Mostrando entradas con la etiqueta Africa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Africa. Mostrar todas las entradas

sábado, 4 de mayo de 2013

ACTIVA, PERO ... PROFESIONAL

EL IMPULSO, Barquisimeto, 3 de mayo de 2013
Venezuela: Una diplomacia para África
Julio Cesar Pineda

Esta semana asistimos en Caracas a la Embajada de Suráfrica para celebrar un aniversario más de su independencia, tuvimos la oportunidad de conversar con los diferentes embajadores africanos y cónsules acreditados en Venezuela y escuchar de ellos la solicitud de ese necesario y conveniente mayor intercambio comercial, político, cultural y diplomático de Venezuela con África.
La política exterior de Venezuela, debe orientarse hacia las mejores relaciones con los Estados en los diferentes continentes, más allá de los tradicionales vínculos con Estados Unidos y Europa. Debemos estudiar y conocer el potencial que representa el continente africano con su diversidad cultural, su historia, y el inmenso potencial de sus materias primas. El desierto del Sahara, separa el África blanca reunida en el norte en la frontera del mediterráneo, del África negra. El Magreb, bordeando el mediterráneo, habitado por poblaciones bereberes arabizadas tardíamente, desde mediados del siglo VII, al mismo tiempo que eran convertidas al islam.Venezuela tiene embajadas en esa región, sólo en Argelia, Egipto y con Marruecos, y por ahora suspendidas con Libia y Túnez.
El África Negra está separada del Magreb por el desierto del Sahara, y por esta razón se denomina también “África Subsahariana”. Se pueden distinguir los Estados del Sahel, que forman un cinturón al sur del desierto: Mali, Níger, Burkina Faso y Chad. Más al sur se encuentran los Estados del África Tropical, y en el extremo meridional el África Austral comprende fundamentalmente Sudáfrica y Namibia. Finalmente, en el nordeste, los países del Cuerno de África, (Etiopia, Eritrea, Somalia y Yibuti) forman, junto con Sudan, una transición con los países árabes de Oriente próximo. Eritrea fue el último Estado que se convirtió en independiente, en 1993.
En la época de la colonización África fue dividida entre las potencias europeas, fundamentalmente Francia e Inglaterra, pero también Bélgica, Portugal y España. Únicamente Etiopia nunca fue colonizada, si bien fue ocupada por la Italia de Mussolini. Hacia 1960 un gran número de Estados accedieron a la independencia,
Las embajadas de Venezuela más importantes en el África Negra están acreditadas en Nigeria, Kenia y Sur África.
Con frecuencia se dice que África es una víctima de los acontecimientos, y es cierto que numerosas razones justifican este diagnóstico. Para empezar, el continente negro todavía sufre múltiples guerras y el Magreb se enfrenta a la nueva amenaza del terrorismo islamista, que reclama Al-Qaeda. Por otro lado, la gravedad de las dificultades económicas y sociales es muy seria en numerosos países, siendo el continente negro el más gravemente afectado por el sida. Finalmente, en el plano político, si bien numerosos regímenes autoritarios han sido cuestionados desde 1989, la democratización sigue siendo limitada. No obstante, no hay que subestimar las transformaciones iniciadas.
Fue en el Magreb, donde la religión, la cultura y el idioma es el árabe, donde se inició la llamada Primavera Árabe con las revoluciones exitosas en Egipto, Libia y Túnez que ha contagiado a todo el continente africano y al mundo musulmán. La diferencia de otros continentes, África llego tarde a su independencia frente a las colonias europeas y a su desarrollo económico y social. De la influencia marxista y de los partidos únicos con líderes mesiánicos, los estados africanos han pasado a buscar su democracia y el respeto a los derechos humanos, el continente africano también sufrió las consecuencias de la bipolaridad con la política de la UniónSoviética y de los Estados Unidos que buscaron extender su influencia en las nuevas republicas surgidas de la descolonización. Esto genero guerras y conflictos que aún subsisten.
En 1961 todas las posesiones británicas y francesas se habían convertido en Estados soberanos incluyendo algunas antiguas colonias de Portugal y España. Con el fin del Comunismo y del enfrentamiento este oeste, nuevos problemashan emergido en la región especialmente por tensiones étnicas y por las fronteras artificialestrazadas por las potencias coloniales.
En 1963 siguiendo el modelo de las Naciones Unidas, de la Organización de Estados Américas y de la Unión Europea, se creó un sistema de integración de la Unidad Africana (OUA), movimiento panafricano que posteriormente se transformó en la Unión Africana (UA). Esto en la misma dirección de lo que en América latina hemos conocido como Unión Surafricana y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
Los Estados latinoamericanos han olvidado el Continente africano, debemos desarrollar una diplomacia más activa pero también profesional con todas las naciones africanas.
Ilustración: Fernando Vicente.

