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domingo, 11 de mayo de 2014

CAZA DE CITAS

"De forma paradójica, la revalorización, en lo historiográfico, del personaje de Ezequiel Zamora

Frédérique Lange

(en: "Pretorianismo venezolano del siglo XXI", UCAB-UPEL, Caracas, 2007: 283)
empieza con los positivistas ..."

lunes, 16 de diciembre de 2013

REPÚBLICA DE PDVSA

Bolívar, socialismo (y una coletilla)
Luis Barragán


Excedido Bolívar, tiene hoy  infinito usos discursivos, añadida  la dimensión mágico-religiosa. Sirve para las consignas  y los menesteres políticamente más onerosos, convertido – por si faltara poco – en un precursor del mero artefacto verbal construido alrededor del llamado socialismo del siglo XXI.
La lógica ha sido heroica y deificante, asumiendo que fue “todo cuanto se propuso ser, e incluso también aquello que ni siquiera sospechó ser”, como lo ha sentenciado Germán Carrera Damas para introducirnos al sentido realista de quien – además, para despecho de los cultivadoras de la antipolítica – fue, sencillamente, un político (“El culto a Bolívar”, Grijalbo, Caracas, 1989: 73 ss.).
Por lo menos, Chávez Frías pasó por la Escuela Militar y supo del gran caraqueño según la versión que muy bien sintetiza Jacinto Pérez Arcay. Sin embargo, el sucesor, por más que el ahora anciano general lo asesore,  nunca leería “Venezuela heroica” de Eduardo Blanco del bachillerato, contentándose con los estribillos populistas que convierten al héroe en otro prisionero, tal como José Martí lo ha sido de los Castro.
SOCIALISMO (CON) REAL
Distintas circunstancias que no viene al caso citar, impidieron nuestra intervención al considerarse el denominado Plan de la Patria en la Asamblea Nacional. Nos sentimos identificados con lo dicho por Omar González y Vestalia Sampedro, pero quedó el cuestionamiento fundamental que quisimos hacer desde la propia perspectiva que el régimen nominalmente reclama.
Por mucha tinta que invierta el ministro Giordani en los talleres de Vadell Hermanos, antes que en los informes oficiales, memorias y otras cuentas pendientes, el modelo cada vez más se asemeja al cubano que, por cierto, muy poco o nada ha aportado al marxismo. Excepto, la retórica guevarista como saldo de un imaginario social insularmente ya insostenible.
Por lo pronto, reparemos en un circunstancia decisiva, pues, quien dice socialismo, dice lucha de clases. Y al respecto, pudiéramos  constatar cuán infieles son a las enseñanzas de la dupla Marx-Engels, añadidas todas las contribuciones de Lenin en adelante, las cuales – por lo demás -  pasaron por el examen casi irrefutable de François Furet. Éste – glosando la compilación hecha por Lucien Calvié -  parte de la dialéctica de lo real y lo imaginario, la contradicción entre el hecho y su representación (“Marx y la revolución francesa”, 1986), ejemplificando concretamente los aportes realizados en “Pensar la revolución francesa” (1978).
En el terreno de las presunciones, respondiendo directa e inexorablemente a la realidad rentista venezolana, olvidada la convencional alianza obrero-campesina, la yunta cívico-militar constituye la mejor expresión de una lucha de los sectores burocráticos y clientelares por confiscar y administrar los ingresos petroleros. La República de PDVSA, la que realmente somos,, experimenta un conflicto que es propio del reparto, donde el visado obviamente lo concede la subordinación político-partidista de la que se haga gala.
Puede aseverarse, acudiendo a otras escuelas sociológicas,  distintas – pero complementarias – a Marx, que, por una parte, la lucha de clases no se verifica, como le escuchamos a un parlamentario guayanés en la cámara, por el burdo asesinato de un dirigente sindical al sur del país, sino por las recurrentes y silenciosas rebatiñas que los privilegios, recursos y servicios del Estado, suscita. Bastará con punzar el bisturí en las devaluaciones recientes, adentrándolo en CADIVI, para identificar a los actores – nombres y procedencias – de un conflicto cuidadosamente enmascarado, acaso por la crudeza de los delitos ordinarios que acarreó; o en los registros y notarías que muy difícilmente abrirían sus archivos para actualizar un clásico como “La oligarquía del dinero” de Domingo Alberto Rangel (1972), dándonos otra pista: el oficialismo  está anclado en los viejos estudios de las clases sociales en Venezuela, reacio a dar una versión renovada del fenómeno que  explicar su proyecto histórico:  diferente al programa electoral de Chávez Frías que acentúa una perspectiva  de la doctrina de seguridad y defensa, más que el desarrollo de otro modo, fuerzas y relaciones de producción.
