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domingo, 9 de octubre de 2016

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Yolanda Moreno: 36 años de Danzas Venezuela. El Diario de Caracas, 23/03/1986.
- Pedro Pablo Aguilar. "El proceso electoral interno". Semanario COPEI, Caracas, 18/02/70.
- Aníbal R. Martínez. "El flujo nuclear y la orimulsión". El Nacional, Caracas, 10/01/88.
- Alexis Adam. "Nadie debeinhibirse de opinar por temor a que lo llamen contrarrevolucionario". Deslinde, Caracas, 04/69.

Reproducción:  Elite, Caracas, nr. 1839 del 24/12/1960.

jueves, 24 de diciembre de 2015

NOTICIERO RESTROSPECTIVO



- Mireya Mata, con fotografías de Hernán Medina: entrevista a Monseñor Mariano Parra León. 2001, Caracas, 22/01/1981.
- Martín de Ugalde escribe sobre el Catholic Digest. Élite, Caracas, nr. 1456 del 29/08/53.
- Ovidio Pérez Morales y la teología de la liberación. El Nacional, Caracas, 10/08/74.
- JFH. "Campanario: ¿Envilecimiento de la Navidad?". El Nacional, 03/12/65.

Reproducción: José Huimberto Cardenal Quintero, según RAS. Elite, Caracas, 24/12/1960.

lunes, 16 de julio de 2012

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Pedro Trigo Dura. "El cristianismo popular en la nueva novela latinoamericana". SIC, Caracas, nr. 354 de 04/73.
- (S/a) "La juventud en la basílica de Santa Teresa. La Iglesia de los ricos". Deslinde, Caracas, nr. 07 del 15/06/69.
- Presidente Leoni instituye el Día de la Paz. El Nacional, Caracas, 02/01/68.
- Reportaje de José Hernán Briceño sobre el Cardenal Quintero. Elite, Caracas, nr. 1839 del 24/12/60.
- José Virtuoso. "Volver a la política". SIC, nr. 624 de 05/00.

Fotografía: Edificios a demoler en la Av. Este 8 de El Conde, Caracas (1954), mariafsigillo.blogspot.com

viernes, 13 de abril de 2012

NOTICIERO RETROSPECTIVO







- Hermann González (SJ) "Las consecuencias apostólicas del voto rojo". SIC, Caracas, nr. 211 de 01/59.
- Pedro Trigo Dura. "El Cristianismo Popular en la Nueva Novela Latinoamericana". SIC, nr. 354 de 04/73.
- Julio Barroeta Lara. "Los negros en el cine norteamericano". El Nacional, Caracas, 02/04/48.
- José Muci-Abraham. "Seguridad personal y crisis de autoridad". Resumen, Caracas, nr. 22 del 07/04/74.
- José Ramón Medina. "Otra vez la universidad". El Nacional, 11/07/67.

Fotografía: José Humberto Cardenal Quintero. Momento, Caracas, nr. 241 del 26/02/61.

viernes, 6 de abril de 2012

ENTREGA


EL CARABOBEÑO, Valencia, 22 de Marzo de 2007
Trabajar en cristiano
Pbro. Roberto Visier

Para el hombre de fe el trabajo no puede constituir simplemente un medio de sustento. A pesar de que debemos buscar el Reino de Dios y su justicia y lo demás se nos dará por añadidura, eso no nos exime de nuestro deber de trabajar para dar fruto abundante. La parábola de los talentos del capítulo 25 de San Mateo tiene un sentido espiritual muy profundo. El hombre está llamado a trabajar para multiplicar los dones recibidos de Dios que le pedirá cuenta de ellos en el juicio. Son premiados copiosamente los que supieron multiplicar por dos los talentos recibidos; sin embargo es reprendido severamente el que guardó su talento. Peor hubiera sido perderlo pero tampoco es lícito esconderlo, por eso es acusado de negligente y holgazán. Más allá de las múltiples aplicaciones espirituales, el sentido literal es una alabanza a la responsabilidad del que trabaja con interés y eficiencia y una llamada de atención contra el flojo. La pereza es un pecado capital y uno de los grandes males de nuestra sociedad venezolana. Nos gusta demasiado trabajar poco y ganar mucho o no trabajar nada y que me lo den todo regalado. Mientras esto sea así no habrá progreso verdadero, es imposible. Es sintomático que con frecuencia el extranjero progrese más y más rápido que el venezolano, no porque sea más inteligente sino porque es más sacrificado trabajando y más ordenado y también porque es mejor administrador de sus ganancias. No pretendo generalizar pero sabemos que en muchos casos es así.

