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jueves, 7 de enero de 2016

ORQUESTABLE

Desemparrandamiento
Ox Armand


Ya se veía venir, cierto, pero nunca  los venezolanos – aún antes de la llegada del petróleo – nos desmusicalizamos tanto durante las fechas decembrinas. La afirmación tiene sus bemoles, pero en líneas generales constituye una acertada premisa. Reconozcamos que hubo moderación en nuestras festividades y, aunque la estridencia es algo común, sobre todo porque las ordenanzas sobre ruidos molestos también son letra muerta en el repertorio que exhibe este tan particular Estado de Derecho, no llegó a los decibeles acostumbrados. Malgastar lo poco que se tiene para lo poco que hay, no fue el mandato de estos días. Ahorrar – incluso – en la alegría, hacerse más discretos, ha sido – en propiedad – el mandato de una pavorosa crisis económica bajo el imperio del delito que nos fuerza a ser todo lo humilde que en la vida real no somos. Nada de exhibicionismos ni de poses, sino resguardo total: cautelosos, además, ya que nadie tiene el derecho a quejarse de viva voz, porque si el gobierno le pasa por encima a unos diputados, ¿qué no puede hacer con el simple mortal que apenas tiene en las redes que quedan una pequeña ventana? Nos encapillamos en casa con una fiesta harto familiar, siendo inaccesibles los locales (restaurantes u hoteles) que hicieron leyenda de cada fin de año. Estos queda para los conectados del régimen que temen también exponerse.  Los cumplidos quedan para la telefonía celular. Sin embargo, más allá del reciente registro sociológico que pueda hacerse, uno de ellos llama nuestra atención: la música.

Cumplimos con nuestra ”prisión” del primero de enero con Tricia Tunstall dedicado al Sistema Nacional de Orquestas (“Cambiando vidas”, Alfa, Caracas, 2015). La estadounidense parte de los orígenes de tan extraordinaria iniciativa, nacida en tiempos de la vituperada democracia, que ha adquirido una rica complejidad y, por fortuna, ha sido salvada de esta sombría etapa histórica que se resiste a concluir en la Venezuela impensable del siglo XXI.  La obra suscitó inquietudes naturales, porque – enunciándolas -  nos interpela sobre la difícil obra que el Estado ha propiciado y, a la vez, el Estado mismo traiciona: generaciones enteras acceden a una diferente dimensión cultural que, a la postre, no encuentra garantías, como la nada fortuita circunstancia de que el joven ejecutante debe protagonizar toda una aventura para evadir al hampa al trasladarse con sus caros instrumentos de la casa al aula; los valores con los que se identifican resultan negados y perseguidos por el poder político que simula defenderlos; de comprobarse una vocación profesional, naufraga ya que no tendrá un mercado seguro para realizarse (¡y no me vengan con esas consignas de los valores de cambio y de uso en el capitalismo que jamás hemos consumado en el país!). Apuntemos que la predilección por el Sistema ha sido – en verdad – por el aparato propagandístico que significa, asfixiando fundaciones tan meritorias e históricas como la Orquesta Sinfónica de Venezuela, y confiscando las figuras de José Antonio Abreu y Gustavo Dudamell (éste solícito y goloso con el imperio que o acoge, sin una hebra de compromiso con la causa de la libertad que pueda poner en peligro su augusta posición, so pretexto del Sistema). Otra faceta es que, a pesar del masivo interés por incorporar a los niños a esa escuela que puede salvarlos del ocio, a falta de otras ofertas que antes – por ejemplo – llenaban los Boys-Scouts, e género musical que cultiva el sistema no trasciende a la población.