Nada fortuita es la coincidencia entre el liderazgo político y el militar, sustentados por los ejecutivos de la determinante empresa petrolera que ha pagado el altísimo costo de su endeudamiento y desindustrialización, como tampoco es fruto del azar la importancia protagónica que prácticamente convierten en un triunvirato a quienes encabezan los tres sectores. Y, completando nuestra hipótesis, establecen diversos vínculos con una (boli) burguesía emergente que, superados los antiguos capitanes invocados por Rangel, lo autoriza; y reduce lentamente las 18 clases sociales, propias de las remotas bonanzas petroleras, que Roberto Briceño-León identificó (“Venezuela: clases sociales e individuos, 1992),  expuestas – en distintos grados y matices – a la pérdida de calidad de vida, la inseguridad personal, el desempleo o el desabastecimiento, entre otros de los problemas capaces de simplificarlas y concederles una identidad todavía pendiente, aunque propensas a convertirse en populacho.
Monopolizador de las divisas, el Estado sufre enormes lesiones que, por obra del hiperestatismo, paradójicamente lo desestatizan. Única y exteriormente es fuerte en el ejercicio de la violencia, resistida su dirección a controles así fuesen de naturaleza parlamentaria, debilitándose interiormente para responder a las expectativas y demandas de la población. 
Visto lo anterior, nada casual es la intención de transferir los problemas esenciales a las comunidades, mediante la creación, delegación y sostenimiento de las junta comunales afectas que librarán sus propios conflictos para solventar asuntos de una envergadura y gravedad que los supera, sin que resuenen directamente en las altas camarillas del poder. Y, privatizándolo, la creciente multiplicación de las fundaciones que ejecutan las inevitables políticas públicas que, por un lado, disponen de importantes recursos del Estado; y, por otro, las dispensan cada vez más del control fiscal y de las relaciones jurídico-administrativas que otras  identidades de pleno derecho público comportan, generando así otros sectores sociales medios, junto a los más modestos y afortunados contratistas y proveedores del Estado literalmente hecho divisa.
En esta otra etapa de la Venezuela Saudita, el billón y tanto de dólares acumulados por más de catorce años, ha logrado una confidencial transformación de la sociedad, clases, sectores y relaciones, que el liderazgo estatal está muy lejos de reconocer, siendo su principal beneficiario. Así, entendemos que imagine y represente la oferta socialista lo más amable y abstractamente posible, reducida a un combate entre los revolucionarios y la extrema derecha, entre los soberanistas y los apátridas, entre los sensibles benefactores y los vulgares especuladores, y – en definitiva - entre el chavismo y la burguesía amarilla, evadiendo las realidades de una clase obrera que no representan, porque la liquidaron, y de un socialismo rentista agobiado por la lucha de sus camarillas.
Por si  fuese poco, presumiéndolo casi de cuño manchesteriano, todos los fracasos, yerros y equívocos, lo imputan al capitalismo y, en la Asamblea Nacional, a sus portavoces, empleados, becados y – los más – cachifos o sirvientes. Y, siendo el caso, el lenguaje soez escamotea una lucha que no es de clases, sino una constante y degenerada reyerta de quienes temen perder los privilegios, recursos y servicios que facilita la renta internacional.
Puede concluirse, la “clase” más elaborada hasta lo momento, surge de los impensables hornos carcelarios. Nunca antes, ni siquiera en las filas del populacho que amasó el fascismo europeo, había surgido el “pran”,  esbozando el soporte de las mafias nacidas en década y media, seguramente parecidas a las rusas de ahora.
La retórica del tal Plan de la Patria, esconde los procesos reales. Precisamente, el de un socialismo que se hace con real petrolero.
COLETILLA
Desde su inauguración, el Metro de Caracas cuidó de una simbología que no se identificase con partido alguno, ni siquiera con aquellos que eran gobierno al inaugurarse e innovarse. Desde el logotipo hasta el uniforme de los trabajadores, procuró darle una identidad propia o característica a la muy profesionalizada actividad comercial.
A finales del presente año,  los directivos de la empresa decidieron olvidar el  tradicional color del uniforme para el subterráneo y los buses, enrojeciéndolos.  Quizá una determinación del más alto nivel que suponemos ocupado en otros menesteres más trascendentes,  la mejor apuesta es la de señalar a los ejecutivos del transporte, pues, en esa competencia por ser más papistas que el Papa, apenas es una locura menor frente a otras vistas a lo largo y ancho de la administración pública.
Estribillo: aunque lo comprendemos, luce injustificable que los candidatos ganadores tomen  tan inmediata posesión de sus cargos,  temerosos de un sabotaje.  Parece obvio, algo muy distinto es la campaña a la delicada formación de gobierno.

