EL NACIONAL - VIERNES 03 DE AGOSTO DE 2007 NACION/15
Socialismo petrolero
Luis Pedro España
Hasta que por fin le cayó la locha al señor Presidente. Por fin descubrió de qué se trataba el asuntito del socialismo del siglo XXI. Luego de haberse traído a los intelectuales más desocupados de la peregrina izquierda internacional, un chispazo de lucidez, me temo que Fidel Castro de por medio, le permitió a nuestro Presidente encontrar el atributo específico del socialismo que pretende para Venezuela.
Nada de socialismo bolivariano, tercera vía, popular o de base. Mucho menos socialismo zamorano o robinsoniano. Lo nuestro es el socialismo petrolero. Obvio señor Presidente, ese sí que es nuestro. El único problema es que no es tan inédito. Los adecos, Betancourt y Pérez Alfonso, por citar a dos de ellos, ya lo inventaron durante la segunda mitad del siglo XX y hasta lo pusieron en práctica.
Por lo visto de nada sirvieron las lecturas de los clásicos del marxismo, poca fue la contribución de las lecturas de adolescentes como Para leer al Pato Donald de Dorfman y Mattelart, ni qué decir del desfile de proyectos e ideas sobre el nuevo orden económico mundial que de seguras se pasean semana tras semana por el despacho presidencial. Si nuestro Presidente se hubiera leído primero Venezuela, po lítica y petróleo antes que los ensayos de Norberto Ceresole o el Oráculo del guerrero, nos hubiésemos ahorrado varios cientos de divagaciones y no menos errores de políticas.
El asunto estaba allí, en la punta de su soberana nariz, es nuestra condición de país petrolero la que nos permite ser socialistas. Un socialismo lig ht, como en su momento fuimos un capitalismo light (o rentístico, según conceptos de Mommer y Baptista). Es decir, un capitalismo que por medio de la distribución de la renta petrolera podía sobre-remunerar a los factores productivos, reduciendo con ello la carga conflictiva o, por su parte, un socialismo que accede a formas colectivas de producción sin detenerse en asuntos tan banales como la eficiencia y la productividad. A fin de cuentas, el colchón de la renta permite obviar esa preocupación que tienen las sociedades que sí dependen de su trabajo para vivir.
Resuelto el tema del apellido de nuestro socialismo, ahora quedan pendientes dos problemitas. Uno que no pudo ser resuelto en el pasado y otro que se está fraguando para el futuro. El primero tiene que ver con la posibilidad de que nuestra economía petrolera pueda ser estable y sostenible en el largo plazo; el segundo, si podremos seguir siendo una democracia a pesar de la disparidad de poder que existe entre el Estado y la sociedad.
Como está a la luz, no nos ha sido posible salir de la dependencia petrolera. Nuestra crisis económica de más de 25 años fue producto de la quiebra de la economía no petrolera y, trágicamente, este socialismo petrolero nos clava más en su dependencia.
Por su parte, y en relación con el segundo problema, los padres de la democracia tomaron del modelo liberal las instituciones y los acuerdos necesarios para inhibir al Estado de la base material autoritaria que le confiere el petróleo, permitiendo así que nuestro sistema político fuera democrático.
Elecciones y alternancia en el poder fue la fórmula para que ningún Pérez, Caldera, Herrera o Lusinchi pretendiera eternizarse en el poder. Hoy, la reforma constitucional en ciernes pretende acabar con esta fórmula.
En fin, que el socialismo puede que sólo sea mantener la dependencia petrolera y su inviabilidad de largo plazo, y que lo nuevo únicamente sea la sustitución del socialismo petrolero por la dictadura del petróleo.
Mostrando entradas con la etiqueta Socialismo petrolero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Socialismo petrolero. Mostrar todas las entradas
jueves, 12 de noviembre de 2015
lunes, 16 de diciembre de 2013
REPÚBLICA DE PDVSA
Bolívar, socialismo (y una coletilla)
Luis Barragán
Excedido Bolívar, tiene hoy infinito usos discursivos, añadida la dimensión mágico-religiosa. Sirve para las consignas y los menesteres políticamente más onerosos, convertido – por si faltara poco – en un precursor del mero artefacto verbal construido alrededor del llamado socialismo del siglo XXI.
