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domingo, 25 de febrero de 2018

GARABATOS DE LA ESCASEZ INAUDITA

Letra de imprenta
Luis Barragán

Un dato universal, el desarrollo tecnológico de las impresiones digitales ha permitido darle la suficiente claridad, como adecuada precisión, a la documentación que ha de cumplir con determinados requisitos formales para que tenga suficiente  eficacia jurídica. Por ello la distinción entre la llamada letra de imprenta y la caligrafía personal, pues, ésta, justamente por personal, tiende a equívocos o confusiones a la hora de celebrar un contrato de compra-venta, fijar un acto administrativo o cualesquiera otras diligencias que generen efectos entre las partes o comprometa a un número mayor de personas que las relacione.

La evolución notarial o registral, en tiempos en los que no se disponía de la tecnología necesaria o aún era alto su costo económico, consagró a los calígrafos de hermoso, pero exacto trazo, incluso, para redactar el acta más modesta. Y, con los años, fueron paulatinamente desplazados, como ha ocurrido con los taquígrafos, por las facilidades disponibles para una fijación más confiable y rápida de los hechos. No obstante, en Venezuela, asistimos a un retroceso monumental,  todavía inadvertido.

En efecto, en días pasados, constatamos algo más que una curiosidad, porque un comunicado u oficio de una dependencia a otra de la Asamblea Nacional, como seguramente ocurre en buena parte de la Administración Pública y quizá del sector privado, simplemente estaba hecho a mano, con su numeración, sello húmedo y  las demás características de una pieza que, ante todo, deja constancia de una instrucción o solicitud. Suponemos que, a falta de fotocopiadora, lejano ya el papel carbón, quien suscribió la correspondencia, procurando no perderlo en el bosque delincuencial de la ciudad, tomará una fotografía con su móvil celular que, algo un poco más complicado al de generar un problema, dirá probar la diligencia.

El manuscrito estampado en papel reciclado, ilustra la absoluta carencia de recursos, materiales y equipos, propia de una quiebra generalizada del Estado que no garantiza siquiera un humilde lápiz para sus empleados, sintonizando con las precariedades de un socialismo masificador de la pobreza, por petrolero que fuese el país que ha demolido. Ni siquiera la Gaceta Oficial de ejemplares antes abundantes, siendo comprensible y necesario un alto tiraje, circula, excepto se trate de su orbitación digital o de la mensajería que llega a cualquier teléfono, por lo demás, susceptible de un forjamiento de tan particular documento público, mientras que exista la interconectividad en el país.

Por el camino que transitamos, la letra de imprenta será cada vez más un remoto recuerdo y, probablemente, volverá a reinar el oficio del taquígrafo, prosperando los grafólogos, en este dramático salto a la pre-modernidad.  Ya no sabemos de qué asombrarnos, cuando también ha vuelto la anemia y la desnutrición, el paludismo y las riñas con armas blancas,  junto a los más elementales trazos del quehacer político, alérgico a toda complejidad,  trátese de una u otra acera.

11 y 12/02/2018:

domingo, 7 de enero de 2018

DEPRECIACIÓN ORAL Y VISUAL

De la hiperinflación enmascarada
Luis Barragán

- Por favor, dígame ¿cuánto cuesta?
- Diez bolívares, jefe.
- ¿Cómo? Deme cinco…
- Aquí falta. Me dio un billete de cien de los de antes.
- ¿No son diez bolívares, pues?
- No, no. Son diez mil bolívares.
- ¿No me dijo diez solamente?
- Jefe, diez mil …
- ¡Ah! Ya entendí. ¡Qué barbaridad! ¿Por qué no dice usted diez mil?
- ¿Para qué gastar tanta saliva? Todo el mundo sabe que cien, son diez son diez mil y que cien son cien mil. ¿En qué planeta anda, jefe?
- Bueno, vainas de viejo. En realidad diez mil, son diez millones y cien mil, cien millones…
- ¿Se los va a llevar o no?
- Démelos por favor, porque la otra semana valdrá el quíntuple.
Horas más tarde, en casa:
- ¿Viste las fotos de la cena de fin de año de Elsa? Coño, le dije que las quitara. ¡Qué raya!
- Las vi. ¿Las quitó?