http://www.analitica.com/va/sociedad/articulos/8212530.asp
Reproducción: Fantonches, Caracas, 18/12/1937.
Brevísima nota LB: Nótese el ciertos sesgo positivista de entonces, por muy progresista que fuesen los que hacían "Fantonches".

viernes, 26 de abril de 2013

EL OTRO GOMECISMO

EL IMPULSO, Barquisimeto, 26 de abril de 2013
Positivismo Vs. Marxismo
Wilmer R. Sivira

Desarrollando brevemente el positivismo, pero esta vez relacionándolo al caso latinoamericano, donde jugará papel importante en la búsqueda de la identidad cultural, tal como lo confirma Julio César Salas en el trabajo Cultura Historia y Sociedad, coordinado por Otilia Rosas González:
…El positivismo brindó métodos, caminos y posibilidades para formular no solamente un diagnóstico sobre la realidad socio-cultural continental, sino que también proporcionó un modelo de lo que se debía entender por civilización y progreso. El positivismo es la primera doctrina filosófica que, de una u otra forma, nos hizo comprender que debíamos aproximarnos a la modernidad. [González O. Rosas. (Coordinadora). (1998). Cultura Historia y Sociedad. Una Visión Múltiple sobre Julio César Salas. Comisión Presidencial Quinto Centenario de Venezuela. Fundación Julio C. Salas. Pág. 61].
Aunque se debe decir, que no todo es favorable, si bien es cierto, que el positivismo brindó métodos, también nos llevó a estudiar los hechos históricos de manera aislada, descontextualizados y ser contada en forma cronológica, lineal; casos por ejemplo, como vienen estructurados los textos escolares de educación secundaria en relación con la Historia de Venezuela: 1777, 1810, 1811, 1821, 1830, 1958, en pocas palabras: Colonia, Primeras y segunda Repúblicas, Batalla de Carabobo, Separación de la Tercera República, caída de la Dictadura, y así sucesivamente con otros acontecimientos históricos.
Toda esa complejidad descrita anteriormente, perjudicó en la forma de estudiar, investigar y explicar los hechos históricos, dejando claro, que las cosas no marchaban hacia un fin próspero, que era necesario darle un vuelco a ese tipo de historiografía de carácter europea.
Surge entonces el marxismo, enseñando otra forma de ver y estudiar los hechos, dándole sentido crítico y social a los acontecimientos, hallando las causas y efectos dentro de las mismas estructura de la sociedad, donde la economía jugará parte fundamental en los estilos de vida de los hombres: su explotación, su atraso, su sometimiento, su enigma de su existencia; pero también encontrará en él las causas para la búsqueda de su liberación; que aunque suene paradójico, es a través del marxismo que se poden explicar las causas que llevarán a la desintegración del capitalismo, según aportes de Sánchez Basilio y Guarisma José en Métodos de Investigación, donde llegan a decir que:
…El marxismo tiene como rasgo esencial sacar los hechos y las ideas de su aislamiento aparente, descubrir las relaciones, seguir el movimiento de conjunto que se esboza a través de sus aspectos dispersos; el pensamiento marxista se dirige hacia la síntesis de todos los conocimientos. [Sánchez, A. Basilio y Guarisma, A. José G. (s/f). Métodos de Investigación. Editorial Eneva. Ediciones de la Universidad Bicentenaria de Aragua. Pág. 180].
Busca entonces, contextualizar los hechos, cosa que no ocurría con el positivismo, está centrado en estudiar los acontecimientos de forma integral, reconoce la práctica social como criterio y fuente de conocimiento y no se limita a ser una mera ideología; se trata de una visión total del mundo.

