relato que no es otra cosa que una gesta de guerra.
­ ¿El discurso gubernamental es bélico? ­De acuerdo con el discurso del gobierno, estamos en guerra. Entonces, no somos como las sociedades prósperas donde hay proyectos que generan democracia, riqueza y paz. Acá estamos en un relato de guerra a través de la palabra. Eso hace tolerable a la población todas las cosas que no funcionan. Todos son hechos lingüísticos: si estamos en guerra ¿cómo no va a haber huecos en las calles, desabastecimiento o colas para comprar productos? El discurso de la guerra da sentido a todo eso, es una guerra simbólica, a través del lenguaje, por ahora, pero esas batallas preceden a las reales. Ante la quiebra de todos los indicadores, el gobierno busca superponer su relato sobre la realidad. Le dice a la gente: "Quienes te cortan la luz o te hacen pasar hambre no somos nosotros, nosotros somos los que estamos en la resistencia contra el imperialismo". Se usa la palabra para torcerlo todo.
­ ¿Las palabras logran crear realidades? ­Octavio Paz decía: "La palabra racional es nuestra única defensa contra el monólogo del caudillo y la gritería de la banda". Aquí hay un caudillo y el sucesor de un caudillo.
Un monólogo implica que el otro no existe y si a esa capacidad monologante se une la postración del aparato educativo, la capacidad de la población de discernir se empobrece. La población ve lo que ellos quieren que vea. El fanático es alguien que ha cerrado todos los canales cognitivos.
Durante la república civil nos acostumbramos a que había un debate, pero actualmente hay un torcimiento de la realidad, una manipulación de símbolos. Por eso es urgente para la república que encontremos el camino hacia el diálogo y la palabra racional.
­ ¿Cree que la oposición ha logrado contrarrestar el discurso del gobierno? ­La oposición no puede ponerse en el plano del gobierno. Si la insultan, no puede devolver los insultos. Si pretende ser una alternativa, debe salirse del torneo de ofensas, pues así le está haciendo coro al proyecto. Los proyectos totalitarios funcionan si sus adversarios actúan como ellos quieren que actúen; si los insultan es perfecto para ellos. Entonces, a la oposición le toca tener un lenguaje firme, pero que no use el insulto sino la argumentación, que es el ejercicio del pensamiento.
Hay líderes de la oposición que se han puesto en el mismo plano que los del gobierno, eso forma parte de la cultura machista. Actualmente quienes están construyendo una palabra más incisiva son mujeres, ellas se salen del círculo de los gallitos. Y sabemos cuál es el final de las peleas de gallos.
­ ¿Cómo actuar ante la hegemonía del discurso gubernamental? ­Nunca hemos estado sometidos a tantos mensajes y a tanta manipulación de un emisor único. Pero ese poder no tiene argumentos.
El poder no le da la palabra a la prensa disidente, no se somete al escrutinio de la razón, a lo que más le teme el poder es a una discusión racional, al someterse a ella quedaría desmontado su relato.
Diversas formas de manipular
El abogado Luis Alfonso Herrera se dio a la tarea de clasificar las palabras que forman parte de lo que él y otros investigadores han clasificado como "neolengua" en Venezuela. Utilizan un término perteneciente al escritor George Orwell, quien en la novela 1984 define un lenguaje creado por el Poder para manipular a sus seguidores, para transformar la realidad en función de un proyecto político totalitario.
Herrera clasifica esta "neolengua venezolana" en cuatro tipos de palabras: aquellas que se desvirtúan de su sentido original, es decir, que existen pero tienen otro significado; las palabras creadas con fin ideológico; los eufemismos y los insultos. A continuación algunos ejemplos: Vocablos desvirtuados en su sentido: Revolución, apátrida, terrateniente, burguesía, patria, magnicidio, expropiación, capitalista, rescate, sabotaje.
Vocablos creados con fin ideológico: Parlamentarismo de calle, poder popular, guerra económica, equilibrio cambiario, contraloría social, puntofijismo, gobierno de calle, estado comunal, matriz mediática.
Eufemismos: Socialismo del siglo XXI, hombre nuevo, felicidad social, privados de libertad, niños de la patria, afrodescendiente, subasta. Insultos: Majunches, escuálidos, vende patria, cachorros del imperio, locos, disociados, sapos, vendidos, gorilas, podridos, excrementos, antibolivarianos, plagas, bacterias, parásitos.
Para el abogado, con esos términos (muchos de los cuales fueron incluso consagrados en la legislación venezolana) se busca la imposición de un pensamiento único y repetitivo, el ocultamiento de la verdad, el debilitamiento de las instituciones democráticas, la polarización y, en definitiva, "la liquidación del Estado de Derecho".

Fotografía: Henry Delgado.

sábado, 2 de julio de 2011

DEL RÉGIMEN DE PRESCRIPCIÓN


EL NACIONAL - Sábado 02 de Julio de 2011 Papel Literario/2
A propósito de El arte de perdurar: apostillas con fecha de caducidad
Hugo Hiriart escribe un ensayo sobre las personalidades artísticas de Alfonso Reyes y Jorge Luis Borges para determinar qué hace que se olvide a un autor y otro mantenga su fama a través de los siglos
MICHELLE ROCHE

En un mundo donde reina la apariencia porque la fama se convirtió en la prebenda de la celebridad mediática, son excentricidades deliciosas las obras que indagan en el trabajo de esos habitantes de la periferia que son los escritores. Uno de estos raros casos es El arte de perdurar, el título más reciente de Hugo Hirirart (Ciudad de México, 1942), un texto que más allá de la trivial y repetitiva pregunta sobre por qué se escribe --o, peor aún, por qué se lee--, quiere entender qué causa que unos autores subsistan en los imaginarios colectivos, mientras otros naufragan en el río Leteo.

El libro --editado por el sello Almadía, nacido en Oaxaca en 2005-- fue galardonado con el Premio Mazatlán de Literatura 2011 a la mejor obra publicada en México durante el año anterior. El libro está conformado por dos ensayos: "El arte de perdurar" y "La luz perfecta". Es en el primer ensayo donde emerge el tema crucial y subyacente en la obra: determinar por qué el argentino Jorge Luis Borges y no el mexicano Alfonso Reyes alcanzó los laureles de la perdurabilidad en la cultura hispanohablante.

Escribir sobre Reyes no obedece al nacionalismo herido ni a un reclamo tardío porque carece de la fama de Borges, para Hiriart es una amarga reflexión sobre lo que denomina "la estrecha puerta de la fama" y qué puede entrar por allí. Para el lector será un abreboca para reflexionar sobre cómo se articulan en el caso de la literatura en castellano las "personalidades artísticas", que en la cultura anglosajona se corresponde con la denominación aestetic personae, y se refiere a una especie de aura, una voz que escapa de los libros y envuelve al autor y a su comportamiento ante la sociedad. El asunto de la perdurabilidad es especialmente importante en el caso de los escritores, porque la esencia de este oficio es el reconocimiento social y la trascendencia de sus postulados intelectuales: el mismo impulso inicial de la creación está enfocado hacia llamar la atención sobre el efecto de cada obra.

Opacidad e irradiación En El arte de perdurar se lee que una de las limitaciones de Reyes era la falta de flexibilidad en su estilo racional. Agrega que a pesar de haber sido un buen articulista, el autor no era precisamente virtuoso y aunque cultivó el artificioso ensayo del estilo español --género que fue la marca de Francisco de Quevedo y Luis de Góngora-- no se recuerdan grandes obras suyas. Y esto, Hiriart lo acepta más con rabia que con tristeza, porque una de las cualidades de este ensayo son las emociones que sugiere.

Escribe Hiriart que, demasiado preocupado por la mesura y las piezas bellas, Reyes se arriesgó poco y no alcanzó una magna opus, sino un archipiélago de obras buenas intrascendentes: "La prosa brillante y pulida se alza como opacidad entre la escena y nosotros, y francamente estorba de en vez de facilitar y suscitar".

Como se ve, un acierto de El arte de perdurar es que no reproduce falsos nacionalismos, solemnidades inútiles ni grandilocuentes adjetivos vacíos. Acepta rápidamente que la obra de Reyes no tiene nada particular e intransferible, aunque fuera propuesto por Gabriela Mistral para el Premio Nóbel de Literatura y se mantenga como uno de los autores centrales del panteón mexicano, conocido en su país como "el regiomontano universal", por su obra continental renuente a limitarse a un solo aspecto.

