EL NACIONAL - Sábado 25 de Enero de 2014 Escenas/2
Bernstein y la televisión
PRESTISSIMO
MÚSICA
PAUL DESENNE
La reciente publicación por la Yale University Press de una correspondencia selecta de Leonard Bernstein nos muestra a un artista mimado por el destino con un don de comunicador que se apoderó de su vida, quitándole quizás el tiempo de producir obras maestras que sin duda hubieran marcado el siglo XX, pero dándole como revancha el talento de difundir el amor por la gran música. Por casualidad se mezclaron en mi mesa la biografía oral de Shostakovich de Elizabeth Wilson (Princeton & Oxford), extraordinaria colección de testimonios de la era soviética y el deslumbrante ping-pong epistolario que mantuvo el gran Bernstein con la vistosa sociedad de artistas y celebridades norteamericanas de las décadas de oro ¡Qué contraste! El genial Dmitri escondiendo su torturada naturaleza interior, bajando la cabeza y pretendiendo ser una suerte de comisario de la música; el leonino Lenny de pasiones desbordantes, transformando el universo de la música clásica con su mero magnetismo personal. La lectura en paralelo de estas dos vidas tan diferentes, ambas quizás igual de prisioneras de su respectivo lado de la Cortina de Hierro, atrapadas en la lógica cultural de sus naciones, nos muestra la importancia del gran medio sinfónico para las audiencias masivas en todo el globo. En 1957 Bernstein seduce a la CBS, la televisora Nº 1 de los años cincuenta, y comienza a producir programas didácticos en horario estelar con la Filarmónica de Nueva York. Éxito total. Algo insólito que marcó una era en la cultura musical estadounidense; incluso recuerdo haberlos visto en Caracas en los años sesenta, doblados al castellano, si mi memoria no falla. Los Young People’s Concerts de la Filarmónica databan de 1914, pero en manos de Bernstein y la televisión impulsan exponencialmente la afición por la música clásica en la teleaudiencia masiva. Cada uno de los 53 programas, producidos de 1958 a 1972, representa una clase magistral dictada por el director más elocuente de la historia, frente a su orquesta, desde el podio, mostrando detalles instrumentales, señalando estructuras, ilustrando los conceptos manejados por los compositores. Un magistral tour de force de producción audiovisual sostenido por 14 años. "¿Qué es una melodía?", "¿Qué es un concierto?", "El espíritu latinoamericano", "Jazz en la sala de conciertos", "¿Quién es Gustav Mahler?" y "El humor en la música" son apenas algunos de los títulos de las emisiones ¡Cuánta falta nos hacen este tipo de espacios didácticos hoy en nuestro país, en nuestro desierto cultural hertziano militarizado! Sentí un sobresalto cuando vi una carta que Lenny envía a su esposa desde el hotel Tamanaco, mayo de 1958: "¡Wow, qué días! Primero estamos todo el tiempo smashed (prendidos), segundo es salvajemente agotador pero tan divertido y estimulante. Venezuela es única".
Tras un comentario sobre desigualdad social, arquitectura pujante y amor por la música, habla de sus 2 conciertos totalmente llenos en el Aula Magna y uno "para 7.000 personas de clase media en una perfecta Concha Acústica" [de Bello Monte]. "Acabo de conocer al presidente de la Junta [Larrazábal], muy encantador, adoró la Sexta de [William] Schuman, `fíjate" (esta última palabra en castellano). "Mañana me voy para Maracaibo a dirigir en mi liki-liki". Les dejo este Bernstein caraqueño tan seductor. Así eran las cosas. Fíjate.