Anteriormente hubo mayor apego por la música clásica, denominándola así por comodidad. Hemos paradójicamente retrocedido, ya que  nuestro consumo cultural privilegia el vallenato, el merengue y la salsa de acuerdo a los estudios de opinión. Ni en la escuela se oye ya un coro que reporte algo de Juan Bautista Plaza. Ya no son conocidas la escuela José Angel Lamas, ni reconocidas las figuras como Vicente Emilio Sojo lo fue por el público común. No existe la Emisora Cultural de Caracas y la Radio Nacional de Venezuela es una grotesca caricatura de la gran difusora que un día también fue. No existe casa discográfica como el Círculo Musical o la popularidad de Morella Muñoz, por mencionar a una intérprete. ¿Dónde hallar libros y partituras relacionados? ¿Programas de televisión, conferencias como las muy celebres de José Antonio Calcaño, referentes éticos como Alirio Díaz, conciertos publicitados como los de la José Félix Rivas a tres bolívares, atrevidos directores como Pablo Castellano…? Únicamente en la red, si alguien tiene la bondad de subirlos. Nos privamos igualmente de las estupendas piezas barrocas, románticas o contemporáneas, porque el medio ya creado abomina de lo diferente al latiguillo cansón de lo que se dice y cree que es música. Por lo demás, cada vez más aislados del mundo, nos contentamos con lo que interneteamente llega, bajo la supremacía de viejas melodías de vallenato, merengue y salsa que se evidencian hasta en las más modestas fiestas (con su “hora loca” y locutor en “off”). Una curiosidad adicional: ¿a quiénes le venden esos comercios de discos “originales” que perfectamente pueden bajarse con una sencilla aplicación? ¿No se ven esos locales solitarios, con más empleados que clientes, seguramente mal pagados que no contradice la posibilidad de una lavandería de capitales?

La lectura de Tunstall, sin dudas, nos da razones para este orgullo venezolanista que no cabe en el pecho, pero – simultáneamente – nos preguntamos sobre el encarecimiento del  libro, los ejemplares vendidos, y si realmente,  ha trascendido.  El país entero no ha gozado de la riqueza musical y probable renovación que el género musical promete, porque – es la crisis cultural, en última instancia, la que nos emblematiza – tenemos una suerte de libreto repetido para la diversión cada vez más reducida, el esparcimiento cada vez más negado, excepto los espectáculos que monta el gobierno, y la pobreza de sus grupos culturales que se ven forzados a rendir culto a la personalidad para disfrutar de la prebenda. Nos hemos desemparrandados por una elemental previsión y prudencia, dada la crisis económica y la delincuencia, censurados por el régimen, habituados a los ritmos de siempre ya que aquí no hay ni aceptamos una renovación del gusto musical.  Lo más importante y quizás viva señal del estatus que se tiene o dice tener, es un poderoso equipo de sonido en la casa o en el automóvil que los vecinos y peatones deben soportar, pero tampoco ya hay dólares para obtenerlos. Como no hay divisas para adquirir los libros indispensables para llevar una vida normal. Así de sencillo.

sábado, 21 de abril de 2012

PAR DE PERSPECTIVAS ÍMPARES

EL NACIONAL - Sábado 21 de Abril de 2012     Escenas/2
Sorpresa
PRESTÍSSIMO
MÚSICA
PAUL DESENNE

García Márquez pone en boca de su Bolívar imaginario un seco y paradójico reclamo a los europeos. "Déjennos vivir nuestra Edad Media", le grita el caraqueño a un inglés, sugiriendo que las naciones están sentenciadas a transitar estrictamente por las eras históricas del Viejo Mundo y gozan de esa excusa para cometer errores y horrores aprendiendo en el camino. Esta cómoda traslación, que de ser cierta nos eximiría de muchas responsabilidades, se podría aplicar al sinfonismo latinoamericano y sin duda se hace inconscientemente: "Déjennos transitar por nuestro clasicismo (¿danzones, tal vez?), después veremos el romanticismo y por fin, algún día, luego del advenimiento de nuestro Wagner, nos toparemos con la atonalidad"; otros afirmarían: "Ya estoy en vuestro futuro, pues escribo como los parisinos de hoy". En esta idea olfateamos algo similar a la narrativa marxista que condena la humanidad al vía crucis que va del feudalismo al comunismo sin frenos para evitar el choque contra el muro de Berlín y otras cárceles. Encontramos en el fondo de esa frase de Gabo, mas no en sus términos, un justo reclamo pan-americano vociferado desde el siglo XIX. Si heredamos del Viejo Mundo las prácticas de las literaturas textuales y sonoras no tenemos por ello que coincidir con su secuencia histórica, ni con la actualidad estética supuestamente homogénea que las gobierna. Somos dueños de nuestros anacronismos, o mejor, de nuestra "poli-cronía". Toda reducción de la complejidad cultural que la describa en términos de progreso en determinadas direcciones imaginarias es tan falaz como el concepto de "diseño inteligente" en biología.