En su época, el mismo Borges, pero en tono de halago, se refirió una vez a su visión totalizante del mundo cuando le dijo: "Reyes, la indescifrable providencia que administra lo pródigo y lo parco, nos dio a los unos el sector o el arco, pero a ti la total circunferencia".

El autor de Ficciones (1944), poco dado a halagar a sus contemporáneos, admiraba la prosa del mexicano a quien conoció y frecuentó cuando fue embajador de su país en Argentina. "Creo que Alfonso Reyes es el mejor, el primer prosista de la lengua castellana y me agrada pensar que me dijo que había influido en él el estilo de Paul Groussac", recordó el autor de Historia universal de la infamia (1935) en una entrevista en la revista bonaerense Latin publicada en junio de 1972, antes de agregar que prefería hablar de la prosa del mexicano porque no estaba seguro de que fuera poeta: "era más bien un hombre muy inteligente que hacía buenos versos porque era demasiado inteligente para hacerlos malos".

Las palabras de Borges, sin embargo, tampoco atribuyen nada de particular al trabajo del mexicano. A eso se refiere Hiriart cuando habla de su opacidad personal y la de su obra. En la cohorte de excéntricos y orates que pueblan la patria de la literatura, el correcto e inteligente Reyes no se preocupó por labrarse una persona artística y adolecía de una ordinaria falta de obsesiones.

En El arte de perdurar escribe Hiriart que a su compatriota lo condenó al olvido su empecinamiento en mostrarse como un hombre de letras y no como un intelectual. Clasifica a este último como el escritor que opina de la sociedad y la política y "su papel es una versión moderna, y ciertamente degradada, de los profetas bíblicos". Como ejemplos de su afirmación, Hiriart recurre a los trabajos del periodista británico George Orwell. El autor de las novelas Rebelión en la Granja (1945) y 1984 (1949) fue indiscutiblemente un hombre de su tiempo que buscaba hacer pensar a sus contemporáneos a través de una "prosa invisible", en la que desaparecía el estilo.

Reyes prefería ser un hombre de letras, pues no buscaba realmente comprometerse con su tiempo, considerando intrascendente el comentario político y el social, demasiado mundano para el escritor: "Fue funcionario y fundador de las instituciones; pero nunca pretendió, como Sartre, `abrazarse a su tiempo y morir con él’".

De hecho, según reflexiona Hiriart: "el tiempo en el que vivió no sale en sus trabajos".

Ceguera y visión Frente a este perfil gris, Hiriart contrapone el de Borges: "un caso atronador de gloria literaria que paseó por el mundo de homenaje en homenaje, de premio en premio, de doctorado en doctorado su emblemática figura de vidente ciego".

Más cercano a la figura del intelectual, el escritor argentino sí se atrevió a tomar riesgos.

Eso lo destinó a llamar la atención y a consagrarse como una de las figuras centrales de la literatura en castellano.

Borges se atrevió a experimentar y a decir las cosas como las entendía. Por eso causaba polémicas por donde viajaba y era difícil que pasara desapercibido. Hiriart subraya que el autor de El Aleph fue sentencioso desde el principio de su carrera, lo cual le aseguró visibilidad desde entonces.

Borges era un polemista por antonomasia: sus ideas políticas que lo mantenían contra Juan Domingo Perón cuando todos lo alaban, su empecinamiento por ensalzar la literatura clásica señalando que de la lengua castellana apenas le gustaban Quevedo y Cervantes y los juegos de palabras a los que se entregaba en las entrevistas, entre otros aspectos de su personalidad, contribuyeron a hacerlo una figura frecuente en los periódicos, aunque una vez declaró que nunca había leído un diario.

Como Luis Buñuel en el cine, Salvador Dalí en las artes plásticas y Oscar Wilde en el teatro, la personalidad artística de Borges barrió a la persona de carne y hueso. El mismo escritor lo subrayaba en su poema "Borges y yo" en El hacedor (1960): "Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas.

Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica".

La cita señala cómo el mismo Borges, después de construirse una persona artística sólida en cuanto a los temas que lo caracterizaban, como por ejemplo los diccionarios, los tigres y la prosa de Stevenson, entre otros, puede --quizá confiado ya en su perdurabilidad como autor-- burlarse de su caso o de la parte más íntima de aquél Borges que es él mismo.

Esa desenvoltura marca su obra. En El arte de perdurar es notable y encantador el desparpajo de una paráfrasis que Hiriart hace de un párrafo en un ensayo publicado en Inquisiciones, su primer libro de prosa, publicado en una edición limitada de 500 ejemplares en 1925, y que Seix Barral reeditó en el año 1994: "cuando alguien está leyendo razonamientos de un autor, le da flojera examinarlos y ponerlos a prueba y los acepta confiado en la honradez de quien los hace". Es como si el autor advirtiera que esa confianza del lector lo absuelve de cualquier cosa y le prepara para poner la visión en lo menudo, donde sustentará su carrera y su trascendencia. También es como si Borges advirtiera que hay asuntos que sólo son relevantes según quién las dice.

En cuanto a la sustancia de su obra, el Borges que perfila Hiriart era un iconoclasta arbitrario e imperioso con obsesiones muy marcadas, como la novedad de hacer cuentos sobre perplejidades filosóficas. Para el autor, Borges era un hombre que no sólo se sentía incapaz de dialogar con la totalidad del mundo, sino que tampoco le interesaba y por eso prefería reducirse a lo particular, a su propio particular.

Aunque el día que murió Alfonso Reyes era "el emperador indiscutible de las letras mexicanas", dice Hiriart que con el tiempo fue perdiendo vigencia y nunca pudo alcanzar la universalidad, porque nunca le interesó abrazarse con su época ni hablarle a sus contemporáneos. "Toda obra literaria necesita un autor con el que dialogar, nuestro diálogo es con la experiencia humana, no sólo con sus palabras: no sólo leemos sus palabras, sino que adivinamos su actitud con lo que dice y con lo que calla", escribe Hiriart y sintetiza allí la diferencia entre el intelectual argentino y el hombre de letras mexicano.

Letras y perdurabilidad Otro aspecto interesante de El arte de perdurar es que propone una teoría de la inmortalidad en la literatura a la que llama "tipología informal de la perduración", que aunque algunos puedan hallarla exagerada, seguro divertirá al lector.

En cuanto a las razones para mantenerse durante décadas, y hasta siglos, en la memoria de los lectores Hiriart se refiere primero a las piezas que representaban una visión del mundo como La Biblia, La Odisea y La Divina Comedia. Obras como estas son tipos de gloria indiscutibles, porque propusieron una nueva forma de estremecimiento. Iniciaron una tradición como tantos escritores, entre ellos Charles Baudelaire y Franz Kafka, que inventaron "un nuevo tipo de ente literario". Frente a estas "iniciadoras" se contraponen las "coronadoras" que heredan una tradición literaria y la llevan a su perfección, como hizo Thomas Mann. Aquí Hiriart sitúa también a Alfonso Reyes.

Más allá de que la persona del escritor causaba fascinación, aspecto que se corresponde a otra de las tipologías en El arte de perdurar, Jorge Luis Borges representaba la maestría al dominar temas personales y novedosos, pues se circunscribió a un género de cosas que le era tan íntimo y particular que se agotó en él. En este grupo Hiriart coloca también a Lewis Carroll.

La categorización termina con un grupo en el que Hiriart une la maestría literaria con la representatividad de su época y en el que se refiere a dos tipos de escritores: el monumental y el representante. En el primer caso, el autor crea un mundo completamente nuevo, como Honoré de Balzac que resumió toda la sociedad francesa en su proyecto único y continental, la Comedia humana. Con el autor "representante" describe al "que indirectamente, por su modo de ser y escribir representa una época". Tal es el caso de Wilde, cuya prosa y vida fueron corolarios de la era victoriana inglesa.

Aunque sea muy temprano para preguntarse a qué tipo de escritor entre los antes nombrados pertenece el mismo Hiriart, el lector no resistirá la tentación de clasificar El arte de perdurar como una pieza más cercana al ensayo británico, porque obvia las conclusiones cerradas y se propone hacer pensar a la gente a través de una prosa invisible. Y si bien los planteamientos del autor pueden parecer esquemáticos y sus ejemplos arbitrarios, la atención por lo menudo y la deuda con la claridad son los aspectos más positivos de su estilo.