viernes, 16 de marzo de 2012

REIVINDICACIÓN


EL NACIONAL - Jueves 15 de Marzo de 2012 Opinión/7
ATresManos
Miradas múltiples para el diálogo
Nuestra herencia africana
ESTEBAN E. MOSONYI

Recuerdo que durante mis años de estudiante de Antropología, cuando algunos cursantes hicimos una visita a Curiepe, contemplamos una serie de manifestaciones musicales locales, ejecutadas con maestría y dignidad por tres expertos músicos de la comunidad.

Al final hicimos unas preguntas, en parte alusivas al origen de su repertorio. Uno de ellos nos interrumpió, cortésmente pero de manera terminante: "Muchachos, recuerden que aquí no estamos en África". La respuesta estampó en mi memoria una huella duradera. Lo que vimos era muy barloventeño, venezolano, nadie podía discutir su originalidad. Pero su continuidad con lo ancestral africano tampoco se prestaba a dudas: las melodías y ritmos, los instrumentos, los gestos, la interpretación en su conjunto.

Esto no implicaba nada peyorativo. Toda expresión cultural tiene raíces, a partir de las cuales surgen modificaciones ineludibles, sin desmentir su procedencia. Es muy raro que en materia de cultura algo se dé por generación espontánea, sin antecedentes.

África es el continente madre de la humanidad. En tal sentido todos somos afrodescendientes. En la cultura occidental inciden pueblos de habla afro-semítica: egipcios, mesopotamios, hebreos, árabes, bereberes. Las tres religiones hermanas de mayor extensión mundial son también de la misma procedencia: el judaísmo, el cristianismo y el islam.

Más al sur, el África subsahariana posee una riqueza cultural de magnitud superlativa.

Ello se revela en la belleza y complejidad del acervo arquitectónico, un equipamiento material variadísimo, sistemas económico-políticos constitutivos de comunidades, regiones, reinos e imperios; profusamente dotados de idiomas y oralidades, cosmovisiones, manifestaciones musicales y coreográficas.

Por otro lado, África sufrió el holocausto de la esclavización etno-genocida que desembocó, a su vez, en una diáspora cada día más importante y visibilizada. Pero, paradójicamente, en este su año internacional muchos afrodescendientes no se autorreconocen.

Hay distintas explicaciones y nosotros vamos a lanzar una más, no excluyente de otras complementarias. El decadente capitalismo eurocéntrico y racista ha cometido con África otro crimen de lesa humanidad, como si no bastara con la esclavitud como tal. La ideología dominante ha venido satanizando el continente africano como ámbito por excelencia del grado más absoluto de primitivismo, salvajismo, ignorancia y degradación del que es capaz la especie humana. Para el hombre o mujer occidental promedio África es lo más ignominioso.

Infortunadamente, el África poscolonial hereda gran parte de esos prejuicios. Los límites de sus países son los impuestos por los colonizadores. Los Estados actuales constituyen la prolongación de territorios colonizados; no han reivindicado plenamente sus hermosísimas culturas, y aún permanecen anclados a los idiomas occidentales de los antiguos amos europeos.

Ni siquiera la lengua swahili, de extensión casi panafricana, está entre los idiomas oficiales de las Naciones Unidas. Aún en lo económico, África sigue sometida a una dominación humillante.