Dentro del arte latinoamericano la expresión sinfónica es sin duda una de las más tímidas y merece ser mucho más activa; el lento aprendizaje instrumental trae consigo una justificada veneración de los logros geniales de la gran cultura musical europea, de la cual somos parte inseparable; el academicismo tiende siempre a seguir los modelos probados; todo conspira para limitar nuestra soltura en ese medio. Pero ahora tenemos uno de los movimientos orquestales más pujantes del planeta y mucha narrativa sinfónica que tejer. Si la máxima robinsoniana de inventar o errar es difícil de aplicar en un aparato tan sofisticado y pre-cargado de contenidos inagotables y exquisitos, de modelos aparentemente insuperables, la riqueza musical de nuestro continente interviene con fuerza en una redefinición del sinfonismo que no podemos eludir. La gramática es distinta, la geometría no es euclidiana, la temperatura emocional expande los tornillos y las juntas del discurso sinfónico; la irreverencia se manifiesta en la incorporación del humor y del baile; los ingredientes indefinibles que nos hacen un continente pícaro y fantástico se expresan mejor en el escenario musical que en cualquier otro; aquí está el marco sinfónico para darle un espacio abstracto de expresión a tantos elementos que son vitales para nosotros. Finalizo invitándolos al estreno de la sinfonía que terminé en días recientes para la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar bajo la dirección del maestro César Iván Lara, el próximo viernes, en la nueva sede del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela. Habrá Reguethoven.


CIUDAD CARACAS, 21 de Abril de 2012
Debaten sobre la soberanía musical

Músicos y productores debatieron ayer en torno a la independencia del producto musical, su difusión y el poder que se ejerce y utiliza a través de la música en el medio ambiente.
Fue un interesante encuentro que se produjo en horas de la tarde en el Centro de la Diversidad Cultural, en Los Rosales, entre representantes del medio y público en general, donde temas de interés general como “la payola”, la producción independiente y los distintos conceptos que se tienen sobre “música venezolana”, fueron abordados, algunas veces con vehemencia por los invitados.
El conversatorio, que contó con la participación de personalidades como el maestro Ismael Querales; Pedro Marín, José Alejandro Delgado, Dora Rojas, directora general de Responsabilidad Social y PNI y Pedro Colombet, del Centro Nacional del Disco, culminó con la presentación de Francisco Pacheco y su Pueblo, quien interpretó canciones que se hicieron populares en su voz.
HOMENAJE A RAÚL ABZUETA
Con charlas que se iniciaron en el Centro de la Diversidad Cultural se le rinde homenaje al músico y productor Raúl Abzueta, quien falleció el pasado febrero a causa de un accidente cerebrovascular. Ayer sus amigos le rindieron un sentido homenaje, recordando su vida y sus cantares, que corrieron por cuenta de Marisela y Amanda Querales con El Son del Quilombo, dirigido por Pedro Marín.
INDEPENDENCIA CULTURAL
Suena a Venezuela es un portal que impulsa el cumplimiento del artículo 14 de la llama Ley Resorte, una iniciativa del Minci que motoriza el ciclo de charlas que ayer se inició en la Quinta Micomicona.
Cheo Linares, quien asistió como invitado, aseveró que la Ley Resorte debe ser revisada para que la llamada “payola” sea tipificada como delito, ya que, según él, lesiona los intereses de los artistas. Delgado abogó por la necesidad de la producción independiente y Pedro Colombet ahondó en el capítulo de la producción musical como necesidad de la soberanía cultural.
ÁNGEL MÉNDEZ/CIUDAD CCS

Fotografía: Jesús Camposano Pérez, Sambil de La Candelaria, Caracas, centro de refugiados (Facebook/2012)

domingo, 11 de marzo de 2012

GRATA SORPRESA


Sorpresivamente, Alisa
Luis Barragán


El sábado 3 de los corrientes, madrugando la red de redes, nos sorprendió gratamente la noticia: la presentación gratuita de Alisa Weilerstein. Increíble que la cellista tantas veces vista en Film&Arts, perdida su anteriorísima interpretación bajo la batuta de Gustavo Dudamel, la tuviésemos casi a quemarropa de nuevo en la ciudad.

