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lunes, 29 de junio de 2020

CAZA DE CITAS


"Un pueblo inconsciente de su lenguaje termina por convertirse en marioneta, fácil presa de sistemas y banderas, por erróneos que sean"

José Balza

("Pensar en Venezuela", Bid&Co. editor, Caracas, 2008: 197)

Ilustración: Tomás Maldonado.

martes, 28 de enero de 2020

DE TODO UN POCO

Lenguaje inverso
Ramón Hernández -

En las constituciones inspiradas en la independencia, libertad y autodeterminación, la soberanía reside en los ciudadanos, pero para facilitar la comprensión se ha igualado con el término “pueblo”, que en las mentes más simples solo abarca a los pobres, a los olvidados y oprimidos. Como son mayoría asumen automáticamente que siempre tienen la razón. El extremo fue aquella frase ajena a la verdad y oportunista del presidente Rafael Caldera: “El pueblo nunca se equivoca”.

Los pueblos, sobre todo, cuando actúan y deciden como masas se equivocan en extremo y les cuesta mucho dolor y sacrificio superar las tragedias que causan. Vean hasta dónde nos trajo haber aceptado calladitos aquel juramento “sobre una constitución moribunda”. La historia sería otra si la sociedad civil –esto es, las instituciones, los grupos de opinión, los vecinos organizados, los académicos, las organizaciones políticas y todas las demás vertientes de la participación ciudadana– no hubiesen tomado a chiste la propuesta de sustituir la democracia representativa por el engaño que escondían detrás del eslogan “democracia participativa y protagónica”.

La demolición de la poca institucionalidad que se había construido y que los partidos le dieran la espalda a las propuestas de reforma de la Copre, la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado, facilitaron que la demagogia y el mesianismo tropicalero se impusieran sobre la razón. Antes hubo una campaña planificada y bien pagada contra la corrupción y, a veces, contra el narcotráfico, hoy extrañamente solo son enjuiciados por corrupción opositores que no han ejercido cargos públicos. Venezuela es el único país que no ha investigado las tramoyas de Odebrecht.

En poco más de un par de décadas, si se toma la defenestración de Carlos Andrés Pérez como el punto de implosión del sistema en vigor desde 1958, no solo le cambiaron el nombre y la bandera al país, sino que desbarataron el modelo de funcionamiento social y económico que había mantenido a la población lejos de la penuria humanitaria que trajeron los salvadores que prometieron una “patria bonita”, que es lo inverso de la crisis humanitaria que cada día se profundiza.

El engaño fue descarado y criminal. Comenzaron reivindicando como valores la pobreza, la ignorancia y el vivalapepismo. Sin embargo, al tiempo que repetían que ser rico era malo amasaban fortunas de miles de millones de dólares, no de unos pocos miles. Los rateritos que levantaron tantos polvos y escándalos fueron sustituidos por verdaderos zares de la apropiación indebida. Aparecieron muy honrados con finas corbatas de seda italiana y trajes de firma, brindando con escocés de malta de alta gama.

Los presuntos defensores de la transparencia administrativa, los guerreros por la libertad de expresión y antiguos acorazados de las reivindicaciones del gremio periodístico –dos con el apellido Rangel y dos más hermanados como Villegas, entre otros–, los voluntariosos de la revolución democrática y los que se quemaban el pecho por la vigencia de los derechos humanos devinieron en criaturas ganadas para el odio, la tortura, el asesinato, la tortura y el robo descarado. Con lenguaje inverso, claro: sus palabras significaban lo contrario de lo que anunciaban.

El mensaje inverso empezó temprano y no precisamente con el anuncio de que iban a freír en aceite bien caliente la cabeza de adecos y copeyanos, aunque a falta de aceite han utilizado otros métodos de cocción, que no se limita a los seguidores de AD y Copei. Abarcan a gente de la izquierda racional, a ex compañeros de ruta y a cualquier otro que no muestre satisfacción con el régimen. Comenzó con la “dignificación” de los niños de la calle, que pronto se multiplicaron y son mujeres, hombres y ancianos en condición de calle. El “rescate de tierras ociosas” fue apropiación y destrucción de tierras productivas; la modernización de la Cantv, volver a la incomunicación; la renacionalización de las empresas básicas, el cierre de Sidor, Venalum, Bauxiven, Ferrominera y un largo etcétera al grito del galicismo: “Así, así, así es que se gobierna”; la democracia participativa y protagónica se manifestó en la acumulación de todos los poderes en el mandón de Miraflores: redacta las leyes, las ejecuta y también sanciona a quien las incumple. Pero el inverso más inverso lo vemos en la teoría y praxis de los conceptos de soberanía, independencia, autodeterminación y lucha contra los imperialismos de toda calaña y condición.

Desde que el Coba criollo participó que llevaba a los venezolanos al “mar de la felicidad” que era Cuba se profundizó y se hizo más expedito el viaje inverso, la vuelta a los tiempos precolombinos con un cacique y piaches como timoneles de la voluntad popular. Poco a poco los apparátchiki del Partido Comunista cubano fueron ocupando el papel del yoruba, del brujo; de asesores de todos los asuntos. Eran los que sabían cómo dominar las bases, al pueblo, y evitar que se insurreccionaran.

En un acto de “soberanía” (inversa) le entregaron al gobierno cubano, junto con 100.000 barriles diarios, la administración de los registros y notarías, la salud pública, el entrenamiento deportivo, la aniquilación educativa con títulos vaciados de conocimiento a través de misiones y de “universidades bolivarianas”, las labores de inteligencia y contrainteligencia militar, el control del armamento de guerra, mientras que la promoción de la ideología posmodernista quedaba en manos del español Juan Carlos Monedero y la economía bajo el mando de otro hispano, Alfredo Serrano Mancilla.

La carrera inversa llegó a un tope inesperado y muy superior, pero no el último, con la incorporación del embajador cubano al Consejo de Ministros, que no es un acto pleno de soberanía como pregonan, sino vulgar entrega, alta traición. Salen fotos de soldados rusos, oficiales y suboficiales, paseando con el uniforme de las FANB en el Círculo Militar de Caracas, en hoteles de Ciudad Guayana y en la frontera tachirense con Colombia, pero no es intromisión, es cooperación. Lenguaje inverso. Los militares venezolanos se le cuadran a los oficiales cubanos a cargo de la seguridad y la operación del aeropuerto de Maiquetía, obvio no son agentes de la CIA. Vendo diccionario inverso.

Fuente:

ANCESTRAL CONTRAPOSICION

Rescatar la palabra
Adela Cortina / El País

Recurrir al verso de Blas de Otero “me queda la palabra” en situaciones de desconcierto es un lugar común. “Si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua, si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra”, decía el bien conocido texto. Para disentir o para acordar, seguimos creyendo que siempre nos queda la palabra. El medio más propiamente humano para construir la vida compartida.