Al otro lado del Atlántico, muchos descendientes de los esclavizados se resisten a asumir su origen africano. "No queremos nada con África", es una frase que resuena en todo el continente americano. En Venezuela hay afrodescendientes conscientes de su progenie.

Pero se da igualmente un movimiento que reivindica una "cultura negra" antiafricana, so pretexto de que sus ancestros fueron cazados, vendidos y esclavizados por sus propios coterráneos africanos. Complicidad con los colonizadores la hubo como en cualquier parte del mundo bajo condiciones parecidas. Si un pequeño sector de la población latinoamericana no se beneficiara de nuestra dependencia, ésta jamás habría existido. Lo cierto es que tanto los pueblos africanos como los americanos descendientes de la trata esperan todavía su plena liberación, la cual sólo será posible si se solidarizan entre ellos mismos y con los demás irredentos que constituyen la humanidad actual en su casi totalidad.

*Universidad Central de Venezuela

Ilustración: tomada de la red, S7a.

jueves, 1 de septiembre de 2011

AFRICARTE


EL NACIONAL - MIÉRCOLES 31 DE AGOSTO DE 2011 ESCENAS/1
África cabe en un museo
En San Bernardino se exhibe una de las colecciones más completas de arte afroamericano que existen en Latinoamérica
CARMEN VICTORIA MÉNDEZ

Una figura humana atravesada por clavos es asociada casi automáticamente con la magia negra y no con la escultura, pero para Nelson Sánchez-Chapellín, presidente del Museo de Arte Afroamericano, esa idea no es más que un cliché, una de las tantas medias verdades que giran en torno a la cultura de un continente del que poco se sabe, pero es omnipresente.

Esa es la razón por la que decidió convertir una vieja casona de San Bernardino en una sala autogestionada en la que exhibe permanentemente 500 de las más de 3.000 obras que integran su colección de arte, artesanía y piezas utilitarias procedentes de África y de los países afrocaribeños.

La historia de la institución comenzó a escribirse hace 30 años. Sánchez-Chapellín estudiaba en la Universidad de Nueva York y, en una de sus incursiones por el West Village, descubrió una máscara yoruba, hecha en madera. "Desde entonces, descubrir y comprar piezas africanas en los mercados libres se me convirtió en un vicio", relata, mientras muestra con orgullo un nkisi. Según el experto, la pieza es a las tribus del Congo lo que el Nazareno es para los católicos: una imagen a la que se le pide un milagro. En este caso, sin embargo, cuando el favor es concedido, el devoto le coloca un clavo a la figura.

El sincretismo religioso que caracteriza al país ha atraído a buena parte de las 1.200 personas que han visitado el museo, inaugurado hace 2 meses. Pero la colección que allí se exhibe permite una aproximación más amplia a la cultura africana pues, según el presidente de la institución, en ella están representadas casi todas las culturas africanas. "Tratamos de tener por lo menos una pieza por etnia. A África le debemos el jazz, la música caribeña y hasta una etapa de la obra de Picasso, pero la cultura del continente ha sido abordada desde la ignorancia, la moda o el exotismo. Ha habido errores de aproximación incluso de quienes defienden los derechos de las minorías afrodescendientes y creen que porque alguien te llame negrito te está ofendiendo. Nuestra idea es que hay que tender puentes entre las culturas", dice Sánchez- Chapellín.

La colección la integran obras provenientes de Congo, Nigeria, Burkina Faso, Camerún, Malí, Guinea, Etiopía y Haití. La primera sala reúne las máscaras empleadas en los rituales vinculados con el nacimiento, el matrimonio y la muerte. También hay una selección de cabezas de bronce que representan a reyes y reinas; más adelante se exhiben instrumentos musicales y textiles.

Las piezas más valiosas se exponen en vitrinas. Es el caso de las cuatro esculturas y de un alto relieve en terracota de los nok, una civilización comparable a la egipcia que fue descubierta en la década de los años ochenta. Las figuras datan del año 3.000 a.C. Junto a ellas hay varias esculturas de marfil.

