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miércoles, 24 de septiembre de 2014

HACEDORA

EL NACIONAL, Caracas, 24 de septiembre de 2014
“Sé que me estoy muriendo,  y me gustaría volver a vivir”
Diego Arroyo Gil

En una casa amplia, incrustada en una colina caraqueña, allí donde en otros tiempos se guarecía de la curiosidad ajena quien era la mujer más mediática de Venezuela, vive Sofía Ímber su larga vejez. En un primer momento, apenas verla como está, instalada en un sillón, rodeada por cierto aire majestuoso, parece un ícono de capilla medieval. Si antes su cabello, de destellos ocres y dorados y siempre bien peinado, era el marco espléndido de un rostro poderoso, hoy ilumina los gestos de una señora que dice, con una ferocidad desengañada: “Yo sé que me estoy muriendo, y me gustaría volver a vivir”. Al replicarle el periodista: “¡Pero son 90 años, y usted ha hecho de todo!”, alza los hombros e insiste, terca: “No lo suficiente”.
Fue persona de éxito en la prensa escrita, la radio y la televisión; fundó el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas y lo convirtió en uno de los mejores de América Latina; estuvo casada con dos hombres incomparables, Guillermo Meneses, con quien tuvo sus cuatro hijos, y Carlos Rangel; conoció o fue amiga de Gérard Philipe, de Picasso, de Reverón, de Neruda, de Vasarely, de medio mundo; se dio el lujo de tener enemigos y de sobrevivirlos; hoy es abuela y una mujer admirada dentro y fuera del país. ¿Qué más quiere? Sofía Ímber se parece a esa frase de Oscar Wilde que dice que nada triunfa tanto como el exceso.

“Yo pienso en mi forma de ser y no sé si es pasión o malacrianza. Me encanta trabajar y quisiera seguirlo haciendo. Lo que pasa es que mi carapacho no me ayuda –se refierea su cuerpo, según ella ‘un fracaso’, puesto que ya no la acompaña tanto como querría–. Por eso es que, a pesar de que amo los espejos, no me miro en ellos”.
–¿Le da nostalgia?
–No conozco esa palabra. Incluso si alguien me pregunta si siento nostalgia por algo tan grande como el Museo… no. Lo hice y se acabó. Como cuando uno tiene un novio y lo deja. Ya está.
–Actitudes como esa hacen creer a mucha gente que usted es implacable. Quedó a la vista cuando apareció en Buenos días, sola, al día siguiente de haber enterrado a Carlos Rangel, su marido, el coanfitrión del programa.
–Cuando el suicidio de Carlos, Arturo Úslar insistió en venir a mi casa. Me dijo: “Te ruego que no vayas al programa. Cuando dijiste que irías no sabías lo que decías” .Yo le respondí: “Arturo, te agradezco la amistad, pero yo voy a ir”. Y fui. Dijeron de todo de mí: que era cruel, fría, insensible. No me importa. Hice lo que a Carlos le hubiese gustado que hiciera.
Comienza a llover. La señora solicita ir al baño. La acompaña Carmen, su enfermera. Unos minutos más tarde, regresa. Sofía ha caminado 40 pasos y está cansada. Respira con cierta dificultad. “Viéndolo bien –se reincorpora–, yo no he tenido una vida interesante”.
–¿Cómo no?
–Me comparo con grandes mujeres y me parece que soy poco.
–¿Por ejemplo?
–No sé… con Ajmátova, con Margaret Thatcher…
–A Anna Ajmátova le fusilaron a su marido, su hijo estuvo años en la cárcel, fue perseguida por Stalin. ¿No es excesiva la comparación?
–Quizá sí.
–¿A cuál mujer venezolana admira más?
–A Tita Mendoza.Y entre los hombres, de los vivos, al padre Ugalde, y de los muertos, a Alejandro Armas.
–Muchos admiran a Sofía Ímber, que esta semana será homenajeada en la XXIII Feria Iberoamericana de Arte de Caracas (FIA 2014).
–Soy madrina de la FIA desde el primer día. Es un reconocimiento a la amistad.
–Es una distinción que recibe en un momento muy difícil para el país.
–Quisiera no hablar del país. Me duele demasiado.Y como no estoy activa, me siento peor…¡Lo de Rayma! Uno vive la censura ajena como propia. A mí también me botaron de ese periódico. A mí me botaron de todas partes.
–¿A dónde va a llegar Venezuela?
–Llegó. Pero falta.
–¿Qué hacer?
–Lo de siempre: luchar. Pero, claro, luchar cómo, dónde, cuándo, con quién. Aunque se lucha, no siento aquella pasión venezolana. No veo la unidad.
–Es pesimista.
–Yo soy así. Hay un pesimismo que es dinámico y que avanza rápidamente –mira hacia la ventana. Cunden el agua, los relámpagos, los truenos–. Esta lluvia ha sido muy irregular –observa–: primero grandota, luego chiquita, ahora grandota otra vez. Así es uno, ¿verdad?
–¿Quiere mandar a cerrar la puerta del balcón?
–No. Prefiero ver la lluvia. Prefiero ver el miedo y enfrentarlo antes de que me lo cuenten… –y un instante después, la mirada de vuelta, sonriente–: La noche que inaugura la FIA voy a estar elegante.
–Como siempre, ¿no?
–Sí –dice. Y tose un poco.