En efecto, ya en el Libro I de la Política recordaba Aristóteles que el ser humano es un animal social, y no simplemente gregario, porque cuenta con el logos, un término que significa a la vez “palabra” y “razón”. A diferencia de los animales que están dotados sólo de voz para expresar el placer y el dolor, las personas cuentan con la palabra, que les hace sociales, porque les permite deliberar conjuntamente sobre lo justo y lo injusto, sobre lo conveniente y lo dañino. Y ésta —la palabra— es la base de la familia y la amistad, es la base de la comunidad política, que congrega distintas familias y diversas etnias y se distingue de ellas porque tiende al bien común y debería esforzarse por alcanzarlo.

Rescatar la palabraLa palabra, por tanto, acontece en el diálogo, exige interlocutores; incluso nuestros monólogos son diálogos internalizados. Como bien decía Hölderlin, “somos un diálogo”. Y es esa palabra puesta en diálogo la que debería sustituir a la violencia a la hora de resolver los problemas que surgen de la vida común.

Pero la palabra puesta en diálogo tiene por meta la comunicación entre las personas y para alcanzarla ha de tender un puente entre el hablante y el oyente, o los oyentes. Un puente que, según acreditadas teorías, exige aceptar cuatro pretensiones de validez que el hablante eleva en la dimensión pragmática del lenguaje, lo quiera o no. Son la inteligibilidad de lo que se dice, la veracidad del hablante, la verdad de lo afirmado y la justicia de las normas. Si esas pretensiones se adulteran, no hay palabra comunicativa ni auténtico diálogo, sino violencia por otros medios, violencia por medios verbales: discurso manipulador, discursos del odio, que dinamitan los puentes de la comunicación y hacen imposible la vida democrática.

Poner el termómetro de estas cuatro pretensiones a los discursos que dominan nuestra vida compartida, a través de las redes sociales o de los medios de comunicación tradicionales, es necesario para descubrir la densidad de nuestra calidad democrática, para saber si, a pesar de los pesares, nos queda la palabra.

En lo que hace a la inteligibilidad, desde los años setenta del siglo XX se ha ido extendiendo —por fortuna— un movimiento en favor del Lenguaje Claro, convencido de que en sociedades democráticas la claridad no es sólo la cortesía del filósofo, sino sobre todo un derecho de la ciudadanía y un deber de los poderes públicos. La claridad en los documentos es un camino en el que queda mucho por andar, aunque se haya empezado a recorrer.

Pero siendo la inteligibilidad de lo dicho una pretensión difícil de satisfacer en la vida pública, más lo son las otras tres —veracidad, verdad y justicia— en tiempos en que se asume la posverdad, no como una lacra a extirpar, sino como un instrumento para alcanzar objetivos individuales y grupales. La “normalización” de la posverdad y de los bulos, el hecho de aceptarlos como un rasgo más de nuestra vida política, tendrá, entre otras, una nefasta consecuencia: que ni siquiera nos quede la palabra.

Como sabemos, los bulos son noticias falsas, propaladas con algún fin, cuyo emisor podría identificarse, aunque se necesitara para lograrlo mucho esfuerzo. Las noticias sobre la implicación de potencias extranjeras en elecciones y en acciones violentas en una inusitada cantidad de países, entre ellos España, son una prueba palmaria de ello. La posverdad, por su parte, es una “distorsión deliberada que manipula emociones y creencias con el fin de influir en la opinión pública”, una práctica usual de los demagogos. En realidad son mentiras, consisten en decir lo contrario de lo que se piensa con intención de engañar, buscando provecho propio, y están distorsionando la vida política y social.

El mecanismo es sencillo. Se trata de diseñar un marco de valores, simple, esquemático, desde el que los oyentes puedan interpretar los acontecimientos y en el que sólo juegan dos equipos, nosotros y ellos. No importa si hay dos partidos políticos o 20.000 fragmentados, la ancestral contraposición amigo-enemigo sigue siendo rentable para dotar a la ciudadanía de una identidad, sea desde la presunta izquierda o desde la presunta derecha. La creciente polarización de la escena política y social hace que la competencia se exprese en emociones binarias de simpatía/antipatía ante discursos, conductas y símbolos, cuando el pluralismo político reclama, en palabras de Ignatieff, “respetar la diferencia entre un enemigo y un adversario. Un adversario es alguien al que quieres derrotar. Un enemigo es alguien al que tienes que destruir”. Concebir la política como el juego de la guerra entre enemigos irreconciliables, y con ello, a la polarización de la sociedad, es lo más contrario a la busca del bien común, que es la meta por la que la política cobra legitimidad.

A todo ello se añade desde hace algún tiempo la profusión de prácticas que defienden la legitimidad de utilizar en el debate público términos con significantes ambiguos o vacíos, pero con una connotación positiva para la ciudadanía; significantes que permiten construir identidades con narrativas emocionalmente atractivas, aunque nada tengan que ver con los hechos. Se apela entonces a palabras biensonantes como “democracia”, “progreso”, “patria” o “soberanía”, que despiertan sentimientos positivos, pero a las que se ha vaciado de contenido, por eso se pueden utilizar en un sentido u otro según convenga. ¿Qué relación guarda todo esto con la veracidad y la verdad, propias del buen diálogo?

Recuperar en el mundo político el valor de la palabra, que es el medio más propiamente humano, como siguen recordando instituciones como la Fundación César Egido Serrano o la FAPE, exigiría precisar con claridad el significado de los términos que se utilizan: en qué consisten el progreso y ser progresista, de qué tipo de democracia hablamos, quiénes forman parte del pueblo, cómo se van a resolver problemas como el del desempleo, cómo articularemos las demandas legítimas de inmigrantes y refugiados, qué ideología está realmente detrás de cada propuesta y en qué instituciones cristalizaría. Pero también recordar que hablar es comprometerse, lo que obliga a cumplir las promesas generando confianza en una ciudadanía que, en caso contrario, queda estafada.

Y, por supuesto, atendiendo a la aspiración a la justicia, no confundir el auténtico diálogo, que es el que intenta llegar a decisiones que satisfagan los intereses legítimos de todos los afectados por ellas, con las negociaciones bilaterales con aquellos que tienen capacidad de negociar en su propio provecho. Tener presentes a los afectados por las decisiones es lo justo y lo conveniente, es el camino propio de la socialdemocracia, capaz de crear cohesión social. La agregación de intereses de quienes demandan privilegios es la vetusta práctica del clientelismo, un camino seguido bien a menudo por el individualismo neoliberal.
(*) Adela Cortina es catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y directora de la Fundación ÉTNOR.

22/01/2020:
Ilustración: Eulogia Merle.

jueves, 7 de noviembre de 2019

sábado, 9 de junio de 2018

REALIDAD QUE BROTA

Encuestador omnisciente
Luis Barragán


Donde el régimen dijo “liberación”, la oposición (social) expresó “excarcelación”, cuando finalmente salió a la calle un modesto porcentaje de los presos políticos que hay en Venezuela. Convengamos, la rápida distinción nos remite a un penoso aprendizaje sobre el lenguaje de la tiranía que todo lo tergiversa, falsea y destruye.