- ¡No, qué va! Imagínate, las puso porque siempre cada año, lo hace. Además, cosas de ella, por lo menos deuestra que tuvieron con qué comer en casa.
- Bueno, una mesa de cinco platos con una minihallaca, un poquito de ensalada, una botella casi vacía de ron de mala calidad y otra de vino de cocina, con una ensaladita, no es una buena portada de prosperidad, digo …
- Elsa la va a dejar. Es cosa de ella, pero le pedí que buscara sus fotos de años anteriores  para que comparara.
- ¿Lo hizo?
- Me contestó que no valía la pena. Se sentaría a llorar. Pero, mientras tanto, por lo menos, ahora, no se está muriendo de hambre.
- ¿Eso cree ella?
- ¡Sip! Por cierto, ¿Por qué trajiste tanto?
- Déjalo para la reserva. Después, no vamos a poder comprar más.
- Pero ya llegó el recibo de condominio y debemos, con éste, tres meses…

11/01/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/31678-hiperinflacion

domingo, 31 de julio de 2016

CRÓNICA SOCIAL

Del banquete gubernamental
Luis Barragán


Los voceros calificados del gobierno, suelen burlarse de los venezolanos al calificar de “felices” las largas colas que realizan para obtener algún insumo vital – si lo hay -  en clara e injusta competencia con las mafias que las dominan. Intentando algún argumento concreto, inventan una que otra maniobra opositora al saber, por una parte, insuficiente la tal guerra económica, y, paradójicamente, ridiculizar, por otra, a los servicios de contra-inteligencia que todos saben muy avispados y  bien proveídos.

La conducta del declarante oficial se explica por los privilegios con los que cuenta, pues, no tiene problemas para alimentarse ni medicarse, transitar las calles con sendos guardaespaldas en un vehículo inexpugnable, y – además – viajar al exterior y volver con una vestimenta que reafirma tan importante estatus de vida. Por supuesto, profundizado el deterioro, cada vez más se achican los elencos del poder, pugnando por una supervivencia que pasa por el presupuesto público nacional, y – en consecuencia – ya se deja al intemperie a la burocracia media que prefiere callar y, en espera de una oportunidad, desertar a tiempo ante cualquier eventualidad revocatoria, con las maletas hechas.

Recordamos, al iniciar la universidad, aquél primer trabajo que encomendó la profesora María Elena Fernández: la crónica social reportaba el festejo cumpleañero de las mascotas de una acaudalada familia que contrastaba con la situación de pobreza de miles de venezolanos en medio de la bonanza petrolera. Cierto, pero la inmoral reminiscencia – ahora – nos convence que el poder y los factores que, generosamente retribuidos, le contribuyen, era capaz de exhibirse y hasta excederse porque la situación no era tan calamitosa, había que parecer – además de ser – poder o, en última instancia, hubo un determinado equilibrio que así lo autorizaba: hoy, palpablemente la situación es trágica, parecer importará más que ser de sortear el revocatorio y ni siquiera existen estadísticas socio-económicas confiables.

Precisamente, la crónica social – desaparecida también como una fuente especializada – exponía a justos y pecadores a la curiosidad pública y, en los estratos más modestos, prosperaba la aspiración de que una fiesta hogareña, siempre posible de hacer, por la graduación universitaria o el matrimonio del vástago, apareciera un buen día en las páginas suscritas por algún famoso reportero que, además, por sus relaciones y modales, se asimilaba o decía asimilarse a la nobleza criolla.  Convengamos, no había temor a exhibir el lujo de las grandes casas, con su mobiliario, obras de arte y hasta cubertería, ya que resultaba impensable una candidatura para el frecuente secuestro de dueños e invitados o el hurto masivo de piezas que los enorgullecía; pero tampoco hubo la preocupación de los personeros oficiales – en dictadura o en democracia – para ocultar aquellas celebraciones, agasajos o “saraos” que, de un modo u otro, se hacía en cada hogar venezolano, aún en los confines rurales que, por lo menos, sostenía el cultivo de algún rubro.