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sábado, 25 de enero de 2014
sábado, 21 de abril de 2012
PAR DE PERSPECTIVAS ÍMPARES

Sorpresa
PRESTÍSSIMO
MÚSICA
PAUL DESENNE
García Márquez pone en boca de su Bolívar imaginario un seco y paradójico reclamo a los europeos. "Déjennos vivir nuestra Edad Media", le grita el caraqueño a un inglés, sugiriendo que las naciones están sentenciadas a transitar estrictamente por las eras históricas del Viejo Mundo y gozan de esa excusa para cometer errores y horrores aprendiendo en el camino. Esta cómoda traslación, que de ser cierta nos eximiría de muchas responsabilidades, se podría aplicar al sinfonismo latinoamericano y sin duda se hace inconscientemente: "Déjennos transitar por nuestro clasicismo (¿danzones, tal vez?), después veremos el romanticismo y por fin, algún día, luego del advenimiento de nuestro Wagner, nos toparemos con la atonalidad"; otros afirmarían: "Ya estoy en vuestro futuro, pues escribo como los parisinos de hoy". En esta idea olfateamos algo similar a la narrativa marxista que condena la humanidad al vía crucis que va del feudalismo al comunismo sin frenos para evitar el choque contra el muro de Berlín y otras cárceles. Encontramos en el fondo de esa frase de Gabo, mas no en sus términos, un justo reclamo pan-americano vociferado desde el siglo XIX. Si heredamos del Viejo Mundo las prácticas de las literaturas textuales y sonoras no tenemos por ello que coincidir con su secuencia histórica, ni con la actualidad estética supuestamente homogénea que las gobierna. Somos dueños de nuestros anacronismos, o mejor, de nuestra "poli-cronía". Toda reducción de la complejidad cultural que la describa en términos de progreso en determinadas direcciones imaginarias es tan falaz como el concepto de "diseño inteligente" en biología.
Dentro del arte latinoamericano la expresión sinfónica es sin duda una de las más tímidas y merece ser mucho más activa; el lento aprendizaje instrumental trae consigo una justificada veneración de los logros geniales de la gran cultura musical europea, de la cual somos parte inseparable; el academicismo tiende siempre a seguir los modelos probados; todo conspira para limitar nuestra soltura en ese medio. Pero ahora tenemos uno de los movimientos orquestales más pujantes del planeta y mucha narrativa sinfónica que tejer. Si la máxima robinsoniana de inventar o errar es difícil de aplicar en un aparato tan sofisticado y pre-cargado de contenidos inagotables y exquisitos, de modelos aparentemente insuperables, la riqueza musical de nuestro continente interviene con fuerza en una redefinición del sinfonismo que no podemos eludir. La gramática es distinta, la geometría no es euclidiana, la temperatura emocional expande los tornillos y las juntas del discurso sinfónico; la irreverencia se manifiesta en la incorporación del humor y del baile; los ingredientes indefinibles que nos hacen un continente pícaro y fantástico se expresan mejor en el escenario musical que en cualquier otro; aquí está el marco sinfónico para darle un espacio abstracto de expresión a tantos elementos que son vitales para nosotros. Finalizo invitándolos al estreno de la sinfonía que terminé en días recientes para la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar bajo la dirección del maestro César Iván Lara, el próximo viernes, en la nueva sede del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela. Habrá Reguethoven.
CIUDAD CARACAS, 21 de Abril de 2012
Debaten sobre la soberanía musical
Músicos y productores debatieron ayer en torno a la independencia del producto musical, su difusión y el poder que se ejerce y utiliza a través de la música en el medio ambiente.
Fue un interesante encuentro que se produjo en horas de la tarde en el Centro de la Diversidad Cultural, en Los Rosales, entre representantes del medio y público en general, donde temas de interés general como “la payola”, la producción independiente y los distintos conceptos que se tienen sobre “música venezolana”, fueron abordados, algunas veces con vehemencia por los invitados.
El conversatorio, que contó con la participación de personalidades como el maestro Ismael Querales; Pedro Marín, José Alejandro Delgado, Dora Rojas, directora general de Responsabilidad Social y PNI y Pedro Colombet, del Centro Nacional del Disco, culminó con la presentación de Francisco Pacheco y su Pueblo, quien interpretó canciones que se hicieron populares en su voz.
HOMENAJE A RAÚL ABZUETA
Con charlas que se iniciaron en el Centro de la Diversidad Cultural se le rinde homenaje al músico y productor Raúl Abzueta, quien falleció el pasado febrero a causa de un accidente cerebrovascular. Ayer sus amigos le rindieron un sentido homenaje, recordando su vida y sus cantares, que corrieron por cuenta de Marisela y Amanda Querales con El Son del Quilombo, dirigido por Pedro Marín.