Días atrás, escuchamos en el metro la explicación que una joven le daba a su presunto compañero de aulas, respecto a “1984” de Orwell. Versó sobre la neolengua, aunque nos llamó aún más la atención una acertada observación.

En efecto, alegó, no se trata de sustituir una palabra por otra, cosa que ocurre, sino de alcanzar otro sentido común. Antes de bajarnos en la estación correspondiente, él balbuceó “eso lo llaman eufemismo” y ella, tenuemente, le dijo que “eso es otro modo de pensar las vainas”.

Nos satisfizo el diálogo, cual  encuestador omnisciente. Comprobamos que, por muchos dislates discursivos que propine el poder establecido, las realidades brotan en su exacto significado.

Inadvertidamente, hay una mayor consciencia de esta amarga experiencia de lo que solemos creer. Y, probablemente, cuando todo esto pase, no será – ojalá – posible embaucar a la ciudadanía con los abalorios de un lenguaje urgido de limpiar y reivindicar.

Fotografía: LB, metro de Caracas (31/07/2016).
10/06/2018:
http://radiowebinformativa.com/archivos/6371

viernes, 8 de junio de 2018

CONCEPTO-FETICHE

De qué hablamos cuando hablamos de posverdad
Lucía Méndez

Es el concepto-fetiche de la época, pero casi nadie sabe lo que significa realmente. Lingüistas, psicólogos, periodistas o expertos en redes lo analizan en el monasterio de San Millán de la Cogolla, que ya sufrió su propio ataque de 'fake news' en el siglo V.

20 expertos analizan el fenómeno en un seminario de la Fundéu y lanzan un debate provocador: ¿y si en realidad las 'fake news' son tan viejas como el mund
o?

San Millán de la Cogolla es un pequeño pueblo riojano donde el tiempo medieval permanece detenido en el monasterio de Yuso, grandiosa fortaleza del nacimiento del castellano en las notas de los monjes que ahora llamamos glosas. De esto hace más de mil años. Los escasos habitantes y los turistas sibaritas que disfrutan de la exuberante vegetación de la Sierra de la Demanda pueden escuchar el silencio del mundo y se despiertan con el canto de los pájaros. El monje eremita San Millán, que habitó en estos montes en el siglo V, pasó la mayor parte de su vida en una cueva que se conserva tal cual en el interior de otro monasterio, el de Suso, en lo más alto de la montaña. Una joya.

En tan inspirador escenario, la Fundéu -Fundación del Español Urgente nacida en la Agencia Efe y patrocinada por el BBVA- y la Fundación San Millán convocan todos los años un seminario sobre lengua y periodismo. El debate celebrado en los últimos días del pasado mes de mayo giró en torno al concepto-fetiche de esta época: la posverdad. El lenguaje en la era de la posverdad, se titulaba el seminario. Joaquín Müller, alma de la Fundéu, reunió en torno a la posverdad a una veintena de catedráticos, profesores, lingüistas, psicólogos, periodistas e investigadores de las nuevas tecnologías. Juntos exploraron con lupa de entomólogo las profundas transformaciones sociales y políticas que se derivan de las nuevas formas de comunicación entre los humanos y de las vertiginosas autopistas tecnológicas por las que circula la información, o la desinformación. De qué hablamos cuándo hablamos de posverdad.

El lugar mismo del seminario estaba muy a tono con el espíritu de una época en la que el prefijo -pos está tan de moda como las series de ambiente medieval. A pocos metros de donde descansan los cantorales de los monjes medievales, cuyas voces aún pueden escucharse en el coro de la iglesia si se hace un esfuerzo, se instalaron los algoritmos que ahora transportan el lenguaje humano. Los pájaros que anuncian el alba en estas montañas convivieron durante unos días con el pájaro de Twitter. A tono con el seminario, el propio San Millán del siglo V fue víctima de las noticias falseadas. Sus enemigos le acusaron de malversación de los dineros de la parroquia de Santa Eulalia de Berceo, y el obispo le expulsó del cargo. Así se relata en las redes sociales de la época, que son las pinturas del friso del monasterio.

Este hecho de la biografía del eremita conecta con la primera conclusión del seminario: siempre han existido las noticias falseadas, término que la Fundéu considera más preciso que el de fake news o noticias falsas.

No ha existido nunca un jardín del Edén donde la verdad resplandeciera. Esteban Illades, periodista y escritor mexicano, en su ponencia El fenómeno Trump y las noticias falsas, lo dejó claro. «Las fake news no son un fenómeno nuevo. Existe la manipulación y la desinformación desde hace siglos. Napoleón hizo branded content en la campaña egipcia».

La profesora de Filosofía Laura Alba-Juez ilustró el debate llamando la atención sobre el sentido mismo de la palabra verdad, dejando claro que es poliédrica, difícil de definir y de aprehender.

¿Cuál es entonces la razón del revuelo universal en torno a la posverdad, objeto de estudio académico en todas las universidades y de infinitas glosas periodísticas e intelectuales? La periodista Soledad Gallego-Díaz -que acaba de ser nombrada directora de El País- lo aclaró así en su lección inaugural. No son las noticias falsas de toda la vida. Ni tampoco las mentiras, que son eternas. «Se trata de noticias falseadas intencionadamente que forman parte de enormes redes de desinformación intencionada y extensiva, en las que se utiliza la prodigiosa capacidad de las nuevas tecnologías para difundirlas y llegar a todos los medios a través de los cuales accedemos a la información».

La respuesta a la alarma mundial, por tanto, no hay que buscarla en el fondo, sino en la forma. David García, investigador del Centro de Ciencias de la Complejidad de Viena, señaló que «las noticias, verdaderas o falseadas transitan sin filtro por el espacio digital. La desinformación viaja por las redes sociales seis veces más rápido que la información», según un estudio del MIT. Hablamos de menos cosas, pero habla mucha más gente. Cada individuo se ha convertido en un medio de comunicación que sólo comparte aquéllos contenidos con los que está de acuerdo, sin pararse a pensar si son verdaderos o pudieran ser falsos. Según el periodista Juan Soto Ivars, «la posverdad no es una enfermedad, sino un síntoma, y ha venido para quedarse».

¿Es que acaso los ciudadanos que se dejan embaucar por la desinformación son más ignorantes, o más crédulos, que sus antecesores? «Quien acepta las noticias falsas que circulan por la Red no es necesariamente un ignorante o alguien a quien se engaña; a menudo existe una decisión consciente de aceptar ciertas informaciones, independientemente de su veracidad, para reforzar las propias opiniones o los sentimientos», señalan las conclusiones del seminario.

¿Cómo se llega hasta el cerebro y el corazón de estas millones de personas dispuestas a tragarse cualquier cosa por estrafalaria o extravagante que sea? La respuesta hay que buscarla en la manipulación del lenguaje. Como señaló Elena Hernández, jefa del Departamento de Español al Día de la RAE, «el lenguaje crea realidad». Sobre todo «el lenguaje de las emociones», protagonista de las jornadas de San Millán en tanto que «arma de manipulación».