Existen testimonios de fabulosos festejos de las grandes figuras del gobierno y sus asociados que procuran mantenerse en un secreto absoluto, reprimiendo la posible revelación de quienes literalmente los sirvieron.  Sin embargo, por más que intenten esconderse, como nunca antes a los miembros de un gobierno se les ocurría, siendo humanamente comprensible la celebración del onomástico o del cumpleaños, siempre se cuela la vanidad del banquete gubernamental que no repara en un país atormentado por la crisis humanitaria que produjo, donde sobra la delincuencia, faltando el alimento y la medicina, imposibilitándose  viajar dentro o fuera del territorio nacional para tratar una urgencia médica, y paremos de contar.


01/08/2016

sábado, 23 de julio de 2016

BARROTES DE AGUA



Cola bajo un súbito aguacero

Luis Barragán

Apenas iniciando el bachillerato, supimos y nos indignó la caída de Salvador Allende en la que participó – harto comprobado – la CIA. Empero, muy posteriormente, también logramos comprobar que la escasez, el desabastecimiento y la ruindad se debió al propio régimen que ejerció la violencia, diluyéndose el escepticismo ingenuo tras los informes que circulaban, especialmente los contenidos en la revista de los democristianos chilenos llamada “Política y Espíritu”.

Los chilenos vivieron por tres años, lo que alcanza a casi veinte en la Venezuela del siglo XXI que tanto nos incomoda. Y, con todo el fracaso y la inmensa irracionalidad de las consignas, el marxismo más anacrónico todavía campea en el continente.

Inevitable reflexión que dice sostenernos con paciencia en una larguísima cola sabatina para intentar – sólo eso – adquirir los insumos básicos que arbitrariamente raciona el régimen, sin molestarle el vibrante tráfico delictivo de los que dicen proporcionar los CLAP. Lo que ocurre en nuestro país, no es fruto de la “mala leche”, sino de la imposición de un proyecto continental de muy amargas consecuencias.

Encima de la nutrida y desordenada cola, nos cayó un sorpresivo aguacero del que no se podía huir, luego de las varias horas tratando de preservar el puesto. Los bachequeros de oficio, piezas de sendas mafias que cubren el flanco (pues, el otro corresponde a los capos en los trámites más jugosos), lucen más protegidos frente al constante asedio de los delincuentes: cada cola urbana, por lo menos, es un motivo para el hampa espontánea, o el sector que ha quedado fuera del reparto,y a la que también los agentes policiales temen al tratar de valerse de su condición para llevar el pan a la casa.

Concluyó la intensa lluvia y, por fin, alcanzando el mostrador, ya no había insumo que vender, porque el terminal de la cédula no autoriza a modelo matemático alguno para saber de las disponibilidades a distribuir, siendo apenas un dato del sorteo. Luego, continuamos el recorrido infinito por farmacias, donde – por cierto – tampoco llega la CIA.

18/07/2016

sábado, 7 de mayo de 2016

Y LO HACEN EN NOMBRE DE MARX



Ni siquiera da la hora

Luis Barragán

Nicolás Maduro es el beneficiario y fruto de la mejor hora que vivió el llamado socialismo del siglo XXI, con los más altos ingresos petroleros que hemos tenido en toda nuestra historia. Y es que, cuando apretaban las circunstancias, a realazo limpio su predecesor solventaba las más inmediatas dificultades, sin que respondiese estructuralmente a los problemas.

Ya, en el ejercicio directo del poder, no tiene nada que dar a cambio de apoyo y, lo poco que queda, lo lleva al más vulgar y confeso chantaje. Jamás mandatario alguno lo había admitido públicamente, por lo menos, con la sinceridad y desenfado que también se le agradece, pues, ideando para ello  el carnet partidista y una tarjeta de misiones socialistas destinados ambos  a beneficiar a los que comprobadamente le siguen y obedecen. Sin embargo, tampoco alcanzarán porque la escasez y la propia crisis humanitaria no constituyen un episodio meramente circunstancial.