Obviamente, entusiastas nos aprestamos María F. y yo, a acudir a la cita, mientras – enterado – Jonathan calcularía los cigarrillos previos a la presentación. Ya en el lugar, nadie sabía del espectáculo: ¿mala redacción del boletín de prensa?, ¿parte del desorden de una administración que siempre improvisa?, ¿demasiado cierto para que fuese verdad?.

Nos retiramos con lentitud, fatigada la cámara fotográfica de María F. con la edificación de García Maldonado que ha llevado a la red (http://mariafsigillo.blogspot.com/2012/03/la-casa-sindical-del-paraiso.html), incluyendo el antiquísimo proyector de películas que luce como temible pieza de artillería, junto a las casas que parecen de su autoría integradas al conversador recorrido apenas alterado por el cercano bullicio de un juego de fútbol. Suficiente compensación para la cita que no se dio, nos dijimos. No obstante, al día siguiente, hubo violoncello.

El domingo 4, aproximándonos, la promesa se hacía realidad con los buses de lujo estacionados en una ladera de la calle larga con prestancia de avenida. Las personas comenzaban a llegar, familiares de los integrantes de la Orquesta Sinfónica de Juventudes Francisco de Miranda: confirmado, habrá concierto.

Aprovechamos de conversar un poco más en la cola, deleitados por la cantidad de niños y jóvenes disciplinados pertenecientes a esa gran familia alternativa para el siglo XXI que todavía nos interroga. No hay mejor escuela preventiva contra las confusiones, desviaciones y peligros que la música, el deporte y, acaeció en una distante época, la precoz militancia política, portadores de valores y genuinos desafíos.

Convenimos en la justeza de una iniciativa como la del maestro Abreu, con treinta y tantos años de sacrificados esfuerzos que no le pertenecen al régimen actual, sino al país entero. Una historia infalsificable e irrefutable que, es necesario reconocerlo, Chávez Frías prosigue, aunque también se le agradecería que el niño que sale de su casa a ensayar, vuelva al barrio impecablemente, sin riesgo alguno, soñador y enérgico.

Nadie conocido, el teatro se llena de sobrios muchachos para escuchar con atención a los otros sobrios muchachos que empuñan con orgullo sus instrumentos. Sale Alisa en medio de los aplausos que no la abandonan y, con su conocidas expresiones dramáticas, ejecuta a Barber, obsequiando después otra obra, bajo la batuta del no menos sobrio y real promesa de la dirección de orquesta como Rafael Payare, a quien vimos arbitrando por primera vez.

Desde la tercera o cuarta fila, nos deleitamos con la cellista y la orquesta que posteriormente nos obsequio con la 5ta. de Mahler. Para quienes somos tan pronto como aficionados, supimos otra vez que hay distintos mundos, añadido divertidamente el niño sentado adelante que también grababa el concierto, pero se permitía callada e instantáneamente seguir el juego en su dispositivo, respondiendo al vecino que lo cumplimentaba con una súbita travesura.

Finalización de la jornada, salida ordenada de toda la muchachada que empleaba la jerga a fondo, sin olvido de lo que seguramente será materia de su próxima clase. Tranquilidad absoluta en los alrededores, multiplicados los vecinos del conjunto residencial de enfrente que nunca sospecharon de de tan inmensa terapia y posiblemente algún día se enterarán que Alisa Weilerstein estuvo cerca de aligerar su pesada carrocería mesocrática de supervivencia.