En la segunda carta a los Tesalonicenses San Pablo advierte a los cristianos que deben trabajar honradamente para ganarse el pan, porque muchos andan sin hacer nada pero metiéndose en todo. No es esa la actitud del creyente que debe encontrar en el trabajo cotidiano una ocasión para santificarse. El ocio es primo hermano de los vicios; El trabajo bien hecho, en cambio, atrae multitud de bienes materiales y espirituales. Los materiales son evidentes: alimento, ropa, habitación, etc. Todo lo que el hombre necesita para llevar una vida digna. Los espirituales están condicionados a un triple efecto: la purificación, el progreso en la virtud y el servicio al prójimo.

El trabajo exige un esfuerzo en ocasiones bastante grande, de ahí que pueda ofrecerse como penitencia por los propios pecados. Realmente todo debe ser ofrecido a Dios, lo fácil y lo difícil, y todo lo ofrecido a Dios nos purifica, pero para la fragilidad de la naturaleza humana tiene un mayor mérito ofrecer lo dificultoso. Incluso puede ser más meritorio a los ojos de Dios aceptar las dificultades cotidianas, algunas unidas al trabajo, que los sacrificios ofrecidos voluntariamente como procesiones o limosnas, porque las dificultades que vienen con la vida misma son una manifestación de la voluntad de Dios que quiere que todo lo aprovechemos para el bien. Dios no nos pide que hagamos milagros o que seamos superhéroes, nos pide que cumplamos nuestras obligaciones con toda responsabilidad. Esto puede exigir a veces grandes sacrificios, incluso heroicos; en ese caso no nos faltará la ayuda omnipotente de Dios para enfrentar esas circunstancias.

El trabajo bien hecho nos hace madurar como personas, nos ayuda a adquirir virtudes sólidas, que son hábitos buenos como el orden, la puntualidad, la eficiencia, la laboriosidad, la generosidad, la paciencia, la fortaleza, el dominio de sí, etc. Todo lo que hace al hombre más humano le acerca a Dios, porque le abre al bien y a la verdad, cuya plenitud se encuentra en Dios. Las labores cotidianas entregadas a Dios, no solamente como penitencia, sino como ofrenda de la propia persona, de la propia vida puesta al servicio de Dios con generosidad, son fuente de santificación para el cristiano. Es decir, el cristiano no se santifica sólo cuando ora, cuando asiste a la Misa o recibe otros sacramentos, cuando evangeliza o practica la caridad con los pobres sino también cuando trabaja bien y además lo hace con alegría, con agradecimiento por el pan que gana con su sudor. Es evidente que una ofrenda hecha a regañadientes, con tristeza o con rabia no tiene valor. El libro del Génesis nos cuenta que la ofrenda de Caín no fue aceptada por Dios porque no era ofrecida de corazón. Del mismo modo el trabajo mal hecho, realizado por pura obligación, de mala gana, con cara amargada no nos santifica, más bien nos mancha y nos rebaja.

El trabajo debe prestarse como un servicio desinteresado a los demás, a toda la sociedad, aunque reciba su justa remuneración. El cristiano tiene que trabajar con alegría, con dedicación, con sacrificio, con fe; de lo contrario no es verdaderamente cristiano.