INDEPENDENCIA CULTURAL
Suena a Venezuela es un portal que impulsa el cumplimiento del artículo 14 de la llama Ley Resorte, una iniciativa del Minci que motoriza el ciclo de charlas que ayer se inició en la Quinta Micomicona.
Cheo Linares, quien asistió como invitado, aseveró que la Ley Resorte debe ser revisada para que la llamada “payola” sea tipificada como delito, ya que, según él, lesiona los intereses de los artistas. Delgado abogó por la necesidad de la producción independiente y Pedro Colombet ahondó en el capítulo de la producción musical como necesidad de la soberanía cultural.
ÁNGEL MÉNDEZ/CIUDAD CCS
Fotografía: Jesús Camposano Pérez, Sambil de La Candelaria, Caracas, centro de refugiados (Facebook/2012)
sábado, 10 de julio de 2010
Más allá del fútbol

EL NACIONAL - Sábado 10 de Julio de 2010 Escenas/2
África musical
PRESTÍSSIMO
MÚSICA
PAUL DESENNE
África, cuyas artes transformaron la plástica, la música y la danza de la humanidad en el siglo XX, es un continente musicalmente ignoto. Como los mapas de negreros que sólo nombraban puntos de costas africanas, el conocimiento que el resto del mundo tiene de su inmenso legado es vergonzosamente superficial. El pop, incapaz de transmitir sutilezas pero voraz aprovechador de ritmos, ha efectuado reducciones de la fabulosa materia conceptual y organológica de un continente cuya pobreza material esconde tesoros culturales. Recuerdo el surco más famoso de un disco de la colección Ocora de Radio France con música de los Pigmeos Ba Ben Zelé: el simple canto de una niña alternando en síncopas con los silbidos de un pito de hoja que ella misma sopla con regularidad metronómica.
Sorprendente momento de génesis, alborada musical: unión de ritmo y respiración que ya es danza; diálogo entre las síncopas de la voz humana y el pulso constante de la naturaleza convertida en instrumento. De allí saltamos a los maestros tamboreros de Burundi, donde un ejército homogéneo de tumbadoras gigantes ejecuta al unísono las órdenes de un director que con sus improvisadas secuencias mímicas instruye al conjunto, como un gran número de tap-dance ejecutado por elefantes. De Nigeria nos llega la danza más electrizante del mundo, acompañada por la sublime orquesta polirrítmica del Batá, cuyos súbitos cambios de métrica revelan pliegues ocultos de la materia temporal; ecuaciones rítmicas inteligibles para nuestra onomatopeya caribeña. Al escuchar el arpa tubular de Madagascar, la Valiha, con maracas y canto, también sentimos una familiaridad inexplicable; son casi los mismos giros de nuestra arpa tuyera, pero la isla presenta una diversidad étnica impresionante, cuya máxima intensidad está en la música de los Bara, maestros de la hipervelocidad.
No olvidemos la kora, arpacalabaza de Senegal; el ud, bandola sin trastes que cubre el arco que va de Sudán a Marruecos; la kalimba surafricana o el talking drum de los Griots, trovadores fantásticos y mensajeros culturales; los xilófonos de Guinea Ecuatorial que hablan los idiomas tónicos; las polifonías vocales Mongo, de las profundas selvas del Congo, más complejas que la polifonía del Renacimiento.
Paradójicamente, esta imagen del África musical se cristalizó en Europa (decía Borges: la idea de Europa se fabricó en América) con la publicación de grabaciones etnomusicológicas en la década de los años sesenta (vinilos y CD de Ocora, Folkways, etcétera) que dejaron muestras de las culturas fabulosas que los propios países del mundo industrializado estaban destruyendo; situación que podríamos comparar con la escena en la Roma de Fellini en la que los excavadores del Metro descubren frescos romanos, invitan a la televisión a filmar y, ante las cámaras, el aire contaminado evapora los pigmentos, borrando para siempre los murales en una brisa macabra. Los micrófonos de los investigadores capturaron rituales que nunca más serían vistos, instrumentos ya olvidados; grabaron cantos y exclamaciones de trovadores desaparecidos, de etnias exterminadas o allanadas por la pobreza en la dramática aculturación africana. La cultura perdida valía más que la suma de todos los diamantes, el uranio, el petróleo, la madera y la sangre. La conciencia siempre llega tarde.
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