La lógica ha sido heroica y deificante, asumiendo que fue “todo cuanto se propuso ser, e incluso también aquello que ni siquiera sospechó ser”, como lo ha sentenciado Germán Carrera Damas para introducirnos al sentido realista de quien – además, para despecho de los cultivadoras de la antipolítica – fue, sencillamente, un político (“El culto a Bolívar”, Grijalbo, Caracas, 1989: 73 ss.).
Por lo menos, Chávez Frías pasó por la Escuela Militar y supo del gran caraqueño según la versión que muy bien sintetiza Jacinto Pérez Arcay. Sin embargo, el sucesor, por más que el ahora anciano general lo asesore, nunca leería “Venezuela heroica” de Eduardo Blanco del bachillerato, contentándose con los estribillos populistas que convierten al héroe en otro prisionero, tal como José Martí lo ha sido de los Castro.
SOCIALISMO (CON) REAL
Distintas circunstancias que no viene al caso citar, impidieron nuestra intervención al considerarse el denominado Plan de la Patria en la Asamblea Nacional. Nos sentimos identificados con lo dicho por Omar González y Vestalia Sampedro, pero quedó el cuestionamiento fundamental que quisimos hacer desde la propia perspectiva que el régimen nominalmente reclama.
Por mucha tinta que invierta el ministro Giordani en los talleres de Vadell Hermanos, antes que en los informes oficiales, memorias y otras cuentas pendientes, el modelo cada vez más se asemeja al cubano que, por cierto, muy poco o nada ha aportado al marxismo. Excepto, la retórica guevarista como saldo de un imaginario social insularmente ya insostenible.
Por lo pronto, reparemos en un circunstancia decisiva, pues, quien dice socialismo, dice lucha de clases. Y al respecto, pudiéramos constatar cuán infieles son a las enseñanzas de la dupla Marx-Engels, añadidas todas las contribuciones de Lenin en adelante, las cuales – por lo demás - pasaron por el examen casi irrefutable de François Furet. Éste – glosando la compilación hecha por Lucien Calvié - parte de la dialéctica de lo real y lo imaginario, la contradicción entre el hecho y su representación (“Marx y la revolución francesa”, 1986), ejemplificando concretamente los aportes realizados en “Pensar la revolución francesa” (1978).
En el terreno de las presunciones, respondiendo directa e inexorablemente a la realidad rentista venezolana, olvidada la convencional alianza obrero-campesina, la yunta cívico-militar constituye la mejor expresión de una lucha de los sectores burocráticos y clientelares por confiscar y administrar los ingresos petroleros. La República de PDVSA, la que realmente somos,, experimenta un conflicto que es propio del reparto, donde el visado obviamente lo concede la subordinación político-partidista de la que se haga gala.
Puede aseverarse, acudiendo a otras escuelas sociológicas, distintas – pero complementarias – a Marx, que, por una parte, la lucha de clases no se verifica, como le escuchamos a un parlamentario guayanés en la cámara, por el burdo asesinato de un dirigente sindical al sur del país, sino por las recurrentes y silenciosas rebatiñas que los privilegios, recursos y servicios del Estado, suscita. Bastará con punzar el bisturí en las devaluaciones recientes, adentrándolo en CADIVI, para identificar a los actores – nombres y procedencias – de un conflicto cuidadosamente enmascarado, acaso por la crudeza de los delitos ordinarios que acarreó; o en los registros y notarías que muy difícilmente abrirían sus archivos para actualizar un clásico como “La oligarquía del dinero” de Domingo Alberto Rangel (1972), dándonos otra pista: el oficialismo está anclado en los viejos estudios de las clases sociales en Venezuela, reacio a dar una versión renovada del fenómeno que explicar su proyecto histórico: diferente al programa electoral de Chávez Frías que acentúa una perspectiva de la doctrina de seguridad y defensa, más que el desarrollo de otro modo, fuerzas y relaciones de producción.
Nada fortuita es la coincidencia entre el liderazgo político y el militar, sustentados por los ejecutivos de la determinante empresa petrolera que ha pagado el altísimo costo de su endeudamiento y desindustrialización, como tampoco es fruto del azar la importancia protagónica que prácticamente convierten en un triunvirato a quienes encabezan los tres sectores. Y, completando nuestra hipótesis, establecen diversos vínculos con una (boli) burguesía emergente que, superados los antiguos capitanes invocados por Rangel, lo autoriza; y reduce lentamente las 18 clases sociales, propias de las remotas bonanzas petroleras, que Roberto Briceño-León identificó (“Venezuela: clases sociales e individuos, 1992), expuestas – en distintos grados y matices – a la pérdida de calidad de vida, la inseguridad personal, el desempleo o el desabastecimiento, entre otros de los problemas capaces de simplificarlas y concederles una identidad todavía pendiente, aunque propensas a convertirse en populacho.