Hay derecho al optimismo, más allá de estas vicisitudes de la hora. Tensas las cuerdas, no disparan una flecha con ojiva nuclear, sino el testimonio de una espiritualidad que tan urgentemente necesitamos: gracias a Alisa, Payare y a toda la muchachada que anduvo abajo y arriba del escenario.

Fuente:

http://www.noticierodigital.com/2012/03/sorpresivamente-alisa/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=849000

lunes, 5 de diciembre de 2011

EL SERVICIO DESORQUESTADO


De la orquestación del transporte público
Luis Barragán


Recientemente, los usuarios del Metro de Caracas fueron sorprendidos por dos mil integrantes del Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles. Piezas de Susajo o Buonamente, desconocidos por el gran público, inundaron las veintidós estaciones de un sábado de nueva congestión.

Aplaudimos la iniciativa, sobre todo por la ocasión de escuchar algo más allá del basurero sónico que nos inunda, con o sin audífonos. Probablemente, el esfuerzo constituya el primer dato de lo distinto que también es el universo sonoro, dejando una inquietud para el gusto y el placer como – se ha dicho – ocurre con las instituciones educativas que llegó a visitar la Orquesta Sinfónica de Venezuela en sus recorridos de aniversario. Sin embargo, por lo pronto, es necesario consignar tres observaciones.

Una, que no hay una adecuada, grata y sorpresiva audición alternativa de funcionar mal y muy mal, el servicio de transportación subterránea. Un mínimo de comodidad, confort y seguridad, pedimos los pasajeros que sabemos de la inevitable necesidad de surcar la ciudad lo más rápido posible, entre otras razones porque pagamos el servicio en forma directa o, indirecta, a través de los impuestos.

De modo que la programación musical, contrastando con lo que ocurre en otras partes del mundo, susceptible de un posterior programa de televisión como lo hemos disfrutado – no por casualidad – a través de las emisoras de suscripción, adquiere o pudiera adquirir una función de ocultación del fracaso del gobierno en la transportación pública. De no verificarse el básico cumplimiento del contrato de servicio que tenemos con el Estado, tratándose de los medios masivos que jamás emplean sus más altos funcionarios, tal programación deviene burla de distracción sobre uno de los problemas más acuciantes que padece el ciudadano.

Dos, el concierto simultáneo y sabatino significa una opción frente a la invasión tolerada – pues, no otra es la conclusión – de los grupos e individualidades que ofrecen sus interpretaciones viajeras a cambio de dádivas, aunque – por el desorden alcanzado en la prestación del servicio – promete nuevos congestionamientos en estaciones y andenes, horizontes distintos para el carterista, además propiciados por la ya caracterizada y resignada impuntualidad de los trenes.

Luego, al espectáculo que ha de retener por más tiempo a la audiencia, en forma voluntaria, se suma la involuntaria confusión del tránsito, aún tratándose de un fin de semana. Nunca nos negaríamos a iniciativas culturales más o menos novedosas, como la comentada, pero – reconozcamos – que el Metro de Caracas dejó muchos años atrás de ser un referente de consideración, orden y respeto, para alcanzar niveles de anarquía que, por si fuera poco, acarrea la detención arbitraria de aquellos que osan protestarla cívica y pacíficamente.

Tres, importando las modestas e implícitas recomendaciones que nos permitimos para desarrollar tal evento musical, sintetizada en la necesidad de acreditarla por un mejor servicio prestado, el Estado – y no otro – es quien también debe administrar y subsanar la tragedia de los desechos sonoros de la superficie. Consabido, en los medios públicos de transporte, por las espléndidas cornetas de los choferes hastiados, o gracias a las incursiones de supervivencia de los músicos de ocasión, el ruido en sus más variadas y altisonantes formas, completa la diaria inyección de disgusto, agresividad, violencia o irrespeto a quienes soportan – dato esencial, como vimos – una pésima prestación del servicio.