El valor del ensayo es trascender la lectura amena del interesado solo en ahondar en la vida de los artistas y apelar, sin rebuscamientos, a las mentes más académicas.

Aunque entre la abundancia de clasificaciones y tipologías hace falta un apartado especial para definir, en contraposición a la perdurabilidad, qué es la fama, el profuso trabajo crítico de clasificación puede servir de materia prima para otros trabajos que tomen en cuenta los mismos temas.

Sea cual sea la opinión que genere El arte de perdurar, hacia el final del libro, el lector terminará dándole la razón sobre el "caso atronador de gloria literaria" que fue Borges y se preguntará cuántos de los autores que adoramos hoy tienen verdadera maestría a la hora de dominar los temas propuestos y popularizados por ellos mismos, como hacía en su época el argentino. Eso, sin duda, será mejor que preguntarse qué autores leemos no por su talento sino por la admiración que tenemos por su personalidad extraliteraria. Lo único que tranquiliza es que el tiempo es el juez inflexible de la calidad y el valor de la literatura, porque como escribe Hiriart: "Toda época tiene su retórica. La lucha del artista es por singularizarse dentro de esa retórica, no sólo dominarla con maestría sino por personalizarla, es decir, personalizarse en ella (...) Lo opuesto a lo perdurable es, no lo mal hecho o lo no magistral, sino lo borroso".

Pequeños ensayos

A pesar de que las reflexiones sobre qué es la perdurabilidad y por qué trascendió la obra e Jorge Luis Borges y no la de Alfonso Reyes son el grueso de El arte de perdurar, Hiriart no agota su discurso sobre la perdurabilidad en la comparación entre los escritores.

Sin que el elector pueda soltar este libro --que se lee en una sola sentada--, el ensayista se pasea por las figuras de pintores y escritores de otras épocas. A esto dedica la segunda parte del libro, titulada "La luz perfecta", donde presenta siete ensayos sueltos, cada uno de entre dos y cinco páginas, en los que se pasea por varias figuras de las artes plásticas y de la literatura clásica para evidenciar su relación con la perdurabilidad.

En el primero de estos escritos cortos se refiere a la medida de la fama para Peter Paul Rubens, que se basaba en cuántos jóvenes aspiraran a formar parte de su taller. En el siguiente apartado, "El viejo loco por el dibujo", se refiere a la obsesión con la búsqueda de la perfección, que es otro estandarte para la perdurabilidad.

En los cuatro ensayos siguientes se refiere a las imágenes de los artistas y escritores: los retratos idealizados de Homero y de Dante Alighieri, el autorretrato de Miguel de Cervantes, también las características específicas del de Arcipreste de Hita y finaliza los autorretratos con el de Diego Veláquez. En todos los casos queda en evidencia que cada retrato individual describe también a su época, porque Hiriart, como hiciera José Ortega y Gasett en su época, le explica a los lectores que la perdurabilidad de cada esteta en el tiempo se basa en que también pudiera representar a cabalidad su época, incluso en sus autoretratos.

Por eso, en el ensayo que cierra esta parte y el libro, titulado "La luz perfecta", el escritor señala que tal cosa no existe, porque no existe perfección como grado superlativo de la belleza o del arte, sino consideraciones individuales y temporales de esta. Allí parece estar el arte de quienes perduran: no en encontrar la luz perfecta, sino en buscar su propia irradiación.

Vale la pena cerrar con las propias palabras on las que el autor termina El arte de perdurar: "la luz perfecta no la podemos percibir. Está en Dios, es inimaginable, pues, como dicen los místicos, la luz prodigiosa que percibimos no es más que la sombra de Dios. Así que, ¿cómo podrá ser esa otra luz, la perfecta y verdadera? Pero esa experiencia ya no podemos ni siquiera fantasearla".

EL NACIONAL - Sábado 02 de Julio de 2011 Papel Literario/3
Hugo Hiriart: "La ambición en literatura se llama perduración"
ENTREVISTA
MICHELLE ROCHE

Hugo Hiriart devora un sánduche vegetariano con tenacidad, a pesar de que la gente que pasa a su alrededor insiste en interrumpirle el almuerzo con saludos que le quitan varios minutos, pero no el apetito. Es el mediodía del miércoles 1º de diciembre de 2010 y el autor mexicano tiene apenas unas horas de haber llegado a Guadalajara, ciudad que por esa semana es la capital de las letras en castellano, porque allí se celebra la Feria Internacional del Libro más grande del idioma. Por su puesto que el complejo ferial de la ciudad donde se desarrolla el evento está lleno de gente que sabe de literatura.

Y todos conocen a Hugo Hiriart, un escritor cuya sencillez y prolijidad le ha construido un estilo inconfundible.

Nacido en 1942, Hiriart se ha desarrollado en los más diversos géneros como la narrativa, la poesía y la literatura infantil y se ha destacado especialmente en ensayo y drama, en los que destacan Intimidad y Ámbar, obra sobre la que ahora afina una reedición.

En 1972 obtuvo el premio Xavier Villaurrutia con su primera novela, Galaor.

También destaca en el terreno del guión cinematográfico por el que fue premiado en 1994 con un Ariel y un Heraldo por el filme Novia que te vea y el Premio Nacional de Literatura Juan Ruiz de Alarcón en 2000.

Sus ensayos son polémicos, por lo que llaman la atención de sus contemporáneos, el más reciente El arte de perdurar (Almadía, 2010), en el que intenta elucidar por qué Jorge Luis Borges y no el mexicano Alfonso Reyes se mantiene en el imaginario de los hispanohablantes. También el otro ensayo que tiene publicado con Almadía, La torre del caimán (2008) carga contra las convenciones de la literatura al retomar los héroes clásicos y mirarlos con el ojo satírico de los nuevos tiempos, para arrojar nuevas luces sobre sus vetustos planteamientos. Por su ensayo más reciente se le confirió el Premio Mazatlán de Literatura 2011.

¿Por qué le interesa la idea de la perdurabilidad en la escritura? Todos los escritores piensan en eso. Hay dos tipos de "yos": el público, que es bien portadito y generoso, y el privado que es un loco violento que odia a la gente, desea a todas las mujeres y es una bestia que no responde bien a la moral. Este yo interno es el de una persona ambiciosa.

La ambición en literatura se llama perduración. Lo único que le vale a un escritor es tener una obra magistral para que la gente que sabe de literatura diga: "este es un modelo de lo que se debe hacer". Un artista de cepa quizá pueda decir lo que Santa Teresa, que "la recompensa del trabajo debe estar en el trabajo mismo". Pero esos son santos. La gente piensa que la perduración es una especie de filtro de calidad literaria, pero yo no. La mayoría de las obras se van rápido al abismo de la nada.

¿Cuál es el uso social de la fama literaria? Es un tema delicado, porque muchos escritores que en su tiempo hasta ganaron el Premio Nobel, luego desaparecieron sin más gloria.

Para perdurar, el primer requisito es que usted se distinga, porque la fama es cegatona y no alcanza a ver bien más que lo nítidamente distinto

No basta con tener fama. No se sabe si Gabriel García Márquez o Mario Vargas Llosa van a perdurar porque el filtro del tiempo es totalmente impredecible y se necesitaría tener una bola de cristal que le permitiera ver el futuro y esa bola de cristal no existe.

¿Y en el caso de un escritor como Roberto Bolaño... desaparecerá? Toca usted un gran caso. Bolaño es el quebradero de cabeza más grande que hay en este tema. Él era un autor con facilidad para escribir, así que cuando se enfermó del hígado se sienta y escribe cinco novelas en plazos muy breves, para dejárselas a su editor, Jorge Herralde, y que este publique una cada año. Fue muy astuto, así cada año sus hijos tendrían fondos para vivir. Es muy bonita éticamente esa actitud, pero eso no lo hubiera podido hacer James Joyce, Gustave Flaubert, Marcel Proust o William Faulkner, de hecho casi ningún autor porque estos otros necesitaban mucho tiempo para poder destilar una novela y dudaban mucho. Por una razón que yo no entiendo ese fluir de la mente literaria de Bolaño era lo que la época estaba esperando. Se casó perfectamente con sus tiempos. La gente lo vio y reconoció un gran autor que expresa con claridad vigor y humor su inteligencia.