Dudamos demasiado en la capacidad técnica y administrativa del régimen para repartir lo poco entre los suyos, porque si algo ha democratizado es la penuria, la miseria y abandono: maduristas y no maduristas, sufrimos por igual todas las consecuencias del nefasto modelo en curso, y el hambre y la enfermedad no se detienen  ante un carnet o una tarjeta. Por lo demás, por aquello del que parte y reparte le toca la mejor parte, comprobado el guiso como otra de las características históricas del régimen, la pobreza también se convirtió en un negocio para quienes dijeron y dicen atacarla con los bolsillos llenos.

Este gobierno ya no tiene nada que dar, ni siquiera la hora que retrasa o adelanta en treinta minutos, a menos que sus urgencias digan autorizarlo para cavar aún más en la tumba común, ya que afanosa, pero infructuosamente, ha buscado endeudarse aún más: simplemente, harto conocido, es riesgoso para cualquier banco o país prestarnos más dinero, tanto que ni PDVSA misma logra ranquearse como la mejor garantía.  Eso sí, lo único que le sobra al gobierno es el insulto, la descalificación personal, la procacidad, pero no luce muy prometedor en este campo, pues, absolutamente predecible, de escasa imaginación y famélico repertorio verbal, sólo le resta explotar el angosto campo de las interjecciones.

De un monumental fracaso histórico, al gobierno solo le contentaría gobernar para sus más comprobados partidarios en cuanto a beneficios se refiere. Un detalle: no le alcanza la cobija para los suyos-suyitos y esto a pesar de reducirse cada vez más la legión – otrora inmensa – de sus adherentes.

02/05/2016
Ilustración: Fernando Vicente.

sábado, 23 de abril de 2016

SUSPENSO EXISTENCIAL

Los juegos del hambre
Guillermo Martín 

No se confunda, esto no es una reseña de la trilogía de Suzane Collins (The hunger games) ni mucho menos una apología de las cualidades histriónicas o anatómicas
de Jennifer Lawrence. Estas líneas son apenas una aproximación a las tribulaciones que sufre la gran mayoría de venezolanos cuando intenta comprar productos de la cesta básica.
1.- “La gente hace colas porque ahora sí tiene con qué comprar
Con una frase así podría resumirse el discurso oficial. Como los venezolanos tienen dinero a manos llenas, pasan más tiempo preocupados en qué comprar.
No obstante, nuestra población deambula con fajos de dinero porque gracias a la hiperinflación –y muchísimo flujo inorgánico- el billete de mayor denominación (100 bolívares) ni siquiera representa 10 centavos de dólar. A diferencia de la era de “Puntofijo”, ahora no hay productos para escoger ni poder adquisitivo. Hasta el consumo de granos se ha vuelto un lujo y la gente sobrevive a fuerza de harinas y grasas; la obesidad no es precisamente síntoma de buena alimentación. ¡Qué indignación cuando los gobernantes atentan contra la inteligencia del pueblo!
2.- El parto de una cola
Hace poco, en El Tigre, una mujer que hacía cola desde la madrugada terminó dando a luz. Sí, ella se arriesgó a la ruptura de fuentes para asegurarle alimento a la familia futura. ¿Habrá conseguido fórmula láctea para cuando deba alternar la leche materna? ¿Tendría pañales guardados?
3.- El último café
A mediados de 2015, un adulto mayor hacía cola para comprar café desde las 4 a.m. en un poblado aragüeño. Casi siete horas después, logró adquirir un combo y optó por tomar un taxi. Cuando iba a cerrar la puerta del vehículo, sufrió un infarto fulminante y los agentes que transitaban en una patrulla obligaron al taxista a llevar el cadáver a la morgue más próxima.
4.- Los “sanfermines” y los combates de artes marciales mixtas
En lugar de encerronas con toros y novillos, con las cuales no se comulga, el arribo de algún producto de la cesta básica –incluso si no es a precio regulado- puede ocasionar auténticas estampidas, dignas de un ataque de histeria colectiva.
Por otra parte, los episodios de abuso y viveza –colearse y de paso meter a un sinnúmero de allegados- suelen tener desenlaces sangrientos, desde puñetazos hasta cortes con arma blanco o disparos.
5.- Una semana = dos dentríficos
La higiene personal se dificulta cada día. Ya no se consigue jabón de baño y hay que utilizar jabón para lavar e incluso desmanchador, con todo el riesgo de sufrir alergias… Recientemente, una barquisimetana viajó hasta Caracas buscando crema dental; le contó a un reportero que llevaba una semana y sólo pudo comprar dos (ojalá que haya sido la presentación grande).
6.- Día de compra de los padres, última custodia del hijo menor
Como acostumbraban cada Miércoles, día de coincidencia de sus números de cédula para comprar en varios establecimientos  de Maracay, los padres de un funcionario policial de 28 años de edad salieron de su pueblo muy temprano. Mientras tanto, el menor de sus hijos fue asignado para custodiar la cola en un supermercado de Cagua; allí mismo este 20 de abril fue baleado por delincuentes para despojarle de su arma de reglamento. Ironías de la Venezuela actual: sus padres trataban de comprar víveres, a él lo asesinan cuando debía garantizar el orden público en otra cola.
Parece el guión de una película de suspenso y terror, pero no, es el día a día de la sobrevivencia en la “Patria bonita” (“Patria boba”).