Convengamos, hay una generación reciente, asimilados los desesperados adultos, que se aventura al espectáculo callejero, incluyendo el circense, por falta de oportunidades de estudios o empleos. Aventura que ha recibido irresponsable estímulo de Chávez Frías, condenados todos a una improvisación que es de sobrevivientes, por lo que se dice legítima la incursión forzada en autobuses, busetas o camionetas, aunque – para finalizar – la presencia del Sistema Nacional de Orquestas pueda también aleccionarlos sobre las generosas posibilidades de una vocación que se descubre y cultiva con disciplina, venciendo los obstáculos de manera … orquestada.

Fuente: http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/10283-de-la-orquestacion-del-transporte-publico

domingo, 31 de octubre de 2010

abreudad



El Nacional Todo en Domingo - Domingo 31 de Octubre de 2010 TODO EN DOMINGO/38
Reportaje
Maestros
José Antonio Abreu, paso a paso
Su obra se multiplica por el mundo como una buena nueva.
Sólo en Venezuela, más de 350.000 niños crecen en el prodigio de El Sistema que este hombre de voluntad sin fisuras sigue llevando de manera incansable.
Todo en Domingo lo acompaña desde Parque Central a una gira por Londres, Berlín y Amsterdam para mostrar cómo lleva las riendas de un legado incalculable que sigue creciendo
Jonathan Reverón elreveron@gmail.com / Berlín, Londres, Amsterdam


Viene caminando lentamente, como si fuese de vidrio. Atraviesa uno de los corredores de la torre oeste de Parque Central en Caracas, y llega hasta un ambicioso sueño que se ha construido con osadía y tenacidad.

Para José Antonio Abreu ­el hombre que viene caminando en cámara lenta­, la determinación es ley y las ilusiones son movimientos sinfónicos que duran muy poco, porque después del silencio de los sueños, éstos deben hacerse tangibles inmediatamente. No importa la distancia de la frontera: el maestro siempre va a llegar.

Un sábado en Parque Central. En la primera cita, nos recibe por 20 minutos, en la sala de conferencias de la sede del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, un noble espacio de Parque Central en cuyas paredes lucen collages con fotografías de las distintas giras y músicos de las orquestas del Sistema. Abreu se excusa por el ligero retraso. Viene de uno de los ensayos con la agrupación sinfónica que puso hace pocas semanas el tricolor nacional en los escenarios más importantes de Europa: la Sinfónica Juvenil Teresa Carreño.

"Han estado ensayando con el maestro hasta la madrugada por varias semanas", acotan.

"Yo tendría cinco o seis años.

La tradición de mis abuelos maternos italianos, y por consiguiente de mis padres, era la música. Desde siempre me sentí estimulado a un impulso vocacional". Así resume la historia muchas veces contada, de cómo un joven trujillano es conquistado por la música académica. Se nace con eso y se crece en el ambiente idóneo, cosas de la causalidad. Pero en su caso, la música se hizo pasión y necesidad, un tatuaje en forma de pentagrama.

Quien se adentre en el entramado de El Sistema, conseguirá una gerencia institucional portentosa, un organigrama ancho y elocuente. Sólo un músculo así puede tener más de 350.000 niños a lo largo y ancho del país aprendiendo y enseñando música al mismo tiempo. "La gerencia tiene que ver con la gestión de metas, con el contenido sustantivo de un proyecto, su evaluación continua y su enriquecimiento a lo largo del tiempo. Eso es lo que a mi juicio conduce al éxito de un proyecto", señala Abreu, ahorrando el volumen de su voz. En el caso del proyecto social que fundó hace 35 años, reconoce que desde el principio se trataba de una ambición claramente monumental, pero como buen economista, confió en la ciencia social. "La práctica orquestal despierta en ellos un sentido de solidaridad, de trabajo en equipo y de motivación al logro que transforma la personalidad y el entorno del muchacho. Eso además estimula a los padres y fortalece a la comunidad, generando un sentido de pertenencia y de mucho orgullo".