¿Cuánto de la inmortalidad corresponde a la vida de los autores?
Para perdurar, el primer requisito es que usted se distinga, porque la fama es cegatona y no alcanza a ver bien más que lo nítidamente distinto. Borges era el invidente con bastón vociferante, pues era inmensamente talentoso para hablar y decir cosas provocativas, además de poseer una cultura vasta conocedor de muchos idiomas.

Frente a esto, ¿cuál es el trabajo del crítico? ¿Debe tratar de diferenciar quién es el escritor que va a perdurar y quién no? No. Eso no lo puede hacer nadie más que el tiempo.

Hoy pueden haber autores que están ninguneados y luego... La hermana de Fernando Pessoa, por ejemplo, lo consideraba un borrachito fracasado que no había logrado hacer nada en la vida y que, bueno, ella lo quería porque dentro de todo era elegante. Así que nunca entendió cuando le explicaron que él era un inmenso poeta, uno de los mejores del siglo XX, ella no lo entendía. Eso puede ocurrir con cualquier escritor, sólo el tiempo lo dirá.

La mente literaria de Bolaño era lo que la época estaba esperando.

Se casó perfectamente con sus tiempos.

La gente lo vio y reconoció un gran autor que expresa con claridad vigor y humor su inteligencia

Fotografía: Henry Delgado

sábado, 12 de febrero de 2011

LIBELO


EL NACIONAL - Sábado 12 de Febrero de 2011 Papel Literario/4
Venezuela es la hora loca, repetida 24 horas
JUAN CARLOS BERTORELLI

Venezuela es el lugar donde no existe un apetito que no sea enorme. Es el lugar donde comprimimos los 500 millones de kilómetros del planeta en menos de un millón porque las ganas de tenerlo todo no nos cabía en el cuerpo. Queríamos tener desierto, nieve, llanuras, cordilleras y playas paraíso y seguro que nos hicimos amiguísimos de quien repartía todo eso para salir ganando o nos delantamos en la cola o, incluso, muy formalmente, acostumbrados a hacer colas para todo, llegamos al reparto antes que nadie, la noche anterior, a la 1 de la mañana con una silla de extensión, un minidividí y cinco películas quemadas o un teléfono de última generación para chatear o ver televisión o los dos a la vez.

Y logramos, como siempre, tener todo, las montañas, desierto, playa, selva, todo ya, de inmediato, rapidito. ¿Cómo no íbamos a tener los venezolanos un multipaisaje, un desborde geográfico, un decorado múltiple sobre ruedas con motor turbo y equipo de música con 12 espikers? Lógicamente, los venezolanos tenemos Venezuela.

Es el lugar donde el humilde hot dog deja de serlo y se convierte en plato fuerte. En Indonesia les tomó siglos desarrollar el Rijsttafel: un plato ensamblaje centrado en el arroz acompañado de múltiples contornos de carne y vegetales. En Venezuela, el perro caliente cambia mes a mes, es un plato dinámico que se mueve mucho más que el tráfico sólido de la ciudad. En enero tiene queso blanco y en febrero queso blanco y amarillo.

En marzo tiene salsa de cebolla y en abril salsa de ajo. En mayo todas las anteriores y trozos de aguacate. La pobreza barroca del trópico convirtió el perro caliente, un divertimento sajón, en la fachada de una comida completa, el churrigueresco gastronómico. Abundante en colores e ingredientes, parco en nutrición.

En Venezuela no hay usted. Incluso tú es una lejanía. Aquí tenemos mi amor, mi gordo, mi vida o mi corazón para conocidos y desconocidos. Preferiblemente para desconocidos, porque no hay desconocimiento que aguante por mucho tiempo los latidos al unísono del: mi corazón.

La exageración de los tepuyes, montañas exhuberantes saliendo de la nada acaso sean un símil adecuado para las apariciones frondosas en el pecho de las venezolanas. Desbordando presencia, dejando muy atrás el cuerpo que los soporta, los pechos de las venezolanas son formaciones fantásticas, obra del bisturí del cirujano transformado en varita mágica.

En Venezuela las lolas son el culto no oculto, uno de los tres deseos de los genios de los hombres y, por añadidura, de las mujeres.

Es Venezuela, tierra de gracia según Colón, el paraíso y el infierno de los perros, que perciben seis veces más intensamente los olores. A Venezuela se llega por el olor como a otros países se llega por mapas. El 20 por ciento de los ingresos de aún las familias humildes se invierte en artículos de cuidado personal. Entrar en el metro en la mañana es desayunar con el olfato. Las fragancias de cualquier producto ambientador multiplican aquí tres o cuetro veces su potencia, y el piso de tierra de los ranchos es regado diariamente por desinfectante intensamente perfumado a Brisa Marina o Campos de Violeta.

Las criollas conocen tres tallas: Small, Xtra Small e Intravenosa. Y cada día, pantalones, camisas, franelas, trajes de baño, enfrentados a un desbordamiento de carne en todos los frentes, pierden la batalla y dejan pasar más allá de sus límites carnes curiosas que insisten en asomarse, en un desfile de tejidos, adiposos o no tanto, que se muestran orgullosos a la vista de todos. ¿Impudicia? No realmente. Más bien convicción absoluta de su belleza esencial, que nada tiene que ver con los parámetros artificiales de Milano o New York, sino con la femineidad contundente y milenaria de la Venus de Willendorf.

El tráfico, fuente de constantes sobresaltos y de entretenimiento a granel gracias a la presencia de buhoneros que, a veces, recuperan el lejano pasado para reencarnar en salteadores de caminos, nos brinda un espectáculo excepcional en pro de la presentación personal: la limpieza de cutis motorizada. Es realmente un deporte de parejas, un show a dos cuerpos y dos manos protagonizado, esencialmente, por algún motorizado con cutis o espalda poblados de poros impuros, léase barros y espinillas, y su novia con aptitudes cosmetológicas dinámicas. En el primer semáforo en rojo o, acodándose en el hombrillo, la novia en cuestión empuja hacia atrás el cuello de la franela y procede a extirpar pequeños volcanes que disparan lava amarilla o negra entre sus dedos. ¿A dónde va a parar este producto natural? Generalmente a la misma franela del sujeto como pequeños blasones de limpieza de sangre. Muchas veces la limpieza es facial y entonces la novia se para frente a su jinete urbano, se inclina como para un beso, le coloca las manos en la cara, como para acercarlo, y entonces los pulgares hacen su labor vengadora: dos dedos contra la dieta de frituras, las empanadas, las tajadas, los tostones, la carne frita, las papitas, el chocolate. Lo que comenzó como un simple traslado entre un punto y otro se convierte en la cruzada estética del ángel exterminador.

Y si la falta de límites del venezolano es permanente, ¿cómo no iba a manifestarse desbordadamente en algo que también es para siempre, como los nombres propios? Whisroncer, por ejemplo, para dejar establecido durante toda la vida que el nacimiento del primogénito sería una gran celebración con whisky, ron y cerveza. Hmmmm, ¿cómo no celebrar toda la vida en un nombre la unión de los padres que hicieron posible la llegada de ese bebé? Basta con unir amorosamente algunas sílabas y ¡abracadabra!, aparecen nombres mágicos, cargados de décadas de amor como Anyamir, unión profundamente familiar del papá, Ángel, la abuela Yajaira, y la mamá, Miriam.

¿Puede trasladarse el epicentro de un sismo? ¿Moverse pausadamente por una de las congestionadas autopistas de Caracas? Puede, lo oyes acercándose a ti desde varios carros de distancia, emitiendo rugidos bajos y rítmicos.

Es otro de nuestros desbordes: envolver a los demás en nuestra música, quiéranlo o no, con generosidad derrochadora de decibeles ¿Puede terminar tanta dadivosidad en ruptura de tímpanos? Es posible, pero es un sacrificio que bien vale la pena por ese desprendimiento de compartir la música que llevas contigo. Claro, siempre cabe otra explicación a este fenómeno, donde la generosidad no entra, esa también tan venezolana demostración de poder adquisitivo, en este caso: oigan todos el equipo arrechísimo que me compré.