Breve nota LB: Auge y empoderamiento (palabra fea) del positivismo e inicio del marxismo en Venezuela: período de Gómez.

lunes, 26 de marzo de 2012

UN MISMO PALCO


De un falso dilema
Luis Barragán


Del dicho al hecho hay un buen trecho, reza la sentencia popular. Ahora, el problema es que no existe distancia alguna entre lo que se dice, con la grandilocuencia de siempre, y lo que se hace, cada vez más con maquillada brutalidad.

Aseveremos, las escuelas positivista y marxista ya tienen experiencia de poder en Venezuela. Curiosamente, coinciden en la terca pretensión de prolongarse en la dirección del Estado, lo que – inevitablemente – las obliga a sincerar sus propuestas, dejando atrás hasta las más elegantes metas enunciadas.

La una, culminó su franqueza con Pérez Jiménez, mientras que la otra está todavía pendiente con Chávez Frías. No por casualidad, las caracteriza una profunda vocación militarista.

El caso actual estriba en la abierta sospecha y prédica con todo lo que juzgue y califique como traición, procurando identificar y arrinconar a los apátridas, entreguistas y corruptos incurables, en nombre de un socialismo definido de acuerdo a las circunstancias. Y ello, inicialmente, se materializa en un feroz despliegue de la descalificación y persecución personal, el odio, el rencor, la desconfianza, y toda la gratuita violencia verbal que antecede a la física.

Casualidad alguna es que, por ejemplo, sin que el video correspondiente lo evidencie, el candidato favorito a la gobernación del estado Aragua, Richard Mardo, sea acusado por agredir a una periodista y, sorpresivamente, se plantee una investigación en la plenaria de la Asamblea Nacional con el objeto de allanarle la inmunidad parlamentaria e inhabilitarlo para los comicios regionales. No existe otra herramienta para zanjar las diferencias que, al profundizarlas, apueste por el sempiterno juego suma-cero.

Parece la única alternativa para los venezolanos, un socialismo que no redime al proletariado que ha aniquilado paulatinamente, agigantándose el Estado a favor de sus privilegiados conductores, predisponiéndonos y habituándonos a unas relaciones de agresión que tampoco tardan en darse en el seno del partido de gobierno. Sin embargo, inadvertidamente realizamos la otra opción.

Avisados por los estudios de la organización “Liderazgo y Visión” hacia 2005, en un porcentaje significativo de la población, hay disposición de sacrificar los derechos políticos fundamentales a favor de la prosperidad económica que ha de garantizar un gobierno fuerte, equiparando la vocación nacionalista con un decidido propósito de protagonismo geopolítico. Prosperidad visible con la construcción de grandes obras de infraestructura que, además, empleen masivamente a los venezolanos, por efímero y keynesiano que luzca.

Obviamente, la fortaleza del gobierno dependerá de la reducción y administración de la disidencia política, interesando la continuidad de aquellas actividades económicas que se desean tan imperturbables, como exclusivas de la ungida dirección del Estado. Esta vez, el suma-cero se afianza en la prédica de la transformación del medio físico y el mejoramiento de la raza.

Versamos sobre un falso dilema necesario de combatir, inscrito en el vicioso círculo y no menos popular dictamen del Guatemala-al-Guatepeor. Es necesario disertar sobre la cultura democrática que se afianzó sobre la tolerancia, el respeto, la confianza, el disenso y el consenso, que por siempre fue perfectible e inspiró y legitimó - ¿por qué olvidarlo? – la política de pacificación en un país con más de 150 años de rencillas, escaramuzas y guerras civiles.

Disertación que, por cierto, puede sintetizarlo el varias veces citado acuerdo de las juventudes políticas de noviembre de 1958, comprometidas a un debate ideológico y al destierro de lo que dio en llamarse el canibalismo político. Inmediatamente después, nadie puede negar que el Pacto de Punto afianzó las relaciones agonales entre los venezolanos, que no las existenciales que se hicieron una fatal costumbre en el pasado.