Fotografías: La primera, Williams Marrero. La segunda, aportada por Nicomedes Febres al Facebook. La tercera, LB, Sofía Ímber llega a la FIA 2014, el 25/09/14.

sábado, 19 de febrero de 2011

excentricidad es la de entintar el país


EL NACIONAL - Viernes 18 de Febrero de 2011 Cultura/4
POESÍA Igor Barreto fundó Amigos del Santo Sepulcro
Una editorial excéntrica se puso a vestir santos
El fondo, que sólo publicaba textos de un autor vivo, el mismo Barreto, ahora incluirá a Joaquín Marta Sosa y Sonia González, entre otros
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ

La imagen más persistente que acompañó a Igor Barreto durante su niñez fue la del cuerpo sangrante de Cristo, pues cada Semana Santa ayudaba a sus tías a cuidar, pintar, arreglar y redecorar la imagen del Santo Sepulcro que su tatarabuelo había donado a la iglesia de la capital del estado Apure.

Más tarde, en la década de los años ochenta, cuando la beatitud infantil era apenas un recuerdo, Barreto quiso reinventar su relación con Dios a través de esa imagen y concibió una sociedad secreta unida por el recuerdo de los familiares, amigos y bardos fenecidos.

Así el poeta, que tiene experiencia en la edición de publicaciones para museos y otras instituciones culturales, creó la Sociedad de Amigos del Santo Sepulcro de San Fernando de Apure, con la que comenzó a editar sus propios libros. La iniciativa se inspira en las sociedades de amigos del siglo XIX ­encargadas de organizar actos culturales y teológicos­ que constituyeron las primeras organizaciones civiles que existieron en el país luego del nacimiento de la República.

La editorial, que cuenta con el apoyo de impresos ExLibris, la diseñadora Waleska Belisario y el corrector Alberto Márquez, es "excéntrica", según su fundador, no porque sea extravagante, sino porque está "fuera del centro urbano y del centro literario del país". A quien le pregunta por qué en las contraportadas de sus libros hay una larga lista de nombres con crucifijos al lado y sólo él mismo con viva voz, el autor responde: "Porque en el mundo hay más muertos que vivos".

Recientemente, sin embargo, el Santo Sepulcro obró un milagro. Barreto, que tanto cela la sociedad de poetas en la que el único vivo es él, accedió a publicar libros de otras voces vivas. Joaquín Marta Sosa, Alfredo Herrera, Sonia González y Jacqueline Goldberg firman los títulos más recientes del particular fondo. Bienvenidos sean los nuevos caballeros templarios de la lírica nacional.

Fotografía: William Marrero

sábado, 12 de febrero de 2011

LIBELO


EL NACIONAL - Sábado 12 de Febrero de 2011 Papel Literario/4
Venezuela es la hora loca, repetida 24 horas
JUAN CARLOS BERTORELLI

Venezuela es el lugar donde no existe un apetito que no sea enorme. Es el lugar donde comprimimos los 500 millones de kilómetros del planeta en menos de un millón porque las ganas de tenerlo todo no nos cabía en el cuerpo. Queríamos tener desierto, nieve, llanuras, cordilleras y playas paraíso y seguro que nos hicimos amiguísimos de quien repartía todo eso para salir ganando o nos delantamos en la cola o, incluso, muy formalmente, acostumbrados a hacer colas para todo, llegamos al reparto antes que nadie, la noche anterior, a la 1 de la mañana con una silla de extensión, un minidividí y cinco películas quemadas o un teléfono de última generación para chatear o ver televisión o los dos a la vez.