Y es que el consumo es uno de nuestros grandes desbordes. Nació chillando como un bebé llamando la atención y nació ya bien desarrollado; un bebé cubierto de pelos enroscados y espinillas, en la época de la Gran Venezuela.

Primero fueron los motorhome, torpes bestias que no encontraron en ningún lugar del país los servicios que lo hacen útiles en otros países: agua corriente y electricidad. Se arrastraban por calles donde escasamente cabían. Pero eran enormes y eso era lo que importaba: proclamaban a metros de su llegada el poder enorme de tu chequera. En los ochenta también dejamos nuestro nombre de venezolanos, ya nada teníamos que ver con aquella Venecia pequeña u otras pequeñeces, nuestro consumo ya era tan grande que pasamos a llamarnos ta’ baratos. Ahora el país tenía dos eslóganes: Venezuela suya y Miami nuestra. Hoy, llegando a 2011, nuestra voracidad es un jugador de video magnífico y absorto que engulle cada nuevo símbolo de consumo, pantallas planas, whiskys mayores de edad para jóvenes que no llegan a 15 años, fiestas de 15 años con la crema de los merengueros, Hummers, avionetas...

Obviamente, los venezolanos no podemos tener uno o dos mitos de creación polvorientos y estáticos. Nuestros mitos de creación son cotidianos y audiovisuales y llegan puntualmente a nuestras casas en horario estelar. Nos creamos y recreamos a nuestra barroca imagen y semejanza, diariamente. En decorados que combinan la fastuosidad dorada y chambona de tiendas de ocasión, la mucama se recrea en esposa de millonario, la humilde en acomodada, la despojada en opulenta, la ciega en clarividente. Es el milagro de la telenovela nuestra de cada día. Y posiblemente no sea casualidad que en tantas culturas la serpiente sea el animal de la creación: cuan adecuado para una teleculebra.

En los certámenes de belleza la creación y recreación es más radical porque transforma físicamente: la que llegó con su maletica adecuadamente provista de atractivos naturales, terminó saliendo al escenario con labios nuevos rebosantes de botox, senos recién salidos del paquete, cintura esculpida, muslos de estreno y unas seis frases de ocasión, sacadas de manuales de autoayuda y trípticos de UNICEF. El nacimiento de Venus, la creación de la primavera, en un país con sólo verano e invierno. ¿No es esa una maravillosa creación? Y esas son sólo algunas de las exageraciones enormes de la Venecia pequeña. Este es, entonces, un ensayo con secuela avisada. El Rocky, La guerra de las Galaxias, el Rambo de los ensayos. ¿Cómo no iba a ser exagerado, también, un ensayo sobre nuestras exageraciones?

lunes, 24 de enero de 2011

literatura y televisión: varias veces castro


EL NACIONAL - Lunes 24 de Enero de 2011 Cultura/4
El foro del lunes
CRISTINA POLICASTRO La novelista cree que cualquier prohibición gubernamental es contraproducente
La autora de Que el cielo me explique, la última producción dramática de RCTV Internacional, que no pudo salir en pantalla, considera que hay formas de evadir la censura: "Existe la posibilidad de tomarla como un reto para seguir diciendo, pero de otra manera"
«Un escritor puede ser todo, menos inocuo»
ANDREÍNA MARTÍNEZ S.

Con la reciente aprobación de la reforma de la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión (que ahora incluye los medios electrónicos), los comunicólogos y especialistas del área en el país han alertado a la población sobre las posibles consecuencias que podría traer esa legislación, relacionada con la Ley de Telecomunicaciones.

El principal peligro, a juicio de los investigadores, es el estrechamiento del cerco a la libertad de expresión. Por ejemplo, consideran que hay una alta posibilidad de que creativos y escritores de la televisión se autocensuren ante las duras sanciones que impone el Estado a los emisores de ciertos contenidos.

Cristina Policastro, escritora responsable de novelas como La dama del segundo piso y que trabajó como parte del equipo de libretistas del dramático Señora de José Ignacio Cabrujas, ha sufrido los efectos de las decisiones gubernamentales. Los sintió con la salida definitiva del aire de RCTV Internacional.

El día 24 de enero de 2010 el canal estaba a punto de estrenar la telenovela de su autoría Que el cielo me explique.

Exactamente un año después, los venezolanos aún no han podido ver la historia protagonizada por Marianela González y Carlos Felipe Álvarez.

Una puerta, al parecer, se abre para la producción: Televen prometió, en la preventa, transmitirla este año.

--¿Coincide con los comunicólogos en que el aspecto más grave de la Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos es la autocensura que puede generar en los creativos? --La autocensura puede ser algo terrible, o no... A veces lo maligno resulta motivo de profundización y termina por cambiar de signo. Me explico: la autocensura puede adoptarse como señal de sometimiento. El sometido prefiere contenerse o retroceder. Se paraliza. Y queda fuera del juego. Pero esa no es la única opción. Existe la posibilidad de tomar la autocensura como un reto para seguir diciendo, pero de otra manera.

Y en ese caso cabe preguntarse: ¿cómo transmitir tu visión del mundo sin ser grueso, directo o demasiado frontal? Los tres adjetivos anteriores están reñidos con el trabajo verdaderamente artístico. Por ende, la autocensura puede llevarte a buscar mejores formas de decir o incidir en la sociedad.

--¿Aceptaría usted presiones de futuros empleadores? --Mi generación nació y creció en democracia. Estamos acostumbrados a decirlo todo, lo que en muchísimas ocasiones termina por ser un hablar vacío y excesivo. Por eso se dice que uno de nuestros deportes nacionales es hablar paja. La palabra dicha se difumina en el aire y no tiene consecuencias. Eso es muy sabroso, pero también bastante inocuo, si de palabra se trata. Y un escritor puede ser todo, menos inocuo.

--¿Cómo afectará la ley a los ciudadanos? Pareciera que los televidentes perdieron la capacidad de elegir qué ver.

--Lo que se pierde no desaparece. En algún lugar tiene que estar. Tal vez va a dar por un tiempo a algún agujero negro, pero se puede recuperar. ¿Cuál es el requisito abracadabra? La transformación.

¡De eso se trata! Aunque estudié carreras humanísticas, no se me olvida esta ley de la química: "La energía no se crea ni se pierde, tan sólo se transforma".

--En la nueva ley hay un énfasis especial en sancionar aquellos medios que transmitan mensajes que promuevan el odio, la apología al delito... ¿Cómo determinar qué contenidos realmente atentan contra la salud mental de los espectadores en una telenovela, por ejemplo? --Ese es un tema que tiene demasiadas aristas y elementos a considerar como para ser respondido en pocas líneas. Yo creo mucho, mejor dicho, muchísimo, en la responsabilidad de quienes hacemos televisión, porque, dado que nos dirigimos a un público masivo, nuestra palabra puede llegar a ser un arma letal, no sólo para el individuo sino también para una sociedad, en caso de convertirse en fenómeno de altísima audiencia. Pero no estoy de acuerdo con el hecho de que sea el Estado quien decida qué sí y qué no. Debe importar es la sólida formación profesional de quienes escribimos o tomamos decisiones dentro de un canal de televisión. Y que sea la ética profesional la que nos preceda.

--Con los cambios incluidos en la ley, ¿serán las telenovelas y producciones venezolanas más pacatas? --No sé si más pacatas, pero seguramente mejor pensadas. Y, como siempre y en todo: habrá buenas y malas telenovelas.

--¿Estaría dispuesta a realizar ese tipo de concesión en su trabajo? --Quien trabaja en televisión entiende que se trata siempre de una labor de equipo. Sólo la prepotencia llevaría a un escritor de este oficio a decir que nada ni nadie le pone límites. Hay que adecuarse a los presupuestos y posibilidades de cada proyecto. Pero no a la pacatería. ¡Eso nunca! --¿De qué temas se inhibiría de escribir? --De ninguno. Daría vueltas hasta encontrar la manera de decir... Y júralo que existe, pero habrá que esforzarse más en encontrarla.