El positivismo y el marxismo, trastocados en la cultura política impuesta desde el poder, no constituyen opciones valederas. Significa reconstruir, incluso, la que compartieron e inspiraron en buena medida a los redactores de la Constitución de 1961: la del humanismo cristiano.

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/11335-de-un-falso-dilema

miércoles, 26 de enero de 2011

puntualmente


EL NACIONAL - DOMINGO 7 DE MARZO DE 1999 / PAPEL LITERARIO
El fenómeno positivista en Venezuela
En las reflexiones presentadas a continuación, Arturo Sosa A. esboza de manera puntual los aportes de esta investigación de Marta de la Vega a la comprensión del proceso histórico venezolano. La autora es PhD en Filosofía, egresada de la Universidad de París y en la actualidad se desempeña como profesora de la Universidad Simón Bolívar y de la Universidad Católica Andrés Bello
Arturo Sosa A.

-Una mirada rápida a un texto que requiere ser estudiado:
por la importancia y pertinencia de la temática planteada. Desde hace bastante tiempo comparto con la profesora Marta de la Vega la intuición de la importancia de comprender a fondo el "fenómeno positivista" venezolano, sus conexiones con las expresiones de esa corriente en América Latina y su impacto en la conformación de nuestra cultura política.

por la forma de tratarlo, con una perspectiva novedosa, al mismo tiempo consistente intelectualmente y asequible al lector no especializado.

por el enfoque "cultural" adoptado para hacerlo que obliga a llegar al fondo de los problemas que la presencia del positivismo plantea a la comprensión del proceso social venezolano.

-Este libro (Monte Avila Editores, 1998) se escribió en otro momento y con objetivos fundamentalmente académicos o intelectuales. Sin embargo, leerlo en este momento nos ubica espontáneamente en las vicisitudes que vive la sociedad venezolana en esta coyuntura.

-En efecto, los venezolanos de hoy vivimos una situación a la que se le pueden encontrar parecidos con el contexto en el que el positivismo venezolano se convirtió en bandera intelectual de las élites modernizadoras venezolanas:

como hace un siglo, estamos en momento de fundar las bases sociales de la convivencia.

como hace un siglo, estamos aturdidos por la situación presente y los fantasmas del pasado reciente.

si no tomamos conciencia a tiempo de la complejidad y trascendencia de este proceso podremos ser obligados a pagar costos sociales y políticos indeseados, como hace un siglo y gran parte de éste.

-El enfoque cultural intentado en este estudio, constituye, a mi modo de ver, el mejor aporte de este texto a la comprensión del positivismo y su papel en la historia venezolana y la invitación a sentir e interpretar desde allí la actual transición de nuestra sociedad.

-La fuerza que tuvo e, hipotéticamente, tiene el positivismo venezolano es precisamente fruto de haberse convertido en "paradigma cultural".

-Paralelamente, la mayor debilidad del proceso actual de transición venezolano es la asincronía entre los procesos económicos, sociales, políticos y culturales.

-La "segunda modernización" de Venezuela, aspiración ansiosa de la mayoría de la población y empeño de algunos sectores, no será una realidad mientras sea algo chato, es decir, apenas un proyecto o agenda económica y no un complejo proceso cultural:

El complejo proceso de empobrecimiento colectivo que hemos vivido y no digerido, hace que se ponga en primer y único plano la cuestión económica, vivida angustiosamente.

Al no darle profundidad cultural a los diagnósticos, propuestas y procesos se pierde la perspectiva histórica y las posibilidades de valoración humana de lo que se va haciendo.

Solamente desde la "producción cultural" podemos lograr que el crecimiento sea desarrollo sustentable y los decrecimientos percibidos como aprendizaje.

Es la cultura la que da y alimenta la profundidad humana a las personas y las sociedades.

-Este libro:

representa un estilo de pensamiento necesario para promover el desarrollo social sustentable desde su fundamento cultural.

Hace "memoria" de la presencia del debate evolucionismo-positivismo en los esfuerzos generadores de la primera modernización.

Ofrece un marco para su comprensión teórica.

Genera puentes con el presente que se abre paso al futuro.

-Ustedes tienen la ocasión de leerlo como un interlocutor más en este diálogo insustituible para hacer del presente, el paso hacia un futuro mejor.