Fotografía de interés histórico: Portada. Momento, Caracas, nr. 241 del 26/02/61.

miércoles, 4 de abril de 2012

ORACIONALIDAD


Del PIN de Dios
Luis Barragán


Harto difícil encontrarse consigo mismo. Quizá por las miles de distracciones que nos acechan. Eso fue lo que dijo el Padre Numa Molina (SJ) en su última homilía. A lo sumo nos proponemos distraernos con nosotros mismos. Un narcisismo inadvertido que cada día atrapa a más y más jóvenes. Ejercicio de exterioridades que nos obliga a colocarlos en la perspectiva ajena. Acá recordamos una de las novelas de John Dos Passos y el personaje que se imaginaba solamente a través del otro. Y hasta de Eloy Silvio Pomenta que décadas atrás retrató a Michael Jackson y un rigor tan impecable como inaudito. Alguna lección dejó para la “generación boba”.

Los llamados celulares inteligentes cumplen casi siempre con el costoso contrato de mantenimiento. El del aparato y el de la autoestima. No todo es tan malo como aseveran con facilidad muchos. Pero tiene sus costos personales. Vernos crónicamente reflejados en los demás. Mucho hubiera escrito al respecto Guillermo Meneses sobre la falsa mensajería. Únicamente falta ponernos en solfa (el griego) con Dios. Hoy lo imaginamos a través del chat aunque dudemos de su existencia o la ratifiquemos por costumbre. Cuán difícil es hablar con Él. No damos con su PIN o los equivalentes de otros sistemas operativos. Lo buscamos. Lo indagamos. En definitiva nos automedicamos. Lo hacemos nuestro según nuestro leal y saber entender. Excepto los desafíos que imponga porque la comodidad es la consigna.

Todavía no sabemos orar. Incluyendo al suscrito. Empero lo procuramos. Y nada más gratuito que la personal disposición a hacerlo teniendo por al Espíritu Santo por único sistema operativo. Suena bien y expedito el asunto. Pero cuán difícil es llegar a esa conexión con la salvedad de los probablemente efímeros y radicales sentimientos de tristeza y alborozo. Porque somos creyentes en la medida que alcanzamos a legitimar las grandes rumbas del matrimonio el bautizo y la primera comunión es que solemos preguntarnos sobre la existencia y sus datos de trascendencia. Aunque la Semana Santa sea el mejor y acostumbrado pretexto para la sufrida y forzada recreación masiva. Y ella supeditamos nuestras creencias. Están hechas a la medida.

Y si no creemos demasiado en el habitual cuento de la divinidad podemos ensayar esa profusa literatura de auto-ayuda. Afanoso test de nuestras fortalezas en lugar de la complicada examinación de las flaquezas. Optamos por la mal escrita y exitosa relatoría de Coelho pasando las páginas de un Walter Rizzo que sintetiza sus sesiones de especialista. Y éste es un gemio intocable por los crecientes honorario que halconea.

El asunto está en la renuncia de toda intimidad con nosotros mismos. Caso aparte es la que se cree descubriéndonos con otros más allá de la juvenil masturbación. Creyentes o no hemos perdido esta capacidad de reflexionar por sí y desde sí. Y aún feligreses de cuántas iglesias se nos antojan apostamos por la autosuficiencia. Entre los católicos es común. Quizá nos equivoquemos pero el promedio no concuerda y mucho menos cuestiona las prácticas. Todos tienen la llave para comunicarse con Dios así pierdan otra vez el PIN. Se impone la tradición oral. La doctrina de las impresiones sin tiempo para profundizar. Acudimos a la sede de una religión organizada y la antojamos de acuerdo a nuestras inmediatas necesidades. No nos confesamos con el cura sinvergüenza partiendo de nuestra aquilatada pureza. No sabemos que la confesión es al colectivo a través de alguien entrenado para ello. Que antes era el psicólogo y hasta el jurista para orientarnos y hoy el teólogo y director espiritual que incluye otras facetas. Eso dice el libreto construido por siglos que no podemos subvertir precisamente por esa fácil tradición oral. Se dirá con justicia que falta información. Que la Iglesia incumple aún contando con las más recientes tecnologías. Y lo cierto es que ni siquiera el cuestionamiento es serio. Porque no hay tiempo para ello. Cada quien hace las cosas en la medida de lo posible.