El psicoterapeuta Luis Muiño expuso las técnicas del «buen manipulador», que son las siguientes. «Resaltar las palabras y ocultar los hechos. Recurrir a eufemismos, no hablar claro y esconder la realidad en una nube de palabras. Usar muchas frases humo y palabras bonitas que no quieren decir nada. Convertir todos los temas en viscerales, establecer una separación radical entre nosotros y ellos y apelar al miedo». «La violencia verbal es más eficaz que la física. La única técnica de persuasión que tienen los poderosos actualmente es el lenguaje», concluye el psicólogo. «Hay que luchar contra el vaciado sistemático de las palabras», opinó el periodista Jordi Corominas. «Algunas personas emplean un lenguaje plúmbeo para dar la sensación de que están diciendo algo interesante», opinó el historiador Óscar Sainz de la Maza.

Cristina Soriano, investigadora del Centro de Ciencias Afectivas de la Universidad de Ginebra, dejó claro en su ponencia -ilustrada con estudios empíricos sobre el uso y el significado de las palabras en los diferentes idiomas- que «las emociones negativas se perciben como más intensas que las positivas, por eso están siempre presentes en los discursos que tratan de manipular». Hay lenguas que disponen de siete palabras para hablar de las emociones, mientras que en el español, se usan miles.

Sin ir más lejos, coincidiendo con la semana de este seminario, la política española se dio un atracón de lenguaje emocional en el transcurso del debate de la moción de censura que cambió el Gobierno. Términos como «traidores», «vendepatrias» o «golpe de Estado», y otros igual de gruesos se escucharon en el Congreso. La despedida de Mariano Rajoy ha deparado asimismo escenas de llanto muy llamativas en sus filas esta semana. Laura Alba-Juez, catedrática de Lingüística inglesa de la UNED, y estudiosa del lenguaje de los tabloides, apuntó que la comunicación nunca ha estado exenta de un componente emocional que no necesariamente ha de ser negativo.

El lenguaje de las emociones negativas, que viajan a toda velocidad por la Red, es fundamental en la creación de las noticias falseadas y da origen a otra de las palabras fetiche del mundo digital: burbuja. Un término que acompaña a la crisis de época, así en las finanzas como en la revolución digital. La tecnología crea burbujas «en las que los ciudadanos solo están en contacto con ideas y opiniones que coinciden con las suyas».

Lo que vemos en Facebook o en el buscador Google es lo que sus algoritmos nos preparan especialmente para nosotros. Las «cámaras de eco» inhiben la capacidad para la autocrítica e impiden tener en cuenta las opiniones de los demás.

Visitar el claustro del monasterio de Yuso es evocador y sugerente después de escuchar estas reflexiones. En la era de la comunicación global, podemos acabar como los monjes medievales, dando vueltas y vueltas bajo las arcadas de medio punto, escuchando sólo nuestros propios pensamientos.

El espinoso papel de los medios de comunicación en la era de la posverdad centró parte de los debates. Soledad Gallego-Díaz señaló que no podemos caer en la tentación de «echar la culpa a la posverdad de todo lo que no nos guste en nuestra sociedad», pero defendió que es imprescindible «defender la verdad periodística basada en hechos comprobados de acuerdo con reglas y mecanismos profesionales de verificación».

La revolución tecnológica ha dejado al periodismo tradicional a los pies de los caballos de las grandes tecnológicas. La conclusión del seminario es que «el cambio de la forma en la que los ciudadanos se acercan a las noticias (antes las buscaban, ahora les llegan a través de las redes, a menudo ya seleccionadas) favorece la difusión de las falsedades». En opinión de los ponentes, es muy importante que las personas dedicadas a la comunicación sean capaces de manejar la «inteligencia emocional».

Según Emilio Martínez, catedrático de Filosofía Moral y Política de la Universidad de Murcia, «conocer el lenguaje de las emociones nos hace ser personas más críticas». José Miguel Fernández-Dols, catedrático de Psicología Social de la Autónoma de Madrid, considera que «la prensa sí tiene un papel educativo». Los periodistas Esteban Hernández, Magda Bandera y Pablo Blázquez alertaron sobre la responsabilidad de los medios frente a la difusión de las noticias falsas y el uso del lenguaje y las metáforas.

Hubo consenso en que «los medios deben tener cuidado en el uso del lenguaje para no apelar a las emociones, sino a los hechos». Ahora bien, nadie se engaña sobre la pérdida de influencia y capacidad de la prensa para establecer qué es la verdad, y qué es la posverdad. «El papel de jerarquización y verificación de la información que hacían los medios ha desaparecido o está desapareciendo», resumió la escritora Irene Lozano.

El oscuro e inescrutable papel de los algoritmos de Google o Facebook -cada vez más sofisticados, según el periodista Mario Tascón- para jerarquizar en la Red las noticias que publican los medios quedó en el aire. Y también la obsesión del periodismo por llamar la atención del «usuario» y competir con los infinitos estímulos de distracción al alcance de la mano, o del mando.

Fuente:
http://www.elmundo.es/papel/historias/2018/06/09/5b1a646a268e3e74068b45ec.html
Ilustración: Ronnie Cutrone.

sábado, 31 de marzo de 2018

¿Y LA COPA?


El Nacional, Caracas, 07/04/1953.

domingo, 7 de enero de 2018

DEPRECIACIÓN ORAL Y VISUAL

De la hiperinflación enmascarada
Luis Barragán

- Por favor, dígame ¿cuánto cuesta?
- Diez bolívares, jefe.
- ¿Cómo? Deme cinco…
- Aquí falta. Me dio un billete de cien de los de antes.
- ¿No son diez bolívares, pues?
- No, no. Son diez mil bolívares.
- ¿No me dijo diez solamente?
- Jefe, diez mil …
- ¡Ah! Ya entendí. ¡Qué barbaridad! ¿Por qué no dice usted diez mil?
- ¿Para qué gastar tanta saliva? Todo el mundo sabe que cien, son diez son diez mil y que cien son cien mil. ¿En qué planeta anda, jefe?
- Bueno, vainas de viejo. En realidad diez mil, son diez millones y cien mil, cien millones…
- ¿Se los va a llevar o no?
- Démelos por favor, porque la otra semana valdrá el quíntuple.
Horas más tarde, en casa:
- ¿Viste las fotos de la cena de fin de año de Elsa? Coño, le dije que las quitara. ¡Qué raya!
- Las vi. ¿Las quitó?