Monopolizador de las divisas, el Estado sufre enormes lesiones que, por obra del hiperestatismo, paradójicamente lo desestatizan. Única y exteriormente es fuerte en el ejercicio de la violencia, resistida su dirección a controles así fuesen de naturaleza parlamentaria, debilitándose interiormente para responder a las expectativas y demandas de la población.
Visto lo anterior, nada casual es la intención de transferir los problemas esenciales a las comunidades, mediante la creación, delegación y sostenimiento de las junta comunales afectas que librarán sus propios conflictos para solventar asuntos de una envergadura y gravedad que los supera, sin que resuenen directamente en las altas camarillas del poder. Y, privatizándolo, la creciente multiplicación de las fundaciones que ejecutan las inevitables políticas públicas que, por un lado, disponen de importantes recursos del Estado; y, por otro, las dispensan cada vez más del control fiscal y de las relaciones jurídico-administrativas que otras identidades de pleno derecho público comportan, generando así otros sectores sociales medios, junto a los más modestos y afortunados contratistas y proveedores del Estado literalmente hecho divisa.
En esta otra etapa de la Venezuela Saudita, el billón y tanto de dólares acumulados por más de catorce años, ha logrado una confidencial transformación de la sociedad, clases, sectores y relaciones, que el liderazgo estatal está muy lejos de reconocer, siendo su principal beneficiario. Así, entendemos que imagine y represente la oferta socialista lo más amable y abstractamente posible, reducida a un combate entre los revolucionarios y la extrema derecha, entre los soberanistas y los apátridas, entre los sensibles benefactores y los vulgares especuladores, y – en definitiva - entre el chavismo y la burguesía amarilla, evadiendo las realidades de una clase obrera que no representan, porque la liquidaron, y de un socialismo rentista agobiado por la lucha de sus camarillas.
Por si fuese poco, presumiéndolo casi de cuño manchesteriano, todos los fracasos, yerros y equívocos, lo imputan al capitalismo y, en la Asamblea Nacional, a sus portavoces, empleados, becados y – los más – cachifos o sirvientes. Y, siendo el caso, el lenguaje soez escamotea una lucha que no es de clases, sino una constante y degenerada reyerta de quienes temen perder los privilegios, recursos y servicios que facilita la renta internacional.
Puede concluirse, la “clase” más elaborada hasta lo momento, surge de los impensables hornos carcelarios. Nunca antes, ni siquiera en las filas del populacho que amasó el fascismo europeo, había surgido el “pran”, esbozando el soporte de las mafias nacidas en década y media, seguramente parecidas a las rusas de ahora.
La retórica del tal Plan de la Patria, esconde los procesos reales. Precisamente, el de un socialismo que se hace con real petrolero.
COLETILLA
Desde su inauguración, el Metro de Caracas cuidó de una simbología que no se identificase con partido alguno, ni siquiera con aquellos que eran gobierno al inaugurarse e innovarse. Desde el logotipo hasta el uniforme de los trabajadores, procuró darle una identidad propia o característica a la muy profesionalizada actividad comercial.
A finales del presente año, los directivos de la empresa decidieron olvidar el tradicional color del uniforme para el subterráneo y los buses, enrojeciéndolos. Quizá una determinación del más alto nivel que suponemos ocupado en otros menesteres más trascendentes, la mejor apuesta es la de señalar a los ejecutivos del transporte, pues, en esa competencia por ser más papistas que el Papa, apenas es una locura menor frente a otras vistas a lo largo y ancho de la administración pública.
Estribillo: aunque lo comprendemos, luce injustificable que los candidatos ganadores tomen tan inmediata posesión de sus cargos, temerosos de un sabotaje. Parece obvio, algo muy distinto es la campaña a la delicada formación de gobierno.
http://www.analitica.com/va/sociedad/articulos/8212530.asp
Reproducción: Fantonches, Caracas, 18/12/1937.
Brevísima nota LB: Nótese el ciertos sesgo positivista de entonces, por muy progresista que fuesen los que hacían "Fantonches".