Fuente: http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/26094-los-juegos-del-hambre

domingo, 22 de noviembre de 2015

LECCIONES

De una pedagoga en la cola
Luis Barragán


Cada quien busca una explicación para las largas colas, concluyendo – acertada y frecuentemente – en la responsabilidad que tiene el gobierno nacional, aunque sus defensores – tan minoritarios – ensayen otras que versan, por ejemplo,  sobre el crecimiento de la población. El problema no está en la simplicidad o en la complejidad de las respuestas, sino en la propia ocasión para discutirlas, pues, así como opera la (auto) censura en los grandes medios (convencionales o no), existe una cierta tendencia a guardarse las opiniones personales, evitando así cualquier agresión en la calle. Sin embargo, con paciencia, escuchamos una correcta interpretación que apela – por añadidura - al pasado.

Haciendo nuestra fila para adquirir las pastillas de la casa, larga y de improbables resultados, una señora contestó sin sobresalto alguno, a otra que implicó la famosa guerra económica aseverando que antes y muy antes no hubo medicamentos suficientes en el país. Logró la atención de los que todavía no alcanzábamos el umbral de la farmacia, bajo un picante sol de mediodía.

¿Dice ud. antes? Y, seguidamente, demostró un natural talento pedagógico al relatar y explicarnos que cualquier persona, hasta por capricho, podía adquirir un remedio con el boticario que se le antojara, fuese o no integrante de una gran cadena nacional. No sólo había el medicamento, sino que el problema era elegir la marca que, ante el genérico, daba garantías de un proceso de elaboración de mayor calidad.

Faltando poco, el médico mismo obsequiaba las cajitas de pastillas, por ejemplo, que les dejaba de muestra el visitador médico, oficio útil y honrado ya desafortunadamente desaparecido entre nosotros, a favor del celebérrimo bachaquero. La vecina muy bien regalaba algo para el dolor de cabeza, cuya reposición le era tan fácil como la de una caja de chicles.

¿Dice ud., ahora? Bueno, nada puedo agregar – aseguró la pedagoga – porque lo que está a la vista, no necesita de anteojos. Y si lo desea, averigüe qué pasó con los dólares que el gobierno todavía le debe a los laboratorios que tuvieron que cerrar e irse, desempleando de paso a miles de venezolanos.

Prosiguió serenamente la conversación, perfeccionándose con otras voces hasta que llegó nuestro turno. Apenas, conseguimos uno de los tres medicamentos que buscábamos y seguimos buscando.