- ¡No, qué va! Imagínate, las puso porque siempre cada año, lo hace. Además, cosas de ella, por lo menos deuestra que tuvieron con qué comer en casa.
- Bueno, una mesa de cinco platos con una minihallaca, un poquito de ensalada, una botella casi vacía de ron de mala calidad y otra de vino de cocina, con una ensaladita, no es una buena portada de prosperidad, digo …
- Elsa la va a dejar. Es cosa de ella, pero le pedí que buscara sus fotos de años anteriores  para que comparara.
- ¿Lo hizo?
- Me contestó que no valía la pena. Se sentaría a llorar. Pero, mientras tanto, por lo menos, ahora, no se está muriendo de hambre.
- ¿Eso cree ella?
- ¡Sip! Por cierto, ¿Por qué trajiste tanto?
- Déjalo para la reserva. Después, no vamos a poder comprar más.
- Pero ya llegó el recibo de condominio y debemos, con éste, tres meses…

11/01/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/31678-hiperinflacion

miércoles, 27 de diciembre de 2017

CUADERNO DE BITÁCORA

Todo nace y se agota en consignas. El asomo de una política pública, se reduje a la idea de un espectáculo de lanzamiento, como ocurrió con el tal Consejo, etc., etc., y a su sostenimiento meramente propagandístico que permita, de un lado, una política de mantenimiento, por la reiterada adhesión hacia la voluntad dictatorial; y, por el otro, colar y justificar otras consignas, como renombrando el tal compromiso cívico-militar, al parecer, de grata sonoridad y vistazo.

Que funcione o no, ya no es problema. Tampoco hay instancia que lo contradiga. Y se puede decir "nuevo modelo" y asegurar que "satisface" las necesidades de los venezolanos. Total, ¿cuál es el problema? El riesgo lo asume quien pretenda desmentirlo. Y como esto, sin costo político alguno, autoriza a decir las cosas más absurdas, devaluando la palabra. Justamente, a la hiperinflación económica, la hay del verbo. Y para la verborrea no se encuentra, escaso como está todo, el remedio o medicamento: sensatez.

Dinámica perversa. Pólvora del lenguaje. Violencia de la palabra artificial y artificiosa.
(LB)

ESPESORES DEL RIESGO CELEBRADO

EL UNIVERSAL, Caracas, 27 de diciembre de 2017
La palabra perdida
Teódulo López Méndez
 
La palabra está devaluada, ha perdido su condición de apertura. La palabra como riesgo ha sido abandonada. La palabra se hizo tejné, es decir, técnica y cedió su espacio a la imagen. Tecnología y palabra han sido alzadas una frente a la otra; la primera es el futuro, la segunda es inútil. El desvalimiento de la palabra conduce a un pensamiento comprimido. Estamos llegando a la pérdida de la memoria y sin memoria no hay lenguaje.

La literatura, aun conviviendo con la realidad, debe dejarnos visiones proféticas de cómo ese mundo podría ser. Es obvio que cuando hablamos de literatura realista no estamos condenando la existencia de una que nos dé una visión de la realidad del mundo, no, lo que condenamos es una desprovista de fantasía, de absurdo, de profetismo. La literatura debe ser un  escenario del choque entre el ser y el deber ser. No estamos defendiendo tesis de evasión, sino proclamando que si la literatura no es inconforme no es literatura. La literatura construye anticipadamente y eso no excluye que la realidad pueda convertirse en metáfora social. Esa metáfora puede reflejar perfectamente la quiebra de un país. La proclama de que en América Latina la realidad es superior a la fantasía es una falacia que le ha hecho mucho daño a la palabra.

La literatura es, en esencia, un cuestionamiento. Ha quedado claro que si escribimos es por inconformidad con el mundo como es. Una literatura que se dedique a respaldar, resguardar y sostener las ideas ortodoxas predominantes en el mundo en que ella se produce es anticipadamente sospechosa. La literatura debe preguntar y cuestionar. El escritor es un  permanente inconforme.

La literatura inventa y señala al hombre posibilidades de futuro. La literatura chata, sin imaginación y prospección, no es tal. La literatura debe decir del mundo y de su habitante inteligente. La literatura debe inmiscuirse en la naturaleza humana sin corromperse. La literatura es hábitat de experiencias y contra-experiencias.

Recomponer la palabra implica escucharla más allá de la utilidad humana de la comunicación, escucharla en su interior. Debemos develar (aletheia) la palabra y devolverle el espesor. Más allá de la literatura en Venezuela la palabra está perdida.

Fuente:

sábado, 4 de noviembre de 2017

REAFINACIONES

EL PAÍS, Madrid, 5 de noviembre de 2017
LA PUNTA DE LA LENGUA
Declaración de doble sentido
Recorrido por los juegos de lenguaje con dos interpretaciones, hasta llegar a la resolución del Parlament
Alex Grijelmo

Esto último sucede con el ejemplo que comenta Adelino Cattani (Expresarse con acierto 2010: 93): “Gracias por el libro que me ha enviado. Estoy seguro de que no perderé el tiempo leyéndolo”.

El doble sentido con dos posibilidades válidas se usa a menudo para titular reportajes. Por ejemplo, cuando en 1983 un preso recibió en Madrid la visita de su hermano gemelo. Durante el encuentro a solas, se cambiaron las ropas, el recluso escapó de la cárcel y el inocente se quedó en ella. Éste no tardaría en demostrar que se había producido un error, y también salió libre. El reportaje se tituló “Una evasión por la cara”.

(En España, “por la cara” significa “con atrevimiento y sin cumplir los requisitos”).

En el caso del humor, Les Luthiers juegan mucho con un segundo sentido oculto que se hace presente por sorpresa. Cuando Marcos Mundstock se jacta de ser el autor de la frase “Los niños de hoy, mañana serán hombres”, su compañero Martín O’Connor se carcajea de él y contesta riéndose: “¡Hay que tener coraje!”, de modo que todos entendemos que está mofándose de que su amigo se atribuya como original lo que es un tópico viejísimo. Pero luego añade Martín: “Los niños de hoy, mañana serán hombres. ¡De un día para el otro!... ¡Qué manera abrupta de crecer!”.

Salvador Gutiérrez Ordóñez recoge en De pragmática y semántica (2002: 57) el anuncio de una compañía de seguros que decía así: “Mujer al volante. Precaución”. Los prejuicios activan en el público la interpretación de que hay que tener cuidado si una mujer conduce. Pero se trata sólo de un reclamo retórico, porque luego se aclara que las mujeres son más prudentes al volante que los hombres. Por tanto, “mujer al volante” equivale aquí a “precaución”. El segundo significado también era posible, pero sin explicación adicional sólo habríamos recibido el primero.

A veces el doble sentido deriva en equívoco. Así ocurrió, según cuenta Juan Luis Conde en El segundo amo del lenguaje (2001: 55), en la antesala de una consulta donde se hallaban esperando un hombre de abultada joroba y otro paciente al que una esquirla se le había alojado en un ojo. El doctor dijo en voz alta desde su despacho: “A ver, que pase el del cuerpo extraño”. El jorobado se levantó sin dudarlo, y sólo dio la vuelta tras ser informado por la enfermera de que el paciente del cuerpo extraño era en realidad el otro.

El procès nos ha brindado un tipo más de doble interpretación. La última resolución aprobada por el Parlament “insta” al Gobierno catalán a “dictar todas las resoluciones necesarias para el desarrollo de la ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la república”. Por tanto, una vez más, no se declara la independencia, sino que se anima al Govern a que lo haga. Sin embargo, en la exposición de motivos sí se explicitaba: “Constituimos la república catalana como Estado independiente y soberano”. Ay, pero esa frase no se votó, porque no se hallaba en “la parte dispositiva” .