Luis Barragán
Excedido Bolívar, tiene hoy infinito usos discursivos, añadida la dimensión mágico-religiosa. Sirve para las consignas y los menesteres políticamente más onerosos, convertido – por si faltara poco – en un precursor del mero artefacto verbal construido alrededor del llamado socialismo del siglo XXI.
La lógica ha sido heroica y deificante, asumiendo que fue “todo cuanto se propuso ser, e incluso también aquello que ni siquiera sospechó ser”, como lo ha sentenciado Germán Carrera Damas para introducirnos al sentido realista de quien – además, para despecho de los cultivadoras de la antipolítica – fue, sencillamente, un político (“El culto a Bolívar”, Grijalbo, Caracas, 1989: 73 ss.).
Por lo menos, Chávez Frías pasó por la Escuela Militar y supo del gran caraqueño según la versión que muy bien sintetiza Jacinto Pérez Arcay. Sin embargo, el sucesor, por más que el ahora anciano general lo asesore, nunca leería “Venezuela heroica” de Eduardo Blanco del bachillerato, contentándose con los estribillos populistas que convierten al héroe en otro prisionero, tal como José Martí lo ha sido de los Castro.
SOCIALISMO (CON) REAL
Distintas circunstancias que no viene al caso citar, impidieron nuestra intervención al considerarse el denominado Plan de la Patria en la Asamblea Nacional. Nos sentimos identificados con lo dicho por Omar González y Vestalia Sampedro, pero quedó el cuestionamiento fundamental que quisimos hacer desde la propia perspectiva que el régimen nominalmente reclama.
Por mucha tinta que invierta el ministro Giordani en los talleres de Vadell Hermanos, antes que en los informes oficiales, memorias y otras cuentas pendientes, el modelo cada vez más se asemeja al cubano que, por cierto, muy poco o nada ha aportado al marxismo. Excepto, la retórica guevarista como saldo de un imaginario social insularmente ya insostenible.
Por lo pronto, reparemos en un circunstancia decisiva, pues, quien dice socialismo, dice lucha de clases. Y al respecto, pudiéramos constatar cuán infieles son a las enseñanzas de la dupla Marx-Engels, añadidas todas las contribuciones de Lenin en adelante, las cuales – por lo demás - pasaron por el examen casi irrefutable de François Furet. Éste – glosando la compilación hecha por Lucien Calvié - parte de la dialéctica de lo real y lo imaginario, la contradicción entre el hecho y su representación (“Marx y la revolución francesa”, 1986), ejemplificando concretamente los aportes realizados en “Pensar la revolución francesa” (1978).
En el terreno de las presunciones, respondiendo directa e inexorablemente a la realidad rentista venezolana, olvidada la convencional alianza obrero-campesina, la yunta cívico-militar constituye la mejor expresión de una lucha de los sectores burocráticos y clientelares por confiscar y administrar los ingresos petroleros. La República de PDVSA, la que realmente somos,, experimenta un conflicto que es propio del reparto, donde el visado obviamente lo concede la subordinación político-partidista de la que se haga gala.
Puede aseverarse, acudiendo a otras escuelas sociológicas, distintas – pero complementarias – a Marx, que, por una parte, la lucha de clases no se verifica, como le escuchamos a un parlamentario guayanés en la cámara, por el burdo asesinato de un dirigente sindical al sur del país, sino por las recurrentes y silenciosas rebatiñas que los privilegios, recursos y servicios del Estado, suscita. Bastará con punzar el bisturí en las devaluaciones recientes, adentrándolo en CADIVI, para identificar a los actores – nombres y procedencias – de un conflicto cuidadosamente enmascarado, acaso por la crudeza de los delitos ordinarios que acarreó; o en los registros y notarías que muy difícilmente abrirían sus archivos para actualizar un clásico como “La oligarquía del dinero” de Domingo Alberto Rangel (1972), dándonos otra pista: el oficialismo está anclado en los viejos estudios de las clases sociales en Venezuela, reacio a dar una versión renovada del fenómeno que explicar su proyecto histórico: diferente al programa electoral de Chávez Frías que acentúa una perspectiva de la doctrina de seguridad y defensa, más que el desarrollo de otro modo, fuerzas y relaciones de producción.