--En los últimos meses, Conatel ha ordenado sacar del aire las "narconovelas" El ca- po y Rosario Tijeras, la telenovela Chepe Fortuna y los programas Doce Corazones, ¿Quién Tiene la Razón? y Ca- so Cerrado. Según el organismo, que recibió quejas de un comité de usuarios, esos espacios emitían contenidos que incitaban a la violencia, el narcotráfico, la prostitución y la xenofobia. ¿Se puede justificar la medida? --Si el "comité de usuarios" que presentó esas quejas ante Conatel estuviera integrado por un grupo amplio y representativo de todos los sectores de la sociedad venezolana, yo sí lo tomaría en cuenta. No se puede ser sordo a un pedido legítimo y democrático. Pero cualquier prohibición resulta contraproducente. Quien prohíbe se expone a despertar el encanto de lo prohibido.

-- ¿Por qué no usar los temas del dramático para generar un debate público, como ha ocurrido en Colombia, por ejemplo? --Eso sería maravilloso. Sería como recuperar un poco el ágora griega o el foro romano. Sin embargo, vivimos una época con los "tamaños" algo distorsionados. La televisión muestra a diario debates insignificantes sobre temas muy menores, como por ejemplo: "tú me quitaste a mi marido" o "eres una ladrona, que le quiere sacar dinero a mi padre", que son los presentados en talk shows como los de Laura en América. No es esa la televisión que deseo o respeto. Quisiera debatir sobre contenidos. Pero no me corresponde a mí decidir o sentenciar. Afortunadamente sé apagar el aparato o cambiar de canal.

--Ante la nueva legislación, ¿cuál debería ser la labor de los escritores? --Si la libertad, como concepto y convicción, está dentro de ti, nadie puede arrebatártela. No importa cuántas trabas de censura te pongan por delante. Es el mismo sentido del poema de Kavafis sobre la ciudad: "No importa cuánto te alejes de ella. La ciudad te seguirá adonde quiera que vayas". Los valores son intrínsecos, no son desechables. Van con uno por la vida, y son indisociables de nuestra visión del mundo.


Fotografía: Henry Delgado

martes, 23 de noviembre de 2010

venezuela: la batalla del libro


EL NACIONAL - Lunes 22 de Noviembre de 2010 Cultura/4
El foro del lunes
IVÁN DIÉGUEZ preside la junta directiva de la Cámara Venezolana del Libro
"Lo importante es que hay libertad para elegir qué leer"
El representante del sector editorial considera que la Filven es una demostración más de la diversidad cultural que existe en Venezuela
MICHELLE ROCHE R.

Las iniciativas editoriales se multiplican alrededor del país para fomentar la lectura, rescatar el uso de los lugares públicos y llenar el vacío que dejó el cierre de la Zona Rental de Plaza Venezuela. Entre las actividades en las que la literatura es la protagonista están el Festival de Lectura de Chacao, la Feria del Libro de Fundarte, la Bienal de Mérida, la Feria del Libro de Baruta ­que forma parte del Festival de las Artes que organiza esa alcaldía­ y la feria que organiza la Universidad de Carabobo, Filuc.

Además, anoche terminó la sexta edición de la Feria Internacional del Libro de Venezuela, organizada por el Centro Nacional del Libro, en representación del Ministerio de la Cultura, que, como años anteriores, estuvo marcada por un acento ideológico de izquierda y la presencia de editoriales privadas fue bastante reducida.

A pesar de la lucha ideológica que ocurre libro en mano, Iván Diéguez, que asumió recientemente la presidencia de la junta directiva de la Cámara Venezolana del Libro, se muestra optimista frente a la situación actual del sector editorial. Le gusta ponderar las oportunidades y no quiere hacerse eco de los comentarios negativos. Con su actitud quiere inaugurar una nueva era en las relaciones entre el Gobierno y el sector editorial, lastimado por la falta de divisas para las importaciones.

--¿No le parece que Filven es cada vez más ideológica? --Lo mejor es que hay diversidad cultural. Las ferias brindan oportunidades. Estamos llegándole cada vez a más lectores, gracias al esfuerzo del sector público y del privado. Lo importante es que hay libertad para elegir qué leer. Después de la actividad en Baruta, nuestros agremiados comentaban que los libros que se vendieron allí no habían sido los mismos que se expusieron en Altamira. Y los de Filven tampoco se vieron en las otras dos, pues no toda la gente va a las mismas ferias.

--¿La proliferación de estas actividades es testimonio de que la gente está leyendo más en Venezuela? --En un estudio que hizo el Centro Gumilla el pasado mes de abril, 26% de los encuestados manifestó que en su tiempo libre leía libros y 11% dijo que visitaba bibliotecas. Estas cifras son importantes para nuestro sector porque indican que aumentó la lectura. Esto tiene que ver con el esfuerzo que está haciendo el Estado por producir publicaciones masivas y la red de librerías públicas, el cual se suma a los que hacemos desde el sector privado.

--¿Cuál es la importancia de Filven y las otras ferias? --Que hay un movimiento en torno al libro. Eso tenemos todos que celebrarlo.

--Ahora se multiplican las experiencias interesantes en el mundo editorial...

--Cierto, han florecido editoriales y autores nacionales, además de muchos ilustradores venezolanos que han sido reconocidos en el extranjero.

Cavelibro, como institución, se sumará a todas las iniciativas de ferias ­independientemente de donde vengan­ a través de la participación de los agremiados para lograr la más amplia difusión de la lectura en el país. Las ferias son una gran vitrina del libro, pero el día a día de la industria lo hacen los libreros y tenemos que entender que son ellos los que tienen el contacto diario con el lector.

--¿Cuál es el papel que desempeña Cavelibro en estos momentos? --En torno al libro han surgido experiencias interesantes.

En Cavelibro creemos en la profesionalización del sector y en crear espacios de diálogo entre los subsectores, pues siempre hay diferencias de criterio entre estos. Considero que este tipo de iniciativas promovidas por una institución como la nuestra siempre darán origen a propuestas interesantes.

Gestiones con Cadivi. Hasta mediados de 2010, Diéguez fue miembro de la comisión especial para lograr la reincorporación de los libros a la lista de bienes prioritarios para recibir divisas de Cadivi.

El 3 de marzo de 2008 apareció en Gaceta Oficial la resolución número 38882 del Ministerio de Industrias Ligeras y Comercio, que obliga a las empresas de la industria editorial a pedir una certificación de insuficiencia o de no producción nacional para conseguir los dólares necesarios para traer libros del exterior. Las consecuencias fueron graves para un mercado que, en el año 2005, no llegaba a los 200 millones de dólares anuales y en el cual más de 85% correspondía a las importaciones que se realizan principalmente de España, Colombia, México y Argentina.

Las cifras suministradas corresponden a un estudio del sector que fue hecho en el año 2007 por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe, una institución adscrita a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación y la Cultura.

Diéguez señala que uno de los objetivos de la junta directiva que preside es actualizar las estadísticas del sector. Cavelibro acaba de presentar un estudio al Ministerio de Industrias Ligeras y Comercio en el que señala que el certificado de no producción no se necesita en un mercado pequeño como el editorial, integrado por empresas que en su mayoría tienen más de 25 años de fundadas.

--¿Por qué la importación de libros continúa dependiendo de las solicitudes de certificados de no producción? --Desde la creación de las provisiones de Cadivi, los libros ocupan la lista número uno de bienes prioritarios. Lo que pasa es que antes no teníamos que solicitar el certificado de no producción nacional e insuficiencia y ahora lo piden. Esto se debe a que dos empresas que no eran del sector usaron el código arancelario del libro para traer otro tipo de material al país e hicieron que las solicitudes de divisas, de la noche a la mañana, se incrementaran a 1,5 millardos de dólares al año.

--¿Es decir, que aumentaron de 200 millones a 1,5 millardos de dólares en 12 meses? --Sí, más de 700%. Hasta principios de 2008, Cadivi funcionaba bien; pero cuando los funcionarios se dieron cuenta de los abusos de estas dos empresas que no tenían que ver con el sector editorial, en lugar de aplicarles una sanción a esas compañías, perjudicaron al resto de nuestros agremiados.

--¿En qué aspectos ha enfocado la comisión especial de Cavelibro las discusiones con el Milco? --Apostamos por la eliminación del certificado de no producción. El libro es un bien prioritario y por ello debe de tener el sitial que le corresponde. Nos hemos reunido con los organismos competentes. En este caso, el Milco, que es el despacho que procesa el certificado de no producción. La comisión se creó el año pasado para tratar todo lo que tenía que ver con Cadivi, pues en aquel momento los pagos a nuestros agremiados tenían un retraso considerable debido a una demora en la emisión del certificado por parte del ministerio.