Así pues, con los juegos de doble interpretación podemos creernos el hombre del cuerpo extraño, pensar en las mujeres al volante como un peligro, entender que los niños crecen de repente... o declarar la independencia. Después, cuando pregunte un juez, el autor del mensaje quizás dé por no enunciado el primer sentido para acogerse sin más al segundo. En el caso de los dirigentes independentistas, tiene toda la pinta de ser una triquiñuela ideada con dedicación.

Fuente:
https://elpais.com/elpais/2017/11/02/opinion/1509624283_471666.html

viernes, 7 de julio de 2017

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Caso Frank William Niehous: "El secuestro como arma política". Resumen, Caracas, nr. 123 del 14/03/1976.
- Alexis Márquez Rodríguez. "Violencia y lenguaje". El Nacional, Caracas, 18/03/90.
- Carlos Díaz Sosa. "Caldera en Londres". El Nacional, 06/02/80.
- Alí Primera lanza su primer LP. Tribuna Popular, Caracas, 25/09/69.

Reproducción: Últimas Noticias, Caracas, lunes30/06/1958.

viernes, 2 de diciembre de 2016

ASIMILACIÓN DE LO VIVIDO

EL NACIONAL, Caracas, 28 de noviembre de 2016
Memoria, lenguaje e historia
Ofelia Avella 

Además de ser fascinante, la reflexión sobre el valor de la memoria y su relación con el lenguaje se va revelando como importante en un mundo que cada día acelera nuestra capacidad de conocer y sentir. Las presiones que ejercen los nuevos modos de comunicación apuran la percepción de las experiencias y a veces perturban la necesaria lentitud de todo proceso de asimilación de lo vivido. La rapidez aturde; subestima el valor del pasado. Deshace la ruta; extravía.
Los tiempos interiores piden su espacio para hilar los días y los años; para rescatarlos de un olvido que reduciría nuestra memoria a una versión bastante fragmentada de nosotros mismos. Cuando se mira hacia atrás desde la intimidad, tallamos una individualidad en la que se trenzan momentos que convergen en un presente más comprensible. Con la memoria colectiva sucede lo mismo. Asimilar un pasado compartido por muchos nos devuelve un presente distinto. Reconocido y asumido; susceptible de ser transformado y reorientado. Ambas memorias se implican y se enfrentan; se cotejan y confluyen en el ahora en que estamos. Cuando una falta, la otra se debilita, pues la interioridad germina en medio de unas circunstancias que se delinean como contexto histórico. Cultivar ambos modos de mirar hacia atrás salva de la amenaza de ser succionados por una espiral de ansiedad que nos desorientaría a todos por igual. Somos memoria y lenguaje, pero también historia, porque ni la vida ni las palabras nacen en el vacío. La cultura es en el fondo esta tríada.
La vivencia de unos tiempos registrados con premura deriva en procesos mal asimilados; en recuerdos dejados atrás, como desconectados del presente, y en palabras que pueden terminar atajando solo instantes, a modo de anécdotas o sucesos desperdigados, que poco tocan lo profundo. Por eso importa tratar de discernir nuestro centro de unidad, ese punto desde el que poder contrastarnos con referencias que nos encaminen. En medio del ajetreo diario, nuestro verdadero yo pide siempre reflexión para evitar que la existencia sea entrecortada. A esto debe tender la educación, sobre todo de la historia y de la lengua, creo yo, pues la conciencia histórica –configurada en palabras– nos constituye como personas y como nación.
Pensar, hablar, escribir, leer, escuchar a otros y reconocerse en ellos activa en nosotros la misteriosa posibilidad de acoger esos recuerdos que clarifican nuestro presente, pues “la manera de revivir el lenguaje es una forma singular de memoria”, como dice el filósofo español Emilio Lledó. Las palabras nos sustentan; fundan y crean mundos. Sostienen culturas, desvelan lo que somos, encauzan nuestras inquietudes y guardan nuestra intimidad. La memoria personal se va formando y estructurando en medio de un contexto de encuentro con muchos otros que también piensan y recuerdan; que dialogan y generan opiniones. Que inciden en sus circunstancias cuando hablan y responden, tanto a las situaciones como a las personas. Da la impresión de que tenemos que pasar por las miradas de los demás para descubrirnos en lo parecido y en lo contrastante; para conocernos en eso que nos acerca y distancia de sus mundos. Las experiencias sociales, todo ese bagaje de conocimientos acumulados y pasados por el tamiz de las más diversas opiniones, se nos ofrecen en palabras.
Ese pasado se conserva en la memoria de los libros, pero también en la tradición oral que se regala a cada nueva generación en toda historia familiar y en cada recuerdo de un maestro, de unos padres, de unos abuelos o bisabuelos, si se tuvo la dicha de conocerlos. Se trata de un proceso de apropiación activo: “Entender la historia es entender, más o menos conscientemente, la forma en la que hemos sabido incorporar, en la luz de las propias palabras, el significado de las ajenas” (Lledó).
Las crisis de memoria duelen y desorientan, pero toda dislocación es muy fértil porque obliga a mirar hacia dentro y hacia atrás mientras presiona al yo auténtico hasta que salga.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/ofelia_avella/Memoria-lenguaje-historia_0_964703539.html
Iustración: Edgar Guzmanruiz.

domingo, 25 de septiembre de 2016

JUEGO DE PALABRAS

EL NACIONAL, Caracas, 25 de septiembre de 2016
El lenguaje deportivo
Rodolfo Izaguirre