Y logramos, como siempre, tener todo, las montañas, desierto, playa, selva, todo ya, de inmediato, rapidito. ¿Cómo no íbamos a tener los venezolanos un multipaisaje, un desborde geográfico, un decorado múltiple sobre ruedas con motor turbo y equipo de música con 12 espikers? Lógicamente, los venezolanos tenemos Venezuela.

Es el lugar donde el humilde hot dog deja de serlo y se convierte en plato fuerte. En Indonesia les tomó siglos desarrollar el Rijsttafel: un plato ensamblaje centrado en el arroz acompañado de múltiples contornos de carne y vegetales. En Venezuela, el perro caliente cambia mes a mes, es un plato dinámico que se mueve mucho más que el tráfico sólido de la ciudad. En enero tiene queso blanco y en febrero queso blanco y amarillo.

En marzo tiene salsa de cebolla y en abril salsa de ajo. En mayo todas las anteriores y trozos de aguacate. La pobreza barroca del trópico convirtió el perro caliente, un divertimento sajón, en la fachada de una comida completa, el churrigueresco gastronómico. Abundante en colores e ingredientes, parco en nutrición.

En Venezuela no hay usted. Incluso tú es una lejanía. Aquí tenemos mi amor, mi gordo, mi vida o mi corazón para conocidos y desconocidos. Preferiblemente para desconocidos, porque no hay desconocimiento que aguante por mucho tiempo los latidos al unísono del: mi corazón.

La exageración de los tepuyes, montañas exhuberantes saliendo de la nada acaso sean un símil adecuado para las apariciones frondosas en el pecho de las venezolanas. Desbordando presencia, dejando muy atrás el cuerpo que los soporta, los pechos de las venezolanas son formaciones fantásticas, obra del bisturí del cirujano transformado en varita mágica.

En Venezuela las lolas son el culto no oculto, uno de los tres deseos de los genios de los hombres y, por añadidura, de las mujeres.

Es Venezuela, tierra de gracia según Colón, el paraíso y el infierno de los perros, que perciben seis veces más intensamente los olores. A Venezuela se llega por el olor como a otros países se llega por mapas. El 20 por ciento de los ingresos de aún las familias humildes se invierte en artículos de cuidado personal. Entrar en el metro en la mañana es desayunar con el olfato. Las fragancias de cualquier producto ambientador multiplican aquí tres o cuetro veces su potencia, y el piso de tierra de los ranchos es regado diariamente por desinfectante intensamente perfumado a Brisa Marina o Campos de Violeta.

Las criollas conocen tres tallas: Small, Xtra Small e Intravenosa. Y cada día, pantalones, camisas, franelas, trajes de baño, enfrentados a un desbordamiento de carne en todos los frentes, pierden la batalla y dejan pasar más allá de sus límites carnes curiosas que insisten en asomarse, en un desfile de tejidos, adiposos o no tanto, que se muestran orgullosos a la vista de todos. ¿Impudicia? No realmente. Más bien convicción absoluta de su belleza esencial, que nada tiene que ver con los parámetros artificiales de Milano o New York, sino con la femineidad contundente y milenaria de la Venus de Willendorf.

El tráfico, fuente de constantes sobresaltos y de entretenimiento a granel gracias a la presencia de buhoneros que, a veces, recuperan el lejano pasado para reencarnar en salteadores de caminos, nos brinda un espectáculo excepcional en pro de la presentación personal: la limpieza de cutis motorizada. Es realmente un deporte de parejas, un show a dos cuerpos y dos manos protagonizado, esencialmente, por algún motorizado con cutis o espalda poblados de poros impuros, léase barros y espinillas, y su novia con aptitudes cosmetológicas dinámicas. En el primer semáforo en rojo o, acodándose en el hombrillo, la novia en cuestión empuja hacia atrás el cuello de la franela y procede a extirpar pequeños volcanes que disparan lava amarilla o negra entre sus dedos. ¿A dónde va a parar este producto natural? Generalmente a la misma franela del sujeto como pequeños blasones de limpieza de sangre. Muchas veces la limpieza es facial y entonces la novia se para frente a su jinete urbano, se inclina como para un beso, le coloca las manos en la cara, como para acercarlo, y entonces los pulgares hacen su labor vengadora: dos dedos contra la dieta de frituras, las empanadas, las tajadas, los tostones, la carne frita, las papitas, el chocolate. Lo que comenzó como un simple traslado entre un punto y otro se convierte en la cruzada estética del ángel exterminador.