Cada quien busca una explicación de lo que acontece y la encuentra, perfeccionándola con la deliberación serena. Y es ésta la que no le interesa al régimen, como si – al censurarla o perseguirla – solucionara el problema.

martes, 28 de julio de 2015

EL COLMO DE UNA CRISIS QUE NOS COLMA

Queman en fuegos artificiales los dólares que faltan para medicinas y alimentos

“Ayer fue un día difícil, duro y accidentado, como suele ser para cada venezolano que arriesga la vida personal en las calles y, además de las largas colas que hace para intentar conseguir un poco de los insumos básicos, debe buscar trabajo. Sin embargo, a la medianoche, con un despliegue gigantesco de fuegos artificiales en casi todo el país, como no lo hicieron con el aniversario de Bolívar al que tanto manipulan,  los maduristas que  quedan más  por conveniencia que por convicción, se sintieron con el derecho de despertar a todo el mundo para celebrar el natalicio del extinto presidente”, señaló el diputado opositor Luis Barragán.

“En lugar de quemar incienso en el altar de ese culto patológico a la personalidad, queman los dólares que tanta falta hace para traer los alimentos y las medicinas que nos  faltan. Descaradamente, burlándose del sueño ajeno, en los barrios y en las más encopetadas urbanizaciones, donde se exhiben los boliburgueses que no necesitan madrugar, el cohetazo fue más una abusiva tarea propagandística que júbilo y  manifestación auténtica de convencimiento político”.

“La crisis actualmente padecida no la aliviamos con estas actividades que rozan lo mágico-religioso, creyendo decretar desde el Estado unas realidades artificiales y distintas a las que padecemos día a día”, acotó finalmente el parlamentario del estado Aragua.
Fuentes:

domingo, 17 de agosto de 2014

ANTAÑO Y HOGAÑO

El país (des) conocido
Luis Barragán


Las nuevas generaciones  creen que por siempre fuimos escasos y desabastecidos, pues no conocen otro país, como las más viejas no supieron del que precedió a la llegada del petróleo. A aquéllas les resulta inimaginable un anaquel repleto de productos de primera, segunda y última necesidad, mientras que éstas convierten el recuerdo en una irreprimible melancolía.

Década y media atrás, en medio de la crisis, consumíamos predominante y diariamente leche pasteurizada en sus distintas presentaciones y variadas marcas, mientras que hoy andamos a la captura de una bolsa de leche en polvo de contar con el hallazgo de una enorme cola requerida de paciencia y fuerzas físicas.  El problema era elegir entre distintas marcas de café, papel higiénico, salsas, pastas, carnes, desordorantes, cremas para afeitar o cepillos dentales, por no hablar de medicamentos, pero el de ahora obliga  literalmente pescarlos así sean de la peor calidad.

Supermercados que no cesaban de publicitarse, compitiendo con los encartes de vivos colores en la prensa, ofertando la variedad en medio de colas expeditas y razonables en los cajeros que muy después se poblaron con los puntos de cuentas, ofrecían un paisaje que únicamente los jóvenes aprecian de acuerdo a la tradición oral.  En los mercados populares, por muy agudas que fuesen las escaseces, a menor precio que el oferente de local establecido de grandes rótulos y numerosos empleados, estaba garantizada la dieta básica, accesible, indispensable.

La muchachada desconoce el país que hasta hace poco fuimos, creyendo no sólo que por siempre hubo miseria y grandes colones para adquirir lo que se podía, sino que – lo pretende el gobierno – que aquí hay más que en otras latitudes. Es precisamente lo que pasa en la Cuba censurada y reprimida, cuya población parece convencida que el resto del planeta está peor que ella y sobrevive únicamente por la suerte y favores de una dictadura implacable que les parece tesitura democrática al oído.

Ataño impensable, se hereda la ropa del abuelo con sus etiquetas más o menos intactas, porque – además del condenado consumismo – no hay ocasión para adquirir una nueva, duradera, resistente y vistosa. Hogaño posible, los jóvenes de hoy sospechan que la situación amerita de un cambio y proceden en consecuencia, descubriendo que hay un mundo por hacer.

Ilustración: Per Kirkeby.

Fuente:
http://www.medios24.com/el-pais-des-conocido-por-luis-barragan.html
http://www.elsoldemargarita.com.ve/posts/post/id:137372/El-pa%C3%ADs-%28des%29-conocido