Nada fortuita es la coincidencia entre el liderazgo político y el militar, sustentados por los ejecutivos de la determinante empresa petrolera que ha pagado el altísimo costo de su endeudamiento y desindustrialización, como tampoco es fruto del azar la importancia protagónica que prácticamente convierten en un triunvirato a quienes encabezan los tres sectores. Y, completando nuestra hipótesis, establecen diversos vínculos con una (boli) burguesía emergente que, superados los antiguos capitanes invocados por Rangel, lo autoriza; y reduce lentamente las 18 clases sociales, propias de las remotas bonanzas petroleras, que Roberto Briceño-León identificó (“Venezuela: clases sociales e individuos, 1992), expuestas – en distintos grados y matices – a la pérdida de calidad de vida, la inseguridad personal, el desempleo o el desabastecimiento, entre otros de los problemas capaces de simplificarlas y concederles una identidad todavía pendiente, aunque propensas a convertirse en populacho.
Monopolizador de las divisas, el Estado sufre enormes lesiones que, por obra del hiperestatismo, paradójicamente lo desestatizan. Única y exteriormente es fuerte en el ejercicio de la violencia, resistida su dirección a controles así fuesen de naturaleza parlamentaria, debilitándose interiormente para responder a las expectativas y demandas de la población.
Visto lo anterior, nada casual es la intención de transferir los problemas esenciales a las comunidades, mediante la creación, delegación y sostenimiento de las junta comunales afectas que librarán sus propios conflictos para solventar asuntos de una envergadura y gravedad que los supera, sin que resuenen directamente en las altas camarillas del poder. Y, privatizándolo, la creciente multiplicación de las fundaciones que ejecutan las inevitables políticas públicas que, por un lado, disponen de importantes recursos del Estado; y, por otro, las dispensan cada vez más del control fiscal y de las relaciones jurídico-administrativas que otras identidades de pleno derecho público comportan, generando así otros sectores sociales medios, junto a los más modestos y afortunados contratistas y proveedores del Estado literalmente hecho divisa.
En esta otra etapa de la Venezuela Saudita, el billón y tanto de dólares acumulados por más de catorce años, ha logrado una confidencial transformación de la sociedad, clases, sectores y relaciones, que el liderazgo estatal está muy lejos de reconocer, siendo su principal beneficiario. Así, entendemos que imagine y represente la oferta socialista lo más amable y abstractamente posible, reducida a un combate entre los revolucionarios y la extrema derecha, entre los soberanistas y los apátridas, entre los sensibles benefactores y los vulgares especuladores, y – en definitiva - entre el chavismo y la burguesía amarilla, evadiendo las realidades de una clase obrera que no representan, porque la liquidaron, y de un socialismo rentista agobiado por la lucha de sus camarillas.
Por si fuese poco, presumiéndolo casi de cuño manchesteriano, todos los fracasos, yerros y equívocos, lo imputan al capitalismo y, en la Asamblea Nacional, a sus portavoces, empleados, becados y – los más – cachifos o sirvientes. Y, siendo el caso, el lenguaje soez escamotea una lucha que no es de clases, sino una constante y degenerada reyerta de quienes temen perder los privilegios, recursos y servicios que facilita la renta internacional.
Puede concluirse, la “clase” más elaborada hasta lo momento, surge de los impensables hornos carcelarios. Nunca antes, ni siquiera en las filas del populacho que amasó el fascismo europeo, había surgido el “pran”, esbozando el soporte de las mafias nacidas en década y media, seguramente parecidas a las rusas de ahora.
La retórica del tal Plan de la Patria, esconde los procesos reales. Precisamente, el de un socialismo que se hace con real petrolero.
COLETILLA
Desde su inauguración, el Metro de Caracas cuidó de una simbología que no se identificase con partido alguno, ni siquiera con aquellos que eran gobierno al inaugurarse e innovarse. Desde el logotipo hasta el uniforme de los trabajadores, procuró darle una identidad propia o característica a la muy profesionalizada actividad comercial.
A finales del presente año, los directivos de la empresa decidieron olvidar el tradicional color del uniforme para el subterráneo y los buses, enrojeciéndolos. Quizá una determinación del más alto nivel que suponemos ocupado en otros menesteres más trascendentes, la mejor apuesta es la de señalar a los ejecutivos del transporte, pues, en esa competencia por ser más papistas que el Papa, apenas es una locura menor frente a otras vistas a lo largo y ancho de la administración pública.