--¿Con cuánto tiempo de retraso se obtienen ahora las divisas? --Cuando se instrumentó el certificado de no producción se nos solicitó que, basados en el histórico Cadivi, presentáramos los presupuestos de divisas que necesitaríamos para 2009 y 2010. Como aún no se había desarrollado la tecnología necesaria para la rápida asignación de los dólares, los técnicos del Milco nos aprobaban un porcentaje mucho menor al solicitado.

Debido a que las empresas no estaban recibiendo lo suficiente para subsistir, muchas comenzaron a inflar las cantidades. Entonces, en Cadivi y el ministerio empezaron a preguntarse, de nuevo, cuánto demandaba el sector. Ya casi no hay retrasos, salvo en el caso de las importaciones desde Colombia. Cavelibro pertenece a una mesa sectorial que existe en Cadivi, que constituye un espacio en el que se manifiestan las inquietudes que tiene el sector, lo cual nos permite responder oportunamente a los agremiados con problemas para importar. La situación se ha corregido, pues hemos tratado de hacer entender a las autoridades que el libro no es un bien que se puede cualificar como un tornillo.

Fotografía: Henry Delgado
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EL NACIONAL - Lunes 22 de Noviembre de 2010 Cultura/4
El foro del lunes
IVÁN DIÉGUEZ preside la junta directiva de la Cámara Venezolana del Libro
"Lo importante es que hay libertad para elegir qué leer"
El representante del sector editorial considera que la Filven es una demostración más de la diversidad cultural que existe en Venezuela
MICHELLE ROCHE R.

Las iniciativas editoriales se multiplican alrededor del país para fomentar la lectura, rescatar el uso de los lugares públicos y llenar el vacío que dejó el cierre de la Zona Rental de Plaza Venezuela. Entre las actividades en las que la literatura es la protagonista están el Festival de Lectura de Chacao, la Feria del Libro de Fundarte, la Bienal de Mérida, la Feria del Libro de Baruta ­que forma parte del Festival de las Artes que organiza esa alcaldía­ y la feria que organiza la Universidad de Carabobo, Filuc.

Además, anoche terminó la sexta edición de la Feria Internacional del Libro de Venezuela, organizada por el Centro Nacional del Libro, en representación del Ministerio de la Cultura, que, como años anteriores, estuvo marcada por un acento ideológico de izquierda y la presencia de editoriales privadas fue bastante reducida.

A pesar de la lucha ideológica que ocurre libro en mano, Iván Diéguez, que asumió recientemente la presidencia de la junta directiva de la Cámara Venezolana del Libro, se muestra optimista frente a la situación actual del sector editorial. Le gusta ponderar las oportunidades y no quiere hacerse eco de los comentarios negativos. Con su actitud quiere inaugurar una nueva era en las relaciones entre el Gobierno y el sector editorial, lastimado por la falta de divisas para las importaciones.

--¿No le parece que Filven es cada vez más ideológica? --Lo mejor es que hay diversidad cultural. Las ferias brindan oportunidades. Estamos llegándole cada vez a más lectores, gracias al esfuerzo del sector público y del privado. Lo importante es que hay libertad para elegir qué leer. Después de la actividad en Baruta, nuestros agremiados comentaban que los libros que se vendieron allí no habían sido los mismos que se expusieron en Altamira. Y los de Filven tampoco se vieron en las otras dos, pues no toda la gente va a las mismas ferias.

--¿La proliferación de estas actividades es testimonio de que la gente está leyendo más en Venezuela? --En un estudio que hizo el Centro Gumilla el pasado mes de abril, 26% de los encuestados manifestó que en su tiempo libre leía libros y 11% dijo que visitaba bibliotecas. Estas cifras son importantes para nuestro sector porque indican que aumentó la lectura. Esto tiene que ver con el esfuerzo que está haciendo el Estado por producir publicaciones masivas y la red de librerías públicas, el cual se suma a los que hacemos desde el sector privado.

--¿Cuál es la importancia de Filven y las otras ferias? --Que hay un movimiento en torno al libro. Eso tenemos todos que celebrarlo.

--Ahora se multiplican las experiencias interesantes en el mundo editorial...

--Cierto, han florecido editoriales y autores nacionales, además de muchos ilustradores venezolanos que han sido reconocidos en el extranjero.

Cavelibro, como institución, se sumará a todas las iniciativas de ferias ­independientemente de donde vengan­ a través de la participación de los agremiados para lograr la más amplia difusión de la lectura en el país. Las ferias son una gran vitrina del libro, pero el día a día de la industria lo hacen los libreros y tenemos que entender que son ellos los que tienen el contacto diario con el lector.

--¿Cuál es el papel que desempeña Cavelibro en estos momentos? --En torno al libro han surgido experiencias interesantes.

En Cavelibro creemos en la profesionalización del sector y en crear espacios de diálogo entre los subsectores, pues siempre hay diferencias de criterio entre estos. Considero que este tipo de iniciativas promovidas por una institución como la nuestra siempre darán origen a propuestas interesantes.

Gestiones con Cadivi. Hasta mediados de 2010, Diéguez fue miembro de la comisión especial para lograr la reincorporación de los libros a la lista de bienes prioritarios para recibir divisas de Cadivi.

El 3 de marzo de 2008 apareció en Gaceta Oficial la resolución número 38882 del Ministerio de Industrias Ligeras y Comercio, que obliga a las empresas de la industria editorial a pedir una certificación de insuficiencia o de no producción nacional para conseguir los dólares necesarios para traer libros del exterior. Las consecuencias fueron graves para un mercado que, en el año 2005, no llegaba a los 200 millones de dólares anuales y en el cual más de 85% correspondía a las importaciones que se realizan principalmente de España, Colombia, México y Argentina.

Las cifras suministradas corresponden a un estudio del sector que fue hecho en el año 2007 por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe, una institución adscrita a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación y la Cultura.

Diéguez señala que uno de los objetivos de la junta directiva que preside es actualizar las estadísticas del sector. Cavelibro acaba de presentar un estudio al Ministerio de Industrias Ligeras y Comercio en el que señala que el certificado de no producción no se necesita en un mercado pequeño como el editorial, integrado por empresas que en su mayoría tienen más de 25 años de fundadas.

--¿Por qué la importación de libros continúa dependiendo de las solicitudes de certificados de no producción? --Desde la creación de las provisiones de Cadivi, los libros ocupan la lista número uno de bienes prioritarios. Lo que pasa es que antes no teníamos que solicitar el certificado de no producción nacional e insuficiencia y ahora lo piden. Esto se debe a que dos empresas que no eran del sector usaron el código arancelario del libro para traer otro tipo de material al país e hicieron que las solicitudes de divisas, de la noche a la mañana, se incrementaran a 1,5 millardos de dólares al año.

--¿Es decir, que aumentaron de 200 millones a 1,5 millardos de dólares en 12 meses? --Sí, más de 700%. Hasta principios de 2008, Cadivi funcionaba bien; pero cuando los funcionarios se dieron cuenta de los abusos de estas dos empresas que no tenían que ver con el sector editorial, en lugar de aplicarles una sanción a esas compañías, perjudicaron al resto de nuestros agremiados.

--¿En qué aspectos ha enfocado la comisión especial de Cavelibro las discusiones con el Milco? --Apostamos por la eliminación del certificado de no producción. El libro es un bien prioritario y por ello debe de tener el sitial que le corresponde. Nos hemos reunido con los organismos competentes. En este caso, el Milco, que es el despacho que procesa el certificado de no producción. La comisión se creó el año pasado para tratar todo lo que tenía que ver con Cadivi, pues en aquel momento los pagos a nuestros agremiados tenían un retraso considerable debido a una demora en la emisión del certificado por parte del ministerio.

--¿Con cuánto tiempo de retraso se obtienen ahora las divisas? --Cuando se instrumentó el certificado de no producción se nos solicitó que, basados en el histórico Cadivi, presentáramos los presupuestos de divisas que necesitaríamos para 2009 y 2010. Como aún no se había desarrollado la tecnología necesaria para la rápida asignación de los dólares, los técnicos del Milco nos aprobaban un porcentaje mucho menor al solicitado.