Miguel Otero Silva dijo una vez que los mejores periodistas de El Nacional eran los comentaristas deportivos porque no trataban de hacer literatura. No dijo que su mayor afición era el gusto por el eufemismo, el empeño de no mencionar las cosas por sus nombres. Los pájaros rojos, por ejemplo, son los Cardenales de San Luis y los corsarios son los Piratas de Pittsburg. Los patiblancos son los Medias Blancas de Chicago y los patirrojos los Medias Rojas de Boston. En cambio, la organización “lupulosa” no puede ser otra que la de los Cerveceros de Milwaukee.
El careta es el catcher o receptor; el camarero es la segunda base y Luis Aparicio el “residente de Coppertown”, la ciudad del estado de Nueva York donde está situado el Salón de la Fama Nacional de Beisbol. El bate es el madero. Un bambinazo es un home run: una manera de recordar a Babe Ruth, a quien llamaban el Bambino. Los capitalinos son los Nacionales de Washington y la “novena de la Gran Manzana” señala, desde luego, a los Mets de Nueva York porque los Mulos de Manhattan siempre han sido los Yankees de Nueva York. Un cerrador bengalí es un lanzador de los Tigres de Detroit que logra terminar un juego iniciado por otro pitcher. Los Rangers de Texas son los Vigilantes, o los Rancheros. Nueva York es “la ciudad que nunca duerme” y una raqueta alude, exclusivamente, al jugador de tenis. Al Atlético Nacional de Medellín se le llama “el conjunto verdolaga” y un “as monticular” es un lanzador de éxito situado siempre en la “lomita” que es el ligero promontorio del beisbol desde donde se lanza la pelota. Los nautas, la rotación nauta, alude a los Marineros de Seattle. Porque los Siderales tienen forzosamente que ser los Astros de Houston.
“El mascotín” identifica al inicialista o jugador de la primera base por ser el único que en lugar del guante o mascota usa un mascotín. La novena de los peces designa a los Marlins de Miami y los cuáqueros son los Filis de Filadelfia.
Los Reales de Kansas City son llamados los monarcas porque son los actuales campeones mundiales de la gran carpa y son varios los lanzadores venezolanos que quieren ser reyes en esa carpa. En la liga venezolana, los pájaros rojos son los Cardenales de Lara; en cambio, los escarlatas son los Rojos de Cincinnati, y “el bullpen osezno” es el lugar en el campo de beisbol donde los lanzadores de los Cachorros de Chicago calientan su brazo antes de que empiecen a lanzar.
¡No siempre resulta fácil descifrar este lenguaje! Puede serlo para mí, que jugué al beisbol con relativo éxito cuando fui adolescente y estoy más o menos familiarizado. Me desempeñé sucesivamente como tercera base, centerfielder y pitcher en el equipo del colegio, e imitaba a un lanzador americano contratado por el Magallanes llamado Sam Nahem. Era abogado, lo que cautivaba entonces mi admiración, y usaba lentes. Yo mismo tuve que usarlos y para lucirme los mandé a hacer “al aire”. Eran demasiado frágiles y sifrinos y comencé a tener miedo a la pelota sobre todo si se trataba de un rolling porque puede la pelota hacer un “extraño”, es decir, saltar inesperadamente hacia otro lado en el momento en que se cree haberla atrapado y golpearle a uno en la cara, romper los anteojos y lesionar severamente un ojo. Y el miedo se fue apoderando de mí hasta convertirme en un mal jugador. Animé al Magallanes desde sus reinicios en los años cuarenta cuando se le llamaba “el equipo eléctrico” porque su patrocinador, Carlos Lavaud, era dueño de una tienda de electrodomésticos en la esquina de San Jacinto cerca de la casa natal de Simón Bolívar. Fue el tiempo de Vidal López, Dalmiro Finol, Chucho Ramos, Víctor Davalillo, Chico Carrasquel, Camaleón García, Benítez Redondo, Tirahuequito Machado... En el examen de Derecho Constitucional, uno de los alumnos dijo una barbaridad y Jóvito Villalba el examinador, molesto, preguntó: Bachiller, ¿de dónde sacó Ud. eso? El muchacho, tratando de engañar a Villalba mencionó a Jim Pendelton, un centerfielder del Magallanes, y Villalba enfurecido mostró que era buen conocedor del beisbol.
¡Fui magallanero hasta que supe que Hugo Chávez también lo era! Entonces dirigí mi atención hacia las Águilas del Zulia, bien lejos de Caracas. ¡He vuelto al equipo navegante! Pero al final, terminé alejándome del beisbol porque comencé también a sentir aversión hacia los jugadores: mastican y escupen todo el tiempo, son feos y gordos, tardan mucho en lanzar la pelota y no siempre atinan al hacerlo. ¡Prefiero las coreografías del Barsa, la destreza de Roger Federer o la belleza de María Sharapova!
Un lector poco entrenado puede perderse leyendo las crónicas deportivas plagadas de esta singular manera de llamar a las cosas no por su nombre sino con palabras a las que pudieran asociarse. Ebrio, para no decir borracho; invidente, por ciego; conductor de la unidad, por chofer; galeno, por médico; “compatriota” cada vez que el presidente Pastrana se refiere a Nicolás Maduro.
También resultará más fácil descifrar los nombres o apodos que construir un nuevo estadio para Caracas si consideramos lo que afirma Ignacio Serrano en El Nacional del jueves 21 de julio de 2016. “El Estadio Universitario es un mal necesario”, escribe. Llegar a él es una tortura los días de juego. Muchos baños suelen estar cerrados y son un asco y las gradas de las tribunas son más cómodas que las sillas vip.
Se critica al Magallanes y a los Leones no haber construido su propia sede. Leones y Tiburones, sumados como equipos, costaron 12 millones de dólares. Ni siquiera vendiéndolos al triple, podría edificarse un estadio. ¡Lo que cuesta construirlo paraliza cualquier entusiasmo! Gracias a Ignacio, nos enteramos de que el actual estadio de los Rangers de Texas costó 1.150 millones de dólares. El de los Bravos de Atlanta, 492, y el nuevo Yankee Stadium costó 2.300 millones de “verdes”. Llamo así el dólar para irnos familiarizando con los eufemismos del lenguaje deportivo.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/rodolfo_izaguirre/lenguaje-deportivo_0_926907362.html

jueves, 18 de agosto de 2016

REGRESO A LA BARBARIE

EL NACIONAL, Caracas, 18 de agosto de 2016
El espíritu del subdesarrollo y la ética de la miseria
José Rafael Herrera 