Los aspectos comerciales están presentes en objetos como las paleomonedas, que se daban como dote al contraer matrimonio, así como en los pasaportes que los africanos usaban para pasar de una tribu a otra. También hay vasijas y recipientes, pero unos de los objetos más llamativos son las almohadas en madera. Se trata de apoyadores de cabeza sin cojines que permitían conservar la forma del peinado durante el sueño. "El arreglo del cabello tenía mucho peso para algunas etnias", señala el anfitrión.

sábado, 10 de julio de 2010

Más allá del fútbol


EL NACIONAL - Sábado 10 de Julio de 2010 Escenas/2
África musical
PRESTÍSSIMO
MÚSICA
PAUL DESENNE

África, cuyas artes transformaron la plástica, la música y la danza de la humanidad en el siglo XX, es un continente musicalmente ignoto. Como los mapas de negreros que sólo nombraban puntos de costas africanas, el conocimiento que el resto del mundo tiene de su inmenso legado es vergonzosamente superficial. El pop, incapaz de transmitir sutilezas pero voraz aprovechador de ritmos, ha efectuado reducciones de la fabulosa materia conceptual y organológica de un continente cuya pobreza material esconde tesoros culturales. Recuerdo el surco más famoso de un disco de la colección Ocora de Radio France con música de los Pigmeos Ba Ben Zelé: el simple canto de una niña alternando en síncopas con los silbidos de un pito de hoja que ella misma sopla con regularidad metronómica.

Sorprendente momento de génesis, alborada musical: unión de ritmo y respiración que ya es danza; diálogo entre las síncopas de la voz humana y el pulso constante de la naturaleza convertida en instrumento. De allí saltamos a los maestros tamboreros de Burundi, donde un ejército homogéneo de tumbadoras gigantes ejecuta al unísono las órdenes de un director que con sus improvisadas secuencias mímicas instruye al conjunto, como un gran número de tap-dance ejecutado por elefantes. De Nigeria nos llega la danza más electrizante del mundo, acompañada por la sublime orquesta polirrítmica del Batá, cuyos súbitos cambios de métrica revelan pliegues ocultos de la materia temporal; ecuaciones rítmicas inteligibles para nuestra onomatopeya caribeña. Al escuchar el arpa tubular de Madagascar, la Valiha, con maracas y canto, también sentimos una familiaridad inexplicable; son casi los mismos giros de nuestra arpa tuyera, pero la isla presenta una diversidad étnica impresionante, cuya máxima intensidad está en la música de los Bara, maestros de la hipervelocidad.

No olvidemos la kora, arpacalabaza de Senegal; el ud, bandola sin trastes que cubre el arco que va de Sudán a Marruecos; la kalimba surafricana o el talking drum de los Griots, trovadores fantásticos y mensajeros culturales; los xilófonos de Guinea Ecuatorial que hablan los idiomas tónicos; las polifonías vocales Mongo, de las profundas selvas del Congo, más complejas que la polifonía del Renacimiento.

Paradójicamente, esta imagen del África musical se cristalizó en Europa (decía Borges: la idea de Europa se fabricó en América) con la publicación de grabaciones etnomusicológicas en la década de los años sesenta (vinilos y CD de Ocora, Folkways, etcétera) que dejaron muestras de las culturas fabulosas que los propios países del mundo industrializado estaban destruyendo; situación que podríamos comparar con la escena en la Roma de Fellini en la que los excavadores del Metro descubren frescos romanos, invitan a la televisión a filmar y, ante las cámaras, el aire contaminado evapora los pigmentos, borrando para siempre los murales en una brisa macabra. Los micrófonos de los investigadores capturaron rituales que nunca más serían vistos, instrumentos ya olvidados; grabaron cantos y exclamaciones de trovadores desaparecidos, de etnias exterminadas o allanadas por la pobreza en la dramática aculturación africana. La cultura perdida valía más que la suma de todos los diamantes, el uranio, el petróleo, la madera y la sangre. La conciencia siempre llega tarde.