Y si la falta de límites del venezolano es permanente, ¿cómo no iba a manifestarse desbordadamente en algo que también es para siempre, como los nombres propios? Whisroncer, por ejemplo, para dejar establecido durante toda la vida que el nacimiento del primogénito sería una gran celebración con whisky, ron y cerveza. Hmmmm, ¿cómo no celebrar toda la vida en un nombre la unión de los padres que hicieron posible la llegada de ese bebé? Basta con unir amorosamente algunas sílabas y ¡abracadabra!, aparecen nombres mágicos, cargados de décadas de amor como Anyamir, unión profundamente familiar del papá, Ángel, la abuela Yajaira, y la mamá, Miriam.

¿Puede trasladarse el epicentro de un sismo? ¿Moverse pausadamente por una de las congestionadas autopistas de Caracas? Puede, lo oyes acercándose a ti desde varios carros de distancia, emitiendo rugidos bajos y rítmicos.

Es otro de nuestros desbordes: envolver a los demás en nuestra música, quiéranlo o no, con generosidad derrochadora de decibeles ¿Puede terminar tanta dadivosidad en ruptura de tímpanos? Es posible, pero es un sacrificio que bien vale la pena por ese desprendimiento de compartir la música que llevas contigo. Claro, siempre cabe otra explicación a este fenómeno, donde la generosidad no entra, esa también tan venezolana demostración de poder adquisitivo, en este caso: oigan todos el equipo arrechísimo que me compré.

Y es que el consumo es uno de nuestros grandes desbordes. Nació chillando como un bebé llamando la atención y nació ya bien desarrollado; un bebé cubierto de pelos enroscados y espinillas, en la época de la Gran Venezuela.

Primero fueron los motorhome, torpes bestias que no encontraron en ningún lugar del país los servicios que lo hacen útiles en otros países: agua corriente y electricidad. Se arrastraban por calles donde escasamente cabían. Pero eran enormes y eso era lo que importaba: proclamaban a metros de su llegada el poder enorme de tu chequera. En los ochenta también dejamos nuestro nombre de venezolanos, ya nada teníamos que ver con aquella Venecia pequeña u otras pequeñeces, nuestro consumo ya era tan grande que pasamos a llamarnos ta’ baratos. Ahora el país tenía dos eslóganes: Venezuela suya y Miami nuestra. Hoy, llegando a 2011, nuestra voracidad es un jugador de video magnífico y absorto que engulle cada nuevo símbolo de consumo, pantallas planas, whiskys mayores de edad para jóvenes que no llegan a 15 años, fiestas de 15 años con la crema de los merengueros, Hummers, avionetas...

Obviamente, los venezolanos no podemos tener uno o dos mitos de creación polvorientos y estáticos. Nuestros mitos de creación son cotidianos y audiovisuales y llegan puntualmente a nuestras casas en horario estelar. Nos creamos y recreamos a nuestra barroca imagen y semejanza, diariamente. En decorados que combinan la fastuosidad dorada y chambona de tiendas de ocasión, la mucama se recrea en esposa de millonario, la humilde en acomodada, la despojada en opulenta, la ciega en clarividente. Es el milagro de la telenovela nuestra de cada día. Y posiblemente no sea casualidad que en tantas culturas la serpiente sea el animal de la creación: cuan adecuado para una teleculebra.

En los certámenes de belleza la creación y recreación es más radical porque transforma físicamente: la que llegó con su maletica adecuadamente provista de atractivos naturales, terminó saliendo al escenario con labios nuevos rebosantes de botox, senos recién salidos del paquete, cintura esculpida, muslos de estreno y unas seis frases de ocasión, sacadas de manuales de autoayuda y trípticos de UNICEF. El nacimiento de Venus, la creación de la primavera, en un país con sólo verano e invierno. ¿No es esa una maravillosa creación? Y esas son sólo algunas de las exageraciones enormes de la Venecia pequeña. Este es, entonces, un ensayo con secuela avisada. El Rocky, La guerra de las Galaxias, el Rambo de los ensayos. ¿Cómo no iba a ser exagerado, también, un ensayo sobre nuestras exageraciones?

martes, 28 de diciembre de 2010

¿y las otras repúblicas?