Estribillo: aunque lo comprendemos, luce injustificable que los candidatos ganadores tomen tan inmediata posesión de sus cargos, temerosos de un sabotaje. Parece obvio, algo muy distinto es la campaña a la delicada formación de gobierno.
http://www.analitica.com/va/sociedad/articulos/8212530.asp
Reproducción: Fantonches, Caracas, 18/12/1937.
Brevísima nota LB: Nótese el ciertos sesgo positivista de entonces, por muy progresista que fuesen los que hacían "Fantonches".
sábado, 14 de diciembre de 2013
ETAPA INCONCLUSA
EL UNIVERSAL, Caracas, 10 de septiembre de 2005
Del socialismo petrolero al campamental
Luis Barragán
LA LEY ORGANICA de la Fuerza Armada Nacional constituye una respuesta a las vicisitudes, más que a las expectativas, generadas por el modelo socialista del poder central. Ciertamente, la renta petrolera no alcanza ni alcanzará para la modalidad distributiva en curso y, en la búsqueda desesperada de la legitimidad, la militarización de los espacios públicos y ciudadanos intentará aplastar la creciente inconformidad que casi zodiacalmente estropeará el bullicio y el festín posterior a los comicios parlamentarios y presidencial.
En efecto, no hay política económica ni social en el reparto clientelar y prebendario de un Estado interiormente vapuleado por sus presuntas hazañas externas. La atención improvisada, urgente y meramente operativa de los problemas que surgen, literalmente colgada de los cambios experimentados por el mercado internacional del crudo, imposibilitada nuestra industria para el largo plazo de una distinta competitividad, hace trizas la apuesta por un socialismo que procura levantarse sobre la incomprensible, absurda y desventajosa complementación económica, médico-asistencial, militar y hasta petrolera con Cuba. Y, previniendo la debacle de un raro experimento, hábilmente indefinido, emergen de la ley en cuestión posibilidades inadvertidas para asegurar una transición hacia la plena dictadura.
La inmensa concentración de poderes y de capacidad de fuego en el Presidente de la República, apenas es el otro detalle de un esquema de tan sospechosa similitud con el que priva en la isla caribeña. Digamos que la Reserva Militar y la Guardia Territorial, vínculo estelar de la FAN con el pueblo, según reza en el texto recientemente aprobado, lucen como mecanismos para frenar y reprimir el descontento social, al procurar la integración del mayor número de venezolanos posible, sellado disciplinariamente en el rígido ámbito castrense, por una parte: y retribuyéndolo con un salario muy por debajo del promedio legalmente consagrado, amén de la dificultad de gozar de un adecuado sistema de seguridad social.
El Estado, concebido como el campamento de campamentos, afrontará así las crecientes y agudas demandas sociales, adicionalmente agravadas por el asistencialismo selectivo que provoca e inflama la corrupción y las corruptelas del caso. Departamentalizados a través de las milicias pretorianas, la plebiscitación continua nos arrojará sobre una alfombra de legitimidad que, por debajo, habrá de esconder toda la ineficacia, abultando los problemas de gobernabilidad.
El Parlamento ha postergado la designación de una nueva directiva para el CNE y, con mayor razón, la Lofan merecía una consideración más ponderada de la próxima legislatura, a sabiendas de tan delicado y trascendente tema. Incluida la necesidad de su codificación, al tratar y anunciar distintas materias e increíblemente asimilar un reglamento disciplinario para asombro del más elemental kelseniano. Por lo pronto, luce recomendable un doble referéndum: en el seno de la propia Fuerza Armada Nacional para saber si todos están de acuerdo con ella, reconocido el derecho político que les asiste como entidad también deliberante; y del país, para aceptar o rechazar lo que será en definitiva el proyecto que le propone la corporación militar.
(*)Subsecretario General de Copei
Nota LB: Arturo Álvarez D Armas (facebook) es un acucioso explorador de la vieja prensa y nos ha obsequiado, como otras veces, esta pieza tomada de El Periodíquito, Maracay, del 29/07/2005, gesto que agradecemos inmensamente. Responde a una etapa de reflexión sobre el carácter del socialismo venezolano que todavía no ocupa la reflexión de la dirigencia opositora del país. Y, el otro texto, eran los días que El Universal acogía nuestras colaboraciones, por entonces aspirante a la Asamblea Nacional hasta que ... hubo el retiro masivo y absurdo de la oposición.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