El buen Immanuel Kant trazó, con firmeza, una estricta 'línea de demarcación' entre la heteronomía y la autonomía moral, estableciendo así el ineludible pasaje de la adolescente inmadurez a la madurez propiamente dicha. Pero la moral es, en realidad, algo más que el simple “deber ser” -término que, por ciento, en estos días, se ha hecho tan habitual, tan común, tan banal, en el lenguaje cotidiano de los funcionarios públicos y privados, policias, educadores, comunicadores, políticos de oficio, etc-. La moral no es un modelo “natural”. Tampoco es algo estático e inmodificable. Por eso mismo, no es una suerte de topus hiperunanico en el que sólo se reflejan las cosas, no como ellas son sino como “deberían ser”, a la manera del espejismo con “buen sentido”. Ella, más bien, está directamente relacionada con el modo de vida social y, en virtud de ello, es una objetivación de la cultura de un determinado conglomerado humano, inmerso en un espacio y un tiempo determinados. Si, como dice Hegel, toda religión remite necesariamente a un principio moral, se puede agregar, a la vez, que toda moralidad remite a la construcción y constitución de una determinada Bildung, es decir, de una determinada formación cultural y, por ende, histórica. La moral, en tanto que modo de pensar, decir y hacer, es mucho más un asunto del ser, de la realidad efectiva, que del inalcanzable, idílico, “deber ser”. Ella es nada menos, que el gobierno de la razón histórica.
No es improbable que, ante semejante conclusión, el gigante de Köningsberg -y, mucho más que él, cierto seguidor suyo-, quedara un tanto sorprendido. No obstante, y de ser así, imagine por un instante el lector cómo sería el thauma de Trucutrú, cuyo habitual cinismo suele ir acompañado de la expresión “ese es el deber ser”, como si se tratara de uno de los mazasos de su impotencia. A propósito de Trucutrú -modelo platónico de la heteronomía-, conviene establecer más de cerca algunos detalles relativos a esta relación existente entre la moralidad y la cultura: ninguna de las dos instancias puede ser sopesada en sus justas dimensiones sin mencionar al lenguaje, porque el lenguaje es una complejidad de hechos orgánicos por medio del cual, como dice Gramsci, “una multiplicidad de voluntades disgregadas, con heterogeneidad de fines, se relacionan con vistas a un mismo fin, sobre la base de una misma y común concepción del mundo”.
De lo dicho hasta ahora, se puede concluir que, en efecto, en el lenguaje se concentra “el clima”, o si se prefiere, el ambiente propicio de la cultura colectiva, ya que su basamento intelectual ha sido asimilado por el ser social, al punto de devenir motivación esencial, “temperatura”: pasión. Recuérdese aquello que, no sin insistencia, observaba Spinoza: “la fuerza de una pasión puede sobrepujar las demás acciones del hombre”. No se trata de la tan cacareada “esperanza”, en consecuencia, sino, en todo caso, del “optimismo de la voluntad”. Siempre. Es así como el lenguaje contiene los elementos fundamentales de una determinada concepción de la vida, de toda una cultura. Por lo cual, el lenguaje de cada individuo permite llegar a comprender los alcances, la mayor o menor complejidad, de la concepción del mundo que se pueda llegar a tener.
El enemigo del cambio real, el mayor detractor de la democracia y del progreso social, se haya inserto en el lenguaje. La superación de la “menor complejidad” presente en una determinada concepción del mundo, a la que Gramsci se refiere, se ha hecho carne y sangre de este tiempo, de esta realidad. Y cabe advertir que no se trata de un fenómeno exclusivo de un país que diariamente es mancillado en largas colas, con -por cierto- la esperanza de adquirir uno que otro producto elemental para poder subsistir. No es solamente el fondo de la narco-caverna de Trucutrú y de sus patéticas sombras vivientes. Es Trump, es Putin, son los Mussolini que se resisten a ser enterrados definitivamente por la historia. Ver la luz, salir de la caverna, comienza por superar la ética de la miseria que un lenguaje extrañado y mediocre le ha impuesto a la sociedad del presente. Es el retorno de la barbarie (bar-bar) que muy poco -o nada- sabe del lenguaje, por lo menos no en la complejidad que Gramsci exige. El ignorante, el subdesarrollado cultural -cuyo lenguaje revela la pobreza espiritual que lo afecta, y que lo hace portador de la cruel y enajenada heteronomía- se haya en la completa inconsciencia de sí mismo que se extiende a la realidad de verdad y a la objetividad de la vida. El pobre de espíritu “vive” -cree ciega y estrechamente que lo hace- “feliz”, sin detenerse un instante a pensar que “quien cesa de padecer deja de ser”.
La tarea cultural por transformar el “glorioso” espíritu del subdesarrollo -a pesar de que hay unos cuantos “conductores” que sienten un profundo orgullo por sustentarlo- pasa por la transformación, es decir, por el enriquecimiento del propio lenguaje en todas sus dimensiones, es decir, no solo gramaticales o de dicción, sino gestuales, corporales, visuales, musicales, en fin: desde sus manifestaciones propiamente cognitivas hasta sus expresiones estéticas. En efecto, y como ha observado Vico, desde la antigüedad “los héroes percibieron por los sentidos humanos aquellas dos verdades que constituyen toda poiesis económica, y que las gentes conservaron con estas dos palabras: educere y educare”. Y, de hecho, lo que constituye todo saber, toda praxis humana, es la producción material y espiritual, porque lo que distingue al ser social de cualquier otra especie es la actividad productiva humana, pero lo que posibilita esa actividad productiva es la conciencia. La superación de la pobreza material que subyuga comienza por la superación de un lenguaje pobre, mediocre, triste y, en última instancia, hueco. Superarlo es el punto de partida de la superación de la ética de la miseria y del conformismo. La inteligencia no es ni más ni menos que lo que Aristóteles llama Virtud. Es la razón al servicio del mundo objetivo y del mundo objetivo al servicio de la razón. Es la conquista de la autonomía, del desarrollo pleno, libre, sin caudillos y sin 'taitas'. Es, en suma, la plena madurez como capacidad de autodeterminación de la vida política, social e individual.    

Fuente:
http://www.el-nacional.com/jose_rafael_herrera/espiritu-subdesarrollo-etica-miseria_0_904709616.html
Fotografía: Detalle de una obra de Julio Pacheco Rivas, exposición BOD (Caracas, 2016).

lunes, 21 de marzo de 2016

RECOBRAR LA IMPORTANCIA DE LA PALABRA

Pedagogía del entendimiento
Luis Barragán


El debate es inherente a toda sociedad que aspira a la plenitud de las libertades indispensables, realizando a la persona humana. Por ello, la persecución y el castigo de un régimen que procura hacerse entender y obedecer por la fuerza, simulando el diálogo.

La palabra oficial no es, precisamente, palabra. A lo sumo, el régimen prefiere los escasos caracteres impuestos por las redes sociales para emitir sus órdenes antes que una explicación razonada y razonable de sus intenciones y pretensiones en cualesquiera foros institucionales, como el parlamento.

La Gaceta Oficial es un invertebrado compendio de decisiones ya adoptadas y ejecutadas, o las decisiones del Tribunal Supremo el asiento de la palabrería y la palabreja que, atentando contra las más elementales normas constitucionales, alza el andamiaje de lo absurdo desmentir  toda expresión legítima y democrática de la sociedad. Las peroratas presidenciales son largas e incomprensibles, contaminadas por las anécdotas, contrariedades y las propias limitaciones del magno vocero.

La Semana Mayor también es ocasión para acercarse a los oficios católicos y apreciar la pedagogía del entendimiento que, en cada homilía, recobra la importancia de la palabra. Las lecturas correspondientes, dan oportunidad para una interpretación paciente, sobria, coherente y susceptible a todo intercambio, como ocurre – irreprimible – en otros ámbitos (religiosos, académicos, gremiales, partidistas, etc.),

Reforzado por la esmerada propaganda y publicidad oficialista, desconfiamos de las explicaciones y hasta de la lectura de los textos largos y organizados. Desconfianza necesaria de revertir, nos conduce a aceptar las órdenes, a obedecerlas, a no demandar siquiera un gesto de explicación.

Pieza: Harry Abend.


21/03/2016

domingo, 22 de junio de 2014

CAZA DE CITAS

" Un pueblo inconsciente de su lenguaje termina por convertirse en marioneta, fácil presa de sistemas y banderas, por muy erróneos que sean.  Al artista, al poeta, por lo tanto,  le corresponde mantenerse 'ajeno al poder, ser contraste'. Y esto conduce a que contribuya a hacer 'más vivo el vivir' "

José Balza

("Pensar a Venezuela", Bid&Co. Editor, Caracas, 2008: 197)

Pieza: Jesús Soto.