EL NACIONAL - Martes 28 de Diciembre de 2010 Cultura/3
LIBRO La república alucinada analiza el bicentenario
Maye Primera: "Discutimos la historia como si fuésemos menores de edad"
Once conversaciones sobre la Independencia hacen un diagnóstico de la situación actual de Venezuela
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ


El acontecimiento cultural más importante de 2010 fue la conmemoración del bicentenario de la declaración de la Junta de Caracas, y mientras unos celebraron con desfiles militares otros buscaron los rastros civiles en el establecimiento de la República. Para conmemorar el trabajo de los que desconfían de la fatuidad de las armas, la editorial Alfa cerró el año con la edición de La república alucinada, un proyecto coordinado por Inés Quintero en el que la periodista Maye Primera realiza 11 entrevistas con historiadores, sociólogos, psicólogos y políticos que sirven de retrospectiva sobre los últimos 200 años de historia nacional.

El título del libro alude a que los realistas asumían que quienes abogaban por la emancipación sufrían de una alucinación demoníaca. A partir de esa idea, Primera hilvana la historia republicana de Venezuela tras la pista de los aportes civiles a la construcción del país que dos siglos de historia militarista han opacado.

"Me llama la atención que aunque la Independencia que, de acuerdo con sus principios, debería ser un hecho colectivo, termina siendo en nuestra cultura la hazaña de uno, Simón Bolívar", señala Primera, que cursa el posgrado en Historia en la Universidad Católica Andrés Bello. Uno de los aspectos de la historia de Venezuela que más interesa es descubrir por qué para que la sociedad se movilice lo más importante es "que alguien asuma el liderazgo y no la responsabilidad de los procesos políticos".

El objetivo del libro con las 11 entrevistas realizadas por Primera es mostrar un conjunto de reflexiones multidisciplinarias en torno a la historia venezolana, auspiciadas por el ánimo retrospectivo que se hace urgente con la conmemoración del bicentenario de la emancipación.

"Aun cuando cada uno de los autores que entrevisté tiene su propia visión de la Independencia y de que no hay consenso sobre cuáles fueron las motivaciones de algunos hechos históricos, sí hay un consenso general frente a la importancia de la presencia civil dentro de este proceso. Siempre se nos ha vendido la Independencia como un hecho exclusivamente militar, pero eso no hubiera tenido sentido si detrás de las armas no hubiera habido ideas", explica la periodista, que se desempeña ahora como corresponsal en Caracas del diario español El País, luego de trabajar para El Mundo, Tal Cual y El Globo.

Agrega que el debate sobre el bicentenario debería ser más amplio y deslastrarse de los prejuicios para hacer una evaluación más profunda y objetiva de los hechos pretéritos: "Discutimos la historia como si fuésemos menores de edad.

Aún 200 años después de la Independencia, bajar a los próceres del óleo y humanizarlos significa atentar contra la unidad nacional. Además, sería ideal que pudiésemos celebrar el bicentenario no sólo por lo que pasó el 19 de abril de 1810. Debemos mirar este proceso como se ve una vida, en la que no sólo celebramos nuestro nacimiento sino nuestros logros. No puede ser que, como dice Ana Teresa Torres, creamos que no hemos hecho nada más importante en dos siglos que la Guerra de Independencia".

Primera señala que, echar un vistazo sobre la historia, le permitió descubrir que aunque el uso instrumental de los héroes para hacer política, la exaltación del militarismo en la crónica nacional no se inaugura con la revolución bolivariana, ahora ha llegado a su máxima expresión. Lo crucial del pasado, para la periodista, es entender el futuro: "Lo importante es preguntarse por qué estos mecanismos siguen siendo efectivos en la sociedad venezolana, ¿por qué seguimos cayendo en la trampa?".

Fotografía: William Marrero (detalle)

una república pendiente


Fotografía: William Marrero (El Nacional, Caracas, 28/12/10)