Un buen día tratamos de orientarnos para orar. Conseguir el PIN de Dios pues. Nos deleitó más Claude Flipo que Bernard Basset al meternos en la literatura de rigor. Hemos andado un camino. Falta demasiado. Ojalá podamos andarlo. La autenticidad de la oración es la clave. Ojalá la Iglesia Católica por citar un caso nos metiera a todos en esta inquietud. Así como somos descreídos sin saberlo y nos aventuramos en los consejos fáciles que pueden llegar a la diaria consulta del tarot y el horóscopo también podemos arribar a nosotros mismos a través de la oración. Y nos atreveríamos a aseverar que aún siendo incrédulos. Porque de algo estamos segura sobre la más reciente contemporaneidad. La soledad está disfrazada. Y siendo complementaria la persona humana necesitamos de la otra palabra para hallarnos. Además hallarnos con nosotros mismos en una meditación creadora que es la de una soledad edificante y propulsora al hacer con los demás. No la mutiladora que procura servirnos del resto de la humanidad.

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultural/11422-del-pin-de-dios

Ilustración de interés histórico: José Humberto Cardenal Quintero, según RAS. Elite, Caracas, 24/12/60.

NOTICIA


La Iglesia como noticia
Luis Barragán


Difícil y hasta espeluznante, la Iglesia Católica fue noticia en buena parte de nuestra vida republicana. No siempre hubo el privilegio de los curas avispados y aventajados, aunque la política los privilegió como perseguidos y perseguidores en el sismo continuo e inevitable de los distintos acontecimientos que nos hicieron un lugar en el mundo.

Lejos estamos de pretender una historia de la catolicidad venezolana y sus jerarquías, pero cerca de llamar la atención sobre la paradójica y preeminente posición que hoy ocupa en los estudios de opinión, mientras nos creemos meros espectadores de los valores que enseña y representa. Una catolicidad de ocasión que le permite al poder político manipular esos principios hasta la saciedad, sin molestia alguna de nuestras inconsecuencias.

La noticia esta vez no es la de la institución eclesiástica democrática o golpista, las posturas obedecidas o no de la Conferencia Episcopal, sino de nuestra radical comodidad al sortear sus más duras exigencias para quedarnos en los golpes de pecho que se diluyen en las festividades que puede bien legitimar, alborozados. Vamos a misa por ocasiones, aunque aleguemos nuestro más público fervor con una vehemencia siempre sospechosa; no sabemos de algo más allá que la catequesis distante, pero nos sentimos autorizados a teologizar; fingimos una moralidad para la automática condena del otro y de los otros; desinformados, el Concilio Vaticano II es una curiosidad que poco interesa excepto para una conversación hogareña o una disertación pública de compromiso inevitable.

La pureza es nuestro problema, o – mejor – simularla para atacar a los otros grandes contaminados. Somos una fortaleza blindada por todos costados, aunque sea patria segura de la viga que tenemos en nuestros ojos.

Fe anómica resplandeciente que no encuentra oportunidad de cuestionamiento, evitada por nuestras incursiones. Dios a la medida a pesar de nuestras incredulidades, las que nos llevan a un extremo y acomodaticio sincretismo.

Se dirá de la tribu postmoderna, perdida también en Tokio como aquellos protagonistas de la película de Sofía Coppola. No somos nunca noticia para nosotros mismos, siendo todos Iglesia, excepto cumplamos con esa feria de las vanidades en la que dice convertirse la vida.

Falta una buena dosis de humildad, incluyendo al suscrito. Por ello, quizá prosperan otras creencias, cuya legitimidad podemos discutir o no, ensayadas como grandes proveedoras de amuletos y sortilegios, para nuestra personal satisfacción.

Acaso, porque no hay debate alguno, el nuestro, el que podemos construir sobre la intimidad de sí, sabe y golosamente se pierde en sus extravíos. Algo que se asegure una falta de compromiso, noticia cierta y todavía incomprendida de estos días.

Fotografía de interés histórico: Portada. Elite, Caracas, nr. 1839 del 24/12/60.