Debido a que las empresas no estaban recibiendo lo suficiente para subsistir, muchas comenzaron a inflar las cantidades. Entonces, en Cadivi y el ministerio empezaron a preguntarse, de nuevo, cuánto demandaba el sector. Ya casi no hay retrasos, salvo en el caso de las importaciones desde Colombia. Cavelibro pertenece a una mesa sectorial que existe en Cadivi, que constituye un espacio en el que se manifiestan las inquietudes que tiene el sector, lo cual nos permite responder oportunamente a los agremiados con problemas para importar. La situación se ha corregido, pues hemos tratado de hacer entender a las autoridades que el libro no es un bien que se puede cualificar como un tornillo.

Fotografía: Henry Delgado

lunes, 21 de junio de 2010

En una de dos plazas


EL NACIONAL - Domingo 20 de Junio de 2010 Guia Tv/4
EVENTO Anoche Eduardo Marturet dirigió la Orquesta de Chacao
La música conquistó la plaza Francia
El conductor de la Miami Symphony Orchestra demostró cuánto extraña Caracas, llevando la batuta de una jornada para recordar
M. R. R.

Tanta gente había anoche en la plaza Francia de Altamira que era imposible caminar. Incluso, intentar ver más allá de unos escasos centímetros sin que alguien estorbara era imposible. Qué bueno que todas esas personas no estaban allí para ver, sino para oír el concierto de Eduardo Marturet con músicos de la Orquesta de Chacao.

La presentación del evento enmarcado en la campana Caminando con Gigantes de la marca Johnnie Walker, estuvo a cargo de Ramón Pasquier y Albani Lozada. También estaba presente el alcalde de Chacao, Emilio Graterón, que recordó que la ocasión era propicia para celebrar el Día del Padre y, en especial, la música venezolana a través del ejemplo del director que protagonizó la noche.

Hace cuatro años, Marturet fue designado director musical y conductor de la Miami Symphony Orchestra y nominado al Grammy Latino por el Mejor Álbum de Música Clásica, con el trabajo discográfico Encantamento, en el cual dirigía la Berliner Symphoniker.

Música bajo las estrellas. El concierto comenzó a las 7:45 pm cuando el director, todo vestido de negro, subió a la tarima y saludó cariñosamente a los músicos. La siempre bulliciosa avenida Francisco de Miranda se calmó y el público pudo apreciar la Obertura Festiva de Dmitri Shostakovich.

Al finalizar la pieza, los asistentes reventaron en aplausos y se escuchó a Marturet decir: "Gracias, Caracas, es muy emocionante estar con ustedes. Aunque no lo crean, por encima del ruido del tránsito, aquí se siente su apoyo".

Pero el toque de nacionalismo no terminó allí. Después de las palabras del director, su batuta a veces firme y otras febril llevó a los reunidos en la plaza a una pieza del repertorio nacional: "La Fuga con Pajarillo", del Aldemaro Romero.

"Esta es una obra que cabalga entre lo académico y lo popular, como hacia el mismo Aldemaro", dijo Marturet que se portó didáctico durante la jornada.

El primer golpe de las maracas emocionó a varios asistentes hasta las lágrimas. Un cuarteto de músicos demostró su virtuosismo; entre ellos, destacaron los ejecutantes del cuatro y del arpa. Mientras tanto, la mirada bonachona del que fue el primer director musical del Teatro Teresa Carreño les miraba con una sonrisa que evidenciaba que de verdad estaba contento de volver a dirigir en la capital de su país.

La siguiente pieza, la Obertura 1812 que compuso Piotr Ilich Tchaikovsky cuando las tropas napoleónicas tuvieron que retirarse de Rusia sonó con el estruendo de la libertad, pues Marturet explicó minuciosamente al público cuál era el significado de esa pieza. Por eso y por el énfasis que los músicos pusieron en la interpretación el público ovacionó de pie a los que estaban dando todo de sí sobre el escenario.

Aún más aplausos arrancó la última pieza del programa, la suite Onda nueva, también del compositor venezolano Aldemaro Romero, en una noche que quedará en los anales de la historia del municipio Chacao como una de las más sentidas.

EL NACIONAL - Sábado 19 de Junio de 2010 Cultura/8
MÚSICA La Miami Symphony Orchestra iniciará temporada en octubre
La batuta de Marturet guiará a la Sinfónica Juvenil de Chacao
El director ofrecerá un concierto gratuito hoy, a las 7:00 pm, en la plaza Francia de Altamira
GERARDO GUARACHE OCQUE


El músico luce relajado, contento de estar en su país. Desde el balcón de su residencia en Caracas, en la que un piano de cola negro define la sala, Eduardo Marturet se prepara para asistir a uno de sus ensayos con la Orquesta Sinfónica Juvenil de Chacao, que dirigirá por primera vez hoy en la plaza Francia de Altamira.

Al aire libre, a partir de las 7:00 pm, sonarán piezas como la Obertura festiva de Dimitri Shostakóvich, La obertura 1812 de Piotr Ilich Tchaikovsky, el Mambo de Dámaso Pérez Prado y un par de creaciones del maestro Aldemaro Romero: Fuga con pajarillo y la Suite de Onda Nueva. La mente del maestro no está del todo en el sitio. Los mensajes que llegan a su teléfono móvil lo distraen, por lo que se disculpa: "Hay una emergencia en Miami, una cuestión de producción, y tengo que reaccionar pronto". Se trata de los preparativos de la próxima temporada de la Miami Symphony Orchestra, de la cual es director titular desde 2005.

En mayo presentó el espectáculo Golden Sounds of Hollywood, en el que se interpretó una selección de temas memorables de la industria del cine estadounidense, entre ellas el leitmotiv de La lista de Schindler, de John Williams.

En ese concierto estuvo la diseñadora Carolina Herrera, a quien se le entregó una batuta como embajadora honoraria.

También participó la cantante y trompetista Linda Briceño ­hija del baterista Andrés Briceño­ que ha demostrado un talento desbordante.

El 13 de noviembre será otra fecha importante para la Miami Symphony, a la que pertenecen actualmente 19 músicos venezolanos. Ese sábado ofrecerán un show, producido por Emilio Estefan, aún más próximo al universo de la música comercial. "Ya tenemos confirmados a Juanes, Shakira, David Bisbal y Ricky Martin", apunta Athina Klioumi de Marturet, sentada al otro extremo.

"Las ganancias serán destinadas al Miami Dade College, que es un colegio inmenso que significa mucho para los latinoamericanos que viven en Florida, por sus programas de becas", agregó la esposa del director venezolano, que también anunció un evento que se celebrará en la Torre de la Libertad de Miami, en el que se espera la presencia de figuras como el actor Silvester Stallone y la primera dama Michelle Obama.

Millar de sentimientos. Una campaña publicitaria de whisky, que tiene a Marturet como figura central para los avisos diseñados para el público venezolano, asomó la cifra de 1.000 conciertos como director, aunque él, con una sonrisa, revela que han sido realmente algunos más.

El músico ha estado al frente de la Filarmónica de Buenos Aires (Argentina), la Berliner Symphoniker (Alemania), la Concertgebouw Chamber Orchestra (Holanda) y la Budapest Radio Symphony (Hungría), entre otras. Pero no olvida su primer episodio en ese rol, que ocurrió cuando tenía 9 años de edad y le tocó guiar a un coro en el Colegio San Ignacio de Loyola.

"Fue un momento muy especial de mi vida, cuando me tocó dirigir a los muchachos del colegio. Esa experiencia me marcó, me impactó y tengo esas imágenes muy presentes", dijo el músico, que se describe como un lector ávido, pero no de esos que ven una distracción en la lectura. "Más bien se trata de un camino para conectarte con cosas", expresó.

Cuando se le pregunta a Eduardo Marturet si la música suele invadirlo en momentos de su vida cotidiana, responde: "Uno vive con ella permanentemente. Es una relación muy fuerte. Tina dice que hasta durmiendo. A veces tiene que levantarme porque estoy soñando con un movimiento, una canción, como llevando la batuta".

Fotografía: Henry Delgado (El Nacional, Caracas, 20/06/10)