Abreu pocas veces habla en primera persona. Su vida personal en las últimas décadas se reduce a su integridad humana, es decir: no existen vacaciones, horas libres, ni ocio posible. Segundo a segundo y hasta en las pocas horas de sueño, en él está presente la empresa. El sentido de responsabilidad lo arropa: un mundo distinto pareciese inimaginable para él. Tiene 71 años, no falta a misa los domingos y duerme poco. Antes del amanecer, ya está activo en la jornada y acostumbra a llamar a sus colaboradores de madrugada cuando se le ocurre una idea. Si el propósito es enorme, no hay tiempo que perder. Hay quienes, aplaudiendo el éxito de este proyecto, hoy día no dejan de cavilar con dejo de nostalgia que un hombre con ese desprendimiento de sí mismo y con sus ideales, no se repite. "Trabajo con un equipo de jóvenes maestros en todo el país. Todos ellos actúan conmigo al unísono, trabajando, enseñando, venciendo obstáculos, agrupando a niños en torno a la belleza y a la dignidad de la música. Y ese hecho, ese quehacer diario, cotidiano, los convierte a ellos en paladines de esta idea", cuenta. Allí radica la eficacia del apostolado.

José Antonio Abreu, y la institución que comanda, conoce su agenda con meses, y hasta con un par de años de antelación: "El Estado ha garantizado la dotación de instrumentos para los próximos años, para poder atender la creciente matrícula. La escuela de música popular está siendo también una realidad creciente y el otro reto es atender a la población con discapacidad". Esa es una mirada ­sin mayor lupa­ de los días por venir.

"Mientras el maestro esté en el ensayo, silencio absoluto", advierte un miembro de la seguridad de la sala.

Ahora estamos en presencia del mismo hombre, pero ha ganado una agilidad y una rapidez en sus movimientos, contrastante con el Abreu que nos atendió minutos atrás. "Es como si reservara energías", comenta una de sus colaboradoras. Y es así, el tono de la voz se alza, los brazos corrigen tanto al director como al resto de la agrupación orquestal, que en este caso es la Orquesta Sinfónica Nacional Infantil Simón Bolívar, que debutó el 4 de julio de este año, dirigida por el maestro Simon Rattle.

"Mis queridos, mis queridos, así no..." Los niños apuntan en sus partituras y regresan a la sinfonía. "Ahora está bien, pero vamos a cuidarnos las espaldas. Un aplauso para los vientos y atención, no hablar en las maderas". Los chicos vuelven a interpretar, él se mantiene de pie cuando es evidente que las correcciones han de ser subrayadas, y vuelve a tomar asiento al ser atendido. El primer violonchelo no puede evitar comportarse correctamente: le toca tener a Abreu justo al lado, lo mismo que el primer violín y el resto de la primera media luna de la orquesta. El mismísimo maestro de maestros les está enseñando. "Excelente corno inglés y fagot, vamos a cuidar los pianos".

Todos asienten.


Gira por Europa. Todavía se realizan los trabajos necesarios para reparar los ligeros daños que dejó en 2008 el incendio en la sede de la Filarmónica de Berlín, la aspiración de cualquier músico académico. En el backstage del legendario teatro alemán, reconstruido en los años 60 luego de la Segunda Guerra Mundial, recibe de nuevo el maestro Abreu entre atriles de la Orquesta Sinfónica Juvenil Teresa Carreño de Venezuela (OSJTCV), que está de gira por Europa. "El debut en Bonn fue extraordinario. Antes del ensayo voy a leerles a los muchachos las críticas, todas muy buenas...", cuenta en Berlín. El maestro viene de inscribir su nombre en una larga y distinguida fila de músicos de calibre mundial como padrino del Festival Beethoven en Alemania. En la prensa del día, destaca la entrevista que publica The Observer y que The Guardian reproduce en su portal web. Allí, Simon Rattle titula: "No he conocido a Nelson Mandela, pero sí a José Antonio Abreu. Él merece el Nobel de la Paz". Ante esa aseveración, él contesta: "Nooooo. Muy generoso de Rattle. Yo soy un activista de la educación musical al servicio de la sociedad y los niños, de los jóvenes, y, por supuesto, de la paz, pero no aspiro a ese reconocimiento.

Antes de mí, muchas personalidades más se lo merecen". En seguida se quita el tema de encima y prefiere contar noticias: "El maestro Baremoboim tiene muchísimo interés en volver a Venezuela, y como ha sido un pionero dentro del mundo de la música, ve a El Sistema como un nuevo sendero que va a recorrer con entusiasmo".

Se suma entonces el famoso fundador de las orquestas palestinas e israelíes, a la lista de directores de nomenclatura mundial como Claudio Abbado y el mismo Rattle.


El maestro va al ensayo. Ese día es el debut de la OSJTCV en Berlín. La dirige Christian Vásquez. La sala está aún vacía, apenas unas butacas ocupadas. En la primera fila, Abreu se retira los lentes, cierra los ojos y apoya la frente contra sus puños. Siempre se ha dicho que la ausencia de un sentido potencia a los otros.

Mueve la cabeza al ritmo de la música. Acaba el primer movimiento de la 5ta de Beethoven. "¿Maestro, usted escucha el clarinete?", le pregunta Christian Vásquez.

Abreu sólo asiente y le hace un gesto para que siga el ensayo.


La ciudad con príncipe heredero.
Desiderius Erasmus fue un conocido humanista, filósofo y teólogo, nacido al sur de Holanda del siglo XV.

Desde 1959, la corona holandesa entrega un reconocimiento cultural a personalidades que han tenido una labor importante para el arte europeo bajo el nombre de Premio Erasmus. Abreu viene con los muchachos desde Berlín a recibir el premio.

"Hoy estamos celebrando el éxito de un proyecto en Venezuela que proporciona un propósito de vida a jóvenes, muchos de zonas desfavorecidas. Es un proyecto de relevancia mundial, cuyo principio fundamental es dar a los niños instrumentos musicales y enseñarles a tocar juntos. El Sistema también ha demostrado que puede producir músicos de clase mundial. Gustavo Dudamel se unió a El Sistema como un niño de ocho años de edad. 20 años más tarde, fue nombrado director titular de la Filarmónica de Los Ángeles", dice parte del discurso del Príncipe Orange de Holanda.

Al término del concierto en el imponente Concert Gebouw de Amsterdam, el maestro permite un nuevo encuentro. Una vez más viene paso a paso, poco a poco. Camina sobre la alfombra centenaria del teatro. Tras él, sus colaboradores y parte de los anfitriones holandeses. "Se acaban de dar las primeras conversaciones en las que su alteza real, el príncipe heredero, mostró su interés en implementar El Sistema dentro de las comunidades de escasos recursos de Aruba, Curaçao y Bonaire", dice, brevemente, porque sigue afanoso con la agenda.

Actualmente, El Sistema venezolano se está implementado en algunas ciudades de Estados Unidos ­puntualmente en Los Ángeles­, Inglaterra, Escocia, Brasil y, más recientemente, Sudáfrica.

Suena a Venezuela. "¿Charles, qué venimos a ver?", pregunta un amigo inglés al otro. "Es un señor que hizo un proyecto en Latinoamérica para que los niños aprendan música", contesta Charles. Los dos están sentados en el Royal Festival Hall de Londres, y en minutos, el director musical del Southbank Centre, Mashall Marcus, iniciará una conferencia en el marco de la residencia artística Sounds Venezuela, que se expone hasta el año que viene en el complejo cultural londinense. "Mucha gente me pregunta: ¿después de El Sistema, qué viene, qué pasará con esos jóvenes? Yo siempre digo que este proyecto no se va de sus vidas, y de sus familias. Lo aprendido dentro de la orquesta lo aplicas en la familia y en la sociedad. Una vez que entras dentro de El Sistema, nunca dejas de pertenecerle", aclara Marcus.

Abreu escucha la conferencia. Su asistente traduce algunas frases del inglés británico. Cuando lo nombran en la sala atiende el aplauso, levanta los brazos y agradece el cariño de los ingleses. A pocos minutos del Támesis, un último encuentro, una pregunta y una contundente respuesta.

"Nadie puede dudar del futuro de Venezuela. El futuro está garantizado por la excelente ciudadanía del país, y por la inmensa voluntad de trabajo. El venezolano es diligente, inteligente, visionario, el venezolano sueña.

Mi mejor consejo es amar, servir y soñar".